Valientes en nuestro testimonio del Salvador

Enero 2017
Valientes en nuestro testimonio del Salvador
Por el élder Christoffel Golden
De los Setenta

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Tomado del discurso “Being Valiant”, pronunciado en el LDS Business College [Instituto Superior de Comercio LDS] el 17 de junio de 2014. Para consultar el discurso completo en inglés, vaya a ldsbc.edu.

A cada uno de nosotros se nos llamará a actuar en momentos que sean difíciles y, al mismo tiempo, decisivos. Tales momentos determinarán quiénes somos y qué hemos de llegar a ser.

Soliders in South Africa

Cuando era joven, hace muchos años, se me reclutó —o como nosotros decimos, se me enlistó como conscripto— en las fuerzas armadas de Sudáfrica. Se me asignó a una unidad de soldados que eran hombres buenos, pero que tenían la vulgaridad en el habla y la conducta que a veces manifiestan los hombres que prestan servicio militar.

Descubrí que, al estar rodeado por dichas influencias, no siempre era sencillo vivir las normas del Evangelio. No obstante, me complacía defender mis creencias desde el inicio de mi servicio militar. Dejé en claro que no participaría de conductas que sabía que eran incorrectas. Me complace decir que los hombres de mi unidad —algunos de mala gana al principio— llegaron a respetar mis normas.

En una ocasión, en un campamento de entrenamiento militar, nos hallábamos de pie alrededor de una fogata en un noche hermosa, oscura, despejada y estrellada. Algunos de los muchachos de la unidad bebían cerveza, mientras yo tomaba un refresco. La conversación era agradable, sin palabras impropias.

Durante nuestra visita, algunos hombres de otra unidad se acercaron a nuestro alegre grupo. Uno de ellos se volvió hacia mí y, al notar la bebida gaseosa en mis manos, se burló porque no acompañaba a quienes bebían cerveza. Antes de que yo pudiera responder, uno de mis amigos me sorprendió al reprender al hombre;

dijo: “Le sugerimos que se retire de inmediato, señor”. “¡No toleraremos que nadie le hable a Chris de ese modo! Ciertamente, él es el único hombre de entre nosotros que vive la vida como un verdadero cristiano”.

Después de eso, la persona reprendida se esfumó en silencio en la noche oscura. En aquel momento, aunque un tanto avergonzado por el inesperado cumplido, agradecí en silencio haber decidido seguir el consejo de Pablo de ser “ejemplo de los creyentes” (1 Timoteo 4:12).

Ustedes también afrontan decisiones, en especial, en este momento de la vida, en que su espíritu está singularmente en sintonía y receptivo a grandes oportunidades que les esperan. La pregunta es: ¿Qué quisieran escribir sobre ustedes mismos dentro de cinco, diez o veinte años? ¿O, más aún, al final de su vida?

¿Qué significa ser valiente?

En una de las visiones más extraordinarias registradas en las santas Escrituras, el profeta José Smith describió la condición de quienes heredarán el Reino Celestial después de haber resucitado y haber sido juzgados. La misma sección de Doctrina y Convenios (la sección 76) también revela las condiciones y circunstancias de las personas que no reúnen los requisitos para el Reino Celestial, sino que, por el contrario, son merecedoras de los reinos Terrestre y Telestial.

Al referirse a quienes heredarán el Reino Terrestre, las revelaciones nos enseñan que “son los hombres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas de los hombres… [y] reciben de [la] gloria [de Dios], mas no de su plenitud” (D. y C. 76:75–76). Luego aprendemos este notable principio: “Estos son aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús; así que, no obtienen la corona en el reino de nuestro Dios” (D. y C. 76:79; cursiva agregada).

Imagínenlo por un momento; ¿perdemos el derecho a la gloria del Reino Celestial, junto con sus enormes y sempiternas bendiciones, tan solo porque no hemos sido valientes en el testimonio de Jesús aquí en la tierra, en nuestro breve estado mortal y de probación?

¿Qué significa ser valiente en el testimonio de Jesús? Un apóstol del Señor de la época actual declaró:

“Es ser intrépido y arrojado, usar todas nuestras fuerzas, energía y habilidad en la guerra contra el mundo; es pelear la buena batalla de la fe… La gran piedra angular de la valentía en la causa de la justicia, es la obediencia a toda la ley del Evangelio completo.

