Los obispos y el Sacerdocio Aarónico

Los obispos y el Sacerdocio Aarónico


Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Obispo H. David Burton
Obispo Presidente
Capacitación de Líderes – El Obispado y el Sacerdocio – 19 de Junio de 2004


Obispo Burton
Hola hermanos. Al élder Jeffrey R. Holland y a mí nos complace estar con ustedes. Soy el obispo H. David Burton, en Salt Lake City, y estoy agradecido por participar en esta transmisión con el élder Holland, que actualmente sirve en Santiago de Chile. Gracias a la tecnología de saté­lite, juntos los saludamos.

Élder Holland
Gracias, obispo Burton. ¡Saludos de Chile! Es un placer trabajar en equipo con usted. Hermanos, hoy día nos centraremos en los jóvenes en edad del Sacerdocio Aarónico y el sin­gular don divino del privilegio del sa­cerdocio. Como líderes debemos ha­cer cuanto podamos para aumentar lo que nuestros jóvenes entienden acerca del sacerdocio del Señor y de su testimonio del Salvador Jesucristo.

Obispo Burton
Nos enfocaremos en la relación que tienen los jóvenes en edad del Sacerdocio Aarónico con el presiden­te del Sacerdocio Aarónico en el barrio, o sea, el obispo. Además hablaremos del fortalecimiento de los quórumes, de llevar a cabo entrevistas, del desarrollo del testimonio y de ayu­dar a nuestros jóvenes a medida que ellos disfrutan y progresan en su mi­nisterio en el Sacerdocio Aarónico.

Helamán y sus Hombres Jóvenes

Obispo Burton
El Libro de Mormón relata el mara­villoso informe de mayordomía que dio Helamán, fiel y leal líder, a Moroni, su capitán, acerca de los 2060 jóvenes; imagínense aquel quó- rum de presbíteros, cuyas madres les habían enseñado a tener una total confianza en su Dios, al ser probados repetidamente con el desafío de de­fender su libertad.

Helamán, al describir a los jóvenes, informó: “Jamás había visto yo tan grande valor, no, ni aun entre todos los nefitas” (Alma 56:45). Después de una batalla, Helamán informó: “Conté a aquellos jóvenes que habían combatido conmigo, temiendo que muchos de ellos hubiesen perdido la vida. Pero he aquí, para mi mayor ale­gría hallé que ni una sola alma había caído a tierra; sí, y habían combatido como con la fuerza de Dios” (Alma 56:55-56).

Al terminar su informe sobre los tres años que pasó con esos fieles jó­venes, Helamán dijo: “Y estos hijos… de Ammón, de quienes he hablado tan favorablemente, están conmigo… y el Señor los ha sostenido, sí, y los ha librado de caer por la espada, a tal grado que ni uno solo de ellos ha muerto… han recibido muchas heri­das; no obstante, permanecen fir­mes… y son diligentes en acordarse del Señor su Dios de día en día… se esfuerzan por obedecer sus estatutos y sus juicios y sus mandamientos con­tinuamente…” (Alma 58:39-40).

Hermanos, esas palabras del libro de Alma dan aliento y nos hacen pensar. Helamán marchó a la batalla repetidas veces en momentos de de­sesperación con un grupo de jóvenes prometedores. Ellos a menudo eran tentados y sabemos que su fe en Dios era probada en forma continua. Sus victorias, aun ante desafíos casi impo­sibles de ganar, fueron grandes.

Helamán cuenta: “Son jóvenes, y sus mentes son firmes, y ponen su confianza en Dios continuamente” (Alma 57:27).

En la actualidad, cada obispo de esta Iglesia es un Helamán. Cada uno de ustedes es llamado para liderar y presidir el Sacerdocio Aarónico, el cual está compuesto de grandes jóve­nes con la misma promesa de aque­llos jóvenes del tiempo de Helamán. Ninguno de los jóvenes guerreros de Helamán se perdió, pero no olvide­mos, el enemigo es hábil, su objetivo es engañar a nuestros jóvenes y es in­sidioso en sus métodos para alejarlos de la verdad. La nuestra, en verdad, es una asignación muy seria.

La clave para el futuro

Obispo Burton
Élder Holland, ¿qué ha visto usted en Chile acerca de la preparación de nuestros jóvenes para las responsabi­lidades del Sacerdocio Aarónico?

Élder Holland
Obispo, lo que he aprendido acer­ca del Sacerdocio Aarónico en Chile es exactamente igual a lo que he sabi­do en mi corazón durante años, que el Sacerdocio Aarónico, estos jóvenes a quienes se les confiere tan extraor­dinaria autoridad a una edad tan jo­ven, son la clave de nuestro futuro.

En Chile todavía somos una Iglesia joven, al igual que en muchas partes del mundo. Los primeros misioneros llegaron a Chile hace menos de 50 años y todavía estamos poniendo los cimientos debajo de nosotros.

Y en la Iglesia, tal cimiento siempre debe ser el cimiento del sacerdocio.

Mis consejeros y yo hemos inverti­do mucho tiempo en estos meses que han transcurrido fortaleciendo la base del sacerdocio. Pero es intere­sante que ¡eso es lo que el Señor siempre está haciendo por medio del Sacerdocio Aarónico!

Es por una buena razón que las Escrituras lo denominan el sacerdocio preparatorio, porque en verdad eso es lo que es. Alguien una vez dijo que debemos pasar más tiempo pensando en el futuro porque todos vamos a pasar mucho tiempo allí. Los que nos hemos reunido en esta sesión de ca­pacitación de líderes podemos aplicar ese consejo al pensar acerca del futu­ro de nuestros jóvenes del Sacerdocio Aarónico porque ellos van a dirigir la Iglesia en los años venideros.

Por supuesto que trabajar con ellos mientras son jóvenes ayuda a evitar otros desafíos posteriores. Hace po­co, en una capacitación con las Autoridades Generales, el presidente

Thomas S. Monson brindó un ejem­plo cómico pero que hace pensar acerca de una prueba de la inteligen­cia primitiva. Dijo que una manera de ver cuán buena es nuestro modo de pensar es darle a un hombre la tarea de desaguar una laguna y, después, observar lo que hace primero. Si em­pieza con fuerza, desesperadamente tratando de sacar el agua de la laguna no es tan sabio como el hombre que primero detiene la corriente de agua que fluye a la laguna.

Los que se sientan abrumados con la envergadura de la tarea de desaguar la laguna, piensen en algo más conoci­do y ¡consideren una bañera con agua que se desborda! Aunque es urgente sacar el agua del suelo, ¡es más urgen­te primero cerrar las llaves antes de decidir qué hacer con el agua en la que están parados! Prácticamente ca­da líder que asiste hoy día sabe que la creciente laguna de futuros élderes entre los hombres adultos de la Iglesia, aquellos que no han sido orde­nados y de otro modo menos activos, es uno de los desafíos más serios que tenemos. Lo más importante que po­demos hacer para disminuir el núme­ro de hombres adultos menos activos es asegurarnos de que a los jóvenes los mantengamos activos y los ordene­mos a tiempo.

Lamentablemente, el gran arroyo de jóvenes menos activos o sin orde­nar que viene del Sacerdocio de Aarón es, lejos, la fuente más grande de candidatos a hombres menos activos o sin ordenar del Sacerdocio de Melquisedec.

Hermanos, crean lo que les digo. Aunque sea muy difícil activar o man­tener activo a un joven a los 13 años, ¡es más difícil encontrarlo y activarlo otra vez a los 30! Sí, en todo aspecto, estos jóvenes, simples muchachos tal como lo fuimos nosotros, son la clave del futuro. Debemos darles nuestra dedicación completa ahora, trayendo bendiciones ahora y bendiciones para cada uno en las generaciones futuras.

Es en la experiencia del Sacerdocio Aarónico donde esos hombres jóvenes primero aprenden lo que es un quórum y lo que signifi­cará dicha unidad de hermandad pa­ra ellos el resto de su vida. Por esa razón, debemos crecer lo suficiente en las áreas en desarrollo de la Iglesia para que haya suficientes diáconos para que estén con los diáconos, sufi­cientes maestros para que estén con los maestros y suficientes presbíteros para que estén con los presbíteros. Por cierto, hasta ese momento, a me­nudo el Sacerdocio Aarónico debe reunirse junto, pero tan rápido como sea posible, debemos establecer los grupos apropiados por edades para estos muchachos y establecer así el sentido de quórum.

Obispos, nuestros jóvenes que son llamados a presidir quórumes necesi­tan saber lo que significa presidir y lo que es una presidencia. Usted, con sus consejeros, enseñe a las presiden­cias de los quórumes de diáconos y maestros cómo liderar y usted, junto con sus ayudantes, lideren con el ejemplo en el quórum de presbíteros. No hay mejor manera de que ellos aprendan y apliquen estos principios y habilidades que van a necesitar toda su vida en el servicio a la Iglesia.

