El libro de los Salmos
El libro de los Salmos constituye una colección sagrada de poesía inspirada que refleja la profundidad de la relación entre Dios y el ser humano en todas las dimensiones de la experiencia espiritual. Desde una perspectiva doctrinal, los Salmos no son meramente expresiones literarias, sino actos de adoración revelados que enseñan cómo el alma se acerca a Dios mediante la alabanza, el arrepentimiento, la súplica y la confianza. En ellos se manifiesta una teología viviente: Jehová es presentado como Rey soberano, Juez justo y Pastor misericordioso, mientras que el ser humano aparece como dependiente de Su gracia. Esta dualidad revela una doctrina central: la verdadera adoración transforma al creyente al alinear su voluntad con la de Dios. Así, los Salmos funcionan como un manual espiritual que modela la oración auténtica y el culto sincero.
El libro de los Salmos también tiene un carácter claramente mesiánico y profético. Muchos de sus pasajes apuntan hacia Jesucristo como el Ungido, anticipando Su sufrimiento, Su expiación y Su reinado eterno. Además, los Salmos enseñan principios fundamentales del convenio: la fidelidad trae bendición, la iniquidad conduce a la separación de Dios, y la misericordia divina siempre está disponible para el arrepentido. En este sentido, el libro no solo documenta experiencias individuales de fe, sino que establece un patrón doctrinal universal sobre cómo vivir en rectitud en medio de la adversidad. Por tanto, los Salmos invitan al lector moderno a participar activamente en una vida de devoción, donde la adoración no es solo palabra, sino transformación continua bajo la influencia del poder redentor de Dios.
Paul Cracroft: “En las Escrituras judeocristianas, hay un libro que continúa destacándose como ‘la obra más grandiosa de literatura devocional que existe’. Se trata de una colección de poemas conocida como el libro de los Salmos. Los Salmos compendian los pensamientos, las esperanzas y los sueños de gloria y exaltación de los israelitas. Su poesía resplandece con el fuego de la devoción, el amor espiritual y, en ciertos pasajes, incluso con una actitud desafiante hacia los enemigos de Dios.
“Tan poderosa ha sido la influencia de los Salmos sobre todos los israelitas que, en nuestros días, estos poemas proporcionan una sólida evidencia interna de la autenticidad del Libro de Mormón. Los Salmos, con su estilo particular e incluso esquematizable, parecen haber ejercido tal influencia sobre Lehi y sus descendientes que algunos elementos de ese estilo aparecen en sus escritos”. (Paul Cracroft, “A Clear Poetic Voice” [Una voz poética clara], Ensign, enero de 1984, pág. 28.)
Los Salmos se incluyen con frecuencia en ediciones de bolsillo del Nuevo Testamento. Aunque se excluyen otros textos del Antiguo Testamento, los Salmos y Proverbios se consideran lo suficientemente importantes como para incluirlos. ¿A qué se debe esto? “Durante los siglos VII, VIII y IX, se realizaron varias traducciones escritas al anglosajón de algunas partes de las Escrituras, generalmente de los Salmos y de los Evangelios” (Ensign, junio de 1982, pág. 40). Esos traductores estimaban los Salmos incluso más que las epístolas de Pablo. En el Nuevo Testamento, los Salmos e Isaías son los libros de las Escrituras que se citan con mayor frecuencia.
“Ningún libro del Antiguo Testamento es más cristiano en su sentido interior ni está más plenamente confirmado como tal por el uso que se ha hecho de él que los Salmos. De un total de 283 citas directas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, se ha determinado que 116 proceden de este único libro. Gran parte del cristianismo, debido a su preferencia por los Salmos, invierte la costumbre de la sinagoga, la cual consideraba que la inspiración de los salmistas era inferior a la de los profetas”.
—Diccionario bíblico, “Salmos”.
Los Salmos nos enseñan por qué debemos guardar el primero y gran mandamiento: amar al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. Sanan el corazón, fortalecen nuestras capacidades, ensanchan la mente y renuevan nuestras fuerzas. Llegan hasta los anhelos más profundos y sinceros que sentimos por Dios. Los Salmos son oraciones; son súplicas; son expresiones de gratitud; son himnos y clamores en busca de ayuda. También son proféticos y mesiánicos. La misericordia del Señor es uno de sus temas centrales, al igual que Su misión. Resuenan en el lector cuyo corazón se vuelve hacia el Señor. Debes leer los Salmos si:
- Te sientes olvidado y solo.
- Necesitas perdón y misericordia.
- Tu corazón está cansado y tus energías se han agotado.
- Tus enemigos te acosan.
- Parece que los inicuos prosperan.
- Sientes una profunda aflicción a causa de la tentación y el pecado.
- Tu corazón está lleno de alabanza y gratitud.
- Necesitas el poder de la Expiación.
- Tienes el corazón quebrantado.
- Tu espíritu está contrito.
Como declaró de manera concisa el presidente Ezra Taft Benson: “Los Salmos del Antiguo Testamento contienen un alimento especial para el alma de quien está afligido”. (Ensign, octubre de 1986, pág. 4.)
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Salmo 1
En su capítulo inicial, funciona como un portal teológico que establece la estructura moral y espiritual de todo el salterio: presenta dos caminos radicalmente opuestos —el del justo y el del impío— no solo como elecciones éticas, sino como orientaciones del alma hacia o lejos de Dios. El Salmo 1 enseña que la bienaventuranza no es un estado emocional pasajero, sino una condición espiritual que resulta de una relación constante y deliberada con la ley de Jehová, internalizada mediante la meditación continua. La imagen del árbol junto a corrientes de aguas sugiere dependencia del sustento divino y estabilidad en medio del tiempo y las pruebas, indicando que la verdadera prosperidad es espiritual y está vinculada al convenio con Dios. En contraste, el impío es descrito como tamo, una metáfora de vaciedad, inestabilidad y juicio inevitable, lo cual subraya la doctrina de la responsabilidad moral y la justicia divina. Así, el salmo no solo invita a la obediencia, sino que revela un principio eterno: Dios “conoce” —es decir, aprueba y guía— el camino de los justos, mientras que toda vida desvinculada de Él carece de permanencia y finalmente se disipa.
Salmo 1:1–2: Bienaventurado el varón que no anda en consejo de malos… sino que en la ley de Jehová está su deleite
La verdadera felicidad no depende únicamente de las circunstancias, sino de las influencias que decidimos seguir. El salmista llama “bienaventurado” a quien no permite que los consejos contrarios a Dios dirijan sus pensamientos y decisiones. Alejarse del mal significa escoger conscientemente amistades, ideas y caminos que fortalezcan nuestra fe y nos acerquen al Señor.
Pero no basta con evitar lo incorrecto; también debemos llenar el corazón con la palabra de Dios. Deleitarnos en la ley de Jehová significa estudiarla con amor, meditar en ella y permitir que transforme nuestra conducta. Cuando las enseñanzas del Señor se convierten en nuestra guía y nuestro gozo, encontramos dirección, paz y fortaleza espiritual para permanecer firmes.
Brigham Young: Gran paz tienen quienes aman la ley del Señor y permanecen en Sus mandamientos. (Journal of Discourses, 26 tomos [Londres: Latter-day Saints’ Book Depot, 1854–1886], 8:121).
Brigham Young: Gran paz tienen quienes aman la ley del Evangelio, y nada los hará tropezar. Gran gozo tienen quienes aman a nuestro Señor Jesucristo; y gran paz disfrutan quienes se deleitan en realizar obras de rectitud. Que las bendiciones de los cielos los acompañen es mi oración constante. Sean fieles, Santos. Luchen contra el mal y no dejen de tomar todas las medidas necesarias para eliminar todo el mal que exista entre ustedes, hasta que Dios santifique a un pueblo y lo prepare para morar en Su presencia. (Journal of Discourses, 26 tomos [Londres: Latter-day Saints’ Book Depot, 1854–1886], 8:151).
Joseph F. Smith: La mente no solo debe poseer un conocimiento de la verdad, sino que el alma debe reverenciarla, atesorarla y amarla como una joya de valor incalculable; y esta vida humana debe ser guiada y moldeada por ella a fin de cumplir su destino. La mente no solo debe estar colmada de conocimiento, sino que el alma debe estar llena de admiración y del deseo de obtener la inteligencia pura que proviene del conocimiento de la verdad. La verdad únicamente puede hacer libre a aquel que la posee y persevera en ella. Y la palabra de Dios es verdad, y permanecerá para siempre. (Doctrina del Evangelio: Selecciones de los sermones y escritos de Joseph F. Smith, compilado por John A. Widtsoe [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1939], pág. 269).
Salmo 1:2–3
“Sino que en la ley de Jehová está su deleite,
y en su ley medita de día y de noche.
Y será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
que da su fruto a su tiempo,
y su hoja no se marchita;
y todo lo que hace prospera.”
Este pasaje constituye el núcleo teológico del Salmo 1, pues define con precisión la fuente de la verdadera bienaventuranza. El texto desplaza la noción de justicia desde una mera abstención del mal hacia una orientación activa del alma: el deleite en la ley de Jehová. Este “deleite” no es solo intelectual, sino afectivo y volitivo; implica amar la voluntad divina y someterse a ella de manera continua. La meditación “de día y de noche” introduce una doctrina clave: la santificación es un proceso constante que requiere exposición repetida a la palabra de Dios, lo que gradualmente reconfigura la mente y el corazón del creyente. Así, la ley no es presentada como carga, sino como el medio por el cual el ser humano se alinea con el orden divino.
La metáfora del árbol junto a corrientes de aguas revela una teología de estabilidad espiritual y dependencia divina. El árbol no produce vida por sí mismo, sino que recibe sustento de una fuente constante, lo que simboliza la gracia de Dios operando en quien permanece conectado a Él. El fruto “a su tiempo” enseña que el crecimiento espiritual sigue ritmos divinos, no inmediatos ni forzados, mientras que la promesa de que “todo lo que hace prospera” debe entenderse en términos de prosperidad espiritual, no necesariamente material. Este pasaje afirma que la verdadera prosperidad es el resultado de una vida arraigada en Dios, donde la obediencia sostenida produce firmeza, fruto y permanencia frente a un mundo caracterizado por la inestabilidad del impío.
Dale G. Renlund: “El libro de Salmos nos asegura que aquel que confía en el Señor ‘será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; y todo lo que hace prospera’ (Salmo 1:3). …
“Podemos confiar en el Señor porque conocemos el final de nuestra historia. … El final de nuestra historia puede ser glorioso: la vida eterna en la presencia de nuestro Padre Celestial. Debido a que conocemos el final, no necesitamos estar demasiado ansiosos o estresados, aunque el viaje a veces esté lleno de suspenso”. (Dale G. Renlund del Cuórum de los Doce Apóstoles, Liahona de agosto de 2026, “El libro de Salmos: Se manifiestan la misericordia, el perdón y la ayuda del Salvador”)
Salmo 1:3: Todo lo que hace prosperará
La promesa “todo lo que hace prosperará” no significa que la persona justa estará libre de pruebas ni que siempre alcanzará éxito material. Significa que una vida arraigada en la palabra de Dios tendrá propósito, estabilidad y frutos espirituales. Aun durante las dificultades, el Señor puede dirigir nuestros esfuerzos y convertir cada experiencia en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.
Al igual que un árbol plantado junto a corrientes de agua, quien confía en Dios recibe fortaleza constante para perseverar y dar fruto a su debido tiempo. Su prosperidad se manifiesta en una fe más firme, un carácter más semejante al de Cristo y una vida que bendice a los demás. Cuando nuestros deseos y acciones están de acuerdo con la voluntad del Señor, nada de lo vivido con fidelidad resulta inútil.
Dean L. Larsen: Cuando la vida de las personas está en armonía con la voluntad del Señor, todos los factores esenciales que producen las bendiciones que Dios se digna conceder a Sus hijos parecen ponerse en orden. Prevalecen el amor y la armonía. Incluso el tiempo, el clima y los elementos parecen responder. La paz y la tranquilidad perduran. La laboriosidad y el progreso caracterizan la vida del pueblo. Es tal como el Señor lo ha prometido:
Si andáis en mis estatutos, y guardáis mis mandamientos y los ponéis por obra,
yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.
Y vuestra trilla alcanzará hasta la vendimia, y la vendimia alcanzará hasta el tiempo de la siembra; y comeréis vuestro pan hasta saciaros y habitaréis seguros en vuestra tierra.
Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis sin que haya quien os espante. (Levítico 26:3–6). (Ensign, noviembre de 1992, págs. 41–42).
Spencer W. Kimball: Hagamos estas cosas porque son correctas, porque producen satisfacción y porque somos obedientes a los consejos del Señor. Con este espíritu estaremos preparados para la mayoría de las eventualidades, y el Señor nos hará prosperar y nos consolará. Es verdad que vendrán tiempos difíciles —pues el Señor los ha predicho— y, sí, las estacas de Sion son “para defensa y para refugio contra la tempestad” (Doctrina y Convenios 115:6). Pero si vivimos sabia y prudentemente, estaremos tan seguros como si nos encontráramos en la palma de Su mano. (Ensign, agosto de 1984, págs. 5–6).
Salmo 1:4: No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento
El salmista compara a los malos con el tamo, la cáscara ligera del grano que el viento dispersa porque carece de peso y raíces. De igual manera, una vida construida sin Dios puede parecer firme por algún tiempo, pero no posee la estabilidad espiritual necesaria para resistir las pruebas, las tentaciones ni las consecuencias de las decisiones equivocadas.
Esta imagen nos invita a examinar aquello que da verdadero peso y dirección a nuestra vida. Mientras el justo es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, quien rechaza los caminos del Señor queda expuesto a ser llevado por cualquier influencia. Jesucristo y Su palabra nos proporcionan raíces, identidad y propósito para no ser arrastrados por los cambiantes vientos del mundo.
Brigham Young: ¿Pueden distinguir aquí entre los justos y los inicuos? Saben que he hablado de cierta clase de hombres que frecuentan nuestros tribunales y cualquier otro lugar de iniquidad en el que puedan entrar; ¿pueden ellos distinguir la diferencia entre quienes aman la ley de Dios y quienes la desprecian? No. Al pecador más vil de la tierra que se les acerque con un rostro afable y empleando los modales propios de la etiqueta de la época, ustedes lo reciben como si fuera un hombre muy distinguido, un caballero admirable.
¿No saben que necesitan el Espíritu del Todopoderoso para ver más allá de la apariencia de una persona y discernir lo que hay en su corazón, mientras su rostro les sonríe y sus palabras fluyen suavemente como el aceite? Si tuvieran sobre ustedes el poder de Dios, podrían ver la espada escondida dentro de él y comprender que, si tuviera el poder, la hundiría en su corazón y los destruiría de sobre la tierra. Me encuentro con muchos hombres así en estas calles y en las casas de los alrededores. (Journal of Discourses, 26 tomos [Londres: Latter-day Saints’ Book Depot, 1854–1886], 3:225).


























