Viviendo según el Evangelio

Capítulo 20
LA LEY SUPREMA DE CRISTO


«El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor» (1 Juan 4:8).

En una de las ocasiones más importantes de su ministerio el Salvador dijo a sus discípulos; «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como os he amado, que también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:34,35).

Este pasaje de las Escrituras inequívocamente muestra que Jesús no solo estima que el amor es una de las muchas virtudes que debemos cultivar, sino que consideraba el amor como la piedra fundamental misma de todo su evangelio. S. Pablo también explicó que el amor o caridad, como lo llama la Biblia, era la base del evangelio de Cristo:

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy.
“Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve.
“La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; no es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;
“No se huelga de la injusticia, más se huelga de la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
“La caridad nunca deja de ser: más las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada. . .
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres; empero la mayor de ellas es la caridad” (1 Cor. 13:1-8,13).

“Todas vuestras cosas sean hechas con caridad” (1 Cor. 16:14).

“Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Tim 1:5).

El concepto de limosna que muchas veces se da a la palabra caridad es desconocido en todos estos pasajes, como claramente se ve por el versículo 3 del capítulo 13 de la Primera Epístola a los Corintios, donde se hace una distinción entre “repartir toda mi hacienda para dar de comer a pobres” y “caridad”.

El mismo apóstol amonestó en esta forma a los colosenses:

“Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;
“Sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
“Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección” (Col. 3:12-15).

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos” (Col. 3:12-15).

En aquella ocasión en que los fariseos vieron que Jesús había dejado callados a los saduceos, uno de los doctores de la ley le hizo una pregunta para determinar cuál de los mandamientos era el de mayor importancia para Jesús. El Señor le contestó:

“Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
“Este es el primero, y el grande mandamiento.
«Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a tí mismo.
“De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:37-40).

En esta contestación, “amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos”, tenemos en síntesis la esencia del plan divino para salvar al género humano que hasta entonces se había enseñado a los judíos, pues “la Ley y los Profetas” constituían todas las Escrituras canónicas que hasta entonces tenían. Por otra parte, todas las enseñanzas que añadió el Salvador también estaban basadas en su concepto del amor.

¿Qué significa amor?

El amor, como principio central del evangelio, es más que una emoción o sentimiento pasajero. Igual que le fe, es un fervor que conduce a la acción, que debe expresarse en nuestra relación con nuestro Padre Celestial y en nuestra actitud abnegada para con nuestros semejantes. Dios mismo nos mostró esa clase de amor.

“Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
“El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
“En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros; y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
“Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
“Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios está en nosotros y su amor es perfecto en nosotros” (1 Juan 4:7-12).

El amor de que habló Jesús debe estar completamente libre del egoísmo, nunca debe calcularse a base de lo que recibiremos.

“Cuando haces comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan a convidar, y te sea hecha compensación.
“Más cuando haces banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; más te será recompensado en la resurrección de los justos” (Lucas 14:12-14).

Este santo amor, además de ser diferente del amor romántico, es mucho más comprensivo, porque no tiene límites. Todo lo abraza, todo lo consume; todas las personas son el objeto de nuestro amor, ya que todos son hijos de Dios, nuestros hermanos y hermanas en él. Aun nuestros enemigos podrán sentir el efecto trascendental de esta ferviente actitud.

“Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cris to estáis vestidos.
“No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 3:26-28).

“Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a tí mismo, bien hacéis:
“Más si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores» (Sant. 2:8,9).

«Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
“Más yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos.
“Porque si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? no hacen también lo mismo los publícanos?
“Y si abrazareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis demás? no hacen así también los Gentiles?
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:43-48).

“Conozco tu corazón, y he oído tus oraciones concernientes a tus hermanos. No seas parcial para con ellos, amándolos más que a muchos otros, sino ámalos igual que a tí mismo: y extiéndase tu amor a todo hombre y a todos los que aman en mi nombre” (D. y C. 112:11).

