La Primera Visión: La clave de la verdad

Liahona Junio 2017

La Primera Visión: La clave de la verdad

Por el élder Richard J. Maynes
De la Presidencia de los Setenta

Tomado de un devocional mundial para los jóvenes adultos, “La verdad restaurada”, que se pronunció en el Tabernáculo de Salt Lake el 1 de mayo de 2016; para leerlo y ver el video, visite lds.org/broadcasts. El texto completo de los cuatro relatos de la Primera Visión pueden consultarse en history.lds.org/firstvision.

No olvidemos ni subestimemos las muchas y preciadas verdades que hemos aprendido de la Primera Visión de José Smith

Los profetas, a lo largo de la historia, previeron y predijeron la restauración de la plenitud del evangelio de Jesucristo en los últimos días. Por lo tanto, la Restauración no debería tomar por sorpresa a quienes estudian las Escrituras. Decenas de declaraciones proféticas a lo largo del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento y del Libro de Mormón predicen y señalan claramente hacia la restauración del Evangelio1.

A finales de la década de 1790, aproximadamente 2.400 años después de que el rey Nabucodonosor viera en un sueño que “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido” (Daniel 2:44), comenzó una serie de resurgimientos religiosos en Estados Unidos que duró décadas. Los historiadores conocen tales resurgimientos como parte del Segundo Gran Despertar. Fue a través de los conceptos antagónicos de esas reuniones de resurgimiento que José Smith y su familia transitaron su compromiso religioso.

En José ejercían una gran influencia las enseñanzas y las conversaciones de su padre, quien buscaba aunque no podía hallar entre las religiones de resurgimiento alguna que estuviera organizada según el orden antiguo de Jesucristo y Sus apóstoles. José escuchaba y meditaba durante el estudio de la Biblia en familia. Para los doce años de edad, empezó a preocuparse por sus pecados y el bienestar de su alma inmortal, lo cual lo llevó a escudriñar las Escrituras por su cuenta.

Mientras escudriñaba, decidió “hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios” (José Smith — Historia 1:13; véase también Santiago 1:5). La subsiguiente aparición a José de Dios el Padre y Su Hijo, el Señor Jesucristo, dio comienzo a la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

Los cuatro relatos

young Joseph Smith

El profeta José Smith escribió o dictó cuatro narraciones de la Primera Visión. Además, sus contemporáneos registraron lo que recordaban haber oído decir a José acerca de la Visión. De ello se conocen cinco relatos. Es una bendición tener esos registros; hacen de la Primera Visión de José la visión mejor documentada de la historia. Los insto a ir a history.lds.org/?lang=spa para aprender más sobre los relatos y ver cómo presentan en conjunto un panorama más completo.

El ensayo en Temas del Evangelio “Relatos de la Primera Visión” afirma: “Los varios relatos de la Primera Visión narran una historia uniforme, aunque naturalmente difieren en énfasis y detalle. Los historiadores anticipan que cuando una persona vuelve a contar una experiencia en varios entornos a diferentes audiencias a lo largo de muchos años, cada relato hará hincapié en diversos aspectos de la experiencia y contendrá detalles únicos. De hecho, existen diferencias similares a las de los relatos de la Primera Visión en los múltiples relatos de las Escrituras de la visión de Pablo en el camino a Damasco y de la experiencia de los apóstoles en el Monte de la Transfiguración. Sin embargo, a pesar de las diferencias, existe una uniformidad básica a través de todos los relatos de la Primera Visión. Algunos han argumentado erróneamente que cualquier variación en el relato de la historia es evidencia de que es una invención. Pero, por el contrario, el abundante registro histórico nos permite aprender más acerca de este notable acontecimiento de lo que podríamos si estuviera menos documentado”2.

El relato de 1832

En primer lugar, el relato de 1832 es la narración escrita y detallada más antigua de la Primera Visión. Es parte de una autobiografía de seis páginas, la mayoría de la cual José escribió de su puño y letra. Ese documento ha estado en posesión de la Iglesia desde que se escribió. Después del viaje de los pioneros al Oeste, permaneció guardado en un baúl durante varios años y era desconocido, por lo general, hasta que se publicó en una tesis de maestría en 1965. Desde entonces se ha publicado en repetidas ocasiones, incluso en LDS.org y en The Joseph Smith Papers.

En el documento, José menciona que siente angustia por no saber dónde encontrar el perdón del Salvador. Y testifica: “El Señor abrió los cielos sobre mí y vi al Señor”3. Algunas personas han interpretado esa declaración como que José se refería a la aparición de un solo ser divino, aunque cuando se lee a la luz de los otros documentos, puede entenderse que la frase significa que Dios el Padre abrió los cielos y reveló a Su Hijo Jesucristo a José.

Ese relato recalca de manera hermosa la expiación del Salvador y la redención personal que brindó a José. Dice en parte: “El Señor… me habló diciendo: ‘José, hijo mío, tus pecados te son perdonados… fui crucificado por el mundo para que todos los que crean en mi nombre tengan vida eterna’”. José testificó que sintió gozo y amor, pero que no pudo encontrar a nadie que creyera. “Mi alma se llenó de amor y por muchos días me regocijé con gran gozo y el Señor estuvo conmigo, pero no pude encontrar a nadie que creyera en la visión celestial. No obstante, medité esas cosas en mi corazón”4.

El relato de 1835

Luego, el relato de 1835 es la descripción de la visión que José hizo a Robert Matthews, quien visitó Kirtland, Ohio, ese año. El escriba de José lo registró en el diario de este. No se incluyó en las primeras ediciones de la historia de José y se publicó por primera vez en BYU Studies, en la década de 1960. En ese relato, José testifica que Dios se le apareció primero y luego vio al Salvador, también: “[Elevé] al Señor una ferviente oración. Apareció una columna de fuego arriba de mi cabeza; esta gradualmente descendió hasta descansar sobre mí y fui lleno de un gozo indescriptible. Un Personaje surgió de entre medio de esta columna de fuego, la cual se extendía a todas partes y, aun así, no había consumido nada. Enseguida apareció otro Personaje, de la misma manera que lo hizo el Primero. Él me dijo, ‘Tus pecados te son perdonados’”. En ese relato, José también señaló: “Vi muchos ángeles en esa visión”5.

El relato de 1838

El relato de 1838 es el más conocido y proviene de la Historia Manuscrita de José. El primer borrador se escribió después que José huyó de Kirtland a principios de 1838, y el segundo, poco después de escapar de Misuri en 1839. De modo que se escribió en medio de gran oposición. Se publicó por primera vez en 1842 en Times and Seasons, el periódico de la Iglesia en Nauvoo, Illinois. También se incluyó en la Perla de Gran Precio en 1851, que en un principio era un folleto para los santos británicos; se canonizó como Escritura en 1880. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | 1 comentario

El fiel miembro del sumo consejo

Liahona Junio 2017

El fiel miembro del sumo consejo

Por Donald A. Coe

Aprendí una valiosa lección sobre “impulsar desde donde estén” de un fiel sumo sacerdote de Alemania.

men holding up a church

En octubre de 2008, mientras escuchaba la transmisión de la sesión del sacerdocio de la conferencia general, el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, comenzó a hablar sobre prestar servicio en la Iglesia. Contó una historia sobre cómo él y otro hermano intentaron mover un pesado piano. Cuando todos sus esfuerzos fallaron, un hombre los instó a simplemente ponerse de pie juntos e “impulsar desde donde estuvieran”1.

El presidente Uchtdorf continuó hablando de servir en la Iglesia donde sea que uno es llamado a servir. Algunas personas sienten que podrían prestar mejor servicio si solo fueran llamados a hacer algo que se adaptara a sus considerables talentos. Dijo: “Ningún llamamiento es indigno de nosotros. Cada uno de ellos nos ofrece la oportunidad de servir y de progresar”2.

Mientras el presidente Uchtdorf hablaba, mi mente se dejó llevar a una época en que conocí a un modesto miembro de la Iglesia que estaba deseando impulsar desde donde estaba.

En 1985, yo estaba apostado como oficial del ejército de los EE. UU. en un pequeño pueblo de Alemania. Había servido en una misión en Alemania 10 años antes. A mi llegada en 1983, como soldado con mi esposa Debra, y dos hijas pequeñas, comenzamos a asistir a una rama militar de unos 100 miembros. Después de dos años, decidimos sumergirnos completamente en la cultura alemana y comenzamos a asistir a la pequeña Rama Bad Kreuznach, la cual tenía unos 12 miembros.

Alrededor de la segunda semana después de que comenzamos a asistir, notamos a un hombre nuevo allí. Tenía unos cuarenta y tantos años y nos enteramos que era el miembro del sumo consejo asignado a nuestra rama. Él no estaba allí para tratar asuntos de la estaca, solo estaba de visita. Hablamos un rato después de las reuniones de la Iglesia y, cuando nos despedimos, supuse que lo veríamos de nuevo quizás en seis meses.

A la semana siguiente, el miembro del sumo consejo estaba allí otra vez. Me enteré que vivía como a una hora de nuestro pequeño pueblo. Durante el resto de su llamamiento como miembro del sumo consejo, vino a nuestra rama dos o tres veces al mes. Era amigable, sencillo y alentador. Siempre hablaba con cada miembro de la rama. Y, con una rama tan pequeña, a menudo se le pedía que discursara. Impresionado por su dedicación, en mi mente lo apodé “el fiel miembro del sumo consejo”.

Un domingo vino a las reuniones de la rama por la mañana y luego regresó a las 18:00 h para asistir a un bautismo. Entre tanto, había ido a otra rama. Tengo que admitir que por mi mente cruzó el pensamiento: “¿Qué hizo para molestar al presidente de estaca? ¿Por qué otro motivo habría sido asignado a la rama de la estaca más pequeña y alejada?”. Quizás él no era en realidad el hombre inteligente, humilde y simpático que pensé que era. Quizás a él no le gustaba su propio barrio y usaba esta asignación para escaparse. No podía descifrarlo, así que simplemente lo acepté.

Varias semanas después de este bautismo, regresé a casa después de la medianoche, que ya era domingo. Había estado en unos entrenamientos militares cerca de la frontera entre Alemania Oriental y Occidental, y me había tomado tres horas y media llegar a casa. Estaba exhausto cuando entré. Mi esposa Debra aún estaba levantada. Me dijo que “el fiel miembro del sumo consejo” había llamado. Quería reunirse conmigo. Pregunté: “¿Antes o después de las reuniones de la Iglesia?”. La Iglesia comenzaba a las 10:00 h. Esperaba que fuera después, para que pudiera dormir hasta las 8:30. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

La autosuficiencia y el aprendizaje del Evangelio

Liahona Junio 2017

La autosuficiencia y el aprendizaje del Evangelio

Por David B. Marsh
Departamento del Sacerdocio y la Familia de la Iglesia

Cuando llegamos a ser autosuficientes en el aprendizaje del Evangelio, sabemos alimentarnos espiritualmente y fortalecer nuestra relación con Dios.

image from Bible video

Una vez, una maestra de jardín de infantes observaba a los niños de su clase mientras dibujaban. Al caminar por el salón para ver la obra de arte de cada niño, le preguntó a una pequeñita: “¿Qué estás dibujando?”. La niña respondió: “Estoy dibujando a Dios”. Algo sorprendida, la maestra le dijo: “Pero nadie sabe qué aspecto tiene Dios”. Sin vacilar, la niña contestó: “En un minuto lo sabrán”.

¿No sería estupendo tener ese nivel de confianza? En realidad, el Padre Celestial desea que estemos seguros del conocimiento que tenemos de Él. El Señor le dijo a Jeremías que no debemos gloriarnos en nuestra sabiduría, en nuestra valentía ni en nuestras riquezas. Más bien, dijo Él: “… alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme…” (véase Jeremías 9:23–24).

El profeta José Smith (1805–1844) enseñó: “Dios no ha revelado nada a José que no hará saber a los Doce, y aun el menor de los santos podrá saber todas las cosas tan pronto como pueda soportarlas, pues llegará el día en que ningún hombre tendrá que decir a su prójimo: Conoce a Jehová; porque todos… lo conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande”1.

El llegar a estar seguros de nuestro conocimiento de Dios no sucede sin un esfuerzo personal. Los padres y los maestros pueden ayudar, pero debemos ser autosuficientes en nuestro aprendizaje del Evangelio. Tal como aprendemos a alimentarnos físicamente para sustentar nuestro cuerpo, debemos aprender a alimentarnos espiritualmente para sustentar nuestro espíritu.

Hace años, las gaviotas de San Agustín, Florida, EE. UU., estaban muriéndose de hambre. Por generaciones, las gaviotas habían aprendido a depender de que las flotas de pesca de camarones les brindaran los restos adheridos a sus redes. Con el tiempo, las embarcaciones de pesca de camarón se fueron de aquella zona. Las gaviotas no habían aprendido a pescar por sí mismas, ni tampoco habían enseñado a pescar a sus crías. Por consiguiente, las grandes y hermosas aves se estaban muriendo aunque había muchos peces a su alrededor en el agua2.

No podemos permitirnos ser como las gaviotas, ni tampoco podemos permitir que, a lo largo de su vida, nuestros hijos dependan de nosotros ni de otras personas en cuanto a su conocimiento del Señor. “Nuestros esfuerzos”, dijo el presidente Marion G. Romney (1897–1988), Primer Consejero de la Primera Presidencia, “deben tener siempre el objetivo de lograr que las personas capacitadas sean autosuficientes”3. Cuando llegamos a ser autosuficientes en el aprendizaje del Evangelio, sabemos alimentarnos espiritualmente y fortalecer nuestra relación con Dios.

El presidente Boyd K. Packer (1924–2015), Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La autosuficiencia espiritual es el poder sustentador de la Iglesia. Si les quitamos eso, ¿cómo pueden recibir la revelación de que hay un profeta de Dios? ¿Cómo pueden obtener respuestas a las oraciones? ¿Cómo pueden saber? Si nos apresuramos para responder todas sus preguntas y brindar muchas maneras de resolver todos sus problemas, podríamos terminar debilitándolos en vez de fortaleciéndolos”4.

Aunque nos gusta aprender y recibir inspiración en la Iglesia, nuestra nutrición espiritual no puede depender únicamente de ello. El presidente George Albert Smith (1870–1951) explicó: “Temo que como miembros de la Iglesia dependamos demasiado de las organizaciones auxiliares y del consejo de aquellos que no pertenecen a nuestra propia familia. Ya hemos oído hablar de muchas de las bendiciones que el Señor nos ha dado, en los registros sagrados que se han conservado hasta nuestros días, y que contienen el consejo de un Padre omnisciente. Parece extraño que tantos de los de nuestro pueblo… no estén familiarizados con el contenido de estos registros sagrados”5.

Me gusta aprender el Evangelio en la Iglesia, pero siento más entusiasmo por el Evangelio cuando descubro conceptos inspirados durante mi estudio personal. No hay nada más emocionante para mí que encontrar un pequeño tesoro de verdad en las Escrituras que ilumine mi entendimiento y me llene del Espíritu del Señor.

Aprendan a aprender

young adult man studing scriptures

Cuando regresé de mi misión, vi que era necesario ir a charlas fogoneras y devocionales casi cada semana para mantener mi espiritualidad. Los oradores me alimentaban con sus perspectivas del Evangelio, y me gustaba la forma en que estas me hacían sentir. Yo había estudiado y enseñado el Evangelio durante dos años, pero no parecía tener las habilidades necesarias para alimentarme de forma constante. Tan solo leía las Escrituras, pero en verdad no las escudriñaba diligentemente.

El estudio del Evangelio se parece mucho a aprender a pintar; no es intuitivo o natural para todos. No pensaríamos en darle a alguien una paleta de pinturas y esperar que se convirtiera en un artista de inmediato. Lo mismo sucede con llegar a ser autosuficientes en el aprendizaje del Evangelio. No podemos esperar descubrir conceptos profundos con frecuencia si no hemos aprendido algunas técnicas básicas de estudio del Evangelio. El presidente Packer explicó que en las Escrituras “encontramos la plenitud del Evangelio sempiterno, una eternidad de conocimiento. Sin embargo, uno debe aprender a usarlas o la búsqueda resultará desalentadora”6. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Soldado del Señor

Liahona Junio 2017

Soldado del Señor

Por Enoc R. Verde Reyes
El autor vive en la Ciudad de México, México.

Tenía que decidir entre ocuparme del asunto yo mismo o dejarlo en las manos del Señor y enfocarme en mi servicio misional.

soldier for the Lord

Hace muchos años presté servicio como misionero de tiempo completo en la Misión México Monterrey Norte. Sentía que era un gran privilegio prestar servicio misional.

Cuando comencé mi misión, dejé un asunto sin resolver. Aún no había recibido el documento que declaraba mi relevo del servicio militar. Este documento es sumamente importante. Significa que un joven ha cumplido su servicio militar obligatorio y tiene el derecho a trabajar y estudiar, y se lo reconoce como un ciudadano de México.

A medida que se acercaba la fecha de emisión de ese documento, me empecé a preocupar. Escribí a mis padres y les pedí que averiguaran si era posible que ellos recogieran mi cartilla del servicio militar. Cuando recibí su que carta, me preocupé aún más. Me dijeron que ya les habían informado que la cartilla podía entregarse únicamente a la persona a quien pertenecía.

Sentí la urgente necesidad de orar al Señor y preguntarle qué debía hacer. La respuesta, la cual no llegó de inmediato, fue que le explicara el problema a mi presidente de misión. Durante mi conversación con él, analizamos dos alternativas. La primera era que simplemente podía “confiar en el Señor”. La segunda era que podía ir a recogerla en persona. La decisión era mía.

No estaba seguro de qué debía hacer. Le conté mi preocupación a mi compañero, y fuimos fortalecidos al leer esta Escritura: “¿No sabéis que estáis en las manos de Dios? ¿No sabéis que él tiene todo poder, y que por su gran mandato la tierra se plegará como un rollo?” (Mormón 5:23). Esa Escritura disolvió mi nube de confusión. Desde el momento que la leí supe que tenía el deber de dar todo mi esfuerzo a la obra misional. Mi problema estaba en las manos del Señor.

Poco tiempo después recibí otra carta de mis padres. Mi padre escribió lo siguiente:

“Hijo, regresé una vez más a las oficinas de Defensa Nacional para tratar de encontrar a alguien que pudiera ayudarnos a resolver tu problema. Después de platicar con muchas personas, me indicaron que fuera a cierto lugar. Llegué allí sintiéndome bastante desanimado y desesperado. Lo primero que vi fue una puerta enorme, la cual estaba abierta de par en par y custodiada por dos soldados muy imponentes. Junté valor y entré por la puerta, y encontré la oficina a la que me habían dirigido. Al llamar a la puerta, me sentía nervioso pero también sentía que el Espíritu del Señor me estaba guiando.

“Cuando entré vi a un oficial sentado detrás de un escritorio. Tenía un gran número de medallas en el pecho, y las paredes de su oficina estaban cubiertas de coloridos certificados. Estrechó mi mano con firmeza y solemnidad, y preguntó: ‘¿Cuál es el propósito de su visita?’.

“‘Tengo un hijo que está sirviendo en una misión’, respondí. ‘Por ese motivo, no pudo venir a retirar su cartilla del servicio militar. He venido a ver si puedo retirarla por él’.

“‘No, no puede; puede retirarla únicamente la persona a la que le pertenece’, declaró el oficial.

“En ese momento, el Señor me iluminó con Su Espíritu, y dije: ‘Señor, usted tiene a su cargo a muchos soldados que son responsables ante usted del cumplimiento de sus deberes. De la misma manera, en este momento mi hijo está cumpliendo su deber de predicar el evangelio del Señor. Ahora mismo él es un soldado del Señor’.

“A esto, el oficial se puso de pie y me preguntó: ‘¿Tiene alguna identificación? ¿Cómo se llama su hijo?’.

“Después de que hube respondido sus preguntas, llamó a un secretario y le dijo: ‘Tráigame los documentos de este joven misionero’.

“Los firmó, los selló y me los entregó. No hizo falta nada más. Estreché su mano con firmeza y gratitud. Hijo mío, tus documentos ya están en orden y debes demostrarle tu gratitud al Señor sirviéndole como un verdadero soldado”.

Después de recibir su carta, agradecí al Señor que utilizara Su gran poder para interceder por mí, por la solución que Él había enviado como respuesta a mis oraciones y por iluminar a mi padre. Ruego que todos pongamos toda nuestra confianza en el Señor y nunca olvidemos Su promesa: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (3 Nefi 14:7–8).

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Hallar y ser verdaderos amigos

Liahona Junio 2017

Hallar y ser verdaderos amigos

Los jóvenes de Oxford, Inglaterra, comparten sus pensamientos acerca de la verdadera amistad.

teenage friends

Desde el mejor amigo que has tenido a partir de los 5 años de edad hasta el alumno nuevo que conociste en tu clase de matemáticas, es importante tener buenos amigos. Como se explica en Para la Fortaleza de la Juventud: “Todos necesitan buenos y verdaderos amigos, quienes serán una gran fortaleza y bendición para ti” (2011, pág. 16).

Pero, ¿cómo puedes hallar y conservar buenos amigos?

Les preguntamos a jóvenes de Inglaterra qué significa la verdadera amistad para ellos. Mira algunos de sus relatos sobre sus verdaderos amigos y cómo esos amigos los han fortalecido. Puede que descubras que tus amigos son una gran fortaleza para ti también.

¿Qué hace que alguien sea un buen amigo?

teens cheering

Aaron M.: Pienso que debes alegrarte de ver a tus amigos. Debes preocuparte por ellos y debes saber que ellos se preocupan por ti. Te sientes cómodo cuando estás con ellos. No sientes que tienes que comportarte como otra persona cuando están contigo.

Leighton H.: Alguien que te apoya y te consuela.

Maddy H.: Alguien en quien confías.

Rachel P.: Pienso que gran parte de lo que hace que alguien sea un buen amigo es que esté contigo cuando lo necesitas, que te apoye.

Emma F.: Mi mejor amiga siempre ha estado a mi lado cuando la necesitaba y me ha ayudado. Cuando dejé la escuela secundaria para recibir la educación escolar en mi casa, ella comenzó a enviarme mensajes de texto. Me decía: “Oye, ¿qué andas haciendo? Deberíamos pasar tiempo juntas”. Y realmente yo no tenía muchas amigas en ese momento, así que terminó siendo mi mejor amiga. Ella siempre sabe cuándo me siento triste; no sé cómo, pero de alguna manera siempre lo sabe.

¿Cómo te apoyan tus amigos?

friends talking

Hannah P.: Mis amigos fueron a verme cantar cuando yo estaba en el coro.

Andrew S.: Mi amigo me ayudó muchísimo con el fútbol.

Bella F.: Para una clase de estudios religiosos, visitamos una capilla, y todos los misioneros estaban allí. Fue divertido. También pensé que era una muy buena manera de elegir quiénes serían buenos amigos porque sabría quiénes realmente respetaban la religión de otras personas. Decían cosas como: “Ah, ¿así que no dices malas palabras?”. Y comentaban: “Bueno, genial, no diré malas palabras cuando esté contigo” y cosas como esa. Hablamos de que no tomamos café y cosas por el estilo, y me dijeron: “Está bien, no hace falta que vayamos a un café”. Todos fueron realmente muy respetuosos.

Emma B.: Mis amigos han estado más que dispuestos a hablar sobre mi religión y me han dicho cosas como: “¿Sabes? No creo necesariamente en lo que tú crees, pero estoy totalmente dispuesto a comprender para saber lo que tú sabes y lo que crees y así poder ayudarte a permanecer firme”. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La restauración de las llaves del sacerdocio

Liahona Junio 2017

La restauración de las llaves del sacerdocio

Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tomado de un discurso de la conferencia general de octubre de 2004.

El Salvador edificó Su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, quienes poseen todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra en este momento.

ruins

Hace muchos años, dirigí la palabra en un antiguo anfiteatro de Éfeso. Un sol radiante inundaba el mismo lugar donde había estado el apóstol Pablo para predicar. Mi tema era Pablo, el apóstol llamado por Dios.

La audiencia la conformaban cientos de Santos de los Últimos Días sentados en las hileras de bancos de piedra donde se sentaron los efesios hace más de un milenio. Entre ellos se hallaban dos apóstoles vivientes, el élder Mark E. Petersen y el élder James E. Faust.

Como se podrán imaginar, yo había orado con esmero; había leído los Hechos de los Apóstoles y las epístolas, tanto las de Pablo como las de sus compañeros apóstoles. Había leído la epístola de Pablo a los efesios y meditado al respecto.

Hice lo mejor que pude por honrar a Pablo y su oficio. Después del discurso, varias personas me hicieron agradables comentarios. Los dos apóstoles vivientes fueron generosos al darme su parecer, pero después el élder Faust me llevó a un lado y con una sonrisa y dulzura en la voz, me dijo: “Ese fue un buen discurso. Pero no mencionó lo más importante que pudo haber dicho”.

Le pregunté de qué se trataba. Semanas más tarde accedió a decírmelo. Su respuesta ha influido en mí desde entonces.

Me dijo que yo podía haber dicho a la congregación que si los santos que oyeron a Pablo hubiesen tenido un testimonio del valor y del poder de las llaves que él poseía, quizá los apóstoles no habrían sido quitados de la tierra.

Entonces, volví a leer la epístola de Pablo a los efesios. Comprendí que Pablo deseaba que la gente sintiese la importancia de la cadena de las llaves del sacerdocio que se extendía desde el Señor, y por conducto de Sus apóstoles, hasta ellos, los miembros de la Iglesia del Señor. Pablo procuraba edificar un testimonio de esas llaves.

Pablo testificó a los efesios que Cristo estaba a la cabeza de Su Iglesia. Y enseñó que el Salvador edificó Su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, quienes poseen todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra en este momento (véase Efesios 2:19–20).

El sacerdocio ha sido restaurado

the Apostle Paul

A pesar de la claridad y del poder de sus enseñanzas y de su ejemplo, Pablo sabía que vendría una apostasía (véanse Hechos 20:29–30; 2 Tesalonicenses 2:2–3), y sabía que los apóstoles y los profetas serían quitados de la tierra. También sabía que estos serían restituidos en algún gran día futuro. Él escribió en cuanto a aquella época a los efesios, refiriéndose a lo que el Señor haría: “… reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10).

Pablo miraba hacia el futuro ministerio del profeta José Smith, cuando los cielos se abrirían de nuevo. Eso ocurrió. Juan el Bautista vino y confirió a mortales el Sacerdocio de Aarón y las llaves del ministerio de ángeles y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados (véase D. y C. 13).

Apóstoles y profetas antiguos volvieron y confirieron a José las llaves que ellos poseyeron en la vida terrenal (véase D. y C. 110). Hombres mortales fueron ordenados al santo apostolado en febrero de 1835. Las llaves del sacerdocio se dieron a los Doce Apóstoles a finales de marzo de 1844.

Todo profeta que ha seguido a José, desde Brigham Young hasta el presidente Monson, ha poseído y ejercido esas llaves, y ha tenido el sagrado apostolado.

La fe y las llaves del sacerdocio

Pero tal como en la época de Pablo, el poder de esas llaves del sacerdocio para nosotros requiere nuestra fe. Tenemos que saber por inspiración que las llaves del sacerdocio en efecto las poseen los que nos guían y nos sirven. Eso requiere el testimonio del Espíritu.

Y ese conocimiento depende de nuestro testimonio de que Jesús es el Cristo y de que Él vive y dirige Su Iglesia. También debemos saber por nosotros mismos que el Señor restauró Su Iglesia y las llaves del sacerdocio por conducto del profeta José Smith. Y debemos tener la convicción mediante el Espíritu Santo, y renovarla a menudo, de que esas llaves se han transmitido sin interrupción hasta el profeta viviente, y de que el Señor bendice y dirige a Su pueblo por conducto de la línea de llaves del sacerdocio que, mediante los presidentes de estaca y de distrito, y los obispos y los presidentes de rama, se extiende hasta nosotros, estemos donde estemos y no importa lo lejos que nos encontremos del profeta y de los apóstoles.

Confíen en los siervos escogidos del Señor

restoration of the Melchizedek Priesthood

Para conservarnos firmes en la Iglesia del Señor, podemos y tenemos que adiestrar nuestros ojos para ver el poder del Señor en el servicio de los que Él ha llamado. Tenemos que ser dignos de contar con la compañía del Espíritu Santo. Y debemos orar para que el Espíritu Santo nos ayude a ver que los hombres que nos guían poseen ese poder. En lo que a mí respecta, esas oraciones son contestadas más a menudo cuando yo mismo estoy dedicado de lleno al servicio del Señor.

Podemos actuar de modo de hacernos merecedores de la revelación que nos permite saber que las llaves son transmitidas por Dios de una persona a otra. Podemos procurar tener esa experiencia una y otra vez; y debemos hacerlo, a fin de recibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros y que desea que ofrezcamos a otras personas.

Puede ser que la respuesta a su oración no sea tan espectacular como lo fue cuando algunos miembros vieron a Brigham Young, cuando este hablaba, adquirir la apariencia del martirizado profeta José1, pero puede ser igualmente segura. Y junto con esa certeza espiritual sentirán paz y poder. Sabrán de nuevo que esta es la Iglesia verdadera y viviente del Señor, que Él la guía por medio de sus siervos ordenados y que Él se interesa por nosotros.

Si un número suficiente de nosotros ejerce esa fe y recibe esa certeza, Dios elevará a los que nos guían y de ese modo nos bendecirá a nosotros y a nuestras familias. Llegaremos a ser lo que Pablo tanto deseaba para aquellos a los que servía: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Nota

1. Véase Doctrina y Convenios e Historia de la Iglesia: Guía de estudio para el alumno de Seminario, 2000, pág. 165.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Cómo prepararse para un Matrimonio Celestial

Cómo prepararse para un Matrimonio Celestial

Por el Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado en una reunión espiritual en la Universidad Brigham Young, el 9 de noviembre de 1976.

El matrimonio es similar a escalar una montaña: se atan a un compañero y empiezan a trepar la montaña de la vida.

Las palabras “matrimonio en el templo” describen el lugar a donde se va para que se lleve a cabo un matrimonio eterno. La expresión “matrimonio celestial” significa ser fiel a los sagrados convenios que se hacen en esa ceremonia de casamiento en el templo, o sea, vivir principios celestiales en la relación matrimonial.

Después de hacer los votos, un matrimonio celestial exige una vida de continua consagración a la dignidad que conduzca a la felicidad y a la exaltación. Si obedecemos las leyes en la forma apropiada, podremos lograr un pedacito de cielo en la tierra junto con otra persona y con nuestra familia.

Algo tan maravilloso como el matrimonio celestial no surge por casualidad.

En el libro de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, Alicia se acerca al gato de Cheshire y le pregunta: “¿Podrías decirme en qué dirección debo ir desde aquí?”.

El gato contesta: “Eso depende mucho de a dónde quieras llegar”.

Alicia le dice: “En realidad, no me importa mucho a dónde llegue”.

El gato de Cheshire responde: “Entonces, no tiene mucha importancia en qué dirección vayas, ¿no te parece?”.

“No, con tal de que llegue a alguna parte”, contesta Alicia.

Y ahí es que el gato revela una verdad muy interesante: “Ah, seguramente llegarás allí si caminas lo suficiente”. [Traducción libre.]

¿Cuántos de nosotros vamos por la vida diciéndonos: “Si sigo caminando el tiempo suficiente, algún día llegaré a algún lado”, pero sin saber exactamente dónde queda ese lugar donde queremos estar? “Algún lado” no es bastante; debemos saber a dónde queremos ir y estar firmemente resueltos a llegar allí. Y debemos tener ese conocimiento y esa determinación temprano en la vida.

Alma dijo: “¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!” (Alma 37:35). Eso lo dice todo. Háganlo ahora.

Las recomendaciones para el templo

Una vez que estemos resueltos a tener un matrimonio celestial, debemos comprender todos los pasos que conducen a él, y seguirlos.

Para entrar en el templo, necesitarán lo que se llama una recomendación. Primero, el obispo o el presidente de la rama llevará a cabo una entrevista concienzuda, y ésta irá seguida de una del presidente de la estaca o de la misión. A continuación, aparecen algunas preguntas que les harán:

“¿Tiene fe en Dios el Eterno Padre, en Su Hijo, Jesucristo y en el Espíritu Santo, y tiene un testimonio de Ellos?”

“Tiene un testimonio de la Expiación de Cristo y de Su función como Salvador y Redentor?”

“¿Tiene un testimonio de la restauración del Evangelio en éstos, los últimos días?”

“¿Apoya al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como profeta, vidente y revelador; y lo reconoce como la única persona sobre la tierra que posee todas las llaves del sacerdocio y que está autorizada para ejercerlas? ¿Apoya a los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores? ¿Apoya a las demás Autoridades Generales y a las autoridades locales de la Iglesia?” Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Los jóvenes adultos y el templo

Los jóvenes adultos y el templo

Por el Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

De un discurso pronunciado el 4 de mayo de 2003 en Salt Lake City, Utah, para una transmisión vía satélite del Sistema Educativo de la Iglesia.

A todos los jóvenes adultos les recalco que el templo puede bendecirles, incluso antes de que entren en él.
Al mantener un nivel de conducta moral lo suficientemente elevado para ser dignos de obtener una recomendación para el templo, hallarán paz interior y fortaleza espiritual.
En nuestros santos templos recibimos literalmente aquellas bendiciones que se han prometido al linaje de Abraham, Isaac y Jacob.

Mi tema es el templo. Me gustaría ayudarles a profundizar bastante en su doctrina, explorar las alturas de su gloria y captar su significado eterno.

Los templos no son algo nuevo. “Él siempre ha mandado a su pueblo edificar templos, santuarios sagrados en los cuales los miembros dignos de la Iglesia efectúan las ordenanzas y ceremonias sagradas del evangelio (Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 199). El Antiguo Testamento está repleto de alusiones a las ordenanzas, los convenios e incluso la ropa del templo (véase por ejemplo Éxodo 28–29; Levítico 8).

El templo bíblico más conocido se construyó en Jerusalén en los días de Salomón. El Señor aceptó esa santa casa en persona (véase 2 Crónicas 7:12); fue parcialmente destruido en el año 600 a. de J.C.

Casi cien años más tarde, fue restaurado por Zorobabel. Ese edificio sufrió daños en un incendio en el año 37 a. de J.C; Herodes posteriormente agrandó y niveló el terreno del templo y comenzó a reconstruir el segundo templo (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Templo, Casa del Señor”, págs. 199–200).

Fue éste el templo que conoció Jesús, quien estuvo allí de niño mientras Su consternada madre no podía encontrarlo (véase Lucas 2:43–49).

Durante la primera purificación del templo, Jesús lo llamó “la casa de mi Padre” (Juan 2:16; véanse los versículos 13–16). Durante la segunda purificación lo llamó “mi casa” (Mateo 21:13; Marcos 11:17). Sabiendo que el templo sería profanado aún más, Jesús lo llamó “vuestra casa [que] os es dejada desierta” (Lucas 13:35), una profecía cumplida con su destrucción en el año 70 d. de J.C.

Hace varios años, la hermana Nelson y yo nos encontrábamos en Jerusalén, donde fuimos guiados por las recientes excavaciones de un túnel ubicado a la izquierda del actual Muro Occidental del antiguo templo. En aquel túnel vimos a rabinos judíos que oraban para que llegara el día en que se construyera el tercer templo en Jerusalén.

Por el Libro de Mormón sabemos que Nefi edificó un templo “según el modelo del templo de Salomón”, excepto que menos ornamentado (2 Nefi 5:16).

“Desde Adán hasta la época de Jesús, las ordenanzas se realizaron en los templos sólo por los vivos. Una vez que Jesús abrió el camino para la predicación del Evangelio en el mundo de los espíritus… la obra por los muertos, así como por los vivos, se ha llevado a cabo en los templos” (Bible Dictionary, “Temple”, pág. 781).

Hijos del convenio

Al leer de los templos, también aprendemos sobre los convenios que Dios ha concertado con Sus fieles seguidores: Sus “hijos del convenio” (3 Nefi 20:26; véase el versículo 25; Hechos 3:25). Hace unos 4.000 años, Dios hizo convenio con Abraham de que todas las naciones de la tierra serían bendecidas por conducto de su descendencia (véase Génesis 17:7; 22:18; Abraham 2:9–11). Dicho convenio se confirmó con Isaac (véase Génesis 26:1–4, 24) y nuevamente con Jacob (véase Génesis 28; 35:9–13; 48:3–4). La influencia de ese convenio constituye una parte integral del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento y del Libro de Mormón (véase, por ejemplo, la portada del Libro de Mormón). Dicho convenio ha sido divinamente renovado en esta dispensación como parte de la Restauración de todas las cosas (véase D. y C. 124:58).

Los profetas han sabido desde hace mucho tiempo que el convenio abrahámico se cumpliría únicamente “en los postreros días” (1 Nefi 15:18). ¡En nuestra época! (Véase D. y C. 110:12–16.) ¡Nosotros somos el pueblo del convenio! ¿Qué significa eso en realidad? Aprendamos juntos de algunos pasajes seleccionados de las Escrituras.

En Mosíah 5:7 leemos: “Ahora pues, a causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy él os ha engendrado espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas”.

En 3 Nefi 20:25, Jesús está hablando: “Y he aquí, vosotros sois los hijos de los profetas; y sois de la casa de Israel; y sois del convenio que el Padre concertó con vuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu posteridad serán benditas todas las familias de la tierra”.

En nuestros santos templos recibimos literalmente aquellas bendiciones que se han prometido al linaje de Abraham, Isaac y Jacob.

La restauración de los templos y la autoridad para sellar

Se dio gran prioridad a la obra del templo durante la Restauración. La primera revelación de un ángel ministrante tenía que ver con esta doctrina. Registrada en la segunda sección de Doctrina y Convenios, es un eco del cuarto capítulo de Malaquías. Moroni predijo la venida de Elías, quien haría volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres (véase Malaquías 4:5–6; D. y C. 2:1–2). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Purificados por nuestras pruebas

Purificados por nuestras pruebas

Por el Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

En las angustias de la vida, parece ser que escuchamos mejor los ligeros y santos susurros del Divino Pastor.
¿No es ése el propósito de Dios al dejar que Sus hijos sufran? Él desea que lleguen a ser más como Él. Dios ha sufrido mucho más de lo que el hombre ha sufrido o llegará a sufrir jamás, y es por lo tanto la mayor fuente de compasión y consuelo”. —Élder Orson F. Whitney

Este mensaje va dirigido a todos, pero especialmente a aquellos que piensan que han tenido más pruebas, pesares, aguijones y espinas de lo que pueden soportar, y que en medio de la adversidad están a punto de hundirse en las aguas de la amargura. La intención del mensaje es darles esperanza, fortaleza y liberación.

Hace algunos años, el presidente David O. McKay (1873–1970) habló de las experiencias que tuvieron algunos de los que habían formado parte de la compañía de carros de mano de Martin. Muchos de aquellos primeros conversos habían emigrado de Europa y eran muy pobres para comprar bueyes o caballos y una carreta; por lo tanto, debido a esa pobreza, se vieron obligados a usar su propia fuerza y a tirar de carros de mano que contenían la totalidad de sus pertenencias, a través de las praderas. El presidente McKay relató un episodio ocurrido algunos años después del heroico éxodo:

“Un maestro, mientras enseñaba una clase, dijo que había sido imprudente que se intentara, e incluso que se les permitiera [a la compañía de carros de mano de Martin] viajar a través de las planicies bajo aquellas condiciones”.

En seguida, el presidente McKay citó a un observador que estaba presente en esa clase: “Surgieron severas críticas en contra de la Iglesia y de sus líderes, debido a que se permitía que una caravana de conversos se aventurara a cruzar las llanuras, sin más provisiones o protección de lo que una compañía de carros de mano podía ofrecerles.

“Un anciano en un rincón… se quedó escuchando, en silencio, hasta que no pudo aguantar más; luego se levantó y dijo cosas que ninguno de los que lo escucharon podrá olvidar jamás. Su cara estaba pálida de emoción; sin embargo, habló con calma, deliberadamente, pero con gran sinceridad y seriedad.

“En esencia, dijo: ‘Les ruego que dejen de criticar. Discuten sobre un asunto que desconocen. Los fríos hechos históricos no significan nada aquí, ya que no proporcionan una interpretación adecuada de las cuestiones pertinentes. ¿Que fue un error enviar la compañía de carros tan tarde, en aquella época del año? Sí. Pero mi esposa y yo estuvimos en esa compañía, y la hermana Nellie Unthank, a quien han mencionado, estuvo allí también. Sufrimos más de lo que se puedan imaginar, y muchos murieron a causa del frío y del hambre, pero, ¿han escuchado alguna vez a un sobreviviente de esa compañía pronunciar una sola palabra de crítica?…

“ ‘Tiraba de mi carro de mano cuando estaba tan débil y agotado debido a la enfermedad y a la falta de alimentos que casi no podía poner un pie enfrente del otro. Miraba hacia adelante y veía un trecho de arena o una cuesta en la colina y me decía: Puedo ir hasta ahí y luego debo darme por vencido, porque ya no puedo seguir tirando esta carga’”.

Continúa su relato: “‘Seguí hasta la arena y cuando llegué a ella, el carro empezó a empujarme a mí. Muchas veces miré a mi alrededor para ver quién estaba empujando el carro, pero no vi a nadie. Sabía entonces que los ángeles de Dios estaban allí.

“‘¿Lamentaba haber decidido venir con carros de mano? No, ni en aquel entonces ni en cualquier otro momento de mi vida después. El precio que pagamos para conocer a Dios fue un privilegio pagarlo, y estoy agradecido de que tuve la oportunidad de venir en la compañía de carros de mano de Martin’” 1 .

El fuego purificador

Ciertamente, en esto se encierra una gran verdad. En el dolor, la angustia y los heroicos esfuerzos de la vida, pasamos por el fuego purificador, y aquellas insignificancias de nuestra vida pueden derretirse como la escoria y hacer que nuestra fe brille intacta y fuerte. De esta manera, la imagen divina puede reflejarse desde el alma. Es parte del precio purificador que se requiere de algunos para que puedan llegar a conocer a Dios. En las angustias de la vida, parece ser que escuchamos mejor los ligeros y santos susurros del Divino Pastor.

A la vida de cada persona llegan los días de dolor, desesperación, adversidad y golpes. Parece que hay angustia, dolor y desilusiones de sobra para todos, incluso para aquellos que con la mayor sinceridad buscan hacer lo justo y permanecer fieles. El apóstol Pablo aludió a su propia prueba: “Y para que… no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee” 2 .

Los aguijones que punzan, que se clavan en la carne, que hieren, a menudo cambian vidas que parecen desprovistas de significado y esperanza. Ese cambio llega a través de un proceso de refinamiento que a veces parece cruel y duro. De esta manera el alma puede llegar a ser como suave arcilla en las manos del Maestro para modelar vidas de fe, utilidad, belleza y fortaleza. A algunos, el fuego purificador les hace perder la creencia y la fe en Dios, pero aquellos que poseen una perspectiva eterna comprenden que tal purificación es parte del proceso de perfeccionamiento.

Alma dijo: “¡…un pastor os ha llamado, y os está llamando aún, pero vosotros no queréis escuchar su voz!” 3 En nuestros grandes pesares, es posible renacer y ser renovados en el corazón y el espíritu. Entonces ya no nos dejamos llevar por la corriente, sino que disfrutamos de la promesa de Isaías, de que nuestras fuerzas serán renovadas y que levantaremos “alas como las águilas” 4 . Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

Liahona Septiembre 1998

Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

Por Kellene Ricks Adams

Lo flexibilidad, la creatividad y la dedicación nos ayudan a cumplir con nuestros llamamientos como maestros orientadores o como maestras visitantes.

Mi madre estuvo enferma durante la mayor parte de mi niñez, pero cuando yo tenía unos 15 años de edad, su salud se dete­rioró aún más y casi nunca salía ella de casa. Durante toda esa época, muchos miembros de nuestro barrio iban a visitarnos, pero nadie lo hacía con tanta frecuencia como las maestras visitantes. Todos los domingos Colleen Goodwin tomaba notas en cada reunión de la Iglesia y entonces visi­taba a mi madre y le contaba acerca de cada uno de los discursos y de las lecciones mientras que Marian Eubanks le masajeaba a mamá las piernas y los pies doloridos e inflamados.

Ahora bien, estas hermanas no hicieron eso solamente una o dos veces. ¡Lo hicieron por varios años! Ambas trabajaban y tenían que cuidar a sus propias familias, pero sabíamos que, si necesitábamos cualquier cosa, po­díamos llamar a las maestras visitantes de mamá. Ellas fueron más allá de la segunda milla: se convirtieron en amigas de mi mamá; además, enseñaron a esta hija jovencita lo que es la verdadera caridad. —Tracy Wright, Barrio Prairie 5, Estaca Prarie, West Jordán, Utah  Wain era un ex jugador de fútbol alto y fornido, y un élder muy sociable, bondadoso y servicial. Por su parte, Don era un magnífico compañero suyo, un verdadero ejemplo de serena fortaleza espiritual.

La primera vez que nos visitaron como maestros orientadores, supe que eran muy caritativos. Lo manifestaron directa y sinceramente. Como miembro metros activo, yo había sido antes muy indiferente a todo lo que se relacionara con la Iglesia y con frecuencia dudaba de los motivos de los miembros del barrio. Pero comprendí que estos dos hermanos estaban allí por los motivos debidos. Sabía que no nos visitaban con el simple propósito de cumplir con las estadísticas. Sabía que no iban para averiguar cómo está­bamos simplemente porque el obispo les pedía que lo hicieran. Sabía que nos visitaban porque creían en los profetas vivientes y apreciaban su responsabi­lidad de maestros orientadores como una oportunidad para magnificar su llamamiento en el sacerdocio. —Dennis Peacock, Barrio Kearns 34, Estaca Kearns Sur, Utah.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes pueden cambiar la vida de la gente. Muchos miembros aprecian el recuerdo de hombros fuertes, de corazones tiernos y de manos bondadosas que están a nuestra dispo­sición por medio de estos inspirados programas. No obstante la gran influencia que los maestros orientadores y las maestras visitantes ejercen en la vida de los demás, el proceso mismo de cumplir con nuestra responsabilidad de “llevar las cargas los unos de los otros” (Mosíah 18:8) puede constituir un reto para nosotros.

A veces no es fácil que los compañeros encuentren el momento conveniente para juntarse y visitar las familias que se les asignan. Sin embargo, es importante que este servicio se lleve a cabo en parejas, según el modelo establecido por revelación de que los posee­dores del sacerdocio deben andar de dos en dos (véase D. y C. 20:47, 53; 42:6). Con frecuencia resulta ser un problema mayor el combinar los horarios de ellos con los de las personas a quienes deben visitar. Asimismo, a veces sucede que el número de familias asignadas parece exceder a la cantidad que los maestros orienta­dores y las maestras visitantes pueden atender; a veces, la distancia, el tiempo y el coste que la labor requiere es algo desalentador. Y aún más, otras veces el problema que se les presenta consiste en obtener la influencia del Espíritu para resolver las situaciones extraordinarias que se les presenten. Estos obs­táculos y varios otros pueden impedir que los miembros lleven a cabo la obra del Señor para bendecir la vida de la gente.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes podrían encontrar, por consiguiente, algún valor en las siguientes sugerencias y soluciones que han ayudado a otros. Estas ideas pueden inspirar en ellos la flexibilidad, la creatividad y la dedicación, esos elementos claves para que los miembros puedan “enseñar… y velar por la iglesia” y “visitar la casa de todos los miembros, y exhor­tarlos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (D. y C. 20:42, 47). Los principios que se detallan aquí pueden ayudar a todo maestro orientador y a toda maestra visitante, no importa dónde sirvan en cualquier parte del mundo.

Cómo establecer un horario definido

Uno de los problemas comunes de los maestros orien­tadores y las maestras visitantes es el de programar los horarios de sus visitas. El presidente Bertram C. Willis, de la Estaca Cherry Hill, Nueva Jersey, informa: “Algunas personas lo solucionan al establecer una determinada hora para la visita de cada mes. Las familias y las personas a quienes visitan saben así de antemano que, por ejemplo, la visita es la tarde del primer domingo del mes o la noche del segundo miércoles”.

Kathleen Berger, una maestra visitante del Barrio Palm Bay 1, Estaca Cocoa, Florida, está de acuerdo con ello y dice: “Tenemos que visitar a varias hermanas y todas saben que siempre lo hacemos la mañana del primer martes de cada mes. Todas vivimos a grandes distancias unas de otras y a veces nos sentimos muy aisladas, así que las visitas son importantes y las hermanas las disfrutan mucho. Y saben que pueden contar con nuestras visitas ese martes por la mañana”.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes dicen que es importante que ustedes manifiesten a quienes visiten un sincero deseo de serles de ayuda y un recurso al cual acudir en la vida. Este deseo podría reali­zarse al establecer un horario determinado o proponerles dos o tres horarios convenientes (indicando los días de los que no dispongan), tanto para ustedes como para quienes tengan que visitar. Al analizar tales posibili­dades, expresen su amor e interés por la familia. La flexi­bilidad y la buena disposición podrían ser necesarias, pero la seguridad de tener un horario preestablecido aliviará el sorprendente caudal de la tensión relacionada con los programas de los maestros orientadores y de las maestras visitantes.

La flexibilidad para atender a necesidades especiales

En muchas localidades suele haber más personas y familias para visitar que miembros activos que puedan convenientemente hacerse cargo de esa responsabilidad. En la Rama Fort Payne de la Estaca Chattanooga, Tennessee, hay solamente tres poseedores del sacerdocio que son activos, siendo uno de ellos el presidente de la misma, Román Lilly. Sin embargo, los tres tienen la responsabilidad de visitar a 48 familias como maestros orientadores, y por lo general visitan a 45 de ellas como mínimo.

“Dedicamos dos sábados al mes para salir como maes­tros orientadores y lo hacemos cada uno con su respec­tiva esposa. Y ellas hacen de maestras visitantes al mismo tiempo”, explica el presidente Lilly. Cuando va acompa­ñado de la aprobación del obispo o del presidente de rama, este método de que matrimonios visiten a los miembros en cuyo seno familiar exista una razón especial para hacerlo así puede contarse como visitas simultáneas de maestros orientadores y maestras visitantes (véase el Manual para líderes del Sacerdocio de Melquisedec, 1990, pág. 5).

“Salimos por la mañana y generalmente regresamos por la tarde. A veces hacemos arreglos para visitar en horas de la noche a aquellas familias que no podemos visitar el sábado y en contadas ocasiones visitamos a algunos miembros antes o después de las reuniones de la Iglesia. La jurisdicción de nuestra rama abarca unos 115 kilómetros, pero entendemos lo que son la responsabi­lidad y la oportunidad de ser maestros orientadores”.

Tal como se demuestra en la Rama Fort Payne, la necesidad de que una pareja matrimonial haga las visitas como maestro orientador y como maestra visitante al mismo tiempo no es muy común. En otros lugares, los líderes del sacerdocio han tomado diferentes medidas.

Por ejemplo, la Estaca Carey, Idaho, no cuenta con suficientes miembros activos para visitar a todos los miembros. Al intentar resolver este problema, los líderes del sacerdocio han logrado su mayor éxito al procurar la inspiración del Espíritu para determinar quiénes tienen la mayor necesidad de ser visitados. Michael Chandler, el primer consejero de la presidencia de estaca, dice: “Cada año pedimos a los líderes de barrio que reevalúen las designaciones y oren para que se les inspire al determinar cuáles son las familias que necesitan tener maestros orientadores. Con el transcurso del tiempo, visitamos a todos los miembros”.

De igual manera, los maestros orientadores y las maes­tras visitantes han sabido informar que, cuando no les es posible visitar a todas las familias, el Espíritu los guía a aquellas que más los necesiten. En el caso de las maestras visitantes solamente, una llamada telefónica o una nota por correo puede substituir la visita en las ocasiones en que no les sea posible efectuarla personalmente.

En las localidades donde el número de miembros menos activos sea mayor que el de los activos, los misio­neros regulares podrían, con la debida aprobación de los líderes del sacerdocio, acompañar a los hermanos del Sacerdocio de Melquisedec que hayan sido designados para visitar a miembros menos activos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | 1 comentario

La verdad os hará libres

Septiembre 1998

“La verdad os hará libres”

por el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

La restauración del Evangelio de Jesucristo y todo lo que esto significa para nosotros es el resul­tado de que José Smith, un joven de 14 años de edad, decidiera preguntar sobre la verdad guiándose por el versículo que dice: «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Santiago 1:5).
Todo aquel que mediante el Espíritu de Dios pregunte con sinceridad disfrutará de la compañía, no sólo del Espíritu, sino también de la de otras personas que procuran obtener la verdad.

Pilato preguntó: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). La gente ha estado luchando por encontrar la respuesta a esta pregunta durante siglos. Todo hombre y toda mujer tiene la responsabilidad de encontrar la verdad.

Otra pregunta adecuada es: “¿Dónde puede encontrarse la verdad?” Quizás la clave de la respuesta se encuentre en el siguiente relato.

Ali Hafed, un hombre de la antigua Persia, era dueño de grandes tierras y campos con huertos y jardines muy productivos, y también contaba con inversiones que le producían dinero. Tenía una hermosa familia y “se sentía muy feliz porque era rico y se consi­deraba rico porque era muy feliz”.

Un anciano sacerdote fue a visitar a Ali Hafed y le dijo que si tuviera un diamante del tamaño de su dedo pulgar, podría adquirir muchos terrenos más de los que poseía. Ali Hafed entonces le preguntó: “¿Puede decirme usted dónde he de encontrar diamantes?”

El sacerdote respondió: “Si encontrase usted un río que corra por arenas blancas entre altas montañas, allí descubrirá diamantes”.

Y Ali Hafed dijo: “Pues bien, allí iré”.

Vendió entonces sus tierras, retiró el dinero que había invertido, encargó a un vecino el cuidado de su familia y salió en busca de diamantes, viajando a través de muchas regiones.

El hombre que le compró las tierras a Ali Hafed llevó su camello al jardín para que bebiera y, tan pronto como el animal puso el hocico en el agua, el granjero notó un curioso reflejo en las arenas blancas del arroyo. Estirando la mano, el hombre recogió una piedra negra que irra­diaba un extraño rayo de luz. Poco tiempo después, el anciano sacerdote llegó a visitar al sucesor de Ali Hafed y constató que aquella piedra negra era, en realidad, un diamante. Juntos corrieron al jardín, agitaron con las manos las blancas arenas del arroyo y encontraron muchas otras gemas de inestimable valor. Así fue que se descubrieron las minas de diamante de Golconda [vetusta ciudad del sur de la India], las cuales llegaron a ser las más valiosas del mundo antiguo. Si Ali Hafed hubiera permanecido en su hogar y excavado sus propias tierras en vez de viajar hacia lugares lejanos, habría podido tener grandes cantidades de diamantes (relato adaptado de Acres of Diamonds, 1915, págs. 4-8, por Russell H. Conwell).

La búsqueda de la verdad es, con frecuencia, muy similar a la que hizo Ali Hafed al buscar los diamantes. La verdad no se encuentra en regiones distantes, sino a nuestros pies. Sir Winston Churchill dijo una vez, comentando acerca de un conocido: “En ocasiones, él solía tropezar con la verdad, pero se incorporaba en seguida y se alejaba rápidamente como si nada hubiera ocurrido” (tomado de The Irrepressible Churchill Stories, editado por Kay Halle, 1966, pág. 113).

Uno de los juicios legales de gran trascendencia de la historia fue el de Sócrates. La corte de Atenas lo acusó de dos delitos: en primer lugar, que era ateo y que no creía en los dioses decretados por el gobierno, y, segundo, que estaba corrompiendo a los jóvenes al ejercer su influencia sobre ellos e incitarlos a investigar por sí mismos en cuanto a la sabiduría que la sociedad ateniense recla­maba poseer. La mayoría del jurado sentenció entonces a Sócrates y dispuso que debía morir por envenenamiento.

A fin de que puedan encontrar la verdad, los líderes de la Iglesia alientan a los miembros a que piensen y la descubran por sí mismos. Se les exhorta a que mediten, investiguen, evalúen y alcancen así a obtener tal conoci­miento de la verdad por medio de su propia conciencia y de la inspiración del Espíritu. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La fe de un niño

Agosto 1998

La fe de un niño

Por el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El mensaje fue breve, pero las palabras resultaron familiares: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios»

¡Qué período tan glorioso del año es la época de la conferencia! La Manzana del Templo de Salt Lake City es el lugar de recogimiento de decenas de miles de personas que viajan desde lejos para oír la palabra de Dios. El Tabernáculo se llena completamente, la conversación amistosa se ve reemplazada por la música del coro y por las voces de los que oran y los que hacen uso de la palabra. En el aire reina una dulce reverencia y así da comienzo la conferencia general.

Como orador, es una humilde experiencia el contemplar rostros amigables y el apreciar la fe y la devoción a la verdad que ellos representan.

En una ocasión en la que me disponía a hacer uso de la palabra ante las personas congregadas para una conferencia, observé que en la galería norte estaba una hermosa niña de quizás unos diez años de edad. Sentí la impresión de dirigirme directamente a ella; comencé diciendo:

Dulce pequeña, no sé cómo te llamas ni de dónde has venido, pero de una cosa estoy seguro: de que la inocencia de tu sonrisa y la tierna expresión de tus ojos me han persuadido a dirigirme especialmente a ti.

Cuando yo tenía tu edad también tenía una maestra de la Escuela Dominical; ella solía leernos pasajes de la Biblia acerca de Jesús, el Redentor y el Salvador del mundo.

Un día nos enseñó sobre cómo le eran llevados a Él los niños pequeñitos para que pusiese Sus manos sobre ellos y orase. Sus discípulos reprendían a los que les llevaban a los niños. “Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”1.

Nunca he olvidado esa lección. De hecho, hace unos años volví a aprender su significado y a participar de su poder; mi maestro fue el Señor.

Permíteme compartir esa experiencia contigo. Muy lejos de Salt Lake City y a unos 130 kilómetros de Shreveport, Luisiana, vivía la familia de Jack Methvin. La madre, el padre y los hijos son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Había una niña encantadora que bendecía el hogar con su sola presencia y cuyo nombre era Christal. Tenía apenas diez años cuando la muerte puso fin a su estancia terrenal.

A Christal le gustaba correr y jugar por el extenso rancho en el que vivía la familia; podía montar a caballo con gran habilidad y sobresalía en diversas otras activi­dades, llegando a ganar algunos premios en las ferias locales y del estado. Su futuro era brillante y su vida maravillosa. Fue entonces que se le descubrió una protu­berancia extraña en la pierna. Los especialistas de Nueva Orleans realizaron unas pruebas y dieron a conocer el diagnóstico: carcinoma; había que amputarle la pierna.

Christal se recuperó muy bien de la operación y reanudó su alegre vida sin quejarse nunca. Pero más tarde los médicos descubrieron que el cáncer se le había extendido a sus pequeños pulmones.

La condición de Christal iba empeorando; el fin se acercaba. Sin embargo, su fe no vaciló. Ella sabía que se acercaba la conferencia de estaca y le dijo a sus padres: “¿Creen que la persona que haya sido asignada a nuestra conferencia de estaca podría darme una bendición?”.

Mientras tanto, en Salt Lake City, y sin conocimiento alguno de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Shreveport, se presentó una situación poco frecuente. Para el fin de semana en que se iba a celebrar la confe­rencia de la Estaca Shreveport, Luisiana, yo había sido asignado a El Paso, Texas. El presidente Ezra Taft Benson, que en aquel entonces era el Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, me llamó a su despacho y me explicó que otra Autoridad General había llevado a cabo parte de la obra preliminar relacionada con la división de la estaca de El Paso. Me preguntó si me importaría que le cediesen a otra persona la asignación de ir a El Paso y que yo fuese asignado a otro lugar. Por supuesto que no tenía incon­veniente alguno; cualquier lugar me parecía apropiado. Entonces el presidente Benson me dijo: “Hermano Monson, siento la impresión de pedirle que visite la Estaca Shreveport, Luisiana”.

Acepté la asignación, y en el día señalado llegué a Shreveport.

La tarde del sábado estuvo ocupada con diversas reuniones: una con la presidencia de la estaca, otra con los líderes del sacerdocio, otra con el patriarca y aún otra con todos los líderes de la estaca. Con cierto tono de disculpa, el presidente de estaca, Charles F. Cagle, preguntó si mi horario me permitiría dar una bendición a una niña de diez años enferma de cáncer: se llamaba Christal Methvin. Respondí que lo haría si me era posible, y luego le pregunté si ella estaría en la conferencia o si estaba en un hospital de Shreveport. Como sabía que el horario estaba sumamente ajustado, el presidente Cagle casi con un murmullo dijo que Christal estaba confinada en su hogar, a muchos kilómetros de Shreveport.

Examiné el horario de las reuniones de esa noche y de la mañana siguiente, incluso el del vuelo de regreso. Sencillamente no había tiempo disponible. Pero se me ocurrió una idea alternativa: ¿Acaso no podríamos recordar a la pequeña en las oraciones que se ofrecieran durante la conferencia? Seguramente el Señor lo enten­dería; así que en base a esos hechos continuamos con el horario inicial de las reuniones. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Se construye una réplica de la cabaña de troncos de la familia Smith

Se construye una réplica de la cabaña de troncos de la familia Smith

por Shaun D. Stahle

La cabaña de troncos en la que creció José Smith, destruida desde hace mucho por el tiempo, los elementos y el hombre, se ha recons­truido después de veinte años de averiguaciones e investigación arque­ológica. (En el artículo siguiente, “La ‘ familia Smith vivió ocho años en una cabaña de troncos”, hay más informa­ción sobre el hogar de la familia Smith.)

Los días 14 y 15 de enero se levantó la estructura principal de la réplica, en el sitio de la cabaña original.

Al terminarse en marzo, la vivienda tenía el mismo aspecto que presentaba el día en que el joven José salió por la puerta, encaminándose a la Arboleda Sagrada, en la primavera de 1820.

“La construcción de la cabaña fue un período de significado sagrado”, comentó Donald L. Enders, investi­gador jefe del Departamento Histórico de la Iglesia, que asesoró en la construcción. “Este es el lugar donde se cumplió una profecía antigua”, dijo.

Los detalles para construir la cabaña se obtuvieron como resul­tado de extensas averiguaciones, investigación arqueológica y un estudio de más de treinta casas de la época en Vermont y en el oeste de Nueva York.

La manipostería, las ventanas, las puertas, la chimenea y el ala del dormitorio se construyeron según el más alto grado de exactitud histó­rica, explicó el hermano Enders.

“La Iglesia fue afortunada en hallar un constructor competente, respetado por su sensibilidad al detalle histórico y su experiencia en la restauración de graneros histó­ricos”, continuó.

El Comité de Sitios Históricos de la Iglesia, bajo la dirección del élder Marlin K. Jensen, de los Setenta, coordinó la construcción de la réplica de la cabaña, incluso la cola­boración del constructor, los arqui­tectos y los obreros locales.

“Sentimos el espíritu de la ocasión”, comentó el élder Richard Hebertson, misionero de Asuntos Públicos que trabaja en los sitios históricos de Palmyra con su esposa, Barbara. “Se oyeron grandes vítores al colocar el último cabrio”, dijo.

La construcción comenzó en la tarde del 14 de enero, después que un camión cargado de troncos llegó al sitio de la cabaña original de los Smith.

Las tormentas de nieve y la temperatura baja habían amenazado posponer la construcción, pero el élder Chuck Canfield, director de los sitios históricos del área de Palmyra, optó por proseguir de acuerdo con los planes.

“Y al fin, fue un día bastante lindo”, dijo el élder Canfield. “Las tormentas se aplacaron y la tempera­tura fue moderada. No volvió a nevar hasta la noche, después de la última oración”.

Los troncos, de los bosques que rodean la granja de los Smith, se cortaron en febrero de 1997 y luego, durante el año, el cons­tructor los hizo formar a mano con hachas en Cazenovia, Nueva York. Después, los labraron con herra­mientas para que tuvieran dos caras planas, según las técnicas de cons­trucción de la época.

“Las casas de troncos se cons­truían con diversidad de maderas”, explicó el hermano Enders. “Los troncos que quedaban más expuestos a los efectos dañinos de los elementos tenían que ser los más resistentes. Generalmente, se elegía madera de pino blanco, quebracho, roble y nogal; otras maderas duras como el haya, el fresno y la pacana se utilizaban para las paredes, y el arce para hacer los cabrios”.

El constructor armó la réplica de la cabaña de troncos antes de trans­portar el material a la granja de los Smith; los troncos se habían marcado con etiquetas y ajustado a la medida.

En el terreno de la granja, con la ayuda de un numeroso grupo de voluntarios, el constructor comenzó a levantar la réplica descargando del camión los grandes troncos que se emplearon en el cimiento.

Al atardecer del día siguiente, el último cabrio se colocó en su lugar, arrancando grandes exclamaciones de júbilo de los que se habían reunido a observar los trabajos. Después de la última oración, empezó a nevar.

“En muchos aspectos”, dijo refle­xivamente el élder Hebertson, “la construcción de la réplica ha sido similar a la de la cabaña original de los Smith. Ambas se construyeron en el período entre la cosecha y la primavera, ambas fueron resultado de ardua labor, y ambas requirieron un esfuerzo mancomunado para completarse”.

“Este es un hogar de significado sagrado”, explicó el élder Enders. “Es una región santificada por la visita personal de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo. ¿Cuántos lugares se conocen en el mundo donde sepamos que el Padre haya estado personalmente?

“Este es el hogar donde vivió José Smith después de salir de la Arboleda Sagrada con una promesa divina de que el Evangelio sería restaurado”. □

Artículo por cortesía de Church News, enero 24 de 1998.


Lo familia Smith vivió ocho años en una cabaña de troncos

Por Shaun D. Stahle

En 1816, varios años consecu­tivos de malas cosechas obli­garon a la familia de Joseph Smith a trasladarse desde Vermont a una granja cercana a Palmyra, estado de Nueva York.

La población era pequeña entonces, con aproximadamente seis­cientos habitantes; pero con la cons­trucción del canal del Erie, la región prometía convertirse en un centro agrícola y comercial importante.

La situación económica de la familia era mala, por lo que algunos de ellos aprovecharon diversas oportuni­dades de empleo: el padre, Alvin y Hyrum se emplearon como jornaleros para cavar y empedrar pozos, construir paredes y chimeneas de mampostería, levantar cosechas, y cortar y vender madera.

En el otoño de 1816 [últimos meses del año en el hemisferio norte], poco meses después de haber llegado al lugar, empezaron negocia­ciones para comprar 40 hectáreas de tierra.

El terreno estaba al sur de Palmyra, junto a una rústica huella de carretas. A fines de 1817 y princi­pios de 1818, durante el invierno, los Smith pudieron limpiar un pequeño sitio y empezaron a construir una cabaña de troncos; pero en la época de cultivos y cosechas, desde la primavera hasta el otoño, tuvieron que trabajar para otras personas a fin de pagar sus obligaciones monetarias.

La cabaña quedó terminada a fines del otoño de 1818, y fue la vivienda de los Smith durante ocho de los doce años que vivieron en la granja: desde fines de 1818 hasta la primavera [los primeros meses] de 1825, y desde la primavera de 1829 hasta fines de 1830. De 1825 hasta 1829 la familia Smith vivió en la casa blanca de madera que se encuentra en la granja, cerca de la cabaña, y que los turistas visitan en la actua­lidad cuando van a ver la Arboleda Sagrada. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Plantando las promesas en el corazón de los hijos

Liahona Junio 1998

Plantando las promesas en el  corazón de los hijos

Por Élder Bruce C. Hafen
De los Setenta

Honrar a nuestro padre y a nuestra madre en el verdadero sentido del quinto mandamiento, no sólo nos proporciona bendiciones eternas para nuestra familia, sino que también edifica comunidades que perduran.

Hace unos pocos años, uno de nuestros hijos adolescentes hizo un largo viaje. La dis­tancia dificultaba tanto la comunica­ción con él, por lo que sólo pudimos enviarle un pequeño mensaje escrito con la siguiente posdata: «Lee Alma 37:35-37». En estos versículos Alma dice: «¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud… implora a Dios todo tu sostén; sí… deja que los afectos de tu corazón se funden en el Señor para siempre… y él te dirigirá para bien».

En su corta respuesta, nuestro hijo nos decía: «Lean D. y C. 2». Aquí se encuentran las palabras de Moroni a José Smith, prometiéndole que, antes de la venida del Señor, el sacerdocio sería revelado por conducto de Elías, el cual «plantará en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá hacia sus padres.

«De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada a su venida» (D. y C. 2:2-3).

Su respuesta me impresionó. Me preguntaba si él se daría cuenta de los sentimientos que estaba tocando en mi interior, ya que demostraba su aceptación del quinto mandamiento, el cual dice: «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da» (Éxodo 20:12).

La adaptación que Moroni hace de la profecía de Malaquías (véase Malaquías 4:5-6) extiende el espí­ritu y la promesa del quinto manda­miento mucho más allá de la simple muestra de respeto hacia los padres, siendo esto importante de por sí. Moroni prometió que el espíritu de Elías, es decir, el poder del sacer­docio que sella las familias para siempre, plantaría en el corazón de los hijos un deseo de obtener las mismas promesas que el Señor le dio a Abraham. Para muchos hijos de Santos de los Últimos Días ésas son las promesas que nuestros padres terrenales recibieron en el templo; y la obtención de esas bendiciones prometidas les salvará no sólo a ellos, sino a «toda la tierra», de ser asolados.

Un milagroso cambio de corazón

Literalmente, ¡qué milagroso que una sed, incluso un anhelo de esas bendiciones maravillosas pueda arraigarse en el corazón de nuestros hijos! Tengo la impresión de que muchos padres en la Iglesia oran cada noche, al igual que nosotros, para que este deseo sea plantado en el corazón de sus hijos.

Para explicar por qué la respuesta de mi hijo me conmovió tanto, debo compartir un relato sobre su hermano mayor, el cual nació poco tiempo después de fallecer mi padre. A este hijo le pusimos como segundo nombre el nombre de mi padre. Al principio se sentía molesto por tener un nombre tan anticuado y no lo usaba, pero cuando se inscribió en el club de oratoria del colegio y aprendió que su abuelo había sido campeón de debate en los años veinte, empezó a sentir una relación de proximidad hacia su tocayo. Mi padre había llevado un diario personal durante gran parte de su vida como adulto y, un día, le mostré a mi hijo una anotación que describía el más grande de los debates de su abuelo. Le entregué el diario con la esperanza de que lo leyera.

Nuestro hijo era un joven bueno, aunque difícil de educar. Oramos en busca de paciencia para que las semi­llas de la fe se arraigaran en su corazón; pero sabíamos que no podí­amos forzar este proceso. Durante esos días pensé en mi propio hermano mayor, quien había muerto en un accidente durante su turbu­lenta adolescencia. ¡Cuánto habían orado y se habían lamentado por él mis padres! Una noche, mi hijo me dejó una simple nota: «Nunca quiero hacer nada que pueda herirte a ti y a mamá del mismo modo que los problemas de tu hermano hirieron a tus padres». Me preguntaba cómo pudo haber llegado a saber de algo tan personal y de una generación pasada, pero recordé el diario y decidí no indagar más.

Pocas semanas más tarde, nuestro hijo pasó por una experiencia bastante difícil y una noche se acercó a nosotros para decirnos lo que le había pasado: «Papá, nunca he cono­cido al abuelo Hafen, pero sentí que estaba allí para ayudarme». Lo estreché fuerte y le conté más sobre su abuelo.

No mucho tiempo después, este hijo nuestro se encontraba deci­diendo la manera de responder a un llamamiento como misionero. Una tarde, mientras nos encontrábamos en el sudeste de Utah para una reunión familiar, sin explicación alguna tomó el coche y se dirigió al solitario cañón en el que su abuelo disfrutaba montando a caballo; se trataba, de hecho, del lugar donde había fallecido. Nuestro hijo había leído en el diario concerniente a este cañón y lo había visto de lejos, pero nunca había estado en él. Se arro­dilló en un parque solitario y solicitó la ayuda del Señor para hallar respuesta a sus preguntas sobre su fe, la misión y su vida. En su despedida misional hizo alusión a lo sagrado de ese día y describió la profunda certeza y el sentido de dirección que había traído del cañón de su abuelo. Ahora, años más tarde y con hijos propios, continúa reflejando en su vida esa misma certeza y sentido, y yo sé el gozo que debe sentir mi padre.

No tengo duda alguna de que las promesas de Dios a mi padre fueron plantadas en el corazón de nuestro hijo del mismo modo que lo fueron en mi propio corazón. Realmente puede existir un lazo y un senti­miento de aceptación que une a las generaciones que se encuentran a ambos lados del velo. Este lazo nos da un sentido de identidad y propó­sito. Nuestros lazos con el mundo eterno se vuelven muy reales de repente, esbozando con mayor claridad el propósito de nuestra vida y edificando nuestras expectativas.

Al honrar a nuestro padre y a nuestra madre volviendo nuestro corazón hacia ellos, el Señor nos promete que «[serán] prolongados [nuestros] días, y para que [nos] vaya bien sobre la tierra que Jehová [nuestro] Dios [nos] da» (Deuteronomio 5:16). ¿Cómo se cumple esta promesa? No sólo podemos esperar que nuestros días «sean prolongados», sino que nues­tros días y nuestra vida sean bende­cidos con seguridad personal, felicidad y significado. No sólo podemos esperar que nos «vaya bien» individualmente, sino que nuestra sociedad disfrutará de paz y libertad. La clave para la supervivencia social e individual depende de que los hijos vuelvan el corazón hacia sus padres y aprendan de la sabiduría que éstos han acumulado.

La pérdida de los lazos familiares

Hoy en día, las relaciones humanas básicas que llamamos parentesco y matrimonio se están desintegrando, puesto que muchos hijos, padres y cónyuges están volviendo sus corazones no el uno hacia el otro, sino hacia sus propias necesidades egoístas. «No buscan al Señor… antes todo hombre anda por su propio camino, y en pos de la imagen de su propio dios, cuya imagen es a semejanza del mundo» (D. y C. 1:16). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Nacer de nuevo

Liahona Junio 1998

Nacer de nuevo

Por el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

El mensaje actual del Salvador es semejante al mensaje del pozo, al de los sembrados o al del Mar de Galilea. Es el mensaje de que puede haber un reino celestial sobre la tierra al igual que lo hay en los cielos, y que aque­llos que toman Su obra sobre sí, nacerán por segunda vez, renovados en corazón y en espíritu.

A nuestra obtención individual de un segundo nacimiento, un volver a despertar, le sigue una búsqueda eterna de aquello que es noble y bueno. Al igual que Nicodemo, muchos preguntarán cómo se lleva a cabo este segundo nacimiento (véase Juan 3:4). La respuesta sigue siendo la misma: «…el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3:5).

El inquisitivo Tomás hizo un pregunta clave: «Señor… ¿cómo, pues, podemos saber el camino?». La respuesta fue: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:5—6).

Nacer espiritualmente de Dios significa que debemos ser capaces de responder afirmativamente la pregunta de Alma: «¿Habéis experimentado este gran cambio en vuestros corazones?» (Alma 5:14). Nacer de nuevo significa que debemos ejercer una fe que no vacile y que no se aleje fácil­mente de Dios.

Muchos miembros, cuando beben de la amarga copa que llega hasta ellos, creen, en forma equivocada, que ésta pasa de largo para otras personas. En sus primeras palabras a la gente del continente occi­dental, Jesús de Nazaret habló intensamente de la amarga copa que el Padre le había dado (véase 3 Nefi 11:11). Toda alma tiene algún tipo de copa amarga de la que beber. Los padres cuyo hijo se desvía del camino llegan a conocer una pena imposible de describir; una mujer puede ver cómo se le rompe el corazón cada día ante el trato de un marido cruel e insensible; los miem­bros que no se casan pueden sufrir penas o decepciones. Sin embargo, cuando se bebe de la amarga copa, uno debe aceptar la situación tal como es, y así llegar hasta Dios y hasta las demás personas. El presidente Harold B. Lee dijo: «No permitan que la compasión por uno mismo o la desesperación les aleje del camino que saben que es correcto». El Salvador fijó el curso a seguir: debemos nacer de nuevo en espíritu y corazón.

Hace varios años, Bonnie McKean Giauque ganó el Concurso nacional de decoración de sillas de ruedas. Esta madre de Salt Lake estaba afectada de esclerosis múltiple y tenía que cuidar de su esposo y de sus cinco encantadoras hijas desde una silla de ruedas. Para el concurso, decoró su silla a la manera de Raggedy Ann (una muñeca famosa en los Estados Unidos), a fin de que los niños que la vieran pudiesen hablar de algo más que de su incapacidad. Un día de ayuno comentó que ella y otra amiga discapacitada de igual forma, se habían dicho: «¿No somos afortunadas por tener sillas de ruedas?».

James Reston, analista político del New York Times, comentó: «Cuando G. K. Chesterton escribió su autobio­grafía al final de una vida extraordinaria, dijo que la lección más importante que había aprendido era la de aceptar las cosas con gratitud, en lugar de darlas por sentado». El señor Reston comentó también que no importaba lo pesimista que pudiera ser nuestro punto de vista de todas nuestras bien ponderadas instituciones, «aun entonces, y especialmente en ese momento, podemos rechazar o volver a confiar en la amistad personal y en el fiel amor personal o en los tratos claros y honestos que realicemos en nuestra vida privada. En la obra Hamlet, de Shakespeare, Polonio da el siguiente consejo a su hijo: «Los amigos que escojas y cuya adop­ción hayas puesto a prueba, sujétalos a tu alma con garfios de acero» (William Shakespeare, Obras Completas, «Hamlet, príncipe de Dinamarca», Acto I, Escena III, Aguilar, S. A. de Ediciones, Madrid, 1982, pág. 242).

Tal y como preguntó Tomás: ¿cómo podemos saber el camino? (véase Juan 14:5). Lo descubriremos al ver más allá de nosotros mismos. Un buen amigo dijo: «Necesito que me recuerden los peligros de pensar sólo en mí mismo, de preocuparme en exceso de mí. En mi intento de protegerme a mí mismo, podría perder el sentido de la vida». Hay graves peligros en considerar con demasiada preocupación los deseos y necesidades personales, pudiendo éstos llegar a impedir la oportunidad de nacer de nuevo. No se puede dejar de lado la cuestión de este renacer espiritual. El apóstol Pablo dijo a los romanos: «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Romanos 8:6). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario