El libro de Mormón

El libro de Mormón

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero en la Primera Presidencia
Liahona de Octubre 1988

En nuestras reuniones can­tamos a menudo un ‘himno que a todos nos gusta mucho; lo escribió Parley P. Pratt hace más de un siglo:

Un ángel del Señor
del cielo descendió
silencio a romper.
Al mundo reveló
que en Cumora yace el
Registro Santo, libro fiel,
que en Cumora yace el
Registro Santo, libro fiel.
(Himnos de Sión, 112.)

Esas palabras representan la declaración del élder Pratt sobre la milagrosa aparición de un libro extraordinario. La forma en que él llegó a conocer ese libro es una historia in­teresante.

En agosto de 1830, siendo predicador laico, Parley Parker Pratt se encontraba en viaje desde el estado de Ohio al este del de Nueva York. En la ciudad de Newark conoció a un diácono bautista; de apellido Hamlin, que le habló “de un libro, un libro extraño, ¡MUY EXTRAÑO! . . . Se suponía que ese libro, según me dijo había sido escrito originalmente en plan­chas, de oro o bronce, por una rama de las tribus de Israel; y que lo había descu­bierto y traducido un joven de las cerca­nías de Palmyra, estado de Nueva York, con la ayuda de visiones o del ministerio de ángeles. Le pregunté cómo y dónde se podía obtener el libro, y me prometió que me lo mostraría en su casa al otro día… A la mañana siguiente fui a su casa, donde por pri­mera vez vi EL LIBRO DE MORMON —ese libro único entre todos los libros— . . . que, en las manos de Dios, fue el medio principal que dirigió o entero de mi vida futura.

‘Lo abrí con gran anhelo y leí la portada. Luego, leí el testi­monio de varios hombres que fueron testigos de la manera en que se encontró y se tradujo. . . Leí todo el día; me molestaba co­mer, pues no tenía el deseo de tomar ali­mento; me molestaba la idea de dormir al llegar la noche, pues prefería seguir leyendo.

“Mientras leía, el Espí­ritu del Señor vino sobre mí, y, tan manifiesta y claramente como un hombre sabe que existe, supe y comprendí que el libro era verdadero.” (Autobiography of Parley P. Pratt, tercera edición. Salt Lake City, Deseret BookCo., 1938, págs. 36-37.)

Parley P. Pratt tenía entonces veintitrés años. La lectura del Libro de Mormón lo afectó tan profun­damente que al muy poco tiempo se bautizó en la Iglesia y se convirtió en uno de los defensores más acérrimos del libro. En su ministerio viajó de costa a costa en lo que ahora es los Estados Unidos, y también a Canadá e Inglaterra; él inició la obra del evangelio en las islas del Pacífico y fue e! primer él­der mormón que pisó la tierra de América del Sur. En 1857, mientras era misionero en Arkansas, un hombre lo atacó y lo mató. Lo enterraron en una zona rural cercana a la comunidad de Alma, y ac­tualmente un gran bloque de granito marca su tumba en el tranquilo lugar. Talladas en la pulida superficie están las palabras de otro de sus magnífi­cos y proféticos himnos, como declaración de la vi­sión que él tenía de la obra en la que se había em­barcado:

El alba rompe de
verdad y en Sión se deja ver . . .
Tras noche de obscuridad,
bendito día renacer.

De ante la divina luz
huyen las sombras del error . . .
La gloria del gran Rey Jesús
ya resplandece con fulgor.
(Himnos de Sión, 1.)

Parley P. Pratt no fue el único que tuvo una ex­periencia así con el Libro de Mormón. A medida que los ejemplares de la primera edición fueron cir­culando entre las personas y que la gente lo leía, cientos de hombres y mujeres espiritualmente fuertes se vieron tan afectados por la lectura que renuncia­ron por él a todo lo que poseían; y más aún, en los años siguientes no fueron pocos los que dieron tam­bién la vida por el testimonio que llevaban grabado en su corazón de la veracidad de este extraordinario libro.

Infinito como la verdad

En nuestros días, ciento cincuenta y ocho años después de haberse publicado por primera vez, hay más personas que nunca que lo leen y se intere­san en él. Mientras que en aquella primera edición se imprimieron cinco mil ejemplares, en la actuali­dad las ediciones se imprimen en cantidades masi­vas, de hasta un millón de ejemplares, y en más de setenta idiomas.

El atractivo que presenta es tan infinito como la verdad, tan universal como el ser humano. Es el único libro que contiene una promesa de que el lec­tor puede saber con certeza, por medio del poder di­vino, si su contenido es verdadero.

Su origen es milagroso y cuando se cuenta ese origen por primera vez a alguien que nunca ha oído hablar de la Iglesia, resulta poco menos que increí­ble. Pero el libro existe y está listo para que lo pal­pen, lo sostengan en la mano y lo lean. Su existen­cia es indisputable.

Con excepción de la historia relatada por José Smith, todos los esfuerzos que se han hecho por ex­plicar su origen han demostrado no tener fundamentó. Es un registro de la América antigua. Al igual que la Biblia es la Escritura del Viejo Mundo, el Libro de Mormón lo es del Nuevo Mundo; cada uno de ellos habla del otro y cada uno lleva en sí el espíritu de inspiración, el poder de convencer y convertir. Juntos, ambos libros se convierten en tes­tigos de que Jesús es el Cristo, el Hijo resucitado y viviente de Dios.

La narración del Libro de Mormón es una crónica de naciones desaparecidas hace largo tiempo; pero en las descripciones que hace de los problemas de la sociedad actual está tan al día como el periódico matinal y, con respecto a las soluciones que pueden darse a esos problemas, es mucho más inspirado, de­finido e inspirador que aquél.

No conozco otro escrito que declare con tanta claridad las trágicas consecuencias que sufre la so­ciedad humana cuando sigue un curso contrarío a los mandamientos de Dios. En sus páginas se cuenta la historia de dos civilizaciones que florecie­ron en el hemisferio occidental. Cada una de ellas comenzó como una pequeña nación cuyo pueblo andaba en las vías del Señor; pero junto con la prosperidad aparecieron males que fueron en au­mento; el pueblo se dejó vencer por los ardides de líderes ambiciosos que lo oprimían con pesados im­puestos, calmaban sus temores con promesas va­nas, miraban con indulgencia y hasta alentaban la inmoralidad, y que terminaron por conducirlo a terribles guerras que dieron como resultado la muerte de millones de personas y, al final, la extin­ción de dos grandes civilizaciones en dos épocas di­ferentes.

Las historias de estas dos grandes naciones, rela­tadas con advertencias en esté volumen sagrado, nos indican que, aunque debe existir la ciencia, aunque debe existir la educación, aunque deben existir las armas, también debe existir la rectitud si deseamos ser merecedores de la protección de Dios. No hay ningún otro testamento que ilustre con tanta claridad el hecho de que cuando el hombre y las naciones andan en las vías de Dios y obedecen sus mandamientos, prosperan y progresan; pero cuando hacen caso omiso de El y su palabra, sobre­viene una decadencia que, a menos que sea contra­rrestada por la rectitud, conduce a la impotencia y a la muerte. El Libro de Mormón es una afirmación del proverbio del Antiguo Testamento que dice: “La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34).

Un mensaje grandioso y conmovedor

Aunque el Libro de Mormón habla fuerte­mente de los problemas que afectan a nuestra socie­dad moderna, la grandiosa y conmovedora esencia de su mensaje es el testimonio, vibrante y verdadero, de que Jesús es el Cristo, el prometido Mesías. El libro testifica de Aquel que recorrió los polvorientos cami­nos de Palestina sanando a los enfermos y enseñando las doctrinas de salvación; Aquel que murió en la cruz del Calvario, que salió de la tumba al tercer día, apareciendo a muchos, y que, antes de su ascensión final, visitó a los habitantes del hemisferio occiden­tal, de quienes ya había dicho anteriormente: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.» (Juan 10:16.)

Durante siglos la Biblia fue el único testimonio escrito de la divinidad de Jesús de Nazaret; ahora, a su lado se levanta otro poderoso testigo para llevar a la humanidad de regreso al Señor.

Recuerdo el relato de un hombre sobre la forma en que se había convertido a la Iglesia:

“Había invitado a salir a una chica encantadora. Cuando fui a buscarla, vi sobre la mesa un ejemplar del Libro de Mormón, un libro del que nunca había oído hablar. Lo tomé y empecé a leerlo; me inte­resó, por lo que conseguí uno para mí y lo leí todo.

“En esa época tenía una idea más bien tradicional de Dios y Jesucristo, aunque nunca había pensado seriamente en asuntos religiosos. Pero al leer el li­bro, mi mente recibió luz y comprensión de verda­des eternas, y dentro de mí surgió el testimonio de que Dios es nuestro Padre Eterno y que Jesús es nuestro Salvador.”

La experiencia de ese joven sobre quien tanto in­fluyó el Libro de Mormón es similar a las que han tenido millones de personas en los últimos ciento cincuenta y ocho años.

El mismo libro que convirtió a Brigham Young, Willard Richards, Orson y Parley Pratt y muchos otros de los primeros líderes de la Iglesia también está convirtiendo gente en Argentina, en Finlandia, en Ghana, en Taiwán, en Tonga y en cualquier parte donde hombres y mujeres lo lean con verda­dera dedicación y oran al respecto. La promesa de Moroni, que él escribió en medio de su soledad des­pués que su pueblo había sufrido la destrucción, se cumple todos los días, en todas partes. (Véase Mo­roni 10:4-5.)

Una convicción de la verdad

Cada vez que alentamos a alguien a que lea el Libro de Mormón, le hacemos un fa­vor a esa persona, puesto que si lo lee y ora con un sincero deseo de saber la verdad, por el poder del Espíritu Santo sabrá que el libro es la verdad.

Y de ese conocimiento surgirá una convicción de la verdad de muchos otros conceptos. Porque si el Libro de Mormón es la verdad, entonces también es verdad que Dios existe. A través de sus páginas, hay un testimonio tras otro del solemne hecho de que nuestro Padre es real, que es una persona y que ama a sus hijos y busca la felicidad de ellos.

Y si el libro es la verdad, también es verdad que Jesús es el Hijo de Dios, el Unigénito de Dios en la carne, nacido de María, “una virgen, más hermosa. . . que toda otra virgen” (véase l Nefi 11:13-21), porque el libro así lo testifica en una descripción inigualada en toda la literatura.

Si el libro es la verdad, entonces Jesús es verda­deramente nuestro Redentor, el Salvador del mundo. El gran propósito de su preservación y apa­rición es, de acuerdo con la declaración que aparece en el mismo libro, “convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se mani­fiesta a sí mismo a todas las naciones» (portada del Libro de Mormón).

Si el libro es la verdad, José Smith era un Profeta de Dios, porque él fue el instrumento en las manos de Dios para sacar a luz ese testimonio de la divini­dad de nuestro Señor.

Si el libro es la verdad, Ezra Taft Benson también es un Profeta, pues posee todas las llaves, los dones, los poderes y autoridad que poseyó el profeta José Smith, que fue quien comenzó esta obra de los últi­mos días.

Si el Libro de Mormón es la verdad, la Iglesia es verdadera, porque en ella existe y se manifiesta la misma autoridad bajo la cual salió a luz este sagrado registro. Es la restauración de la Iglesia que el Sal­vador estableció en Palestina, la misma restauración que El decretó cuando visitó este continente, según lo que está registrado en este libro sagrado.

El cumplimiento de la profecía

Si el Libro de Mormón es la verdad, la Bi­blia es la verdad. La Biblia es el Testamento del Viejo Mundo; el Libro de Mormón es el Testa­mento del Nuevo Mundo; uno es el registro de Judá, el otro es el registro de José, y ambos se han juntado en la mano del Señor para que se cumpla la profecía que se encuentra en Ezequiel 37:19. Juntos, los dos libros declaran Rey al Redentor del mundo y establecen la realidad de su reino.

El libro es una voz que ha conmovido el corazón de hombres y mujeres en muchas tierras. Los que lo han leído, orando respecto a él, fueran ricos o po­bres, eruditos o ignorantes, han crecido espiritual­mente gracias a su poder.

Citaré palabras de una carta que recibimos hace unos años. Era un hombre quien escribía, diciendo: “Estoy preso en una cárcel federal. Hace poco en­contré en la biblioteca de la prisión un ejemplar del Libro de Mormón, y lo leí. Cuando llegué a la parte en que Mormón se lamenta por los de su pueblo que han caído, diciendo: ‘¡Oh bello pueblo, cómo pudis­teis apartaros de las vías del Señor! ¡Oh bello pue­blo, cómo pudisteis rechazar a ese Jesús que espe­raba con brazos abiertos para recibiros! He aquí, si no hubieseis hecho esto, no habríais caído’ (Mor­món 6:17-18), cuando leí eso, sentí como si Mor­món hubiera estado hablándome a mí. ¿Podrían en­viarme un ejemplar de ese libro?”

Le enviamos el libro. Después de cierto tiempo, un día fue a verme a mi oficina convertido en un hombre diferente. El espíritu del libro lo conmovió y lo cambió, y hoy es un hombre de éxito, rehabili­tado, ganándose honradamente el sustento de su fa­milia.

Esa es la influencia poderosa que ejerce este libro sobre todos aquellos que lo leen y oran sobre su contenido.

Mis hermanos, sin reservas os prometo que si leéis el Libro de Mormón y oráis acerca de él, no obstante las muchas veces que podáis haberlo leído antes, veréis que sentís que el Espíritu del Señor es más fuerte en vuestro bogar, que se fortalece la re­solución de obedecer los mandamientos de Dios y que se siente que aumenta el testimonio de la vi­viente realidad del Hijo de Dios. □

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¿Habéis visto alguna vez al Señor?

Ensign,  junio, 1987. Liahona marzo 1988

¿Habéis visto alguna vez al Señor?

por el élder Sterling Welling Sill

Hace algún tiempo se me pidió que acompañara a un grupo de visitantes a recorrer el edificio de las oficinas de la Iglesia en Salt Lake City. Estas personas deseaban saber más sobre la doctrina de la Iglesia, la función del liderazgo en ella y su organización. Parecían muy interesados y pasamos un tiempo agradable analizando el tema.

Durante el recorrido, una joven levantó la mano y me preguntó:

—Hermano Sill, ¿ha visto usted alguna vez a Dios?

Me sentí un poco sorprendido, ya que no esperaba ese tipo de pregunta, pero de todas maneras le contesté:

—Sí no le importa, contestaré a su pregunta con tres respuestas.

Número uno, tratando de acercarme lo más posible a lo que estoy seguro se refiere su pregunta, la respuesta es no, no lo he visto. Pero así, a secas, la respuesta no está completa ni es absolutamente fiel, por lo tanta, voy a agregar una segunda: No lo he visto desde el día de mi nacimiento, el 31 de marzo de 1903. Antes de esa fecha lo vi muchas veces.

Las Escrituras son muy claras en cuanto al hecho de que todos vivimos con Dios en los cielos antes de comenzar nuestra vida terrenal. El es nuestro Padre Celestial, y por lo tanto cada uno de nosotros lo ha visto y oído muchas veces.

El gran filósofo Sócrates afirmó que aprender es meramente recordar. Dios es nuestro Maestro, y todo lo que somos lo trajimos con nosotros de Su presencia en los cielos. «Conozco mucho sobre el Salvador»

Y la tercera respuesta es que aun cuando es verdad que no he visto a Dios durante mi vida mortal, es también verdad que tampoco he visto a mi propio espíritu desde mi nacimiento en esta tierra; a pesar de ello, no me cabe la menor duda de que poseo un espíritu.

Pero, aunque no he visto al Señor durante esta vida, he leído muchas veces cuidadosamente los cuatro extraordinarios tomos de Escrituras que El hizo que se escribieran. Sé cómo piensa El. Sé lo que El desea que yo haga. Sé cómo es por el testimonio de las personas que lo han visto. Y sé muchas otras cosas acerca de El.

Por ejemplo, el Jesús resucitado se le apareció a Juan el Revelador en la isla de Patmos. Juan dice que «estaba en el Espíritu en el día del Señor» cuando escuchó detrás de él «una gran voz como de trompeta».

Se volvió para ver quién le hablaba y vio «a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido. . . con un cinto de oro.

«Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego» (Apocalipsis 1:13- 14).

Cuando el profeta José Smith tuvo la visión del Padre y del Hijo, dijo que su «fulgor y gloria no admiten descripción» (José Smith—Historia 17).

Hay algunas experiencias, aun en esta vida, que son muy difíciles de describir. Por ejemplo, si tratara de describir la mirada que ilumina los ojos de mi nietecito cuando algo lo hace feliz, tendría cierta dificultad.

Quizás lo intentara diciendo que los ojos le brillan, o que la cara se le ilumina; pero en realidad ninguna de las dos descripciones sería fiel a la verdad. Los ojos de mi nieta son siempre del mismo tamaño, de la misma forma y del mismo color, pero cuando está contenta algo le ilumina toda la cara; es algo que se puede percibir pero que es muy difícil de describir.

Al describir a Jesús resucitado, Juan dice que Sus ojos eran como llama de fuego. No se habla de una chispa o un brillo, sino que esa característica de gloria y resplandor se magnifica muchas veces. Juan trata de describir la voz del Señor resucitado diciendo que era una gran voz, como de trompeta. Tengo un buen amigo que tiene una de esas voces «como de trompeta».

Es clara, armoniosa y resonante; fácil de entender y hermosa para escuchar. Su pronunciación es casi perfecta. Algunos oradores tienen la clase de «trompeta» que menciona Pablo:

«Y sí la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?» (1 Corintios 14:8.)

Algunos discursantes tienen una trompeta que no es bastante fuerte para dejarse oír, ni bastante clara para que se pueda entender, ni bastante interesante para mantener la atención de los que escuchan.

Me imagino la voz de Jesús resucitado muchísimo más resonante y hermosa que la de mi amigo, de la misma manera que el resplandor de la faz del Señor es muy superior al de la cara de mi nieta.

El profeta José Smith vio también al Señor cara a cara después de la dedicación del Templo de Kírtland. Al describir cómo era, dijo:

«Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol» (Doctrina y Convenios 110:3).

¡Y eso es verdaderamente brillante!

Esas mismas cualidades las pueden poseer también, hasta cierto grado, otros hijos de Dios. Por ejemplo, Moroni resucitado también se le apareció a José Smith, quien da una descripción detallada de su apariencia de la siguiente manera:

«Toda su persona brillaba más de lo que se puede describir, y su faz era como un vivo relámpago» (José Smith—Historia 32).

No solamente su persona era gloriosa, sino que aun su ropa era brillante. El

Profeta dijo:

«Llevaba puesta una túnica suelta de una blancura exquisita. Era una blancura que excedía cuanta cosa terrenal jamás había visto yo; ni creo que exista objeto alguno en el mundo que pudiera presentar tan extraordinario brillo y blancura» (José Smith—Historia 31).

Se decía que Sócrates no era un hombre muy atractivo, pero aun así oraba a Dios pidiéndole: «Hazme hermoso por dentro».

Todos hemos visto personas de aspecto sencillo que han llegado a convertirse en hermosas por medio de una radiante espiritualidad.

Un espíritu divino puede hacer que un cuerpo completamente carente de belleza se convierta en hermoso. Aun cuando no he visto al Señor en esta vida, conozco su palabra.

Sé de la gran Expiación que El llevó a cabo en beneficio de todos los hijos  de  Dios.  Conozco  la  resurrección  gloriosa  y  celestial  del Salvador, una resurrección similar a la que prometió a todos los que guardaran sus mandamientos. Conozco también el recto y estrecho camino y cómo seguirlo con el fin de poder merecer la entrada en el reino celestial.

En una ocasión el Señor le dijo a Tomás:

«Porque me has visto, Tomás, creíste; [más] bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Juan 20:29).

El Salvador mismo prometió:

«Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8)

Con todas estas ventajas, tengo que poder mantenerme fiel y esperar hasta que El venga en nubes de gloria para comenzar su reino milenario sobre la tierra, cuando todo ojo lo verá y todo corazón se regocijará por sus bendiciones.

En preparación para ese gran acontecimiento, esforcémonos para adquirir una luz más radiante en nuestros ojos, un brillo más grande en nuestro corazón y un fuego más puro en nuestra alma. Entonces, en ese día, cuando lo veamos nosotros mismos, también nosotros podremos ser glorificados.

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En el autobús equivocado

Liahona mayo de 1984

En el autobús equivocado

por el élder Sterling Welling Sill

Uno de los impedimentos más grandes para lograr el éxito es el hecho de que dedicamos mucho tiempo a cosas que nos llevan hacia lo que no deseamos ser. Es mucho lo que podemos aprender del relato que, hace varios años, nos contó el doctor Harry Emerson Fosdick al cual tituló: “En el autobús equivocado”.

Se trataba de un hombre que subió a un ómnibus con la intención de ir a la ciudad de Detroit, Michigan; pero cuando llegó al final de su viaje se encontró que estaba en Kansas City, Kansas. Este pobre hombre no podía convencerse de lo que había sucedido; cuando preguntó cómo llegar a la avenida Woodward y le dijeron que tal avenida no existía, se sintió indignado, porque él sabía muy bien que sí había una calle que se llamaba de esa manera. Le costó aceptar la realidad de que, muy a pesar de sus buenas intenciones, no estaba en Detroit, sino en Kansas City. Todo hubiese estado bien si no fuera por un pequeño detalle: había tomado el autobús equivocado.

Es interesante ver cómo muchas personas llegan a algo en la vida, algo que nunca quisieron ser. Nos fijamos metas de honor, éxito y felicidad, pero a veces tomamos los autobuses que nos llevan a un destino  de  deshonor, fracaso y desdicha. Uno de  los  propósitos fundamentales de nuestra existencia mortal es de prepararnos para la vida venidera.

Los destinos a los que podemos llegar están separados en tres grandes subdivisiones, las que Pablo compara con la luz del sol, de la luna y de las estrellas.

El dijo: “…una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos” (1 Corintios 15:41-42).

Es indiscutible que la gloria más deseada es la que se compara con el sol, la cual yace al final de la angosta senda que conduce a la vida, pero lamentablemente para nosotros que viajamos, tal como dijo Jesús, solamente unos pocos llegarán a este destino, el cual es el más grandioso de todos. Todos deberíamos tener el deseo de llegar al reino celestial, el cielo más elevado, donde moran Dios y Jesucristo y el cual es el reino para las familias. Pero muchas personas, mientras hablan acerca del cielo más elevado, se embarcan en autobuses cuyo destino es el infierno más bajo. El menos atractivo de estos tres reinos es el telestial, que está tan por debajo del celestial como el centelleo de una estrella es pequeña en comparación con el esplendor del sol del mediodía.

Las Escrituras nos dicen que los que lleguen al reino telestial serán tan numerosos como las arenas del mar o como las estrellas del firmamento. Pero aun así, antes de que lleguen a este destino, éstos deben purgar sus pecados con el castigo del infierno.

Esta gran multitud llegará al lugar que menos deseaba. Incluso Satanás tomó el autobús equivocado, y ahora sabemos cuál es su destino final, destino que Dios, el juez definitivo, le ha determinado. Pero Satanás nunca hizo planes para tal degradación; él era conocido como Lucifer, el portador de luz, el brillante hijo de la mañana, que se mantenía cerca de Dios. El deseaba para sí lo mejor y se decía en su corazón: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios… y seré semejante al Altísimo”. (Isaías 14:13- 14)

Pero aun siendo consciente de este objetivo maravilloso, tomó el autobús de la rebeldía que lo conduce al más bajo de los destinos. Muchas personas han tenido la experiencia, en algunos aspectos de la vida, de arribar a lugares donde no deseaban ir. Por ejemplo, nadie  se  esfuerza  por  obtener  una  buena  educación  ni  invierte grandes sumas de dinero en negocios con la esperanza de fracasar o dar bancarrota; nadie elige a su esposo o esposa con la idea de terminar en un desdichado y triste divorcio. Aun el gran número de los que se convierten en asesinos y suicidas, y que se hacen adictos a  drogas  y  al  alcohol,  no  comenzaron  a  recorrer  esas  sendas pensando que los conducirían a un destino tal.