La clase de amor que Jesús desea que manifestemos hacia Dios y los hombres quedó ejemplificado en lo que él hizo por nosotros, aun al grado de dar su vida terrenal a fin de posibilitar nuestra salvación,

“Porque he aquí, amados hermanos míos, os digo que el Señor no obra en la obscuridad. El no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo, porque ama tanto al mundo, que da su propia vida para llevar a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda no participar de su salvación.
“¿Acaso dice él a alguien: Apártate de mí? He aquí, os digo que no; antes dice: Venid a mí, vosotros, todos los extremos de la tierra, comprad leche y miel sin dinero y sin precio.
“He aquí, ¿ha mandado él a alguno que salga de las sinagogas, o de las casas de oración? He aquí, os digo que no.
“¿Ha mandado él a alguien que no participe de su salvación? He aquí, os digo que no, sino que la ha dado libremente a todos los hombres; y ha mandado a su pueblo que persuada a to114dos los hombres a que se arrepientan.
“He aquí, ¿ha mandado el Señor a alguien que no participe de su bondad? He aquí, os digo que no; más un hombre tiene tanto privilegio como otro, y nadie es vedado” (2 Nefi 26:23-28).

“. . . Pues él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres. . . tanto los judíos como los gentiles. (2 Nefi 26:33).

“Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado.
“Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su vida por sus amigos.
“Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando” (Juan 15:12-14).

Amor tan grande como éste es más que conocer, más que sentir, más que hablar. Debe convertirse en una habilidad, un arte, un modo de vivir. Y como sucede con todas las normas de comportamiento, sólo con el tiempo aprendemos el significado más profundo de un amor como éste, después de experimentarlo mucho tiempo, después de manifestarlo extensamente para con los dos objetos principales de nuestro amor cristiano: Dios y el hombre,

Amarás al Señor tu Dios.

Debemos amar al Señor; pero no ha de ser indiferentemente. Con todo el corazón, el alma y la mente debemos amarlo. Probablemente nos será tan difícil obedecer este mandamiento con todo el corazón como cualquier otro.

El amar a Dios no es simplemente algo abstracto. ¿Cómo amamos a Dios? Las Escrituras nos dan una respuesta práctica: por guardar los mandamientos que él nos ha dado. Jesús mismo nos dio el ejemplo en este sentido: “Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio el mandamiento, así hago. . .” (Juan 14:31). De manera que nosotros, si es que vamos a manifestar nuestro amor hacia Dios, no podemos hacer cosa mejor que guardar sus mandamientos.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. . .
<“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. . . “Respondió Jesús y díjole: El que me ama, mi palabra guardara: y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada” (Juan 14:15,21,23).

En varios de los versículos de la Primera Epístola de Juan se expresa la misma idea. Por ejemplo, nos explica:

“Más el que guarde su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él” (1 Juan 2:5).

“El que guarda sus mandamientos, está en él, él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado” (1 Juan 3:24).

Si verdaderamente amamos al Padre desinteresadamente, es decir, sin pensar en lo que este amor posiblemente nos consiga, aceptaremos con gusto la oportunidad de comunicarnos frecuentemente con él. Como se dijo antes, nuestras oraciones deberían ser principalmente oraciones de agradecimiento por las numerosas bendiciones que recibimos de su mano generosa, así como oraciones de adoración pura. Recordamos con agradecimiento las oportunidades que tuvimos de estar con nuestros padres terrenales, sin ningún otro objeto más que estar en su presencia. No pensamos en pedirles dones tangibles, servicios o favores: sólo pasar unos cuantos minutos con ellos y mostrarles nuestro cariño haciéndoles ver que nos llenamos de amor únicamente por estar en su presencia.

¿No podríamos apropiadamente pensar en nuestro Padre Celestial en igual manera? ¿No allegarnos a él para pedirle favores, servicios, bienes materiales, ni aun dones del espíritu, sino sencillamente estar en su presencia divina y nada más? Comunicarnos con él sin más objeto que allegarnos a él.

Hay muchas razones por que debemos amar a nuestro Padre Celestial. Debemos amarlo por ser quien es: nuestro Padre, nuestra Ayuda, nuestra Fortaleza, nuestro Refugio, nuestro Gran Ideal, el representarte perfecto- de la justicia y la verdad. Debemos amarlo por lo que es: bondadoso, gracioso, amoroso, misericordioso y dispuesto para perdonar. Debemos amarlo por lo que hace por nosotros: lleva a cabo nuestra inmortalidad y vida eterna; nos inspira con un fuerte deseo de ayudar a realizar sus propósitos; nos hace querer ser como él; envió a su Hijo al mundo para que él mismo pudiese ser manifestado a todos los que quisieran conocerlo.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario