Vuestra familia es sagrada

Vuestra familia es Sagrada

Spencer W. Kimball

por el presidente Spencer W. Kimball
Conferencia de Área en la ciudad de Lima, Peru 1977
Sesión del Sacerdocio


Queridos hermanos, quiero mencionaros algunas de las muchas cosas en las que estamos llamando la atención de los hermanos.

Espero que después de cada oración y discurso todos digan amén; esta palabra es muy importante y significa “así sea”, “esa es también mi manera de sentir”. Significa que hemos estado escuchando cuidadosamente y que estamos de acuerdo con las cosas que se están diciendo. Además, siempre empezamos y terminamos nuestras reuniones en el nombre de Jesucristo; Él es el centro de nuestra vida; sin El no tendríamos una religión que fuera de interés; de manera que cuando hablamos, lo hacemos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, y damos fin a nuestros sermones de la misma forma.

Fue muy agradable ver el grupo de los jóvenes que poseen el sacerdocio, aunque he notado que hay menos diáconos que maestros o presbíteros. Y me pregunto, hermanos, si os dais cuenta de que debéis invitar a vuestros hijos para ir con vosotros a toda reunión del sacerdocio. Cuando se ha sido ordenado diácono, se tiene esa responsabilidad y se debe asistir a estas reuniones, así como cumplir con las otras asignaciones de la Iglesia, Y a propósito, hermanos, ¿hay en vuestra casa algún niño que tenga más de doce años y que todavía no sea diácono? Espero que no. Esta es una responsabilidad conjunta del obispo y del padre, y todo padre debe tratar de que su hijo esté ansioso por tener el sacerdocio cuando llegue a los 12 años.

Todo obispado debe tener un registro de todos los diáconos en su barrio o rama, y empezar a observar a estos niños desde varios años antes de cumplir los doce años. En las noches de hogar el padre, debe recordarle constantemente al niño que cuando tenga doce años hablarán con el obispo y se le conferirá el sacerdocio. Al mismo tiempo, el obispo y sus consejeros llevan cuenta cuidadosa de las edades de estos muchachos. Pero la responsabilidad básica es del padre, quien debe darse cuenta de que no puede dejar pasar la oportunidad de que su hijo sea diácono a los doce años, maestro a los catorce, presbítero a los dieciséis. No me puedo imaginar a ningún padre que no quiera a su hijo o que no desee que éste sea digno. Algunos padres dan malos ejemplos a sus hijos, pero si se les pide, estarán dispuestos a instarlos a que vivan una vida digna.

Quiero pasar a otro punto más: el bautismo. En cada noche de hogar se le debe recordar al niño que cuando cumpla los ocho años se le va a bautizar. Nos preocupa mucho cuando vemos que de los muchachos que hay, sólo la mitad son diáconos. No podemos esperar que los niños traten de darse el sacerdocio ellos mismos; de manera que la responsabilidad es nuestra. Tenemos que asegurarnos de que esto se lleve a cabo, y ver que cada niño desde pequeño ya empiece a ahorrar dinero para ir a una misión. Sólo podemos mandar a aquellos que son dignos, pero el saber esto ayudará al joven a prepararse. A medida que crece y tiene tentaciones, pensará, “no puedo hacer eso porque quiero ir a una misión”. Y con respecto a eso: necesitamos misioneros; no un uno por ciento, ni un dos por ciento de la población; queremos que cada joven digno vaya a una misión. Quizás debido a otros compromisos les sea difícil hacerlo, pero pensamos que generalmente los jóvenes llegan a lograr lo que se han propuesto,

También hay muchas otras cosas de las cuales los padres son responsables, Tenéis la responsabilidad de tener la noche de hogar todos los lunes por la noche. Vimos a cientos de personas que iban al cine esta noche, está bien, si es una buena película; pero no se debe ir al cine los lunes por la noche. Esa es la noche en que el padre y la madre están juntos con su familia, y nunca debe fallar. El padre es el jefe de la familia y la madre, su ayudante; juntos alientan a los niños para que den las lecciones cuando les toca el turno. Cuando tenéis a un pequeño que pone lo mejor de sí para presentar un programa, tenéis en él a un espíritu que está evolucionando; los niños así criados llegarán a ser hombres y mujeres dignos y habrá muy pocas excepciones a esta regla. Padres dignos y rectos producen generalmente iguales hijos.

