Educador Religioso Vol. 26 Núm. 2 · 2025

Cinco Panes y Dos Peces

Dallas Jenkins


RESUMEN: Cuando enfrentamos pruebas en la vida y nos topamos con lo que parece ser fracaso, el Señor puede levantarnos e inspirarnos de maneras sorprendentes, incluso milagrosas. Aprendemos de los relatos del Evangelio sobre la alimentación de los cinco mil con solo cinco panes y dos peces que lo único que el Señor pide es que hagamos lo que podamos, para que entonces Él multiplique nuestro esfuerzo, haciendo lo que solo Él puede hacer—la parte milagrosa.

PALABRAS CLAVE: pruebas, revelación personal, confianza, milagros


Photo from The Chosen

Gracias por recibirme aquí. Realmente significa mucho para mí. Me encanta hablar con estudiantes porque hace unos veinticinco o treinta años yo estaba sentado en su lugar. Escuchaba a un orador semanal o incluso diario en la universidad a la que asistía.

Ojalá hubiera escuchado entonces lo que quiero compartirles esta mañana: el fracaso. Cuando eres estudiante universitario, a menudo te preguntan: “¿Cuál es tu plan a cinco años?”, “¿Quién quieres ser cuando te gradúes?” y “¿Adónde quieres ir?”—y no solo en cuanto a tu carrera, sino también en cuanto al ministerio. Y hoy, más que nunca, hay mucha presión para lograr, crecer, resolver problemas, descubrirlo todo.

No fue sino hasta mis cuarenta años que aprendí que esa lucha constante y el estrés que de ella proviene son en realidad un peso y, en algunos aspectos, un ídolo que debe ser derribado. Y por eso quiero contarles mi historia de cómo llegamos a este punto hoy. Es, en realidad, una historia arraigada en el fracaso. Sé que no es un tema común. Y quizás sea aún más extraño viniendo del creador de The Chosen, porque, por todas las mediciones objetivas, The Chosen es bastante exitoso. Pero la lección que aprendí y la que cambió mi vida ocurrió en el lanzamiento de The Chosen, y quiero compartirla con ustedes.

Voy a llevarlos un poco atrás, probablemente a cuando recién comencé mi carrera en el cine. Como escucharon antes, a los veinticinco años hice mi primera película de largometraje. Y cuando empecé en este negocio, mi ídolo—mi pasión, mi meta—era la legitimidad. Verán, en mi negocio no se mide necesariamente qué tan bueno eres en tu trabajo, sino qué tan exitoso eres, qué tanto los demás creen que eres bueno o no.

Así que yo estaba haciendo cine independiente. Cuando me gradué de la universidad, mi padre tenía una serie de libros muy exitosa. Había una compañía interesada en convertirla en película, y entonces fui a trabajar para esa compañía. Con el tiempo, salí por mi cuenta con mi padre e hicimos varias películas, algunas con distintos grados de éxito, pero todas fuera del sistema de Hollywood.

Cuando escuchas el término cine independiente, significa que fue financiado y generalmente distribuido por alguien o por un estudio, proyecto o compañía que no era parte del sistema de Hollywood. Y ese fui yo durante quince años, y realmente anhelaba esa legitimidad. Solía practicar discursos de los Premios de la Academia frente a mi espejo.

Me gustaría decir que eso terminó cuando era adolescente, pero continuó en mis veinte y treinta años porque eso era lo que quería. Quería estar preparado para ese momento en el que sería legitimado. Ahora, me gustaría decir que también estaba motivado por el reino. Quería hacer una buena obra para el reino. Y me decía a mí mismo que una de las razones por las que quería tener éxito era para tener una plataforma—una plataforma para ayudar a edificar el reino. El éxito me daría una voz, y yo usaría esa voz para Dios. Y creo que había algo de verdad en eso, pero lo que realmente me emocionaba era la posibilidad de ganar premios, terminar en el top cinco de la taquilla y ser legitimado por las compañías de Hollywood.

