La Perla de Gran Precio manual para el alumno

JOSÉ SMITH—HISTORIA


¿Qué es José Smith—Historia?

En José Smith—Historia se relatan las experiencias del Profeta desde su niñez hasta mayo de 1829. El élder Franklin D. Richards, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, preparó un resumen de una historia mucho más extensa que el profeta José Smith comenzó en 1838. Dicho resumen se publicó por primera vez en Inglaterra en 1851 como parte del primer folleto de la Perla de Gran Precio, que apareció originalmente en inglés (véase la Introducción al comienzo de la Perla de Gran Precio).

En José Smith—Historia se registra el relato de la Primera Visión, de la salida a luz del Libro de Mormón y de la restauración del Sacerdocio Aarónico y del Sacerdocio de Melquisedec. Los pasajes provienen de los primeros cinco capítulos de lo que llegó a ser el séptimo tomo de la obra History of the Church (véase tomo I, págs. 1–44). José Smith—Historia pasó a formar parte de las Escrituras en 1880, cuando la Perla de Gran Precio fue aceptada oficialmente como uno de los libros canónicos de la Iglesia.

¿Quién escribió José Smith—Historia?

El relato que se encuentra en la Perla de Gran Precio no fue el primer intento de registrar las primeras experiencias del Profeta. En abril de 1830, José Smith recibió una revelación en la que el Señor mandó que se llevara un registro (véase D. y C. 21:1). Sin embargo, su labor se vio interrumpida en repetidas ocasiones por juicios, encarcelamientos, pobreza y persecuciones.

Oliver Cowdery prestó servicio como registrador de la Iglesia desde abril de 1830 hasta marzo de 1831, y nuevamente desde septiembre de 1835 hasta 1837. Él escribió una historia de la Iglesia que cubre “desde el momento en que se encontraron las planchas hasta el 12 de junio de 1831” (Dean C. Jessee, “The Writing of Joseph Smith’s History”, Brigham Young University Studies, verano de 1971, pág. 442).

En marzo de 1831, John Whitmer fue llamado para que “escriba y lleve una historia sistemática, y que colabore contigo, mi siervo José, transcribiendo todas las cosas que te serán impartidas” (D. y C. 47:1). La breve historia escrita por John Whitmer se perdió durante muchos años, pero actualmente está disponible.

Oliver Cowdery también escribió ocho cartas sobre las primeras visiones de José Smith, las cuales se publicaron en el periódico de la Iglesia Latter Day Saints’ Messenger and Advocate durante los años 1834–1835.

José Smith comenzó a redactar un relato de su historia personal entre julio y noviembre de 1832, que iniciaba con estas palabras: “Una historia de la vida de José Smith, un relato de su experiencia maravillosa y de todos los hechos extraordinarios que hace en el nombre de Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, de quien da testimonio, y también un relato del establecimiento de la Iglesia de Cristo” (Dean C. Jessee, “The Early Accounts of Joseph Smith’s First Vision”, Brigham Young University Studies, primavera de 1969, pág. 278).

Entre 1834 y 1836, varios secretarios e historiadores comenzaron otros tres relatos históricos. Durante los difíciles años de 1837 y 1838, José Smith y la Primera Presidencia trabajaron en la historia de la Iglesia, en ocasiones tomando incluso clases de gramática antes de escribir. Finalmente, en junio de 1839, el Profeta reanudó formalmente la obra. Los materiales previamente producidos se integraron en una nueva historia que comenzó a publicarse en el periódico Times and Seasons a partir del 1 de marzo de 1842. Más tarde, en 1851, el élder Franklin D. Richards publicó parte de esa historia, que hoy conocemos como José Smith—Historia.

Algunos conceptos fundamentales de José Smith—Historia.

  • La realidad del Padre Celestial y de Jesucristo como el Salvador del mundo.
    José Smith salió de la Arboleda Sagrada con un conocimiento personal de la realidad de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo. Supo que Jesús es el Hijo de Dios; que, gracias a la misericordia y la gracia de Su Expiación, sus pecados habían sido perdonados; que el Padre Celestial estaba complacido con Su Hijo, el Salvador; y que debía escuchar y obedecer Sus palabras.
  • La apostasía y la pérdida de la Iglesia verdadera.
    A José se le dijo que no se uniera a ninguna de las iglesias existentes “porque todas estaban en error” (José Smith—Historia 1:19). Esta declaración deja en claro que el Evangelio y la Iglesia establecidos por el Salvador durante Su ministerio terrenal se habían perdido, y que “a ninguna de aquéllas Dios las consideraba como Su Iglesia y Su reino” (History of the Church, tomo IV, pág. 536).
  • José Smith fue un profeta de Dios.
    José escribió que el ángel Moroni le dijo que “Dios tenía una obra para mí” (José Smith—Historia 1:33). Cada acontecimiento de la Restauración del Evangelio mediante José Smith testifica de que Dios volvió a hablar al hombre por medio de un profeta.
  • El Libro de Mormón es la palabra de Dios.
    Los acontecimientos relacionados con la salida a luz del Libro de Mormón testifican de su origen divino. Su mensaje no solo testifica de Jesucristo, sino que también actúa como catalizador para recibir mayor revelación de Dios y para el recogimiento del Israel disperso en la Iglesia y el reino de Dios.
  • La Iglesia de Jesucristo ha sido restaurada en los últimos días.
    A José Smith se le prometió que la plenitud del Evangelio se daría a conocer por medio de él (véase History of the Church, tomo IV, pág. 536). La traducción del Libro de Mormón y la restauración del sacerdocio sentaron las bases para el restablecimiento de la Iglesia y del reino de Dios sobre la tierra.

JOSÉ SMITH—HISTORIA 1:1–10

UNA AGITACIÓN EXTRAORDINARIA


Fecha — Acontecimiento de importancia

23 de diciembre de 1805 — José Smith nace en la municipalidad de Sharon, condado de Windsor, Vermont.
1816 — La familia se muda de Norwich, Vermont, a Palmyra, Nueva York (cerca de donde las planchas del Libro de Mormón estaban enterradas).
1820 —Una agitación extraordinaria sobre el tema de la religión lleva al joven José a preguntarse a cuál iglesia debe unirse.

José Smith—Historia 1:1. ¿Cuáles fueron las “muchas noticias… [de] personas mal dispuestas e insidiosas”?

Desde sus comienzos, la Iglesia no gozó de la aceptación del público. Los apóstatas, junto con historias y artículos difamatorios publicados por la prensa, contribuyeron a aumentar su impopularidad. Las personas presentaban diversas razones para justificar su apostasía. Por ejemplo, Norman Brown se apartó de la Iglesia porque su caballo murió durante el viaje a Sión; Joseph Wakefield se alejó después de ver a José Smith jugando con unos niños al salir del cuarto donde traducía; Simonds Ryder dejó de creer que Dios inspiraba al Profeta cuando éste escribió incorrectamente su apellido al asignarle una misión de predicar; otros se apartaron debido a dificultades económicas.

Ezra Booth, quien había sido ministro metodista, ejerció considerable influencia tras su apostasía a comienzos de la década de 1830. Entre el 13 de octubre y el 8 de diciembre de 1831, publicó nueve cartas en el periódico Ohio Star de Ravenna (una localidad al noreste del estado de Ohio), en las que detalló sus objeciones contra la Iglesia. Estas cartas llegaron a constituir la parte principal del primer libro publicado contra los mormones, aparecido en 1834 (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, Religión 341–343, manual del alumno, págs. 126–127).

Muchos miembros de la Iglesia apostataron tras un período de graves dificultades económicas en 1837. Las murmuraciones contra el profeta José Smith eran comunes, especialmente cuando él se encontraba ausente por asuntos de negocios o por servir en una misión. Algunos hermanos que ocupaban cargos de confianza dentro de la Iglesia rechazaron su liderazgo y afirmaron que ya no era un profeta verdadero.

Como consecuencia de esta apostasía, alrededor de cincuenta miembros con cargos importantes fueron excomulgados por instrucción de José Smith; sin embargo, los problemas continuaron. Varios de los apóstatas atacaron a los miembros fieles mediante demandas judiciales y amenazas de despojo de propiedades. A esto se sumaron los esfuerzos de los enemigos de la Iglesia, quienes boicotearon a los santos, los aislaron socialmente y les negaron oportunidades de empleo (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 199).

