Las bendiciones del templo

Las bendiciones del templo

Por el élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Temple Blessings”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young el 15 de noviembre de 2005. Para el texto completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.

Las ordenanzas salvadoras del templo son esenciales para el eterno plan de felicidad, e incluso son su foco principal.

Las bendiciones de la investidura del templo son tan esenciales para cada uno de nosotros como lo fue nuestro bautismo. Por esa razón, debemos prepararnos a fin de encontrarnos limpios para entrar en el templo de Dios. La obra del templo es la oportunidad de efectuar nuestras investiduras y convenios personales y llevar a cabo esas mismas ordenanzas para la redención de los muertos. Es por ello que en las Escrituras se nos manda edificar templos y prepararnos para ser dignos de tomar parte en las sagradas ordenanzas y convenios del templo.

Por medio de las Escrituras se nos ha enseñado que la dignidad personal que el Señor requiere de nosotros para entrar en el templo y tomar sobre nosotros los convenios sagrados es una de las bendiciones más grandes que tenemos a nuestro alcance en la mortalidad. Entonces, después de tomar sobre nosotros los convenios del templo, nuestra obediencia al vivir los convenios a diario es una demostración de nuestra fe, amor, devoción y compromiso espiritual para honrar a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo, y nos prepara para vivir con Ellos en las eternidades. Las ordenanzas salvadoras del templo son esenciales para el eterno plan de felicidad, e incluso son su foco principal.

El santo templo

Debemos obtener un testimonio del templo y un sentimiento reverente hacia él por ser la casa del Señor. El templo es en verdad un lugar donde uno está “en el mundo y no es del mundo”. Cuando estamos preocupados y tenemos decisiones importantes que tomar que agobian la mente y el alma, podemos llevar esas preocupaciones al templo y recibir guía espiritual.

A fin de preservar la santidad del templo, de mantenerlo puro y de invitar al Espíritu para que bendiga a aquellos que entren en él a efectuar las ordenanzas y los convenios, se nos enseña que ninguna cosa inmunda debe entrar en el templo. La reverencia en el templo es un elemento vital a fin de invitar al Espíritu para que more en él durante cada hora de cada día. Seguir leyendo

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Cómo vivir una vida de paz, gozo y propósito

Cómo vivir una vida de paz, gozo y propósito

Por el élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado el 21 de abril de 2011 en la ceremonia de graduación de la Universidad Brigham Young. Para leer el texto completo en inglés, véase speeches.byu.edu.

Que el Señor fortalezca tu determinación, el ejercicio de tu fe y tu carácter en desarrollo a fin de que llegues a ser el instrumento para bien que Él quiere que seas.

Este mundo se encuentra en graves dificultades. Se están socavando los valores básicos de los Estados Unidos y de otros países occidentales; hay un desmoronamiento continuo de los principios, la virtud, la integridad y los valores religiosos, que son las piedras fundamentales de la civilización y los elementos decisivos de la paz y la felicidad. Te mostraré, lo más sencilla y claramente que me sea posible, un modelo para tener éxito y felicidad en la vida a pesar de esas condiciones.

Dios te ha dado la capacidad de ejercer la fe para que encuentres paz, gozo y propósito en la vida. No obstante, para emplear su poder, esa fe debe estar arraigada en algo seguro, y no hay ningún fundamento más sólido que la fe en el amor que el Padre Celestial tiene por ti, fe en Su plan de felicidad, y fe en la disposición y en el poder que tiene Jesucristo para cumplir todas Sus promesas.

Algunos de los principios en los que se basa la fe son:

  • La confianza en Dios y en Su deseo de proporcionarnos ayuda cuando la necesitemos, por muy difíciles que sean las circunstancias.
  • La obediencia a Sus mandamientos y un modo de vivir que demuestre que Él puede confiar en ti.
  • La percepción de los apacibles susurros del Espíritu y la aplicación valiente de las impresiones que se reciban como resultado.
  • Paciencia y comprensión cuando Dios deja que pases por dificultades a fin de que progreses, y cuando las respuestas llegan poco a poco a lo largo de un período prolongado.

Sería bueno que comprendieras y emplearas el poder de interacción que existe entre la fe y el carácter. Dios utiliza tu fe para moldear tu carácter, el cual se entreteje pacientemente con hilos de doctrina, principios y obediencia. El carácter es la manifestación de lo que estás llegando a ser, y será el criterio que Dios empleará para determinar cuán bien has utilizado tu vida mortal. Un firme carácter moral es la consecuencia de las constantes decisiones correctas ante las dificultades y las pruebas de la vida; esas decisiones se toman confiando en lo que se cree y, cuando se actúa de acuerdo con ello, se recibirá la confirmación de que es verdadero. Seguir leyendo

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La reverencia

La reverencia

por el Presidente David O. McKay

Discurso pronunciado en la primera sesión de la conferencia en Cuautla, Morelos, el sábado en la mañana, 14 de febrero de 1948.    

Hermanos y Hermanas:

Deseo que pudiese decir más en español, pero no puedo, así es que tendré que pedirle al Presidente Pierce que bondadosamente interprete lo que diga en inglés.

Hace cuatro años que la hermana McKay y yo visitamos Cuautla. Fui­mos festejados aquí en este pueblo, en este mismo lugar por el hermano y la hermana Morales, y otros miembros de su familia. Fué en aquella ocasión que decidimos comprar un lote y edificar una capilla. Ahora vemos el cumplimiento de ese sueño.

