Paciencia – Bondad

Paciencia – Bondad

Caridad sufrida por mucho tiempo

por Harvey Fletcher (1884 – 1981)


La palabra paciencia y sus sinónimos “Largo Sufrimiento” y “Paciencia” aparecen muy a menudo en las escrituras, tanto antiguas  como modernas y es obvio que esta cualidad en una persona está  entre las más  importantes de las virtudes  cristianas.

Jesús aconsejando a sus discípulos brevemente antes de su crucificción, les dijo: “En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas”. (Lucas 21:19) Este párrafo se encuentra en la nueva versión como sigue: “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”. Esta promesa ha sido reiterada por el Señor en estos últimos días (D. y C. 101:38).

Recordamos que Pablo Apóstol escribió sobre lo mismo: “Caridad… todo lo soporta” (1 Corintios 13:7). También lo declaró Mormón (ver Moroni 7:45) y lo volvió a repetir José Smith en el Tercer Artículo de Fe.

Enseñando a los Nefitas el Rey Benjamín dio a entender que la paciencia es una cualidad muy del agrado de Dios (ver Mosíah 4:6) y esto fue recalcado por Alma (ver Alma 9:26).

Por lo visto, el Señor a veces pone a prueba la paciencia de sus hijos fieles, su capacidad para soportar (ver Mosíah 23:21) por esto sabemos que esta cualidad personal está considerada por el Señor como de gran importancia y que él premia la paciencia con éxito (ver Alma 26:27). El apóstol Pablo, también  dio instrucciones sobre esta  manera, cuando escribió lo siguiente a los Santos de Roma:         El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en hacer bien, buscan gloria, honra e inmortalidad (Romanos 2:6-7). También a los Santos de Gálatas Pablo escribió: No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. (Gálatas 6:9).

La importancia de la tolerancia que incluye la paciencia ha sido muy bien explicada en Eclesiastés (9:11).

“. . . .que ni es de los ligeros la carrera ni la guerra de los fuertes, ni aún de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor, sino el tiempo y la ocasión acontece a todos”.

Esta declaración a sido sintetizada como sigue: No es de los ligeros la carrera ni de los fuertes la guerra, sino de aquel que persevere hasta el fin.

Todos los que ganan un testimonio del Evangelio deben entender que la paciencia debe ser practicada buscando de la divinidad, de la vida y misión de Jesucristo (ver Alma 32:41-43).

Pero tener paciencia haciendo el bien y hacia el amor a Dios no es la única forma de manifestar esta virtud. La paciencia también se debe practicar hacia nuestro prójimo como parte de nuestra acción de amor (caridad) hacia ellos. Pablo escribió: “También, os rogamos, hermanos…, que seáis sufridos para con todos”. (1 Tesalonicenses 5:14).

La necesidad de ejercitar la paciencia hacia nuestro prójimo ha sido acentuada por los sabios de todos los tiempos. Uno dijo: “Participad de la sublime paciencia del Señor. Sed caritativos. Si Dios puede esperar, ¿por qué nosotros no, siendo que lo tenemos a Él para apoyarnos? Dejad que la paciencia haga su trabajo perfecto y traiga devuelta sus frutos celestiales”. El anciano filósofo Epictetus escribió: “Los dos poderes, que según mi opinión constituyen un hombre sabio son aquellos de tolerar y ser indulgentes”. Miltón escribió: “Ellos también sirven sólo a los que soportan y esperan”.

Carlyle puso este tema en estas bellas palabras:

‘‘Paciencia es la normal actitud del hombre; amor pasivo, amor que espera el comienzo; sin apuro, tranquilo, listo para efectuar su trabajo cuando llegue la ocasión, pero mientras tanto revestido con la capa de un espíritu humilde y callado.

El amor sufre, tolera todo, cree en todo, espera todo. Porque el amor entiende y por eso espera”.

Paciencia es indulgencia hacia las faltas o debilidades de los demás. Es una espera tranquila o expectación y que generalmente no concuerda con la tolerancia mientras que esta última logra que nos endurezcamos a los sufrimientos y a veces sólo que seamos obstinados.

La paciencia se aplica en las cosas pequeñas de la vida, las pequeñas preocupaciones y enojos. Es el mantener la bondad de corazón contra la conducta provocadora de otros. Se aplica también como una fuerza activa  demostrando una firmeza constante haciendo el trabajo diario especialmente si este trabajo no es grato y debe hacerse. Esto se ve en la descripción de la vida de un ranchero, según Emerson:

La oficina de un ranchero es precisa e importante, pero uno no debe de tratar de pintarla color de rosa. No se puede hacer bonitas quejas del destino y la gravitación de quienes él es ministro. El representa las necesidades Es la belleza de la gran economía del mundo la que hace su gracia. El se doblega a las órdenes de las estaciones, al tiempo, a los abonos y cosechas así como se doblegan las velas de un barco al viento. El representa el continuo arduo trabajo un año si, un año no, y pocas ganancias. Es una persona calmada, ajustada al naturaleza y no a los relojes de las ciudades. El absorbe la paz de las estaciones, las plantas y la química. La naturaleza nuncas se apura, átomo por átame poco a poco, ella termina su trabajo. Lá lección que uno ¿prende pescando, bogando, cazando o plantado son las costumbres de la naturaleza: paciencia con las demoras del viento y del sol, demoras de las estaciones, mal tiempo, exceso o falta de agua; paciencia con la lentitud de su pie con la parsimonia de su fuerza con la distancia del mar y tierra que debe atravesar, etc…. El ranchero se amolda a la naturaleza y adquiere abundante paciencia que le pertenece a ella. Calmado, bajo, su regla es que la tierra lo alimentará y lo vestirá; y debe de esperar que la siembra crezca, Emerson, “Farming”).

Un amigo mío me dijo que cuando él comenzó el colegio, gracias a su entrenamiento en casa, él cursó los dos primeros grados en una semana. El llegó a la casa y le dijo a su mamá que él saldría de ese colegio, haciendo los ocho grados, en menos de un mes. Cuando se dio cuenta que era imposible, él trató de salirse del colegio. Todavía le faltaba aprender lo que era la paciencia.

Adquirimos paciencia observando la naturaleza, sus medios fijos y metódicos de alcanzar sus objetivos. Aquel que  necesite una lección de paciencia debe hacer un viaje a una cueva de piedra-lisa. Allí va a ver los maravillosos modelos formados por el agua que cae desde el techo gota a gota. Se demoran siglos en hacerse estos bellos objetos, más la naturaleza avanza constante hacia la meta. Este es el aspecto de la paciencia que tiene que ser el ingrediente de nuestro amor al Señor. Nosotros tenemos nuestras raciones diarias sin ninguna reacción espectacular excepto en ocasiones especiales que son muy de vez en vez y eso, cuando las tenemos. Tenemos enfermedad o pérdida de nuestros seres queridos por la muerte y nuestras mentes se resisten a comprender por qué estas cosas nos suceden a nosotros. Pero debemos acordarnos de la paciencia que mostró nuestro Señor en el huerto de Getsemaní: “. . .Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. (Lucas 22:42).

Entonces un juicio aún mayor vendrá sobre aquellos que tratan de racionalizar las cosas de este mundo. Referente a esto mismo Emerson escribió:

Nuestros antepasados vinieron al mundo y se fueron a sus tumbas atormentados con el miedo del pecado y del terror del día del Juicio. Estos temores han perdido su fuerza y nuestro tormento ahora es la falta de creencia la incertidumbre de no saber qué es lo que debemos hacer, la desconfianza del valor de lo que hacemos. (Emerson, “The Times”).

En otras palabras nuestro entendimiento avanza tan despacio que empezamos a perder la fe en nuestro propósito. Aquí es donde debemos practicar la paciencia. Recordar el milagro del gran número de cosas en la vida que la mente ha comprendido y tener paciente confianza que más luz y verdad y entendimiento vendrán en la eternidad del tiempo para nosotros.

Otra vez, esta actitud es relatada maravillosamente por Emerson en su obra “Educación”. El describe como una profesora debe amar al niño a quien le está enseñando, especialmente con ese ingrediente del amor llamado paciencia y dice:

Ahora la corrección de esta práctica charlatana conviene a la educación la sabiduría de la vida. Deje ese apuro militar y adopte la paz de la naturaleza. Su secreto es paciencia. ¿Sabe Ud. cómo el naturalista aprende los secretos del bosque, de las plantas, de los pájaros, de las bestias, de los reptiles de los peces de los ríos y del mar? Cuando él va al bosque los pájaros se espantan y él no encuentra ninguno cuando él va a la orilla del río el pez y el reptil se alejan nadando y lo dejan solo. Su secreto es paciencia; él se sienta, y se queda quieto; es una estatua, es un palo. Estas criaturas no le dan valor al tiempo y él debe ponerle el precio más bajo al de él. Por fuerza de obstinación, quedándose quieto, el reptil, el pez, el pájaro y las bestias las cuales todas desean volver a sus guaridas empiezan a regresar. Él está quieto si se le acercan, él se queda tan pasivo como la roca en la que está sentado. Pierden el mielo. Tienen curiosidad también acerca de él. Poco a poco la curiosidad vence al miedo y ellos vienen nadando, arrastrándose y volando hacia él; y él todavía está inmóvil, ellos no sólo vuelven a sus guaridas sino a su labor ordinaria y a sus costumbres, se demuestran a él en su atavío diario pero también ofrecen un grado de avance hacia la amistad y buen entendimiento a un bípedo que se comporta tan cortésmente y tan bien. ¿Puede combatir la impaciencia y pasión del niño por medio de su tranquilidad? ¿Puede Ud. no esperarlo, como lo hacen la naturaleza y la providencia? ¿Puede Ud. no guardar para la mente y costumbres de él, y su secreto, la misma curiosidad que le dió a la ardilla, la serpiente, el conejo y la cataraña y el venado?

