Lo haré

1977 Conferencia de Área en la ciudad de Santiago, Chile
“Lo haré”
por el élder William R. Bradford
Presidente de la Misión de Chile-Santiago Sur
Sesión General de la mañana

William R. BradfordMis queridos hermanos, vosotros sois los elegidos de Dios en esta nación, sois aquellos cuyo corazón el Señor ha tocado con su Espíritu, los que tenéis el conocimiento de que las verdades de Dios han sido restauradas sobre la tierra; sí, los que habéis llegado hoy hasta aquí, para estar en la presencia de un Profeta de Dios.

Yo os testifico que el presidente Kimball es un Profeta de Dios, y que está más cerca del Salvador Jesucristo que ningún otro ser mortal sobre la tierra, que es un hombre elegido, que se le ha conferido poder, depositándose también sobre sus hombros una gran responsabilidad. El habla a Cristo y habla por Él. Es un Profeta viviente y verdadero. Sus instrucciones a los miembros de la Iglesia y al mundo son como si Cristo mismo las pronunciase.

Cuando medito sobre las instrucciones que nuestro Profeta ha dado al mundo, pienso en la manera en que cada una de ellas ha sido reforzada por el lema que él tiene sobre su escritorio y que dice: “Hazlo”. Este lema y su respuesta correcta: “Lo haré”, forman la base para levantar el reino de Dios sobre la tierra.

El profeta Spencer W. Kimball y aquellos que sirven a su lado son “hacedores” de la palabra, hombres semejantes a Cristo. El Salvador dijo al Padre en el principio “envíame a mí, yo descenderé, haré tu voluntad. Seré un Salvador para todos y que tuyos sean el honor y la gloria.” (Véase Moisés 4:2.)

Todos los grandes profetas que han precedido al presidente Kimball, al igual que él, han sido hacedores.

Al mandato de Dios de construir el arca, Noé respondió: “Lo haré” y en contra de todo obstáculo salvó a los pocos que eran dignos.

Al mandato: “hazlo”, del Señor a Abraham, éste, con angustia en el corazón, tomó a su hijo y lo llevó a la cumbre de una montaña para sacrificarlo con sus propias manos, manifestando así su obediencia al Señor. Entonces vinieron grandes bendiciones sobre él y llegó a ser un Profeta y salvador para su pueblo.

Una y otra vez el gran profeta Moisés respondió a las instrucciones del Señor: “Lo haré”. Imaginad a este gran hombre, de espaldas al Mar Rojo, y de frente a las fuerzas egipcias que avanzaban; pensad en cómo debió de haberse sentido cuando los miles de israelitas a quienes trataba de salvar, le dijeron: “Porque mejor nos fuera servir a los egipcios que morir nosotros en el desierto” (Éxodo 14:12),

Entonces el Señor dijo a Moisés que extendiera su mano sobre el Mar Rojo y dividiera las aguas, y Moisés asilo hizo. Todos conocemos el milagro que se produjo. La actitud obediente de Moisés rigió toda su vida e hizo de él un salvador en su tiempo,

Recuerdo a muchos otros como él. Tenemos, por ejemplo, a Nefi, que dijo a su padre:

“Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado.” (1 Nefi 3:7.)

Con su actitud y su acción, él preservó los registros que llegarían a ser el testigo especial para llevar a las naciones de épocas posteriores, la doctrina salvadora, a saber, El Libro de Mormón.

Como misioneros, siento una profunda, admiración al recordar a Ammón y a los otros hijos de Mosíah, quienes fueron a tas tierras de un pueblo duro de corazón, de gente salvaje que se deleitaba en el asesinato y la iniquidad. Aquellos misioneros con su obediente actitud y su respuesta al Señor: “Lo haré”, convirtieron naciones enteras a la verdad.

Abinadí se enfrentó a su muerte, probablemente sin saber que por su persistencia en su determinación: “lo haré”, había convertido al gran profeta Alma, quien llegó a ser el salvador espiritual de muchas naciones.

Cristo, al realizar su obra redentora en el Jardín de Getsemaní, demostró a su Padre y al mundo que cumplió con su misión, fiel a su respuesta: “Lo haré”, y llegó a ser el Salvador de todos los hombres.

Pensad en las muchas veces eh que el profeta José Smith respondió: “Lo haré”, a medida que recibía instrucciones durante la restauración del evangelio en esta dispensación. Se levantó un santo Profeta para “hacer” la gran tarea, y él “la hizo”. Y gracias a que él hizo su parte, vosotros y yo contamos con la más grande de las bendiciones, esto es, ser miembros de la verdadera Iglesia: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Si adoptamos y ponemos en práctica el lema inspirado de un profeta viviente, veremos la realización de milagros.

Si al recibir la amonestación de estudiar las Escrituras respondéis “lo haré”, y efectivamente lo hacéis, los misterios de los cielos serán descubiertos ante vosotros y los milagros de la vida, así como la felicidad, llegarán a ser vuestros.

Si cuando se os enseña a ser castos y limpios, respondéis siéndolo, el Espíritu Santo podrá morar con vosotros, seréis santificados y estaréis más cerca de vuestro Dios.

Si cuando se os amonesta a que sirváis a vuestros semejantes, respondéis aceptando llamamientos en la Iglesia y magnificándolos, el Señor cumplirá sus promesas y hará de vosotros “los hijos de Moisés y de Aarón y la simiente de Abrahán, la iglesia y el reino, y los elegidos de Dios” (D. y C. 84:34).

Cuando se os insta a que sirváis como misioneros, y respondéis haciéndolo, el Señor os hace una luz a los gentiles, y… un salvador a… Israel…” (D. y C. 86:11), y las bendiciones que recibiréis por ello, serán gloriosas y sin fin.

El Señor dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

Este gran y santo Profeta que está junto a nosotros, y aquellos que sirven a su lado, son hombres de Dios y son hacedores; y porque son hacedores, son salvadores. A través de ellos, personas de todas partes están recibiendo lo que necesitan para ser rescatadas del infierno y la muerte eterna, a los que Satanás, aquel constante enemigo de Dios, desea conducir a los hombres.

Yo sé que Dios vive y que su Hijo Jesucristo dirige los asuntos rectos de esta tierra.

Sé que el Profeta viviente guía esta Iglesia de la misma manera en que el Señor Jesucristo lo dirige a él. Le estoy agradecido por Su visita a esta tierra y ruego que todos aquellos que escuchen su voz sientan su espíritu y deseen ser hacedores de la palabra.

Dios creó la tierra y colocó en ella a sus hijos para así probarlos, “para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:25).

Que todos podamos experimentar el milagro que se verifica en la vida de la persona que al Señor responde “lo haré”, y cumple con lo que Él le solicita. Esto ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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