La sociedad de socorro en la actualidad

Diciembre de 1980
La sociedad de socorro en la actualidad

Barbara B. SmithUn reportaje hecho por la revista Ensign a Barbara B. Smith, Presidenta General de la Sociedad de Socorro La Sociedad de Socorro en la actualidad

Ensign: Hna. Smith, usted ha sido Presidenta General de la Sociedad de Socorro por más de cinco años, ¿en qué manera ha cambiado su punto de vista acerca de la Sociedad de Socorro?

Hna. Smith: Hay dos aspectos importantes. Primero, me he dado cuenta mejor de la gran importancia que tiene la Sociedad de Socorro. Antes pensaba que la Sociedad de Socorro era un don del Señor para las mujeres de la Iglesia, pero ahora estoy convencida de que es un don del Señor para todas sus hijas, dondequiera que estén, y que si las mujeres de la Iglesia aprenden y llevan a la práctica los principios del evangelio, tendrán una gran influencia para bien sobre las mujeres de todo el mundo.

Creo que cuando el presidente José Smith dijo a las primeras mujeres de la Iglesia que él “estaba dando vueltas a la llave” en beneficio de ellas, y que serían dotadas de conocimiento e inteligencia, estaba preparando a la mujer en general para esta época en la que tendrían que tomar tantas decisiones. En la actualidad tenemos mayor educación que antes; se nos brinda la posibilidad de la independencia económica si la necesitamos; y tenemos el derecho de votar. Estas ventajas vienen acompañadas de la responsabilidad de tomar decisiones que las mujeres de antes nunca pudieron tomar. Han aumentado nuestras oportunidades y nuestros cometidos. Al aprovechar todas estas bendiciones, las mujeres debemos considerar, cuidadosamente y por medio de la oración, todos los aspectos de nuestra vida, y luego ejercitar nuestro libre albedrío y hacemos responsables por las consecuencias que puedan tener nuestras decisiones.

Segundo, veo que el programa de maestras visitantes abarca mucho más que lo que yo pensaba. Antes lo veía como una simple oportunidad de enseñar, pero ahora veo que puede utilizarse de muchas maneras para ayudar a superar problemas sociales tales como la pobreza, la falta de educación y de comprensión entre los seres humanos. Veo como el programa de maestras visitantes realza y fomenta la hermandad entre las mujeres; es también el medio principal por el cual la Sociedad de Socorro se pone en contacto con sus miembros.

Ensign: Con respecto al punto que acaba de mencionar, o sea la manera en que el programa de maestras visitantes puede ayudar a resolver en los problemas sociales, ¿a qué se refería específicamente?

Hermana Smith: Permítame que le explique: En los comienzos de la Sociedad de Socorro, las hermanas llenaban las necesidades básicas de sobrevivencia de los santos que llegaban de todas partes del mundo. Compartían comida, ropa y vivienda. Cuando los santos se mudaron hacia el oeste, las hermanas, conjuntamente con sus esposos, ayudaron a establecer sus hogares, a cultivar la tierra desierta, y a establecer instituciones sociales e industrias. A medida que avanzaba la colonización del oeste, cambiaban las necesidades y también la manera en que la Sociedad de Socorro las satisfacía.

En la actualidad estamos rodeados de grandes problemas sociales. Supongo que es una herencia del ser humano el tener siempre necesidades que llenar. Cada vez me convenzo más de que el programa de la Sociedad de Socorro, y especialmente el de las maestras visitantes, fue inspirado por Dios y está ahora a nuestra disposición para ayudarnos a corregir los problemas.

Por ejemplo, un gran problema que existe aun dentro de nuestra urbanizada sociedad es la soledad. El pro-, grama de maestras visitantes, que está dirigido a cada hermana en particular, provee una solución práctica a este problema. Si las hermanas toman seriamente su asignación de maestras visitantes, harán el esfuerzo de conocer mejor y de querer con un amor cristiano a las personas que visitan. Encontrarán la manera de ayudar a aliviar la terrible soledad que sienten algunas personas, y mejor aún, las animarán a que comiencen a preocuparse por otros y ayudarlos. Los archivos de la Sociedad de Socorro están repletos de informes de hermanas que han encontrado la solución a sus problemas al dedicarse a ayudar a los demás.

Hay otro problema que el programa de maestras visitantes puede ayudar a resolver. Se nos ha hecho notar que la mayor causa de la pobreza es la falta de una educación básica. Hay muchos aspectos del programa de la Sociedad de Socorro que tratan de solucionar este problema, pero es la persona necesitada la que a menudo no puede o no opta por asistir a las reuniones. Sin embargo, a través del programa de las maestras visitantes, es posible ir a los hogares y brindar información, impartir conocimiento y persuadir a las hermanas a que aprovechen las ventajas que ofrece el excelente programa de la Sociedad de Socorro. Por medio de los cursos que enseña la Sociedad de Socorro, muchas hermanas han recibido una educación que de otra manera no habrían podido obtener. Por medio de las clases semanales, la Sociedad de Socorro estimula a las hermanas a que continúen estudiando, despertando en ellas el deseo de mejorar. Las lecciones de Refinamiento Cultural motivaron de tal manera a una hermana de ochenta años de edad, que decidió regresar a la universidad. Otra hermana que vivía en un asilo de ancianos, respondió al cometido de la Sociedad de Socorro tomando cursos educativos presentados en televisión. Una hermana oriunda de un país en desarrollo se unió a la Iglesia creyendo que no podía hacer nada bien; pero por medio del programa de la Sociedad de Socorro, y del estímulo que recibió de sus maestras visitantes, aprendió a leer y a escribir, y hasta fue llamada a presidir en una unidad local de la Sociedad de Socorro.

Ensign: Otro problema actual es el de las madres que trabajan. ¿Qué piensa usted al respecto?

Hna. Smith: La decisión de que una madre trabaje fuera del hogar es algo personal. Algunas madres viudas o divorciadas muchas veces tienen que salir a trabajar para mantenerse a sí mismas y a sus hijos. Para algunas mujeres, el trabajar es una decisión correcta en un momento determinado pero para otras no lo es. No es una decisión fácil de tomar, ya que en un caso así, la mujer debe considerar muy bien la situación y orar al respecto. Muy cuidadosamente, debe sopesar las ventajas económicas contra los posibles efectos adversos que causé a su familia su ausencia en el hogar. Debe reconocer sus importantes responsabilidades como esposa y como madre, y preguntarse a sí misma en qué manera se verán afectadas dichas responsabilidades si trabaja fuera del hogar. Debe analizar todas las opciones y decidir hacer aquello que proporcione mayor beneficio a su familia.

En sus dos discursos pronunciados en las conferencias especiales para la mujer de 1978 y 1979 el presidente Kimball dio consejos con respecto a este asunto. Cada mujer necesita mejorar sus habilidades domésticas, la manera de llevar una vida providente y aprovechar al máximo lo que esté a su alcance. Debe aprender a ser una buena ama de casa y decidir de qué manera puede crear en su hogar un ambiente favorable para el mejoramiento individual y en el que reine el amor para su esposo, sus hijos, para sí misma y para otros bajo su responsabilidad. Ella necesita saber que la Iglesia tiene recursos, tales como el programa de los servicios de bienestar, que están a su disposición para ayudarle durante los años críticos en que ella cría a sus bebitos y a sus niños pequeños: Después de una cuidadosa consideración, una mujer debe dejarse llevar por el Espíritu para tomar la decisión que sea correcta para su situación en particular.

Ensign: ¿Qué consejo da usted a la mujer que se siente abrumada y frustrada por las demandas de los muchos aspectos de su vida, tales como esposa, madre, hija, hermana, oficial de la Iglesia, etc.

Hna. Smith: Es muy importante que una mujer establezca metas y decida qué es lo que tiene prioridad en su vida y luego acepte la realidad y se rija por las metas que ha establecido. La mujer debe comprender que lo que tiene prioridad en su vida es diferente a lo que es más importante para los demás, o de, lo contrario se sentirá frustrada. La mujer necesita esforzarse para progresar en la vida, pero al mismo tiempo, debe darse cuenta de que su método y la rapidez con que progresa no serán exactamente iguales a los de los demás. He hablado con mujeres que tratan de evaluarse a sí mismas comparándose con otras en lugar de evaluar su progreso de acuerdo con las normas que han establecido para sí mismas. Yo insto a la mujer a que, por medio de la oración, establezca sus propias metas de acuerdo con las normas y principios del evangelio, y se sienta satisfecha con sus propios logros y progreso personal.

Ensign: ¿Tiene usted algunas sugerencias específicas para lidiar con este tipo de frustración?

Hna. Smith: No me canso de hacer hincapié en la importancia de cuidar la salud: dormir lo suficiente, hacer ejercicios y mantener una dieta apropiada. Una siesta de diez minutos tan sólo puede causar una gran diferencia en el ánimo de una mujer ocupada.

Es también importante el desarrollar buenos hábitos mentales. El presidente Kimball da una muy buena sugerencia: ¡llevad un diario personal! Analizando la vida día a día hace difícil poder presenciar algún cambio. Pero un diario personal nos proporciona una perspectiva diferente, ya que el releerlo después de un periodo de varias semanas o meses nos permite apreciar un logro real. Personalmente pienso que esto es de gran ayuda.

También, debemos comprender nuestras limitaciones. No hay mujer sobre la tierra que pueda ser todo para todos y esa es la razón por la cual las metas son tan importantes; una mujer debe comprender lo que ella es capaz de hacer, en lugar de tratar de imitar a los demás.

Ensign: ¿Qué consejo da usted a las mujeres que carecen absolutamente de conocimiento con respecto a sí mismas? ¿Cómo pueden obtenerlo?

Hna Smith: Ojalá que hubiera un medio rápido, pero temo que es parte del proceso que debemos seguir durante este período mortal: Aprendemos tanto cuando hacemos el esfuerzo y logramos lo que nos proponíamos, como cuando a pesar de esforzarnos fracasamos. Adquirimos confianza en nosotros mismos por medio de todo aquello que nos ayude a progresar espiritualmente, tal como el estudio, la oración y la revelación personal. No debemos sentir que estamos fracasando porque hemos tenido un día difícil o porque no hemos alcanzado algunas de las metas que nos hemos establecido. Mi suegra organizaba las actividades de todos los días apuntando lo que deseaba hacer en orden de importancia y al final del día podía evaluar rápidamente lo que había logrado. Tenía una gran capacidad para lograr hacer lo que deseaba, pero también se conocía a sí misma; era capaz de separar lo que pensaba que debía hacer de lo que sabía que era capaz de lograr. Una de mis citas preferidas es aquella en la que Brigham Young dijo a la gente que “no podemos aislamos completamente del poder de satanás; debemos saber lo que es ser probados y tentados, porque ninguna persona puede ser exaltada si no ha tenido esta experiencia, tal como fue hermosamente demostrado en la vida del Salvador. De acuerdo con la filosofía de nuestra religión, entendemos que si Él no hubiera descendido debajo de todas las cosas, no podría haber ascendido por encima de todo”. (Journal of Discourses, 3:365.)

Se limitaría mucho nuestro progreso si pudiéramos descargar nuestros problemas a nuestro obispo, esposo o hijos. Debemos estar agradecidas por los momentos de desilusión o frustración, ya que ellos nos ayudan a apreciar los momentos felices.

Ensign: ¿Qué consejo da usted a las Sociedades de Socorro que están luchando con problemas como la inactividad, desacuerdos, etc.?

Hna. Smith: Se nos hacen muchas preguntas de este tipo, y yo digo que la respuesta a estos problemas radica en que las líderes locales se reúnan y conversen buscando’ soluciones con las hermanas. En caso de que la inactividad fuera el problema, la solución radica en ir a hablar con las hermanas que no asisten a la Iglesia, y permitirles que expresen las razones por las cuales no lo hacen. Solamente las personas inactivas saben por qué no asisten a la Iglesia. Y una vez que se las escucha con verdadero interés y que las líderes comienzan a responder es cuando la solución está verdaderamente cerca. Las Sociedades de Socorro deben asegurarse de que los salones de clase luzcan atractivos, que las lecciones sean buenas, que el ambiente sea amigable y que prevalezca un buen espíritu en las reuniones. Deben tratarse bien especialmente a las hermanas que apenas comienzan a venir a la Sociedad de Socorro o que se han reactivado.

Ensign: A veces tenemos la impresión de que las presidentas de la Sociedad de Socorro no se atreven a comunicar a los líderes correspondientes del sacerdocio los problemas de la organización. ¿Están los líderes del sacerdocio locales al tanto de las necesidades de la Sociedad de Socorro?

Hna. Smith: Es posible que esto ocurra de vez en cuando, pero pienso que a veces las hermanas no se dan cuenta del potencial que existe dentro de los llamamientos de la Sociedad de Socorro. Por medio de estos llamamientos, tenemos una mayordomía por la cual seremos responsables, y para cumplir con una asignación, debemos comprender no sólo el programa sino también a la gente. Cuando surgen los problemas es muy importante pensar muy cuidadosamente en todas las soluciones posibles, escribirlas y clasificarlas, poniendo primero la que nos parezca mejor. Debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para solucionar los problemas, y entonces, si se necesita más ayuda, debemos presentar los problemas y las posibles soluciones a los líderes correspondientes del sacerdocio para que los estudien.

Los consejos del sacerdocio en los cuales participa la Sociedad de Socorro sirven también como medio para solucionar problemas y atender a las necesidades de la organización. Cuando la presidenta de la Sociedad de Socorro asiste a una de estas reuniones estando bien preparada, puede hacer una importante contribución.

Ensign: ¿Cree usted que se representa adecuadamente a la mujer cuando se toman decisiones en la Iglesia?

Hna. Smith: Creo que sí. Si existe un problema es porque como mujeres necesitamos ser más conscientes al cumplir con nuestros llamamientos. Yo sé que las Autoridades se preocupan y desean estar seguros de que se considera el punto de vista de la mujer.

