Estar en la Arboleda Sagrada

Devocional del SEI para jóvenes adultos • 6 de mayo de 2012 • Sacramento, California

Estar en la Arboleda Sagrada

Élder Marlin K. Jensen
De los Setenta

Buenas noches, hermanos y hermanas. Me siento muy agradecido, pero también lleno de mucha humildad, de que la Primera Presidencia me haya dado la asignación especial de hablarles hoy. Para comenzar, quiero que sepan que una vez yo fui como ustedes, sin arrugas, con cabello oscuro, y lleno de vida, parte de lo que las Escrituras llaman “la generación que va creciendo” o “la nueva generación”. No estoy seguro de cuál sería el antónimo o lo opuesto de nuevo o creciente, quizás “viejo” o “decreciente”, pero cualquiera que sea, esa palabra describe la etapa de la vida en la que estoy ahora, ¡y no suena muy prometedora!

Aunque les hablo desde un hermoso centro de estaca cerca del Templo de Sacramento, California, mentalmente alcanzo a visualizar a las decenas de millares de ustedes que hablan casi 40 idiomas diferentes y están congregados por todo el mundo. He tenido la bendición de visitar muchos de sus países, de escucharles discursar y dar testimonio en su propio idioma, y ver personalmente su fe y devoción al Señor. Los amo y los felicito por su rectitud. Sé que la vida a la edad de ustedes puede ser difícil, y sé que a veces erramos y tenemos necesidad de arrepentirnos. Pero les agradezco sinceramente el que se esfuercen por ser firmes en la fe en Cristo y Su evangelio restaurado. Mi mayor deseo esta noche es que reciba la bendición de hablarles por el poder del Espíritu Santo y de esa manera contribuir a aumentar la fe de ustedes.

Lugares sagrados

Hay lugares en la tierra que se han convertido en sagrados por lo que ha ocurrido allí. Según el Antiguo Testamento, uno de esos lugares es el Sinaí, Horeb, o “monte de Dios” (Éxodo 3:1; véase también Éxodo 3:1234:2), en donde el Señor se apareció a Moisés en la zarza ardiente. Al acercarse Moisés a la zarza, el Señor le dijo: “No te acerques acá; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás tierra santa es” (Éxodo 3:5).

Mi familia y yo tuvimos la bendición de vivir en un lugar sagrado. En 1993, cuatro años después de mi llamamiento a los Setenta, nos pidieron que sirviéramos dos años en la Misión Nueva York Rochester. En esa misión se halla el pueblo de Palmyra (en el que vivieron José Smith y su familia durante gran parte de la década de 1820), y Fayette (donde se organizó la Iglesia en abril de 1830). A más de 170 kilómetros al sur de Palmyra, en el estado de Pensilvania, está el sitio de Harmony (donde José Smith conoció a Emma Hale y donde vivieron de recién casados mientras se traducía gran parte del Libro de Mormón a finales de la década de 1820). Esa región general se conoce como la “Cuna de la Restauración”, ya que fue allí donde nació la Iglesia. Es una región pintoresca llena de cerros ondulantes y boscosos, lagos y arroyos cristalinos, y gente cálida y efusiva. También es un lugar sagrado por lo que ocurrió allí.

La Arboleda Sagrada

En una arboleda de altos robles, hayas, arces y otros árboles, como a medio kilómetro al oeste de la casa de la familia de Joseph y Lucy Mack Smith, cerca de Palmyra, José Smith, quien tenía catorce años, vio en visión a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo en la primavera de 1820. Esa manifestación divina, como respuesta a la oración de José en la que pidió conocer la verdad acerca de la religión y de cómo podía obtener la remisión de sus pecados, dio inicio a la restauración del Evangelio en esta última dispensación. También convirtió esa arboleda en un lugar venerado en la historia de nuestra Iglesia, el lugar que honramos con el nombre de la “Arboleda Sagrada”.

Mientras yo servía como presidente de misión, mi familia y yo llegamos a amar esa arboleda y a sentir su naturaleza sagrada. Íbamos allá a menudo. Cada mes, cuando llegaban misioneros nuevos y se iban los que terminaban la misión, los llevábamos allí. La costumbre era reunirnos en la entrada de la arboleda y, después de cantar el himno de apertura que cantamos esta noche, “La oración del Profeta”1, invitábamos a los élderes y a las hermanas a dispersarse y buscar un lugar privado donde pudieran comunicarse con Dios en oración, hacer compromisos personales con Él y darle un informe de los mismos. Esas visitas a la Arboleda Sagrada fueron y siguen siendo experiencias que valoramos los que tuvimos la bendición de vivirlas.

Sin embargo, reconozco que sólo una pequeña cantidad de ustedes podrá visitar la Arboleda Sagrada en persona. Por esa razón, en esta primavera de 2012, 192 años después de la Primera Visión de José Smith, quiero que me acompañen de manera virtual a la Arboleda Sagrada. Estén allí conmigo mientras comparto con ustedes algunas escenas de la arboleda, las razones por las que amo ese lugar sagrado y las valiosas lecciones de la vida que uno puede aprender allí.

Estoy en deuda con el hermano Robert Parrott, silvicultor, naturalista y empleado de la Iglesia que vive en Palmyra, por hacerme notar algunas de las verdades acerca de la Arboleda Sagrada que compartiré con ustedes. Aunque aún no es miembro de nuestra fe, el hermano Parrott venera la Arboleda Sagrada y le brinda atención amorosa y muy profesional.

Símbolos relacionados con árboles en las Escrituras

Al caminar reverentemente por la Arboleda Sagrada o al sentarme a meditar en las bancas que se encuentran allí, a menudo he reflexionado en la abundancia de símbolos que hay en las Escrituras relacionadas con árboles, ramas, raíces, semillas, frutos y bosques. Adán y Eva, nuestros primeros padres, sin duda recibieron la primera lección de arboricultura. El profeta Jacob, citando a Zenós en el Libro de Mormón, comparte una compleja alegoría o historia de olivos cultivados y silvestres al enseñarnos acerca del esparcimiento y el recogimiento de Israel (véase Jacob 5). ¿Y quién no ha leído, vuelto a leer, y meditado en oración acerca de la semilla de la fe que Alma nos invita a sembrar, que con paciencia y buena nutrición llega a ser “un árbol que brotará para vida eterna”? (Alma 32:41; véanse los versículos 27–43).

Y así es con la Arboleda Sagrada. El que observa detenidamente la naturaleza, especialmente acompañado de un naturalista tan hábil como el hermano Robert Parrott, puede aprender lecciones importantes del ecosistema que allí existe. Esta noche deseo compartir brevemente con ustedes cuatro de esas lecciones:

Las lecciones de la vida que enseña la Arboleda Sagrada

Lección Nº 1: Los árboles siempre crecen hacia la luz.

Un fenómeno interesante que se observa en la Arboleda Sagrada son los árboles que crecen en el perímetro del bosque original, así como muchos que bordean los senderos interiores. Han crecido hacia afuera, para escapar el follaje que los ensombrece, y hacia arriba para absorber la mayor cantidad posible de luz. Sus torcidos troncos y ramas contrastan claramente con los árboles vecinos que crecen casi perfectamente derechos. Los árboles, como la mayoría de los organismos vivientes, necesitan luz para sobrevivir y crecer. Harán todo lo posible por absorber la mayor cantidad de luz solar que puedan para promover la fotosíntesis, que es el proceso de convertir la luz en energía química o el “combustible” usado por casi todo organismo vivo. Seguir leyendo

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Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte:

Devocional del SEI para jóvenes adultos • 4 de marzo de 2012 • Universidad Brigham Young–Idaho

Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte: Evitemos ponernos máscaras que oculten nuestra identidad

Élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Me regocijo por la oportunidad de hablarles a ustedes, los jóvenes adultos. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce les mandan su amor y sus saludos. Es increíble estar aquí en el centro de conferencias de BYU-Idaho. Me los imagino en varios lugares de todo el mundo.

Cuando yo tenía la edad de ustedes, el presidente David O. McKay era el profeta. El presidente McKay sirvió como el Presidente de la Iglesia desde 1951 hasta 1970, que fue el año en que cumplí 30 años. Siempre hay algo muy especial en cuanto al profeta que presta servicio cuando uno es adulto joven. Yo amaba y admiraba al presidente McKay. Con frecuencia, él contaba un relato verídico de lo que le pasó cuando él era misionero en Escocia. Extrañaba su casa tras haber estado en la misión por un corto lapso de tiempo y pasó unas horas recorriendo el Castillo Stirling. Cuando él y su compañero regresaron de visitar el castillo, pasaron por un edificio que tenía una piedra arriba de la puerta con una inscripción cincelada de una cita que normalmente se le atribuye a Shakespeare, que decía: Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte.