Después de establecerse con su familia en Far West, Misuri, José Smith, con la ayuda de Sidney Rigdon, emprendió el formidable proyecto de escribir una historia de la Iglesia desde sus inicios. El relato de José Smith sobre los primeros acontecimientos de la Restauración, tal como se encuentra hoy en la Perla de Gran Precio, es fruto de ese esfuerzo, que comenzó en abril de 1838 (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 211).

José Smith—Historia 1:3. ¿Cómo fue la vida de José Smith durante su niñez?

José Smith creció en la granja de su familia, y la influencia que recibió estuvo limitada casi exclusivamente al entorno familiar. Durante sus primeros años comenzó a desarrollar rasgos de carácter y cualidades personales que le ayudarían a cumplir la misión para la cual había sido preordenado.

“Desarrolló fuertes vínculos familiares, aprendió a trabajar con ahínco, a tomar sus propias decisiones, a servir a sus semejantes y a apreciar la libertad”
(La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 15–16).

Sus padres, Lucy Mack Smith y Joseph Smith Sr., contrajeron matrimonio el 24 de enero de 1796 y se establecieron en una granja familiar en Tunbridge, Vermont. En el verano de 1805, alquilaron una granja a Solomon Mack, padre de Lucy, mientras Joseph Smith, padre, enseñaba en la escuela durante el invierno. Fue allí donde nació su quinto hijo, José Smith, hijo, el 23 de diciembre de 1805.

Lucy y Joseph enseñaron a sus hijos principios religiosos; Lucy, en particular, los alentó a estudiar la Biblia. Joseph Smith, padre, desconfiaba de las iglesias tradicionales, pero conservaba una firme y fervorosa creencia en Dios.

Cuando José Smith era niño, la familia se mudó en varias ocasiones en busca de tierras fértiles u otros medios de subsistencia. En 1811 se trasladaron al pequeño pueblo de West Lebanon, en New Hampshire. José tenía entonces siete años.

Durante ese período, enfermó gravemente de tifus. Aunque la enfermedad duró solo unas semanas, sufrió complicaciones severas que requirieron cuatro intervenciones quirúrgicas. La más grave fue una infección en la tibia que produjo una seria inflamación en la pierna izquierda. José soportó una dolorosa operación para eliminar la infección “sin que lo ataran y sin recibir bebidas alcohólicas que lo insensibilizaran” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 23–24).

En 1816, Joseph Smith se trasladó a Palmyra, Nueva York, para investigar los informes que había recibido sobre la venta de tierras a bajo costo. José, que entonces tenía diez años, recordó más tarde que, a pesar de no haberse recuperado por completo de la operación que le habían practicado en la pierna, el conductor del carromato que la familia contrató para ayudarlos durante el viaje lo obligó a caminar a través de la nieve hasta 64 kilómetros por día durante varios días consecutivos, lo cual le causó un cansancio y un dolor casi insoportables.

“Joseph Smith, padre, que para 1821 ya tenía una familia de once hijos, trabajaba arduamente para ganarse la vida. A los dos años de haberse establecido en Palmyra, había reunido suficiente dinero para hacer el primer pago de la compra de aproximadamente cuarenta hectáreas de tierra boscosa en el municipio vecino de Farmington. Durante el primer año en ese lugar, él y sus hijos despejaron unas doce hectáreas de espesos bosques, prepararon la tierra para el cultivo y sembraron trigo… El joven José comentó posteriormente que dicho trabajo ‘exigía los esfuerzos de todos los que estuvieran en condiciones de prestar ayuda para el sustento de la familia’ [History of Joseph Smith by Himself, pág. 1].

“En esa época, las oportunidades de José para recibir instrucción escolar eran muy limitadas. Él mismo lo atribuía a ‘la situación de pobreza’ en la que se había criado: ‘Nos vimos privados de los beneficios de la educación académica; baste decir que apenas se me enseñó a leer y a escribir, y que se me impartieron algunos conocimientos básicos de aritmética; eso constituyó toda la instrucción formal que recibí’ [History of Joseph Smith by Himself, pág. 1]” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 32).

José Smith—Historia 1:4. La familia de José Smith

El élder Carlos E. Asay, miembro de la Presidencia de los Setenta, señaló que el profeta José Smith:

“Era producto de una familia que amaba a Dios, una familia que tenía sed de justicia y ejercía una fe sencilla pero profunda en el Señor. Su hogar fue la escuela que tuvo, sus amorosos padres fueron sus maestros y la Biblia fue su libro de texto”
(“Un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad”, Liahona, julio de 1990, pág. 76).

El presidente Brigham Young enseñó que el Señor había velado por los antepasados de José Smith a lo largo de generaciones:

“En los concilios de la eternidad, mucho antes de que se establecieran los cimientos de la tierra, fue decretado que él, José Smith, sería el hombre que, en la última dispensación de este mundo, habría de llevar la palabra de Dios al pueblo y recibir la plenitud de las llaves y el poder del Sacerdocio del Hijo de Dios. El Señor había estado teniéndolo en cuenta, así como también a su padre, al padre de su padre y a sus antepasados hasta Abraham, y desde Abraham hasta el diluvio, desde el diluvio hasta esa familia y su linaje desde su origen hasta el nacimiento de ese hombre”
(Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, pág. 104; véase también 2 Nefi 3:7–15).

José Smith—Historia 1:5–10. ¿Qué estaba ocurriendo en Palmyra, estado de Nueva York, en los días que precedieron a la Primera Visión?

“Cada vez era mayor el número de personas que atravesaban las montañas Catskill y Adirondack para establecerse en la región de los Lagos Finger, en la parte occidental del estado de Nueva York. Esa población tendía a perder contacto con las religiones establecidas en las regiones de donde provenía. Los líderes religiosos de las principales denominaciones —en particular bautistas, metodistas y presbiterianos— se mostraban preocupados por ‘esa gente sin religión’ y, en consecuencia, comenzaron programas intensivos de proselitismo entre quienes consideraban espiritualmente desfavorecidos.

“Los metodistas y los bautistas eran especialmente fervorosos en su empeño por llevar la religión a quienes carecían de ella. Los metodistas utilizaban ‘jinetes de circuito’: ministros itinerantes que recorrían a caballo pueblos y regiones determinadas para atender las necesidades religiosas de la población. Los bautistas empleaban el método del ‘granjero predicador’, mediante el cual un hombre del lugar, que durante la semana trabajaba en una granja, ocupaba el púlpito para predicar el día de reposo.

“Estas actividades se vieron reforzadas por el Segundo Gran Despertar religioso, que predominaba en los Estados Unidos en esa época. Casi todas las religiones de la región occidental del estado de Nueva York celebraban reuniones de avivamiento con el propósito de evangelizar y despertar el entusiasmo religioso. Con frecuencia se organizaban campamentos en los bordes o en medio de los bosques, y los asistentes recorrían grandes distancias por caminos polvorientos para plantar sus tiendas o disponer sus carretas alrededor del campamento.

“Estas reuniones solían durar varios días; algunas sesiones se extendían durante todo el día e incluso parte de la noche. Los ministros se turnaban para predicar, aunque no era raro que hubiera varios predicadores hablando simultáneamente. Durante las primeras décadas del siglo XIX, el fervor religioso era tan intenso en esa región que a todo el oeste del estado de Nueva York se le dio el nombre de ‘Distrito de fuego’. Dado que la región de los Lagos Finger estaba, en sentido figurado, en llamas por el ardor evangélico, no resulta sorprendente que la familia de José Smith también se viera envuelta en ese ambiente religioso”
(véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 32–33).


JOSÉ SMITH—HISTORIA 1:11–20

LA PRIMERA VISIÓN

Principios de la primavera de 1820 — Fecha — Acontecimiento de importancia
José Smith, de catorce años de edad, ve al Padre y al Hijo en una arboleda cercana a la casa de troncos de la familia.
Principios de la primavera de 1820 — José Smith relata a su familia la visión
que había tenido y ellos le creen.

José Smith—Historia 1:11–13. ¿Por qué José fue a una arboleda cerca de su casa?

