Que nuestra luz sea un estandarte a las naciones

Conferencia General Abril 2017
Que nuestra luz sea un estandarte a las naciones
Por el élder Benjamín De Hoyos
De los Setenta

El evangelio del Salvador y Su iglesia nos dan muchas oportunidades para que nuestra luz sea parte del gran estandarte a las naciones.

Hace años, mientras servía como maestro de Seminario, escuché a uno de mis compañeros pedir a sus estudiantes reflexionar en la siguiente pregunta: Si hubieran vivido en los días del Salvador, ¿Por qué piensan que ustedes le hubieran seguido como uno de Sus discípulos? Ellos llegaron a la conclusión de que aquellos que siguen al Salvador hoy día y procuran ser sus discípulos, muy probablemente también lo hubieran hecho en aquél tiempo.

Desde entonces, he reflexionado en esa misma pregunta y su conclusión. Con frecuencia me pregunto cómo me hubiera sentido escuchando al Salvador mismo cuando dijo lo siguiente en el Sermón del Monte:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

“Ni se enciende una vela y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14–16).

¿Pueden ustedes imaginar cómo se hubieran sentido escuchando la voz del Salvador? De hecho, nosotros no tenemos que imaginarlo. Pues para nosotros escuchar la voz del Señor ha llegado a ser una experiencia constante, porque escuchar la voz de sus siervos, es lo mismo.

En 1838, de manera similar al Sermón del Monte, a través del profeta José Smith el Señor declaró lo siguiente:

Porque así se llamará mi iglesia en los postreros días, a saber, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

“De cierto os digo a todos: Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones” (D. y C. 115:4–5).

Nuestros días son tan extraordinarios que le fueron mostrados aun en una visión al profeta Isaías; él también, vio y profetizó de este día de la restauración de la Iglesia de Jesucristo y de su propósito diciendo: “Y levantará estandarte a las naciones, y juntará a los desterrados de Israel y reunirá a los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Isaías 11:12).

En el contexto de las Escrituras, una bandera o estandarte, es una enseña alrededor de la cual los del pueblo se reunían por un mismo fin. En los tiempos antiguos, el estandarte servía como un punto de reunión para los soldados en la batalla. En sentido simbólico, el Libro de Mormón y la Iglesia restaurada de Jesucristo son estandartes a todas las naciones. (Véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Estandarte”, scriptures.lds.org.) Seguir leyendo

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Y esta es la vida eterna

Conferencia General Abril 2017
Y esta es la vida eterna
Por el élder C. Scott Grow
De los Setenta

Dios los conoce y los invita a conocerle a Él.

Les hablo a ustedes, la nueva generación, los jóvenes y jóvenes adultos, solteros o casados, quienes son los futuros líderes de esta, la Iglesia del Señor. Con toda la iniquidad, caos, miedo y confusión que hay en el mundo hoy, les hablaré con claridad sobre la majestad y la bendición de llegar a conocer a Dios.

Jesucristo enseñó muchas verdades que explican el plan de felicidad del Padre Celestial y el lugar de ustedes en dicho plan. Voy a centrarme en dos de ellas para ayudarles a comprender su identidad como hijos de Dios y conocer su propósito en la vida.

Primero: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”1.

Segundo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”2.

Tengan en mente estas verdades —que enseñan por qué— mientras trato de describir cómo podemos llegar a conocer a Dios, ustedes y todos nosotros.

Conozcámosle mediante la oración

Mis jóvenes amigos, podemos comenzar a conocer a Dios mediante la oración.

El 7 de abril de 1829, Oliver Cowdery, a sus 22 años, comenzó sus labores como escribiente de José Smith, quien tenía 23 años. Eran jóvenes igual que ustedes. Oliver pidió una confirmación de Dios en cuanto a la Restauración y su obra en ella. Como respuesta, recibió la siguiente revelación:

“He aquí, tú sabes que me has preguntado y yo te iluminé la mente…

“Sí, te las digo para que sepas que no hay quien conozca tus pensamientos y las intenciones de tu corazón sino Dios…

“… De cierto, de cierto te digo: Si deseas más testimonio, piensa en la noche en que me imploraste en tu corazón…

¿No hablé paz a tu mente…? ¿Qué mayor testimonio puedes tener que de Dios?”3.

Cuando ustedes oran con fe, sienten el amor de Dios a medida que Su Espíritu les habla a su alma. A pesar de lo solos o inseguros que a veces puedan sentirse, no están solos en este mundo. Dios los conoce a ustedes personalmente. Al orar, ustedes llegarán a conocerle a Él.

Conozcámosle mediante el estudio de las Escrituras

Al estudiar las Escrituras, no solamente aprenden acerca del Salvador, sino que en realidad llegan a conocer al Salvador.

En abril de 1985, el élder Bruce R. McConkie tomó la palabra en la conferencia general apenas 13 días antes de morir. Concluyó con este testimonio:

“Soy uno de Sus testigos, y en un día cercano palparé las marcas de los clavos en Sus manos y en Sus pies y bañaré Sus pies con mis lágrimas.

“Pero en ese momento mi conocimiento no será más firme de lo que actualmente es, de que Él es el Hijo Todopoderoso de Dios, que es nuestro Salvador y Redentor, y que la salvación se logra por Su sangre expiatoria y mediante ella, y por ningún otro medio4.

Aquellos de nosotros que escuchamos al élder McConkie hablar así ese día nunca hemos olvidado cómo nos sentimos. Al comenzar su discurso, reveló por qué su testimonio era tan poderoso. Dijo:

“Para hablar de estas cosas maravillosas, usaré mis propias palabras, aunque quizás crean que son de las Escrituras…

“Es cierto que otros las pronunciaron antes, pero ahora son mías, pues el Santo Espíritu de Dios me ha testificado que son verdaderas, y ahora es como si el Señor me las hubiera revelado a mí en primera instancia; por tanto, he escuchado Su voz y conozco su palabra”5. Seguir leyendo

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¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?

Conferencia General Abril 2017
¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?
Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El Espíritu Santo advierte, el Espíritu Santo consuela y el Espíritu Santo testifica.

Un lunes por la tarde, no hace mucho tiempo, mi esposa Lesa y yo visitamos la casa de una joven familia de nuestro vecindario. Mientras estábamos allí, la familia nos invitó a quedarnos para la noche de hogar y nos dijo que su hijo de nueve años había preparado la lección; y por supuesto nos quedamos.

Tras el primer himno, la oración y los asuntos de la familia, el niño de nueve años comenzó leyendo una aguda pregunta que estaba en su lección escrita de su puño y letra: “¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?”. La pregunta inició un significativo análisis en familia y todos compartieron ideas y reflexiones. Quedé impresionado por la preparación del maestro de la lección y su muy buena pregunta, que me hizo meditar una y otra vez.

Lección de noche de hogar escrita de puño y letra

Desde entonces, he seguido preguntándome: “¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?”. Es una pregunta especialmente relevante para los niños de la Primaria que están por cumplir ocho años y se preparan para el bautismo, y para los niños que recién se han bautizado y recibido el don del Espíritu Santo. También es relevante para los miles de conversos recientes.

Invito a cada uno de nosotros, en especial a los niños de la Primaria, a pensar: “¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?”. Al meditar en la pregunta, de inmediato reflexioné sobre una experiencia de mi niñez. Es un relato que narré al élder Robert D. Hales poco después de mi llamamiento al Cuórum de los Doce Apóstoles, y que él incluyó en un artículo de una revista de la Iglesia que escribió sobre mi vida1. Tal vez algunos de ustedes conozcan el relato, pero quizás muchos no.

Cuando tenía once años, mi padre y yo fuimos de caminata, un caluroso día de verano, a las montañas cercanas a casa. Mientras papá subía el empinado sendero, yo saltaba de una roca grande a otra, por los costados del sendero. Al intentar subirme a una de las rocas grandes, empecé a trepar a gatas hasta la cima de esta. Mientras lo hacía, me sorprendí cuando mi papá me tomó del cinturón y me tiró hacia abajo. Me dijo: “No subas a esa roca, sigamos por el sendero”.

Minutos después, al mirar hacia abajo desde una parte más elevada del sendero, nos quedamos boquiabiertos al ver una gran serpiente de cascabel recostada al sol en la cima de la roca que yo había intentado trepar.

Más tarde, mientras regresábamos de vuelta a casa en el auto, sabía que papá estaba esperando que le preguntara: “¿Cómo sabías que la serpiente estaba allí?”. Así que le pregunté, y mi pregunta nos llevó a una charla sobre el Espíritu Santo y cómo Él puede ayudarnos. Jamás he olvidado lo que aprendí aquel día.

¿Pueden ver cómo me ayudó el Espíritu Santo? Estaré siempre agradecido que mi padre escuchó la voz delicada y apacible del Espíritu Santo, ya que quizás me haya salvado la vida.

Lo que sabemos sobre el Espíritu Santo

Antes de considerar más ampliamente la pregunta: “¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?”, repasemos algo de lo que el Señor ha revelado sobre el Espíritu Santo. Hay muchas verdades eternas que podríamos considerar, pero hoy recalcaré solo tres.

Primero, el Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad. Aprendemos dicha verdad en el primer Artículo de Fe: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”2.

Segundo, el Espíritu Santo es un personaje de Espíritu, tal como se describe en las Escrituras modernas: “El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros”3. Eso significa que el Espíritu Santo tiene un cuerpo de espíritu; no como el Padre y Jesucristo, quienes tienen cuerpos físicos. Esa verdad aclara otros nombres que se dan al Espíritu Santo y que nos son familiares, entre ellos, el Santo Espíritu, el Espíritu de Dios, el Espíritu del Señor, el Santo Espíritu de la promesa y el Consolador4.

Tercero, el don del Espíritu Santo se recibe mediante la imposición de manos. Esa ordenanza, posterior al bautismo, nos hace merecedores de la compañía constante del Espíritu Santo5. Para efectuar dicha ordenanza, varios dignos poseedores del Sacerdocio de Melquisedec colocan las manos sobre la cabeza de la persona6, se dirigen a ella por su nombre, declaran su autoridad del sacerdocio y, en el nombre de Jesucristo, la confirman miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y pronuncian esta importante frase: “Recibe el Espíritu Santo”.

¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?

Con ese sencillo repaso de tres verdades clave sobre el Espíritu Santo, regresamos a nuestra primera pregunta: “¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo?”.

El Espíritu Santo advierte

Tal como describí en la experiencia que tuve en mi niñez, el Espíritu Santo puede ayudarlos al advertirles con antelación sobre peligros físicos y espirituales. Aprendí nuevamente acerca de la importante función de advertir que tiene el Espíritu Santo mientras servía en la Presidencia del Área Japón. Seguir leyendo

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Entonces Jesús, mirándole, le amó

Conferencia General Abril 2017
Entonces Jesús, mirándole, le amó
Por el élder S. Mark Palmer
De los Setenta

En cualquier momento que sientan que se les pide hacer algo difícil, piensen en el Señor que los mira, los ama y los invita a que lo sigan a Él.

Hace algunos años fui llamado, junto con mi esposa, Jacqui, a presidir la Misión Washington Spokane. Llegamos al campo misional con un mezcla de temor y emoción ante la responsabilidad de trabajar con tantos extraordinarios jóvenes misioneros, quienes tenían muchos y diversos orígenes y a quienes rápidamente acogimos como nuestros propios hijos e hijas.

Aunque a la mayoría le iba de maravilla, algunos tenían dificultades con las elevadas expectativas de su llamamiento. Recuerdo que un misionero me dijo: “Presidente, sencillamente no me gusta la gente”. Algunos me dijeron que no tenían el deseo de seguir las estrictas normas misionales. Me preocupé y me preguntaba qué podríamos hacer para cambiar el corazón de aquellos misioneros que no habían aprendido todavía el gozo de ser obedientes.

Un día, mientras conducía por los ondulantes y hermosos campos de trigo en el límite entre Washington y Idaho, estaba escuchando una grabación del Nuevo Testamento. Mientras escuchaba el conocido relato del joven rico que va al Salvador a preguntarle qué podría hacer para tener la vida eterna, recibí una inesperada y profunda revelación personal que ahora constituye un recuerdo sagrado.

Después de escuchar a Jesús recitar los mandamientos y la respuesta del joven rico que los había guardado desde su juventud, escuché la tierna corrección del Salvador: “Una cosa te falta: … vende todo lo que tienes y… ven, sígueme”1; pero para asombro mío, más bien escuché cinco palabras antes de esa parte del versículo que pareciera que nunca las había escuchado o leído antes. Era como si se hubieran agregado a las Escrituras. Me maravillé ante la comprensión inspirada que luego se desarrolló.

¿Cuáles fueron esas cinco palabras que tuvieron un efecto tan profundo? Escuchen para ver si pueden reconocer esas palabras, en apariencia comunes, que no se hallan en los otros relatos de los Evangelios, sino solo en el Evangelio de Marcos.

“… vino uno corriendo… [y] le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

“Y Jesús le dijo…

“Los mandamientos sabes: No cometas adulterio. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.

“Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

“Entonces Jesús, mirándole, le amó y le dijo: ve, vende todo lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”2.

“Entonces, Jesús, mirándole, le amó.”

Mientras escuchaba esas palabras, una imagen vívida llenó mi mente de nuestro Señor deteniéndose y mirando a ese joven rico. Mirando, como si estuviera viendo en lo profundo de su alma de manera penetrante, reconociendo su bondad y también su potencial, así como discerniendo su necesidad más importante. Seguir leyendo

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A los amigos e investigadores de la Iglesia

Conferencia General Abril 2017

A los amigos e investigadores de la Iglesia

Por el élder Joaquín E. Costa
De los Setenta

Si paga el precio de la revelación, si se humilla, lee, ora y se arrepiente, los cielos se abrirán y sabrá como yo sé, que Jesús es el Cristo.