Os felicito por este bello edificio, erigido para la adoración, para la recreación y el estudio. Sin embargo, esta mañana fui impresionado con la necesidad de tener la religión pura en nuestros corazones al entrar en este edificio. Entramos en esta capilla pa­ra adorar al Señor. Queremos partici­par de Su Espíritu, y por participar de Su Espíritu edificamos nuestra propia fuerza espiritual. En la ora­ción dada a nosotros por el Señor nuestro Salvador, la primera frase contiene estas palabras, “Padre nues­tro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.” La palabra santi­ficado”, de sí misma, está asociada con el espíritu de reverencia, y la reverencia es uno de los atributos más sagrados del alma. El amor es el atributo más alto. La simpatía de uno al otro es otro atributo, pero creo que yo pondría la reverencia próxima al amor.

Ningun hombre es verdaderamente grande si no tiene reverencia hacia la Deidad, y hacia cosas sagradas. Byron fué un gran poeta, pero no fue tan grande como Wordsworth. Estos fueron dos grandes poetas ingleses. Si estudiáis sus vidas, veréis que la diferencia en su grandeza estriba en el hecho de que Byron careció de reverencia. Wordsworth amaba al Se­ñor y fué afín con los seres humanos. Es cosa maravillosa desarrollar esta característica, el espíritu de verdadera reverencia. Esa es una de las virtudes que hizo grande al presidente Lincoln. La gente en los Estados Unidos cele­bró el cumpleaños de Abraham Lin­coln el 12 de febrero. Yo pienso que no hemos tenido hombre más grande en los Estados Unidos que Abraham Lincoln. Su espíritu de reverencia fue ilustrado cuando salió de su pueblo natal para tomar posesión de la pre­sidencia de los Estados Unidos. En­tonces estaba en Springfield, Illinois, y cuando estaba para subir al tren para salir de aquel pequeño pueblo donde había pasado tantos años de su vida, se volteó hacia la gente del pueblo quienes habían venido a des­pedirse de él, se paró por unos mo­mentos en silencio, tuvo dificultad en controlar sus sentimientos, y entonces en una voz temblorosa dijo: “Mis ami­gos, nadie que no esté en mi posición puede apreciar mi sentimiento de tris­teza en esta despedida. A este lugar y a la bondad de este pueblo, debo todo. Aquí he vivido por el cuarto de un siglo, y he pasado de un joven a un anciano.” (El no tenía más que 52 años, así es que no estoy de acuerdo que era viejo). “Aquí han nacido mis hijos y uno está sepultado. Ahora sal­go, no sabiendo cuándo o si jamás re­gresaré, con una tarea’ ante mí más grande que la que descansó sobre Washington.” (Ahora fijaos en esto). “Sin la ayuda de aquel ser Divino que siempre le ayudaba, nunca ten­dré éxito. Pero con aquella ayuda no puedo fallar. Confiando en él, quien puede ir conmigo y permanecer con vosotros, y estar dondequiera para siempre, esperemos confiadamente que todo estará bien. Encomendándoos a su cargo, tal como espero que en vuestras oraciones me encomendaréis, os doy una despedida afectuosa.» Seguir leyendo

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La organización de la igle­sia primitiva

Por el sendero de la Inmortalidad y la Vida Eterna

La organización de la igle­sia primitiva

Por J. Rubén Clark Jr.

(Una serie de discursos del Presidente Clark de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difundidos por la Estación Radiodifusora KSL desde el Tabernáculo Mormón en Salt Lake City, Edo de Utah, U.S.A.)

Número 8, (29 de febrero de 1948.)

Estimado Radio Auditorio:

En nuestra primera conferencia, citamos las palabras de nuestro Pa­dre Celestial dirigidas a Moisés: “Por­que he aquí, esta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.”1 En las sucesivas, hemos hablado de la necesidad que tiene el hombre de volverse espiritualmente como niño si quiere entrar en el reino de Dios; que Dios no es producto del hombre, sino que el hombre fué hecho por Dios; que Dios es el mismo ayer, hoy y pa­ra siempre; que es un ser personal; que su Hijo, Jesucristo, y el hombre son en la expresa imagen y semejan­za de Dios; que Jesucristo y los es­píritus de los hombres existieron con nuestro Padre Celestial antes de to­mar sobre sí cuerpos mortales, y, cual se ha indicado en la revelación de Dios a Moisés, estamos aquí para ga­nar la inmortalidad y la vida eterna en el reino de Dios.

A fin de ayudar a los hombres a volver a él, nuestro Padre Celestial, desde el principio ha mostrado el ca­mino que conduce a él, proclamando los principios salvadores del evange­lio a sus hijos; 2 no siempre en su plenitud, pero lo suficiente para sal­var a los hombres si quieren escu­char y, obedecer. Restos del plan del evangelio han existido en las mentes de los hombres desde Adán hasta la fecha, en parte como memorias pervertidas, en parte como tradición; unas cuantas cosas Dios las puso al alcance del instinto de sus hijos.