Eso no sucedió en quince años, y era lo que buscaba. Bueno, finalmente terminé trabajando de regreso en Illinois. Yo crecí en Illinois, luego fui a vivir a Los Ángeles por diez años haciendo varias películas, y después me mudé de nuevo a Illinois para trabajar en una iglesia grande en el área de Chicago. Allí estaba criando a mi familia, lo cual era estupendo, pero yo estaba allí para hacer películas.

Esa iglesia quería hacer películas conmigo y llevarlas al mundo, y tenían los recursos para financiarlas. Durante los primeros años en realidad no tuve la oportunidad de hacer una película. Solo me quedé atrapado en cosas de medios que hacíamos, y el guion en el que estaba trabajando no estaba saliendo muy bien. Así que después de algunos años dije: “Miren, tengo que hacer algo. Vine aquí a hacer películas y no solo a dirigir los servicios de fin de semana, así que necesito hacer algo.” Entonces hice un cortometraje para el servicio de Nochebuena de mi iglesia. Salió muy bien, y a la iglesia le encantó. Y luego, para resumir una historia muy larga, llegó a las manos de uno de los productores más grandes de Hollywood, un hombre llamado Jason Blum.

Él produjo todas las películas de terror más exitosas que han visto o escuchado en los últimos diez años—Get Out, Insidious, Sinister, todas esas películas de terror muy exitosas. Era un maestro en tomar historias de terror de bajo presupuesto y convertirlas en grandes éxitos—todas películas que ustedes no han visto porque son cristianos, ¿verdad? Pero él estaba realmente interesado en el mercado de fe por la misma razón. No es que necesariamente fuera un apasionado del cine de terror; él simplemente era un apasionado del éxito y vio que había una oportunidad en el mercado de la fe, en la audiencia de fe.

Y, como era de esperarse, hubo otra compañía que también estaba interesada. Y esta era WWE, la empresa de lucha libre, World Wrestling Entertainment. Tenían una división de cine, cosa que yo no sabía. Y ellos también entendían a las audiencias y a las audiencias de nicho. Vieron mi cortometraje y también les encantó. Les mostré el guion que había estado desarrollando. Les encantó. Dijeron: “Queremos hacer películas contigo.” Así que una compañía de cine de terror, una compañía de lucha libre y una iglesia en Elgin, Illinois, se unieron para producir una película que yo escribí y que estaba listo para dirigir.

Yo había llegado. Había conseguido lo que buscaba: legitimidad, aprobación e interés de algunas compañías y productores importantes de Hollywood. Filmé la película en mi iglesia en Illinois, y tenía un gran mensaje, un mensaje del evangelio. Era maravilloso, y querían hacer más películas conmigo.

Entonces probamos la película. En Hollywood lo que hacen es reunir audiencias aleatorias, que no saben nada sobre la película, la ven por primera vez y luego dan calificaciones y recomendaciones. Y obtuvo una puntuación más alta que cualquiera de las otras películas que estas compañías habían hecho.

Y las compañías dijeron: “Oh, Dios mío, tenemos que hacer más.” Así que íbamos a hacer cinco películas en los próximos diez años, y todo era muy emocionante… hasta enero de 2017. El 20 de enero de 2017. Nunca lo olvidaré porque fue el día en que mi película se estrenó en todo el país. Salió en cines en todo Estados Unidos, y todos estaban muy optimistas.

Hollywood funciona con matemáticas. Puedes saber dentro de las primeras horas de un viernes cuáles son los números de la Costa Este a medida que van llegando. Y es una ecuación matemática. En un par de horas puedes saber si la película funcionará esa noche, cómo le irá ese fin de semana y, en muchos casos, cómo le irá durante el próximo mes o dos.

Y, por supuesto, hay excepciones a esa regla, pero en general es una ecuación matemática que ellos saben resolver. En las primeras horas, llegaron los números, y la película fue un completo fracaso. Más bajo que las proyecciones más bajas. Y en cuestión de dos horas pasé de ser un director con un futuro muy prometedor a ser un director sin futuro.

Aquellas compañías que habían estado tan apasionadas conmigo y con estos proyectos inmediatamente se dieron cuenta: “Está bien, no entendemos este negocio, esta audiencia, así que vamos a volver a hacer lo que mejor sabemos hacer: películas de terror y lucha libre.” Y yo volvía a nada. Esa tarde estaba en casa solo con mi esposa, Amanda, y estábamos orando y llorando y confundidos—porque Dios no es el autor del fracaso. Eso es lo que nos habían dicho toda la vida. Y yo fracasé. Había pensado que este llamamiento era tan claro durante los últimos años. Tantas cosas habían pasado—ya fueran impresiones del Señor o puertas que se cerraban y luego se abrían—que me habían dejado tan claro que estaba haciendo lo que Dios quería que hiciera.

Y luego la película fracasó. Entonces, ¿qué te hace pensar eso? Bueno, te hace cuestionar: “Supongo que no estaba escuchando a Dios.” “Eso no pudo haber sido Dios. Supongo que fui yo.” “Creo que estaba equivocado. Malinterpreté las señales, y quizá no estoy destinado a esto.” Y esa es una píldora muy, muy difícil de tragar, especialmente para alguien como yo, que se enorgullecía de resolver problemas, lograr metas, entender resultados y tomar buenas decisiones.

“Escoge lo justo”, como decía la canción. Yo pensé que lo había hecho. Así que en este punto estaba muy confundido. Fui a la cocina, lamentándome en mi tristeza, y mi esposa entró y me dijo: “No sé por qué, pero sé que Dios está poniendo esto en mi corazón casi tan claro como si fuera una voz audible: ‘Lee la historia de la alimentación de los cinco mil’ y ‘Yo hago matemáticas imposibles.’ No sé qué significa eso, no sé por qué lo dice, pero simplemente lo sé, lo sé con certeza.”

Entonces abrimos la historia de la alimentación de los cinco mil en los Evangelios. La leímos tratando de sacar lo que pudiéramos. Y al leerla vimos algo que yo realmente no había notado antes.

Cuando los discípulos van a Jesús y le dicen que la gente tiene hambre, Él no se sorprende. Ellos le dicen: “Necesitamos enviar a esta gente a casa para que consiga comida.” Y Jesús responde de inmediato: “Oh no, no podemos hacer eso. Si los enviamos a casa, tienen tanta hambre que se desmayarán en el camino.” Ahora bien, no solo no se sorprendió, en realidad fue culpa suya.

Dependiendo de tu teología, o bien Él permitió que tuvieran hambre o Él los hizo tener hambre. Pero fue Él quien había estado predicando durante tres días. Él los veía. Sabía que normalmente comerían a cierta hora, y Él siguió hablando durante ese tiempo, y los llevó a tener hambre y desesperación. Los condujo al punto en que la única manera de saciar su hambre o desesperación era Él—un milagro. Así que eso fue alentador, y pensé: “Bien, combinado con ‘Yo hago matemáticas imposibles,’ esto es alentador. Hollywood funciona con matemáticas. Entonces lo que va a pasar es que Él nos ha traído a este lugar de desesperación y hambre. Estamos allí. Muy bien, ahora estamos listos para ser alimentados, Dios. Gracias de antemano por lo que vas a hacer con estos números este fin de semana. Se van a dar la vuelta y se van a multiplicar, multiplicar, multiplicar, ¿verdad?”

Y eso no sucedió. De hecho, esa noche los números empeoraron. Era casi como si Dios estuviera diciendo: “Ese no es el mensaje que tengo para ti ahora mismo,” dejándolo muy claro.

