JOSÉ SMITH—MATEO
¿Qué es José Smith—Mateo?
José Smith—Mateo es la traducción que hizo José Smith de Mateo 23:39–24:51.
“El 1 de diciembre de 1831, José Smith escribió en su diario lo siguiente: ‘Reanudé la traducción de las Escrituras y seguí mi labor relacionada con esa parte de mi llamamiento, con el élder Sidney Rigdon como escriba’ (véase History of the Church, tomo I, pág. 238; cursiva agregada). Ese comentario es muy importante, ya que revela que el Profeta veía su trabajo de traducción de la Biblia como parte de su divino llamamiento como profeta de Dios. Para diciembre de 1831, el Profeta había trabajado unos dieciocho meses en la traducción y continuaría trabajando en ella por un período similar. Después, durante los últimos once años de su vida, la puliría y la prepararía para su publicación. A pesar de no haber vivido lo suficiente para publicar la obra completa, se trata de una traducción de la Biblia completamente fuera de lo común y constituye uno de los testigos ante el mundo de la misión de José Smith como profeta de Dios en los últimos días” (Robert J. Matthews, “A Plainer Translation”: Joseph Smith’s Translation of the Bible, a History and Commentary, 1975, págs. 3–4).
¿Cuándo tradujo el profeta José Smith esta parte de la Biblia?
“La fecha exacta en la que el Profeta comenzó a traducir la Biblia se ha perdido en la historia, pero es probable que la traducción ya se hubiese iniciado para mediados de 1830” (Matthews, “A Plainer Translation”, pág. 26). El 7 de diciembre de 1830, el Señor mandó a Sidney Rigdon trabajar como escriba del profeta José Smith en la obra de realizar cambios inspirados en la Biblia (véase D. y C. 35:20).
Con anterioridad a Su crucifixión y Su resurrección, el Señor Jesucristo respondió las preguntas de Sus discípulos acerca de Su gloriosa segunda venida (véase Mateo 24:3–25:46; véase también Lucas 21:7–36). El 7 de marzo de 1831, el Señor reveló al profeta José Smith parte de lo que había dicho a Sus discípulos (véase D. y C. 45:16–75). En esa revelación, al hablarle al profeta José Smith, declaró:
“Y ahora bien, he aquí, os digo que no os será permitido saber más concerniente a este capítulo [Mateo 24], sino hasta que sea traducido el Nuevo Testamento; y en él [la traducción de José Smith] se darán a conocer todas estas cosas;
por tanto, ahora os concedo traducirlo [el Nuevo Testamento], a fin de que estéis preparados para las cosas que vendrán.
Porque de cierto os digo que os esperan grandes cosas”
(D. y C. 45:60–62).
Con esas instrucciones, al día siguiente, el 8 de marzo de 1831, el Profeta comenzó la obra de traducción del Nuevo Testamento, empezando con Mateo 1.
Una fecha anotada en uno de los manuscritos de la traducción del Nuevo Testamento indica que para el 26 de septiembre de 1831 la transcripción y revisión de Mateo continuaban, iniciándose Mateo 26:1 (véase Matthews, “A Plainer Translation”, pág. 32). Por consiguiente, la traducción de Mateo 24 puede haber tenido lugar durante septiembre de 1831.
¿Cuáles son algunos de los cambios que hizo el Profeta en Mateo 24?
El profeta José Smith hizo más cambios en Mateo 24 que en cualquier otro capítulo del Nuevo Testamento. En la versión en inglés del rey Santiago, Mateo 24 contiene aproximadamente 1.050 palabras, mientras que José Smith—Mateo tiene cerca de 1.500.
Una de las principales diferencias entre Mateo 24 y José Smith—Mateo es que en este último se separan claramente las declaraciones que hizo Jesús acerca de los acontecimientos que tendrían lugar en Jerusalén durante los años posteriores a Su muerte (véase José Smith—Mateo 1:5–21) de aquellas referentes a los acontecimientos que tendrían lugar en los últimos días, antes de Su segunda venida (véanse los versículos 21–55).
En José Smith—Mateo se repiten dos veces tres declaraciones (véanse los versículos 10, 12, 23, 28, 30 y 32), mientras que en la versión en inglés del rey Santiago aparecen solo una vez (véase Mateo 24:6, 12 y 15). Además, los versículos 6–8 de Mateo 24 pasaron a ser José Smith—Mateo 1:23, 29 y 19, respectivamente. Mateo 24:55, en la traducción de José Smith, es el único versículo que no tiene correspondencia con ningún versículo de la versión en inglés del rey Santiago.
¿Cómo pasó José Smith—Mateo a formar parte de la Perla de Gran Precio?
La primera edición de la Perla de Gran Precio en inglés se publicó en Liverpool, Inglaterra, en julio de 1851. El élder Franklin D. Richards, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles y presidente de la Misión Británica, la compiló y la publicó en forma de folleto para su uso misional.
En el prefacio del folleto, el élder Richards explicó que casi todo su contenido —incluido José Smith—Mateo— ya había aparecido anteriormente en diversas publicaciones de la Iglesia en los Estados Unidos, aunque con circulación limitada. Se cree que el élder Richards tuvo acceso a esas publicaciones; sin embargo, nunca explicó cómo obtuvo dichos documentos.
¿Por qué, entre las muchas partes de la traducción de José Smith de la Biblia, la traducción de Mateo 24 pasó a formar parte de nuestros libros canónicos?
En José Smith—Mateo 1:5–55 se registran las respuestas que el Salvador dio a las preguntas de Sus discípulos acerca de la destrucción del templo de Jerusalén, el esparcimiento de los judíos y los acontecimientos que tendrían lugar antes de Su segunda venida. Es un capítulo de las Escrituras de gran interés para todo Santo de los Últimos Días. Habla de la dispensación de los últimos días, incluso del recogimiento de Israel previo a la segunda venida de Cristo.
