Entender tu bendición patriarcal

Entender tu bendición patriarcal

Por Allie Arnell y Margaret Willden
Las autoras viven en Illinois, EE. UU., y Nueva York, EE. UU., respectivamente.

El identificar las diferentes partes de tu bendición puede ayudarte a encontrar dirección para tu vida.

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La vida está llena de terreno desconocido: ¿Adónde debo ir a estudiar? ¿Qué debo estudiar? ¿Debo servir en una misión? ¿Con quién debo casarme? Si se te diera un mapa personal para navegar por las decisiones de la vida, ¿lo seguirías?

El Padre Celestial y Jesucristo nos han dado ese mapa —la bendición patriarcal— para dar dirección a nuestra vida. Aunque se nos ha dado el don del albedrío para tomar nuestras propias decisiones, las bendiciones patriarcales pueden arrojar luz sobre qué caminos traerán mayor felicidad.

No obstante, el solo hecho de tener un mapa no es suficiente. Debemos estudiar, entender y aplicar el significado que hay dentro del mapa. Asimismo, a medida que llegues a entender el lenguaje que se utilizó en tu bendición patriarcal —tu propia guía para la vida— podrás discernir quién eres ante los ojos de Dios y lo que puedes llegar a ser.

Descubre tu linaje

Antes que nada, tu bendición patriarcal declara tu linaje, o la tribu específica de las doce tribus de Jacob (que después fue llamado Israel) a la cual perteneces. Aunque no todos somos descendientes literales de Jacob, las Escrituras nos enseñan que los miembros de la Iglesia son adoptados en la casa de Israel: “Pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos” (Abraham 2:10).

Shelisa Schroeppel, de Utah, EE. UU., dice: “El saber que soy de la casa de Jacob me ayuda a entender mi propósito en esta vida y por qué soy llamada a ciertos llamamientos en la Iglesia”.

Tu bendición patriarcal también podría describir cualquier bendición correspondiente que acompañe a tu tribu particular. Por ejemplo, muchos miembros de la Iglesia pertenecen a la tribu de Efraín, una tribu que tiene la responsabilidad singular de difundir el mensaje del Evangelio restaurado al mundo (véanse Deuteronomio 33:13–17; D. y C. 133:26–34).

Busca consejo personal

Cuando se usa adecuadamente, un mapa evita que un viajero se pierda. De manera similar, en este camino por la vida, tu bendición patriarcal le puede brindar consejo y dirección a tu vida. Tu bendición patriarcal no te dice simplemente qué hacer, sino que puede brindar perspectivas personalizadas sobre qué caminos —si se buscan con fe— pueden ayudarte a saber si estás alineando tu vida con la voluntad del Padre Celestial. A medida que estudies tu bendición patriarcal y procures vivir de manera que invite al Espíritu del Señor, puedes encontrar seguridad, gozo y dirección.

Gabriel Paredes, de Lima, Perú, dice: “Algunos de los consejos que recibí en mi bendición solo he podido aplicarlos plenamente con mi familia después de ser sellado a mi esposa.

“Recientemente nos preguntábamos qué podríamos hacer para fortalecer y edificar nuestra nueva familia. Nuestra pregunta se contestó mediante mi bendición patriarcal. En ella se me aconseja dar prioridad al respeto, a la tolerancia y al amor en mi familia, ya que esos son algunos de los cimientos importantes del evangelio de Jesucristo.

“Al concentrarnos en ello, mi esposa y yo hemos podido superar problemas. Aún tenemos algunos problemas como familia, pero somos felices. Sentí como si el Señor me recordara cómo podía tener la familia que Él me prometió. Sé que el Señor habla mediante las bendiciones patriarcales y que el consejo que encierran se ha de utilizar en nuestra vida”.

Presta atención a las admoniciones

Un mapa no necesariamente señala cada peligro en el camino, pero, afortunadamente, las bendiciones patriarcales a menudo nos dan advertencias para protegernos a lo largo del camino. Algunas de esas admoniciones nos ayudan a protegernos de la influencia de Satanás; otras pueden darnos luz sobre cómo podemos superar al hombre natural en nuestro interior.

Para Caitlin Carr, de Utah, algunas de las advertencias de su bendición patriarcal no fueron claras de inmediato, pero el estudio posterior de su bendición le brindó nuevas perspectivas.

“Cuando recibí mi bendición patriarcal, se me advirtió sobre personas que intentarían alejarme de la verdad con ideas persuasivas. No pensé mucho en ello; tenía una firme creencia en las doctrinas que se me habían enseñado.

“Sin embargo, al año siguiente me enfrenté con ideas y filosofías que, a simple vista, parecían estar arraigadas en la imparcialidad y el amor, pero no lo estaban. Esos mensajes parecían venir de todos lados: los medios de comunicación, la escuela, incluso de amigos cercanos. Aunque sabía que esas filosofías eran contrarias al plan de Dios, me encontré deseando apoyar esas nuevas ideas del mundo y a la Iglesia. Pronto me di cuenta de que ‘ninguno puede servir a dos señores’ (Mateo 6:24) y que no debería confiar en la sabiduría del hombre. El Padre Celestial resolvió mis dudas mediante las Escrituras y le dio paz a mi mente y corazón. Por consiguiente, mi testimonio se ha fortalecido y me he vuelto más firme al defender lo que sé que es verdadero”.

Desarrolla dones y talentos

Tu bendición patriarcal también puede mencionar dones y talentos espirituales que el Señor te ha dado para edificar Su reino. Si tu bendición menciona un talento que te es desconocido, tal vez sea porque aún no has tenido la oportunidad de descubrir o desarrollar ese talento. Mediante la búsqueda diligente y la ayuda del Señor, puedes progresar para desarrollar ese talento y muchos más.

El desarrollar tus talentos te ayuda a reconocer las cosas singulares con las que contribuyes a la obra del Señor. Johanna Blackwell, de California, EE. UU., medita en los dones y talentos que se mencionan en su bendición cuando siente la tentación de compararse con los demás: “Al mirar las palabras de mi bendición patriarcal, me recuerda que he sido bendecida con los dones que personalmente he necesitado para superar pruebas y participar en el apresuramiento de la obra del Señor.

“Mi bendición menciona mi habilidad para amar, perdonar y tener el valor de relacionarme con quienes me rodean. Al llevar esos dones a la práctica, el Señor me ha bendecido con un mayor deseo de encontrar nuevas personas y culturas, y conectarme con ellas. Por consiguiente, mi testimonio de que todos somos hijos de un amoroso Padre Celestial ha crecido, y he podido servir a los demás mientras todos procuramos llegar a ser más como Cristo”.

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Busca las bendiciones prometidas

Por último, nuestras bendiciones patriarcales revelan las bendiciones que el Padre Celestial nos ha prometido si permanecemos fieles a Él. No hay garantía de cuándo se cumplirán esas promesas, pero podemos saber que en tanto que vivamos obedientemente el Evangelio, estas se cumplirán, ya sea en esta vida o en la próxima.

Sergio Gutiérrez, de Nevada, EE. UU., se apoya en una promesa de su bendición patriarcal cada vez que se siente preocupado por sus planes profesionales futuros: “A veces siento inquietud acerca de la incertidumbre de mi futuro, pero hay una promesa en mi bendición patriarcal que siempre me tranquiliza. Esa promesa me ayuda a saber que en tanto que trabaje arduamente y permanezca fiel, tendré los recursos necesarios para poder cuidar de mi familia y edificar la Iglesia. No sé exactamente qué carrera quiero seguir todavía, pero el tener esa promesa me da fe y confianza”.

Si alguna vez te has preguntado cuál es la voluntad del Padre Celestial para contigo, no eres el único. El Señor comprendía que enfrentarías muchos diferentes senderos que podrías seguir en la vida, así que te ha proporcionado un mapa personal para mantener tu vida alineada con Su evangelio. Las bendiciones patriarcales no pueden tomar decisiones por nosotros, pero pueden guiarnos a nuestra propia revelación personal. Mediante nuestra bendiciones patriarcales, se nos muestra cómo encajamos en el plan del Señor para recoger a Israel al aprender de nuestra tribu; se nos da consejo personal, admoniciones y promesas; y se nos enseña sobre los dones y talentos singulares que el Padre Celestial nos dado para servirle. En tanto que vivas de acuerdo con todos esos elementos de tu propia bendición patriarcal, puedes saber que tus decisiones han estado dentro de la voluntad que el Señor tiene para tu vida.

Consejos para el estudio

• Identifica cuáles son los consejos, las advertencias, los talentos y las promesas en tu bendición patriarcal. Ora en cuanto a cómo podrían aplicarse a ti en la etapa actual de tu vida.
• Estudia tu bendición con detenimiento y con frecuencia durante tu vida. La misma frase puede tener varios significados para ti en diferentes momentos.
• Recuerda que una bendición patriarcal no menciona cada aspecto de tu vida. Incluso si una meta importante no se menciona en tu bendición, todavía puede ser algo importante por lo que esforzarse.
• Sé obediente al Evangelio. Las bendiciones en tu bendición patriarcal dependen de tu rectitud.
• Establece metas para buscar los dones y desarrollar los talentos que se mencionan en tu bendición.
• Reflexiona hacia dónde vas en la vida y a dónde finalmente quieres llegar. ¿Cómo se alinean tus metas con tu bendición patriarcal?
• Podrías hacer una copia de tu bendición patriarcal para usarla para tu estudio. Puedes escribir pensamientos, resaltar palabras que destaquen y anotar Escrituras que se relacionen con tu bendición.

