Para que vuestras cargas sean ligeras

Conferencia General Octubre 2009
Para que vuestras cargas sean ligeras
Élder L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta

Las cargas proporcionan oportunidades de poner en práctica las virtudes que nos llevarán a la perfección.

Hace muchos años, caminaba al amanecer por las estrechas calles adoquinadas de Cusco, Perú, en lo alto de los Andes, y vi a un lugareño que transitaba por una de ellas. No era un hombre físicamente grande, pero cargaba una inmensa cantidad de leña en una enorme talega (o saco de yute) sobre la espalda. El costal parecía del mismo tamaño que el hombre, y la carga debía pesar lo mismo que él. Lo llevaba atado con una cuerda que pasaba por debajo del costal y le rodeaba la frente; y él sujetaba la cuerda con firmeza a ambos lados de la cabeza. Llevaba un paño sobre la frente, debajo de la cuerda, para evitar que le cortara la piel. Se inclinaba hacia adelante bajo la pesada carga y caminaba con paso lento y dificultoso.

El hombre llevaba la leña al mercado donde se vendería. En un día típico, es probable que hiciera unos dos o tres viajes de ida y vuelta a través de la ciudad a fin de entregar otras cargas igualmente incómodas y pesadas.

El recuerdo de ese hombre inclinado, caminando con dificultad por la calle, ha llegado a ser cada vez más significativo para mí con el correr de los años. ¿Por cuánto tiempo podría continuar llevando semejantes cargas?

La vida impone todo tipo de cargas sobre cada uno de nosotros; algunas ligeras, otras implacables y pesadas. Las personas luchan todos los días con cargas que ponen a prueba su alma. Muchos de nosotros luchamos con esas cargas. Pueden ser emocional o físicamente pesadas; pueden ser preocupantes, opresivas y agotadoras; y puede que continúen por años.

En sentido general, nuestras cargas provienen de tres fuentes. Algunas son el producto natural de las condiciones del mundo en el que vivimos. La enfermedad, la discapacidad física, los huracanes y los terremotos ocurren de tanto en tanto sin que exista culpa alguna de nuestra parte. Podemos prepararnos para esos riesgos y a veces podemos predecirlos, pero en el diseño natural de la vida, todos afrontaremos algunos de esos desafíos.

Otras cargas se imponen sobre nosotros por el mal comportamiento de otras personas. El maltrato y las adicciones pueden convertir nuestro hogar en todo menos un cielo en la tierra para los integrantes inocentes de la familia. El pecado, las tradiciones incorrectas, la represión y el delito dejan muchas víctimas con cargas a lo largo del sendero de la vida. Aun actos indebidos menos graves como el chisme y la crueldad pueden causar verdadero sufrimiento a otras personas.

Nuestros propios errores y limitaciones producen muchos de nuestros problemas y pueden colocar pesadas cargas sobre nuestros propios hombros. La carga más onerosa que imponemos sobre nosotros mismos es la del pecado. Todos hemos conocido el remordimiento y el dolor que inevitablemente sentimos al no guardar los mandamientos.

No importa qué cargas afrontemos en la vida, sean consecuencias de condiciones naturales, de la mala conducta de los demás o de nuestros propios errores o limitaciones, todos somos hijos de un Padre Celestial amoroso que nos ha enviado a la tierra como parte de Su plan eterno para nuestro desarrollo y progreso. Nuestras experiencias singulares e individuales nos ayudarán a prepararnos para regresar a Él. Nuestra adversidad y aflicciones, por más difíciles que sean de soportar, desde la perspectiva eterna no durarán más que por “un breve momento; y entonces, si lo[s] sobrelleva[mos] bien, Dios [nos] exaltará” 1 . Debemos hacer todo lo posible por sobrellevar “bien” nuestras cargas, dure lo que dure ese “breve momento”. Seguir leyendo

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Ayudar a los demás a reconocer los susurros del Espíritu

Conferencia General Octubre 2009
Ayudar a los demás a reconocer los susurros del Espíritu
Vicki F. Matsumori
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Podemos ayudar a los demás a familiarizarse más con las impresiones del Espíritu cuando compartimos nuestro testimonio de la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Al final del día, un par de misioneros se dirigen a casa cuando uno de ellos repentinamente le dice al otro: “Siento que debemos detenernos en este último lugar”. Un maestro orientador tiene la impresión de que debe llamar a una de las familias que acaba de visitar hace unos días. Una jovencita planea asistir a la fiesta de una compañera de la escuela pero siente que esta vez debe quedarse en casa.

¿Cómo supieron los misioneros que debían llamar a la puerta de alguien que había estado orando para que ellos lo visitaran? ¿O el maestro orientador que debía llamar a una familia que tenía una necesidad desesperante? ¿O la jovencita que debía mantenerse alejada de una situación que podría comprometer sus valores? En cada una de estas situaciones fueron guiados por la influencia del Espíritu Santo.

Los miembros de todo el mundo tienen experiencias similares con regularidad, y hay quienes desean sentir el Espíritu para que los guíe diariamente en su vida. Si bien cada persona puede aprender a reconocer los susurros del Espíritu, ese proceso de aprendizaje se puede facilitar a medida que los demás nos ayuden a comprender en cuanto al Espíritu Santo, compartan su testimonio personal y proporcionen un ambiente en el que se sienta el Espíritu.

Comprender la doctrina

La importancia de ayudar a los demás a comprender se describe en Doctrina y Convenios. A los padres “en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas”, se les dice que deben ayudar a sus hijos “a comprender la doctrina” 1 .

Ya sea que estemos en un aula, en una charla misional o en una noche de hogar, el enseñar la doctrina en cuanto al Espíritu Santo puede ser de ayuda para que los demás comprendan este importante don. Aprendemos que mientras que “a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal” 2 , el derecho a la compañía constante del Espíritu Santo se obtiene cuando aquellos que tienen la debida autoridad dan a los miembros dicho don por la imposición de manos 3 .

Esta compañía puede seguir siendo nuestra si somos dignos. Se nos dice que “el Espíritu del Señor no habita en templos inmundos” 4 y que a medida que “dej[emos] que la virtud engalane [nuestros] pensamientos incesantemente; entonces… el Espíritu Santo será [nuestro] compañero constante” 5 .

Las Escrituras y los profetas enseñan lo que se siente al tener esa compañía constante. El Señor nos dice: “…hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón” 6 . Enós declaró: “…mientras… me hallaba luchando en el espíritu, he aquí, la voz del Señor… penetró mi mente” 7 . José Smith dijo: “Cuando sientan que la inteligencia pura fluye en ustedes, eso podrá darles una repentina corriente de ideas” 8 . El presidente Henry B. Eyring describió la influencia del Espíritu Santo como “paz, esperanza y gozo”. También dijo: “Casi siempre también he sentido una sensación de luz” 9 .

Sin embargo, mi descripción favorita proviene de un niño de ocho años que acababa de recibir el don del Espíritu Santo. Él dijo: “Se sintió como la luz del sol”. Seguir leyendo

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Cómo obtener guía espiritual

Conferencia General Octubre 2009

Cómo obtener guía espiritual

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mediante la práctica esmerada y la aplicación de principios correctos y al ser sensible a los sentimientos que recibas, obtendrás guía espiritual.


A través de las épocas, muchos han obtenido guía para resolver sus problemas al seguir el ejemplo de personas a quienes respetaban y que resolvieron dificultades similares. Hoy día, las condiciones del mundo cambian tan rápidamente que con frecuencia no nos es posible hacerlo así.

Personalmente me regocijo en esa realidad, porque crea las condiciones para que, por necesidad, dependamos más del Espíritu a fin de que nos oriente a través de las vicisitudes de la vida y, por lo tanto, eso nos lleva a buscar inspiración personal para tomar las decisiones importantes de la vida.

¿Qué puedes hacer para aumentar tu capacidad de dejar que se te guíe a tomar decisiones correctas en la vida? ¿Cuáles son los principios de los cuales depende la comunicación espiritual? ¿Cuáles son las posibles barreras a esa comunicación que debes evitar?

El presidente John Taylor escribió: “Hace más de cuarenta años, José Smith me dijo: ‘Hermano Taylor, usted ha recibido el Espíritu Santo. Ahora, siga la influencia de ese Espíritu que lo conducirá a toda la verdad, hasta que finalmente, se convertirá para usted en un principio de revelación’. Después me dijo que nunca me levantara por la mañana sin inclinarme ante el Señor y dedicarme a Él durante ese día” 1 .

El Padre Celestial sabía que afrontarías desafíos y que tendrías que tomar algunas decisiones más allá de tu propia habilidad para decidir correctamente. En Su plan de felicidad, Él dispuso el medio para que, durante tu vida terrenal, recibieras ayuda con esos problemas y decisiones. Esa ayuda vendrá mediante la guía espiritual del Espíritu Santo. Es un poder que va más allá de tu capacidad, y que un amoroso Padre Celestial desea que utilices en forma constante para que tengas paz y felicidad.

Estoy convencido de que no existe una fórmula o técnica sencilla que te permita dominar de inmediato la habilidad de recibir la guía del Espíritu. Nuestro Padre espera que aprendas la forma de obtener esa ayuda divina al ejercer la fe en Él y en Su Santo Hijo Jesucristo. Si recibieras guía inspirada sólo con pedirla, te convertirías en un ser débil y más dependiente de Ellos. Ellos saben que el crecimiento personal esencial vendrá a medida que te esfuerces por saber cómo dejarte guiar por el Espíritu.

Lo que al principio podría parecer una tarea de enormes proporciones, a medida que pase el tiempo será mucho más fácil si te esfuerzas constantemente por reconocer y seguir la inspiración del Espíritu. Tu confianza en la dirección que recibas por medio del Espíritu Santo también será más fuerte. Te testifico que al ganar experiencia y tener éxito al dejarte guiar por el Espíritu, tu confianza en las impresiones que sientas será mucho más firme que tu dependencia en lo que veas u oigas.

La espiritualidad produce dos frutos: El primero es la inspiración para saber qué hacer. El segundo es el poder o la capacidad para hacerlo. Esas dos capacidades van de la mano; por eso Nefi pudo decir: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado” 2 . Él conocía las leyes espirituales sobre las cuales se basan la inspiración y el poder. Sí, Dios contesta las oraciones y nos brinda dirección espiritual cuando somos obedientes y ejercemos en Él la fe requerida.

Voy a contarles ahora una experiencia que me enseñó una forma de obtener guía espiritual. Un domingo asistí a la reunión del sacerdocio de una rama de la Ciudad de México. Recuerdo vívidamente cómo un humilde líder del sacerdocio mexicano se esforzaba por comunicar las verdades del Evangelio del material de su lección. Noté el inmenso deseo que él tenía de compartir con los miembros de su quórum esos principios que él valoraba tanto; él se daba cuenta de que tenían gran valor para los presentes. Su actitud evidenciaba su amor puro por el Salvador y el amor que sentía por aquellos a quienes enseñaba.

Su sinceridad y su intención pura hicieron que una gran fortaleza espiritual envolviera el salón. Me sentí sumamente conmovido. Después comencé a recibir impresiones personales como extensión de los principios que ese humilde maestro había enseñado. Fueron personales y relacionadas con mis asignaciones en el área, y una respuesta a mis prolongados esfuerzos y oraciones en busca de aprendizaje.

Al recibir cada impresión, la anotaba al detalle. En el proceso, recibí magníficas verdades que necesitaba enormemente para ser un siervo del Señor más eficiente. Los detalles de esa comunicación son sagrados y, como una bendición patriarcal, fueron sólo para mi beneficio. Recibí dirección, instrucciones y promesas condicionadas específicas que alteraron para bien el curso de mi vida. Seguir leyendo

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Bienvenidos a la conferencia

Conferencia General Octubre 2009
Bienvenidos a la conferencia
Presidente Thomas S. Monson

Deseamos que la mayor cantidad posible de miembros tenga la oportunidad de asistir al templo sin tener que viajar distancias excesivas.

Mis queridos hermanos y hermanas, envío mis saludos a todos al comenzar ésta, la Conferencia General Semestral número 179 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuán agradecido estoy por la era en la que vivimos, una era de tecnología tan avanzada que podemos dirigirnos a ustedes en el otro lado del mundo. Aun cuando las Autoridades Generales y los líderes de las organizaciones auxiliares estén aquí en el centro de conferencias de Salt Lake City, nuestras voces llegarán a ustedes por diversos medios, entre ellos: la radio, la televisión, transmisiones vía satélite y por internet; y aunque les estemos hablando en inglés, nos oirán en unos 92 idiomas.

Desde que nos reunimos en abril de este año, hemos dedicado el hermoso Templo Oquirrh Mountain, Utah, en South Jordan, Utah. Intercalado entre la dedicación del Templo de Draper, Utah, en marzo y esta dedicación más reciente del Templo Oquirrh Mountain, Utah, en agosto, se llevó a cabo un evento cultural espectacular de dos noches donde participaron los jóvenes de los dos distritos de templo. La presentación revivió, por medio del canto y de la danza, el gran legado de Utah. En total, unos 14.000 jóvenes participaron entre las dos noches.

Seguimos construyendo templos. Deseamos que la mayor cantidad posible de miembros tenga la oportunidad de asistir al templo sin tener que viajar distancias excesivas. En el mundo, el ochenta y tres porciento de nuestros miembros viven a unos 320 kilómetros de un templo. Ese porcentaje seguirá aumentando a medida que construyamos templos nuevos alrededor del mundo. En la actualidad hay 130 templos en funcionamiento, con 16 que se han anunciado o que están en construcción. Esta mañana, tengo el placer de anunciar cinco templos adicionales en donde se están adquiriendo los terrenos y, en los meses y años venideros, los construiremos en los siguientes lugares: Brigham City, Utah; Concepción, Chile; Fortaleza, Brasil; Fort Lauderdale, Florida; y Sapporo, Japón.

En los templos se llevan a cabo millones de ordenanzas a favor de nuestros seres queridos que han muerto. Ruego que continuemos siendo fieles en efectuar esas ordenanzas por aquellas personas que no pueden hacerlo por sí mismas. Me encantan las palabras del presidente Joseph F. Smith al hablar del prestar servicio en el templo y del mundo de los espíritus más allá de la muerte. Él dijo: “Mediante nuestros esfuerzos en bien de esas personas, les serán desatadas las cadenas del cautiverio y se disiparán las tinieblas que las rodean a fin de que brille sobre ellas la luz y en el mundo de los espíritus sepan acerca de la obra que se ha efectuado por su [gente] aquí, y se regocijen con ustedes por el cumplimiento de estos deberes” 1 .

Hermanos y hermanas, la Iglesia sigue creciendo, como lo ha hecho desde que se organizó hace más de 179 años. Está cambiando la vida de más y más gente cada año y se está extendiendo a lo largo y a lo ancho de la tierra a medida que nuestro cuerpo de misioneros tratan de encontrar a aquellos que buscan las verdades que se encuentran en el evangelio de Jesucristo. Apelamos a todos los miembros de la Iglesia para que sean amigos de los nuevos conversos, para que les extiendan una mano, para que los rodeen de amor y los ayuden a sentirse en casa.

Les pido que continúen ejercitando su fe y oraciones en beneficio de aquellas regiones donde nuestra influencia es limitada y donde no se nos permite compartir el Evangelio libremente en este momento; ocurrirán milagros si lo hacemos.