En medio de la guerra de palabras y sentimientos que rodeaba al joven José Smith, su alma lo llevó a refugiarse en las Escrituras. Una y otra vez reflexionó sobre el mensaje que se encuentra en Santiago 1:5 y decidió, por primera vez en su vida, orar en voz alta acerca del asunto que le preocupaba. Tras meses de lucha mental y espiritual, finalmente supo qué debía hacer.

En algún momento a comienzos de la primavera de 1820, fue a un lugar que conocía en una arboleda cercana a su hogar para poner en práctica ese consejo. José relató a uno de los editores del periódico New York Spectator:

“Me dirigí inmediatamente a un bosque donde mi padre había hecho un claro; fui hasta un tocón de árbol donde había dejado clavada el hacha al terminar de trabajar, y me arrodillé y oré” (citado en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 13).

Como resultado de esos meses de angustia, José alcanzó una notable madurez espiritual, lo que despertó en su mente al menos tres preguntas fundamentales:

Estaba preocupado por su salvación personal y buscaba el perdón de sus pecados; se sentía inquieto por el bienestar espiritual de la humanidad en general, pues declaró: “Sentí pesar por mis pecados y por los pecados del mundo”; deseaba saber qué iglesia tenía la verdad —si alguna la tenía— y a cuál debía unirse (citado en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 9).

José Smith—Historia 1:15–16. Los poderes de las tinieblas

Al referirse a la experiencia de José Smith con Satanás, el élder Spencer W. Kimball, entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Los poderes de las tinieblas precedieron a la luz. Cuando [José Smith] se arrodilló solo en el silencioso bosque, su fervorosa oración desató una terrible batalla que amenazó con destruirlo. Durante siglos, Lucifer, con dominio casi absoluto, había restringido la mente de los hombres y no quería correr el riesgo de perder su potestad satánica. Aquello amenazaba su poderío” (Conference Report, abril de 1964, pág. 98).

José Smith—Historia 1:16–17. Una columna de luz

El élder Orson Pratt escribió que la columna de luz que vio el joven José descendió gradualmente, aumentando en luminosidad, hasta que: “Para el momento en que llegó a la copa de los árboles, todo el bosque se había iluminado, por varios metros a la redonda, de la manera más gloriosa y brillante. Él pensó que las hojas y las ramas de los árboles se consumirían tan pronto como la luz hiciera contacto con ellas… Pero ésta continuó descendiendo lentamente, hasta que reposó sobre la tierra, y él quedó en medio de ella.

Cuando hizo contacto con él, le produjo una sensación extraña en todo el organismo, e inmediatamente su mente fue apartada de todos los objetos naturales que lo rodeaban, y fue envuelto en una visión celestial” (citado en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 10).

José Smith—Historia 1:17. El Padre presenta al Hijo

El Padre presentó al Hijo, quien entonces habló a José Smith. El élder James E. Talmage escribió: “Considerando en forma general la evidencia de las Escrituras, se llega a la conclusión de que Dios el Padre Eterno se ha manifestado en muy pocas ocasiones a profetas o reveladores terrenales, y en esos casos ha sido principalmente para testificar de la autoridad divina de Su Hijo Jesucristo” (véase Jesús el Cristo, págs. 39–40; véase también Mateo 3:17; 17:5; 3 Nefi 11:7).

José Smith—Historia 1:18–19. “No debía unirme a ninguna”.

Al hablar sobre la declaración del Señor acerca de otras iglesias, registrada en José Smith—Historia 1:19, el élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Ahora esto no quiere decir que las iglesias, todas ellas, estén completamente desprovistas de la verdad. Tienen algo de verdad, algunas de ellas la poseen en gran escala. Tienen una apariencia de piedad. En numerosos casos no hay falta de devoción en el clero ni en sus fieles; muchos de ellos practican notablemente bien las virtudes del cristianismo. No obstante, no poseen la plenitud” (véase “La única Iglesia verdadera y viviente”, Liahona, mayo de 1972, pág. 39).

José Smith—Historia 1:20. “Muchas otras cosas”.

El presidente Ezra Taft Benson dijo que “en ningún momento José reveló todo lo que había aprendido en la Primera Visión” (The Teachings of Ezra Taft Benson, 1988, pág. 112). Sin embargo, aprendemos del profeta José Smith que durante la Primera Visión el Salvador le dijo que “la plenitud del Evangelio se me daría a conocer en un día futuro” (History of the Church, tomo IV, pág. 536). Además, se le dijeron “muchas otras cosas” que él no pudo escribir y, en el relato de 1835, expresó que había visto muchos ángeles en su visión.


JOSÉ SMITH—HISTORIA 1:21–26

SE DESATA LA PERSECUCIÓN CONTRA JOSÉ SMITH


Fecha — Acontecimiento de importancia
Principios de la primavera de 1820 — José habla con otras personas, aparte
de su familia, sobre la visión que había tenido, pero muchos no le creen.
1820–1823 — La encarnizada persecución que José sufre a manos de “los profesores de religión” y de sus vecinos le ocasiona un gran dolor.

José Smith—Historia 1:21–24. Una encarnizada persecución

José relató la experiencia de la visión a su familia. Su hermano William Smith afirmó: “Todos tuvimos la más absoluta confianza en lo que nos había dicho. Siempre decía la verdad. Papá y mamá le creían; ¿por qué no habríamos de creerle también nosotros [sus hermanos]?”
(La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 37).

Teniendo en cuenta los sentimientos sinceros de un joven de catorce años, no es de extrañar que deseara relatar su experiencia fuera del círculo familiar, a amigos y conocidos. Es comprensible, por tanto, la profunda decepción que sufrió cuando, como registraron los élderes Orson Pratt y Orson Hyde, “no pudo encontrar a nadie que creyera en su visión celestial” (citado en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 11).

William Smith comentó posteriormente: “Hasta que José habló de la visión que había tenido, no teníamos idea de que se nos pudiera considerar mala gente. Se nos había tenido por personas respetables hasta entonces; pero, de inmediato y de manera sorprendente, comenzaron a circular historias y rumores falsos”
(véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 38).

El élder Bruce R. McConkie, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “¿Por qué tantos religiosos se unieron en contra de un joven desconocido, sin renombre ni posición dentro de la comunidad? ¿Se habría conmovido, temblado y puesto a la defensiva todo el mundo sectario si cualquier otro joven de catorce años de un pueblo fronterizo hubiese afirmado que había sido visitado por ángeles y visto al Señor?

El problema fue que la afirmación que José Smith hizo era verdadera, y Lucifer sabía que lo era.

¿No es acaso la persecución en sí misma una prueba de la veracidad de la Primera Visión? O, si no fuese cierta, ¿dedicarían los eruditos del mundo y los intelectuales religiosos de la actualidad sus talentos y recursos a difamar a José Smith y la obra que lleva su huella? ¿Qué le importaría a nadie cuáles son nuestras creencias, si no fuese que, en su incredulidad, temen que nuestra doctrina sea verdadera y nuestras prácticas cuenten con la aprobación divina?” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 8–10).

José Smith—Historia 1:25–26. «Había visto una visión»

Cuando el profeta Samuel, del Antiguo Testamento, era joven, “no había visión con frecuencia” (1 Samuel 3:1); sin embargo, al crecer, “Jehová estaba con él… y todo Israel… conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová” (versículos 19–20). Aun así, aunque el antiguo Israel llegó a aceptar a Samuel como profeta, para muchas personas de la época de José Smith —y también de la actualidad— resulta difícil aceptar que Dios vuelva a hablar a un profeta sobre la tierra (véase Amós 3:7).

El élder Hugh B. Brown, entonces Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, para ilustrar esta dificultad, relató una conversación que sostuvo con un juez prominente poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial:

“Comencé preguntándole:
‘¿Puedo continuar con mi exposición dando por sentado que usted es cristiano?’

‘Lo soy’.

‘Supongo entonces que cree en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento’.

‘¡Sí, creo!’

‘¿Y cree usted en la oración?’

‘¡Sí, creo!’

‘¿Afirma usted que mi creencia de que Dios ha hablado al hombre en esta época es increíble y absurda?’

‘Para mí, lo es’.”

“‘¿Cree usted que alguna vez Dios ha hablado con alguien?’

‘¡Por supuesto! Toda la Biblia da evidencias de eso’…

‘Entonces… ¿podríamos decir seriamente que en los tiempos bíblicos era común que Dios hablara con el hombre?’