El texto de Mateo 24 en la Biblia en inglés, versión del rey Santiago, contiene muchos pasajes poco claros y presenta una organización confusa. La obra del profeta José Smith aclara tanto la cronología histórica de esta profecía como el significado doctrinal de sus enseñanzas, haciéndolos claros, coherentes e inspiradores.
JOSÉ SMITH—MATEO 1:1–21
JESUCRISTO PROFETIZÓ ACERCA DE LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN
José Smith—Mateo 1:1. «Él volvería a la tierra»
La segunda venida de Cristo es un acontecimiento del que se habla con frecuencia, fervor y esperanza a lo largo de las Escrituras. Por ejemplo, en la época del Antiguo Testamento, el Señor le mostró a Adán “todo cuanto habría de sobrevenir a su posteridad hasta la última generación” (D. y C. 107:56), incluso la segunda venida de Cristo. Adán dio a conocer todas estas cosas a sus hijos (véase Moisés 5:12).
Por medio de una visión, se le mostró a Enoc no solo la venida de Cristo en el meridiano de los tiempos, sino también “el día de la venida del Hijo del Hombre, en los últimos días, para morar en rectitud sobre la tierra por el espacio de mil años” (Moisés 7:65). Otros profetas del Antiguo Testamento también profetizaron acerca de estos gloriosos últimos días (véase Job 19:25; Salmos 102:16; Isaías 40:1–11; Daniel 7:13; Miqueas 1:3; Zacarías 13:6; Malaquías 3:2).
En el Libro de Mormón, los profetas jareditas testificaron de la gloriosa venida de Cristo (véase Éter 3:16–25; 9:22; 13:1–12), al igual que lo hicieron los profetas nefitas y lamanitas (véase Helamán 8:16–23). Además, los profetas del Nuevo Testamento y los profetas modernos han hecho numerosas declaraciones inspiradas sobre este tema (véase Hechos 3:20–24; 1 Tesalonicenses 4:13–18; 2 Pedro 3:10; Apocalipsis 19–22; D. y C. 29; 45; 133). De todas las profecías de las Escrituras relacionadas con los últimos días, la segunda venida de Jesucristo es, sin lugar a dudas, la que se espera con mayor anhelo.
José Smith—Mateo 1:2–3. La destrucción del templo
Véase también Marcos 13:1–2 y Lucas 21:5–6. Debido a la naturaleza de la construcción del templo, es posible que la profecía de su destrucción pareciera casi imposible a los judíos. El élder Bruce R. McConkie, en ese entonces miembro de los Setenta, escribió:
“Algunas de las piedras medían por sí solas alrededor de 20,6 metros de largo por 2,3 metros de alto y 2,7 metros de espesor; las columnas que sostenían los atrios, que eran bloques de piedra maciza, medían unos 11,4 metros de altura. Se dice que cuando los romanos destruyeron y arrasaron Jerusalén, no bastaron seis días de vapuleo contra las paredes para derribar esas extraordinarias piedras. Sin embargo, finalmente el templo fue derribado completamente y… las piedras arrancadas y esparcidas por otros lados”
(Doctrinal New Testament Commentary, 3 tomos, 1966–1973, tomo I, pág. 637).
José Smith—Mateo 1:4. El monte de los Olivos
Conocido también como el Olivar, el monte de los Olivos es un acantilado de piedra caliza de poco más de 1,6 kilómetros de largo, ubicado al este de la ciudad de Jerusalén. Se eleva aproximadamente 65 metros sobre la ciudad, con el valle del Cedrón entre ambos. En su lado occidental se encuentra el Jardín de Getsemaní y, hacia el oriente, las aldeas de Betfagé y Betania.
Este monte fue escenario de numerosos acontecimientos bíblicos (véase 2 Samuel 15:30; Mateo 21:1–9; 26:30–56; Lucas 21:37; Juan 8:1; Hechos 1:12) y será también el lugar de acontecimientos destacados relacionados con los últimos días y con la segunda venida del Mesías (véase Zacarías 14:4–5; D. y C. 45:48; 133:20).
José Smith—Mateo 1:4. «Dinos, ¿cuándo serán estas cosas?»
La revisión inspirada de Mateo 24:3, hecha por el profeta José Smith, deja en claro que los discípulos deseaban saber acerca de dos acontecimientos. El primero era “la destrucción del templo y de los judíos”, lo cual ocurrió alrededor del año 70 d. C., cuando los romanos sofocaron una revuelta judía, mataron a muchos habitantes, destruyeron la ciudad de Jerusalén y dispersaron a los judíos entre diversas naciones.
El segundo acontecimiento por el cual preguntaron los discípulos fue el “fin del mundo, o sea, la destrucción de los inicuos”, que ocurrirá en el momento de la segunda venida de Cristo en los últimos días. El élder Bruce R. McConkie, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, aclaró el significado del “fin del mundo” al explicar que no se trata del fin de la tierra, sino del mundo, es decir, de las condiciones sociales dominadas por la iniquidad:
“El fin del mundo es el fin de la iniquidad o de lo mundano, tal como lo conocemos, y eso se logrará por medio de ‘la destrucción de los inicuos’… Cuando nuestro mundo llegue a su fin y comience la era milenaria, habrá un cielo nuevo y una tierra nueva… La lujuria, los deseos carnales y la sensualidad de cualquier tipo dejarán de existir, porque será el fin del mundo”
(Doctrinal New Testament Commentary, tomo I, pág. 640; véase también Mormon Doctrine, págs. 767–768).
La respuesta del Salvador a las preguntas de Sus discípulos proporciona una clave para comprender Mateo 24. En José Smith—Mateo 1:5–21 (compárese con Mateo 24:4–22) se registra Su respuesta sobre la destrucción del templo y de los judíos, mientras que en José Smith—Mateo 1:21–55 (compárese con Mateo 24:23–51) se encuentran Sus enseñanzas acerca de la señal de Su venida y del fin del mundo.
José Smith—Mateo 1:6, 9. Muchos profetas falsos intentaron engañar
El élder James E. Talmage, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, comentó acerca de las evidencias históricas del cumplimiento de esta profecía:
“Hubo entre los falsos profetas, y hombres que afirmaban ser ministros debidamente acreditados de Cristo, individuos como Simón el Mago, que llevó a muchos tras de sí (Hechos 8:9, 13, 18–24), así como Menandro, Dositeo, Teudas y los falsos apóstoles a los que se refiere Pablo (2 Corintios 11:13), y otros como Himeneo y Fileto (2 Timoteo 2:17–18). El Commentary de Dummelow aplica a esta circunstancia la crónica de Josefo acerca de ‘un cuerpo de hombres perversos que, fingiendo obrar bajo inspiración divina, engañaron y embaucaron a la gente, convenciendo a las multitudes de que actuaran como locos y llevándolas al desierto con el pretexto de que allí Dios les mostraría las señales del triunfo’ ”
(véase Jesús el Cristo, pág. 618).
José Smith—Mateo 1:7. Los discípulos fueron afligidos y asesinados
La mayoría de los primeros apóstoles se dispersaron por el mundo para enseñar el Evangelio, pero finalmente fueron martirizados. Por ejemplo, la historia sugiere que Pedro sufrió la muerte en Roma (al igual que Pablo), y que Santiago fue asesinado por la espada en Jerusalén. Sin embargo, los apóstoles no fueron los únicos mártires; muchos de los primeros cristianos padecieron intensas persecuciones y hallaron la muerte a causa de su fe.
En el Nuevo Testamento se registran numerosos relatos de la persecución y el martirio de los primeros santos (por ejemplo, véase Hechos 4:1–3, 17–18, 29; 5:17–19, 40; 7:54–60; 8:1–3; 11:19; 12:1–5; 13:50; 14:1–7, 19–20; 16:19–24; 17:1–9; 21–26; 2 Corintios 11:23–29).
José Smith—Mateo 1:8. ¿Qué quiere decir “ofenderán”?
La palabra griega traducida como “ofender” (skandalízō) significa literalmente “hacer tropezar”. De la misma raíz proviene el término skándalon, que se traduce como “escándalo”, “escollo” o “impedimento”. En José Smith—Mateo 1:8, el Salvador enseña que muchos se apartarían de la fe o se alejarían del camino correcto.
José Smith—Mateo 1:10. ¿Qué significa que el amor “se enfriará”?
La violencia y la corrupción son señales de que las personas han dejado de sentir amor y preocupación tanto por sí mismas como por los demás. La vulgaridad y la crueldad contaminan una sociedad y se propagan como una enfermedad. Una sociedad cruel existe cuando las personas “no tienen afecto y aborrecen su propia sangre” (Moisés 7:33). A medida que aumenta el maltrato entre los seres humanos, el corazón de los hombres se endurece y el espíritu de Satanás ejerce dominio sobre sus acciones.
José Smith—Mateo 1:12. «La abominación desoladora»
El élder Bruce R. McConkie explicó:
“Daniel habló proféticamente de un día en el que habría una ‘abominación desoladora’ (Daniel 11:31; 12:11), y la frase vuelve a aparecer en el Nuevo Testamento como ‘la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel’ (Mateo 24:15).
Al confiar en el significado sencillo de las palabras, podemos concluir que esta expresión podría referirse a algún acto o estado de corrupción e inmundicia, de contaminación y suciedad, que traería destrucción, ruina, devastación y desolación.
Tal es el caso. Estas condiciones de desolación, nacidas de la abominación y la iniquidad, tendrían lugar dos veces en cumplimiento de las palabras de Daniel. La primera ocurrió cuando las legiones romanas, bajo el mando de Tito, sitiaron Jerusalén en el año 70 d. C., destruyendo y dispersando al pueblo, no dejando piedra sobre piedra en el profanado templo, y sembrando tal terror y devastación como pocas veces se ha visto en la tierra”
(Mormon Doctrine, pág. 12).
La segunda ocasión en que tendrá lugar la abominación desoladora, profetizada por el Salvador en José Smith—Mateo 1:32, ocurrirá con la destrucción que tendrá lugar en los últimos días.
José Smith—Mateo 1:13–17. A los santos se les dijo que huyeran para salvarse
En cuanto a quienes obedecieron la amonestación de huir, el élder James E. Talmage escribió:
“Los miembros de la Iglesia obedecieron de manera tan general la advertencia de que todos los de Jerusalén y Judea huyeran a las montañas cuando los ejércitos comenzaran a rodear la ciudad, que, según los primeros cronistas de la Iglesia, no pereció un solo cristiano durante el terrible sitio (véase Historia Eclesiástica de Eusebio, libro III, capítulo 5).
Todos los judíos que creyeron en la amonestación que Cristo dio a los apóstoles —y que éstos a su vez transmitieron al pueblo— huyeron al otro lado del Jordán y se reunieron principalmente en Pela” (Jesús el Cristo, págs. 618–619).
José Smith—Mateo 1:18. La tribulación sobre los judíos
Después de la resurrección del Salvador, la iniquidad entre los judíos persistió y aumentó en Jerusalén, preparando así el escenario para la destrucción que Jesús había profetizado. El élder Ezra Taft Benson, entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, al referirse a una obra histórica de Will Durant, declaró:
“El sitio de Jerusalén bajo el mando de Tito duró 134 días, durante los cuales perecieron 1.110.000 judíos y 97.000 fueron llevados cautivos… Los romanos destruyeron 987 aldeas en Palestina, mataron a 580.000 hombres y, según se ha dicho, muchas más personas murieron por inanición, enfermedades y fuego” (Conference Report, abril de 1950, pág. 74).