Para ayudar a los hombres en sus esfuerzos de volver cabalmente a él, nuestro Padre Celestial, de cuando en cuando, empezando con Adán, ha proveído organizaciones de su sacer­docio, para traer a los hombres prin­cipios que habían abandonado y a veces olvidado, y para reforzar, y donde fuere necesario, restaurar el sacerdocio, con sus deberes y poderes divinos. Estas ocasiones se llaman dis­pensaciones en las escrituras sagra­das, y hablamos de las dispensacio­nes de Adán, Enoc, Noé, Abrahán, Moisés, la del Mesías, y ahora de la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos. En cada una de las dispen­saciones anteriores a la del Mesías, Dios dió a los hombres que la esta­blecían autoridad y mandamientos especiales con misiones particulares.

Así fué que con el mismo fin, du­rante su misión en Palestina, en el meridiano de los tiempos el Salvador instituyó una organización, estableció su Iglesia y dispuso ciertos oficios en ella. Dijo a sus discípulos que se ha­llaban con él en Cesárea de Filipo que él edificaría su Iglesia; 3 Pa­blo manifestó a los Efesios que Cristo era la cabeza de la Iglesia que los apóstoles presidían, y que era tal su amor hacia ella que por ella dió su vida. 4

En nuestros Artículos de Fe (que son el equivalente de credos en otras organizaciones religiosas) declara­mos:

“Creemos en la misma organiza­ción que existió en la Iglesia primiti­va, esto es, apóstoles, profetas, pas­tores, maestros, evangelistas, etc.”

APÓSTOLES

El Salvador escogió doce apóstoles en la Iglesia primitiva 5 a quienes dió potestad contra los espíritus in­mundos y para sanar toda clase de enfermedades y de males,6 así co­mo también el mandamiento de ir a todas las naciones y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y de enseñar “todas las cosas que os he mandado.” 7

Habiéndole dicho a Pedro en Ce­sárea de Filipo que a él le daría po­der y autoridad para atar en la tie­rra y desatar en los cielos, 8 más tarde declaró en Capernaum que con este poder y autoridad estaban en­tonces investidos todos los Doce, no solamente Pedro. 9 En la mañana del día de la resurrección él confirió poder y autoridad a todos los Doce para remitir o retener los pecados. (10) Aún más tarde, declarando el Señor en Galilea, “toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, comisionó a sus discípulos y les mandó: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándolos que guarden to­das las cosas que os he mandado: y he aquí yo estoy con vosotros todos los, días, aun hasta el fin del mundo. Amén.” 11

El Señor, poseyendo “toda potes­tad” según lo que se acaba de citar, otorgó poder y autoridad a los após­toles; no rogó a su Padre que él lo diera; es decir, fué una investidura presente de poder, no una oración pidiendo poder. Este hecho es de su­ma importancia. Seguir leyendo

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El hombre vivió antes de su estado mortal

Por el sendero de la Inmortalidad y la Vida Eterna

El hombre vivió antes de su estado mortal

Por J. Rubén Clark Jr.

(Una serie de discursos del Presidente Clark de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difundidos por la Estación Radiodifusora KSL desde el Tabernáculo Mormón en Salt Lake City, Edo de Utah, U.S.A.)

Número 7, (22 de febrero de 1948.)

Estimado Radio Auditorio:

La semana pasada, al discutir el asunto de nuestro punto de partida a la tierra, vimos que las Santas Escri­turas claramente indican, así como declaró Jesús mismo, que él había existido con el Padre antes de su vida mortal; que había vivido con el Padre en la eternidad desde el principio mismo, durante incontables períodos antes que viniese a la tierra a tomar sobre sí un cuerpo mortal.

Si alguien nos preguntara qué sig­nificado tiene esto para nosotros, se podría responder que Cristo es el tipo supremo de la creación de Dios: es perfecto, aun como nuestro Padre Celestial, porque él y el Padre son uno,1 y nos amonestó que fuése­mos perfectos aun como nuestro Pa­dre en los cielos es perfecto.2

Si deseamos ser perfectos, debemos conocer lo más cabalmente que se puede, existiendo la debida corres­pondencia entre su misión exaltada y nuestros llamamientos mucho más hu­mildes, las experiencias de ser, de existir, que él tuvo que pasar. De ma­nera que si él tuvo una existencia previa, de igual manera nosotros la debemos haber tenido, a fin de que aprendiésemos del Padre, aun como el Hijo testificó repetidas veces que él había aprendido del Padre, lo con­cerniente a los principios del evan­gelio y el camino de la vida, y así prepararnos para la existencia mor­tal.

Es punto fundamental de toda doc­trina el que todo hombre mortal tie­ne dentro de sí un espíritu. Ningún cristiano sincero duda esto. Se puede citar un ejemplo: Jesús levantó de los muertos a una niña, hija del prín­cipe de la sinagoga, aunque los pre­sentes «hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.” El evangelista dice que Jesús “no dejó entrar a na­die y tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate. En­tonces su espíritu volvió, y se levantó luego.” 3

Cuando Coré y los que se habían revelado con él se juntaron “a la puerta del tabernáculo del testimo­nio”, Moisés y Aarón “se echaron sobre sus rostros, y dijeron: “Dios, Dios de los espíritus de toda carne.” (4) Cuando le pidió al Señor que pu­siera varón sobre la congregación, resultando en que Josué fuese esco­gido, Moisés se dirigió a él así: “Jehová, Dios de los espíritus de toda carne.” 5

Pablo dijo a los Hebreos:

“Por otra parte, tuvimos por casti­gadores a los padres de nuestra car­ne, y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Pa­dre de los espíritus, y viviremos?”6 En Eclesiastés, el Predicador dijo: “Y el polvo se torne a la tierra, como era, y el espíritu se vuelva a Dios que lo dió.” 7

Las escrituras claramente demues­tran que nuestros espíritus se halla­ban con el Padre antes que naciése­mos. Seguir leyendo

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Lo que toda alma pregunta

Por el sendero de la Inmortalidad y la Vida Eterna

Lo que toda alma pregunta

Por J. Rubén Clark Jr.

(Una serie de discursos del Presidente Clark de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difundidos por la Estación Radiodifusora KSL desde el Tabernáculo Mormón en Salt Lake City, Edo de Utah, U.S.A.)

Número 6, (15 de febrero de 1948).

Estimable Radio Auditorio:

No hay hombre tan muerto en cuanto a la fase espiritual de la vida que alguna ocasión, en un momento de reflexión, no se haya preguntado: “¿De dónde vine? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? A base de es­tas preguntas, se ha dicho a sí mis­mo: Si supiese estas cosas, podría orientar mi vida hacia cosas mejores.

Dios ha puesto en el corazón de todo hombre una chispa divina que jamás se extingue. Podrá perder su fuerza, podrá quedar oculta, casi aho­gada por las cenizas de la transgresión, pero la chispa aún vive y por la fe puede alzar llama, si se toca el corazón. Esto es verdad respecto de todos, exceptuando aquellos que co­meten el pecado imperdonable, y po­cos son los que pueden hacer esto, porque para realizarlo se requiere mayor conocimiento espiritual del que es concedido a la mayoría de los hombres.

En el fondo de todas estas pregun­tas se halla la más profunda: ¿Existe un propósito en nuestras vidas mor­tales? ¿Estamos aquí en la tierra por casualidad, sin haber existido antes de nuestro nacimiento, con una existencia sin objeto aquí y un vacío, una noche interminable de olvido, después de la muerte?

Toda fibra del ser del hombre nor­mal repudia tal existencia sin objeto. El hombre en cualquier grado del desarrollo intelectual, desde el sal­vaje de las selvas al más sabio y erudito trabajador del laboratorio, se ha rebelado contra tal destino durante toda la historia, y Dios lo ha apoya­do en su rebelión, revelándole me­diante las Sagradas Escrituras cuan­tos de los grandes propósitos funda­mentales de la vida la mente finita del hombre es capaz de comprender.

Hay ocasiones en que los hombres se dejan llevar tanto de su propia erudición mediante los sentidos, su co­nocimiento sensorio, que no tan sola­mente se han rehusado a reconocer el conocimiento del espíritu, sino que se han mofado y burlado de que hay tal cosa.

Pero la duda y la desconfianza no destruyen la verdad, sino que vive y por fin triunfa.

¿De dónde vinimos? ¿Tuvimos una vida preexistente? Seguir leyendo

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El Padre y el Hijo

Por el sendero de la Inmortalidad y la Vida Eterna

El Padre y el Hijo

Por J. Rubén Clark Jr.

(Una serie de discursos del Presidente Clark de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difundidos por la Estación Radiodifusora KSL desde el Tabernáculo Mormón en Salt Lake City, Edo de Utah, U.S.A.)

Número 5, (08 de febrero de 1948)

La semana pasada hablamos de la personalidad de Dios y leímos su de­claración tocante a que había hecho al hombre a su propia imagen y se­mejanza; que Jesús era a semejanza del Padre y que el que había visto a Jesús había visto a su Padre.

Esta noche podremos con provecho considerar por un momento o dos la divinamente tierna relación entre Pa­dre e Hijo, relación que, conforme a lo que Jesús mismo nos dijo, no es lógica, si por un lado tenemos un ser que es una esencia espiritual inmen­sa, nebulosa, sin forma, sin cuerpo, partes y pasiones, y por el otro lado un ser con una personalidad viviente, vibrante, dinámica, con cuerpo, par­tes y pasiones, con una misión que desempeñar y en verdad cumplién­dola.

Desde el momento en que, sobre las riberas del Jordán, mandó a Juan que lo bautizara para cumplir toda justicia, y el Padre, hablando desde el cielo declaró, al descender el Espíritu Santo sobre la cabeza del Hijo: “Este es mi Hijo Amado, en el cual tengo contentamiento (Mateo 3: 13-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21­23), hasta que sobre la cruz, agoni­zando, el Hijo exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. (Lucas 23:46), Jesús mantuvo una relación íntima con el Padre, basada en el hecho de que el Padre, igual que el Hijo, era un ser personal. Los hechos del Hijo, sus enseñanzas, sus oraciones, no permiten ninguna otra explicación razonable.

En su gran sermón a los fariseos dentro del templo, Jesús declaró: “No soy solo, sino yo y el que me en­vió, el Padre. . . si a mí me conocie­seis, a mi Padre también conocierais. Yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo. . . como el Padre me ense­ñó, esto hablo. . . porque yo, lo que a él agrada, hago siempre”. (Juan 8: 16, 19, 26, 28-29).