Ahora, mis hermanos y hermanas, estamos ansiosos por escuchar los mensajes que se nos presentarán a lo largo de los próximos dos días. Quienes se dirigirán a nosotros han buscado ayuda y guía divina al preparar sus mensajes; han recibido impresiones en cuanto a lo que compartirán con nosotros. Que el Espíritu del Señor nos acompañe al escuchar y aprender, es mi oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Joseph F. Smith, en Conference Report, octubre de 1916, pág. 6; véase Liahona, febrero de 2005, pág. 7.

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Andemos en la luz

Conferencia General Abril 2008
Andemos en la luz
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Todos los días, y casi a cada hora, ustedes toman decisiones que las mantienen en la luz o que las desvían hacia las tinieblas.

La vida es un trayecto que nuestro Padre Celestial diseñó amorosamente para cada uno de nosotros. Todos tenemos experiencias y características singulares, pero nuestra jornada comenzó en el mismo lugar antes de que viniésemos a este mundo.

Todos recibimos instrucción de Elohim, el Padre de nuestro espíritu. Lo amábamos y deseábamos ser como Él y estar con Él para siempre. Él nos dijo claramente lo que se requeriría de nosotros para tener gozo. Tendríamos que recibir un cuerpo físico, con todas las pruebas que ello supondría. Estaríamos sujetos a la enfermedad y nuestro cuerpo sufriría determinados procesos que finalmente lo conducirían a la muerte; además, nuestro cuerpo también tendría un fuerte deseo de obtener satisfacción física.

Nuestro Padre Celestial nos explicó lo que se necesitaría para pasar de donde estábamos en ese entonces para estar con Él eternamente y vivir como Él vive. Pasaríamos por esta vida sin el recuerdo del tiempo que pasamos con Él en el mundo de los espíritus, y el único medio de regresar a Él sería que venciésemos la muerte física y los efectos del pecado que resultarían si quebrantábamos los mandamientos. Dijo que no podríamos superar los efectos de la muerte ni del pecado por nosotros mismos, sin que tuviésemos un Salvador que rompiera las ligaduras de la muerte y preparara un medio por el cual fuésemos limpios del pecado que ciertamente cometeríamos.

Por medio de las Escrituras que Dios reveló por conducto de los profetas, ustedes saben que se produjo una rebelión en el mundo de los espíritus cuando se nos presentó el plan para nuestra jornada. Aquellos que se rebelaron no deseaban aceptar al Salvador, ni tener que depender de Él, ni correr el riesgo de no volver de nuevo al Padre Celestial. Cada una de ustedes estaba entre los valientes, los fieles y los leales en ese conflicto. Ustedes aceptaron al Salvador y el plan para este trayecto que nos llevará de regreso al gozo de la presencia de nuestro Padre Celestial.

Ustedes son extraordinarias, aun de entre aquellos que escogieron lo correcto en la batalla del mundo de los espíritus. Merecieron venir a la tierra y realizar este trayecto en una época en la que el evangelio de Jesucristo estaría en la tierra. Y de entre los miles de millones de los hijos de nuestro Padre Celestial que viven en la actualidad, ustedes tuvieron el privilegio de hallar el evangelio de Jesucristo y Su Iglesia verdadera. Es más, el hecho de que estén aquí esta noche indica que eligieron realizar el trayecto de la vida, caminando en la luz.

A cada hijo de nuestro Padre Celestial que llega a este mundo se le da, en el momento de nacer, el don gratuito de la luz de Cristo. Ustedes ya lo han percibido; es ese sentido que nos indica lo que es bueno y lo que es malo, lo que es verdadero y lo que es falso; y eso ha sido parte de ustedes desde el inicio de su trayecto en la vida. El hecho de que se hayan bautizado y hayan recibido el Espíritu Santo es evidencia de que ustedes escogieron caminar en la luz de Cristo.

Cuando fueron confirmadas miembros de la Iglesia, se les concedió el derecho de tener al Espíritu Santo como compañero. El Espíritu Santo es una poderosa fuente de luz para reconocer la verdad, seguir al Señor Jesucristo y amarlo, y hallar el camino de regreso a Dios después de esta vida.

Pero el espíritu que estuvo al frente de la rebelión en el mundo anterior sigue oponiéndose al plan y quiere que ustedes sean miserables; él desea que nunca hallen el camino de regreso a casa. Ese enemigo de sus almas las conoce y sabe de la bondad de ustedes. Sabe que si logra impedir que caminen en la luz, las capturará y evitará que ayuden a otras personas durante el trayecto. Él sabe cuán buenas son ustedes y conoce el poder que tienen para enseñar a cientos de hijos de nuestro Padre Celestial en esta vida e influir en ellos, así como en miles de las generaciones que sigan el camino de ustedes. Si tan sólo logra que durante su jornada se desvíen de la luz, dañaría y hundiría a miles en la miseria.

El hecho de que se hallen aquí, escuchando, demuestra que Dios reconoce cuán importantes son y que han sido escogidas para caminar en la luz que Él ofrece. Las decisiones como ésas no siempre se ven con claridad. Todos los días, y casi a cada hora, ustedes toman decisiones que las mantienen en la luz o que las desvían hacia las tinieblas. Algunas de las decisiones más importantes son aquéllas a las que entregan su corazón.

Hay muchísimas cosas que tal vez ustedes consideren deseables. Por ejemplo, hasta cierto grado, todos deseamos la aprobación de los demás; todos deseamos y necesitamos tener amigos; todos buscamos alguna evidencia de que somos personas de valor. Nuestras decisiones se basan en esos deseos. Algunas quizás nos alejen de la luz que Dios nos ofrece para orientarnos, mientras que otras podrían aumentar esa luz que nos permite hallar el camino. Seguir leyendo

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Las anclas del testimonio

Conferencia General Abril 2008
Las anclas del testimonio
Mary N. Cook
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Fortalezcan su fe al seguir este modelo de oración, estudio y obediencia a los mandamientos.

Cuando vivía en Asia, vi muchos estanques cubiertos con hermosos lirios acuáticos que florecían y añadían una belleza serena y una dulce fragancia a lo que de otro modo serían aguas estancadas y sucias. Sus hojas flotaban en la superficie del agua, y el tallo largo y firme se anclaba en el estanque. El continuo crecimiento del tallo daba estabilidad a la flor, pese a que las fuertes lluvias subían el nivel del agua.

Mis queridas hermanas, ustedes son muy parecidas a esa hermosa flor; su lozanía, pureza y belleza añaden mucho de lo que es bueno a nuestra vida y a la de su familia. Viven en un mundo difícil, contaminado de tentaciones y pruebas, sin embargo, el testimonio que poseen del Señor Jesucristo puede ser su ancla. La fe en el Señor Jesucristo fortalecerá y aumentará su testimonio, y podrán elevarse por encima de las maldades del mundo y mantenerse en una posición de rectitud.

Se define un ancla como algo “que proporciona estabilidad o confianza en lo que de otro modo sería una situación inestable” 1 . Su testimonio será su ancla y les dará la confianza para mantenerse “firmes e inmutables” 2 al guardar los mandamientos del Señor en un mundo incierto.

En este momento, su testimonio está creciendo, como el tallo del lirio acuático. Su fe lo hará crecer y lo mantendrá fuerte, aun cuando enfrenten problemas y tentaciones de un mundo contaminado con drogas, inmoralidad, pornografía e inmodestia.

“La fe es un don de Dios, pero debes nutrirla para mantenerla fuerte… Puedes nutrir el don de la fe si oras a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo… Si guardas los mandamientos, podrás fortalecer tu fe… También puedes cultivar la fe mediante el estudio de las Escrituras y de las palabras de los profetas de los últimos días” 3 .