“Miles [de judíos] fueron llevados como esclavos a Egipto para trabajar de por vida en canteras y minas. Jóvenes y mujeres fueron vendidos a traficantes de esclavos, y miles más murieron de inanición en campos de prisioneros. Un remanente de este pueblo conquistado fue esparcido hasta los confines de la tierra” (H. Donl Peterson, “The Fall of Jerusalem”, Ensign, mayo de 1972, pág. 42).
José Smith—Mateo 1:19. «No son sino el principio de los dolores»
El sufrimiento de los judíos que siguió a la muerte y resurrección de Cristo fue profetizado claramente por Nefi y Jacob en el Libro de Mormón (véase 1 Nefi 19:14; 2 Nefi 6:9–11; 10:3–6; 25:9–16). Acontecimientos históricos posteriores, tales como las Cruzadas, la Inquisición y el Holocausto, constituyen ejemplos adicionales de persecuciones y destrucción sufridas por los judíos desde el año 70 d. C.
José Smith—Mateo 1:21. «Estas cosas os he dicho»
Cuando Jesús declaró: “…y además, después de la tribulación de aquellos días que vendrá sobre Jerusalén…”, dio una clara indicación de que había concluido Sus profecías referentes a “la destrucción del templo y de los judíos” y que Su siguiente profecía se centraría en “el fin del mundo, es decir, la destrucción de los inicuos” (véase José Smith—Mateo 1:4).
JOSÉ SMITH—MATEO 1:22–37
JESUCRISTO PROFETIZÓ ACERCA DEL FIN DEL MUNDO
José Smith—Mateo 1:22. «En aquellos días»
A partir de la última parte de José Smith—Mateo 1:21, leemos la respuesta de Jesucristo a la pregunta que Sus discípulos le hicieron en el versículo 4 acerca de las señales del fin del mundo y de Su segunda venida.
José Smith—Mateo 1:22. Falsos Cristos
El élder Bruce R. McConkie explicó:
“¡Falsos Cristos! ¡Falsos Redentores, falsos Salvadores!
¿Habrá en realidad hombres que afirmen cumplir las profecías mesiánicas y que se ofrezcan voluntariamente a dar su sangre por los pecados del mundo? ¿Será posible que alguien diga: ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; venid a mí y sed salvos’? ¿O que otros profesen regresar con gloria portando las heridas que sufrió el Cristo verdadero, que fue herido en casa de sus amigos?
Es verdad que puede haber personas desquiciadas que piensen que son Dios o Cristo, o el Espíritu Santo o quién sabe qué más. Sin embargo, solo los lunáticos de entre los hombres podrían darles crédito. La promesa de los falsos Cristos que engañarán, si les fuera posible, aun hasta a los mismos escogidos —que descarriarán a quienes hayan hecho convenio eterno con el Señor— es una maldad aún más sutil e insidiosa.
Un falso Cristo no es una persona. Es un sistema falso de adoración: una iglesia falsa, un culto falso, que dice: ‘He aquí, acá está la salvación, la doctrina de Cristo. Vengan y crean esto y aquello y serán salvos’. Es todo concepto o filosofía que afirma que la redención, la salvación, la santificación, la justificación y todas las recompensas prometidas se pueden obtener de cualquier forma, con excepción de la declarada por los apóstoles y los profetas”
(The Millennial Messiah: The Second Coming of the Son of Man, 1982, págs. 47–48).
José Smith—Mateo 1:22. Falsos profetas
El profeta José Smith amonestó: “Cuando un hombre sale a profetizar y manda a los hombres que obedezcan sus enseñanzas, o es un profeta verdadero o es falso. Siempre se levantarán los falsos profetas para oponerse a los verdaderos, y profetizarán cosas tan parecidas a la verdad que casi engañarán aun a los mismos escogidos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 453).
También enseñó: “El mundo siempre ha tomado a los profetas falsos por verdaderos, y los que eran enviados de Dios fueron tenidos por profetas falsos. De manera que mataron, apedrearon, castigaron y encarcelaron a los profetas verdaderos, y éstos tuvieron que esconderse en ‘el desierto, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra’; y aunque eran los hombres más honorables de la tierra, los expulsaron de su sociedad como vagabundos. Mientras tanto, estimaron, honraron y apoyaron a bribones, vagabundos, hipócritas, impostores y a los hombres más viles” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 249).
El élder M. Russell Ballard, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, advirtió acerca de los falsos profetas y de los falsos maestros:
“Jesús advirtió en varias ocasiones que antes de Su Segunda Venida ‘muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos’ (Mateo 24:11). Como apóstoles del Señor Jesucristo, es nuestro deber ser atalayas en la torre, avisando a los miembros de la Iglesia que se cuiden de los falsos profetas y de los falsos maestros que aguardan en secreto para destruir la fe y el testimonio. Hoy les advertimos que están surgiendo falsos profetas y falsos maestros; y si no tenemos cuidado, incluso aquellos de entre los miembros fieles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días caerán víctimas de ese engaño…
Cuando pensamos en los falsos profetas y en los falsos maestros, tendemos a pensar en aquellos que apoyan de manera clara una doctrina falsa o que presumen tener autoridad para enseñar el Evangelio verdadero de Jesucristo de acuerdo con su propia interpretación. Con frecuencia suponemos que tales individuos están relacionados con pequeños grupos radicales que viven al margen de la sociedad. Sin embargo, repito: hay falsos profetas y falsos maestros que son, o al menos dicen ser, miembros de la Iglesia. Hay personas que, sin autoridad, mencionan el nombre de la Iglesia para respaldar sus productos y sus prácticas. Cuídense de los tales…
Por tanto, cuidémonos de los falsos profetas y de los falsos maestros, tanto hombres como mujeres, quienes se eligen a sí mismos para declarar las doctrinas de la Iglesia, y que buscan esparcir su falso evangelio y atraerse seguidores patrocinando simposios, libros y publicaciones cuyos contenidos desafían las doctrinas fundamentales de la Iglesia. Cuídense de los que hablan y escriben oponiéndose a los profetas verdaderos de Dios, que son activos en la conversión de otras personas, pero que desatienden de manera imprudente el bienestar eterno de aquellos a quienes seducen. Al igual que Nehor y Korihor, del Libro de Mormón, ellos confían en la sofistería para engañar y atraerse a otras personas a sus criterios. ‘Se [constituyen] a sí mismos como una luz al mundo, con el fin de obtener lucro y alabanza del mundo; pero no buscan el bien de Sión’ (2 Nefi 26:29).
El presidente Joseph F. Smith nos advirtió de estas personas cuando habló de ‘los soberbios y los que se engrandecen a sí mismos, que leen a la luz de la lámpara de su propia vanidad, que interpretan según reglas por ellos mismos formuladas, que han llegado a ser una ley para sí mismos y se hacen pasar por únicos jueces de sus propios hechos’ (Doctrina del Evangelio, pág. 367)” (“Guardaos de los falsos profetas y de los falsos maestros”, Liahona, enero de 2000, págs. 73–75).
José Smith—Mateo 1:22. Grandes señales y prodigios
El élder James E. Talmage advirtió a los Santos de los Últimos Días que no se dejaran engañar por los milagros realizados por falsos profetas. Después de citar José Smith—Mateo 1:22, el élder Talmage dijo:
“Refiriéndose a lo que acontecerá durante el gran juicio, estas palabras de Jesucristo indican que los milagros, como prueba de un ministerio divinamente señalado, carecen de validez: ‘Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad’.
Los judíos, a quienes se impartieron estas enseñanzas, sabían que se podían efectuar maravillas por poderes malignos, porque acusaron a Cristo de hacer milagros mediante la autoridad de Beelzebú, príncipe de los demonios” (véase Los Artículos de Fe, págs. 256–257).
José Smith—Mateo 1:22. «Engañarán, si fuere posible, aun a los mismos escogidos»
Después de citar José Smith—Mateo 1:22, el presidente Harold B. Lee explicó que los escogidos eran “los miembros de la Iglesia” (Stand Ye in Holy Places, pág. 384). De manera similar, el élder Marion G. Romney, entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “Ahora bien, quienes ‘son los escogidos conforme al convenio’ son los miembros de la Iglesia; por tanto, a nosotros se nos ha instado a estar prevenidos” (Conference Report, abril de 1956, pág. 70; véase también D. y C. 29:7–9).
El presidente Joseph F. Smith advirtió: “No hay que olvidar que el maligno ejerce gran poder en la tierra, y que se vale de todo medio posible para ofuscar la mente de los hombres, y entonces les ofrece falsedades y desengaños a guisa de verdad. Satanás es un hábil imitador, y al paso que se va dando al mundo la verdad genuina del Evangelio en abundancia cada vez mayor, él hace circular la moneda falsa de la doctrina falaz. Guardaos de su moneda espuria, porque no os comprará nada sino la decepción, la miseria y la muerte espiritual. Se le ha llamado el ‘padre de las mentiras’, y tan hábil ha llegado a ser, a causa de haber practicado su obra nefaria a través de las edades, que engañaría, de ser posible, a los mismos escogidos”
(Doctrina del Evangelio, pág. 370).
José Smith—Mateo 1:23, 29. «Por el bien de los escogidos»
En relación con las profecías de los últimos días, el presidente Wilford Woodruff declaró:
“Esas cosas le sucederán a la gente de la presente generación, aun cuando no las busquen ni crean en ellas. Sin embargo, su incredulidad no invalidará la verdad de Dios. Las señales aparecen en los cielos y en la tierra, y todas las cosas indican el cumplimiento de los profetas…
¿Por qué no ha de revelar Dios Sus secretos a Sus siervos los profetas, para que los santos sean guiados por senderos seguros y escapen de esas maldades que están por hundir a toda una generación en la ruina?” (History of the Church, tomo VI, pág. 27).
José Smith—Mateo 1:23. «No os turbéis»
Aquí, el verbo turbar proviene del griego throéō, que significa “alterar” o “sentir temor”. El profeta José Smith enseñó que el conocimiento del Evangelio “disipa las tinieblas, así como la incertidumbre y la duda”, y que “no hay castigo tan terrible como la incertidumbre” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 349).
El élder M. Russell Ballard enseñó: “El hecho de vivir en estos tiempos difíciles, mis queridos hermanos y hermanas, exige que cada uno de nosotros tenga una perspectiva del futuro que sea positiva y llena de esperanza…
Cada vez más personas expresan temor ante la forma acelerada en que se presentan las calamidades en todo el mundo. Los miembros de la Iglesia no debemos olvidar la amonestación del Salvador: ‘…mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca’…
Mi mensaje de hoy es sencillamente éste: el Señor tiene todo en Sus manos; Él conoce el fin desde el principio”
(“El gozo de la esperanza hecha realidad”, Liahona, enero de 1993, págs. 35–36; véase también 1 Nefi 22:17–19).
José Smith—Mateo 1:25. «Si ellos dicen que Él está en el desierto»
El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Si esos sistemas religiosos falsos, con sus falsos maestros, los invitan al desierto para buscar a Cristo mediante una vida de ascetismo [un estado estricto de sacrificio], no vayan; Él no está allí. Si los llaman a confinarse en cuartos secretos de reclusión monástica [alejarse del mundo] para poder encontrarlo, no les crean; Él no está allí”
(Doctrinal New Testament Commentary, tomo I, pág. 648).
José Smith—Mateo 1:26. «Como la luz de la mañana»
El élder Bruce R. McConkie declaró: “¡La verán todos juntos! ¡Se extenderá por sobre toda la tierra como la luz de la mañana! … No cabe duda de que es lo que Isaías dijo: ‘Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado’ (Isaías 40:5).
Es claro que esto concuerda con lo que declara nuestra revelación: ‘…y se preparen para la revelación que ha de venir, cuando el velo que cubre mi templo, en mi tabernáculo —el cual esconde la tierra— será quitado, y toda carne me verá juntamente’ (D. y C. 101:23).
No cabe la menor duda de que se trata del día del cual profetizó Zacarías: ‘…y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos… y Jehová será rey sobre toda la tierra’ (Zacarías 14:5–9)”
(The Millennial Messiah, págs. 419–420).
José Smith—Mateo 1:27. Una parábola sobre el recogimiento de Israel
El erudito Hugh Nibley explicó: “Se nos ha dicho que la forma en que se llevará a cabo el recogimiento será milagrosa y a la vez misteriosa, como las águilas que se juntan alrededor del cuerpo de un animal muerto en el desierto; aparecen súbita e inexplicablemente de los cuatro extremos del cielo y vienen desde largas distancias para reunirse en un mismo lugar” (The Prophetic Book of Mormon, 1989, pág. 472).
En este pasaje, el uso de la palabra cuerpo podría sugerir algo muerto y sin valor; sin embargo, también puede referirse a una estructura o armazón, significado que se ajusta mejor al uso que se le da en José Smith—Mateo 1:27. Esto se ve respaldado por la Traducción de José Smith de Lucas 17:37: “Donde el cuerpo se hubiere recogido —o, en otras palabras, donde los santos se hubieren recogido— allí se juntarán también las águilas; es decir, allí será recogido el resto”.
En la actualidad, ese armazón —el cuerpo de la Iglesia— se encuentra distribuido por todo el mundo en estacas, barrios y ramas, mientras que las águilas simbolizan a los santos y la constante afluencia de conversos que abrazan el Evangelio restaurado y se recogen en la Iglesia.
José Smith—Mateo 1:28–29. Guerras y hambre
Véase también Doctrina y Convenios 45:26, 63 y 63:33–34. De acuerdo con esas revelaciones, el profeta José Smith declaró:
“Yo profetizaré que las señales de la venida del Hijo del Hombre ya han empezado. Una pestilencia tras otra desolará la tierra. Pronto tendremos guerras y derramamiento de sangre. La luna se tornará en sangre. Yo testifico de estas cosas y de que la venida del Hijo del Hombre está cerca, sí, a vuestras puertas” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 186).
El presidente Harold B. Lee afirmó que las señales ya están entre nosotros:
“Vemos las señales de nuestros tiempos tal como los profetas y el Maestro mismo predijeron…
Hermanos y hermanas, es el día del cual el Señor habló. Pueden ver que las señales están aquí”
(Conference Report, octubre de 1973, págs. 168, 170; o Ensign, enero de 1974, págs. 128–129).
En 1992, al referirse al aumento de terremotos, el élder M. Russell Ballard dijo: “Hace poco leí en el periódico un artículo que cita estadísticas del Departamento de Geología de los Estados Unidos, que indican el aumento de la intensidad y frecuencia de los terremotos en el mundo… En lo que va de la década de 1990, ya se han registrado casi tantos terremotos considerables como los ocurridos en toda la década de 1980” (“El gozo de la esperanza hecha realidad”, Liahona, enero de 1993, págs. 35–36).
José Smith—Mateo 1:30. «El amor de muchos se enfriará»
El profeta José Smith relató una visión acerca del futuro: “Vi que los hombres buscaban la vida de sus propios hijos; el hermano asesinando a su hermano; las mujeres matando a sus propias hijas y las hijas atentando contra la vida de sus madres. Vi ejércitos aprestados contra ejércitos. Vi sangre, desolación y fuegos… Estas cosas están a nuestras puertas. Seguirán a los santos de Dios de ciudad en ciudad. Satanás se enfurecerá, y el espíritu del diablo está ahora lleno de ira” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 188).
Más tarde añadió: “Yo profetizo, en el nombre del Señor Dios de Israel, que sobre esta generación se cernirán la angustia, la ira, la tribulación y el alejamiento del Espíritu de Dios de la tierra, hasta que por fin sean visitados con una desolación completa… y si Él estuviese aquí hoy, y predicase la misma doctrina que predicó entonces, lo matarían” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 405).
José Smith—Mateo 1:31. «Este evangelio del reino será predicado en todo el mundo… y entonces vendrá el fin»
El profeta José Smith profetizó acerca de la obra misional: “Nuestros misioneros salen hacia diversas naciones… El estandarte de la verdad se ha levantado, y ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra… mas la verdad de Dios continuará adelante valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado en todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios, y el gran Jehová diga que la obra está concluida” (History of the Church, tomo IV, pág. 540).
El presidente Ezra Taft Benson, entonces Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Esta responsabilidad que se nos ha dado de llevar el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo es una de las señales por medio de las cuales los creyentes reconocerán que está cercano el retorno de nuestro Salvador a la tierra” (“Nuestra responsabilidad de llevar el Evangelio a todo el mundo”, Liahona, julio de 1984, pág. 77).
El élder James E. Talmage añadió: “Cuando se haya cumplido este testimonio entre todas las naciones, ‘entonces vendrá el fin’, y las naciones de la tierra ‘verán al Hijo del Hombre que viene en las nubes, con poder y grande gloria’ ” (Jesús el Cristo, pág. 813).
José Smith—Mateo 1:36. «Entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra»
El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Cuando nuestro Señor regrese, habrá —entre los inicuos y los impíos— grandes gemidos y lamentaciones como nunca antes se ha visto sobre la tierra, porque el verano se habrá terminado, la cosecha recogido y sus almas no habrán sido salvadas”
(Doctrinal New Testament Commentary, tomo III, pág. 439).
José Smith—Mateo 1:36. «Verán al Hijo del Hombre que viene»
Este es el gran acontecimiento que pondrá el broche final a los últimos días. Cristo vendrá a establecer un reino terrenal por mil años (véase Artículo de Fe 1:10). “Y tan grande será la gloria de su presencia, que el sol esconderá su faz avergonzado” (D. y C. 133:49). Su presencia será “como el fuego de fundición que abrasa” (D. y C. 133:41); los elementos “se derretirán con calor abrasador” (D. y C. 101:25) y “los montes [se derretirán] ante [Su] presencia” (D. y C. 133:44).
En ese momento, los santos justos serán “vivificados” y se unirán “a los que hayan dormido en sus sepulcros”, quienes también serán arrebatados para recibir a Cristo “en medio del pilar del cielo” (véase D. y C. 88:96–98). Cristo descenderá de la misma manera en que “le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). Con Su venida comenzará la era milenaria de paz, armonía y rectitud; Satanás no tendrá “poder sobre el corazón del pueblo, porque el pueblo mora en rectitud, y el Santo de Israel reina” (1 Nefi 22:26).
José Smith—Mateo 1:37. El atesorar la palabra de Dios
El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “Atesorar Su palabra significa mucho más que leerla. Para atesorarla, uno debe no solamente leer y estudiar, sino buscar en humildad y obediencia cómo aplicar los mandamientos dados, y ganar la inspiración que le impartirá el Espíritu Santo” (Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 289).
JOSÉ SMITH—MATEO 1:38–55
JESUCRISTO NOS ENSEÑA QUE DEBEMOS
PREPARARNOS PARA SU SEGUNDA VENIDA
José Smith—Mateo 1:38. La parábola de la higuera
Los higos son un alimento importante en el Medio Oriente. La improductividad de las higueras constituye un desastre nacional, mientras que su productividad es señal de paz y favor divino. La higuera es uno de los primeros árboles en mostrar los brotes de su fruto, los cuales aparecen antes que las hojas; por tanto, se espera que una higuera con hojas tenga también fruto. El tiempo en que brotan las hojas indica que el verano está cerca.
La higuera se diferencia de otros árboles frutales porque, en algunas variedades, su fruto es verde y pasa inadvertido, oculto entre las hojas, hasta poco antes de la cosecha.
José Smith—Mateo 1:40. «Nadie sabe»
Con respecto a la venida del Salvador, el profeta José Smith enseñó: “Jesucristo jamás reveló a ningún hombre el tiempo preciso en que Él iba a venir. Id y leed las Escrituras, y veréis que no hay nada que especifique la hora exacta en que ha de venir; y todos los que dicen lo contrario son maestros falsos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 422; véase también D. y C. 49:7).
El élder Bruce R. McConkie escribió: “El tiempo de la segunda venida de Cristo está tan señalado y es tan cierto como la hora de Su nacimiento, y no variará ni un segundo del decreto divino. Él vendrá en el momento fijado. El Milenio no comenzará prematuramente porque los hombres se hayan vuelto rectos ni se retrasará porque abunde la iniquidad…
[Jesucristo] sabe el momento establecido y también lo sabe Su Padre” (The Millennial Messiah, págs. 26–27).
Ocasionalmente circulan publicaciones entre los miembros de la Iglesia que intentan fijar o especular la fecha de la Segunda Venida. El presidente Harold B. Lee advirtió contra este tipo de materiales. Después de enumerar pasajes de las Escrituras que enseñan sobre las señales de la Segunda Venida, declaró:
“Esos [pasajes de las Escrituras] son los escritos por los cuales deben preocuparse, en lugar de hacerlo por comentarios que probablemente provengan de aquellos cuya información no sea confiable y cuyos motivos sean dudosos” (“Admoniciones del Sacerdocio de Dios”, Liahona, septiembre de 1973, pág. 33).
José Smith—Mateo 1:41–43. «Como fue en los días de Noé»
Al referirse a los últimos días, el élder Neal A. Maxwell escribió:
“Al igual que en los días de Noé, la gente también se preocupará por las tribulaciones y los placeres del mundo (véase Mateo 24:37). Por lo tanto, irónicamente, para la mayoría pasarán inadvertidas las señales que Dios nos dé relacionadas con la gloriosa segunda venida de Jesús”
(Sermons Not Spoken, 1985, pág. 62).
Añadió además:
“No es casualidad que se hayan preservado para nosotros, en las Escrituras, algunos conocimientos valiosos acerca de la época de Noé. Según leemos, aquellos fueron tiempos en que ‘estaba la tierra llena de violencia’ (Génesis 6:11) y la corrupción abundaba. Aparentemente había un fuerte sentido de autosuficiencia, condición a la cual Jesús llamó la atención (véase Mateo 24:36–41).
Jesús enseñó que esa condición se repetiría en los últimos días. La gente de la época de Noé fue insensible a los verdaderos peligros, y a nosotros nos puede suceder lo mismo. Noé y quienes estaban con él tuvieron que dejar el mundo o perecer con él”
(Wherefore, Ye Must Press Forward, pág. 13).
José Smith—Mateo 1:44–45. «Uno será tomado, y el otro será dejado»
Con respecto a estas parábolas, el presidente Heber C. Kimball, consejero de la Primera Presidencia, explicó: “Los siervos de Dios son, en cierto sentido, ángeles enviados para recoger a la casa de Israel desde los cuatro cabos de la tierra; y los élderes de esta Iglesia han cumplido parcialmente, por medio de sus obras, lo que dijo el Señor acerca de dos trabajando en el campo: uno ha recibido el Evangelio y ha sido tomado, y el otro dejado; dos trabajando en un molino: uno ha sido tomado y el otro dejado; dos acostados en una cama: uno ha sido tomado y el otro dejado.
No cabe duda, sin embargo, de que estas declaraciones tendrán su cumplimiento final y completo durante la segunda venida del Salvador” (Journal of Discourses, tomo X, pág. 103).
José Smith—Mateo 1:46–47. «Como ladrón en la noche»
El élder Bruce R. McConkie explicó: “Los que atesoran Su palabra no serán engañados en cuanto a la hora de ese glorioso día ni con respecto a los acontecimientos que lo precederán (José Smith—Mateo 1:37). Los justos pueden leer las señales de los tiempos.
Para quienes estén en la oscuridad, Él vendrá súbitamente ‘como ladrón en la noche’; pero para los ‘hijos de luz’, que ‘no son de la noche ni de las tinieblas’, ese día no los tomará por sorpresa, sino que reconocerán las señales con la misma certeza con que una mujer percibe la proximidad del nacimiento de su hijo” (Mormon Doctrine, pág. 688; véase 1 Tesalonicenses 5:1–6).
José Smith—Mateo 1:48. «Por tanto, estad preparados»
En un mensaje de la Primera Presidencia pronunciado en la Navidad de 1927, se enseñó: “Cada año que pasa nos acerca más a la fecha en que el Señor vendrá con poder y gloria. Es verdad que nadie sabe el día ni la hora en que ese gran acontecimiento tendrá lugar; sin embargo, todas las señales prometidas indican que no está muy lejano.
Mientras tanto, el deber de los santos es estar atentos, trabajar, orar, mantenerse fieles a la verdad y abundar en buenas obras. A pesar de la inestabilidad y el descontento que prevalecen en muchas partes de la tierra, del recelo entre las naciones y del aumento de desórdenes y delitos, quienes permanezcan en lugares santos podrán discernir la mano del Todopoderoso en el cumplimiento de Sus propósitos.
Lo que, visto con el ojo natural, resulta grave y espantoso, no causa temor a quienes tienen fe en que, pase lo que pase, el Señor Dios Todopoderoso reina” (James R. Clark, Messages of the First Presidency, tomo V, pág. 256).
José Smith—Mateo 1:49–54. Una parábola del Señor y de Sus siervos
En José Smith—Mateo 1:49, el Señor formula una pregunta profundamente reveladora: “¿Quién es, pues, el siervo prudente y fiel…?”. Esta interrogante es semejante a otras que aparecen en las Escrituras, tales como: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?” (Salmos 24:3), y “¿Quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?” (Malaquías 3:2). Son preguntas que cada uno de nosotros debe considerar con seriedad.
A los siervos fieles y prudentes se les encuentra siempre haciendo aquello que se les ha mandado: dar “alimento a su debido tiempo” a los hogares sobre los cuales se les ha confiado “mayordomía”. A tales siervos se les otorgará responsabilidad sobre todas las posesiones de su Señor.
En contraste, el siervo inicuo posterga la obediencia, pensando que aún hay tiempo. En lugar de proveer alimento espiritual a su casa, comienza a maltratar a sus consiervos y a asociarse con los ebrios. El Señor vendrá en un día en que ese siervo no lo espere ni esté preparado; y, en lugar de ser hecho gobernante, será desarraigado y se le señalará su parte con los hipócritas.
José Smith—Mateo 1:55. «El fin de la tierra»
El fin del mundo se refiere al fin de la iniquidad; sin embargo, el fin de la tierra ocurrirá cuando ésta sea transformada en un reino celestial. El presidente Brigham Young explicó este proceso con amplitud:
“Cuando el Salvador haya terminado la obra; cuando los santos fieles hayan predicado el Evangelio al último de los espíritus que ya hayan vivido aquí y que hayan sido designados para venir a esta tierra; cuando los mil años de reposo hayan pasado y se hayan edificado miles y miles de templos, y los siervos y las siervas del Señor hayan entrado en ellos para efectuar la obra por ellos mismos y por sus amigos fallecidos hasta la época de Adán; cuando hasta el último de los espíritus encarcelados que desee recibir el Evangelio lo haya recibido; cuando el Salvador venga y reciba a Su esposa ya preparada, y todos los que puedan sean salvos en los diversos reinos de Dios —el reino celestial, terrestre y telestial— de acuerdo con sus capacidades y oportunidades; cuando el pecado y la iniquidad sean quitados de la tierra, y los espíritus que vagan en esta atmósfera sean llevados a un lugar preparado para ellos; cuando la tierra sea santificada de las consecuencias de la Caída, bautizada, limpiada y purificada por fuego, y regrese a su estado paradisíaco, convirtiéndose en un mar de vidrio, un urim y tumim; cuando todo esto se haya cumplido, y el Salvador haya presentado la tierra a Su Padre, y ésta sea colocada entre los reinos celestiales, y el Hijo y todos Sus hermanos y hermanas fieles reciban la aclamación: ‘Entrad en el gozo de vuestro Señor’, y el Salvador sea coronado, entonces —y no antes— los santos recibirán sus herencias eternas”
(Journal of Discourses, tomo XVII, pág. 117).
