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es venir a Cristo y perfeccionarse en Él; es negarse a ‘toda impiedad’; es amar ‘a Dios’ con todo nuestro ‘poder, mente y fuerza’ (Moroni 10:32).

“Ser valiente en el testimonio de Jesús es creer en Cristo y Su evangelio con inalterable convicción; es conocer la veracidad y divinidad de la obra del Señor en la tierra…

Family studying scriptures
“Ser valientes en el testimonio de Jesús es ‘seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres’; es ‘[perseverar] hasta el fin’ (2 Nefi 31:20). Es vivir nuestra religión, practicar lo que predicamos, guardar los mandamientos. Es la manifestación de la ‘religión pura’ en la vida del hombre; es ‘visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo’ (Santiago 1:27).

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es controlar las pasiones y los apetitos y elevarse por encima de las cosas carnales y malignas. Es vencer al mundo tal como lo hizo Aquel que es nuestro modelo y el más valiente de todos los hijos de nuestro Padre. Es ser moralmente limpios; pagar el diezmo y las ofrendas; santificar el día de reposo; orar con íntegro propósito de corazón; dejar sobre el altar todo lo que tenemos, si así se nos pidiera.

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es tomar partido por el Señor en toda cuestión. Es votar como Él lo haría, es pensar lo que Él piensa, creer lo que Él cree, decir lo que Él diría y hacer lo que Él haría si se encontrara en la misma situación. Significa tener la mente de Cristo y ser uno con Él, tal como Él lo es con el Padre”1.

En este punto debo agregar algo que nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, enseñó durante Su ministerio terrenal:

“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

“Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra.

“Y los enemigos del hombre serán los de su casa.

“El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí.

“Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí.

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:34–39).

Nuestro propósito en la vida terrenal no es ni más ni menos que prepararnos para vivir de nuevo en la presencia de nuestro amado Padre Celestial como coherederos con Jesucristo. Esa gloriosa existencia en familias eternas junto a nuestra esposa o nuestro esposo, y nuestros hijos y demás parientes, está disponible para todos, aunque algunas personas conocerán dichas bendiciones en algún momento allende el velo de la mortalidad.

Tales bendiciones requieren que tomemos nuestra cruz y nos mantengamos valientes hasta el fin en testimonio y servicio a nuestro Señor y Salvador.

Prepárense para actuar

El camino que cada uno de nosotros debe trazar está colmado de incontables oportunidades y repleto de numerosas dificultades. Nos vemos obligados a tomar muchas decisiones todos los días: algunas de ellas pequeñas y aparentemente irrelevantes; otras, profundas y con efectos perdurables.

Es un hecho evidente que a cada uno de nosotros se nos llamará a actuar en momentos que sean difíciles y, al mismo tiempo, decisivos. Tales momentos determinarán quiénes somos y qué hemos de llegar a ser. A menudo, llegan cuando es inconveniente y mal visto actuar con rectitud y valentía. Al escribir la historia de su vida, descubrirán que los momentos más decisivos que afrontarán ocurrirán siempre cuando se hallen solos.

Ahora narraré un relato sobre encontrarse solos en medio de gran oposición. Durante noviembre de 1838, al profeta José Smith y a otras personas, entre ellas el élder Parley P. Pratt (1807–1857), se los encadenó y encarceló en Richmond, Misuri, EE. UU.

El élder Pratt escribe sobre el siguiente incidente durante su encarcelamiento:

“En una de esas noches tediosas, habíamos estado acostados, permaneciendo como si estuviésemos dormidos hasta después de la medianoche, y nuestros oídos y corazones se hallaban doloridos de estar escuchando, durante largas horas, los cuentos obscenos, horribles imprecaciones, espantosas blasfemias e inmundas palabras de nuestros guardias, con el coronel Price a la cabeza, conforme se contaban unos a otros sus actos de rapiña, asesinato, robo, etcétera, que habían cometido entre los ‘mormones’ mientras estaban en Far West [Misuri] y sus alrededores. Incluso se jactaban de haber mancillado por la fuerza a esposas, hijas y vírgenes, y de disparar o volar los sesos a hombres, mujeres y niños.