Así que ahora estábamos aún más confundidos porque los números no mejoraban. Esa noche estuve despierto hasta las cuatro de la mañana haciendo lo que se me da muy bien—analizar, lo que llamamos un postmortem. Esto es lo que salió mal. Esto es lo que salió bien. ¿Qué podemos aprender? ¿Cómo puedo asegurarme de que esto nunca vuelva a suceder? Porque no sé si siquiera debería estar en este negocio. Pero si lo estoy, voy a asegurarme de tener éxito, y lo lograré aprendiendo de lo que salió mal. Así que estaba escribiendo un memorando de quince páginas. Estaba en la página quince de ese memorando, y era bueno. Y para ser justos, estaba aceptando la culpa. No le estaba echando la culpa a nadie más, lo cual es raro en mi negocio.

Yo decía: “¿Saben qué? Cometí errores, tomé malas decisiones, y aquí es donde salió mal.” Iba a enviar este memorando a todas las personas con las que había trabajado. Y mientras estaba trabajando en él, apareció un mensaje en la pantalla de mi computadora. Era de alguien a quien nunca había conocido en persona. Éramos amigos en Facebook, y me escribió por Messenger. Habríamos hablado quizá una vez al año. Era un hombre llamado Alex. No dijo hola, no dijo buenas tardes, no dijo que había oído hablar de mi película. Simplemente escribió: “Recuerda, no es tu trabajo alimentar a los cinco mil. Solo es tu trabajo proveer los panes y los peces.”

Honestamente miré alrededor por un momento porque pensé que mi computadora había estado grabando lo que mi esposa y yo habíamos estado diciendo ese día. ¿A quién se lo había contado? Amanda y yo habíamos estado hablando de esto, luchando con esto, tratando de entender qué significaba la alimentación de los cinco mil para nosotros, y no se lo había contado a nadie. ¿Cómo lo supo?

Así que respondí. Tampoco dije hola ni saludé. Simplemente escribí: “¿Qué haces despierto a las cuatro de la mañana?” Y él contestó: “Bueno, en realidad estoy en Rumania. Estoy en una zona horaria diferente. Estoy aquí visitando a mi hermano. Dios ha estado, ya sabes, obrando en mí, y decidí abrir mi computadora, y vi que a tu película no le fue bien.” Y yo le dije: “¿Puedo preguntarte antes de responder por qué me dijiste eso?” Él respondió: “Oh, eso no fui yo. Dios me dijo que te lo dijera.”

Más tarde me enteré de que él había estado caminando de regreso a casa y había buscado la película. Le había gustado, pero vio que fue una decepción. Y Dios puso en su corazón, tan claramente como lo hizo con Amanda: “Dile a Dallas que no es su trabajo alimentar a los cinco mil. Solo es su trabajo proveer los panes y los peces.” Y Alex dijo: “No, apenas conozco a Dallas. Eso es algo bastante condescendiente que decirle a alguien cuando está pasando por un gran fracaso.” Y Dios respondió: “Díselo.” Y Alex seguía diciendo que no. Finalmente dijo: “Está bien, bueno, son las cuatro de la mañana allá. Él no lo va a leer de todas formas.” Así que envió el mensaje y, por supuesto, recibió una respuesta inmediata.

Y ese momento cambió mi vida. En ese instante supe que Dios estaba presente. Supe que Dios estaba mirando todo esto. Supe que probablemente Dios me había llevado a ese lugar de fracaso. Y que en verdad tenía algo para mí allí. Y que no lo iba a encontrar escribiendo un memorando de quince páginas ni usando ninguna de las herramientas que había aprendido en la universidad o en seminarios de negocios. No iba a poder resolver esto ni entenderlo por mi cuenta. Todavía no sabía qué significaba “matemáticas imposibles” en este caso, porque el éxito no estaba en el horizonte. Pero en ese momento lo único que me importaba era la voluntad de Dios. Así que me rendí. Probablemente por primera vez en mi vida.

Me derrumbé y le di las gracias a Alex. Dejé de lado el memorando. Y llegué a un punto en el que realmente estaba bien con lo que Dios quisiera para mí. Y entonces decidí escribir algo diferente, algo que quiero leerles ahora. Y lo publiqué en Facebook.

Normalmente, en mi negocio, cuando tienes una película o un programa de televisión o lo que sea que no está yendo bien, haces lo mismo que un político: si las encuestas son malas, siempre pones buena cara. Siempre dices: “Bueno, entendemos, ya saben, que las encuestas puedan decir esto, pero en realidad nos está yendo mucho mejor.” Y en mi negocio es lo mismo. “Oh, los números no son buenos, pero a la gente le está encantando y tienes que ir a verla” y bla bla bla. Así es como hacemos las cosas.

Y yo dije: “¿Saben qué? No más de eso, no más intentar impresionar o convencer. Voy a ser honesto.”

Así que publiqué en Facebook algo diferente de lo que normalmente publicarías cuando estrenas tu película. Escribí esto, y creo que puede haber algo en ello para ustedes.

“Entonces, ¿qué haces cuando algo en lo que pusiste todo tu esfuerzo simplemente no resulta? No voy a endulzar las palabras. The Resurrection of Gavin Stone [esa es la película que hice] tuvo un estreno de fin de semana muy decepcionante, y un día aún más decepcionante ayer.”

Sí, hemos recibido buenos comentarios de quienes la han visto, y ha tenido un impacto tremendo en múltiples iglesias e individuos, y esa es la razón principal por la que hacemos estas películas. Pero, para poder hacer más películas, tu película tiene que funcionar, y la gente, a gran escala, tiene que querer verla. Y por mucho que pueda señalar múltiples factores que afectaron la taquilla, no puedo jugar al juego de echar culpas.

Algo que yo creé, en lo que creí y pensé que funcionaría, simplemente no conectó a un nivel medible. La gente no quiso verla en un cine, y yo pensé que sí lo harían, punto. Entonces, ¿qué haces cuando eso pasa en cualquier carrera? Sin duda, la tristeza es un factor. Mi esposa y yo hemos lidiado con eso durante la última semana, sin duda.

Cuestionarte a ti mismo, al futuro, etc., es parte de todo esto.

Pero Amanda y yo hicimos algo que nos ha sostenido en este tiempo. Buscamos a Dios y tratamos de escuchar lo que podíamos de Él. Y Él nos dejó 100 % claro, a nosotros y a través de otros que sintieron la inspiración de compartir algo conmigo, que yo solo debo traer mis cinco panes y dos peces, y lo demás depende de Él.

Y puedo decir honestamente que ahora estoy mejor espiritualmente que nunca antes en mi vida. Por primera vez en mi vida, estaría completamente bien si no pudiera hacer otra película. Y en realidad, ese es un gran lugar en el que estar. En mis presentaciones, a menudo cito a mi amigo, un mentor involuntario, el gran Phil Vischer. Él creó VeggieTales. Y tuvo una caída similar de la gracia, o al menos una gran decepción. Él dijo algo en un discurso cuando lo escuché: “Dónde vas a estar en cinco años no es asunto tuyo.” Y ahora estoy viviendo eso plenamente. No tengo idea de lo que viene. No tengo idea de si haré otra película.

Aunque eso no es nada divertido en términos de carrera, en lo espiritual es verdaderamente enriquecedor. Hablando en serio. Siento una sensación de consuelo, paz, contentamiento y, sí, gozo que normalmente no esperarías después de la mayor decepción de tu carrera. Y eso es lo que hace una relación con Cristo: gozo sin importar la felicidad, libertad sin importar la oportunidad. No te aferres demasiado a las cosas. Date cuenta de que no eres tan inteligente como pensabas. Se siente bien. Créanme.

Así que publiqué eso en Facebook, y por supuesto se convirtió en la publicación con más interacciones y respuestas que había hecho. Cualquiera de los otros proyectos sobre los que había publicado palidecía en comparación con lo que dije en este post, y mucha gente mencionó cuánto resonó con ellos porque habían pasado por algo similar.

Así que ahí estaba yo, todavía con un futuro incierto. Así que volví a empezar de nuevo. Había escrito un guion con mi coguionista, Tyler—un cortometraje sobre el nacimiento de Cristo desde la perspectiva de los pastores—pero lo habíamos dejado en el estante porque yo tenía esta gran oportunidad en Hollywood. Lo habíamos escrito alrededor de un año y medio antes.

