27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
Para lograr una vida gozosa
por la hermana Camilla Kimball
Mis queridas hermanas, es mi deseo poder hablaros sin dificultad en vuestro propio idioma.
En mi niñez viví en México y aprendí un poco de español, de eso hace ya mucho tiempo, casi lo he olvidado, pero el hermano Balderas me ha hecho el favor de traducir mi mensaje al español. Espero que podáis entender mi mala pronunciación.
Nos sentimos muy felices de poder estar aquí con vosotros en América del Sur, en esta ocasión especial de la dedicación del bello Templo de Sao Paulo.
Hemos estado aquí varias veces en años pasados, cuando el presidente Kimball era supervisor de las misiones sudamericanas. Estoy segura de que hemos conocido a varias de vosotras, pero ahora hay muchos miembros nuevos y nos sentimos agradecidos porque habéis encontrado la Iglesia verdadera. Os amamos y sentimos una afinidad particular con vosotras, aun cuando no os conozcamos personalmente.
Cada una de nosotras ha pasado por distintas experiencias en la vida, ya que vivimos en diferentes partes del mundo; sin embargo compartimos la más importante de todas: la de ser miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios sobre la tierra.
Somos las hijas en espíritu del mismo Padre Celestial y compartimos Su amor de la misma manera. Él nos ha enviado a esta hermosa tierra para lograr experiencia en la escuela de la vida; por medio de su Hijo Jesucristo, nos ha dado un plan perfecto de vida. Si seguimos cuidadosamente su orientación, encontraremos felicidad, desarrollo y éxito, y nos preparará para volver a vivir eternamente con nuestros padres celestiales.
Como mujeres, se nos ha otorgado la gran potencialidad de ser la madre de los hijos espirituales de Dios, y ésta es una oportunidad inestimable. Espero que exista un fuerte lazo de amor y comprensión entre vosotras, madres e hijas. En mis largos años de experiencia no ha habido cosa más preciosa para mí que el recuerdo de mi asociación con mi madre, y ahora el gozo del que disfruto con mi propia hija y mis nueras.
Mi gran deseo es poder decir algo que os ayude a comprender nuestras grandes oportunidades y hacer frente a nuestros grandes problemas personales con mayor éxito. Pienso que podemos conversar acerca de nuestros ideales y objetivos comunes, uno de los cuales es un deseo universal de lograr una vida de gozo.
Todo individuo es responsable de su propia felicidad, y ésta sólo se puede lograr si uno tiene firmemente presente que la verdadera felicidad únicamente se puede obtener, siguiendo el modelo básico de vida que se nos ha bosquejado en el plan del Evangelio de Cristo. En este plan, Cristo enseña que existe el hombre para que tenga gozo y también que la maldad nunca fue felicidad. El gozo verdadero viene de sentir una paz interior que proviene de escoger lo que es correcto todos los días. Cada una de nosotras tiene un conocimiento interior de lo que es bueno y lo que es malo, el cual debe ser nuestra guía en la vida diaria.
Afortunadamente, el gozo no depende de las riquezas ni de los bienes terrenales, ni tampoco tiene que depender de la salud; la felicidad no depende de la fama ni del éxito mundano; el secreto es la paz de conciencia que se obtiene al seguir la orientación que Cristo nos ha dado, al saber del amor de Dios y de nuestros semejantes. No podemos vivir egoístamente y conocer la felicidad verdadera. La felicidad viene como resultado de servir a Dios y al prójimo.
Como Santos de los Últimos Días, se nos enseña que busquemos la felicidad por medio del servicio justo en el reino de Dios.
Ahora quisiera de nuevo llamar vuestra atención a la misión especial que se dio a las mujeres. Se expresó claramente a nuestros primeros padres terrenales, Adán y Eva, cuando se les mandó: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28). No podemos eludir la responsabilidad de este mandamiento directo, y ninguna de nosotras desearía prudentemente perder ese gozo y la satisfacción que viene de una feliz relación familiar.
El conocimiento que nos da el evangelio de la naturaleza eterna de la familia, es lo más precioso. Las instrucciones de la Iglesia de tener la noche de hogar cada semana, es una obligación sagrada para cada familia de la Iglesia, es una oportunidad para enseñar el evangelio de un modo cuidadoso y formal. En estas ocasiones se debe enseñar el conocimiento de las Escrituras y el amor por ellas, y cada miembro de la familia debe ser parte de la actividad de este programa.