“Había escuchado hasta estar tan hastiado, impresionado, horrorizado y lleno de un espíritu de justa indignación, que apenas podía refrenarme de levantarme y reprender a los guardias; pero no había dicho nada a José, ni a nadie más, aunque estaba tendido al lado de él y sabía que estaba despierto. De pronto, [José Smith] se levantó y habló como con voz de trueno, o como un león rugiente, profiriendo estas palabras, según lo que recuerdo:

“‘¡SILENCIO, demonios del abismo infernal! En el nombre de Jesucristo los reprendo, y les mando callar; no viviré ni un minuto más escuchando semejante lenguaje. ¡Cesen de hablar de esta manera, o ustedes o yo moriremos EN ESTE MISMO INSTANTE!’

Joseph Smith in jail
“No dijo nada más. Permaneció de pie y erguido en terrible majestad; encadenado y sin armas; sereno, imperturbable y con la dignidad de un ángel, se quedó mirando a los guardias acobardados, que bajaron las armas o las tiraron al suelo, con las rodillas temblorosas; y que, retirándose a un rincón o inclinándose a sus pies, le pidieron perdón y se quedaron en silencio hasta que cambió la guardia”2.

El valor que mostró el profeta José Smith no se limita a los profetas ni a los miembros mayores de la Iglesia. Un incidente de la vida del presidente Joseph F. Smith (1838–1918) lo corrobora. En el otoño [boreal] de 1857, mientras Joseph F. Smith, de 19 años de edad, regresaba de su misión en Hawái, EE. UU., se unió a una caravana de carromatos en California, EE. UU. Eran momentos riesgosos para los santos. El ejército de Johnston marchaba hacia Utah y muchas personas albergaban malos sentimientos hacia la Iglesia.

Una noche, varios rufianes llegaron al campamento de la caravana montados a caballo, diciendo vulgaridades y amenazando con lastimar a todos los mormones que hallasen. La mayoría de los que estaban en la caravana se ocultaron entre la maleza, pero Joseph F. se dijo a sí mismo: “¿Debo huir de esos hombres? ¿Por qué he de tenerles miedo?”.

Y así, caminó hacia uno de los intrusos, quien, pistola en la mano, exigió saber: “¿Eres tú ‘mormón’?”.

Joseph F. respondió: “Sí, señor; de pies a cabeza, totalmente”.

Ante ello, el rufián le tomó la mano y dijo: “Pues bien, eres el ——— ——— más agradable que he conocido. Venga esa mano, joven. Me alegro de ver a un hombre que defiende sus convicciones”3.

¡Ustedes toman parte ahora de algunos de los momentos más significativos de su vida! Ahora mismo escriben —y escribirán— momento a momento y día a día, su historia personal. Habrá momentos en que deberán actuar, mientras que en otras ocasiones sabiamente guardarán silencio. Abundarán las oportunidades, habrá que tomar decisiones y se habrán de afrontar dificultades.

Recuerden siempre que, en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial, ¡ustedes nunca están solos! Muchas personas en esta vida, y aun más personas allende el velo de la mortalidad, incluso hoy mismo, abogan por su causa ante el Señor. Se les ha dado gran poder por medio de las ordenanzas que han recibido y de los convenios que han concertado. Por encima de todo, su amado amado Padre Celestial y Su Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, nuestro abogado, siempre están presentes para ayudarlos a lo largo de la vida. En una enseñanza profundamente conmovedora durante el ministerio terrenal del Salvador, Él extendió una invitación a toda alma viviente y, por lo tanto, a todos nosotros:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30).

Añado mi solemne testimonio de la realidad viviente de nuestro Padre Eterno Celestial y de Su Hijo, el Señor Jesucristo. Asimismo, testifico que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, en todo aspecto que pueda concebirse, la Iglesia restaurada del Señor y el Reino de Dios sobre la tierra.

Ruego que yo —y quienes comparten ese testimonio— nos mantengamos valientes siempre en esta gran causa.

Defiendan lo que creen
Thomas S. Monson“Que siempre seamos valientes y estemos preparados para defender lo que creemos, y si tenemos que estar solos en el proceso, que lo hagamos con valor, con esa fortaleza que viene del conocimiento de que en realidad nunca estamos solos cuando estamos con nuestro Padre Celestial”.

Presidente Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 67.

Notas

  1. Véase de Bruce R. McConkie, “Sé valiente en la batalla de la fe”, Liahona, abril de 1975, págs. 38–39.

  2. Autobiography of Parley P. Pratt, ed. por Parley P. Pratt Jr., 1938, págs. 210–211.

  3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, 2000, pág. 110.

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