El bautismo de infantes

El bautismo de infantes

Por Joseph Fielding Smith


Una doctrina definidamente ense­ñada en las Escrituras, es la del Bau­tismo para la remisión de pecados que debe ser aplicada a todos aque­llos que son capaces de creer. De acuerdo con Mateo, el Señor dijo a sus Discípulos; “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándolos que observen todas las cosas que os he mandado, y he aquí estoy siempre con vosotros hasta el fin del Mundo, Amén”. Marcos cita al Señor dicien­do: “El que creyere y fuere bautiza­do será salvo, más el que no creyere será condenado”. En el día de Pentecostés fueron bautizados los que creyeron, y Felipe dijo al Enuco cuan­do le pidió que lo bautizara: “Si crees de todo corazón, puedes. Y le contes­tó diciendo, Creo en Jesucristo, el Hi­jo de Dios”. Esta es doctrina de las Escrituras.

Varios siglos después de la muerte de los Apóstoles, la forma del bau­tismo fué pervertida vaciando o ro­ciando agua en la cabeza. Eusebio registra el primer hecho no recono­cido como bautismo de aspersión. Esto ocurrió el año 252 antes de Cristo., o 253, y es registrado por este escritor antiguo como sigue: “Novato, siendo aliviado por los exortistas, cayó en una grave enfermedad, se supuso que iba a morirse inmediatamente, y se le administró el bautismo, (si se puede llamar bautismo), por medio de ro­ciarle agua en la cabeza donde esta­ba, ni aún después de haberse alivia­do, recibió las otras cosas que pres­cribía el Canon de la Iglesia, ni fué sellado por la imposición de las ma­nos del Obispo”. Agrega Eusebio, “Este bautismo era imperfecto y poco solemne por varias razones. Todos los que fueron bautizados después de eso fueron llamados ‘Clinici’; y por el 12 vo. Canon del Concilio de Neocasarea, les fué prohibido a éstos ‘Clinici’ el Sacerdocio”. Esto indica claramente que a mediados del tercer siglo el ro­ciamiento del agua era considerado como una innovación, pero es una co­sa de admirarse lo que pueden cam­biar las cosas en un poco de tiempo. El Señor David King, comentando de esto ha dicho “La Iglesia cambió la ordenanza, no suponiendo del todo que Cristo había instituido otra cosa ade­más de la inmersión, ni creyendo por un solo momento que la Iglesia pri­mitiva bautizaba en otra forma que no fuese la inmersión, sino porque era conveniente, y por qué la Iglesia reclamaba tener poder para cambiar el orden de las ordenanzas de la Iglesia de Dios”.

Bautismo de infantes

Naturalmente que después de esto se llegaría a la conclusión de que sería mucha dificultad el desvestirse y po­nerse otras ropas para poder bajar al agua, cuando el vaciar o esparcir agua sobre la cabeza era más simple y no tan inconveniente. Era natural que surgieran argumentos en favor del cambio de la ordenanza. De ésta doctrina había de venir otra corrup­ta y contraria a las enseñanzas del Señor y de las prácticas de la Iglesia primitiva de Jesucristo, ésa del bau­tismo de infantes. Tal práctica está completamente sin fundamento en la Biblia, e indica la falta del entendi­miento con relación a la naturaleza y eficacia de la Expiación. Cuando los Discípulos protestaron al traer las madres los niños a Jesús para que los bendijera, Él les reprendió y dijo: “Dejad los niños venid a mí y no se los estorbéis, porque de los tales es el Reino de Dios. Y tomándolos en sus brazos, y poniendo las manos sobre ellos los bendecía”. (Marcos. 10:14 -16). Otra vez enseñó a sus Discípulos la humildad cuando le preguntaron que quién era el mayor en el Reino de los Cielos, y dijo en éstas palabras: De cierto os digo, que si no os volvie­ras, y fueres como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.”

“Así que; cualquiera que se humilla­re como niño, éste es el mayor en el Reino de los Cielos.”

“Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi nombre, a Mi recibe.”

Y cualquiera que escandalizare a alguno de éstos pequeños que creen en Mí, mejor la fuera que se colgase al cuello una piedra de molino de as­no, y que se le anegase en lo profun­do del mar”. (Mateo 18: 2-6).

