El futuro de la Tierra Santa

El futuro de la Tierra Santa

Daniel H. Ludlow

Liahona, Febrero 1973


A causa de su ubicación estra­tégica en la encrucijada de los grandes continentes de Europa, Asia y África, la Tierra Santa ha sido siempre de suma importancia, Actualmente a muchas personas, incluyendo los líderes de la mayoría de los países, les gustaría saber más concerniente al futuro de esta región estratégica e importante.

Como Santos de los Últimos Días, nosotros probablemente sepamos más acerca de su futuro que cualquier otra gente. La única manera definida en que el futuro puede ser iluminado es a través del espíritu de profecía, y este don del Espíritu Santo debe siempre hacerse evidente en la Iglesia ver­dadera. Por lo tanto, nosotros, los Santos de los Últimos Días tenemos acceso a todo lo que el mundo sabe concerniente al futuro de la Tierra Santa, y tenemos además las palabras inspiradas de profetas antiguos y modernos para guiarnos y dirigirnos.

El futuro de la Tierra Santa está íntimamente unido con el futuro de la Casa de Israel, más especí­ficamente con el futuro de los des­cendientes de Judá. De este modo, un análisis de algunas de las pro­fecías concernientes a Judá en los últimos días podrán ayudarnos a aclarar el futuro de esta región; este artículo tratará catorce de es­tas profecías. A fin de ayudar a decidir cuáles debían incluirse, se utilizaron los siguientes princi­pios:

El Señor ha dicho: “Por boca de dos o de tres testigos se deci­dirá todo asunto» (2 Corintios 13:1). Por lo tanto, únicamente se discu­tirán aquellos temas en donde haya disponibles por lo menos dos fuentes de profecía.

Asimismo, las profecías deben referirse definitivamente a los últimos días. De manera que los puntos para discusión incluirán (1) declaraciones de los profetas del Antiguo Testamento que vi­vieron después de la época del cautiverio babilónico y que profe­tizaron acerca de un futuro recogi­miento de Israel, (2) profecías citadas por el Salvador durante su ministerio sobre la tierra, donde relacionó estas escrituras con acon­tecimientos futuros, y (3) profecías y otro material revelado a los profetas de esta dispensación.

  1. Elías el Profeta ha de volver a la tierra

Malaquías, que vivió después; del cautiverio babilónico, dijo:

«He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible,

«El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición» (Malaquías 4:5-6).

El Salvador resucitado citó este pasaje de escritura a los nefitas. El ángel Moroni citó este pasaje de escritura al profeta José Smith, el 21 de septiembre de 1823; y entonces el Señor le habló de esta misma escritura al Profeta en agosto de 1830, lo cual se en­cuentra registrado en Doctrinas y Convenios 27:9, Aquí, literalmente, por boca de varios testigos, tene­mos el hecho de que Elías el Profeta ha de volver antes del día de Je­hová, grande y terrible.

El cumplimiento de esta pro­fecía ocurrió el 3 de abril de 1836, cuando se verificó la siguiente visión, tal como se encuentra regis­trado por el profeta José Smith:

«. . . Otra visión grande y gloriosa se desplegó ante nosotros; porque Elías el Profeta, el que fue llevado al cielo sin gustar de la muerte, se puso delante de noso­tros, y dijo:

«He aquí, ha llegado el tiempo preciso anunciado por boca de Malaquías-^-quien testificó que él (Elías) sería enviado antes que viniera el día grande y terrible del Señor.

«Para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los hijos a los padres, para que no fuera heri­do el mundo entero con una mal­dición—

«Por tanto, se entregan en vues­tras manos las llaves de esta dispensación; y por esto podréis saber que el día grande y terrible del Señor está cerca, aun a las puertas» (D. y C. 110:13-16).

Lo interesante es que a pesar de que otras personas también han creído en la venida de Elías antes del día grande y terrible del Señor, que yo sepa, los Santos de los Últimos Días son las únicas personas sobre la tierra que afirman que esta profecía ha sido cumplida.

Los judíos ortodoxos están es­perando aún la venida de Elías; en sus celebraciones sagradas tienen una silla vacía al frente de la mesa reservada para Elías el Profeta. Quizás sea una de las grandes ironías de la historia cuando los judíos se enteren de que en 1836, precisamente en el momento en que ellos se estaban sentando durante la fiesta de la Pascua, en la Tierra Santa, con la silla vacía reservada para Elías el Profeta, éste vino no al pueblo judío, sino al Profeta de esta dispensación, José Smith, en el Templo de Kirtland.