Aquellos que cometen fechorías y actos inmorales, o que terminan en escuelas reformatorias, en cárceles o instituciones mentales, no pensaban en estos lugares cuando planeaban el sendero que irían a tomar.

Es probable que la habilidad más valiosa que una persona pueda desarrollar sea la de identificar el ómnibus que la lleva al lugar donde realmente desea ir.

En una oportunidad, hablé con una joven que tenía sentimientos de rechazo hacia sus padres. Como no se sentía querida por ellos, trataba de compensar esa falta de amor haciendo amistad con personas indignas, y pensaba que ir a la Iglesia era como rendirse a sus padres.

Su vida estaba llenándose de amargura, y estaba desarrollando hábitos y tomando actitudes que le harían tomar el ómnibus equivocado, donde se relacionaría y formaría parte de un grupo de personas indeseables.

A menos que suceda un milagro, ella llegará a Kansas City cuando todo lo que deseaba en su vida era ir a Detroit.

Supongo que nadie comienza a participar en ciertas cosas con la idea preconcebida de terminar en un quebranto nervioso, de disolver su matrimonio o de terminar en la cárcel, pero a veces el peso de la cadena de los malos hábitos no se siente hasta que es demasiado pesada para quebrarla. A veces la tragedia nos abruma porque permitimos que el desánimo siembre su semilla en nuestra personalidad. Sembramos una vida desordenada e indisciplinada y luego oramos para no recoger las consecuencias, lo cual generalmente no sucede, ya que esas semillas son muy resistentes y es difícil detener su crecimiento una vez que sus raíces han crecido en nuestra vida.

Podemos tener los objetivos más loables en nuestra mente, pero si tomamos el ómnibus que nos lleva al destino equivocado, no podemos cambiar de ruta diciéndonos simplemente a nosotros mismos que teníamos la mejor de las intenciones. A esa altura de los acontecimientos, lo importante va a ser los hechos, ya que vamos a ser juzgados por ellos y no por nuestros deseos, y sería inútil prestar atención al dicho que dice que el sendero hacia el infierno está pavimentado de buenas intenciones.

Muy frecuentemente no dejamos que la mano izquierda se las intenciones sepa lo que la mano derecha de los hechos está haciendo. Tenemos grandes proyectos en nuestra mente pero nos desviamos tanto que la excepción se convierte en nuestra regla general.

Deseamos llegar a ser una buena persona en el futuro, pero no necesariamente hoy. Con frecuencia decimos: “No me juzguen por mi aspecto físico ni por mi vestimenta ni mis palabras; júzguenme por cómo me siento dentro de mí”.

Este es un razonamiento muy peligroso y muy a menudo es la causa de nuestra ruina. Yo me pregunto: ¿Por qué debe una persona dedicar tanto tiempo a parecer, actuar y pensar como lo que no desea ser?

Es necesario que destruyamos toda evidencia de rebeldía. Si vamos a un desfile vestidos de payasos, es muy probable que no pensemos ni actuemos como un rey. No debemos hacer unas pocas cosas buenas y entonces hacer un montón de excepciones; no debemos estar en el camino ancho y espacioso que conduce a la muerte cuando tenemos planeado ganar la vida eterna, la cual se encuentra al final del sendero recto y angosto.

Nos ayudaría mucho recordar que toda persona que transgrede la ley y todo pecador tienen algunos grandes ideales y ambiciones en las cuales se basa para juzgarse a sí mismo.

En una oportunidad, asistí a una reunión religiosa en la  cárcel, donde muchos de los prisioneros expresaron sus sentimientos. Sin excepción dijeron: “En esta cárcel se encuentran algunas de las mejores personas de todo el mundo”. Creo que, en muchos aspectos, eso es verdad. Algunas de las personas que están en la cárcel son más compasivas, más amables y más humildes de lo que pueden ser muchos de los que están en libertad. Algunos de ellos son tan generosos que se sacarían la camisa para dársela a un amigo que la necesite. Algunos de ellos ofrecen oraciones preciosas y tienen un testimonio maravilloso del evangelio, pero cometieron algunos errores: algunos de ellos mataron, robaron un banco, salieron borrachos a la calle, o cometieron otro tipo de transgresión. Al hacerlo, estaban dirigiéndose a un lugar donde no deseaban ir.

Sepamos claramente a dónde deseamos ir. Es muy importante recordar que, con frecuencia, nosotros mismos, en ciertos aspectos, nos enceguecemos de tal manera que no podemos vernos como realmente somos.

Es frecuente que, cuando las personas están cometiendo ciertas inmoralidades, piensen que están simplemente viviendo la vida, y se justifican con la idea de que muchos han hecho cosas peores que un pequeño acto de vandalismo o prender fuego a un edificio. Un pequeño descuido y unas pocas mentiras no significan mucho si no nos importa llegar a Detroit en lugar de a Kansas City.

Es buena idea determinar claramente a dónde queremos ir y entonces encaminarnos en esa dirección, sin desvíos de ninguna clase, recordando siempre que las excepciones puede resultar muy peligrosas. Estas pueden ser más rápidas en derribar una buena costumbre que los hechos positivos en edificarlas; uno puede resistir la tentación mil veces, y perderlo todo por tan sólo una indulgencia.

Alguien dijo que debe haber mil pasos del infierno al cielo, pero tan sólo uno del cielo al infierno.

Los ideales no nos sirven de nada si no hacemos algo por lograrlos, y puede ser muy peligroso creer que podemos salvarnos con tan sólo declarar nuestra fe de una vez por todas o por una serie de circunstancias. En una palabra, uno no puede enfrentar al enemigo, pelear la batalla y dominar a todos los adversarios a la vez.

La batalla debe ir ganándose en forma constante. Muchos han testificado acerca del evangelio y por otro lado han tomado el ómnibus con destino a la vergüenza y a la degradación.

Las semillas de la destrucción no necesitan ser muy grandes; un árbol grande de maldad puede también crecer de una pequeña semilla de pecado. Si no queremos que el árbol crezca, es mejor que no permitamos que la semilla comience a germinar.

Para terminar, resumamos este gran concepto en dos: primero, sepamos claramente a dónde deseamos ir; y segundo, tomemos el ómnibus que nos lleve allí.

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Aquel negocio de la vida

Ensign, enero, 1981

Aquel negocio de la vida

por el élder Sterling Welling Sill

Si hay una cosa de la que estoy completamente seguro en mi mente, es que el negocio de la vida es tener éxito. Estoy absolutamente seguro de que Dios no creó esta hermosa tierra para nuestro beneficio con todas sus leyes, recursos y oportunidades, sin tener algo muy importante en la mente de aquellos que viven en ella. Sería poco razonable que Dios nos haya creó a su imagen, nos dieran su propia forma personal, nos dotara de estas potencialmente magníficas mente, estas personalidades milagrosas, y estas facultades físicas fantásticas, y luego esperar que nosotros perdiéramos nuestra vida en la insuficiencia. Y sin embargo, estoy seguro de esto, que el desperdicio más grande en el mundo es que usted y yo vivimos por debajo del nivel de nuestras posibilidades.

Hace algún tiempo oí a un trabajador en genealogía decir que todo el trabajo genealógico de la Iglesia es realizado mediante el dos por ciento de los miembros. Por debajo de ese grupo hay otro ocho por ciento que dicen sus oraciones sobre la genealogía  y  sus testimonios acerca de la genealogía, pero no hacen ninguna parte del trabajo real en cuestión. A continuación, por debajo de ese grupo hay un grupo que ni siquiera dice sus oraciones o dan su testimonio al respecto.

Los presidentes de la Iglesia han indicado que todos en la Iglesia deben ser misioneros. Sin embargo, hasta la fecha una gran parte de los hombres adultos de la  Iglesia  son  en  sí  mismos ancianos. Algunos de los que van en misiones aumentan su actividad religiosa durante dos años y luego vuelven a sus antiguas debilidades.

El Señor ha dicho que quería que su mensaje llegara a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y sin embargo, algunos de nosotros que hemos sido designados para ese llamado aún no entregamos el mensaje si siquiera en el lugar donde vivimos. Los maestros son enviados a enseñar el Evangelio a los miembros, pero con frecuencia limitan su charla con ellos al clima o la política, mientras que sus vidas se mantienen en la oscuridad. Es imposible dar un mensaje espiritual sin tener un mensajero espiritual. El mensaje tiene poca fuerza si la vida del mensajero está llena de pereza, inmoralidad, debilidad, pecado, y el fracaso. Debemos insistir en el éxito en todos los departamentos de nuestra vida.

El éxito no es la cosa más importante en el matrimonio, es todo en el matrimonio. No es sólo lo más importante en el trabajo de la Iglesia, es todo en el trabajo de la Iglesia. Y para que no recibamos la oscuridad en nuestro matrimonio, en nuestro liderazgo, y nuestro trabajo en la Iglesia, hay que sacarlo de nuestras vidas.

No hay oscuridad en el reino celestial que es donde está Dios. Ahí es donde estarán las otras personas espiritualmente exitosos.

Jesús fue amable con la adúltera arrepentida. Tenía un interés y simpatía con el ladrón en la cruz. Sin embargo, para el que escondió su talento en el suelo, dijo:

«Siervo malo y negligente»  (Mateo 25:26)

Y para los desobedientes que se encuentren a su izquierda, cuando venga en su gloria, él dirá;

«. . . Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno. . .» (Mateo 25:41).

El Señor nos ha dado la mayor fórmula de éxito que jamás se ha dado en el mundo cuando dijo:

«Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;

«Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.» (Doctrina y Convenios 130:20-21)

El Señor quiere que cada uno de nosotros sea exitoso. Todo lo que tenemos que hacer es descubrir la ley que rige ese éxito y luego ir hacia adelante a partir de ahí. Y me gustaría señalar una gran verdad: que la experiencia más excitante es tener una alta calificación en esa empresa importante en la que Dios mismo pasa todo su tiempo, la salvación de la humanidad.

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La puerta estrecha

Ensign, julio, 1980

La puerta estrecha

por el élder Sterling Welling Sill

La mayor autoridad en el éxito que haya vivido en esta tierra es Jesús de Nazaret. Él era el Hijo de Dios y vino aquí en su capacidad oficial como el Salvador del mundo y el Redentor de los hombres. Él es el profesor más grande del mundo y la mayor autoridad en la religión.

Además de ser un gran moralista, también era un experto en eficiencia excepcional. Él dio expresión a una de nuestras leyes más importantes de éxito:

«Entrad  por   la   puerta estrecha,   porque   ancha   es   la   puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

«Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.» (Mateo 7:13-14)

Todo el mundo quiere tener éxito y ser feliz, y sin embargo muchos caen. La razón principal del fracaso es la tendencia natural a querer un camino más amplio que cualquier verdadero éxito lo permita. El camino ancho que lleva a la destrucción mantiene su popularidad debido a que es más fácil de seguir. Hace menos exigencias a sus viajeros, y permite mucho más espacio para esquivar y darse la vuelta.

La mayoría de la gente quiere más libertad que el camino estrecho puede dar. Casi todo fracaso comienza con sólo la ampliación de la forma. Con demasiada frecuencia las personas ceden a su tendencia natural a explorar los caminos secundarios y recorrer los callejones sin salida. Debido a que el camino que conduce a la muerte es lo suficientemente amplio como para permitir muchas actividades prohibidas, muchos viajeros no llegan a sus destinos deseados. Nadie sale de la carretera del éxito en ángulo recto; en lugar de reconocer que están saliendo de los límites, tratan de mantener en buen estado con ellos y hace aparecer las cosas legales a los demás simplemente ampliando el camino.

Esta estrecha carretera coincide con el significado exacto que Jesús unió con el sentido espiritual, es importante alcanzar los objetivos con alto contenido en cualquier otra área de búsqueda, ya sea intelectual, social, físico o financiero. El camino al éxito y toda la felicidad son estrecho; nos hemos de guardar dentro de sus límites; y hay que asegurarse de que la propia carretera conduzca al destino correcto.

Cuando a Gladstone se le preguntó el secreto de su brillante carrera, él respondió con una sola palabra: «Concentración» La concentración se consigue limitando el alcance. Emerson dijo: «La prudencia en la vida es la concentración; el maligno es la disipación» (Los escritos completos de Ralph Waldo Emerson, Nueva York. Wm H. Wise & Co., 1929, p 542.). Jesús estaba limitando el alcance cuando nos advirtió de mantener nuestra miran puesta únicamente en la gloria de Dios (Doctrina y Convenios 4:5) Una sola visión también debe tener un enfoque estrecho. Jesús proclamó esta misma filosofía cuando dijo:

«Ninguno puede servir a dos señores» (Mateo 6:24)

Santiago señaló que «un hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos» (Santiago 1:8). También hay algunos individuos de ideas cuádruples, de mente triple y que no han sintonizado a cabo lo suficiente de sus distracciones. El secreto del éxito es la de limitar el alcance, reducir la visión, y concentrar el esfuerzo con un enfoque más fino en un solo objetivo.

Decisión es otro ingrediente muy importante del éxito. Definitivamente tenemos que fijar nuestras mentes en puntos específicos. La celebración de un enfoque estrecho de nuestra atención, debemos conducir con plena potencia a la mitad del camino estrecho y angosto. Sólo cuando llegamos a ser específicos y exactos podemos eliminar los elementos disuasorios del éxito y de la confusión, conflictos, caprichos, conjeturas, especulaciones, y racionalizaciones.

El éxito exige que renunciemos a nuestra vaguedad y generalidad mediante el establecimiento de límites mentales y morales más allá de lo que nunca vamos a ir. El éxito exige restringir nuestros meandros y todas las cosas discordantes. La canción dice «No me cerques» No sólo debemos tener una cerca, sino que debe ser muy fuerte.

Aquellas personas que están tratando de reducir su peso han descubierto que este éxito también requiere una disciplina del estrecho y angosto camino. Cuando el propio camino en la dieta se hace lo suficientemente amplio como para incluir tres porciones de pastel, la causa se pone en peligro. Si la obesidad se va a controlar, ciertos  alimentos deben colocarse fuera de los límites. Las limitaciones deben ser colocadas en la ingesta, y controlar más firmemente el apetito. Cuanto mayor es la reducción de peso deseado, cuanto más estrecho es el camino a seguir.

En la Palabra de Sabiduría el Señor es tan estrecha la anchura de la carretera que conduce a la buena salud que, entre otras cosas, puso el alcohol, la nicotina y la cafeína fuera de los límites. Ninguno de los varios millones de alcohólicos americanos o los otros millones de víctimas del cáncer de pulmón nunca se dirigieron deliberadamente por los lugares terribles a los que por fin llegaron. Cometieron errores simplemente haciendo el camino ancho suficiente para algunas indulgencias adicionales en las cosas equivocadas.

Nos gusta pensar que somos de mente abierta, pero a veces nuestro pensamiento se vuelve tan amplio que muchos elementos indeseables entrar en ella. A veces estamos tan ansiosos de ser «tolerante» que terminamos cediendo demasiado territorio. Practicamos una coexistencia pacífica con demasiados males. Como individuos estamos dando demasiado terreno en lo moral y otros principios cristianos ideales.

Hace muchos años, por ejemplo, cuando la violación a ley de prohibición se hizo demasiado grande, los Estados Unidos simplemente ampliaron el camino al hacer legal el licor. A medida que las personas se han vuelto más inmoral, se han apaciguado sus mentes con las doctrinas de la «nueva moral.» Por sus muchos compromisos con el mal, por lo que algunos han ampliado su camino que ahora van por los caminos que no quieren ir. Con demasiada tolerancia para el mal, están perdiendo sus convicciones y respeto de sí mismo.

Podemos ampliar fácilmente el camino a dicha anchura que nada está excluido. Podemos llegar nosotros mismos a una situación en la que todo vale, oleadas de crímenes, disturbios raciales y adicción a las  drogas  ahora  parece que  algunos no estar  muy  lejos de la raya. Hemos desarrollado una gran tolerancia para el ateísmo, el pecado, y demasiados intereses al lado de la carretera que son antagónicos a nuestra salvación eterna.

A pesar del hecho de que Jesús nos pidió rehuir del camino ancho que lleva a la muerte, el tráfico sobre el mismo continúa teniendo cada vez más y más gente. Algunos de nuestra amplitud de criterio han sido comparados con un río de polvo, que es muy amplio y muy poco profundo. Nunca tenemos mucha energía de un río que tiene una milla de ancho y una pulgada de profundidad; más bien, es el torrente estrecho que desgarra la ladera de la montaña.

¿No es interesante cómo son estrechas las leyes de la naturaleza? El agua a nivel del mar hierve a 212 grados Fahrenheit, no a 210. Se congela a 32 grados por encima de cero, no a 34. El agua que contiene sal el 20 por ciento no se congele hasta que la temperatura se reduce a 30 grados bajo cero. No entiendo cómo el agua sabe cuándo es el momento de congelarse, pero nunca se equivoca. Nunca se olvida, y nunca se ve influenciada por la opinión de nadie. Al igual que todas las demás leyes naturales, las leyes eternas del universo son estrechas. Ellas nunca se derogan. El veredicto ha sido dictado incluso antes de que  se  cometa  el acto. Los abogados más inteligentes, los testigos más simpáticos, o los jueces más poderosos no pueden cambiar el veredicto en lo más mínimo. La sentencia no se ablanda debido a la incompetencia mental o física, y no hay tiempo libre por buen comportamiento.

Cada año nuestro planeta hace una órbita de 595 millones de millas alrededor del sol. Siempre viaja a una velocidad de 66.600 millas por hora, y se completa su recorrido en exactamente 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9 segundos y 54/100. El momento de la conclusión del viaje es de 595 millones de millas se puede predecir con más exactitud que su viaje desde la sala de estar en el comedor.

La electricidad también está en el lado estrecho de la mira. Una brújula siempre apunta al norte magnético, nunca hacia el este, el oeste o el sur. La matemática es estrecha. Dos más dos son siempre cuatro nunca más de tres y siete octavas partes. Si alguna vez has tenido un viaje en avión a través de una violenta tormenta que requería de un aterrizaje por instrumentos, recordará la forma en que oró para que el piloto sea de mente estrecha que nunca llegaría un poco más allá de la viga. Un destello de amplitud mental de un piloto meandro podría provocar su muerte súbita.

Piense también, en lo angosto que es el camino de la lealtad. Nos une a devociones definitivas. Harry Emerson Fosdick ha escrito de forma convincente sobre el camino estrecho en un ensayo titulado «Sobre coger el autobús incorrecto.» Él dijo: «El hombre que jura lealtad a una causa tiene limitaciones más fuertes que un esclavo.» (En el momento de ajustarla a Live-con Sermones sobre post-Guerra cristianismo, Nueva York: Harper and Brothers, 1946, p 139).

El éxito y la felicidad en el matrimonio siempre van por un camino estrecho y largo. Cuando dos personas, por su propia elección, se dan el uno al otro y para nadie más, ya no pueden ser irresponsable para pasear por donde quiera que pasa el lujo que puede atraerlos. El matrimonio  no  es  una  calle  amplia,  con  doble moral; tampoco lo es el patriotismo. El infiel, los desleales, y los rebeldes están viajando por el camino ancho.

Con frecuencia tenemos en nuestras mentes grandes objetivos y altos ideales en el momento en que llegan a nuestras manos para cosas prohibidas. Nuestras mentes pueden estar en el camino estrecho que conduce a la vida eterna, mientras que nuestros pies nos están llevando por ese camino ancho que lleva a  la destrucción. Hay que tener los pies así como nuestra mente en esa estrecha carretera que conduce a nuestro objetivo planificado.

A pesar de la razón y actitudes científicas de nuestro tiempo, consciente o inconscientemente algunos todavía creen en una «mágica» y poco realista religión, y filosofía que, independientemente de cuál sea el camino que tome, de alguna manera saldrá todo bien al final. Los que creen en esta filosofía no sólo han fracasado, sino que son tontos, así también, nada que viaje por un camino equivocado puede llegar a un destino correcto.

La ley base del universo es que la ley fundamental, inalterable e irrevocable de la cosecha que dice:

“. . . Todo lo que el hombre siembre, eso también segará.» (Gálatas 6:7)

Todos vamos a ser juzgados por nuestras obras. A medida que el Jesús resucitado estaba a punto de dejar esta tierra y ascender desde el Monte de los Olivos a su padre, les dijo a sus discípulos:

«Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

«El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea, será condenado» (Marcos 16:15-16)

Para algunos, esto puede sonar como una manera muy estrecha, pero es la ley y no debemos olvidarlo; tampoco hay que contar demasiado en la posibilidad de que Dios cambió de opinión.

Y así llegamos de nuevo a la declaración del Maestro, diciendo: «Entrad   por   la   puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

«Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.» (Mateo 7:13-14)

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La poesía en nuestra vida

Ensign, mayo, 1978. Conference Report, abril, 1978

La poesía en nuestra vida

por el élder Sterling Welling Sill

Hace un tiempo, leí un interesante libro escrito por un siquiatra neoyorquino, e intitulado, El poder curativo de la poesía, en el cual el mencionado siquiatra explica cómo durante cuarenta años, se había valido de la aplicación práctica de grandes ideas para curar a sus pacientes que sufrían de males emocionales y problemas siquiátricas; estas ideas no pertenecían todas al género poético, pues también recurría a las de las Escrituras y la buena literatura, así como a las que inspiran los himnos religiosos.

Creo que el poder curativo que aplicaba dicho siquiatra, podría relacionarse con la práctica de algunos médicos de no recetar a sus pacientes remedios de farmacia, sino una visita a la librería, práctica que han adoptado al descubrir que existe mayor poder curativo en los libros que en los específicos. De allí que la madre sane las magulladuras de sus hijos con besos y caricias.

Al meditar en las diferentes maneras de sanar los males, traté de entender lo que pensó Cristo cuando dijo: «Médico, cúrate a ti mismo» (Lucas 4:23). Y -creo que nos señaló un buen método para curarnos cuando  dio instrucciones  a Emma  Smith de  hacer  una selección de himnos inspirados, cuyos mensajes se anidaran en nuestra mente y corazón.

Hace poco fui a una biblioteca en busca del librito que aquí tengo, el cual es una compilación de los noventa himnos que seleccionó Emma Smith para la Iglesia. Y considerando que todos tenemos diferentes necesidades así como diferentes intereses, me parece que cada uno de nosotros debería hacer su propia selección de himnos y proceder a aprenderlos de memoria tomando la determinación de atesorarlos, de modo que pudiéramos obtener el máximo tanto de su poder curativo, como de progreso y salvación.

William James, el destacado psicólogo norteamericano, hizo la siguiente pregunta: «¿Os gustaría crear vuestra propia mente?» Y usualmente, eso es lo que sucede. El profesor James dijo que la mente humana se compone de aquello con que se alimenta, y que la mente, como la mano del tintorero, se tiñe del color de lo que sostiene. Si tomo en la mano una esponja con tinta azul, mi mano absorbe el color azul; y si retengo en la mente y el corazón pensamientos de fe y entusiasmo, toda mi personalidad lo reflejará.

Si pensamos negativamente nuestra mente será negativa; si albergamos pensamientos pervertidos, desarrollaremos mentes pervertidas. Por otra parte, si anidamos pensamientos celestiales, que son la clase de pensamientos que Dios tiene en su mente, desarrollaremos mentes celestiales y cumpliremos lo que bien dijo un poeta:

La mente es para mí un reino En donde encuentro tales gozos Que superan toda alegría Que el mundo pueda brindar.

Cuando asistimos a los funerales de personas queridas, aumentamos nuestra propia santidad escuchando la música inspiradora y las santas oraciones que allí se pronuncian, consolando a los deudos, y avivando así en nosotros mismos los más bellos pensamientos. Hace poco, en mi despacho, unos padres desconsolados me contaron que habían perdido a su hijita de tres años de edad, la que inexplicablemente murió ante sus propios ojos; naturalmente, los padres, transidos de dolor, sentían la necesidad de desahogarse hablando con alguien. Todos sabemos que podemos servir de bálsamo a quienes expresan sus pesares, si escuchamos con amor. Así fue que me encontré relatándoles mis tristes recuerdos de cuando yo era un jovenzuelo y permanecía velando junto al lecho de mí querida hermanita de tan sólo siete años de edad, que moría de difteria.

La madre de la otra niñita que he mencionado, pensaba que no había cosa más terrible que su hermosa hijita hubiera muerto en los albores de la vida. Y yo puedo comprender ese dolor.

Al cabo de un rato, le dije: «Hermana, si usted quisiera, yo podría referirle algo que refleja lo que tal vez sea un dolor mayor que la congoja que usted experimenta ahora». Y ella me contestó: «Hermano, si sabe usted de algo peor que esto, me gustaría escucharlo».

Procedí entonces a recitarle el poema de James Whitcomb Riley, titulado Desolacibn. En él no se destaca el desconsuelo de la madre cuyo hijo había muerto, sino la profunda congoja de su interlocutora, la que nunca había tenido hijos, y dice lastimeramente a su desolada amiga:

Déjame llorar contigo, Déjame, te ruego,
A mí, a quien la muerte No ha quitado hijo,
Porque nunca lo he tenido; Déjame llorar contigo
Por el pequeño de cuyo amor Yo nada sé.
¡Ah! los bracitos que Con divina ternura
Te rodeaban el cuello…
Y las manitas aquellas que besabas…
Todo eso yo… nunca conocí.
¿No ves, acaso, Mi razón para llorar por ti?
Con gusto haría lo que posible fuera
Para darte consuelo y mitigar tu pena.
Mas, ¡ay! cuánto mayor
El dolor que mi alma anida,
Que ni siquiera llorar puedo
Por el hijo al que nunca he dado vida.
(Poetical works…, N. Y. Grosset Dunlap, 1937. Pág. 444.)

Me siento agradecido al poeta por esos pensamientos suyos, pues él me ha servido de inspiración para compilar mi propio libro de pensamientos curativos que ayuden al acongojado.

Tenemos, además, la poesía que infunde valor. Durante muchos años, el señor Rice, famoso comentarista deportivo, viajó extensamente asistiendo a las grandes competiciones de este género, con el fin de identificar las características que hacen a los campeones. Y así, compuso unos setecientos versos sobre las cualidades que impulsan a la gente a superarse, uno de los cuales se titula El valor para triunfar y dice así:

Quisiera pensar que puedo mirar
A la muerte sin temor, y decir:
Todo lo que me queda
Es el último aliento; ¡quítamelo!
Conviérteme en polvo,
O en sueños, o llévame lejos…
Donde el alma vaga
Y el polvo de las estrellas fluye
En la noche interminable.
Pero luego agrega:
Sin embargo, prefiero pensar
Que puedo mirara la vida, y decirle:
Dame lo que sea, lucha,
Obstáculos, azules o nublados cielos;
Porque con todas mis fuerzas
Enfrentaré hasta la última embestida,
Y ni la fría mano de acero del destino
Me podrá vencer.

Se ha dicho que los poetas siguen a los profetas en poder para elevar el espíritu humano. Por mi parte, nunca he sabido que a Eliza Snow la hayan sostenido como profetisa, y sin embargo, ella escribió el himno Oh, mi Padre. A veces nos limitamos sólo a leer la letra de los himnos de la Iglesia, en vez de aprenderlos de memoria, de atesorarlos, y de repasarlos constantemente… una y otra vez.

Pensemos en lo que sucedería en el mundo si cada persona hiciera su propia selección de los noventa poemas sobre la fe, que le emocionaran más vivamente. No creo que en esta ocasión os gustara escucharme entonar en un solo «Oh, mi Padre», pero confío en que no os disguste si recito sus poderosas palabras de fe y adoración.

La hermana Snow escribió:

Oh mi Padre, tú que moras, En el celestial hogar, ¿Cuándo volveré a verte, Y tu santa faz mirar? ¿Tu morada antes era De mi alma el hogar? ¿En mi juventud primera, Fue tu lado mi altar? Pues, por tu gloriosa mira, Mi hiciste renacer, Olvidando los recuerdos De mi vida anterior.

Pero, algo a menudo, Dijo: «Tú, errante vas», Y sentí que peregrino Soy, de donde tú estás. Antes te llamaba Padre, Sin saber por qué lo fue, Mas la luz del evangelio Aclaróme el porqué ¿Hay en cielos padres solos? Niega la razón así. La verdad eterna muestra Madre hay también allí. Cuando yo me desvanezca, Cuando salga del mortal Padre, madre, ¿puedo veros En la corte celestial? Sí, después que ya acabe Cuanto haya que hacer Dadme vuestra santa venia Con vosotros a morar. (Himnos de Sión No. 208.)

Sería difícil encontrar muchos pasajes, aun entre las palabras de los profetas, que tenían más poder curativo que este himno.

Pensad en lo que sucedería en nuestra vida si cada uno de nosotros aprendiera de memoria un buen número de poemas de amor. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos tiene una sección de Poemas de fe y libertad.

El Señor dijo:

«Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre sus cabezas.» (Doctrina y Convenios 25:12.)

Yo tengo otras oraciones que me gusta repetir mentalmente al dirigirme al trabajo por las mañanas. He aquí una de ellas:

Oh Dios, te doy gracias
Por este mundo tuyo
Y su belleza, que al espíritu aviva.
Por el sol radiante y el aire y la luz.
Oh, Dios, te doy gracias por la vida.
Esta vida a ti yo la consagro,
Y cada aurora, Cuando veo el alba romper,
Plena de gozo por el nuevo día, 
De gratitud siento mi alma estremecer.
Un nuevo día que la ocasión me brinda
De plasmar en silencio una obra de amor,
Que crezca y Con el paso del tiempo rinda
La sagrada labor que glorifica a Dios.
(Autor desconocido)

Veo que los poetas han exaltado, además, otras cosas buenas; tenemos por ejemplo, las odas al trabajo honrado, al entusiasmo y al progreso.

Alguien ha dicho:

Tarde o temprano, la muerte llega a todo ser viviente de esta tierra; Y cada uno su vida dar quisiera Por causa que sea digna y valedera.
¿Podría el hombre dar su vida mejor, Que luego de enfrentar peligro y dolor Por honrar el nombre que de otro heredo Y sacrificarlo todo por su Dios?
(Adaptado de Lays of Ancient Rome, por Thomas B. Macaulay, Charles Schribner’s Sons, 1912.)

A medida que pasa el tiempo, quizás tengamos que enfrentar nuevas dificultades. A mí me gusta darme ánimo parafraseando un poema titulado «¡Sigue adelante!».

La cosa tal vez parezca mal, Mas, ¿quién el fin sabrá? Adelante, pues, y aún en tu vejez, De tu misión orgullo ten, Saluda a la vida con alegre faz,

Y dale toda tu fortaleza Pues para eso aquí estás. Pelea la buena batalla, perseverando hasta el fin,

Y si la muerte te avasalla Sea éste tu grito de guerra: ¡Adelante, mi alma, no cedas!

En esta ocasión quisiera dejar con cada uno de vosotros mi bendición y la expresión de mi afecto, valiéndome de las palabras de un antiguo poema irlandés que se usaba para sanar el alma y elevar la vida de los seres queridos:

Que el camino se despeje delante de ti, Y el viento sople sólo a tu espalda. Que el radiante sol ilumine tu rostro Y riegue la lluvia tus prados.

Que Dios te guarde ahora y siempre, Amparándote en el hueco de Su mano.

Que así sea siempre, lo ruego sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Botellas y libros

Devotional Speeches of the Year, Provo, UT: BYU Press, May 1, 1977

Botellas y libros

por el élder Sterling Welling Sill

Mis hermanos y hermanas, aprecio mucho esta oportunidad de estar con ustedes en esta maravillosa Universidad. Alguien ha dicho que una cosa no es sólo importante por sí mismo, sino que es aún mucho más importante por lo que representa; y el hecho de que ustedes este aquí en esta Universidad es un signo de que algo muy importante que va a suceder en su vida y en el mundo. Esta noche me gustaría decir algo que pudiera ser de algún beneficio y estímulo para ustedes. No sé si puedo hacer eso, pero les prometo que me gustaría.

Voy a tomar prestado un texto del profeta Amos, mientras hablaba de dos tipos particulares de hambre: uno era el hambre de pan y sed de agua, y el otro era un hambre de oír la palabra del Señor (Amós 8:11). Nuestra tierra con frecuencia ha sido devastada por esta hambre de pan, pero el hambre de oír la palabra del Señor puede ser aún peor y puede tener lugar en el medio de la mayor abundancia material.

La gente de nuestro mundo ha sufrido una gran cantidad de cada una de estos dos tipos de hambre. Recordemos que en los días de Elías, el Señor cerró los cielos para que no lloviera durante tres años y medio, y en nuestros días comenzamos a preocuparnos cuando las precipitaciones comienzan a caer debajo de lo normal. Por lo general, no estamos tan preocupados cuando nuestra apostasía de Dios o nuestra falta de estudio traen sobre nosotros hambre de oír la palabra del Señor. Y como base para mis observaciones, me gustaría decirle algo sobre dos de los grandes inventos del mundo destinados a ayudar a compensar estas dos plagas graves, cada una de las cuales ha causado tantos problemas en nuestra sociedad humana.

Si usted hubiera vivido en el año 1800 y hubiese sido dueño de un magnífico huerto de duraznos, melocotones ellos serían valiosos para su uso sólo durante la temporada de cosecha, ya que pronto se echarían a perder después de que tiempo de cosecha hubiese pasado. Sin embargo, en esa época el gobierno francés encargó a uno de sus más grandes científicos, un hombre con el nombre de Nicolás Appert, que inventara un proceso por el cual esta fruta pudiera ser preservada y usada en una fecha posterior. En el año 1809, el año en que Abraham Lincoln nació, Appert anunció al mundo su nuevo proceso de poner los alimentos en botellas y latas y calentándolo y sellarlo de modo que pudiera ser preservada y llevada más allá de la estación de crecimiento. La prensa anunció que Appert había logrado que las estaciones se detuvieran, que ahora se podría tener melocotones no sólo en septiembre, sino también en Navidad, o incluso diez años más tarde. Nuestra capacidad para conservar los alimentos perecederos ha hecho un gran esfuerzo para evitar esta hambre de pan, y esta sed de agua.

El otro invento que se llevó a cabo fue el desarrollo de la capacidad de poner las ideas en un papel para que pudieran ser transferidas de un siglo a otro y de un continente a otro. Sólo entonces la gente pudo utilizar las grandes ideas más allá del momento de su desarrollo. Esto también significo que, en la noche más oscura de la apostasía, hombres y mujeres podían leer los discursos de los profetas de nuestros primeros días y aliviar sus necesidades más urgentes de escuchar la palabra del Señor.

Una historia que ilustra la magia de la escritura se cuenta en relación con dos exploradores que estaban trabajando a varios cientos de millas de distancia en el continente de África. Uno de los exploradores quería enviar un mensaje al otro; y un nativo que conocía el camino y que accedió a llevar lo que quería enviar, el explorador hizo algunas marcas en un pedazo de papel con su pluma, dobló el papel hacia arriba, lo puso en un sobre y se lo dio al nativo. Después de algunas semanas en la selva el nativo llegó al campo del otro explorador y entregó el sobre. El explorador vio el mensaje y miraba las marcas en el papel; y sin haber hablado una palabra, el hombre a quien el mensaje fue entregado sabía dónde estaba su amigo explorador y cuáles eran sus problemas y necesidades. Él sabía sobre su estado de salud y varias otras cosas personales con sólo mirar las misteriosas marcas en el papel, lo que no significaba nada en absoluto para el nativo. Este milagro asombró al nativo que cayó sobre su rostro y adoró la escritura.

Y, junto con obedecer a Dios, aquellos de nosotros que estamos inclinados a adorar probablemente haríamos bien en aprender a obedecer las grandes ideas escritas por los hombres sabios para nuestro beneficio. Cada uno de nosotros debe tener en su poder una gran colección de estos documentos milagrosos. Podemos tener nuestros documentos religiosos, y los papeles que contienen nuestro trabajo; podemos tener algunos papeles de auto mejora, algunos papeles de patriotismo, papeles de lealtad, de inspiración, y algunos papeles de entretenimiento. Para nuestra conveniencia, estos papeles están en los libros. Así, podemos poner a disposición de nosotros mismos todos los mensajes que han sido pensados por las mentes más grandes en los siglos pasados, de todos los continentes, en cada tema concebible y tener un beneficio para nosotros. Luego, en caso de cualquier hambre mental, espiritual o emocional, podemos buscar los papeles apropiados en su lugar en la estantería y alimentarnos con el mensaje y su contenido para nuestro corazón.

Mi esposa ha hecho una amplia preparación contra el hambre de pan utilizando invención del señor Appert. En las temporadas de abundancia, ella ha guardado en los estantes botellas que contienen duraznos en conserva, cerezas, manzanas, peras, albaricoques, y todos los otros tipos necesarios de frutas y verduras suficientes para durar muchos meses.

Pero me da una emoción aún mayor cuando voy a la biblioteca y veo mis estantes cargados con papeles mágicos que contienen las mejores ideas y motivaciones para mantener mi salud mental, espiritual, social y emocional. Tengo los documentos escritos por el dedo de Dios cuando descendió sobre el Monte Sinaí en una nube de fuego, acompañado de los truenos y relámpagos de la montaña sagrada. Tengo los papeles de Jesús que dan cuenta de su ministerio de tres años entre los hijos de esta tierra, incluyendo el más grande de todos los discursos, el Sermón del Monte. Tengo muchos trabajos maravillosos de los profetas, poetas, dramaturgos, historiadores y capitanes de la industria, todos bien atados en los libros para ministrar eficazmente a todas mis necesidades culturales. Incluso tengo algunos de los papeles de los grandes músicos que contienen su música más inspiradora, lo que les llevó toda una vida para desarrollarse. Me da una gran carga de entusiasmo saber que en nuestra biblioteca familiar no sólo tenemos el suministro de grandes ideas de un año, sino que también estamos seguro para toda la vida contra cualquier intruso en nuestro éxito contra el hambre, hambre espiritual, el aburrimiento mental, o cualquier falta de cultura o la fe o el carácter que nos pueda acosar. Y aunque me gustaría que todos ustedes tuvieran suministro de alimentos para poner en botellas y protegerse contra el hambre de pan y la sed de agua, también me gustaría que tuvieran suministros contra la necesidad mental, la pobreza emocional, y los tiempos difíciles con esa vida de suministro mental y cultural que ha sido puesto en los libros para protegernos contra el hambre más grave que es la de escuchar la palabra del Señor.

Para ayudarles a motivarse en este sentido, me gustaría darle un poco de una charla de ventas para la preservación y el uso de grandes ideas y los grandes pensamientos de grandes hombres y mujeres, ya que se han puesto a nuestra disposición en sus papeles, donde pueden ser continuamente devorados por nosotros y al mismo  tiempo  permanecer  sin   menoscabo   de   nuestra biblioteca. Alguien ha dicho que «los libros están entre los bienes más preciosos de la vida. Son la más notables creación del hombre. Los monumentos caen, las civilizaciones perecen, pero los libros siguen. La lectura de un buen libro es, por así decirlo, una entrevista con los hombres más nobles de los siglos pasados que han escrito.»

Charles Kingsley dijo:

¡Excepto un hombre vivo no hay nada más maravilloso que un libro! un mensaje para nosotros de entre los muertos, de las almas humanas que nunca vimos, que vivían, tal vez, a miles de millas de distancia. Y, sin embargo éstos, en esas pequeñas hojas de papel, nos habla, nos despiertan, nos enseñan, consolarnos, abrir sus corazones a nosotros como hermanos.

Sin libros, Dios guarda silencio, la justicia está en estado latente, y la filosofía cojea.

John Milton dijo:

Los libros no son. . . cosas muertas, antes contienen una potencia de vida que los hace tan activos como el alma a cuya progenie pertenecen; o mejor dicho ellos preservan como en redoma la más pura extracción y eficacia de la inteligencia viviente que los engendra [Areopagitica]

En muchas ocasiones he escuchado al presidente David O. McKay referirse a Ralph Waldo Emerson como el pensador más grande que América ha producido nunca. Y lo que es una posibilidad emocionante es que se puede ejecutar a través de mi pequeño cerebro débil cada idea, la medida en que ha sido registrado, que se ha ejecutado alguna vez a través del cerebro del pensador más grande que América ha producido nunca. También pueden correr por mi mente los mayores estimulantes morales y culturales de los profetas, los hombres de Estado, los poetas, los dramaturgos y los filósofos.

Podemos vivir con Abraham; o podemos ir al monte de la transfiguración con Jesús y ver como se transfiguró y apareció en sus vestiduras resplandecientes hablando con Moisés y Elías delante de Pedro, Santiago y Juan. Podemos tener todas estas grandes experiencias del pasado.

William James, el gran psicólogo de Harvard, una vez hizo esta pregunta: «¿Cómo le gustaría crear su propia mente?» ¿Y no es eso exactamente lo que cada uno de nosotros hace? El profesor James dijo que la decisión está tomada de lo que se alimenta. Dijo que la mente, como la mano del tintorero, se colorea por lo que posee. Si tengo en mi mano un una esponja de tinte púrpura, mi mano se vuelve púrpura. Pero si tengo en mi mente grandes ideas de la justicia y la fe y la devoción a Dios, toda mi personalidad es en consecuencia de ese color.

La posesión más grande que tengo en el mundo se compone de veinticinco cuadernos ideales. Ellos son de ocho y medio por once pulgadas, son carpetas de hojas sueltas de tres anillos con cerca de trescientas páginas cada uno. Eso sería setenta y cinco por cientos de páginas de las ideas más valiosas que existen en el mundo, por lo que yo sé. Victor Hugo dijo una vez que la cosa más poderosa en el mundo es una idea cuyo momento ha llegado, y la hora de una idea viene cuando somos capaces de conseguir un arnés en él para que podamos conseguir que funcione para nosotros, haciendo las cosas que la mayoría de nosotros queremos que haga.

Sin embargo, no son del mismo interés todas las ideas. Algunas ideas son mejores que las demás, e incluso en la propia Biblia hay algunas ideas que no tienen un gran valor para mí. Por ejemplo, la otra noche volví a leer la instrucción de Moisés a los israelitas sobre cómo curar la lepra. Bueno, da la casualidad de que en este momento no estoy interesado en la lepra.

Leí otra idea acerca de Sedequías, que salió y mató a sesenta personas, y traté de averiguar todas las formas posibles en que podría utilizar esa habilidad para promover mi propio programa personal, pero no ha venido a mí ninguna respuesta. Así que no voy a pasar más tiempo con esa parte del éxito de Sedequías. Pero cuando en mi lectura llego a alguna pequeña pepita de una idea que da escalofríos arriba y abajo de mi espina dorsal y me da la ambición de hacer algo importante, yo tomo eso y lo pongo en mi banco de ideas.

Me gustaría informarle sobre una de las experiencias más rentables que he tenido en mi vida. En 1943, oí a Adam S. Bennion dar una charla sobre el valor de la gran literatura. Él intentó hacernos formar el hábito de evaluar y hacer algo acerca de familiarizarse con el gran pensamiento humano. Usted no puede vender la idea del valor de estar familiarizado con las grandes ideas a nadie, pero la mayoría de la gente pierde su parte del beneficio al decir: «No tengo tiempo para leer.» Tenemos tiempo para todo lo demás, pero no tenemos tiempo para leer; y, como consecuencia, estamos bastante olvidados cómo es leer con eficacia.

Pero el Dr. Bennion trató de darnos una ilustración alrededor de esta idea diciendo: «Supongamos que usted no tuviera nada más que hacer que leer» y para cuando estábamos llegando al final de la Segunda Guerra Mundial, dijo, «Supongamos que se haya prisionero en un campo de concentración japonés durante los próximos cuatro años, y supongamos que se le permitiera tener en el campo de concentración las obras completas de diez autores. ¿Qué habría que tomar, y qué habría que dejar? «Es un hecho bien conocido que las personas se ponen muy hambriento de las grandes ideas cuando se encuentran en un campo de concentración donde son deliberadamente privados de un buen material de lectura. A continuación, el Dr. Bennion nos dijo que autores hubiera escogido él y por qué.

En ese momento yo estaba dando una clase en el arte de vender, y bajo su estimulación decidí que me gustaría volver a leer la Biblia con la idea de aprender de ella el arte de vender. La Biblia es el primer libro del mundo de la religión, el primer libro del mundo del conocimiento, el primer libro del mundo de la poesía, el primer libro del mundo de la historia, y el primer libro del mundo del éxito de los negocios y el más fino manual de ventas del mundo.

La mejor manera que jamás se haya descubierto para ser un buen vendedor es ser un buen hombre. La mejor manera que jamás se haya descubierto para ser un buen abogado, o un buen marido, es sólo ser un gran ser humano. Sólo para tener estas grandes cualidades de carácter y personalidad que se habla en las escrituras sagradas y que el Señor siempre ha intentado que sus hijos desarrollen en sí mismos tiende a hacernos sano, rico y sabio. Por lo tanto, he decidido volver a leer la Biblia con la idea de aprender de ella su arte de vender.

Cuando se lee la Biblia para obtener su teología, es un libro bastante diferente que cuando lo lee para obtener su arte de vender. Cada vez que se lee la Biblia con un nuevo propósito, se convierte en un nuevo libro. Tuve una experiencia emocionante de lectura al leer la Biblia por su arte de vender, y traté de dominar los principios fundamentales de éxito dadas en la Biblia sobre la que se basa todo el éxito. Pero también hay algunas ventas con éxito de los métodos dados en la Biblia. Y me gustaría informarle sobre uno de ellos.

Cuando Moisés estaba a punto de comenzar la travesía a través del desierto con este gran grupo de esclavos egipcios, necesitaba a alguien que conociera el desierto para ir con  ellos  y  ser  su guía. Había un hombre con el nombre de Hobab que vivía en el borde del desierto. Moisés quería que fuera con ellos, pero Hobab no quería ir. Pero era el trabajo de Moisés tratar de persuadirlo para que fuera su guía en el desierto. Él se acercó a él y le dijo: «Ven con nosotros, y te haremos bien» Y Hobab dijo, «No iré».

Pero Moisés necesitaba a Hobab, y así lo intentó de nuevo. Y esta vez lo hizo mucho mejor. Él dijo, » Te ruego que no nos dejes, porque tú sabes dónde debemos acampar en el desierto y serás como ojos para nosotros». Y eso es una idea totalmente diferente. La primera vez Moisés dijo: «Ven con nosotros y te haremos bien». Es decir, dijo, «Ven con nosotros será bueno para ti asociarte con gente como nosotros.» A veces puede haber una buena idea, pero que no funciona muy bien. A veces tenemos ese tipo de enfoque en la Iglesia. Decimos: «Al llegar a la iglesia le irá bien». Es decir, «Será bueno para él asociarse con gente como nosotros.»

