“Pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26)

Reunión Mundial de Capacitación de lideres
21 de Junio 2003

 “Pondré espíritu nuevo dentro de vosotros”
(Ezequiel 36:26)

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia


El seguir pasos específicos

Felicito a cada uno de los discursantes que hemos escuchado. Recuerdo el tiempo cuando temas similares eran presentados por miembros del Quórum de los Doce, en lo que se llamaba la reunión general de la mesa del sacerdocio, y después se presentaban en las reuniones de liderazgo del sacerdocio de las conferencias de estaca.

En aquel entonces, la Iglesia era más pequeña, tanto en cantidad como en geografía. Cuán agradecidos estamos al beneficiarnos con la tecnología moderna que nos comunica con el mundo instantáneamente.

Cuando el presidente Hinckley me dio la asignación para hablar en esta ocasión, me indicó que hablara lo que me inspirara el Espíritu. Con este preámbulo, mis comentarios quedarán circunscritos a la administración del barrio y de la estaca, añadiendo experiencias personales en mis llamamientos.

En 1959, cuando presidía la misión de Canadá, el élder ElRay L. Christiansen, Autoridad General, visitó nuestra misión. Durante diez días viajamos juntos por Ontario y Quebec, donde nos reunimos en las conferencias de los distritos de miembros y en las conferencias de zona de los misioneros. Al final del viaje, nos reunimos con los líderes de los distritos de miembros que pronto iban a ser unidos para formar una estaca de Sión, la estaca Toronto, que llegó a ser la estaca 300 de la Iglesia.

El élder Christiansen, un excelente maestro, relató una importante experiencia del tiempo cuando fue llamado como presidente de estaca. Dijo lo siguiente: “Cuando fui llamado como presidente de la Estaca Cache Este, en Logan, Utah, mis consejeros y yo nos reunimos para ver cuál sería la más grande necesidad de los miembros de la estaca. Al cabo de la reunión decidimos que el principio que más necesitaban era la espiritualidad y adoptamos la verdad que encierra esta observación: Cuando tratamos las cosas en general, rara vez tendremos éxito; cuando tratamos las cosas de manera específica, rara vez fracasaremos. Finalmente fijamos un plan de cuatro pasos para lograr el objetivo general de más espiritualidad”.

El plan de cuatro pasos del presidente Christiansen y sus consejeros fue refinado de una manera excelente. Paso uno: “Aumentaremos la espiritualidad de los miembros de la estaca Cache Este mediante la oración familiar en cada familia”. Paso dos: “Aumentaremos la espiritualidad de los miembros de la Estaca Cache Este con la asistencia de todos los miembros a la reunión sacramental”. Paso tres: “Aumentaremos la espiritualidad de los miembros de la Estaca Cache Este por medio de que cada miembro pague un diezmo honrado”. Paso cuatro: “Aumentaremos la espiritualidad de los miembros de la Estaca Cache Este por medio de que cada miembro observe el día de reposo y lo santifique”. Cada tema tuvo un período de tiempo específico y se recalcaba con regularidad.

El resultado fue que se logró cada uno de los objetivos específicos; la espiritualidad de los miembros de la estaca aumentó grandemente.

El esfuerzo a nivel de barrio

En la actualidad, los barrios y las estacas varían mucho en madurez, historia y fortaleza del sacerdocio. Cada unidad puede mejorar su desempeño mediante un esfuerzo específico.

Fui llamado para servir como obispo del barrio 6-7 de Salt Lake en mayo de 1950. Aquel barrio era la unión de los barrios 6 y 7, que fueron parte de los 19 barrios originales de Salt Lake. El desarrollo de industrias en el área había reducido el número de hogares, lo cual causó la unión. Cuando fui llamado, la cantidad total de miembros apenas sobrepasaba los 1000, que en un 25 por ciento eran familias pioneras, como la mía, otro 25 por ciento era transeúnte y el 50 por ciento restante no era ni uno ni otro.

Como obispado recién llamado, nuestro objetivo era dar una asignación a cada miembro del barrio. Para ayudarnos a lograr dicha meta, imprimimos un folleto pequeño, muy breve, contando la historia pionera del barrio, la naturaleza amigable de los miembros y la necesidad de que todos sirviéramos.

