Liahona Julio 1962
“Este es el Lugar…”
Por R. Héctor Grillone
Todos los años, el 24 de julio, la ciudadanía de Sión se vuelca en las calles del homenaje para mostrar su júbilo agradecido por la hazaña de los pioneros. Mormones y no mormones se congregan en la armonía del sano reconocimiento para rendir culto a la memoria de los que supieron someterse a la voluntad del Señor.
La primera vez que se conmemoró la llegada de Brigham Young y su compañía al desolado valle del Gran Lago Salado, fué exactamente dos años después que ello ocurriera, es decir, en 1849, cuando los habitantes de la nueva ciudad de los Santos pidieron al gobierno de los Estados Unidos que se les concediera el derecho de tener una administración propia. La campana de Nauvoo, único remanente del templo destruido por las desviaciones de la plebe profana, dejó sentir las vibraciones de su bronce durante varias de las fiestas conmemorativas del 24 de julio en años sucesivos. Hoy, la querida campana descansa su agitación en la planta baja del Museo de la Manzana del Templo.
Precisamente en una de las primeras conmemoraciones, el presidente Brigham Young declaró ante la nutrida concurrencia, durante los servicios inaugurales:
“Muchos de nosotros fuimos al mercado de los Estados Unidos a comprar libertad, y se nos dijo que el precio de la libertad sería sólo nuestra sangre. … No es que haya dificultades en las leyes o la Constitución; la corrupción está en aquellos que las administran. . .”
¿Cómo se inició el éxodo de los Santos de los Últimos Días? Oigamos al mismo presidente Young hablarnos de ello:
“En 1844, la mayoría de los Doce nos encontrábamos en los estados de la costa atlántica del país, predicando el evangelio restaurado, y habiendo oído la triste noticia del martirio del profeta José Smith, regresamos a Nauvoo donde encontramos a miles de hombres y mujeres enlutados por el trágico acontecimiento. . . . En la jactanciosa república (estado) el gobernador, el vicegobernador, los jefes y oficiales de la policía, la chusma y el clero habían triunfado en su intención de derramar la sangre del Profeta. . . . ¿Cesó acaso la persecución entonces? ¡De ninguna manera! Por el contrario, se cumplieron las palabras de José Smith, que dijo que una vez que lograran asesinarle, tratarían de hacer lo mismo con el resto dé nosotros.” (La Estrella Milenaria, tomo 2, página 355.)
A poco la migración en grupos se iniciaba. Hacía ya tres meses que los Santos estaban cruzando las llanuras, los bosques, los ríos y las montañas del centro del país, cuando, ahora en las laderas de los collados eternos, siendo el 1 de julio de 1847, Orson Pratt y Erastus Snow fueron comisionados por el presidente Brigham Young para dirigir una compañía de veintitrés carretas y cuarenta y dos yuntas de bueyes, y hacer un reconocimiento del valle del Gran Lago Salado,, lo cual se llevó a cabo 20 días después.
Ciento cuarenta y cuatro hombres y tres mujeres integraban la compañía de Brigham Young. La jornada —una jornada cansina que parecía interminable—había durado más de tres meses, y la distancia recorrida fué de unos 1.600 kilómetros de tierras atravesadas por valles, montañas, ríos y pantanos. Ansiosos por llegar, cargados de fe y vigor sobrehumanos, no habían perdido tiempo explorando terrenos: sabían que Brigham Young iba a recibir la inspiración del Altísimo para determinar el lugar. Y así, desafiantes, treparon colinas, atravesaron desfiladeros y precipicios, descendieron al fondo de los cañones y volvieron a trepar. … En ocasiones, debían ingeniarse para salvar abismos sin puentes y abrir caminos en plena roca.
De pronto, Orson Pratt y Erastus Snow, comandantes de la compañía de vanguardia, se llegaron al presidente Young y le avisaron que el Gran Valle estaba allí, casi a sus pies. Brigham Young, que venía postrado en su coche por causa de su salud quebrantada, se incorporó entonces y abarcando con sus dulces ojos penetrantes todo el panorama—inmenso y desolado—del valle ganado por el salitre del gran lago, declaró solemne: “Este es el Lugar.” Era el 24 de julio de 1847.
“Dos de las tres mujeres que formaban la partida— nos relata el doctor James E. Talmage en La Estrella Milenaria—suspiraron entonces deprimidas, y una de ellas exclamó: ‘Débil, cansada y dolorida como estoy, ciertamente dispuesta estaría a hacer mil millas más antes que permanecer aquí’.”