Conozco a unas jovencitas que tenían dudas en cuanto a la ropa modesta. Para encontrar las respuestas a sus dudas, siguieron ese preciso modelo: ellas oraron a nuestro Padre Celestial, estudiaron las Escrituras y las palabras de los profetas de los últimos días y fueron obedientes en vivir las normas de la modestia. Al recibir respuestas a sus preguntas, su fe aumentó y su testimonio se fortaleció. Invito a cada una de ustedes a seguir ese modelo.

Primero, oren a su Padre Celestial; pídanle que les ayude a encontrar las respuestas a sus preguntas.

Nuestro profeta, el presidente Thomas S. Monson, en su primera conferencia de prensa, dijo:

“A veces las mejores respuestas que los jóvenes pueden obtener a las preguntas de la vida las encuentran al arrodillarse y suplicar a nuestro Padre Celestial.

“Si recordaran que el Señor es consciente de ellos y que contestará sus oraciones, podrán enfrentarse a cualquier desafío que tengan” 4 . La oración fortalecerá su fe y servirá de ancla para su testimonio.

Además de orar, estudien las Escrituras sobre la fe. Alma 32:27 es un buen lugar para comenzar a aprender el proceso de aumentar la fe: “Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer de tal modo que deis cabida a una porción de mis palabras”.

¿Están dispuestas a intentar el experimento de Alma para aumentar su fe? ¿Pueden ejercitar una partícula de fe? ¿Tienen el deseo de creer?

Conforme aprendan de las Escrituras, sé que el Señor las bendecirá con Su Espíritu y, al igual que a las jóvenes a las que escuchamos esta noche, se les iluminará el entendimiento. Las Escrituras aumentarán su fe y servirán para anclar su testimonio.

El estudiar las palabras de nuestros profetas de los últimos días también aumentará su fe. “Siempre puedes confiar en los profetas vivientes. Sus enseñanzas reflejan la voluntad del Señor” 5 y les serán de ayuda para anclar el testimonio. Seguir leyendo

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En todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar

Conferencia General Abril 2008

En todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar

Elaine S. Dalton
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Al ser testigos, obedecer los mandamientos y seguir adelante “con firmeza en Cristo”, nunca estarán solas.

Es un privilegio estar frente a ustedes y expresar mi testimonio del Salvador y de Su vida incomparable. Él vino a la tierra para mostrarnos cómo vivir el plan que se creó en los cielos, un plan que, si se sigue, nos hará felices. Su ejemplo nos mostró el camino para regresar a casa a nuestro Padre Celestial. Nadie más en esta tierra ha sido tan “firme e inmutable” (Mosíah 5:15). Nunca se distrajo; se centró en llevar a cabo la voluntad del Padre y permaneció leal a Su misión divina. En verdad, se puede decir de Él que fue fiel en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar (véase Mosíah 18:9).

Ustedes son parte de un plan extraordinario que se presentó en los reinos preterrenales. El que hayan venido a la tierra en este tiempo se ha previsto desde que el plan se aceptó; no es una casualidad que vivan en este tiempo y lugar. La “fe excepcional y buenas obras” (Alma 13:3) en el mundo preterrenal ha establecido los cimientos para lo que ustedes pueden lograr ahora si son fieles y obedientes. Ustedes son las preciadas hijas de Dios y tienen una gran obra que llevar a cabo. Para cumplir con su divina misión y vivir el plan de felicidad, también deben ser firmes e inmutables “en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:9).

Hace algunos años me dieron una fotografía de tres cobertizos, dos de los cuales se apoyaban en el tercero, que era el más pequeño. La leyenda de la foto decía: “Debes ser fuerte cuando eres el último en adoptar una postura”. Ustedes también deben ser fuertes. Conforme sean fieles y rectas, otros buscarán apoyo y fortaleza en ustedes.

Helamán describe cómo se logra eso: “Y ahora bien, recordad… recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento… que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán” (Helamán 5:12).

El cimiento de su fe debe estar centrado firmemente en Jesucristo. Tener esa clase de fe significa que cuentan con Él, confían en Él, y aunque no comprendan todas las cosas, saben que Él sí las comprende. También saben que son hijas de Dios, que Él las conoce individualmente, que oye sus oraciones y que las ayudará a cumplir con su misión aquí en la tierra.

Un joven que conozco bien fue electo presidente del estudiantado de una gran universidad. La universidad lo envió a un seminario de líderes en Chicago, Illinois, donde se reunieron los líderes estudiantiles de todo Estados Unidos para recibir capacitación e instrucción. Participaron primero en una actividad al aire libre en los jardines del campus de la universidad, para llegar a conocerse mejor. Allí les presentaron temas de actualidad que enfrenta la juventud hoy en día y se les pidió que adoptaran una postura. Para responder, se les indicó que debían correr hacia varios de los árboles marcados como: “totalmente de acuerdo”, “parcialmente de acuerdo”, “totalmente en desacuerdo” o “ligeramente en desacuerdo”.

Hacia el final del juego, el líder preguntó: “¿Creen en las relaciones sexuales antes del matrimonio?”. Sin dudarlo, el joven corrió hacia el árbol marcado “totalmente en desacuerdo”. Para su sorpresa, ¡él era el único que se encontraba en ese lugar! Todos los demás líderes se reían y, señalándolo, decían: “Ay, Jess, ¡qué gracioso eres! Todos sabemos que estás bromeando”. En ese momento, Jess dijo que supo exactamente lo que debía hacer y en voz alta declaró: “¡No estoy bromeando, es en serio!”. Hubo un silencio de asombro y luego el grupo se dispersó, dejando a Jess solo, de pie junto al árbol. Se sintió fuera de lugar, extraño, pero él no era extraño; tenía razón y no estaba solo. Durante la semana, muchos de los líderes estudiantiles se acercaron a él en privado y le dijeron que hubiesen deseado saber años antes lo que él sabía. Jess dijo más adelante: “Fue fácil porque sabía que representaba no sólo a la universidad, sino también a mi familia, a la Iglesia y al Salvador”.

El testimonio de que Jesucristo es el Salvador y Redentor hicieron que Jess respondiera de manera firme y rápida. Ustedes pueden adquirir la misma confianza al orar a diario, buscar las respuestas en las Escrituras y obedecer los mandamientos. Conforme buscan con sinceridad adquirir un testimonio, el conocimiento que recibirán mediante el Espíritu Santo las ayudará con sus problemas, preguntas y con el vivir las normas, y les resultará fácil comprometerse a ser firmes e inmutables en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar.

Ser firme e inmutable significa ser obediente. Una de las razones por las que ustedes están aquí en la tierra es para ver si ejercitarán su albedrío y si “harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:25). Cuando renuevan los convenios todas las semanas al participar de la Santa Cena, hacen convenio de que siempre recordarán al Salvador y que guardarán Sus mandamientos.

El preciado don del cuerpo les permite ejercitar el albedrío y poner la fe y obediencia en acción. ¿Se han dado cuenta de que casi todos los ataques de Satanás se dirigen al cuerpo? La pornografía, la inmodestia, los tatuajes, la inmoralidad, el abuso de drogas y las adicciones son todos esfuerzos por tomar posesión de ese preciado don, uno que se le negó a Satanás. La obediencia a los mandamientos y a las normas le permite a cada una de ustedes ser firme e inmutable al proteger los preciados dones del albedrío y de su cuerpo.