¿En qué manera?

Primero, extender, con respeto, un llamamiento, antecedido por una ferviente oración; segundo, una explicación de lo que se esperaba de la persona llamada; y, tercero, la presentación del pequeño folleto, el cual contenía principios para enseñar con éxito, tales como:

  • Una personalidad llena de calidad religiosa.
  • Un interés genuino en la gente.
  • Un conocimiento del Evangelio.
  • Una actitud sana.
  • El uso de métodos buenos de enseñanza.

El folleto también contenía “Ocho puntos de liderazgo”, por el élder John A. Widtsoe, ex miembro del Quórum de los Doce Apóstoles:

  • El atributo de la fe
  • El atributo del amor
  • El atributo del entendimiento
  • El atributo de la industriosidad
  • El atributo del anonimato
  • El atributo de la obediencia
  • El atributo de la sinceridad
  • El atributo de la oración1

A los recién llamados se les explicaba la ayuda específica que se les daría; se explicaba el curso de mejoramiento del maestro; se les aseguraba que recibirían ayuda de la presidencia de la organización auxiliar. El hecho de que el barrio tenía un gran número de miembros transeúntes no se consideraba como un problema; más bien, nos daba la oportunidad ideal de extender la mano y enseñar a más hijos de nuestro Padre Celestial. ¡Qué privilegio!

Cómo trabajar con la juventud

Con respecto al Sacerdocio Aarónico y a las mujeres jóvenes de la misma edad, simplemente decidimos que como obispado haríamos todo lo posible para no perder a ningún jovencito ni jovencita. Por ejemplo, me dirigí a mi segundo consejero con este ruego: “Su asignación, hermano Hemingway, tiene que ver con los diáconos y con todos los que deberían ser diáconos. Ore al respecto y, con la ayuda del asesor de los diáconos y de la presidencia del quórum de diáconos, ponga manos a la obra para asegurarse de que cada diácono esté listo para ser ordenado maestro a los 14 años de edad”.

Después hablé con mi primer consejero, el hermano Cox, repetí las mismas instrucciones expresadas con amor de que orara al respecto y luego, con el asesor de los maestros y la presidencia del quórum de maestros, se asegurara que cada maestro estuviera listo para ser ordenado presbítero al llegar a los 16 años de edad.

Luego les dije que yo haría lo mismo con el quórum de presbíteros.

No podíamos escatimar ningún esfuerzo; nuestro esfuerzo tenía que ser guiado por un amor genuino y por el sentido del deber.

Ojalá pudiera decirles que tuvimos un éxito completo, pero les digo que el resultado fue casi milagroso. Un ejemplo fue Richard Casto, que era presbítero.

Un domingo por la mañana me fijé que Richard no estaba presente en la reunión del quórum; dejé el quórum a cargo del asesor y visité el hogar de Richard; su madre me dijo que estaba trabajando en un taller de reparación de autos llamado “West Temple”. Me dirigí al lugar buscando a Richard, miré por todo sitio pero no pude encontrarlo. En eso, tuve la inspiración de mirar hacia abajo en la fosa donde trabajan los mecánicos, situada a un costado del lugar de trabajo. En medio de la oscuridad pude ver dos ojos que brillaban. Entonces escuché a Richard decir: “¡Me encontró, obispo! ¡Me encontró! Ahora subo”. Después de eso, fue raro que estuviera ausente en una reunión del sacerdocio.

La familia de Richard se mudó a una estaca cercana. El tiempo transcurrió y recibí una llamada telefónica en la que me hacía saber que Richard había aceptado servir una misión en México. Fui invitado para hablar en la reunión sacramental antes de que él saliera al campo misional.

Richard comentó que el acontecimiento que le hizo sentir la determinación de servir una misión sucedió un domingo por la mañana, no en la capilla, sino al mirar hacia arriba desde la profundidad de aquella fosa profunda y grasosa, y ver la mano extendida del presidente de su quórum.

A través de los años de vez en cuando he recibido informes de progreso siempre firmados: “el joven de la fosa grasosa”, donde me cuenta de su testimonio, su familia y su servicio fiel en la Iglesia, inclusive su servicio como obispo.

