Conferencia General Abril 2008 El evangelio de Jesucristo
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles
El Evangelio nos enseña todo lo que necesitamos saber para regresar a vivir con nuestro Padre Celestial.
El apóstol Pablo declaró con audacia: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Nuestros misioneros de tiempo completo lo declaran con la misma audacia al prestar servicio en muchas partes del mundo.
Básicamente, el evangelio de Jesucristo es una receta de cinco ingredientes para lograr la vida eterna. Primero, veamos lo que podemos llegar a ser si seguimos esta receta, y después consideremos cada uno de los ingredientes.
¿Qué sabemos de la vida eterna? De Moisés 1:39 aprendemos que la obra y la gloria del Señor es llevar a cabo nuestra inmortalidad y vida eterna, lo que nos enseña que la inmortalidad y la vida eterna son separadas y distintas. El don de la vida eterna, que se promete sólo cuando se reúnen ciertas condiciones, es mucho más grandioso que el don de la inmortalidad. Según el élder Bruce R. McConkie: “…la vida eterna no es un nombre que se relaciona sólo con el período interminable de una vida futura; la inmortalidad es vivir para siempre en el estado resucitado y, por la gracia de Dios, todos los hombres obtendrán esa continuación perdurable de vida. Pero sólo aquellos que obedecen la plenitud de la ley del Evangelio heredarán la vida eterna; es más grande de todos los dones de Dios’… ya que es la clase, el estado, el tipo y la calidad de vida que Dios mismo disfruta. Aquellos que alcanzan la vida eterna reciben exaltación; son hijos de Dios, coherederos con Cristo, miembros de la Iglesia del Primogénito; ellos vencen todas las cosas, tienen todo poder y reciben la plenitud del Padre…” (Mormon Doctrine, 2ª edición, 1966, pág. 237).
El deber de nuestros misioneros, como dice en la página uno de Predicad Mi Evangelio es: “Invitar a las personas a venir a Cristo a fin de que reciban el Evangelio restaurado mediante la fe en Jesucristo y Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin” (2004).
Muchos libros de cocina tienen ilustraciones de los platillos perfectos que resultan de las recetas, o sea, la culminación del deleite de cocinar. Éstas son importantes porque ayudan a visualizar el resultado si seguimos estrictamente las instrucciones de la receta. Es importante empezar con una idea del producto final, pero la que se representa con ilustraciones en libros de cocina sólo se puede lograr si todo se hace bien. Si se pasan por alto las instrucciones o si se omite o se calcula mal un ingrediente, casi nunca se logran ni el sabor ni la apariencia deseados. No obstante, la ilustración del platillo perfecto puede servir para motivarnos a volver a tratar de crear algo que sea delicioso así como atractivo.
Al pensar en la vida eterna, ¿qué imagen viene a la mente? Creo que si creáramos en nuestra mente una imagen clara y precisa de la vida eterna nos comportaríamos de manera diferente; no sería necesario que se nos recordara hacer las muchas cosas relacionadas con el perseverar hasta el fin, como: efectuar nuestras visitas de orientación familiar o de maestras visitantes, asistir a las reuniones y al templo, vivir vidas rectas, decir nuestras oraciones o leer las Escrituras. Querríamos hacer eso y más, pues sabemos que ello nos preparará para ir a donde añoramos ir.
¿Por qué el objetivo del misionero debe empezar con ayudar a los demás a recibir fe en Jesucristo y en Su expiación? Para abrazar el evangelio de Jesucristo, las personas deben primeramente abrazarlo a Él, cuyo Evangelio éste es; deben confiar en el Salvador y en lo que Él nos ha enseñado; deben creer que Él tiene el poder para guardar las promesas que nos ha hecho en virtud de la Expiación. Cuando las personas tienen fe en Jesucristo, aceptan y ponen en práctica Su expiación y Sus enseñanzas. Seguir leyendo →
Cómo sanar las consecuencias devastadoras
del abuso
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles
El poder para sanar es una parte fundamental de la expiación de Jesucristo.
Doy testimonio solemne de lo profundamente que amo a nuestro nuevo profeta, vidente y revelador, el presidente Thomas S. Monson; de lo mucho que confío en él, y de lo mucho que estoy dispuesto a hacer lo que él me pida.
Algunos temas son tan delicados e intensamente personales, y pueden despertar sentimientos tan inquietantes, que muy pocas veces se mencionan en público; sin embargo, si se tratan con ternura y compasión, a la luz de la verdad, el análisis de estos asuntos puede brindar mayor comprensión, junto con el alivio del dolor, una piadosa curación e incluso el evitar futuras tragedias.
Es con un profundo deseo de definir un camino hacia el alivio que me dirijo a ti, que sufres las consecuencias devastadoras del maltrato mental, verbal, físico y, sobre todo, del abuso sexual. Me dirijo también a aquellos que lo causan. Me centraré en el abuso sexual, aunque el consejo que se imparta ayudará a las víctimas de otros maltratos. Mi intención es la de actuar como espejo, a fin de que la luz divina y sanadora ilumine las nubes negras de angustia que resultaron por los actos indignos de otras personas. Ruego recibir ayuda para expresarme en forma comprensible, para proporcionar apoyo y no complicar aún más una vida dañada. Es también posible que una mayor comprensión, conciencia y sensibilidad permita que algunos de nosotros ayudemos a resolver o a prevenir la tragedia del abuso en un mayor número de víctimas.
Tal vez la creciente oleada de este depravado y abominable pecado no te haya afligido personalmente, pero está tan generalizado en el mundo, que quizás haya afectado a alguien que amas. Debido a que con frecuencia causa un dolor tan profundo —que es posible superar— deseo hablar sobre cómo es posible recuperarse. Lo haré de forma reverente, ya que mi objetivo es ayudar a sanar y no agravar recuerdos dolorosos.
Albedrío
El albedrío moral es un elemento esencial del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Él sabía que algunos de Sus hijos espirituales utilizarían el albedrío indebidamente, causando serios problemas a los demás. Algunos incluso violarían una confianza sagrada, como en el caso de un padre o un familiar que abusa de una criatura inocente. Ya que nuestro Padre Celestial es totalmente justo, tiene que haber una forma de superar las trágicas consecuencias de este uso tan perjudicial del albedrío, tanto para la víctima como para la persona que comete el delito. La cura definitiva se logra por medio del poder de la expiación de Su Amado Hijo Jesucristo, para rectificar la injusticia. La fe en Jesucristo y en Su poder para sanar proporciona a la persona que ha sido víctima de abuso los medios para superar las terribles consecuencias de los actos indignos de otra persona. Cuando se combina con un arrepentimiento total, la Expiación también ofrece a la persona que comete el delito la forma de evitar el castigo riguroso que el Señor ha decretado por esos actos.
A la víctima
Testifico que conozco a víctimas de grave abuso que han recorrido con éxito el difícil camino hacia la recuperación total por medio del poder de la Expiación. Después de que se resolvieron sus problemas mediante su fe en el poder sanador de la Expiación, una jovencita a quien el padre había abusado gravemente solicitó tener otra entrevista conmigo. Regresó con un matrimonio mayor; era obvio que amaba a los dos profundamente. Su rostro irradiaba felicidad. Ella dijo: “Élder Scott, le presento a mi papá; lo amo. Él está preocupado por algunas cosas que ocurrieron cuando yo era pequeña; a mí han dejado de preocuparme. ¿Podría usted ayudarlo a él?”. ¡Qué poderosa confirmación de la capacidad del Salvador para sanar! Ella ya no sufría las consecuencias del abuso porque tenía un buen entendimiento de la expiación del Salvador, tenía suficiente fe y era obediente a Su ley. Al estudiar a conciencia la Expiación y ejercer tu fe en que Jesucristo tiene el poder para sanar, puedes recibir el mismo alivio glorioso. Durante tu camino hacia la recuperación, acepta Su invitación y permite que Él comparta tu carga hasta que tengas suficiente tiempo y fortaleza para ser sanado.
Para encontrar alivio de las consecuencias del abuso o del maltrato, es de gran ayuda comprender su origen. Satanás es el autor de todos los efectos destructivos del abuso; él tiene extraordinaria capacidad de conducir a una persona a callejones sin salida donde es imposible encontrar la solución a problemas tan desafiantes. Su estrategia es separar el alma dolorida del alivio que se recibe de un Padre Celestial caritativo y de un amoroso Redentor.
Si has sido víctima de este abuso, Satanás tratará de convencerte de que no hay solución, pero él sabe muy bien que sí la hay. Satanás reconoce que el alivio se obtiene por medio del amor inquebrantable que nuestro Padre Celestial tiene por cada uno de Sus hijos. También sabe que el poder para sanar es una parte fundamental de la expiación de Jesucristo; por lo tanto, su estrategia es hacer todo lo posible para separarte de tu Padre y de Su Hijo. No permitas que Satanás te convenza de que nadie puede ayudarte. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Tres sumos sacerdotes presidentes
Élder William R. Walker
De los Setenta
Recibiremos sabiduría y fortaleza al mirar a la Primera Presidencia como el modelo ideal de liderazgo.
Qué bendición y privilegio es para nosotros sostener al presidente Thomas S. Monson, al presidente Henry B. Eyring y al presidente Dieter F. Uchtdorf como la nueva Primera Presidencia de la Iglesia del Señor.
Por primera vez me di cuenta de la importancia de la Primera Presidencia, siendo niño, mientras crecía en el oeste de Canadá. Cuando iba a la casa del abuelo y de la abuela Walker, lo primero que veía era una foto de la Primera Presidencia de la Iglesia; la recuerdo bien. Parecía que eran los centinelas que daban la bienvenida a todo el que entraba.
La hermosa foto a color era del presidente George Albert Smith, con sus consejeros J. Reuben Clark Jr. y David O. McKay. La foto los mostraba de pie, junto a un gran globo terráqueo. Me encantaba esa foto. Se veían tan apuestos y majestuosos; yo los conocía como el profeta de Dios y sus consejeros.
Aquella foto, que colgaba en el pasillo de entrada de la casa de mis abuelos, tuvo una poderosa influencia en mí. Yo vivía en Raymond, un pueblito de la pradera, al igual que mis abuelos. Como podía ir caminando a la casa de ellos, los visitaba a menudo. Me acuerdo que con frecuencia me paraba solo, en silencio, en el pasillo de la entrada, frente a la foto de la Primera Presidencia, mirándola con reverencia. Recuerdo haber meditado el porqué mis abuelos pensaban que era tan importante honrar a la Primera Presidencia y que la foto ocupara un lugar destacado en su casa. Todos los que entraran, la verían; y quizá lo más importante, para sus hijos y nietos, es que era un recordatorio constante de lo que tenía suma importancia en el corazón y la vida de la abuela y el abuelo.
Años después, llegué a la conclusión de que exhibir la foto de la Primera Presidencia era semejante a la hermosas palabras de Josué: “…escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
Todo aquel que entró en la casa de James y Fannye Walker sabía que grabadas en el corazón de ellos estaban las palabras: “…pero nosotros y nuestra casa serviremos a Jehová”. Como nieto suyo, lo sabía y nunca lo he olvidado.
De niño, no entendía bien el significado de que hubiese tres en la Primera Presidencia en lugar de tener un solo presidente. Sabía por supuesto que Jesús había escogido a Pedro, Santiago y Juan, no sólo a Pedro. Sabía que mi padre era uno de los tres hombres del obispado, que prestaba servicio como consejero del obispo J. O. Hicken. También sabía que mi abuelo era el presidente de estaca y que tenía dos consejeros que lo apoyaban (el presidente John Allen y el presidente Leslie Palmer).
En cada caso, la presidencia no sólo consistía de un hombre que era el líder, sino de tres que dirigían juntos. En la Primaria había aprendido los Artículos de Fe y llegué a apreciarlos. Ellos ofrecen consuelo y confianza a nuestros jóvenes a medida que aprenden las doctrinas básicas de la Iglesia. Sabía que “… el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas” (Artículos de Fe 1:5).
En 1835 el Señor reveló al Profeta José Smith el orden correcto de las presidencias de la Iglesia:
“Necesariamente hay presidentes, [u]… oficiales presidentes…”.
“Del Sacerdocio de Melquisedec, tres Sumos Sacerdotes Presidentes, escogidos por el cuerpo, nombrados y ordenados a ese oficio, y sostenidos por la confianza, fe y oraciones de la iglesia, forman un quórum de la Presidencia de la iglesia” (D. y C. 107: 21– 22). Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Prestar servicio: una cualidad divina
Élder Carlos H. Amado
De los Setenta
Los que prestan servicio se esforzarán por ennoblecer, edificar y elevar a sus semejantes.
Todas las cosas que Cristo hizo por nuestra salvación son únicas. Él logró cumplir su obra redentora en aproximadamente tres años de ministerio. Hoy quisiera destacar tres propósitos de la vida del Salvador en la tierra:
1. Su sacrificio expiatorio
El primero y más grande propósito fue la inigualable y asombrosa asignación que recibió de Su Padre de efectuar un sacrificio infinito y eterno por toda la humanidad.
Como el Unigénito del Padre Celestial en la carne, heredó todas las cualidades divinas de Su Padre, y de Su madre terrenal, María, heredó todas sus características humanas.
Sólo Su sacrificio pudo rescatarnos de nuestro estado mortal y caído (Alma 34:8–14). Vino al mundo con el propósito específico de dar Su vida, ya que sólo Su vida podía darnos vida eterna.
Ningún otro ser mortal, en ninguna época pasada, presente o futura de la existencia de la tierra, vivió o vivirá para efectuar la Expiación de nuestros pecados. Él es nuestro Salvador y Redentor (véase Juan 3:16).
Él regresará de nuevo para gobernar y reinar entre nosotros con gran poder y gloria.
2. Su doctrina
El segundo propósito por el que Él moró entre nosotros fue para enseñar la doctrina que aprendió de Su Padre, la cual contiene las ordenanzas y los convenios de salvación y exaltación (véase Marcos 1:27; Juan 7:16).
Su doctrina es una de amor, perdón y misericordia. Es la manera de vivir en paz y armonía entre los hombres y el camino para volver a vivir con Dios.
3. Su servicio a los hijos de Dios
Su tercer propósito fue edificar el reino mediante el servicio a los demás. Éste fue un liderazgo diferente. El prestar servicio es la característica de Sus discípulos, una cualidad divina.
“Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.
“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a los otros.
“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:13–15).
Él vivió para predicar el Evangelio del reino y para sanar toda enfermedad (véase Mateo 4:23–24). El enseñar Su doctrina y servir a nuestros semejantes son dos responsabilidades que aceptamos cuando nos bautizamos. Esto nos convierte en verdaderos siervos de Cristo.
En una ocasión, cuando hubo terminado de enseñar Su doctrina, tuvo compasión de la gente e hizo el milagro de multiplicar los panes y los peces, y dio de comer a la multitud, lo cual nos indica Su carácter caritativo y de servicio. Al siguiente día, la multitud era aún mayor por la comida que habían recibido. Con determinación y visión de lo eterno les enseñó:
“… me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Abramos nuestro corazón
Élder Gerald N. Lund
De los Setenta
Esforcémonos a diario por abrir nuestro corazón al Espíritu.
Hoy me gustaría hablar sobre la importancia de abrir nuestro corazón al Espíritu Santo.
Después del bautismo, se nos confirma y otorga el Espíritu Santo, que es un don divino. El Espíritu Santo nos consuela, enseña, advierte, ilumina e inspira. Nefi lo dijo de una manera muy sencilla: “…si entráis por la senda y recibís el Espíritu Santo, él os mostrará todas las cosas que debéis hacer” 1 . Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para superar sin peligro lo que el apóstol Pablo llamó los “tiempos peligrosos” 2 en los que ahora vivimos.
El Espíritu Santo es un personaje de espíritu, lo que le permite morar en nuestro corazón y comunicarse directamente con nuestro espíritu 3 . La voz del Espíritu se describe como suave y apacible y una que susurra 4 . ¿Cómo puede ser la voz suave? ¿Por qué se la compara con un susurro? Porque el Espíritu casi siempre habla a la mente y al corazón 5 en vez de al oído. El presidente Boyd K. Packer ha dicho: “El Espíritu Santo se comunica con una voz que se siente más de lo que se oye” 6 .
Sentimos con el corazón. En las Escrituras, los profetas enseñan que la revelación personal tiene una estrecha relación con el corazón; por ejemplo:
Mormón enseñó: “…por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo” 7 .
Alma dijo: “…el que endurece su corazón recibe la menor porción de la palabra; y al que no endurece su corazón le es dada la mayor parte de la palabra” 8 .
Mormón escribió acerca de los nefitas: “[Sus almas se llenaron] de gozo y de consolación… que viene de entregar el corazón a Dios” 9 .
Luego, el salmista escribió con sencillez: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón” 10 .
¿No es eso algo que todos buscamos, hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos visite, que el Señor se acerque a nosotros, encontrar gozo y consuelo en la vida? Si es así, entonces el evaluar cuidadosamente la condición de nuestro corazón es una de las cosas más importantes que podemos hacer en esta vida.
El corazón es delicado, sensible a muchas influencias, tanto positivas como negativas. Otras personas lo pueden lastimar; el pecado lo puede insensibilizar, y el amor, suavizar. Muy pronto en la vida aprendemos a proteger nuestro corazón; es como si levantáramos a su alrededor una cerca con una puerta: nadie puede entrar a menos que se lo permitamos.
En algunos casos, la cerca que levantamos alrededor de nuestro corazón se asemeja a una cerca pequeña que tiene un cartel de bienvenida. Otros corazones han sido tan lastimados o insensibilizados por el pecado que tienen una valla alambrada de dos metros y medio que termina en alambre de púas; la puerta tiene candado y un cartel grande que dice: Prohibido el paso.
Apliquemos la idea de una puerta al corazón al hecho de recibir revelación personal. Nefi enseñó: “…cuando un hombre habla por el poder del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo lo lleva al corazón de los hijos de los hombres” 11 . El élder David A. Bednar notó el uso de la palabra al: “Fíjense en que el Espíritu lleva el mensaje al corazón, pero no lo introduce necesariamente en su interior… sin embargo, el contenido de un mensaje y el testimonio del Espíritu Santo penetran el corazón sólo cuando lo permite el receptor” 12 . Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Cómo obtener un testimonio de Dios el Padre, de Su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Lo que se me ha dicho a mí… se les puede decir a ustedes por medio del Espíritu Santo… de acuerdo con su obediencia y sus deseos.
Yo, igual que ustedes, aprecio haber participado en la asamblea solemne; pero pensé que si explicara un punto de doctrina, eso ayudaría. Cuando levantamos la mano en forma de escuadra en la asamblea solemne, no era sólo un voto sino que nos comprometimos en forma privada y personal, hicimos convenio de sostener y defender las leyes, las ordenanzas, los mandamientos y al profeta de Dios, el presidente Thomas S. Monson. Fue un gran placer participar con ustedes y levantar la mano derecha en forma de escuadra.
Mis hermanos y hermanas, en los últimos meses he recibido una lección de humildad que me ha dado la oportunidad de reflexionar con gratitud sobre el don de la vida. Durante esa experiencia he meditado continuamente sobre mi testimonio de Dios, nuestro Padre Eterno, y de Su Hijo mayor, nuestro Salvador y Redentor Jesucristo, y en cómo obtuve mi testimonio del Padre y del Hijo.
Las personas de todo el mundo, de toda religión y creencia, buscan y tratan de saber: “¿Quién es Dios?”, “¿qué relación tiene Él con Jesucristo?”, “¿y qué relación tenemos nosotros con Ellos?”.
Sé con seguridad que nuestro Padre Celestial y Jesucristo viven. La Expiación es real; Dios el Padre y Jesucristo son seres distintos, separados e inmortales. Nos conocen en forma individual; ellos escuchan y responden nuestras oraciones sinceras. El Salvador testificó a los habitantes del Nuevo Mundo: “Yo doy testimonio del Padre, y el Padre da testimonio de mí, y el Espíritu Santo da testimonio del Padre y de mí” 1 . El Espíritu Santo me ha testificado que estas cosas son verdaderas.
Comencé a adquirir un testimonio en mi juventud cuando reflexioné sobre las trece declaraciones proféticas llamadas Los Artículos de Fe, escritas por José Smith. En la Primaria las memorizábamos; describen las creencias básicas del evangelio restaurado de Jesucristo. En la primera de esas declaraciones leemos: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” 2 .
José Smith conocía, por experiencia personal, la naturaleza de los tres miembros de la Trinidad. Cuando era un joven de 14 años quiso saber a cuál de todas las iglesias cristianas debía unirse. En la Biblia, en el libro de Santiago, en el Nuevo Testamento, leyó: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” 3 . Obedeciendo, se arrodilló en oración y recibió la visita de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo. Los describió como “dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción”, en el aire arriba de [José]. “Uno de ellos [Dios el Padre] [le] habló, llamándo [lo] por [su] nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” 4 .
Desde mi niñez, la experiencia de José Smith ha sido una guía para mí, y puede serlo para todos nosotros. El joven profeta aprendió la verdad acerca de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo Su Hijo, porque buscó saber la voluntad de su Padre Celestial por medio de las Escrituras, y luego obedeció fielmente.
El Salvador estableció y ejemplificó este modelo de forma perfecta, así como se registra en la Biblia. Cuando Jesús tenía 12 años, Su madre María y José, Su padre terrenal, lo encontraron enseñando en el templo. Jesús les preguntó: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” 5 . Pero Jesús no se refería a los negocios de José; sino a los negocios de Su Padre literal y Eterno en los Cielos.
La manera en que Dios el Padre presentó a Su hijo en varias ocasiones es significativa: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua… Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” 6 . También en el Monte de Transfiguración: “Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd” 7 .
Cuando Jesucristo apareció en el Continente Americano, fue presentado de la misma forma: “He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd” 8 . Luego, casi dos mil años más tarde, se le dijeron a José Smith las mismas palabras: “Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” 9 . Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Testimonio
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles
El conocimiento fomenta la obediencia y la obediencia realza el conocimiento.
Un testimonio del Evangelio es un testigo personal que el Espíritu Santo atestigua a nuestra alma que ciertos hechos de importancia eterna son verdaderos y que sabemos que lo son. Entre esos hechos se incluye la naturaleza de la Trinidad y nuestra relación con sus tres integrantes, la eficacia de la Expiación y la realidad de la Restauración.
Un testimonio del Evangelio no es un itinerario de viajes, ni un historial médico, ni es una expresión de amor hacia los miembros de la familia; no es un sermón. El presidente Kimball enseñó que en el momento en que comenzamos a sermonear, se acaba nuestro testimonio 1 .
I.
Al escuchar a los demás dar testimonio o cuando pensamos en expresar el nuestro, surgen varias preguntas.
1. En una reunión de testimonios un miembro dice: “Yo sé que el Padre y el Hijo se aparecieron al profeta José Smith”, y un visitante se pregunta: “¿Qué quiere decir cuando afirma saber eso?”.
2. Un jovencito que se prepara para la misión se pregunta si su testimonio es lo suficientemente firme para prestar servicio como misionero.
3. Una persona joven escucha el testimonio de uno de sus padres o de un maestro. ¿Cómo ayuda ese testimonio a la persona que lo escucha?
II.
¿Qué queremos decir cuando testificamos y decimos que sabemos que el Evangelio es verdadero? Comparen esa clase de conocimiento con la frase “Sé que hace frío afuera” o “Sé que amo a mi esposa”. Son tres tipos diferentes de conocimiento, cada uno de los cuales se aprende de manera distinta. El conocimiento de la temperatura exterior se puede verificar mediante pruebas científicas. El conocimiento de que amamos a nuestro cónyuge es personal y subjetivo. Aunque no se puede comprobar científicamente, es importante. La idea de que todo conocimiento importante se basa en evidencia científica simplemente no es verdad.
Aunque existen algunas “evidencias” de las verdades del Evangelio (por ejemplo, véase Salmos 19:1; Helamán 8:24), los métodos científicos no producirán el conocimiento espiritual. Eso fue lo que enseñó Jesús al responder al testimonio de Simón Pedro de que Él era el Cristo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17). El apóstol Pablo lo explicó en una epístola a los santos de Corinto, cuando dijo: “…nadie conoció las cosas de Dios, sino [por] el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11; véase también Juan 14:17).
Por el contrario, conocemos las cosas del hombre por los métodos del hombre, pero “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).
En el Libro de Mormón se enseña que Dios nos manifestará la verdad de las cosas espirituales por el poder del Espíritu Santo (véase Moroni 10:4–5). En las revelaciones modernas, Dios nos promete que la forma en la que recibiremos “conocimiento” será que Él nos hablará a la mente y al corazón “por medio del Espíritu Santo” (D. y C. 8:1–2).
Una de las cosas más sublimes del plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos es que cada uno de nosotros puede saber por sí mismo la veracidad de ese plan. Ese conocimiento revelado no se recibe de libros, de evidencia científica ni de meditación intelectual. Al igual que el apóstol Pedro, podemos recibir dicho conocimiento directamente del Padre Celestial por medio del testimonio del Espíritu Santo.
Cuando sabemos verdades espirituales por medios espirituales, podemos estar tan seguros de ese conocimiento como lo están los eruditos o los científicos en cuanto a los diferentes tipos de conocimiento que han adquirido por otros métodos.
El profeta José Smith proporcionó un maravilloso ejemplo de esto. Cuando fue perseguido por contarle a la gente en cuanto a su visión, comparó su situación a la del apóstol Pablo, que fue ridiculizado y despreciado cuando presentó su defensa ante el rey Agripa (véase Hechos 26). “Pero nada de esto destruyó la realidad de su visión”, dijo José. “Había visto una visión, y él lo sabía, y toda la persecución debajo del cielo no iba a cambiar ese hecho… Así era conmigo”, continuó José. “Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos Personajes, los cuales en realidad me hablaron… había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía, y no podía negarlo, ni osaría hacerlo” (José Smith –Historia 1:24–25).
III.
Ése fue el testimonio de José Smith. ¿Y el nuestro? ¿Cómo podemos llegar a saber y a testificar que lo que él dijo era verdad? ¿Cómo se obtiene lo que llamamos un testimonio?
El primer paso para adquirir cualquier tipo de conocimiento es tener un verdadero deseo de saber. En el caso del conocimiento espiritual, el siguiente paso es preguntar a Dios en oración sincera; tal como leemos en la revelación moderna: Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 La Iglesia verdadera y viviente
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera e imperecedera.
Al sostener a Thomas Spencer Monson como profeta, vidente y revelador y como Presidente de La Iglesia, y a Todd Christofferson como apóstol y miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, hemos visto y sentido la evidencia de que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera y viviente. El Señor habló a aquellos por medio de quienes Él restauró la Iglesia en los postreros días; dijo que ellos tendrían “…el poder para establecer los cimientos de esta iglesia y de hacerla salir de la obscuridad y de las tinieblas, la única iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra, con la cual yo, el Señor, estoy bien complacido, hablando a la iglesia colectiva y no individualmente,
“porque yo, el Señor, no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia.
“No obstante, el que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor será perdonado;
“y al que no se arrepienta, le será quitada aun la luz que haya recibido; porque mi Espíritu no luchará siempre con el hombre, dice el Señor de los Ejércitos” 1 .
Ésta es la Iglesia verdadera, la única Iglesia verdadera, ya que en ella están las llaves del sacerdocio. Sólo en esta Iglesia el Señor ha depositado el poder para sellar tanto en la tierra como en el cielo tal como lo hizo en la época del apóstol Pedro. Esas llaves se restauraron a José Smith, a quien luego se le autorizó conferirlas a los miembros del Quórum de los Doce.
Cuando el profeta José fue asesinado, los enemigos de la Iglesia pensaron que ésta desaparecería; creyeron que era la creación de un hombre mortal y que, por lo tanto, perecería con él. Pero sus esperanzas se truncaron; era la Iglesia verdadera y también tenía el poder de perdurar aun cuando fallecieran las personas escogidas para guiarla por cierto tiempo.
Hoy hemos visto una demostración de que ésta es la Iglesia verdadera y viviente. Las llaves del sacerdocio están en poder de seres mortales, pero el Señor ha preparado un medio para que éstas permanezcan en funcionamiento sobre la tierra siempre y cuando el pueblo ejerza fe en que las llaves están sobre la tierra y en que se han transmitido por voluntad de Dios a Sus siervos escogidos.
El pueblo de Dios no siempre ha sido digno de la maravillosa experiencia que hemos tenido hoy. Tras la ascensión de Cristo, los apóstoles continuaron ejerciendo las llaves que Él les dejó; no obstante, debido a la desobediencia y la pérdida de fe de los miembros, los apóstoles murieron sin transferir las llaves a un sucesor. A ese trágico episodio lo llamamos “la apostasía”. Si los miembros de la Iglesia de aquel tiempo hubieran tenido la oportunidad y la voluntad de ejercer la fe como ustedes lo han hecho hoy, el Señor no hubiera retirado las llaves del sacerdocio de la tierra; de modo que hoy es un día de trascendencia histórica e importancia eterna en la historia del mundo y para los hijos de nuestro Padre Celestial.
Nuestra obligación es permanecer dignos de la fe necesaria para cumplir la promesa que hemos hecho de sostener a los que han sido llamados. El Señor estaba bien complacido con la Iglesia al comienzo de la Restauración, al igual que lo está hoy; no obstante, advirtió a los miembros de ese entonces, como lo hace ahora, que Él no puede considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia. A fin de sostener a quienes se ha llamado hoy, debemos examinar nuestra vida; arrepentirnos, de ser necesario; prometer guardar los mandamientos del Señor y seguir a Sus siervos. El Señor nos advierte que si no hacemos estas cosas, el Espíritu Santo se retirará, perderemos la luz que hemos recibido y no podremos cumplir la promesa que hemos hecho hoy de sostener a los siervos del Señor en Su Iglesia verdadera.
Cada uno de nosotros debe realizar una evaluación personal. Primero, debemos juzgar la magnitud de nuestro agradecimiento por ser miembros de la verdadera Iglesia de Jesucristo. En segundo lugar, debemos saber, por el poder del Espíritu Santo, cómo podemos mejorar nuestra obediencia a los mandamientos.
Por profecía, no sólo sabemos que la Iglesia verdadera y viviente no será quitada de la tierra nuevamente, sino que también mejorará. Nuestra vida cambiará para bien a medida que ejerzamos la fe para arrepentimiento, que recordemos siempre al Salvador y tratemos de guardar Sus mandamientos con más firmeza. Las Escrituras contienen promesas de que, cuando el Señor vuelva otra vez a Su Iglesia, la encontrará espiritualmente preparada para Él; eso debería hacernos estar decididos y sentirnos optimistas. Debemos mejorar; podemos hacerlo; y lo haremos.
Hoy, en especial, sería acertado tomar la determinación de sostener con nuestra fe y oraciones a todos los que nos presten servicio en el reino. Sé, personalmente, del poder de la fe de los miembros para sostener a los que han sido llamados. Las últimas semanas he sentido de manera muy intensa las oraciones y la fe de personas que no conozco y que me conocen a mí sólo como alguien llamado a servir mediante las llaves del sacerdocio. El presidente Thomas S. Monson será bendecido por medio de la fe sustentadora de ustedes; también se derramarán bendiciones sobre la familia Monson debido a la fe y las oraciones de ustedes. Todos aquellos a quienes sostuvieron hoy serán sostenidos por Dios debido a la fe de ellos y a la de ustedes. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 La preocupación por la persona en particular
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Jesucristo es nuestro gran ejemplo; lo rodeaban multitudes y habló a miles, sin embargo siempre se preocupaba por la persona en particular.
Agradezco la oportunidad de estar con ustedes hoy en este magnífico Centro de Conferencias. Pese al tamaño de esta congregación, es sobrecogedor darse cuenta de que sólo es una fracción de los millones que van a ver, escuchar y leer las palabras que se hablarán en esta gran conferencia.
Por supuesto, echaremos de menos a nuestro amado presidente Gordon B. Hinckley; sin embargo, debido a su influencia, todos somos mejores y, gracias a su guía, la Iglesia es más fuerte; de hecho, el mundo es un lugar mejor porque hubo un gran líder como el presidente Gordon B. Hinckley.
Me gustaría decir unas palabras acerca de la nueva Primera Presidencia.
Conozco al presidente Monson desde hace mucho tiempo; él es uno de los valientes de Israel que fue preordenado para presidir esta Iglesia. Es bien conocido por sus relatos y parábolas cautivadoras, pero los que lo conocemos mejor, sabemos que su vida es un modelo práctico y ejemplar de esos relatos. Aunque para él es un cumplido que muchos de los grandes y poderosos de este mundo lo conozcan y lo honren, quizás sea un mayor tributo el que muchas de las personas modestas lo llamen amigo.
Por naturaleza, el presidente Monson es amable y caritativo. Sus palabras y sus obras ejemplifican su preocupación por la persona en particular.
El presidente Eyring es un hombre sabio, instruido y espiritual. Lo conocen y respetan no sólo en la Iglesia sino entre los que no son de nuestra fe. Es la clase de hombre que cuando habla, todos escuchan y que ha dado honor al apellido Eyring.
Conocí al presidente Uchtdorf cuando presté servicio como presidente de área en Europa. Desde que lo conocí, vi en él a un hombre de gran profundidad espiritual y enorme capacidad; sabía que el Señor lo tenía presente. Hace veintitrés años, tuve el honor de extenderle el llamamiento del Señor para prestar servicio como presidente de estaca en Francfort, Alemania. Al observarlo a través de los años, he notado que todo lo que ha estado bajo su dirección, ha prosperado. El Señor está con él. Cuando pienso en el presidente Uchtdorf, me vienen dos palabras a la mente: Alles wohl, que en alemán significan: “Todo está bien”.
Los verdaderos discípulos de Jesucristo siempre se han preocupado por la persona en particular. Jesucristo es nuestro gran ejemplo; lo rodeaban multitudes y habló a miles, sin embargo siempre se preocupaba por la persona en particular. “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido” 1 , dijo. “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” 2 .
Esa instrucción se aplica a todo el que lo sigue. Se nos manda buscar a los que estén perdidos y ser guardas de nuestros hermanos. No podemos ignorar el encargo que el Salvador nos ha dado; debemos preocuparnos por la persona en particular.
Hoy, me gustaría hablar acerca de aquellos que están extraviados, unos porque son diferentes, otros porque están cansados, y otros porque se han apartado.
Algunos se extravían porque son diferentes. Sienten que no son parte del grupo; quizás, porque son diferentes, ellos mismos se alejan poco a poco del rebaño. Es posible que su apariencia, su forma de actuar, de pensar y de hablar sea diferente de quienes los rodean y, a veces, eso los hace suponer que no encajan y llegan a la conclusión de que no se los necesita.
Asociada a esa falsa idea está la creencia errónea de que todos los miembros de la Iglesia deben parecerse, hablar y actuar de igual modo. El Señor no llenó la tierra con una orquesta vibrante de personalidades sólo para valorar a los flautines del mundo. Cada instrumento es preciado y aporta a la compleja belleza de la sinfonía. Todos los hijos de nuestro Padre Celestial son diferentes de algún modo; sin embargo cada uno posee su hermoso sonido propio que agrega intensidad y riqueza al conjunto.
Esa diversidad en la creación es un testimonio de cuánto valora el Señor a Sus hijos. No estima a una carne más que a otra, sino que “invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres… todos son iguales ante Dios” 3 . Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Cómo restaurar la fe en la familia
Élder Kenneth Johnson
De los Setenta
Las familias estables proporcionan la estructura que mantiene unida a la sociedad y que beneficia a toda la humanidad.
Con el conocimiento del “gran plan de felicidad” 1 , tenemos la oportunidad y también la responsabilidad de contribuir a restaurar la fe en la familia.
En muchos sentidos, nuestra responsabilidad es comparable a la de quienes trabajan en el campo de la investigación médica y científica; ellos determinan, mediante el uso de leyes establecidas, cómo aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida.
En el ámbito de la religión, los hombres y las mujeres de fe, por medio de principios 2 probados, pueden ayudar a sanar un corazón acongojado, y restaurar la fe y la confianza a una mente atribulada.
El éxito científico se ha alcanzado obedeciendo lo que a menudo se denomina como leyes naturales. Los grandes científicos del pasado y del presente no crearon las leyes relacionadas con esos procesos que ocurren naturalmente, sino que las descubrieron.
En una epístola a los corintios, el apóstol Pablo plantea una pregunta que invita a la reflexión, concerniente a la fuente de la capacidad intelectual del hombre: “Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?” 3 .
Por medio de la lógica y del aprendizaje, se aumenta el conocimiento y se mejora la comprensión. Mediante ese proceso se reconocen las teorías y las leyes, y se aceptan como auténticas.
Algo que se torna claro para la mente ilustrada es que existen leyes que mantienen la vida y a los seres vivos en equilibrio. El descubrir las leyes de la física y acatarlas trae progreso y permite que el hombre se eleve a mayores niveles de realización que no sería posible lograr de otra forma.
Creo que esa premisa también se aplica a las normas éticas y a los valores morales. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad salvaguardar el hogar como el centro de aprendizaje donde puedan inculcarse esas virtudes en un clima de amor y mediante el poder del ejemplo 4 .
El presidente Thomas S. Monson ha enseñado: “Nuestros jóvenes necesitan menos críticos y más ejemplos para seguir” 5 .
Al meditar en mi propia vida, comprendo cómo llegué a apreciar los valores esenciales que son necesarios para el desarrollo de un carácter sano. ¿Dónde aprendí a ser leal, íntegro y confiable? Aprendí esas cualidades en mi hogar, del ejemplo de mis padres. ¿Cómo llegué a apreciar el valor del servicio desinteresado? Lo hice al observar y disfrutar la dedicación de mi madre hacia su familia. ¿Dónde aprendí a honrar y respetar a las hijas de Dios? Lo aprendí del ejemplo de mi padre.
Fue en el hogar donde aprendí los principios de una vida frugal y la dignidad del trabajo. Aún recuerdo cómo mi madre, durante numerosas noches, cosía zapatos en casa, con una máquina de coser de pedal, para una fábrica local de calzado. No lo hacía para poder comprarse algo para ella, sino para ayudar a proporcionar apoyo económico a fin de que mi hermano y yo pudiésemos asistir a la universidad; más adelante mencionó cómo ese acto de servicio fue motivo de satisfacción para ella. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 Tradiciones rectas
Cheryl C. Lant
Presidenta General de la Primaria
Con las tradiciones que estamos creando en nuestra familia, ¿será más fácil para nuestros hijos seguir a los profetas vivientes?
Desde que tengo memoria, mi padre llevaba en la mano izquierda un anillo con un hermoso rubí, el que heredó mi único hermano. Supongo que llegará a ser una tradición en nuestra familia, un legado que pasará de generación en generación; será una buena tradición, llena de dulces recuerdos.
Todos tenemos tradiciones en nuestra familia; algunas son materiales y otras encierran gran significado. Las más importantes se relacionan con la manera en que vivimos y perdurarán al influir y moldear la vida de nuestros hijos. En el Libro de Mormón leemos sobre los lamanitas, en quienes tuvieron una gran influencia las tradiciones de sus padres. El rey Benjamín dijo que era un pueblo que no sabía nada de los principios del Evangelio, “y ni siquiera [los] creen cuando se [los] enseñan, a causa de las tradiciones de sus padres, las cuales no son correctas” (Mosíah 1:5).
Y nosotros, ¿qué clase de tradiciones tenemos? Algunas tal vez provengan de nuestros padres, y ahora las transmitimos a nuestros hijos. ¿Son las tradiciones que deseamos? ¿Se basan en hechos de rectitud y de fe? ¿Son, en su mayor parte, de naturaleza material o son eternas? ¿Nos esforzamos de verdad por crear tradiciones rectas o la vida simplemente nos está pasando de largo? ¿Creamos nuestras tradiciones en respuesta a las voces estridentes del mundo o en base a la influencia de la voz dulce y apacible del Espíritu? De acuerdo con las tradiciones que estamos creando en nuestra familia, ¿será más fácil para nuestros hijos seguir a los profetas vivientes o será difícil hacerlo?
¿Cómo determinamos cuáles serán nuestras tradiciones? En las Escrituras encontramos un gran modelo; en Mosíah 5:15 dice: “Por tanto, quisiera que fueseis firmes e inmutables, abundando siempre en buenas obras”.
Me encantan esas palabras, ya que sabemos que las tradiciones se forman con el tiempo al repetir las mismas cosas una y otra vez. Si somos firmes e inmutables en hacer lo bueno, nuestras tradiciones se arraigarán en la rectitud. Sin embargo, tengo una duda: ¿cómo determinamos lo que es bueno o, lo que es más importante, aquello que es suficientemente bueno? Otro pasaje que nos brinda un poco más de información se encuentra en 3 Nefi 6:14. Habla de personas “que se habían convertido a la verdadera fe; y no quisieron separarse de ella, porque eran firmes, inquebrantables e inmutables; y estaban dispuestos a guardar los mandamientos del Señor con toda diligencia”.
De eso aprendemos que nuestra conversión a la “verdadera fe” antecede a nuestra aptitud de permanecer firmes, inquebrantables e inmutables en guardar los mandamientos; esa conversión es una firme creencia en Jesucristo como nuestro Redentor. Un testimonio de ello se encuentra en el Libro de Mormón, que es “otro testamento de Jesucristo” y va de la mano con la Biblia al proclamar la divinidad y la misión de Jesucristo, así como la realidad de un Padre Celestial viviente. Todo profeta de quien se hace mención en esos libros sagrados da su testimonio personal de estas cosas, y de las enseñanzas sobre la forma en que debemos vivir a fin de participar de la Expiación y de encontrar la paz y la felicidad. Seguir leyendo →
Cara a Cara con el presidente Eyring y el élder Holland,
04 de Marzo de 2017
Esta transmisión mundial presentó un análisis con el presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, y el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles. Todos los jóvenes pueden mirar este evento para ayudarlos a aprender sobre la oración.
Conferencia General Abril 2008 Experiencias especiales
Élder Ronald A. Rasband
De la Presidencia de los Setenta
Nuestro trayecto por la vida nos brinda muchas experiencias especiales que se convierten en bloques para edificar la fe y el testimonio.
En este día especial, me gustaría agregar mi testimonio de que el presidente Thomas S. Monson es el profeta del Señor en la tierra. Estoy agradecido por el privilegio de hablar en la conferencia general.
Estoy agradecido, como ustedes, por la experiencia que tenemos en esta histórica conferencia de sostener, según el orden y modelo establecidos, a nuestro nuevo profeta, a la Primera Presidencia y a otros líderes de la Iglesia.
Este tipo de experiencias fortalece nuestro testimonio y acrecienta nuestra fe en el conocimiento de que ésta es, en verdad, la Iglesia verdadera y viviente del Señor.
Nuestro trayecto por la vida nos brinda muchas experiencias especiales que se convierten en bloques para edificar la fe y el testimonio. Dichas experiencias vienen en gran variedad de formas y en momentos impredecibles; pueden ser acontecimientos espirituales poderosos o pequeños momentos de inspiración. Algunas se presentarán como serios desafíos y pruebas difíciles que pondrán a prueba nuestra habilidad de superarlas. Sin importar cuál sea la experiencia, cada una nos ofrece una ocasión de progresar, de adquirir más sabiduría y, en muchos casos, de servir a los demás con mayor empatía y amor. Tal como el Señor le dijo al profeta José Smith para consolarlo en una de sus pruebas más difíciles en la cárcel de Liberty: “…todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien” (D. y C. 122:7).
Al acumularse las experiencias de la vida, se fortalecen y se complementan unas con otras. Tal como los ladrillos de nuestra casa sostienen al resto de la estructura, las experiencias personales se convierten en bloques que edifican nuestro testimonio y aumentan nuestra fe en el Señor Jesucristo.
Esta misma sesión de la conferencia ilustra el valor de una vida llena de experiencias. Al seguir el sabio consejo de nuestros líderes, y al maravillarnos ante sus enseñanzas y su espíritu, ¿nos sorprende que el Señor elija al apóstol de mayor antigüedad, después de años de preparación, para que sea Su profeta escogido?
En mi bendición patriarcal se indica que se me darían experiencias especiales que fortalecerían mi propio testimonio.
Hermanos y hermanas, piensen en las experiencias especiales que han tenido en la vida, que han traído convicción y gozo a su corazón. ¿Recuerdan la primera vez que supieron que José Smith era el profeta de Dios de la Restauración? ¿Recuerdan cuando aceptaron el desafío de Moroni y supieron que el Libro de Mormón era en verdad otro testamento de Jesucristo? ¿Recuerdan cuando recibieron respuesta a una ferviente oración y se dieron cuenta de que su Padre Celestial los conoce y los ama en forma personal? Al meditar en esas experiencias especiales, ¿no les brindan un sentimiento de gratitud y resolución para seguir adelante con renovada fe y determinación? Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 La salvación y la exaltación
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles
En el plan eterno de Dios, la salvación es un asunto individual y la exaltación es un asunto familiar.
Con gratitud, damos la bienvenida al élder D. Todd Christofferson al Quórum de los Doce Apóstoles. Con todo nuestro corazón, sostenemos a esta maravillosa Primera Presidencia y a todos los que han sido llamados.
Hermanos y hermanas, cuando recibimos la noticia de que el presidente Gordon B. Hinckley había fallecido, todos experimentamos de inmediato una profunda sensación de pérdida; no obstante, sabíamos que su destino se encontraba en las manos del Señor y nuestra tristeza se tornó en gratitud. Nos sentimos sumamente agradecidos por lo que hemos aprendido de ese gran profeta de Dios.
Hoy, en esta asamblea solemne, hemos cumplido con la voluntad del Señor, quien dijo que “a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio ni a edificar mi iglesia, a menos que sea ordenado por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” 1 . Se ha recurrido a esta ley del común acuerdo 2 y la Iglesia seguirá avanzando por su curso prescrito.
Los miembros del mundo entero sostienen al presidente Thomas S. Monson y a sus capaces consejeros. Ya no somos “extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios;
“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” 3 .
El Señor reveló la razón por la cual “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas”. Lo hizo “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” 4 .
Por tanto, el ministerio de los apóstoles —la Primera Presidencia y los Doce— consiste en lograr esa unidad de fe y proclamar nuestro conocimiento del Maestro; nuestro ministerio consiste en bendecir la vida de todos los que aprendan y sigan el “camino aun más excelente” del Señor 5 , y debemos ayudar a las personas a prepararse para su posible salvación y exaltación.
El tercer Artículo de Fe declara que “por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio”.
Ser salvos, o alcanzar la salvación, significa ser redimidos de la muerte física y de la espiritual. Debido a la resurrección de Jesucristo, todas las personas resucitarán y serán salvas de la muerte física. Las personas también podrán ser salvas de la muerte espiritual individual por medio de la expiación de Jesucristo, por su fe en Él, mediante una vida de obediencia a las leyes y ordenanzas de Su Evangelio, y al servirle.
Ser exaltados, o alcanzar la exaltación, se refiere al estado supremo de felicidad y gloria del reino celestial. Podemos obtener esas bendiciones una vez que abandonemos esta existencia frágil y terrenal. Ahora es el momento de prepararnos para nuestra salvación y exaltación 6 .
Como parte de esa preparación, primero debemos oír y comprender el Evangelio. Éste es el motivo por el cual se está llevando el evangelio de Jesucristo “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” 7 .
Responsabilidad individual
Hace algunos años, en África, me reuní con el rey de una tribu. Cuando se dio cuenta de que le estaba enseñando un Apóstol del Señor, se quedó profundamente conmovido. Me dijo que los de su pueblo se bautizarían en multitudes si él, como rey, así se los mandaba. Agradecí su amabilidad, pero le expliqué que el Señor no obra de esa manera.
El cultivar la fe en el Señor es una cuestión individual; el arrepentimiento también es una cuestión individual. Sólo podemos bautizarnos y recibir el Espíritu Santo de manera individual. Cada uno de nosotros nace individualmente; del mismo modo, cada uno de nosotros “nace de nuevo” 8 individualmente. La salvación es una cuestión individual. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 Tres metas para guiarte
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Su influencia se extiende más allá de ustedes mismas y de sus hogares e influye en otras personas por todo el mundo.
Esta tarde nuestras almas han alcanzado el cielo. Hemos sido bendecidos con hermosa música y mensajes inspirados. El Espíritu del Señor está presente.
Hermanas Julie Beck, Silvia Allred y Barbara Thompson, ¡qué bendición que sus amados padres, maestros, líderes de la juventud y demás personas se dieron cuenta de su potencial!
Parafraseando un pensamiento:
El valor de una joven no lo puedes saber,
por lo que debes esperar y ver;
toda mujer que en un puesto noble esté
alguna vez una jovencita fue 1 .
Es un gran privilegio para mí estar con ustedes. Sé que además de las que se encuentran reunidas en el Centro de Conferencias hay muchas miles que están viendo y escuchando la reunión vía satélite.
Al dirigirme a ustedes, me doy cuenta de que, como hombre, estoy en vasta minoría y que debo tener cuidado con lo que diga. Me recuerda a un hombre que entró en una librería y le preguntó a la dependienta: “¿Tienen un libro titulado El hombre: Amo de la mujer?”. La mujer lo miró directamente a los ojos y le contestó con sarcasmo: “¡Busque entre los libros de ficción!”.
Les aseguro esta tarde que las honro, mujeres de la Iglesia, y de que sé, citando a William R. Wallace, que “la mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo” 2 .
En 1901, el presidente Lorenzo Snow dijo: “Los miembros de la Sociedad de Socorro han… ministrado a los afligidos, han puesto sus brazos de amor alrededor de los huérfanos y de las viudas, y se han guardado sin mancha del mundo. Testifico que no hay mujeres en el mundo más puras y más espirituales que las que integran la Sociedad de Socorro” 3 .
Tal como en la época del presidente Snow, aquí y ahora hay visitas que realizar, saludos y bienvenidas que dar y almas hambrientas que alimentar. Al contemplar la Sociedad de Socorro de la actualidad, humilde ante el privilegio de dirigirme a ustedes, acudo a nuestro Padre Celestial en busca de Su guía divina.
En ese espíritu, he sentido que debía presentar a cada miembro de la Sociedad de Socorro de todo el mundo tres metas que alcanzar:
1. Estudiar diligentemente.
2. Orar de todo corazón.
3. Prestar servicio de buena voluntad.
Examinemos cada una de esas metas. Primero, estudiar diligentemente. El Salvador del mundo enseñó: “…sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” 4 . Y agregó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” 5 .
Un estudio de las Escrituras fortalecerá nuestros testimonios y los testimonios de nuestros familiares. En la actualidad, nuestros hijos crecen rodeados de voces que los instan a abandonar lo recto y a buscar en su lugar los placeres del mundo. A menos que tengan un firme cimiento del evangelio de Jesucristo, un testimonio de la verdad y la determinación de vivir rectamente, ellos son vulnerables a esas influencias. La responsabilidad de fortalecerlos y protegerlos es nuestra.
Hasta un punto alarmante, nuestros niños están siendo educados en la actualidad por los medios de comunicación, entre ellos internet. Se dice que en los Estados Unidos un niño común y corriente ve televisión aproximadamente cuatro horas al día, donde la mayoría de los programas están llenos de violencia, alcohol, drogas y contenido sexual. El ver películas y jugar juegos de videos es tiempo adicional a las cuatro horas 6 . Las estadísticas son muy similares en otros países desarrollados. Los mensajes que se presentan en la televisión, en las películas y en los otros medios de comunicación están muchas veces totalmente opuestos a lo que deseamos que nuestros hijos acepten y guarden en gran estima. Nuestra responsabilidad no sólo es la de enseñarles a ser sanos en espíritu y en doctrina, sino también a que se mantengan de esa forma, pese a las fuerzas externas que puedan encontrar. Eso exigirá mucho tiempo y empeño de nuestra parte y, a fin de ayudar a los demás, nosotros mismos necesitamos la valentía espiritual y moral para resistir la maldad que vemos por todas partes.
Vivimos en la época que se menciona en 2 Nefi, capítulo 9:
“¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.
“Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios” 7 .
Se necesita valentía para aferrarnos a nuestras normas a pesar del escarnio del mundo. El presidente J. Reuben Clark, Jr., que por muchos años fue miembro de la Primera Presidencia, dijo: “No son desconocidos los casos en los que [aquellos] de supuesta fe… han sentido que, por el hecho de que el defender su fe íntegra quizás acarrease el ridículo de sus colegas incrédulos, tienen que modificar o justificar su fe, o debilitarla de forma destructiva, o incluso aparentar desecharla. Tales son hipócritas…” 8 .
Acuden a mi mente los poderosos versículos que se encuentran en el Nuevo Testamento, en 2 Timoteo, capítulo 1, versículos 7 y 8:
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”.
Además de nuestro estudio sobre temas espirituales, el aprendizaje secular es también esencial. Por lo general, se desconoce el futuro; por lo tanto, es necesario que nos preparemos para las situaciones inciertas. Las estadísticas demuestran que en algún momento, debido a enfermedad o al fallecimiento del esposo, o por necesidades económicas, ustedes desempeñarán el papel del proveedor económico. Algunas ya ocupan ese lugar. Les insto a procurar obtener instrucción académica, si es que aún no lo están haciendo o no lo han hecho, con el fin de estar preparadas para mantener el hogar si las circunstancias lo hicieran necesario.
Sus talentos aumentarán a medida que estudien y aprendan. Podrán ayudar mejor a sus familias en su aprendizaje y se sentirán tranquilas al saber que se han preparado para las eventualidades de la vida.
Les reitero: Estudien diligentemente.
La segunda meta que deseo mencionar es: Orar de todo corazón. El Señor indicó: “Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición…” 9 .
Quizás nunca ha habido una época en la que necesitáramos orar más y enseñar a nuestra familia a hacerlo. La oración es una defensa contra la tentación. Es por medio de la oración sincera y genuina que podemos recibir las bendiciones y el apoyo necesarios para seguir adelante en este a veces difícil y desafiante trayecto al que llamamos vida terrenal.
Podemos enseñar a nuestros hijos y a nuestros nietos la importancia de la oración, tanto por la palabra como por el ejemplo. Voy a compartir con ustedes una lección acerca de enseñar a orar mediante el ejemplo, tal y como me lo relató una madre en su carta. “Estimado presidente Monson: A veces me pregunto si en verdad tengo una influencia positiva en la vida de mis hijos. Especialmente, al ser una madre soltera que trabaja en dos empleos para poder sufragar los gastos, a veces llego a casa y sólo encuentro desorden, pero nunca pierdo la esperanza”.
En su carta relata que ella y sus hijos estaban viendo la conferencia general, en el momento en que yo hablaba de la oración. Su hijo comentó: “Mamá, tú ya nos enseñaste eso”. Ella preguntó: “¿Qué quieres decir?”, y él respondió: “Bueno, nos enseñaste a orar y cómo hacerlo, pero la otra noche fui a tu cuarto para preguntarte algo y te encontré de rodillas orando a nuestro Padre Celestial. Si Él es importante para ti, también lo será para mí”. La carta terminaba así: “Me imagino que uno nunca sabe qué clase de influencia ejercerá hasta que un hijo nos observe hacer lo que a él se le ha tratado de enseñar”.
Hace algunos años, poco antes de salir de Salt Lake City para asistir a la reunión anual de los Boy Scouts de América, en Atlanta, Georgia, decidí llevar conmigo varios ejemplares de la revista New Era y obsequiar a los oficiales de escultismo esa excelente publicación. Al llegar al hotel en Atlanta, abrí el paquete de las revistas y me di cuenta de que mi secretaria, aparentemente sin razón alguna, había incluido en el paquete dos ejemplares adicionales de la revista de junio, en la que se hablaba del matrimonio en el templo. Dejé esos dos ejemplares en el cuarto del hotel y, como había planeado, distribuí los demás.
El último día de reuniones, no sentí deseos de asistir al almuerzo que estaba planeado, sino que sentí el impulso de regresar a mi habitación. Al entrar, el teléfono estaba sonando. La llamada era de un miembro de la Iglesia que se había enterado de que yo estaba en Atlanta. Después de presentarse, me preguntó si podría darle una bendición a su hija de diez años. Accedí de inmediato, y ella indicó que su esposo, su hija y su hijo irían inmediatamente a mi cuarto del hotel. Mientras esperaba, oré para recibir ayuda; el sentimiento de paz que acompaña a la oración reemplazó los aplausos de la convención.
Tocaron a la puerta y tuve el privilegio de conocer a una familia especial. La niña de diez años caminaba con la ayuda de muletas. A causa del cáncer, había sido necesario que le amputaran la pierna izquierda; sin embargo, su semblante era radiante y su confianza en Dios inquebrantable. Se dio la bendición mientras madre e hijo permanecían arrodillados junto a la cama y el padre y yo poníamos las manos sobre esa pequeñita. Recibimos la dirección del Espíritu de Dios y nos sentimos humildes bajo Su poder.
Sentí que las lágrimas me corrían por las mejillas y caían sobre mis manos, que descansaban sobre la cabeza de esa hermosa hija de Dios. Hablé de las ordenanzas eternas y de la exaltación familiar. El Señor me inspiró a instar a esa familia a que entrara en el santo templo de Dios. Al terminar la bendición, me enteré de que la visita al templo ya estaba planeada. Se me hicieron preguntas acerca del templo, y entonces, sin oír ninguna voz celestial ni tener ninguna visión, en mi mente escuché claramente las palabras: “Acude a la New Era”. Dirigí la mirada hacia el tocador donde estaban las dos revistas extras de la New Era acerca del templo. Entregué un ejemplar a la hija y el otro a sus padres, y lo examinamos juntos.
La familia se despidió y el cuarto quedó nuevamente en silencio; una oración de gratitud se elevó sin dificultad y, otra vez, tomé la determinación de que la oración siempre sería parte de todo lo que hiciera.
Mis queridas hermanas, no oren para recibir tareas que igualen su habilidad, sino oren para recibir la habilidad para cumplir con esas tareas. De ese modo, el desempeño de sus tareas no será un milagro, sino que ustedes mismas serán el milagro.
Oren de todo corazón.
Por último: prestar servicio de buena voluntad. Ustedes son una poderosa fuerza para bien, una de las más poderosas del mundo. Su influencia se extiende más allá de ustedes mismas y de sus hogares e influye en otras personas por todo el mundo. Ustedes han extendido una mano de ayuda a sus hermanos y hermanas a través de calles, ciudades, naciones, continentes y océanos. Ustedes personifican el lema de la Sociedad de Socorro: “La caridad nunca deja de ser”.
Claro está que se encuentran rodeadas de oportunidades para prestar servicio. No hay duda de que a veces ven tantas de esas oportunidades que en cierta forma se sientan abrumadas. ¿Por dónde comenzar? ¿Cómo hacerlo todo? ¿Cómo escoger, entre todas las necesidades que ven, en dónde y cómo prestar servicio?
Muchas veces, todo lo que se requiere son pequeños actos de servicio para elevar y bendecir a los demás: una pregunta acerca de alguien de la familia, unas palabras de aliento, un sincero cumplido, una pequeña nota de agradecimiento o una breve llamada telefónica. Si somos observadores y nos mantenemos informados, y si actuamos de acuerdo con la inspiración que recibimos, podemos hacer mucho bien. Naturalmente, a veces se necesita más que eso.
Hace poco me enteré de un amoroso acto de servicio que se le brindó a una madre cuando sus hijos eran muy pequeños. Con frecuencia, ella se levantaba a medianoche para atender a sus pequeños, como las madres suelen hacerlo. En ocasiones, su amiga y vecina que vivía enfrente iba a verla al día siguiente y le decía: “Vi luces encendidas durante la noche y sé que estuviste levantada con los niños. Me los voy a llevar a casa un par de horas para que puedas dormir un rato”. Esa madre dijo: “Me sentía tan agradecida por su cálido ofrecimiento que no fue sino hasta que eso hubo sucedido varias veces que me di cuenta de que si ella había visto mis luces encendidas a medianoche era porque ella también estaba levantada con alguno de sus hijos, y que necesitaba una siesta tanto como yo. Me enseñó una gran lección y desde ese entonces he tratado de ser observadora como ella, para buscar oportunidades de prestar servicio a los demás”.
Innumerables son los actos de servicio que ha proporcionado el numeroso ejército de las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro. Hace unos años, me enteré de cómo dos de ellas habían socorrido a una desconsolada viuda, Ángela, la nieta de un primo mío. El esposo de Ángela y un amigo con el que había salido a pasear en trineo a motor habían sido víctimas de asfixia a causa de una avalancha de nieve. Cada uno de ellos dejó a su esposa embarazada; en el caso de Ángela, se trataba del primer hijo, pero en el otro caso, la esposa no sólo estaba esperando un hijo, sino que también ya era madre de un pequeño. En el funeral del esposo de Ángela, el obispo contó que tan pronto como se enteró del trágico accidente, había ido inmediatamente a casa de ella, y que apenas había llegado, sonó el timbre. A la puerta estaban sus dos maestras visitantes. El obispo dijo que él presenció cómo le expresaban su cariño y su compasión. Las tres mujeres lloraron juntas y era evidente que esas dos buenas maestras visitantes la querían mucho. Tal vez, como sólo las mujeres saben hacerlo, le indicaron con dulzura —sin que ella se lo pidiera— exactamente la ayuda que le proporcionarían. Era evidente que permanecerían cerca de ella todo el tiempo que Ángela las necesitara. El obispo expresó su profunda gratitud por saber que ellas serían una verdadera fuente de consuelo para ella en los días venideros.
Las maravillosas maestras visitantes repiten una y otra vez esos actos de amor y compasión, no siempre en situaciones tan dramáticas como ésa, pero con la misma sinceridad.
Rindo encomio a ustedes que, con cuidado amoroso y preocupación compasiva, alimentan al hambriento, visten al desnudo y brindan techo al que no lo tiene. Él, que advierte hasta la caída de un gorrión, no pasará por alto ese servicio. El deseo de elevar, la voluntad de ayudar y de dar gentilmente proviene de un corazón lleno de amor. Presten servicio de buena voluntad.
Nuestro amado profeta, sí, el presidente Gordon B. Hinckley, ha dicho en cuanto a ustedes: “Dios ha puesto en el alma de la mujer algo divino que se expresa en tácita fortaleza, en refinamiento, en paz, en virtud, en verdad y en amor” 10 .
Mis queridas hermanas, que nuestro Padre Celestial bendiga a cada una de ustedes, casadas o solteras, en sus hogares, en su familia, en su propia vida, para que sean merecedoras del glorioso saludo del Salvador del mundo: “Bien, buen siervo y fiel” 11 , es mi ruego, al bendecirlas a ustedes y también a la querida esposa de James E. Faust, su amada Ruth, que se encuentra aquí esta tarde, en la primera fila, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. Véase “Nobody Knows What a Boy Is Worth”, en Best-Loved Poems of the LDS People, editado por Jack M. Lyon y otros, 1996, pág. 19.
2. “The Hand That Rocks the Cradle Is the Hand That Rules the World”, en The World’s Best-Loved Poems, compilación de James Gilchrist Lawson, 1955, pág. 242.
3. The Teachings of Lorenzo Snow, editado por Clyde J. Williams, 1984, pág. 143.
4. D. y C. 88:118.
5. Juan 5:39.
6. American Academy of Pediatrics, “Television and the Family”, 1, http://www.aap.org/family tv1.htm.
7. 2 Nefi 9:28–29.
8. “El curso trazado por la Iglesia en la educación”, presentado en la escuela de verano de la Universidad Brigham Young en Aspen Grove, el 8 de agosto de 1938, en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, 1965–1975, Tomo VI, pág. 52.
9. D. y C. 19:38.
10. Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 387; citado en “Si estáis preparados no temeréis”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 116.
11. Mateo 25:21