  1. Los descendientes de Judá se han de congregar de los cuatro cabos de la tierra.

Cuando Moroni se le apreció al profeta José Smith el 21 de sep­tiembre de 1823, citó el pasaje de Isaías 11, que dice:

«Y levantará pendón a las na­ciones y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra «(Isaías 11:12).

Notad lo que dice Zacarías con­cerniente al recogimiento:

«Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti.

“Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y es­cogerá aún a Jerusalén» (Zacarías 2:11-12).

En uno de los grandes discursos que pronunciara poco antes de su muerte, el profeta José Smith hizo el siguiente comentario mientras hablaba referente a la segunda venida de Cristo; dijo que estos acontecimientos habían de llevarse a cabo antes de la segunda venida del Salvador:

«Judá ha de volver, Jerusalén ha de ser reedificada, junto con el templo, y debe salir agua de deba­jo del templo y han de ser sanadas las aguas del mar Muerto. Se pre­cisará algún tiempo para reedificar las murallas de la ciudad, del tem­plo, etc.; y todo esto debe hacerse antes que el Hijo del Hombre apa­rezca» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 347).

En 1841, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días envió un apóstol, el élder Orson

Hyde, a la Tierra Santa, para dedi­carla para el recogimiento de los judíos. Parte de esta oración dedi­catoria dice lo siguiente:

«Dedicamos y consagramos esta tierra ante ti, para el recogimiento del remanente disperso de Judá, de acuer­do con las predicciones de los profetas. . . Persuádelos a congre­garse en esta tierra de acuerdo con tu palabra. Que puedan venir como nubes y palomas a sus ven­tanas; que los grandes barcos de las naciones los traigan desde islas distantes; haz que los reyes sean sus ayos, y las reinas, con cariño maternal, enjuguen sus lágrimas de aflicción» (Documentary History of the Church, vol. 4, págs. 465-57).

Cuando el élder Hyde ofreció esa oración dedicatoria, había en todo el país de Palestina menos de cinco mil judíos. En la actualidad hay más de 2.250,000, y literal­mente han venido de los cuatro cabos de la tierra—de más de cien naciones separadas—y esto como cumplimiento de las profecías.

  1. Los descendientes de Judá usarán oro y plata de las naciones de la tierra para reclamar el país.

Nuevamente Zacarías dice: «Y Judá también peleará en Jerusa­lén. Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro y plata, y ropas de vestir, en gran abundancia» (Zacarías 14:14).

De un Profeta moderno, Wil­ford Woodruff, tenemos una declaración que da apoyo a esto: “… no está muy lejos el tiempo en que los hombres ricos entre los judíos serán llamados para usar su abundante riqueza para recoger a los dispersos de Judá, y comprar las antiguas moradas de sus padres dentro y alrededor de Jerusalén, y reedificar la ciudad santa y el tem­plo» (Millennial Star, vol. 41, pág. 244).

En 1967, Levi Eshkol, en aquel entonces Primer Ministro de Israel, fue entrevistado por los reporteros del U.S. News and World Report, indicando en dicha entrevista que Israel había recibido más de un billón de dólares de los judíos resi­dentes en Estados Unidos. Asimis­mo, se sabe que han recibido más de un billón y medio de Alemania Occidental en restitución y pagos de reparación. Literalmente, la profecía de que el oro y la plata se usarían para reclamar este país se ha cumplido, y quizás se encuen­tre aún en el proceso de seguir cumpliéndose.

  1. El país de Jerusalén habrá de hacerse productivo.

Concerniente al país de Jerusa­lén en los últimos días, citamos de Ezequiel:

«. . . la tierra asolada será labra­da, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron.

«Y dirán: Esta tierra que era asola­da ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas.

«Y las naciones que queden en nuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derri­bado, y planté lo que estaba de­solado; yo Jehová he hablado, y lo haré» (Ezequiel 36:34-36. Cursiva agregada).

De las escrituras modernas: «Pero he aquí, dice el Señor de los Ejércitos: Enseñaré a los hijos de los hombres que de aquí a poco el Líbano se convertirá en campo fértil; y el campo fértil será apre­ciado como un bosque» (2 Nefi 27: 28).

En su oración dedicatoria en Jerusalén, Orson Hyde dijo:

«Concede, por tanto, oh Dios, en el nombre de tu muy amado Hijo, Jesucristo, que sea quitada la aridez, y permite que broten manan­tiales de agua viviente para dar de beber a su tierra sedienta. Haz que la vid y el olivo produzcan con su fuerza y que la higuera florezca y se desarrolle. Haz que la tierra lle­gue a ser abundantemente fructí­fera cuando la posean sus justos herederos; hazla nuevamente fluir con abundancia para alimentar a los pródigos que vuelvan al hogar con un espíritu de gracia y súplica; haz que las nubes destilen sobre ella virtud y riqueza, y haz que los campos sonrían de abundancia. Permite que las manadas y rebaños aumenten y se multipliquen grandemente en las montañas y las colinas…» (Documentary History of the Church, vol. 4, pág. 457. Cursiva agregada).

Aquellos que hayan viajado recientemente a Israel pueden verificar que algunas porciones de esta región han llegado a ser como un jardín, como cumplimiento de esta profecía.

  1. Los descendientes de Judá serán atacados por sus antiguos conquistadores, pero serán liberta­dos.

Zacarías también ha hablado concerniente a este acontecimiento:

«En aquel día pondré a los capi­tanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; y consu­mirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos alrededor; y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén.

«Y en aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinie­ren contra Jerusalén» (Zacarías 12:6, 9. Cursiva agregada).

En 3 Nefi, dos testigos en vez de uno testifican concerniente a este punto, porque aquí el Salvador está citando a Isaías en relación con los últimos días:

«He aquí, de cierto se reunirán en contra de ti, mas no por llamado mío; quien se juntare en contra de ti, caerá por causa tuya.

«Ninguna arma forjada contra ti prosperará. . .» (3 Nefi 22:15, 17; citada por el Salvador, de Isaías 54:15, 17).

No es necesario repasar aquí lo que aconteció en junio de 1967, cuando Israel conquistó una tierra aproximadamente tres veces mayor que su país original, aumentando su superficie de 20,720 a 67,340 kilómetros cuadrados. Como título de su libro concerniente a este acontecimiento, W. Cleon Skousen1 utiliza el término «vic­toria fantástica.» La revista Life utiliza el término «victoria increí­ble.» Un líder gubernamental comentó que había sido lo que más se asemejaba a una «victoria ins­tantánea» jamás intentada.

  1. Jerusalén quedará bajo el dominio de Israel.

«. . . y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén» (Zacarías 12:6).

«Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y esco­gerá aún a Jerusalén» (Zacarías 2:12).

Por más de 1900 años los judíos ortodoxos han concluido sus ora­ciones rituales con la súplica: «el año que entra en Jerusalén.» Y en 1967, por primera vez en 1900 años, ese «año que entra en Jerusa­lén» llegó para los judíos.

Nótese también que aunque los judíos dicen que Jerusalén es la capital del país, todos los demás países del mundo afirman que la capital de Israel es Tel Aviv. Esta fue la capital de Israel únicamente durante los meses de 1948-49, cuando Israel no tenía plena posesión de tan siquiera una por­ción de Jerusalén; luego la capital fue trasladada a Jerusalén. Expli­cando este suceso, David Ben- Gurion ha escrito:

«En la tempestad de la guerra…nos vimos obligados a establecer temporalmente la sede del go­bierno en el cuartel oficial cerca de Tel Aviv. Pero el estado de Israel ha tenido, y siempre tendrá una sola capital: Jerusalén, la eterna. . .» (The Jews in Their Land, pág. 342-43).

De manera que aunque el mun­do se refiera al gobierno en Tel Aviv, Israel dice: «nuestra capital es Jerusalén.»

  1. Los Judíos empezarán a creer en Jesucristo y por fin se les predi­cará el evangelio.

Mateo dice: «. . . será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mateo 34:14).

El Salvador, al hablar de que El recordaría el convenio que había hecho con Israel, dijo:

«Y sucederá que llegará el día en que les será predicada la pleni­tud de mi evangelio:

«Y creerán en mí, que soy Jesu­cristo, el Hijo de Dios; y rogarán al Padre en mi nombre» (3 Nefi 20: 30-31).

