Perfección Mediante Obediencia

Perfección Mediante Obediencia

por el élder George Q. Morris
Ayudante del Concilio de los Doce,
Discurso dado el 6 de abril de 1953
en la Conferencia General de la Iglesia 


Mis queridos hermanos y hermanas: Me regocijo por estar aquí con ustedes esta mañana. He tenido mucho interés en las referencias del hermano Kimball acerca del pueblo lamanita, y recuerdo una escena hermosa en la frontera del Dominio del Canadá, un río sinuoso con un foro de bosques e inclinadas márgenes verdes, donde un indio de la tribu Mohawk, vestido de blanco, bautizó a su familia en la Iglesia de Jesucristo.

Sinceramente oro que el Señor me dirija a decir lo que Él quiere que diga. Me regocijo por este evangelio de Jesucristo. Es el poder de Dios para salvación, y lo que el evangelio hace por los lamanitas, hace por todos los que lo aceptan.

Hay una declaración en las escrituras, hecha por el apóstol Pablo, que ha sido traducida así:

Por tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección. (Hebreos 6:1.)

No tengo tiempo para tratar de las varias versiones de este pasaje sino para decir, desde luego, que no quiere decir que podemos desechar ningún principio del evangelio de Jesucristo; no podemos, después de unirnos a la Iglesia, dejar y desechar los principios y ordenanzas que hallamos en nuestros artículos de fe, los “primeros principios”. La traducción de este pasaje por el profeta José en la versión inspirada es, “Por tanto, no dejando los principios de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección”. Yo creo que debemos reconocer más el hecho de que necesitamos los primeros principios del evangelio cada día de nuestra vida. Es por estos principios que vivimos.

Ellos son: fe en el Señor Jesucristo, arrepentimiento, bautismo por inmersión para la remisión de pecados, e imposición de manos para conferir el don del Espíritu Santo. Por estos dos principios, y por los principios comprendidos en estas dos ordenanzas, entramos en la Iglesia, y es mi opinión que por la operación de estos principios quedamos en la Iglesia, y crecemos en la Iglesia. Sin ellos, no podríamos quedar fieles, y con ellos, podemos avanzar a la salvación y perfección por el poder del Señor.

A veces se dice que es humanamente imposible guardar todos los mandamientos de Dios. El apóstol dijo que debemos ir adelante a la perfección, y el Señor dijo en su Sermón del Monte:

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:48.)

No nos es humanamente posible llegar a ser perfectos y guardar todos los mandamiento de Dios, pero no estamos hablando de una institución humana. Estamos hablando de lo que el apóstol Pablo dijo “es potencia de Dios para salud” (Romanos 1:16), y es por el poder de Dios que estas cosas se hacen, cuando nos ponemos en una posición para que estos principios influyan sobre nosotros.

Es el propósito del Señor devolvernos todos a su presencia, si guardamos sus mandamientos y entramos en convenio con él y andamos rectamente ante él y le servimos y guardamos sus mandamientos todos los días de nuestra vida. Ahora, estoy seguro de que cada persona aquí ahora necesita arrepentirse de algo, y necesitamos una remisión de nuestros pecados, lo que viene en virtud del hecho de que nos arrepentimos y que hemos sido bautizados en la Iglesia. Y’ sobre todo, necesitamos el Espíritu y poder de Dios. Cuantos más años llego a tener, tanto más estoy convencido de que la cosa principal que necesitamos, y el logro más alto en el mundo que podemos alcanzar, es ser guiados por el Espíritu de Dios. Podemos hacer eso por guardar sus mandamientos y en ninguna otra manera, que yo sepa. Eso el Señor lo ha bosquejado de una manera maravillosa en la sección noventa y tres de las Doctrinas y Convenios, refiriéndose a la operación de ese principio y estos principios del evangelio que nos han sido dados. Habla de la referencia en el libro de San Juan, al Señor Jesucristo como que había llegado a ser perfecto por recibir gracia por gracia y avanzar de gracia en gracia hasta que tuviera una plenitud. Eso se expone como el método, el progreso hacia la salvación y exaltación en la presencia de Dios, y está señalado como el método por el cual podemos nosotros progresar.

Obtendremos la ventaja de estos principios por tener fe. En nuestro primer principio, no es el principio abstracto de fe que aceptamos como el primer principio del evangelio, sino fe en el Señor Jesucristo. Y la única verdadera fe en él es una fe en él como el Hijo de Dios, el Redentor del mundo, que expió por nuestros pecados, quien abrió la tumba e instituyó la resurrección de los muertos. Él es la luz y la vida del mundo, el Señor omnipotente. Cuando tenemos verdadera fe en él, toda cosa necesaria es posible, y es por el poder de Dios, por esta fe, que somos perfeccionados y hechos propicios para regresar a la presencia de nuestro Dios. Necesitamos esa fe cada día en nuestra conducta personal, para sobrepujar nuestras faltas, para guardar los mandamientos, para recibir el perdón de nuestras transgresiones, para tener un aumento de la influencia del Espíritu Santo con que guiar y dirigirnos.