Tu propia Liahona

“La bendición no es para doblarla con cuidado y archivarla para siempre; no es para ponerla en un marco ni publicarla. Más bien, es para leerla; es para amarla y para seguirla. La bendición patriarcal es para ayudarte a pasar la noche más negra; te guiará a través de los peligros de la vida… La bendición patriarcal es una Liahona personal que te traza el curso y te muestra el camino”.

Véase del Presidente Thomas S. Monson, “Vuestra bendición patriarcal: una Liahona de luz”, Liahona, enero de 1987, págs. 65–66.

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Cómo prepararse para una nueva travesía

Abril 2017
Cómo prepararse para una nueva travesía
Por Karina Martins Pereira Correia de Lima
La autora vive en Paraná, Brasil.

Al igual que Nefi que navegaba hacia lo desconocido, yo necesitaba ejercer fe en el Señor con respecto a comenzar una familia.

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En las semanas previas a mi matrimonio y sellamiento en el templo, comencé a sentirme un poco nerviosa por todo lo que tenía que hacer antes de comenzar mi nueva familia. A pesar de toda la alegría de ese momento, me sentía estresada por tener que organizar una rutina nueva, poner las finanzas en orden, encontrar un depósito para almacenar nuestras pertenencias, y por todas mis nuevas responsabilidades como esposa. Quería asegurarme de que comenzaríamos nuestro matrimonio de la manera correcta al encontrar lugar en nuestras actividades para cosas importantes como guardar los mandamientos y pasar tiempo juntos como esposo y esposa a pesar de nuestras vidas ocupadas.

Al acercarse el día de la boda, me sorprendió una serie de pesadillas con todo tipo de problemas que podrían afectar a una familia. Debido a que provengo de una familia amorosa aunque atribulada, amenazada por discusiones constantes e intensas y por corazones rotos, las pesadillas me afectaron más de lo que deberían haberlo hecho. Entonces una noche, después de varias como esa, desperté sudando y decidí seguir el consejo que la hermana Neill F. Marriott, Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, dio en su discurso “Entregar nuestro corazón a Dios” (Liahona, noviembre de 2015, págs. 30–32). Cerré los ojos y oré: “Querido Padre Celestial, ¿qué puedo hacer para mantener estas cosas malas lejos de mi familia?”.

La respuesta me llegó tan rápido y tan fuerte como si alguien me hubiera abierto una puerta en la cabeza y hubiese puesto el pensamiento allí. La voz suave y apacible me inspiró: “Solo haz lo que se supone que debes hacer. Sé fiel en cada paso”. El Espíritu me susurró algunos consejos específicos y sentí que si hacía esas cosas, todo estaría bien.

Sonreí y sentí que el pecho se me llenaba de calidez. De repente olvidé todas las preocupaciones, porque sabía que era así. Antes había sentido el Espíritu Santo, pero nunca tan fuerte como lo sentí esa noche. Sentí que el amor de nuestro Padre Celestial y de nuestro Salvador me rodeaban, y supe que el consuelo y la salvación de mi familia eran tan importantes para Ellos como lo eran para mí.

A modo de una confirmación adicional, recordé un relato de las Escrituras: el momento en que el Señor le mandó a Nefi que construyera un barco: “Y aconteció que el Señor me habló, diciendo: Construirás un barco, según la manera que yo te mostraré, para que yo lleve a tu pueblo a través de estas aguas” (1 Nefi 17: 8; cursiva agregada).

Nefi y su familia habían estado en el desierto por años, soportando toda clase de tribulaciones. Él podría haber sentido miedo de comenzar una travesía por el mar y permitir que sus temores se volvieran más fuertes que su fe; pero no lo hizo. Aceptó y obedeció las instrucciones de Dios. Tuvo fe en que Sus promesas se cumplirían. El Señor nunca le dijo a Nefi que no habría tormentas o que las olas no azotarían el barco; le dijo a Nefi que si seguía Sus instrucciones, él podría guiar a su familia a salvo a través del océano hasta la tierra prometida.

Me di cuenta de que por muchos años yo también había viajado por un desierto, pero ahora estaba frente al mar, preparándome para una nueva travesía: el matrimonio. He sido llamada —y creo que es el caso de todas las familias Santos de los Últimos Días— a construir un barco siguiendo las instrucciones de Dios.

Una vez que mi esposo y yo nos casamos, sí surgieron problemas; enfermé y tuvimos dificultades para estabilizar nuestros asuntos económicos y poner en práctica todos los buenos hábitos que habíamos decidido seguir.

No obstante, el consejo que había recibido esa noche permaneció en mi corazón. Todos los días intentamos aprender y atesorar la palabra de Dios en nuestro corazón, seguir los buenos ejemplos de nuestros queridos líderes —entre ellos, Cristo— y mejorar nuestro propio comportamiento. Obtuve un testimonio más fuerte de la oración y en verdad experimenté el amor que el Padre tiene por nosotros. Comencé a confiar más y a temer menos. Nos dimos cuenta de que las dificultades que enfrentamos se habían convertido en pasos para mejorar. Hoy, nuestro hogar parece un pedacito de cielo.

Aún estamos en el comienzo de nuestra travesía, pero casarme y comenzar una familia fue la mejor decisión que jamás he tomado. Mi corazón rebosa de gozo cuando pienso en la ordenanza del templo que recibimos y sé que fue sellada por la autoridad de Dios. Cuanto más entiendo sobre la importancia de la familia en el plan del Padre Celestial y sobre la santidad del convenio que hicimos, más quiero ayudar a otras familias a recibir la misma ordenanza.

Aprendí que no tenemos que preocuparnos de lo que ocurrirá, porque “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Simplemente tenemos que ser obedientes, seguir las instrucciones que se han dado mediante las Escrituras y las palabras de los profetas actuales, y pedir en oración más instrucciones personales. Si hacemos esas cosas, podemos cruzar el océano de estos últimos días confiando en que no importa qué clase de problemas nos azoten, nuestros seres queridos estarán a salvo.

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¿Cómo puedo estudiar con la mente y con el corazón?

Abril 2017
¿Cómo puedo estudiar con la mente y con el corazón?

Descubre lo que puedes hacer cuando tengas preguntas.

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¿Qué debes hacer cuando tengas una pregunta sobre cuestiones doctrinales, históricas o personales? ¿Cómo encuentras una respuesta? El Señor promete: “… hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo” (D. y C. 8:2). ¿Cómo utilizas la mente y el corazón para reconocer la inspiración? Estas son algunas ideas.

Mente

Estudia, ora y escucha

El élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo que cuando tomamos “decisiones importantes… el Padre Celestial espera que usemos nuestro albedrío, que estudiemos la situación en la mente de acuerdo con los principios del Evangelio y que le presentemos una decisión a través de la oración” (“El Espíritu Santo”, Conferencia General Abril 2016).

Es igual para cualquier pregunta. Cuando estudies, ora con sinceridad en cuanto a las respuestas que halles durante el proceso. El Espíritu Santo te dará impresiones —ya sea a través de ideas, palabras a tu mente u otros recordatorios personales— para guiarte a otras respuestas que necesitas.

Utiliza recursos

Escudriña las Escrituras, incluso la Guía para el Estudio de las Escrituras y otras ayudas para el estudio. También puedes buscar otros recursos SUD, como discursos de la conferencia general, Temas del Evangelio, revistas de la Iglesia, el proyecto “Los documentos de José Smith”, y más. (Consulta la página 54 para encontrar una lista de recursos útiles de la Iglesia).

Habla de ello

No tengas miedo de pedir ayuda. El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Les voy a dejar un desafío… Tienen que pensar en alguien [que pueda ayudarles a encontrar respuestas] —un amigo en quien confíen, un progenitor, un abuelo, un maestro, un miembro del obispado [o] un asesor— y tienen que tener respuestas a esas preguntas” (Transmisión Cara a Cara, 20 de enero de 2016). ¡Inténtalo! Habla con alguien en quien confíes acerca de tus preguntas y encuentren respuestas juntos.

Corazón

Estudia, ora y escucha

Estos pasos son importantes para meditar con la mente y el corazón. El presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “Si quieren reconocer una verdad espiritual, deben usar los instrumentos correctos. No pueden llegar a un entendimiento de una verdad espiritual con instrumentos que no la pueden detectar” (“Cómo recibir un testimonio de luz y verdad”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 22). El Espíritu Santo es el instrumento mediante el cual aprendemos las cosas que son espirituales. De modo que, al orar y escuchar al Espíritu, con el tiempo podrás encontrar respuestas.