Entonces Moisés dijo a Hobab, «Mira Hobab, si tu nos dejas salir al desierto solo, es probable que nos perdamos y todos nosotros vamos a morir de hambre. Se tú, nuestros ojos en el desierto. Ven y muéstranos el camino. «A veces también hacemos ese tipo de enfoque en la Iglesia. Decimos «Ven y enseña esta clase; no tenemos a nadie que pueda hacerlo tan bien como sea posible.

«Este es el enfoque del servicio, y tiene un atractivo mucho más fuerte. Y antes de que Moisés hubiera terminado, Hobab tenía el sombrero puesto y estaba listo para ir (Números 10:29-33).

Tuve una experiencia emocionante al aprender el arte de vender de la Biblia, y he escrito bastante sobre este tema. Entonces decidí que me gustaría tomar a Shakespeare. Shakespeare está bastante cerca de la parte superior de la lista de la mayoría de los pueblos de los grandes autores, por lo que decidí leer cada palabra que escribió Shakespeare. Es decir, he decidido volver a pensar cada idea que Shakespeare pensó, y funcionar a través de mi cerebro con cada idea que pasó por su cerebro. Al comenzar, había muchas cosa que él escribió que no entendía y tuve que leer algunas cosas muchas veces. Decidí varias veces desistir de la idea, pero me había hecho una promesa y no me gusta decepcionarme a mí mismo. Así que me decidí volver y trabajar en ello un poco más; y, finalmente, las nubes comenzaron a desprenderse y un poco de la luz del sol comenzó a venir, y tuve una gran experiencia con Shakespeare al leer sus grandes discursos, sentí la fuerza de su motivación. Les voy a dar sólo una idea de Shakespeare.

Cuando Enrique V fue el rey de Inglaterra, Francia fue una de sus naciones sometidas, y Henry tuvo un pequeño problema con algunos de estos franceses. Por lo tanto, se llevó un ejército y navegó a través del Canal para poner a estos franceses en su lugar. Pero el trabajo era un poco más grande de lo que se esperaba. El principio del invierno cortó su retirada y se vieron obligados a pasar el invierno cerca de la pequeña localidad francesa de Agincourt. Fue un invierno pesado; Muchos de ellos murieron, y que no tenían suministros, y estaban en un territorio hostil. La próxima primavera, cuando podrían haber esperado avanzar en su camino, se encontraron rodeados por un gran ejército de 60.000 hombres bien entrenados, franceses bien alimentados, bien blindados, tenían la intención de aniquilar a los británicos y conseguir su libertad.

Ahora, ¿qué haría usted si se encontrara en una circunstancia como esa? ¿Qué se hace cuando las cosas se ponen un poco difícil, las clases se hacen más difíciles, las finanzas van a la baja? ¿Qué haces? Una cosa que puede hacer es dejar de fumar. Usted sólo puede renunciar a todo. Pero eso no es lo que hizo Henry. Él no era ese tipo de persona. Se dispuso a hablar con su pueblo, y podríamos decir que él les dio palabras de ánimo. Esto es lo que les dijo a sus soldados antes de la batalla de Agincourt. Esto es lo que dijo antes que la batalla estuviera punto de comenzar:

Una vez más en la brecha, queridos amigos, una vez más
. . . La explosión de la guerra sopla en nuestros oídos. . . [Acto 3, escena 1]
Los franceses son valientemente en su conjunto de la batalla,
y la voluntad con toda la carga de la conveniencia sobre nosotros
. . . . ‘Es una desventajas abrumadoras. . . Son cinco a uno; además, todos ellos están frescos. . .

Entonces él dijo:

¡Oh Dios de las  batallas! . . .  [Nunca  nos  encontremos  de nuevo] hasta que nos encontremos en el cielo. . .

Y luego dijo:

. . . Adelante,  adelante noble Inglés. . . Hay gargantas para ser cortadas  y  trabaja  por  hacer.  [Acto  3, escena1]

Ahora Henry no dijo: «Este va a ser un trabajo fácil.» Él dijo: «Probablemente ninguno de nosotros vivirá hasta el atardecer; nunca nos encontraremos de nuevo hasta que nos encontremos en el cielo Todas las cosas están listas si nuestras mentes lo están «Si nuestras mentes están listas, entonces no tenemos mucho más de que preocuparnos. A  veces no podemos hacer eso. He oído de un psiquiatra que le pidió a un paciente, «¿Alguna vez no ha tenido ningún problema al tomar una decisión?» Y el paciente dijo: «Bueno, sí y no.» No llegamos muy lejos con cualquier cosa cuando estamos entre un «sí y no». Ustedes, estudiantes, si quieren obtener buenas calificaciones, simplemente dispongan  su  mente  acerca  de ellos. Sólo hagan un programa y decidan que van a atenerse a él.

Después de su discurso, uno de los soldados backwardlooking de Henry se acercó a él y le dijo: «Tenemos más de un millón de ingleses a través del canal que duermen en la cama ahora mismo. ¿No sería maravilloso si los tuviéramos aquí para ayudarnos con estos sesenta mil franceses?»

Henry le dijo: «¡Eso sería diluir nuestro honor! ¡Si doce mil débiles, infantes enfermos pueden vencer a sesenta mil bien entrenados jinetes, bien blindados, que es el honor!» Indicó que si un millón de hombres debieran venir a través del canal para ayudarlos, él los enviaría de vuelta. Dio a sus soldados el espíritu de querer ganar la victoria con su propio poder.

Entonces dijo este soldado, «¡la voluntad de Dios! mi señor, solo tú y yo. Sin más ayuda, podríamos luchar esta batalla real: (acto 4, escena 3). Es decir, él dijo que los dos por sí solo podrían azotar a esos sesenta mil franceses. Puede que no sea un muy buen juicio, pero es valor, y eso es lo que la mayoría de nosotros necesitamos más que cualquier otra cosa.

Ocurrió que la batalla de Agincourt se libró el día de San Crispín. Crispín fue un mártir cristiano. Él era un zapatero que había dado su vida por la iglesia unos pocos cientos de años antes, y se celebra el día de San Crispín en su cumpleaños. Henry dijo a sus soldados:

Este día es la fiesta de Crispiniano: El que sobreviva a este día y vuelva sano a casa, se pondrá de puntillas cuando se nombre este día,  y  se  enorgullecerá  ante  el  nombre  de  Crispiniano.  El  que sobreviva a este día, y llegue a una edad avanzada, agasajará a sus vecinos en la víspera de la fiesta. Y dirá: ‘Mañana es San Crispiniano. [Acto 4, escena 3]

Me imagino que esos soldados británicos que combatieron en la batalla de Agincourt se sintieron muy agradecidos de que no se encontraban entre los desafortunados más pobres de Inglaterra que estaban dormidos en la cama y que fueron privados del privilegio de dar la vida por su país en esta famosa batalla. Cuando cualquier soldado o cualquier otra persona puedan aprender a pensar de esa manera, entonces no tendrá muchas dificultades para ganar la victoria.

Por cierto, los británicos ganaron la batalla de Agincourt. Es posible que hayan visto en las películas la forma en que clavaron estacas en el suelo para detener a los caballos, y luego los soldados de a pie detrás de sus arcos disparado flechas entre los franceses. Llegaron los franceses con armadura pesada, pero de todos modos, los ingleses ganaron la batalla de Agincourt.

Uno de mis  héroes  por muchos años fue el famoso escritor de deportes llamado Grantland Rice. Durante cincuenta años, Grantland Rice recorrió el país después de los grandes campeonatos de deporte para averiguar qué fue lo que hizo campeones a los hombres en el atletismo, y luego escribió setecientos poemas sobre ellos y como las virtudes de estos campeones podrían correr por el torrente sanguíneo de las personas al leer su columna. Una de estas explicaciones de la virtud que tituló «El valor»; en él, dijo:

Me gustaría pensar que puedo mirar a la muerte y sonreír y decir: Todo lo que me queda ahora es mi último aliento;. . . El alma que vaga en el que el polvo de estrellas fluye a través de la noche sin fin. Pero yo prefiero pensar que yo puedo mirar la vida con esto y decir:

Enviar lo que se quiera de la lucha o de la distensión, el cielo azul o gris, voy a estar en contra de la carga final de odio por el pico y el hoyo, y nada en el puño de acero revestido del destino me puede hacer dejar de fumar.

Es decir, que no estaba a punto  de  convertirse  en  una deserción. Grantland Rice no era un cobarde. Y puedo conseguir un arnés en su valor y hacer que haga el trabajo para mí.

Ernest Henley era un lisiado sin esperanza, cuando escribió «Invictus» y dijo:

Fuera de la noche que me cubre,
Negro como el hoyo de polo a polo,
Doy gracias a los dioses si existen
Por mi alma invicta.

En la garras de las circunstancias
No he llorado ni pestañado.
Bajo los golpes del destino
Mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
Yacen los horrores de la sombra,
Sin embargo, la amenaza de los años
Encuentra, y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,
Cuán cargada de castigos la sentencia,
Yo soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

Si alguno de ustedes está interesado en ir por encima de algunas muescas en la escala del éxito, obtener el espíritu de la siguiente idea en sus músculos y mantenerlo allí durante unas horas cada día. Alguien puso una habilidad en versos bajo el título de «El Champion» El dijo:

Las pruebas de velocidad promedio del corredor son hasta que el aliento en él se ha ido
Pero el campeón tiene la voluntad de hierro que le hace seguir adelante.
Para el corredor medio suplica cuando cojean sus músculos, pero el campeón con sus piernas de plomo; hace que su espíritu siga.
Complaciente es el hombre medio cuando ha hecho todo lo posible, pero el campeón hace lo mejor y luego hace un poco más. [Autor desconocido]

Si quieres ser un campeón, todo lo que tiene que hacer es seguir esta receta poética.

Entiendo que hay un buen número de misioneros en este grupo esta noche. Ustedes van a salir durante dos años al campo misional. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Hace muchos  años, el presidente Charles W. Eliot, de Harvard, recopiló las ideas más grandes que jamás se habían pensado en el mundo en una serie de volúmenes llamados los Clásicos de Harvard; Puedo pasar por ellos ahora, y seré el beneficiario de muchas vidas de trabajo. He leído muy lentamente y tal vez no muy comprensivamente, pero siempre leo con mi pluma y marco sólo aquellas ideas que son importantes para mí. Ahora bien, si usted piensa en las ideas del apóstol Pablo o Emerson o Shakespeare o de Jesús de Nazaret, su mente comenzará a responder como lo hicieron sus mentes.

En la primera toma de posesión del presidente Eisenhower él dijo: «Los grandes motores del mundo no son intelectuales, sino emocional.»    Es decir, cómo nos  sentimos  acerca de las cosas. Camino tres y medio millas al ir a trabajar cada mañana, que me da alrededor de una hora en la que no tengo nada que hacer; y si quiero construir mi espiritualidad o fe, consigo esas ideas y las ejecuto a través de mi cerebro. Permítanme darles un ejemplo:

Oh Dios, te doy gracias por cada
vista de belleza de tu mundo;
Por el cielo nublado y el aire y la luz.
Oh Dios, te doy gracias porque yo vivo.

Que la vida me consagro a ti,
Y cada vez que nace el día,
En las alas de alegría mi alma; huye
Doy las gracias a ti por otra mañana;
[Autor desconocido]

Me gustaría terminar con otro gran poema. John Gillespie Magee era un piloto de combate estadounidense de la Real Fuerza Aérea canadiense que fue derribado sobre Londres en la Batalla de Gran Bretaña en la primera parte de la Segunda Guerra Mundial. Antes de entrar en el servicio, John Gillespie Magee había hecho las cosas habituales que los jóvenes hacen a los diecisiete años de edad; y luego, después que su formación básica se había completado, sintió por primera vez en sus manos los controles de estos potentes motores capaces de emitir su oficio de aire a través del espacio a grandes velocidades. Al sentir la alegría que viene de hacer bien su parte del trabajo, escribió este gran poema titulado «High Flight», que ahora se encuentra en la Biblioteca del Congreso bajo el título de «Poemas de Fe y Libertad.» comparto con ustedes esta noche, ya que también están involucrados en un alto vuelo. John Gillespie dijo:

 

Oh! Me he soltado de los lazos opresores de la Tierra y he bailado por los cielos en las alas plateadas por la risa; he subido hacia el sol, y me unido con la alegría de las nubes divididas por los rayos del sol

Y he hecho miles de cosas que nunca antes hubiera soñado. Allá, en lo alto, en el silencio iluminado por el sol, me he remontado, he dado vueltas, y me he balanceado.

Rondando allá, he perseguido al ruidoso viento, y he lanzado mi ansiosa nave a través de los pasillos  infinitos del aíre.

Allá, arriba, arriba, del inmenso, delirante, e intenso azul, he sobrepasado con gracia y sin esfuerzo las cumbres solitarias, arrasadas por el viento donde nunca voló ni alondra ni águila.

Y mientras que, con mi mente elevada y en silencio, he andado por la inviolable santidad del espacio, he extendido mi mano, y he tocado la cara de Dios.

Ese es el propósito de nuestra vida, mis hermanos y hermanas. La mayor fortuna en la vida de cualquiera de ustedes es que cada uno de nosotros, en este edificio y fuera de este edificio, ha sido creado a la imagen de Dios; y ha sido dotado de un conjunto de atributos y potencialidades. El Señor mismo dijo;

«Vosotros son dioses; y todos vosotros hijos del Altísimo» (Salmo 82: 6)

Que el Señor os bendiga, mis hermanos y hermanas, a medida que avanzan hacia adelante, y tomen su parte en el trabajo del mundo o en la obra del Señor, su espíritu esté con vosotros para inspirar y dirigir todas las cosas que haga. Esto creo sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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Historias de éxito

Conference Report, octubre, 1975, Liahona febrero de 1976

Historias de éxito

por el élder Sterling Welling Sill

Como parte del programa para cada una de las reuniones de 1966 del liderazgo en relación con cada conferencia trimestral, se dieron dos casos de éxito de tres minutos. Una historia de éxito es un segmento de la experiencia de éxito que puede ser aislado en una sola persona y que puede tener un gran impacto en la vida de un gran número de otras personas.

Como una parte interesante de la personalidad humana, cada persona individual ha sido dotada por la creación con el instinto de un colector. Y como la ardilla recoge y almacena encima de las bellotas, así como coleccionar sellos y mariposas y monedas y acciones y bonos y pólizas de seguros y bienes inmuebles y cuentas bancarias. También recogemos las actitudes, habilidades, hábitos y rasgos de personalidad.

Pero desde 1966, he recogido setenta y dos casos de éxito. Estos son los segmentos de la experiencia de otra persona que he cincelado y pulido y pintado y memorizado y registrado para hacerlos inmediatamente y eternamente disponible para mí uso personal. Y en los doce minutos de su tiempo que se me han asignado a mí esta tarde, me gustaría hacerle un regalo de cuatro casos de éxito de tres minutos.

Historia de éxito número uno: Después del asesinato de Julio César, el mundo estaba dividido en dos campos grandes de guerra, uno dirigido por los conspiradores Bruto, y el otro dirigido por Octavio César y Marco Antonio, un amigo de Julio César. Durante la guerra larga y dura que siguió, Marco Antonio se distinguió como el mejor soldado en el mundo. Y podríamos preguntarnos: «¿Cómo lo hizo?» Si podemos descubrir los secretos de su éxito, podemos ponerlos a disposición de nuestro propio torrente sanguíneo de éxito.

Las siguientes son algunas de las pistas que se han dado de los logros de Marco Antonio. «Armado con su discurso convincente, el poder de su lógica, el valor de su liderazgo, y su propia autodisciplina, barrió todo lo que tenía por delante. Tomó sobre sí mismo las tareas más difíciles con el ánimo más maravilloso. Vivió durante semanas con una dieta de insectos y la corteza de los árboles. Y ganó la lealtad incuestionable de sus hombres, el aplauso de la gente, el apoyo de Octavio, y confianza en sí mismo».

Con la oposición de tal dedicación y habilidad, los generales enemigos uno por uno pronto comenzaron a caer fuera de  la lucha. Y cuando se ganó la guerra, Marco Antonio se quedó donde el gran Julio César se había alzado como el amo del mundo. Pero cuando había pasado la necesidad de la lucha, Marco Antonio se dedicó a la flojera y la pereza, representando algunas de las historias de fracasos más trágicas de la vida.

Marco Antonio se fue a Egipto, donde se enamoró de la reina hechicera, Cleopatra. Se convirtió en una víctima de la suavidad del lujo, la elegancia perfumada, y la inmoralidad de la corte egipcia. Su gran mente se nubló por el humo del vino, y se convirtió en lo que Plutarco llamó «un general con su caña de pescar.» Marco Antonio abandonó lo mejor de si mismo, perdió la lealtad de sus hombres, el aplauso de la  gente,  el  apoyo  de  Octavio,  y  su  propio respeto. Finalmente se envió una guardia de soldados para tomar a Marco Antonio en custodia y traerlo de vuelta a Roma en cadenas.

No se requería de un ejército ahora para superar a Marco Antonio. Sólo un puñado de los más malos soldados era todo lo que era necesario. Sin embargo, Marco Antonio evitó ser detenido y empujó un puñal en su propio corazón, y en su lecho de muerte le contó a Cleopatra que no había habido ningún poder en el mundo suficiente para derrocarlo, con excepción de su propio poder. El dijo: «Sólo Antonio pudo conquistar Antonio.» Y luego al contemplar la llegada de los soldados romanos y el pensamiento de la terrible desgracia que había traído sobre su país y la vergüenza y la humillación que le había causado a su familia, hizo su último discurso, que William Haines Lytle ha traducido en verso, en la que Antonio le dice a Cleopatra:

“No permitas que los subordinados
De César escarnezcan al león caído.
No fue soldado el que provocó su caída,
Sino él mismo quien el golpe se asestó.
Fue aquel que hoy reposa en tu regazo
Quien se alejó de la gloriosa luz,
El que embriagado en tus caricias,
Insano todo un mundo despreció.”

(“Antony and Cleopatra” The Best Loved Poems of the American People, Com. Hazel Felleman, 1936, pág. 203)

Marco Antonio había mantenido firmemente en sus manos el control de un mundo entero, y no había nadie en la tierra con el poder suficiente para quitárselo, excepto él mismo. Pero cada uno de nosotros tiene a su alcance un mundo que es mucho más significativo que el mundo que perteneció a Marco Antonio. No hay poder en el universo que puede interponerse entre nosotros y el reino celestial, sino nuestro propio poder. Sólo Antonio puede conquistar Antonio.

La segunda historia es de “The Pilgrim´s Progress” (El progreso del peregrino), de John Bunyan:

El nos hace el relato de un hombre que se pasó su vida entera rastrillando el tamo y el estiércol de la tierra. Sin embargo, había constantemente un ángel suspendido sobre su cabeza, con una corona celestial en la mano y le ofrecía cambiarle la corona por el rastrillo. Pero siendo que este hombre se había preparado sólo para dirigir la vista hacia abajo, pasó por alto la oportunidad que el ángel le brindaba y continuó rastrillando el tamo y la basura de la tierra.

También hay un ángel que está suspendido sobre nuestra cabeza, con una corona celestial en la mano y nos promete cambiarla por nuestro rastrillo si sólo dirigimos la vista hacia Dios con toda fe, rectitud y compresión. A la bestia se le dieron cuatro patas y por tal motivo su visión está limitada a la tierra; pero el hombre fue creado a la imagen de su Creador, de tal forma que pueda mirar hacia Dios.

La tercera anécdota tiene su origen en la mitología griega y es la historia de Pigmalión y Galatea:

Pigmalión era un escultor de Chipre y como todos los grandes artistas, amaba su trabajo. Entonces llegó el día en el cual creó su gran obra maestra; en inmortal marfil esculpió la estatua de una bellísima mujer y mostró la forma humana y los rasgos de su personalidad en toda su excelencia. Trabajó incansablemente, semana tras semana y mes tras mes, hasta que finalmente terminó la estatua. Fueron tan maravillosos la devoción y el amor que Pigmalión prodigó a su obra, que los dioses decretaron que la estatua tuviera poder para respirar, moverse y vivir. Y cuando la obra maestra descendió de su pedestal, Pigmalión la llamó Galatea y se casó con ella. Pero esto es mucho más que un simple mito.

La historia de Pigmalión es la historia de cada ser humano; porque Dios decretó que todo aquel que ame su obra, logrará que su obra tenga vida.

La cuarta anécdota se refiere al rey Ricardo Corazón de León, que gobernó Inglaterra durante la segunda parte del siglo XII.

Ricardo organizó una cruzada a la Tierra Santa para quitarles a los turcos el Santo Sepulcro. La expedición no tuvo éxito y Ricardo fue capturado y confinado a una prisión extranjera. Durante su ausencia, los traidores se posesionaron del gobierno, y cuando el rey logró escapar y regresar a Inglaterra, por razones de su personal fue necesario que se vistiera con ropa común y sin armadura.

Cuando regresó en secreto reunió a algunos de sus más fieles seguidores con la idea de que Inglaterra volviera a manos de sus legítimos gobernantes. Una de las primeras cosas que hizo después de formar este pequeño grupo, fue atacar el castillo de Torquilstone, que era la fortaleza del enemigo en la cual Ivanhoe, el fiel amigo y seguidor del rey, había sido herido y puesto en prisión. Cuando Ivanhoe escuchó los ruidos del asalto que se iniciaba afuera del castillo y siendo que estaba imposibilitado de levantarse del lecho por las heridas y la pérdida de sangre, pidió a su enfermera, Rebeca, que se parara cerca de la ventana y le explicara lo que estaba sucediendo. La primera cosa que deseaba saber era quien dirigía a los atacantes; con ese fin le pidió a Rebeca que le describiera la insignia o cualquier otra marca en la armadura del líder, pues así podría saber quién eran y qué esperanzas tenía de ser rescatado. Rebeca le informó que el líder peleaba con una armadura común y sin marcas y que no tenía insignias ni identificación alguna. Ivanhoe dijo: “Entonces dime cómo pelea y yo sabré quién es.” (Esto quiere decir que cada uno tiene un conjunto de rasgos tan característicos como sus huellas digitales y que la mejor clave para nuestra identificación es lo que hacemos.)

Cuando uno comienza a poner su corazón en lo que está haciendo, es entonces cuando se pueden producir los milagros.

Así fue que Rebeca trató de describir a este grandioso caballero que vestía una armadura negra mientras contendía y movía su potente espada con poderosos golpes, asaltando el castillo casi sin ayuda. Y éstas son algunas de las cosas que ella le describió: “Cae sobre él las piedras y vigas de las paredes del castillo, pero él las trata como si fueran plumas o pajas. Pelea como si tuviera la fuerza de veinte hombres en un solo brazo. Es peligroso pero aun así, magnífico, presenciar cómo el brazo y el corazón de un solo hombre pueden triunfar sobre cientos”. Supongo que el brazo de Ricardo no sería más fuerte que el de cualquiera de sus guerreros, pero no era de allí de dónde provenía su fortaleza. Rebeca había dicho: “El brazo y el corazón de un solo hombre.” Ricardo estaba peleando con su corazón, estaba luchando por su Patria; y cuando uno comienza a poner su corazón en lo que está haciendo, es entonces cuando se pueden producir los milagros.

Ivanhoe desconocía quien era ese hombre; aunque sabía que Ricardo peleaba de esa manera, y que nadie podía luchar como el rey, creía que éste todavía estaba prisionero en un calabozo.

Fue en esa ocasión cuando rindió tributo a un líder desconocido, pues era capaz de reconocer los rasgos que caracterizan a la grandeza.

Sus palabras fueron: “Juro por el honor de mi casa que soportaría diez años de cautiverio para luchar un solo día al lado de ese grandioso hombre, en una contienda como esta”. No podría haber para él una tortura mayor que el cautiverio, pero aun así declaró: “Con gusto languidecería diez años en un calabozo, por el privilegio de luchar bajo el estandarte de un hombre grandioso y por una causa justa”.

