Respuestas a preguntas sobre la agresión sexual

Respuestas a preguntas sobre la agresión sexual

Por Melissa K. Goates-Jones, psicóloga y profesora adjunta de la Universidad Brigham Young,
y Benjamin M. Ogles, psicólogo y profesor de la Universidad Brigham Young

Por medio de Jesucristo, hay esperanza y sanación. Estas son algunas maneras en que podemos ayudar y no herir a quienes hayan sido afectados por una agresión sexual.


La agresión sexual es un problema generalizado que puede causar un daño devastador a los hijos de Dios. Es difícil encontrar estadísticas mundiales precisas sobre la prevalencia de las agresiones sexuales tanto en hombres como en mujeres1, pero los cálculos en Estados Unidos indican que el 44 % de las mujeres y el 25 % de los hombres son víctimas de violencia sexual2.

Al aprender sobre la agresión sexual y unirnos en nuestros esfuerzos por ayudar a las víctimas y promover el respeto por los demás, podemos ayudar a reducir la violencia sexual en todo el mundo.

¿Qué es la agresión sexual?

La agresión sexual se da cuando alguien impone cualquier actividad sexual no deseada a otra persona sin su permiso o consentimiento. La agresión sexual es un pecado grave3. Los agresores se rebelan contra Dios al quebrantar la ley de castidad y al tratar a sus víctimas como objetos para satisfacer deseos egoístas. Ignoran y violan el albedrío de sus víctimas, quitándoles el derecho de actuar y de que no se actúe sobre ellas. Quienes obligan o presionan a alguien para que tenga contacto sexual toman parte en una de las formas más personales e invasivas de violencia.

Cuando pensamos en las agresiones sexuales, a menudo imaginamos al agresor escondido en un callejón oscuro, listo para atacar. A eso se le conoce como violación por parte de un desconocido. Sin embargo, la mayoría de las agresiones sexuales ocurren en relaciones establecidas en las que un cónyuge, un miembro de la familia, alguien que sale en citas con la víctima, un amigo u otro conocido ignora el concepto del consentimiento4.

Lamentablemente, en algunas culturas, el concepto del consentimiento no se suele enseñar, y cuando los medios de comunicación representan la intimidad física, el consentimiento a menudo se ignora o se describe erróneamente como algo innecesario o no deseado. Hacer caso omiso del consentimiento nunca es aceptable para Dios.

¿Qué es el consentimiento y en qué ocasiones se lo infringe?

La palabra consentimiento está estrechamente relacionada con el albedrío. El albedrío es el poder dado por Dios para actuar y no para que se actúe sobre nosotros (véanse 2 Nefi 2:14, 16, 26Moisés 7:32). Se nos enseña a honrar el albedrío de los demás y a no ignorarlo por medio de la coerción, ni la compulsión ni la fuerza (véanse Doctrina y Convenios 121:39–44Moisés 4:3).

La palabra consentimiento se utiliza en diversos contextos, tales como en el ámbito jurídico, el ético, el de las ciencias sociales y el médico. Por ejemplo, los médicos no realizarán ninguna cirugía en nuestro cuerpo sin antes pedir nuestro permiso expreso claramente.

En el contexto del afecto físico y de la intimidad sexual, consentimiento significa que la persona debe aceptar voluntaria, libre y claramente el acto de tocar o ser tocada, de besar o ser besada, o otro acto íntimo; de lo contrario, se está actuando sobre ella, quien no ha dado su consentimiento.

Es importante entender que el consentimiento no puede darse en estas circunstancias:

  1. Cuando la persona está dormida; inconsciente; o bajo la influencia del alcohol, las drogas o los medicamentos.
  2. Cuando la persona no tiene la capacidad intelectual de aceptar contacto sexual.
  3. Cuando la persona es menor de la edad legal de consentimiento.
  4. Cuando alguien engaña, obliga o controla a la otra persona.

También es importante entender que la ausencia de resistencia no es consentimiento. Si la persona no se resiste al contacto físico o deja de resistirse, no significa que haya dado su consentimiento. Los psicólogos observan que la reacción de “parálisis” o el estar inmovilizado por el temor son reacciones comunes al contacto físico no deseado5.

Además, el consentimiento debe ser continuo. Dar consentimiento a un tipo de intimidad física una vez no implica el consentimiento para el mismo comportamiento en el futuro.

¿De qué manera afecta la agresión sexual a las víctimas?

Cuando alguien traspasa los límites de otra persona mediante el contacto sexual no deseado, la víctima puede sufrir de muchas maneras.

Si bien algunos tipos de abuso o maltrato causan daño físico, todas las formas de abuso afectan la mente y el espíritu. Las víctimas de abuso suelen lidiar con sentimientos de confusión, duda, culpa, vergüenza, recelo y temor. Puede que se sientan desamparadas, indefensas, solas y aisladas. Tal vez incluso cuestionen el amor del Padre Celestial y su propio valor divino6.

¿Qué hago si he sido agredido?

Sepa que no está solo; recuerde que el Padre Celestial le ama. Además de la oportunidad de orar y buscar consuelo y revelación de Él, Él también ha proporcionado muchas otras maneras de ayudarle.

Busque con quién hablar. Hable con amigos de confianza, familiares, líderes de la Iglesia u otras personas que puedan brindar protección y apoyo. Es posible que encuentre paz y sanación más rápidamente al hablar de su experiencia con personas de confianza que compartan sus creencias y al invitarlas a apoyarle a seguir adelante.

Comprenda que no es su culpa. Tal vez se sienta confundido, asustado o avergonzado, pero usted no tiene la culpa de las acciones del agresor.

Busque ayuda. Su sanación se puede facilitar mediante recursos adicionales, tales como:

  • Atención médica adecuada.
  • Terapia profesional.
  • Asesoramiento legal.
  • Materiales de la Iglesia a los que se hace referencia en “Abuso o maltrato”, en topics.ChurchofJesusChrist.org.

Busque esperanza y sanación por medio de Jesucristo. Como enseñó el élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles: “[N]uestro Padre [Celestial] proporcionó el modo de sanar de las consecuencias de actos que, por medio de la fuerza, del abuso de autoridad o del miedo, despojan temporalmente del albedrío a la víctima de abuso”. Explicó: “La fe en Jesucristo y en Su poder para sanar proporciona a la persona que ha sido víctima de abuso los medios para superar las terribles consecuencias de los actos indignos de otra persona”7. Considere leer más de la vida y las enseñanzas de Jesucristo para entender cómo Él puede ayudarle a sanar.

Encontrar paz y sanación puede ser un proceso largo y difícil, pero es posible por medio de Jesucristo. Él sufrió “dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases” y “[nuestras] debilidades tom[ó] él sobre sí, para que sus entrañas [fueran] llenas de misericordia […], a fin de que [supiera] cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos” (Alma 7:11–12).

¿Cómo puedo ayudar a alguien que haya sido agredido?

Aunque la experiencia de cada víctima de agresión sexual puede variar, las siguientes son algunas maneras en las que usted puede ayudar.

Escuche con amor y compasión. Exprese su preocupación y deseo de ayudarles. Averigüe si están en peligro inmediato y ayúdelos a buscar seguridad y refugio.

Póngalos en contacto. Ayúdelos a ponerse en contacto con servicios de atención médica, asesoramiento profesional u otros recursos de la comunidad, como los centros de crisis por violación, que ayudan a las víctimas.

Aliéntelos. Aliéntelos a denunciar el abuso a las autoridades correspondientes. Es posible la ley de su país exija que usted denuncie la agresión o el abuso, especialmente, si usted es líder de la Iglesia. En algunos países, la Iglesia ha establecido una línea confidencial de ayuda contra el abuso y el maltrato que puede ayudar a los presidentes de estaca y a los obispos a denunciar la agresión y dar apoyo a la víctima8.

Bríndeles apoyo. Las víctimas a veces piensan que la agresión o el abuso fue culpa de ellas. Debido a que las víctimas pueden creer que quebrantaron la ley de castidad y que necesitan arrepentirse, es importante que los obispos, padres, maestros, líderes de los jóvenes y demás personas reconozcan las señales que indican agresión o abuso a fin de que puedan brindar apoyo y fomentar la sanación.

Recuerde que debido a que se violó el albedrío de la víctima, esta no necesita el arrepentimiento. El Manual General dice: “En ocasiones, las víctimas tienen sentimientos de vergüenza o de culpa, pero no son culpables de haber pecado. Los líderes no culpan a la víctima; la ayudan a ella y a su familia a comprender el amor de Dios y la sanación que proviene de Jesucristo y Su expiación (véanse Alma 15:83 Nefi 17:9)”9.

Sea sensible a sus necesidades. Las víctimas pueden sentirse incómodas con el contacto físico, como, por ejemplo, el estrechar la mano o dar abrazos. Pueden sentirse incómodas al reunirse a solas con un líder, o tal vez se sientan como si estuvieran atrapadas si el aula fuera demasiado pequeña o si usted se sentara en el espacio entre ellos y la puerta. Algunas consideraciones sencillas pueden marcar la diferencia para alguien que busca sanación de una experiencia traumática como la agresión.

Algunas palabras para los agresores

Algunas personas que lean este artículo podrían darse cuenta de que han violado el albedrío de otra persona. Es posible que hayan utilizado la fuerza o la presión, que hayan ignorado intencionalmente los límites, o supuesto erróneamente los deseos de otra persona en cuanto a la intimidad física.

Si ha cometido ese pecado, los pasos esenciales incluyen la necesidad de aceptar la responsabilidad, hablar con el obispo, arrepentirse, cooperar con las autoridades legales cuando de ser necesario, y buscar ayuda profesional. “Es posible que la gravedad de tus hechos haga necesario que afrontes el castigo civil y eclesiástico, pero un arrepentimiento completo te brindará el dulce alivio del perdón, una conciencia tranquila y una nueva vida”10.

Descubra más

Vaya a “Abuso o maltrato”, en la sección Ayuda para la vida de LaIglesiadeJesucristo.org a fin de consultar más recursos para las víctimas, los seres queridos y los líderes.

Líderes: Hallarán recursos para ayudar a las víctimas y ayudar a los agresores en “Recursos para orientar”, en LaIglesiadeJesucristo.org.

Aprenda cómo “Respetar el albedrío en la intimidad física” puede fortalecer nuestras relaciones y ayudarnos a alcanzar nuestro potencial divino.


  1. Véase Emily R. Dworkin et al, “The Global Prevalence of Sexual Assault: A Systematic Review of International Research since 2010”, Psychology of Violence, tomo XI, nro. 5, septiembre de 2021, págs. 497–508.
  2. Véase Sharon G. Smith et al, The National Intimate Partner and Sexual Violence Survey: 2015 Data Brief—Updated Release, 2018, págs. 2–3, cdc.gov.
  3. Véase Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 38.6.18, LaIglesiadeJesucristo.org.
  4. Véase Temas del Evangelio, “Abuso o maltrato”, topics.ChurchofJesusChrist.org.
  5. Véase Rebecca Campbell, “The Neurobiology of Sexual Assault: Implications for Law Enforcement, Prosecution, and Victim Advocacy” (video), 1 de diciembre de 2012, National Institute of Justice, nij.ojp.gov/media/video/24056.
  6. Véase Temas del Evangelio, “Abuso o maltrato”.
  7. Richard G. Scott, “Cómo sanar las consecuencias devastadoras del abuso”, Liahona, mayo de 2008, págs. 42, 40.
  8. Véase Manual General, 38.6.2.1.
  9. Manual General, 38.6.18.2.
  10. Richard G. Scott, “Cómo sanar las consecuencias devastadoras del abuso

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