Un viernes por la tarde, el 16 de septiembre de 1988, en la capilla del Barrio de Vicente López, en Buenos Aires, Argentina, fui bautizado miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me bautizó un muy buen amigo, Alin Spannaus. Me sentí feliz, más liviano, ansioso por aprender más.

Bautismo del élder Costa

Quiero compartir algunas lecciones que aprendí en mi camino hacia el bautismo, lecciones que espero sean de ayuda para aquellos que están escuchando y que todavía no son miembros de la Iglesia. Ruego que el Espíritu toque sus corazones como tocó el mío.

Primero, reunirse con los misioneros

¿Por qué una persona sin grandes desafíos, necesidades, o preguntas se interesaría en reunirse con los misioneros y escuchar sus lecciones? Bueno, en mi caso fue por amor, amor por una chica que se llama Reneé. Me enamoré y quería casarme con ella. Ella era diferente, y tenía distintos principios de la mayoría de las jóvenes que yo conocía. ¡Y me enamoré! Le pedí que se casara conmigo, ¡y me dijo que no!

El élder y la hermana Costa

Estaba muy confundido. ¡Para mí, yo era un buen candidato! ¡Era un joven de 24 años, buen mozo, tenía un título universitario y un excelente trabajo! Ella habló de sus metas, de que solo se casaría con alguien que la llevara al templo, que quería tener una familia eterna; y rechazó mi oferta. Yo quería continuar con esa relación, por lo que accedí a escuchar a los misioneros. ¿Es esta una buena razón para reunirse con los misioneros? ¡Para mí sí!

Cuando comencé a escuchar a los misioneros no entendía mucho de lo que decían, y a decir verdad, creo que no les prestaba demasiada atención. Mi corazón estaba cerrado a una nueva religión y solo quería probar que estaban equivocados, y ganar tiempo para convencer a Reneé que igual se casara conmigo. Seguir leyendo

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La voz de amonestación

Conferencia General Abril 2017
La voz de amonestación
Por el élder D. Todd Christofferson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Aunque el deber de amonestar lo sienten más profundamente los profetas, es un deber que también comparten otros.

El profeta Ezequiel nació alrededor de dos décadas antes de que Lehi y su familia abandonaran Jerusalén. En 597 a. C., cuando tenía 25 años, Ezequiel fue uno de los muchos que fueron llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, y hasta donde sabemos pasó allí el resto de su vida1. Pertenecía al linaje sacerdotal Aarónico, y a la edad de 30 años llegó a ser un profeta2.

Al llamar a Ezequiel, Jehová utilizó la metáfora de un atalaya.

“y [cuando el atalaya] vea venir la espada sobre la tierra, y toque la trompeta y avise al pueblo,

“cualquiera que oiga el sonido de la trompeta y no se dé por advertido, y al llegar la espada se lo lleva, su sangre será sobre su propia cabeza”3.

Por otro lado, “… si el atalaya ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no se apercibe, y al llegar la espada se lleva a alguno de entre ellos… demandaré su sangre de mano del atalaya”4.

Entonces, hablando directamente a Ezequiel, Jehová declaró: “A ti, pues, oh hijo de hombre, te he puesto como atalaya de la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte”5. La advertencia era alejarse del pecado.

“Cuando yo diga al malvado: Oh malvado, ciertamente morirás; si tú no hablas para advertir al malvado de su camino, ese malvado morirá por su iniquidad, pero su sangre yo la demandaré de tu mano.

“Pero si tú adviertes al malvado de su camino para que se aparte de él, y él no se aparta de su camino, él morirá por su iniquidad, y tú habrás librado tu vida…

“Y cuando yo diga al malvado: De cierto morirás, si él se vuelve de su pecado y hace lo que es justo y recto…

“No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo lo que es justo y recto; ciertamente vivirá”6.

Curiosamente, esa advertencia también se aplica a los justos. “Cuando yo diga al justo: De cierto vivirás, pero él, confiado en su justicia, cometa iniquidad, ninguna de sus justicias será recordada, sino que morirá por la iniquidad que cometió”7.

En súplica a Sus hijos, Dios le dice a Ezequiel: “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no me complazco en la muerte del malvado, sino en que se vuelva el malvado de su camino y viva. ¡Volveos, volveos de vuestros malos caminos! ¿Por qué habéis de morir, oh casa de Israel?”8.

Lejos de tener el deseo de condenar, nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador procuran nuestra felicidad y nos ruegan que nos arrepintamos, con el pleno conocimiento de que “la maldad nunca fue [y nunca será] felicidad”9. Por lo que Ezequiel y todos los profetas antes y después de él, declarando la palabra de Dios con todo su corazón, han amonestado a todos los que están dispuestos a alejarse de Satanás, el enemigo de sus almas, y “… escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres…”10.

Aunque el deber de amonestar lo sienten más profundamente los profetas, es un deber que también comparten otros. De hecho, “… conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo”11. Nosotros que hemos recibido el conocimiento del gran plan de felicidad —y sus mandamientos correspondientes— deberíamos sentir el deseo de compartir tal conocimiento, ya que marca una diferencia enorme, aquí y en la eternidad. Y si preguntamos: “¿Quién es mi prójimo al que debo amonestar?”, ciertamente encontraremos la respuesta en una parábola que comienza con las palabras: “… Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones”,12 etcétera.

El considerar la parábola del buen samaritano en este contexto nos recuerda que la pregunta “¿Quién es mi prójimo?” estaba relacionada con los dos grandes mandamientos: “… Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”13. La motivación para elevar la voz de amonestación es el amor: el amor a Dios y a los semejantes. Amonestar es preocuparse. El Señor instruye que debe hacerse “con mansedumbre y humildad”14 y “por persuasión, por longanimidad, benignidad… y por amor sincero”15. Puede ser urgente, como cuando advertimos a un niño que no ponga la mano en el fuego. Debe expresarse con claridad y a veces con firmeza. En ocasiones, la amonestación puede adquirir la forma de una reprimenda “cuando lo induzca el Espíritu Santo”16, pero siempre está fundada en el amor; por ejemplo, el amor que motiva el servicio y los sacrificios de nuestros misioneros.

Sin duda el amor impulsa a los padres a amonestar a su “prójimo” más cercano: sus propios hijos. Esto significa enseñar y testificar de las verdades del Evangelio. Significa enseñar a los hijos la doctrina de Cristo: la fe, el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo17. El Señor les recuerda a los padres: “… yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad”18.

Un elemento fundamental del deber de los padres en cuanto a amonestar es señalar no solo las consecuencias desmoralizadoras del pecado, sino también el gozo de rendir obediencia a los mandamientos. Recuerden las palabras de Enós acerca de qué lo llevó a buscar a Dios, recibir la remisión de sus pecados y convertirse:

“He aquí, salí a cazar bestias en los bosques; y las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna y el gozo de los santos, penetraron mi corazón profundamente.

“Y mi alma tuvo hambre; y me arrodillé ante mi Hacedor, y clamé a él con potente oración y súplica”19. Seguir leyendo

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El perfecto amor echa fuera el temor

Conferencia General Abril 2017

El perfecto amor echa fuera el temor

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dejemos de lado nuestros temores y vivamos con gozo, humildad, esperanza y la firme seguridad de que el Señor está con nosotros.


