Te ayudaré… yo soy tu socorro

Conferencia General Octubre 2007
Te ayudaré… yo soy tu socorro
Barbara Thompson
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

La ayuda más grande que tendremos para fortalecer a las familias es conocer y seguir las doctrinas de Cristo

Barbara Thompson

Hace unos meses, la hermana Beck me pidió que considerara hablar sobre la familia y relatar mis propias experiencias con las familias. Soy soltera y no tengo hijos propios. Creo que la hermana Beck pensó que yo estaba capacitada para hablar sobre las familias debido a que nunca he cometido un error con ningún hijo propio, a diferencia de muchas mujeres.

Soy trabajadora social de profesión, y en el correr de los años he trabajado con muchas familias, mayormente con las que están pasando dificultades o grandes desafíos. He visto situaciones muy dolorosas donde niños han resultado gravemente heridos, tanto en el aspecto físico como emocional. He visto a niños que han sido abandonados y olvidados debido al abuso de drogas o a las adicciones de los padres. He visto a jovencitos de 18 años al cuidado de padres tutelares, y que actualmente viven por cuenta propia, sin el apoyo ni el respaldo de una familia amorosa que les brinde ayuda.

Menos mal que en la mayoría de nuestras familias no hay maltrato ni descuido, pero todas las familias pasarán por algún tipo de dificultad: enfermedad, muerte, desobediencia, problemas económicos, etc.

A raíz de esas dificultades surgen algunas importantes preguntas. ¿Qué les está sucediendo a las familias? ¿Qué diferencia hay entre una familia estable y una disfuncional? ¿Cuáles son algunas cosas sencillas que serán de ayuda para las familias? y ¿quién puede brindar ayuda a las familias?

Hoy me gustaría hablar brevemente sobre estas preguntas y darles varias observaciones que he hecho a lo largo de los años, con la esperanza de que les ayuden.

¿Qué les está sucediendo a las familias?

Satanás está trabajando muy fuerte para atacar a la familia; nos dice que el matrimonio no es importante, que los hijos no necesitan un padre y una madre, y que las familias fuertes no son importantes; nos dice que los valores morales son anticuados y que son ridículos. Cuando llegan las dificultades, Satanás nos dice que abandonemos nuestras creencias y vayamos por los caminos del mundo. Nos tienta con la fama y el dinero y nos dice dónde encontrar la vida fácil; ataca nuestra fe en Dios y trata de desalentar incluso a las familias más fuertes y amorosas. Satanás se complace cuando cedemos, aunque sea un poco.

¿Qué diferencia hay entre una familia estable y una disfuncional?

Los miembros de una familia estable saben quiénes son, a dónde van y lo que desean lograr. Los miembros de una familia disfuncional no saben quiénes son, no tienen un plan, ni estabilidad, ni un núcleo de valores o normas para fijar su rumbo.

A algunos padres de familias disfuncionales se les enseñaron buenos principios, pero siguieron el sendero equivocado debido al alcohol, las drogas u otras adicciones que los privaron de su buen criterio y de su habilidad para tomar decisiones correctas. En una familia estable, padres amorosos enseñan por medio del ejemplo y no simplemente les mandan a los hijos a hacer algo; ellos lo hacen con los hijos y les demuestran cómo hacerlo.

¿Cuáles son algunas cosas sencillas que serán de ayuda para las familias?

Recuerden, los hijos son de gran valor; son hijos espirituales de Dios. He visto brillar la fortaleza del alma humana en ocasiones en las que no me podía imaginar cómo un niño podría sobrevivir.

Queridas hermanas, amen y nutran con amor a sus hijos; exprésenles su amor; abrácenlos, ya que el afecto físico apropiado logrará milagros. Expresen palabras bondadosas; enséñenles a trabajar por medio del ejemplo; enséñenles a orar. El presidente James E. Faust dijo: “El orar juntos en familia es una experiencia que crea vínculos. Los hijos más pequeños aprenden a orar al oír las oraciones de sus padres y de sus hermanos mayores… Las oraciones individuales y familiares son indispensables para la felicidad personal y de la familia” 1 .

Lean a sus hijos; lean las Escrituras; ayúdenlos a aprender que las Escrituras los guiarán a lo largo de su vida; efectúen la noche de hogar con ellos; háganles saber que para ustedes es muy importante el tiempo que la familia pasa junta.

Por lo general, los niños aceptan con facilidad a sus padres y los errores que éstos cometen. Muchas veces perdonan, olvidan y siguen adelante con más rapidez que los adultos. No se sientan culpables; pidan disculpas cuando cometan un error; busquen el perdón del niño; enmienden sus errores y sigan adelante.

Tengan presente que se necesita mucha paciencia para criar a un hijo. A pesar de que los queramos mucho, los niños a veces pueden sacar de quicio, causar frustración e incluso ser traviesos. Para criarlos se necesita mucha paciencia y compostura a fin de evitar hacer o decir cosas de las que nos tengamos que lamentar. A veces los padres tienen que alejarse momentáneamente del conflicto para evitar cometer serios errores. Con frecuencia resulta muy eficaz salir de la habitación unos minutos a fin de recobrar la compostura. Seguir leyendo

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“Apacienta mis ovejas”

Conferencia General Octubre 2007
“Apacienta mis ovejas”
Silvia H. Allred
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Por medio de las visitas mensuales que hacemos a nuestras hermanas, podemos crear lazos de amor, amistad y confianza.

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Mis queridas hermanas: Me siento humilde por la oportunidad de estar ante ustedes y compartir los sentimientos de mi corazón. Soy una mujer común y corriente, insignificante según las normas del mundo, pero el Señor, en Su gran misericordia, siempre me ha bendecido con oportunidades singulares y un don muy valioso: He recibido el don de la veracidad de este Evangelio y de la realidad de Jesucristo y Su sacrificio expiatorio. He sentido la guía del Espíritu Santo desde que tenía sólo catorce años de edad, que fue cuando escuché a los misioneros y leí el Libro de Mormón. Mi testimonio siempre arde en mi corazón y mi fe es inquebrantable. Este don de fe y testimonio ha sido una gran bendición en mi vida.

Hoy me encuentro en presencia de las mejores y más valiosas mujeres del mundo, y siento el peso de la gran responsabilidad que descansa sobre mí en este momento. He orado, estudiado y meditado las Escrituras para buscar inspiración para decir lo que el Señor desea que les diga en esta ocasión.

Como presidencia de la Sociedad de Socorro, hemos estudiado y meditado la historia y el propósito de esta Sociedad, esta singular organización que fue divinamente organizada por un profeta de Dios para bendecir a las mujeres de la Iglesia. Ese inspirado comienzo ocurrió en respuesta a los tiernos deseos del corazón de las mujeres de aquella época. Se organizó con dos propósitos muy claros: socorrer al pobre y salvar almas 1 .

La hermana Beck mencionó que algo en lo que las mujeres de esta Iglesia pueden y deben ser las mejores es en dar ayuda.

Pensemos en el principio que se enseñó en Juan 21:15–17. El Señor le preguntó a Pedro: “¿me amas?”. Pedro contestó: “tú sabes que te amo”. El Señor le dijo: “Apacienta mis corderos”. El Señor le preguntó por segunda vez: “¿me amas?”. Pedro contestó de nuevo: “Sí, Señor; tú sabes que te amo”. El Señor le dijo: “Pastorea mis ovejas”. El Señor preguntó por tercera vez: “¿me amas?”. Pedro le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.

Como discípulas de Cristo, nosotras también declaramos que lo amamos. Entonces, ¿en qué forma apacentamos a Sus ovejas?

Una manera en que las hermanas de la Sociedad de Socorro pueden apacentar a Sus ovejas es mediante las visitas de las maestras visitantes. “Los objetivos del programa de las maestras visitantes son establecer lazos de amistad y de afecto con cada una de las hermanas y brindar apoyo, consuelo y amistad” 2 . A fin de lograr esos objetivos, las maestras visitantes deben hacer lo siguiente:

1. Cada mes, visitan a cada hermana asignada (de ser posible en su hogar).
2. “…averiguan de las necesidades espirituales y temporales de la hermana y de la familia de ella”.
3. “Brindan la ayuda correspondiente”.
4. “Dan instrucción espiritual por medio de un mensaje mensual” 3 .
El Señor ha bendecido a las mujeres con atributos divinos de amor, compasión, bondad y caridad. A través de nuestras visitas mensuales como maestras visitantes, tenemos el poder de bendecir a cada hermana al ofrecer nuestro amor y bondad y brindar los dones de compasión y caridad. No importa cuáles sean nuestras circunstancias personales, todas tenemos la oportunidad de edificar y de amar a los demás.