Más tarde afirmó a los judíos en el templo que no había venido de sí mismo, sino que Dios lo había envia­do, que hablaba aquello que vió y oyó de su Padre y concluyó decla­rándose el Mesías:

Antes que Abraham fuese, yo soy.” (Juan 8:38, 42, 58). Seguir leyendo

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La expiación infinita – La bendición del arrepentimiento

La expiación infinita
La bendición del arrepentimiento

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


Otra demostración de poder inmenso

Una de las bendiciones notables de la Expiación surge del po­der de Cristo de redimir de la muerte espiritual. La muerte espi­ritual es una forma de distanciamiento espiritual o disolución de la relación con la deidad. Pero es más que un destierro geográfico de la presencia de Dios. Así como el cuerpo físico se debilita por los estragos de la enfermedad, parece que del mismo modo noso­tros flaqueamos espiritualmente con cada pecado que abrazamos. Quizá perdamos nuestra capacidad, o voluntad, de absorber la luz y la verdad. Quizá, como cuando tenemos un músculo lasti­mado, perdemos fuerza y resistencia cuando se trata de encarar cada tentación nueva. Sea como sea la mecánica del proceso, la muerte espiritual parece derivar de una forma de degeneración o entropía espiritual. Como sucede con la muerte física, tiene que haber algún poder para revertir el proceso de decadencia, para curar nuestras heridas espirituales, para fortalecer nuestra fibra espiritual. Nuevamente, la Expiación es la fuente de ese poder revocador, esa fuente a la cual los hombres «han de acudir para la remisión de sus pecados» (2 Nefi 25:26).

El salmista cantó acerca del bálsamo curativo del Salvador: «Confortará mi alma» (Salmos 23:3). Y Helamán testificó: «Y ha recibido poder, que le ha sido dado del Padre, para redimir a los hombres de sus pecados» (Helamán 5:11). El Salvador indagó: «¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?» (Isaías 50:2; véase también Alma 7:13). El respondió más tarde a su propia pregunta: «el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados» (Mateo 9:6). Con poder, «dio vida» a quienes estaban «muertos en [sus] deli­tos y pecados» (Efesios 2:1). Ese acto de dar vida era una sanación de nuestro ser espiritual. En las palabras del Salvador mis­mo «[volved] a mí ahora, y [arrepentios] de vuestros pecados, y [convertios] para que yo os sane» (3 Nefi 9:13). Mediante este proceso curativo, El «nos ha librado del poder de las tinieblas» (Colosenses 1:13). Verdaderamente, Satanás fue vencido por la «sangre del Cordero» (Apocalipsis 12:11).

Una y otra vez, las Escrituras revelan que la Expiación es la fuente definitiva de poder redentor. Jacob llegó a esta conclusión, y enseñó acerca de la redención «de la muerte eterna por el po­der de la expiación» (2 Nefi 10:25). Tal alcance tiene este poder para salvar a los perdidos espiritualmente que, al hablar de los que participarán en la primera resurrección, Juan afirmó de for­ma concluyente: «la segunda muerte no tiene poder sobre estos» (Apocalipsis 20:6). Seguir leyendo

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Cómo ser Santos de los Últimos Días ejemplares

Conferencia General de octubre 2018

Cómo ser Santos de los Últimos Días ejemplares

Por el presidente Russell M. Nelson

Dejo sobre ustedes mi amor y bendición, que puedan deleitarse en la palabra del Señor y poner en práctica Sus enseñanzas en su vida personal.

Esta ha sido una conferencia inspiradora e histórica. Miramos hacia el futuro con entusiasmo. Hemos sido motivados para hacerlo mejor y ser mejores. Los maravillosos mensajes pronunciados por las Autoridades Generales desde este púlpito y la música han sido sublimes. Les insto a que lean estos mensajes, comenzando esta semana.1 Ellos expresan la disposición y la voluntad del Señor para Su pueblo en la actualidad.

El nuevo curso de estudio integrado, centrado en el hogar y apoyado por la Iglesia, tiene el potencial de desatar el poder de las familias al seguir cada una de ellas dicho curso, de manera consciente y cuidadosa, para transformar su hogar en un santuario de fe. Prometo que a medida que trabajen con diligencia para remodelar su hogar, centrándolo en el aprendizaje del Evangelio, con el tiempo sus días de reposo serán verdaderamente una delicia. Sus hijos estarán entusiasmados por aprender y vivir las enseñanzas del Salvador, y la influencia del adversario en su vida y en su hogar disminuirá. Los cambios en su familia serán notables y duraderos.

Durante esta conferencia hemos fortalecido nuestra decisión de llevar a cabo el esfuerzo esencial de honrar al Señor Jesucristo cada vez que nos referimos a Su Iglesia. Les prometo que nuestra rigurosa atención al uso del nombre correcto de la Iglesia del Salvador y sus miembros traerá un aumento de fe y un poder espiritual mayor para los miembros de esta Iglesia.

Ahora vamos a pasar al tema de los templos. Sabemos que nuestro tiempo en el templo es crucial para nuestra salvación y exaltación, y la de nuestras familias.

Después de recibir nuestras propias ordenanzas y hacer sagrados convenios con Dios, cada uno de nosotros necesita el continuo fortalecimiento espiritual y la tutoría que solamente es posible recibir en la casa del Señor; y nuestros antepasados necesitan que sirvamos como representantes a favor de ellos.

Consideren la gran misericordia y bondad de Dios, quien, antes de la fundación del mundo, proveyó una manera para dar las bendiciones del templo a aquellos que murieron sin un conocimiento del Evangelio. Estos ritos sagrados del templo son antiguos. Para mí la antigüedad es apasionante y es otra evidencia de su autenticidad.2 Seguir leyendo

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Pastorear almas

Conferencia General de octubre 2018

Pastorear almas

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tendemos una mano de amor a los demás porque es lo que nuestro Salvador nos mandó que hiciéramos.

En una conversación reciente con un amigo mío, me dijo que cuando era un joven miembro de la Iglesia recién bautizado, de repente empezó a sentir que ya no encajaba en el barrio. Los misioneros que le habían enseñado habían sido trasladados a otros lugares, y se sentía solo. Sin amigos en el barrio, encontró a sus viejos amigos y, junto con ellos, participaba en actividades que lo alejaron de la Iglesia, tanto así que comenzó a alejarse del rebaño. Con lágrimas en los ojos, describió lo agradecido que se sintió cuando un miembro del barrio le tendió una mano ministrante y, de manera cálida e incluyente, lo invitó a regresar. En cuestión de meses, volvió a la seguridad del rebaño, fortaleciendo a los demás y a sí mismo. ¿No estamos agradecidos por el pastor en Brasil que tendió una mano a ese joven, el élder Carlos A. Godoy, que ahora se sienta detrás de mí como miembro de la Presidencia de los Setenta?

¿No es extraordinario cómo esos pequeños esfuerzos pueden tener consecuencias eternas? Esa verdad constituye el núcleo de los esfuerzos de ministración de la Iglesia. Nuestro Padre Celestial puede tomar nuestros simples y diarios esfuerzos y convertirlos en algo milagroso. Han pasado solo seis meses desde que el presidente Russell M. Nelson anunció que “el Señor ha hecho importantes ajustes en la forma en que nos cuidamos los unos a otros”1, y explicó: “… implementaremos un enfoque más nuevo y santo de cuidar y ministrar a los demás. Nos referiremos a estos esfuerzos simplemente como ‘ministrar’”2.

El presidente Nelson también explicó: “Una característica distintiva de la Iglesia verdadera y viviente del Señor será siempre un esfuerzo organizado y dirigido a ministrar a los hijos de Dios individualmente y a sus familias. Puesto que esta es Su iglesia, nosotros, como Sus siervos, hemos de ministrar a la persona en particular, tal como Él lo hizo. Ministraremos en Su nombre, con Su poder y autoridad, y con Su amorosa bondad”3.

Desde que se hizo el anuncio, ¡la forma en que han respondido ha sido increíble! Hemos recibido informes del gran éxito en la implementación de esos cambios en casi todas las estacas en el mundo, tal como mandó nuestro profeta viviente. Por ejemplo, se han asignado hermanos y hermanas ministrantes a familias; se han organizado compañerismos, que incluyen hombres y mujeres jóvenes, y se están llevando a cabo entrevistas de ministración. Seguir leyendo

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Este es el momento

Conferencia General de octubre 2018

Este es el momento

Por el élder Jack N. Gerard
De los Setenta

Si hay algo en su vida que deban considerar, ahora es el momento.

Hace varios años, mientras me preparaba para un viaje de negocios, comencé a sentir un dolor en el pecho. Como mi esposa estaba preocupada, decidió acompañarme. En el primer tramo de nuestro vuelo, el dolor se intensificó a tal punto que me costaba respirar. Cuando aterrizamos, salimos del aeropuerto y fuimos al hospital local, donde, después de varios estudios, el médico responsable determinó que era seguro que prosiguiéramos nuestro viaje.

Regresamos al aeropuerto y abordamos un vuelo hasta nuestro destino final. Mientras descendíamos, el piloto habló por el intercomunicador y me pidió que me diera a conocer. La azafata se acercó, mencionó que acababan de recibir una llamada de emergencia, y me dijo que había una ambulancia esperando en el aeropuerto para llevarme al hospital.

Subimos a la ambulancia y fuimos a toda velocidad a la sala de urgencias local. Allí nos esperaban dos ansiosos médicos que explicaron que me habían diagnosticado erróneamente y que, en realidad, yo tenía un grave tromboembolismo pulmonar, o coágulo sanguíneo en el pulmón, lo cual requería atención médica inmediata. Los médicos nos informaron que pocos pacientes sobreviven esa enfermedad. Sabiendo que estábamos lejos de casa y sin estar seguros de si estábamos preparados para sucesos que alteran a tal punto la vida, los médicos nos dijeron que si había algo en nuestra vida que debíamos considerar, ahora era el momento.

Recuerdo bien que, en ese momento de ansiedad, mi perspectiva entera cambió casi de forma instantánea. Lo que parecía tan importante hacía apenas un momento, ahora despertaba poco interés. Mi mente se alejó rápidamente de la comodidad y de las preocupaciones de esta vida hacia una perspectiva eterna: pensé en mi familia, mis hijos, mi esposa y, en definitiva, evalué mi propia vida.

¿Cómo nos iba como familia e individualmente? ¿Estábamos viviendo según los convenios que habíamos hecho y las expectativas del Señor, o tal vez, sin querer, habíamos permitido que las preocupaciones del mundo nos distrajeran de aquello que es más importante?

Les invito a considerar una lección importante que aprendí mediante esa experiencia: apártense del mundo y evalúen su vida. O en las palabras del médico: si hay algo en su vida que deban considerar, ahora es el momento. Seguir leyendo

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Escogeos hoy

Conferencia General de octubre 2018

Escogeos hoy

Por el élder Dale G. Renlund
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La magnitud de nuestra felicidad eterna depende de que elijamos al Dios viviente y nos unamos a Él en Su obra.

El personaje ficticio Mary Poppins es una niñera inglesa típica, que resulta ser mágica1. Ella llega del viento del Este para ayudar a la atribulada familia Banks que reside en el número 17 de Cherry Tree Lane, en el Londres del periodo eduardiano. Tiene a su cargo el cuidado de los niños, Jane y Michael. De manera firme pero amable, comienza a enseñarles valiosas lecciones con un toque encantador.

Jane y Michael hacen un progreso considerable, pero Mary decide que es hora de partir. En la producción teatral, Bert, el limpiador de chimeneas y amigo de Mary, trata de disuadirla de que se vaya. Él argumenta: “Pero son buenos niños, Mary”.

Mary responde: “¿Me tomaría la molestia si no lo fueran? Pero no puedo ayudarlos si no me dejan, y no hay nadie que sea más difícil de enseñar que el niño sabelotodo”.

Bert pregunta: “¿Entonces?”

Mary responde: “Entonces de ahora en adelante tienen que hacer un poquito por sí mismos”2.

Hermanos y hermanas, al igual que Jane y Michael Banks, somos “buenos niños” por los que vale la pena molestarse. Nuestro Padre Celestial quiere ayudarnos y bendecirnos, pero no siempre lo dejamos. A veces, incluso actuamos como si ya supiéramos todo. Y nosotros también tenemos que hacer “un poquito” por nosotros mismos de ahora en adelante. Por eso vinimos a la tierra desde un hogar preterrenal y celestial. Ese “poquito” requiere tomar decisiones.

La meta de nuestro Padre Celestial en la crianza de los hijos no es hacer que Sus hijos hagan lo correcto, sino que elijan hacer lo correcto y finalmente lleguen a ser como Él. Si simplemente quisiera que fuéramos obedientes, usaría recompensas y castigos inmediatos para influir en nuestros comportamientos.

Pero a Dios no le interesa que Sus hijos se conviertan en “mascotas” obedientes y entrenadas que no le mordisquearán las pantuflas en la sala de estar celestial3. No, Dios quiere que Sus hijos crezcan espiritualmente y se unan a Él en el negocio familiar.

Dios estableció un plan por el cual podemos convertirnos en herederos en Su reino, una senda de convenios que nos lleva a ser como Él, tener la clase de vida que Él tiene, y vivir para siempre como familias en Su presencia4. El poder escoger era y es vital para este plan, del cual aprendimos en nuestra existencia preterrenal. Aceptamos el plan y elegimos venir a la tierra.

Para asegurarnos de que ejerceríamos la fe y aprenderíamos a utilizar sabiamente nuestro albedrío, se colocó sobre nuestra mente un velo de olvido para que no recordáramos el plan de Dios. Sin ese velo, no se lograrían los propósitos de Dios, ya que no podríamos progresar y convertirnos en los herederos confiables que Él desea que seamos.

El profeta Lehi dijo: “Por lo tanto, el Señor Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo. De modo que el hombre no podía actuar por sí a menos que lo atrajera lo uno o lo otro”5. A nivel fundamental, una opción la representa Jesucristo, el Primogénito del Padre; la otra opción la representa Satanás, Lucifer, que quiere destruir el albedrío y usurpar el poder6. Seguir leyendo

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¿Quieres ser sano?

Conferencia General de octubre 2018

¿Quieres ser sano?

Por el élder Matthew L. Carpenter
De los Setenta

Gracias a la expiación de Jesucristo, si elegimos arrepentirnos y volver nuestro corazón completamente al Salvador, Él nos sanará espiritualmente.


A pocos meses de haber llegado a la misión, nuestro hijo menor y su compañero estaban terminando su estudio cuando nuestro hijo sintió un leve dolor en la cabeza. Se sintió muy extraño; primero perdió el control del brazo izquierdo, luego la lengua se le entumeció. El lado izquierdo de su cara comenzó a paralizarse. Tenía dificultad para hablar. Él sabía que algo estaba mal. Lo que no sabía era que estaba pasando por un enorme derrame cerebral en tres áreas de su cerebro. El miedo se estableció cuando llegó a estar parcialmente paralizado. La rapidez con que una víctima de un derrame cerebral recibe atención puede tener un efecto dramático en el grado de su sanación. Su fiel compañero actuó decididamente. Después de llamar al número de emergencias, le dio una bendición. Milagrosamente, la ambulancia estaba a solo cinco minutos de distancia.

Después de ser llevado de urgencia al hospital, el personal médico rápidamente evaluó la situación y determinó que debían darle a nuestro hijo una medicina que podía potencialmente revertir los efectos paralizadores del derrame cerebral con el tiempo1. Sin embargo, si él no estaba teniendo un derrame cerebral, la medicina podría tener serias consecuencias, tal como hemorragia cerebral. Nuestro hijo tenía que elegir. Eligió aceptar la medicina. Aunque la recuperación completa requirió más operaciones y muchos meses, nuestro hijo finalmente volvió y completó su misión después de que remitieran bastante los efectos del derrame cerebral.

Nuestro Padre Celestial es Todopoderoso y Omnisciente. Él conoce nuestros desafíos físicos. Está al tanto de nuestros dolores físicos debido a padecimientos, enfermedades, envejecimiento, accidentes o trastornos de nacimiento. Él está al tanto de las luchas emocionales asociadas con la ansiedad, soledad, depresión o enfermedades mentales. Él conoce a cada persona que ha sufrido injusticias o que ha sido abusada. Él conoce nuestras debilidades y las tendencias y tentaciones con las que luchamos.