De manera que es muy importante que planeéis vuestra vida cuidadosamente, vuestras noches de hogar, que enseñéis a vuestros hijos a orar y a caminar en rectitud delante del Señor. Eso significa que sí se les enseña a no robar, nunca tomarán nada que no les pertenezca. Recordaréis que Moisés recibió ese mandamiento del Señor. Llegaréis a ver el día en que vuestros hijos sigan ese ejemplo justo.

Todos nuestros jóvenes se casarán algún día, porque esa es la clase de vida normal, y el Señor nunca pensó dejar a sus hijos solteros. Ellos deben’ hacer el mayor esfuerzo por conseguir la mejor compañera. Los solteros están en desventaja, en muchos aspectos no se pueden comparar con los hombres casados de su misma edad; el soltero tiene más posibilidades de enfermarse; los hospitales mentales tienen más solteros que casados; el soltero gana menos dinero que el casado.

La vida normal de un joven es tener una esposa, de manera que pedimos a todos los jóvenes que planifiquen su vida, que decidan que una parte de su vida la dedicarán a estudiar, la otra será para ir a una misión, y luego vendrá la época en que deberán seguir una carrera, y casarse. Cuando el joven tenga una esposa, deben ambos empezar a formar su familia; esa es la vida normal que el Señor espera de nosotros. Naturalmente, hay una época para todas las cosas; no queremos que los jóvenes se casen demasiado temprano en su vida, pero cuando llegan a la edad apropiada, entonces ya pueden pensar en el matrimonio y en otras cosas, Y cuando comienzan a salir con chicas y cortejarlas, tendrán que orar mucho como su padre les habrá enseñado desde pequeños; entonces pedirán la inspiración del Señor para encontrar la esposa que sea ideal para ellos.

Lamentablemente, en algunas partes en el mundo hay muchos hombres que no reconocen el respeto que le deben a su esposa; marido y mujer son iguales; simplemente, uno de ellos debe poseer la autoridad y ésta descansa en el hombre; eso no significa que él sea superior. El hombre engendra los hijos, la madre los da a lux, y ambos les enseñan la rectitud. De manera que dependemos mucho de nuestra esposa para lograr ese cometido; por lo tanto, tenemos que ser muy considerados con ella.

No nos casamos para satisfacer una necesidad humana; eso es secundario; lo primero es traer niños al mundo, y enseñarles a que sigan los pasos del Señor Jesucristo. Por consiguiente debemos ser muy cuidadosos y considerados con nuestra esposa, amarla más que a nuestra propia vida, y amándola así, la trataremos con toda delicadeza y consideración. Recordad que Pablo en algunas de sus epístolas en la Biblia, dedicó gran parte de ellas a enseñar a los hombres que debían amar a su esposa. Esta es una gran responsabilidad; todo buen hombre ha de amar a su esposa con todas sus fuerzas; y cualquier joven que esté por casarse debe tenerlo en cuenta.

A los niños se les debe enseñar a hacer planes para el futuro; es muy común entre ellos gastar su dinero en helados y golosinas; pero es fundamental que cada padre enseñe a sus hijos a ahorrar y sacrificarse; entonces tendrán mayores posibilidades de tener hijos rectos y dignos. Los jóvenes deben ser cuidadosos en ahorrar su dinero y tener el deseo de hacerlo. Necesitarán dinero para ir a la misión, necesitarán dinero para ir al templo a contraer matrimonio, y lo necesitarán para muchos propósitos de la Iglesia.