En la actualidad Richard Casto sirve otra vez como obispo.

Guía de las Escrituras

Nuestras reuniones del comité del sacerdocio o del consejo de barrio por lo general comenzaban con un pasaje de las Escrituras pertinente, justamente para centrar nuestros pensamientos en nuestro deber de rescatar. Me acuerdo de algunos pasajes, que ustedes conocen:

En Doctrina y Convenios 64:33–34: “Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes. He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta”.

Otra vez, en Doctrina y Convenios 84:106: “Y si de entre vosotros uno es fuerte en el Espíritu, lleve consigo al que es débil, a fin de que sea edificado con toda mansedumbre para que se haga fuerte también”. Esa es la clave para la orientación familiar.

Otro pasaje en Doctrina y Convenios 76:5–6, que es mi favorito: “Yo, el Señor, soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito en honrar a los que me sirven en rectitud y en verdad hasta el fin. Grande será su galardón y eterna será su recompensa”.

Finalmente, en Doctrina y Convenios 88:78, favorita del presidente Packer: “Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará”.

Es su tiempo para servir

Hermanos, éste es su tiempo para servir. En la actualidad, los presidentes de estaca no sirven durante 20 o 30 años, como solían hacerlo anteriormente, los obispos no sirven durante 34 años, como lo hizo el obispo William Thorn en el barrio que yo presidía. Cuando era el secretario de barrio, investigaba en los registros del barrio en los microfilms de la Iglesia cuando me enteré de que una vez la Primera Presidencia le había enviado una carta inusual al obispo Thorn, la cual contenía este mensaje:

“Estimado obispo Thorn:

“Como es de su conocimiento, el obispo Harrison Sperry del barrio 4 ha sido llamado para servir una misión de dos años en Inglaterra. Para que él no pierda su obispado mientras sirve, lo llamamos a usted, obispo Thorn, para que se haga cargo de los asuntos del barrio 4, hasta que el obispo Sperry regrese, lo cual, claro está, se añade a sus responsabilidades de obispo del barrio 7.

“Atentamente, sus hermanos, La Primera Presidencia”.

Muchos de ustedes presentes en esta sesión del liderazgo del sacerdocio sirven en el sumo consejo de sus estacas; ustedes juegan un papel vital. El siguiente suceso lo leí en el diario Church News, que para mí fue inspirador y demuestra una virtud clásica del gobierno de la Iglesia, es decir, una expresión de aprecio. El artículo dice:

“Al final de una reunión formal [un consejo disciplinario], el presidente de la estaca les pidió a los miembros del sumo consejo que se quedaran unos minutos más.

“Con una voz llena de emoción, el presidente agradeció a los miembros del consejo su servicio y devoción. Había sido una noche larga y todos estaban cansados, pero cuando los miembros del sumo consejo escucharon a su presidente manifestarles su amor y gratitud hacia ellos, el cansancio se desvaneció y mediante el espíritu de sus llamamientos sintieron calidez y fueron llenos.

“El presidente dijo: ‘No sabría qué hacer sin ustedes hermanos; ustedes son mis brazos y mis piernas que llevan adelante la obra del Señor en esta estaca. Tengo hacia ustedes la misma estima que siento por mis consejeros en la presidencia’”2.

Hermanos, felicito al liderazgo del sacerdocio de esta Iglesia, en todo el mundo. Cuando la Iglesia los llama, ustedes sirven y lo hacen de todo corazón; sirven fielmente. Como padres, esposos, hijos, hermanos, ustedes honran el consejo dado por el apóstol Pablo a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

El presidente John Taylor nos proporcionó una advertencia motivadora cuando declaró: “Si no magnifican sus llamamientos, Dios los hará responsables de aquellos a los que pudieron haber salvado si hubiesen cumplido con su deber”3.

El presidente Harold B. Lee, al dirigirse a los líderes del sacerdocio, dijo lo siguiente: “Cuando se es poseedor del sacerdocio, uno se convierte en agente del Señor y debe considerar su llamamiento como si estuviera en la obra del Señor”4. Cuando estamos en la obra del Señor, tenemos el derecho de recibir Su ayuda.

Mi ruego personal es que todos nos esforcemos por saber lo que tenemos que saber, por hacer lo que debemos hacer y por ser lo que debemos ser.

