El obispo y el Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

El obispo y el Sacerdocio Aarónico

por Michael Nicholas
Presbítero en el Barrio Beavercreek, Estaca Dayton Este, Ohio


Cuando el obispo Pingel fue a verme a casa, lo que menos me imagine fue que me pediría que hablara en la conferencia general; y cuando me dijo que tendría que hacerlo por doce minutos, ¡casi me morí de espanto! Para tranquilizarme me pregunto si podría hacerlo por seis minutos a lo cual conteste que sería mucho mejor; pero mi sorpresa fue enorme al darme cuenta de que él estaba hablando en serio y de que en verdad tendría esta asignación. En ese momento no supe que pensar; sin embargo, estoy agradecido por la oportunidad que tengo de hablaros esta noche.

Primeramente quisiera referirme un poco a mi persona, a mi obispo, al asesor del quórum y a lo que estamos haciendo en nuestros quórumes del Sacerdocio Aarónico para activar a algunos de sus miembros.

El obispo es una persona muy ocupada, por lo que disfruto enormemente del tiempo que me brinda cuando conversamos, especialmente durante las entrevistas. Además, él participa en las actividades de nuestro quórum.

Estoy agradecido por el obispo Pingel ya que se toma el tiempo y el cuidado de escoger buenos asesores, como el hermano Connell, por ejemplo. Este era un reciente converso a la Iglesia cuando fue llamado a ser asesor del quórum de maestros. En esa época yo tenía sólo catorce años y acababa de integrarme al quórum cuando fui llamado a ser su presidente; a pesar de tener problemas para controlar mi temperamento.

Con los demás jóvenes del barrio hicimos un viaje al estado de Indiana para explorar unas cavernas que hay a unos 320 kilómetros de donde vivimos. Fue durante la época del frío mes de octubre. Me enfade muchísimo por una situación que se presentó y decidí que volvería a casa caminando. Al poco rato de haber comenzado mi larga caminata, todos los automóviles en los cuales viajábamos pasaron junto a mí y ni siquiera dieron muestras de aminorar la marcha. ¡No podía creerlo, me dejaban librado a mi propia suerte! Sin embargo, advertí que el hermano Connell me seguía a pie, tratando de alcanzarme; me sentí avergonzado, y lo espere. Me dijo que no permitiría que caminara solo esa tremenda distancia, por lo tanto, había decidido acompañarme. Caminamos juntos unos ocho kilómetros y durante el trayecto el hermano Connell me ayudó a recapacitar y a poner mis ideas en orden. Poco después, uno de los autos, debido a un arreglo previo, volvió a buscarnos.

Ese fue el comienzo de una gran amistad entre el hermano Connell y yo. Durante el tiempo en que este hermano sirvió como asesor del quórum me ayudó a controlar mi temperamento y utilizar mis energías de una manera más constructiva. Me permitió que le ayudara a reparar el techo de su casa e incluso, en repetidas oportunidades, cuide de sus hijos. Ha sido una gran influencia en mi vida, ya que gracias a él he aprendido mas acerca del evangelio y a estar consciente de las necesidades de otras personas.

En una de nuestras reuniones de presidencia el hermano Connell trajo a colación la situación de un miembro inactivo y nos preguntó que podríamos hacer para activarle. Decidimos invitarle a nuestra próxima excursión a las cavernas. El joven aceptó y todos tuvimos una magnifica experiencia en ese viaje. Luego de esa actividad, le invitamos a otras de las que disfrutamos mucho todos juntos. Mas tarde se mudó a California y espero que esta noche este escuchando la conferencia.

Durante el verano pasado nuestro quórum de diáconos activó completamente a dos de sus miembros e introdujo al evangelio a tres personas que no eran miembros de la Iglesia. Todos hicieron un viaje en bicicleta de 430 kilómetros desde Kirtland hasta la ciudad de Dayton, siguiendo una de las rutas de los pioneros mormones. Un sábado, los diáconos y sus asesores, el obispo y la mayoría de los padres fueron en auto hasta Kirtland; el domingo asistieron a la Iglesia y visitaron algunos lugares históricos, y por la tarde tuvieron una charla fogonera. El día lunes comenzó el viaje hasta Dayton, que les llevó una semana pedaleando bajo lluvia, descansando por las noches y luchando con el trafico durante el día. Una de las notas más interesantes del viaje la constituyó un joven lisiado que pedaleó junto a los demás todo el trayecto.

En nuestro barrio tenemos clases de seminario temprano por las mañanas; tengo que levantarme todos los días a las 5:15, lo cual significa que tengo que acostarme temprano para no quedarme dormido durante las clases en el liceo. También tenemos un club de lectura que nos ayuda a leer las Escrituras y a aprender mas acerca de la Iglesia y de sus profetas. De los 750 estudiantes que hay en mi liceo, sólo uno de mis compañeros y yo somos mormones. E1 contacto diario con el resto de la juventud del barrio es una gran ayuda para poder guardar mis normas. El hecho de estar en la presidencia del seminario y del quórum me ha ayudado enormemente a dirigir reuniones.

El seminario, las actividades del quórum, los asesores del quórum, y los obispos me han ayudado a aprender a controlar el genio y a utilizar el exceso de energías de un modo constructivo. Todo esto me será de gran utilidad durante la misión, cuando forme mi propio hogar y también cuando sea padre.

Tengo un testimonio de que el Sacerdocio Aarónico y el programa de los Hombres Jóvenes dan resultados favorables. Lo he podido comprobar en mi propia vida y al observar a otros jóvenes. Esto lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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