Una observación personal: el problema es siempre el mismo

Ensign, marzo, 1973

Una observación personal: El problema es siempre el mismo

por el élder Sterling Welling Sill

Por lo que yo sé, sólo hay un problema en el mundo. No hay dos o seis o diez, no es sólo uno, y siempre es lo mismo. Y creo que no importa mucho lo que se desea es la realización, tanto si uno está haciendo el trabajo de la iglesia, en la gestión de una empresa, en la construcción de un imperio, o edificando una familia -el problema es siempre el mismo. Siempre es la falta de liderazgo.

Un soldado puede luchar con más fuerza, un vendedor puede vender más productos, un niño puede hacer un mejor trabajo en la escuela, y un misionero puede tener más conversos si trabaja bajo la dirección de alguien que sabe cómo enseñar e inspirar y capacitar y supervisar y amar y motivar y hacer esas otras cosas importantes que conforman el concepto de la dirección.

Decimos que el sacerdocio es la autoridad para actuar en el nombre del Señor, pero el liderazgo es la capacidad de actuar en el nombre del Señor. Y supongo que ninguno de los dos es de muy gran consecuencia sin el otro. Es decir, ¿De que le serviría a un misionero tener la autoridad para hacer conversos si no tiene la capacidad de hacer conversos? El Señor nos da la autoridad, pero se requiere que nosotros mismos desarrollemos la capacidad.

La falta de un liderazgo efectivo causa problemas a los gobiernos. Millones de dólares se pierden debido a la  quiebra  de empresas. Vidas se ven distorsionadas por la contención de la familia y la rebelión. La carnicería del divorcio destruye muchos hogares. Y, de una manera u otra, la vida de todo el mundo está influenciada negativamente debido a la falta de liderazgo. Y, sin embargo, todos los principios en que se basa la dirección de mayor éxito están fácilmente disponibles para nosotros.

Hay una respuesta simple para cada problema. Y debido a la necesidad de liderazgo aumenta con la importancia de la institución que sirve, liderazgo en el hogar asume la mayor importancia posible. «Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar.» (Presidente David O. McKay) La organización básica sobre la que depende la felicidad de todos es la familia. El liderazgo de la familia siempre se complementa  con  y  coordinado  con  la Iglesia. Dios estableció la familia y luego a su Hijo vino al mundo para organizar la Iglesia y para poner a disposición de los grandes principios de los que depende todo el éxito.

A veces criticamos a los que dicen que Dios hizo la tierra de la nada; decimos que ni siquiera Dios puede hacer algo de la nada. Sin embargo, nos enseñan una doctrina mucho más grave falsa cuando tratamos de que el éxito viene de la nada. Es decir, nadie puede hacer una buena noche de hogar de la nada. Tampoco se puede hacer un registro de orientación familiar satisfactorio de la nada. La persona más constructiva es aquella que pone más en la vida que él lleva a cabo.

El verdadero éxito en cualquier área de la vida debe ser ganado continuamente. Las escrituras señalan que nuestras vidas serán juzgadas de acuerdo a nuestras obras. Lo mismo ocurrirá con nuestro matrimonio, y así serán nuestras noches de hogar y cualquier otro logro que vale la pena ser juzgado por la cantidad que ponemos en ellos.

Un buen liderazgo exige una buena parte de la industria, las actitudes adecuadas, planificación, preparación, determinación y seguimiento. El presidente David O. McKay dijo una vez: «El propósito del Evangelio es cambiar a la gente, hacer de los hombres malos buenos y los buenos hombres en mejores», lo que siempre significa trabajo. William James dijo: «El mayor descubrimiento de mi generación es que puede cambiar sus circunstancias cambiando las actitudes de la mente.» Muchas personas quieren cambiar sus circunstancias, pero no están dispuestos a cambiar ellos mismos.

Hace muchos años, el élder Adam S. Bennion del Consejo de los Doce demostró un gran principio de éxito cuando dijo que nunca había ido antes de una clase de escuela dominical sin tener que gastar un promedio de ocho horas de preparación. ¡No es de extrañar que fuera un maestro emocionante, inspirador! Hay algunas personas que nunca pasan más de cinco minutos en la preparación para enseñar una lección de la escuela dominical, y son probablemente tan buenos como Adam Bennion que estaba en proporción al tiempo que pasan en preparación.

El liderazgo es la capacidad para dirigir, y todo el mundo puede aprender a hacerlo de manera efectiva si va a trabajar en ello continuamente. Es decir, todo el mundo puede aprender a tener una buena noche de hogar o ser un maestro de escuela dominical inspirador  que  va  a  dedicar  regularmente  y  concienzudamente tiempo suficiente para prepararse bien para cada actividad. Sin embargo, la falta de preparación es el enemigo más mortal de todos los líderes potenciales. Aquellos maestros que fallan a menudo fallan porque no están preparados para tener éxito. Los matrimonios pueden fallar debido  a  que  los  participantes  no  están preparados. Los padres pueden fallar debido a la falta de preparación suficiente. Los niños pueden fallar debido a que no tienen tiempo para prepararse.

Recientemente, una pareja llegó a discutir sus problemas conyugales. El esposo dijo: «Todo lo que necesitamos es tener la respuesta a una pregunta.» Él dijo: «¿Se supone que soy el dueño de la casa o no? Le dije: «No puedo responder a esa pregunta a menos que sepa cuál es su definición de ser el jefe de la casa.»

En el debate que siguió, era perfectamente evidente que él no estaba preparado para ser el jefe de la casa de lo que era volar a la luna. Para él, el jefe de la casa significaba una especie de dictadura o «injusto dominio.» En la medida en que no era un miembro de la Iglesia, que había prohibido a su esposa e hijos asistir con el argumento de que sería romper la unidad familiar. Como jefe de la casa había tomado posesión de todos los bienes de su esposa, así como su ingreso, y luego la había hecho suplicar y arrastrarse por unos pocos centavos necesarios para satisfacer sus necesidades personales. Y la pregunta no era si era o no adecuado que ella tuviera el dinero.

La única actividad de la familia de la que era realmente calificado era argumentar y ser desagradable. Parecía ser una realización personal de esa escritura sagrada en la que el Señor dijo:

«Hemos aprendido, por tristes experiencias, que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, en cuanto reciben un poco de autoridad, como ellos suponen, es comenzar inmediatamente a ejercer injusto dominio.» (Doctrina y Convenio 121:39)

Con el fin de ser grandes almas en el cielo, tenemos que ser grandes almas aquí. En todas las edades, debemos ser líderes en la justicia, líderes en cumplir con nuestro deber, líderes en la responsabilidad de aceptar, líderes en la excelencia, líderes en la industria, líderes en la bondad, líderes en la obediencia, líderes en ejemplo.

Es tan importante para un presidente del quórum de diáconos ser un buen líder en su ámbito como lo es para el Presidente de la Iglesia ser un líder en la suya. Ninguna nación tendría un muy buen ejército sólo si los generales fueran fieles. El Señor estableció la edad de responsabilidad a los ocho años, y si no somos capaces como los niños, será muy probable que fallemos como padres y como miembros de la Iglesia y de los éxitos profesionales. La Biblia dice:

«Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.» (Proverbios 22:6)

Jesús dio la mayor fórmula de éxito cuando dijo: «Sígueme.» la niñez y la juventud son algunos de los mejores momentos para practicar el liderazgo eficaz.

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Siempre obedece los mandamientos

Conferencia General Octubre de 1972

Siempre obedece los Mandamientos

Sterling W. Sill

por el élder Sterling Welling Sill


Una de las mayores empresas en el mundo es el negocio de la celebración de convenciones. Esta semana y cada dos semanas, en este país y en todos los demás países, los hombres y las mujeres se están reuniendo para discutir sus problemas, intercambiar ideas, y tratar de desarrollar técnicas más eficaces. Si un médico descubre mejores métodos para mejorar la salud, aliviar el dolor, o para salvar vidas, esa información es  transmitida  de  inmediato  a  los demás. Como consecuencia de ello, la habilidad de todos los médicos se incrementa, y cada uno de nosotros recibe el beneficio de cada descubrimiento médico.

Si usted hubiera vivido en Jerusalén hace 1900 años, su esperanza de vida al nacer habría sido de aproximadamente 19 años. Si usted hubiera vivido en la época de George Washington en América, su expectativa de vida habría sido de 35 años. Cuando nací era de 48 años. Pero esos bebés que nacieron en un hospital estadounidense esta mañana tienen una expectativa de vida promedio de 70 años.

Los grandes hombres de todo el mundo están estudiando y trabajando día y noche para elevar y enriquecer nuestras vidas. Y si es tan importante para los médicos, abogados, agricultores, maestros, empresarios y científicos aconsejarse mutuamente con el fin de aumentar su eficacia, cuánto más importante es para los que trabajamos en la más grande de todas las empresas que Jesús se refirió como «los negocios de mi Padre.» Esa es la mayor y más importante empresa del mundo. Tiene la responsabilidad de la construcción de la integridad, el carácter, la justicia y la vida eterna en la vida de sus hijos. Seguir leyendo

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Medicina para el alma

Conferencia General Abril 1972

Medicina para el alma

Sterling W. Sill

Por el élder Sterling W. Sill
Asistente al Consejo de los Doce


Sobre la puerta de la biblioteca en la antigua ciudad de Tebas, un rey egipcio talló una inscripción que decía: “Medicina para el Alma.”

Como todas las personas reflexivas, este sabio gobernante entendió que para que la salud mental, espiritual y emocional de su pueblo fuera bien atendida, debía ser constantemente nutrida. Y dado que las ideas, ideales y ambiciones pueden ser mejor alimentadas a través de los libros, este gran rey proporcionó un amplio almacén literario donde su pueblo pudiera obtener la ayuda necesaria para tener buenos pensamientos, fortalecer actitudes positivas, vivificar su fe, motivar sus ambiciones y aumentar su rectitud para salvar sus almas.

Esta idea de un almacén mental y espiritual sigue siendo una de nuestras oportunidades más constructivas. Se informa que hay un médico en Birmingham, Alabama, que prescribe a sus pacientes no medicinas de farmacia, sino de librerías. Sabe, como todos nosotros, que nuestras enfermedades más serias son las del alma.

Una de las tragedias de nuestro tiempo es el aumento, hasta niveles epidémicos, de enfermedades psicosomáticas causadas por nuestros pecados y perturbaciones emocionales. Como alguien ha señalado, no sufrimos de úlceras estomacales por lo que comemos, sino por lo que nos está “comiendo.” Actualmente, al ser consumidos por nuestra ignorancia, pecados y debilidades, estamos sufriendo pérdidas morales y de capacidades abrumadoras. Seguir leyendo

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No harás

Conferencia General Octubre 1971

No harás

Sterling W. Sill

Por el élder Sterling W. Sill
Asistente en el Consejo de los Doce


Hace algún tiempo, escuché a un gran empresario dar una interesante fórmula para el éxito. Dijo que, al contemplar cualquier logro, uno de los primeros pasos que se debe dar es decidir definitivamente sobre aquellas cosas que no deben hacerse bajo ninguna circunstancia. Es decir, si uno va a entrar en el negocio, hay ciertas prácticas deshonestas y procedimientos inapropiados que deben quedar completamente y permanentemente fuera de los límites. O al planificar un matrimonio feliz, existen infidelidades y deslealtades que nunca deben permitirse. Cuando uno ha eliminado definitivamente aquellas cosas que no hará, entonces puede concentrar todo su tiempo y energía en las cosas que sí debe hacer.

Siempre encontramos muchos problemas cuando no tomamos decisiones firmes y duraderas para gobernar asuntos importantes. Un psiquiatra le dijo una vez a un paciente mental: “¿Alguna vez tienes problemas para tomar una decisión?”. El paciente respondió: “Bueno, sí y no”. Una persona indecisa es una persona débil. Una persona indecisa comete muchos más errores de los que debería.

Recientemente, a un hombre que buscaba ayuda con un problema moral le preguntaron: “¿Qué vas a hacer ante la próxima tentación?” Respondió: “¿Cómo podría saberlo hasta que sepa cuál será la tentación?” Si este hombre no puede decidir favorablemente ni siquiera mientras sufre sus remordimientos, ¿qué oportunidad tendrá cuando sus deseos vuelvan a ser encendidos por su maldad? Ciertamente, nos imponemos una seria desventaja cuando descuidamos tomar decisiones claras sobre esas preguntas importantes de moralidad, honestidad, integridad, diligencia y religión. Seguir leyendo

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Grandes experiencias

Insigne, junio, 1971. Conference Report, 1971

Grandes experiencias

por el élder Sterling Welling Sill

Mis hermanos y hermanas; como un parte de mi intervención me gustaría citar una interesante línea de Eclesiastés en la que el sabio Salomón dijo: «Mi corazón ha percibido.» (Eclesiastés 1:16).

Ciertamente, las vidas de más éxito son las que tienen las experiencias más valiosas. La religión de Cristo no es tan sólo un conjunto de ideas, sino que es un conjunto de actividades. El propósito de la Iglesia es ayudar a traducir los principios del Evangelio de Cristo en una experiencia humana constructiva y significativa. Y todo el mundo debe trabajar para este fin por una práctica diaria de pensar algunos pensamientos que elevan, escuchando música fina, leyendo un poco de literatura estimulante, haciendo algunas buenas acciones, y tener grandes experiencias todos los días.

Debido a que nos acercamos tanto de la rebelión, la debilidad y el mal con el que estamos rodeados, tendemos a cargarnos a nosotros mismos con demasiados complejos de culpa, problemas mentales, inseguridad y mediocridad. Recientemente he oído de un hombre que agrava el problema debido al acaparamiento de sus errores. A menudo se hacía referencia al hecho de que el cajón de su DFT era el archivo más grande en su oficina. Una vez alguien le preguntó qué representaban estas cartas archivadas, y dijo que identificaban una colección de las cosas tontas que había hecho. La mayoría de nosotros no somos malas personas, simplemente dejamos que nuestros archivos DFT sean demasiado grande.

Las Escrituras mismas hacen tantas referencias a los tontos como a los pecadores. Y si estábamos tratando de hacer la aplicación más efectiva de texto de Salomón, podríamos tomar el enfoque positivo y hacer una colección escrita de nuestras experiencias, no sólo las que hemos tenido en el pasado, sino las que tendremos en el futuro.

Recientemente se pidió a un grupo de obispos un informe sobre su trabajo. Se les dijo que no hablaran de sus problemas, sino que describieran lo que hicieron mejor que los demás. Esta filosofía de excelencia fue demostrada por el artista Whistler, una vez que pintó una pequeña imagen de un ramo de rosas. El arte involucrado era magnífico. Nunca antes, al parecer, el arte del hombre había podido ejecutar tan hábilmente una reproducción del arte de la naturaleza. La imagen era la envidia de los artistas que lo vieron, la desesperación de los coleccionistas que anhelaban comprarlo para su colección, pero Whistler se negó a venderlo.

«Porque,» dijo él, «cada vez que siento que mi mano ha perdido su astucia, y dudo de mi capacidad, miro a la pequeña imagen de la pulverización de rosas y me digo, ‘Whistler, quien lo pintó. Su mano lo dibujó. Su imaginación concibió los colores. Su habilidad puso las rosas en el lienzo. Entonces, «dijo,» Yo sé que lo que he hecho puedo hacer de nuevo.»

Entonces él nos dio una gran filosofía de éxito. Él dijo, «cuelguen en las paredes de su mente el recuerdo de sus éxitos. Tome el consejo de su fuerza, no su debilidad. Piensa en los buenos puestos de trabajo que has hecho. Piensa en los momentos en los que te has elevado por encima de tu nivel medio de rendimiento y llevado a cabo una idea o un sueño o un deseo que habías deseado profundamente. Cuelga estas fotos en las paredes de su mente y ve como viajan por la calzada de la vida.»

Ahora no voy a la carga esta tarde con el contenido de mi archivo DFT, pero me gustaría hablarles de algunas de mis grandes experiencias. La gran experiencia número uno es que me las arreglé para conseguir nacer, y he estado muy contento de eso desde entonces.

Henry Thoreau, un filósofo americano, una vez dijo que debemos dar gracias a Dios todos los días de nuestras vidas por el privilegio de haber nacido. Y luego pasó a especular sobre la suposición bastante singular de lo que podría haber sido si no hubiera nacido. Sólo suponga no haber nacido o que nunca hubiese llegado a sus padres. Piense en toda la emoción y las oportunidades que habría perdido como consecuencia. Lo que el Sr. Thoreau no puede haber sabido que era un tercio de todos los hijos de Dios nunca nació y nunca podrán nacer porque no lograron pasar los requisitos de su primer estado. Y, sin embargo, todos los hijos espirituales de Dios tienen hambre de un cuerpo. Recordamos a los espíritus no encarnados que se presentaron a Jesús en su tiempo y que preferían tener los cuerpos de los cerdos en lugar de no tener ningún cuerpo en lo absoluto.

En mi caso, no me entere de que yo hubiera nacido sino hasta bastante tiempo después de que esto hubiera ocurrido. Y todavía estoy descubriendo muchas cosas importantes acerca de la buena fortuna de mi nacimiento. Finalmente descubrí que había heredado dos padres que estaban muy interesados en mi bienestar. Y estoy muy contento de que no eran miembros de esta moderna raza de abortistas que son seguidores del rey Herodes en su programa de sacrificio de los inocentes. Mis padres eran muy pobres en las cosas materiales, pero he descubierto que incluso un poco de adversidad puede tener muchas ventajas. El poeta nos ayuda con esta idea cuando dice:

«El árbol que nunca tuvo que luchar Por el sol y el cielo y el aire y la luz,
Sin embargo, se destacó en el campo abierto Y siempre tuvo parte de la lluvia,
Nunca se convirtió en un rey del bosque Pero vivió y murió como una maleza.
El hombre que nunca tuvo que trabajar para vivir,
Que nunca tuvo que ganar su cuota de
Del sol y el cielo y la luz y el aire, Nunca se convertirá en un hombre de hombres
Vivió y murió cuando él comenzó. «Buena madera no crece a sus anchas,
El viento más fuerte, los árboles más fuertes.
El cielo de mayor longitud, Cuanto más la tormenta, más la fuerza. Por el sol y el frío, la lluvia y la nieve,
En los árboles y los hombres buenos maderos crecen.
¿Dónde se encuentra la más grueso crecimiento de los bosques Nos encontramos con los patriarcas de ambas.
Y sostienen Consejo con las estrellas Cuyas ramas rotas muestran las cicatrices
Muchos de los vientos y gran parte de la lucha.
Esta es la ley común de la vida.»
-Autor desconocido

Una de mis grandes placeres al nacer fue encontrar que había nacido estadounidense. Estoy muy agradecido de que Dios haya levantado a hombres sabios para establecer esta nación sobre principios  cristianos  y  que  nos  proporcionaron  nuestros  padres fundadores para estar a la vanguardia de nuestra civilización para dar a nuestra nación su inicio hacia su destino.

Una de mis mejores experiencias fue que mis padres me enseñaron los principios del Evangelio de Jesucristo. Alguien ha dicho:

«Usted puede tener riquezas y riquezas incalculable, Cestas de joyas y cofres de oro,

Pero más rico que yo, nunca será Por que tenía una madre que me leía.»

Ocho años después de mi nacimiento, aprendí algo sobre el gran principio del arrepentimiento por el cual podemos limpiar nuestros archivos DFT y nacer de nuevo. Y así, el 27 de agosto de 1911, nací del agua y del Espíritu de la manera exacta prescrita por el Salvador del mundo. Me convirtió en un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y tenía el don del Espíritu Santo conferido oficialmente sobre mí.

Luego tuve otra gran experiencia. Yo descubrí que podía renacer tantas veces como yo deseaba, y que cada vez podía  renacer mejor. A Phillip Brooks, una vez le preguntaron cuando nació y dijo: «Fue un domingo por la tarde cuando tenía veinticinco cinco años, justo después de que había terminado de leer un gran libro.» Saulo de Tarso renació en el camino de Damasco. José Smith nació de nuevo después de leer una gran escritura.

En 1932, Walter Pitkin escribió su libro La vida comienza a los cuarenta, pero eso es ridículo. La vida comienza cada mañana. La vida comienza cuando comenzamos. Y nuestra vida real comienza cuando determinamos vivir por cada palabra del Señor.

Yo tuve otra gran experiencia cuando tenía nueve años de edad. En la reunión sacramental un domingo alguien mencionó un artículo en la revista Improvement Era que había sido escrito por el presidente Heber J. Grant. Y aunque yo no entendía todo sobre aquello, me quedé impresionado. Y pensé que una experiencia grande sería si pudiera conseguir esta revista para que pudiera leerla tantas veces como fuera necesario para entender completamente. Finalmente tomé mis pequeños ahorros y me suscribí a esta gran revista. No leo tantas cosas buenas como debería, pero en aquellos días cría que tenía un poco de más tiempo libre y leí cada artículo, incluyendo cada anuncio en cada número. Y a veces me leí algunos de ellos muchas veces. Y nací de nuevo cada vez que se publicaba un nuevo número.

Más tarde estaba casado con una esposa maravillosa en el templo del Señor, y nuestra familia estaba sellada por esta vida y por toda la eternidad. Tengo en mi poder una Biblia, y he de ejecutar cada una de sus enseñanzas en mi mente muchas veces. También tengo tres grandes volúmenes de nueva escritura, indicando, en cada detalle los principios sencillos del Evangelio de Cristo. Y cada uno está acreditado por un «así dice el Señor.» Yo he nacido de nuevo cuando he tenido el firme propósito de vivir cada uno de estos importantes preceptos de salvación.

A través de mi trabajo he tenido algún papel en ayudar a llevar adelante la obra del mundo. Pero también he tenido un papel en ayudar a llevar adelante la obra del Señor, y yo podría tener tanto de una parte como deseo en esa gran empresa en la que Dios mismo pasa todo su tiempo.

Estoy actualmente en posesión de la información más valiosa del mundo. Sé que Dios vive, que hemos sido creados a su imagen, y que mediante la obediencia a los principios del Evangelio de Jesucristo, finalmente, tenemos la esperanza de llegar a ser como nuestros padres eternos.

Pero no todas mis grandes experiencias son del pasado. Branch Rickey, el gran representante de béisbol, se le preguntó una vez que describiera  su  día  más  grande  en  el  béisbol. Él  dijo,  «no  puedo porque no lo he tenido todavía.» Y la mayoría de nuestras experiencias más grandes están todavía por delante. Una de ellas será la segunda venida gloriosa de Jesucristo, cuando con sus poderosos ángeles en llama de fuego vendrá a limpiar la tierra de sus pecados y para inaugurar el reino del milenio  en  esta tierra. Cada uno de nosotros tendrá una resurrección corporal literal, y qué gran experiencia que será. Charles Kettering, asistente mecánico de General Motors, dijo una vez, «Mi interés está en el futuro, porque es donde voy a pasar el resto de mi vida.»

Y mi deseo para cada uno de ustedes es que puedan pasar la vida eterna en el reino celestial de Dios. Y entonces poder decir: «Mi corazón ha tenido su mayor experiencia.» Y eso puede ser así, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Dios y Patria

Conferencia General Octubre 1970

Dios y Patria

Sterling W. Sill

por el Élder Sterling W. Sill
Asistente al Consejo de los Doce


Durante los últimos seis meses de este año, las reuniones de liderazgo de los sábados por la noche en nuestras conferencias de estaca se están utilizando para promover los objetivos duales del programa de relaciones militares de la Iglesia. Es de suma importancia que cada persona en el mundo comprenda que la Iglesia de Jesucristo ha sido restablecida en la tierra. También es importante saber que los gobiernos fueron instituidos por Dios para el beneficio del hombre y que Él nos hace responsables de nuestros actos en relación con ellos (D. y C. 134:1).

La ciudadela de la libertad
Tenemos una revelación directa del Señor de que Él levantó a hombres sabios para establecer la Constitución de esta tierra y requiere que se mantenga para la protección de toda carne, de acuerdo con principios justos y santos, para que todos puedan actuar de acuerdo con su albedrío moral dado por Dios. Es un decreto divino que esta tierra debe servir como la ciudadela de la libertad. Y es la misión de América mantener viva la libertad, la rectitud y la dignidad humana en el mundo (D. y C. 101:77-80, Preámbulo de la Constitución). Seguir leyendo

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Nuestras tentaciones

Conferencia General Abril 1970

Nuestras tentaciones

Sterling W. Sill

por el élder Sterling Welling Sill
Asistente al Consejo de los Doce


En el gran libro de Charles Dickens Historia de Dos Ciudades, él habla sobre el período revolucionario francés de hace 200 años, casi como si estuviera describiendo nuestro propio día. Al establecer el contexto de su historia, dijo: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la era de la sabiduría, era la era de la necedad, era la época de la fe, era la época de la incredulidad, era la estación de la Luz, era la estación de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, teníamos todo delante de nosotros, no teníamos nada delante de nosotros, íbamos todos directamente al Cielo, íbamos todos directamente en la otra dirección”.

En nuestro mundo de contrastes, los peligros frecuentemente se hacen mayores a medida que aumentan los beneficios, y parece que la dificultad es uno de los precios que pagamos por nuestras bendiciones. Los próximos 12 meses probablemente serán el período más grande que nuestro mundo haya visto jamás. En este año que viene, nacerán más bebés que en cualquier otro período comparable. Se harán más inventos nuevos que nunca. Aprenderemos más cosas nuevas y tendremos mayores comodidades materiales. En los próximos 12 meses, más personas irán a la universidad, y más personas se unirán a la Iglesia de Cristo que en cualquier otro año. Por otro lado, probablemente morirán más personas que nunca. Podríamos tener más problemas, cometer más crímenes, consumir más drogas, beber más licor, caer en más pecados, fomentar más violencia destructora del alma y enviar a más de nosotros mismos al infierno que nunca antes. Seguir leyendo

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Recuerda el día de reposo

Conference Report, octubre, 1969. Improvement Era, diciembre, 1969

Recuerda el día de reposo

por el élder Sterling Welling Sill

Si estábamos buscando algún programa para curar todos los problemas que actualmente aquejan a nuestro mundo, podríamos encontrarlo al observar correctamente el día de reposo. La importancia del sábado se prefigura en el relato de la creación. En la programación de los siete períodos de la creación, Dios apartó el séptimo día como su día de reposo. Y luego, en nuestros intereses que sobre todo bendijo y santificó este un día de cada semana, y ordenó que fuera nuestro día de reposo. Y es un día magnífico si se utiliza como era su intención.

Es probable que nuestra civilización no hubiese sobrevivido durante medio siglo, si no hubiera sido por esto, un día de siete que llamamos domingo. Este es el día en que nos ponemos las mejores ropas y nuestros mejores pensamientos y leemos nuestros mejores libros. Este es el día en que nos relacionamos con las personas que más nos gustan. Este es el día en que normalmente se reserva la mejor comida de la semana. Este es el día en que dejamos a un lado los cuidados que normalmente nos ocupan durante los otros seis días y vamos a la casa de oración y dejamos que nuestras mentes se dirijan hacia arriba y tratamos de entender el verdadero propósito para el que fue apartado este día.

Algunas personas han hecho milagros cuando en un período de pocos años se han fijado aparte incluso 15 minutos al día para el estudio regular y la superación personal especial. Y podemos traer la exaltación eterna a nosotros mismos mediante el uso del día de reposo como pretende el Creador. Hace unos 3.460 años Dios bajó en la cima del Monte Sinaí en el fuego, y con el acompañamiento de rayos y truenos, dijo: «Acuérdate del día de reposo para santificarlo» (Éxodo 20:8).

Luego, en el meridiano de los tiempos, el Hijo de Dios estableció su iglesia sobre la tierra con la expectativa de que deberíamos pertenecer a ella. Sólo suponemos que debemos hacer cada uno una lista reflexiva con las cosas que podríamos hacer para realmente hacer de esto un día santo. La iglesia de la que debemos ser una parte importante se le dio la responsabilidad de proclamar los principios de la verdad eterna, y en el marco de la Iglesia se supone que debemos patrocinar individualmente esas leyes las que estaban supeditadas las bendiciones de la humanidad. William James ha dicho: «Lo que mantiene nuestra atención, determina nuestra acción.» Y si no prestamos atención, perdemos la bendición.

El día de reposo nos da un tiempo para estudiar las escrituras y pensar en los propósitos eternos de la vida, es un tiempo para un banquete espiritual, la estimulación mental, actividades en conjunto como familia, la comunión cristiana agradable. Antiguamente los seguidores de Cristo se reunían el primer día de la semana para escuchar el Evangelio, participar de los emblemas de la expiación, y renovar sus convenios de fidelidad. Y en nuestros días el Señor ha dicho:

«Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

«Porque, en verdad, este es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo» (Doctrina y Convenios. 59:9-10).

Esa es una de nuestras mayores oportunidades. Y traemos todo tipo de  problemas  graves  sobre  nosotros  cuando  usamos  el  día  de reposo para el placer, la mundanalidad, y el mal. A veces hacemos del sábado nuestro día menos importante, poniendo en nuestra ropa más antiestéticas y haciendo nuestro trabajo más ordinarias. Como consecuencia  de  lo  que  hacemos,  muchas  de  nuestras  iglesias permanecen vacías y las sagradas escrituras permanecen en los estantes sin abrir. Cuando perdemos el espíritu del día de reposo, es probable que estemos construyendo barras en nuestros hogares, en lugar de altares. Y a veces podemos llegar a estar más interesados en las carreras de caballos y los partidos de béisbol que en el reino celestial.

Alguien ha dicho que la mente como la mano del tintorero se colorea con lo que posee. Si tengo en mi mano una esponja llena de tinte púrpura, mi mano se vuelve púrpura. Y si tengo en mi mente y corazón grandes ideas de la fe y la ambición de la justicia, toda mi persona es de ese color en consecuencia.

El apóstol Pablo vio nuestros días e indicó que llevaríamos en nuestra mente muchas clases de ideas incorrectas. Él dijo:

«Esto  también  debes  saber:  que  en   los postreros   días vendrán tiempos peligrosos.
«Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos,
«Sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin dominio propio, crueles, aborrecedores de lo bueno,
«Traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los deleites más que de Dios,
«Teniendo apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella; a estos evita.» (2 Timoteo3:1-5).

E indicó el cambio que debíamos hacer cuando dijo:

«. . . Ttransformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. . .» (Romanos 12:2).

Todas nuestras vidas pueden ser transformadas por tener una experiencia sagrada en el día de reposo.

El otro día, mientras caminaba por la calle me encontré con un buen amigo mío. Nos dimos la mano y nos comprometimos en una pequeña charla agradable. Nos reímos, bromeamos, y tuvimos unos pocos minutos agradables juntos. Luego, a medida que me fui por mi camino pensé lo bien que me sentí por lo que había hecho anteriormente. Una de las mejores maneras de sentir la fe y disfrutar de la amabilidad de los demás seres humanos es en la iglesia. En la iglesia la charla es muy importante, y podemos dar la mano, sentir el Espíritu de Dios, y ser elevado al escuchar, orar y cantar juntos desde lo más profundo de nuestro corazón.

El Señor se complace cuando lo honramos y llevamos este beneficio a nosotros mismos guardando el día de reposo. Él ha dicho:

«Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza.» (Doctrina  y Convenios 25:12)

También en la casa del Señor tomamos la Santa Cena y renovamos nuestros convenios personales de servirlo.

En esa memorable última noche de la vida del Señor, la Escritura recuerda que:

«Entonces tomó el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
«Asimismo, tomó también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama.» (Lucas 22:19-20).

Y, «. . . todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.» (1 Corintios. 11:26).

Esto no sólo es una manera de tener una experiencia espiritual vitalizante con nuestro Redentor, sino también es una manera de que podamos tener una relación gratificante con nuestros semejantes. Después de Dios, la creación más inspiradora en el universo es un gran ser humano formado a imagen de Dios. Y una de las razones por las que hemos sido dotados de sus grandes atributos es que con ellos podemos inspirar a los demás. Se ha señalado que cuando los velos de nuestra mortalidad se apartan a un lado, la persona más ordinaria puede ser el tipo de persona que nos sentiríamos como caer hacia abajo y adorando antes. Si hubiéramos podido visitar a Abraham mientras pastoreaba sus ovejas en los desiertos de Palestina, habríamos quedado muy impresionados. Pero si hubiéramos podido estar a su lado mientras se levantaba entre los nobles y grandes en los consejos premortal de Dios, o si pudiéramos estar con él ahora, mientras sirve en el reino celestial de Dios, la experiencia sería probablemente una mucho más fácil de recordar. Y la gente maravillosa que podríamos descubrir cada día de reposo si pudiéramos ver a nuestros hermanos y hermanas, a la luz de su verdadera identidad como hijos de Dios. El profeta José Smith dijo que «Si por cinco minutos pudiéramos ver lo que hay en el cielo, aprenderíamos más que si leyésemos todo lo que jamás se ha escrito sobre el asunto.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 180). Pero todos nuestros hermanos y hermanas en el cielo son los mismos que hace sólo unos pocos años, y que en breve los veremos allí de nuevo.

Es útil para nosotros recordar que Dios, los ángeles, el espíritu y los hombres son todos de la misma especie en diferentes etapas de desarrollo y en diferentes grados de justicia. El apóstol Pablo dice que «No os olvidéis de la hospitalidad, porque por esta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.» (Hebreos 13:2).

¿Pero quiénes son estos con quien adoramos? El Rey David hace una pregunta muy útil cuando exclama:

«¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?
«Pues le has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.
«Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies.» (Salmos 8: 4-6)

Una traducción de la Biblia dice: «Tú le has puesto por un tiempo inferior a los ángeles.» (La cursiva es nuestra.) En cierto modo sí, Jesús fue hecho menor que los ángeles temporalmente. Y lo emocionante que debe ser para nosotros cada semana cumplir adecuadamente Dios y los demás seres humanos como lo ha dirigido. Y estamos seguros de que algún día, cuando llegamos a estar delante de Dios, nos encontraremos con que los que han guardado sus mandamientos, efectivamente serán diferentes tipos de personas de las que han ignorado o desobedecido los mandamientos de él. Y así, usando la imaginación podemos ir de nuevo y estar delante de los fuegos del Monte Sinaí y escuchar la voz de Dios cuando dijo: «Acuérdate del día de reposo para santificarlo» (Éxodo 20:8). Ruego que nos ayude para hacerlo así, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Las madres de los tiempos bíblicos

Liahona  mayo 1969

Las madres de los tiempos bíblicos

por el élder Sterling Welling Sill

En el Día de la Madre honramos a esa importante persona que se encuentra próxima a Dios en el beneficio que otorga a nuestras vidas. Ella ha sido el molde dentro del cual fue forjada nuestra forma física, y ha modelado nuestra vida, mental, espiritual y moralmente.

La palabra «madre» tiene también significado simbólico y metafórico. Cicerón dijo que la gratitud es la madre de todas las virtudes; una gratitud sincera es una especie de matriz de la cual pueden nacer santidad, fe y ambición. Es necesario que entendamos que los rasgos de carácter, las habilidades y los ideales también tienen madres, y sería una buena idea tratar, ocasionalmente, de llegar más allá de los resultados, a fin de trabar conocimientos con el poder que les ha dado la vida.

Un hecho muy interesante es que, incluso el Hijo de Dios necesitó una madre. Una vez al año recordamos el relato de la noche aquella en Belén, hace mucho tiempo, en que María puso a Jesús en el camino hacia su destino. El Nuevo Testamento menciona 89 oportunidades en que Jesús citó el Antiguo Testamento; nos preguntamos cuántas veces habrá citado las palabras de su madre.

Generalmente se piensa que la Biblia es nuestra más preciada posesión terrenal; contiene las instrucciones por medio de las cuales nuestras vidas pueden convertirse en gloriosas y eternas. Pero ésta ha sido grandemente enriquecida por aquellas maravillosas mujeres que dieron la vida a los profetas y ayudaron a formar la cultura en la cual vivimos.

Me imagino que el mejor lugar para empezar un estudio de las madres bíblicas es donde Dios mismo empezó. Nuestra vida se inició en los cielos. Pablo dijo:

«. . . tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban y los reverenciábamos, ¿por qué  no  obedeceremos mucho  mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?» (Hebreos 12:9)

En verdad que nadie puede haber tenido jamás un padre en los cielos ni en ninguna otra parte, sin haber tenido también una madre. El cielo no sería tal si no hubiera mujeres en él. Dios, en su sabiduría, creó un cuerpo mortal para alojar el magnífico espíritu inmortal del hombre.

Después Dios le dijo a Adán:

«No es bueno que el hombre esté solo.» (Génesis 2:18)

Así que se preparó un tabernáculo femenino para la grandiosa mujer elegida como esposa de Adán. Es interesante notar que la mujer fue creada con mayor belleza física que el hombre; tiene también una manera más suave; es más amante y espiritual en su naturaleza. Las mujeres fueron hechas para ser madres de la gran cantidad de espíritus  que  esperan  los  privilegios  de  la  mortalidad.  En  la existencia premortal Adán era conocido como Miguel el Arcángel, y es indudable que Eva era la pareja ideal para su grandioso marido. Lo que les ganó a ambos el privilegio de ser padres de la familia humana fue su excelencia en la vida premortal.

Después de abrirles los ojos, el Señor le explicó a Adán la necesidad de trabajar y de ganarse el pan con el sudor de su frente. Los registros divinos establecen que «Eva su esposa, también se afanaba con él». Además declaran que el Espíritu Santo descendió sobre Adán y que ambos recibieron revelaciones de Dios; y Adán bendijo a Dios, diciendo, «. . . porque a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne veré de nuevo a Dios». Y el registro continúa explicando que «Eva . . . oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: Si no hubiese sido por nuestra transgresión, jamás habríamos tenido simiente, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes». Y Adán y Eva hicieron saber a sus hijos las verdades de Dios. (Moisés 5:10- 12) Cuando nació Caín, Eva se sintió feliz y declaró, «Por voluntad de Jehová he adquirido varón». (Génesis 4:1)

Más tarde nació Abel y durante más de novecientos años nuestros primeros padres enfrentaron la responsabilidad de establecer eficazmente a la raza humana sobre la tierra. También conocieron la tragedia de ver a algunos de sus hijos en el camino equivocado.

¡Qué terrible choque habrán sufrido cuando Caín mató a su hermano, atrayendo sobre sí una espantosa maldición! El profeta Daniel nos habla del día en que Adán, a quien llama «el anciano de días» o el hombre más viejo, se sentará para juzgar a su pueblo. Y sigue diciendo que miles de millares le servirán y millones de millones se pararán delante de él. (Daniel 7:9-14) Ciertamente, cuando ese día llegue, nuestra fiel madre Eva estará allí a su lado.

Hay otra mujer en la Biblia que se parece a Eva en algunas cosas. Sara fue la esposa de Abraham, y el Señor la llamó «madre de naciones» y dijo que entre su posteridad se contarían muchos reyes. Ella y su esposo fueron elegidos para dejar la sociedad pecadora en que vivían en su propia tierra, y ayudar a Dios a establecer una nueva nación grandiosa de personas dignas. Sara era muy hermosa; las cualidades de su personalidad y los maravillosos rasgos de su carácter todavía irradian su brillo desde las páginas de historia sagrada. Era inteligente, paciente y encantadora y evidentemente se sentía feliz en la vida nómada que llevaban. Sara dio a luz a Isaac cuando tenía noventa años; ayudó a trasmitirle el amor que ella y Abraham siempre habían tenido hacia Jehová. Después de su muerte, Isaac rindió a su madre el supremo tributo en aquellos días, manteniendo desocupada su tienda hasta que Rebeca la ocupó en calidad de esposa.

Otra de las grandes mujeres de los tiempos bíblicos fue Raquel (que significa «serena y humilde»), la esposa que ganó Jacob después de 14 años de fatigas. Pero Raquel era estéril. El primer mandamiento de Dios había sido «multiplicad y henchid la tierra» (Génesis 1:28) y este instinto natural había sido implantado firmemente en el corazón de Raquel, quien por fin, en el colmo de la desesperación, lanzó un grito angustioso: «Dame hijos, o si no, me muero.» (Génesis 30:1) Finalmente dio a luz a José, otro hijo por quien bien había valido la pena esperar.

Pero la vida de esta magnífica mujer tuvo un fin prematuro al dar a luz a su segundo hijo, Benjamín. Raquel debe haber sido de hermoso aspecto, hablar suave y disposición amorosa; y estamos seguros de que el amor que Jacob le tenía vivirá eternamente.

La lápida que todavía marca el lugar de su tumba en las afueras de Belén, trae a nuestra mente uno de los relatos de amor más maravillosos de la historia. Jocabed fue madre de tres famosos personajes: Moisés, Aarón y Miriam; era mujer de fe indestructible e inagotables recursos. Cuando tuvo que enfrentar el edicto del gobierno que destruiría a su hijo recién nacido, Moisés, hizo una cesta de cañas, la calafateó con brea, y la ocultó entre los juncos de la orilla del río, donde la hija del Faraón iba a bañarse.

Después, la fiel hermana de Moisés, Miriam, corrió hasta donde estaba la princesa y ofreció los servicios de su madre como nodriza e institutriz del niño.

Otra de las mujeres bíblicas maravillosas, fue Ruth. Se le honra primeramente por la lealtad que demostró a su suegra, Noemí. El esposo y los dos hijos de ésta habían muerto; al quedar sola, había decidido volver a su antiguo hogar en Belén. Sin embargo, les explicó a sus dos nueras que se tendría en cuenta lo mejor para ellas que era encontrarles nuevos maridos y quedarse a vivir entre su propia gente en Moab. Pero Ruth quería mucho a su suegra y deseaba estar con ella. Ella nos muestra en su mejor aspecto, esa hermosa ligadura que a veces existe entre una anciana y una joven. Ruth le dijo a su suegra: «No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.» (Ruth 1:16)

Y así también ella volvió a Belén, donde espigó en los campos de Booz. Allí, bajo la experta dirección de Noemí, se desarrolló un tierno romance entre Ruth y Booz quienes más adelante se convirtieron en los bisabuelos del rey David.

Entre las nobles mujeres de los tiempos bíblicos se encuentra Ana, la madre del gran profeta hebreo Samuel. Ella es un ejemplo de dedicación a Dios que ha sido raramente excedido. Gran parte de su tiempo lo pasaba en medio de la amargura y el llanto porque no tenía hijos; en el templo de Silo ofreció una oración en la cual prometió que si Dios le concedía un hijo, ella lo dedicaría al servicio divino. Dios le concedió lo que pedía, y ella cumplió la promesa que le había hecho. Cuando su pequeño tenía solamente tres años, esta valiente mujer lo llevó al templo y lo consagró al Señor. El niño empezó sus deberes sacerdotales bajo la dirección de Eli el sacerdote, y finalmente Samuel se convirtió en el sacerdote del templo y después en Profeta del Señor.

Uno de sus grandes privilegios fue ungir a David, Rey de Israel. Y por fin llegamos a María, la madre virgen de Jesús. Es sumamente interesante imaginar la clase de mujer que sería para haber sido elegida por Dios para que fuera la madre de este Hijo en especial.

Era pura de corazón y con hermosura de carácter; hizo de su vida un completo compromiso con Dios y recibió el rol más grandioso que pudiera recibir mujer alguna. Fue madre siendo aún muy  joven, como lo consideraríamos de acuerdo a nuestras costumbres; pero poseía gran humildad, devoción ilimitada y obediencia ciega a la voluntad de Dios.

Confiándole a su prima Elisabeth que había sido elegida para ser la madre del Hijo de Dios, le dijo: «Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; santo es su nombre.» (Lucas 1:46-49)

Indudablemente María derramó muchas lágrimas de gozo y gratitud cuando sostuvo por primera vez contra su seno al Cristo niño en Belén; debe haber derramado otras a medida que observaba su espléndido desarrollo varonil. Pero entonces la hostilidad de la gente se volvió contra El, y finalmente María se vio obligada a esperar aquellas largas y tristes horas al pie de la cruz. Pero aun a la muerte de su Hijo, fue altamente bendecida entre las mujeres.

Hay veces en que podemos ver mejor lo positivo de una idea si contemplamos su lado negativo. Hace unos cuantos años, Lillieth Schell escribió para el Día de las Madres un estimulante relato titulado «La otra mujer», que es parte de la historia de la crucifixión. Describe la agonía y el sufrimiento de la cruz; habla de la sed, los labios resecos y el vinagre; después, la amargura de aquel último grito seguido por el temblor de tierra, la oscuridad y el terrible miedo. Desde la cruz, Jesús, señalando a su discípulo amado, había dicho a su madre: «Mujer, he ahí tu hijo» y le dijo a Juan: «He ahí tu madre».

Después del fin, Juan condujo a María con Salomé y otra mujer, a su propia casa. Tarde en aquella noche, en medio de todo el llanto, alguien llamó a la puerta. Juan abrió y vio a una mujer desconocida parada en el umbral. Le preguntó: «¿A quién buscas?» Y ella respondió: «A la madre del que fue crucificado.» Juan le dijo: «Está acá, pero no puedo permitirte que la molestes.» La mujer, diciendo «Es necesario», empujó a Juan y entró a donde se encontraba el pequeño grupo de mujeres llorosas; se detuvo un momento mientras sus ojos se acostumbraban a la luz, y luego, después de identificar a aquélla que buscaba, se le acercó y le dijo: «Te ofrezco compasión.» María le replicó: «Te lo agradezco mucho, mujer, quienquiera que seas.» Entonces le desconocida exclamó: «¡Ah, qué feliz eres!»

Asombrada por aquellas extrañas palabras, María, la madre de Jesús, levantó sus ojos empapados y miró profundamente el rostro de la mujer. Lo que vio en él le hizo olvidar su propia amargura. «Hermana mía» le dijo, «siento que más bien soy yo quien debe ofrecerte compasión. Tú pena, tu dolor, ¡cuán grandes deben ser!

¿Me contarás lo que te pasa? ¿Me dirás quién eres?» «Mi nombre es Judith», respondió la mujer. «Procedo de Kerioth de Judea.» María contestó: «Amiga mía, ¿no puedes contarme tu pena? Quizá pudiera ayudarte, y en todo caso, deseo compartirla contigo.» «Mi pena», dijo Judith, «es tal que no podrías siquiera imaginarla.» Elevó la mano y apartó de la frente un mechón de cabello gris. Después, apretándose la garganta, como para aliviar un terrible dolor, dijo con un penetrante sollozo: «Yo soy la madre de Judas Iscariote.»

Deseo terminar con la honrosa mención de otra gran mujer: nuestra propia madre. Dios nos ayude a ser dignos de ella.

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He aquí el hombre

Conferencia General Octubre 1968

He aquí el hombre

por el élder Sterling Welling Sill
Ayudante del Consejo de los Doce


En Austria existe un puente que cruza un hermoso río. Al cruzarlo, se pasa por 12 estatuas de Cristo, espaciadas a pocos pasos de distancia. Cada una de estas representaciones muestra al Maestro en relación con algún grupo ocupacional específico. Los pastores, al cruzar este puente con sus rebaños, suelen detenerse unos momentos ante la estatua que representa a Cristo como el Buen Pastor. Los agricultores se detienen y reflexionan ante la imagen que lo muestra como el Sembrador. Los pescadores permanecen en reverencia ante la representación de Cristo calmando la tempestad. Y aquellos viajeros que están enfermos, ya sea en cuerpo o en espíritu, se inclinan ante la imagen de Cristo como el Sanador.

Un gran fortalecimiento espiritual puede llegar a quien se detiene a meditar en estos pensamientos inspiradores, sabiendo que Cristo entiende tanto su trabajo como sus problemas personales. Una de las estatuas en el puente de Austria representa al Gran Maestro. Jesús fue el más grande de los maestros porque comprendía las vidas humanas mejor que cualquier otra persona y entendía los efectos de los acontecimientos diarios que determinan nuestro éxito. Como dijo George A. Barton:

«Y hablaba de lirios, la vid y el maíz, el gorrión y el cuervo,
y sus palabras, tan naturales y sabias,
se grababan en los corazones de los hombres.
Y la levadura y el pan, el lino y el paño,
los huevos y el pescado y las velas.
Vean cómo lo más familiar del mundo
es manejado divinamente por él.» Seguir leyendo

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La resurrección

Liahona abril 1968

La resurrección

por el élder Sterling Welling Sill


El más grande de todos nuestros conceptos humanos tiene que ver con la inmortalidad de la personalidad y la gloria eterna del alma humana. Dios que es el autor de la vida, es también el autor de un programa divino para nuestro progreso eterno y felicidad. El programa no consigue sus propósitos cuando nosotros fallamos al hacer lo que nos corresponde para llevarlo a cabo. El hecho de que no entendamos todos los detalles no deberá impedir que seamos fieles y obedientes, ya que realmente nadie sabe mucho acerca de nada. No entendemos nuestro propio nacimiento, vida o muerte. Algunos han afirmado que ellos no creerían nada que no entendieran, pero esta filosofía limita severamente nuestra lista de creencias de que cualquier éxito material llega a ser imposible.

Unas de las palabras más profundas de Jesús fue esta declaración en la que dijo: «Al que cree todo le es posible.» (Marcos 9:23) Si un individuo cree en las leyes de salud y nutrición, podrá traer grandes bendiciones sobre sí mismo, aunque no pueda entender todos los procesos que se requieren. Uno puede gozar de los beneficios de la luz, energía y calor sin entender mucho acerca de la electricidad.

Honramos a Sir Isaac Newton por descubrir la ley de gravedad, y sin embargo la gravedad en sí no ha sido descubierta. Hemos descubierto solamente algunas de las cosas que la gravedad hace. Nadie puede realmente entender la electricidad, la luz del sol o cómo crece el pasto. No entendemos la manera en que nuestras mentes funcionan, o cómo se reproducen las células de nuestro cuerpo. Ni siquiera descubrimos la circulación de nuestra propia sangre hasta la época de Harvey, hace un poco más de trescientos años. No obstante, los científicos más sabios que trabajan en los laboratorios mejor equipados, no han podido crear un vaso sanguíneo o hacer que crezca una bellota. Nadie tampoco puede crear vida o impedir la muerte. La comodidad de más valor que existe es la vida, y uno de los acontecimientos más importantes en la vida es la muerte.

La muerte es la entrada a la inmortalidad. Ciertamente la muerte no es un accidente o error. Es parte del programa de Dios de que el espíritu y el cuerpo estén separados temporalmente como un preludio para la última purificación y educación del espíritu, antes de la resurrección del cuerpo y la exaltación del alma. Siendo que consideramos la muerte y algunas de las cosas asociadas a la misma como desagradables, frecuentemente rehusamos darles la atención debida. Y sólo cuando pensamos acerca de la muerte en forma adecuada, podemos prepararnos eficazmente para ella. La muerte no deja de existir solamente porque la ignoremos.

Nos puede beneficiar grandemente creer en todas las leyes de Dios, incluyendo la resurrección literal del cuerpo, y seguramente no podemos suspender la creencia en la resurrección hasta que se comprendan claramente todos los detalles consiguientes. El instrumento más eficaz de todo nuestro éxito es el tener fe en nuestro Padre Celestial.

No hay duda acerca del hecho de que la mayoría de nosotros no apreciamos a Dios como deberíamos. Muchas personas desconfían de Él, otros casi dudan de su existencia, ya que se imaginan que es una influencia misteriosa e incomprensible que no pueden entender. Imaginad por un momento cuánto nos ayudaría pensar acerca de Dios como las Escrituras lo describen. Las Escrituras se refieren a Dios como una persona sabia, erudita y todopoderosa a cuya imagen fuimos creados. El es el padre de nuestros espíritus y Jesucristo es su Hijo Unigénito en la carne. Dios es el creador de un sinnúmero de mundos con todas sus leyes, maravillas, orden y belleza. No es sólo el padre de nuestros espíritus, sino que vela por nuestros intereses. Al hacer su programa eterno, no limitó los beneficios que podíamos recibir a esas pocas cosas que como seres comunes y muy a menudo desobedientes, podemos entender o vivir. Con toda la amplitud de nuestro conocimiento, probablemente no sabemos ni la millonésima parte de lo que Dios sabe, ni tampoco entendemos siquiera una pequeña parte de las bendiciones que Él tiene para nosotros.

Pablo dijo:

«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.» (1 Corintios 2:9)

Con todas nuestras flaquezas y debilidades, ¿por qué dudamos de Dios? ¿O por qué desconfiamos de Él o lo ignoramos? Dios no hace cosas perjudiciales, caprichosas o temporales. La escritura señala que «todo lo que Dios hace será perpetuo». Sin embargo, a pesar de su palabra y nuestro razonamiento, a veces imaginamos que una mortalidad corta llena de problemas es todo lo que hay en la vida. Por consiguiente, vivimos de conformidad y frecuentemente hacemos muy poco para desarrollar el programa que nuestro Padre eterno ha establecido para los hijos que ama.

Algunas personas no piensan en absoluto acerca de la vida eterna. Otros se imaginan que se nos despojará eternamente de esas tremendas creaciones que llamamos nuestro cuerpo, nuestra personalidad, emociones y memoria. Otros piensan que seremos como un grupo de pequeñas gotitas de lluvia que se hundirá en un océano común en donde toda identidad individual se perderá. Alguien ha preguntado, «De todos modos, ¿en qué clase de negocios creemos que Dios está? ¿Cómo podemos pensar que El daría vida a las almas humanas, dándoles mente para pensar, corazón para amar y manos para trabajar, y después permitir que el tiempo las borrara como si no tuvieran valor alguno?» Tal mañera de pensar acerca de un ser tan extraordinario como lo es nuestro eterno Padre Celestial, es increíble y completamente indigna.

Nosotros esperamos que nuestros hijos pequeños, que no tienen experiencia o entendimiento, acepten el consejo de sus sabios padres.  Si  un  niño  de  cinco  años  insiste  en  hacer  sus  propias decisiones, sabemos que tendría problemas. O si se ausentara de la escuela o insistiera en desobedecer las leyes de salud, podemos esperar para él un futuro inútil. Supongamos que con una plena confianza en Dios tratamos de saber lo más que podamos acerca de esa tremendamente estimulante idea de una resurrección corporal literal. De esta manera podremos obtener todas las bendiciones de Dios si desarrollamos la fe suficiente para vivir por ellas.

Para principiar, se nos ha dicho que hay varias clases de resurrección. Existe la resurrección de los justos y la de los injustos, y hay varios grados entre ambas. Sobre este punto, Jesús dijo:

«No os maravilléis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

«Y los que hicieron el bien saldrán a resurrección de vida, más los que hicieron el mal, a resurrección de condenación.» (Juan 5:28:29)

Todos, buenos y malos serán resucitados. «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados»; pero si tratamos de hacerlo de la manera correcta, podemos mejorar la calidad de nuestra resurrección individual. Al escribir a los Hebreos, al apóstol Pablo mencionó que algunos estaban haciendo ciertas cosas «a fin de obtener mejor resurrección» y en un discurso dirigido a los Corintios indicó que algunos serían resucitados a la gloria del sol, algunos  a la gloria de la luna y algunos a la gloria de las estrellas, y entonces dijo:

«. . . Pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos.» (1 Corintios 5:41-42)

En la revelación moderna se nos amonesta que si vivimos plenamente la ley del evangelio, llegaremos a ser espíritus celestiales con el poder de resucitar en cuerpos celestiales. Quizá, pensemos que el cuerpo es maravilloso de la manera en que se encuentra, pero Pablo dice, «Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual.» Si no entendemos cómo esto puede ser posible, tratemos de entender en primer lugar cómo Dios pudo juntar  tan eficazmente esta gran obra maestra de carne y sangre, huesos y tejidos, inteligencia y razón, visión y personalidad.

Cuando hasta el débil hombre mortal puede hacer cosas tan maravillosas como podemos verlo diariamente a nuestro alrededor, ¿por qué habríamos de limitar las habilidades de Dios para cumplir con lo que ha prometido?

Tenemos ante nosotros el ejemplo de la resurrección de Jesús con un gran número de testigos mortales. Pero después de la resurrección de Jesús muchos otros también fueron resucitados. La escritura dice, «Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.» La primera resurrección comenzó hace más de mil novecientos años y terminará cuando Cristo venga en su gloria a reinar sobre la tierra durante la era del Mileno. Cuando El venga, aquellos que han vivido vidas justas serán arrebatados juntamente para recibirlo. (1 Tesalonicenses 4:17) Y Juan dice, «Y vivieron y reinaron con Cristo mil años.»

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.» (Apocalipsis 20:4-6)

Aquellos que no estén preparados para la resurrección de los justos tendrán que esperar la resurrección de los injustos que se llevará a cabo después del Milenio.

Uno de nuestros problemas más grandes al creer en la resurrección, surge probablemente porque, en primer lugar, no entendemos la importancia de nuestro cuerpo. A pesar del hecho de que el cuerpo humano es el milagro más grande de Dios, hay personas a quienes se les ha inculcado que su cuerpo les fue dado como una clase de castigo. Piensan que los cuerpos fueron designados como una prisión y que la muerte del mismo es un paso para la libertad del espíritu. Sin embargo, si un cuerpo mortal no fuera necesario, nunca se hubiera creado en primer lugar. Si no fuera necesario para la eternidad, la resurrección nunca se hubiera instituido. Si un cuerpo no fuera necesario para Dios el Padre, entonces Dios el Hijo nunca hubiera resucitado. La resurrección de Cristo no fue solamente para satisfacer una conveniencia temporal. Jesús no perdió su cuerpo después de la resurrección. No se evaporó ni se expandió de una manera misteriosa para llenar la inmensidad del espacio. Dios no es una materia incomprensible sin cuerpo, personalidad, sentimientos o forma. La revelación moderna reafirma la enseñanza de la Biblia de que Dios es nuestro Padre Celestial y de que nosotros sus hijos nos asemejamos al Padre a cuya imagen fuimos creados. Pero el Padre y el Hijo han reaparecido sobre la tierra en esta última dispensación y sabemos que cada uno es un ser individual glorificado. Un versículo de las escrituras modernas dice, «El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino que es un personaje de Espíritu.» (Doctrina y Convenios 130:22)

A pesar de que el espíritu en sí no es completo, hay sin embargo algunos que insisten en despojar de su cuerpo a Dios mismo. Algunos reducirían a nuestro Padre Celestial a un espíritu o lo considerarían tan sólo una influencia. Alguien lo ha descrito como un principio eterno. ¿Os gustaría perder vuestro cuerpo o cualquier parte del mismo o llegar a ser solamente una influencia o un principio eterno?

Algunos rehúsan la palabra del Señor aparentando ignorancia pero de todos modos, nos vemos mezclados en problemas muy serios. No parece molestarnos mucho el que no entendamos las vitaminas, la electricidad o la luz del sol, pero estamos ansiosos por hacer lo que sea necesario para recibir sus ventajas.

Y seguramente si Dios puede crearnos, podemos estar seguros de que tiene la habilidad para cumplir la promesa de que resucitaremos.

Hace tiempo, el Dr. Wernher Von Braun dijo: «Muchas personas creen que la ciencia ha hecho las ideas religiosas un tanto anticuadas o pasadas de moda. Pero creo que la ciencia reserva una verdadera sorpresa para el escéptico. La ciencia por ejemplo, nos dice que nada de la naturaleza, ni siquiera la partícula más pequeña puede desaparecer sin dejar un vestigio. La naturaleza no conoce la extinción, todo lo que conoce es la transformación. Ahora, si Dios aplica este principio fundamental a las partes más pequeñas e insignificantes de su universo, ¿no es sensato asumir que también lo aplicaría al alma humana? Yo creo que sí. Y todo lo que la ciencia me ha enseñado y continúa enseñándome, fortalece mi creencia en la perpetuación de nuestra existencia espiritual después de la muerte. Porque nunca desaparece nada sin dejar un rastro.»

Algún día cada uno de nosotros llegará a ese tiempo y lugar en que este gran acontecimiento vendrá a ser una realidad y  una experiencia personal. ¡Cuan agradecidos estaremos si hemos sido dignos de las más grandes bendiciones en la resurrección de los justos! William Jones dijo una vez que «el mejor argumento que favorece a la vida es la existencia de un hombre que la merece». Nuestra responsabilidad más grande es la de merecer una resurrección celestial y Dios se encargará del resto. Entonces un espíritu puro correrá  por nuestras venas. Seremos como Dios y viviremos con El en su reino para siempre. Que El bendiga nuestras vidas hacia esta meta, oro humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Quisiéramos ver a Jesús

Conference Report, abril, 1968. Improvement Era, junio

Quisiéramos ver a Jesús

por el élder Sterling Welling Sill

Mis hermanos y hermanas, me gustaría traer a sus mentes uno de los grandes escenarios de las sagradas escrituras. La entrada triunfal del Señor  en Jerusalén. Después de una larga ausencia, Jesús y sus discípulos se dirigieron hacia el templo para lo que serían los tres últimos días del ministerio público del Señor. Al llegar cerca de la histórica ciudad, lloró por la maldad de sus habitantes.

La fiesta de la Pascua estaba a la mano, y cuando se acercaba a la ciudad, se fusionó con otros viajeros. Pronto hubo una procesión imponente, con Jesús como la figura central, montado en un pollino, en cumplimiento de una antigua profecía. Cuando entraron en la ciudad santa, el pueblo lo recibió con ramas de palmeras en su camino, alfombraron su camino para el paso de un rey. Y por el momento, él era su rey, y las voces de la multitud sonaba en reverberante armonía, diciendo:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» (Mateo 21:9)

Esta pintoresca escena bien podría simbolizar otra que vendrá, como lo proyectan las escrituras en nuestra mente cuando venga con los santos ángeles que aparecerán en llama de fuego para limpiar la tierra del pecado y para inaugurar la era milenaria de mil años de paz, durante la cual reinará personalmente como rey de reyes.

Entre los asistentes a esta pascua particular, había ciertos griegos que querían entrevistarse con el maestro. Al hacer su solicitud a través de Felipe, dijeron: «. . .Señor, quisiéramos ver a Jesús». (Juan 12:21) En estas cinco palabras que también expresaban una idea que tiene la mayor importancia para todas las edades. Es decir, lo que podría ser más útil en nuestros propios días de los milagros, el ateísmo y la delincuencia que cada uno tenga un testimonio inquebrantable, y una relación personal con el inspirador, el divino gobernante de esta tierra.

Desde ese día hace mucho tiempo, unos diecinueve siglos han ido y venido. Y ahora tenemos el juicio del tiempo que brilla sobre la vida de Cristo, que nos permite verlo en perspectiva más clara. Ahora somos conscientes de que es mucho más que un profeta de Nazaret. Él es también el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el autor de la vida, el Redentor de los hombres, y el dador de todo bien. Por nosotros dio su vida, si comprendemos sus doctrinas, y seguimos su ejemplo, esta antigua solicitud de Grecia de ver a Jesús bien podría concederse en nuestro propio nombre. Ciertamente, esta solicitud debe representar el deseo universal de todas las personas, el sol es el centro del sistema solar, por lo que es el Redentor, el centro de nuestras vidas. Sin el sol nuestro sistema solar podría llegar a romperse, y sin Dios se perderían los mayores valores en nuestras vidas. Como dijo el apóstol Pedro:

«Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.» (Hechos 4:12)

Los profetas han esperado su venida desde el principio de los tiempos, incluso cuando Jesús nació, unos magos del oriente estaban preguntando:

«¿Dónde está  el Rey  de  los   judíos que   ha   nacido?   Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle.» (Mateo 2: 2)

Y eso es lo que los sabios han estado pidiendo y haciendo desde entonces. El propio Maestro dijo:

«Y  esta  es  la  vida eterna:  que  te conozcan a   ti,   el   único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Juan 17:3)

Después de que las personas habían escuchado la predicación del Evangelio en Pentecostés, fueron compungidos de corazón; y deseando la mejor forma de vida que había sido recomendada, se pusieron a gritar a los apóstoles:

«. . . Varones hermanos, ¿qué haremos?»

«Y Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de  los  pecados,  y  recibiréis el don del Espíritu Santo.» (Hechos 2:37-38)

La gente ha encontrado a Jesús de diferentes maneras. Los griegos lo encontraron a través de Felipe; los magos de oriente fueron llevados a Belén por una estrella; Pedro fue llevado a Jesús por su hermano Andrés; y Pablo lo encontró a través de un milagro en el camino de Damasco. Jesús dio su propia fórmula para el descubrimiento cuando dijo:

«El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo.» (Juan 7:17)

Él dijo: «. . .buscadme diligentemente, y me hallaréis.» (Doctrina y Convenios 88:63) Sin embargo, la mayor tragedia de nuestro mundo sigue siendo el hecho de que muchos nunca alcanzan este importantísimo objetivo. Y sin embargo, sólo el que no busca no encuentra.

Emerson señaló las consecuencias del fracaso en esta importante misión cuando dijo: «Al borde de un océano de vida y de verdad estamos muriendo miserablemente. A veces estamos más lejos cuando estamos más  cerca». Con  tanta  frecuencia  esto  es cierto. Piense en lo cerca que vivieron los contemporáneos de Jesús. Caminó entre ellos; le oyeron hablar; sabían de sus milagros; y sin embargo, estaban tan lejos que dijeron: «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos» (Mateo 27:25), y así ha sido, y puede ser con nosotros. Estamos tan cerca y podemos estar tan lejos. Estamos de pie al borde de la vida eterna, y sin embargo, cada uno debe tomar las medidas que lo llevarán allí.

Jesús nos dio el mejor enfoque para este logro cuando, en el último día de la fiesta de la Pascua, se puso de pie y gritó:

«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán de su interior ríos de agua viva.» (Juan 7: 37-38)

Es decir, nuestro éxito eterno no es como verter agua en una cisterna; más bien es como abrir un resorte que vive dentro de nosotros mismos. Por medio del profeta Jeremías, el Señor dijo:

«Porque dos males ha hecho mi pueblo: me abandonaron a mí, fuente de aguas vivas, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua.» (Jeremías 2:13)

Y Jesús elaboró sobre esta idea diciendo: «. . . a quien guarde mis mandamientos concederé los misterios de mi reino, y serán en él un manantial de aguas vivas que brota para vida sempiterna.» (Doctrina y Convenios 63:23) ¡Qué excelente posibilidad para nosotros!

Cuando Jesús pasaba por Samaria en su camino a Jerusalén, se detuvo a descansar en el pozo de Jacob, cerca de la antigua ciudad de Siquem, y pidió de beber a la mujer de Sicar. Él le dijo:

«. . . Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.

«Mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.» (Juan 4:10,14)

El agua es el elemento universal, y es el símbolo de la vida. Jesús lo utilizó para describir un testimonio de su divinidad. El agua pura también será uno de los secretos de la regeneración de la tierra en preparación para su milenio. El Señor dijo:

Y en los yermos desolados brotarán pozos de aguas vivas; y la tierra reseca no volverá a tener sed.» (Doctrina y Convenios 133: 29)

Sin embargo, los tesoros más ricos no vienen del agua brotando en las tierras del desierto.

El mayor enriquecimiento viene cuando adquirimos un testimonio de la misión divina del Salvador del mundo y una firme determinación para hacer nuestra vida productiva en piedad. El Dr. Henry C. Enlace dijo una vez que no es tanto el poner orden en la vida humana como el vivir por un buen conjunto de principios sólidos. Y los más sanos principios son los principios del Evangelio de Jesucristo. El agua es también un símbolo de la limpieza, y Jesús indicó que después de limpiarnos nosotros mismos con el jabón y el agua del arrepentimiento, debemos ser bautizados y que nuestros pecados serán lavados por su sacrificio expiatorio.

Cinco días después  de que los griegos buscaban su entrevista, Jesús fue crucificado. En los años siguientes fueron muertos sus apóstoles, sus doctrinas se han cambiado, y la larga noche negra de la apostasía se asentó sobre el mundo. Al predecir este evento, el Señor volvió a utilizar el agua como una forma de hablar acerca de cómo obtener la palabra del Señor. Por medio del profeta Amos, dijo:

«He aquí, vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

«E [los hombres] irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente andarán buscando la palabra de Jehová y no la hallarán.»

Y el  Señor  añadió: «En aquel día las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed.» (Amos 8:11-13)

Pero Dios siempre provee el remedio antes que la plaga. El martes antes de su crucifixión del viernes, al Señor sentado en el monte de los Olivos predijo las guerras y los problemas que precederían inmediatamente su gloriosa segunda venida a la tierra. Y él mismo hizo una promesa solemne, diciendo:

«Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.» (Mateo 24:14)

En el comienzo de la primavera de 1820 en el norte del estado de Nueva York, en el cumplimiento de esta promesa, Dios el Padre y su Hijo Jesucristo reaparecieron en esta tierra para restablecer entre los hombres la creencia en el Dios del Génesis, el Dios del Calvario, y el Dios de los últimos días. La reapertura de los resortes eternos; la revelación divina se estableció de nuevo desde el cielo. Y el evangelio de Jesucristo fue restaurado a la tierra en una plenitud nunca antes conocida en el mundo. La sed universal, está siendo revelada para todos aquellos que buscan de manera efectiva a su Redentor. Por orden divino del mundo ahora se han dado tres grandes volúmenes de nueva escritura, indicando, en cada detalle esos principios sencillos en los que la exaltación y la felicidad eterna de toda la vida humana dependen. En cada punto fundamental de la doctrina  de  nuevo  tenemos   una   autoridad   «Así   dice   el Señor.» (Éxodo 4:22) También tenemos el testimonio de muchos nuevos testigos que apoyan que Dios vive, que el Evangelio es verdadero, y que muchos de los grandes acontecimientos de los que se hablan en las escrituras están a punto de cumplirse.

En nuestros días, otro profeta ha conocido a Dios como lo hizo Moisés, cara a cara (Deuteronomio 34:10), y, en su testimonio nos ha dicho:

«Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, este es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

«Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

«Que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.» (Doctrina y Convenios 76:22-24)

La mayor oportunidad de nuestras vidas se encuentra en seguir el espíritu de esta solicitud de la Grecia antigua, diciendo: «Señor, quisiéramos ver a Jesús» (Juan 12:21); y como consecuencia de nuestras fiel búsqueda, es posible que tengamos un testimonio inspirador de su divinidad brotando en nuestro propio corazón.

Los viajeros modernos a la antigua ciudad de Siquem, cerca del sitio del pozo de Jacob nos dicen que hay ríos de agua que fluye por debajo de las calles. Durante las horas de luz no pueden ser escuchados. Pero cuando llega la noche y el clamor muere fuera de las calles, cuando el sueño amablemente u descansa la ciudad, a continuación, bastante audible en el silencio de la noche se puede escuchar la música de estas corrientes enterradas.

Dios ha provisto nuestra tierra con grandes depósitos subterráneos y ríos enterrados que pueden ser llevados a la superficie para mantener nuestra tierra productiva y hermoso. Del mismo modo, hay algunos grandes poderes espirituales invisibles que pueden ser utilizados para vitalizar nuestro espíritu y hacer nuestra vida hermosa y feliz.

Y en la obediencia tranquila de nuestra fe y amor a la justicia, Dios puede tocar estas habilidades ocultas implantadas en lo más profundo de nuestras almas y liberar una gran fuerza espiritual para purificar nuestras vidas y llevar a cabo nuestra exaltación eterna en su presencia.

Que bebamos libremente de esas aguas vivas que incluso ahora están surgiendo a la vida eterna, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El día de reposo de la tierra

Conference General abril 1967

El día de reposo de la tierra

por el élder Sterling Welling Sill
Ayudante del consejo de los Doce


Una de las memorias más sobresalientes de mi niñez es el recuerdo del día del reposo. En la granja, en esa época, el domingo era un día completamente apartado del resto de la semana. Del lunes al sábado, nuestra atención estaba centrada en el trabajo que teníamos que realizar con el poder de los músculos de hombres y animales.

Pero el domingo era diferente —era el día de reposo, el día sabático. Era el día del Señor. El sábado a la noche se dejaba a los caballos libres para pastar y se suspendía todo trabajo. El sábado era también un día especial de limpieza y se hacía para que todo y todos estuvieran listos para el domingo.

El acto final de la semana de trabajo era el acto ritual conocido como «el baño del sábado en la noche». Esto estaba acompañado por la provisión de ropas bien remendadas y limpias, listas para usar al día siguiente. Seguir leyendo

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La segunda venida

Conferencia General Abril 1966

La segunda venida

Sterling W. Sill

por el élder Sterling Welling Sill
Asistente del Consejo de los Doce Apóstoles


Mis hermanos y hermanas, aprecio mucho este privilegio de estar con  ustedes  en  esta   gran   conferencia   general   de   la Iglesia. Recibiremos instrucciones importantes, que nos ayudaran a seguir con más detalle la instrucción divina que «. . . No solo de pan vivirá el hombre. . .» (Mateo 4:4). Es deseable en todo momento vivir por la palabra del Señor, pero esto se aplica particularmente a nosotros, ya que nuestra época es la más importante y la más emocionante que el mundo haya conocido. Nuestros antepasados vivían en una tierra estacionaria, plana y araban la tierra con un palo de madera. Ahora vivimos en una tierra asistida, la propulsión a chorro, y la energía atómica, y necesitamos la personalidad el carácter y las cualidades para que coincida con los tiempos. Grandes eventos se están llevando a cabo a una velocidad impresionante en cumplimiento de la palabra del Señor. En cuanto a nuestros días hace veinticinco siglos a Daniel se le dijo:

«Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del  fin.  Muchos  correrán  de aquí  para allá,  y el conocimiento aumentará.» (Daniel 12:4) Seguir leyendo

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El instinto de muerte

Conferencia General Abril 1965

El instinto de muerte

Sterling W. Sill

por el élder Sterling Welling Sill
Asistente del Consejo de los Doce Apóstoles


Mis hermanos, agradezco mucho el privilegio de pertenecer a esta gran hermandad del sacerdocio, bajo la cual recibimos nuestra comisión para servir a Dios.

Hace algún tiempo, un amigo que vive en una granja me contó que, a medida que sus hijos alcanzaban la edad suficiente para asumir responsabilidades en el trabajo agrícola, él les asignaba una parcela de tierra para cultivar o algunos animales para cuidar, y, por supuesto, les daba la correspondiente compensación.

El Señor también tiene un programa similar. A medida que sus hijos alcanzan la madurez, los invita a participar en esa gran empresa que Jesús llamó «los negocios de mi Padre» (Lucas 2:49), es decir, la formación del carácter, la integridad y la vida eterna en sus hijos. Dios ha dicho que es su obra y su gloria «…llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39).

Como invitación para nosotros, ha dicho: «Si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra…» (Doctrina y Convenios 4:3). Y es posible que podamos participar si logramos calificar para la misma obra en la que Dios mismo dedica todo su tiempo. Claro está, debemos también estar dispuestos a aceptar nuestra parte de responsabilidad.

Se nos ha conferido el sacerdocio, que es la autoridad para actuar en nombre del Señor. Sin embargo, debemos desarrollar el liderazgo, que es la capacidad para actuar en nombre del Señor. Supongo que uno no tiene gran valor sin el otro. Es decir, ¿de qué sirve que un misionero tenga la autoridad para hacer conversos si no tiene la capacidad para hacerlo? Seguir leyendo

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