He vivido en diversos países de Centro y Sudamérica, en el Caribe y España; he visto que las visitas de las maestras visitantes se han hecho con fidelidad al caminar distancias cortas y largas, al ir en autobús, en metro o en tren. Mi amiga, Ana, era una joven madre de Costa Rica que fielmente hacía sus visitas todos los meses, caminando muchas veces bajo intensa lluvia. Treinta años después, es abuela y sigue siendo una fiel maestra visitante. Ella ha sido una bendición para muchas hermanas.

Por medio de las visitas mensuales que hacemos a nuestras hermanas, podemos crear lazos de amor, amistad y confianza. Si escuchamos los susurros del Espíritu, aumentaremos nuestra percepción de las necesidades de otras personas. Si actuamos de acuerdo con esas impresiones divinas, podemos ser una bendición para los que necesitan ayuda. Pero tenemos que estar dispuestas a dar: a dar de nuestros recursos y nuestro tiempo. La magnitud de nuestra vida no se mide con lo que recibimos, sino con lo que damos. El programa de las maestras visitantes brinda la oportunidad de dar, a medida que atendemos las necesidades físicas, espirituales y emocionales de las hermanas.

Cuando vivía en la República Dominicana, visité a una hermana que acababa de salir del hospital y regresaba a casa después del nacimiento de su tercer hijo. Me sorprendió ver lo tranquila que lucía. ¡Sus dos otros hijos eran todavía tan pequeños! Después de conversar unos minutos, me contó que se sentía tranquila porque las hermanas de la Sociedad de Socorro se habían a-puntado para ir a ayudarla todos los días durante varios días. Ella sintió el amor de ellas.

Mis maestras visitantes eran siempre las primeras en ir a verme y llevarme de comer cuando regresaba a casa con cada uno de mis bebés, en San José, Costa Rica.

El presidente Boyd K. Packer dijo que en la Sociedad de Socorro el dar servicio magnifica y santifica a cada una de las hermanas, y nos ha aconsejado dar prioridad al servicio en la Sociedad de Socorro por sobre toda otra sociedad o club similar 4 . Seguir leyendo

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Lo que las mujeres Santos de los Últimos Días hacen mejor: Ser firmes e inquebrantables

Conferencia General Octubre 2007
Lo que las mujeres Santos de los Últimos Días hacen mejor: Ser firmes e inquebrantables
Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Debemos ser firmes e inquebrantables en la fe, firmes e inquebrantables en la familia, y firmes e inquebrantables al dar ayuda.

Mis queridas hermanas, vengo con una oración en mi corazón ante esta gran responsabilidad. Tengo un testimonio del verdadero Evangelio restaurado de Jesucristo. El Salvador es nuestro líder y ejemplo, nuestra roca, nuestra fuerza y nuestro defensor. Cualquier cosa que haga para ayudarlo a Él y a Sus profetas ordenados es una bendición para mí. Siempre he tenido gran amor y respeto por las hermanas de esta sociedad, y creo que las mujeres de esta Iglesia son las mejores y más capaces del mundo. Quiero que sepan del amor que tengo por ustedes, las magníficas mujeres de esta Iglesia.

El presidente Hinckley dijo en una reunión mundial de capacitación de líderes: “Estoy convencido de que no hay otra organización en lugar alguno que se compare con la Sociedad de Socorro de esta Iglesia. Sus miembros suman más de cinco millones de mujeres por toda la tierra. Si ellas se unen y hablan con una voz, su fortaleza será incalculable… Es de enorme importancia que las mujeres de la Iglesia defiendan de un modo firme e inquebrantable lo que es correcto y digno bajo el plan del Señor” 1 .

He meditado y estudiado este mandato inspirado y he buscado respuestas en cuanto a la forma en que las mujeres de esta Iglesia podrían cumplir con el cometido y la promesa del presidente Hinckley. ¿Cómo pueden ser unidas, firmes e inquebrantables hacia lo que es correcto y digno? Dentro del plan del Señor, hay cosas específicas que las mujeres Santos de los Últimos Días deben hacer por ser hijas de Dios, elegidas para venir a la tierra en la que se ha considerado “una época muy difícil de la historia del mundo” 2 .

Para hacer nuestra parte como mujeres bajo el plan del Señor, debemos ser firmes e inquebrantables en la fe, firmes e inquebrantables en la familia, y firmes e inquebrantables al dar ayuda. Debemos sobresalir en estos tres puntos importantes que nos distinguen como discípulas del Señor. La Sociedad de Socorro es donde practicamos el ser discípulas de Cristo; aprendemos lo que Él quiere que aprendamos, hacemos lo que quiere que hagamos y llegamos a ser lo que quiere que seamos. Al reunirnos con esta mira, la obra de la Sociedad de Socorro nos ayuda en cualquier situación, ya sea que tengan dieciocho años u ochenta y ocho años, sean solteras o casadas, tengan hijos o no, ya vivan en Bountiful, Utah o en Bangalore, India.

Sean firmes e inquebrantables en la fe

Primero, las mujeres Santos de los Últimos Días deben ser firmes e inquebrantables en su fe. Ellas pueden y deben sobresalir en vivir y compartir su testimonio del Señor Jesucristo y de Su evangelio restaurado. Para ello, hacemos lo siguiente:

1. Hacemos convenios con Él y los guardamos.
2. Somos dignas y adoramos en Sus templos.
3. Estudiamos Su doctrina en las Escrituras y en las palabras de los profetas.
4. Somos dignas de recibir el Espíritu Santo y lo reconocemos y lo seguimos.
5. Compartimos Su evangelio y lo defendemos.
6. Participamos en sincera oración personal y familiar.
7. Llevamos a cabo la noche de hogar.
8. Vivimos los principios de la autosuficiencia y la vida próvida.

Éstas son cosas esenciales que se deben hacer antes de las que se consideran no esenciales; son prácticas sencillas y necesarias que parecen casi triviales al hablar de ellas. Sin embargo, son el símbolo del discipulado, el cual siempre ha sido fundamental para las hermanas de la Sociedad de Socorro. Nadie puede hacer esas cosas por nosotros; son prácticas y hábitos personales que nos distinguen como firmes e inquebrantables en lo que es correcto.

¡Qué diferentes serían el mundo y la Iglesia si toda hermana Santo de los Últimos Días sobresaliera en hacer, renovar y guardar convenios; si toda hermana fuese digna de tener una recomendación para el templo y adorara en los templos con más frecuencia; si toda hermana estudiara las Escrituras y las doctrinas de Cristo y las conociera de tal manera que pudiese enseñarlas y defenderlas a toda hora y en todo lugar! Piensen en nuestra fuerza combinada si toda hermana orara cada mañana y noche, o, mejor todavía, si orara sin cesar, como el Señor ha mandado. Si cada familia orara a diario y efectuara la noche de hogar una vez por semana, seríamos más firmes. Si toda hermana fuera tan autosuficiente para dar libremente de su conocimiento, talentos y recursos, y si su modo de seguir al Señor se reflejara en lo que dijera y en cómo se vistiera, seríamos inquebrantables en lo que es correcto.

Sean firmes e inquebrantables en la familia

Segundo, las mujeres Santos de los Últimos Días deben ser firmes e inquebrantables en la familia. Ellas pueden y deben criar familias mejor que nadie. Nosotras, como discípulas de Cristo, podemos y debemos ser las mejores mujeres del mundo en sostener, sustentar y proteger a nuestra familia. Para ello, hacemos lo siguiente:

1. Comprendemos y defendemos las divinas funciones de la mujer.
2. Abrazamos las bendiciones del sacerdocio.
3. Formamos familias eternas.
4. Mantenemos matrimonios fuertes.
5. Damos a luz y criamos hijos.
6. Expresamos amor por la familia y le damos cuidado.
7. Aceptamos la responsabilidad de preparar a una nueva generación justa.
8. Conocemos, vivimos y defendemos la doctrina de la familia.
9. Buscamos datos y llevamos a cabo las ordenanzas del templo por familiares fallecidos.

Como discípula de Jesucristo, a toda mujer de esta Iglesia se le da la responsabilidad de sostener, sustentar y proteger a la familia. A las mujeres se les han dado asignaciones particulares desde antes de la fundación del mundo y, como mujeres que guardan convenios, ustedes saben que el alzar su voz en defensa de la doctrina de la familia 3 es vital para la fortaleza de las familias de todas partes. Seguir leyendo

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Palabras de Clausura

Conferencia General Octubre 2007
Palabras de Clausura
Presidente Gordon B. Hinckley

Hemos sido inspirados y encumbrados a un grado más elevado de gratitud por este maravilloso Evangelio.

Mis queridos hermanos y hermanas, hemos llegado al final de una gran conferencia. Hemos sido edificados y elevados. Hemos sido inspirados y encumbrados a un grado más elevado de gratitud por este maravilloso Evangelio. Tanto la música como los discursos y las oraciones han sido magníficos.

Ahora regresaremos a nuestros hogares. Si vamos a conducir, seamos cuidadosos y no permitamos que la tragedia empañe la experiencia que hemos disfrutado.

Todo lo que ha acontecido en esta conferencia será publicado próximamente en las revistas Ensign y Liahona. Les alentamos a leer de nuevo los discursos en las noches de hogar y conversar sobre ellos en familia. Esos discursos son el resultado de mucha oración y meditación, y vale realmente la pena estudiarlos detenidamente.

La conferencia entra en receso por seis meses. Deseamos de corazón verlos nuevamente el próximo abril. Tengo 97 años, pero espero poder estar. Que durante este tiempo las bendiciones del cielo los acompañen, es nuestra humilde y sincera oración, en el nombre de nuestro Redentor, sí, el Señor Jesucristo. Amén.

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Bueno, Mejor, Excelente

Bueno, Mejor, Excelente

Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Debemos abandonar algunas cosas buenas a fin de elegir otras que son mejores o excelentes porque desarrollan la fe en el Señor Jesucristo y fortalecen a nuestra familia.

De la mayoría de nosotros se espera que hagamos más de lo que nos es posible hacer. Como personas que se ganan el pan de cada día, como padres y como obreros y miembros de la Iglesia, afrontamos muchas decisiones sobre lo que haremos con nuestro tiempo y demás recursos.

I.

Para empezar, debemos darnos cuenta de que el solo hecho de que algo sea bueno, no es razón suficiente para hacerlo. El número de las cosas buenas que podemos hacer es mucho mayor que el tiempo disponible para lograrlas. Algunas cosas son mejores que buenas, y merecen que les demos prioridad.

Jesucristo enseñó este principio en el hogar de Marta. Mientras ella “se preocupaba con muchos quehaceres” (Lucas 10:40), su hermana, María, “[se sentaba] a los pies de Jesús, [y] oía su palabra” (versículo 39). Cuando Marta se quejó de que su hermana la había dejado servir sola, Jesús elogió a Marta por lo que estaba haciendo (versículo 41), pero le enseñó que “sólo una cosa es necesaria: y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (versículo 42). Era encomiable que Marta estuviese “afanada y turbada… con muchas cosas” (versículo 41), pero era “más necesario” aprender el Evangelio del Maestro de maestros. En las Escrituras se encuentran otras enseñanzas de que algunas cosas son más bendecidas que otras (véase Hechos 20:35; Alma 32:14–15).

Una experiencia de la niñez me demostró el concepto de que algunas decisiones son buenas, pero que otras son mejores. Durante dos años viví en una granja y raras veces íbamos a la ciudad. Las compras de Navidad las hacíamos consultando el catálogo de la tienda Sears Roebuck, donde yo pasaba horas enfrascado en sus páginas. Para las familias rurales de esa época, las páginas del catálogo eran como los centros comerciales o internet de nuestros días.

Algo en particular de algunos anuncios de la mercancía que aparecía en el catálogo se quedó grabado en mi mente. Había tres grados de calidad: buena, mejor y excelente. Por ejemplo, algunos zapatos para hombre tenían la categoría de buena ($1.84), otros mejor ($2.98) y otros excelentes ($3.45) 1 .

Al considerar varias opciones, debemos recordar que no es suficiente que algo sea bueno. Otras opciones son mejores e incluso otras son excelentes. A pesar de que una opción en particular cueste más, por el hecho de que su valor sea mayor, tal vez resulte ser la mejor elección de todas.

Consideremos la forma en que utilizamos nuestro tiempo en las decisiones que tomamos al ver televisión, jugar videojuegos, navegar por internet o leer libros o revistas. Naturalmente es bueno ver diversiones sanas o adquirir información interesante, pero no todo ese tipo de cosas vale el tiempo que dedicamos para obtenerlas. Algunas cosas son mejores y otras son excelentes. Cuando el Señor nos dijo que buscásemos conocimiento, dijo: “…buscad palabras de sabiduría de los mejores libros” (D. y C. 88:118; cursiva agregada).

II.

Algunas de nuestras decisiones más importantes tienen que ver con las actividades familiares. Muchos de los que se ganan el pan se preocupan de que sus ocupaciones les dejen muy poco tiempo para la familia. No existe una fórmula fácil para esa competencia de prioridades; no obstante, nunca he conocido a un hombre que, al mirar en retrospectiva sus años de trabajo, haya dicho: “No pasé tiempo suficiente en mi trabajo”.

Al decidir cómo vamos a pasar tiempo como familia, debemos tener cuidado de no agotar nuestro tiempo disponible en cosas que simplemente son buenas y dejar poco tiempo para las que son mejores o excelentes. Un amigo llevó a su joven familia a varios viajes durante las vacaciones de verano, incluso visitas a lugares históricos memorables. Al final del verano, le preguntó a su hijo adolescente cuál de esas buenas actividades veraniegas había disfrutado más. El padre aprendió de la respuesta, al igual que lo hicieron aquellos a quienes él se los contó. “Lo que más me gustó este verano”, dijo el muchacho, “fue la noche en que tú y yo nos acostamos en el césped y conversamos, mirando las estrellas”. Las actividades familiares extraordinarias pueden ser buenas para los hijos, pero no siempre son mejores que el pasar tiempo en forma individual con un padre amoroso.

También se necesita planificar con mucho cuidado la cantidad de tiempo que padres e hijos dedican a las buenas actividades que incluyen lecciones privadas, deportes y otras actividades escolares extracurriculares; de otro modo, los hijos tendrán demasiadas actividades y los padres se encontrarán rendidos y frustrados. Los padres deben preservar el tiempo dedicado a la oración familiar, al estudio de las Escrituras en familia, la noche de hogar y otros valiosos momentos para estar todos juntos o en forma individual, por que une a la familia y ayuda a los hijos a valorar las cosas de valor eterno. Los padres deben enseñar lo más importante del Evangelio mediante lo que hacen con los hijos.

Los expertos en cuanto a la familia han amonestado en contra de no programar excesivas actividades para los hijos. En la última generación, los hijos están mucho más ocupados y la familia pasa mucho menos tiempo junta. Entre los muchos indicadores de esta alarmante tendencia hay informes de que el tiempo dedicado a deportes organizados se ha duplicado, mientras que el tiempo libre de los hijos ha disminuido unas 12 horas por semana, y que las actividades informales al aire libre han disminuido en un 50 por ciento 2 .

El número de personas que informan que “toda su familia por lo general cena junta”, ha disminuido en un 33 por ciento. Esto es motivo de gran preocupación, ya que el tiempo que la familia pasa junta “a la hora de comer en casa [es] uno de los indicadores más convincentes del éxito académico y de la adaptación psicológica de los hijos” 3 . Se ha demostrado también que las horas en que las familias se reúnen para comer son una firme defensa para que los hijos no fumen, beban ni usen drogas 4 . Hay una inspirada sabiduría en este consejo para los padres: Lo que los hijos quieren en verdad a la hora de cenar es a ustedes.

El presidente Gordon B. Hinckley ha suplicado que nos esforcemos “por cumplir con nuestra responsabilidad de padres como si todo en la vida dependiera de ello, porque, de hecho, todo en la vida sí depende de ello”. Agregó: “Pido a ustedes, los varones, en particular, que se detengan a hacerse un examen de conciencia en su calidad de esposos y padres y cabezas de familia. Oren y pidan orientación, ayuda y dirección, y después sigan lo que les indiquen los susurros del Espíritu para guiarles en la más seria de todas sus responsabilidades, puesto que las consecuencias de su liderazgo en el hogar serán eternas e imperecederas” 5 . Seguir leyendo

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El servicio

Conferencia General Octubre 2007
El servicio
Élder Steven E. Snow
De la Presidencia de los Setenta

Hay que buscar las maneras de bendecir a los demás con actos de servicio que sean sencillos.

En una ocasión el presidente David O. McKay citó las palabras de Abraham Lincoln y dijo: “Todo lo que soy o espero ser se lo debo a mi madre angelical” 1 . Esas palabras expresan mis sentimientos hacia mi propia madre. Viola Jean Goates Snow, Jeanie, para los que la conocían, nació en 1929 y murió en 1989, poco después de cumplir 60 años. Ella me enseñó, me animó y me convenció de que realmente podía lograr todo lo que me propusiera; y también me disciplinó. Tal como mis hijos dicen de su madre: “Era especialista en hacernos sentir culpables”. Mamá era una madre excepcional, un gran ejemplo, y no pasa un solo día sin que yo piense en ella y la extrañe.

Unos años antes de morir, le diagnosticaron cáncer, enfermedad contra la que luchó con gran valentía. Como familia aprendimos, aunque suene raro, que el cáncer es una enfermedad de amor; ya que nos da la oportunidad de enmendar relaciones, de despedirnos y de expresar amor. Unas semanas antes del fallecimiento de mi madre, charlábamos en la sala de la casa donde crecí. Mamá tenía buen gusto y le agradaban las cosas lindas; también soñaba con viajar, pero teníamos recursos económicos limitados y ese sueño no se cumplió completamente. Al saber eso, le pregunté si se lamentaba de algo. Esperaba escuchar que siempre había querido una casa más grande y más bonita, o quizás que expresara su tristeza y desilusión por no haber podido viajar, pero ella meditó mi pregunta por unos momentos y simplemente respondió: “Ojalá hubiera brindado más servicio”.

Su respuesta me asombró. Mi madre siempre había aceptado llamamientos en la Iglesia; había servido como presidenta de la Sociedad de Socorro de barrio, maestra de la Escuela Dominical, maestra visitante y de la Primaria. Cuando éramos niños, siempre llevábamos comidas, mermeladas y fruta envasada a los vecinos y a los miembros del barrio. Cuando le recordé todo eso, no cambió de parecer, “Pude haber hecho más”, fue todo lo que dijo. Mi madre había vivido una vida plena y ejemplar; su familia y sus amigos la amaban; había logrado mucho en una vida a menudo difícil y que quedó truncada por la enfermedad. A pesar de todo ello, su mayor pesar era no haber prestado suficiente servicio. No tengo duda de que el Señor ha aceptado el sacrificio terrenal de mi madre y la ha recibido en Su presencia. ¿Pero por qué eso ocupaba un lugar importante en su mente unos días antes de morir? ¿Qué es el servicio y por qué es tan importante en el evangelio de Jesucristo?

Primero: Se nos manda servirnos unos a otros.

El primer mandamiento es amar a Dios.

“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” 2 .

Demostramos nuestro amor cuando nos ayudamos y nos servimos mutuamente.

El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho: “Ningún hombre que no sea un buen vecino, que no tienda la mano para ayudar a los demás, es un verdadero Santo de los Últimos Días. El que lo hagamos es inherente a la naturaleza del Evangelio. Mis hermanos y hermanas, no podemos vivir sólo para nosotros mismos” 3 .

En Mateo, el Salvador enseñó a Sus discípulos este importante principio:

“…Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

“¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

“¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” 4 .

Este servicio se debe dar desinteresadamente, sin esperar obtener ganancia o recompensa personal. Se debe dar cuando sea necesario y no cuando convenga. Las oportunidades de servir no siempre serán obvias, ya que la tendencia natural es preocuparnos por nuestros propios deseos y carencias. Debemos resistir esa tendencia y buscar oportunidades de prestar servicio. Cuando visitamos a los que sufren por enfermedad, por la muerte de un ser querido o por otros pesares, no basta con decir simplemente: “Llámeme si le puedo ayudar en algo”, sino que hay que buscar las maneras de bendecir a los demás con actos de servicio que sean sencillos; es mejor hacer cosas pequeñas, de poca importancia, que no hacer nada. Seguir leyendo

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Cuando sabemos que lo sabemos

Conferencia General Octubre 2007
Cuando sabemos que lo sabemos
Élder Douglas L. Callister
De los Setenta

El testimonio de los demás puede dar inicio y nutrir el deseo de obtener la fe y el testimonio pero, con el tiempo, cada persona debe descubrirlo por sí misma.

Hace algunos años se acusó a un hombre de un serio delito y el fiscal presentó tres testigos, cada uno de los cuales vio al acusado cometer el delito en cuestión. El abogado defensor presentó tres testigos, y éstos sostenían que el hombre no lo había hecho. El sencillo jurado estaba confundido y, basado en el número de testigos, la evidencia parecía estar dividida en forma equitativa, por lo que el hombre fue absuelto. Desde luego, era intrascendente que millones de personas no hubiesen visto el delito: Sólo se necesitaba un testigo.

En la genialidad del plan del Evangelio sólo debe haber un solo testigo, y ese testigo debe ser cada uno de ustedes. El testimonio de los demás puede dar inicio y nutrir el deseo de obtener la fe y el testimonio pero, con el tiempo, cada persona debe descubrirlo por sí misma. Nadie puede sostenerse para siempre con una luz prestada.

El Evangelio restaurado no es más cierto hoy de lo que fue cuando un joven salió solo de la Arboleda Sagrada en 1820. La verdad nunca ha dependido del número de personas que la aceptan. Cuando José salió de la Arboleda había un solo hombre en la tierra que sabía la verdad acerca de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo. Sin embargo, es necesario que cada uno lo sepa por sí mismo y lleve consigo a la otra vida ese fuerte testimonio.

Cuando se llamó al joven Heber J. Grant, de veintitrés años para servir en calidad de presidente de la estaca Tooele, él les dijo a los santos que creía que el Evangelio era verdadero. El presidente Joseph F. Smith, consejero de la Primera Presidencia, preguntó: “Heber, dijiste que crees en el Evangelio con todo tu corazón, pero no compartiste tu testimonio de que sabes que es cierto. ¿Acaso no sabes con certeza absoluta que este Evangelio es verdadero?”.

Heber contestó: “No lo sé”; entonces Joseph F. Smith se volvió a John Taylor, Presidente de la Iglesia y dijo: “Estoy a favor de que anulemos esta tarde lo que hicimos esta mañana. No creo que ningún hombre que no tenga un conocimiento perfecto y duradero de la divinidad de esta obra deba presidir una estaca”.

El presidente Taylor contestó: “Joseph, Joseph, Joseph, [Heber] lo sabe tan bien como tú lo sabes; lo único que no sabe es que él lo sabe”.

En pocas semanas ese testimonio creció y el joven Heber J. Grant derramó lágrimas de agradecimiento por el testimonio perfecto, duradero y absoluto que vino a él 1 .

Es grandioso saber, y saber que uno lo sabe, que esa luz no se ha tomado prestada de otra persona.

Hace unos años presidí una misión cuyas oficinas estaban en la región central de los Estados Unidos. Un día hablé con un estimado representante de otra iglesia cristiana, mientras me encontraba junto con algunos de nuestros misioneros. Ese amable hombre habló sobre la historia y doctrina de su religión, y llegó a repetir la tan conocida frase: “Por gracia sois salvos. Todos los hombres y las mujeres deben ejercitar la fe en Cristo para llegar a ser salvos”.

Entre los presentes, había un nuevo misionero que no era muy experto en otras religiones y se sintió impulsado a preguntar: “Pero, señor, ¿qué pasa con el bebé que muere antes de tener la edad suficiente para comprender y ejercitar la fe en Cristo?”. El hombre culto inclinó su cabeza, miró hacia el piso y dijo: “Debería haber una salida, debería haber una excepción a la regla, debería haber una manera; pero no la hay”.

El misionero me miró y con lágrimas en sus ojos dijo: “¡Cielos, presidente! Tenemos la verdad, ¿no es así?”.

Ese momento en que uno se da cuenta de que tiene un testimonio —que es dulce y sublime— llega cuando uno sabe que lo sabe. Ese testimonio, si se nutre, descansará sobre ustedes como un manto. Cuando vemos la luz, ésta nos envuelve y las luces del entendimiento se encienden dentro de nosotros.

Una vez conversé con un excelente joven que no era de nuestra religión, aunque había asistido durante más de un año a la mayor parte de nuestros servicios de adoración. Le pregunté por qué no se había unido a la Iglesia y me contestó: “Porque no sé si es verdadera; creo que podría serlo, pero no puedo ponerme de pie y testificar como ustedes y decir: ‘En verdad sé que es verdadera’”. Le pregunté: “¿Has leído el Libro de Mormón?”, y me contestó que había leído partes del mismo. Entonces le pregunté si había orado en cuanto al libro; y me contestó: “Lo he mencionado en mis oraciones”. Le dije a mi amigo que mientras leyera y orara de manera despreocupada, por los siglos de los siglos, nunca lo sabría; pero cuando él apartara un tiempo para ayunar y orar, la verdad ardería en su corazón y él sabría que lo sabía. No me dijo nada más, pero a la mañana siguiente le dijo a su esposa que ayunaría y se bautizó el siguiente sábado. Si desean saber que ustedes saben que lo saben, existe un precio que uno mismo debe pagar. Es cierto que hay representantes para efectuar las ordenanzas, pero no los hay para adquirir un testimonio.

Alma habló sobre su conversión con estas hermosas palabras: “…he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo. Y ahora sé por mí mismo que son verdaderas; porque el Señor Dios me las ha manifestado…” (Alma 5:46).

Cuando alguien se da cuenta de que posee un testimonio, esta persona tiene un fuerte deseo de compartirlo con los demás. Cuando Brigham Young salió de las aguas bautismales, dijo: “…el Espíritu del Señor estaba sobre mí y sentí como si mis huesos fueran a consumirse a menos que hablara a la gente… y en el primer discurso que di, hablé por más de una hora. Yo abrí la boca y el Señor la llenó” 2 . Como el fuego que no quema, a menos que la llama se manifieste, un testimonio no puede permanecer a menos que se exprese.

Más adelante, Brigham Young dijo lo siguiente de Orson Pratt: “Si al hermano Orson [se] le cortara en pedacitos de una pulgada, cada pedazo clamaría: ‘El Mormonismo [es] verdadero’” 3 . El padre Lehi elogió a su noble hijo Nefi, con estas palabras: “…Mas he aquí, no fue él, sino el Espíritu del Señor que en él estaba, el cual le abrió la boca para que hablara, de modo que no la podía cerrar” (2 Nefi 1:27).

La oportunidad y la responsabilidad de compartir el testimonio existen primero en el entorno familiar. Nuestros hijos deben poder recordar la luz de nuestros ojos, el sonido de nuestros testimonios al compartírselos, y el sentimiento en su corazón al dar testimonio, a nuestra audiencia más importante, de que Jesús fue realmente el Hijo de Dios y de que José fue Su profeta. Nuestra posteridad debe saber que lo sabemos, porque se lo decimos con frecuencia.

Los primeros líderes de la Iglesia pagaron un precio muy alto para establecer esta dispensación. Quizás los conoceremos en la vida venidera y escuchemos sus testimonios, y cuando se nos llame a testificar, ¿qué diremos? En la vida venidera habrá pequeños y gigantes espirituales. La eternidad es demasiado tiempo para vivir sin luz, en especial si nuestro cónyuge y nuestros descendientes también viven en la oscuridad, porque no había luz dentro de nosotros ni en los demás y, por lo tanto, no podrían encender sus lámparas.

Debemos arrodillarnos cada mañana y noche para suplicar al Señor que nunca perdamos nuestra fe, nuestro testimonio ni nuestra virtud. Sólo debe haber un testigo, pero ese debe ser uno mismo.

Tengo un testimonio y un fuerte deseo de expresarlo. Testifico que el poder del Dios viviente está en esta Iglesia. Sé que lo sé y mi testimonio es verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Véase Heber J. Grant, Gospel Standards, comp. G. Homer Durham, 1941, págs. 191–193.
2. En Deseret News, 3 de agosto de 1870, pág. 306.
3. Véase President Brigham Young’s Office Journal, 1º de octubre de 1860, Brigham Young Office Files, Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; se han actualizado la puntuación y el uso de las letras mayúsculas.

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Después de hacer cuanto podamos

Conferencia General Octubre 2007
Después de hacer cuanto podamos
Élder Claudio D. Zivic
De los Setenta

En calidad de miembros de la Iglesia de Jesucristo hemos elegido ser hombres y mujeres fuera de lo común.

He escuchado decir que nadie ha muerto dando un discurso en una Conferencia General. Si hoy ocurre por primera vez, desde ya les pido disculpas.

Cuando estaba cumpliendo en Argentina con el servicio militar obligatorio, leí un libro, del cual no recuerdo su autor, que comenzaba diciendo: “No elijo ser un hombre común, está en mi derecho el ser alguien fuera de lo común, si es que puedo”.

Ser fuera de lo común significa ser exitoso, singular, sorprendente.

Esa frase siempre quedó impresa en mi mente y corazón puesto que mi sentimiento fue y es, que en calidad de miembros de la Iglesia de Jesucristo hemos elegido ser hombres y mujeres fuera de lo común. Las últimas palabras de esa frase dicen “si es que puedo”, lo que me hizo pensar en que no basta con haber sido bautizados y confirmados, debemos honrar y cumplir con los compromisos que asumimos ante el Señor en aquel día tan memorable.

Lehi enseñando a su hijo Jacob le dijo: “Así pues, los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos son propias. Y son libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo; pues él busca que todos los hombres sean miserables como él” (2 Nefi 2: 27).

Sin duda todos deseamos la libertad y la vida eterna. Temblamos de sólo pensar que también existe la opción de ser cautivos por Satanás.

Nefi nos enseñó claramente lo que debemos hacer. Él dijo: “…pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25: 23).

Creo que lo primero que debemos tener en cuenta, para “hacer cuanto podamos”, es arrepentirnos de nuestros pecados. Nunca podremos alcanzar nuestro potencial divino si permanecemos en nuestros errores.

Recuerdo en forma muy especial el día de mi bautismo cuando tenía ocho años. Se realizó en la rama de Liniers, la cual fue la primera capilla construida por la Iglesia en Sudamérica. Cuando regresaba a mi casa, junto con mi familia, mi hermano mayor comenzó a jugar de manos conmigo, como siempre lo hacíamos. Entonces desde lo más profundo de mi corazón le dije: “¡No me toques porque no puedo pecar más!”. Con el transcurso de los días me di cuenta que no era posible permanecer el resto de mi vida sin pecar.

Es difícil soportar los sufrimientos que vienen del exterior. Pero el verdadero tormento en la vida es sufrir las consecuencias de nuestras propias faltas y pecados.

Hay una única manera en que ese tormento desaparezca y es por medio del sincero arrepentimiento. Comprendí que podía presentar al Señor un corazón quebrantado y un espíritu contrito, sintiendo profundo pesar por mis pecados, humillándome, arrepintiéndome de mis faltas, y que Él milagrosamente, a través de Su sacrificio expiatorio, podía borrar esos pecados para nunca más tenerlos en cuenta.

El poeta argentino José Hernández, en su famoso libro Martín Fierro, escribió:

“Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve hallar,
Pero les debo enseñar
Y es bueno que lo recuerden
Si la vergüenza se pierde
Jamás se vuelve a encontrar”
(La Vuelta de Martín Fierro, part 2 of Martín Fierro, 1879, canto 32; bilingual ed., trans. C. E. Ward, 1967, pág. 493).

Si carecemos de ese sentimiento penoso ocasionado por alguna falta o acción deshonrosa, será imposible permanecer en este camino que es “fuera de lo común”.

Otro concepto muy importante para tener en cuenta en “hacer cuanto podamos” es buscar y desarrollar las oportunidades que la vida nos ofrece constantemente dentro del Evangelio, y reconocer al Señor como el Dador de todo lo bueno que poseemos y somos.

Otro asunto que debe ser nuestra responsabilidad permanente es “hacer cuanto podamos” para dar a conocer este Evangelio de felicidad a todo el género humano.

Hace un tiempo recibí una carta del hermano Rafael Pérez Cisneros de Galicia, España, relatándome su conversión. Parte de esa carta decía lo siguiente:

“La perspectiva que tenía sobre la vida y la familia era nula. Cuando finalmente acepté que los misioneros entrasen a mi casa, les dije: ‘Denme ese mensaje, pero les advierto que nada me va a hacer cambiar de religión’. En esa primera ocasión mis hijos y mi esposa estaban escuchando atentamente y yo me sentí separado del grupo. Sentí miedo y, sin pensarlo, me fui a mi habitación. Cerré la puerta y clamé con toda mi alma como nunca había clamado y dije en oración: ‘Padre, si de verdad estos jóvenes son discípulos Tuyos y vienen a ayudarnos, por favor, házmelo saber’. Fue en ese preciso momento que empecé a llorar como un niño pequeño. Mis lágrimas eran abundantes y pude percibir una felicidad como nunca antes había sentido. Estaba realmente absorbido en una esfera llena de gozo y felicidad que penetraban mi alma. Comprendí que Dios estaba contestando afirmativamente a mi pregunta.

“Toda mi familia se bautizó y oportunamente fuimos sellados en el templo de Suiza, convirtiéndome en el hombre más feliz del mundo”.

Creo que esta historia nos debe motivar para “hacer cuanto podamos” para compartir las bendiciones de gozo que vienen de vivir el Evangelio de felicidad.

El último concepto importante que deseo resaltar es que debemos “hacer cuanto podamos” hasta el fin de nuestros días en la vida terrenal. Sin duda tenemos ejemplos vivientes, como el presidente Gordon B. Hinckley y muchos otros hombres y mujeres, que continúan sirviendo fielmente a una edad en que otros consideran que son demasiado ancianos para tener responsabilidades.

Cuando serví como presidente de la Misión España Bilbao, me impresionó la calidad de miembros y misioneros que conocí, quienes llevan adelante la obra con tanto amor y disposición, como también los miembros fieles de la Iglesia de otras partes del mundo. A todos ellos mi más sincero respeto y admiración.

El Señor dijo que se “deleita en honrar a los que le sirven en rectitud y en verdad hasta el fin, y para ellos grande será su galardón y eterna será su gloria” (véase D. y C. 76: 5–6).

Que tengamos siempre en nuestra mente y corazón las palabras de Nefi: “¡Despierta, alma mía! No desfallezcas más en el pecado… mi alma se regocijará en ti, mi Dios, y la roca de mi salvación” (2 Nefi 4: 28, 30).

Es mi humilde súplica que el Señor nos bendiga para que hagamos “cuanto podamos” en este camino “fuera de lo común” que hemos escogido, del cual testifico que es verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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El poder de la divinidad se manifiesta en los templos de Dios

Conferencia General Octubre 2007
El poder de la divinidad se manifiesta en los templos de Dios
Élder Octaviano Tenorio
De los Setenta

El poder de la divinidad se manifiesta a todos los hombres que… llegan a hacer convenios sagrados con nuestro Padre Celestial.

Mis queridos hermanos y hermanas, una de las cosas por la que estoy muy agradecido con mi Padre Celestial es por la oportunidad que tuve de trabajar por 15 años como registrador del Templo de la Ciudad de México. En ese sagrado lugar, como en todos los demás templos, se realizan ordenanzas a favor de vivos y muertos por el poder del sacerdocio. En 1832, el profeta José Smith recibió una revelación sobre el sacerdocio:

“Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.

“Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad” (D. y C. 84:19–20).

He tenido maravillosas experiencias dentro de las paredes del templo que así lo verifican.

En 1993, después de servir como presidente de la Misión México Tuxtla Gutiérrez, viajábamos como familia para visitar a mis padres que vivían en el norte de México. Durante el viaje, hablamos sobre el gozo de servir al Señor y de ver el cambio en las personas que habían aceptado el Evangelio durante los 3 años que estuvimos en la misión. Comentábamos sobre aquellas personas que se habían bautizado, confirmado y que habían recibido el sacerdocio, y sobre aquellas que supimos que habían entrado en el templo y había sido selladas como familias por la eternidad.

Mi hijo más pequeño hizo una pregunta que me hizo reflexionar: “¿Papá, tú estás sellado a tus padres?”. Le dije que, debido a que mi padre había estado menos activo por algunos años, él y mi madre no habían sido sellados en el templo. Entonces, a fin de ayudar a mi padre a activarse, ideé un plan, en el que haría participar a mis hijos. Les expliqué lo que harían. Cada domingo mi padre se levantaba temprano para llevar a mi madre y a mi hermana a la Iglesia, entonces regresaba a casa, esperaba a que finalizaran los servicios y luego regresaba a buscarlas. Así que les pedí a mis hijos que fueran y le preguntaran: “¿Abuelito, nos harías un favor?”. Yo sabía que su respuesta sería: “Lo que ustedes quieran, mis hijos”. Entonces ellos le pedirían que los acompañara a la Iglesia y se quedara con ellos a fin de escuchar sus testimonios. Sería el primer domingo del mes. También sabía que mi padre pondría alguna excusa para no ir, así que yo entraría a auxiliar a mis hijos para convencerlo. Llegó el tiempo de llevar a cabo el plan. Mi hija, Susana, se acercó a mi padre y le pidió el favor. Sin dudarlo, mi padre le dijo que haría lo que fuera por ellos. Entonces le hizo la invitación para ir a la Iglesia y, tal como lo habíamos previsto, vino la excusa: “No puedo porque aún no me he bañado”. Fue cuando yo, que estaba detrás de la puerta con mi esposa, grité: “Te esperamos”. Como vimos que no se decidía, mi esposa y yo entramos al cuarto y junto a nuestros hijos, comenzamos a insistir: “¡Qué se bañe! ¡Qué se bañe!”. Entonces sucedió lo esperado. Mi padre nos acompañó, se quedó a los servicios, escuchó los testimonios de mis hijos, su corazón fue enternecido, y desde ese domingo en adelante nunca más faltó a la Iglesia. Meses más tarde, a la edad de 78 años, él y mi madre fueron sellados y nosotros, sus hijos, fuimos sellados a ellos.

Sé que gracias al poder de la divinidad que se manifiesta en las ordenanzas del templo puedo reunirme con mis padres por toda la eternidad, aún después de la muerte.

Muchas veces no comprendemos el significado de las ordenanzas del templo en su plenitud sino hasta después de que pasamos por aflicciones o experiencias que pudieran ser muy tristes sin el conocimiento del plan de salvación.

Cuando mi esposa y yo teníamos tan solo un año y medio de casados, ella estaba esperando a nuestro primer bebé. Habíamos decidido que lo tendría en las Colonias de Chihuahua, donde ella había nacido. En ese tiempo, yo trabajaba en la Ciudad de México y decidimos que ella se iría un mes antes de la fecha del parto, y después yo me reuniría con ella. Entonces llegó la fecha del parto. Yo me encontraba trabajando cuando recibí una llamada de mi suegro. La noticia era buena: “Octaviano, tu esposa ha dado a luz y ahora tienen una pequeña hija, que es hermosa”. Entonces, en mi felicidad, comencé a anunciarlo a mis amigos y compañeros de trabajo, quienes a su vez me pidieron chocolates para celebrar el nacimiento de mi pequeña. Al día siguiente, comencé a repartir chocolates por los cuatro pisos de las oficinas. Cuando iba en el segundo piso, recibí otra llamada de mi suegro. Esta vez la noticia fue diferente: “Octaviano, tú esposa está bien, pero tu hija ha fallecido. El funeral será hoy y no tienes tiempo de llegar. ¿Qué vas a hacer?”. Pedí hablar con Rosa, mi esposa, y le pregunté si se encontraba bien. Ella respondió que estaba bien dependiendo de cómo yo me sintiera. Entonces hablamos acerca del plan de salvación, y recordamos este pasaje de las Escrituras:

“Y también vi que todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad se salvan en el reino de los cielos” (D. y C. 137:10).

Le pregunté: “¿Crees en eso?”. Y me dijo: “Sí, lo creo”. Entonces le dije: “En ese caso, debemos estar felices. Te amo y, si tú estás de acuerdo, tomaré mis vacaciones en dos semanas, pasaremos tiempo juntos y regresaremos juntos a la Ciudad de México”. Sabíamos que algún día nos reuniríamos con nuestra hija puesto que estamos sellados en el templo por el poder del sacerdocio. Terminamos la llamada y continué repartiendo chocolates en las oficinas.

Al ver lo que hacía, uno de mis compañeros de trabajo me preguntó sorprendido cómo es que podía hacer eso después de haber recibido tan terrible noticia. Le contesté: “Si tienes tres horas de tu tiempo, te puedo explicar por qué es que no me siento tan triste y qué ocurre después de la muerte”. No tuvo tres horas en ese momento, pero tuvo tiempo después; y terminamos hablando por cuatro horas. Él aceptó el Evangelio y, junto a su madre y un hermano, fue bautizado en la Iglesia después de escuchar las lecciones.

Sé que gracias al poder de la divinidad que se manifiesta en las ordenanzas del templo podré conocer a mi hija, abrazarla y estaremos con ella por la eternidad, del mismo modo que ahora estamos con los tres hijos que tenemos vivos.

Me regocijo en las palabras de Malaquías:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:5–6).

Este sacerdocio hace posible que las familias sean eternas. Me permite, como hijo, volver mi corazón hacia mi padre, quién falleció el año pasado, y permanecer tranquilo con la esperanza que me da mi Salvador, de que lo veré nuevamente. Este sacerdocio me permite, como padre, volver mi corazón hacia nuestros dos hijos que murieron pequeños y permanecer tranquilo con la esperanza que me da mi Salvador de que los conoceré y ellos sabrán que fui su padre terrenal, mientras los miro a los ojos y les digo que los amo. Es este sacerdocio el que me ha permitido ver dentro de la santidad del templo, cómo el poder de la divinidad se manifiesta a todos los hombres que, con fe en Cristo, arrepentidos de sus pecados y con un deseo ferviente de buscar la felicidad, llegan a hacer convenios sagrados con nuestro Padre Celestial y a recibir Sus santas ordenanzas, que son atadas tanto en la tierra así como en el cielo.

Amo la obra del templo. Yo sé que Dios vive, que Jesucristo es mi Salvador y que el presidente Gordon B. Hinckley es un profeta verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Nutridos por la buena palabra de Dios

Conferencia General Octubre 2007
Nutridos por la buena palabra de Dios
Daniel K Judd
Primer Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical

Es esencial que nutramos a quienes enseñemos y guiemos centrándonos en las doctrinas, los principios y las aplicaciones básicas que se recalcan en las Escrituras y en las palabras de los profetas de los últimos días.

Cuando era joven, trabajaba con mi padre y mis hermanos criando ganado y caballos en nuestra hacienda al sur de Utah y norte de Arizona. Mi padre nos enseñó que cuando quisiéramos atrapar un caballo para montarlo todo lo que teníamos que hacer era poner un puñado de grano en un cubo y sacudirlo por unos segundos; no importaba si los caballos estaban en el corral o en un campo grande; ellos vendrían corriendo a comer el grano. Entonces le pasábamos la brida suavemente por la cabeza mientras comían. Siempre me asombraba que un proceso tan simple funcionara tan bien.

En algunas ocasiones, cuando no queríamos tomarnos el tiempo de buscar el grano del granero, poníamos tierra en el cubo y lo sacudíamos tratando de engañar a los caballos y hacerles pensar que teníamos grano para que comieran. Cuando se daban cuenta del engaño, algunos de los caballos se quedaban, pero otros se escapaban y era casi imposible atraparlos; con frecuencia nos llevaba varios días volver a ganar su confianza. Aprendimos que si nos tomábamos el tiempo de alimentar regularmente con grano a los caballos sería más fácil trabajar con ellos y proveerles más nutrición y mayor fuerza.

Aun cuando han pasado muchos años desde mis días en la hacienda, lo que acabo de describir me ha ayudado a considerar las siguientes preguntas: cómo maestros y líderes de la Iglesia, ¿qué podemos hacer para proporcionar más nutrición doctrinal y espiritual a quienes servimos?

El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “La mayoría de la gente no va a la Iglesia únicamente para buscar unos cuantos conceptos nuevos del Evangelio o para ver a viejos amigos, aunque ambas cosas son importantes; van en busca de una experiencia espiritual; desean paz; desean que su fe sea fortalecida y que su esperanza sea renovada; en una palabra, desean ser nutridos ‘por la buena palabra de Dios’, para ser fortalecidos por los poderes del cielo. Aquellos de nosotros que seamos llamados a tomar la palabra, a enseñar o a dirigir tenemos la obligación de proporcionar eso, de la mejor manera posible” 1 .

El Salvador y Sus siervos no sólo nos han enseñado la importancia de ayudar a los demás a ser “nutridos por la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4); sino que también han dado instrucciones inspiradas de cómo se puede enseñar y dirigir mejor. La sección 50 de Doctrina y Convenios es una de las tantas referencias que nos da esos consejos tan valiosos. Después de reconocer los problemas que existían en algunas de las primeras ramas de la Iglesia, el Salvador instruyó a un grupo de líderes en cuanto a la solución a los problemas que enfrentaban. Sus instrucciones comenzaron con una pregunta crucial: “Por tanto, yo, el Señor, os hago esta pregunta: ¿A qué se os ordenó?” (D. y C. 50:13). En el versículo 14 continúa la respuesta del Señor: “A predicar mi evangelio por el Espíritu, sí, el Consolador que fue enviado para enseñar la verdad”.

Las respuestas a los problemas que los santos enfrentaban en 1831 son las mismas para los desafíos que enfrentamos hoy: debemos predicar el Evangelio de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.

La sección 50 incluye varias claves fundamentales para nutrir a los que enseñamos y a los que guiamos. La primera clave se encuentra en la admonición del Salvador de “predicar mi evangelio” (D. y C. 50:14, cursiva agregada). Las Escrituras enseñan claramente que el Evangelio que debemos predicar no es la “sabiduría del mundo” (Mosíah 24:7) sino la “doctrina de Cristo” (2 Nefi 31:21). Si bien el evangelio de Jesucristo comprende toda la verdad, no todas las verdades tienen el mismo valor 2 . El Salvador enseñó claramente que Su evangelio, ante todo, es Su sacrificio expiatorio. Su evangelio también es una invitación a recibir las bendiciones de la Expiación a través de la fe en Cristo, el arrepentimiento, el bautismo, recibir el Espíritu Santo y perseverar fielmente hasta el fin. Seguir leyendo

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La verdad: La base de las decisiones correctas

Conferencia General Octubre 2007
La verdad: La base de las decisiones correctas
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El conocimiento de la verdad tiene poco valor a menos que lo apliquemos al tomar decisiones correctas.

Dado que la verdad es la única base significativa sobre la cual podemos tomar decisiones correctas, ¿cómo establecer, entonces, cuál es realmente la verdad? Cada vez más personas encuentran que se intensifica la dificultad de tomar buenas decisiones debido al mundo tan intercomunicado en el que vivimos. Un aluvión incesante de consejos, recomendaciones y propaganda entra avasallante a nuestra conciencia en forma constante, mediante una confusa combinación de medios de difusión, internet y otros medios semejantes. Sobre un tema en particular, podemos recibir múltiples mensajes, expresados con convicción y muy bien presentados, dando soluciones; sin embargo, muy a menudo dos de las soluciones pueden ser diametralmente opuestas. No es de sorprenderse que algunas personas se confundan y no sepan con seguridad cómo tomar decisiones correctas.

Para complicar más las cosas, otros tratan de persuadirnos de que nuestras decisiones deben ser socialmente aceptables y políticamente correctas. Algunos, al meditar sobre ese criterio, se dan cuenta de lo equivocado que es. Puesto que la estructura social y la política difieren muchísimo alrededor del mundo, y pueden cambiar drásticamente con el tiempo, es obvio lo absurdo de seguir ese método para tomar decisiones.

Hay dos formas de encontrar la verdad, ambas útiles siempre que sigamos las leyes sobre las cuales se basan. La primera es el método científico, que puede requerir de un análisis de datos para confirmar una teoría o la alternativa de validar un principio por medio de la experimentación. El método científico es una forma valiosa de buscar la verdad; sin embargo, tiene dos desventajas. Primero, nunca podremos estar seguros de haber encontrado la verdad absoluta, aun cuando a menudo nos acerquemos más y más a ella. Segundo, en ocasiones, sin importar con cuánta eficacia apliquemos ese método, es posible que lleguemos a la conclusión equivocada.

