Guerreros Rectos

Capítulo 11
Alma 54: Temer a Dios más que a los ejércitos


Ammorón y Moroni negocian el intercambio de prisioneros—Moroni exige que los lamanitas se retiren y cesen sus ataques homicidas—Ammorón exige que los nefitas depongan las armas y se sujeten a los lamanitas (encabezado de Alma 54).

Advertencia: es un delito federal leer la correspondencia ajena. Sin embargo, en Alma 54 podemos leer un par de cartas entre otras personas. Ammorón, el nuevo rey de los lamanitas que sucedió a su hermano Amalickíah, envió un mensaje a Moroni indicando que deseaba intercambiar prisioneros. Moroni se regocijó con la propuesta, ya que la comida era escasa. Él quería alimentar a sus propios ejércitos en lugar de dividir los víveres entre su pueblo y los prisioneros lamanitas.

Los nefitas tenían como prisioneros solo a hombres lamanitas, mientras que los lamanitas retenían familias enteras. Moroni quería recuperar a todas esas familias nefitas, y en su respuesta a Ammorón, le dijo que debía temer más que solo a los ejércitos nefitas.

Este intercambio de cartas está tan lleno de pasión y emoción que realmente uno se pierde mucho si no lee cada palabra en Alma 54. Yo solo citaré algunos de mis versículos favoritos y haré unos comentarios.

Moroni no se anda con rodeos al responder a la petición inicial de Ammorón:

“He aquí, estamos preparados para recibiros; sí, y a menos que desistáis de vuestros propósitos, he aquí, haréis que caiga sobre vosotros la ira de ese Dios a quien habéis rechazado, sí, hasta vuestra completa destrucción. Mas, así como vive el Señor, vendrán sobre vosotros nuestros ejércitos, a menos que desistáis, y pronto se os visitará con la muerte; porque retendremos nuestras ciudades y nuestras tierras; sí, y mantendremos nuestra religión y la causa de nuestro Dios” (Alma 54:9–10).

Mini lección

Moroni deja en claro a Ammorón que debe temer a Dios más que a cualquier otra cosa. Moroni parece estar diciendo: “No es mi ira la que debes temer, sino la ira de Dios, la cual estaremos gustosos de hacerte sentir si no desistes”. De manera similar, se nos dice en las Escrituras modernas: “No temáis lo que pueda hacer el hombre” y “No debiste haber temido al hombre más que a Dios” (DyC 122:9; 3:7).

Cuando Moroni escribió su carta a Ammorón, ¿medía sus palabras? ¿Andaba con rodeos? ¿Trataba de “ganar amigos e influir sobre las personas”? Leamos:

“Mas he aquí, me parece que en vano te hablo de estas cosas; o me parece que tú eres un hijo del infierno” (Alma 54:11).

Algunos al leer esas palabras podrían pensar: “Vaya, Moroni, no lo endulces tanto. ¿Qué sientes realmente por este hombre?”. Otros podrían considerar que las palabras de Moroni fueron un poco duras. Incluso algunos podrían preguntar: “¿Hablaría Jesús de esa manera?”.

¿Ser manso es lo mismo que ser débil?

Afortunadamente, se nos da la respuesta en nuestras propias Escrituras. Abre tu Libro de Mormón en Alma 54 y mira la nota al pie “a” en el versículo 11. ¿Qué ves? Te remite a Juan 8:44. ¿Qué dice ese versículo? Pues, en Juan 8:44 Jesús estaba hablando a ciertos judíos que conspiraban contra Él, y Jesús les dijo (prepárense):

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer”.

Así que ahí lo tienes. Moroni dijo: “Tú eres un hijo del infierno”. Jesús dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”. Básicamente lo mismo, ¿no crees?

Observación

Ser manso no significa necesariamente ser un felpudo. Una definición de mansedumbre es “gran poder bajo control”. Moroni fue directo y claro, y también lo fue el Salvador. Ambos hablaron la verdad. La verdad justifica al justo, pero “el culpable toma la verdad para sí como cosa dura” (1 Nefi 16:2). Mansedumbre no es debilidad. O, como alguien dijo una vez: “Si piensas que ser manso es ser débil, intenta ser manso durante una semana”.

El último párrafo de Moroni a Ammorón es la advertencia final de un guerrero justo:

“He aquí, estoy en mi ira, y también mi pueblo; habéis procurado matarnos, y nosotros solo hemos procurado defendernos. Mas he aquí, si procuráis destruirnos más, procuraremos destruiros a vosotros; sí, e iremos en busca de nuestra tierra, la tierra de nuestra primera herencia” (Alma 54:13).

¡Vaya! Si estuvieras escribiendo una carta así, ¿cómo la cerrarías? ¿“Atentamente”? ¿“Saludos cordiales”? ¿“Con amor, Moroni”? No. Mira Alma 54:14 para la respuesta (un pequeño incentivo para abrir tus Escrituras hoy).

¡Tienes correo!

Ammorón recibió la carta de Moroni y respondió. La respuesta de Ammorón fue más o menos lo que se podía esperar. Aceptó el intercambio de prisioneros, pero trató de justificar la agresión lamanita diciendo que los nefitas habían despojado a los lamanitas de su derecho al gobierno. Esta excusa se repite más de una vez en el Libro de Mormón.

Para Ammorón, se trataba de un asunto de primogenitura que se remontaba a la familia de Lehi y Saria. Como Lamán era mayor que Nefi, Ammorón sugería que los descendientes de Lamán debían gobernar sobre los descendientes de Nefi. Lo curioso es que tanto Ammorón como Amalickíah eran en realidad nefitas.

Para mí, la parte más interesante de la carta de Ammorón es esta:

“Y en cuanto a ese Dios a quien decís que hemos rechazado, he aquí, no conocemos a tal ser; ni tampoco lo conocéis vosotros” (Alma 54:21).

Al lado de este versículo escribí en el margen: “¡Oh, mi Corihor!”. ¿Lo recuerdas? Corihor parecía decir: “Oye, si yo no sé que hay un Dios, tú tampoco puedes saberlo” (Alma 30:48). A menudo, en el Libro de Mormón, los incrédulos contrarrestan el testimonio de los creyentes con una declaración como: “Tú no puedes saber eso; nadie puede saberlo”. Aparentemente, Ammorón pensaba exactamente como Corihor.

¿Cómo cerró Ammorón su carta? Con esta curiosa declaración: “Y he aquí, ahora soy un lamanita audaz”. ¡Vaya, Ammorón! ¿Realmente eres un lamanita? Mmm. Tal como comentamos en Alma 43, ser un nefita o un lamanita se convirtió más en una cuestión de afiliación y creencias que de linaje y nacimiento. Ammorón era hermano de Amalickíah, un nefita que conspiró para ser rey. Sin embargo, aquí dice: “Soy un lamanita audaz”. ¿Qué quiere decir? Quiere decir un lamanita por creencia, no por nacimiento.

Después de que las cartas fueron intercambiadas, el capitán Moroni tenía decisiones que tomar. ¿Seguiría adelante con el intercambio? ¿Permitiría la liberación de prisioneros? ¿O tenía algo mejor en mente? ¿Algo que le permitiera recuperar a todos los prisioneros nefitas sin entregar a los prisioneros lamanitas a Ammorón, lo cual habría fortalecido el ejército de Ammorón? La respuesta a estas preguntas y más nos esperan en Alma 55.

Lecciones de Alma 54

  1. Teme a Dios más que al hombre.
  2. Mansedumbre no es debilidad.

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