Obteniendo el éxito mayor

Obteniendo el éxito mayor

por el presidente David O. McKay
Liahona Enero 1969


En ese maravilloso sermón que contiene las Bienaventuranzas, el Salvador dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mateo 6:33) Algunos comentaristas aplican «estas cosas» a las virtudes mencionadas en los párrafos anteriores de ese capítulo, pero otros las aplican más sabiamente, así como todas sus palabras, a la vida universal del hombre.

Un consejo de Año Nuevo para la juventud

En este Año Nuevo, deseo aplicar a la vida de los hijos de Dios las palabras que el Salvador expresó durante su vida.

Jesús habló no sólo a las pocas personas que lo siguieron, sino a toda la humanidad. Por tanto, tomo esa amonestación que se aplica a los jóvenes de todo el mundo—buscar primero el reino de Dios y su justicia—dándoles seguridad mediante la fe, que todas las otras cosas que necesitan y les sean de ayuda les serán añadidas.

Con esta gran amonestación relaciono el dicho de Sir Humphrey Davy, quien en una ocasión escribió:

Si de todas las cosas pudiera escoger lo que al mismo tiempo fuera lo más deleitable y útil para mí, preferiría una firme creencia religiosa que cualquier otra bendición.

Me refiero a estas palabras por el uso de varios vocablos: «lo más deleitable» y «útil». Muchas personas en el mundo tratan de ser útiles en maneras que son contrarias a la búsqueda del reino de Dios. En otras palabras, la vida está dividida en dos grandes planes: el animal y el espiritual. Si abrís los ojos y miráis a vuestro alrededor, encontraréis que la mayoría de las personas buscan el deleite en el mundo animal en vez del espiritual. Con todo mi corazón, después de muchos años de experiencia digo a vosotros, jóvenes especialmente, que la utilidad, el placer, el gozo y la felicidad en esta vida se obtienen al seguir los consejos de Cristo de buscar primero su reino.

La fórmula para el éxito

Si pudiera expresar mi deseo más profundo para vosotros en este Año Nuevo, os diría, jóvenes, y toda la gente del mundo: «Si obtenéis el éxito más grande y la mejor paz interior, practicad en vuestros contactos diarios los ideales del Evangelio de Jesucristo.» No vacilo en hacer esa declaración sin modificación; sé que los resultados serán los que he indicado. Harán de nuestros jóvenes, hijos más obedientes, alumnos más despiertos, compañeros más deseables, amigos más leales, miembros de la sociedad más útiles, padres más dignos de futuras familias, que tendrán más éxito en cumplir con el propósito de su creación en la tierra. A vosotros estudiantes os digo: sed más proficientes en vuestras profesiones o vocaciones, sed más eficientes, más útiles a otros y más joviales. Cualquiera que sea vuestra profesión o vocación, proponeos sobresalir en ella.

Vivimos como pensamos

No obstante que exhorto a la excelencia por parte de los estudiantes, hay algo aún más alto que la excelencia en vuestras profesiones. El algo que hace al hombre; ese algo que hace a la mujer, hermosa; al hombre, servidor de la humanidad; a la mujer, amante y servicial hacia aquellos a quienes ama; la cosa que el hombre realmente cree, que realmente cree en su corazón, aquello que estima durante su vida, lo que lo guía en el salón de clase, en el salón de baile, en actividades sociales, en todas sus actividades: en el hogar, la Iglesia y sus negocios. Lo que verdaderamente piensa es la cosa que vive. Para cambiar a los hombres del mundo, debemos cambiar su manera de pensar. Los hombres no van más allá de sus ideales; a menudo no los logran, pero nunca van más allá después de haberlos logrado.

Pablo lo explica de otra manera:

. . . Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. (Gálatas 5:16,17)

Una declaración de gran significado. Y entonces Pablo enumera las obras de la carne. Estas se manifiestan en:

. . . adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

Envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5:19-21)

«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia. . .», y esto se hace animando, pensando y viviendo los frutos del Espíritu, los cuales son:

. . . Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

Mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. (Gálatas 5:22-25)

Una guía segura a través de la maleza

Hace tiempo leí un artículo en el que un guardabosque notó una cuerda atada a un árbol, la cual se introducía en el denso bosque. Se dispuso a seguir dicha cuerda hasta encontrar su propósito. A través de la maleza y ramas colgantes, se abrió paso lo mejor que pudo y finalmente llegó hasta donde estaba un cazador quien todavía sostenía en la mano un carrete de cuerda. Después de preguntarle para qué era, el cazador respondió: «He oído de*hombres que se han perdido en estos bosques, y pensé que en caso de que perdiera mi sentido de orientación, podría volver a encontrar el camino.»

En cierto sentido, todos nos estamos introduciendo en el denso bosque de la humanidad. Algunos pierden el sentido de orientación; otros, sabiamente tienen un ancla la cual les permite encontrar el camino de regreso, aunque caminen errantes por el camino o se confundan en el laberinto de la asociación humana.

Esa ancla es el Evangelio de Jesucristo y sus ideales. La felicidad y seguridad, y el carácter que es superior al intelecto, son el resultado de aferrarse a esta ancla. Sed leales a los ideales espirituales de honestidad, virtud, castidad—el ancla de vuestra vida—trayendo felicidad y paz a vuestras almas porque seguís esos ideales en la vida diaria. Sé que seréis más felices al hacerlo; no es una creencia; no es una admonición. Todo gozo y felicidad pueden ser vuestros si seguís los ideales que el Salvador puso.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33)

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