Cada principio requiere fe. Fui yo edificado mucho por la referencia del obispo Wirthlin a la ley de diezmos y la súplica que los pagáremos. Creo que es una buena ilustración de este principio de fe. Creo que cuando las personas dicen que no tienen bastante dinero para pagar diezmos, deben decir que no tienen bastante fe para pagarlos. Es mi convicción que pagamos los diezmos con fe y no con dinero, porque cuando un hombre tiene tanto dinero que tiene un diezmo grande, no puede pagar sus diezmos. Tiene demasiado dinero y no bastante fe para pagarlos, y siente que no puede. Conozco a un señor que debe de haber ganado veinticinco mil dólares o cincuenta mil dólares por año, quien mandó solamente trescientos dólares para que estuviera en la lista de los que pagan sus diezmos. Eso no fué pagar diezmos. No diré lo que era. Conozco a otro señor que estaba en aprietos financieros, perdiendo su casa, agobiado, pero siempre pagaba sus diezmos. En un sentido no tenía él bastante dinero para pagarlos. No tenía bastante para pagar sus deudas, sus obligaciones, pero tenía fe, y por fe pagaba sus diezmos y quedaba en paz con el Señor. Recomiendo a todos los miembros de la Iglesia que paguen diezmos, que paguen un diezmo honrado que no sean egoístas para con el Señor. Él nos da bendiciones hasta que sobreabundan. Seamos verídicos y fieles. Es una cosa interesante, este asunto de diezmos que el Señor ha instituido como su método de llevar a cabo su obra. Es por las bendiciones de él que tenemos nuestro dinero. Es un regalo de él. La cosa singular es que lo tiene arreglado de manera que tiene que dar $10,000 para recibir $1,000 por su trabajo. Eso puede parecer una manera curiosa de hacerlo, pero es Su método generoso, y la única manera en que el Señor puede obtener $ 1,000 contribuidos al adelantamiento de su obra bajo el sistema de los diezmos, es dar $ 10,000. Les preguntaré a ustedes, ¿a quién dará él los $ 10,000?; si será a quienes se quedarán con todo, o si será a quienes le devolverán los $ 1,000 que él requiere para su obra. Si pagamos un diezmo honrado a Dios, él nos bendecirá y nos prosperará y aumentará nuestra fe, y creo que el Señor tiene muchas cosas que hacer que sólo puede hacer mediante personas que tienen bastante fe para pagar un diezmo honrado.

Ahora, ¿cuál es el procedimiento? El Señor lo bosqueja maravillosamente en la sección noventa y tres de las Doctrinas y Convenios, como he dicho con referencia al Salvador, avanzando de gracia en gracia; él aplica el mismo principio a nosotros: “Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud, y seréis glorificados en mí, como yo lo soy en el Padre” (D. y C. 93:20). Esa es la palabra directa y clara del Señor Jesucristo a cada hombre en este mundo, si acepta el evangelio, y a nosotros que tenemos el evangelio. Se nos promete que seremos glorificados en él, como él lo es en el Padre. Otra vez, dice:

El Espíritu de verdad es de Dios. Yo soy el Espíritu de verdad, y Juan dio testimonio de mí, diciendo: El recibió la plenitud de la verdad, si, aun de toda la verdad;

Y ningún hombre recibe la plenitud, a no ser que guarde sus mandamientos.

El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas. (Ibid.. 93:26-28.)

Eso se nos dice a nosotros como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se aplica a todas las personas del mundo. El procedimiento es el mismo con nosotros como con el Señor. De gracia en gracia avanzamos hasta que somos glorificados en la verdad y sabemos todas las cosas. El Señor en esta sección (verso 36) dice que “la gloria de Dios es la inteligencia”, y eso es lo de que el Señor está hablando en lo que acabo de leer cuando él dijo que habríamos de recibir verdad y luz porque él define la inteligencia, que es la gloria de Dios, como verdad y luz. Doy gracias a Dios por esta definición de la inteligencia porque uno puede llegar a estar muy confuso acerca de la diferencia entre inteligencia y gran capacidad mental y otras cualidades raras que los hombres pueden tener. Satanás era el Hijo de la Mañana, evidentemente un espíritu poderoso en los concilios de Dios, llamado “Lucifer, Hijo de la Mañana”, pero era sin inteligencia. El Señor dijo que era “un asesino desde el principio”, el padre de mentiras. Esas son las palabras del Señor Jesucristo, quien le conocía, porque era él a quien Satanás quiso quitar el trono.

Así es que esa es la vereda de nuestro avanzamiento. Está a nuestro alcance, no por nuestro poder solo, sino por el poder de Dios.

Ahora, ¿qué es lo opuesto a eso? Está expuesto en esta misma sección,

Y aquel inicuo viene y les quita la luz y la verdad a los hijos de los hombres, por motivo de la desobediencia. (Ibid., 93-3.9)

Aquí se instituye el principio controlador de todo avanzamiento en el reino, el principio de obediencia. Cualquier cosa que esperamos, cualquier cosa que deseamos, que debemos tener nos vendrá mediante el principio de obediencia e igualmente podemos perderlo todo por desobediencia. ¡Cuán sencillo es el evangelio! Lo que se requiere es un corazón obediente, un corazón obediente.

En otro lugar el Señor dijo:

Si no guardáis mis mandamientos, no permanecerá con vosotros el amor del Padre; por tanto, andaréis en tinieblas. (Ibid., 95:12.)

Que el Señor nos dé poder, humildad y mansedumbre, que con determinación y en gratitud dándole las gracias a él, seamos bastante inteligentes para guardar sus mandamientos y glorificar su nombre sagrado, humildemente oro en el nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s