Mediten bien sobre sus caminos y desde este día el Señor les dará bendición

Conferencia General Octubre 2026

Mediten bien sobre sus caminos y desde este día el Señor les dará bendición

Por el élder Ciro Schmeil
De los Setenta

Nuestro Salvador, Jesucristo, y nuestros convenios son esenciales para guiarnos por la senda de los convenios y ayudarnos a superar nuestros desafíos y debilidades.


El plan de felicidad

Dios es nuestro Padre Celestial y preparó un plan para que regresemos a Su presencia. En las Escrituras se le llama el Plan de Salvación o “el gran plan de felicidad” (Alma 42:8). Según este plan, “esta vida es cuando […] debe[mos] preparar[nos] para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

Y Dios no nos dejó solos en este trayecto. Como ha enseñado el presidente Dallin H. Oaks, Dios nos dio “ayudas divinas para la vida terrenal” que pueden ayudarnos a volver a Su presencia. Mencionaré dos de estas ayudas divinas: el Salvador Jesucristo y nuestros convenios.

Jesucristo

Nuestro Salvador, Jesucristo, y nuestros convenios son esenciales para guiarnos por la senda de los convenios y ayudarnos a superar nuestros desafíos y debilidades. Jesucristo nos conoce individualmente y nos ayudará si lo buscamos a Él: “Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. […] Porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos” (Éter 12:27).

Según este pasaje de las Escrituras, debemos ser humildes y tener fe en Cristo para que las cosas débiles se vuelvan fuertes. Una característica fundamental de la humildad es tener un corazón quebrantado, lo cual significa ser receptivo a la voluntad de Dios. Para ser receptivos a la voluntad de Dios, debemos tener fe en Cristo, lo cual significa que confiamos en Él incluso cuando no tengamos todas las respuestas. El presidente Oaks dijo: “Con mucho, la ayuda terrenal más poderosa que Dios ha dispuesto fue la provisión de un Salvador, Jesucristo, que sufriría para pagar el precio y proporcionar el perdón de los pecados de los que nos arrepintamos. Esa misericordiosa y gloriosa Expiación explica por qué la fe en el Señor Jesucristo es el primer principio del Evangelio”.

Convenios

Mostramos nuestra fe en Cristo al hacer y guardar convenios con Dios. “Un convenio es una promesa sagrada entre Dios y Sus hijos. Él establece las condiciones del convenio y Sus hijos se comprometen a obedecerlas. Dios promete bendecir a Sus hijos conforme ellos cumplan con el convenio”.

Los convenios nos unen a Jesucristo porque Él ocupa el lugar central de cada convenio que hacemos. En el capítulo 11 de Mateo, el Salvador extiende a todos una hermosa invitación y una promesa. Él dijo:

“Venid a mí […], y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí […], y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30).

Es por medio de los convenios que llegamos a unirnos en yugo al Salvador Jesucristo y nuestras cargas se vuelven más ligeras.

El convenio bautismal es el primer convenio que hacemos con Dios. Luego hacemos un nuevo convenio con Él cada semana al participar de la Santa Cena durante nuestra adoración dominical, donde renovamos las promesas hechas al ser bautizados y hacemos convenio de recordar siempre al Salvador. Jesucristo instituyó la Santa Cena para ayudarnos a recordarlo, con la promesa de que, si lo hacemos, tendremos Su Espíritu con nosotros (véanse Lucas 22:19–20; 3 Nefi 18:11).

La oración sacramental nos sirve de buen recordatorio de que no necesitamos ser perfectos para participar de la Santa Cena. Debemos estar dispuestos a tomar Su nombre sobre nosotros, recordarle y guardar Sus mandamientos y, a cambio, recibimos la promesa de tener siempre Su Espíritu con nosotros. La Santa Cena es esencial para tener el Espíritu y la fortaleza para continuar en la senda de los convenios.

El élder Dale G. Renlund nos ha recordado y advertido que “llegará el momento, en la vida de cada uno de ustedes, en el que dudarán si ir a la iglesia y participar de la Santa Cena. Si aún no ha sucedido, sucederá. Pero sepan esto: si siguen la guía del Salvador y van y participan de la Santa Cena, con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, se derramarán sobre ustedes bendiciones que los mantendrán firmes, que los mantendrán sólidos, que los mantendrán establecidos sobre el fundamento firme que es Jesucristo”.

En Predicad Mi Evangelio también aprendemos que “al hacer que nuestras actividades del día de reposo sean compatibles con la intención de Dios para ese día, sentiremos gozo y paz, nos nutriremos espiritualmente y nos revitalizaremos físicamente”. ¡Qué gran bendición es para nosotros participar de la Santa Cena cada semana!

La Santa Cena también nos prepara para hacer y guardar los convenios del templo. Podemos comprender acerca de la importancia y de las bendiciones de los convenios del templo al leer el relato del profeta Hageo en el Antiguo Testamento.

El Señor había mandado a los israelitas que reedificaran el templo, pero ellos no lo consideraron una prioridad. Descontento con ellos, el Señor dijo:

“Meditad bien sobre vuestros caminos.
“Sembráis mucho y recogéis poco; […] y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. […]
“¿Por qué? […] Porque mi casa está desierta mientras que cada uno de vosotros corre a su propia casa” (Hageo 1:5–7, 9).

De ese relato aprendemos que el Señor no pudo magnificar los esfuerzos de ellos porque sus acciones no estaban alineadas con la voluntad de Dios. Aunque estaban haciendo mucho, no estaban logrando mucho porque la santa casa de Dios no era una prioridad en su vida.

Al meditar bien sobre sus caminos, ellos se arrepintieron y siguieron la guía de Dios. Tan pronto como comenzaron a reconstruir el templo, el Señor dijo: “Desde este día daré bendición” (Hageo 2:19).

Bendiciones

Ruego que nosotros también meditemos bien sobre nuestros caminos. El Padre Celestial no nos pide que edifiquemos físicamente el templo, sino que forjemos una relación fuerte con Él y con Su Hijo, Jesucristo, por medio de nuestros convenios. Él magnificará nuestros esfuerzos si meditamos bien sobre nuestros caminos y hacemos los ajustes necesarios para hacer y guardar convenios con Él. Dios sabe lo que es mejor para nosotros y anhela bendecirnos. Recuerden lo que Él dijo a los israelitas: “Desde este día daré bendición” (Hageo 2:19). Sé que Dios cumple Sus promesas; lo he visto en mi vida. Él me dio fortaleza espiritual y física cuando más la necesitaba.

La Santa Cena me ha ayudado a guardar mis convenios bautismales y del templo. Es un recordatorio semanal de lo que el Salvador Jesucristo ha hecho por mí y de cuánto lo necesito en mi vida mientras recorro la senda de los convenios de regreso a Su presencia.

Ruego que meditemos bien sobre nuestros caminos y recordemos las palabras del rey Benjamín cuando dijo: “Considera[d] el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41). Eso es posible solamente a medida que hacemos y guardamos los convenios. En el nombre de Jesucristo. Amén.


Un comentario

Al examinar nuestra vida y orientar nuestras decisiones hacia Jesucristo y los convenios que hacemos con Dios, recibimos ayuda para afrontar nuestras debilidades y avanzar hacia Su presencia.
Jesucristo, convenios, prioridades.

El élder Ciro Schmeil nos invita a meditar sobre nuestros caminos para reconocer si nuestras prioridades corresponden a nuestra relación con Dios. Su propósito es ayudarnos a comprender que el Padre Celestial ha preparado medios para sostenernos durante la vida terrenal: el Salvador Jesucristo y los convenios que nos unen a Él. La invitación central consiste en hacer los ajustes necesarios para vivir esos convenios con mayor fidelidad, especialmente mediante una participación consciente en la Santa Cena y la atención a los convenios del templo.

La vida cotidiana exige nuestra atención de muchas maneras. Tenemos responsabilidades familiares, trabajo, preocupaciones y decisiones que no siempre pueden esperar. En medio de esas exigencias, podemos dedicar mucho esfuerzo a seguir adelante sin detenernos a considerar hacia dónde nos llevan nuestras decisiones.

El mensaje del élder Schmeil nos invita a hacer esa pausa. Examinar nuestros caminos supone mirar con sinceridad aquello que ocupa nuestro tiempo, orienta nuestros deseos y determina nuestras prioridades. También supone reconocer cuánto necesitamos al Salvador para cambiar y continuar.

El discurso sitúa esa reflexión dentro del plan de felicidad del Padre Celestial. Nuestra vida tiene un propósito eterno, y Dios ha dispuesto ayuda para que podamos avanzar hacia Él aun cuando tengamos debilidades y preguntas sin resolver.

Al comenzar este estudio, consideremos una inquietud: ¿cómo podemos reconocer si nuestras actividades religiosas fortalecen nuestra relación con Jesucristo y transforman nuestras decisiones cotidianas?

Esta pregunta nos acompañará mientras examinamos la humildad, la fe, la Santa Cena y el lugar que los convenios ocupan en nuestra vida.


Enseñanzas principales

La vida terrenal tiene un propósito y cuenta con ayuda divina
El discurso comienza con el plan de felicidad. Esta elección da sentido a todo lo que sigue: antes de pedirnos que revisemos nuestra conducta, el orador recuerda quién es Dios y hacia dónde desea conducirnos.

La preparación para regresar a Su presencia requiere decisiones y transformación. Sin embargo, el élder Schmeil presenta esa responsabilidad junto con la ayuda divina disponible. Así evita que la invitación a mejorar dependa únicamente de nuestra capacidad de esforzarnos.

El orden del mensaje resulta significativo: primero establece el destino, después identifica al Salvador y los convenios como ayudas esenciales y, finalmente, invita a revisar nuestras prioridades. Nuestra conducta se examina a la luz de una relación con Dios y de un propósito eterno.

Reconocer la debilidad puede acercarnos a Jesucristo
Al recurrir a Éter 12:27, el orador enseña que acudir a Cristo puede hacernos más conscientes de nuestra debilidad. Esa conciencia no demuestra, por sí misma, que estemos retrocediendo espiritualmente; puede abrirnos a reconocer nuestra necesidad de Su ayuda.

El élder Schmeil explica la humildad como receptividad a la voluntad de Dios. Esta definición permite distinguirla del desprecio hacia uno mismo. Una persona humilde puede reconocer sus limitaciones y, al mismo tiempo, confiar en que el Salvador puede ayudarla.

La fe complementa esa disposición: confiar en Cristo aun sin tener todas las respuestas permite actuar antes de comprenderlo todo. En conjunto, ambas enseñanzas muestran que el cambio espiritual requiere una voluntad enseñable y confianza en el Salvador. El pasaje no establece un plazo para superar cada limitación; dirige nuestra atención hacia la gracia de Cristo y nuestra respuesta a Él.

Los convenios expresan la fe y profundizan nuestra relación con el Salvador
El discurso pasa de confiar en Jesucristo a hacer y guardar convenios con Dios. Con ello, muestra que la fe adquiere una expresión concreta mediante compromisos sagrados.

La imagen del yugo, tomada de Mateo 11:28–30, explica el sentido de esos compromisos. El élder Schmeil relaciona los convenios con una unión al Salvador que permite recibir Su ayuda al llevar nuestras cargas. Desde esa perspectiva, guardar un convenio implica aprender de Él, recordar Sus enseñanzas y permitir que orienten nuestra conducta.

Esta enseñanza también explica por qué la obediencia tiene importancia espiritual: expresa nuestra confianza en Dios y fortalece una relación que puede sostenernos en las dificultades.

La Santa Cena vincula nuestra disposición presente con el compromiso de toda una vida
El orador dedica una parte considerable del discurso a la Santa Cena. La presenta como un recordatorio semanal del Salvador y como una ayuda para guardar los convenios bautismales y del templo.

Su énfasis en estar dispuestos tiene especial importancia. Reconoce que el progreso espiritual ocurre mientras todavía necesitamos arrepentirnos y cambiar. La disposición sincera incluye reconocer los errores y procurar obedecer; no equivale a conformarnos con ellos.

La referencia a la posible vacilación ante la asistencia a la Iglesia introduce una dificultad real. El élder Schmeil nos invita a responder con un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Así, la participación sacramental se relaciona con nuestra necesidad de Cristo, incluso cuando nos sentimos débiles o desanimados.

Como aplicación, podríamos prepararnos identificando algo que necesitamos corregir y una forma específica de recordar al Salvador durante la semana. Esta es una propuesta práctica derivada del mensaje, no una instrucción adicional atribuida al orador.

Meditar sobre nuestros caminos requiere revisar prioridades
El relato de Hageo constituye el momento de examen del discurso. El pueblo trabajaba y atendía sus asuntos, pero había relegado la reconstrucción de la casa del Señor.

El contraste entre esfuerzo y fruto plantea una pregunta sobre la dirección de nuestra vida. La actividad constante puede coexistir con el descuido de aquello que hemos reconocido como sagrado. Por eso, meditar sobre nuestros caminos requiere considerar tanto nuestras intenciones como nuestras decisiones habituales.

El propio élder Schmeil traslada el relato a nuestra situación: la invitación actual es fortalecer la relación con el Padre y el Hijo mediante los convenios. Una aplicación razonable sería revisar qué compromiso hemos postergado y qué ajuste concreto permitiría atenderlo.

Este relato no justifica concluir que toda dificultad económica, enfermedad o pérdida sea consecuencia de una falta de fidelidad. El discurso utiliza una situación particular para enseñarnos a examinar nuestras prioridades.

La promesa de bendición permite comenzar con esperanza
La invitación a cambiar está acompañada por la confianza en que Dios desea bendecir a Sus hijos. El élder Schmeil añade su testimonio de haber recibido fortaleza espiritual y física cuando la necesitaba.

El contexto de Hageo aporta un matiz valioso: la promesa de bendición se anuncia cuando los árboles todavía no han dado fruto. Esto permite comprender que confiar en Dios puede preceder a los resultados visibles. El texto no establece que toda dificultad desaparecerá de inmediato.

El cierre con Mosíah 2:41 amplía el horizonte hasta la vida con Dios. Las bendiciones temporales forman parte del mensaje, pero su culminación es la felicidad eterna de quienes perseveran fielmente.


Puntos doctrinales

El plan de salvación y la función esencial de Jesucristo
El Padre Celestial preparó un plan para que Sus hijos regresen a Su presencia, y Jesucristo hace posible el arrepentimiento y el perdón mediante Su Expiación.

El orador cita Alma 42:8 y Alma 34:32 para establecer el propósito de la vida terrenal. Después incorpora una enseñanza del presidente Dallin H. Oaks sobre la Expiación. La relación entre estos elementos es fundamental: la preparación para comparecer ante Dios depende de nuestra respuesta al Salvador y de lo que Él ha hecho por nosotros.

Por tanto, el examen personal al que invita el discurso debe conducirnos hacia Cristo. Reconocer una falta cobra sentido espiritual cuando nos mueve al arrepentimiento y a buscar Su ayuda.

La fe y la humildad permiten recibir la gracia de Cristo
Al acudir a Jesucristo con humildad y fe, podemos recibir Su ayuda frente a nuestra debilidad.

Éter 12:27, citado por el orador, fundamenta esta enseñanza. El versículo también declara la suficiencia de la gracia del Señor para quienes se humillan ante Él. La transformación descrita depende del poder de Cristo y requiere nuestra respuesta voluntaria.

Un consejo práctico derivado de ese principio sería pedir ayuda para reconocer una conducta que necesita cambiar y actuar conforme a lo que comprendamos. La acción específica es una aplicación; el fundamento doctrinal es nuestra dependencia del Salvador.

Los convenios establecen compromisos sagrados con Dios
Dios establece las condiciones de los convenios y promete bendiciones relacionadas con su cumplimiento.

El discurso toma su definición de convenio del Manual General, sección 3.5.2. También relaciona los convenios con la invitación del Salvador en Mateo 11:28–30. Conviene distinguir ambos usos: Mateo contiene la invitación a venir a Cristo, llevar Su yugo y aprender de Él; el élder Schmeil explica cómo esa imagen ilumina nuestra relación con el Salvador mediante los convenios. La definición y las fuentes figuran en la versión oficial del discurso.

Esta distinción preserva la fidelidad al texto bíblico y permite apreciar el desarrollo doctrinal que realiza el orador.

La Santa Cena renueva nuestro compromiso y dirige nuestra memoria hacia Cristo
La Santa Cena conmemora al Salvador, expresa compromisos sagrados y vincula el recordarlo con la promesa de Su Espíritu.

El orador cita Lucas 22:19–20 y 3 Nefi 18:11. Como apoyo complementario, Moroni 4:3 contiene la oración sacramental que él comenta, aunque no menciona su referencia de manera expresa. Allí aparecen la disposición a tomar sobre nosotros el nombre del Hijo, recordarlo siempre y guardar Sus mandamientos, junto con la promesa de Su Espíritu.

La disposición no elimina la necesidad del arrepentimiento. Describe una orientación sincera hacia el Salvador mientras procuramos vivir nuestros compromisos.

La obediencia y la perseverancia tienen una perspectiva eterna
Guardar los mandamientos y perseverar fielmente orienta nuestra vida hacia las bendiciones que Dios ha prometido.

El élder Schmeil concluye con Mosíah 2:41, que él mismo cita. La referencia une las bendiciones temporales y espirituales con la perseverancia hasta el fin y la felicidad en la presencia de Dios.

Esto ayuda a interpretar el título del discurso: podemos confiar en la fidelidad divina sin convertir la obediencia en una exigencia de resultados inmediatos. La invitación es vivir en relación de convenio con Dios y continuar confiando en Él.


Preguntas para el debate

¿Qué diferencia hay entre evaluar cuánto hacemos y meditar sobre la dirección de nuestra vida?
Una respuesta orientativa sería que evaluar cuánto hacemos considera principalmente nuestras actividades, mientras que meditar sobre nuestros caminos examina a qué propósitos sirven. El relato de Hageo muestra a un pueblo ocupado que había relegado una responsabilidad sagrada. Aplicado con prudencia, el mensaje nos invita a considerar si nuestras decisiones reflejan los convenios que hemos hecho. La clase puede explorar cómo realizar ese examen sin desatender responsabilidades familiares y laborales legítimas ni suponer que todos deben organizar su vida de la misma manera.

¿Cómo puede una persona acercarse a la Santa Cena cuando reconoce que todavía necesita cambiar?
El discurso ofrece una orientación al destacar la disposición sincera y el corazón quebrantado. Reconocer una debilidad puede conducir al arrepentimiento y a buscar al Salvador. Al mismo tiempo, estar dispuestos supone procurar cambios reales. La clase podría analizar cómo cultivar una preparación sacramental que combine esperanza, responsabilidad y confianza en Cristo, sin pedir a nadie que comparta asuntos personales.

¿Cómo podemos confiar en las promesas de Dios cuando los resultados de nuestros esfuerzos todavía no son visibles?
El relato de Hageo permite considerar una fidelidad que comienza antes de ver el fruto. El testimonio del élder Schmeil también destaca la fortaleza recibida en momentos de necesidad. Una respuesta posible es continuar guardando los convenios, reconocer la ayuda que recibimos para perseverar y evitar imponer un plazo a las bendiciones. Como aplicación, se puede escoger un compromiso concreto y evaluar su cumplimiento por la fidelidad de nuestra respuesta, dejando en manos de Dios la forma y el momento de Sus bendiciones.


Comentario final

Al concluir este estudio, volvamos a la invitación que da unidad al discurso: meditar bien sobre nuestros caminos.

Esa pausa puede ayudarnos a reconocer dónde estamos poniendo nuestra confianza, qué hemos postergado y qué lugar ocupan Jesucristo y nuestros convenios en las decisiones de cada día.

El élder Schmeil comienza recordándonos que tenemos un Padre Celestial y que nuestra vida forma parte de Su plan de felicidad. Desde esa certeza, nos invita a mirar nuestras debilidades con humildad y a acudir al Salvador. Podemos reconocer lo que necesita cambiar y confiar en Él aun cuando no comprendamos todo lo que tenemos por delante.

Los convenios dan una expresión concreta a esa confianza. Nos comprometen a seguir al Salvador y nos recuerdan que necesitamos Su ayuda. La Santa Cena nos ofrece una oportunidad semanal para volver nuestra atención hacia Él, recordar Su sacrificio y renovar nuestra disposición a vivir como Sus discípulos.

El relato de Hageo nos deja una pregunta que merece acompañarnos: ¿hay algo sagrado que hemos dejado esperando mientras atendemos otras cosas?

Cada uno puede considerar esa pregunta en oración. Después, puede elegir un ajuste sencillo y concreto. Para esta semana, podríamos preparar nuestra participación en la Santa Cena identificando un compromiso que necesitamos vivir con mayor fidelidad y una acción que exprese esa decisión.

Los frutos quizá requieran tiempo. Aun así, podemos comenzar confiando en el Dios que conoce nuestras necesidades y cumple Sus promesas.

Gracias por acompañarnos en este espacio de estudio, análisis y debate. Que esta reflexión nos ayude a acercarnos al Salvador con mayor sinceridad y a dar un paso consciente en la senda de nuestros convenios. Los esperamos en nuestro próximo estudio para seguir aprendiendo juntos del Evangelio de Jesucristo.

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