Tras recordar esa experiencia en un discurso que pronunció en 1957, el presidente McKay explicó: “Me dije a mí mismo, o el Espíritu que estaba en mí: ‘Eres miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es más, estás aquí como representante del Señor Jesucristo, aceptaste la responsabilidad de ser representante de la Iglesia’. Luego pensé [en] lo que habíamos hecho esa mañana: habíamos andado de turistas; ciertamente habíamos obtenido instrucción e información histórica, y estaba encantado por ello… Sin embargo, ésa no era la obra misional… Acepté el mensaje que se me dio en esa piedra, y desde ese momento procuramos hacer nuestra parte como misioneros en Escocia”1.

El mensaje —Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte— fue tan importante para el élder McKay, y fue tal el impacto que le causó, que lo usó como inspiración por el resto de su vida. Decidió que, sin importar qué responsabilidad tuviera, daría absolutamente lo mejor de sí.

Cuando el élder David B. Haight fue presidente de misión en Escocia, localizó la inscripción en la piedra original y mandó hacer una réplica que actualmente se encuentra en el Centro de Capacitación Misional de Provo, Utah. Muchos de ustedes han visto la cita y han meditado en cuanto a la importancia de su mensaje. El élder Russell M. Nelson reafirmó este mensaje hace poco en el aniversario número 50 del Centro de Capacitación Misional de Provo.

Al reflexionar en quiénes son ustedes, me ha venido el sentimiento de que quizá no comprendan completamente la importancia de la generación a la que pertenecen. La sociedad en general ha categorizado a las diferentes generaciones que existen actualmente. A los mayores entre nosotros en los Estados Unidos y en otros países se les ha denominado “la generación más grandiosa” por lo que sufrieron en la Gran Depresión mundial de la década de 1930, y por lo que después lograron en la Segunda Guerra Mundial y en el período subsiguiente para crear un mundo mejor. Varias Autoridades Generales de la Iglesia que son mayores participaron en dichos acontecimientos. El presidente Thomas S. Monson estuvo en la Marina de los Estados Unidos; el presidente Boyd K. Packer prestó servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos; el élder L. Tom Perry formó parte de los Marines de los Estados Unidos. Más adelante les hablaré en cuanto a algunas de las experiencias que tuvieron y las lecciones que han aprendido y enseñado.

A la generación de ustedes, nacida en la década de 1980 y de principios a mediados de la década de 1990, se le denomina actualmente la “generación milenaria”. Algunos analistas se muestran escépticos en cuanto a lo que la generación de ustedes logrará. Pienso que ustedes cuentan con la experiencia y el fundamento para ser la mejor generación que haya existido, particularmente en lo que se refiere a hacer avanzar el plan de nuestro Padre Celestial.

¿Por qué digo esto? Su generación se ha visto más expuesta a la enseñanza de seminario e instituto que las generaciones anteriores, y han recibido la mejor capacitación que cualquier otra generación haya recibido en la Primaria, en el sacerdocio y en las Mujeres Jóvenes. Además, alrededor de 375.000 de ustedes han prestado servicio o están prestando servicio como misioneros. Representan más de una tercera parte de todos los misioneros que han prestado servicio en esta dispensación. Samuel Smith, el primer misionero de esta dispensación, fue ordenado élder y apartado como misionero el 6 de abril de 1830, el día en que se organizó la Iglesia. Cuando uno considera a todos los misioneros que han prestado servicio desde entonces, es increíble que una tercera parte esté conformada por personas de la edad de ustedes. En comparación, sólo 76.000 misioneros, o menos del 8%, prestaron servicio en los doce años en que yo tenía de 18 a 30 años de edad. Para aquellos de ustedes que no han tenido la oportunidad de prestar servicio en una misión, su contribución, no obstante, puede ser significativa. Casi la mitad de los integrantes de la Primera Presidencia y de los Doce no tuvieron la oportunidad de prestar servicio en una misión.

Eviten ponerse una máscara para actuar de manera inusitada en ustedes

En vista del enorme potencial para bien que poseen, ¿cuáles son mis preocupaciones en cuanto al futuro de ustedes? ¿Qué consejo puedo darles? Primeramente, se les presionará en gran manera para que actúen de una manera inusitada —a que incluso se pongan una máscara— y a que lleguen a ser alguien que realmente no refleje quiénes son o lo que desean llegar a ser.

El verano pasado, el élder L. Tom Perry y yo, junto con Michael Otterson2, actuando como representantes de asuntos públicos, nos reunimos con Abraham Foxman en su oficina de Nueva York. El Sr. Foxman es el director nacional de la Liga Antidifamación. Su misión es ponerle punto final a la difamación contra el pueblo judío y ha participado en dicha labor durante más de 40 años. La historia de su vida, que lo llevó a este puesto, es fascinante. Nació a principios de la Segunda Guerra Mundial. Sus padres, Joseph y Helen Foxman, al enfrentar los edictos en contra de los judíos, entregaron a Abraham a una joven católica polaca poco antes de entrar a un gueto judío en Vilna, Lituania, en septiembre de 1941. Abraham tenía 13 meses de edad. Sus padres sobrevivieron la guerra y el Holocausto, pero no se volvieron a reunir con Abraham sino hasta que él tenía cuatro años de edad. Se calcula que 1,5 millones de niños judíos perecieron en el infierno nazi. A Abraham lo protegió la joven católica, quien lo llevaba a la iglesia todos los domingos y mantenía oculta su identidad judía3. No es de extrañar que Abraham Foxman dedicara su vida a luchar contra el antisemitismo, el odio, la intolerancia y la discriminación. Seguir leyendo

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El inefable don del Espíritu Santo

Devocional del SEI para jóvenes adultos • 8 de enero de 2012 • Universidad Brigham Young

El inefable don del Espíritu Santo

Élder Jay E. Jensen
De la Presidencia de los Setenta

La hermana Jensen y yo estamos complacidos de estar con ustedes. Agradezco sinceramente al coro no sólo por el modo en que cantaron, sino también por lo que cantaron. Los himnos invitan al Espíritu del Señor, crean un sentimiento de reverencia y nos enseñan las doctrinas del reino. Ésta es una asignación que me llena de humildad, y he orado y sigo orando, para que el Espíritu Santo sea nuestro verdadero maestro.

Mi mensaje se titula “El inefable don del Espíritu Santo”, una frase de Doctrina y Convenios: “Dios os dará conocimiento por medio de su Santo Espíritu, sí, por el inefable don del Espíritu Santo, conocimiento que no se ha revelado desde el principio del mundo hasta ahora” (D. y C. 121:26). Quizás reconozcan algunos conceptos de un discurso que ofrecí en la conferencia general de octubre de 2010. Con el tiempo que me han asignado hoy, voy a ampliarlos más.

La importancia del Espíritu Santo

La importancia del Espíritu Santo y el hecho de que Él es un don inefable se pueden resaltar por medio de dos ejemplos, cada uno con un mensaje propio. El primero es del Libro de Mormón y el segundo de un acontecimiento de la historia de la Iglesia.

Cuando Jesucristo visitó al pueblo del Libro de Mormón, les enseñó, bendijo a sus hijos, instituyó la Santa Cena y después se marchó. Las personas regresaron a su casa y trabajaron toda la noche a fin de reunir a los demás en el lugar en el que Él había dicho que se les aparecería al día siguiente.

Debido a la gran cantidad de personas, los doce discípulos separaron al pueblo en doce grupos para enseñarles lo que el Salvador les había enseñado a ellos el día anterior, y después oraron. De todas las cosas por las que podían orar, “oraron por lo que más deseaban; y su deseo era que les fuese dado el Espíritu Santo” (3 Nefi 19:9), con lo cual se hace hincapié en el Espíritu Santo y en la importancia que posee, la cual es única en todas las Escrituras.

Después de su oración, y en respuesta a sus ruegos, Nefi bautizó a los discípulos, luego de lo cual “el Espíritu Santo descendió sobre ellos, y fueron llenos del Espíritu Santo y de fuego” (3 Nefi 19:13). Ellos recibieron la evidencia convincente o el testimonio de Él.

Entonces el Salvador se les apareció:

“Y sucedió que Jesús… se alejó de ellos un poco y se inclinó a tierra, y dijo:

“Padre, gracias te doy porque has dado el Espíritu Santo a éstos que he escogido…

“Padre, te ruego que des el Espíritu Santo a todos los que crean en sus palabras” (3 Nefi 19:19–21).

No conozco ningún pasaje de las Escrituras que exprese mejor cuán importante el Señor piensa que es el Espíritu Santo.