Debe existir amor y armonía entre los cónyuges; esto da a la madre la oportunidad de enseñar a sus hijos a honrar y respetar al padre, el cual posee el Sacerdocio de Dios; él es quien debe presidir y dirigir las actividades de la familia. Debe tratarse a los niños con los vínculos más fuertes de cariño, y ningún sacrificio será demasiado grande para proteger a nuestra familia de la maldad y criarla en rectitud.
Nuestro afán continuo es que todos los miembros de la familia vivan dignos de las bendiciones eternas prometidas a los que permanezcan fieles hasta el fin. Se deben proteger el amor y la santidad del hogar, porque es allí donde se forman los hábitos de moralidad y rectitud. Los hijos también tienen la responsabilidad de contribuir al amparo, paz y seguridad del hogar. Debe haber completa confianza entre padres e hijos. La obediencia de los hijos a los padres es esencial para la paz del hogar. La consideración de los padres con los hijos y de los hijos con los padres es lo más importante; cada miembro de la familia tiene la obligación fundamental de contribuir a una vida familiar feliz. Si cada cual se preocupa por el bienestar de los demás, se pueden evitar casi todos los desacuerdos.
La continuación de las relaciones familiares en la eternidad es el ideal por el cual nos estamos esforzando, y depende de nuestro fiel cumplimiento de todos los mandamientos de Dios. Para lograr esta bendición es absolutamente necesario ser sellados en el Templo Santo de Dios.
Cuán agradecidos estamos que se haya terminado el Templo de Sao Paulo. Muchas de vosotras habéis hecho grandes sacrificios para ir a templos muy lejanos; Sao Paulo está mucho más cerca, y estamos seguros de que a medida que siga aumentando el número de miembros de la Iglesia, habrá otros templos aún más cercanos para que podáis disfrutar de ellos. Podemos hacer mucho para apresurar ese día, recordando nuestra responsabilidad de que cada miembro debe ser un misionero.
Como madres y futuras madres, nuestro privilegio mayor es, como he dicho anteriormente, ser madres de los hijos espirituales de Dios. El presidente McKay ha dicho:
“La mujer que cría con éxito una familia saludable y dignos hijos, cuya influencia se hará sentir por generaciones venideras, está viviendo para la eternidad.”
La mejor fuente de ayuda que tenemos para prepararnos para nuestras grandes responsabilidades, se halla en la fiel asistencia a las reuniones de la Iglesia. La organización a la que asisten las jovencitas de los doce a los dieciocho años, les enseña a comenzar esta preparación. Las mujeres jóvenes, de los dieciocho años hasta la edad en que se casan, tienen admirables lecciones en la Sociedad de Socorro. Este gran programa para las hermanas de la Iglesia también está al alcance de las .mujeres que trabajan, y se lleva a cabo a una hora en que la mayoría de las mujeres de la Iglesia pueden asistir para participar juntas en la reunión programada de la Sociedad de Socorro.
Espero que toda mujer miembro de la Iglesia pueda recibir maravillosas bendiciones aprovechando todas las oportunidades que la Iglesia provee para nuestro crecimiento y desarrollo.
Madres e hijas, permaneced cerca las unas de las otras, sed pacientes y comprensivas, haced que cada día sea feliz y lleno de éxito. Dirigid vuestro primer “buenos días” a vuestro Padre Celestial en oración, y sea vuestro último “buenas noches” una oración de gratitud.
Doy mi testimonio de la veracidad del Evangelio, yo sé que Cristo vive y que está a la cabeza de esta Iglesia suya; Él es nuestro Salvador, Él está al lado del hombre que posee y magnifica su Sacerdocio y se asocia con él en la crianza de una familia digna en el camino seguro que conduce a una vida feliz y significativa.
Ruego que todos podamos alcanzar la meta que nuestro Padre Celestial nos ha prometido si permanecemos fieles hasta el fin, a saber la de vida eterna con Él. En el nombre de Jesucristo. Amén.
