Durante la vida terrenal somos probados para ver si elegimos el bien sobre el mal, porque aquellos que guardan Sus mandamientos, vivirán con Él “en un estado de interminable felicidad”2. Para ayudarnos en nuestro progreso de llegar a ser como Él, el Padre Celestial ha dado todo poder y conocimiento a Su Hijo Jesucristo. No hay dolencia física, emocional o espiritual que Cristo no pueda sanar3. Seguir leyendo

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Tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo

Conferencia General de octubre 2018

Tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo

Por el élder Robert C. Gay
De la Presidencia de los Setenta

Que tomemos fielmente sobre nosotros el nombre de Jesucristo, al ver como Él ve, servir como Él sirvió y confiar en que Su gracia es suficiente.

Mis queridos hermanos y hermanas, hace poco, mientras meditaba sobre la petición del presidente Russell M. Nelson de llamar a la Iglesia por su nombre revelado, me dirigí adonde el Salvador instruyó a los nefitas sobre el nombre de la Iglesia1. Al leer las palabras del Salvador, me llamó la atención cómo también le dijo al pueblo: “… debéis tomar sobre vosotros el nombre de Cristo”2. Esto me llevó a observarme a mí mismo y preguntar: “¿Estoy tomando sobre mí el nombre del Salvador como Él desearía que lo hiciera?”3. Hoy me gustaría compartir algunas de las impresiones que he recibido en respuesta a mi pregunta.

Primero, tomar sobre nosotros el nombre de Cristo significa que fielmente nos esforzamos por ver como Dios ve4. ¿Cómo ve Dios? José Smith dijo: “Mientras una parte de la raza humana juzga y condena a la otra sin compasión, el Gran Padre del universo vela por todos los de la familia humana con cuidado y consideración paternales”, porque “Su amor [es] inconmensurable”5.

Hace unos años, mi hermana mayor falleció. Ella tuvo una vida difícil; luchó con el Evangelio y nunca fue realmente activa. Su esposo abandonó su matrimonio y la dejó con cuatro hijos pequeños por criar. En la noche de su fallecimiento, en una habitación con sus hijos presentes, le di una bendición para que regresara pacíficamente a casa. En ese momento me di cuenta de que con demasiada frecuencia había definido la vida de mi hermana en términos de sus pruebas y su inactividad. Al colocar las manos sobre su cabeza esa noche, recibí una severa reprimenda del Espíritu. Se me hizo comprender su bondad y se me permitió verla como Dios la veía: no como alguien que luchaba con el Evangelio y la vida, sino como alguien que tuvo que lidiar con problemas difíciles que yo no tenía. La vi como una madre magnífica que, a pesar de los grandes obstáculos, había criado a cuatro hermosos y extraordinarios hijos. La vi como la amiga de nuestra madre, que se tomó el tiempo de velar por ella y ser su compañera después de que nuestro padre falleció.

Durante esa última velada con mi hermana, creo que Dios me estaba preguntando: “¿No puedes ver que todos los que te rodean son seres sagrados?”. Seguir leyendo

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El Padre

Conferencia General de octubre 2018

El Padre

Por Brian K. Ashton
Segundo Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical

Todos tenemos el potencial de llegar a ser como el Padre. Para ello, debemos adorar al Padre en el nombre del Hijo.

Mi esposa Melinda, durante toda su vida y con todo su corazón, ha tratado de ser una discípula fiel de Jesucristo. Desde su juventud, no se sentía digna del amor ni de las bendiciones del Padre Celestial, debido a que no había comprendido Su naturaleza. Afortunadamente, Melinda continuó guardando los mandamientos a pesar de la tristeza que sentía. Hace unos pocos años, ella tuvo una serie de experiencias que le ayudaron a comprender mejor la naturaleza de Dios, incluso de Su amor por Sus hijos y Su gratitud aun por nuestros esfuerzos imperfectos para hacer Su obra.

Ella explica cómo esto la ha influenciado: “Ahora me siento segura de que el plan del Padre funciona, que Él está personalmente dedicado a nuestro éxito, y que Él nos proporciona las lecciones y experiencias que necesitamos para regresar a Su presencia. Me veo a mí misma y a los demás más como Dios nos ve. Puedo ser madre, enseñar y servir con más amor y menos temor. Siento paz y confianza en lugar de ansiedad e inseguridad. En vez de sentirme juzgada, me siento apoyada. Mi fe es más segura. Siento el amor de mi Padre más a menudo y más profundamente1.

Tener “una idea correcta del carácter, la perfección y los atributos del [Padre Celestial]” es esencial para ejercitar la fe suficiente para obtener la exaltación2. Un entendimiento correcto del carácter del Padre Celestial puede cambiar cómo nos vemos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, y nos ayuda a comprender el extraordinario amor de Dios por Sus hijos y su gran deseo de ayudarnos a llegar a ser como Él. Una visión incorrecta de Su naturaleza puede dejarnos sintiendo como si fuéramos incapaces de volver a Su presencia algún día.

Mi objetivo en este día es enseñar puntos doctrinales clave sobre el Padre que nos permitan a cada uno de nosotros, pero en especial a aquellos que se preguntan si Dios les ama, comprender mejor Su verdadero carácter y ejercer una mayor fe en Él, en Su Hijo y en Su plan para nosotros. Seguir leyendo

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