El segundo ejemplo proviene de las enseñanzas del presidente Brigham Young. Los santos se encontraban en Winter Quarters y se preparaban para emigrar al Oeste en la primavera. Hacía ya más de dos años y medio que José Smith había fallecido cuando el presidente Young tuvo una visión, un sueño, en el que habló con el profeta José Smith. A medida que escuchen, adviertan la cantidad de veces que él hizo hincapié en la importancia del Espíritu del Señor:

“‘Hermano José,… los hermanos están ansiosos por comprender los… principios de sellamiento; si usted tiene un consejo para darme, lo recibiría gustoso’.

“José se acercó a mí, y mirándome muy seriamente pero con cordialidad me dijo: ‘Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el Espíritu del Señor, el cual los guiará con justicia. Que tengan cuidado y no se alejen de la voz apacible; ésta les enseñará lo que deben hacer y a dónde ir, les proveerá los frutos del reino. Diga a los hermanos que tengan el corazón dispuesto al convencimiento para que cuando el Espíritu Santo venga a ellos, su corazón esté listo para recibirlo. Ellos podrán distinguir al Espíritu del Señor de todos los demás espíritus; Él les susurrará paz y gozo a su alma; quitará de su corazón la malicia, el odio, las contiendas y toda maldad, y todo su deseo será hacer el bien, fomentar la rectitud y edificar el reino de Dios. Diga a los hermanos que si siguen al Espíritu del Señor, les irá bien. Asegúrese de decirle a la gente que guarde el Espíritu del Señor y, que si lo hacen, se encontrarán organizados tal como nuestro Padre Celestial los organizó antes de venir al mundo. Nuestro Padre Celestial organizó la familia humana…’. Seguir leyendo

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La voz del Señor

Conferencia General Octubre 2017

La voz del Señor

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Testifico que en esta conferencia hemos escuchado la voz del Señor.La prueba para cada uno de nosotros es cómo respondemos.


Primero, una palabra de aliento para los niños pequeños. Sí, esta es la última sesión y, sí, yo soy el último discursante.

Recientemente, mientras visitaba el Templo del Centro de la Ciudad de Provo, admiré un cuadro que tenía el título: La Primera Visión, desde lejos. El cuadro ilustra la luz y el poder de los cielos cuando el Padre y el Hijo visitaron al joven José Smith.

First Vision from Afar

Aunque no estoy haciendo una comparación con el muy sagrado acontecimiento que dio inicio a la Restauración, puedo imaginarme una imagen similar que refleje la luz y el poder espiritual de Dios descendiendo sobre esta conferencia general y, a su vez, ese poder y luz extendiéndose a todo el mundo.

Light and spiritual power descending upon general conference

Power and light moving across the world

Les testifico que Jesús es el Cristo, que Él guía los asuntos de esta obra sagrada y que la conferencia general es uno de los momentos sumamente importantes en los que Él da dirección a Su Iglesia y a nosotros en forma personal.

Recibir instrucción de lo alto

El día en que se organizó la Iglesia, el Señor nombró a José Smith profeta, vidente y apóstol del Señor Jesucristo1, y dijo a la Iglesia:

“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

“Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros… y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien”2.

Posteriormente, todos los miembros de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles también fueron sostenidos y ordenados como profetas, videntes y reveladores3.

Ahora, al congregarnos bajo la dirección del presidente Thomas S. Monson, esperamos escuchar “… la voluntad del Señor… la intención del Señor… la voz del Señor y el poder de Dios para salvación”4. Confiamos en Su promesa: “… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”5.

En medio de la conmoción y confusión del mundo moderno, confiar y creer en las palabras de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce es vital para nuestro crecimiento y resistencia espirituales6.

Nos hemos reunido para esta maravillosa conferencia. Millones de Santos de los Últimos Días y otras personas de fe en más de 200 países, que hablan más de 93 idiomas, asisten a estas sesiones o leen los mensajes de la conferencia.

Venimos después de orar y prepararnos. Muchos de nosotros tenemos preocupaciones apremiantes y preguntas sinceras; deseamos renovar la fe en nuestro Salvador Jesucristo, fortalecer nuestra capacidad de resistir la tentación y evitar las distracciones. Venimos para que se nos enseñe de lo alto.

La intención y la voluntad del Señor

Para la Primera Presidencia y los Doce, que por lo general hablan en todas las conferencias, la enorme responsabilidad de preparar sus mensajes es tanto una carga recurrente como un deber sagrado.

Hace años, antes de prestar servicio como Autoridad General, le pregunté al élder Dallin H. Oaks si preparaba un discurso diferente para cada conferencia de estaca. Respondió que no, pero agregó: “Pero mis discursos de la conferencia general son diferentes; tal vez escribo de 12 a 15 borradores para asegurarme de decir lo que el Señor desea que diga”7.

¿Cuándo y cómo llega la inspiración para los discursos de la conferencia general?

Sin tener temas asignados, vemos los cielos coordinar de forma hermosa los temas de la verdad eterna para cada conferencia.

Uno de mis hermanos de las Autoridades Generales me dijo que sintió cuál debía ser su tema para esta conferencia inmediatamente después de dar su discurso el pasado abril. Otro mencionó hace tres semanas que aún estaba orando y esperando una respuesta del Señor. Otro, cuando se le preguntó cuánto tiempo le había llevado escribir un discurso particularmente delicado, respondió: “Veinticinco años”.

En ocasiones, la idea principal le puede venir a uno con rapidez, pero el contenido y los detalles todavía requieren un enorme esfuerzo espiritual. El ayuno y la oración, el estudio y la fe, siempre son parte del proceso. El Señor no desea que haya ningún pretexto que reste fuerza a Su voz para Sus santos.

La dirección para un discurso de la conferencia por lo general se recibe de noche o en las primeras horas de la mañana, cuando uno no está necesariamente pensando en el discurso. De repente, surge una idea inesperada y, en ocasiones, brotan palabras y frases específicas como revelación pura8.

Cuando ustedes escuchen, los mensajes que reciban podrán ser muy literales o personalizados especialmente para ustedes.

Cuando discursé en la conferencia general hace muchos años, mencioné una frase que me vino a la mente al preguntarme si estaba preparado para servir en una misión. La frase era: “No lo sabes todo, ¡pero sabes lo suficiente!”9. Una joven, presente ese día en la conferencia general, me dijo que estaba orando sobre una propuesta de matrimonio, preguntándose si conocía bien al joven. Cuando pronuncié las palabras “No lo sabes todo, pero sabes lo suficiente”, el Espíritu le confirmó que sí lo conocía lo suficiente. Ellos llevan muchos años felizmente casados.

Les prometo que, si preparan su espíritu y vienen con la expectativa de escuchar la voz del Señor, acudirán a su mente pensamientos y sentimientos personalizados especialmente para ustedes. Ya los han sentido en esta conferencia, o los sentirán al estudiar los mensajes a lo largo de las próximas semanas.

Ahora y durante los próximos meses

El presidente Monson ha dicho:

“… tomen tiempo para leer los mensajes de la conferencia”10.

“[Medítenlos]… He descubierto… que saco aún más provecho de estos sermones inspirados cuando los estudio en mayor profundidad”11.

Las enseñanzas de la conferencia general son los temas que el Señor desea que tengamos presentes ahora y durante los próximos meses.

El pastor “va delante de [sus ovejas]; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz”12.

Con frecuencia, Su voz nos indica que cambiemos algo en nuestra vida. Él nos invita a arrepentirnos; nos invita a seguirle.

Piensen en las siguientes declaraciones de esta conferencia:

El presidente Eyring dijo esta mañana: “Testifico que Dios el Padre vive y desea que ustedes vuelvan a casa con Él. Esta es la Iglesia verdadera del Señor Jesucristo. Él los conoce, los ama y vela por ustedes”13.

El presidente Uchtdorf dijo ayer: “Testifico que cuando nos embarcamos o continuamos en el increíble viaje que conduce a Dios, nuestra vida será mejor, y el Señor nos utilizará de maneras sorprendentes para bendecir a los que nos rodean y llevar a cabo Sus propósitos eternos”14.

El presidente Nelson dijo ayer por la tarde: “Les prometo que si cada día se sumergen en el Libro de Mormón, estarán vacunados contra los males de esta época, incluso la plaga esclavizante de la pornografía y otras adicciones que entumecen la mente”15.

El élder Oaks dijo ayer: “Testifico que la proclamación sobre la familia es una declaración de verdad eterna, la voluntad del Señor para Sus hijos que procuran la vida eterna”16.

Y el élder Ballard dijo hace tan solo unos minutos: “Debemos acoger a los hijos de Dios con compasión y eliminar todo prejuicio, incluso el racismo, el sexismo y el nacionalismo”17.