Mis queridos hermanos y hermanas, queridos amigos, qué privilegio y gozo es reunirnos como Iglesia mundial, unidos en nuestra fe y amor por Dios y Sus hijos.

Estoy especialmente agradecido por la presencia de nuestro amado profeta, Thomas S. Monson. Presidente, siempre tomaremos en serio sus palabras de guía, consejo y sabiduría. Lo amamos, presidente Monson, y siempre oramos por usted.

Hace años, cuando yo servía como presidente de estaca en Frankfurt, Alemania, una querida pero descontenta hermana se acercó a mí al final de una de nuestras reuniones de estaca.

“¿No es terrible?”, dijo. “¡Había como unas cuatro o cinco personas profundamente dormidas durante su discurso!”

Pensé un momento y respondí: “Estoy seguro de que dormir en la Iglesia es uno de los reposos más saludables”.

Mi maravillosa esposa, Harriet, oyó esa conversación informal y más tarde mencionó que la mía había sido una de las respuestas más amables que jamás había dado.

El Gran Despertar

Hace cientos de años, se extendió por las zonas rurales de Norteamérica un movimiento llamado el “Gran Despertar”. Uno de sus objetivos principales era despertar a aquellos que parecían estar dormidos en cuanto a los asuntos espirituales.

El joven José Smith se vio influenciado por las cosas que escuchó decir a predicadores que eran parte de ese despertar religioso. Es una de las razones por las que decidió preguntar fervientemente en secreta oración cuál era la voluntad del Señor.

Dichos predicadores tenían un estilo de oratoria dramático y emotivo, y sus sermones eran conocidos por su gran énfasis en los ardientes terrores del infierno que aguardan al pecador1. Sus discursos no dormían a la gente, aunque tal vez hayan causado alguna que otra pesadilla. Su propósito y modelo parecían ser el de atemorizar a la gente para que se uniera a la iglesia.

El temor como manipulación

Históricamente, el temor a menudo se ha utilizado como un medio para hacer que la gente actúe. Los padres lo han usado con sus hijos, los empleadores con sus empleados y los políticos con los votantes.

Los expertos en mercadotecnia comprenden el poder del miedo y lo utilizan a menudo. Es por eso que algunas publicidades parecen contener el mensaje implícito de que si no compramos su marca de cereal para el desayuno o nos perdemos el último videojuego o teléfono celular, corremos el riesgo de tener una vida miserable y morir solos e infelices.

Esto nos hace gracia y pensamos que nunca cederemos a tal manipulación, pero a veces lo hacemos. Lo que es peor, a veces usamos métodos similares para que otras personas hagan lo que queremos.

Hoy mi mensaje tiene dos propósitos: El primero es instarnos a contemplar y considerar el grado en que nosotros nos valemos del miedo para motivar a los demás, incluso a nosotros mismos. El segundo es proponer una mejor manera.

El problema del temor

En primer lugar, abordemos el problema que presenta el temor. Después de todo, ¿quién de nosotros nunca ha sido compelido por el miedo a alimentarse mejor, usar el cinturón de seguridad, hacer más ejercicio, ahorrar dinero o incluso arrepentirse del pecado?

Es cierto que el temor puede ejercer una poderosa influencia sobre nuestras acciones y nuestro proceder, pero dicha influencia tiende a ser temporal y poco profunda. El temor rara vez tiene el poder de cambiar nuestro corazón, y nunca nos transformará en personas que aman lo bueno y que desean obedecer al Padre Celestial.

Las personas que tienen temor tal vez digan y hagan lo correcto, pero no sienten lo correcto. A menudo se sienten desamparadas y resentidas, incluso enojadas. Con el tiempo esos sentimientos conducen a la desconfianza, la resistencia, incluso a la rebelión.

Por desgracia, esa visión equivocada de la vida y del liderazgo no se limita al mundo secular. Me entristece oír de miembros de la Iglesia que ejercen injusto dominio, ya sea en su hogar, en sus llamamientos de la Iglesia, en el trabajo o al relacionarse con los demás.

A menudo, las personas condenan la intimidación en los demás, pero no pueden verla en sí mismas. Exigen que se cumplan sus reglas arbitrarias, pero cuando los demás no siguen esas extrañas reglas, los castigan verbal, emocional y a veces hasta físicamente.

El Señor ha dicho que “… cuando intentamos… ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia… los cielos se retiran [y] el Espíritu del Señor es ofendido…”2.

Tal vez haya momentos en los que nos sintamos tentados a justificar nuestras acciones creyendo que el fin justifica los medios. Hasta podríamos pensar que ser controladores, manipuladores y duros es por el bien de los demás. No es así, porque el Señor ha dejado en claro que “… el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre [y] templanza…”3.

Una mejor manera

Cuanto más conozco a mi Padre Celestial, más claramente veo cómo inspira y guía a Sus hijos. Él no es irascible, vengativo ni rencoroso4. Su propósito mismo —Su obra y Su gloria— es enseñarnos, exaltarnos y guiarnos a Su plenitud5.

Dios se describió a Sí mismo ante Moisés como “… misericordioso y piadoso, tardo para la ira y abundante en benignidad y verdad”6.

El amor que nuestro Padre Celestial tiene por nosotros, Sus hijos, supera ampliamente nuestra capacidad de comprender7.

¿Significa esto que Dios aprueba o pasa por alto los comportamientos que son contrarios a Sus mandamientos? ¡No, definitivamente no!

Pero Él desea cambiar mucho más que nuestro proceder; desea cambiar nuestra naturaleza misma; desea cambiar nuestro corazón. Seguir leyendo

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La Trinidad y el Plan de Salvación

Conferencia General Abril 2017
La Trinidad y el Plan de Salvación
Por el élder Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Gracias a que tenemos la verdad en cuanto a la Trinidad y nuestra relación con Ellos, contamos con el mejor mapa para nuestra travesía por la vida terrenal.

I.

Nuestro primer Artículo de Fe declara: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en Su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”. Nos unimos a otros cristianos en esta creencia de un Padre, un Hijo y un Espíritu Santo, pero lo que creemos en cuanto a Ellos es diferente de las creencias de los demás. No creemos en lo que el mundo cristiano llama la doctrina de la Santísima Trinidad. En su Primera Visión, José Smith vio a dos personajes distintos, dos seres, aclarando de esa manera que las creencias que prevalecían en aquella época concernientes a Dios y la Trinidad no eran verdad.

