La santidad del matrimonio

La santidad del matrimonio

por el presidente David O. McKay
Liahona Junio 1967


El alto concepto en que la Iglesia tiene al matrimonio, está expresado de manera clara, en las palabras de la sección 49 de las Doctrinas y Convenios: “. . . El matrimonio es instituido de Dios para el hombre.” (D. y C. 49:15.)

En esta revelación, queda en claro la importancia que tiene el matrimonio para la Iglesia de Jesucristo. El matrimonio no es algo en lo que debamos embarcarnos sin pensarlo, terminarlo a puro placer o por la primera dificultad que en él surja.

Para un miembro de la Iglesia, el matrimonio es una ordenanza divina; consideramos que el hogar es la seguridad mayor de la civilización, y que un hogar bien dirigido es el medio mejor para mejorar la humanidad. Es en tales hogares en que se fomentan las virtudes que producen un verdadero hombre y una hermosa mujer.

Por lo tanto, el matrimonio, a la luz de la revelación es una institución que lleva un sello divino y ninguna persona o institución puede desaprobarlo y quedar impune. Cuando Jesús se refirió al matrimonio, lo asoció con la idea eterna: “. . . Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo 19:6.)

El problema de elegir un compañero (a) apropiado y que congenie, es de importancia vital. Se ha dicho que las vidas mejores y más nobles son aquellas que están dirigidas hacia altos ideales. Y en verdad, no hay ideales más altos y valiosos, a los que la juventud puede aspirar, que considerar el matrimonio, como una institución divina.

Jóvenes y señoritas, el logro de un matrimonio feliz, comienza en la niñez y la juventud. La oportunidad de casarse comienza en los tempranos días escolares. La jovencita que desarrolla más sus talentos, tendrá más posibilidades de encontrar un buen compañero, que aquella que se queda encerrada en la casa, negándose a enfrentarse a la sociedad.

El joven que desarrolla sus talentos tendrá también más posibilidades de encontrar una compañera, que aquel que se sienta a mirar televisión. En otras palabras, la asociación conduce a un matrimonio feliz, porque da la oportunidad de que los jóvenes se conozcan entre sí teniendo así más oportunidades de elegir.

Pensad un momento en lo que la Iglesia ofrece en este aspecto a sus miembros, particularmente por medio de los jóvenes y señoritas que son activos en las organizaciones auxiliares.

¿Cómo podréis saber cuándo estéis realmente enamorados? Esta es una pregunta que preocupa a la juventud. Un joven que cree estar enamorado de una señorita, soñará noche a noche con ella y deseará ansiosamente estar en su compañía. Seis meses más tarde, sin embargo, quizá conozca a otra señorita y se dé cuenta que es de ella de quien está enamorado. También las señoritas conocen varios “Príncipes Azules” y se preguntan cuál de ellos es su verdadero amor.

Si crees que una señorita es la criatura más dulce y hermosa sobre la faz de la tierra, hazte estas preguntas: “¿Me inspira esta joven a hacer las cosas lo mejor posible?” “¿Considero que quiero lograr lo mejor en la vida para ser digno de ella, o agrada solamente a mis bajos instintos?” Si el caso es el último, entonces no estás enamorado, es simplemente una pasión. Si el caso es el primero, la jovencita será posiblemente merecedora de tus mejores atenciones.

Jovencita, ¿te inspira él a desear que fueras mil veces más hermosa y mil veces más rica? O en otras palabras, ¿haces una distinción entre aquél que despierta tus bajos instintos y el que te inspira a hacer las cosas lo mejor posible?

Busca las cualidades que se destacan; observa si el joven es egoísta (y cuando digo el joven quiero decir también la señorita). Asegúrate de que tu compañero no sea egoísta; el matrimonio es un estado en el que ambos deben dar, no tomar enteramente.

¿Se controla a sí mismo? ¿Sabe controlar su temperamento y dominar su lengua? El autodominio es una gran virtud y un factor contribuyente a un hogar feliz. Habrá ocasiones después del matrimonio en que os veréis tentados a decir algo con apasionamiento y violencia. Pero si tenéis autodominio no pronunciaréis tales palabras, debido a que la respuesta a las mismas puede resultar en una pelea. Refrenaos siempre de pronunciar esas palabras que pueden ocasionar una herida en el corazón de vuestro compañero (a).

¿Reverencia las cosas sagradas? ¿Es amable con los ancianos? Si es irreverente o si se mofa de las cosas sagradas, será una medida inteligente no elegirlo como compañero. ¿Es profano? ¿Toma el nombre de Dios en vano? Creo que yo lo evitaría. La blasfemia es un vicio, un hecho que rebaja las normas morales del hogar.

Si yo estuviera en vuestro lugar, también observaría si ese futuro compañero tiene la habilidad para tener éxito financieramente. Tú tendrás que vivir con él; él deberá mantener a la familia y tú deberás ayudarle. El hombre es quien debe mantener a la familia, pero muchas veces una entrada financiera adecuada, se arruina por una mala administración en la cocina o en el resto del hogar.

Joven, no postergues tu matrimonio simplemente porque no podrás dar financieramente todo lo que tu prometida tiene en su hogar. Te darás cuenta de que las señoritas están dispuestas a ayudar. Pero no dejes nunca de lado la idea de que el propósito del matrimonio es tener niños. Esto es fundamental.

¿Y qué me dices del casamiento en el templo? La eternidad del convenio matrimonial tiene sus bases en la verdad eterna de la inmortalidad del alma.

Jesús ha sido reconocido por pensadores de todo el mundo, como el filósofo más grande, el mejor maestro que jamás pisó la tierra. El aceptaba la inmortalidad del alma sin duda alguna.

Para los miembros de la Iglesia, Él es Dios manifestado en la carne. Vivió antes de venir aquí. Aceptó el más allá como tú aceptas el sueño de esta noche o el sol que brilla por la mañana. Nos dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. . .” (Juan 14:2.) Él no lo dudó, ya que para Él, éste era un hecho aceptado. Sobre la verdad eterna de la inmortalidad, descansan el valor, la importancia del casamiento en el templo.

El casamiento en el templo es agradable, es científicamente firme, y cualquier joven que lleve a su prometida a un templo, deberá hacerlo con la comprensión de que su unión será tan eterna como el amor que lo hizo traerla al altar.

Los jóvenes y señoritas que aspiran a vivir la más feliz de las vidas, deberán prepararse para ser dignos de tal matrimonio tal como Dios lo ha ordenado— la unión de un hombre y una mujer dignos de que su matrimonio se realice en el templo del Altísimo. Allí, al hincarse enamorados para pronunciar sus votos, ambos pueden estar seguros de lo siguiente:

Primero, que su matrimonio comienza en pureza. Los hijos que vengan a bendecir tal unión, tendrán la garantía de tener un “nacimiento real” en lo referente a heredar un cuerpo sano y limpio.

Segundo, que sus puntos de vista religiosos son los mismos. La dificultad de criar a los hijos de la manera debida, se hace mayor cuando el padre y la madre tienen ideas diferentes en cuanto a doctrina y afiliación religiosa. (Esta es otra de las maravillosas ventajas de los seminarios, la Mutual, y la Escuela Dominical: la juventud tiene la oportunidad de conocer jóvenes de su misma fe.)

Tercero, que sus votos son pronunciados con la idea de que la unión es eterna, y que no deberá romperse por pequeños malentendidos o dificultades.

Cuarto, que un convenio hecho en la presencia de Dios y sellado por el Sagrado Sacerdocio, enlazará más que cualquier otro vínculo.

Quinto, que un matrimonio comenzado así es tan eterno como el amor mismo, siendo el amor el atributo más divino del alma humana.

Sexto, que la unidad familiar permanecerá irrompible eternamente.

Juventud de la Iglesia, que Dios os bendiga para que conservéis vuestras vidas limpias, que podáis presentaros ante Dios en oración y pedir su guía al elegir a vuestros compañeros, y al hacerlo, que ambos viváis de manera digna de poder entrar a la casa de Dios. Para que así, si El mismo estuviera presente y os preguntara acerca de vuestras vidas, pudierais decir honestamente: “Sí, somos limpios.”

Un matrimonio que se empiece fundamentado en esto, traerá felicidad, el gozo más dulce conocido en esta vida o en la eternidad.

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