Ya que tenemos un minuto adicional, me gustaría añadir una breve reflexión sobre el élder Robert D. Hales. La Primera Presidencia le había dicho al élder Hales que podría dar un breve mensaje en la sesión del domingo por la mañana, si su salud se lo permitía. Si bien su salud no se lo permitía, él preparó un mensaje, que terminó la semana pasada y que compartió conmigo. Dado que ha fallecido hace aproximadamente tres horas, les comparto tres líneas de su discurso.

Cito al élder Hales: “Cuando elegimos tener fe, estamos preparados para estar ante la presencia de Dios… Después de la crucifixión del Salvador, Él se apareció solo a aquellos ‘que habían sido fieles en el testimonio de [Él] mientras vivieron en la carne’. [D. y C. 138:12.] En cambio, no ‘vieron [la presencia del Salvador] ni contemplaron su faz los… que rechazaron el testimonio… de los… profetas’. (D. y C. 138:21)… Nuestra fe nos prepara para estar en la presencia del Señor”.

Qué bueno que fue el Señor al inspirar al presidente Russell M. Nelson, justo al final de la sesión de esta mañana, a que saliera rápidamente del edificio, no almorzara, y se apresurara a estar junto al élder Hales, donde pudo llegar y estar allí, como su presidente de cuórum, con la angelical Mary Hales, mientras el élder Hales se graduaba de esta vida mortal.

Responder a la voz del Señor

Testifico que en esta conferencia hemos escuchado la voz del Señor.

No debemos alarmarnos cuando las palabras de los siervos del Señor van en contra de las ideas del mundo y, en ocasiones, de nuestra propia forma de pensar. Siempre ha sido así. Me arrodillo en el templo con mis hermanos de las Autoridades Generales; doy fe de la bondad de sus almas. Su mayor deseo es complacer al Señor y ayudar a los hijos de Dios a regresar a Su presencia.

Los Setenta; el Obispado; las Presidencias Generales de la Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes, la Primaria; y otros líderes de organizaciones auxiliares han aportado gran inspiración a esta conferencia, al igual que la hermosa música y las oraciones sinceras.

Hay un cofre de tesoro de dirección divina en los mensajes de la conferencia general esperando que ustedes la descubran. La prueba para cada uno de nosotros es cómo respondemos a lo que escuchamos, a lo que leemos y a lo que sentimos.

Permítanme compartir una experiencia de la vida del presidente Russell M. Nelson sobre cómo responder a las palabras proféticas:

En 1979, cinco años antes de ser llamado como Autoridad General, el hermano Nelson asistió a una reunión justo antes de la conferencia general. “El presidente Spencer W. Kimball desafió a todos los presentes a apresurar el paso para llevar el Evangelio al mundo entero. Uno de los países que el presidente Kimball mencionó específicamente fue China, y declaró: ‘Deberíamos servir a los chinos; deberíamos aprender su idioma; deberíamos orar por ellos y ayudarles’”18.

President RussellM. Nelson as a surgeon

A sus 54 años, el hermano Nelson sintió en esa reunión que debía estudiar el idioma mandarín. Aunque era un cirujano cardiovascular muy ocupado, solicitó de inmediato los servicios de un tutor.

Poco después de comenzar sus estudios, mientras se encontraba en una convención, el Dr. Nelson se encontró, de improviso, sentado al lado de “un distinguido cirujano chino, el Dr. Wu Yingkai… Debido a que [el hermano Nelson] había estado estudiando mandarín, entabló [una] conversación [con el Dr. Wu]”19.

Dr. Russell M. Nelson with Dr. Wu Yingkai

El deseo del Dr. Nelson de seguir al profeta dio como resultado la visita del Dr. Wu a Salt Lake City y que el Dr. Nelson viajara a China para dar conferencias y realizar operaciones quirúrgicas.

Su amor por la gente de China, y el amor y respeto de ellos por él, creció.

En febrero de 1985, diez meses después de ser llamado al Cuórum de los Doce, el élder Nelson recibió una llamada telefónica inesperada de China rogándole que el Dr. Nelson viajara a Beijing para operar el debilitado corazón de la cantante de ópera más famosa de China. Con el incentivo del presidente Gordon B. Hinckley, el élder Nelson regresó a China. La última operación quirúrgica que realizó fue en la República Popular China.

President RussellM. Nelson being honored

Hace apenas dos años, en octubre de 2015, el presidente Russell M. Nelson fue nuevamente honrado con una declaración oficial que lo nombraba “viejo amigo de China”.

Ayer escuchamos al presidente Russell M. Nelson, que ahora tiene 93 años, hablar de la súplica del presidente Thomas S. Monson (en la conferencia del pasado abril) de que “cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración”.

Tal como hizo cuando era un atareado cirujano cardiovascular, que contrató a un tutor de mandarín, el presidente Nelson aceptó de inmediato el consejo del presidente Monson y lo puso en práctica en su vida. Más que limitarse a leerlo, él dijo que hizo “listas de lo que es el Libro de Mormón, lo que afirma, lo que refuta, lo que cumple, lo que aclara y lo que revela”20.

Y luego, curiosamente, justo esta mañana, como un segundo testigo, el presidente Henry B. Eyring también habló acerca de cómo respondió a la admonición del presidente Monson. ¿Recuerdan estas palabras? “Como muchos de ustedes, oí las palabras del profeta como si fuera la voz del Señor dirigiéndose a mí; y también como muchos de ustedes, decidí obedecer esas palabras”21.

Ruego que estos sean ejemplos para nuestra propia vida.

Una promesa y una bendición

Les prometo que cuando escuchen la voz del Señor dirigida a ustedes en las enseñanzas de esta conferencia general, y luego sigan esas impresiones, sentirán la influencia del cielo sobre ustedes, y su vida y la vida de quienes los rodean serán bendecidas22.

Durante esta conferencia, hemos pensado en nuestro querido profeta. Lo amamos, presidente Monson. Concluyo con sus palabras dadas desde este púlpito. Creo que es una bendición que él querría darnos a cada uno hoy, si pudiera estar con nosotros. Dijo: “Ahora, al partir de esta conferencia, invoco las bendiciones del cielo sobre cada uno de ustedes… ruego que nuestro Padre Celestial les bendiga a ustedes y a sus familias. Ruego que los mensajes y el espíritu de esta conferencia se manifiesten en todo lo que hagan en sus hogares, en su trabajo, en sus reuniones y en todos sus quehaceres”.

Y finalizó: “Les amo; oro por ustedes. Ruego que Dios les bendiga; que Su promesa de paz esté con ustedes ahora y siempre”23.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

1. Véase Doctrina y Convenios 21:1.
2. Doctrina y Convenios 21:5–6.
3. José Smith registró que lo siguiente ocurrió en la dedicación del Templo de Kirtland, el 27 de marzo de 1836:
“Pronuncié un breve discurso y pedí a los varios cuórums y a toda la congregación de los santos que reconocieran a la [Primera] Presidencia como profetas y videntes, y los sostuvieran con sus oraciones. Todos convinieron en hacerlo, levantándose.
“Entonces pedí a los cuórums y a la congregación de los santos que aceptaran a los Doce Apóstoles, que se hallaban presentes, como profetas, videntes, reveladores y testigos especiales a todas las naciones de la tierra, ya que tenían las llaves del reino, para abrirlo o mandar que tal se hiciera entre ellos; y que los sostuviesen por medio de sus oraciones, a lo cual accedieron poniéndose de pie” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 209–210).
4. Doctrina y Convenios 68:4.
5. Doctrina y Convenios 1:38.
6. El presidente Henry B. Eyring una vez dijo: “… la elección de no aceptarlo sacude el mismo suelo que pisamos; este se torna más peligroso. El no seguir el consejo profético disminuye nuestro poder de aceptarlo en el futuro. El mejor momento para haberse decidido a ayudar a Noé a construir el arca fue la primera vez que él lo pidió; después, cada vez que él pedía ayuda, toda respuesta negativa disminuía la sensibilidad al Espíritu. Y así, cada vez que solicitaba ayuda, su petición parecía más insensata, hasta que descendió la lluvia; y para entonces era demasiado tarde.
“En mi vida, siempre que he elegido posponer seguir el consejo inspirado o que he decidido que yo era la excepción, he llegado a darme cuenta de que me encontraba en peligro. Siempre que he escuchado el consejo de los profetas, lo he confirmado por medio de la oración y lo he seguido, he visto cómo me he dirigido hacia un lugar seguro” (“Busquemos seguridad en el consejo”, Liahona, julio de 1997, pág. 28).
7. Véase Neil L. Andersen, “Teaching Our Children to Love the Prophets”, Ensign, abril de 1996, pág. 47.
8. Boyd K. Packer dijo una vez:
“Escuché al presidente Harold B. Lee comenzar muchas declaraciones sobre asuntos que se relacionaban con la revelación con una expresión similar a esta: ‘En las primeras horas de la mañana, mientras meditaba ese tema…’. Acostumbraba ocuparse de los problemas que requerían revelación en las horas frescas y alertas del inicio de la mañana.
“El Señor sabía lo que decía cuando indicó en Doctrina y Convenios: ‘… cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados’ (D. y C. 88:124)…
“He aprendido el poder que tiene el dicho: ‘Al que madruga, Dios lo ayuda’. Cuando estoy bajo presión, no me quedo despierto hasta altas horas; prefiero acostarme temprano y levantarme a primera hora de la madrugada, cuando puedo estar cerca de Aquel que guía esta obra” (Teach Ye Diligently, 2005, págs. 244–245).
9. Neil L. Andersen, “Sabes lo suficiente”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 13.
10. Thomas S. Monson, “Hasta que nos volvamos a ver”, Liahona, mayo de 2014, pág. 115.
11. Véase Thomas S. Monson, “Para siempre Dios esté con vos”, Liahona,noviembre de 2012, pág. 110.
12. Juan 10:4.
13. Henry B. Eyring, “No tengáis miedo de hacer lo bueno,” Liahona,noviembre de 2017, pág. 103.
14. Dieter F. Uchtdorf, “El anhelo de volver a casa,” Liahona, noviembre de 2017, págs. 22, 24.
15. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?”,Liahona, noviembre de 2017, pág 63.
16. Dallin H. Oaks, “El plan y la proclamación”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 30.
17. M. Russell Ballard, “¡El viaje continúa!”Liahona, noviembre de 2017, pág 106.
18. Spencer J. Condie, Russell M. Nelson: Father, Surgeon, Apostle, 2003, pág. 215.
19. Spencer J. Condie, Russell M. Nelson, pág. 215.
20. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?” pág. 61.
21. Henry B. Eyring, “No tengáis miedo de hacer lo bueno,” 100.
22. Gordon B. Hinckley dijo una vez:
“Los resultados se verán al aplicar a nuestra vida las enseñanzas recibidas. Si en lo sucesivo somos un poco más amables, si tratamos mejor a nuestros vecinos, si nos hemos acercado más al Señor con una resolución más firme de seguir Sus enseñanzas y Su ejemplo, entonces esta conferencia habrá tenido gran éxito. Pero si, por lo contrario, nuestra vida no mejora en ningún sentido, entonces quienes nos han hablado habrán fracasado en gran medida.
“Esos cambios tal vez no se podrán ver en un día, ni en una semana ni en un mes. Las resoluciones se hacen y se olvidan con rapidez. Pero si de aquí a un año, nos comportamos mejor de lo que lo hemos hecho en el pasado, entonces los esfuerzos de estos días no habrán sido en vano” (“Un corazón humilde y contrito”, Liahona, enero de 2001, pág. 102).
23. Thomas S. Monson, “Palabras de clausura”, Liahona, mayo de 2010, pág. 113.

 

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Amémonos unos a otros como Él nos ha amado

Conferencia General Octubre 2017

Amémonos unos a otros como Él nos ha amado

Por el élder José L. Alonso
De los Setenta

A medida que servimos y perdonamos a los demás con verdadero amor, podemos ser sanados y recibir la fuerza para vencer nuestros desafíos.

Durante la Última Cena, el Salvador le dio un nuevo mandamiento a Sus discípulos, dijo:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros.

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”1.

Los discípulos del Salvador recibieron un nuevo mandamiento de hacer algo más, algo más significativo y algo más divino. Este nuevo mandamiento e invitación se resume en la frase clave: “como yo os he amado”.

El amor es acción, el amor es servicio

“El amor es un sentimiento de profunda devoción, interés y afecto. La muestra más grande del amor de Dios por Sus hijos se encuentra en la infinita expiación de Jesucristo”2. “Porque de tal manera amó Dios al mundo”, registró Juan, “que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”3. “El amor por Dios y por los semejantes es una característica de los discípulos de Jesucristo”4.

Hace unos años, cuando José, nuestro nieto mayor, tenía cuatro años de edad, estaba jugando con mi esposa. Mientras se reían y divertían juntos, nuestro nieto le preguntó: “Abuela, ¿me amas?”.

Ella contestó: “Sí, José, te amo”.

Luego él hizo otra pregunta: “¿Cómo sabes que me amas?”.

Ella le explicó sus sentimientos y también le dijo todo lo que ha hecho y estaría dispuesta a hacer por él.

Después, mi esposa le hizo a José las mismas preguntas, incluyendo la penetrante pregunta: “¿Cómo sabes que me amas?”.

Con una respuesta inocente pero sincera, él dijo: “Te amo porque lo siento dentro de mi corazón”. El comportamiento amoroso de José hacia su abuela ese día y siempre, demuestra que el amor es una combinación de acciones al igual que sentimientos profundos.

El rey Benjamín enseñó: “He aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios”5.

En el mundo de hoy lleno de tanto sufrimiento por diferentes circunstancias, el enviar un mensaje de texto con un emoticón divertido o publicar una linda foto con las palabras “Te amo”, es bueno y valioso. Pero lo que muchos de nosotros debemos hacer es dejar atrás nuestros dispositivos móviles y, con nuestras manos y nuestros pies, ayudar a otras personas necesitadas. El amor sin servicio es como la fe sin obras; en verdad está muerto.

El amor es perdonar

El amor puro de Cristo, que es la caridad,6 no solo nos inspira a actuar y proporcionar servicio, sino también a tener la fuerza para perdonar, sin importar la situación. Permítanme compartir una experiencia que ha impactado y cambiado mi vida. Ted y Sharon, los padres de Cooper, quienes están aquí hoy, me han dado permiso para compartir lo que le ocurrió a su familia hace más de nueve años. Contaré la experiencia desde el punto de vista de Ted, el padre de Cooper: Seguir leyendo

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Buscad… de los mejores libros

Conferencia General Octubre 2017

Buscad… de los mejores libros

Por el élder Ian S. Ardern
De los Setenta

Al estudiar de los mejores libros, nos protegemos de las mandíbulas amenazantes de aquellos que procuran carcomer nuestras raíces espirituales.

Temprano una mañana, vi una oruga hambrienta y bien camuflada en un hermoso rosal. Al ver algunos de los brotes sin hojas, era obvio, incluso para el observador casual, que la oruga se abría camino carcomiendo las tiernas hojas con sus mandíbulas amenazantes. Alegóricamente, no pude evitar pensar que hay algunas personas que son como esa oruga; se encuentran por todo el mundo, y algunos se disfrazan con tanta habilidad que quizás les demos cabida en nuestras vidas y, antes de que nos demos cuenta, han carcomido nuestras raíces espirituales y las de nuestros familiares y amigos.

Vivimos en una época en la que abunda la desinformación sobre nuestras creencias. En tiempos como esos, el no proteger y no hacer nuestras raíces espirituales más profundas es una invitación a que las carcoman quienes procuran destruir nuestra fe en Cristo y nuestra creencia en Su Iglesia restaurada. En la época del Libro de Mormón, fue Zeezrom quien procuró destruir la fe de los creyentes.

Sus acciones y palabras eran “una trampa del adversario, la cual [tendió] para entrampar [al] pueblo, a fin de [sujetarlos] a él, para [ligarlos] con sus cadenas” (Alma 12:6). Esas mismas trampas existen hoy y, a menos que estemos espiritualmente alerta y establezcamos un fundamento seguro sobre nuestro Redentor (véase Helamán 5:12), quizás nos encontremos sujetos con las cadenas de Satanás y se nos conduzca cuidadosamente por los senderos prohibidos de los que se habla en el Libro de Mormón (véase 1 Nefi 8:28).

El apóstol Pablo hizo sonar una advertencia en sus días, que es aplicable en nuestra época: “Porque yo sé que… de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para arrastrar a los discípulos tras sí” (Hechos 20:29–30).

Su advertencia y la de nuestros profetas y apóstoles nos recuerdan que debemos hacer todo lo posible por fortificarnos espiritualmente contra las palabras de oposición y engaño. Al visitar los barrios y las estacas de la Iglesia, me siento edificado por lo que veo, oigo y siento a medida que los santos responden de manera positiva y fiel a las enseñanzas del Salvador y Sus siervos. Seguir leyendo

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Verdades esenciales, nuestra necesidad de actuar

Conferencia General Octubre 2017

Verdades esenciales, nuestra necesidad de actuar

Por el élder Adilson de Paula Parrella
De los Setenta

La Primera Visión y el profeta José Smith sacaron a la luz conocimiento y verdades adicionales que son esenciales para nuestra felicidad en esta vida y nuestra exaltación.

Cuando tenía unos siete años, pregunté a mi madre: “Cuando tú y yo muramos y vayamos al cielo, ¿seguirás siendo mi madre?”. Ella no esperaba tal pregunta, pero respondiendo lo mejor que pudo, dijo: “No, en el cielo vamos a ser hermanos y hermanas; no seré tu madre”. Esa no era la respuesta que yo esperaba.

Poco tiempo después de esa breve conversación, dos jóvenes llegaron a nuestra puerta. Por algún milagro, mi padre los dejó pasar. Dijeron que eran misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Esos élderes, como aprendimos a llamarlos, comenzaron a enseñar a nuestra familia. Recuerdo vívidamente nuestros sentimientos de felicidad y emoción cada vez que venían a casa. Nos dijeron que un jovencito había ido a una arboleda a preguntar a Dios qué iglesia era la verdadera y que vio a Dios y a Jesucristo1. Los élderes nos mostraron una lámina de esa visión y cuando la vi, supe que José Smith ciertamente había visto a Dios el Padre y a Jesucristo. Los misioneros dijeron que debido a esa visión, la verdadera Iglesia de Jesucristo estaba otra vez en la tierra2.

La Primera Visión

Los misioneros también nos enseñaron el plan de felicidad de Dios y respondieron las preguntas de nuestra familia sobre religión. Nos enseñaron que las familias verdaderamente pueden estar juntas después de esta vida, como padre, madre, hijos e hijas.

Nuestra familia fue bautizada. El camino para cambiar antiguos hábitos, abandonar tradiciones y llegar a ser miembros activos de la Iglesia fue en ocasiones accidentado. Sin embargo, debido a la misericordia y al amor de Dios, y con la ayuda de muchos líderes y miembros superamos los primeros años que constituyeron un reto.

Los millones que ya se han unido a la Iglesia, así como los muchos que se están convirtiendo y bautizando cada semana, han obtenido un testimonio de la Primera Visión. A menudo, el Espíritu Santo puede repetir ese testimonio a cada uno de nosotros cuando nos esforzamos por vivir las sencillas verdades del evangelio de Jesucristo.

La Primera Visión y el profeta José Smith sacaron a la luz conocimiento y verdades adicionales que son esenciales para nuestra felicidad en esta vida y nuestra exaltación en la presencia de Dios. Mencionaré tres de las verdades que obtuvimos y sobre las cuales debemos proceder, gracias a que un jovencito se arrodilló en oración sincera. Seguir leyendo

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¿Confiamos en Él? Lo difícil es bueno

Conferencia General Octubre 2017

¿Confiamos en Él? Lo difícil es bueno

Por el élder Stanley G. Ellis
Miembro emérito de los Setenta

No importa de lo que se trate, lo difícil puede ser bueno para aquellos que avanzarán con fe y confianza en el Señor y en Su plan.

Antes de comenzar, como uno que representa a todos nosotros, impactados por la devastación de los recientes huracanes y terremotos, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los integrantes de Manos Mormonas que Ayudan y a sus facilitadores, quienes nos dieron ayuda y esperanza.

En octubre de 2006, di mi primer discurso de conferencia general. Sentí que un importante mensaje para la Iglesia mundial incluiría la afirmación “El Señor confía en nosotros”.

En verdad, Él confía en nosotros de muchas maneras. Nos ha dado el evangelio de Jesucristo, y en esta dispensación, su plenitud. Nos ha confiado la autoridad de Su sacerdocio junto con las llaves para su debido uso. Con ese poder podemos bendecir, servir, recibir ordenanzas y hacer convenios. Nos confía Su Iglesia restaurada, incluso el santo templo. Confía a Sus siervos el poder para sellar, ¡para atar en la tierra y que sea atado en los cielos! Él incluso nos confía ser padres terrenales, maestros y personas responsables del cuidado de Sus hijos.

Después de estos años de servicio como Autoridad General en muchas partes del mundo, declaro incluso con más certeza: Él confía en nosotros.

Ahora la pregunta para esta conferencia es: “¿Confiamos nosotros en Él?”.

¿Confiamos en Él?

El presidente Thomas S. Monson a menudo nos recuerda: “Confía en Jehová con todo tu corazón,y no te apoyes en tu propia prudencia.

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

“No seas sabio en tu propia opinión” (Proverbios 3:5–7).

¿Confiamos en que Sus mandamientos sean para nuestro bien? ¿En que Sus líderes, aunque imperfectos, nos guíen bien? ¿En que Sus promesas sean seguras? ¿Confiamos en que el Padre Celestial y Jesucristo nos conocen y desean ayudarnos? Incluso en medio de pruebas, desafíos y momentos difíciles, ¿confiamos todavía en Él?

En retrospectiva, aprendí algunas de las mejores lecciones durante los momentos más difíciles, ya fuera como joven, en una misión, empezando una nueva profesión, esforzándome por magnificar mi llamamiento, criando una familia numerosa o luchando por ser autosuficiente. Parece claro que ¡lo difícil es bueno!

Lo difícil es bueno

Lo difícil nos hace fuertes, nos hace humildes y nos da la oportunidad de probarnos a nosotros mismos. Nuestros queridos pioneros de carros de mano llegaron a conocer a Dios en sus situaciónes extremas. ¿Por qué le tomó a Nefi y a sus hermanos dos capítulos para obtener las planchas de bronce y solo tres versículos para conseguir que la familia de Ismael se uniera a ellos en el desierto? (véase  1 Nefi 347:3–5). Parece que el Señor deseaba fortalecer a Nefi mediante la lucha por obtener las planchas. Seguir leyendo

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Separados, pero aún unidos

Conferencia General Octubre 2017

Separados, pero aún unidos

Por el élder Joni L. Koch
De los Setenta

En la Iglesia, a pesar de nuestras diferencias, ¡el Señor espera que seamos uno!

En junio de 1994, manejaba entusiasmado de regreso a casa del trabajo para ver en la televisión a nuestro equipo nacional de fútbol jugar en la Copa Mundial. Apenas empecé el recorrido, vi de lejos en la acera a un hombre yendo con prisa en una silla de ruedas, la cual me di cuenta de que estaba decorada con nuestra bandera brasileña. ¡Entonces supe que él también iba a casa a ver el partido!

Cuando nos acercamos el uno al otro y nos miramos a los ojos, por una fracción de segundo ¡me sentí fuertemente unido a ese hombre! Íbamos en direcciones opuestas, no nos conocíamos y claramente nuestras condiciones sociales y físicas eran diferentes, pero ¡nuestra misma pasión por el fútbol y nuestro amor por el país nos unieron en ese momento! No he vuelto a ver a ese hombre, pero hoy, décadas después, todavía puedo ver esos ojos y sentir esa fuerte conexión con aquel hombre.Después de todo, ¡ganamos el partido y la Copa Mundial ese año!

En la Iglesia, a pesar de nuestras diferencias, ¡el Señor espera que seamos uno! En Doctrina y Convenios, Él dijo: “Sed uno; y si no sois uno, no sois míos”1.

Al entrar todos a una capilla o a un templo para adorar como grupo, debemos dejar atrás nuestras diferencias, incluso nuestra raza, posición social, preferencias políticas, logros académicos y profesionales, y, en lugar de ello, concentrarnos en nuestros objetivos espirituales comunes. Juntos cantamos himnos, meditamos sobre los mismos convenios durante la Santa Cena y decimos en alto “amén” simultáneamente después de los discursos, las lecciones y las oraciones, mostrando conjuntamente que estamos de acuerdo con lo que se dijo.

Estas cosas que hacemos en forma colectiva ayudan a crear un sentido de unidad en la congregación.

Sin embargo, lo que realmente determina, consolida o destruye nuestra unidad es la manera en que actuamos cuando estamos lejos de los miembros de la Iglesia. Como todos sabemos, es inevitable y normal que en algún momento hablemos los unos de los otros. Seguir leyendo

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El testigo convincente de Dios: El Libro de Mormón

Conferencia General Octubre 2017

El testigo convincente de Dios: El Libro de Mormón

Por Tad R. Callister
Presidente General de la Escuela Dominical

El Libro de Mormón es el testigo convincente deDios de la divinidad de Jesucristo, del llamado profético de José Smith y de la verdad absoluta de esta Iglesia.

El Libro de Mormón no solamente es la piedra angular de nuestra religión, sino que también puede llegar a ser la piedra angular de nuestro testimonio, para que así, cuando afrontemos pruebas y preguntas sin respuesta, podamos mantener nuestro testimonio firme. Este libro es la pesa en la balanza de la verdad que sobrepasa todas las pesas combinadas de los argumentos de los críticos. ¿Por qué? Porque si es verdad, entonces José Smith fue un profeta y esta es la Iglesia restaurada de Jesucristo, sin importar cualquier argumento histórico o de otro tipo que diga lo contrario. Por esa razón, los críticos tienen la determinación de refutar el Libro de Mormón, pero los obstáculos a los que se enfrentan son inconmensurables, ya que este libro es verdadero.