A diferencia de la creencia de que Dios es un misterio incomprensible e incognoscible existe la verdad que la naturaleza de Dios y nuestra relación con Él es conocible, y que es la clave de todo el resto de nuestra doctrina. La Biblia contiene la gran Oración Intercesora de Jesús, en la que declaró que “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Santa Biblia

El esfuerzo por conocer a Dios y Su obra comenzó antes de la vida terrenal y no tendrá su fin aquí. El profeta José Smith enseñó: “… no… aprenderán [todos los principios de la exaltación] sino hasta mucho después que hayan pasado por el velo”1.Edificamos sobre el conocimiento que adquirimos en el mundo preterrenal de los espíritus. Por consiguiente, al intentar enseñar a los israelitas la naturaleza de Dios y Su relación con Sus hijos, el profeta Isaías declaró, según está registrado en la Biblia:

“¿Con quién, pues, compararéis a Dios, o qué imagen le compondréis?…

“¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿No os lo han dicho desde el principio? ¿No lo habéis entendido desde la fundación de la tierra?” (Isaías 40:18, 21).

Sabemos que los tres miembros de la Trinidad son seres separados y distintos, y lo sabemos por la instrucción dada por el profeta José Smith: “El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros” (D. y C. 130:22).

En cuanto a la posición suprema de Dios el Padre dentro de la Trinidad, así como las funciones correspondientes que cada personaje desempeña, el profeta José explicó:

El profeta José Smith

“Toda persona que haya visto los cielos abiertos sabe que allí hay tres Personajes que tienen las llaves de autoridad, y que uno de ellos lo preside todo…

“… estos Personajes… se llaman Dios el primero, el Creador; Dios el segundo, el Redentor; y Dios el tercero, el Testigo o Testador.

“La providencia del Padre [es] presidir como el Principal o Presidente, con Jesús como Mediador y el Espíritu Santo como Testador o Testigo”2.

II. El Plan

Comprendemos la relación que tenemos con los miembros de la Trinidad por medio de lo que se ha revelado en cuanto al Plan de Salvación.

Preguntas como ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? y ¿Adónde vamos? se responden en lo que las Escrituras llaman el “plan de salvación”, el “gran plan de felicidad” o el “plan de redención” (Alma 42:5, 8, 11). El evangelio de Jesucristo es fundamental en ese plan.

Como hijos de Dios, procreados por Él como espíritus, en una existencia previa a la terrenal, deseábamos nuestro destino de la vida eterna, pero habíamos progresado tanto como podíamos sin tener una experiencia terrenal con un cuerpo físico. A fin de proveer esa oportunidad, nuestro Padre Celestial presidió la creación de este mundo, en el que, privados de la memoria de lo que precedió a nuestro nacimiento terrenal, pudiéramos probar nuestra disposición de guardar Sus mandamientos y tener experiencias y crecer por medio de los otros desafíos de la vida terrenal. Pero en el transcurso de esa experiencia terrenal, y como resultado de la caída de nuestros primeros padres, sufriríamos la muerte espiritual al ser separados de la presencia de Dios, seríamos manchados por el pecado y quedaríamos sujetos a la muerte física. El plan del Padre anticipó y proveyó maneras de vencer todas esas barreras. Seguir leyendo

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Haced todo lo que él os diga

Conferencia General Abril 2017

Haced todo lo que él os diga

Por el élder L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta

Cuando decidimos hacer “todo lo que [Dios] nos diga”, nos comprometemos seriamente a alinear nuestro comportamiento cotidiano con la voluntad de Dios.

El Salvador llevó a cabo Su primer milagro registrado durante la celebración de unas bodas en Caná de Galilea. María, Su madre, y Sus discípulos se encontraban allí también. Parece que María sentía cierta responsabilidad por el éxito de la fiesta. Durante la celebración surgió un problema: los anfitriones de la boda se quedaron sin vino. María estaba preocupada y acudió a Jesús. Hablaron brevemente y después María se dirigió a los que servían y les dijo:

“Haced todo lo que él os diga.

“Y había allí seis tinajas de piedra para agua… [Estas tinajas no se utilizaban para almacenar agua para beber, sino que estaban destinadas a lavamientos ceremoniales bajo la ley de Moisés].

“Jesús les dijo [a los siervos]: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.

“Entonces les dijo: Sacad ahora y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.

“[Entonces] el maestresala… probó el agua hecha vino” y expresó su sorpresa de que se hubiera servido el mejor vino tan tarde en la fiesta1.

Solemos recordar este acontecimiento porque la transformación del agua en vino fue una demostración del poder de Dios, un milagro. Esto es un mensaje importante, pero en el relato de Juan hay otro mensaje significativo. María era “un vaso precioso y escogido”2, llamada por Dios a dar a luz, nutrir y criar al mismo Hijo de Dios. Sabía más de Él que ninguna otra persona sobre la tierra y le constaba la veracidad de Su nacimiento milagroso. Sabía que era sin pecado y que “no hablaba como los demás hombres, ni se le podía enseñar, pues no necesitaba que hombre alguno le enseñara”3. María sabía de Su extraordinaria capacidad para resolver problemas, incluso uno tan personal como el de aportar vino en una fiesta de bodas. Tenía una confianza inquebrantable en Él y en Su divino poder. La sencilla y directa instrucción que dio a los siervos no contenía advertencias, ni reservas, ni limitaciones: “Haced todo lo que él os diga”.

María era joven cuando el ángel Gabriel se apareció a ella. Al principio “se turbó” por ser llamada “muy favorecida” y “bendita… entre las mujeres… y pensaba qué salutación sería esta”. Gabriel la reconfortó diciéndole que no tenía nada que temer, ya que las noticias que traía eran buenas. Ella concebiría “en [su] vientre… [al] Hijo del Altísimo” y daría “a luz un hijo… [que reinaría] en la casa de Jacob para siempre”.

Entonces María se preguntó en voz alta: “¿Cómo será esto? Porque no conozco varón”.

El ángel se lo explicó pero con brevedad, afirmándole que “ninguna cosa es imposible para Dios”.

María respondió humildemente que haría lo que Dios le pidiera, sin exigir saber detalles específicos y ciertamente a pesar de tener innumerables preguntas acerca de las implicaciones que esto tendría en su vida. Se comprometió sin comprender exactamente por qué Él le pedía esto ni cómo saldrían las cosas. Aceptó la palabra de Dios incondicionalmente y con antelación4, con escaso conocimiento de lo que le esperaba. Con una sencilla confianza en Dios, María dijo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”5. Seguir leyendo

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Deja que el Espíritu te enseñe

Conferencia General Abril 2017
Deja que el Espíritu te enseñe

Por el élder Ronald A. Rasband
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Por designio divino, el Espíritu Santo nos inspira, testifica, enseña e inspira a andar en la luz del Señor.

Hermanos y hermanas, yo, como todos ustedes, reconozco que vemos cómo se apresura la obra del Señor a través del presidente Thomas S. Monson y su mensaje de esta mañana. Presidente Monson, lo amamos, lo apoyamos y oramos siempre por usted, “nuestro profeta fiel”1.

Hemos sentido cómo se ha derramado el Espíritu este fin de semana. Ya sea que estén aquí, en este gran auditorio, o que miren desde casa, o estén congregados en centros de reuniones de distantes partes del mundo, han tenido la oportunidad de sentir el Espíritu del Señor. Dicho Espíritu confirma a sus corazones y mentes las verdades que se enseñan en esta conferencia.

Consideren la letra de este conocido himno:

Deja que el Espíritu
te enseñe la verdad,
testifique de Jesús
y te guíe en santidad2.

Gracias a las revelaciones de los últimos días, sabemos que la Trinidad se compone de tres seres distintos y separados: nuestro Padre Celestial; Su Hijo Unigénito Jesucristo; y el Espíritu Santo. Sabemos que “el Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino que es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros”3.

Mi mensaje de hoy se centra en la importancia del Espíritu Santo en nuestra vida. Nuestro Padre Celestial sabía que en la vida mortal afrontaríamos dificultades, tribulaciones y confusión; sabía que lucharíamos con preguntas, desilusiones, tentaciones y debilidades. Para darnos fortaleza terrenal y guía divina, Él proporcionó el Santo Espíritu, que es otro nombre del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nos liga al Señor. Por designio divino, Él nos inspira, testifica, enseña e inspira a andar en la luz del Señor. Tenemos la responsabilidad sagrada de aprender a reconocer Su influencia en nuestra vida y responder.

Recuerden la promesa del Señor: “Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo”4. Me encanta esa aseveración. El gozo que nos llena el alma trae consigo una perspectiva eterna, que contrasta con el diario vivir. Dicho gozo llega como una paz en medio de la adversidad o del pesar. Brinda consuelo y valor, revela las verdades del Evangelio, y aumenta nuestro amor por el Señor y todos los hijos de Dios. Aunque la necesidad de esas bendiciones es tan grande, el mundo las ha olvidado y abandonado de muchas maneras.

Cada semana, al participar de la Santa Cena, hacemos convenio de “[recordar] siempre” al Señor Jesucristo y Su sacrificio expiatorio. Cuando guardamos dicho sagrado convenio, se extiende la promesa de “que siempre [podemos] tener su Espíritu con [nosotros]”5.

¿Cómo podemos hacer eso?

Primero, nos esforzamos por vivir dignos del Espíritu.

El Espíritu Santo acompaña a quienes “son diligentes en acordarse del Señor su Dios de día en día”6. Como el Señor ha aconsejado, debemos “[desechar] las cosas de este mundo y [buscar] las de uno mejor”7, porque “el Espíritu del Señor no habita en templos impuros”8. Debemos tratar siempre de obedecer las leyes de Dios, estudiar las Escrituras, orar, asistir al templo y vivir fieles al Artículo de Fe número trece al “ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y… hacer el bien a todos los hombres”9.

Segundo, debemos estar dispuestos a recibir el Espíritu.

El Señor ha prometido: “Hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón”9. Comencé a entender eso mientras era un joven misionero en Scotch Plains, Nueva Jersey. Una calurosa mañana de julio, mi compañero y yo nos sentimos inspirados a visitar a una referencia de la Manzana del Templo. Tocamos a la puerta de la casa de Elwood Schaffer. La señora Schaffer nos rechazó con cortesía.

Conforme empezó a cerrar la puerta, sentí que debía hacer algo que jamás había hecho y que nunca más he hecho desde entonces. Puse el pie contra la puerta y pregunté: “¿Hay alguna otra persona a quien podría interesarle nuestro mensaje?”. Su hija Marti, de 16 años de edad, sí estaba interesada y había orado fervientemente para pedir guía tan solo el día anterior. Marti se reunió con nosotros y, con el tiempo, su madre participó en las lecciones. Ambas se unieron a la Iglesia. Seguir leyendo

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No mires a tu alrededor, ¡mira hacia arriba!

Conferencia General Abril 2017
No mires a tu alrededor, ¡mira hacia arriba!
Por el élder Yoon Hwan Choi
De los Setenta

invitar a las personas a venir a Cristo es nuestro objetivo, y podemos cumplirlo al mirar hacia Jesucristo.

Mi objetivo es “invitar a las personas a venir a Cristo”1. Ese es también el objetivo de ustedes. Podemos cumplir con ese objetivo al mirar hacia Jesucristo.

La familia del élder Choi

Me bauticé con mis padres cuando tenía dieciséis años. Mi hermano menor, Kyung-Hwan, que tenía catorce años, se unió a la Iglesia por medio de mi tío, Young Jik Lee, y nos invitó a su capilla. Cada uno de los diez integrantes de nuestra familia pertenecía a una iglesia diferente, de modo que nos alegramos de encontrar la verdad y deseamos compartir la felicidad que encontramos en el evangelio de Jesucristo después de bautizarnos.

El padre del élder Choi con otras personas

Mi padre era el que más estaba entusiasmado, de entre todos nosotros, por aprender y compartir la verdad. Todos los días se levantaba temprano por la mañana para estudiar las Escrituras durante más de dos horas; casi todos los días, después del trabajo, iba con los misioneros a visitar a nuestros familiares, amigos y vecinos. Siete meses después de habernos bautizado, veintitrés miembros de mi familia y parientes se hicieron miembros de la Iglesia. A eso le siguió el milagro de ver bautizarse a 130 personas el año siguiente por medio de la obra misional que realizó mi padre.

Los comienzos de la obra misional

La obra misional ampliada

La historia familiar también fue importante para él, y completó ocho generaciones de nuestros antepasados. A partir de entonces, los frutos de la conversión de nuestra familia, iniciada por mi hermano de catorce años, han aumentado en formas innumerables, no solo entre los vivos, sino también entre los muertos. Edificando sobre la labor de mi padre y otras personas, nuestro árbol familiar ahora abarca 32 generaciones, y actualmente estamos completando la obra del templo para muchas de las ramas de la familia. Hoy estoy asombrado y siento gran gozo al unir a nuestros antepasados y nuestros descendientes. Seguir leyendo

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Una generación resistente al pecado

Conferencia General Abril 2017
Una generación resistente al pecado
Por Joy D. Jones
Presidenta General de la Primaria

Mientras enseñen, guíen y amen a los niños, pueden recibir revelación personal que los ayudará a formar y preparar a niños valientes, resistentes al pecado.

Hace un año y medio, el presidente Russell M. Nelson habló de la necesidad de “… enseñar y ayudar a criar a una generación resistente al pecado”1. Esa frase, “una generación resistente al pecado”, tuvo un gran impacto espiritual en mí.

Honramos a los niños que se esfuerzan por vivir de forma pura y obediente. He sido testigo de la fortaleza de muchos niños en todo el mundo. Ellos permanecen resilientes, “… firmes e inmutables”2 en una variedad de circunstancias y ambientes desafiantes. Esos niños comprenden su identidad divina, sienten el amor del Padre Celestial por ellos y buscan obedecer Su voluntad.

Sin embargo, hay niños que luchan por permanecer “… firmes e inmutables” y cuyas delicadas mentes están siendo heridas3. Son atacados por todos lados por “… los ardientes dardos del adversario”4 y requieren refuerzo y apoyo. Ellos son una motivación contundente para que participemos y libremos una guerra en contra del pecado en nuestros esfuerzos de llevar a nuestros hijos a Cristo.

Escuchen las palabras del élder Bruce R. McConkie de hace casi 43 años:

“Como miembros de la Iglesia, estamos envueltos en un gran conflicto. Estamos en guerra. Nos enrolamos en la causa de Cristo para pelear contra Lucifer…

“La gran guerra que se lleva a cabo en ambos bandos y que, desafortunadamente, produce muchas bajas, algunas fatales, no es nueva…

“No hay ni puede haber neutrales en esta guerra”5.

Hoy la guerra sigue con creciente intensidad. La batalla nos afecta a todos, y nuestros hijos están en las primeras líneas de defensa enfrentando a las fuerzas opositoras. De este modo, la necesidad se intensifica para que fortalezcamos nuestras estrategias espirituales.

El fortalecer a los niños para que lleguen a ser resistentes al pecado es una tarea y una bendición para los padres, los abuelos, los miembros de la familia, los maestros y los líderes; cada uno tiene la responsabilidad de ayudar. Sin embargo, el Señor ha instruido en especial a los padres a enseñar a sus hijos “… a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo” y a “… orar y a andar rectamente delante del Señor”6.

Cómo “criar a [nuestros] hijos en la luz y la verdad”7 puede ser una pregunta desafiante, ya que se personaliza para cada familia y cada hijo, pero el Padre Celestial ha dado pautas universales que nos ayudarán. El Espíritu nos inspirará de las maneras más eficaces para que podamos inmunizar espiritualmente a nuestros hijos.

Para comenzar, el tener una comprensión de la importancia de esta responsabilidad es esencial. Debemos entender nuestro propósito e identidad divinos, y los de nuestros hijos, antes de que podamos ayudarlos a ver quiénes son y por qué están aquí. Debemos ayudarlos a saber, sin ninguna duda, que son hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial y que Él tiene expectativas divinas para ellos.

Segundo, la comprensión de la doctrina del arrepentimiento es esencial para llegar a ser resistentes al pecado. El ser resistente al pecado no significa no pecar, sino que implica arrepentirse, estar atento y ser valiente continuamente. Quizás ser resistente al pecado ocurre como una bendición por resistirse al pecado reiteradamente. Como Santiago dijo: “… resistid al diablo, y huirá de vosotros”8. Seguir leyendo

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El poder del Libro de Mormón

Conferencia General Abril 2017
El poder del Libro de Mormón
Por el presidente Thomas S. Monson

Imploro que cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración.

Mis amados hermanos y hermanas, les doy la bienvenida al reunirnos de nuevo en una gran conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Antes de comenzar mi discurso hoy, me gustaría anunciar cinco nuevos templos que se construirán en las siguientes localidades: Brasília, Brasil; la zona de Manila, Filipinas; Nairobi, Kenia; Pocatello, Idaho, EE. UU.; y Saratoga Springs, Utah, EE. UU.

Esta mañana hablo del poder del Libro de Mormón y de la necesidad crítica que tenemos como miembros de esta Iglesia de estudiar, reflexionar y aplicar sus enseñanzas en nuestras vidas. Nunca será suficiente recalcar la importancia de tener un testimonio firme y seguro del Libro de Mormón.

Vivimos en una época de grandes desafíos e iniquidad. ¿Qué nos protegerá del pecado y de la maldad que abundan en el mundo de hoy? Estoy convencido de que un testimonio firme de nuestro Salvador Jesucristo y de Su evangelio nos ayudará a mantenernos a salvo. Si no están leyendo el Libro de Mormón todos los días, por favor háganlo. Si lo leen con espíritu de oración y con el deseo sincero de saber la verdad, el Espíritu Santo les manifestará que es verdadero. Si es verdadero, y testifico solemnemente que lo es, entonces José Smith fue un profeta que vio a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo.

Debido a que el Libro de Mormón es verdadero, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia del Señor en la Tierra, y el santo sacerdocio de Dios ha sido restaurado para beneficio y bendición de Sus hijos.

Si no tienen un firme testimonio de estas cosas, hagan lo necesario para obtenerlo. Es esencial que tengan un testimonio propio en estos tiempos difíciles, ya que los testimonios de los demás solo les servirán hasta cierto punto. No obstante, una vez que se obtiene, el testimonio debe mantenerse activo y vivo por medio de la obediencia constante a los mandamientos de Dios, y mediante la oración y el estudio diarios de las Escrituras.

Mis amados compañeros en la obra del Señor, imploro que cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración. Al hacerlo, estaremos en condiciones de oír la voz del Espíritu, resistir la tentación, superar la duda y el temor, y recibir la ayuda del cielo en nuestras vidas. De ello testifico con todo mi corazón, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Anda conmigo

Conferencia General Abril 2017
“Anda conmigo”
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Nuestra ordenación al sacerdocio es una invitación del Señor para andar con Él, hacer lo que Él hace, prestar servicio a Su manera.

Mis amados hermanos del sacerdocio, mi propósito hoy es reafirmarlos así como vigorizarlos en su servicio en el sacerdocio. En cierta forma, es similar al propósito que imagino que tenía el Salvador cuando conoció a un joven rico que le preguntó: “¿Qué bien haré para tener la vida eterna?”. (Mateo 19:16). Tal vez han venido a esta conferencia, así como aquel joven acudió al Salvador, preguntándose si su servicio ha sido aceptable; y al mismo tiempo, quizás perciban que hay más que hacer, ¡tal vez mucho más! Ruego que sea capaz de expresar la amorosa aprobación del Señor por lo que ya han hecho, a la vez que les ofrezco un atisbo alentador de lo que, con Su ayuda, aún pueden lograr como poseedores de Su santo sacerdocio.

Al joven rico se le pidió que vendiera todo lo que tenía y se lo diera a los pobres y que siguiera al Salvador; El futuro progreso de ustedes tal vez no requiera eso, pero probablemente requerirá cierto sacrificio. De cualquier modo, espero que mi mensaje no haga que “se vayan tristes”, como le sucedió al joven. (Véase Mateo 19:20–22.) Más bien, confío en que vayan “gozosos por [su] camino” (D. y C. 84:105) porque desean mejorar y creen que pueden.

Aun así, es natural sentirse algo inadecuados cuando consideramos lo que el Señor nos ha llamado a hacer. De hecho, si me dijeran que se sienten perfectamente capaces de cumplir con sus deberes del sacerdocio, me preocuparía que no los entendieran. Por otra parte, si me dijeran que se sienten a punto de rendirse porque la tarea supera con creces sus habilidades, entonces querría ayudarles a entender la manera en que el Señor magnifica y fortalece a los poseedores de Su sacerdocio para que hagan cosas que jamás podrían haber hecho ellos solos.

Esto es tan cierto para mí en mi llamamiento como lo es para ustedes en el suyo. Ninguno de nosotros puede hacer la obra del sacerdocio, y hacerla bien, confiando solamente en nuestra sabiduría y talentos. Eso se debe a que no es nuestra obra, sino la del Señor, y la única manera de tener éxito es confiar en Él, tanto si uno es un diácono recién llamado al que se le ha confiado la tarea de aportar una medida de poder espiritual a la ordenanza de la Santa Cena; o un maestro orientador al que el Señor le ha asignado amar y ministrar a una familia a la que no conoce y que parece que no quieran ni su amor ni su ministerio; o un padre que sabe que debe presidir en su hogar en rectitud, pero tal vez se siente inseguro de cómo hacerlo y parece quedarse sin tiempo porque los hijos se hacen rápidamente mayores y el mundo parece tan cruel y hostil.

De modo que si se sienten algo abrumados, considérenlo una buena señal, pues indica que son capaces de percibir la magnitud de la confianza que Dios ha depositado en ustedes. Significa que tienen un pequeño entendimiento de lo que es en realidad el sacerdocio.

Hay muy pocas personas en el mundo que tienen ese entendimiento. Aun los que pueden recitar una definición razonable tal vez no la entiendan del todo. Hay ciertas Escrituras que, mediante el poder del Espíritu que encierran, pueden profundizar nuestro sentimiento de asombro con respecto al santo sacerdocio. Estas son algunas de esas Escrituras.

“El poder y la autoridad del [Sacerdocio]… de Melquisedec, consiste en tener las llaves de todas las bendiciones espirituales de la iglesia:

“tener el privilegio de recibir los misterios del reino de los cielos, ver abiertos los cielos, comunicarse con la asamblea general e iglesia del Primogénito, y gozar de la comunión y presencia de Dios el Padre y de Jesús, el mediador del nuevo convenio.

“El poder y la autoridad del [Sacerdocio]… de Aarón, consiste en poseer las llaves del ministerio de ángeles” (D. y C. 107:18–20).

“En [las] ordenanzas [del sacerdocio] se manifiesta el poder de la divinidad…

“porque sin esto, ningún hombre puede ver la faz de Dios, sí, el Padre, y vivir” (D. y C. 84:20, 22).

“Este sumo sacerdocio [es] según el orden [del] Hijo [de Dios], el cual orden existía desde la fundación del mundo, o en otras palabras, es sin principio de días ni fin de años, preparado de eternidad en eternidad, según su presciencia de todas las cosas” (Alma 13:7).

“Todo aquel que fuese ordenado según este orden y llamamiento tendría poder, por medio de la fe, para derribar montañas, para dividir los mares, para secar las aguas, para desviarlas de su curso; Seguir leyendo

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El mayor entre vosotros

Conferencia General Abril 2017
El mayor entre vosotros
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

La mayor recompensa de Dios se destina a los que prestan servicio sin esperar recompensa.

Mis queridos hermanos, queridos amigos, cuán agradecido me siento por estar con ustedes en esta inspiradora reunión mundial del sacerdocio. Presidente Monson, gracias por su mensaje y bendición. Siempre tomaremos en serio sus palabras de guía, consejo y sabiduría. Lo amamos y sostenemos, y siempre oramos por usted. Usted es en verdad el profeta del Señor. Usted es nuestro Presidente. Lo sostenemos, lo amamos.

Hace casi veinte años se dedicó el Templo de Madrid, España, y dio comienzo su servicio como sagrada casa del Señor. Harriet y yo lo recordamos bien, porque yo estaba sirviendo en la Presidencia del Área Europa en aquella época. Junto con muchos otros, dedicamos innumerables horas a atender los detalles de la planificación y organizando los acontecimientos previos a la dedicación.

Al acercarse la fecha de la dedicación, me di cuenta de que aún no había recibido la invitación para asistir. Esto nos tomó un poco por sorpresa. Después de todo, en mi responsabilidad como Presidente del Área, había participado intensamente en este proyecto del templo y lo sentía en una pequeña medida como algo mío.

Le pregunté a Harriet si había visto una invitación, pero me dijo que no.

Pasaban los días y mi ansiedad iba creciendo. Me pregunté si nuestra invitación se había perdido; quizá estuviera enterrada entre los cojines de nuestro sofá. Quizá había pasado desapercibida entre el correo no deseado y había terminado en la basura. Los vecinos tenían un gato muy curioso, y llegué incluso a mirarle con sospecha.

Finalmente, me vi obligado a aceptar la realidad: no había sido invitado.

¿Pero cómo era eso posible? ¿Había hecho algo que ofendiera a alguien? ¿Supuso alguien que vivíamos demasiado lejos para hacer el viaje? ¿Se habían olvidado de mí?

Con el tiempo, me di cuenta de que este modo de pensar conducía a un punto en el que yo no deseaba afincarme.

Harriet y yo nos recordamos mutuamente que la dedicación del templo no giraba en torno a nosotros. No era cuestión de quién merecía ser invitado y quién no, ni se trataba de nuestros sentimientos o de nuestra idea de que teníamos este derecho.

Se trataba de la dedicación de un santo edificio, un templo del Dios Altísimo. Era un día de regocijo para los miembros de la Iglesia en España.

Si me hubieran invitado a asistir, lo habría hecho con mucho gusto; pero si no me hubiesen invitado, mi gozo no habría sido en ningún modo menos profundo. Harriet y yo nos regocijaríamos con nuestros amigos, nuestros amados hermanos y hermanas, desde la distancia. Alabaríamos a Dios por esta maravillosa bendición con tanto entusiasmo desde nuestro hogar en Frankfurt como lo habríamos hecho desde Madrid.

Hijos del Trueno

Entre los Doce a quienes Jesús llamó y ordenó se encontraban dos hermanos, Santiago y Juan. ¿Recuerdan el sobrenombre que Él les dio?

Hijos del Trueno (Boanerges)1.

A nadie se le daría semejante apodo sin una intrigante historia de trasfondo. Desafortunadamente, las Escrituras no nos explican mucho sobre el origen de este apelativo, pero sí nos ofrecen alguna idea sobre el carácter de Santiago y Juan. Estos eran los mismos dos hermanos que sugirieron mandar que descendiera fuego del cielo sobre una aldea de Samaria, debido a que no se les invitó a quedarse allí2.

Santiago y Juan eran pescadores, probablemente algo toscos, pero supongo que conocían mucho acerca de los elementos de la naturaleza. Ciertamente, eran hombres de acción.

En cierta ocasión, mientras el Salvador se preparaba para Su último viaje a Jerusalén, Santiago y Juan le abordaron con una petición especial, la cual quizá justifique el apodo que tenían.

“Queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”, dijeron.

Me imagino a Jesús sonriéndoles mientras respondía: “¿Qué queréis que os conceda?”.

“Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.

El Salvador les instó entonces a pensar más detenidamente en lo que estaban pidiendo y dijo: “Que os sentéis a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado”3.

En otras palabras, no se pueden obtener honores en el reino de los cielos haciendo campaña por ellos. Uno tampoco puede acceder a la gloria eterna “pidiendo un ascenso”.

Cuando los otros diez apóstoles escucharon esta petición de los Hijos del Trueno, no les sentó especialmente bien. Jesús sabía que Su tiempo era corto, y debió perturbarle observar disputas entre aquellos que llevarían adelante Su obra.

Le habló a los Doce sobre la naturaleza del poder y de cómo afecta a los que lo buscan y lo ostentan. “Las personas influyentes del mundo”, dijo, “se sirven de su posición de autoridad para ejercer poder sobre los demás”. Seguir leyendo

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