Doctrina y Convenios Sección 65

Doctrina y Convenios
Sección 65


Contexto Histórico

Era finales de octubre de 1831 en Hiram, Ohio. José Smith, el Profeta, se encontraba profundamente inmerso en la obra de la Restauración y la preparación de la Iglesia para cumplir con los propósitos de Dios en los últimos días. En esos momentos, la joven Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enfrentaba desafíos y oportunidades: los santos estaban llamados a establecer Sion y expandir la obra del Evangelio por toda la tierra, pero también enfrentaban oposición y persecución.

En este escenario, José recibió una breve pero poderosa revelación, conocida como la Sección 65 de Doctrina y Convenios. Aunque corta, esta sección es una oración profética que resalta la importancia de la obra del Evangelio y el papel central del Reino de Dios en los últimos días.

La revelación comienza con una llamada urgente a “preparar la vía del Señor” y “enderezar sus sendas.” Estas palabras recuerdan las profecías de Isaías y de Juan el Bautista, quienes anunciaron la venida del Salvador. Este llamado no era solo simbólico: los santos estaban literalmente llamados a preparar al mundo para la Segunda Venida de Cristo, proclamando el Evangelio y edificando Sion como un lugar de refugio y paz.

En esta etapa de la historia de la Iglesia, las llaves del Reino de Dios ya habían sido restauradas a la tierra, un evento trascendental que marcó el inicio de la obra divina de reunir a los hijos de Dios en los últimos días. Estas llaves, entregadas por Pedro, Santiago y Juan a José Smith y Oliver Cowdery en 1829, otorgaron la autoridad para dirigir la Iglesia y establecer los cimientos del Reino de Dios en la tierra.

La revelación proclama que el Evangelio rodará “hasta los extremos de [la tierra], como la piedra cortada del monte” que “llenará toda la tierra.” Esta imagen, tomada del sueño de Nabucodonosor interpretado por el profeta Daniel (Daniel 2:34-35), simboliza la expansión inevitable y triunfante del Reino de Dios. Este mensaje resonó con fuerza en los primeros años de la Iglesia, cuando los miembros, aunque pocos en número, tenían una visión clara de que su obra sería de alcance mundial.

El compromiso de los santos con la obra misional ya estaba en marcha. Apenas meses antes de esta revelación, se habían enviado misioneros a Misuri y a otros lugares, y los esfuerzos por compartir el Evangelio continuaban expandiéndose. El mensaje de la Sección 65 fortaleció su fe en que esta obra no podría ser detenida.

La revelación también insta a los santos a orar fervientemente al Señor, implorando que Su reino se extienda sobre la tierra. Este llamado a la oración reflejaba la necesidad de un esfuerzo espiritual constante para sostener la obra del Señor. Orar por la venida del Reino era más que una expresión de fe; era un acto de participación en la obra divina de preparación para la Segunda Venida de Cristo.

La revelación describe un futuro glorioso en el cual el Hijo del Hombre descenderá “revestido del resplandor de su gloria” para recibir el Reino de Dios ya establecido en la tierra. Este mensaje reforzó la esperanza y el compromiso de los santos con el plan eterno de Dios.

La Sección 65 concluye con una declaración de alabanza a Dios, reconociendo que “tuya es la honra, el poder, y la gloria, para siempre jamás.” Este tono triunfal enfatiza que toda la obra de la Iglesia —la preparación del Reino, la proclamación del Evangelio y la edificación de Sion— tiene como propósito final glorificar a Dios y establecer Su dominio sobre toda la tierra.

La Sección 65 fue un recordatorio poderoso para los santos de su misión divina en los últimos días. En un tiempo de desafíos y oportunidades, esta revelación reafirmó la certeza de que el Evangelio se extendería hasta llenar toda la tierra y que el Reino de Dios triunfaría. También subrayó la importancia de la oración como una herramienta esencial para invocar la ayuda divina y preparar al mundo para el regreso de Cristo.

En los años posteriores, la Iglesia ha continuado cumpliendo esta visión, expandiéndose por todo el mundo y actuando como un faro de luz para las naciones. Esta revelación sigue siendo una invitación a los santos de hoy a participar activamente en esta gran obra, con el corazón lleno de fe y la mente enfocada en el propósito eterno de glorificar a Dios.

La Sección 65 enfatiza el papel activo de los santos en la preparación para la Segunda Venida de Cristo, la expansión del Evangelio y la glorificación de Dios a través de la oración y el servicio. Cada versículo contiene una invitación a participar en esta obra divina, recordándonos que somos instrumentos en las manos de Dios para establecer Su Reino en la tierra.


1. Preparación para la Segunda Venida


Versículo 1: “Escuchad y oíd una voz como de uno enviado de lo alto, uno potente y poderoso, cuyas salidas son hasta los cabos de la tierra; sí, cuya voz se dirige a los hombres: Preparad la vía del Señor, enderezad sus sendas.”
Este versículo resalta el llamado universal a preparar el camino para la Segunda Venida de Cristo. La referencia a “enderezar sus sendas” enfatiza la importancia de alinear nuestras vidas con los principios del Evangelio y de ayudar a otros a hacer lo mismo. La voz que clama simboliza la autoridad divina de la Iglesia al proclamar el mensaje de arrepentimiento y redención.
El élder Jeffrey R. Holland dijo: “Preparar la vía del Señor significa vivir con fe y ayudar a los demás a hacer lo mismo, confiando en que el Redentor cumplirá todas Sus promesas” (Conferencia General, abril de 2014).

“Escuchad y oíd una voz como de uno enviado de lo alto,”
La frase enfatiza la importancia de prestar atención a la revelación divina que proviene de lo alto. “Uno enviado de lo alto” sugiere a un mensajero autorizado por Dios, como los profetas, quienes actúan como portavoces del Señor para guiar a Su pueblo. Esto subraya la necesidad de recibir e interpretar correctamente las palabras de Dios a través de Sus siervos.
El presidente Harold B. Lee enseñó: “Si queremos escuchar al Señor, debemos prestar atención a Sus profetas, quienes tienen Su autoridad para hablar en Su nombre” (Conferencia General, abril de 1973).
La revelación moderna nos permite conocer la voluntad de Dios de manera continua, lo que fortalece nuestra fe y nos guía en los últimos días.

“Uno potente y poderoso, cuyas salidas son hasta los cabos de la tierra;”
Esta descripción del mensajero resalta la autoridad y el alcance universal del mensaje. La frase “hasta los cabos de la tierra” subraya que el Evangelio es para todas las naciones y pueblos, cumpliendo la misión universal de la Iglesia de proclamar la verdad en todo el mundo.
El élder David A. Bednar explicó: “La obra de llevar el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo está en marcha, y el Señor provee los medios para que este mensaje poderoso llegue a todos los rincones del mundo” (Conferencia General, abril de 2014).
El mensaje de salvación no tiene límites geográficos ni culturales, reflejando el amor de Dios por toda la humanidad.

“Sí, cuya voz se dirige a los hombres:”
Dios se comunica con Sus hijos de manera directa y personal, invitando a cada individuo a escuchar Su voz a través de las Escrituras, la revelación personal y las palabras de los profetas. La frase enfatiza que el Evangelio está diseñado para alcanzar a cada persona, invitándolos a participar en la obra divina.
El presidente Russell M. Nelson declaró: “El Señor se dirige a nosotros individualmente, llamándonos por nuestro nombre y ayudándonos a encontrar nuestro lugar en Su obra eterna” (Conferencia General, abril de 2018).
El Evangelio es tanto universal como personal, y cada persona está invitada a responder a la voz del Señor.

“Preparad la vía del Señor, enderezad sus sendas.”
Esta invitación a preparar el camino para el Señor refleja las enseñanzas de Isaías y Juan el Bautista, quienes llamaron al arrepentimiento y a la rectitud en preparación para la venida de Cristo. Preparar el camino significa alinearnos con los principios del Evangelio y ayudar a otros a hacerlo, creando un ambiente propicio para que el Salvador reine.
El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “Preparar el camino del Señor implica un esfuerzo continuo para arrepentirnos, obedecer y ser instrumentos en Sus manos para ayudar a otros a encontrar ese mismo camino” (Conferencia General, octubre de 2011).
Enderezar las sendas implica eliminar los obstáculos espirituales y vivir con fe y rectitud.

Este versículo encapsula un poderoso llamado a la acción: escuchar la voz de Dios, aceptar Su mensaje universal y prepararnos espiritualmente para la Segunda Venida de Cristo. En un mundo lleno de ruido y distracciones, este pasaje nos recuerda la importancia de centrarnos en las cosas de Dios y en nuestro papel como preparadores de Su camino.
El presidente Ezra Taft Benson expresó: “Cada uno de nosotros tiene un papel en la obra del Señor. No importa cuán pequeño o grande sea nuestro esfuerzo, todo contribuye a preparar el camino para Su regreso” (Conferencia General, abril de 1988).

En conclusión, este versículo nos llama a ser participantes activos en la obra divina, escuchando y respondiendo al mensaje de Dios, y ayudando a otros a alinear sus vidas con el plan de salvación. Es un recordatorio de que todos podemos ser instrumentos en las manos del Señor para preparar Su camino.


2. Expansión del Evangelio


Versículo 2: “Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra.”
Este versículo alude a la visión de Daniel (Daniel 2:34-35) sobre la piedra cortada sin manos que llena toda la tierra, simbolizando la obra expansiva y triunfante del Reino de Dios. La entrega de las llaves del sacerdocio asegura que la Iglesia tiene la autoridad divina para llevar a cabo esta obra monumental.
El presidente Spencer W. Kimball declaró: “Esta piedra rodará y crecerá hasta llenar toda la tierra, llevando las bendiciones del Evangelio a cada nación, tribu, lengua y pueblo” (Conferencia General, abril de 1976).

“Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra,”
Las llaves del reino se refieren a la autoridad divina para dirigir la obra de Dios en la tierra. Estas llaves fueron restauradas por mensajeros celestiales como Pedro, Santiago y Juan, quienes las entregaron a José Smith y Oliver Cowdery. Este acto marcó el comienzo del Reino de Dios en los últimos días, con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como su organización autorizada.
El presidente Russell M. Nelson explicó: “Las llaves del sacerdocio son esenciales para el gobierno de la Iglesia y la realización de las ordenanzas sagradas que abren las puertas del cielo” (Conferencia General, abril de 2018).
Esto subraya que las llaves no son solo símbolos de autoridad, sino también instrumentos esenciales para cumplir los propósitos de Dios.

“Y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella,”
La expansión del Evangelio a “los extremos de la tierra” refleja la misión universal de la Iglesia. El Evangelio no está destinado a un grupo selecto, sino que debe llegar a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. Esta frase profetiza la inevitable difusión del mensaje de Cristo a través del esfuerzo misional y el poder divino.
El élder David A. Bednar declaró: “El Señor está acelerando Su obra, y el Evangelio se está proclamando en lugares que antes eran inaccesibles. Este es el cumplimiento de la profecía de que Su mensaje llenará toda la tierra” (Conferencia General, octubre de 2011).
La proclamación mundial del Evangelio es evidencia de que el Reino de Dios está avanzando según Su plan.

“Como la piedra cortada del monte, no con mano,”
Esta referencia se basa en la visión de Daniel (Daniel 2:34-35), donde una piedra cortada sin manos representa el Reino de Dios que crece hasta llenar la tierra. La frase “no con mano” indica que el Reino de Dios no es una creación humana, sino que es establecido por el poder divino.
El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “Esa piedra, que representa el Reino de Dios, es dirigida por el Señor mismo, y Su crecimiento es inevitable, impulsado por Su poder y propósito” (Conferencia General, octubre de 2007).
Esto nos asegura que el crecimiento del Evangelio no depende de la fuerza humana, sino de la voluntad de Dios.

“Ha de rodar, hasta que llene toda la tierra.”
La imagen de la piedra que rueda y llena toda la tierra simboliza el avance continuo y triunfante del Reino de Dios. Aunque el Reino comenzó pequeño, su destino final es abarcar toda la humanidad, trayendo las bendiciones del Evangelio a todos los que lo acepten.
El presidente Spencer W. Kimball expresó: “No importa cuán pequeña pueda parecer la obra en sus comienzos, bajo la guía del Señor crecerá hasta llenar toda la tierra con luz, verdad y justicia” (Conferencia General, abril de 1976).
La promesa de que el Evangelio llenará toda la tierra fortalece nuestra fe en el propósito divino de esta obra.

Este versículo encapsula la misión divina y el destino del Reino de Dios en los últimos días. Las llaves del sacerdocio confieren la autoridad para liderar esta obra, y la metáfora de la piedra rodante destaca la inevitabilidad de su progreso, dirigido por la mano de Dios. Cada miembro de la Iglesia tiene un papel en esta obra monumental, ya sea compartiendo el Evangelio, fortaleciendo su fe o apoyando a los líderes inspirados.
El presidente Russell M. Nelson declaró: “Estamos viendo el cumplimiento de las profecías de que el Evangelio llenará toda la tierra. Esta es nuestra oportunidad de participar en una obra divina y eterna” (Conferencia General, abril de 2019).

En conclusión, este versículo nos invita a participar activamente en la expansión del Reino de Dios, confiando en que Su propósito se cumplirá. Nuestra fe y esfuerzos contribuyen al progreso de una obra que tiene como destino llenar toda la tierra con las bendiciones del Evangelio.


3. Oración y adoración


Versículo 4: “Orad al Señor, invocad su santo nombre, dad a conocer sus maravillosas obras entre el pueblo.”
La oración se presenta como un medio esencial para invocar el poder y las bendiciones de Dios en la expansión de Su Reino. Este versículo también subraya la responsabilidad de dar a conocer las obras de Dios, recordando a los santos su papel como testigos de Su amor y poder.
El élder Richard G. Scott enseñó: “La oración ferviente y constante nos acerca más a Dios y nos ayuda a alinear nuestra voluntad con la Suya” (Conferencia General, octubre de 2001).

“Orad al Señor,”
La oración es el medio fundamental para comunicarse con Dios. Esta frase invita a los fieles a buscar al Señor en oración constante, reconociendo Su poder y guía en nuestras vidas. La oración sincera no solo fortalece nuestra relación con Él, sino que también nos capacita para recibir revelación personal y dirección divina.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “La oración es la herramienta más poderosa que tenemos para invocar el poder de Dios en nuestra vida y en Su obra” (Conferencia General, octubre de 2019).
Este mandato enfatiza que, a través de la oración, podemos acceder al poder y la fortaleza que necesitamos para enfrentar los desafíos espirituales y temporales.

“Invocad su santo nombre,”
Invocar el nombre del Señor implica reconocer Su divinidad, Su autoridad y Su papel central en el plan de salvación. Al invocar Su nombre en oración y adoración, expresamos nuestra fe en Su poder para redimirnos y guiarnos.
El élder David A. Bednar explicó: “Al invocar el nombre del Señor en fe, declaramos nuestra dependencia de Él y reafirmamos nuestra disposición de seguir Sus mandamientos y confiar en Su plan” (Conferencia General, abril de 2009).
Esta práctica refuerza nuestra conexión espiritual con Dios y nos ayuda a mantenernos enfocados en Su propósito eterno.

“Dad a conocer sus maravillosas obras entre el pueblo.”
El compartir las obras maravillosas del Señor es un acto de testimonio y gratitud. Este mandato subraya la importancia de proclamar las bendiciones de Dios para fortalecer la fe de los demás y ayudar a que el Evangelio sea conocido en todo el mundo. Dar a conocer Sus obras incluye compartir experiencias personales, enseñar las Escrituras y declarar Su poder en nuestras vidas.
El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “El testimonio sincero de las bendiciones de Dios en nuestras vidas tiene el poder de inspirar a otros a buscar Su luz y Su amor” (Conferencia General, abril de 1997).
Este llamado a proclamar Sus obras nos invita a ser instrumentos en Sus manos para edificar a otros y glorificar Su nombre.

Este versículo combina tres elementos fundamentales del discipulado: la oración constante, la adoración reverente y el testimonio activo. Juntos, estos principios fortalecen nuestra relación con Dios y nos convierten en participantes activos en Su obra. La oración nos acerca a Él, invocar Su nombre muestra nuestra fe y proclamar Sus obras bendice a quienes nos rodean.
El presidente Thomas S. Monson declaró: “La comunicación con nuestro Padre Celestial, el reconocimiento de Su mano en nuestra vida y el compartir Su amor con los demás son pilares fundamentales de una vida cristiana” (Conferencia General, octubre de 2005).

En conclusión, este versículo nos recuerda que nuestra conexión con Dios y nuestra disposición para proclamar Su Evangelio son esenciales para nuestra vida espiritual y para el cumplimiento de Su obra en la tierra. Al hacerlo, invitamos Su poder a nuestras vidas y ayudamos a otros a experimentar Su amor y bondad.


4. La unión del Reino de los cielos con la tierra


Versículo 6: “Por tanto, extiéndase el reino de Dios, para que venga el reino de los cielos, a fin de que tú, oh Dios, seas glorificado en los cielos así como en la tierra, para que tus enemigos sean vencidos; porque tuya es la honra, el poder, y la gloria, para siempre jamás.”
Este versículo destaca la culminación de la obra divina en los últimos días: la unión del Reino de Dios en la tierra con el Reino celestial, todo para glorificar a Dios. También afirma que el Señor triunfará sobre Sus enemigos y que Su Reino será eterno.
El presidente Russell M. Nelson expresó: “La obra de Dios en la tierra y en los cielos está destinada a converger, unificando Su Reino y preparando el mundo para la Segunda Venida de Su Hijo” (Conferencia General, abril de 2020).

“Por tanto, extiéndase el reino de Dios,”
La frase subraya la responsabilidad de los santos de contribuir a la expansión del Reino de Dios en la tierra, que incluye la proclamación del Evangelio, el establecimiento de Sion y la edificación de una comunidad de santos. El Reino de Dios crece a medida que más personas aceptan el Evangelio y viven conforme a sus principios.
El presidente Gordon B. Hinckley declaró: “Esta obra maravillosa del Reino de Dios se extenderá hasta abarcar la tierra. Todos estamos llamados a participar en este gran esfuerzo” (Conferencia General, abril de 1995).
La extensión del Reino de Dios no es solo responsabilidad de los líderes de la Iglesia, sino de cada miembro al cumplir con su deber misional y vivir el Evangelio.

“Para que venga el reino de los cielos,”
La unión del Reino de Dios en la tierra con el Reino de los cielos señala la culminación del plan de salvación, cuando Cristo reine personalmente durante el Milenio. Esta frase nos enseña que la obra terrenal de edificar el Reino de Dios prepara el camino para que Su Reino celestial descienda.
El élder Bruce R. McConkie explicó: “El Reino de Dios establecido en la tierra ahora es una preparación para el Reino milenario, cuando Cristo gobernará personalmente sobre Su pueblo” (Doctrinal New Testament Commentary, Vol. 3, p. 45).
Nuestra participación en la obra actual contribuye directamente al cumplimiento de este propósito eterno.

“A fin de que tú, oh Dios, seas glorificado en los cielos así como en la tierra,”
El propósito final de la expansión del Reino de Dios es glorificar al Padre. Cuando los hijos de Dios viven de acuerdo con Su voluntad, Su nombre es honrado tanto en la tierra como en los cielos. La obediencia y el discipulado de los santos son reflejos de Su gloria.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Todo lo que hacemos en la obra del Señor tiene como objetivo final glorificar a nuestro Padre Celestial y preparar el mundo para el regreso de Su Hijo” (Conferencia General, octubre de 2020).
Glorificar a Dios implica no solo palabras de alabanza, sino también actos de obediencia y servicio.

“Para que tus enemigos sean vencidos;”
La victoria sobre los enemigos de Dios simboliza el triunfo de la justicia sobre la maldad y la realización de Su plan eterno. Los enemigos de Dios son aquellos principios y poderes que se oponen a Su obra, incluyendo el pecado, la incredulidad y Satanás mismo.
El élder Neal A. Maxwell comentó: “Dios permite que el mal actúe por un tiempo, pero al final Su justicia prevalecerá, y todos los enemigos serán puestos bajo Sus pies” (Conferencia General, abril de 1987).
Esta victoria no es solo en el futuro Milenio, sino que comienza en nuestras vidas cuando elegimos la rectitud sobre el pecado.

“Porque tuya es la honra, el poder, y la gloria, para siempre jamás.”
Esta doxología final reconoce que todo poder y autoridad pertenecen a Dios. Los santos reconocen que su servicio en el Reino de Dios no busca gloria personal, sino que todo honor y alabanza deben ser dirigidos al Señor.
El élder Jeffrey R. Holland declaró: “En todo lo que hacemos como discípulos de Cristo, debemos recordar que es Su obra, Su poder y Su gloria lo que buscamos, no la nuestra” (Conferencia General, abril de 2016).
Esta frase es un recordatorio de humildad y gratitud hacia Dios, de quien emana toda bendición.

Este versículo presenta una visión gloriosa de la obra divina en los últimos días: la expansión del Reino de Dios, la preparación para la Segunda Venida de Cristo y el triunfo final de la justicia. Nos recuerda que, al participar en esta obra, debemos tener como objetivo principal glorificar a Dios y confiar en Su poder para vencer al mal.
El presidente Thomas S. Monson expresó: “Cuando extendemos el Reino de Dios, honramos Su nombre y participamos en Su obra de redención. Cada esfuerzo, por pequeño que sea, contribuye a Su gloria eterna” (Conferencia General, abril de 2008).

En conclusión, este versículo nos invita a enfocarnos en la obra del Señor con un propósito elevado: glorificar a Dios y preparar al mundo para Su reinado. Al hacerlo, no solo contribuimos a Su obra eterna, sino que también encontramos paz y propósito en nuestra vida terrenal.


Nota: “Si tienes un versículo en particular sobre el que deseas profundizar, házmelo saber y con gusto te proporcionaré más información al respecto.”  En Deja un comentario


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