‘Sí, admito eso, pero dejó de hacerlo poco después del primer siglo de la era cristiana’.

‘¿Y por qué cree usted que dejó de hacerlo?’

‘No lo sé’…

‘Permítame mencionar algunas razones que Dios quizás haya tenido para no hablar. Tal vez sea porque no puede hacerlo; quizá haya perdido el poder’.

Él respondió: ‘Claro que no; pensar así sería una blasfemia’.

‘Entonces, si no es por eso, quizá sea porque ya no nos ama y, por lo tanto, ya no tiene interés en los asuntos del hombre’.

‘No’, dijo, ‘eso no es posible; Dios nos ama a todos por igual y no hace acepción de personas’.

‘Bueno, entonces, si Él puede hablar y nos ama, lo único que nos queda por pensar es que no nos habla porque ya no lo necesitamos. Hemos avanzado tan rápidamente en la educación y en la ciencia que Dios ya no nos hace falta’.

Entonces dijo, con voz temblorosa, como si pensara en la inminente guerra: ‘Señor Brown, en la historia del mundo no ha habido jamás otra época en la que se necesitara tanto de Dios como ahora. Tal vez usted pueda decirme por qué Él no nos habla’.

Mi respuesta fue: ‘Él habla y ha hablado; ¡pero el hombre necesita tener fe para oírlo!’ ”
(The Profile of a Prophet, Brigham Young University Speeches of the Year, 4 de octubre de 1955, págs. 3–5; citado en Los Presidentes de la Iglesia, págs. 21–22).


JOSÉ SMITH—HISTORIA 1:27–54

EL ÁNGEL MORONI SE APARECE A JOSÉ SMITH


Fecha — Acontecimiento de importancia

1820–1823 —El joven José madura mientras sufre persecución y espera nuevas instrucciones del Señor.

21–22 de septiembre de 1823 — Moroni aparece por primera vez a José Smith.

19 de noviembre de 1823 — Fallece Alvin, el hermano mayor de José Smith.

1824–1827 José Smith realiza cuatro visitas anuales al cerro donde se encuentran enterradas las planchas de oro.

José Smith—Historia 1:27–28. El diario vivir de José Smith

Al referirse a la vida de José Smith entre la época de la Primera Visión y la visita del ángel Moroni, el élder Gordon B. Hinckley, entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“Su manera de vivir no era muy distinta de la de cualquier otro joven granjero de su época, con la excepción de que a menudo era objeto de burla y lo tachaban de soñador. No obstante, siguió trabajando en la granja de su padre y para otros vecinos de la zona, y continuó relacionándose con compañeros de su propia edad. Quienes lo conocieron lo describían como un joven fuerte y activo, de disposición alegre, aficionado a la lucha y a otros deportes” (La Verdad Restaurada, pág. 7).

José Smith—Historia 1:28. Las debilidades de la juventud

Como cualquier otra persona, José enfrentó los desafíos propios de la vida terrenal. A causa de sus debilidades, a veces ponía en entredicho su dignidad personal ante el Señor. Otros profetas expresaron preocupaciones similares respecto de sus propias limitaciones y debilidades (véanse, por ejemplo, 2 Nefi 4:17–19; Moisés 6:31).

El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “De la misma forma que Dios no puede considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia (D. y C. 1:31), al asemejarnos más a Él tampoco podemos hacerlo nosotros. Las mejores personas tienen un sentido más intensificado de lo poco de malo que todavía haya en ellas” (Notwithstanding My Weakness, págs. 16–17).

José Smith—Historia 1:30. ¿Dónde tuvo lugar la visita de Moroni?

En 1822, José comenzó a ayudar a su hermano Alvin en la construcción de una nueva casa para la familia. Para septiembre de 1823, la vivienda ya tenía dos pisos, aunque aún carecía de techo; por esa razón, la familia continuó viviendo en una pequeña cabaña de troncos ubicada a poca distancia de la nueva casa. Fue en esa cabaña de troncos —y no en la casa que se estaba construyendo después donde apareció Moroni. Con toda probabilidad, José dormía en el mismo cuarto que algunos de sus hermanos, ya que la cabaña era demasiado pequeña para albergar cómodamente a una familia de nueve personas.

La Iglesia ha excavado los cimientos de la cabaña de troncos y ha edificado una réplica en el lugar original. Asimismo, conserva la casa que se construyó cerca de allí, a fin de que quienes visitan hoy la granja familiar de los Smith puedan formarse una idea más clara de lo ocurrido y comprender mejor la trascendencia de los acontecimientos que allí tuvieron lugar.

José Smith—Historia 1:30–32. ¿Era Moroni un espíritu o un ser resucitado?

El profeta José Smith explicó que el ángel Moroni era un ser resucitado (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 138).

José Smith—Historia 1:33. «Mi nombre»

El élder Neal A. Maxwell enseñó: “Al joven José se le dijo que se hablaría bien y mal de su nombre en todo el mundo (véase José Smith—Historia 1:33). De no haber procedido de una fuente divina, tal anuncio parecería audaz. Sin embargo, los líderes religiosos de su tiempo, y en aquel entonces más conocidos que José, se han perdido en la bruma del tiempo, mientras que la obra de José Smith continúa extendiéndose por todo el mundo”
(“José, el vidente”, Liahona, enero de 1984, pág. 93).

José Smith—Historia 1:34. La plenitud del Evangelio eterno

En Apocalipsis 14:6–7 se registra que un ángel volaría por en medio del cielo con el Evangelio eterno. El presidente N. Eldon Tanner, Consejero de la Primera Presidencia, después de citar ese pasaje, explicó:

“Esta revelación se cumplió y se entendió claramente cuando el ángel Moroni voló por en medio del cielo y apareció a José Smith, hablándole de las planchas que contenían el Evangelio en su plenitud” (Conference Report, abril de 1964, pág. 62).

El élder Bruce R. McConkie explicó el significado de la expresión “la plenitud del Evangelio eterno”: “De acuerdo con la palabra revelada, el Libro de Mormón contiene la plenitud del Evangelio eterno, al igual que la Biblia, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. Cada uno de estos libros contiene la palabra del Evangelio; cada uno es un registro de los tratos de Dios con un pueblo que poseía la plenitud del Evangelio; cada uno resume el plan de salvación y expone lo que el hombre debe hacer para obtener la plenitud de las bendiciones preparadas.

El Evangelio es, en sí mismo, el poder de Dios por medio del cual se obtiene la salvación; es el poder que salva al alma humana; y la plenitud del Evangelio comprende todas las verdades y poderes que hacen posible que el hombre obtenga una recompensa plena en el cielo más alto del mundo celestial” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 399).

José Smith—Historia 1:34–35. ¿Qué se hallaba en la caja de piedra?

En la caja de piedra había un libro y el Urim y Tumim. El libro estaba compuesto de planchas de oro y contenía el libro de Lehi, las planchas menores de Nefi, las planchas de Mormón y las planchas selladas que a José se le mandó no traducir (véase “Una breve explicación acerca del Libro de Mormón” en las páginas introductorias de esa obra).

El Urim y Tumim era un instrumento divino que el Señor preparó para ayudar en la traducción; consistía en dos piedras engastadas en aros de plata, unidas a un pectoral.

José Smith—Historia 1:36–41. ¿Qué importancia tienen los versículos de la Biblia que Moroni citó al profeta José Smith?

El profeta José Smith indicó que Moroni le citó numerosos pasajes de las Escrituras (véase José Smith—Historia 1:41). A continuación se presentan algunas de las profecías del Antiguo Testamento que el Profeta mencionó específicamente:

Referencia de las EscriturasComentarios que Moroni hizo a José Smith.
Parte de Malaquías 3.Ninguno.
Malaquías 4:1, 5–6.Los términos varían del texto bíblico (véase el vers. 36).
Isaías 11.Estaba a punto de cumplirse (véase el vers. 40).
Hechos 3:22–23 (que cita a Moisés).Términos del texto bíblico que coinciden exactamente con la cita de Moroni. El profeta del cual se habla es Jesucristo. El día que aún no había llegado, pero que pronto llegaría, en que toda alma que no oyera la voz de Cristo sería “desarraigada del pueblo” (véase el vers. 40).
Joel 2:28–32.Todavía no se había cumplido, pero pronto se cumpliría (véase el vers. 41).