En primer lugar, los críticos deben explicar cómo José Smith, un chico granjero de 23 años con educación académica limitada, creó un libro con cientos de nombres propios y lugares únicos, así como relatos y acontecimientos detallados. Por tanto, mucho críticos proponen que era un genio creativo que se basó en muchos libros y otros recursos locales para crear el contenido histórico del Libro de Mormón. Pero en contra de su afirmación, no hay ni un solo testigo que declare haber visto a José con ninguno de estos supuestos recursos antes de que comenzara la traducción.

Aunque este argumento fuera verdad, es tristemente insuficiente para explicar la existencia del Libro de Mormón. También se debe contestar la siguiente pregunta: ¿Cómo leyó José todos estos supuestos recursos, cómo separó lo irrelevante y cómo mantuvo los hechos en orden en cuanto a quién estaba en qué lugar y cuándo, yentonces cómo los recitó perfectamente de memoria? Puesto que, cuando José Smith traducía, no tenía ningún apunte en absoluto. De hecho, su esposa Emma recordó: “Él no tenía ningún manuscrito ni libro del cual pudiera leer… Si hubiera tenido algo así, no me lo habría podido ocultar”1.

¿Cómo entonces llevó a cabo José Smith la increíble hazaña de dictar un libro de más de quinientas páginas sin ningún apunte? Para hacerlo, no solo tuvo que ser un genio creativo, sino también tener una memoria fotográfica de proporciones prodigiosas. Pero si eso es verdad, ¿por qué sus críticos no resaltan ese talento maravilloso?

Pero hay más que eso. Esos argumentos solamente explican el contenido histórico del libro. Pero los temas reales siguen en pie: ¿Cómo produjo José un libro del que irradia el Espíritu, y de dónde sacó doctrina tan profunda, mucha de la cual aclara o contradice las creencias cristianas de su tiempo?

Por ejemplo, el Libro de Mormón enseña, contrario a la mayoría de las creencias cristianas, que la caída de Adán era un paso positivo hacia adelante. Revela los convenios que se hacen durante el bautismo, lo cuales la Biblia no menciona. Seguir leyendo

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¡El viaje continúa!

Conferencia General Octubre 2017

¡El viaje continúa!

Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El viaje de regreso a nuestro Padre Celestial es el viaje más importante de nuestra vida.


Hace ciento setenta años, Brigham Young contempló el valle de Salt Lake por primera vez y declaró: “¡Este es el lugar correcto!”1. Conocía el sitio porque el Señor se lo había revelado.

Para 1869, más de 70 000 santos habían realizado un viaje similar. A pesar de sus muchas diferencias de idioma, cultura y nacionalidad, compartían el testimonio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; de la restauración del evangelio de Jesucristo; y el deseo de edificar Sion; un lugar de paz, dicha y belleza, en preparación para la segunda venida del Salvador.

Jane Manning James

Entre aquellos primeros santos en llegar a Utah estaba Jane Manning James, que era hija de un esclavo liberado, conversa de la Iglesia restaurada y una discípula muy admirable que afrontó difíciles retos. La hermana James continuó siendo una fiel Santo de los últimos días hasta su muerte en 1908.

Ella escribió: “Quiero decir ahora mismo que mi fe en el evangelio de Jesucristo —tal como lo enseña La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días— es tan firme hoy como lo era en el día de mi bautismo o, mejor dicho, si acaso es posible, aún más firme. Pago mis diezmos y ofrendas; guardo la Palabra de Sabiduría; me acuesto y me levanto temprano; y trato, a mi débil manera, de dar un buen ejemplo a todos”2.

La hermana James, como tantos otros Santos de los Últimos Días, no solo edificó Sion con sangre, sudor y lágrimas, sino que también procuró las bendiciones del Señor al vivir los principios del Evangelio lo mejor que podía, mientras perseveraba con fe en Jesucristo, el gran Sanador de todos los que lo buscan con sinceridad.

Los primeros santos no fueron perfectos, pero establecieron el cimiento sobre el cual formamos familias y una sociedad que aman y guardan convenios, lo cual se recalca en diversas noticias de todo el mundo debido a nuestro compromiso para con Jesucristo y a nuestras labores voluntarias para ayudar a personas cercanas y distantes3.

Presidente Eyring, quiero agregar mi agradecimiento a las decenas de miles de ángeles con camiseta amarilla sirviendo en Texas, México y otros lugares, y rendirles homenaje. Seguir leyendo

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No tengáis miedo de hacer lo bueno

Conferencia General Octubre 2017

No tengáis miedo de hacer lo bueno

Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El Señor nos dice que cuando permanecemos con fe sobre Su roca, la duda y el temor disminuyen y aumenta el deseo de hacer lo bueno.

Mis queridos hermanos y hermanas, ruego humildemente que el Espíritu del Señor esté con nosotros mientras les hablo. Mi corazón rebosa de gratitud al Señor, cuya Iglesia esta es, por la inspiración que hemos recibido de las oraciones fervientes, los sermones inspirados y los cantos angelicales durante esta conferencia.

El pasado mes de abril, el presidente Thomas S. Monson dio un mensaje que conmovió corazones en todo el mundo, incluso el mío; habló del poder del Libro de Mormón. Nos instó a estudiarlo, a meditar en él y a aplicar sus enseñanzas. Prometió que, si todos los días dedicábamos tiempo a estudiar, meditar y observar los mandamientos que contiene el Libro de Mormón, tendríamos un testimonio vital de su verdad, y el testimonio resultante del Cristo viviente nos mantendría a salvo en los momentos de tribulación (véase “El poder del Libro de Mormón”, Liahona, mayo de 2017, págs. 86–87).

Como muchos de ustedes, oí las palabras del profeta como si fuera la voz del Señor dirigiéndose a mí; y también como muchos de ustedes, decidí obedecer esas palabras. Desde que era niño, he sentido el testimonio de que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, que el Padre y el Hijo se aparecieron a José Smith y hablaron con él, y que Apóstoles de la antigüedad visitaron al profeta José para restaurar las llaves del sacerdocio a la Iglesia del Señor.

Teniendo ese testimonio, he leído el Libro de Mormón todos los días durante más de 50 años, por lo que hubiera sido razonable pensar que las palabras del presidente Monson iban dirigidas a otra persona. Sin embargo, al igual que muchos de ustedes, sentí que la exhortación y la promesa del profeta me invitaban a hacer un esfuerzo mayor. Muchos de ustedes han hecho lo que hice yo: orar con mayor intención, meditar en las Escrituras más intensamente y esforzarse más por servir al Señor y a otras personas por Él.

El feliz resultado para mí, y para muchos de ustedes, ha sido lo que el profeta prometió. Aquellos que aceptamos su consejo inspirado hemos oído el Espíritu con más claridad; hemos hallado un poder mayor para resistir la tentación y hemos tenido una fe mayor en un Jesucristo resucitado, en Su evangelio y en Su Iglesia viviente.

En una época de cada vez más conmoción en el mundo, esos aumentos de testimonio han expulsado la duda y el temor, y nos han brindado sentimientos de paz. Haber dado oído al consejo del presidente Monson ha tenido otros dos efectos maravillosos en mí. En primer lugar, el Espíritu que él prometió ha producido un sensación de optimismo sobre lo que depara el futuro, aun cuando la conmoción en el mundo parece aumentar; y en segundo lugar, el Señor me ha dado a mí, y a ustedes, un sentimiento aun mayor de Su amor por quienes sufren; hemos sentido un aumento en el deseo de ir y rescatar a los demás; un deseo que ha sido la esencia del ministerio y la enseñanza del presidente Monson.

El Señor prometió amor por los demás y valor al profeta José Smith y a Oliver Cowdery cuando las tareas que tenían por delante podrían haberles parecido abrumadoras. El Señor dijo que el valor necesario procedería de su fe en Él como su roca:

“No tengáis miedo, hijos míos, de hacer lo bueno, porque lo que sembréis, eso mismo cosecharéis. Por tanto, si sembráis lo bueno, también cosecharéis lo bueno para vuestra recompensa.

“Así que, no temáis, rebañito; haced lo bueno; aunque se combinen en contra de vosotros la tierra y el infierno, pues si estáis edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer.

“He aquí, no os condeno; id y no pequéis más; cumplid con solemnidad la obra que os he mandado.

“Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis.