Sé paciente

El presidente Uchtdorf explicó también: “Cuanto más volcamos nuestro corazón y mente hacia Dios, más luz celestial se destila sobre nuestra alma… Gradualmente, las cosas que antes parecían confusas, oscuras y lejanas se vuelven claras, brillantes y conocidas para nosotros” (“Cómo recibir un testimonio de luz y verdad”, pág. 22). El buscar respuestas pude ser un proceso largo, pero si estás dispuesto a escuchar las respuestas las encontrarás, aun cuando requiera tiempo.

Practica la manera de reconocer las impresiones

Cuanto mejor reconozcas las impresiones y estés dispuesto a actuar cuando el Espíritu te susurre al corazón, más fácil te resultará reconocer otras impresiones en el futuro. Podrás “[sentir] que está bien”, o experimentar un “estupor de pensamiento” si está mal (véase D. y C. 9:8–9). También podrías sentir un recordatorio sutil, un sentimiento de paz u otra sensación específicamente dirigida a ti. El Señor te conoce y Él sabe la manera en la que entenderás al Espíritu. Te brindará una guía amorosa que es exclusiva para ti. Así que continúa escuchando y continúa practicando.

Respuestas de Dios

“Analizar las preguntas sinceras es una parte importante de edificar la fe, y para ello usamos el intelecto y los sentimientos. El Señor dijo: ‘Hablaré a tu mente y a tu corazón’ [D. y C. 8:2]. No todas las respuestas se reciben de inmediato, pero la mayoría de las preguntas se pueden resolver mediante el estudio sincero y al procurar las respuestas de Dios”.

Élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “La fe no es una casualidad, sino una elección”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 66.

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Lo vieron a Él

Abril 2017
Lo vieron a Él
Margaret Willden

Estas personas en efecto vieron al Salvador resucitado pero tú, a tu manera, también puedes ser un testigo de Cristo.

Jesus and Mary in front of the tomb

¿Cómo crees que sería ser testigo del Salvador resucitado? Cientos de personas en los días de Jesús no tuvieron que imaginarlo; ellos lo vivieron. Las Escrituras dan cuenta de al menos doce registros de ocasiones en el Nuevo Testamento, y varias más en el Libro de Mormón, en que el Señor resucitado apareció al pueblo. Esas personas fueron testigos de uno de los milagros más extraordinarios de la historia: Jesucristo vencía la muerte y hacía posible que cada uno de nosotros viviese de nuevo. Increíble, ¿verdad?

Y bien, ¿qué significa exactamente ser un testigo de Cristo? Repasemos algunos de esos momentos en las Escrituras y pensemos en cómo nosotros, aunque sin verlo físicamente, también podemos ser testigos de Cristo.

María Magdalena

María Magdalena fue el primer testigo. La mañana del domingo después de la Crucifixión, ella fue al sepulcro con otras mujeres para ungir el cuerpo del Señor. Cuando María descubrió la tumba vacía, lloró. Alguien se acercó a ella desde atrás y le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Imaginen su sorpresa cuando descubrió que era Jesús, resucitado de entre los muertos. (Véase Juan 20:1–18).

Dos discípulos en el camino a Emaús

Christ on the road to Emmaus

Cleofas y otro discípulo iban por el camino que conducía a Emaús cuando se les unió un forastero. Ellos no reconocieron a su nuevo compañero, pero mientras cenaban juntos, el forastero partió pan. Entonces sus ojos fueron abiertos, y se dieron cuenta de que habían estado viajando con el Salvador todo el tiempo. “¿No ardía nuestro corazón en nosotros…?”, se preguntaban el uno al otro, meditando en la confirmación que sentían de que Él ciertamente había estado con ellos. (Véase Lucas 24:13–34).

Los diez apóstoles

Resurrected Christ with Apostles

Los dos discípulos que viajaban a Emaús con Cristo regresaron a Jerusalén y relataron su experiencia a diez de los apóstoles. Mientras hablaban, el Salvador mismo se apareció a ellos, diciendo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo”. (Véase Lucas 24:36–41, 44–49).

El apóstol Tomás

Christ with Thomas

El apóstol Tomás no estaba presente cuando el Salvador se apareció por primera vez a los otros apóstoles, por lo que no creyó que Cristo hubiese resucitado. Una semana después, Cristo volvió a aparecerse a los apóstoles. En esa ocasión, Tomás estaba allí, y por causa de que vio a Cristo creyó que Él había resucitado. El Salvador advirtió a Tomás del peligro de creer solamente después de haber visto: “Porque me has visto, Tomás, has creído; bienaventurados los que no vieron y creyeron”. (Véase Juan 20:24–29).

Los once apóstoles en el mar de Tiberias

Apostles on the Sea of Tiberias

Un día, poco después de la Resurrección, varios de los apóstoles fueron a pescar en el mar de Tiberias, pero no tuvieron mucha suerte. A la mañana siguiente, el Salvador apareció y les sugirió que echaran la red por el lado derecho de la barca. Al hacerlo, ¡la red atrapó tantos peces que apenas podían tirar de ella! Después de comer juntos, el Salvador enseñó acerca de la importancia de ministrar a los demás, diciendo: “Apacienta mis ovejas”. Los apóstoles pasarían el resto de sus vidas haciendo precisamente eso —enseñar a las personas acerca de Cristo— y en algunos casos incluso entregaron su vida por la causa. (Véase Juan 21:1–22).

Los nefitas en el continente americano

Christ among the Nephites

Durante la Crucifixión, la tierra en el continente americano fue arrasada por terremotos, fuegos y otros desastres naturales, y tres días de oscuridad señalaron la muerte del Salvador. Posteriormente, Cristo descendió de los cielos y visitó a una multitud de 2.500 personas que se había reunido cerca del templo en Abundancia. Él invitó a las personas a que palparan las marcas de las heridas en Sus manos y en Sus pies, pronunció un sermón y bendijo a los niños de los nefitas uno por uno. Al día siguiente se reunieron incluso más personas, y el Salvador los visitó y los instruyó. Finalmente los discípulos formaron la Iglesia de Cristo, y los nefitas recibieron un testimonio tan poderoso que tanto ellos como los lamanitas se convirtieron al Señor. (Véase 3 Nefi 11–18; véase también 3 Nefi 8–10; 4 Nefi 1).

Testigos entonces y ahora

Cristo también se apareció a muchos otros, incluyendo varias mujeres que habían ido al sepulcro para ayudar a María Magdalena a ungir el cuerpo de Cristo, a un grupo de más de quinientos hombres, a Santiago y a Pablo. (Véanse Mateo 28:9; Hechos 9:4–19; 1 Corintios 15:6–7; véase también 3 Nefi 19; 26:13).

Tal vez no tengamos la oportunidad de ver al Salvador como lo hicieron esos testigos, pero todavía puedes ser un testigo de Cristo. Puedes buscar personalmente al Salvador, como lo hizo María cuando fue al sepulcro, al aprender más acerca de Él. O podrías ejercer la fe en Él al guardar los mandamientos y seguir el consejo de los profetas. O podrías reconocer las bendiciones del Salvador en tu vida, como lo hicieron los dos discípulos que iban camino a Emaús. En esta época de Pascua de Resurrección, piensa en lo que significa ser un testigo de Cristo. Esas personas fueron literalmente testigos que en efecto vieron al Cristo resucitado; pero esa no es la única manera en que puedes ser testigo de Él en tu vida.

Aprende de Él

“Ustedes son testigos de Cristo cuando sienten el testimonio de Él que da el Santo Espíritu, confirmado y reconfirmado a su espíritu en muchas experiencias y lugares diferentes, a medida que tratan de hacer brillar en su propia vida la luz de Su ejemplo día tras día, y cuando expresan a otros su testimonio y les ayudan a aprender de Él y a seguirlo”.

Élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Cómo llegar a ser testigo de Cristo”, Liahona, marzo de 2008, pág. 63.

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La Expiación del Salvador

La Expiación del Salvador
por  W. Cleon Skousen

El Hermano W. Cleon Skousen fue un famoso discursante de temas del evangelio. Su tema favorito, por cierto, fue la expiación de Jesucristo, tema que él comprendió gracias a su presidente de misión, el apóstol John A. Widtsoe, uno de los más reconocidos líderes de la historia de la Iglesia de Jesucristo.

Este discurso fue primeramente presentado, por invitación del Presidente Mike Glauser, ante aproximadamente 180 misioneros en la Misión de Atlanta Georgia en Noviembre 2 y 3 de 2000. Las horas de la mañana se pasaron cubriendo la estructura básica de esta presentación. Las horas de la tarde se pasaron respondiendo las preguntas.

Los Bloques de Construcción del Universo

Una de las cosas gratificantes de ir a una misión es la oportunidad de poder realmente aprender del evangelio. Y lo aprendemos en dos niveles. El primer nivel es lo que Pablo le llama el nivel de la LECHE del aprendizaje del evangelio los que son los requisitos actuales del evangelio para guiarnos a la presencia de Nuestro Padre, por ejemplo, fe, arrepentimiento, bautismo, el Don del Espíritu Santo, obedecer los mandamientos y perdurar hasta el final. Claro que no minimizamos la importancia sagrada del nivel de la LECHE porque dice en términos simples qué deben hacer para alcanzar el Reino Celestial.

