Conferencia General Abril 2012
Sacerdocio Aarónico: Levántense y usen el poder de Dios
Por Adrián Ochoa
Segundo Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes
El sacerdocio debe ejercerse para lograr algo bueno. Se les ha llamado a “[levantarse y brillar]” y no a ocultar su luz en la oscuridad.
Hace poco estuve en Sudáfrica visitando a una familia con Thabiso, el primer ayudante del quórum de presbíteros del Barrio Kagiso. Thabiso y su obispo, quien preside y posee las llaves del quórum, habían estado orando por los miembros del quórum que eran menos activos, buscando inspiración para saber a quién visitar y qué hacer para ayudarlos. Se sintieron inspirados a visitar la casa de Tebello y me invitaron a que fuera con ellos.
Una vez que logramos que el feroz perro guardián nos dejara pasar, nos encontramos en la sala de estar con Tebello, un joven con un espíritu sosegado que había dejado de asistir a la Iglesia porque había empezado a ocuparse de otras cosas los domingos. Estaba nervioso, pero feliz de recibirnos, e incluso invitó a su familia a que lo acompañaran. El obispo expresó su amor por la familia y su deseo de ayudarles a llegar a ser una familia eterna que se sellara en el templo. Sus corazones se conmovieron y todos pudimos sentir la fuerte presencia del Espíritu Santo que guiaba cada palabra y cada sentimiento.
Pero fueron las palabras de Thabiso las que marcaron la diferencia en la visita. A mí me pareció que ese joven presbítero hablaba en el lenguaje de los ángeles, con tiernas palabras que todos pudimos comprender plenamente, pero que sobre todo conmovieron a su amigo. “Me encantaba hablar contigo todo el tiempo en la Iglesia”, le dijo. “Siempre me dices cosas amables; y, ¿sabes qué?, nuestro equipo de fútbol prácticamente ha desaparecido ahora que tú no estás. Eres tan buen jugador”.
“Lo siento”, respondió Tebello, “volveré con ustedes”.
“Genial”, dijo Thabiso. “¿Y te acuerdas de cómo nos preparábamos antes para servir como misioneros? ¿Podemos empezar a hacerlo otra vez?”.
“Sí”, contestó Tebello, “quiero volver”.
Tal vez la mayor alegría que experimento como consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes es ver a los poseedores del Sacerdocio Aarónico de todo el mundo ejercer el poder del Sacerdocio Aarónico. Pero, a veces también soy testigo, con tristeza, de muchos jóvenes que no entienden cuánto bien pueden hacer con el poder que poseen.
El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios mismo para actuar al servicio de Sus hijos. ¡Oh, si cada hombre joven, cada poseedor del Sacerdocio Aarónico, pudiera comprender plenamente que su sacerdocio posee las llaves del ministerio de ángeles! Si tan sólo entendieran que tienen el sagrado deber de ayudar a sus amigos a encontrar el sendero que conduce al Salvador. Si sólo supieran que el Padre Celestial les dará el poder de explicar las verdades del Evangelio restaurado con tanta claridad y sinceridad que los demás sentirán la verdad innegable de las palabras de Cristo.
Queridos jóvenes de la Iglesia, permítanme hacerles una pregunta que espero conserven en su corazón por el resto de su vida. ¿Qué mayor poder pueden adquirir en la tierra que el sacerdocio de Dios? ¿Qué poder podría ser mayor que la capacidad para ayudar a nuestro Padre Celestial a cambiar la vida de sus semejantes, de ayudarles a lo largo del sendero de la felicidad eterna al ser limpiados del pecado y la maldad?
Al igual que cualquier otro poder, el sacerdocio debe ejercerse para lograr algo bueno. Se les ha llamado a “[levantarse y brillar]” (D. y C. 115:5), no a ocultar su luz en la oscuridad. Sólo aquellos que son valientes serán contados entre los elegidos. Al ejercer el poder de su sagrado sacerdocio, su valor y su confianza aumentarán. Jóvenes, ustedes saben que son mejores cuando están al servicio de Dios. Saben que son más felices cuando están anhelosamente consagrados a una causa buena. Magnifiquen el poder de su sacerdocio siendo puros y siendo dignos. Seguir leyendo

























