La salvación de los niños

Marzo de 1978
La salvación de los niños
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieDe entre todas las verdades del Evangelio que Dios ha dado a su pueblo, difícilmente se encontrará una que sea tan dulce y brinde al alma tal sentimiento de paz, como la que afirma que los niños pequeños se salvarán, que viven en Cristo y obtendrán la vida eterna La unidad familiar continuará para ellos y suya es la plenitud de la exaltación. No habrá bendición que se les niegue, y se levantarán en gloria inmortal, continuarán progresando hasta alcanzar su plena madurez, y vivirán para siempre en lo más elevado del Reino Celestial. Y todo esto, gracias a los méritos, la misericordia y la gracia del Santo Mesías; todo, por causa del sacrificio expiatorio de Aquel que murió, para que nosotros pudiéramos vivir.

Uno de los grandes beneficios de la reciente adición de la Visión del Reino Celestial, de José Smith, a la Perla de Gran Precio, es la oportunidad que nos da de estudiar nuevamente la doctrina concerniente a la salvación de los niños. Hay en este tema muchas interrogantes que merecen una firme respuesta de las Escrituras.

Hay dos escenas que demuestran el infinito amor, la ternura y la compasión del Señor Jesús, y que debemos tomar como punto de partida para nuestra consideración de los varios aspectos respectivos a la salvación de los niños.

La primera tiene lugar en “las regiones de Judea al otro lado del Jordán”; grandes multitudes rodean al Maestro; los contenciosos fariseos están tratando de tenderle una trampa; El acaba de predicar sobre el matrimonio, el divorcio y la unidad familiar.

“Entonces le fueron presentados unos niños”, dice Mateo, “para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos los reprendieron diciendo: No hay necesidad, porque Jesús ha dicho, los tales serán salvos.

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.” (Mateo 19:13-15. Versión inspirada. Cursiva agregada.)

La segunda escena tiene lugar en el continente americano. Aquel mismo Jesús, resucitado y glorificado, está llevando a cabo su ministerio entre los nefitas; acaba de orar como nadie lo había hecho nunca.

“Y no hay lengua que pueda hablar, ni hombre que pueda escribirlo, ni corazón de hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que habló Jesús”, ha registrado el historiador nefita. (3 Nefi 17:17.)

Y luego continúa:

“Y hablando a la multitud, les dijo: Mirad a vuestros niños.

Y he aquí, al levantar la vista, dirigieron la mirada al cielo, y vieron que se abrían los cielos y que descendían ángeles, como si fuera en medio de fuego; y bajaron y cercaron a aquellos niños, y quedaron rodeados de fuego; y los ángeles ejercieron su ministerio a favor de ellos.” (3 Nefi 17:23-24.)

Jesús ama y bendice a los niños. Ellos son compañeros de los ángeles y serán salvos, porque de ellos es el reino de los cielos.

Ahora desearía dar una breve respuesta a las preguntas que son más comunes, referentes a la salvación de los niños.

¿Qué es un niño, y quiénes son los niños?

Un niño es un espíritu adulto en un cuerpo recién nacido, un cuerpo capaz de crecer y madurar, de acuerdo con los planes de Aquel de quien todos somos hijos espirituales. Los niños son hijos de Dios que vivieron y moraron con El por infinitos períodos de tiempo, antes de su nacimiento mortal. Ellos son adultos antes de nacer, y lo son también después de morir. Cristo mismo, el Primogénito del Padre, se elevó a un estado de gloria y exaltación, aún antes de ser alimentado al seno de María.

¿Qué es el nacimiento mortal?

Es el proceso mediante el cual seres maduros, alertas e inteligentes, pasan de la preexistencia a una esfera mortal; el proceso por el cual traemos a la mortalidad los rasgos de carácter y talentos que adquirimos y desarrollamos en nuestros largos años de existencia espiritual; el proceso mediante el cual se crea un cuerpo mortal, para dar morada a un espíritu eterno que es descendencia del Padre Celestial. La mortalidad se cierne sobre nosotros desde que exhalamos nuestro primer aliento de vida.

¿Por qué venimos a esta tierra?

Venimos para obtener un cuerpo de carne y huesos, un cuerpo que, después de la muerte natural, volveremos a recibir en estado inmortal. Aquellos que llegamos a la edad de responsabilidad, estamos aquí’ para ser probados y para desarrollarnos, para ver si podemos vivir de tal forma que volvamos al estado de pureza e inocencia que gozamos siendo niños, y hacernos merecedores de regresar a donde Dios y Cristo están.

¿Qué es el “pecado original”?

La doctrina de que el pecado de Adán recae sobre el hombre y que, por lo tanto, todo ser humano —incluyendo los niños pequeños— debe bautizarse para ser salvo, es totalmente falsa. En cambio, la doctrina de que “los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán” (Artículo de Fe No. 2), es un principio fundamental de la religión verdadera.

¿Tienen los niños la mancha del “pecado original”?

Definitivamente, no. El “pecado original”, tal como lo definen los credos del cristianismo, no existe. Ese concepto niega totalmente la eficacia de la expiación. Nuestra revelación dice: “Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio”, lo cual significa que comenzaron en un estado de pureza en la preexistencia: “y habiendo Dios redimido al hombre de la caída, el hombre vino a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios” (D. y C. 93:38); y esto quiere decir que todo ser humano comienza su probación mortal puro e inocente, por causa de la expiación. Nuestra revelación también dice:

“Que el Hijo de Dios ha expiado el pecado original, por lo que los pecados de los padres no pueden recaer sobre las cabezas de los niños, porque son limpios desde la fundación del mundo.” (Moisés 6:54.)

¿Son los hijos concebidos en pecado?

Puesto que el “pecado original”, de acuerdo con el uso que se le da a esta expresión en el cristianismo actual, no existe, consecuentemente los hijos no se pueden concebir en pecado; ellos no vienen al mundo manchados con ninguna impureza. Cuando las Escrituras mencionan esa expresión, le dan un significado completamente diferente del que le dan los credos del mundo. El de las Escrituras es que los niños nacen en un mundo de pecado, por lo que “cuando empiezan a crecer, el pecado nace en sus corazones, y prueban lo amargo para poder saber cómo apreciar lo bueno” (Moisés 6:55).

¿Qué pensamos sobre el bautismo de los infantes?

Son pocas las doctrinas falsas que hayan merecido y recibido una acusación tan severa y vigorosa, como la que recibió esta doctrina de parte del profeta Mormón. Cuando aquel inspirado hombre preguntó al Señor concerniente al bautismo de los niños pequeños, esto fue lo que se le respondió:

“Escucha las palabras de Cristo, tu Redentor, tu Señor y tu Dios: He aquí, no vine al mundo para llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores; los sanos no necesitan de médico, sino los enfermos; por tanto, los niños pequeños son puros, porque son incapaces de pecar; así pues, la maldición de Adán les ha sido quitada en mí, de modo que no tiene poder sobre ellos…” (Mor. 8:8.)

Por consiguiente Mormón, hablando por el poder del Espíritu Santo, enseñó que “es una solemne burla a los ojos de Dios, bautizar a los niños pequeñitos”; que ellos “viven en Cristo desde la fundación del mundo”; que es terrible iniquidad negarles la misericordia pura de Cristo; que esta creencia “desprecia su expiación y el poder de su redención”; que aquellos que así creen, se hallan “en las cadenas de la iniquidad”, y que si una persona “llega a perecer con tal pensamiento, tendrá que ir al infierno”; y que aquellos que se humillan, se arrepienten y reciben el bautismo “se salvarán… con sus niños pequeñitos”. (Véase Moroni 8:8-25.)

¿Todos los niños pequeños se salvarán en el Reino Celestial?

La respuesta a esta pregunta es un resonante sí. Jesús enseñó esto a sus discípulos; Mormón lo repitió una y otra, vez; muchos de los profetas han hablado de ello, y es algo implícito en el plan de salvación; si no fuera así, la aplicación de la redención no podría ser infinita como es. Por ello, como es natural, la Visión del Reino Celestial que tuvo José Smith contiene esta declaración:

“Y también vi que todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad se salvan en el reino de los cielos.” (Vers. 10.)

En cuanto a esto, no hay restricciones de raza, pueblo ni lengua; los niños pequeños son inocentes y todos viven en Cristo y son salvos por El, por medio de su expiación.

Refiriéndose a la declaración del Profeta, de que todos los niños se salvarán en el reino de los cielos, el presidente Joseph Fielding Smith dijo:

“Todos los espíritus que vienen a este mundo, vienen de la presencia de Dios y, por lo tanto, deben haber estado en su Reino… El espíritu de cada persona ha sido inocente en el principio, y todos los que se rebelaron fueron desterrados; por lo tanto, todos los que quedaron tienen derecho a recibir las bendiciones del evangelio.” (Doctrines of Salvation, 2:55.)

¿Cómo y por qué se salvan?

Se salvan por medio de la expiación y porque están limpios de pecado; han venido de junto a Dios en absoluta pureza, en este mundo no se ensucian con pecado alguno y, por consiguiente, con la misma pureza vuelven a su Hacedor. Las personas que están en edad de responsabilidad, en cambio, tienen que purificarse mediante el arrepentimiento, el bautismo y la obediencia. Los que no son responsables de pecado nunca caen espiritualmente, o sea, que nunca tienen que ser redimidos de una caída espiritual. De ahí la expresión de que los niños viven en Cristo. La revelación dice:

“. . . los niños pequeños quedan redimidos desde la fundación del mundo, mediante mi Unigénito.” (D. y C. 29:46.)

¿Tendrán esos niños vida eterna?

Vida eterna es la vida en el más alto grado del mundo celestial; es exaltación; es la vida que Dios vive, y consiste en una continuación de la unidad familiar en la eternidad. Hemos citado escrituras donde dice que los niños se salvarán en el Reino Celestial, pero ahora nos enfrentamos a la interrogante de si esa salvación incluye el más grande de todos los dones de Dios: el don de la vida eterna. Y en la providencia de Aquel que es infinitamente sabio, la respuesta es afirmativa: salvación significa vida eterna; ambos términos son sinónimos y tienen el mismo significado. José Smith dijo: “La salvación consiste en la gloria, la autoridad, la majestad, el poder y el dominio que Dios posee; no es ni más ni menos que eso” (Lectures of faith, págs. 63-67). Nosotros nos referimos a esa salvación como exaltación —lo cual es—, pero todas las escrituras lo llaman salvación. Solamente conozco tres donde el término salvación significa algo inferior a exaltación.

Abinadí dijo que “los niños pequeños también tienen vida eterna” (Mosíah 15:25). José Smith enseñó:

“Los niños, habiendo sido redimidos por la sangre del Cordero, serán entronizados en la presencia de Dios y del Cordero. . . Allí gozarán de la plenitud de esa luz, gloria e inteligencia que se ha preparado en el reino celestial.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 251.)

Y el presidente Joseph Fielding Smith habló muy claramente sobre este tema:

“El Señor concederá a esos niños el privilegio de todas las bendiciones selladoras pertinentes a la exaltación. Todos eran espíritus maduros antes de nacer y los cuerpos de los niños crecerán después de la resurrección, hasta alcanzar la misma estatura de su cuerpo espiritual; recibirán todas las bendiciones por medio de su obediencia, en la misma forma que si hubieran vivido hasta la madurez y las hubieran recibido en la tierra. El Señor es justo y no privará a nadie de una bendición, simplemente porque esa persona muera antes de haber podido recibirla. Sería sumamente injusto privar a un niño de recibir las bendiciones de la exaltación en el otro mundo, sólo porque hubiera muerto durante los años de su infancia… Los niños que mueren pequeñitos, no serán privados de ninguna bendición. Cuando crezcan, después de la resurrección, podrán recibir todas las bendiciones que hubieran recibido si hubieran permanecido aquí.” (Doctrines of Salvation, 2:54.)

¿Podrán los que mueren niños llegar a casarse y vivir en su propia unidad familiar?

Ciertamente; no hay duda sobre dio. Si obtienen la salvación, o sea, la vida eterna, la cual es exaltación, significa que se casan y viven en una unidad de familia. El presidente Joseph Fielding Smith lo ha dejado claramente establecido, y de acuerdo con toda lógica, debe ser así. (Véase Doctrines of Salvation, 2:49-57.)

¿Por qué algunos niños mueren, y otros viven?¿Están los que mueren en mejor situación que los que viven?

Podemos estar seguros de que todas i as cosas son controladas y gobernadas por Aquel de quien somos hijos espirituales. El conoce el fin desde el principio, y nos da las pruebas y dificultades de acuerdo con lo que sabe que necesitamos. El presidente Joseph Fielding Smith me dijo una vez que debemos suponer que el Señor sabe y dispone de antemano quiénes morirán en la infancia, y quiénes quedarán aquí para pasar por las pruebas que necesiten. Esto está de acuerdo con las palabras de José Smith:

“El Señor se lleva a muchos, aun en su infancia, a fin de que puedan verse libres de la envidia de los hombres, y de las angustias y maldades de este mundo. Son demasiado puros, demasiado bellos para vivir sobre la tierra.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 237.)

En el plan se da por sobreentendido que aquellos de nosotros que hemos llegado y pasado la edad’ de responsabilidad, estamos aquí porque necesitamos las pruebas, a las cuales se nos somete; necesitamos sobreponernos a la condición del mundo y lograr el mismo estado de pureza que los niños poseen.

Antes de su nacimiento mortal, ¿cuánto saben los espíritus sobre Dios y el plan de salvación?

Cada persona que nace en este mundo, viene de la presencia de Dios. Todos nosotros lo vimos a Él en aquel mundo eterno; todos oímos Su voz y Él nos enseñó sus leyes; aprendimos sobre Jesucristo y decidimos seguirlo cuando fue elegido como nuestro Salvador y Redentor; conocimos y comprendimos el plan del evangelio, y prorrumpimos en exclamaciones de gozo al saber del privilegio que tendríamos de recibir un cuerpo mortal, como parte de ese gran plan. Al regresar puros e inmaculados ante su Hacedor, los niños —que en realidad son adultos en espíritu—, volverán a tener aquel conocimiento completo del evangelio que tuvieron ante de venir al mundo.

¿Serán los niños probados alguna vez?

De ninguna manera. Cualquier idea de que puedan ser probados en el paraíso, durante el milenio, o después de él, es pura fantasía. ¿Para qué podría ser probado un ser resucitado, que ya se ha levantado de la tumba con un cuerpo celestial, y cuya salvación estaba ya garantida? ¿Probaría el Señor a alguien cuyo éxito en la prueba ya estuviera asegurado? En realidad, habrá billones de personas que nazcan durante el milenio, cuando Satanás esté atado, que “crecerán sin pecado hasta salvarse” (D. y C. 45:58), y por lo tanto, no serán probados.

“Satanás no puede tentar a los niños pequeños en esta vida, ni en el mundo espiritual, ni después de la resurrección. Los niños que mueran antes de llegar a la edad de responsabilidad, no serán tentados.” (Doctrines of Salvation, 2:56-57.) Esta es la terminante forma de expresarse del presidente Joseph Fielding Smith.

¿Cuál es la edad de responsabilidad?

La edad de responsabilidad no se abre de pronto ante un niño, en un momento determinado de su vida, sino que va haciéndose responsable gradualmente, durante un período de años. Llegar a la responsabilidad es un proceso, no una meta que es necesario alcanzar con el paso de un número específico de años, días y horas. En nuestra revelación el Señor dice:

“. . . no pueden pecar, porque no le es dado el poder a Satanás de tentar a los niños pequeños sino hasta cuando empiezan a ser responsables ante mí.” (D. y C. 29:47.) Sin embargo, llega un momento en que la responsabilidad es algo real y el pecado se infiltra en la vida de aquellos que se desarrollan normalmente; este momento se ha fijado en la edad del bautismo. (Véase D. y C. 68:27.)

Este principio de la responsabilidad se ha tergiversado y pervertido y hasta ha desaparecido en diferentes épocas. Era una de las preguntas básicas de Mormón al Señor sobre el bautismo de los infantes. (Véase Moroni 8.) Uno de los pasajes de escritura más instructivos al respecto, consiste en lo que el Señor le dijo a Abraham:

“Mi pueblo se ha alejado de mis preceptos y no ha guardado mis ordenanzas, las mismas que di a sus padres.

Y no han observado mi unción, y la sepultura, o bautismo del cual les di mandamiento;

Sino que se han tornado del mandamiento, y han tomado sobre sí el lavamiento de los niños. . .” (Gén. 17:4-6. Versión inspirada.)

El bautismo de los infantes se practicaba entre algunos grupos en aquellos primeros días; la razón para ello es que el hombre ya no comprendía el significado de la expiación. Según continúa el registro, aquellos pueblos creían que la sangre del justo Abel había sido derramada como expiación por los pecados; y, por lo tanto, no sabían que eran responsables ante el Señor. (Véase el tomo en inglés de la Versión inspirada, Gén. 17:7.)

El Señor hizo entonces esta promesa a Abraham:

“Estableceré mi pacto de circuncisión contigo, y será mi pacto entre yo y tu descendencia después de ti por sus generaciones: a fin de que podáis saber para siempre que los niños no son responsables ante mí hasta que tienen ocho años de edad.” (Gén. 17:11. Versión inspirada.)

¿Qué pasará a los que tienen deficiencias mentales?