El segundo nivel es lo que Pablo llamó el nivel de la CARNE lo cual explica el porqué de cómo cada principio del evangelio es esencial y CÓMO trabaja. Entonces la LECHE es el QUÉ del evangelio. La CARNE es el porqué y el cómo. La diferencia entre la leche y la carne están muy claras en las escrituras. Aquí esta de cómo Pablo distinguió entre estos dos niveles del estudio del Evangelio. El dijo:

“Os di de beber leche, y no vianda; porque aun no erais capaces, ni sois capaces todavía.” (1 Corintios 3:2)

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por lo tanto (”NO” de acuerdo con José Smith) dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, VAMOS ADELANTE A LA PERFECCION; no (repetidamente) echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios. (Hebreos 5:12-14 y 6:1)

Isaías dice que la carne les pertenece a “aquellos que entiendan la doctrina y sean arrancados de los pechos… porque mandato sobre mandato, renglón tras renglón.” (Isaías 28:9-10)

Claro que el reto más grande de José Smith como la cabeza profética de esta nueva dispensación fue el hecho que no recibió nuevo conocimiento simplemente línea sobre línea y precepto sobre precepto sino que CAPA SOBRE CAPA. Algunas veces estas capas eran tan enriquecidas con doctrinas intensas de la carne del evangelio que los asociados de José Smith se sofocaban y denunciaban a José y la más reciente capa de revelación como falsa e inaceptable. Pero el tiempo de José fue corto. El no podía esperar a aquellos que se retrasaban. Consecuentemente, diez miembros del Quórum original de los Doce balbucearon. Los dos apóstoles que se quedaron valientemente con el profeta eran Brigham Young y Herber C. Kimball.

Mientras en una misión nos concentramos en enseñar la leche porque estas son las cosas simples y claras que son esenciales para regresarnos al Reino Celestial de Nuestro Padre. Nos dicen QUE hacer. La llave del éxito en la leche es la OBEDIENCIA, y la buena voluntad para seguir los requerimientos esenciales del evangelio. Noten que Pablo se molesto con los santos en su día porque no podía llevarlos a que fueran más allá de la leche y aprendieran de la carne del evangelio. Y POR ESO IR EN PERFECCION. Noten de Isaías que la carne del evangelio no puede ser digerida por comérsela en bocados. Debe ser meditado, precepto sobre precepto y línea sobre línea.

La bendición de tener un Gran Maestro

Me metí a la carne del evangelio un poco después cuando llegue a la misión Británica. Solo tenía 17 cuando se me llamo a una misión y en cuanto llegue a Inglaterra supe que el Élder John A. Widtsoe presidía sobre todas las misiones en Europa y que tenia las oficinas centrales en Inglaterra. Eso quería decir que de vez en cuando iba a verlo.

El Presidente Widtsoe era un apóstol y un miembro del Consejo de los Doce. El había sido presidente de dos universidades, era científico famoso, y era miembro de la Sociedad Real de Inglaterra. Por reputación él fue considerado ser uno de los primeros eruditos del evangelio en toda la Iglesia y había escrito libros en las enseñanzas de ambos, José Smith y los Discursos de Brigham Young.

Un día íbamos en el tren juntos, y fui tan intrépido en preguntarle al Élder Widtsoe acerca de una duda acerca del evangelio. No me había dado cuenta en ese tiempo, pero mi pregunta pasó a ser la pregunta más profunda de todo el evangelio. Yo le dije, “Élder Widtsoe por qué Jesús tuvo que ser crucificado?”

El tomo una pausa y después dijo, “Quien te dijo que me hicieras esa pregunta?” — Yo le dije, “Bueno, nadie. Es mi pregunta.” Cuando era un niño pequeño en Canadá nos decían de cómo en Pascua Jesús fue lacerado con un látigo, cómo tenía una corona de espinas en su cabeza, con sangre corriendo en su rostro, y cómo fue clavado en la cruz y sufrió la más terrible agonía. Me pregunte quien en el mundo querría tal sufrimiento? Si tenía un propósito, cual era? Aun más, cómo la crucifixión de Jesús tenía que ver con mi salvación?

Élder Widtsoe pensó por un momento y después dijo: “Te podría contestar tus preguntas, pero no entenderías las respuestas. No sabes lo suficiente acerca de Nuestro Padre Celestial.”

Entonces le dije, —“Me enseñaría?”

Fue una cosa atrevida al preguntarle a una Autoridad General con una carga pesada, pero después de un momento él dijo, “Ya que es tu pregunta, tal vez tengas la curiosidad suficiente y tenacidad para preferir seguir la tarea tediosa de aprender línea sobre línea y precepto sobre precepto; porque es la única manera en que vas a ver el cuadro completo.

Así fue cómo yo me tropecé en una de las grandes bendiciones de toda mi vida. Vine a ser un estudiante de la carne del evangelio bajo la guía del Apóstol John A. Widtsoe. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del sacerdocio

Adaptado de un sermón pronunciado el 9 de julio de 1880

Las responsabilidades del sacerdocio

Por Wilford Woodruff (1807-1898)
Cuarto Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días


Considero nuestra condición o posición como la de un pueblo que ha sido llamado a efectuar cierta obra. Cuando enviamos hombres a misiones o a realizar cualquier tipo de tarea, desde luego, esperamos que la cumplan, y el Señor espera lo mismo de ellos. Considero a los élderes de Israel que se encuentran aquí esta noche así como a todos los de esta Iglesia y reino, como integrantes de una misión.

Hemos sido ordenados para una misión y tenemos nuestro tiempo establecido para cumplirla. No sé exactamente cuantos días o años vamos a dedicarle, pero esta obra se requiere de nuestras manos no obstante a qué puesto se nos llame o en qué cargo se nos ordene. Y cuando tenemos ante nosotros una tarea que cumplir, no debemos ignorarla ni dejarla de lado; se toma cuenta de ella, la cumplamos o no. Existen muchas revelaciones que nos muestran que efectivamente así es. La historia de vuestra vida va delante de vosotros y todos la encontraréis cuando paséis al otro lado del velo. La historia de cada hombre, vale decir, sus hechos están escritos, haya él guardado registro de ellos o no; esto se encuentra claramente manifestado en la revelación conocida como la «Hoja de Olivo» (Doctrinas y Convenios, Sección 88).

Tenemos una tarea sobre nuestros hombros; José Smith la tuvo, Brigham Young la tuvo, los Doce Apóstoles la tienen, todos nosotros la tenemos, y seremos condenados si no la cumplimos; esto lo sabremos cuando hayamos pasado al otro lado del velo. Ha sido por haber descuidado este deber que muchos han abandonado esta Iglesia y reino de Dios.

Muchas veces durante mis reflexiones he deseado poder comprender cabalmente la responsabilidad que tengo ante Dios, así como la responsabilidad que tienen todos los hombres que poseen el sacerdocio en esta generación. Y os digo, hermanos, que pienso que nuestros corazones están demasiado fijos en las cosas de este mundo. (Véase Doctrinas y Convenios 121:35.) No apreciamos, en la medida que debemos hacerlo, como hombres que poseemos el Santo Sacerdocio en esta generación, la gran responsabilidad que tenemos ante Dios y el alto cielo, así como para con la tierra. Creo que estamos demasiado alejados del Señor y que no vivimos nuestra religión como debemos. No creo que tengamos nuestros corazones puestos en la edificación de este reino como deberíamos hacerlo como Santos de los Últimos Días.

Ahora, no penséis que soy vuestro enemigo porque os digo estas cosas. Siento que tenemos una importante obra que llevar a cabo, obra que otros continuarán cuando nosotros hayamos muerto. Al mirar a mi alrededor, veo la obra de este tiempo; pienso en lo que me rodea y encuentro que ocho de los Doce Apóstoles han pasado al mundo de los espíritus desde que llegamos a este valle; espero ir allí yo también, como mis hermanos irán; todos iremos allá antes de que hayan transcurrido muchos años. No espero nada más; y os diré que durante mis meditaciones en los últimos dos años he sentido que no tengo ninguna otra cosa que hacer en esta tierra sino tratar de edificar este reino. No creo que sea yo justificado si pongo mi corazón en las cosas de este mundo y descuido algún deber que Dios requiera de mis manos.

Cuando contemplo esta generación, cuando pienso en los mil doscientos millones de personas que moran en la carne, muchas de ellas disponiéndose para los juicios de Dios, generación que está lista para recibir la ira de Dios sobre sus cabezas . . . cuando considero estas cosas, sé que si dejo de expresar mi testimonio ante ellos, que si olvido dar mi testimonio a esta generación cuando tengo la oportunidad de hacerlo, me arrepentiré de ello cuando haya pasado al mundo de los espíritus.

Así me siento con respecto a esta obra; Dios nos exige que la demos a conocer a esta generación. Y cuando pienso en el valor de esta generación, en su grandeza, cuando considero que es una generación y dispensación en que Dios ha puesto su mano para establecer un reino, el grande y último reino y el único que el Señor ha establecido en época alguna del mundo, para que permanezca sobre la tierra hasta el milenio, sí, cuando pienso en estas cosas, puedo darme cuenta de la grandiosidad de esta obra.

El mundo siempre ha hecho la guerra a los profetas y los ha destruido con.la excepción de Enoc que fue llevado al cielo con su ciudad. Ahora, si pudiésemos darnos cuenta de que tenemos el reino de Dios sobre la tierra hoy en día, con la promesa de Dios nuestro Padre de que éste permanecerá sobre la tierra hasta la venida del Hijo del Hombre; si pudiésemos darnos cuenta de esto y darnos cuenta a la vez de nuestra responsabilidad, me parece que todos tendríamos deseos de magnificar nuestro llamamiento. Seguir leyendo

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La oración y las impresiones del Espíritu

Conferencia General Octubre 2009
La oración y las impresiones del Espíritu
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

[Las] experiencias de inspiración y oración no son algo fuera de lo común en la Iglesia; son parte de la revelación que nuestro Padre Celestial nos ha brindado.

Ningún Padre enviaría a Sus hijos a una tierra distante y peligrosa para toda una vida de pruebas, donde se sabía que Lucifer andaba suelto, sin primeramente darles un poder personal de protección. Él también les proporcionaría los medios para comunicarse con Él de Padre a hijo y de hijo a Padre. A todo hijo de nuestro Padre enviado a la tierra se le da el Espíritu de Cristo o la Luz de Cristo 1 . A ninguno de nosotros se nos deja aquí solos sin esperanza de guía y redención.

La Restauración se inició con la oración de un jovencito de catorce años y una visión del Padre y del Hijo; dio así comienzo la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

La restauración del Evangelio trajo consigo el conocimiento de la existencia preterrenal. Por las Escrituras, sabemos acerca del Concilio de los Cielos y de la decisión de enviar a los hijos y a las hijas de Dios a la tierra a recibir un cuerpo y a ser probados 2 . Somos hijos de Dios; tenemos un cuerpo de espíritu que, por ahora, se alberga en un tabernáculo terrenal de carne. En las Escrituras dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

Como hijos de Dios, sabemos que formamos parte de Su “gran plan de felicidad” (Alma 42:8).

Sabemos que hubo una guerra en los cielos, y que Lucifer y los que le siguieron fueron echados sin cuerpos:

“…Satanás, la serpiente antigua, sí, el diablo… se rebeló contra Dios y procuró usurpar el reino de nuestro Dios y su Cristo;

“por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados” (D. y C. 76:28–29).

Se nos dio nuestro albedrío 3 ; debemos usarlo con sabiduría y permanecer cerca del Espíritu; de otro modo, nos encontraremos de manera imprudente cediendo a las tentaciones del adversario. Sabemos que mediante la expiación de Jesucristo se pueden lavar y limpiar nuestros errores, y nuestro cuerpo terrenal será restaurado a su forma perfecta.

“Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios” (Moroni 7:16).

Existe una manera perfecta de comunicación por medio del Espíritu, “porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).

Después del bautismo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sigue una segunda ordenanza: la “Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo” (Artículos de Fe 1:4).

Esa dulce y apacible voz de inspiración llega más como un sentimiento que como un sonido. A la mente se le puede indicar la inteligencia pura. El Espíritu Santo se comunica con nuestro espíritu a través de la mente más que por medio de los sentidos físicos 4 . Esa guía se presenta como pensamientos, sentimientos, susurros e impresiones 5 . Podemos sentir las palabras de la comunicación espiritual más que oírlas, y verlas con ojos espirituales en vez de mortales 6 .

Durante muchos años serví en el Quórum de los Doce Apóstoles con el élder LeGrand Richards, quien murió a los 96 años de edad. Nos dijo que cuando tenía doce años, asistió a una gran conferencia general en el Tabernáculo donde oyó al presidente Wilford Woodruff.

El presidente Woodruff relató una experiencia en la que tuvo una impresión del Espíritu. La Primera Presidencia lo envió a “congregar a todos los santos de Dios en Nueva Inglaterra y Canadá, y traerlos a Sión” 7 .

Se detuvo en Indiana, en casa de uno de los hermanos, y dejó su carruaje en el patio, donde él, su esposa y uno de los hijos se acostaron, mientras que el resto de la familia durmió adentro de la casa. Al poco rato de haberse acostado, el Espíritu en susurro le amonestó: “Levántate, y mueve este carruaje”. Se levantó y movió el carruaje a cierta distancia de donde había estado. Al volver a acostarse, el Espíritu le volvió a hablar: “Ve y mueve las mulas lejos de ese roble”. Lo hizo, y entonces se volvió a acostar.

A los treinta minutos vino un remolino de viento que quebró el tronco en el que habían estado amarradas las mulas, lo echó abajo y fue arrastrado unos cien metros a través de dos cercas. El enorme árbol, que tenía un tronco de un metro y medio de circunferencia, cayó exactamente en el lugar donde había estado el carruaje. Por haber escuchado las impresiones del Espíritu, el élder Woodruff había salvado su vida y la de su esposa e hijo 8. Seguir leyendo

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“Arrepent[íos]… para que yo os sane”

Conferencia General Octubre 2009

“Arrepent[íos]… para que yo os sane”

Élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios.

Mis hermanos y hermanas, han pasado seis meses desde que me llamaron al Quórum de los Doce. Aún me siento muy humilde al prestar servicio junto a hombres que por mucho tiempo han sido mis ejemplos y maestros. Aprecio profundamente las oraciones de ustedes y su voto de sostenimiento. Para mí, éste ha sido un período de ferviente oración, en el que he buscado con fervor la aprobación del Señor. He sentido Su amor de maneras sagradas e inolvidables. Testifico que Él vive, y que ésta es Su santa obra.

Amamos al presidente Thomas S. Monson, el profeta del Señor. Siempre recordaré su bondad al extenderme el llamamiento el pasado abril. Al terminar la entrevista, extendió los brazos para abrazarme. El presidente Monson es un hombre alto; cuando me estrechó entre sus largos brazos y me acercó hacia él, me sentí como un niño pequeño en los brazos protectores de un amoroso padre.

En los meses desde que ocurrió esa experiencia, he pensado en la invitación del Señor de venir a Él y de que nos estreche espiritualmente en Sus brazos. Él dijo: “He aquí, [mis brazos] de misericordia se [extienden] hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí” 1 .

En las Escrituras se habla de Sus brazos abiertos 2 , extendidos 3 y que nos envuelven 4 . Se describen como poderosos 5 y santos 6 , brazos de misericordia 7 , brazos de seguridad 8 , brazos de amor 9 , “extendido[s] todo el día” 10 .

Todos hemos sentido, hasta cierto punto, esos brazos espirituales a nuestro alrededor. Hemos sentido Su perdón, Su amor y Su consuelo. El Señor ha dicho: “Yo soy el que os consuela” 11 .

El deseo del Señor de que vayamos a Él y que Él nos envuelva en Sus brazos, con frecuencia es una invitación a que nos arrepintamos. Cito: “He aquí, él invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice: Arrepentíos, y os recibiré” 12 .

Cuando pecamos, nos alejamos de Dios. Cuando nos arrepentimos, nos volvemos hacia Dios.

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios 13 . Es el llamado de un Padre amoroso y de Su Hijo Unigénito a que seamos más de lo que somos, que alcancemos un nivel de vida mejor, que cambiemos y que sintamos la felicidad que proviene de guardar los mandamientos. En calidad de discípulos de Cristo, nos regocijamos en la bendición de arrepentirnos y en el gozo de ser perdonados. Ellos llegan a ser parte de nosotros, y moldean nuestra forma de pensar y de sentir.

Entre las decenas de miles de personas que escuchan esta conferencia, hay muchos grados de dignidad y de rectitud personales. Sin embargo, el arrepentimiento es una bendición para todos; cada uno de nosotros necesita sentir los brazos de misericordia del Salvador mediante el perdón de nuestros pecados.

Hace años, se me pidió que me reuniese con un hombre que, mucho antes de nuestra reunión, había vivido, por un tiempo, de forma desenfrenada. Como resultado de sus malas decisiones había sido excomulgado de la Iglesia. Ya hacía mucho que había regresado a la Iglesia y estaba cumpliendo fielmente los mandamientos, pero sus acciones del pasado lo perseguían. Al reunirme con él, sentí su vergüenza y profundo remordimiento por haber dejado de lado sus convenios. Después de nuestra conversación, coloqué mis manos sobre su cabeza y le di una bendición del sacerdocio. Antes de pronunciar palabra, sentí, en forma sobrecogedora, el amor y el perdón del Salvador hacia él. Después de la bendición, nos dimos un abrazo y el hombre lloró intensamente.

Me maravillan los brazos del Salvador llenos de misericordia y de amor que envuelven al arrepentido, sin importar lo egoísta que haya sido el pecado que abandonó. Testifico que el Salvador puede perdonar nuestros pecados y que está ansioso por hacerlo. Con la excepción de aquellos que han optado por la vía de la perdición luego de haber conocido la plenitud, no hay pecado que no pueda ser perdonado 14 . Qué privilegio maravilloso es para cada uno de nosotros apartarnos de nuestros pecados y venir a Cristo. El perdón divino es uno de los frutos más dulces del Evangelio, pues quita el remordimiento y el pesar de nuestro corazón y lo reemplaza con regocijo y tranquilidad de conciencia. Jesús declara: “¿…no os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?” 15 .

Algunos de los que escuchen hoy tal vez necesiten “un gran cambio en su corazón” 16 para afrontar un pecado serio; tal vez sea necesaria la ayuda de un líder del sacerdocio. Para la mayoría, el arrepentimiento es sereno y privado, buscando a diario la ayuda del Señor para realizar los cambios necesarios. Seguir leyendo

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Ser moderados en todas las cosas

Conferencia General Octubre 2009
Ser moderados en todas las cosas
el élder Kent D. Watson
De los Setenta

El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don espiritual que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

En respuesta a la consulta del profeta José Smith, el Señor le instruyó: “Y nadie puede ayudar [en la obra] a menos que sea humilde y lleno de amor, y tenga fe, esperanza y caridad, y sea moderado en todas las cosas, cualesquiera que le fueren confiadas” 1 .

La instrucción de ser moderados en todas las cosas se aplica a cada uno de nosotros. ¿Qué es la moderación y por qué quiere el Señor que seamos moderados? Una definición limitada podría ser “ejercer autodominio en lo que respecta a la comida y la bebida”. En efecto, ese significado podría ser una buena norma para obedecer la Palabra de Sabiduría. A veces, la moderación se define como “contener el enojo o no perder los estribos”. Sin embargo, esas definiciones son sólo algunas formas en las que se usa la palabra en las Escrituras.

En el sentido espiritual, la moderación es un atributo divino de Jesucristo, y Él desea que cada uno de nosotros lo desarrolle. El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don espiritual que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

Cuando el apóstol Pablo describió ciertos frutos del Espíritu en su epístola a los gálatas, habló de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre [y] templanza [o sea moderación]” 2 .

En la carta que Pablo le escribió a Tito, al describir los atributos que debe tener un obispo para ayudar en la obra, dijo que el obispo no debe ser “soberbio, [ni] iracundo…” sino “dueño de sí mismo” 3 ; y para ser dueño de sí mismo se debe tener moderación en todas las cosas, o sea, ejercer autodominio.

Cuando Alma el joven enseñó en la tierra de Gedeón, dijo lo siguiente:

“…espero que no os hayáis envanecido con el orgullo de vuestros corazones; sí, confío en que no hayáis puesto vuestros corazones en las riquezas y las vanidades del mundo…”.

“…quisiera que fueseis humildes, que fueseis sumisos y dóciles; fáciles de persuadir; llenos de paciencia y longanimidad; siendo moderados en todas las cosas” 4 .

En otro mensaje más adelante, Alma enseñó a su hijo Shiblón y, por extensión, también a todos nosotros: “Procura no ensalzarte en el orgullo” 5 ; en vez, debía ser “diligente y moderado en todas las cosas” 6 . El ser moderado significa examinar nuestras expectativas y deseos, y ser diligentes y pacientes en nuestro esfuerzo por alcanzar metas dignas.

Hace unos años, volvía a casa del trabajo en el auto cuando un gran camión semirremolque que iba en dirección opuesta perdió uno de sus neumáticos dobles. El neumático voló sobre la medianera que separaba los carriles y vino rebotando hacia mi lado de la carretera. Los autos empezaron a virar en ambas direcciones sin saber en qué dirección iría el neumático. Yo me fui hacia la izquierda para esquivarlo cuando tendría que haberme desviado hacia la derecha, y la goma rebotó por última vez justo en el costado de mi parabrisas.

Un amigo llamó a mi esposa para avisarle del accidente. Ella me dijo después que en lo primero que pensó fue en las heridas que me habría causado el vidrio al hacerse pedazos. En efecto, quedé cubierto con trocitos del vidrio roto, pero no sufrí ni siquiera un rasguño. Definitivamente no fue por mis habilidades para conducir; más bien fue porque el parabrisas estaba hecho de vidrio templado.

El vidrio templado, así como el acero templado, pasa por un proceso de calentamiento bien controlado que aumenta su resistencia; por lo tanto, cuando el vidrio templado está bajo presión, no se rompe fácilmente en fragmentos dentados que puedan causar daño.

Del mismo modo, un alma templada, una que sea humilde y llena de amor, es también una persona de mayor fortaleza espiritual. Con mayor fortaleza espiritual, podemos desarrollar el autodominio y vivir con moderación; aprendemos a controlar o moderar el enojo, la vanidad y el orgullo. Con mayor fortaleza espiritual nos protegemos de los peligrosos excesos y adicciones destructivas de nuestro mundo actual.

Todos buscamos la serenidad y todos deseamos seguridad y felicidad para nuestra familia. Si tratamos de encontrar el lado bueno de la recesión de este año pasado, tal vez sea que las pruebas que algunos de nosotros hayamos enfrentado nos hayan enseñado que la paz interior, la seguridad y la felicidad no provienen de comprar una casa ni de acumular posesiones que hacen que la deuda contraída resulte mayor de lo que nuestros ahorros o ingresos nos permitan. Seguir leyendo

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José Smith: Profeta de la Restauración

Conferencia General Octubre 2009
José Smith: Profeta de la Restauración
Élder Tad R. Callister
De los Setenta

Por medio de José Smith se han restaurado todos los poderes, las llaves, las enseñanzas y las ordenanzas necesarios para la salvación y la exaltación.

Supongan por un momento que alguien les diera estos tres datos sobre un personaje del Nuevo Testamento y nada más: Primero: el Salvador dijo acerca de este hombre: “¡Oh hombre de poca fe!” (Mateo 14:31); segundo: este hombre, en un momento de enojo, le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote; y tercero: este hombre negó conocer al Salvador en tres ocasiones aunque había caminado con Él a diario. Si eso fuese lo único que hubiesen sabido o tenido en cuenta, podrían haber considerado a este hombre un truhán o bueno para nada; pero al hacerlo, no hubieran llegado a conocer a uno de los hombres más extraordinarios que caminó sobre la tierra: el apóstol Pedro.

Del mismo modo, algunos han tratado de concentrarse en algunas de las debilidades mínimas del profeta José Smith, o de exagerarlas; pero, en el transcurso de ello, también le han errado al punto principal, al hombre y a su misión. José Smith fue el ungido del Señor para restaurar la Iglesia de Cristo a la tierra. Después de salir de la arboleda, con el tiempo aprendió cuatro verdades fundamentales que la mayor parte del mundo cristiano de la época no enseñaba.

Primero, aprendió que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo son dos seres separados y distintos. La Biblia confirma el hallazgo de José Smith; nos dice que el Hijo sometió Su voluntad al Padre (véase Mateo 26:42). Nos conmueve la sumisión del Salvador y encontramos fortaleza en Su ejemplo para hacer lo mismo; pero, ¿cuál habría sido la profundidad y el fervor de la sumisión de Cristo, o cuál sería el poder motivador de ese ejemplo si el Padre y el Hijo fuesen la misma persona y en realidad el Hijo sólo estuviese haciendo Su propia voluntad bajo otro nombre?

Las Escrituras dan más evidencia de esta gran verdad: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito” (Juan 3:16). Que un padre dé como ofrenda a su hijo es la demostración suprema de amor que la mente y el alma humana puedan concebir y sentir. Está simbolizada en la enternecedora historia de Abraham e Isaac (véase Génesis 22). Pero si el Padre y el Hijo son el mismo ser, entonces ese sacrificio supremo ya no existe, y Abraham ya no está ofreciendo a Isaac; Abraham está ofreciendo a Abraham.

La segunda gran verdad que José Smith descubrió fue que el Padre y el Hijo tienen cuerpos glorificados de carne y huesos. Después de la resurrección del Salvador, Él se apareció a Sus discípulos y dijo: “…palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Algunas personas han sugerido que ésa fue una manifestación física temporaria, y que cuando ascendió al cielo dejó Su cuerpo y regresó a Su forma de espíritu. Pero las Escrituras nos enseñan que eso no era posible. Pablo enseñó: “…sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” (Romanos 6:9). En otras palabras, una vez que Cristo había resucitado, Su cuerpo ya no podía separarse de Su espíritu; de otro modo, sufriría la muerte, la misma consecuencia que Pablo dijo que no era posible después de Su resurrección. Seguir leyendo

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Intentando lo imposible

Conferencia General Octubre 2009
Intentando lo imposible
Élder Jorge F. Zeballos
Del Quórum de los Setenta

La vida eterna es vivir con nuestro Padre y con nuestra familia para siempre jamás. ¿No debería ser esta promesa el mayor incentivo para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance?