Casi todos los días vienen familias al Edificio de las Oficinas de la Iglesia para saludarme; y casi siempre les digo a los pequeños “serás un magnífico misionero, ¿vas a ir a una misión?” Por lo general me responde que sí, que ya está ahorrando dinero para una misión. A veces no tienen más que seis u ocho años, pero cada vez que ganan dinero o reciben algo de regalo, ahorran parte para esta importante oportunidad que han de tener. Esa es la manera de criar a los niños.

También he mencionado la orientación familiar, básica, porque al hacerla los hombres pueden llevar consigo a los jovencitos. El élder Tuttle dijo que el presidente Romney y el presidente Tanner, mis ocupados consejeros, son ambos maestros orientadores y cada mes hacen sus visitas a las familias que les han asignado. Y repito, ésta es una responsabilidad que recibe el hombre; él no la pide sino que la acepta cuando se la dan. Así que debe esperar que su obispo le asigne las familias; si éste no lo hace, el trabajo no se hace.

El presidente Tanner lleva consigo a un vecino, un jovencito, y con sus visitas muchos veces llevan gente a la Iglesia; asimismo reactivan a miembros que se encontraban inactivos, Es muy importante que los obispos se aseguren de que todos los maestros orientadores adultos tengan un compañero del Sacerdocio Aarónico. Comprended el gran servicio que ellos están realizando al enseñar a estos jóvenes a hacer la orientación familiar; ésta es la manera en que la Iglesia va a crecer fuerte.

En casi todas las ciudades a las que vamos hay una conferencia de prensa, donde los representantes de las revistas y la radio vienen a hacernos preguntas. Generalmente una de las preguntas que nos hacen es qué pensamos del crecimiento rápido de la Iglesia, qué vamos a hacer cuando tengamos diez o quince millones de miembros; la respuesta que les doy siempre es la misma: “Nuestro crecimiento es uno de nuestros más grandes desafíos”.

En el Templo de Lago Salado los Doce Apóstoles y la Primera Presidencia dedicamos mucho tiempo al programa para mantener a la Iglesia activa. Podéis daros cuenta de que no importa cuánto crezca la Iglesia, si cada padre enseña a su familia y hace su orientación familiar, si se visita cada hogar, y cada obispado está empeñado en que todos tengan la oportunidad de servir. No importa que seamos cincuenta o cinco millones. Si tenemos más miembros, tendremos que aplicarnos un poco más. No creo que haya ningún miembro de la Iglesia que no tenga un testimonio de la divinidad de esta obra. Sabemos que es verdadera, de manera que nunca será demasiado lo que hagamos para servir al Señor. Cada uno de nosotros debe analizar su vida para ver si hay algo que hayamos dejado de lado en ella.

El Señor ha dicho: “Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mat. 5:48). Esa perfección es posible, hermanos. El Señor Jesucristo no habla solamente por hablar. Él quiere hacernos comprender que cada persona puede perfeccionar su vida; pero debe tomar sus imperfecciones una a una para corregirlas. El apóstol Pedro también nos habló de perfeccionar nuestra vida, y todos los sermones de Pablo se referían a lo mismo.

Yo he conocido personas perfectas; al menos, yo pensaba que eran perfectas; uno de ellos era el Presidente del Consejo de los Doce; para mí, era un hombre perfecto. Por consiguiente, cada uno de nosotros debe esforzarse en lograrlo. Antes de ser dioses tenemos que ser perfectos; no podemos ir a nuestro Padre Celestial y decirle, “Yo soy bueno; solamente fallé un poco en la orientación familiar y en mis noches de hogar”. El Señor sabe lo que estamos haciendo y no necesitamos decírselo; El será nuestro juez y nos juzgará de acuerdo con nuestras obras.

Recordaréis que Juan el Revelador nos habló de lo mismo: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios”; estaban allí para el juicio, porque el Señor nos juzgará o sus Apóstoles lo harán, y ese juicio será justo y honesto. No se nos acusará de algo que no hayamos hecho, porque el Señor es justo, Y Juan continúa: “Y los libros fueron abiertos…” ¿Qué libros? Los mismos que tenéis a vuestra disposición, vuestros diarios, el registro del servicio que habéis desempeñado aquí en la tierra, el registro de vuestro bautismo, de vuestras ordenaciones, de vuestro servicio en los diferentes cargos que habéis desempeñado en la Iglesia. “Y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros”; poned atención a esto: “de acuerdo con sus obras” (Apoc. 20:12). No de acuerdo con lo que los demás dijeran de vosotros, sino con lo que el Señor vio que vosotros habíais hecho. Esto es lo que sucederá a todo ser humano y todos tendremos que hacernos responsables por las cosas que hemos hecho aquí en la mortalidad; por cualquier mentira que hayamos dicho, por cualquier cosa que hayamos robado, por chismes o malos entendimientos de los que hayamos sido culpables, por no hacer las cosas que el Señor nos mandó.

Hermanos, el Señor nos ha dado la asignación que tenemos para nuestro beneficio y no para beneficiarse El. Cuando se nos aparta como obispos y somos buenos obispos, esto favorecerá nuestra propia salvación; Cuando nos han llamado como maestros orientadores y somos buenos maestros orientadores, también eso es para nuestro beneficio.

El Señor sabe cuándo no asistimos a nuestras reuniones, sabe cuándo no somos buenos con nuestros hijos o nuestra esposa, sabe todo lo que nosotros hacemos; de Él no nos podemos esconder. Cuando Caín mató a Abel, el Señor le dijo: “¿Dónde está Abel tu hermano?” Caín sabía muy bien donde estaba el cuerpo de su hermano asesinado, y probablemente mutilado por él. Cuando el Señor le preguntó dónde estaba Abel, Él sabía dónde estaba, solamente le estaba pidiendo a Caín que rindiera cuentas; así que éste tuvo que dar una excusa: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Véase Gén. 4:8-10.) El quizás no haya recibido una respuesta, pero la contestación a esta pregunta es: Sí, somos guardas de nuestros hermanos. Obispos, patriarcas, presidentes de estaca, todos los que estáis en el servicio sois responsables por vuestros hermanos y por vuestros hijos. Como os he dicho esto no es para magnificar al Señor, sino para fortalecernos a nosotros.

Oneridos hermanos, los miembros del Consejo de los Doce y la Primera Presidencia estamos muy preocupados; sabemos que éste es un mundo malvado, que las tentaciones están por doquier y que los jóvenes están siendo tentados más allá de su poder de resistencia. El Señor también sabe todo esto. Él sabe cada vez que se comete adulterio, cada robo que se lleva a cabo; Él sabe que hay muchas personas malvadas en este mundo; también nosotros lo sabemos. Nos preocupa mucho el problema del aborto; espero que esto no sea un problema aquí. Los niños deben nacer, no ser abortados. El divorcio es una fiebre en todo el mundo, esperamos que no haya divorcios en la Iglesia, Hombres y mujeres deben tratar de comprenderse, y no de dominarse. La inmoralidad es muy común en el mundo actual; hay muchos jóvenes que no se casan; muchos cometen fornicación y adulterio.

Después de la conferencia, todos fuimos a visitar el Museo y vimos allí muchos cuartos llenos de objetos de oro; en Bogotá hay un museo igual que también está lleno de oro y los hay en muchos otros lugares en el mundo. Pero vosotros sabéis que todo el oro del mundo no vale lo que uno de vuestros hijos; de manera que debemos guiarlos y entrenarlos para que sean obedientes y fieles; es necesario prever los problemas y evitarlos antes de que sucedan.

El evangelio es verdadero y aun cuando dediquemos toda nuestra vida en su servicio, no habremos hecho demasiado. Oramos por vosotros, hermanos, para que vuestros hijos crezcan obedientes y cariñosos, para que puedan encontrar, junto con vosotros, el camino al reino eterno. Yo sé que el evangelio es verdadero, y vosotros también lo sabéis. Trabajemos juntos hasta lograr el objetivo por el cual hemos venido a esta tierra.

Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias, vuestra esposa y vuestros hijos y que la paz del Señor esté con vosotros. Os amamos mucho, y el Señor también os ama. Os dejamos en sus manos, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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