Nuestra causa es justa, es la más grandiosa que se haya conocido en el mundo; la única pregunta que podríamos hacernos es: “¿Cómo lucharemos?” Y nuestro Líder nos ha dicho:

Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.” (Doctrina y Convenios 4:2)

Ahora, como un bono especial, me gustaría darles un segundo testigo de una de las más grandes experiencias de éxito que tenga lugar en esta tierra en la que el primer profeta de nuestra dispensación ha dicho a todo el mundo;

«Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, este es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

«Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

«Que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.» (Doctrina y Convenios 76:22-24)

Que el Señor nos bendiga con una cantidad suficiente de su éxito para que podamos ser levantados con él en la gloria celeste. Por esto ruego sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Nacimiento

Ensign, mayo 1975.  Conference Report, abril, 1975

Nacimiento

por el élder Sterling Welling Sill

Mañana, 6 de abril de 1975, será el 145 aniversario del establecimiento de la Iglesia sobre la tierra en esta grande y definitiva de todas las dispensaciones. Por revelación directa se nos ha informado que mañana será también el 1975vo aniversario del nacimiento de Jesús en Belén de Judea.

Pero es también el tiempo de Pascua. El domingo pasado se conmemoró el aniversario de la iniciación en esta tierra de la resurrección universal. Esta es también época de primavera, cuando toda la naturaleza está siendo vuelta a despertar en una novedad de vida. Y pensé que, puesto que esta es una época de tantos nuevos comienzos me gustaría hablar con ustedes acerca de su nacimiento. Sin embargo, no me refiero al nacimiento de Jesús, ni la resurrección, ni el despertar de la naturaleza. Me refiero a su propio nacimiento y las grandes posibilidades que participan en nuestros propios despertares humanos.

Henry David Thoreau, un filósofo americano, una vez dijo que debemos dar gracias a Dios todos los días de nuestras vidas por el privilegio de haber nacido. Y luego pasó a especular sobre la suposición bastante singular de lo que podría haber sido si no hubiéramos nacido. Sólo suponga que no hubiese nacido o que nunca se hubiese tenido a sus padres o sus hermanos y hermanas o sus hijos o sus amigos. Basta pensar en toda la emoción y bendiciones que nos hubiéramos perdido como consecuencia. Pero lo que el señor Thoreau no puede haber sabido era que un tercio de todos los hijos de Dios nunca nació y nunca podrán nacer porque no lograron pasar los requisitos de su primer estado.

Recordamos a los espíritus no encarnados que se presentaron ante Jesús en su día que preferían los cuerpos de los cerdos en lugar de no tener un cuerpo en lo absoluto. (Mateo 8:28-32, Marcos 5:11-13) Y estoy muy seguro que nos arrastraríamos sobre nuestras manos y rodillas por la vida por esta gran oportunidad que en la actualidad tenemos.

William Wordsworth dijo que nuestro nacimiento es un sueño y un olvido. Hay una característica distintiva sobre el momento del nacimiento, ya que es un momento inconsciente; es decir, nadie se da cuenta de que mientras está naciendo ese evento está teniendo lugar realmente. A veces no descubrimos que hemos nacido hasta mucho tiempo después. A veces nunca nos damos cuenta que hemos nacido.

Oí a un hombre decir sobre su amigo, «Él no sabe que está vivo.» Es decir, que a veces no sabemos por qué hemos nacido. No sabemos de dónde venimos. No sabemos el propósito de la vida. Nosotros no tenemos ningún programa muy definido de lo que vamos a hacer con nuestro destino eterno.

El mayor logro de mi vida es haber sido aceptado y haber nacido, y estoy muy contento por eso. Simplemente no hay nada que yo preferiría más que haber nacido.

Después de un tiempo, descubrí que uno de los hechos más significativos sobre mi nacimiento era que había heredado dos personas muy agradables, mis padres. Fueron padres que estaban interesados en la enseñanza de los principios del Evangelio y que me ayudaron a que hiciera lo más posible en mi vida. Estoy eternamente agradecido por mis padres. Ellos eran bastante pobre económicamente y tuvimos un poco de problemas para llevarnos bien, pero a veces eso es bueno. Alguien ha dicho que uno de los inconvenientes más graves que cualquier persona puede tener en la vida es tener demasiadas ventajas. Una de las ventajas más destacadas de mi vida son mis padres. Y siempre pienso en mi madre cuando leo estas estimulantes líneas que dicen:

Es posible que tenga riquezas y bienes incalculables
Con cestas de joyas y cofres de oro
Pero más rico de lo que usted nunca será
Por que tenía una madre que me leía.

A medida que se acercaba el octavo aniversario de mi nacimiento, aprendí algo más acerca de haber nacido. Fui instruido por mis padres y por mis maestros de la Iglesia en la filosofía de Jesús de que un nacimiento no es suficiente, y que todo el mundo debe nacer dos veces.

Y así, el 27 de agosto de 1911, nací del agua y del espíritu exactamente en el sentido del gran mandamiento dado por el Salvador del mundo. Y salí en una nueva vida con un nuevo conjunto de posibilidades. Hubo manos sobre mi cabeza y se ofreció una oración en mi nombre para la recepción del Espíritu Santo, y fui confirmado por mi padre como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; y desde ese momento hasta el presente he tenido la dirección de esos grandes principios de justicia y la inspiración del Espíritu Santo para ayudarme a hacer de mi vida algo parecido a lo que el Señor quiere que yo haga de ella.

Desde entonces, he descubierto algunas otras cosas importantes acerca de nacer. Uno de ellos es que nadie se limita a simplemente dos nacimientos, y es que podemos nacer de nuevo tantas veces como se quiera. Y cada vez podemos nacer mejor.

En 1932, Walter Pitkin escribió un gran libro titulado La vida comienza a los cuarenta. Pero eso es ridículo. La vida comienza cuando comenzamos, y podemos empezar una vida nueva y mejor cada mañana.

Una vez alguien le preguntó Phillips Brooks cuando nació, y él dijo que fue un domingo por la tarde alrededor de las 3:30 cuando tenía 25 años de edad, justo después de que había terminado de leer un gran libro. Basta con pensar en cuántos emocionantes renacimientos podemos tener al estudiar las sagradas escrituras y como llenar nuestra mente con la palabra del Señor y obtener el espíritu de justicia en nuestros corazones.

Walter Malone nos dio una especie de fórmula poética para el renacimiento cuando dijo:

¿Eres tú una rueda loca? luego, te despertaras de tu hechizo; Eres tú, pecador, tu pecado puede ser perdonado. Todas las mañanas te da alas para huir del infierno. Cada noche una estrella para guiar tu alma al cielo.

Pero no sólo nos ha dado una estrella que nos guía al cielo, también se nos ha dado a cada uno los grandes principios del Evangelio. La Iglesia se ha establecido sobre la tierra en nuestra dispensación. Se nos ha dado un profeta «que nos guíe en estos últimos días.» Se nos ha dado el Espíritu de nuestro propio Padre Celestial para dirigir y nos inspiran. Y no menos importante, entre todos ellos, se nos ha dado los enormes recursos de nuestras propias almas. William Wordsworth dijo:

Tan solo un sueño y un olvido es el nacimiento;
el alma nuestra, la estrella de la vida,
en otra esfera ha sido constituida y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido,
ni de todas las cosas despojadas, pues al salir de Dios,
que fue nuestra morada,
con destellos celestiales se ha vestido

Y para inspirarnos para el viaje de regreso a la presencia de Dios, me gustaría compartir con ustedes algunas líneas estimulantes que fueron escritas hace varios años por un hombre joven con el nombre de John Gillespie Magee. John Gillespie Magee era un piloto de combate estadounidense de la Real Fuerza Aérea canadiense que fue derribado sobre Londres en la batalla por la Gran Bretaña en la primera parte de la Segunda Guerra Mundial.

Antes de entrar en el servicio, John Gillespie Magee había hecho las cosas habituales que a los 17 años de edad se hacen. A continuación, después que su formación básica se había completado, sintió por primera vez en sus manos los controles de los motores de gran potencia capaces de enviar un avión por el espacio a velocidades estupendas. Y luego sentir la alegría que viene de hacer bien su parte del trabajo, escribió su gran poema titulado «High Flight», que ahora se encuentra en la Biblioteca del Congreso bajo el título de Poemas de Fe y Libertad. Y comparto esto con ustedes ahora, porque también están involucrados en un «Alto vuelo.» ustedes se dedican al mayor «Alto Vuelo» de la fe y libertad que ha conocido el mundo.

John Gillespie Magee dijo:

Oh! Me he soltado de los lazos opresores de la tierra
Y bailado por los cielos en las alas plateadas por la risa;
He subido hacia el sol, y me he unido con la alegría de las nubes
Divididas por los rayos del sol

Y he hecho miles de cosa que nunca antes hubiera soñado
Allá en lo alto por el cielo iluminado por el sol,
Me he remontado, he dado vueltas, y me balanceado
Rondando allá, he perseguido al ruidoso viento y he lanzado
mi ansiosa nave a través de los pasillos infinitos del aire.

Allá, arriba, arriba del inmenso, delirante, he intenso azul,
He sobrepasado con gracia y sin esfuerzo las cumbres solitarias,
arrasadas por el viento, donde nunca voló ni alondra ni águila
Y, mientras que con mi mente elevada y en silencio,
he andado por la inviolable santidad del espacio,
extendiendo mi mano y he tocó el rostro de Dios

Y ese es el propósito de nuestra vida, que guardando sus mandamientos, lleguemos a ser linaje de Dios, incluso con nuestros padres eternos. La mayor fortuna de nuestra vida, mis hermanos y hermanas, es que hemos sido creados a su imagen y hemos sido dotados con un conjunto de atributos y sus potencialidades. Y si vivimos como deberíamos, entonces en algún futuro en la mañana de Pascua, podremos nacer de nuevo y vivir en su presencia con él en el reino celestial por toda la eternidad. Y eso puede ser así con cada uno de nosotros. Es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El tiempo de resolución de año nuevo

BYU Devotional, enero 7, 1975

El tiempo de resolución de año nuevo

por el élder Sterling Welling Sill


Espero que esa misma generosa introducción de su gran Presidente no siente las bases de una decepción  más adelante. Mientras decía algunas de esas cosas muy agradables, pensé en lo que el presidente Kimball dijo la otra noche acerca de un ministro que estaba conduciendo por la carretera un poco más rápido de lo que debería haber ido, él fue detenido por un oficial de tránsito. El ministro no quería ser arrestado, por lo que dijo, «Por favor oficial, no me arreste. Soy un pobre predicador. «El oficial dijo,» Sí, lo sé. Te he oído».

Lo más importante creo que me gustaría decirles hoy es que estoy muy agradecido de estar aquí con ustedes, y me gustaría felicitar a todos ustedes por su presencia. Alguien ha dicho que una cosa a veces no es tan importante por sí sola como lo es por lo que representa. El hecho de que todos ustedes estén aquí en esta gran Universidad asociados con y bajo la dirección de estos grandes maestros y ser inspirados y dirigidos por los demás es un signo de que algunas cosas muy importantes vendrá a su vida más adelante, en esta gran sociedad en la que vivimos, en este gran país al que va a servir, y en esta Iglesia a la que se han comprometido y prometido su lealtad.

Tenemos una costumbre muy interesante entre nosotros de reservar un  día  especial  en el que creemos acerca de cosas especiales. Dejamos de lado el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre, y en este día dejamos que nuestra mente trate de entender los fines para los que fue apartado este día. Apartamos el tercer domingo de junio como el Día del Padre por la misma razón.

Alguien ha dicho que la mente humana tiene algunas de las cualidades de los zarcillos de una parra; es decir, que tiende a adherirse y dibujarse con lo que se  pone  en  contacto  con ella. Entonces tenemos algunos otros grandes días en los que creemos acerca de otras ideas maravillosas. Tenemos el Memorial Day, la Pascua, el Día de los pioneros, y el Cuatro de Julio. Dejamos de lado el cuarto jueves de noviembre como Acción de Gracias. En este día intentamos construir gratitud y reconocimiento a nuestras vidas. Cicerón, el gran estadista romano, dijo que la gratitud es la madre de las virtudes; es decir, nuestras virtudes y nuestras habilidades y nuestras actitudes tienen los mismos padres de las otras cosas que hacemos. Cuando contamos nuestras bendiciones, las aumentamos.

Entonces dejamos de lado toda otra época del año, a partir del día de Acción de Gracias y termina en el Año Nuevo, en el que conmemoramos y pensamos y aprendemos del acontecimiento más grande que jamás se llevó a cabo en esta tierra, cuando el Hijo de Dios vino aquí para establecer su iglesia y para informarnos sobre las normas que deberían distinguir nuestras vidas. Durante este período decoramos nuestros   hogares,   configuramos   nuestros árboles de Navidad, y escuchamos villancicos. Oímos sermones de Navidad, y nosotros volvemos a contar las grandes tradiciones de la Navidad. Nos damos regalos unos a otros, y construimos una actitud de agradecimiento y aprecio y reverencia y adoración en nuestras vidas. No voy a hablar con ustedes acerca de eso. Eso ya es pasado. Pero me gustaría hablar con ustedes sobre el día importante que esta temporada de Navidad lleva. Me parece muy adecuado y natural que la Navidad debe seguirá a la Acción de Gracias y que hay un fundamento adecuado para la Navidad durante el período de Acción de Gracias. Entonces nuestra Navidad se ve reforzada como consecuencia.

Lo que me gustaría hablar con ustedes es acerca del importante período que llamamos el Año Nuevo. Este es un momento en que hacemos las resoluciones de Año Nuevo. Este es el momento en el que podríamos hacer algunas determinaciones acerca de las cosas que hemos estado pensando durante la Navidad. A veces después de un gran evento, cerramos nuestra mente y nos olvidamos de lo que hemos hecho. Es decir, después de la Navidad, embalamos nuestras cajas de adornos y oropeles. Los temas de Navidad se sacan de la radio, y volvemos a hacer las cosas  que  hicimos antes. Por supuesto, cuando lo hacemos, perdemos uno de los grandes valores de la Navidad. Cuando nos acostamos las ideas que hemos asociados con este alto punto durante el año, frecuentemente tenemos una recesión correspondiente en nuestras vidas. Alguien ha expresado lo contrario de esta idea en el verso cuando dijo:

Cuando el canto de los ángeles no se oye más
Y la estrella de Belén se ha ido fuera del cielo
cuando los reyes y los magos han regresado a sus hogares
y los pastores están de vuelta en el campo con sus rebaños,
es entonces el momento en que la verdadera obra de Navidad debe con impaciencia comenzar:
para difundir el mensaje cristiano, para levantar a los quebrantados de corazón;
para convertir a los incrédulos, para purificar el propósito nacional,
para romper las ataduras del pecado, y para exaltar el propósito de toda la humanidad.
el Nuevo año es el momento en el que debemos establecer en nuestro corazón
Esos grandes ideales que nos fueron dados por el Hijo de Dios para la temporada de Navidad.

El tiempo de Navidad pierde mucho de su propósito constructivo cuando embalamos nuestro oropel y nos olvidamos de él. Esta práctica nos recuerda a una de las grandes experiencias en la historia del mundo. Hace algún tiempo, mi esposa y yo leímos la historia de la reina Victoria, que era sólo una adolescente en 1837, cuando la corona de Inglaterra se colocó sobre su cabeza. Durante los siguientes sesenta y cuatro años, hasta su muerte en 1901, se dictaminó que esta era la nación más grande que ha habido nunca en la historia del mundo.

En 1897, el gran jubileo se llevó a cabo en honor de esta famosa reina cristiana. Se invitó a las coronas de todas las cortes de Europa, y a los grandes embajadores y los príncipes de las islas de lugares lejanos, a venir a Londres para la gran celebración de este jubileo de diamante.

En preparación para esta celebración, el London Times pidió a Rudyard Kipling escribir un poema de Jubileo; se recuerda que el resultado fue su famoso «Recessional.» A veces, la orquesta toca un canto de salida en el teatro cuando el público se va, o, a veces un canto de salida en la iglesia cuando el coro y el clero están dejando la capilla. A veces tenemos un canto de salida en nuestras vidas o en nuestros negocios. Y en su gran poema, el Sr. Kipling ora para que Inglaterra pueda evitar un canto de salida en sus altos estándares de vida y poder. En su poema, dijo:

Dios de nuestros padres, conocido en la Antiguedad
Señor de nuestra línea de batalla lejanos
Por debajo de cuya mano horrible
tenemos dominio sobre la palma y pino
Señor Dios de los ejércitos, estará con nosotros, sin embargo,
para que no olvidemos, para que no olvidemos!

El tumulto y los gritos mueren 
Los capitanes y los reyes salen sigue en pie
Tu antiguo Sacrificio, un humilde y contrito corazón.
El Señor Dios de los ejércitos, estará con nosotros,
sin embargo, para que no olvidemos, para que no olvidemos!

Lejos llamados nuestras marinas se derriten
en la duna y el promontorio se hunde en el fuego
He aquí, toda nuestra pompa de ayer
Es uno con Nínive y Tiro!
Juez de las naciones, nos libre, sin embargo,
que no olvidemos, para que no olvidemos!

Si se consumen con la vista de la energía,
perdemos lenguas salvajes que no tienen en Ti
que intimida  Tal jactancia, como los gentiles uso
o razas menores sin la Ley
El Señor Dios de los ejércitos, estará con nosotros,
sin embargo, para que no olvidemos, para que no olvidemos!

Porque el corazón de la gentes que
pone su confianza en el hierro y el casco
Todo el polvo valiente que se basa en el polvo,
Y guardando no te llama para guardar 
para presumir frenético y tonta palabra,
tu piedad de tu pueblo, Señor!

Al tratar de advertir a la gente contra una recesión, el Sr. Kipling regresó y volvió a vivir este período de recesión entre algunas de las naciones antiguas. Él sabía lo que sucedió cuando la gente se olvidó de Dios y trajeron una recesión moral de alcance nacional.

Durante el largo reinado de la reina Victoria y el período en que Inglaterra se convirtió en la gran nación que gobernaba sobre una cuarta parte de toda la superficie de la tierra, las armadas de Gran Bretaña controlaban los siete mares y su gran comercio dominaba el comercio en todo el mundo. El sol nunca se ponía sobre el Imperio británico. Cuando se le preguntó a la reina Victoria cuál era el secreto de la grandeza británica, ella siempre puso su mano sobre la Biblia y dijo: «Inglaterra es la tierra del libro. Inglaterra vive por los principios del Evangelio que han llegado hasta nosotros en este gran registro bíblico. «Esta reverencia de las cosas de Dios es lo que, en mi opinión, más que cualquier otra cosa, controla el éxito de nuestras vidas.

Llegamos ahora a este importante período de enero de este momento de un nuevo comienzo. Recordamos el hecho interesante de aquel mes de enero que fue nombrado en honor de Jano, el antiguo dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales. Janus tenía una particularidad interesante; tenía  dos caras. Con una cara se veía de nuevo en el año pasado para descubrir sus propios errores y sus propios éxitos. A continuación, a través de la otra cara se alza la vista hacia el futuro para hacer planes para un nuevo año y para poner estos grandes ideales en funcionamiento que se había formado durante el año pasado.

Supongo que esto también es lo que Charles Dickens tuvo en cuenta en su relato «Un cuento de Navidad.» Esta historia es probablemente la más famosa historia de la  Navidad  no  escritural  que tenemos. Cada año vemos que una media docena de veces. En la historia, el Espíritu de Navidad Scrooge lo lleva de vuelta a su pasado y le permite volver a vivir sus primeras experiencias antes de que él hubiese ganado esos problemas que finalmente le causaron problemas. Después de que él había aprendido lo suficientemente las lecciones del pasado, el Espíritu de Navidad le hizo ir al futuro, donde habrían Navidades y donde las cosas todavía estaban sujetas a cambios, para ver algunas de las cosas que pueden tener lugar si no se hizo lo correcto. Entonces Scrooge le suplicó al Espíritu de Navidad que le permitiera cambiar algunas de las condiciones de su vida, y después de que estos cambios se habían hecho, se le trajo de vuelta al presente, él dijo, «yo no soy el hombre que era.»

Esta es también la filosofía, supongo, que HG Wells considero cuando   escribió   su   famosa   historia  La   máquina    del tiempo. ¿Recuerdan había una máquina en la que el señor Wells podía entrar y empujar una palanca, y volver al pasado en la historia del mundo tan atrás como le quisiera ir? Y porque era un historiador, le gustaba ir hacia atrás y verificar, por si mismo, la batalla de Hastings y otros eventos que le interesaban. Cuando terminó sus exploraciones en el pasado, impulsó la palanca del otro lado y fue hacia el futuro y prever lo que estaba por venir. Podía ir donde el tiempo todavía no había tenido lugar y se encargaría de aquellas cosas que le gustaría que se produjeran en su propia vida.

Ahora, Dios tiene esa capacidad de viajar en el tiempo, algunos de los  cuales  se  ha  dado a los profetas, así como a nosotros. Recordemos que a Abraham se le permitió regresar y revivir la preexistencia. El dijo:

«Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas estas había muchas de las nobles y grandes.» (Abraham 3:22)

El Señor también puso a Juan el Revelador en una máquina del tiempo y lo envió hacia el futuro para ver el juicio final.

Se nos ha dado esa misma habilidad en nuestros sueños y la imaginación. En un gran libro del presidente McKay Ideales del Evangelio, el dijo: «Anoche soñé con mi madre.» Luego dijo: «Me gustaría soñar con mi madre con más frecuencia». Es decir, en su sueño regresó y volvió a vivir aquellos eventos importantes que tuvieron lugar en las rodillas de su madre cuando se enteró de las lecciones de la vida que lo llevaron a su lugar final. El presidente McKay no aprendió a ser Presidente de la Iglesia cuando tenía noventa o setenta o sesenta. El aprendió esas lecciones cuando tenía cinco, diez y quince años. Y luego, en su sueño regresó y volvió a vivir esa experiencia importante para que pudiera reabsorber el bien original. Cuando se había despertado a la mañana siguiente, a pesar de que ahora su madre se había ido muchos años atrás, era como si en realidad hubiese tenido esa experiencia con su madre durante la noche.

Pero nadie tiene que estar dormido para soñar, y con igual beneficio se puede volver atrás  y revivir nuestros votos matrimoniales. Podemos  revivir  y  revitalizar  los  convenios  que hemos hecho en las aguas del bautismo cuando prometimos a Dios que  seriamos  fieles. Podemos  volver  atrás  y  revivir  todas  esas fuentes en el pasado a partir del cual podemos recuperar la fuerza y la  ambición,  y  podemos  rehacer  nuestras  decisiones  acerca  de ellos. O podemos empujar la palanca en la otra dirección y prever el futuro.

Tengo un pariente que, cuando lee una novela, siempre lee el último capítulo primero. Ella quiere saber antes de que comience en que va a terminar. Esa es una idea bastante buena para la vida.

También podemos revivir nuestros votos matrimoniales y determinar de antemano el tipo de personas que nos gustaría ser cuando llegue la gran ocasión. Esto es mucho mejor que tener que enfrentarse a las presiones del momento en que se presenta la ocasión antes de casarse. Es decir, con el fin de alcanzar el objetivo para el cual no estamos preparados, obtenemos en términos muy amigables con el obispo, una recomendación. Sin embargo, después de que el objetivo se ha logrado, a veces caemos de nuevo en nuestra mediocridad del pasado porque no estamos preparados. A veces incluso ir a la universidad o ir a una misión o hacer alguna otra gran cosa, porque nos falta la determinación necesaria.

El otro día oí una historia que creo debería estar en la Biblia. Una joven madre fue llamada para hablar de algunas de las cosas que habían sucedido en su vida que la prepararon para las responsabilidades de su futuro hogar. Habló del tiempo antes de estar casada cuando asistió a su ceremonia de graduación, y el orador habló a los estudiantes sobre el hecho de que se enfrentarían a las grandes oportunidades del futuro. Señaló algunas de las decisiones que tendrían que tomar en su vida, que algunos de los estudiantes buscarían un empleo, y que esperaba que todos ellos se casaran. Habló de esta idea de mirar hacia el futuro y hacer algunos compromisos definitivos para aquellos valores que pronto se convertirían en una parte de sus vidas.

Debido a que esta futura madre estaba impresionada con el orador, y porque ella había pensado en estas cosas, se dio cuenta de que en algún lugar había un hombre que con el tiempo se convertiría en su marido. En su mente se preguntó cómo era él y tenía curiosidad acerca de la clase de marido que demostraría ser. Porque entendía la vida premortal, sabía que sus hijos estaban también en el mundo de los espíritus. Su madre había tenido seis hijos, y ella había crecido con la idea de que eso sería un tamaño aceptable para su familia. Ella sabía que ahora caminaba por la vista y que iban a ser conscientes del hecho de que se estaba preparando para ser madre.

Ella sabía que sus hijos estarían muy preocupados por ella y que querrían venir a esta vida a través de ella en las mejores circunstancias y no en las peores. Así que después de pensarlo, decidió sentarse a ellos escribir una carta. Ellos no nacerían en un buen número de años, pero ella estaba mirando hacia adelante a lo que en última instancia llevaría a cabo y les escribió una especie de informe sobre la marcha de su futura madre.

Ella les escribió acerca de la ceremonia a la que había asistido y que había terminado su trabajo escolar y que se había graduado con altos honores y estaba contento de eso. En su carta que les dijo: «Nunca he hecho nada en mi vida que le haría avergonzarse de reconocerme como su madre, y yo les prometo en este momento, mientras busco a su padre, que nunca voy a aceptar a cualquier persona para ese cargo que no sea el tipo de hombre que nos de una buena vida y nos lleve al templo y quiera tener una familia unida, que agrade al Señor.»

Más tarde, cuando conoció a su marido y le preguntó si aceptaba casarse con él, ella le explicó que ella había hecho algunos compromisos con otras personas. Ella habló de estos miembros de la familia cuya madre ella iba a ser. Este hombre quedo encantado de que ella tuviera una visión tan extraordinaria para el bienestar de los niños que también iban a ser suyos.

Se casaron en el templo bajo las mejores circunstancias. Cuando terminó su charla, leyó extractos de algunas de estas cartas que había escrito a sus hijos premortales muchos años antes. Luego les pidió a su marido y a sus hijos que se pusieran de pie y se los presentó a la audiencia. Y su programa sería una buena resolución de año nuevo para muchas personas finas.

Pero para todos nosotros, este mes de enero es un mes cuando miramos hacia arriba en el nuevo año y también planeamos una vida más eficaz. Podemos prever nuestros matrimonios. Podemos prever nuestras muertes. Supongamos que pensamos de vez en cuando en la clase de gente que nos gustaría ser en una ocasión futura muy especialmente de nuestro matrimonio, cuando nos ponemos de pie en  la  casa  del  Señor  que  se  ha  dedicado  para  sus  propósitos sagrados y tomamos a alguna persona muy especial de la mano derecha y él o ella promete que a lo largo de nuestras vidas vamos a ser fieles.

Es muy importante que el Señor este con nosotros, sin embargo, no olvidemos las promesas que le hemos hecho a él. Desde la época de la reina Victoria, la gran nación británica, descartando la mayor parte de la zona de las palmas en el sur de los pinos en el norte, ha perdido gran parte de su territorio. Y muchas de las personas que han perdido gran parte de su fe tradicional en la que vivieron por el libro sagrado. Sólo el tiempo en que Inglaterra vivió por el libro sagrado, hizo que siguiera siendo la más grande nación del mundo. Es interesante para nosotros que incluso todavía Inglaterra y sus naciones de retoño son los únicos países que han hecho de esta gran idea de la democracia y la libertad de empresa de trabajo a gran escala durante un largo período de tiempo. Pero el centro de gravedad religiosa ha pasado ahora a los Estados Unidos, y América se ha convertido en la tierra de la Reserva.

Si se lee en el Libro de Mormón la visión que se le dio al profeta Nefi, se verá que se le permitió ver nuestro tiempo y como se estaba formando esta gran nación en el hemisferio occidental. El ángel le indicó a Nefi que estas personas llevaban consigo un libro mientras ellos salían de la cautividad. El ángel dijo:

«¿Sabes tú el significado del libro?» Nefi dijo: «No lo sé.»

Entonces el ángel le explicó que este libro era el gran registro de la Biblia que fue llevado por estas personas, que llegaron a nuestras costas. (1 Nefi 13: 21-23)

Como la «tierra del libro,» vendemos más Biblias en los Estados Unidos que en el resto del mundo junto. Hacemos más por tratar de ayudar a otras personas. Este es el lugar donde el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado. Este es el centro de  la educación. Este es el centro de la invención. Este es el lugar de donde el Evangelio del Señor va a salir por toda la tierra. Esta es la razón por la que ustedes están en esta gran Universidad: para prepararse para servir a la Iglesia, y para servir a su familia, y para servir a esta gran nación, y para servir a Dios y servir a sus propios intereses. A cada uno de nosotros se le permitió venir a esta tierra con la esperanza de que pudiera calificar para el reino celestial. Si sólo estamos interesados en el terrestre o los reinos telestiales, no es necesario ser bautizado. No es necesario llegar a la Universidad Brigham Young, si usted  está  interesado  sólo  en  el  reino telestial. Usted puede entrar en el reino telestial sin ningún tipo de educación. Si usted está interesado sólo en el reino telestial, no es necesario casarse en el templo, porque si usted califica sólo para el reino telestial no tendrá a sus familias de todos modos.

Una de las ideas más grandes que hay en el mundo para nosotros es que debemos ser la «tierra del libro.» Nuestras vidas deben ser vidas modeladas y guardar los grandes mandamientos e instrucciones que se nos han dado en la Biblia y en el los otros libros de escritura que se han escrito para que nos ayuden. Esta capacidad de prever el futuro incluye la oportunidad de prever nuestra vida eterna. No sé exactamente lo que sería si en algún momento descubrimos que nos hemos convertido en personas telestiales. Yo sé que sería algo menos fino, menos glorioso, menos satisfactorio. Sería estar tan por debajo de lo celestial como el parpadeo de una pequeña estrella está por debajo del resplandor del sol del mediodía.

Alguien dijo que el acontecimiento más importante en la vida es la muerte. Ese es el día de la graduación. La muerte es nuestra única entrada posible a la inmortalidad. La última hora de la vida es la hora clave. Esa es la hora que juzga todas las otras horas. Nadie puede juzgar la vida de nadie hasta su última hora. Es decir, no se puede escribir la historia de la vida de Jesús de Nazaret o de Judas Iscariote sin saber acerca de lo que hizo en su última hora. Pero supongamos que puede prever su última hora y averiguar qué clase de persona le gusta estar ser ese momento.

Me gustaría contar la historia de dos hombres que vivían una recesión en su última hora. La primera de ellas es la vieja historia legendaria de Fausto. Pueden recordar que el Dr. John Fausto murió en Wittenberg, Alemania, en el año 1540. Veinticuatro años antes de su muerte, Fausto había llegado a un acuerdo en el que vendió su alma a Satanás. Él dijo a Satanás: «Si me ayudas, a castigar a mis enemigos y ayudar a mis amigos, al final de veinticuatro años, yo te entregaré mi alma para siempre.» Ahora esto era una gran idea porque veinticuatro años era mucho tiempo. Le parecía a Fausto que ese tiempo nunca se agotaría. Veinticuatro años era más de lo que Fausto había vivido en toda su vida hasta ese momento. Pero, ¿qué diferencia habría de todos modos en lo que sucedería después de veinticuatro años? Acaso no es una ilusión óptica desde nuestro punto de vista el meternos en dificultades, y que todo aquello que está cerca nos parezca grande e impresionante y todo lo que está a la distancia nos parece pequeño y de poca importancia.

Este fue el problema de Esaú. Esaú llegó a casa una noche y le dijo a «Jacob, si me das tu plato de lentejas, te daré mi primogenitura.» Ahora, para alguien que acababa de tener una buena cena, eso no parece algo muy inteligente. Pero Esaú tenía hambre. Supongo que pensó: «¿Qué más da lo que sucede dentro de diez años? ¿De qué sirve mi primogenitura cuando tengo hambre ahora  mismo? (Génesis  25:  29-34).  Cometemos  el  mismo  error  todos   los días. Todos los días cada uno de nosotros de alguna manera intercambia algún derecho de nacimiento por un plato de lentejas.

Fausto también cometió este gran error. Pero Satanás, con su percepción más perfecta, dijo: «Voy a esperar a Fausto mientras viva,  y  él  comprará  mi  servicio  con  su  alma.»  Entonces  los veinticuatro años comenzaron y Fausto tuvo todas las experiencias buenas y malas. Sin embargo, antes de que él fuera consciente, se le dijo a Fausto, lo que se nos dirá a cada uno de nosotros, «ha llegado tu hora.» Nunca había hecho ningún intento de prever el futuro o tomar resoluciones de año nuevo, y ahora que había llegado la realidad, se dio cuenta por primera vez de lo mal que se había engañado a sí mismo. Y entonces él deseo que la negociación pudiese dejarse de lado. Pero eso no era posible. Después rezó y dijo, «Oh, Dios, si no podrías tener piedad de mi alma, al menos conceder un fin a mi dolor incesante. Fausto viviría en el infierno más de mil años y hasta cien mil, pero al final sería salvo.» Pero sabía que, según su propio negocio, incluso esto nunca podría ser. Luego se sentó y observó como el reloj marcaba los segundos. Por último, justo antes de que llegara la hora, las últimas palabras de Fausto antes de morir fueron «Fausto se ha ido al infierno.»

Si Fausto hubiese vivido su última hora primero tratando de entender qué clase de persona le gustaría ser y qué tipo de vida le hubiese gustado tener, entonces él nunca habría cometido esos graves errores que lo llevaron a ese lugar desagradable.

La otra historia es historia del gran cardenal Wolsey en la obra de Shakespeare Enrique VIII. Es posible que recuerden que  el cardenal era un hombre muy rico. Él tenía un gran poder, pero en el final de su camino, se encontró que había hecho el mal, y en su última hora fue descubierto, desacreditado, y desechado. Su propiedad había sido confiscada por el Estado, sus ropas habían sido retiradas por la iglesia, y en el humilde lugar donde iba a morir, dijo sustancialmente lo siguiente:

La última hora de mi larga y fatigosa vida ha llegado a mí. No he hecho bien y que Dios tenga piedad de mi alma. Despedida, un largo adiós a toda mi grandeza. Este es el estado del hombre. Hoy ha sacado las hojas tiernas de la esperanza, flores de mañana y lleva sus honores de ruborización de espesor sobre él. El tercer día llega la escarcha, la helada de la matanza, y luego cae como yo, que nunca a la esperanza de nuevo. Me he aventurado muchos veranos en un mar de gloria mucho más allá de mi profundidad. He sondeado todas las profundidades y bancos de honor. Pero he perdido el camino. Mi gran orgullo soplado al fin rompió debajo de mí y me dejó cansado y envejecido en el servicio a la merced de la corriente grosero.

Luego dijo a su criado, el único que no lo había abandonado:

Oh, Cromwell, Cromwell, yo te mando, arrojar lejos ambición. Por ese pecado cayeron los ángeles. La corrupción no gana más de honestidad. Se acaba y el miedo no, que todos los extremos tú aimest a ser de tu tierra, de tu Dios y la verdad de. Entonces, si mueres, mueres beato mártir.

Entonces el dijo:

Oh Cromwell, Cromwell! De haber servido a mi Dios con sólo la mitad de celo que he puesto en servir a mi rey, no me hubiera entregado éste, a mi vejez, desnudo, al furor de mis enemigos

Si el gran cardenal hubiese previsto su vida, si hubiera pensado un poco y con algo de determinación de la clase de persona que le hubiera gustaría ser, no sólo de forma temporal, sino a lo largo de su vida, entonces nunca habría llegado a este lugar desastroso que fue su fin.

Por lo tanto, en esta ocasión, me gustaría recordarles una vez más de este período del año nuevo, cuando no hay que olvidar las lecciones que hemos aprendido en el año anterior. No debemos olvidar el mes de enero con la autoridad de Jano que tenía de las puertas y los comienzos. Esta es la única vez de cada año cuando miramos hacia atrás en el pasado y luego empezamos de nuevo con un nuevo comienzo con la portería en cero. Este último año en que nos hemos visto sumergido en varios tipos de recesiones que han sido más impresionantes, no debemos dejar que las recesiones no nos permitan tener una bodega en nuestras vidas.

Que el Señor los bendiga, mis jóvenes hermanos y hermanas, a medida que continúen con esta experiencia emocionante a la que van a ser sometido en esta gran Universidad. No sé de ningún lugar en el mundo que sea un mejor lugar para participar del Espíritu del Señor y el espíritu de esta gran facultad dirigida por este maravilloso presidente de la Universidad.

Que Dios nos ayude a cada uno de nosotros, a tener éxito. Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Transfusión

Conferencia General Octubre 1974

Transfusión

Sterling W. Sill

por el élder Sterling W. Sill
Asistente del Consejo de los Doce


Hace algunos años, un amigo me llamó por teléfono y me pidió que fuera al hospital para darle una transfusión de sangre. Mientras yacía allí observando cómo la sangre salía de mi brazo, le pregunté a la enfermera cuántas transfusiones de sangre podía dar sin riesgo en el transcurso de un año, y ella me dijo que estaría bien si diera cuatro. Es decir, si fuera necesario, podría salvar la vida de cuatro personas cada año mediante una transfusión de mi sangre.

Unos años más tarde, me encontré en el otro extremo de este gran milagro de la transfusión. Durante y después de una cirugía importante, recibí nueve transfusiones de sangre, en las cuales se cambió la mayor parte de mi suministro total de sangre. Una tarde, cuando el interno no estaba muy ocupado, calculó para mí que, en este proceso, había recibido 27 mil millones de glóbulos blancos, y mientras describía su función, pensé en estos 27 mil millones de pequeños “médicos” vestidos con uniformes blancos, recorriendo mi sistema, matando enfermedades y combatiendo infecciones que de otro modo podrían haber terminado con mi vida. Pero, además de eso, me indicó que también había recibido 18 billones de glóbulos rojos. Estos eran los pequeños ingenieros que transportaban oxígeno y nutrientes a cada rincón de mi cuerpo para mantenerme en funcionamiento. Y todo esto llegó solo por los pocos dólares que había depositado previamente en el banco de sangre. (Por cierto, le pregunté al interno si podría calcular cuánto dinero estaba pagando por cada corpúsculo, pero pensó que ese problema sería un poco complicado.)

Desde entonces, he pensado mucho en las personas maravillosas que he conocido en el camino de la vida y que me han dado otro tipo de transfusión. He recibido transfusiones de fe, transfusiones de valor, transfusiones de trabajo arduo. De hecho, si me quitaran todo lo que en justicia pertenecía a otra persona, no quedaría mucho de mí. Seguir leyendo

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Sus cuatro grandes días

BYU  Devotional  Tuesday, enero 29, 1974

Sus cuatro grandes días

por el élder Sterling Welling Sill

A medida que su gran Presidente y mi buen amigo estaba diciendo algunas de esas cosas muy agradables, pensé en un hombre que una vez dijo a su esposa: «¿Cuántos hombres realmente grandes crees que hay en el mundo?»

Ella dijo: «No sé. Pero estoy segura de esto: que hay un menor que le parece que es.»

George Bernard Shaw dijo que nunca hizo discursos para él. Hizo discursos para presentaciones. Ahora, no estoy seguro de qué tipo de discurso estoy a punto de dar, pero creo que la introducción bien vale la pena mi venida aquí.

Como he estado sentado aquí mirando hacia sus caras, he pensado en algo que probablemente la mayoría de ustedes no creen, y es que hace cincuenta años yo era tan joven como algunos de ustedes lo son. Me gustaría asustarles un poco, y si me gustaría asustarlos un poco, les sugeriría que si usted vive en los próximos cincuenta años, algunos de ustedes serán tan viejo como yo. Pero lo que me gustaría decirles a ustedes hoy implica lo que va a suceder en sus vidas entre esos dos períodos importantes.

Mientras estoy hablando de mi edad, me gustaría recordar que cuando nací, los hermanos Wright aún no habían hecho su famoso sexagésimo segundo vuelo de Kill Devil Hill, en Kitty Hawk, Carolina del Norte. En aquellos días, sustancialmente, no había automóviles o teléfonos o radios o bombas atómicas o un gran número de otras cosas que componen nuestro mundo actual. Y entonces me gustaría señalarle en la otra dirección y ver qué clase de mundo es el que vamos a tener en un par de pocos años a partir de ahora y cómo pueden prepararse mejor.

Antes de que deje el tema de mi vejez, me gustaría contarles una historia que oí del hermano Hugh B. Brown hace algún tiempo. Su nieta le había dicho, «¿abuelo, estabas en el arca?»

El hermano Brown respondió: «No, por supuesto que no estaba en el arca.»

Y ella dijo: «Bueno, entonces, ¿por qué no estas ahogado?»

Esta mañana me gustaría hablar con ustedes de algunas de las experiencias de la vida que se podría esperar que se podría esperar que fueran los cuatro días más importantes en su vida. Alguien dijo que los cuatro días más importantes de su vida son los siguientes: número uno es el día en que se nace; número dos es el día que está casado; número tres es el día en que selecciona el trabajo de su vida; y el número cuatro es el día de su muerte.

El día que nace

Me gustaría involucrarme personalmente en cada una de ellos a medida que avanzamos. El logro más importante en mi vida  es haber nacido. Estoy simplemente muy contento por eso, y mi placer aumenta un poco cada año a medida que avanzo. Una de las cosas más importantes sobre el momento del nacimiento es que es un momento inconsciente. Nadie sabe el momento en que está naciendo y que este importante evento está ocurriendo realmente. Y a veces no encontramos a cabo hasta mucho tiempo después. A veces nunca nos damos cuenta que hemos nacido. El otro día oí a alguien decir de su amigo que él no sabía que estaba vivo. En realidad, en muchos casos, está bastante cerca de la verdad.

Hay muchas cosas importantes que suceden en la vida de las que no somos conscientes de cuando en realidad están teniendo lugar. Algún tiempo después de nacer, descubrí que habían heredado dos personas maravillosas llamados padres. Ellos eran bastante pobres, y que a veces tenía un tiempo bastante duro para llevarse bien. Pero he descubierto que hay algunas ventajas incluso en esa situación. Alguien dijo que una de las mayores desventajas que cualquier persona puede tener en la vida es tener demasiadas ventajas. Y hay algunas ventajas en tener algunas desventajas. «La adversidad» Alguien puso esta idea en un verso bajo el título de La Buena Madera:

“El árbol que nunca tuvo que luchar
Por el sol, el cielo, el aire y la luz,
Que siempre estuvo expuesto a la lluvia
Y que siempre tuvo todo con facilidad,
Nunca llega a ser rey del bosque
Y vive y muere escuálido

El hombre que nunca tuvo que bregar
Para conseguir y arar su tierra natal
Que nunca tuvo que ganar para adquirir
Su parte de sol y cielo y luz y aire
Nunca se convirtió en un verdadero hombre
Sino que vivió y murió como nació

La buena madera no crece con facilidad:
Mientras más fuerte el viento, más fuerte el árbol;
Mientras más lejano el cielo, más grande el espacio;
Mientras más fuerte la tormenta, más grande la fortaleza.
Por el sol y el frío, por la lluvia y la nieve.
En árboles y hombres crece la buena madera

Donde más espeso crece el bosque
Encontramos los patriarcas de ambos
Y ellos aconsejan junto a las estrellas
A quienes en sus ramas muestran las cicatrices
De muchos vientos y contiendas
Ésta es la ley de la vida:

[Douglas Malloch]

Fue algún tiempo después de nacer descubrí que había nacido estadounidense. Estoy agradecido de haber nacido en este maravilloso país, donde Dios ha levantado hombres sabios para escribir nuestra Constitución y en el que tuvo a hombres como nuestros padres fundadores que están a la vanguardia de nuestra civilización y dan a nuestra nación su inicio hacia su destino, en lugar de tener a hombres que usan las purgas sangre como Stalin, o los hornos de gas de Hitler, o las indignidades de Castro como instrumentos de gobierno.

Cuando Josué estaba a punto de cruzar el río Jordán para establecer su pueblo en la tierra prometida, que ya estaba llena de cultivos, el Señor le dijo a la gente:

«. . . Cuando Jehová tu Dios te haya hecho entrar en la tierra que juró a tus padres. . . en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste»

«Y casas llenas de toda clase de bienes que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y cuando hayas comido y te hayas saciado.» (Deuteronomio 6:10-11)

No hay nadie en esta audiencia que no esté en la misma situación. Todos ustedes habitan en ciudades que no han edificado. Cada miembro de la Iglesia come de vides que no plantaron. Y beben de pozos que no cavaron. Y cada uno de nosotros comparte un millón de bendiciones diferentes de las que no tuvo parte en su producción. El Señor dijo algo más a los hijos de Israel que debemos pensar. Él dijo:

«. . . Y cuando hayas comido y te hayas saciado. . .»

«Cuídate de no olvidarte de Jehová. . .» (Deuteronomio 6:11-12) Siempre hay grandes beneficios al recordar la fuente de nuestras bendiciones.

Cuando tenía casi ocho años, alguien me enseñó esta gran verdad proclamada por Jesús, que todo el mundo debía nacer de nuevo. Y así, el 27 de agosto de 1911, nací del agua y del espíritu en los términos según lo indicado por Jesús. También se me confirmó miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El renacimiento intelectual

Si tuviéramos dos o tres horas para hablar de ello, podríamos enumerar algunas de las enormes ventajas que tenemos en ser miembros de la Iglesia y en hacer las cosas que el Señor ha indicado que sería para nuestro beneficio. Tenemos un montón de otras oportunidades. He descubierto que he ido a lo largo de la vida y que se puede nacer de nuevo tantas veces como nos gustaría nacer. Alguien le preguntó una vez a Chip Phillips, «¿Cuándo naciste?»

Él dijo: «Te voy a contar algo al respecto. Era un domingo por la tarde sobre las tres y media cuando tenía veinticinco años, justo después de que había terminado de leer un gran libro. «Usted está aquí en esta gran Universidad para varios propósitos, y uno de ellos es involucrarse a sí mismos en el amor y el conocimiento de los grandes libros. Y usted nacerá de nuevo un gran número de veces debido a esta consecuencia. Usted está involucrado con un gran número de grandes maestros y filosofías importantes que también le ayudará a nacer de nuevo.

Me gustaría informarle sobre una de las experiencias más agradables y más productivas de mi vida. En 1943, cuando la guerra con Japón estaba llegando a su fin, oí al Dr. Adam S. Bennion dar una conferencia sobre el valor de la gran literatura. Se puede vender la idea del valor de grandes ideas a nadie; es decir, todo el mundo cree que debemos estar familiarizados con el gran pensamiento humano. Pero casi todo el mundo se aleja de su beneficio diciendo que no tiene tiempo para leer. Para alejarse de esta objeción de no tener tiempo, dijo el Dr. Bennion, «Supongamos que usted va a ser un prisionero en un campo de concentración japonés durante los próximos cuatro años y que sólo podrá llevar consigo las obras de diez autores. ¿Cuáles tomaría y qué esperaría sacar de ellos? «Es decir, ¿cuáles son los valores de las grandes ideas, de la gran literatura? La idea es que tome a los diez autores a los que más les gustaría parecerse. Podría leer cada pensamiento y considerar todas las ideas de cada autor; usted reconsideraría cada idea. Los psicólogos dicen que cuando se ejecuta una idea a través de su cerebro hace un surco o engrama. Si se ejecuta a través de su mente el tipo de ideas que pasaron por la mente de Shakespeare o de Emerson o el apóstol Pablo o Moisés o Jesús de Nazaret, a continuación, el cerebro tiende a responder como lo hicieron sus cerebros.

Desde algún lugar me dieron el valor para tomar la salida. Creo que Shakespeare se acerca bastante a la cima de las listas de grandes autores de la mayoría de la gente. Así que leí de Shakespeare treinta y siete obras de teatro, sus sonetos, y sus poemas. La lectura de ellos era bastante difícil al principio. He leído muy lentamente y quizás no muy comprensivamente. Shakespeare escribió hace mucho tiempo, y había muchas cosas que no entendía. Tenía que volver a leer algunas cosas varias veces, buscar sus significados, y pedir a la gente ayuda acerca de ellos. Pero, finalmente, las nubes comenzaron a desprenderse, un poco de la luz del sol comenzó a venir a través, de quienes tenían una gran experiencia con Shakespeare. Shakespeare se veía con una visión más clara de la vida humana de lo que hacen la mayoría de los hombres. Dijo que su propósito al escribir era mantener el espejo de la vida, para mostrar la virtud de su propia imagen y despreciar su propia semejanza. Él dijo: «Me miré en el espejo para descubrir de mí mismo las cualidades que no conocía.» Tenía una gran elevación, leí sus grandes discursos y sus grandes argumentos para el éxito. Y al imaginarse la vida en miniatura, como sus grandes personajes actúan y reaccionan unos sobre otros, es que nací de nuevo, un gran número de veces. Cada vez que descubrimos un pensamiento inspirador, es que podemos nacer de nuevo y podemos nacer mejor.

Siempre leo con mi pluma, marcando cada idea, cada frase, cada cita, y cualquier otra cosa que creo que me va a ayudar. Y entonces puse estos pensamientos en mis cuadernos. Una de mis posesiones más valiosas en el mundo es mi colección de  veinticinco cuadernos. Ellos son de tamaño regular de 1/2 por 11 pulgadas, carpetas de tres anillos con unas trescientas páginas de cada uno, así que tengo setenta y cinco con cien páginas de notas. Pienso en mi lectura como una cosechadora que barre a través de un campo de trigo. Que corta todo, pero lanza hacia fuera las malas hierbas y la paja y pone el trigo en el saco. Si tuviera que leer algo ahora que fuera especialmente interesante para mí, no sería Shakespeare, no sería Emerson, no sería ni siquiera las escrituras. Serían mis notas, porque he elegido mis notas sobre todo aquellas cosas que me inspiran.

Siempre me he sentido un poco engañado en mi vida que nadie ha tratado de disuadirme de mi fe. He oído a mucha gente decir que se metieron con la gente equivocada o escucharon al profesor o fueron influenciados por la filosofía equivocada. Pero en todas partes que he ido, la gente me ha animado a vivir mi religión más en vez de menos. Una vez pensé que a lo mejor yo creía algo sólo porque no sabía lo que hacía, así que me dieron la obra completa de Robert G. Ingersoll. En mi opinión, Robert G. Ingersoll era el ateo «mayor», si se pudiera usar ese término, que ha vivido en el mundo. No sé cómo convencer el ateísmo de los demás es, pero Robert G. Ingersoll era un gran vendedor. Era un gran orador. Era un gran arquitecto de expresión. Él sabía cómo poner las ideas juntas. Si alguien me podría convencer de algo, creo que tal vez habría sido Robert G. Ingersoll. Sus obras  completas  se  componen  de  19.900 páginas. Hay 214 páginas de mi nuevo testamento, lo que es leer 90 nuevos testamentos de ateísmo. No he leído sus obras para tratar de disuadir o para encontrar errores en ellos. Los leí en realidad para tratar de convencerme de que había algo mejor que esas cosas que yo creía. Le leí con mucho cuidado. No saltando por encima de las cosas o simplemente leer cosas que creo que serían interesantes. Si algo era lo suficientemente importante para él escribir, era lo suficientemente importante para mí estudiar y tratar de averiguar la respuesta correcta con el tema discutido. Y en todas mis experiencias en la lectura de su obra, que no ha sacudido mi fe en lo más mínimo. Desde entonces, he leído 987 de los grandes libros, y he tenido algunas experiencias tremendas en una gran cantidad de diferentes direcciones con lo que he leído. Estas grandes nuevas filosofías me han permitido nacer de nuevo.

El día en que está casado

Entonces llegamos al segundo acontecimiento importante, que tiene lugar y es el día en que está casado. Tenemos la oportunidad en nuestras vidas de entrar en el convenio del matrimonio. Hace muchos años, fui muy afortunado en la búsqueda de una persona maravillosa que accedió ir al templo del Señor conmigo. Hemos establecido una relación familiar; adquirimos algunos niños y algunos nietos. En todo el tiempo de nuestro matrimonio, nunca he descubierto una ocasión cuando mi mujer trató de engañar o ser desleal o hacer cualquier otra cosa que sería deshonroso. Estoy muy agradecido por ella y por el hecho de que tenemos una relación que se espera que continúe a lo largo de toda la eternidad. Estudian mucho en esta gran Universidad y en otras partes acerca de la importancia del matrimonio, por lo que no voy a tomar tiempo para discutir más sobre esto, excepto decir que no se debe hacer o decir nada que pueda emitir cualquier tipo de limitación de sombra sobre ese evento tan importante.

El Día de seleccionar un trabajo para su vida

Ahora llegamos al tercer día importante de su vida, el día en que pueda escoger su ocupación. Esa es otra de las razones por las que vive. Esa es otra de las razones por las que vienen aquí a la escuela. La Iglesia es una institución divina, pero el gobierno también es una institución divina. La escritura dice:

«. . . Instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre, y que él [el Señor] hace a los hombres responsables de sus hechos con relación a dichos gobiernos. . .» (Doctrina y Convenios 134 1)

Sin  embargo, su ocupación es también una institución divina. Cuando  Dios  estaba  creando esta  tierra, la cubrió  con dieciséis pulgadas de una sustancia milagrosa llamada capa superior del suelo, en la que puso todos los elementos necesarios para nuestra comida, nuestra ropa, nuestras medicinas, y todas las cosas necesarias para prever nuestras necesidades. Cuando el Señor hizo esto, fue sentar las bases de nuestra gran industria agrícola. Él mismo plantó el huerto en Edén, y se convirtió en el primer horticultor. El Señor también estableció  la  industria ganadera. Cuando él le enseñó a Adán y Eva como hacer abrigos de pieles, fue fundador de la industria de la confección. Cuando se carga nuestra tierra con minerales y metales y aceites, fue el establecimiento de nuestra minería y la industria manufacturera y de transporte. Hay muchas otras ciencias y los servicios  necesarios para nuestro bienestar.

En una ocasión, Elbert Hubbard dijo que el negocio es el proceso de ministrar a las necesidades humanas. Por lo tanto, dijo que, el negocio es esencialmente un llamado divino. Cuando el agricultor plantó el tomate que ayudaron a proporcionar el desayuno de esta mañana, él estaba ministrando una necesidad humana. Por lo tanto, tiene derecho a decir que él se dedica a la ocupación divina. Fui al hospital hace unos pocos años y recibí nueve transfusiones de sangre. El hospital estaba ministrando una necesidad humana; por lo tanto, tiene derecho a decir que está involucrado en un llamado divino. Mientras se preparan en esta gran Universidad para apoderarse de su parte del trabajo del mundo, me gustaría que pensara de sus estudios en esa forma y hacerlo con ese espíritu.

El día de su muerte

Entonces llegamos a la final de estas grandes experiencias, la que se llevará a cabo el día de su muerte. Alguien dijo que el acontecimiento más importante en la vida es la muerte. Vivimos para morir, y luego morimos para vivir. La muerte es nuestro día de graduación. Es la puerta de entrada a la vida eterna. No nos gusta pensar en la muerte porque pensamos en ella como desagradable, y no nos gusta pensar en cosas desagradables. Y así cerramos nuestras mentes y nos alejamos nuestras caras. Pero la muerte no deja de existir sólo porque se ignora. Los antiguos egipcios tenían una forma mucho más lógica de manejar esta situación cuando en sus grandes ocasiones festivas mantenían constantemente en pantalla el esqueleto de un hombre muerto; es decir, a todo el mundo que querían recordar continuamente que algún día iba a morir. No quiero asustar a los miembro de este cuerpo  de estudiantes innecesariamente, sólo quisiera señalar amablemente y lo más suave que algún día cada uno de ustedes va a morir. Alguien dijo: «A juzgar por el pasado, van a ser muy pocos de nosotros los que van a salir de este mundo vivo.» Un hombre, en la preparación de una inscripción de su lápida, dijo: «¡Yo sabía que iba a pasar!»

Si podemos entender  con suficiente antelación de que vamos a morir, hay un montón de cosas que podemos hacer para que la experiencia sea más favorable. La hora de la muerte es la hora clave. Se juzga a todas las otras horas; es decir, que nunca se podría haber escrito la historia de la vida de Jesús de Nazaret o Judas Iscariote sin conocer su última hora. Es importante que este día de graduación sea un gran día.

Hace algún tiempo, volví a leer la antigua tragedia griega sobre la caída de Atenas. Usted puede recordar un general romano había capturado a un filósofo ateniense y el romano dijo al ateniense que tenía la intención de darle muerte. Pero el ateniense no parecía muy perturbado, por lo que el romano pensó que probablemente no había entendido. El romano le dice al ateniense que tal vez él no sabía lo que significaba morir. Pero el ateniense dijo que pensaba que él la entendía mejor que el romano. Luego dijo a los romanos, «Tú no sabes lo que significa morir, porque no sabes  lo  que  significa vivir. Morir es empezar a vivir. Es terminar todo el trabajo duro y cansador, para comenzar uno noble y mejor. Es dejar bribones engañosos para asociare con los dioses y la bondad.»

La muerte es el momento en que empezamos a vivir. Una de las razones por las que usted está en esta gran universidad es para aprender cómo vivir, aprender a vivir eternamente. No sé lo que sería si en algún momento nos dimos cuenta de que nos habíamos convertido en seres telestiales. Yo sé que sería tan por debajo de lo celestial como el parpadeo de una pequeña estrella que está por debajo del resplandor del sol del mediodía.

Pensé que descubrí en el oeste de Canadá, el otro día lo que sería como viajar en un automóvil telestial. Un misionero me llevó a una de mis citas en un automóvil que había comprado dos años antes por sesenta dólares. Después de haber conducido durante dos años, lo estaba usando para llevarme a mi cita. No habíamos ido muy lejos antes de que me diera cuenta de que había humo saliendo de la parte delantera y la parte trasera de la máquina. Oí unos ruidos que nunca había identificado antes como los que vienen de un automóvil, y cuando estábamos seguros rumbo nuestro destino, que estaba muy satisfecho de que la experiencia había sido completada satisfactoriamente. Entonces se me ocurrió que probablemente no sería demasiado inconveniente si, cada vez que en el resto de mi vida había necesidad de un automóvil, se proporcionaría una variedad telestial. Pero no me gusta tener amigos telestiales, o un cuerpo telestial, o una mente telestial, o vivir en una Tierra telestial.

Sabemos bastante sobre el reino celestial. Todos los principios y ordenanzas del Evangelio tienen que ver con el reino celestial. Si sólo nos interesa en convertirnos en seres telestiales o terrestres, no es necesario ser bautizado. No  es  necesario  casarse  en  el templo. Podemos estropear nuestras vidas con una gran cantidad de deshonestidades y deslealtades e inmoralidades y romper los corazones de otras personas, y todavía podemos calificar para ir a algunos de los reinos inferiores. Pero si queremos calificar para el reino celestial, entonces tenemos que vivir los principios del Evangelio.

El más allá

Sabemos bastante sobre el reino celestial. Hemos tenido bastantes personajes celestiales que se nos han presentado en esta tierra. Y cada vez que han llegado, los que los han recibido han dicho que son imposibles de describir. Nos recuerda, cuando el profeta José Smith tuvo su visión del Padre y del Hijo, que dijo que su «brillo y gloria no admiten descripción» (Joseph Smith 17). Usted no tiene ninguna base sobre el conocimiento o cualquier palabra para describir un ser celestial. Hay algunas cosas que no podemos describir incluso en esta vida. Por ejemplo, si se va a tratar de describir para mí la mirada en la cara de su hermana pequeña en la mañana de Navidad, cuando ella está radiante y expectante, con algo brilla a través de su cara que usted puede ser capaz de identificar, es posible que tenga dificultades para explicar cómo ella se ve a alguien que nunca había tenido esa experiencia. Usted puede intentar diciendo, «Ella tiene una luz en sus ojos,» o «Su rostro se ilumina.» Ninguna de estas cosas es verdaderamente real. Sus ojos son del mismo color, la misma forma, el mismo tamaño que tenía antes y sin embargo hay algo que brilla fuera de su cara que es indescriptible.

El otro día, casé a una joven pareja. Después de que la ceremonia de matrimonio había terminado se quedaron allí mirándose el uno al otro. Algo iba de ida y vuelta entre ellos que casi me daba miedo. En la medida en que no estaban prestando atención a lo que estaba haciendo y en la medida en que por lo general no me gusta perder nada, decidí que me gustaría simplemente estar allí y ver. Quería ver lo que iba a suceder. Alguien trató de describir esta situación diciendo, «Ella lo miró como si fuera un pedazo de pollo frito.» Y se trata sólo de una descripción tan buena como la que podría hacer.

Si estamos contentos por ver este resplandor y la luz y la justicia y el amor que brilla a través de la presencia de nuestros amigos aquí, imaginen  lo  que  será  cuando  nuestros  sentidos  se  aceleren,  y nuestros poderes de percepción sean amplificados, y tengamos una mayor capacidad para amar, para ser felices y comprender, nos convertiremos en seres resucitados, celestializados, glorificados, esto es hermoso más allá de toda comprensión.

Recordamos cuando Jesús se apareció a José Smith y Oliver Cowdrey en el Templo de Kirtland, el 3 de abril de 1836, y el Profeta dijo que era imposible describirlo. Pero lo intentó, y aquí están algunas de las frases que utilizó. El dijo:

«Sus ojos eran como llama de fuego» (Doctrina y Convenios 110: 3) No es un brillo más; ahora se magnifica en unos pocos millones de veces. Supongo  que no  había  ninguna  llama  allí en  lo  absoluto, como tampoco hay una luz en los ojos de su hermana, pero el Profeta estaba tratando de describir algo que es indescriptible. El dijo:

«Su rostro brillaba más que el brillo del sol» (Doctrina y Convenios 110: 3). Eso es bastante brillante.

Podríamos imaginar que Jesús fue un poco diferente de nosotros, pero el Profeta también tratado de describir con unas quince o dieciséis visitas con el ángel Moroni. Moroni era un soldado que vivió en nuestro continente. En el momento de la destrucción de su civilización y la muerte de su pueblo, tenía aproximadamente cuarenta y cuatro años de edad. Él salvó los registros y los tomó bajo su custodia para que se transmitieran de forma segura a nuestras manos.

Entonces, por los próximos treinta y siete años que debe haber sido largos y solitarios, Moroni vivió solo, escondiéndose de sus enemigos, buscando su alimento en lo que podía. El dijo:

«Mi padre ha sido muerto en la batalla, y todos mis parientes, y no tengo amigos ni adónde ir» (Mormón 8: 5)

Por tanto, dijo, «ando errante por donde puedo, para proteger mi propia vida.» (Moroni 1: 3)

Él no tenía un baño caliente cada mañana, o alguien que le proporcione una camisa limpia o un desayuno nutritivo. Ahora nos podríamos imaginar a este hombre viejo, de ochenta y un años de edad, tal como lo vemos por última vez, de pie en el borde de su tumba. Desde esta posición, nos escribió su último párrafo, en el que dijo:

Y  ahora  me   despido   de   todos.   Pronto   iré   a descansar en el paraíso de Dios, hasta que  mi espíritu y  mi  cuerpo  de  nuevo se reúnan, y sea llevado triunfante por el aire, para encontraros ante el agradable tribunal del gran Jehová, el Juez Eterno de vivos y muertos. Amén. (Moroni 10:34)

Luego siguió un largo silencio de catorce siglos. Por 1.403 años no hemos oído nada más hasta la noche del 21 de septiembre, 1823 este mismo hombre viejo, ahora resucitado y glorificado, se puso de pie junto a la cama de José Smith. El Profeta trató de describirlo. Y aunque dijo que era imposible, pero lo intentó. Y de nuevo, aquí hay algunas frases que utilizó. El dijo:

«. . . Toda su persona era gloriosa más de lo que se puede describir, y su faz era como un vivo relámpago. . .» (José Smith-historia 32)

No sólo era su gloriosa persona, sino incluso su ropa era brillante: «. . . A cuanta cosa terrenal jamás había visto yo. . .», dijo el Profeta, «Y no creo que exista objeto alguno en el mundo que pueda presentar tan extraordinario brillo y blancura.» (José Smith-Historia 31)

Todos sabemos las cosas que hacemos para que este cuerpo sea una morada agradable. Nos bañamos, lo mantenemos limpio, lo vestimos con ropa adecuada; a veces nos ornamentamos con joyas, y si somos muy ricos compramos pulseras y collares para hacer que nuestros cuerpos tengan brillo y chispa, para que sean lugares agradables. A veces trabajamos en ellos con los cosméticos y pinza de cejas. Por lo general, no ayudan mucho pero seguimos trabajando en ellos todo el tiempo. Si cree que sería agradable ser vestido con ropa cara, ¿qué les parecería ser en algún momento vestidos con un cuerpo costoso, uno que brilla como el sol, que es hermoso más allá de toda comprensión? Y debemos recordar que Dios dirige el salón de belleza más eficaz conocido en el mundo.

Sin embargo, un ser celestial no es sólo aquel que tiene un cuerpo celestial. También tiene una mente celestial. Edwin Dyer dijo algo acerca de esto en su poema:

Mi mente para mí es un reino entero;
En ella encuentro dicha tan compleja
Que excede a otro cualquiera bien cimero
Que da la tierra o nace de pareja.

Si hacemos las cosas bien, cada uno de nosotros puede tener en algún momento una personalidad celestial, una familia celestial, y vivir con Dios, quien es un miembro de esta orden más alta del reino celestial.

Sócrates en una ocasión, oraba y le dijo al Señor: «Me haces hermoso por dentro.» Todos hemos visto a la gente de civil, que se han hecho hermosos por el trabajo de una espiritualidad radiante. Un espíritu que según Dios hará que el cuerpo más llano sea hermoso. Grandes cualidades mentales y espirituales forman nuestros cuerpos en sus semejanzas. A medida que entran aquí a esta gran Universidad y, mientras disfrutan de esta gran oportunidad, estoy seguro de que la mayoría de ustedes no comprenden la importancia de sus experiencias. Van a descubrir su importancia años más tarde, tal vez cuando ya sea demasiado tarde, por esta oportunidad que están experimentando actualmente puede ser en una forma al menos parcialmente una experiencia inconsciente. Lamayoría de los eventos importantes en nuestras vidas no los apreciamos en el momento.

Que el Señor los bendiga en esta importante actividad que están disfrutando en la actualidad en esta muy agradable relación que tienen con estos grandes instructores, con estos grandes libros, y en esta gran institución, donde tiene la dirección y guía del Espíritu del Señor. Que os ha nacido de nuevo un gran número de veces y puede nacer cada vez mejor, es mi oración, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Una fortuna para compartir

Ensign, enero, 1974. Conference Report, octubre, 1973

Una fortuna para compartir

por el élder Sterling Welling Sill

En el sermón más grande que jamás se haya predicado, el hombre más grande que jamás haya existido dio lo que fue probablemente el consejo más sabio que jamás se haya dado cuando dijo que deberíamos hacer para nosotros mismos tesoros en el cielo. Y eso es probablemente la idea más rentable.

Sin embargo, pasamos más tiempo haciendo tesoros en la tierra cualquier que cualquier otra cosa en nuestras vidas. Y eso también es una gran idea, si sabemos cómo manejarlo. Muchas personas han argumentado que los tesoros en el cielo tienen mucho más valor, que son mucho más satisfactorio, que son mucho más permanente. Alguien se ha quejado de que una de las desventajas de los tesoros de la tierra es  que  no  se  les  puede  llevar  con uno. Otra persona ha señalado que con los impuestos como están, ni siquiera se puede mantener mientras usted está aquí. Este hombre puso esta idea en rima. Él dijo:

«No se los puede llevar con usted, Eso es prácticamente seguro;

Ya que por lo general estos se han ido, Mucho tiempo antes que usted».

Ahora puede no ser muy buena poesía, pero es una idea sorprendente. Y algunos pesimistas han añadido que, incluso si pudiera llevarlos con usted, sólo se derretirían. Sin embargo, me parece que con frecuencia pasamos mucho más tiempo de lo necesario en degradar estos grandes tesoros que obtenemos de la tierra. A veces nos referimos a nuestro medio de intercambio llamándolo con nombres tan desagradables como «vil metal» o «dinero sucio», y a veces eso puede ser una descripción exacta, pero no tiene que ser necesariamente así.

Alguien dijo: «El dinero no puede comprar la felicidad», pero su amigo le dijo: «Tal vez no, pero sí le permite a uno elegir el tipo particular de miseria de la que más disfrutar.» Y alguien ha señalado que si hay cualquier persona que no puede comprar la felicidad con el dinero debe ser que él no sabe dónde ir de compras. Podemos construir templos con dinero, podemos enviar misioneros con el dinero, podemos erigir instituciones educativas, hospitales, y pagar el diezmo con dinero. Podemos alimentar y vestir a nuestras familias con el dinero, y en muchas maneras podemos construir el reino de Dios con dinero.

Alguien dijo: «El dinero no lo es todo», y su amigo le dijo: «Me acaba de nombrar tres cosas que no lo es.» Pero también hay que pensar en algunas de esas cosas que son. El dinero conserva la mano de obra, en la industria, se almacena hasta la realización. Es el medio de intercambio que podemos utilizar para comprar cosas que podemos llevar con nosotros. Podemos ayudar a nuestras familias. Podemos educarnos. Y el dinero es el medio que podemos utilizar para compartir los tesoros de la tierra con otras personas que necesitan de nuestra ayuda.

En 1931, Vasni [HP]  Young  escribió  un  popular  bestseller titulado Una fortuna para compartir (Bobbs-Merrill). Vasni joven había trabajado como vendedor durante los exuberantes años de prosperidad, de finales de 1920, y luego de la caída de la bolsa en octubre de 1929 se había hundido Vasni Young, con unos pocos millones de otras personas, quedó en el hoyo económica sin fondo de la década de 1930. Pero no le gustaba la depresión que se había vuelto muy amarga en este mundo en general. Por lo que compró un arma y decidió echar un vistazo a la otra vida suicidándose. Pero antes de apretar el gatillo, pasó un poco de tiempo pensando en su esposa e hijos y decidió que el suicidio no era una manera muy varonil para resolver un problema. Y así, en lugar de dispararse a sí mismo, hizo un poco de análisis y descubrió que su mente había estado operando como una fábrica de basura gigante, resultando todo tipo de basura mental, emocional y espiritual.

Entonces se acordó de William James, el gran psicólogo de Harvard, quien dijo: «El mayor descubrimiento de mi generación es que puede cambiar sus circunstancias cambiando las actitudes de la mente.» Y mientras que todo el mundo quiere cambiar sus circunstancias, Vash Young decidió cambiar a sí mismo. Dijo: «Me cansé de ser un tonto.» Él quería salir del negocio de la chatarra por lo que arrojó por la borda una gran cantidad de sus malos hábitos de licor, el tabaco y la irresponsabilidad. Se decidió a adoptar algunas buenas actitudes, pensar como un hombre, ser responsable, e ir a trabajar.

No pasó mucho tiempo antes de Vash Young descubriera que la vida era mucho más agradable y que su nivel de prosperidad iba subiendo a pasos agigantados. Y entonces hizo un gran descubrimiento que tenía la posesión personal de una gran fortuna que podría compartir con cualquier otra persona en el mundo sin disminuir su propio suministro.

Escribió su gran libro, una fortuna para compartir, y le dio la más amplia circulación posible, quería decirle a la gente acerca de su descubrimiento. Luego dejó a un lado un día a la semana a la que llamó «día de problemas» en la que trabajó con otras personas con problemas tratando de persuadirlos a salir del negocio de la chatarra y participación en esta gran fortuna, que era muy fácil de conseguir.

Si me pidieran dar la mejor idea de la que soy capaz, estaría estrechamente relacionado con esto, que debemos salir del negocio de la chatarra y empezar a hacer tesoros en el cielo, compartiendo con los demás esa vasta fortuna que cada uno de nosotros tiene o puede tomar posesión.

Ayer el presidente Rex D. Pinegar mencionó a Patrick Henry, uno de nuestros primeros patriotas americanos que vivió una vida larga y útil, y con éxito. Justo antes de su muerte, dijo, «ahora que he terminado la distribución de todos mis bienes a mis hijos. Sin embargo, hay una cosa más que me gustaría poder darles a ellos, y es la religión cristiana. Si pudiera darles, aunque no les hubiera dado un solo chelín, serían ricos. Y si ellos no lo tienen, aunque les hubiera dado todo el mundo, serían pobres.»

Tengo en la mano un ejemplar de la Santa Biblia. En este se escribe la palabra del Señor. Contiene los convenios que ha hecho y que le gustaría hacer con cada persona que ha vivido o que alguna vez va a vivir en la tierra. Este libro da cuenta de una ocasión, hace unos 34 siglos, cuando el Dios de la creación descendió a la  cima  del Monte Sinaí en una nube de fuego, y con el acompañamiento de los relámpagos y truenos de la montaña sagrada nos dio los Diez Mandamientos, en el que enumeró diez maneras que podemos conseguir fuera del negocio de la chatarra. Basta con pensar en lo que ocurriría en el mundo si todos observamos los Diez Mandamientos. Eso significaría que tendríamos que dejar de hacer trampa y mentir y robar y matar y ser inmorales y violar el día de reposo. Entonces  esta  tierra  pronto  sería  el  paraíso  de  Dios  y nuestra prosperidad material iría para arriba como un cohete. El Señor también ha incluido en la Biblia una gran credenda de esas verdades que podemos compartir con otras personas.

En nuestros días, el Señor ha dado al mundo tres grandes volúmenes de nueva escritura que describen con todo detalle los principios sencillos del Evangelio de Cristo, con un «así dice el Señor». Por lo tanto, el Señor tiene ahora cuatro libros para compartir.

Sin embargo, uno de los defectos de las sagradas escrituras es que no son automáticos. Es decir, no funcionarán a menos que los llevemos a la práctica. Más que cualquier otra cosa el gran mensaje del Señor necesita mensajeros. El Señor nos ha invitado a tener una parte grande en su importante preocupación por la familia la que se refirió como «los negocio de mi padre.» Este el negocio de la construcción de la integridad y el carácter y la justicia y la vida eterna en la vida de sus niños. El Señor nos ha dicho muchas cosas acerca de la importancia de la familia. Él nos ha dado este poder milagroso de la procreación donde podemos crear hijos a la imagen de Dios y compartir con ellos las  enormes  bendiciones  de  la  vida misma. Luego, durante la noche de hogar podemos compartir con ellos los grandes tesoros del Evangelio de salvación. Y a través del programa misional podemos compartir las bendiciones de la vida eterna con todos nuestros amigos y vecinos. Dios nos ha prometido que si vamos a ser efectivamente sus mensajeros va a compartir su fortuna tanto con los que dan como con los que reciben.

Al hablar del juramento y el convenio del sacerdocio, ha dicho:

«Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí; «Y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;

«Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; Por lo tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado.» (Doctrina y Convenios 84: 36-38)

Si usted puede pensar en algo más emocionante que eso, no sé cómo sería.

Dios es un personaje muy rico. A todos nos gusta heredar de un padre rico y lo que podría ser más emocionante es heredar de Dios, para conseguir todo lo que Dios tiene. Alguien ha dicho que el ahorro es una gran virtud, sobre todo en un antepasado. Y Dios ha sido muy ahorrativo, también ha sido muy prudente y ha sido muy generoso. Para empezar, nos creó a su imagen y nos ha dotado de un conjunto de atributos y sus potencialidades, el desarrollo de los cuales es uno de los fines para los que vivimos. Él desea que cada uno de nosotros sea rico. Él ha dicho: «. . . la abundancia de la tierra será vuestra. . .» (Doctrina y Convenios 59:16), y le complace a Dios dar todas estas cosas a los hombres para ser utilizado con juicio y acción de gracias. Ha compartido con nosotros la plenitud de los tesoros de la tierra y desea compartir con nosotros la plenitud de los tesoros del cielo. Él quiere que heredemos el reino celestial y pertenecen a ese orden celestial de la que él mismo es un miembro. Y ha dicho que el mayor de todos los dones de Dios es el don de la vida eterna y vivir en su presencia.

Y así llegamos de nuevo al lugar donde empezamos y escuchamos de nuevo esas grandes palabras, ya que vienen a nosotros desde el monte  en   el   que   el   Señor   de   los   ejércitos   ha   dicho: «. . . haceos tesoros en el cielo. . .» (Mateo 6:20)

Que podemos ser totalmente exitosos en la más grande de todas las empresas. Lo ruego  humildemente  en  el  nombre  de Jesucristo. Amén.

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El convertido

Liahona agosto1973

El convertido

por el élder Sterling Welling Sill

Uno de los primeros estatutos del éxito del director estipula que a fin de que un individuo pueda llegar a ser director, ha de estar antes convertido a la razón de su obra. Esta es también una de las primeras leyes del éxito religioso. La blasfemia más seria no es el lenguaje profano sino la alabanza hipócrita.

Dios ha acumulado sus más grandes condenaciones sobre aquellos que se acercan a Él con los labios mientras sus corazones están lejos de Él. En cierta oportunidad el Señor dijo a su Apóstol mayor:

«Simón. . . tú una vez vuelto, fortalece a tus hermanos» (Lucas 22:31-32)

Simón Pedro pudo haberse sentido un tanto ofendido por cuanto él probablemente pensara que ya estaba convertido; mas lo que sucedió aquella noche en el juicio cuando él mismo negó tres veces al Señor pudo haber sido indicación de que aun Pedro no estaba completamente convertido.

Alguien ha descrito nuestro mayor problema religioso traducido en el hecho de que somos simples «cristianos bíblicos»; vale decir, que la cristiandad se fundamenta principalmente en la Biblia sin que haya mucho de ésta en nosotros. Se ha indicado que no es tan importante cuántas veces pasemos por la universidad a menos que de algún modo la universidad pase por nosotros. Ciertamente, cuando un individuo entra en la Iglesia se originan para él grandes beneficios, pero las cosas en verdad grandiosas empiezan a verificarse sólo cuando la Iglesia entra en él.

Una encuesta realizada hace algún tiempo indicó que más del 95 por ciento de las personas interrogadas dijeron creer en Dios; pero el número podría ser muchísimo menor de los que pudiesen contarse como sus verdaderos discípulos o legítimos convertidos a sus doctrinas. Mahatma Gandhi (1869-1948; patriota y filósofo indio) dijo cierta vez que por cada hombre honesto, hay 999 personas que creen en la honestidad. Recordemos además, al pobre Diógenes (denominado el Cínico, filósofo griego; 413-327 a. de J.C.) que anduvo por Atenas en pleno día con el farol encendido buscando tan sólo un hombre honesto.

Si me preguntaseis si  yo creo en la honestidad, me sentiría un poquito ofendido, pues consideraría que deberíais saber que creo en ella; pero permitidme contaros una experiencia que viví hace poco.

Cuando venía con mi familia desde Arizona viajando en automóvil, nos detuvimos en una gasolinera y mientras atendían nuestro pedido de gasolina uno de los niños me preguntó si podría comprarles refrescos.

Fue así que me dirigí a la máquina automática de bebidas gaseosas que había allí; inserté una moneda de diez centavos en la ranura y saqué una botella, inserté otra moneda de diez centavos y saqué otra botella, inserté otra moneda igual y saqué la tercera botella, pero esta vez la máquina no se cerró y pude sacar la cuarta botella gratis. En total, obtuve cuatro botellas por treinta centavos. Y mientras volvía al automóvil para entregar los refrescos, pensé: «De todos modos cobran demasiado por la gasolina.» Sin embargo, el pequeño vigilante mental que está de guardia aquí, en alguna parte de mi cerebro, comenzó a agitarse, diciéndome: «Mira, Sterling, si vas a ser un pillastre, más vale que saques más de diez centavos de todo esto.»

No sé qué habría hecho si la bebida gaseosa hubiera costado veinticinco centavos, pero volví sobre mis pasos e inserté la otra moneda de diez centavos en la máquina. Ahora, ¿puede alguien decirme si yo creo o no en la honestidad? ¿Por lo que digo en cuanto a ello, o por lo que hago cuando estoy frente a una máquina que expende refrescos donde nadie puede verme excepto yo mismo? O, ¿cómo vais a decir si yo creo o no que el evangelio es verdadero? ¿Por lo que digo en la reunión de testimonios o por la forma en que llevo a cabo mi asignación?

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Mantenga sus manos

Ensign, julio, 1973, Conference Report, 1973

Mantenga sus manos

por el élder Sterling Welling Sill

Mis hermanos y hermanas: Aprecio mucho el privilegio de tener una parte con usted en esta gran conferencia general de la Iglesia. Este es el lugar donde nos encontramos cada seis meses para ser instruidos  en nuestros deberes y edificados en nuestra fe. Aquí es donde se tramitan algunos de los negocios más importantes de la Iglesia. Y luego dos veces cada año tenemos esta emocionante experiencia de la celebración de alzar las manos y hacer un pacto personal con el Señor de que vamos a sostener y apoyar a los que están puestos como autoridad sobre nosotros en la Iglesia y que también vamos a guardar todos los mandamientos del Señor.

La otra noche volví a leer el famoso capítulo doce de San Pablo de Primera de Corintios, en el que compara a las diferentes partes del cuerpo humano con los dones espirituales y los oficios eclesiásticos que han sido colocados en la Iglesia. Dijo que todos eran necesarios y que el ojo no puede decir a la mano: «No tengo necesidad de ti.» (1Corintios 12) y cada seis meses, como veo las miles de manos levantadas en esta asamblea, me gusta pensar en el gran poder y muchas funciones importantes, tanto simbólica y por lo demás, que tenemos en nuestras manos.

El Señor ha puesto en nuestras manos la responsabilidad de la elaboración de nuestra exaltación eterna en temor y temblor ante él. Cuando estamos enfermos tenemos las manos puestas sobre la cabeza y se nos da una bendición para la restauración de nuestra salud. Por la imposición de las manos confirmamos a las personas miembros de la Iglesia. Conferimos el Espíritu Santo. Ordenamos a las personas al sacerdocio, para que formen parte de la obra del Señor que están llamados a realizar. Levantamos nuestras manos en señal de saludo. Nos estrechamos las manos en amistad y compañerismo. Las ponemos sobre los hombros de nuestros amigos para dar elogio y aliento. Con un par de manos dispuestas y limpias, podemos mover montañas y podemos salvar almas.

Fue probablemente una de las más grandes buenas fortunas de nuestra vida cuando la creación decidió aplanar los extremos de ambos brazos y colocar una mano en cada uno. Cuando se pone en su camisa de la mañana, simplemente imaginar cómo se llevan bien si tuviera cualquier otro dispositivo, excepto una mano en el extremo de su brazo. Sólo suponer que usted tenía un casco o una garra o un ala, o un par de alicates.

Se cuenta la historia de un joven que se quedó ciego en su primera juventud. Muchos años más tarde después de una operación, la primera cosa que su visión recién restaurada descansó sobre era su propia mano, y él pensó que nunca había imaginado algo tan maravilloso como su propia mano, con su sistema de circulación, su sistema de comunicación, su control de la temperatura, su capacidad de auto sanación, y su maravillosa cubierta de pieles.

O pensar en la utilidad de estas maravillosas pequeñas palancas que llamamos dedos. Ellos pueden ser fácilmente entrenados para tocar el piano, marcar números de teléfono, y hacer la contabilidad. Alguien dijo una vez que los mejores amigos del hombre son sus dedos. Él dijo: «Lo único que un hombre realmente puede contar en estos días son los dedos.»

Me gustaría recordarle de una misión que el Señor dio una vez a los dedos de los hijos de Israel, cuando instituyó esta antigua costumbre de usar filacterias. El Señor sabía entonces lo que cada uno de nosotros debe saber ahora, que hay ciertos pasajes de las Escrituras que nunca debe ser olvidado si nuestras vidas van a tener éxito. Por lo tanto, para ayudar a la gente a tener en cuenta, se requería que escribieran algunos de estos pasajes en trozos de pergamino, encerrados en pequeños tubos de cuero, se unían a través de la frente y entre sus ojos. Se les pedía que los colgaran alrededor del cuello y unidos en sus brazos como relojes de pulsera y usarlos como anillos sobre sus dedos. Acerca de esta costumbre, el Señor dijo a la gente:

«Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón;

«Y se las repetirás a tus hijos y les hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes.

«Y las atarás como una señal en tu mano, y  estarán  como frontales entre tus ojos.»(Deuteronomio 6:6-8)

Usted recordará que su madre solía hacer una adaptación interesante de esta idea. Cuando ella le envió un recado importante, el propósito del cual no quería que se olvidara, y que le ayudó a recordar atando un hilo rojo en el dedo con un arco en la parte superior por lo que no importa dónde fuera, usted siempre recordaría lo que su madre quería que hiciera. Y eso es lo que el Señor hizo con los hijos de Israel.

Cuando yo levanto mi mano es un pacto personal con el Señor, y trato de imaginar lo que más le gustaría ver en mi mano, y aquí están algunas de las cosas que he estado pensando.

El primer dedo de la mano es el pulgar. El pulgar sirve como el hombre ancla de la mano. Y la primera ley de cualquier éxito dice que «uno debe conocer su negocio.» Lord Bacon dijo, «El conocimiento es poder.»

Jesús dijo:

«. . . Esta es la vida eterna: que  te conozcan a  ti,  el  único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Juan 17: 3)

El Dr. Henry C. Enlace señaló una vez que «nada pone tanto de orden en la vida humana como vivir por un conjunto de principios sólidos.» Y los principios más sanos son los principios del Evangelio de Jesucristo. Sin embargo, antes de que podamos vivir por ellos de manera muy eficaz, debemos saber lo que son.

La primera pregunta que se les hizo a Adán y Eva para decidir cuando fueron colocados en el Jardín del Edén era si o no que iba a comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Y después de haber comido, Dios dijo:

«.  . . El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal.» (Génesis 3:22)

Me gustaría señalar de paso que el tipo correcto de conocimiento todavía tiende a tener ese efecto sobre la gente. Todavía tiende a hacer que los hombres y las mujeres sean como Dios. Una espada de fuego fue colocada en el Jardín de Edén, para guardar el árbol de la vida, pero afortunadamente para nosotros no hay espada  de fuego que guarde el árbol del conocimiento, y cada uno de nosotros puede comer al contenido de su corazón. Y tal vez usted pueda pensar en algo más emocionante que eso, pero no  sé  cómo sería. En esta gran era de la restauración y la iluminación podemos saber acerca de todo lo que queremos saber acerca de cualquier tema, incluyendo a Dios y su programa para nuestra exaltación eterna.

El segundo dedo es el dedo que señala. Este es el dedo que se utiliza para mostrar a la gente el camino. Este es el  dedo  que dirige. Y la segunda ley del éxito, dice que usted debe ser un convertido antes de que pueda ser un discípulo. Usted debe ser un convertido antes de que pueda ser un líder. Usted debe ser un convertido antes de poder mostrar a otras personas el camino.

Jesús le dijo a Pedro: «Simón. . . una vez vuelto, fortalece a tus hermanos.» (Lucas 22: 31-32) Pedro pudo haberse sentido un poco ofendido por esto, ya que, probablemente, al ser el principal apóstol, él ya se había convertido; pero lo que pasó esa misma noche en la casa de Caifás cuando negó al Señor tres veces pueden haber indicado que incluso Pedro no fue convertido por completo.

El tercer dedo es el dedo grande. Este es el dedo de alimentación. Cuenta con la mejor ubicación en la mano. La tercera ley del éxito, dice que hay que querer tener éxito en mayúsculas. Si quiero tener éxito en letras de una pulgada de alto, voy a fallar.

El Señor dijo:

«. . . Si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra.» (Doctrina y Convenios 4:3)

Si no desea hacerlo, no pueden hacerlo. Alma dijo que Dios otorga a cada uno conforme a sus deseos. (Alma 29:4) Y tenemos que pasar mucho más tiempo de lo que normalmente lo hacemos en el aumento del volumen y la intensidad de nuestros deseos justos.

Un joven vino una vez a Sócrates y le dijo:

«Sócrates, he viajado seiscientas millas para obtener sabiduría y conocimiento. Quiero aprender así que vine a verlo «Él dijo:» Usted es un hombre de la sabiduría y el aprendizaje y que le gustaría ser un hombre de la sabiduría y el aprendizaje. ¿Me enseñará a ser un hombre de la sabiduría y el aprendizaje? »

«Ven, sígueme.» Le dijo Sócrates: Y lo llevó hasta la orilla del mar. Luego   se   metieron   en el agua hasta que le llegó a la cintura. Entonces Sócrates tomó a su amigo y le metió la cabeza

bajo el agua. Su amigo luchó y dio una patada y se resistió y trató de escapar, pero Sócrates lo sujetaba. Ahora bien, si se mantiene la cabeza de alguien bajo el agua el tiempo suficiente finalmente llegará a ser bastante pacífica, y cuando este hombre había dejado de patear, Sócrates le llevo a la ciudad, y lo puso a secar, y regresó al mercado.

Después de que éste, se había recuperado un poco regresó a Sócrates para encontrar la razón de este comportamiento bastante inusual, y Sócrates le dijo:

«¿Cuándo tenias la cabeza bajo el agua, cual era la única cosa que más querías que cualquier otra cosa?»

Y dijo: «Más que cualquier otra cosa que quería aire.»

Entonces Sócrates dijo, «Cuando desees la sabiduría y el aprendizaje tanto como querías el aire, no tendrá que pedirle a nadie que dé.»

Cuando realmente queremos ser discípulos de Cristo, en letras mayúsculas, cuando realmente queremos ser servidores del Maestro, entonces todo lo demás será fácil. Alguien dijo una vez a Mozart, «¿Me enseñará a escribir sinfonías?» Mozart dijo: «Eres demasiado joven para escribir sinfonías.» El joven dijo: «Pero usted era quince años más joven que yo cuando empezó a escribir sinfonías.», dijo Mozart,» Pero yo no tuve que pedir a nadie que me enseñara. «Sólo cuando conseguimos algunas de estas grandes cualidades dentro de nosotros estamos en condiciones de avanzar.

Ahora el cuarto dedo es el dedo anular. Este es el dedo que se utiliza para caer en amor. Este es el dedo que se casa con. Este es el dedo de la familia. Aquí es donde usted lleva a su familia a la noche de hogar. Este es el dedo que representa el origen de la mayor parte de su educación y sus satisfacciones y su felicidad eterna por tanto aquí como allá.

Shakespeare dijo: «No se trata de beneficios donde no hay placer.» No se puede hacer muy bien lo que no te gusta hacer. Si no conseguimos un gran placer en nuestras familias, debemos arrepentirnos, porque estamos haciendo algo mal. Si la obra del Señor parece gravosa y nos cansamos, o si no conseguimos euforia y la elevación de la parte del trabajo del mundo que la vida nos ha dado para hacer, entonces arrepiéntase. Necesitamos algunas satisfacciones más potentes de la vida.

Ahora el último dedo es el dedo meñique. Este es el dedo más débil. Este es el dedo que tiene la posición más pobre en la mano, y que podría imaginar que sólo podía llevarlo fuera del equipo y lo tire sin perder mucho. Sin embargo, el gran dedo no puede decir que del dedo meñique, «no tengo necesidad de ti.» El dedo meñique puede llegar al final de la línea de arriba, sino que es la posición  de mariscal de campo, y no se necesita un gran hombre para ser el mariscal de campo, proporcionando a los otros miembros del equipo son titulados y que funcione eficazmente. Es decir, el pulgar conoce su negocio hacia atrás y hacia delante y hacia abajo y coloca en su cabeza. El dedo que señala tiene algunas convicciones poderosas y bien desarrolladas al respecto; el gran dedo quiere hacerlo, en letras mayúsculas; el dedo anular obtiene una gran satisfacción de hacerlo; y  todo  el  meñique tiene que hacer  es  hacerlo. Él es el trabajador. Él es el que se encarga de la mecánica de producción. Él es el que se encarga de la revisión y hace el seguimiento. Él es el que Jesús vino a llamar cuando declaró de «hacedores de la palabra» y no sólo oyentes solamente.

Alguien ha dicho, «Oh, ¿Qué milagros sería si pudiéramos lograr que nuestras manos se moviera tan rápido como nuestra lengua?» Él dijo: «Después que todo está dicho y hecho, por lo general hay mucho más dicho que hecho.»

Mientras estoy aquí sentado en esta conferencia y levanto mi mano para hacer un convenio personal con el Señor, es estimulante para mí recordar que el Presidente de la Iglesia se encuentra directamente detrás de mí y Dios está por encima de mi cabeza, y no me gustaría sentir que mi mano no está limpia. Y si tuviera el don de la palabra y el poder para plantar una convicción que me gustaría tener, diría a los millones de personas en el mundo que están seriamente tratando de ser discípulos del Maestro que sostengan sus manos a Dios y hagan un pacto solemne con él para sostener todos sus mandamientos.

Y me gustaría recordar a todos esa ocasión emocionante cuando Moisés estaba guiando a los hijos de Israel en su batalla contra los amalecitas. Moisés tomó la vara de Dios en sus manos y fue a la cima de un monte sagrado, donde levantó las manos a Dios por encima de la batalla; y siempre y cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía. Pero cuando dejó sus manos hacia abajo, los amalecitas prevalecieron. Y a medida que los brazos de Moisés estaban pesados por el cansancio, Aarón y Hur de pie a cada lado de Moisés y le ayudaron a mantener las manos hasta que se ganó la batalla. (Éxodo 17:8-12)

Si todos se mantienen, honestos, laboriosos y con las manos limpias hacia Dios, entonces prevalecerá su trabajo. Y entonces no pasará mucho tiempo antes de que la oración del Maestro se haya cumplido cuando le dijo a su padre, «venga tu reino. Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra.» (Mateo 6:10) Y que Dios nos bendiga, mis hermanos y hermanas, que todos juntos podamos mantener de manera efectiva nuestras manos a Dios y que nuestros convenios puedan ser aceptable para él. Es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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