Cuando los doce discípulos fueron llamados en las Américas, el Señor Jesucristo les mandó diciendo: “Por tanto, quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” 1 . El Salvador recién había finalizado Su exitosa, abnegada y trascendental misión sobre la tierra. Esto le permitió declarar con toda autoridad que Él y Su Padre, nuestro Padre, son los modelos que debe seguir cada uno de nosotros.

En principio, y desde un punto de vista netamente humano, esto parece ser una tarea imposible de llevarse a cabo; sin embargo, comienza a aparecer como posible cuando comprendemos que, para alcanzarla, no estamos solos. Las más maravillosas y poderosas de las ayudas que un ser humano podría intentar obtener están siempre disponibles. En primer lugar, está la mano bondadosa y amorosa del Padre Eterno quien desea que regresemos a Su presencia para siempre. Como nuestro Padre, Él está siempre dispuesto y deseoso de perdonar nuestros errores, nuestras debilidades, los pecados que cometemos, perdón que está sujeto tan sólo a un arrepentimiento total y sincero. Y como complemento de ello, y como la máxima manifestación de Su inmenso amor por cada uno de Sus hijos, se nos provee de las consecuencias de la obra sin igual realizada por el Salvador, a saber: la Expiación, llevada a cabo por un obediente Hijo siempre dispuesto a hacer la voluntad del Padre en beneficio de cada uno de nosotros.

El Señor reveló al profeta José Smith lo siguiente: “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” 2 . Esta promesa divina es posible de alcanzar. La vida eterna es vivir con nuestro Padre y con nuestra familia para siempre jamás 3 . ¿No debería ser esta promesa el mayor incentivo para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance, para entregar nuestros mejores esfuerzos en pos de lo que se nos ha prometido?

En los albores de la Restauración, cuando esta obra maravillosa estaba a punto de aparecer entre los hijos de los hombres, el Señor dijo: “Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día” 4 . Con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza, es decir, con todo nuestro ser.

El presidente David O. McKay dijo: “Las ricas recompensas sólo vienen a los luchadores tenaces” 5 . Estas recompensas serán de aquellos que cultivan la fe en Jesucristo y cumplen con Su voluntad para trabajar, sacrificar y entregar todo lo que han recibido para fortalecer y edificar el Reino de Dios.

El cumplimiento de la promesa divina de tener la vida eterna, de alcanzar la perfección y de ser felices para siempre en la unidad familiar está sujeto a la demostración sincera de nuestra fe en Jesucristo, obediencia a los mandamientos, perseverancia y diligencia a través de nuestra vida. Seguir leyendo

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El procurar conocer a Dios, nuestro Padre Celestial, y a Su Hijo Jesucristo

Conferencia General Octubre 2009
El procurar conocer a Dios, nuestro Padre Celestial, y a Su Hijo Jesucristo
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La luz de la creencia está en ustedes y está esperando que el Espíritu de Dios la despierte y la intensifique.

Mis hermanos y hermanas, expreso gratitud por el testimonio de Dios, nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo, que han dado profetas vivientes durante esta conferencia, y por las enseñanzas del Espíritu Santo.

Como se profetizó, vivimos en una época en la que la oscuridad del secularismo se intensifica cada vez más a nuestro alrededor. Se cuestiona extensamente la creencia en Dios e incluso se la ataca en nombre de causas políticas, sociales y hasta religiosas. El ateísmo, o la doctrina de que Dios no existe, se está extendiendo rápidamente por todo el mundo.

Aun así, como miembros de la Iglesia restaurada de Jesucristo, declaramos que “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” 1 .

Algunos se preguntan: ¿por qué es tan importante creer en Dios? ¿Por qué dijo el Salvador: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”? 2 .

Sin Dios, la vida terminaría en la tumba y nuestras experiencias terrenales carecerían de propósito. El crecimiento y el progreso serían temporales; los logros, sin valor; los desafíos, sin sentido. No habría ni bien ni mal definitivos, ni responsabilidad moral de cuidarnos los unos a los otros como hijos de Dios que somos. De hecho, sin Dios, no habría ni vida terrenal ni vida eterna.

Si ustedes o alguien a quien aman están buscando un propósito en la vida o una convicción más profunda de la presencia de Dios en nuestra vida, yo les ofrezco, como amigo y como Apóstol, mi testimonio. ¡Él vive!

Algunos se preguntarán: ¿Cómo puedo saberlo por mí mismo? Sabemos que Él vive porque creemos en el testimonio de Sus profetas antiguos y vivientes, y hemos sentido el Espíritu de Dios que confirma que el testimonio de esos profetas es verdadero.

Por medio de sus testimonios, registrados en las Santas Escrituras, sabemos que “[Dios] creó al hombre, varón y hembra, según su propia imagen, y a su propia semejanza él los creó” 3 . Algunos quizá se sorprendan al enterarse que nos parecemos a Dios. Un prominente erudito religioso incluso ha enseñado que el imaginarse a Dios en la forma de hombre es crear una imagen, lo cual es idólatra y blasfemo 4 . Pero Dios mismo dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” 5 .

El uso de las palabras hagamos y nuestra de este pasaje también nos enseña sobre la relación que existe entre el Padre y el Hijo. Dios además enseñó: “…he creado estas cosas por medio de mi [Hijo] Unigénito” 6 . El Padre y el Hijo son personas separadas y distintas: como siempre lo son todo padre e hijo. Ésta podría ser una razón por la que el nombre de Dios en hebreo, “Elohím”, no es singular, sino plural.

Por el Nuevo Testamento sabemos que el Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo tienen presencia física. Ellos se encuentran en un lugar a la vez, como testificó Esteban, el discípulo del Nuevo Testamento: “¡He aquí, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios!” 7 .

También sabemos que el Padre y el Hijo tienen voz. Según se registra en Génesis y en el libro de Moisés, Adán y Eva “oyeron la voz de Dios el Señor, mientras se paseaban en el jardín al fresco del día” 8 .

Sabemos que el Padre y el Hijo tienen rostro, que pueden estar de pie y que conversan. El profeta Enoc declaró: “Vi al Señor; y estaba ante mi faz, y habló conmigo, así como un hombre habla con otro” 9 .

Sabemos que Dios y Su Hijo tienen cuerpos con forma y partes semejantes a las nuestras. En el libro de Éter, en el Libro de Mormón, leemos: “Y fue quitado el velo de ante los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor; y era como el dedo de un hombre, a semejanza de carne y sangre” 10 . Más adelante, el Señor se mostró en su totalidad y dijo: “He aquí, este cuerpo que ves ahora es el cuerpo de mi espíritu; y… apareceré a mi pueblo en la carne” 11 .

Sabemos que el Padre y el Hijo tienen sentimientos por nosotros. En el libro de Moisés se registra: “Y aconteció que el Dios del cielo miró al resto del pueblo, y lloró” 12 .

Y sabemos que Dios y Su Hijo Jesucristo son seres inmortales, glorificados y perfeccionados. El profeta José Smith relata lo siguiente acerca del Salvador Jesucristo: “Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas” 13 .

Ningún testimonio es tan importante para nosotros como el testimonio de José Smith. Él fue el profeta escogido para restaurar la antigua Iglesia de Cristo en ésta, la última vez en que el Evangelio estará sobre la tierra antes de que Jesucristo vuelva. Al igual que todos los profetas que iniciaron la obra de Dios en sus dispensaciones, a José se le dieron experiencias proféticas especialmente claras y poderosas con el fin de preparar al mundo para la segunda venida del Salvador. Seguir leyendo

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El amor y la ley

Conferencia General Octubre 2009

El amor y la ley

Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El amor de Dios no sustituye Sus leyes ni Sus mandamientos, y el efecto de éstos no disminuye el propósito ni el efecto de Su amor.


He tenido la impresión de hablar acerca del amor de Dios y de Sus mandamientos. Mi mensaje es que el amor universal y perfecto de Dios se manifiesta en todas las bendiciones de Su plan del Evangelio, incluso el hecho de que Sus más ricas bendiciones están reservadas para los que obedezcan Sus leyes 1 . Éstos son principios eternos que deben guiar a los padres en su amor por los hijos y en su forma de enseñarles.

I.

Empiezo con cuatro ejemplos, los cuales ilustran cierta clase de confusión terrenal en cuanto al amor y a la ley:

• Un joven adulto que cohabita con su pareja les dice a sus acongojados padres: “Si de verdad me amaran, nos aceptarían a mí y a mi pareja tal como aceptan a los hijos casados”.

• Un joven reacciona ante las órdenes o presión de los padres, diciendo: “Si de verdad me amaran, no me obligarían”.

En estos ejemplos, la persona que viola un mandamiento afirma que el amor paternal debe invalidar los mandamientos de la ley divina y las enseñanzas de los padres.

Los dos ejemplos siguientes demuestran la confusión terrenal en cuanto a los efectos del amor de Dios:

• Una persona rechaza la doctrina de que una pareja se debe casar por la eternidad para disfrutar una relación familiar en la vida venidera, diciendo: “Si Dios en verdad nos amara, no puedo creer que Él separaría a marido y mujer de esa manera”.

• Otra persona dice que su fe ha quedado destruida a causa del sufrimiento que Dios permite que sobrevenga a otro ser humano o a una raza, y llega a esta conclusión: “Si hubiera un Dios que nos amara, no permitiría que esto sucediera”.

Esas personas no creen en las leyes eternas porque son contrarias al concepto que ellas tienen del efecto del amor de Dios. Los que asumen esta postura no comprenden la naturaleza del amor de Dios ni el propósito de Sus leyes y mandamientos. El amor de Dios no sustituye Sus leyes ni Sus mandamientos, y el efecto de éstos no disminuye el propósito ni el efecto de Su amor. Esto mismo se aplica al amor y a las reglas de los padres.

II.

Primeramente, consideremos el amor de Dios, que el presidente Dieter F. Uchtdorf describió tan significativamente esta mañana. “¿Quién nos apartará del amor de Cristo?”, pregunta el apóstol Pablo. No la tribulación, ni la persecución, ni el peligro, ni la espada (véase Romanos 8:35). “Por lo cual estoy convencido”, concluye, “de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá apartar del amor de Dios” (vers. 38–39).

No existe evidencia más grandiosa del infinito poder y de la perfección del amor de Dios que lo que declara el apóstol Juan: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito” (Juan 3:16). Otro Apóstol escribió que Dios “no escatimó ni a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). Piensen cuán doloroso debió haber sido para nuestro Padre Celestial enviar a Su Hijo a soportar el incomprensible sufrimiento por nuestros pecados. ¡Ésta es la evidencia más extraordinaria de Su amor por cada uno de nosotros! Seguir leyendo

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Más diligentes y atentos en el hogar

Conferencia General Octubre 2009
Más diligentes y atentos en el hogar
Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

A medida que seamos más fieles para aprender, vivir y amar el Evangelio restaurado de Jesucristo, llegaremos a ser más diligentes y atentos en nuestro hogar

En 1833, el profeta José Smith recibió una revelación para varios líderes de la Iglesia con una fuerte amonestación de poner en orden a sus respectivas familias (véase D. y C. 93:40–50). Una frase específica de esa revelación sirve de tema para mi mensaje: “más diligentes y atentos en el hogar” (versículo 50). Deseo sugerir tres formas en las que cada uno de nosotros puede ser más diligente y atento en su hogar. Los invito a que escuchen con oídos que oigan y con un corazón que sienta, y ruego que el Espíritu del Señor esté con todos nosotros.

Sugerencia 1: Expresar amor y demostrarlo

Para empezar a ser más diligentes y atentos en el hogar podemos decir a los seres queridos que los amamos. Dichas expresiones no tienen que ser floridas ni extensas; simplemente debemos expresar amor de manera sincera y frecuente.

Hermanos y hermanas, ¿cuándo fue la última vez que tomaron a su compañero eterno entre los brazos y le dijeron: “Te amo”? Padres, ¿cuándo fue la última vez que de manera genuina expresaron amor a sus hijos? Hijos, ¿cuándo fue la última vez que dijeron a sus padres que los aman?

Todos nosotros sabemos que debemos decir a nuestros seres queridos que los amamos, pero lo que sabemos no siempre se refleja en lo que hacemos. Tal vez nos sintamos inseguros, incómodos o quizás un poco avergonzados.

Como discípulos del Salvador, no sólo tratamos de saber más, sino que debemos hacer de manera constante más de lo que sabemos que es correcto y llegar a ser mejores.

Debemos recordar que el decir “Te amo” es solamente el comienzo; debemos decirlo, decirlo de corazón y, lo más importante, demostrarlo constantemente. Debemos expresarlo y también demostrar el amor.

El presidente Thomas S. Monson dio este consejo hace poco tiempo: “Con frecuencia suponemos que [las personas que nos rodean] deben saber cuánto [las] queremos; pero nunca debemos suponerlo; debemos hacérselo saber… Nunca nos lamentaremos por las palabras de bondad que digamos ni el afecto que demostremos; más bien, nos lamentaremos si omitimos esas cosas en nuestra interacción con aquellos que son los que más nos importan” (“Encontrar gozo en el trayecto”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 86).

A veces, en un discurso o un testimonio de la reunión sacramental, oímos algo así: “Sé que no le digo a mi esposa con suficiente frecuencia cuánto la quiero. Hoy deseo que ella, mis hijos y todos ustedes sepan que la amo”.

Tal manifestación de afecto quizás sea apropiada, pero cuando escucho una declaración como ésa, me siento incómodo y para mis adentros exclamo que la esposa y los hijos no deberían estar escuchando esa expresión, privada y aparentemente desacostumbrada, en público y en la Iglesia. Espero que los hijos oigan expresiones de amor y vean demostraciones de cariño entre sus padres en el diario vivir. Sin embargo, si la declaración pública de afecto en la Iglesia cae de sorpresa a la esposa o a los hijos, entonces es obvio que se debe ser más diligente y atento en el hogar.

La relación que existe entre el amor y la acción que lo demuestre se indica repetidamente en las Escrituras y se pone de relieve en la instrucción que el Salvador dio a Sus Apóstoles: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Así como nuestro amor por el Señor se manifiesta al andar siempre en sus caminos (véase Deuteronomio 19:9), así también el amor por el cónyuge, los padres y los hijos se refleja con mayor fuerza en nuestros pensamientos, palabras y hechos (véase Mosíah 4:30).

El sentir la seguridad y la constancia del amor de un cónyuge, de un padre o de un hijo es una rica bendición. Ese amor nutre y sostiene la fe en Dios, es una fuente de fortaleza y aleja el temor (véase 1 Juan 4:18). Ese amor es el deseo de toda alma humana.

A medida que expresemos amor y lo demostremos continuamente, llegaremos a ser más diligentes y atentos en nuestro hogar. Seguir leyendo

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La enseñanza ayuda a salvar vidas

Conferencia General Octubre 2009
La enseñanza ayuda a salvar vidas
Russell T. Osguthorpe
Presidente General de la Escuela Dominical

Enseñamos la doctrina clave, invitamos a los alumnos a que hagan la obra que Dios tiene para ellos y luego prometemos que las bendiciones sin duda llegarán.

Un día, mientras servía como presidente de misión, estaba hablando por teléfono con nuestro hijo mayor que se dirigía al hospital donde trabajaba como médico. Al llegar al hospital, dijo: “Me dio gusto hablar contigo, papá, pero ahora tengo que bajarme del auto para ir a salvar vidas”.

Nuestro hijo atiende a niños con enfermedades mortales. Si diagnostica correctamente la enfermedad y da el tratamiento adecuado, puede salvar la vida de un niño. Les dije a nuestros misioneros que el trabajo de ellos también era el de salvar vidas, la vida espiritual de las personas a las que enseñan.

El presidente Joseph F. Smith dijo: “Cuando [recibimos] la verdad, la verdad [nos] salvará. No [seremos salvos] simplemente porque alguien [nos] la haya enseñado, sino porque la [aceptamos y procedimos] de acuerdo con ella” (Conference Report, abril de 1902, pág. 86; véase también, La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 53; 1 Timoteo 4:16).

Nuestro hijo salva vidas al compartir su conocimiento de medicina; los misioneros y maestros de la Iglesia ayudan a salvar vidas al compartir su conocimiento del Evangelio. Cuando se valen del Espíritu, los misioneros y los maestros enseñan el principio adecuado, invitan a las personas a vivir ese principio y dan testimonio de las bendiciones prometidas que ciertamente se recibirán. El élder David A. Bednar presentó estos tres elementos sencillos de la enseñanza eficaz en una capacitación reciente: (1) la doctrina clave, (2) la invitación a actuar y (3) las bendiciones prometidas.

La guía Predicad Mi Evangelio ayuda a los misioneros a enseñar la doctrina clave, y a invitar a las personas a quien ellos enseñan a actuar y recibir las bendiciones prometidas. La guía La enseñanza: El llamamiento más importante, ayuda a los padres y a los maestros a hacer lo mismo; es para la enseñanza del Evangelio lo que Predicad Mi Evangelio es para la obra misional. Las usamos a fin de prepararnos para enseñar, y luego nos valemos del Espíritu al enseñar.

El presidente Thomas S. Monson cuenta de una maestra de la Escuela Dominical cuando él era joven; se llamaba Lucy Gertsch. Un domingo, durante una lección sobre el servicio desinteresado, la hermana Gertsch invitó a sus alumnos a dar los fondos de la clase para una fiesta a un compañero cuya madre había fallecido. El presidente Monson dijo que al invitarles a actuar, la hermana Gertsch “cerró el manual y nos abrió los ojos, los oídos y el corazón a la gloria de Dios” (“Ejemplos de grandes maestros”, Liahona, junio de 2007, pág. 76 [tomado de la reunión mundial de capacitación de líderes, 10 de febrero de 2007]). La hermana Gertsch sin duda había utilizado el manual para preparar la lección, pero al recibir inspiración, cerró el manual e invitó a los alumnos a vivir el principio del Evangelio que estaba enseñando. Seguir leyendo

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