Sacerdocio: Su poder y vitalidad

Conferencia General Abril 1972

Sacerdocio:
Su poder y vitalidad

por el presidente A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta

Usado adecuadamente, el poder del sacerdocio es la fuerza más grandiosa que existe en la tierra en la actualidad


Un tema de gran importancia que se ha repetido en esta conferencia, incluyendo el seminario de Representantes Regionales de los Doce, mencionado ya sea directa o indirectamente por cada uno de los discursantes, ha sido la importancia y la necesidad del sacerdocio. Quisiera dedicar mis palabras a este tema. La vitalidad y el poder del sacerdocio que existen sobre la tierra en la actualidad, son mayores que en cualquier otro período de la historia del mundo.

El 28 de marzo de 1835, en Kirtland, Ohio, y en una reunión con el Consejo de los Doce, el profeta José recibió una revelación de singular importancia en cuanto al sacerdocio:

«En la Iglesia hay dos sacerdocios, a saber, el de Melquisedec y el de Aarón. . .
«La razón por la que aquél se llama el Sacerdocio de Melquisedec es que Melquisedec fue tan gran sumo sacerdote.
«Antes de él, se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios.
«Todas las otras autoridades u oficios de la Iglesia son dependencias de este sacerdocio» (D. y C. 107:1-3, 5).

Es vital que entendamos este pensamiento. El presidente Joseph F. Smith, dijo:

«No hay ningún oficio que se derive de este sacerdocio que sea o que pueda ser mayor que el sacerdocio mismo. Es del sacerdocio que el oficio deriva su autoridad y poder. Ningún oficio le adjudica autoridad al sacerdocio; ningún oficio le agrega poder sino que todos los oficios en la Iglesia derivan su poder, virtud y su autoridad del sacerdocio. Si nuestros hermanos establecieran plenamente este principio en su mente, habría menos equivocaciones en lo que concierne a las funciones del gobierno en la Iglesia, que las que actualmente existen» (Cospel Doctrine, pág. 148).

Hay tres quórumes presidentes en la Iglesia, escogidos del cuerpo del sacerdocio: «De entre los que son ordenados a los varios oficios de estos dos sacerdocios, necesariamente deben. . . ser nombrados presidentes u oficiales administradores.

«Tres Sumos Sacerdotes administradores, del Sacerdocio de Melquisedec, escogidos por el cuerpo, nombrados a ese oficio y ordenados, y sostenidos por la confianza, fe y oraciones de la Iglesia, forman el quorum de la Presidencia de la Iglesia.

«Los doce consejeros viajantes son llamados para ser los Doce Apóstoles, o testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo—. . .

«Y constituyen un quorum con igual autoridad y poder que el de los tres presidentes ya mencionados. «Los Setenta obrarán en el nombre del Señor bajo la dirección de los Doce,. . . edificando la iglesia y regulando todos sus asuntos en todas las naciones. . .» (D. y C. 107:21- 24, 34).

¿Qué es el sacerdocio? El presidente John Taylor dijo: «. . . es el gobierno de Dios, ya sea en la tierra o en los cielos, porque es mediante ese poder, influencia o principio que todas las cosas son gobernadas en la tierra o en los cielos, y es por medio de ese poder que todas las cosas son edificadas y sostenidas. Gobierna todas las cosas; dirige todas las cosas; sostiene todas las cosas; y tiene que ver con todas las cosas con las que Dios y la verdad están relacionados. Es el poder de Dios delegado a las inteligencias en los cielos y los hombres sobre la tierra. . .» (The Gospel Kingdom, página 129).

A fin de ganar la exaltación, un hombre debe obtener y luego magnificar el Santo Sacerdocio.

«Porque los que son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los que he hablado, y magnifican sus llamamientos, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.
«Llegan a ser… los elegidos de Dios.
«Y. . . por tanto, todo lo que mi Padre tiene les será dado.
«Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio» (D. y C. 84:33-34, 38-39).

Pero recordemos que es con la condición de que magnifiquemos el sacerdocio que poseemos. En la actualidad se está extendiendo una gran energía y poniéndose un énfasis considerable en la operación y administración de este sacerdocio en la Iglesia.

«Por tanto, ocupe cada hombre su propio oficio, y trabaje en su propio llamamiento;. . . para que el sistema se conserve perfecto» (D. y C. 84:109-11.0).

Sirviendo en su responsabilidad, los sumos sacerdotes de la Iglesia hoy día tienen la entera responsabilidad del sacerdocio para hacer investigación genealógica y efectuar ordenanzas en el templo. A través del sacerdocio, deben de asegurarse de que todos los miembros de la Iglesia, a su debido tiempo y manera, salven a sus parientes muertos. Esto significa que todos los miembros deben:

  1. Tener su libro personal de recuerdos.
  2. Completar su investigación genealógica por lo menos en sus cuatro generaciones.
  3. Vivir dignos de obtener una recomendación para el templo.
  4. Efectuar ordenanzas en el templo en favor de los muertos.

Los setenta han de servir en su propio oficio y trabajar en su propio llamamiento, el cual es la obra misional del sacerdocio. Los setenta, como misioneros, se especializan en la enseñanza. Como miembros, nuestra fortaleza yace en encontrar y hermanar a los que lo necesiten. Unidos, formamos un equipo productivo a fin de llevar el mensaje de la restauración a todos los hijos de nuestro Padre.

Los élderes en su oficio y llamamiento tienen un lugar en la obra de Bienestar; no obstante, comparten una gran responsabilidad por el perfeccionamiento de los santos a través de la orientación familiar del sacerdocio. El presidente del quorum de élderes tiene el singular llamamiento de administrar el evangelio a más personas en el barrio que cualquier otra persona, con excepción del obispo. Los maestros orientadores del sacerdocio deben:

«. . . visitar las casas de todos los miembros, exhortándolos a orar vocalmente y en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares.
«. . . velar siempre por los de la iglesia, y estar con ellos, y fortalecerlos;
«. . . ver que no haya iniquidad en el iglesia, ni dureza entre uno y otro, ni mentiras, ni calumnias, ni mal decir;
«Y ver que los miembros de la iglesia se reúnan con frecuencia y que todos cumplan con sus deberes» (D. y C. 20:47, 53- 55).

Cada uno de estos deberes específicos ha sido designado por el Señor para fortalecer el hogar. Notaréis que la palabra enseñar se menciona únicamente en forma indirecta en estas instrucciones de las escrituras. Quizás si nosotros como maestros orientadores pudiésemos captar la visión de lo que es nuestro deber, entonces la enseñanza sería al final hecha para aquellos a los que el Señor ordenó para impartir instrucción en el hogar.

Pese a que la orientación familiar del sacerdocio no ha adquirido todavía la dignidad de su llamamiento, quizás podamos llegar a comprender que es uno de los conceptos de servicio más sublime en la Iglesia. Una cosa es segura: es el servicio lo que salva.

El sacerdocio en la Iglesia es un poderoso baluarte contra el adelanto de la maldad. No hay ningún poder en la tierra que pueda soportar el empuje del adversario excepto un cuerpo de hombres justos que honran su sacerdocio en sus hogares.

Los jóvenes del Sacerdocio Aarónico no han sido olvidados. En su sabiduría, el Señor ha creído conveniente llamaros a vosotros, jóvenes, a temprana edad en vuestra vida, para servir en el reino. Algunas veces, a causa de que no entendéis el programa de la Iglesia, pensáis que ésta está descuidando los asuntos vitales.

En esta Iglesia hay un llamado para la juventud y hay bastante que hacer si tan solamente seguís el consejo de vuestros líderes. No se intenta que «toméis ese pequeño bocado» y corráis. Un sabio dicho se aplica a esto: «la mano que sostiene las riendas no es el poder que tira de la carga.» El vigor y la energía de la juventud, junto con la sabiduría de los hombres maduros forman un gran equipo. Por eso es que el Señor ha designado que el Sacerdocio Aarónico y el de Melquisedec trabajen juntos.

¿Por qué os exhortamos a vivir puramente? A fin de que seáis siervos capaces de hacer vuestra contribución al reino de Dios.

Hace sesenta y siete años el presidente Joseph F. Smith dijo:

«Esperamos ver el día, sí vivimos suficiente (y si algunos de nosotros no vivimos lo suficiente para verlo, hay otros que lo harán), en que cada consejo del Sacerdocio en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días entenderá su deber; asumirá su propia responsabilidad, magnificará su llamamiento y ocupará su lugar en la Iglesia, al más alto grado, de acuerdo con la inteligencia y habilidad que posea. Cuando llegue ese día, no habrá demasiada necesidad del trabajo que ahora realizan las organizaciones auxiliares, ya que lo efectuarán los quórumes regulares del sacerdocio. El Señor lo designó y comprendió desde el principio, y tomó las medidas necesarias en la Iglesia mediante las cuales toda necesidad podría ser satisfecha a través de las organizaciones regulares del Sacerdocio» (Conference Report, abril de 1906. página 3).

Estamos empezando a ver el día en que los hombres más firmes en cada oficio del sacerdocio serán llamados a la dirección del mismo.

Exhortamos a aquellos de vosotros, futuros élderes, que os elevéis al máximo de vuestro potencial. Convertíos en los directores espirituales en vuestro hogar; tomad sobre vosotros el manto de esta responsabilidad; llevad a cabo el servicio que os salvará y exaltará a vosotros y vuestros seres queridos en el reino de Dios. Este no es un llamamiento ordinario para servir, ni tampoco una súplica frenética; es una amonestación solemne para que pongáis en orden vuestra vida personal; para que reguléis los asuntos de vuestra familia; para que os esforcéis para servir a vuestro prójimo y bendigáis las vidas de otros mediante este divino poder.

Esta Iglesia, aun con su dirección inspirada, está luchando contra el adversario; la lucha en la que estamos participando no es un día distante en el futuro, ¡es ahora! Si no vemos esto claramente, es porque no entendemos las señales que provienen de nuestros hermanos en la actualidad.

Después de escuchar la conferencia por tres días, el mensaje ha sido claro; de levantaros, asumir vuestra responsabilidad en el sacerdocio y llevar a cabo la obra del Señor. Esta no ha sido una conferencia común; ni tampoco ha sido «la mejor conferencia de todas.» Hemos escuchado un claro llamado al arrepentimiento, para empezar ahora a magnificar este grandioso poder que se encuentra en esta Iglesia.

Oh, mis hermanos, os amonesto para que os levantéis; quitaos las cadenas de la indolencia y la pereza y seguid adelante. En las alentadoras palabras del profeta José: «Hermanos, ¿no hemos de seguir adelante en una causa tan grande? Avanzad, en vez de retroceder. ¡Valor, hermanos; marchad a la victoria! . . .» (D. y C. 128:22).

Quiero testificar que Jesús es el Cristo; testifico que Él es el gran Sumo Sacerdote para siempre. Testifico que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo le aparecieron al profeta José Smith y restablecieron de nuevo en esta época la Iglesia de Jesucristo, invistiéndolo con el poder de Dios.

Testifico que estos hombres poseen las llaves del Santo Sacerdocio, que hay poder e inspiración en lo que éstos hermanos dicen. No hay en el mundo ningún otro grupo de hombres como ellos. No han llegado a los puestos que ahora ocupan por medio de un partido político, ni tampoco han ganado un concurso de popularidad; han sido llamados por profecía y por la imposición de manos. Las cosas marcharán bien para nosotros y nuestros familiares según la forma en que escuchemos y sigamos su consejo inspirado. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s