Respecto a este acontecimiento, Wilford Woodruff dijo en 1855: «Cuando los gentiles rechacen el evangelio, les será quitado y llevado a la Casa de Israel, a esa gente sufri­da que actualmente se encuentra dispersa por todas las naciones de la tierra, …y reedificarán Jerusa­lén, su antigua ciudad, haciéndola más gloriosa que al principio, y tendrán con ellos a un líder en Is­rael, un hombre lleno del poder de Dios y el don del Espíritu Santo; pero actualmente se encuentran restringidos de esta obra, única­mente porque la plenitud de los gentiles no ha llegado aún» (Journal of Discourses, vol. 2, pág. 200. Cur­siva agregada).

Por lo tanto, los Santos de los Últimos Días no deberán sorpren­derse cuando en Israel se esta­blezca una gran misión. Actual­mente no podemos llevar a cabo la obra misionera en esa región por dos razones importantes: (1) nues­tra Iglesia no es reconocida ofi­cialmente por Israel, y (2) el país tiene leyes contra el proselitismo. Pero llegará el tiempo, en cumpli­miento a las palabras de los pro­fetas, cuando el evangelio de Jesu­cristo será predicado a los judíos.

  1. Se construirá un nuevo tem­plo en Jerusalén.

En Zacarías 8:9 se encuentra una declaración que dice: «Esfuércense vuestras manos. . . para edificar el templo.»

En Ezequiel 40-48 aparece una descripción del templo. Orson Pratt hizo referencia al templo de Jeru­salén en Journal of Discourses, vol, 19, págs. 19-29, y también se men­ciona en Doctrinas y Convenios 124:36-37. El presidente Wilford Woodruff dijo:

«. . . Cristo no vendrá hasta que se cumplan estas cosas. Jerusalén ha de ser reedificada; el templo tiene que ser construido.

«. . . Estas cosas han sido revela­das por los profetas; tendrán su cumplimiento» (MS, vol. 52 [6 de octubre, de 1890], pág. 740).

Y José Smith dijo: «¿Qué objeto podrá tener el recogimiento de los judíos o el pueblo de Dios, en cual­quier época del mundo? … El ob­jeto principal fue edificar una casa al Señor, en la cual podría revelar a su pueblo las ordenanzas de su casa…” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 375-376).

Muchos de los mismos judíos ortodoxos están hablando de la construcción de un tercer templo. Respecto a este tema, hace apenas unos años se descubrió un impor­tante pergamino en el Medio Oriente. El doctor Yigael Yadin, de la Universidad Hebrea, está actual­mente traduciendo este pergamino al cual le ha dado el nombre del Pergamino del Templo, y acerca del cual ha dicho:

«Lo sorprendente de este perga­mino es que fue escrito como un Tora—una ley—dada por Dios a Moisés. El texto entero está es­crito en la primera persona del singu­lar, con Dios como portavoz. Uno de cada dos rollos del Mar Muerto es una copia de un libro bíblico existente, un comentario bíblico, o un documento sectario com­puesto por la comunidad Qumran. Aquí tenemos por primera vez un rollo, que por lo que sabemos, aparentemente debió haber for­mado parte del texto bíblico, pero que nunca integró el canon bíbli­co.» (Newsleíter Number 7 of the American Schools of Oriental Research, 13 de November de 1967. Cursiva agregada).

¿De qué trata ese texto? El doc­tor Yadin dice que contiene los planos para la construcción de un gran templo y que introduce una nueva característica en el mismo. Hay tres atrios en vez de dos, cada uno exactamente cua­drado. Los atrios central y exterior del templo han de tener 12 puertas, 3 a cada lado, y cada una ha de ser llamada con el nombre de una de las Doce Tribus de Israel. El doctor Yadin añade:

«Esto es significativo; toda la literatura apocalíptica así como la de Qumran estaban ocupadas con el concepto de unir a las doce tribus de Israel como fue ordenado por Dios. Aquí, también el énfasis se pone en las doce tribus, como tan frecuentemente lo es en el Nuevo Testamento» (Ibid).

Orson Pratt ha descrito otra característica concerniente al tem­plo que será construido en Jerusa­lén durante los últimos días; «Indu­dablemente, el Templo en Jerusalén será edificado por aquellos que crean en el verdadero Mesías. En algunos as­pectos, su construcción será di­ferente de los templos que se construyen en la actualidad; en él se encontrará el trono del Señor, sobre el cual, en ocasiones, per­sonalmente se sentará y reinará para siempre sobre la Casa de Is­rael» (Journal of Discourses, vol. 19, pág. 20. Cursiva agregada).

  1. Un nuevo líder llamado David (un descendiente del an­tiguo rey David) ha de llegar a ser un gran líder en Israel.

Ezequiel profetiza esto, y se encuentran referencias adicionales en Jeremías, Isaías, Hosea y Zaca­rías.

Únicamente tres meses antes de su martirio, el profeta José Smith dijo: «… el trono y reino de David, le serán quitados y dados a otro cuyo nombre será David, y que ha de ser levantado de su linaje en los últimos días» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 419).

El gran héroe del antiguo Israel fue David, el rey de Israel; un nuevo líder con este nombre ha de venir aún.

  1. Las naciones de la tierra se juntarán contra los descendientes de Judá, y Judá será destruido.

Zacarías dice, citando al Señor: «Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y vio­ladas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad» (Zacarías 74:2).

El presidente Woodruff también ha discutido este tema: «. . . Oh casa de Judá . . . es cierto que después que vuelvas y juntes en tu hogar a tu nación, y reedifiques tu ciudad y templo, los gen­tiles reunirán sus ejércitos para luchar contra tí, para tomarte como presa y despojo, lo cual harán, ya que las pala­bras de tus profetas deben cumplirse . . .» (Matlhías F. Cowley, Wilford Woodruff, pág. 509).

Si os preguntáis cómo podría cumplirse esta profecía, simple­mente permitidme recordaros que el 4 de julio de 1967, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó 99 a cero para condenar a Israel a causa de su anexión de Je­rusalén. Veinte países se abstuvie­ron de votar; 99 votaron en favor de condenar a Israel, y ni una sola nación votó en contra de la condenación. Y si una fuerza militar de las Naciones Unidas fuese en­viada al Medio Oriente para apode­rarse nuevamente de Jerusalén, literalmente todas las naciones de la tierra se unirían para luchar en contra de Judá.

  1. Dos profetas han de ser levantados para la nación judía.

José Smith ha explicado lo si­guiente respecto a los dos profetas a quienes se hace referencia en Apocalipsis 11:2-3, 6-12:

«P ¿Qué se da a entender por los dos testigos, en el capítulo 11 de Revelación? (y el Señor res­pondió:)

«R Son dos profetas que serán levantados para la nación judía en los postreros días, en el tiem­po de la restauración, para pro­fetizar a los judíos después que éstos se hayan congregado y hayan edificado la ciudad de Jerusalén en la tierra de sus padres» (D. y C. 77:75).

Orson Pratt ha dicho lo si­guiente en cuanto al papel de estos profetas: «Asimismo, podríamos relatar la declaración de Juan en relación a los dos testigos que han de profetizar acerca de ese período. Habrán de profetizar por tres años y medio, y su campo de trabajo será Jerusalén, después que haya sido reedificada por los judíos. Por medio de sus profecías y el poder de Dios que estará con ellos, man­tendrán a raya a las naciones que se unan para luchar contra Jerusalén; estos profetas los contendrán me­diante su fe y poder. Poco a poco, estas naciones vencerán a los dos testigos y, habiendo terminado su misión, serán asesinados, quedando sus cuerpos en las calles de la ciu­dad por tres días y medio. Luego ocurrirá un gran terremoto, y es­tos dos testigos serán arrebatados al cielo» (JD, vol. 16, pág. 329. Cursiva agregada).

Para un conocimiento detallado de lo que ha de llevarse a cabo con­cerniente a esto, debemos leer el capítulo entero del libro de Apocalipsis.

  1. El Salvador ha de aparecer a los descendientes de Judá.

Zacarías dice:

«… y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán. . .» (Za­carías 12:10). Doctrinas y Conve­nios provee un relato más vivido aún, porque el Salvador, al hablar acerca de esto dice:

«Y entonces me mirarán los judíos y dirán: ¿Qué son estas heridas en tus manos y en tus pies?

«Entonces sabrán que yo soy el Señor, porque les diré: Estas son las llagas que recibí en la casa de mis amigos. Yo soy el que fue levanta­do. Soy Jesús quien fue crucificado. Yo soy el Hijo de Dios.

«Y entonces llorarán a causa de sus iniquidades; y se lamentarán porque persiguieron a su rey» (D. y C. 45:51-53).

El presidente Woodruff se ha referido a este gran acontecimiento de la manera siguiente: “. . . los judíos tienen que volver a su propia tierra en incredulidad . . . cuando lo hayan hecho y hayan reedifica­do su ciudad, los gentiles, en cum­plimiento de las palabras de Ezequiel, Jeremías y otros profetas, saldrán contra Jerusalén a luchar y tomarlos para presa y despojo; y luego, cuando hayan tomado a un tercio de Jerusalén cautivos y afligido a los judíos por última vez en la tierra, su Gran Libertador, Shiloh,* vendrá» (JD, vol. 15, págs. 277-78. Cursiva agregada).

  1. El Mesías llevará al pueblo de Israel a la victoria y más tarde reinará como Rey de Reyes y Señor de Señores.

De hecho, al hablar sobre esto, Zacarías dice:

«Después saldrá Jehová y pe­leará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla.

«Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre» (Zacarías 14:3-9).

Doctrinas y Convenios también menciona este acontecimiento:

«. . .porque la presencia del Señor será como un fuego funden­te que arde, y como el fuego que hace hervir las aguas.

«Oh Señor, tú bajarás para dar a conocer tu nombre a tus adver­sarios, y todas las naciones tem­blarán ante tu presencia» (D. y C. 133:41-42).

Asimismo, el presidente Wood­ruff ha dicho que el Salvador peleará las batallas de Judá:  “…pero cuando llegue esta aflicción, el Dios viviente, que llevó a Moisés a través del desierto, os libertará, y vuestro Shiloh* vendrá y estará entre vosotros y peleará vuestras batallas; y lo conoceréis, y las aflic­ciones de los judíos llegarán a su fin, mientras que la destrucción de los gentiles será tan grande que a toda la Casa de Israel que se en­cuentre reunida en Jerusalén le requerirá siete meses para sepultar a los muertos de sus enemigos, y las armas de guerra les durarán por 7 años como combustible, de modo que no tendrán necesidad de ir al bosque a buscar leña. Estas son declaraciones tremendas; ¿quién puede imaginárselas? Sin embargo, son verídicas, y serán cumplidas, de acuerdo con las palabras de Ezequiel, Zacarías y otros profetas. A pesar de que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Cowley, págs. 509-10).

  1. Se han de establecer dos grandes capitales mundiales: una en Sión y otra en Jerusalén.

Isaías ha profetizado lo siguiente concerniente a este acontecimiento (los profetas modernos también han indicado que esta escritura se refiere a esta época, y la misma idea se encuentra en Doctrinas y Convenios, sección 133):

«Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exalta­do sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.

«Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus cami­nos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová» (Isaías 2:2-3).

El presidente Joseph F. Smith ha hablado en cuanto a estos dos sitios de recogimiento de la manera siguiente: «Después que los judíos hayan sido limpiados y santifica­dos de todos sus pecados, Jerusa­lén antigua llegará a ser una ciudad santa donde el Señor morará y desde donde El enviará su palabra a todos los pueblos. De la misma manera, en este continente (ameri­cano), la ciudad de Sión, la Nueva Jerusalén será edificada, y de ella también saldrá la palabra de Dios. No habrá ningún conflicto, porque cada ciudad será la sede para el Re­dentor del mundo, y desde cada una, El enviará sus proclamaciones según la ocasión lo requiera. Jeru­salén será el sitio de recogimiento de Judá y sus compañeros de la Casa de Israel, y Sión será el sitio de reco­gimiento de Efraín y sus compañeros, sobre cuyas cabezas serán conferi­das ‘las más ricas bendiciones'» (lmprovement Era, vol. 22, págs. 875-16).

Como Santos de los Últimos Días, debemos saber más acerca de las profecías concernientes a Israel que cualquier otro pueblo sobre la tierra, incluyendo los judíos mis­mos. Tenemos todo lo que ellos tienen, y además tenemos las pala­bras de los profetas en el Libro de Mormón, la Perla de Gran Precio y Doctrinas y Convenios. También tenemos profetas vivien­tes a la cabeza de nuestra Iglesia en la actualidad que nos pueden hablar acerca de estos grandes acontecimientos.

El Salvador nos ha amonestado a «escudriñar diligentemente to­das las cosas.» Uno de los propó­sitos de dedicar este número es­pecial de Liahona a la Tierra Santa, es con el fin de inspirar y motivar a los Santos de los Últimos Días a saber acerca de las obras del Señor con su pueblo del convenio.

*Una descripción del Mesías, como el Príncipe de paz o como la «simiente» de Judá.

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