José Smith agregó que Moroni declaró que “pronto entraría la plenitud de los gentiles” (José Smith—Historia 1:41). No se sabe con certeza cuáles versículos de Malaquías 3 citó Moroni; sin embargo, los versículos 1–4 y 16–18 concuerdan con los temas presentes en las demás referencias escriturales. Isaías 11 también fue citado, y aparece igualmente en 2 Nefi 21; además, una explicación de ciertas partes de Isaías 11 se halla en Doctrina y Convenios 113:1–6.

La profecía acerca de Jesucristo que se encuentra en Hechos 3:22–23 es una de las más citadas en las Escrituras (véanse Deuteronomio 18:15; Hechos 7:37; 1 Nefi 10:4; 22:20; 3 Nefi 20:23; 21:11; D. y C. 133:63; José Smith—Historia 1:40).

El Señor enseñó a los nefitas que, con anterioridad a la Segunda Venida, habría una señal en los últimos días que marcaría el comienzo del recogimiento de Israel con poder (véase 3 Nefi 21:1–7). Esa señal es la salida a luz del Libro de Mormón.

Todos los pasajes que Moroni citó apuntan a un mismo tema: la salida a luz del Libro de Mormón daría inicio a una serie de acontecimientos que conducirían a la Segunda Venida, cuando los inicuos serían destruidos y los justos reinarían sobre la tierra con Jesucristo. En síntesis, a José Smith se le indicó que la obra que habría de realizar ayudaría a dar comienzo al reino milenario de Cristo y que el Salvador vendría “pronto”.

José Smith—Historia 1:41. ¿Sabemos cuáles han sido los “otros pasajes de las Escrituras” y qué explicaciones adicionales dio Moroni?

De una carta que Oliver Cowdery escribió a W. W. Phelps —en la que se relata la visita de Moroni a José Smith— obtenemos información adicional: “Aunque el temor que al principio lo dominó había desaparecido, su sorpresa no fue menor cuando aquél le declaró que era un mensajero enviado por el Señor para darle un mensaje especial y testificarle que sus pecados habían sido perdonados, que sus oraciones habían sido escuchadas, y que se cumpliría el pasaje de Escritura que dice: ‘…lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios… y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia’ (1 Corintios 1:27–28)” (Latter Day Saints’ Messenger and Advocate, febrero de 1835, pág. 79).

En ese mismo relato, Oliver Cowdery indicó que Moroni también aludió —a veces solo con frases— a Isaías 28:21; 29:11–14; y Juan 10:16 (véase Messenger and Advocate, págs. 79–80).

José Smith—Historia 1:42–49. Comparación de las cuatro visitas de Moroni a José Smith (21–22 de septiembre de 1823)

Primera visita (véanse José Smith—Historia 1:30–43):

  • Llamó a José Smith por su nombre.
  • Se presentó ante él.
  • Le dijo que Dios tenía una obra para él.
  • Le anunció que su nombre sería conocido en el mundo para bien y para mal.
  • Le habló del Libro de Mormón.
  • Citó profecías del Antiguo y del Nuevo Testamento sobre los últimos días.
  • Citó muchos otros pasajes de las Escrituras.
  • Dio numerosas explicaciones de las Escrituras.
  • Le advirtió que no mostrara las planchas a nadie sin mandato, o sería destruido.
  • José vio en visión el lugar donde se hallaban las planchas.
  • Segunda visita (véanse los versículos 44–45):
  • Repitió lo dicho en la primera visita “sin la menor variación”.
  • Anunció grandes juicios sobre la tierra, incluida una desolación por hambre, espada y pestilencias.
  • Tercera visita (véanse los versículos 46–47):
  • Repitió nuevamente lo dicho.
  • Añadió la advertencia de no ceder a la tentación de usar las planchas para obtener lucro.
  • Le indicó que su único propósito debía ser glorificar a Dios y edificar Su reino.
  • Cuarta visita (véanse los versículos 48–49):
  • Llamó nuevamente a José por su nombre.
  • Repasó todo lo que había dicho la noche anterior.
  • Le mandó que contara a su padre la visión y los mandamientos recibidos.

Un rasgo significativo de estas cuatro visitas es la repetición de las instrucciones. Además, parece que Moroni discernía los pensamientos y sentimientos de José entre una visita y otra. Por ejemplo, en la segunda visita añadió enseñanzas sobre el inminente fin del mundo, un tema que había despertado gran inquietud en José tras la primera visita. En la tercera, añadió una advertencia sobre los motivos para obtener las planchas, una tentación que José pudo haber sentido después de la segunda visita. Finalmente, le mandó informar a su padre, una instrucción que, en medio de la noche, pudo parecerle innecesaria o inoportuna.

José Smith—Historia 1:49–50. José habla con su padre

El relato de Lucy Mack Smith añade el siguiente detalle: “El mismo mensajero que había visto la noche anterior se le apareció de nuevo, y lo primero que le dijo fue: ‘¿Por qué no has dicho a tu padre lo que te mandé que le dijeras?’. José respondió: ‘Porque temía que no me creyera’. Entonces el ángel le prometió: ‘Tu padre creerá todo lo que le digas’ ” (History of Joseph Smith by His Mother, ed. Preston Nibley, 1958, pág. 79; citado por Brent L. Top, “José Smith, esposo, padre, hijo y hermano: ‘Estaba con mi familia’ ”, Liahona, diciembre de 1992, pág. 10).

José Smith—Historia 1:50–53. La primera visita de José al cerro de Cumorah

Al encaminarse al cerro de Cumorah, José pensaba en la humilde situación económica de su familia y en la posibilidad de que las planchas —o la buena reputación que le daría la traducción— pudieran producir suficiente dinero para “elevarlo a un nivel económico similar al de los hombres de fortuna de su época y aliviar así la pobreza de su familia”.

Cuando extendió la mano para tomar las planchas, recibió un choque y no las pudo sacar; dos veces más lo intentó, y en ambos casos le sucedió lo mismo. Con desesperación, exclamó: “¿Por qué no puedo obtener este libro?”. Moroni apareció de nuevo y le explicó que aquello había ocurrido porque había desobedecido el mandamiento que se le había dado y había cedido a la tentación de Satanás de obtener las planchas con fines de lucro, en lugar de tener su mira puesta en la gloria de Dios, como se le había mandado.

Arrepentido, el joven José oró humildemente al Señor y recibió Su Espíritu en abundancia. Una visión se abrió ante sus ojos, y “la gloria del Señor lo rodeó de resplandor y descansó sobre él… [También] contempló al príncipe de las tinieblas…”. El mensajero celestial, Moroni, le dijo:

“Se te muestra todo esto, lo bueno y lo malo, lo santo y lo impuro, la gloria de Dios y el poder de las tinieblas, para que de aquí en adelante reconozcas ambos poderes y nunca te dejes influir ni vencer por aquel maligno… Ahora ves por qué no pudiste sacar el registro y sabes que el mandamiento era estricto, y que si alguien va a obtener estas cosas sagradas, tendrá que ser por la oración y la fidelidad en obedecer al Señor. No están depositadas aquí con objeto de producir ganancia ni acumulación de fortuna para la gloria del mundo, sino que fueron selladas por la oración de fe y, por el conocimiento que contienen, no tienen otro valor entre los hijos de los hombres que su contenido mismo” (Cowdery, Messenger and Advocate, octubre de 1835, pág. 198).

Moroni concluyó advirtiéndole a José Smith que no se le permitiría obtener las planchas sino “hasta que hubiera aprendido a obedecer los mandamientos de Dios; y no sólo hasta que estuviera dispuesto, sino hasta que fuera capaz de hacerlo” (Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, pág. 81; cursiva agregada) (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 44–45).

José Smith—Historia 1:54. Las visitas anuales de José al cerro

Entre los años 1823, cuando José vio por primera vez las planchas, y 1827, cuando se le permitió sacarlas del cerro, José recibió instrucciones celestiales adicionales. El relato de Lucy Mack Smith indica que durante ese tiempo José “siguió recibiendo instrucciones del Señor” (History of Joseph Smith, pág. 82).

El presidente John Taylor declaró: “Cuando José Smith fue llamado como profeta de Dios, Mormón, Moroni, Nefi y otros profetas de la antigüedad que habían vivido en este continente, así como Pedro, Juan y otros que vivieron en el continente asiático, fueron a verle y le comunicaron ciertos principios relacionados con el Evangelio del Hijo de Dios” (Journal of Discourses, tomo XVII, pág. 374).

La madre de José Smith también escribió: “Por las tardes, mientras conversábamos, José de vez en cuando nos relataba algunas de las narraciones más entretenidas que se puedan imaginar. Describía a los antiguos moradores de este continente, su vestuario, su manera de viajar y los animales sobre los que viajaban; sus ciudades y edificios con gran lujo de detalles, sus métodos de guerra y también su adoración religiosa; y lo hacía con tal facilidad que parecía como si hubiera pasado toda su vida entre ellos” (History of Joseph Smith, pág. 83; citado por Robert J. Woodford, véase “Personajes del Libro de Mormón que José Smith conoció”, Liahona, diciembre de 1983, pág. 15).


JOSÉ SMITH—HISTORIA 1:55–65

JOSÉ SMITH RECIBE LAS PLANCHAS DE ORO


Fecha — Acontecimiento de importancia
Octubre de 1825 — José conoce a Emma Hale mientras trabaja para Josiah Stoal.
18 de enero de 1827 — José contrae matrimonio con Emma Hale.
22 de septiembre de 1827 — José recibe las planchas del Libro de Mormón.

Febrero de 1828 — Martin Harris visita a Charles Anthon en la ciudad de Nueva York.
7 de abril de 1829 — José reanuda la traducción de las planchas con la ayuda de Oliver Cowdery.

José Smith—Historia 1:56. Alvin Smith, el hermano de José

Alvin era un joven serio y fiel, y su hermano José lo adoraba; lo consideraba una persona en quien no había engaño alguno y que llevaba una vida de rectitud. Alvin también sentía un gran amor por José y estaba sumamente interesado en los anales sagrados. Al aproximarse su muerte, le aconsejó a su hermano: “Quiero que seas un buen muchacho y que hagas todo lo posible por obtener esos anales. Sé fiel al recibir las instrucciones y también al obedecer todo mandamiento que se te dé” (Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, pág. 87).

Años más tarde, José Smith supo por revelación que Alvin era uno de los herederos del reino celestial (véase D. y C. 137:1–6) (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 42).

José Smith—Historia 1:55–56. Buscador de riquezas

Con respecto a la búsqueda de un tesoro que José llevó a cabo tras haber sido contratado por Josiah Stowell, su madre, Lucy Mack Smith, escribió lo siguiente:

“Un hombre llamado Josiah Stowell llegó del condado de Chenango, estado de Nueva York, con el fin de contratar a José para que le ayudara a buscar una mina de plata. Fue a buscarlo porque había oído decir que él podía discernir lo que resultaba invisible al ojo natural.

José trató de hacerlo desistir de esa vana búsqueda, pero él estaba decidido a llevarla a cabo y ofreció buenos salarios a quienes desearan excavar con el fin de encontrar dicha mina; insistió, además, en que José trabajara para él. Por lo tanto, José y varios otros le acompañaron y comenzaron a excavar.

Después de haber trabajado cerca de un mes para el anciano caballero sin ningún éxito, José lo convenció de abandonar su proyecto. Fue por ese motivo —por haber estado un mes excavando en busca de una mina de plata— que se extendió el rumor de que él había sido un ‘buscador de riquezas’ ” (History of Joseph Smith, págs. 91–92).

José Smith—Historia 1:57–58. Emma Hale

Emma Hale nació en Harmony el 10 de julio de 1804. Se dice que era una mujer bella, alta de estatura y de apariencia elegante, con atractivos ojos castaños y cabello negro. Poseía una personalidad agradable y era inteligente y capaz. Durante un año asistió a una escuela para señoritas, donde aprendió a comportarse en sociedad. Se decía que ella “nunca empleaba palabras demasiado coloquiales y era muy particular en el uso de la gramática y en la elección de las palabras adecuadas”.

Tenía además la reputación de ser una muy buena ama de casa y una excelente cocinera. Ella, al igual que su madre, era miembro de la Iglesia Metodista; poseía una extraordinaria voz para el canto y cantaba en el coro de la aldea (Ivan J. Barrett, Joseph Smith and the Restoration, 1973, pág. 71).

Lucy Mack Smith, la madre de José Smith, escribió: “Mientras se encontraba contratado por el señor Stowell, se alojó por un corto período con Isaac Hale, y fue durante ese tiempo que entabló amistad con su hija, la señorita Emma Hale, a quien empezó a cortejar inmediatamente y con quien más adelante contrajo matrimonio…

…José nos llamó aparte a mi esposo y a mí, y nos dijo: ‘Me he sentido muy solo desde la muerte de Alvin y he tomado la decisión de casarme. Si ustedes no ponen objeción, me gustaría contraer matrimonio con la señorita Emma Hale, ya que la prefiero por sobre todas las demás jóvenes que he conocido’. Nos sentimos complacidos con su elección, y no solo dimos nuestro consentimiento para su boda, sino que le pedimos que la trajera a nuestra casa para vivir con nosotros” (History of Joseph Smith, págs. 92–93).

José Smith—Historia 1:59–60. José recibe las planchas

Se sabe muy poco acerca de las conversaciones que José Smith tuvo con Moroni entre los años 1824 y 1827. Una noche, poco antes del comienzo del otoño de 1827, regresó bastante tarde a su casa; la familia estaba preocupada, pero él explicó que su tardanza se debía a que acababa de recibir una severa reprimenda de Moroni. Les dijo que, al pasar por el cerro de Cumorah,

“el ángel salió a mi encuentro y me dijo que no me había ocupado lo suficiente en la obra del Señor, que había llegado el momento de sacar los anales y que yo debía poner manos a la obra y prepararme para hacer lo que Dios me había mandado” (History of Joseph Smith, pág. 100).

Durante esos cuatro años de preparación debieron de haber ocurrido muchos sucesos. José pasó los años de su adolescencia casi sin dejarse influir por los preceptos de los hombres; durante ese período tuvo el apoyo emocional de su familia y, posteriormente, asumió las responsabilidades propias del matrimonio. Los ángeles lo prepararon para traducir el registro inspirado por el Señor y le enseñaron la importancia de la autodisciplina y de la obediencia. Sin duda, estaría ansioso por comenzar la traducción del Libro de Mormón.

En esa época, Joseph Knight y Josiah Stowell se encontraban en Manchester, visitando a la familia Smith, quizá a la espera del momento en que José recibiría las planchas.

El 22 de septiembre de 1827, mucho antes del amanecer, José y Emma Smith engancharon el caballo de Joseph Knight a la carreta de Josiah Stowell y recorrieron los cinco kilómetros que los separaban del cerro de Cumorah. Al llegar, José dejó a su esposa al pie del cerro y subió hasta la cima para reunirse con Moroni por última vez. Allí, el ángel le entregó las planchas, el Urim y Tumim y el pectoral, acompañando la entrega con una promesa y una advertencia muy claras respecto a sus responsabilidades.

Moroni le explicó que lo hacía responsable de esos objetos sagrados y que, si los trataba con descuido o negligencia y los perdía, sería desarraigado; por otra parte, le aseguró que serían protegidos si empleaba todos sus esfuerzos en preservarlos hasta que Moroni regresara a buscarlos (véase José Smith—Historia 1:59).

Por primera vez en más de mil cuatrocientos años, los registros sagrados se confiaban a un ser mortal. José escondió las planchas cuidadosamente en un tronco hueco cercano a su casa. Sin embargo, no solo sus amigos esperaban con gran expectación que él las recibiera; también había personas en la vecindad que habían oído decir que José estaba por llevar a su casa unas valiosas planchas de metal.

No pasó mucho tiempo antes de que José comprendiera el motivo por el cual Moroni le había encomendado con tanto énfasis que cuidara las planchas. “Cuanta estratagema se pudo inventar” se llevó a cabo para quitárselas (véase el vers. 60). Por ejemplo, Willard Chase, un granjero de los alrededores, se asoció con otros buscadores de fortuna y mandaron llamar a un adivino para que encontrara el lugar donde se hallaban escondidas las planchas.

Cuando los Smith se enteraron, enviaron a Emma a buscar a José, que se encontraba trabajando en Macedon, a unos kilómetros al oeste de Palmyra. José regresó de inmediato, sacó las planchas, las envolvió en una prenda de lino y se internó con ellas en el bosque, convencido de que allí estarían más seguras que en el camino transitado. Sin embargo, al saltar sobre un tronco caído, alguien lo golpeó por la espalda con un arma; aun así, logró derribar a su agresor y huir. A menos de un kilómetro de allí fue atacado nuevamente y logró escapar otra vez; antes de llegar a su casa, lo atacaron por tercera vez. Su madre comentó más tarde que, cuando llegó, “estaba mudo de temor y de la fatiga de la carrera” (History of Joseph Smith, pág. 108).

Los intentos por robar las planchas se intensificaron, pero también se cumplió la promesa de protección especial que Moroni le había hecho. En numerosas ocasiones, José sacó las planchas de su escondite apenas minutos antes de que llegaran quienes intentaban robárselas. En una ocasión, después de haberlas escondido bajo el piso de piedra del fogón, un numeroso grupo de hombres se reunió frente a su casa; sin embargo, José y sus hermanos salieron corriendo por la puerta principal, gritando en distintas direcciones para hacer creer que un grupo numeroso los defendía, y los atacantes huyeron. En otra ocasión, José escondió el cofre de las planchas bajo las tablas del piso de la tonelería, pero recibió la inspiración de trasladarlas al desván y ocultarlas bajo el lino. Esa misma noche, sus enemigos levantaron todo el piso de la tonelería en su búsqueda; no obstante, las planchas permanecieron a salvo (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 48–50).

José Smith—Historia 1:60. Los intentos por quitarle las planchas a José

El élder Gordon B. Hinckley, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “José Smith no tardó en darse cuenta del motivo por el que Moroni le había recomendado tan estrictamente que protegiera los anales tomados del cerro, pues tan pronto como se esparció el rumor de que él tenía las planchas, comenzaron los intentos por quitárselas. A fin de preservarlas, primero las escondió cuidadosamente en un tronco hueco de abedul. Después, las guardó en un cofre en la casa de su padre; más tarde, las enterró debajo de la chimenea en la sala de la casa; y el taller de un tonelero que vivía frente a ellos fue el siguiente escondite.

Todas estas y otras estratagemas se emplearon para proteger las planchas de los populachos de las cercanías, que irrumpían en la residencia de los Smith y en las propiedades contiguas para registrarlas; incluso recurrieron a los servicios de un adivino en su afán por encontrar los anales” (La Verdad Restaurada, págs. 13–14).

José Smith—Historia 1:61–62. La preservación de las planchas

“Continuaron hostigando a los Smith, y el Profeta tuvo que recurrir a diversos lugares para esconder las planchas. Primeramente las colocó en el baúl de la ropa de Hyrum; después, en varias ocasiones, las escondió debajo del fogón de la casa de su padre; bajo una pila de lino en el desván del taller del tonelero; en una caja de embarque de cristal de la compañía Ontario, perteneciente al padre Beman; y en el baúl rojo de Marruecos de Emma”
(véase History of Joseph Smith, págs. 112–113).

Sin embargo, el llamamiento de José Smith no consistía únicamente en proteger las planchas de oro, sino también en traducirlas. Debido a que la gente de Manchester y sus alrededores estaba tan dispuesta a robarlas, José y Emma decidieron mudarse a Harmony y vivir en la granja del padre de ella. Allí esperaban encontrar la paz necesaria para cumplir con la obra divina.

Martin Harris le dio cincuenta dólares a José para la mudanza, y Alva, el hermano de Emma, les prestó el carromato y los animales de tiro. De ese modo partieron, llevando los anales escondidos en un barril de frijoles (judías) dentro del carromato. Varios hombres detuvieron a los viajeros en el camino, pero no lograron encontrar las planchas (véase Richard L. Bushman, Joseph Smith and the Beginnings of Mormonism, 1984, pág. 85).

En Harmony, el matrimonio se mudó a una casa de dos habitaciones perteneciente a Jesse, otro de los hermanos de Emma, ubicada a unos 140 metros de la casa de Isaac Hale. El Profeta estaba entonces listo para comenzar la traducción.

En por lo menos seis ocasiones diferentes, José Smith dio breves descripciones de cómo llevó a cabo la traducción del Libro de Mormón, y en todas ellas declaró de manera consistente que la tradujo por el don y el poder de Dios, por medio del Urim y Tumim (véase José Smith—Historia 1:62; D. y C. 9:4–12; Warren Cowdery, Manuscript History of the Church, Book A-1, en “LDS Church Archives”, págs. 121–122; Elder’s Journal, 1 de julio de 1838, pág. 43; Times and Seasons, 3 de mayo de 1842, pág. 772; y Times and Seasons, 4 de noviembre de 1843, pág. 373) (Kenneth W. Godfrey, “A New Prophet and a New Scripture: The Coming Forth of the Book of Mormon”, Ensign, enero de 1988, pág. 11).

José Smith—Historia 1:63–65. Se cumple la profecía

(Véanse Isaías 29:11–12 y 2 Nefi 27:6–26). El élder James E. Talmage, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “[José] inició su tarea con las planchas copiando pacientemente varios de los caracteres y añadiendo su traducción a algunas de las páginas así preparadas. El primer ayudante del Profeta, Martin Harris, recibió permiso para llevar algunas de estas copias con el fin de presentarlas a hombres instruidos en idiomas antiguos para que las examinaran.

Llevó algunas hojas al profesor Charles Anthon, del Colegio de Columbia, quien, después de estudiarlas, certificó que los caracteres eran, por lo general, del antiguo orden egipcio, y que las traducciones que los acompañaban parecían correctas. Al saber cómo habían llegado los anales antiguos a manos de José, el profesor Anthon le dijo al señor Harris que le llevara el libro original para examinarlo, declarando que él se comprometía a traducirlo; pero al oír que parte del libro estaba sellado, dijo: ‘No puedo leer un libro sellado’.

Así, sin saberlo, este hombre cumplió la profecía de Isaías concerniente a la venida de este volumen: ‘Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado’ [Isaías 29:11].

Otro lingüista, el profesor Mitchell, de Nueva York, después de haber examinado los caracteres, dio un testimonio de ellos que coincidía en todos los aspectos importantes con el del profesor Anthon” (Los Artículos de Fe, págs. 298–299).


JOSÉ SMITH—HISTORIA 1:66–75

JOSÉ SMITH RECIBE EL SACERDOCIO DE DIOS


Fecha — Acontecimiento de importancia
5 de mayo de 1829 — Juan el Bautista restaura el Sacerdocio Aarónico.
Mayo o junio de 1829 — Pedro, Santiago y Juan restauran el Sacerdocio de Melquisedec.

José Smith—Historia 1:66–67. Oliver Cowdery

Oliver Cowdery había nacido el 3 de octubre de 1806 en Wells, condado de Rutland, estado de Vermont, siendo el menor de ocho hijos. Recibió cierta instrucción para aprender a leer y escribir, así como los conocimientos elementales de aritmética. Varios de sus hermanos mayores, al darse cuenta de que las oportunidades de progreso económico eran limitadas en Vermont, se habían mudado hacia el oeste del estado de Nueva York. En 1825, Oliver siguió a sus hermanos y consiguió trabajo como dependiente en una tienda de ramos generales; también se dedicó a labores de herrero y de granjero.

Oliver Cowdery era delgado, medía aproximadamente 1,65 m de estatura, tenía el cabello negro y ondulado, y ojos oscuros de mirada penetrante.

A principios de 1829, uno de sus hermanos mayores, Lyman Cowdery, fue contratado para servir como maestro de la escuela del pueblo en el municipio de Manchester, cerca de donde vivía la familia de José Smith; pero como le fue imposible aceptar el puesto, sugirió a los administradores de la escuela que tomaran a su hermano Oliver. Después de que éstos —entre los cuales se hallaba Hyrum Smith— lo aprobaron, Oliver Cowdery comenzó sus labores como maestro y recibió la invitación de hospedarse en la casa de los Smith.

Lucy Mack Smith relata que casi de inmediato “él empezó a escuchar toda clase de historias sobre las planchas y comenzó enseguida a hacerle [a su esposo] insistentes preguntas sobre el asunto, aunque durante mucho tiempo no logró sacarle ninguna información” (History of Joseph Smith, pág. 138). Los Smith se resistían a hablar de sus experiencias debido al ridículo que habían sufrido por parte de sus conocidos (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 57–58).

Oliver Cowdery continuó insistiendo para que los Smith le brindaran más información acerca de José y del Libro de Mormón. Según los recuerdos de Lucy Smith, Oliver estaba profundamente interesado en el relato e insistió en acompañar a Samuel Smith (hermano de José) cuando éste viajó a Harmony, Pensilvania, para visitar al Profeta. Oliver había orado pidiendo comprensión y sintió que había una obra que debía llevar a cabo con José. Finalmente, el domingo 5 de abril de 1829, cuando llegó a Harmony, José reconoció en él al ayudante que el Señor le había prometido.

Esa noche se quedaron despiertos hasta altas horas conversando sobre las experiencias que José había tenido. A la mañana siguiente atendieron diversos asuntos, y el martes 7 de abril comenzaron la obra de la traducción.

En relación con sus experiencias de trabajo con José Smith, Oliver recordó más adelante:

“Estos fueron días inolvidables: ¡estar sentado oyendo el son de una voz dictada por la inspiración del cielo despertó la más profunda gratitud en este pecho! Día tras día continué escribiendo las palabras de su boca, sin interrupción, según él traducía por medio del Urim y Tumim” (José Smith—Historia, nota final al pie de la página).

José Smith—Historia 1:67. La traducción del Libro de Mormón

Acerca de la traducción del Libro de Mormón, el profeta José Smith explicó: “Juntamente con esos anales se encontraba un curioso instrumento que constaba de dos piedras transparentes engastadas en aros de plata, las cuales estaban aseguradas a un pectoral y que los antiguos conocían como el Urim y Tumim. Por el don y el poder de Dios, y mediante el uso del Urim y Tumim, yo traduje esos anales” (History of the Church, tomo IV, pág. 537; citado en “Escritos y discursos de los profetas de nuestros días”, Liahona, junio de 1978, pág. 40).

José y Oliver trabajaron incesantemente en la traducción durante todo el mes de abril. Con la ayuda de Oliver, José tradujo más rápidamente que nunca. En los tres meses siguientes, entre ambos concluyeron la asombrosa tarea de traducir aproximadamente quinientas páginas impresas. Aquél fue un período glorioso para ellos (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 59).

José Smith—Historia 1:68–74. Se restaura el Sacerdocio Aarónico

El 22 de septiembre de 1823, el ángel Moroni anunció: “Cuando ellas [las planchas de oro] se hayan interpretado, el Señor conferirá a algunos el santo sacerdocio, y ellos comenzarán a proclamar este Evangelio y a bautizar en agua; y después de ello tendrán el poder de conferir el Espíritu Santo por la imposición de manos” (Oliver Cowdery, Messenger and Advocate, octubre de 1835, pág. 199).

A medida que José y Oliver avanzaban en la traducción del Libro de Mormón, llegaron al pasaje que describe la visita del Salvador a los habitantes del hemisferio occidental y Sus enseñanzas acerca del bautismo (véase 3 Nefi 11:18–41). Entonces determinaron dirigirse al Señor en ferviente oración para saber cómo podían obtener la bendición del bautismo.

El 15 de mayo de 1829, José y Oliver se dirigieron a un bosque cercano al río Susquehanna para orar. Oliver describió la experiencia con las siguientes palabras: “Repentinamente, como si hubiera salido del centro de la eternidad, la voz del Redentor nos habló paz; el velo se rasgó y un ángel de Dios descendió, revestido de gloria, y nos entregó el anhelado mensaje y las llaves del evangelio del arrepentimiento. ¡Qué gozo! ¡Qué admiración! ¡Qué asombro! Mientras el mundo se desmoronaba confundido… nuestros ojos vieron, nuestros oídos oyeron” (José Smith—Historia, nota final al pie de la página).

Poco después, Juan el Bautista apareció y restauró el Sacerdocio Aarónico, y tuvieron lugar significativas manifestaciones espirituales durante el bautismo de José y Oliver (véase José Smith—Historia 1:73–74).

José Smith—Historia 1:72. La restauración del Sacerdocio de Melquisedec

Poco después de que Juan el Bautista confiriera el Sacerdocio Aarónico a José y Oliver, “los principales apóstoles del Señor, Pedro, Santiago y Juan, aparecieron ante ellos junto al río Susquehanna” (véase D. y C. 128:20). Estos mensajeros celestiales les confirieron el Sacerdocio de Melquisedec y las llaves del Apostolado (véase D. y C. 27:12).

Desde ese momento, José Smith y Oliver Cowdery tuvieron la autoridad para actuar como agentes verdaderos del Señor en la edificación del reino de Dios sobre la tierra (La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 56). Esta restauración probablemente ocurrió entre el 16 y el 28 de mayo de 1829 (véase Larry C. Porter, “The Restoration of the Aaronic and Melchizedek Priesthoods”, Ensign, diciembre de 1996, págs. 33–47).

El presidente Wilford Woodruff explicó: “José Smith nunca intentó organizar esta Iglesia sino hasta que recibió el mandamiento de Dios para hacerlo. Jamás pretendió bautizar a hombre alguno sino hasta que recibió el Sacerdocio Aarónico bajo las manos de Juan el Bautista.
Él nunca intentó oficiar en ninguna de las ordenanzas del Evangelio sino hasta que recibió el Apostolado bajo las manos de Pedro, Santiago y Juan. Esos hombres se le aparecieron, pusieron las manos sobre su cabeza y sellaron sobre él el Apostolado, con todos los poderes pertinentes” (Journal of Discourses, tomo XXIV, pág. 241).

El 13 de enero de 1849, a petición de Samuel W. Richards —quien hospedaba en su hogar del norte de Misuri a Oliver Cowdery y a su esposa—, Oliver escribió lo siguiente: “Cuando las tinieblas cubrían la tierra y la ignorancia religiosa oscurecía a la gente, mucho después de que la autoridad para administrar había sido quitada, el Señor abrió los cielos y dio a conocer Su palabra para la salvación de Israel. En cumplimiento de las sagradas Escrituras, el Evangelio sempiterno fue proclamado por un ángel extraordinario (Moroni), quien, investido con la autoridad de la misión que tenía a su cargo, dio gloria a Dios en lo alto. El Evangelio es ‘la piedra cortada del monte, no con mano’. Juan el Bautista, poseyendo las llaves del Sacerdocio Aarónico; y Pedro, Santiago y Juan, poseyendo las llaves del Sacerdocio de Melquisedec, también ministraron a quienes serían herederos de salvación y, por medio de esa administración, ordenaron hombres al mismo sacerdocio que ellos poseían. Estos sacerdocios, con su debida autoridad, están ahora y seguirán estando siempre en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Bendito es el élder que lo ha recibido, y aún más bendito y santo es quien persevera hasta el fin.

“Querido hermano, acepte el testimonio verdadero de quien, junto con José el Vidente, fue bendecido con estas ministraciones y que, con devoción y de todo corazón, espera reunirse con usted en la gloria celestial” (B. H. Roberts, New Witnesses for God, 3 tomos, 1909–1911, tomo II, págs. 289–290).

El obispo Joseph L. Wirthlin, en ese entonces Obispo Presidente de la Iglesia, explicó: “Por medio de la dirección divina, la Presidencia Apostólica —Pedro, Santiago y Juan— confirió a José Smith y a su compañero el Sacerdocio de Melquisedec, que posee las llaves de atar y desatar tanto en la tierra como en los cielos; la autoridad para conferir el don del Espíritu Santo por la imposición de manos; las llaves para predicar el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo; y las llaves para la obra de los muertos. Por consiguiente, la relación que existió entre los profetas y apóstoles de la antigüedad se ha restablecido en esta dispensación, a fin de que los planes del Señor para las bendiciones eternas de Sus hijos se hagan realidad” (Conference Report, abril de 1954, pág. 4; véase también Mateo 16:13–19; 17:3; Juan 15:16; Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 182–184).