La obediencia al consejo

Yo era obispo durante la época de la guerra de Corea. Los obispos habíamos recibido una carta, muchas cartas de las Oficinas Generales de la Iglesia diciéndonos que debíamos escribir una carta personal —no una carta tipo, sino una personal— cada mes a cada uno de los jóvenes de nuestro barrio que estuviera en las fuerzas armadas y enviarle una copia de la revista de la Iglesia, que en ese tiempo era The Improvement Era, además de una subscripción al periódico Church News. Eso requirió cierto esfuerzo. En nuestro barrio, que era muy grande, teníamos unos dieciocho jóvenes en el ejército, y no contábamos con mucho dinero. Con sacrificio, los quórumes del sacerdocio proveyeron los fondos para las subscripciones, y yo me encargué de escribir las cartas. Como había estado en la Marina hacia fines de la guerra anterior, sabía lo importante que era recibir noticias de casa.

Un día, la hermana que tomaba en taquigrafía las cartas que yo le dictaba, me preguntó: “Obispo Monson, ¿usted nunca se desanima?”.

Le respondí: “No, ¿por qué?”.

Me contestó: “¿Se da cuenta de que esta es la carta número diecisiete que le envía a Lawrence Bryson sin recibir respuesta?”.

Entonces le dije: “Bueno, envíe la número diecisiete. Tal vez conteste ésta”. Y así fue. Recibí una carta que venía de San Francisco, por medio del ejército. Desde un lugar lejano del Pacífico, el hermano Bryson me había escrito una breve carta que decía: “Querido obispo: Hace tiempo que le debo esta carta.

“No sé de qué hablar o qué decir; es la primera vez que escribo o intento escribir a un obispo. ¿Cómo están usted y su familia? ¿Cómo está la Iglesia?¿Qué tal estuvo la Navidad? Me hubiese gustado estar allá. La Navidad en casa es muy diferente de la Navidad acá.

“Bueno, obispo, ya se me acabaron la palabras; como ve, todavía soy el muchacho tímido que usted conoció, pero le debía esta carta y aquí está. Siga enviando cartas, es un placer recibirlas. Saludos para todos. Trataré de escribir unas cuantas líneas de vez en cuando. Hasta entonces. Con afecto, Lawrence Bryson.

“Posdata: Me olvidé de agradecerle lo del periódico Church News y las revistas. Son excelentes”.

Todavía tengo aquella maravillosa carta, escrita para mí por Lawrence Bryson, con fecha “Navidad, 25 de diciembre de 1953”. Fue uno de los más preciados regalos de Navidad que haya recibido.

Sí, a veces uno se pregunta por qué no hay respuesta después de diecisiete cartas, pero recuerdo un párrafo que encierra una verdad: “La sabiduría de Dios quizás parezca insensatez a los hombres. Sin embargo, la lección más grandiosa que podemos aprender en esta vida es que cuando Dios habla y el hombre obedece, ese hombre siempre estará acertado”. Los líderes de la Iglesia habían hablado y nosotros, los obispos, sólo teníamos que obedecer, y sin duda, la bendición vendría.

Tenemos un modelo para seguir, hermanos, el presidente Gordon B. Hinckley, nuestro profeta, vidente y revelador; dispuesto a escuchar al Espíritu del Señor. Vive de tal manera que merece la dirección del Señor; no nos pide nada que esté más allá de lo que él personalmente ejemplifica.

Termino con las palabras de Jesús, que declaró: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él” (Apocalipsis 3:20). Ésta es nuestra promesa.

Él es nuestro Señor y Maestro. Nosotros somos Sus siervos. Que sirvamos de tal manera que seamos dignos de Su divina ayuda y aprobación, humildemente lo ruego, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.


Notas

  1. John A. Widtsoe, “8 Points of Leadership”, Improvement Era, junio de 1939, págs. 330–331, 378, 380.
  2. “A ‘Sacred Calling’ “, Church News, 19 de febrero de 1994, pág. 16.
  3. En Deseret News: Semi-Weekly, 6 de agosto de 1878, pág. 1.
  4. Stand Ye in Holy Places, 1974, pág. 255.
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