“Mirad las heridas que traspasaron mi costado, y también las marcas de los clavos en mis manos y pies; sed fieles; guardad mis mandamientos y heredaréis el reino de los cielos” (D. y C. 6:33–37). Seguir leyendo

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Señor, que sean abiertos nuestros ojos

Conferencia General Octubre 2017

Señor, que sean abiertos nuestros ojos

Por el élder W. Craig Zwick
Miembro emérito de los Setenta

Debemos mirar a los demás a través de los ojos de nuestro Salvador.

El rey león es una película clásica animada sobre la sabana africana. Cuando el rey león muere tratando de salvar a su hijo, el príncipe león es forzado al exilio mientras un gobernante déspota destruye el equilibrio de la sabana. El príncipe león reclama su reinado mediante la ayuda de un mentor, y sus ojos se abren a la necesidad de crear un equilibrio en el gran ciclo de la vida de la sabana. Reclamando su lugar legítimo como rey, el joven león sigue el consejo de “mirar más allá de lo que ve”1.

Al aprender a ser herederos de todo lo que nuestro Padre tiene, el Evangelio nos enseña a mirar más allá de lo que vemos. Para mirar más allá de lo que vemos, debemos mirar a los demás a través de los ojos de nuestro Salvador. La red del Evangelio está llena de una gran variedad de personas. No podemos comprender plenamente las decisiones y los antecedentes psicológicos de las personas en nuestro mundo, congregaciones de la Iglesia, ni aun en nuestra familia, ya que muy rara vez tenemos la visión total de quiénes son ellos. Debemos mirar más allá de las suposiciones y estereotipos fáciles de hacer, y ampliar el pequeño lente de nuestra experiencia.

Mis ojos fueron abiertos para “mirar más allá de lo que podía ver” cuando servía como presidente de misión. Un joven élder llegó con una mirada atemorizada. Cuando lo entrevisté, él con tristeza dijo: “Quiero regresar a casa”. Yo pensé: “Bueno, podemos arreglar esto”. Le aconsejé que trabajara con ahínco y orara acerca de ello por una semana y que luego me llamara. Una semana después, casi a la misma hora, llamó. Todavía quería irse a casa. Otra vez le aconsejé orar, trabajar arduamente y que me llamara en una semana. En nuestra próxima entrevista, las cosas no habían cambiado; él insistía en irse a casa.

Yo sencillamente no iba a dejar que eso sucediera, así que empecé a enseñarle sobre la sagrada naturaleza de su llamamiento. Lo animé a “olvidarse de sí mismo y ponerse a trabajar”2; pero sin importar qué consejo le daba, no cambiaba de idea. Por último, se me ocurrió pensar que yo no tenía la visión plena. Fue entonces cuando sentí la impresión de preguntarle: “Élder, ¿qué es lo que le resulta difícil?”. Lo que dijo me partió el corazón: “Presidente, no sé leer”.

El sabio consejo que yo pensaba que era tan importante que él escuchara no era para nada relevante a sus necesidades. Lo que él más necesitaba era que yo mirara más allá de mi apresurado juicio y permitiera que el Espíritu me ayudara a entender lo que realmente estaba pensando ese élder. Él necesitaba que yo lo viera de la manera correcta y le ofreciera una razón para tener esperanza; en cambio, actué como una bola de demolición gigante. Este valiente élder aprendió a leer y se convirtió en un discípulo de Jesucristo muy puro. Él abrió mis ojos a las palabras del Señor: “… porque Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7)”. Seguir leyendo

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Volverse al Señor

Conferencia General Octubre 2017

Volverse al Señor

Por el obispo W. Christopher Waddell
Segundo Consejero del Obispado Presidente

No podemos controlar todo lo que nos sucede, pero tenemos el control absoluto de cómo respondemos a los cambios en nuestra vida.

En la primavera de 1998, Carol y yo pudimos combinar un viaje de negocios con unas vacaciones familiares y llevar a nuestros cuatro hijos, junto con mi suegra que recién había enviudado, a Hawái por unos días.

La noche anterior a nuestro vuelo a Hawái, a nuestro hijo de cuatro meses, Jonathon, se le diagnosticó infección en ambos oídos y se nos dijo que no podría viajar por lo menos en tres o cuatro días. Se tomó la decisión de que Carol se quedaría en casa con Jonathon, mientras que yo haría el viaje con el resto de la familia.

Mi primera indicación de que ese no era el viaje que yo había imaginado ocurrió poco después de nuestra llegada. Mientras caminábamos por un sendero iluminado por la luna y bordeado de palmeras, con una vista del océano frente a nosotros, me volví para comentar sobre la belleza de la isla, y en ese momento romántico, en lugar de ver a Carol, me encontré mirando a los ojos de mi suegra… a quien, puedo agregar, le tengo un gran cariño. Simplemente no era lo que había anticipado. Tampoco Carol esperaba pasar sus vacaciones sola en casa con nuestro hijito enfermo.

Habrá momentos en nuestras vidas en los que nos encontraremos en un camino inesperado, enfrentando circunstancias mucho más graves que unas vacaciones desorganizadas. ¿Cómo respondemos cuando los acontecimientos, a menudo fuera de nuestro control, alteran la vida que habíamos planeado o esperado?

Hyrum Smith Shumway

El 6 de junio de 1944, Hyrum Shumway, un joven subteniente del ejército de los EE. UU., desembarcó en la playa Omaha como parte de la invasión del día D. Realizó el desembarco sin ningún percance, pero el 27 de julio, como parte del avance de los Aliados, resultó gravemente herido por una mina antitanque que explotó. En un instante, su vida y su futura carrera médica se habían visto afectadas de forma dramática. Después de varias cirugías, que le ayudaron a recuperarse de la mayoría de sus graves heridas, el hermano Shumway nunca recobró la vista. ¿Cómo iba a responder?

Después de pasar tres años en un hospital de rehabilitación, regresó a su hogar en Lovell, Wyoming. Sabía que su sueño de convertirse en médico ya no era posible, pero estaba decidido a seguir adelante, casarse y mantener a una familia.

Finalmente consiguió trabajo en Baltimore, Maryland, como consejero de rehabilitación y especialista en empleo para ciegos. En su propio proceso de rehabilitación había aprendido que los ciegos son capaces de hacer muchas más cosas de lo que él había pensado, y durante sus ocho años en ese cargo colocó en empleos a más personas ciegas que cualquier otro consejero del país.

Shumway family

Ahora confiado en su capacidad de proveer para una familia, Hyrum le propuso matrimonio a su novia, diciéndole: “Si tú lees el correo, organizas los calcetines y conduces el auto, yo puedo hacer el resto”. Al poco tiempo se sellaron en el Templo de Salt Lake y finalmente fueron bendecidos con ocho hijos. Seguir leyendo

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Preciosas y grandísimas promesas

Conferencia General Octubre 2017

Preciosas y grandísimas promesas

Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina.

Uno de los grandes retos que cada uno de nosotros afronta cada día es no dejar que los afanes de este mundo dominen tanto nuestro tiempo y energía que descuidemos las cosas eternas que más importan1. Podemos ser distraídos, con demasiada facilidad, alrecordar y centrarnos en las prioridades espirituales esenciales debido a nuestras muchas responsabilidades y ajetreadas agendas. A veces, tratamos de correr tan rápido que podemos olvidar hacia dónde vamos y por qué corremos.

El apóstol Pedro nos recuerda que, a los discípulos de Jesucristo, “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de Aquel que nos ha llamado por medio de Su gloria y virtud,

“por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia”2.

Mi mensaje pone énfasis en la importancia de las preciosas y grandísimas promesas que Pedro describe como verdaderos recordatorios de hacia dónde vamos en nuestra travesía terrenal y por qué. Además, trataré las respectivas funciones que cumplen el día de reposo, el Santo Templo y nuestro hogar para ayudarnos a recordar esas importantes promesas espirituales.

Ruego fervientemente que el Espíritu Santo nos instruya a cada uno de nosotros al considerar juntos estas importantes verdades.

Nuestra identidad divina

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina. Su plan define nuestra identidad eterna y la senda que debemos seguir para aprender, cambiar, crecer y al final morar con Él para siempre.

Como se explica en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”:

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado en espíritu por Padres Celestiales y, también como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos…

“En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”3.

Dios promete a Sus hijos que, si siguen los preceptos de Su plan y el ejemplo de Su Hijo Amado, guardan los mandamientos y perseveran con fe hasta el fin, entonces, en virtud de la redención del Salvador, “[tendrán] la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios”4. La vida eterna es la preciosa y grandísima promesa suprema.

Renacimiento espiritual

Comprendemos más plenamente las preciosas y grandísimas promesas, y empezamos a ser partícipes de la naturaleza divina al responder de modo afirmativo al llamado del Señor a la gloria y a la virtud. Tal como Pedro lo describió, dicho llamado se cumple al esforzarse por huir de la corrupción que hay en el mundo. Seguir leyendo

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