Bondad

Así como la paciencia es pasiva, la bondad es activa, haciendo algo bueno diariamente. Aunque el Salvador predicó algunos poderosos sermones los que fueron escritos por otras personas, mucho de su tiempo lo ocupó haciendo cosas buenas. Sí Ud. lee cualquiera de los cuatro libros canónigos pensando en esto, se va a sorprender al comprobar cuanto tiempo él ocupó haciendo felices a otras personas, por el solo hecho de hacer al¬go bueno.

Siendo bondadosos con los hijos de nuestro Padre Celestial es una de las cosas más grandes que uno puede hacer para él. Además la bondad es fácil, y el premio es inmediato.

Dando, es la manera más ideal de recibir. Además de que tiene un premio inmediato es recordado por mucho tiempo por quien recibe esta bondad. Bendiciones vendrán sobre el que da la bondad mucho después de haber recibido su recompensa. Cada uno de nosotros se acuerda del gozo que sentimos cuando alguien nos recuerda por algo bueno que hemos hecho, del cual ni nosotros mismos nos acordamos.

Alegría es el propósito de la vida. Así es que mientras nosotros podamos crear alegría y felicidad para aquellos que nos rodean así de grande será la medida de nuestro triunfo en la vida.

En lo “Más grande del mundo” Henry Drummond escribió:

Prodígalo, (Amor), al pobre donde es fácil; especialmente al rico, quien muy a menudo lo necesita; más aún a nuestros semejantes donde es mas difícil, y para quienes quizás hacemos lo menos posible Hay una diferencia entre tratar de agradar y agradar. Agrada, no pierdas la oportunidad de agradar. Porque ese es el incesante y anónimo triunfo de un verdadero espíritu de amor.

Pasaré por este mundo sólo una vez. Cualquiera cosa buena por lo tanto, que yo pueda hacer o bondad que pueda prodigar a cualquier ser humano, déjenme hacerlo. No me dejan aplazarlo ni descuidarlo porque no pasaré por acá otra vez”.

Esta idea está retratada en un maravilloso poema de un autor desconocido llamado “No pasaré por acá otra vez”.

No muchos de nosotros puede discutir contra los grandes premios a la bondad, pero nuestra gran debilidad es la demora. “Lo haré mañana”, decimos. Pero la bondad es un principio dinámico y activo que se debería de practicar cada día de nuestra vida; y esto es solo posible si no nos consideramos ermitaños sino que nos mezclamos con los hijos de Dios: buenos y malos.

Sam Walter Foss puso esta idea en un varavilloso poema llamado “La Casa a la orilla del camino”.

Esta enseñanza que los hombres deben de amarse los unos a los otros, es tan antigua como el Antiguo Testamento. Moisés dando leyes a los niños de Israel les enseñó lo siguiente:

No verás el Buey de tu hermano o su cordero perdidos y te resistirás de ellos: Precisamente los volverás a tus hermanos… Y si tu hermano no fuere tu vecino o no le conocieres, lo recogerás en tu casa y estarán contigo hasta ¡que tu hermano los busque y se los devolverás. Y así harás de su asno, así harás también de su destino, y lo mismo harás con toda cosa perdida de tu hermano que se le perdiere y tu la hayares: No podrás retraerte de ellos.

Estos actos son actos de bondad.

En Salmos (112:5) tenemos este dicho:

El hombre de bien tiene misericordia, y presta.

Considerando a la buena mujer el autor de Proverbios escribió:

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. (Proverbios 31:10-26).

Posiblemente la escritura más impresionante dirigiendo nuestra acción hacia la bondad es aquella en que el Salvador describe el juicio final, cuando dijo:

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis: en la cárcel y vinisteis a mí”. (Mateo 25: 34-36).

Esta es la declaración de las variadas maneras de como una persona puede ser bondadosa para con su prójimo. Es por seguro que la buena vida debe incluir los actos que traerán la alabanza de nuestro Señor, y entre ellos están los actos de bondad.

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Una respuesta a Paciencia – Bondad

  1. Anónimo dijo:

    Gracias por este mensaje, a lo largo de esta jornada terrenal pasamos por pruebas que tienen como propósito desarrollarnos en estos dones divinos como la paciencia, bondad y caridad entre otros, los cuales se hayan en nuestro espíritu, El profeta Moroni enseño que debemos orar para estar llenos del amor puro de Cristo, se que el empezar a trabajar con uno de ellos tendrá efecto en los demás, se que podemos ser llenos de ellos si oramos con fe al Señor para desarrollarlos, el nos brindara lecciones cada dia para ponerlos en practica. Los mensajes de los Profetas y apóstoles. no tienen fecha de vencimiento, nos ayudan en cualquier epoca de nuestra vida, y hacen que dirija la mirada al Señor y encontrar respuestas a mis problemas y desafíos, muchas gracias..

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