Al declarar que los niños pequeños son del Reino de los Cielos, Nuestro Señor ha declarado que son inocentes de todo pecado y que no requieren el bautismo. Esto está de acuerdo con su misericordia y justicia. El reque­rir una ordenanza, como el bautismo, de un niñito que aún no ha llegado a la edad de responsabilidad, y en­señar que están perdidos, o que no tienen el privilegio de la plenitud de la salvación, cuando son incapaces de comprender, es la Doctrina más cruel que ha venido de las muchas corrupciones que han contaminado a la primitiva Fe Cristiana. El segundo Artículo de Fe de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dice:

“Nosotros creemos que los hombres serán castigados por sus propios pe­cados, y no por la transgresión de Adán”

Los niños libres del castigo

Esto implica que ninguna persona será castigada por los pecados de otra, y que los niños pequeños están libres del pecado y lógico, del casti­go. Sería contrario a las Leyes de la Misericordia o Justicia el castigar a los niños pequeños por alguna cosa que no pueden evitar. La Ley de la Expiación de Jesucristo es simple y debe ser fácilmente entendida. Pero es mal entendida por todos aquellos que profesan y practican el bautismo de los Infantes. ¿Qué vino a hacer Cristo a éste mundo? De acuerdo con las Escrituras, vino a redimir al gé­nero humano de los efectos de la Caída, sin ningún acto, o cuando me­nos con sentimiento, de parte nues­tra, simplemente porque no somos responsables de la Caída. También vino a redimir a la humanidad de sus pecados individuales, pero esto puede hacerse solamente en la condi­ción de su arrepentimiento y fidelidad hasta el fin de sus días mortales. No siendo el hombre responsable en nin­guna manera de la Transgresión de Adam, nuestro Señor por medio de haber derramado su sangre, dado su vida, resucitado, ha redimido a todos los hombres de las consecuencias de aquella muerte que fué traída sobre ellos por la Caída. Fueron las Ense­ñanzas de Nuestro Salvador que to­dos los muertos oirían su voz, y que todos saldrían de sus tumbas para recibir la inmortalidad, “Los que hi­cieron bien, saldrían a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación”. (Juan 5:29). La única cosa, que puede ser puesta sobre los niños chiquitos, es que tienen que morirse a consecuen­cia de la transgresión de Adam, ya que los efectos de ésta, han sido re­dimidos. No puede haber pecado de ninguna especie por el cual tengan que pagar un precio o ser perdona­dos.

Hablando a la Iglesia en estos días, el Señor ha dicho:

“Pero he aquí, os digo, que los ni­ños pequeños son redimidos desde la fundación del mundo, mediante mi Unigénito. Por lo tanto, no pueden pecar porque el poder no le es dado a Satanás de tentar a los niños pe­queños hasta que empiezan a ser responsables ante Mí. (Doc. y Conv. 29).

Benjamín, un profeta Nefita y Rey, dijo a su pueblo:

“Porque, he aquí, El juzga, y su juicio es recto; y el niño que muera en su infancia no perece; más los hombres deben la condenación para sus propias almas, excepto que se humillen como niños pequeños, y crean que la salvación ha sido, y es, y ha de venir en y por la sangre expiatoria de Cristo, el Señor Omnipotente”. (Mosíah 3:18).

Esta doctrina es misericordiosa, jus­ta y verdadera, pues es la doctrina de Jesucristo. Los niños pequeñitos no se bautizaban en la Iglesia Primi­tiva de Jesucristo. Giesler, en la Historia de la Iglesia (Vol. 2) dice: “El bautismo de los infantes no principió a ser universal hasta después del tiempo de Agustín”. Reinwald, en las antigüedades Cristianas de Coleman dice: “Aunque el bautismo de los in­fantes se consideraba en África y Egipto como una necesidad en el prin­cipio del siglo tercero, fué a fines del siglo cuarto, universalmente obser­vando por la Iglesia del Este; y final­mente se formó en una institución en la época de Agustín”. Martín Lutero dice: “No puede probarse por la Es­critura que el bautismo de los infan­tes fué instituido por Cristo, o que fuera instituido por los primeros Cristianos después de los Apóstoles.”

Estas son tan solo unas cuantas ex­presiones que muestran que la intro­ducción a la aspersión infantil no fué una parte de la doctrina de Jesucris­to y fué advocada en los días de los Apóstoles.

Las razones para la aspersión de los niños

La razón para rociar a los infantes y llamarle bautismo, es mostrada en las creencias de algunas Iglesias co­mo esencial, porque los infantes “Na­cen en pecado” y están teñidos “por el pecado original “el cual, como ya he mostrado, es una tenebrosa per­versión y un mal entendimiento de la eficacia de la expiación de Jesucristo.

Lo siguiente ha sido tomado de la Constitución Presbiteriana (1897): “Los infantes electos, si mueren en su infancia son regenerados y salvos por Cristo por medio del Espíritu, que trabaja cuando, donde y cuando le place. Igualmente son todas las de­más personas electas, quienes son in­capaces de ser abiertamente llama­dos por el Ministerio del Señor. . .

“Pregunta 26: Cómo se llevó el pe­cado de nuestros primeros Padres a su posteridad: Contestación. El Pe­cado Original es pasado de nuestros primeros Padres a su posteridad por generación natural, de manera que todos los que de ellos proceden, de ésta manera, son concebidos y nacen en pecado.

Sobre “La ministración del bautis­mo público de infantes”, el libro Episcopal de Oraciones (Edición de 1893) dice:

“Mis amados, como todos los hom­bres son concebidos y nacen en pe­cado; y dijo Nuestro Salvador Cris­to, nadie puede entrar al Reino de Dios excepto que sea regenerado y vuelto a nacer de agua y del Espíritu Santo, os exhorto a que llaméis a Dios, el Padre por medio de Nuestro Señor Jesucristo, para que conceda de su abundante misericordia a ésta cria­tura, aquello que por naturaleza no puede tener; que pueda ser bautiza­do con agua y con el Espíritu Santo; y ser un miembro viviente de los mismos”.

Doctrina Católica

La doctrina católica es como sigue: “La necesidad absoluta de este sa­cramento es insistida a menudo por los padres de la Iglesia, especialmen­te cuando hablan del bautismo in­fantil. Así dice San Irineo (Vol. II- XXI): “Cristo vino a salvar a todos los que son nacidos por medio de El a Dios, infantes, niños, y jóvenes”. San Agustín (III de Anima) dice: Si deseas ser ‘católico, no creas ni di­gáis, ni enseñéis, que los infantes que mueren antes del bautismo pueden obtener la remisión del pecado origi­nal”. Un pasaje aún más fuerte del mismo docto. (Ep. XXVII Ad. Hieron) dice: “Quien quiera que diga que los infantes son vivificados en Cristo cuando se apartan de ésta vi­da sin la participación de su Sacramento (Bautismo), hace dos cosas, se opone a la enseñanza apostólica y condena a la Iglesia entera, quien se precipita en bautizar a los infantes, porque cree sin vacilar que de otra manera no pueden ser vivificados en Cristo”. (Enciclopedia Católica Art. Bautismo Pág. 275).

“Los Teólogos católicos están con­secuentemente unidos al declarar que los infantes que mueren sin el bautis­mo, son excluidos de la beatífica vi­sión; Pero en cuanto al exacto estado de éstas almas en el mundo venide­ro, no están de acuerdo. Hablando de almas quienes han dejado de obtener salvación de la visión beatífica, y la pena del sentimiento (Paena Sensus). Siendo verdad que los infantes no bautizados han de llevar la pena de la pérdida, no es del todo cierto que estén sujetos a la pena del sentimien­to. (1)

San Agustín (de Pece Et. Mer. I-XVI) sostuvo que no estarían exentos de la pena del sentimiento, pero al mismo tiempo pensó que sería de la forma más ligera. Por el contrario, San Gregorio, Nacianzen (Or. in S. Bautismo.) expresa la creencia de que tales infantes sufren tan solo la pena de la pérdida.”

“Desde el siglo doce, la opinión de la mayoría de los teólogos ha sido que los infantes no bautizados están inmunizados de toda pena de senti­miento.” (Enciclopedia Católica. P. 267).

Una doctrina abominable

¿Puede acaso ser más cruel y fal­ta de justicia y sentimiento, cualquie­ra doctrina que la de enseñar que los infantes imposibilitados, depen­diendo enteramente de su sostén y de toda necesidad, han de ser para siempre malditos, porque los padres o tutores no les cristianizan, llevándo­los a que un sacerdote les rocíe unas cuantas gotas de la así llamada “agua bendita”? ¿Qué misericorida hay en el atentado de ablandar esta pena diciendo que tales infantes no ten­drán suficiente sentido para saber lo que han perdido, cuando se les niega la presencia de su Redentor y un lu­gar en su Reino?

Hace muchos años, cuando estaba yo en el campo misionero, un hombre y su esposa, que pertenecían a una iglesia que enseña ésta doctrina abo­minable, perdieron a una criatura. Cuando los padres apelaron al mi­nistro de la iglesia a la cual perte­necían para que diese “Sepultura Cristiana” a la criatura, brutalmente se negó, diciendo que la criatura ha­bía muerto sin ser bautizada, y por lo tanto no se le podía dar sepultura Cristiana, y la criatura no recibió la sepultura que sus padres habían pe­dido. Un día cuando estuve en la ca­sa de ésta pareja, la madre me hizo ésta pregunta: “¿Son perdidos para siempre los niños que mueren sin el bautismo?” luego contó su historia. El tormento del alma que había poseído de ésta pobre madre y que le había molestado por muchos meses, al pen­sar que su criatura estaba para siem­pre perdida, es difícil de explicar. Había enfermado y llorado sin cesar por su niño. Yo le dije que tal doc­trina era una abominación en la vis­ta del Señor y luego le leí del Libro de Mormón las palabras de Mormón a su hijo Moroni, como sigue:

“¿Hay del que pervierta, de esta manera, las vías del Señor, porque perecerá excepto que se arrepintere! He aquí, hablo sin temor, porque tengo autoridad de Dios; y no temo lo que el hombre hiciere, porque el amor perfecto desecha todo temor.

“Y estoy lleno de caridad que es un amor eterno; por lo tanto, amo a los niños pequeñitos con un amor per­fecto; y todos ellos son iguales y par­ticipantes de la salvación.

“Porque yo sé que el Señor es un Dios parcial, ni un Ser inconstante; sino que es invariable de eternidad en eternidad.

“Los niños pequeñitos no pueden arrepentirse; por consiguiente, es una terrible iniquidad el negarles las pu­ras misericordias de Dios, puesto que todos tienen vida en El a causa de su misericordia.

“Y quienquiera que diga que los niños pequeñitos tienen necesidad de bautizarse niega la misericordia de Cristo, y tiene en nada su expiación y el poder de su redención.

“¡Ay de los tales, porque están en peligro de la muerte, del infierno y de los tormentos sin fin! Lo digo sin temor, porque así me lo mandó Dios. Escucha las palabras de Cristo, y dales atención; porque, si no, ellas se pondrán contra tí ante el tribunal de Cristo.

“Porque, he aquí, que todos los ni­ños pequeñitos viven en Cristo, como todos aquellos que no tienen ley. Por­que el poder de la redención alcanza también a todos a quienes no ha sido dada la ley. Porque el que no se ha­lla bajo la condenación no puede arrepentirse; y para ‘el tal el bautis­mo no es de ningún efecto; (Moroni 8). “Empero es burlarse ante Dios, el negar las misericordias de Cristo, y el poder de su Santo Espíritu, po­niendo confianza en obras muertas”.

Tengo gusto de decir que puede consolar a esta pobre madre y res­taurar su fe en cuanto al Redentor, presentándole la verdadera doctrina de Jesucristo. En una revelación a José Smith en 1836 el Señor dijo: “Todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad, son salvos en el Reino Celestial de Dios”. ¿Y por qué no? Nunca se re­cibió una injusticia mayor en el co­razón del hombre que la de enseñar que los infantes que vienen a este mundo están teñidos por el “pecado original,” y deben ser limpiados por los buenos servicios de algún otro, para librarlos de ésta mancha imagi­naria, porque son concebidos en per cado. Yo digo que los bebés no son concebidos en pecado cuando son na­cidos en matrimonio legal y si lo fueran, ninguna mancha de cuales­quiera clase puede ser puesta a su puerta de la cual han de ser limpia­dos, o ser negados a la vida eterna. Seguramente tal maldad como la práctica de ésta doctrina popular, es una abominación en la vista del Se­ñor. ¿Quién puede mirarse en la ca­rita risueña de un inocente y sentir que esa criatura será maldita eterna­mente, si muriese, tan sólo porque no haya sido rociada por un sacerdote, y para siempre ser negada la visión beatífica, o la presencia de Jesucristo y todo eso sin ninguna culpa propia? En verdad estoy agradecido por la restauración del Evangelio.

Que el Señor bendiga y guíe a cada uno de ustedes, en el nombre de Je­sucristo, Amén.

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Una respuesta a El bautismo de infantes

  1. Jose Eulogio Arata Hurtado dijo:

    Seria necesario corregir el año del acontecimiento, y debe decir el año 252 DESPUES  de Cristo 

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