Sin embargo, la visión del Profeta había sido genuina. El brazo de Dios guio la dócil mano de los fieles, quienes a poco cantaban:
“El desierto ya florece, como bella flor,
“Y el triste yermo fértil campo es. . .”
Muchos sucumbieron en la empresa—unos encontraron la muerte porque tenían fe y enfrentaron la penuria; otros perdieron la Vida simplemente porque no confiaron. Hoy día se ven los frutos de aquella siembra. El mundo entero está volviendo los ojos hacia el Valle del Señor, la Nueva Jerusalén. La comunidad aquí edificada, está contenida en el territorio que anteriormente poblaran los indios “Utos”, de donde proviene el nombre del estado: Utah—que en el lenguaje indígena originario significa “Morada Alta.” Y en verdad, lo es.
Siglos ha, había ya predicho Isaías:
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, (pie será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.
“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. . .” (Isaías 2:2-3.)
El establecimiento de los Santos en el Valle del Gran Lago Salado, no fué un evento de simple alcance comunal.
En La Estrella Milenaria, tomo 11, páginas 232 y 233, se citan los siguientes artículos, aparecidos en 1849 en dos periódicos estadounidenses:
“Desde que los hijos de Israel erraran por el desierto o los Cruzados se precipitaran en Palestina, no ha habido otro movimiento histórico tan singular como la migración y el establecimiento de los Mormones. … Habiendo tenido un templo en medio de las iglesias y escuelas del Condado de Lake, en Ohío, y expulsados de allí por la opinión popular, construyeron Nauvoo, en Illinois, el cual llegó a ser un gran pueblo. Veinte mil personas se congregaron en él. Y ahora son nuevamente asaltados por la persecución popular; ¡su profeta asesinado, su ciudad asolada, y finalmente su templo incendiado! ¿Les ha destruido acaso esta persecución a que se han visto sujetos? ¡No! Unos siete mil de ellos se han establecido ya en las cumbres del continente americano. Miles más están reuniéndoseles desde Iowa y otros tantos están arribando desde el país de Gales. Este es un espectáculo muy singular, quizás el más singular de todos los grandes dramas de nuestra era. . .” (The Cincimiati Atlas, 1849.)
“Los Santos Mormones que han logrado sobrevivir, después de soportar todas las penurias de la persecución en Misuri e Illinois, de sufrir el asesinato de muchos de sus directores y apóstoles, y de ser malignamente acosados de un lugar a otro, han encontrado, al fin, una Nueva Jerusalén o Tierra Santa, en el Valle del Gran Lago Salado, situado entre las Montañas Rocallosas y la Sierra Nevada. . . . Los Mormones poseen ahora lodo ese territorio. Ellos son gente industriosa y capaz de explotar exitosamente los recursos naturales de la rica región en que se han establecido. Esta es, en verdad, su Nueva Jerusalén, donde podrán construir una gran ciudad con pilares de oro, techada con plata y pavimentada con rubíes y esmeraldas. ¿Quién sabe? A estar por las observaciones hechas por Fremont, Abert, Kearney y otros, la región comprende algunos lugares realmente maravillosos. Parece ser una especie de Tierra Santa en mayor escala: tiene un Mar Salado más grande que el de Palestina, un Río Jordán, un Monte Horeb y casi todas las características de la antigua Tierra Santa, aunque en una escala tremendamente grande. Y Brigham Young, el conductor de esto pueblo, se asemeja en igual sentido a Moisés.
“Esta expedición de los Mormones muestra cierta analogía con aquél éxodo de los Israelitas que salieron de Egipto. Illinois, Misurí o Iowa han sido la tierra de esclavitud de la que han escapado los Mormones, y en la cual sus directores y santos han sido tiroteados. . .” (The New York Herald, 1849.)
Gracias a la humilde perseverancia de aquellos pioneros que atravesaron los pantanos de la persecución y las cercas del prejuicio tradicional, un verdadero Renacimiento mundial se está llevando a cabo. Desde el punto de vista histérico-geográfico, significó una notable colonización, efectuada en lugares que otros despreciaron por áridos, como también la inauguración de una nueva era de progreso económico internacional que resultó del franqueamiento de una frontera que separaba, como si hubieran sido dos civilizaciones distintas, al Este distinguido y progresista, del indómito y lejano Oeste. Y desde el punto de vista religioso, resultó ser el afianzamiento de una Restauración terminante, la “confirmación del monte de la casa de Jehová, como cabeza de los montes.”
