Ellos son como niños pequeños, porque nunca llegan a una edad mental de responsabilidad. Si por causa de una deficiencia física, o por cualquier otro motivo desconocido llegan a la madurez espiritual y moral, nunca serán juzgados responsables por los pecados que puedan cometer. Por lo tanto, no necesitan el bautismo, pues viven en Cristo y recibirán en la eternidad la misma herencia que todos los niños.

Después de revelar que los niños están redimidos desde la fundación del mundo por el sacrificio expiatorio de Aquel que murió para salvarnos, y de especificar que Satanás no tiene poder para tentarlos hasta que llegan a la edad de responsabilidad, el Señor aplicó los mismos principios a aquellos que sufren de deficiencias mentales:

“Y además, os digo, ¿a quién de los que tienen conocimiento no le he mandado yo que se arrepienta?

Y en cuanto al que no tiene entendimiento, me reservo el derecho de hacer con él de acuerdo con lo que está escrito.” (D. y C. 29:49-50.)

¿Cuándo y en qué forma resucitarán los niños?

Puesto que reciben herencia celestial, resucitarán en la primera resurrección. El presidente Joseph Fielding Smith dijo:

“José Smith enseñó la doctrina de que el pequeño que ha dormido en la muerte, se levantará en la resurrección como un niño. En una ocasión, le dijo a una madre que acababa de perder a su hijo: ‘Usted tendrá el gozo, la satisfacción y el placer de criar a este niño después de la resurrección, hasta que su cuerpo alcance la misma madurez de su espíritu’. Después de la resurrección, hay restitución, hay desarrollo, hay progreso. Amo esta verdad, porque ella le habla a mi alma de una felicidad y un gozo indescriptibles, y la llena de gratitud. Gracias sean dadas al Señor, que nos ha revelado estos principios.” (Gospel Doctrine, págs. 455-56.)

¿Qué responsabilidad tenemos hacia nuestros hijos?

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos;

Cosa de estima el fruto del vientre.” (Sal, 127:3.)

Nuestros hijos son los hijos de nuestro Padre, Él nos los ha confiado por un tiempo, y nuestro deber es criarlos en luz y verdad, a fin de que puedan ser dignos de volver a su Eterna Presencia.

Los padres de Sión tienen una responsabilidad especial con respecto al cuidado y bienestar de las almas que se les han confiado; este deber lo resumió el rey Benjamín con estas palabras:

“Ni permitiréis que vuestros hijos anden hambrientos o desnudos, ni que quebranten las leyes de Dios, ni que contiendan y riñan unos con otros y sirvan al diablo, que es el maestro del pecado, o el espíritu malo de quien nuestros padres han hablado, ya que es el enemigo de toda justicia.

Mas les enseñaréis a andar por las vías de verdad y prudencia; les enseñaréis a amarse mutuamente y a servirse el uno al otro.” (Mosíah 4:14-15. Véase D. y C. 68:25-28.)

En resumen, ¿qué es esta gloriosa doctrina de la salvación de los niños?

Verdaderamente, es una de las partes más dulces y más satisfactorias para el alma en toda la doctrina del evangelio. También es una de las evidencias de la divina misión de José Smith, pues en sus días los fieros evangelistas del cristianismo vociferaban desde sus pulpitos, proclamando que el camino al infierno estaba pavimentado con pequeños cráneos infantiles, porque sus descuidados padres habían desatendido su obligación de bautizarlos. Las declaraciones de José Smith, registradas en la revelación de los últimos días, llegaron como una refrescante brisa de verdad pura: los niños pequeños serán salvos. Demos gracias a Dios por habernos revelado su voluntad con respecto a estas puras e inocentes almas.

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4 Responses to La salvación de los niños

  1. Avatar de Gimena Márquez Gimena Márquez dice:

    Hola,es muy reconfortante este discurso,gracias por compartirlo.Desde que lo leí por primera vez me ha ayudado mucho. Quisiera saber si pueden agregarle la opción de descargarlo ya que lo he intentado y no he podido. Muchas gracias y saludos.

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Y que haya de los niños que mueren a los 10 años?

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  3. Avatar de Marcos Marcos dice:

    Gracias por acercar este discurso a la gente que ha perdido a sus hijos. Es muy duro. Yo perdi el mio el dia anterior a que hubiese cumplido sus 18 años. Aun con el conocimiento del evangelio, es dificil entender su partida, aun cuando se donde esta y con quienes del otro lado del velo. Este articulo tiene palabras esperanzadoras y comparto totalmente lo dicho por el Profeta Jose: «Son demasiado puros, demasiado bellos para vivir sobre la tierra»… Me gusto leerlo, creo firmemente en sus palabras. Saludos

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