Ensign: La Iglesia recientemente anunció el nuevo programa dominical integrado. ¿En qué manera cree que afecta esto a la Sociedad de Socorro?

Hna. Smith: Mi estaca fue una de las estacas piloto, y me di cuenta de una de las ventajas la primera vez que nos reunimos. Me senté al lado de una hermana entrada en años que se volvió hacia mí y me dijo: “¿No es maravilloso tener a todas estas jóvenes con nosotras?”

Las mujeres jóvenes tienen vitalidad, y las mayores sabiduría. Con ambas cualidades juntas podemos ver una combinación magnífica de energía y perspectiva. Cuando teníamos las reuniones de la Sociedad de Socorro por separado, no se veía tanto esa fusión de cualidades.

Ensign: ¿Cree usted que el programa integrado creará algunos problemas para la Sociedad de Socorro?

Hna. Smith: Sí, y uno de ellos es la limitación del tiempo. Los manuales de la Sociedad de Socorro del año 1981 ya están impresos, y la duración de las lecciones es de una hora. Podemos ver claramente el problema a que se enfrenta una maestra al tratar de reunir una lección de una hora en media hora. Pienso que una solución a este problema es pedir que las hermanas estudien la lección con anticipación, que piensen cuidadosamente acerca del significado que tienen para ella los conceptos de la lección y entonces, durante el período de clase, que comuniquen sus ideas a las demás. El intercambiar ideas en la clase de esta manera puede acrecentar la unión entre las hermanas que asisten.

Ensign: Algunas hermanas no participarán en la Sociedad de Socorro porque estarán sirviendo en la organización de Mujeres Jóvenes, en la Primaria o en la guardería.

Hna. Smith: Es verdad, pero pienso que sería de mucha ayuda si esas asignaciones fueran rotativas, de modo que todas las hermanas pudieran asistir a la Sociedad de Socorro.

Ensign: Con el programa de reuniones dominicales ¿cuándo se llevaría a cabo la reunión de Ciencia del Hogar?

Hna. Smith: Podría ser una buena idea el reunirse los sábados por la mañana, pero el momento apropiado para llevar a cabo esta clase dependerá de la decisión de los líderes locales ya que ellos conocen mejor las circunstancias locales.

Ensign: A veces las hermanas sienten que las lecciones del manual de la Sociedad de Socorro son demasiado rígidas, lo que no permite que haya intercambio de ideas en la clase. ¿Qué piensa al respecto?

Hna. Smith: El manual es extremadamente importante. Todas las hermanas tienen el derecho de saber que cuando van a la Sociedad de Socorro reciben las lecciones que han sido revisadas por el Comité de Correlación de la Iglesia. El manual sirve para que cumplamos con la admonición del Señor de que seamos “uno” (D. y C. 38:27), y también para brindar a las hermanas un conocimiento espiritual más elevado, para mejorar sus habilidades como amas de casa, para ayudarlas a adquirir refinamiento cultural y más educación, para que sean mejores madres y mantengan mejores relaciones con sus semejantes. Me gustaría que la gente supiera lo que sucede después de la presentación de las lecciones cuando las hermanas aplican en su vida los principios que han aprendido. Cada mujer tiene a su disposición muchas opciones para fortalecer y enriquecer su vida al llevar a la práctica las sugerencias de las lecciones.

Ensign: En resumen, ¿cómo la han afectado estos cinco años en la Presidencia de la Sociedad de Socorro?

Hna. Smith: Algo de lo que no me había dado cuenta es del apoyo que habría de necesitar de mi familia. No puedo expresar con palabras lo agradecida que estoy a mi esposo por su permanente estímulo y a mis hijos por resignarse a estar conmigo sólo de a ratos. Y cuan agradecida estoy por el apoyo que he recibido del Señor. En mi barrio, vimos recientemente la película La ventana de los cielos. Al ver al presidente Snow implorando al Señor una respuesta a sus oraciones y luego regocijándose al recibirla, no pude menos que llorar. Me he encontrado en situaciones como ésta, y he sentido la respuesta del Señor a mis preguntas. El día en que fui sostenida como Presidenta de la Sociedad de Socorro en la conferencia de octubre de 1974, me sentí espiritual y emocionalmente fortalecida por la letra de un himno que vino repentinamente a mi mente: “pues ya no temáis y escudo seré” (Himnos de Sión, 144).

Cómo podría expresar lo importante que fue para mí saber que podía contar con ayuda para resolver mis problemas; sentí la aprobación del Señor con tanta claridad como si la hubiera percibido con los sentidos. No podría haber seguido adelante sin esa experiencia.

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