Fui a la iglesia y dije: “¿Quieren otro cortometraje para la Nochebuena?” Y ellos dijeron que, por supuesto. Así que, en pleno junio en Illinois, filmamos en la granja de un amigo mío, a veinte minutos de mi casa, justo detrás de un granero, la historia de los pastores en el día del nacimiento de Cristo y en la noche de su nacimiento.

Se sentía como un paso muy por debajo de lo que había estado haciendo. Ni siquiera se sentía como cinco panes y dos peces; se sentía como un pan y medio pez. Estaba haciendo este pequeño cortometraje para mi iglesia en una granja en Illinois. Pero mientras lo hacía, nunca me había sentido más en mi elemento. Todo se sentía natural y correcto. Me encantaba cómo ya había hecho un par de cortometrajes en mi iglesia sobre Jesús desde diferentes perspectivas.

Y mientras estaba haciendo ese corto, surgió la idea de The Chosen. Y pensé: “¿Saben qué? En veinte minutos de este cortometraje sobre el nacimiento de Cristo, siento que estoy aprendiendo más y comprometiéndome más con esta historia que nunca antes. Y solo con contarla, siento que está cobrando vida, más que nunca para mí.” Pensé: “Vaya, eso sería interesante.”

Ya saben, aunque ha habido películas y miniseries sobre Jesús, nunca ha habido una serie de varias temporadas donde uno pueda tomarse el tiempo de desarrollar las historias, en lugar de pasar de milagro en milagro, de versículo bíblico en versículo bíblico, sin conectar realmente con las personas que fueron tocadas por Jesús.

Y ver a Jesús a través de los ojos de ellos se convierte en una especie de recreación. Y eso puede ser bueno. Su iglesia lo ha hecho. Se ha hecho muchas veces, simplemente recreaciones de los versículos bíblicos. Algunas se han hecho muy bien, y tienen un gran propósito. Pero yo sostendría que la mayoría de las veces no se logra una conexión emocional; no terminas identificándote con las personas.

Y pensé: “Creo que eso es algo que nos falta en las representaciones artísticas de Jesús y sus seguidores.” Así que tuve esta idea para una serie sobre Jesús, pero, por supuesto, no tenía forma de hacerla. No había gente haciendo fila para realizar un proyecto sobre Jesús, y ciertamente no conmigo, alguien que venía de un fracaso significativo.

Así que no pensé que sucedería, pero pensé: “Quienquiera que tenga la oportunidad de hacer esto se va a ver muy inteligente, porque creo que esto va a funcionar.” Bueno, para resumir la historia, un amigo mío llevó el cortometraje a una compañía que está aquí en Provo: Angel Studios. En ese entonces se llamaban VidAngel, y estaban buscando contenido nuevo. Vieron mi cortometraje y les encantó, escucharon mi idea para la serie y les encantó, y dijeron: “Queremos hacer tu serie.” Me emocioné mucho hasta que dijeron: “Queremos recaudar el dinero mediante crowdfunding.”

Me deprimí bastante porque el crowdfunding rara vez funciona. Normalmente lo que ves en redes sociales: alguien tratando de recaudar dinero para su cumpleaños y la barra nunca llega del todo a la meta. Y el récord histórico de crowdfunding era de 5.7 millones de dólares de proyectos que ya tenían grandes bases de fans. Y yo no tenía base de fans. Tenía este pequeño cortometraje que hice en la granja de mi amigo en Illinois.

Pero panes y peces, hombre. No es mi trabajo alimentar a cinco mil. Así que estos eran mis panes y peces. Dije: “Muy bien, de todas formas no tengo nada que perder.” Publicamos este cortometraje en línea, y al final hice una presentación, explicando a la gente cómo podían invertir en este proyecto.

Y sucedió algo especial: se volvió viral. En enero del año siguiente, estaba sentado frente a la computadora terminando una transmisión en vivo, y mi esposa estaba a mi lado. Pasamos la marca de los 10 millones de dólares, rompiendo el récord histórico de crowdfunding, con la participación de dieciséis mil personas de todo el mundo. Algunos de ellos quizás estén en esta sala ahora mismo. Y escucho a mi esposa sollozar; la miro y tiene lágrimas corriendo por su rostro.

Ella dice: “¡‘Yo hago matemáticas imposibles’!” Y tan claramente como se lo había dicho un año antes, se lo volvió a decir, y luego añadió: “Eso es lo que quería decir.” Y en ese momento fue muy fácil darnos cuenta de que esto no éramos nosotros. Esto es matemáticas imposibles. Este es el tipo de matemáticas en las que Dios participa. No es la ecuación matemática basada en números e interés. Esto es lo que Él hace. Toma lo pequeño, lo quebrantado, lo rendido, y hace algo con ello. Y en ese momento supimos, más que nunca, que si Dios nos iba a llevar en este viaje, iba a ser Su viaje y no el mío.

En los últimos siete años desde entonces, The Chosen ha crecido a través de muchos desafíos, pero ahora es uno de los programas más exitosos del mundo, uno de los más traducidos de la historia. Está en cada país, en cada rincón, desde cárceles hasta edificios gubernamentales. Ahora hemos terminado en lo más alto de la taquilla. Hemos recibido premios. Todo esto en el momento en que dejé de preocuparme, lo cual es maravilloso.

Y ahora lo interesante es que tenemos éxito. Y ahora Dios todavía me habla y me dice la misma frase: “No es tu trabajo alimentar a los cinco mil. Solo es proveer los panes y los peces.” Pero ahora es en un tono diferente. Verán, la primera vez fue muy alentador y amable: “No es tu trabajo alimentar a los cinco mil, Dallas. Solo es proveer los panes y los peces.” Ahora es: “No es tu trabajo alimentar a los cinco mil. Solo es proveer los panes y los peces.”

Ya sea en el fracaso o en el éxito, el mensaje es el mismo. Cuando haces tus cinco panes y dos peces—y Él sí nos pide eso—Él bien pudo haber movido Su mano como lo hago yo ahora mismo frente a ustedes, frente a miles de personas, y los panes y peces podrían haber aparecido de la nada. Pero Él nos exige participar, que hagamos aquello para lo cual no necesariamente lo necesitamos, para que luego Él haga lo que solo Él puede hacer—la parte milagrosa. Así que sí nos involucra en el proceso. ¿No es eso tan generoso de Su parte? Ya sea pidiendo los cinco panes y dos peces, o diciendo a Sus discípulos que quiten la piedra cuando Lázaro fue resucitado, o diciendo a Moisés que acampe a la orilla del Mar Rojo y golpee la roca para que las aguas se partan, Él sí nos pide participar.

Pero les digo, especialmente a ustedes, estudiantes: ya sea en el fracaso o en el éxito, cuando entregan esos cinco panes y dos peces a Él, y Él los considera dignos de aceptación, la transacción termina. No son más amados si ofrecen siete panes. No se alimenta a más gente si ofrecen tres peces. Es el principio de los cinco y dos: traes lo que tienes, se lo das a Dios y lo sueltas. Llegas a ese punto donde ya no te importa el resultado ni lo que la gente diga. Ahora mismo pueden entrar a YouTube y encontrar docenas de videos llamándome malvado y docenas de videos llamándome lo mejor que existe. Ninguna de esas cosas es verdad. Y no puedo tratar de evitar lo primero ni buscar lo segundo.

Así que les ruego, comenzando ahora, no esperen hasta estar en sus cuarentas para que Dios tenga que quebrantarlos y llevarlos de rodillas a la rendición. Comiencen ahora, lleguen a este lugar—este superpoder, en realidad—que proviene de entregarlo todo a Dios. No es su trabajo alimentar a los cinco mil. Solo es proveer los panes y los peces. Los amo. Y espero que puedan aprender esto mucho antes de lo que yo lo aprendí.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario