El Antiguo Testamento habla hoy en día
Profesor de escritura antigua de la Universidad de Brigham Young
Liahona Mayo 1973
Durante siglos algunos eruditos han considerado el Antiguo Testamento como una escritura arcaica y precristiana (y por lo tanto inferior). Mas con el descubrimiento y la traducción de los papiros del Mar Muerto, varios eruditos modernos se han conmovido en la creencia de que el cristianismo puede realmente haberse originado durante el período del Antiguo Testamento.
Los papiros se refieren a conceptos, doctrinas y prácticas que se habían considerado inexistentes antes del ministerio de Cristo. En efecto, a medida que se ha ido descifrando la historia de los papiros, algunas de las autoridades en la materia han ido comprendiendo gradualmente que después de todo Jesucristo no inició el cristianismo. El simplemente restauró la rica cultura religiosa que Dios había compartido con la humanidad desde los primeros tiempos, lo cual establece una perspectiva diferente en el estudio del Antiguo Testamento.
Sin embargo, nada de esto ha llegado de sorpresa a los Santos de los Últimos Días, pues éstos ya saben que el evangelio de Jesucristo le fue enseñado a Adán. (Moisés 6:51- 68.) Saben que a él se le habló de la misión del Salvador, de la doctrina del arrepentimiento, la necesidad del bautismo por inmersión y el otorgamiento del Espíritu Santo. Además, la revelación moderna expone que Adán fue ordenado en el Santo Sacerdocio (D. y C. 84:16- 17), que recibió la investidura (Moisés 5:59), y que se le indicó que registrara toda la historia del evangelio en un idioma perfecto (Moisés 6:5-6).
A causa de esta grandiosa dispensación de conocimiento divino Adán pudo enseñar a sus descendientes todo el evangelio de Jesucristo. Enoc hizo lo mismo con su pueblo, como asimismo Noé, Abraham y Moisés. De hecho, una escritura moderna revela que los profetas del Antiguo Testamento dieron testimonio de Jesucristo (Jacob 7:11). Esto es precisamente lo que dijo Eusebio que había sucedido. Este hombre, que vivió aproximadamente entre los años 260 y 340 D.C., fue el primer gran historiador eclesiástico cristiano, y afirmaba que el cristianismo era la religión más antigua del mundo:
«Nuestra vida y nuestra conducta, con nuestras doctrinas de religión, no han sido inventadas últimamente por nosotros, sino que han sido establecidas desde el principio de la creación del hombre, por así decirlo, mediante el entendimiento natural de los hombres divinamente favorecidos de antaño. . . ¿Qué ha de evitar entonces la confesión de que nosotros, los que somos de Cristo, practiquemos uno y el mismo modo de vida y tengamos una y la misma religión que aquellos hombres divinamente favorecidos de antaño? De ahí que es evidente que la religión perfecta que ha llegado hasta nosotros mediante la enseñanza de Cristo no es nueva ni extraña, sino, que si ha de decirse la verdad, es la primera y la verdadera religión» (Eusebio, Church History 4:4, 15).
En el momento en que el Antiguo Testamento empezó a ser reconocido como parte significativa de la historia del evangelio, también comenzó a aumentar su prestigio. Sin embargo, los entendidos no pueden evitar preguntarse cómo pudo haber llegado a perderse tan gran parte de la historia, especialmente las profecías y las enseñanzas concernientes a la misión terrenal y el mensaje de Jesucristo. No es extraño que sea sorpresa el hecho de que los papiros del Mar Muerto parezcan revelar que hubo un «cristianismo» precristiano.,
Por cierto, es importante recordar cuan espantosas deben de haber soñado en los oídos de los antiguos escribas judíos las profecías concernientes a la primera venida de Cristo. Estas profecías decían que el gran Mesías vendría entre -los hombres y que su propio pueblo lo mataría. Tal posibilidad parece haber sido tan extremadamente detestable al parecer de los venerables escribas que vivieron durante el período judaico de decadencia nacional, que empezaron a borrar estos pasajes de las escrituras. Pero por lo menos, un Profeta, Nefi, sabía con anticipación que este sucedería’ (1 Nefi 13: 28-29).
Afortunadamente, pasaron por alto el grandioso capítulo mesiánico de Isaías, el capítulo 53, pero fue suprimido casi todo lo demás concerniente a la primera venida de Cristo. En ocasiones, se eliminaron libros completos, incluyendo los inapreciables textos mesiánicos de Zenós, Zenoc y Neum (1 Nefi 19:10).
Mas la restauración del evangelio ha cambiado todo esto. Segmentos enteros de la historia y la doctrina del Antiguo Testamento han emergido en vasta efusión de revelaciones del Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios, La Perla de Gran Precio y la Versión Inspirada de la Biblia.
Estas notables escrituras proporcionan contribuciones que superan lejos el valor de aquellas de todas las demás fuentes. No sólo establecen con dramática determinación la antigüedad del evangelio de Jesucristo, sino que aclaran el hecho de que todo el Antiguo Testamento fue originalmente la historia del repetido surgimiento y caída del cristianismo en los tiempos antiguos.
También revela que el Señor se propone que el Antiguo Testamento sea de gran valor para el hombre moderno. El texto entero se relaciona con los problemas de nuestros tiempos, con excepción de la pequeña porción que se refiere a la ley de los mandamientos carnales que fue cumplida y quedó en el pasado, mediante la misión terrenal del Salvador.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación del Antiguo Testamento es descubrir cuánto dijeron acerca de nuestra época los antiguos siervos de Dios. Ninguno de ellos registró más detalles concerniente a los últimos días que Isaías. Los Santos de los Últimos Días comprenden claramente que él sabía en cuanto a América, en cuanto a los indios americanos y a la aparición del Libro de Mormón; sabía de José Smith 2500 años antes de que éste naciera; conocía las palabras que se pronunciarían durante la Primera Visión en la arboleda sagrada en Palmyra, Nueva York. Isaías conocía el papel que desempeñaría Martín Harris en los primeros días de la Iglesia, como también estaba al tanto del papel de un cierto hombre «entendido», el cual resultó ser el profesor Charles Anthon, uno de los principales eruditos de los Estados Unidos a mediados del siglo diecinueve. Isaías estaba enterado de lo que diría el profesor Anthon cuando Martín Harris le hablara en cuanto a las planchas del Libro de Mormón (Isaías 29).
Ahora se sabe que José, el que fue vendido en Egipto, tuvo muchas revelaciones concernientes a los tiempos modernos, semejantes a las de Isaías. Él sabía que José Smith sería uno de sus descendientes, que su nombre sería José y que éste sería también el nombre de su padre; sabía que el moderno José daría principio a la gran última congregación de Israel, que sacaría a luz el Libro de Mormón, que lo uniría con la Biblia y que haría con ambos libros un cuerpo de escritura; sabía que el joven Profeta comenzaría su obra en absoluta debilidad pero que finalmente llegaría a ser un magnífico y poderoso director como Moisés {2 Nefi 3:7, 11-21).
Estos escritos del antiguo patriarca José impresionaron en tal forma a Moisés, que los incluyó en el quincuagésimo capítulo del Génesis; desgraciadamente, un antiguo escriba los eliminó con osadía y tuvieron que ser restaurados en nuestros tiempos. (Véase la Versión inspirada de la Biblia, Génesis 50; 2 Nefi 3:5-24.)
Sin embargo, a pesar de las alteraciones del Génesis, los judíos ortodoxos han retenido una rica tradición en cuanto a un descendiente de José que vendría en los últimos días a preparar el camino para el gran Mesías. Pueden encontrarse referencias acerca de este moderno José, al cual los judíos llaman «messiah ben Joseph» (Ungido hijo de José), en el Talmud, el Midrash y el Targum judíos.
Estas tradiciones dicen que el siervo de Dios de los últimos días sería descendiente de José por medio de Efraín, que su misión comenzaría alrededor del mismo tiempo en que volviera Elías el Profeta (Malaquías 4:5-6) y que por último sería asesinado.
Todo esto está resumido con citas de las fuentes de información en un libro del extinto doctor Joseph Klausner de la Universidad Hebrea de Jerusalén. El libro del doctor Klausner, The Messianic Idea in Israel (New York: The Macmillan Co., 1955), consagra todo el noveno capítulo de la tercera parte a una discusión de la tradición del «Ungido hijo de José». Sin embargo, siempre asombró al doctor Klausner que esta tradición estuviese tan profundamente arraigada en el conocimiento judío aun cuando no hubiese referencia a ella en las escrituras judías. Si el doctor Klausner hubiese vivido un poco más, habría podido conocer a los eruditos mormones que están realizando una obra de investigación en la Tierra Santa; éstos hubiesen podido explicarle lo que era un misterio para él y compartido también con él las buenas nuevas de que esta gran esperanza de los judíos ya se ha verificado. El «Ungido hijo de José» ha venido y también ha venido ya Elías el Profeta.
La venida de José y de Elías el Profeta en los últimos días Liahona Mayo de 1973 habría de anunciar la alborada de una grandiosa nueva era para la tribu de Judá, y es interesante ver que esta profecía ya ha comenzado a cumplirse entre los judíos sin que ellos sepan siquiera que los dos precursores que esperaban ya han venido.
Los profetas del Antiguo Testamento dijeron que en los últimos días los judíos empezarían una vez más a regresar a su antigua tierra natal (Isaías 11:12, 61:4; Jeremías 3:18; 12:14 15; 30:3). Predijeron que sus tierras cambiarían, que después de ser áridas y estériles, llegarían a ser hermosas y fértiles, una tierra de abundancia (Isaías 35:1; 41:19-20; 55:13).
En el Antiguo Testamento hay una profecía de un nuevo Templo que será construido en Jerusalén de acuerdo con el diseño descrito en el libro de Ezequiel (Ezequiel 40:43). Los judíos modernos también deben escoger de entre ellos a los hijos de Leví (identificados como cohens en los tiempos antiguos) y los harán ofrecer los antiguos sacrificios como una «ofrenda en justicia» que será grata ante Dios (Ezequiel 43: 18-27; 44:9-27; Malaquías 3:3).
Además, las escrituras advierten que esta obra es tan importante que cualesquiera sean, judíos o gentiles, que luchen contra Sión y traten de frustrar los propósitos de Dios, serán destruidos (2 Nefi 10:16). Es el propósito de Dios que los judíos justos, los árabes justos, los gentiles justos, y todos los demás que escuchen su voz, trabajen juntos por la paz y la prosperidad universales, preparatorias para la introducción del milenio.
Sin embargo, antes del milenio, aguarda a los judíos una temible experiencia, la que los profetas llamaron el Armagedón. Será un tiempo de gran sufrimiento, lo que Isaías llamó «el cáliz de aturdimiento» (Isaías 51:17). Una inmensa coalición de naciones gentiles tratarán de conquistar a los judíos. Un capítulo entero de Ezequiel está dedicado a este asedio {Ezequiel 38), y en otras partes se nos dice que .éste durará tres años y medio.
Ningún director judío sabrá cómo salvar al pueblo de esta dificultad, mas el Señor levantará dos poderosos profetas que usarán el poder del sacerdocio para detener las huestes de los gentiles. No obstante, finalmente los gentiles penetrarán y matarán a estos dos profetas (Apocalipsis 11:2-7). La mitad de Jerusalén será saqueada; los cuerpos de los dos profetas yacerán en las calles durante tres días y medio y entonces serán arrebatados a los cielos a encontrar al Mesías al tiempo que El venga para librar a su pueblo.
Las escrituras dicen que el Salvador aparecerá en el Monte de los Olivos y que este monte que está al oriente de Jerusalén, se partirá en dos, abriéndose así un paso por el cual podrán huir los sobrevivientes de Jerusalén para salvarse (Zacarías 14:2-5; Apocalipsis 14:1). Al mismo tiempo, los ejércitos gentiles serán destruidos por el poder de Dios, quedando sólo una sexta parte (Ezequiel 39:1-8)
Entonces los judíos se reunirán alrededor de su Mesías en la más profunda adoración, mas se quedarán perplejos por las heridas de sus manos. Gradualmente empezarán a darse cuenta de que Él no es otro que Jesús de Nazaret, y grandes serán las lamentaciones del pueblo porque sus antecesores no lo reconocieron cuando vino a la tierra, haciéndolo crucificar.
Desde ese momento en adelante, tanto los judíos como los cristianos adorarán al mismo Mesías. Las naciones gentiles dirán a los judíos: «Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros» (Zacarías 8:22-23).
El Antiguo Testamento es un libro emocionante. Aquí hemos dado sólo algunos ejemplos de sus tesoros; existen en él otros temas profundos que se relacionan con los tiempos modernos, que se han examinado recientemente y que son igualmente interesantes. Uno de ellos es la descripción de un tipo especial de civilización que es potencialmente capaz de eliminar el crimen, la esclavitud, las prisiones, la guerra, la pobreza, la injusticia, la intemperancia y la inmoralidad. Las leyes y los principios de tal civilización fueron revelados por Dios y de hecho, demostradas en ocasiones durante el período del gobierno ideal del sacerdocio que ofrece el modo más eficaz y económico de gobernar grandes poblaciones sin sacrificar el control local ni la iniciativa privada.
No hay casi problema alguno de las relaciones sociales de la actualidad que no se encuentre en el Antiguo Testamento; por esta razón lo consideramos un libro moderno designado para el hombre moderno. El Antiguo Testamento nos habla en nuestros tiempos.


























Un hermoso artículo, que responde muchas de las inquietudes de la humanidad hoy en día. Resumen perfecto de los acontecimientos que precederán la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
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Excelente 👏 me encanta leer y escudriñar y estás publicaciones me ayudan muchísimo, mil gracias por su atención
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Asombro me da….
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