Conferencia General Octubre 2026
Tomar sobre nosotros Su nombre
Por el élder James G. O. Fantone
De los Setenta
El Salvador nos invita a que tomemos Su nombre sobre nosotros por convenio y a que le sirvamos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza.
Mis queridos hermanos y hermanas, después de que mi esposa y yo terminamos nuestro servicio como líderes de misión en la Misión Filipinas Antipolo, nuestra hija menor hizo una petición especial. Pidió completar su undécimo grado escolar a través de un programa de educación en el hogar.
Mi esposa encontró una escuela excelente y me pidió si podía pasar por la oficina de admisiones y presentar los documentos restantes de la inscripción de ella.
Cuando llegué, entregué la documentación a la secretaria. Ella me pasó un documento, señaló una línea en la parte inferior y me pidió que escribiera el nombre de mi hija y que firmara arriba. Sin embargo, mi mente estaba preocupada con otros asuntos. Pensé erróneamente que me había indicado que escribiera mi nombre.
Con plena confianza, escribí “James Fantone” y firmé. Unos segundos después, me di cuenta de mi error.
“Bueno”, pensé, “no es gran cosa; esto se soluciona fácil”. Verán, el nombre de nuestra hija menor es Amanda James Fantone. Así que solo agregué “Amanda” antes de mi propio nombre y el error quedó corregido rápidamente.
Luego, en un tranquilo momento de reflexión, me vino a la mente una pregunta profunda y un pasaje familiar de las Escrituras. La pregunta: ¿Qué importancia tiene un nombre? Y el pasaje de las Escrituras era el del rey Benjamín: “No se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente” (Mosíah 3:17).
Al meditar en ello, comencé a ver un contraste espiritual significativo entre mi rápida solución administrativa y la invitación sagrada de nuestro Salvador.
La invitación del Salvador no es simplemente que agreguemos Su nombre al nuestro como una insignia de afiliación religiosa. El Salvador advirtió que “[algunos] con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí” (José Smith—Historia 1:19).
Su invitación es que tomemos Su nombre sobre nosotros. Es una invitación a llegar a ser más semejantes a Él mediante el guardar los convenios. El Señor resucitado preguntó: “¿No han leído las Escrituras que dicen que debéis tomar sobre vosotros el nombre de Cristo, que es mi nombre?” (3 Nefi 27:5; véanse también Mosíah 5:8; 6:2).
Como hijos del convenio de Dios, ¿cómo tomamos verdaderamente sobre nosotros el nombre de Jesucristo? ¿Cómo se manifiesta eso en nuestra vida diaria?
Me encanta la respuesta sencilla pero profunda que enseñó el profeta Moroni. Él escribió que nadie era bautizado “a menos que tomara sobre sí el nombre de Cristo, teniendo la determinación de servirle hasta el fin” (Moroni 6:3; véase también Mosíah 18:13).
Tomar sobre nosotros Su nombre requiere la determinación de servirle toda la vida. Y el rey Benjamín proporcionó la clave divina: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17).
Tuve la bendición de crecer en un hogar donde el servicio a los demás se enseñaba por medio del ejemplo. Vivíamos en un modesto bungaló de tres habitaciones: una habitación para mi hermano y para mí, otra para nuestras dos hermanas mayores y otra para nuestros padres.
Recuerdo claramente una época en la que la habitación de los niños no estaba disponible para que la usáramos. Mi madre, que era maestra de una escuela pública, se enteró de que uno de sus alumnos recién graduado no podía continuar sus estudios vocacionales porque su familia no podía pagar una vivienda cerca de la escuela. Con el deseo de ayudarlo a alcanzar su potencial, mis padres lo recibieron en nuestra casa y le ofrecieron la habitación de los niños.
En otra oportunidad, fue la habitación de las niñas la que ocuparon otras personas. Cuando la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio nos contó de una familia vulnerable cuyos hijos necesitaban con desesperación un lugar seguro donde quedarse, mis padres, sin dudarlo, abrieron nuestras puertas y algunos de los niños se mudaron indefinidamente a la habitación de nuestras hermanas.
Creo con todo mi corazón que si mis padres hubieran vivido en Belén cuando José buscaba un lugar para que María diera a luz, y si por casualidad hubiesen tocado a nuestra puerta, y si las habitaciones de los niños y de las niñas hubieran estado ocupadas, mis padres con gusto habrían ofrecido su habitación.
El presidente Marion G. Romney enseñó esta verdad eterna: “El servicio no es algo que soportamos en esta tierra a fin de ganar el derecho de vivir en el Reino Celestial. El servicio es la fibra misma de la que se compone una vida exaltada en el reino de los cielos” (véase “La naturaleza celestial de la autosuficiencia”, Liahona, marzo de 2009, pág. 19).
Fui testigo de ese mismo servicio valiente en nuestros extraordinarios misioneros de tiempo completo.
Como presidente de misión, los entrevistaba con regularidad. En sus primeros meses, no era raro que algunos se sentaran frente a mí llorando y dijeran: “Presidente, estoy muy triste, solo y nostálgico. Los días se sienten tan largos y el tiempo pasa tan lento que ni siquiera sé si podré durar tres meses más”. Sin embargo, esos valientes misioneros se arrodillaban, se ponían su placa y salían a servir de todos modos.
Un año después, esos mismos misioneros se sentaban en mi oficina con rostros radiantes y decían: “Presidente, ¡estoy tan feliz! Amo a las personas y amo esta obra. Pero el tiempo pasa demasiado rápido, ¡no quiero que esto termine!”.
Cada vez que presenciaba esa transformación, me maravillaba. “¿Cambió realmente el tiempo?”.
Ustedes y yo sabemos la respuesta. El tiempo no cambió, los misioneros sí.
La obra no cambió, pero los obreros sí.
Nuestros misioneros cambiaron.
Cuando genuinamente tomamos sobre nosotros el nombre de Jesucristo al perdernos en el servicio a los demás, sucede algo milagroso. Experimentamos lo que Alma, hijo, llamó un “potente cambio” en nuestro corazón (Alma 5:14), la clase de cambio que conduce a la verdadera conversión y no simplemente al entusiasmo personal. El rey Benjamín hizo esta profunda pregunta: “Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?” (Mosíah 5:13).
Mis amados hermanos y hermanas, la invitación del Salvador no es que simplemente agreguemos Su nombre al nuestro. Su invitación es que tomemos Su nombre sobre nosotros por convenio y que le sirvamos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza al elevar, amar y servir a nuestros semejantes.
Hoy me presento ante ustedes como testigo de Su realidad viviente. He hecho el convenio sagrado de tomar sobre mí el nombre de Jesucristo y estoy decidido a esforzarme por servirle fielmente hasta el fin.
Testifico que Él vive, que esta es Su Iglesia restaurada y que a medida que perdamos nuestra vida en Su servicio, lo encontraremos a Él y nos encontraremos a nosotros mismos. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.
Un comentario
Tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo por convenio significa comprometernos a servirle durante toda la vida, amando y elevando a nuestros semejantes mientras permitimos que Él transforme nuestro corazón.
Convenios · Servicio · Conversión.
El discurso invita a examinar la relación entre nuestra identidad como discípulos y nuestra manera de vivir. Mediante una experiencia familiar, ejemplos de hospitalidad y relatos de la vida misional, el élder Fantone desarrolla una idea: llevar el nombre del Salvador requiere una disposición constante a actuar conforme a Sus enseñanzas. El servicio es una expresión de ese compromiso y una oportunidad para conocer mejor al Señor. La invitación central es pasar de reconocer nuestra pertenencia religiosa a vivir nuestros convenios con un corazón dispuesto a amar, ayudar y perseverar.
Bienvenidos a este espacio de estudio, análisis y reflexión sobre el Evangelio de Jesucristo. Hoy consideraremos el discurso Tomar sobre nosotros Su nombre, del élder James G. O. Fantone.
Un nombre puede expresar pertenencia, vínculos familiares y responsabilidad. Sin embargo, cuando hablamos del nombre de Jesucristo, entramos en una dimensión sagrada. Tomarlo sobre nosotros por convenio implica orientar nuestra vida hacia Él y procurar que nuestras decisiones reflejen esa relación.
El discurso comienza con un pequeño error al completar un documento. A partir de esa experiencia cotidiana, el orador nos conduce hacia una pregunta que merece atención: ¿qué relación existe entre el nombre del Salvador que hemos aceptado llevar y la manera en que respondemos a las necesidades de quienes nos rodean?
Esta pregunta alcanza nuestra vida familiar, nuestras responsabilidades en la Iglesia y nuestros encuentros más comunes. También nos invita a pensar en aquello que sucede dentro de nosotros cuando servimos: qué aprendemos, qué deseos cambian y cómo llegamos a conocer mejor a Jesucristo.
Al estudiar este mensaje, podremos considerar tanto el compromiso que asumimos al hacer convenios como las oportunidades diarias de vivir de acuerdo con ellos.
Enseñanzas principales
La identidad del discípulo debe expresarse en su manera de vivir
La experiencia del formulario proporciona la estructura inicial del discurso. El orador pudo corregir su equivocación agregando el nombre de su hija delante del suyo. La solución fue sencilla porque se trataba de un documento. A continuación, establece un contraste: nuestra relación con Jesucristo exige algo mucho más profundo que añadir un nombre.
El relato permite comprender una diferencia espiritual importante. Una identificación religiosa puede reconocerse exteriormente, mientras que el discipulado compromete las intenciones y las decisiones. La advertencia sobre honrar al Señor con los labios mientras el corazón permanece lejos de Él dirige la atención hacia esa posible distancia entre lo que profesamos y lo que deseamos.
Esto no supone que un discípulo sincero nunca falle. La pregunta que plantea el discurso es hacia dónde se orienta su vida. Tomar el nombre de Cristo implica una disposición a aprender de Él, guardar los convenios y corregir aquello que no concuerda con Su Evangelio.
El convenio establece una determinación que abarca toda la vida
Después de explicar qué significa tomar el nombre del Salvador, el élder Fantone recurre a Moroni 6:3 para destacar la determinación de servirle hasta el fin. Así, el mensaje pasa de la identidad al compromiso.
Esta secuencia es importante. El servicio aparece vinculado a una relación sagrada que permanece a través de distintas circunstancias. Las oportunidades y capacidades pueden cambiar, pero la decisión de pertenecer a Cristo y procurar hacer Su voluntad puede seguir orientando nuestra vida.
La palabra determinación ayuda a comprender el alcance de esa entrega. Expresa una voluntad que necesita sostenerse cuando desaparece el entusiasmo inicial o cuando servir requiere esfuerzo. El discurso invita a cultivar esa fidelidad sin afirmar que toda jornada de servicio será fácil o emocionalmente satisfactoria.
El amor se vuelve concreto cuando hacemos lugar para otras personas
Los relatos sobre sus padres muestran cómo se manifiesta el compromiso de servir. La familia tenía una vivienda modesta y, aun así, compartió su espacio para facilitar los estudios de un joven y ofrecer protección a niños que lo necesitaban.
El detalle de las habitaciones permite percibir que la ayuda tuvo un costo real. La hospitalidad modificó la organización del hogar. Además, los padres respondieron a necesidades específicas: educación y seguridad. Su ejemplo enseña una forma de atención que observa a las personas y procura comprender qué puede ayudarlas.
La referencia a Belén debe entenderse como una expresión de la confianza del orador en la generosidad de sus padres. Es una situación hipotética con la que destaca su disposición a recibir a otros.
Como aplicación, podemos preguntarnos qué recursos tenemos disponibles: tiempo, conocimientos, compañía o ayuda material. El relato no establece que todas las familias deban ofrecer alojamiento. Invita a reconocer una necesidad y considerar una respuesta adecuada a nuestras circunstancias.
El servicio puede cambiar nuestra manera de mirar la vida
La experiencia de los misioneros introduce un segundo movimiento en el mensaje. Primero vimos cómo el servicio beneficia a quienes reciben ayuda; ahora observamos cómo puede transformar a quienes sirven.
Al comienzo, algunos misioneros experimentaban tristeza, soledad y nostalgia. Más adelante, esos mismos jóvenes expresaban amor por las personas y por la obra. El orador organiza el contraste alrededor de su percepción del tiempo: antes parecía avanzar lentamente; después, demasiado rápido.
Su explicación es que los misioneros habían cambiado. Desde la lógica del relato, el amor adquirido mediante el servicio modificó su relación con la experiencia misional. Las personas a quienes servían llegaron a ocupar un lugar distinto en su corazón.
Conviene conservar el alcance de esta enseñanza. El discurso describe una transformación observada por el orador; no establece un plazo universal ni promete que servir eliminará toda tristeza. De hecho, reconoce el sufrimiento inicial de los misioneros y presenta su perseverancia como una expresión de valor.
Servir al Salvador nos ayuda a conocerlo
El mensaje alcanza su mayor profundidad cuando relaciona el servicio con la conversión y el conocimiento de Jesucristo. La pregunta de Mosíah 5:13 permite al orador señalar que conocer al Señor supone una relación que compromete los pensamientos y las intenciones del corazón.
Una interpretación coherente con este desarrollo es que, al procurar amar y elevar a otra persona, tenemos oportunidades de comprender mejor las exigencias del amor cristiano. Descubrimos la necesidad de paciencia, humildad y constancia. También reconocemos cuánto necesitamos aprender del Salvador.
El testimonio final devuelve el mensaje a su centro: Jesucristo vive. Los ejemplos familiares y misionales conducen hacia Él. La finalidad del servicio que propone el discurso es vivir nuestra relación de convenio con el Salvador y permitir que esa relación transforme nuestra manera de tratar a los demás.
Puntos doctrinales
Jesucristo es el fundamento de la salvación
Mosíah 3:17, citado por el orador, establece que la salvación viene únicamente por Jesucristo. Esta verdad explica por qué Su nombre tiene una importancia que supera cualquier identificación humana: nuestra esperanza de salvación depende de Él.
Este fundamento orienta la lectura del discurso. El servicio pertenece a la vida del discípulo que responde al Salvador; no sustituye Su poder redentor. Como apoyo complementario, Moroni 6:4 —versículo que el orador no cita— enseña que los miembros eran nutridos espiritualmente y permanecían confiando en los méritos de Cristo. Así se conserva la relación entre nuestro esfuerzo por servir y nuestra dependencia del Señor.
Tomar Su nombre implica una relación de convenio
El orador cita 3 Nefi 27:5 y Mosíah 5:8 para fundamentar la invitación a tomar el nombre de Cristo. En esos pasajes, llevar Su nombre se relaciona con pertenecerle y obedecer a Dios.
Moroni 6:3, también citado en el discurso, sitúa la determinación de servir a Cristo hasta el fin entre las condiciones para recibir a alguien al bautismo. Por tanto, el servicio tiene una relación directa con el compromiso del discípulo.
Conviene distinguir ese fundamento de sus aplicaciones. Compartir una habitación, ayudar con los estudios o acompañar a alguien son posibles maneras de vivir el compromiso. Ninguna de esas acciones particulares constituye por sí sola una obligación idéntica para todos los miembros.
Servir al prójimo es servir a Dios
Mosíah 2:17, citado por el élder Fantone, vincula el servicio a nuestros semejantes con el servicio a Dios. Este principio explica por qué los relatos sobre vivienda, educación y protección tienen un lugar central en un discurso sobre convenios. Las necesidades humanas ofrecen oportunidades reales de honrar al Señor.
El principio es general; la forma de aplicarlo requiere discernimiento. Como propuesta práctica para este estudio, podemos identificar una necesidad concreta y ofrecer una ayuda que resulte útil, respetuosa y posible de sostener.
La conversión comprende una transformación interior
El discurso cita Alma 5:14 para relacionar el servicio con el cambio del corazón. El pasaje examina el nacimiento espiritual y la transformación del discípulo, por lo que permite comprender que la conversión alcanza algo más profundo que la conducta visible.
Como contexto complementario, Mosíah 5:2 atribuye el cambio del corazón a la acción del Espíritu del Señor. Este versículo no se cita expresamente en el discurso. Su aportación ayuda a precisar que la transformación espiritual procede de Dios y que nuestras acciones deben entenderse dentro de una relación de fe y obediencia.
Por eso, la transformación de los misioneros no debería medirse únicamente por su felicidad. El amor por las personas, la disposición a perseverar y el deseo de servir son aspectos más directamente relacionados con el argumento del orador.
El servicio pertenece a la vida que aspiramos a desarrollar
La declaración del presidente Marion G. Romney, citada por el élder Fantone, presenta el servicio como parte de la naturaleza de una vida exaltada. La fuente oficial confirma el sentido de esa enseñanza: aprender a servir tiene valor eterno porque forma parte de aquello que debemos llegar a ser.
Este fundamento ilumina la expresión de servir hasta el fin. El compromiso no se limita a completar tareas; nos invita a desarrollar una disposición de amor que llegue a formar parte de nuestro carácter.
Preguntas para el debate
¿Qué diferencia introduce un convenio en nuestra manera de comprender el servicio cristiano?
Según el discurso, el convenio sitúa el servicio dentro de nuestra relación con Jesucristo. Ayudar a otra persona sigue atendiendo una necesidad real, pero también expresa nuestra decisión de seguir al Salvador. Esta perspectiva puede dar continuidad al servicio cuando no hay reconocimiento o entusiasmo. La clase podría explorar cómo ese compromiso influye en nuestras motivaciones, recordando que quienes reciben ayuda merecen atención por su propia dignidad y sus necesidades.
¿Cómo podemos perseverar en el servicio cuando existe cansancio o desánimo, sin convertir el relato de los misioneros en una expectativa idéntica para todos?
El relato reconoce que algunos misioneros sufrían mientras procuraban cumplir su compromiso. Su transformación posterior muestra una posibilidad de crecimiento, pero no establece que toda dificultad desaparecerá de la misma manera. Una aplicación prudente sería combinar la determinación de servir con la oración, el apoyo de otras personas y una evaluación honrada de nuestras capacidades. La perseverancia puede expresarse mediante acciones pequeñas y sostenidas. El debate puede considerar qué ayuda a conservar el propósito del servicio durante temporadas difíciles.
¿Cómo podríamos aplicar el ejemplo de los padres del orador en circunstancias diferentes de las suyas?
Su ejemplo destaca la atención a necesidades concretas y la disposición a compartir recursos valiosos. El principio puede expresarse de muchas maneras: ayudar a alguien a aprender una habilidad, ofrecer compañía, colaborar con alimentos o facilitar una tarea. Para aplicarlo, conviene escuchar antes de decidir qué necesita la otra persona. La clase podría proponer acciones realistas y considerar cómo ofrecerlas respetando la dignidad y la capacidad de decisión de quien recibe ayuda.
Comentario final
Al concluir este estudio, podemos volver a la pregunta que surgió de una experiencia tan sencilla: ¿qué importancia tiene un nombre? El discurso nos ha invitado a considerar esa pregunta a la luz de nuestra relación con Jesucristo.
Tomar Su nombre sobre nosotros por convenio compromete nuestra manera de vivir. Esa relación puede expresarse en decisiones que rara vez llaman la atención: escuchar con paciencia, compartir un recurso, cumplir una responsabilidad o reconocer una necesidad que habíamos pasado por alto.
Los padres del élder Fantone hicieron lugar en su hogar para otras personas. Los misioneros perseveraron en medio de dificultades y llegaron a amar profundamente a quienes servían. En ambos relatos encontramos un compromiso que adquirió forma mediante acciones concretas.
También hemos considerado que el servicio puede abrir oportunidades para nuestro propio cambio. Al procurar el bienestar de alguien, podemos descubrir actitudes que necesitamos corregir y cualidades que deseamos desarrollar. Podemos reconocer nuestra necesidad de la ayuda del Salvador y aprender a volvernos hacia Él con mayor sinceridad.
Para llevar este mensaje a la práctica, elijamos una persona de nuestro entorno y una acción específica que podamos realizar durante los próximos días. Escuchemos lo que necesita. Consideremos qué ayuda podemos ofrecer. Después, demos seguimiento con discreción y constancia.
El compromiso de servir hasta el fin se vive en el presente. Hoy podemos tomar una decisión que exprese nuestro deseo de pertenecer a Jesucristo. Hoy podemos permitir que Su nombre influya en nuestra respuesta a otra persona.
El élder Fantone concluye con su testimonio del Salvador viviente. Esa es la esperanza que sostiene su invitación: servimos a Jesucristo, y al procurar seguirlo con fidelidad podemos conocerlo mejor. Que nuestras decisiones diarias den expresión al convenio que hemos hecho y que, al elevar a nuestros semejantes, nuestro corazón se vuelva cada vez más hacia Él.


