Utilicen sus reuniones de obispado como modelo para enseñar a las presi­dencias de los quórumes del Sacerdocio Aarónico a comportarse y cómo cumplir los deberes de su ofi­cio. Muéstrenles lo que ustedes ha­cen; enséñenles a confiar en el Señor, a saber sus responsabilidades y a aconsejarse mutuamente. Cuando se le enseña a la presidencia, ésta se pue­de unir al obispado para enseñar en sus respectivos quórumes las sagradas responsabilidades que todos tienen.

Obispo Burton, cuando veo a es­tos hombres jóvenes, no los veo co­mo son, los veo tal como ellos y la Iglesia en Chile tienen que ser dentro de 10, 15, 20 años. Debemos invertir de nuestra parte en su capacitación y en su desarrollo espiritual.

Centrados en la rectitud

Élder Holland
¿De qué otras maneras nuestros obispos pueden proporcionar ayuda a nuestros hombres jóvenes en el Sacerdocio Aarónico?

Obispo Burton
Pedí a algunos obispos que escri­bieran algunas de sus preguntas y me gustaría leer algunas de ellas.

Buena pregunta: “¿Cómo mante­nemos a nuestros jóvenes enfocados en la vida recta cuando las influencias negativas del mundo nos invaden?”. Élder Holland, ¿le importaría si yo respondo esa pregunta?

Es muy importante para la vida de los jóvenes que nos enfoquemos en la rectitud. El enfoque espiritual se amplía cuando nos concentramos en el logro de metas eternas. Esta declaración implica que se enseñen y se entiendan las doctrinas y, al mismo tiempo, que se agregue el compromiso hacia el logro. Todos sabemos que la doctrina cambia o refuerza la conducta.

Por lo tanto, al enseñar la doctrina y testificar de ella, alentamos el logro de metas tales como las que están en Mi Deber a Dios, de los Hombres Jóvenes y en el programa de Progreso Personal de las Mujeres Jóvenes, ayu­damos a mantener el enfoque en lo espiritual y no en lo mundano.

Cómo edificar el testimonio

Obispo Burton
Élder Holland, un número de obis­pos ha preguntado cómo ayudar a los jóvenes a obtener un testimonio del Evangelio de Jesucristo. ¿Qué consejo les daría?

Élder Holland
¡Esos obispos, quienes quiera que sean, han dado en el meollo del asun­to! Todo lo que hemos hablado y todo lo que hacemos con los jóvenes del Sacerdocio Aarónico debe centrarse en el fortalecimiento de sus testimo­nios, su convicción de que en verdad Dios vive y que los ama mucho.

Ellos necesitan tener un testimo­nio más firme de Jesucristo que el que muchos de ellos tienen, de que Él es el Hijo literal de Dios que nació aquí en la tierra, que en verdad anduvo y habló en la Tierra Santa, que Él es el Salvador del mundo y que Su Expiación fue una ofrenda personal por el perdón y la salvación de cada uno de nosotros.

Tienen que tener un testimonio de que el Padre y el Hijo aparecieron a José Smith y de que José Smith, apenas de la misma edad que los que tenemos en nuestros quórumes de maestros de la actualidad, fue llama­do para ser un verdadero profeta de Dios, un instrumento para sacar a luz el Libro de Mormón, para restaurar el sacerdocio, edificar templos y bende­cir al mundo con tantas otras verda­des reveladas.

En nuestro mundo moderno, es­pero que la mayoría de nuestros jóve­nes haya podido ver al presidente Hinckley por satélite, que hayan leído sus discursos en las revistas de la Iglesia y que ya tengan su testimonio personal de que él es un profeta de Dios en todo aspecto. Testifico que lo es. Esos hombres jóvenes, y las muje­res jóvenes también, deben tener su testimonio formado en su adolescen­cia. Una manera poderosa de ayudar­les es que ustedes les testifiquen, con humildad, honradez y con frecuencia.

En el transcurso de los años su­pongo que he hablado con miles de jóvenes del Sacerdocio Aarónico al avanzar en los quórumes o poco des­pués de haber sido ordenados al sa­cerdocio mayor y servir en el campo misional. Lo que recuerdan estos cientos y miles de jóvenes de las acti­vidades del Sacerdocio Aarónico, de la Mutual o de Seminarios es una ex­periencia espiritual. Rápidamente cuentan una experiencia espiritual con un líder o en una reunión de tes­timonios o en las Escrituras y, muy a menudo, una experiencia de su juven­tud en la que utilizaron su sacerdocio.

Obispos: les pido que hagan todo lo que puedan para crear o brindar las circunstancias para que haya una ex­periencia espiritual en la vida de los jóvenes del Sacerdocio Aarónico y de las mujeres jóvenes de la Iglesia tam­bién. Nada de lo que hagamos para ellos tendrá tanta importancia como aquello y les prometo que eso será lo que recordarán y atesorarán más.

Cómo ganar la confianza

Obispo Burton
Otro obispo pregunta: “¿Cómo logramos la confianza de nuestros jóvenes y les enseñamos a confiar en el Señor y en Sus sendas?”.

En verdad, los jóvenes guerreros de Helamán mostraron una gran con­fianza en Dios, la cual fue tomada en cuenta y recompensada. Aunque no se menciona directamente en las Escrituras, es muy evidente que en forma igual ellos confiaron en su líder. Pienso en diversas razones por las que yo hubiera confiado en Helamán si hubiera tenido la oportunidad de ser uno de sus guerreros. Primero, fue su férrea fortaleza espiri­tual; no dudó y no les hubiera permi­tido dudar; él se preocupaba profundamente por cada joven y es­toy seguro de que ellos sintieron su amor y preocupación. Segundo, él no les envió solos a la tarea, él fue con ellos, los guió en cada paso, fue un ejemplo en palabra y en obra.

Cuando tuve la gran bendición de servir como obispo, mi experiencia fue que me gané la confianza al inver­tir tiempo con los jóvenes participan­do en sus actividades, asegurándome de que experimentaran el regocijo de sentir el Espíritu y expresando amor aunque algunas de las cosas que hi­cieron no lo merecían.

Una responsabilidad clave

Obispo Burton
Veamos otra pregunta.”¿En calidad de obispos, cómo podemos ser más eficaces al trabajar con los jóvenes?” Élder Holland, ¿por qué no responde usted esta pregunta?

Élder Holland
Obispos, ustedes son los maestros y entrenadores del Señor para los muchachos del Sacerdocio Aarónico. Ustedes saben y nosotros sabemos que hay muchas cosas que tienen que hacer, pero repasen la capacita­ción que dio el élder Robert D. Hales, apenas hace un año y tengan en cuenta todo lo que él dijo que se podía delegar y, ¡deléguenlo!

Sin embargo, no pueden delegar el presidir el Sacerdocio Aarónico, porque es una de las responsabilida­des clave inherentes al obispo, ya que ese sagrado oficio pertenece al Sacerdocio Aarónico.

Por lo tanto, en esta Iglesia, un obispo que no es fiel al oficio del Sacerdocio Aarónico que posee no es leal a su ordenación. No lo digo para que nadie se sienta culpable, sino sencillamente para recalcar la suma importancia del obispo en el Sacerdocio Aarónico.

Entrevistas eficaces

Obispo Burton
Algunos obispos han preguntado acerca de las entrevistas de dignidad. Anticipándonos a esta pregunta y con la ayuda del élder Holland en Chile, hemos preparado una dramatización que se enfoca en las entrevistas de dignidad.

Dramatización

Presidente de estaca
Obispo, estoy asombrado con los jóvenes que han venido a verme para las entrevistas misionales. Hábleme un poco sobre su modo de entrevis­tar porque usted está obteniendo buenos resultados.

Obispo
Presidente, trato de conocer bien a cada joven desarrollando con ellos una relación fuera del ambiente de la Iglesia para que se sienten cómodos hablando conmigo. Les hago pregun­tas abiertas que tengan que respon­der con algo más que un sí o un no.

Obispo
José, ¿cómo estás?

José
Muy bien, ¿y usted?

Obispo
Bien, gracias. Gracias por venir a esta entrevista José.

José
Gracias a usted por recibirme. Me siento muy a gusto aquí.

Obispo
Para mí siempre es un placer ha­blar contigo. He escuchado que eres muy brillante en las matemáticas.

José
Bueno, me gustan mucho y creo que estudiaré algo relacionado con las matemáticas en el futuro.

Obispo
¡Qué bien! Te animo a que logres tu meta.

José
Gracias.

Obispo
Quiero hacerte una pregunta. ¿Cuáles son los desafíos, las preocu­paciones que tienes en la actualidad?

José
Bueno, con mis amigos, cuando salimos con jovencitas…

Obispo
Presidente, me he dado cuenta de que si logro que ellos hablen, el Espíritu me guiará para saber la direc­ción que necesitamos seguir en la en­trevista.

José
También, hay cosas que creo que no puedo conversar con mis padres.

Obispo
¿Acerca de qué, por ejemplo?

José
Bueno, usted sabe, las cosas de las jovencitas…

Obispo
Les pregunto qué piensan que de­be ser la norma para los hombres jó­venes y escucho lo que tienen que decir.

Obispo
¿Cómo han estado las cosas por casa José?

José
Bien, muy bien. Mi hermano y yo hemos mejorado mucho nuestra rela­ción y ahora compartimos mucho más, y somos como amigos.

Obispo
¿Qué ha hecho la diferencia?

José
Pienso que desde la última vez que conversamos, las cosas cambia­ron. He tratado de mejorar en las co­sas que usted y yo acordamos.

Obispo
¿Han tenido conversaciones fran­cas con tu hermano?

José
Sí, bastantes y hemos llegado a te­ner una relación mucho más cercana.

Obispo
También me gusta comenzar con una oración, y después le pregunto sobre sus oraciones si ha recibido respuestas del Señor, qué piensa él de las respuestas y le aconsejo que lea las Escrituras para aprender a sen­tir el Espíritu de la palabra de Dios.

Análisis

Obispo Burton
Esta breve dramatización nos ha enseñado varios principios importan­tes. Primero, nos recordó el gobierno y las responsabilidades del sacerdocio. Ustedes recuerdan que en la primera escena había un presidente de estaca conversando con un obispo. El presi­dente de estaca empezó con una pala­bra de encomio que llevó hacia una pregunta acerca el desempeño.

Los presidentes de estaca tienen la responsabilidad de enseñar y capaci­tar. En esta dramatización, el presi­dente de estaca capacita al presidente del Sacerdocio Aarónico de uno de sus barrios. A su vez, el presidente del quórum de presbíteros tiene una entrevista regular con uno de los in­tegrantes de su quórum. Ése es el or­den del sacerdocio; las llaves de éste se usan para bendecir vidas.

Élder Holland
Obispo, lo que me impresionó fue cuán sinceramente el presidente de estaca y el obispo trataron de determinar lo que da resultados, lo que tiene efecto en los jóvenes, cuáles son las preocupaciones reales en su vida.

El presidente de estaca halagó enormemente al obispo cuando le di­jo: “Cuénteme lo que está haciendo; cuénteme la forma en que obtiene este éxito”. Es un presidente de esta­ca deseoso de aprender y, sin duda, compartirá su experiencia con aque­llos que tengan la misma responsabi­lidad de entrevistar en la estaca.

Y el obispo se refirió directamente a la vida real de José e hizo que fuese fácil para que José hablara de su ho­gar, de los estudios y de las chicas. Cuando fui obispo y aún ahora, temo que hablo mucho y que trato de responder mucho. Yo hubiera sido más eficaz en las entrevistas si hubiese escuchado, en total silencio, si hubiese sido necesario, para dar a entender que queremos escuchar a los muchachos y no escucharnos a nosotros mismos.

Obispo Burton
Élder Holland, ¿se dio cuenta de que ninguna de las observaciones o preguntas se podía responder en for­ma breve? Las entrevistas eficaces no son monólogos sino intercambios de ideas, una expresión de sentimientos o respuestas a preguntas cuidadosa­mente formuladas. También me gusta la idea del obispo de que a medida que la conversación progresa él se apoya en el Espíritu para que le indi­que el rumbo que la conversación debe seguir.

La salvación de las almas

Obispo Burton
Hermanos, nuestra misión colecti­va es ayudar en el proceso de salvar almas. Nuestro Padre Celestial dijo: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortali­dad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Nuestros obispos tie­nen una función especial en este proceso porque presiden el Sacerdocio Aarónico y tienen las lla­ves del sacerdocio para desatar y de­rramar bendiciones en beneficio de los poseedores de este sacerdocio preparatorio. Esa divina función la debe realizar el obispo; es una responsabilidad que no puede delegar a nadie más.

Nuestros jóvenes deben ser fuer­tes para resistir la miríada de males terribles que plagan nuestro mundo. Nunca antes en la historia de la hu­manidad habíamos estado sujetos a tal constante bombardeo de prácticas pecaminosas de tan diversas fuentes. A los poseedores del Sacerdocio Aarónico se les ha extendido, por or­denación, el escudo de la ministración de ángeles para ayudarles a resistir los bofetones de Satanás.

Obispos, debido a su asignación, ustedes están en una posición espe­cial para ayudar a estos valiosos jóve­nes a mantener sus defensas colocadas de tal manera que sean fuertes. Ustedes les pueden ayudar a recibir el alimento espiritual que re­quieren para que no se debiliten en la constante batalla contra la tentación.

Una de las maneras en que eso se puede lograr es ver que estos jóvenes guerreros estén expuestos a diversas experiencias espirituales durante sus actividades en el Sacerdocio Aarónico. Su fuerza espiritual se puede aumen­tar cuando participan en la prepara­ción y bendición de los emblemas de la Santa Cena, cuando bautizan, orde­nan, son maestros orientadores, parti­cipan en bautismos por los muertos, cuidan uno del otro y extienden una mano de servicio.

Quizá lo más valioso que la Iglesia tiene son sus jóvenes. Ellos son una generación de gran promesa. Ellos tienen que realizar una misión majes­tuosa. En forma desesperada, ellos necesitan el liderazgo de padres, y de obispos que en palabra y obra sean los presidentes de su sacerdocio. Ruego que les proporcionemos de tal lideraz­go. En el nombre de Jesucristo. Amén.

El poder y la autoridad de Dios

Obispo Burton
El mes pasado celebramos el ani­versario número 175 de la restaura­ción del Sacerdocio Aarónico. ¡Qué maravilloso fue el acontecimiento de la restauración! Después de siglos de ausencia, llegó el glorioso día cuando el poder y la autoridad del sacerdocio de Dios estaban una vez más en la tierra. Muchos jóvenes, cuando estu­vieron en el Sacerdocio Aarónico, memorizaron la sección 13 de Doctrina y Convenios que registra las palabras de Juan, el mismo que se conoce como Juan el Bautista en el Nuevo Testamento, cuando restauró esta divina autoridad.

Juan impuso las manos sobre José y Oliver y dijo: “Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepenti­miento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud” (D. y C. 13:1). Junto con la restauración de este sacerdocio vie­ne una responsabilidad significativa.

Élder Holland, ¿le gustaría termi­nar nuestros comentarios con su tes­timonio por favor?

Élder Holland
Ha sido un placer estar con uste­des en esta ocasión junto con el obis­po Burton. Sigan su ejemplo en la forma en que ustedes ministren. Es un obispo maravilloso.

Hermanos, estoy muy agradecido por el amor que Dios me ha demos­trado en mi vida. Tuve padres maravi­llosos que me amaron y se preocuparon de que asistiera a la Iglesia. No hay bendición más grande para los jóvenes que ser amados e instruidos en el hogar.

Ayudándome a mí y a mi familia estuvieron obispos y obispados, ase­sores de quórumes y líderes de escultismo, maestros de la Escuela Dominical y de seminario que estu­vieron siempre de centinelas y me ayudaron a ganar un testimonio, a ser fiel, y a crecer en el sacerdocio. Pero en toda la ayuda que coseché de es­tas y de otras personas, nada me ayu­dó más a ayudarme a mí mismo que el que se me confiriera el Sacerdocio Aarónico y el haber sido ordenado diácono a la edad de 12 años.

Qué cosa tan notable es que tal poder y autoridad se confiera a mu­chachos que técnicamente todavía no son adolescentes, por lo menos los menores. No hay nada semejante en todo el mundo, la urgente invitación a cada jovencito de dar un paso ade­lante y por medio de su juvenil fideli­dad poseer las “llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arre­pentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de peca­dos”. Me emociona tan sólo decírselo otra vez hoy mismo.

Las experiencias espirituales y la santa afirmación que he tenido respec­to al Salvador y a Su divinidad surgie­ron en mí por primera vez cuando era joven. Desde entonces, he continuado teniendo experiencias especiales y he sentido una y otra vez el susurro innegable del Espíritu testificándome que Jesús es el Cristo, el Hijo viviente del Dios viviente. El Padre y el Hijo en ver­dad viven y sé que nos aman. La luz en la que camino es la luz de Ellos, la luz de los cielos. Que ayudemos a lograr esa misma convicción en los jóvenes del Sacerdocio Aarónico en esta gran causa de Cristo, ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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