Ser firme e inmutable significa también que seguirán adelante “con firmeza en Cristo” (2 Nefi 31:20). Hace algunos años, tuve la oportunidad de correr en el maratón de Boston [Estados Unidos]. Había entrenado mucho y pensé que estaba preparada, pero en el kilómetro treinta y dos hay algunas colinas. A la colina más empinada y más alta, la gente del lugar la llama la Colina del desánimo. Al llegar a ese punto, estaba físicamente agotada; la colina era alta y debido a que yo era principiante, me permití hacer lo que no hace ningún corredor experto: comencé a pensar en forma negativa. Eso aminoró mi marcha, así que traté de pensar en forma positiva e imaginar la meta final, pero al hacerlo, de repente me di cuenta de que estaba en una ciudad grande, que había miles de personas a lo largo del camino, y que no había hecho ningún arreglo para encontrarme con mi esposo al final de la carrera. Me sentí sola y perdida y comencé a llorar; llevaba puesta una camiseta grande y roja con la palabra “Utah” impresa en el frente en letras grandes. Los espectadores, al ver que lloraba, gritaban: “Sigue adelante, Utah”; “No llores, Utah”; “Ya casi llegas, Utah”; pero yo sabía que no era así, y me sentí perdida. También sabía que aun si dejaba de correr y abandonaba la carrera, seguiría perdida.

¿Sienten alguna vez que están subiendo la Colina del desánimo y que, aunque hay gente a lo largo del camino, se encuentran solas? Así me sentía yo. Entonces, hice lo que todas ustedes harían: comencé a orar allí mismo, en la ruta del maratón. Le dije al Padre Celestial que estaba sola en una colina. Le dije que me sentía desanimada, que tenía miedo y me sentía perdida. Le pedí ayuda y fuerza para ser firme y terminar la carrera. Al seguir corriendo, acudieron a mi mente las siguientes palabras:

“Pues ya no temáis, y escudo seré,
que soy vuestro Dios y socorro tendréis;
y fuerza y vida y paz os daré,
y salvos de males vosotros seréis”
(“Qué firmes cimientos”, Himnos, Nº 85).

Esa dulce respuesta a mi oración me dio la fuerza para seguir hasta que pasé la meta, y, a pesar de mis temores, mi esposo estaba allí mismo y todo salió bien.

Ese día experimenté más que un maratón; aprendí algunas lecciones importantes. Primero: nunca se pongan una camiseta grande y roja con la palabra Utah estampada en ella. Segundo: aprendí que no importa lo preparada que uno piense que está, hay colinas en la ruta. Aprendí que es muy importante que haya personas que nos animen a lo largo del camino; ese día volví a aprender que nunca estamos solos. Nuestro Padre Celestial está sólo a una oración de distancia, y el Espíritu Santo a un susurro de distancia.

Testifico que al ser testigos, obedecer los mandamientos y seguir adelante “con firmeza en Cristo”, nunca estarán solas. Pueden confiar en el poder motivador de la expiación del Salvador; y testifico que el edificar sobre ese cimiento seguro, las ayudará a llegar a ser como Él, firmes e inmutables en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Ser testigos

Conferencia General Abril 2008
Ser testigos
Susan W. Tanner
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Ustedes… pueden ser un testigo de Dios al nutrir ahora mismo en sus hogares el espíritu de fe, amor, paz y testimonio.

Al estar frente a este púlpito, me imagino los rostros de las jovencitas de todo el mundo. ¡Cuánto las amo! En especial, me encanta hacer la promesa junto con ustedes de que seremos “testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” 1 . ¿Cómo lo logramos? Al dirigirme a ustedes, ruego que el Espíritu nos guíe y nos testifique a cada una la forma de ser testigos de Dios.

Cuando nuestros hijos eran misioneros, aprendieron que cuando somos testigos de Jesucristo, el Espíritu Santo confirmará ese testimonio. Una de nuestras hijas tenía una investigadora de oro que se llamaba JieLei. Esa adulta soltera obedecía cada mandamiento nuevo que le enseñaban, a pesar de lo difícil que fuera. Era estudiante de pocos recursos, pero empezó a pagar los diezmos cuando aprendió acerca de esa ley. En su trabajo a tiempo parcial tenía que trabajar los domingos, pero tuvo el valor para pedirle a su jefe si podría cambiarle las horas para otro día y así poder asistir a la reunión sacramental.

No obstante su diligencia, JieLei aún no tenía un firme testimonio del Libro de Mormón. Nuestra hija y su compañera sabían que ella necesitaba un testimonio del Espíritu, que le confirmara la veracidad del libro, de modo que prepararon una lección sobre el Espíritu Santo. Durante la preparación, sintieron algo de inquietud y cuando oraron al respecto, sintieron la impresión de que más bien debían dar una lección sobre Jesucristo.

Cuando llegó el momento en que se reunirían, las misioneras empezaron a enseñarle a JieLei sobre Jesucristo. Las lágrimas le empezaron a rodar por sus mejillas y les preguntaba: “¿Qué es lo que estoy sintiendo?”. Le testificaron que era el Espíritu; sucedió exactamente lo que habían deseado que sucediera; entonces nuestra hija recordó que una de las grandes funciones del Espíritu Santo es testificar de Cristo. Jesucristo mismo dijo: “…el Consolador, el Espíritu Santo… dará testimonio acerca de mí” 2 . Nuestra hija se dio cuenta de que al ser ella testigo de Jesucristo, el Espíritu Santo lo confirmó. Nosotras, también, podemos ser testigos cuando “hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo” y acudimos a Él como la fuente para “la remisión de [nuestros] pecados” 3 .

En el Libro de Mormón, el justo rey Benjamín reunió a su pueblo para que fuese al templo, donde él pudiese hablar de Cristo y predicar de Cristo. Les enseñó en cuanto a la misericordia, el poder, la sabiduría y la paciencia del Señor y, ante todo, sobre la Expiación. Mientras él testificaba, el Espíritu les testificó a ellos que Jesucristo es el Salvador, tal como lo había hecho con JieLei. Después el rey Benjamín amonestó a su pueblo a ser firmes en la fe en Cristo y el pueblo exclamó:

“…creemos todas las palabras que nos has hablado… por el Espíritu del Señor… el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente…

“Y estamos dispuestos a concertar un convenio con nuestro Dios de… ser obedientes a sus mandamientos en todas las cosas” 4 .

El pueblo del rey Benjamín hizo convenio de obedecer los mandamientos, tal como lo hemos hecho cada una de nosotras.

Al guardar ese convenio, ustedes serán como un testigo entre sus compañeros. Hace poco, mis hijos y sus cónyuges recordaban las veces en las que a través de los años habían defendido los principios correctos al enfrentar la presión de sus compañeros. Uno no participó en una competencia deportiva en domingo; otro le dijo a su jefe que no podía trabajar en el día de reposo; otro se negó a ver una película pornográfica en casa de un amigo cuando sólo tenía once años; otro se negó a ver revistas pornográficas con sus compañeros de clase. A ambos se les excluyó por un tiempo de las actividades sociales. Otra hija se negó a usar lenguaje ordinario y vulgar en su trabajo. Otro se negó a beber licor que su amigo había robado del armario de su padre. Otra, que era la única miembro de la Iglesia en su clase, se puso de pie para hacer una presentación y terminó contestando preguntas sobre el Libro de Mormón. Nuestros hijos casados siguen teniendo hijos a pesar de la crítica del mundo.

En esos momentos podrían haberse sentido solos, pero al ser testigos, sintieron la compañía y la presencia sustentadora del Espíritu Santo. También se les armó con bendiciones que se reciben al obedecer los mandamientos de Dios, quien nos ha prometido:

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” 5 . Seguir leyendo

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Abundantemente bendecidos

Conferencia General Abril 2008
Abundantemente bendecidos
Presidente Thomas S. Monson

Creo que todos nos sentimos más decididos a vivir los principios del evangelio de Jesucristo.

He asistido a la conferencia desde hace mucho, pero creo que nunca me he sentido tan ricamente bendecido como durante esta sesión. Hemos tenido una rápida sucesión de mensajes de muchos oradores, pero cada uno trató un tema sumamente importante. Hoy día hemos tenido un banquete de fe, de amor y de consejo; incorporemos esas cosas en nuestra vida.

Hermano Ballard, hace unos años, mi querida esposa estuvo hospitalizada y dejó en casa una nota para los hijos: “Queridos hijos: no dejen que su papá toque el microondas”, seguido de una coma, “ni la estufa (cocina), ni el lavavajillas, ni la secadora”. Me da vergüenza agregar más cosas a la lista.

Creo que fue el hermano Uchtdorf el que dijo: “Le ha hablado a la congregación acerca del legado por parte de su madre. ¿Y qué del legado por parte de su padre?” Quisiera concluir con unas palabras acerca de los familiares por parte de mi padre.

El padre de mi padre era originario de Suecia, y su esposa era de Inglaterra; se conocieron en la embarcación que venía para acá. Él esperó a que ella tuviera la edad suficiente, y entonces le propuso matrimonio. Se casaron en el Templo de Salt Lake, y él escribió en su diario: “Hoy es el día más feliz de mi vida. Mi novia y yo nos casamos en el santo templo por esta vida y por la eternidad”.

Tres días después, el 23 de abril de 1898, escribió: “Tomé el tren en la estación Rio Grande Western Depot, que con el tiempo llegaría a Escandinavia, a donde he sido llamado como misionero”. Salió para Suecia, dejando a su esposa de tres días.

El diario de él, escrito con lápiz, lo recibí de un tío que, por alguna razón, me escogió a mí para recibir el diario de su padre. La anotación más frecuente que aparecía en el diario era: “Tengo los pies mojados”. Pero la entrada más bella decía: “Hoy fuimos a casa de la familia Jansson. Conocimos a la hermana Jansson, quien nos preparó una deliciosa cena; es muy buena cocinera”. Después agregó: “Todos los niños cantaron o tocaron la armónica o presentaron un pequeña danza, y después ella pagó su diezmo: cinco coronas para el Señor; una para mi compañero, el élder Ipson, y otra para mí”. Después aparecía el nombre de los niños.

Al leer eso en el diario, figuraba el nombre del padre de mi esposa como uno de los integrantes de esa familia, que probablemente cantó una canción, que llegó a ser el padre de una sola hija, la jovencita con la que me casé.

La primera vez que vi a Frances supe que había encontrado a la persona indicada. Más tarde, el Señor nos juntó, y le pedí que saliera conmigo. Fui a su casa para recogerla, y cuando me presentó, su padre dijo: “ ‘Monson’, ése es un apellido sueco, ¿no es así?”

Le dije: “Sí”.

Él contestó: “Muy bien”.

Entonces fue a otra habitación y trajo una fotografía de dos misioneros con sombrero de copa y sus ejemplares del Libro de Mormón.

“¿Tiene algún parentesco con este Monson?”, dijo, “¿Elias Monson?”

Le dije: “Sí, es el hermano de mi abuelo; él también fue misionero en Suecia”. Seguir leyendo

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Hijas de Dios

Conferencia General Abril 2008
Hijas de Dios
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No hay ninguna función en la vida más esencial ni más eterna que la de la maternidad.

Hermanos y hermanas, hace poco que Barbara, mi esposa, tuvo cirugía en la espalda y no podía levantar peso, voltearse ni doblarse; en consecuencia, yo he levantado peso, me he volteado y me he doblado más que nunca y eso me ha hecho apreciar más lo que las mujeres, en especial las madres, llevan a cabo a diario en nuestros hogares.

Aun cuando las mujeres viven en circunstancias diferentes en su hogar —casadas, solteras, viudas o divorciadas, algunas con hijos y otras sin ellos— todas son amadas por Dios y Él tiene un plan para que Sus hijas justas reciban las bendiciones más elevadas de la eternidad.

Esta tarde quiero centrar mis palabras principalmente en las madres y, en particular, en las madres jóvenes.

Mientras era joven y siendo ya padre, me di cuenta de lo exigente que es la función de la maternidad. Presté servicio primero como consejero y después como obispo durante un período de diez años y, en el transcurso de ese tiempo, fuimos bendecidos con seis de nuestros siete hijos. Cuando llegaba a casa el domingo al atardecer, encontraba a Barbara exhausta; ella trataba de explicarme cómo era estar sentada con nuestra familia de hijos pequeños en el banco de atrás en la reunión sacramental. Luego llegó el día en que me relevaron; después de haberme sentado en el estrado durante diez años, pasé a sentarme con mi familia en aquel banco de atrás.

El coro de madres del barrio iba a cantar, por lo que me quedé solo, sentado con nuestros seis hijos. Jamás he estado tan ocupado en toda mi vida; tenía títeres moviéndose en ambas manos, pero eso no daba muy buen resultado; las galletitas se cayeron, y eso me hizo avergonzar. Los libros de colorear no parecían entretenerlos tan bien como se suponía.

Después de una lucha que duró hasta el fin de la reunión, volteé a ver a Barbara; estaba mirándome y sonriendo. Aquel domingo llegué a apreciar más plenamente lo que todas ustedes, queridas madres, hacen tan bien y tan fielmente.

Pasada una generación, como abuelo, he observado los sacrificios que han hecho mis hijas para criar a sus hijos. Y aun ahora, una generación después, observo asombrado la presión que soportan mis nietas al guiar a sus hijos en este mundo tan ocupado y exigente.

Después de observar a tres generaciones de madres y sentir empatía hacia ellas, y al pensar en mi querida madre, sé con certeza que no hay ninguna función en la vida más esencial ni más eterna que la de la maternidad.

No existe una sola manera perfecta de ser una buena madre; cada situación es única; cada madre tiene desafíos diferentes, capacidad y habilidades diferentes y, ciertamente, hijos diferentes. Para cada madre y cada familia las opciones son distintas y únicas. Muchas mujeres pueden ser “madres de tiempo completo”, al menos durante los años formativos de los hijos, y muchas otras quisieran serlo. Algunas tienen que trabajar a tiempo completo o a medio tiempo; algunas trabajan en la casa; otras dividen su vida en períodos para el hogar y la familia y períodos de trabajo. Lo realmente importante es que la madre ame profundamente a sus hijos y que, de acuerdo con la devoción que tenga hacia Dios y hacia el esposo, les dé prioridad a ellos sobre todo lo demás. Seguir leyendo

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Un libro con una promesa

Conferencia General Abril 2008
Un libro con una promesa
Élder Craig C. Christensen
De los Setenta

Ruego que continuemos utilizando El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo, para compartir el mensaje del Evangelio con familiares y amigos.

Mis queridos hermanos y hermanas, ha sido un privilegio sagrado unirme a ustedes para sostener al presidente Thomas S. Monson, a sus consejeros de la Primera Presidencia y a los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores. Testifico que los profetas “[hablan] conforme los inspire el Espíritu Santo.

“Y lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor… y el poder de Dios para salvación” (D. y C. 68:3–4).

Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenemos el beneficio y la bendición de contar con Escrituras vivas en lo que declaran los que hemos sostenido como profetas, así como también las Escrituras canonizadas que se encuentran en la Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios, y La Perla de Gran Precio. El profeta Nefi escribió: “…mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos” (2 Nefi 4:15). Las Escrituras, en especial el Libro de Mormón, nos llevan a creer en Dios y a “reconciliar[nos] con él por medio de la expiación de Cristo, su Unigénito Hijo” (Jacob 4:11).

Hace varios meses, un amigo y yo tuvimos la oportunidad de regalarle un juego de Escrituras a un compañero que no es miembro de la Iglesia. Sabiendo que quizás eso podría ser un acontecimiento que cambiaría su vida y la nuestra, hicimos grabar su nombre en cada tomo. Al presentarle esos registros sagrados, notamos que se sintió muy conmovido por el significado y la sinceridad de nuestro presente. Examinó cada libro por varios minutos sin decir palabra, acariciando la tapa con la mano y dando vuelta las páginas.

Reconociendo la importancia del momento, le mostramos la portada del Libro de Mormón y comenzamos a explicarle que el Libro de Mormón era otro testamento o testigo de Jesucristo. Entonces él hizo una pregunta que todos los miembros con espíritu misional desean escuchar: “¿Por qué necesitamos testigos de Jesucristo adicionales a la Biblia?”. En lugar de responderle rápido, le preguntamos por qué pensaba él que eso era importante. Su respuesta parecía ser aún más inspirada que su pregunta; él dijo que, como aparentemente había muchas variaciones de la Biblia y de sus enseñanzas, necesitábamos una voz aclaradora, algo que nos ayudara a entender mejor la Biblia. Su observación abrió la puerta para que compartiéramos nuestros sentimientos y testimonio acerca de la Biblia y también del Libro de Mormón.

Para comenzar, expresamos nuestra devoción y profunda convicción de las doctrinas y las enseñanzas de la Biblia, en especial del Nuevo Testamento. Poder leer muchas de las palabras del Salvador cuando Él enseñó el Evangelio durante Su ministerio terrenal nos fortalece, nos ayuda a conocerlo y nos enseña que podemos llegar a ser más semejantes a Él. Después, declaramos que, al igual que la Biblia, el Libro de Mormón es una evidencia adicional de que Dios ama a todos Sus hijos y que ha proporcionado el camino para que regresemos a vivir con Él nuevamente. La siguiente hora repasamos muchos aspectos del Libro de Mormón, incluso su historia y su origen divino. Permítanme compartir algunas cosas de las que hablamos. Seguir leyendo

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El hoy

Conferencia General Abril 2008
El hoy
Élder Lance B. Wickman
De los Setenta

Siempre que hayamos vivido el “hoy” de modo que podamos reclamar la gracia purificadora de la Expiación, viviremos con Dios para siempre.

Hace tres semanas entré en el “ayer” y en ese momento redescubrí el “hoy”, y es del “hoy” que deseo hablarles.

Una asignación de la Iglesia me llevó por la vasta expansión del Pacífico a la tierra de Vietnam. Para mí, ese fue más que un vuelo sobre el océano; fue un paso hacia el pasado. Hace más de 40 años había estado en los campos de batalla de ese país como oficial de infantería. En el transcurrir de estas décadas he tenido grabados en la memoria recuerdos del lugar, de la gente y de mis compañeros de armas con quienes presté servicio. Una vez Jacob escribió: “Nuestras vidas… han pasado como si fuera un sueño” (Jacob 7:26). Así me sentía yo, y ahora regresaba del salón de mis recuerdos a ese lugar de recuerdos después de casi medio siglo. Concluí los asuntos eclesiásticos y decidí volver a visitar esos campos de desesperada batalla, y junto a mi querida esposa realicé la peregrinación.

No estoy seguro de lo que esperaba encontrar después de tantos años, pero lo que encontré fue inesperado. En lugar de un pueblo devastado por la guerra, encontré uno joven y vibrante. En vez de un terreno destruido por la artillería, encontré campos verdes y tranquilos. Aun la vegetación de la selva era nueva. Supongo que en cierta forma esperaba encontrar el “ayer”, pero lo que encontré fue el “hoy” y la promesa de un gran “mañana”. Recordé que “por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5).

Al caminar una vez más por el campo y por un sendero de la selva, en mi mente oí nuevamente el ruido de la ametralladora, el silbido de las municiones y el traqueteo de las armas. Volví a ver las caras jóvenes y bronceadas de amigos que “dieron el máximo de su devoción” (Abraham Lincoln, discurso pronunciado en Gettysburg). Pensé en uno en concreto, en un día particular: el 3 de abril de 1966, el Domingo de Ramos, en la temporada de la Pascua, hace casi exactamente 42 años.

Nuestro batallón de infantería había estado en Vietnam por varios meses. Yo era teniente, el líder de un pelotón de fusileros, y participábamos casi constantemente en operaciones de combate. Al amanecer de ese día específico, nuestro batallón estaba en medio del territorio enemigo. Muy temprano mandamos una patrulla de reconocimiento de unos diez hombres, entre los que estaba el sargento Arthur Morris. Varios fueron heridos en un tiroteo, incluso el sargento Morris, que recibió una herida superficial. Con el tiempo, los hombres volvieron cojeando a nuestras líneas.

Pedimos un helicóptero de evacuación por radio. Al cargar a los heridos en el helicóptero, le pedí al sargento Morris que también subiera; él se opuso. Se lo volví a pedir y una vez más objetó. De nuevo lo amonesté y nuevamente se negó. Finalmente le dije: “Sargento Morris, súbase al helicóptero”. Seguir leyendo

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Uno entre la multitud

Conferencia General Abril 2008
Uno entre la multitud
Élder Dennis B. Neuenschwander
De los Setenta

Avancemos hacia el Salvador con serenidad y resolución, teniendo fe en que Él se interesa por nosotros y que tiene el poder de sanarnos y salvarnos.

En el libro de Lucas leemos sobre una mujer que durante 12 largos años había sufrido de flujo de sangre; había agotado sus recursos en busca de una solución médica, pero todo fue en vano. Entre una multitud de personas la mujer se acercó al Salvador por detrás y tocó el borde de Su manto; Jesús quiso saber quién lo había tocado porque sintió que había salido poder de Él. Los Apóstoles no entendieron la pregunta y dijeron: “Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?” 1 . Entonces la mujer, con gran temor y temblando, confesó que ella era la que se había acercado a Él y que al instante había sido sanada. El Salvador la despidió diciéndole que se fuera en paz y que su fe la había sanado.

En este breve e interesante relato hay mucho que aprender y meditar.

Me imagino a la multitud; debe haber sido bastante grande puesto que la gente estaba oprimiendo a Jesús; es posible que haya sido un grupo ruidoso ya que se empujaban unos a otros para verlo más de cerca. Me pregunto por qué estarían allí; pienso que la mayoría iban por curiosidad. Dondequiera que Él fuese, la noticia de Su llegada y de Sus milagros lo precedía; quizás esperaban ver algo fuera de lo común, un acontecimiento que no se tenían que perder. Aunque no se menciona, probablemente había fariseos entre la multitud, que, al parecer, siempre andaban a su alrededor acechando en busca de una oportunidad para tenderle una trampa, avergonzarlo o encontrar algo con lo cual pudieran condenar a Jesús. ¿Quién sabe si incluso algunos hayan ido para burlarse?

Entre la multitud había una mujer. Imagino a una mujer humilde, tal vez tímida, acercándose al Salvador por detrás y luego confesando avergonzada que había tocado el borde de Su manto. Era una mujer que estaba exhausta y empobrecida por sus aflicciones; estaba desesperada por recibir ayuda. Exteriormente, no había nada que la distinguiera del resto de la gente; nadie la detuvo cuando trató de acercarse a Jesús. Ciertamente, los Apóstoles no repararon en ella ni trataron de impedirle el paso. Pero hubo algo que la distinguió de todos los demás aquel día; aunque oculta entre la abarrotada muchedumbre, avanzó silenciosa y determinada con un único propósito en mente: acercarse al Salvador, con fe de que Él tenía poder para sanarla, que se interesaba por ella y que respondería a su necesidad. En eso la mujer se destacó de los demás: la multitud había ido para ver, pero ella había ido para que la sanaran.

En las Escrituras hay otros relatos interesantes de una persona fiel en medio de una multitud. Alma estaba entre los sacerdotes malvados del rey Noé, hombres a los que se describe como envanecidos con el orgullo de su corazón, perezosos e idólatras, que hablaban al pueblo con palabras vanas y lisonjeras 2 . Habían pervertido las vías del Señor, porque no aplicaban el corazón para entenderlas 3 . Cuando Abinadí les predicó su mensaje de arrepentimiento, se burlaron de él y al fin le quitaron la vida. Realmente era una multitud malvada; sin embargo, las Escrituras indican que “había entre ellos uno” 4 que creyó. Sólo Alma creyó lo que Abinadí había enseñado, y con valor, se apartó de la multitud para seguir al Señor. La influencia de ese único hombre entre la multitud a lo largo de la historia nefita es incalculable.

Una de las multitudes mejor conocidas del Libro de Mormón es la que ocupa el edificio grande y espacioso en la visión que tuvo Lehi del árbol de la vida. El edificio estaba lleno de gente, ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, que se burlaban y señalaban con el dedo a los que estaban comiendo el fruto del árbol 5 . Lamentablemente, algunos de los que probaron el fruto escucharon a los de la multitud “y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” 6 . No obstante, hubo otros que comieron el fruto y no hicieron caso de los de la multitud 7 ; ésos fueron los que disfrutaron todas las bendiciones del árbol de la vida. Seguir leyendo

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El poder de la luz y la verdad

Conferencia General Abril 2008
El poder de la luz y la verdad
Élder Robert R. Steuer
De los Setenta

A fin de prosperar en esta época, la luz espiritual debe arder en nuestro interior.

Cuando era niño descubrí el poder sorprendente de una pequeña linterna. Al prenderla en la noche, dondequiera que la apuntara, veía un círculo grande iluminado. Mi entusiasmo era mayor cuando la prendía en el granero polvoriento; en el aire se proyectaba un cono de luz, pero hice el descubrimiento más interesante cuando la apreté contra la palma de mi mano. Toda mi mano brillaba en la oscuridad. ¡La luz estaba en mi interior! El observar las propiedades físicas de la luz es emocionante, pero el descubrir las cualidades de la luz espiritual y de la verdad es aún más impresionante y esencial.

Vivimos en una época maravillosa, pero también en un período donde la paz se ha quitado de la tierra 1 . A fin de prosperar en esta época, la luz espiritual debe arder en nuestro interior. ¿Cómo obtenemos esa luz espiritual y logramos que las verdades del evangelio de Jesucristo inunden nuestra alma? Quisiera sugerir tres formas: (1) aprendan la doctrina verdadera, (2) obtengan un testimonio puro y (3) vivan el Evangelio con valentía.

Primero, aprendan la doctrina verdadera. Alma descubrió que “la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo —sí, [tenía] un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido— por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios” 2 . El presidente Henry B. Eyring dijo: “La palabra de Dios es la doctrina que enseñaron Jesucristo y Sus profetas. Alma sabía que las palabras de la doctrina tenían gran poder, que pueden abrir la mente de las personas para que vean las cosas espirituales, lo que no se ve con los ojos naturales. Y pueden abrir el corazón a los sentimientos del amor de Dios y del amor a la verdad” 3 .

En 1832, el Señor reveló al profeta José Smith una doctrina verdadera e impactante sobre la luz espiritual, la Luz de Cristo:

“La cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio—

“La luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas, sí, el poder de Dios que se sienta sobre su trono” 4 .

El presidente Boyd K. Packer recalcó esa verdad al decir: “La luz de Cristo también se describe en las Escrituras como ‘el Espíritu de Jesucristo’. El Espíritu de Cristo puede iluminar al inventor, al científico, al pintor, al escultor, al compositor, al actor, al arquitecto, al autor para producir obras grandes e incluso inspiradas para la bendición y el beneficio de toda la humanidad” 5 .

Las ideas científicas recientes sobre las propiedades fundamentales de la luz en verdad son fascinantes. Hoy los científicos describen la luz como un “conector” 6 o “mensajero” 7 o “mediador” 8 . ¡Qué profunda es la doctrina del Señor!

Segundo: Obtengan un testimonio puro. Ese testimonio es la confirmación mediante el Espíritu Santo de que Dios es nuestro Padre y que Jesús es el Cristo 9 . La luz y la verdad que vemos en todas las cosas nos insta a obtener un conocimiento por el estudio y por la fe, lo que precede a la confirmación del Espíritu 10 . Aprendemos mucho sobre la obra de Dios y Su bondad mediante nuestros sentidos; pero se pone de manifiesto un testimonio más profundo al buscar la verdad en forma espiritual “con verdadera intención” 11 . El presidente Spencer W. Kimball dijo: “Los tesoros del conocimiento, tanto secular como espiritual, están escondidos para quienes no los buscan en forma apropiada ni se esfuerzan por encontrarlos… El conocimiento espiritual no se logra sólo al pedirlo, incluso las oraciones no son suficientes; se requiere perseverar y dedicar la vida a ello” 12 . Seguir leyendo

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No vamos a ceder, no podemos ceder

Conferencia General Abril 2008
No vamos a ceder, no podemos ceder
Élder W. Craig Zwick
De los Setenta

Vive de acuerdo con tus normas; defiende tus creencias.

Junto a cada uno de ustedes, con gratitud, sostengo la voluntad de Dios para Su pueblo. Gracias presidente Monson por la pureza de su corazón.

Cuando el joven José Smith dijo la verdad sobre su sagrada experiencia en la arboleda, lo persiguieron y lo maltrataron. El adversario usó la burla como arma en contra de él. “No era yo sino un muchacho desconocido… sin embargo, los hombres de elevada posición se fijaban en mí lo suficiente para agitar el sentimiento público en mi contra y provocar con ello una encarnizada persecución” 1 .

José creció en paciencia, templanza y fe, a pesar de la presencia de enemigos en todas partes. En las propias palabras de José: “… hombres malos e insidiosos se han combinado para destruir al inocente… a pesar de ello, el glorioso Evangelio en su plenitud se está extendiendo 2 . “Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra” 3 .

Aun hoy existen aquellos que no comprenden nuestra doctrina y ponen en duda los valores inalterables que se nos invita a seguir.

Mi joven amigo, Ethan, le hizo a su madre una pregunta muy seria. Como la mayoría de los adolescentes, quiere ser independiente, autosuficiente y estar rodeado de buenos amigos; está tratando de elegir correctamente por sí mismo. Es muy valeroso, trata de sacar buenas notas y estudia las Escrituras a diario. Como todos los jóvenes, Ethan enfrenta enormes tentaciones; en los pasillos de la escuela, en internet, en las películas y en la música. Están en el lenguaje vulgar y en la ropa provocativa. Muchas veces, a lo que es malo se le da la apariencia de bueno. La ansiedad y el temor al rechazo es algo común entre los adolescentes. La presión de los amigos muchas veces es abrumadora. Ethan se sentía bombardeado por valores contradictorios.

Esto es lo que le preguntó a su madre: “¿Mamá, tengo que rebajar mis normas para conservar mis amigos?”.

Es una pregunta profunda que cada uno de nosotros debe considerar en todas las etapas de nuestra vida. ¿Estamos rebajando nuestras normas para sentirnos parte de nuestro vecindario? ¿Estamos cambiando nuestros valores para adaptarlos a la situación de trabajo o para ser populares en la escuela?

La amorosa madre de Ethan le respondió con un rotundo “No”.

Yo también, respondo con firmeza: “No lo hagas, Ethan. Nunca olvides que eres hijo de Dios y que Él te ama. Vive de acuerdo con tus normas; defiende tus creencias. A veces no es fácil y tal vez estés solo por un tiempo. Busca amigos con integridad y carácter, luego, agradéceles su ejemplo. Tal vez encuentres a alguien que se ha sentido tan solo como tú. Ora para recibir guía y protección del Señor; Él te sostendrá; llegará a ser un amigo confiable y descubrirás que tu ejemplo atraerá muchos amigos que adquirirán valor gracias a tu fortaleza de carácter”. Seguir leyendo

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