La mejor manera de encontrar la verdad es ir sencillamente al origen de toda verdad y preguntar o responder a la inspiración 1 . Para tener éxito, son esenciales dos elementos: primero, una fe inquebrantable en la fuente de toda verdad; segundo, la disposición de guardar los mandamientos de Dios con el fin de mantener abierta la comunicación con Él. El élder Robert D. Hales nos acaba de hablar acerca de esa revelación personal y de cómo obtenerla.

El método científico 2

¿Qué hemos aprendido usando el método científico para descubrir la verdad? Un ejemplo lo ilustrará. Por más que trato no puedo comprender, ni siquiera en lo más mínimo, lo vasto, lo profundo y lo extraordinario de la grandeza de lo que nuestro Santo Padre Celestial, Elohim, ha permitido que sea revelado por el método científico. Si pudiéramos viajar al espacio, lo primero que veríamos sería la tierra, tal como sucedió con los astronautas; y si fuéramos más allá, tendríamos una vista panorámica del sol y de los planetas que giran a su alrededor, los que nos parecerían como un pequeño círculo de objetos dentro de un panorama enorme de estrellas titilantes. Si continuáramos nuestro viaje espacial, tendríamos una vista gloriosa de nuestra galaxia, la Vía Láctea, con más de cien mil millones de estrellas girando en círculo, sus órbitas controladas por la gravedad alrededor de una concentrada región central. Más adelante, podríamos mirar hacia un grupo de galaxias llamadas el cúmulo de Virgo, que algunos piensan que abarca nuestra Vía Láctea, y que se calcula que esté a unos 50 millones de años luz de distancia. Más lejos aún, encontramos galaxias a aproximadamente diez mil millones de años luz, que el telescopio espacial Hubble ha fotografiado. La enormidad astronómica de esa distancia se percibe al advertir que la luz viaja a más de mil millones de kilómetros por hora. Aun desde esa extraordinaria perspectiva, no existe la más pequeña evidencia de que se haya alcanzado el límite de las creaciones de Dios el Padre.

A pesar de lo asombrosamente inspirador que sería ese increíble panorama de los cielos, existe algo más para tener en cuenta, igualmente capaz de confirmar los poderes inmensurables de nuestro Padre Celestial. Si nos dirigiéramos en dirección opuesta para explorar la estructura de la materia, podríamos observar de cerca la doble cadena helicoidal de la molécula de ADN. Ésta es una estructura molecular extraordinaria que se auto replica y que determina la composición de nuestro cuerpo. Una exploración más a fondo nos llevaría al nivel de un átomo compuesto de protones, neutrones y electrones, de los que ya hemos oído hablar. Seguir leyendo

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Revelación personal: Las enseñanzas y el ejemplo de los profetas

Conferencia General Octubre 2007
Revelación personal: Las enseñanzas y el ejemplo de los profetas
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La revelación personal es el modo por el cual sabemos por nosotros mismos las verdades más importantes de nuestra existencia.

Al comenzar la última sesión de esta histórica conferencia, me uno a ustedes para expresar gratitud por el privilegio de sostener al presidente Henry B. Eyring como consejero de la Primera Presidencia, al élder Quentin L. Cook como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, y al élder Walter F. González como uno de los siete presidentes de los Setenta. A ellos brindo mi amor y apoyo, y testifico que son llamados de Dios por un profeta viviente, el presidente Gordon B. Hinckley, “de acuerdo con el espíritu de revelación y profecía” 1 .

Los acontecimientos de estos dos últimos días nos enseñan que necesitamos revelación en la obra del Señor y revelación personal para nuestra propia vida. La revelación personal es el modo por el cual sabemos por nosotros mismos las verdades más importantes de nuestra existencia: la realidad viviente de Dios, nuestro Padre Eterno, y de Su Hijo Jesucristo; la veracidad del Evangelio restaurado, así como el propósito y la guía que Dios tiene para nosotros.

Casi todo lo que sé sobre la revelación personal lo he aprendido del ejemplo de los profetas, tanto antiguos como modernos. Esta tarde quisiera compartir algunos de esos ejemplos y ruego que nos inspiren a cada uno de nosotros a buscar las bendiciones de la revelación personal en nuestra propia vida.

Cuando era un joven Representante Regional se me asignó ayudar al élder Marion G. Romney a reorganizar una estaca. Durante el largo y apacible viaje a la conferencia, la conversación se tornó hacia la magnitud espiritual de nuestra asignación. El élder Romney me enseñó cómo el Señor nos bendice con revelación. “Robert”, me dijo, “he aprendido que cuando estamos en la obra del Señor, contamos con Su bendición para lograr cualquier cosa que se nos pida hacer”. El élder Romney me explicó, además, que llegaríamos a la ciudad distante, nos arrodillaríamos en oración, entrevistaríamos a poseedores del sacerdocio, volveríamos a arrodillarnos en oración y el Espíritu Santo nos revelaría cuál era la persona que el Señor había elegido para ser el nuevo presidente de estaca. Me prometió que sería una de las grandes experiencias espirituales de mi vida, y así fue.

Nuestro Padre Celestial nos ha enviado a cada uno de nosotros a la tierra para hacernos merecedores de la vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” 2 . ¿Cómo conocemos al Padre y al Hijo por nosotros mismos? Mediante la revelación personal. La revelación personal es la manera en que nuestro Padre Celestial nos ayuda a conocerlo a Él y a Su Hijo, a aprender y vivir el Evangelio, a perseverar en rectitud hasta el fin, y a ser merecedores de la vida eterna, para así regresar a Su presencia.

Tal vez se pregunten: “¿Cómo obtenemos revelación personal?”. Pablo aconsejó a los santos que confiaran en el Espíritu más bien que en la sabiduría del mundo 3 . A fin de obtener ese Espíritu, empezamos con la oración. El presidente Lorenzo Snow había estudiado el Evangelio varios años antes de unirse a la Iglesia, pero no recibió un testimonio sino hasta dos o tres semanas después de su bautismo, cuando se retiró en secreta oración. “El Espíritu de Dios descendió sobre mí”, dijo. “Oh, qué dicha y felicidad sentí, [pues] entonces recibí un conocimiento perfecto de que Dios vive, que Jesucristo es el Hijo de Dios, y de la restauración del santo sacerdocio y de la plenitud del Evangelio” 4 .

He aprendido que la oración es un firme cimiento para la revelación personal, pero hace falta más que eso. Mientras aún era representante regional, tuve la oportunidad de aprender de otro apóstol: el élder Boyd K. Packer. Se nos asignó el reorganizar una estaca y comenzamos arrodillándonos juntos en oración. Después de entrevistar a los líderes del sacerdocio y de orar, el élder Packer sugirió que camináramos juntos alrededor del edificio. Mientras caminábamos, me demostró un principio esencial para recibir revelación personal, el principio que el Señor le enseñó a Oliver Cowdery: “He aquí… debes estudiarlo en tu mente” 5 . Reflexionamos sobre nuestra asignación, deliberamos juntos y dimos oído a la voz del Espíritu. Al regresar, oramos y meditamos más; entonces estuvimos preparados para recibir revelación. Seguir leyendo

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La piedra cortada del monte

Conferencia General Octubre 2007
La piedra cortada del monte
Presidente Gordon B. Hinckley

El Señor está cumpliendo Su promesa de que Su evangelio sería como la piedra cortada del monte, no con mano.

Ahora bien, mis hermanos y hermanas, vivimos un fenómeno interesante; un solista canta la misma canción una y otra vez; una orquesta repite la misma música; sin embargo, se espera que un orador diga algo nuevo cada vez que habla. Esta mañana, voy a romper esa tradición y voy a repetir, hasta cierto punto, lo que he dicho en otra ocasión.

La Iglesia se ha convertido en una gran familia diseminada por toda la tierra. Ahora hay más de 13 millones de nosotros en 176 naciones y territorios. Está sucediendo algo maravilloso y extraordinario; el Señor está cumpliendo Su promesa de que Su evangelio sería como la piedra cortada del monte, no con mano, que rodaría hasta llenar toda la tierra, como se le manifestó a Daniel en una visión (véase Daniel 2:31–45; D. y C. 65:2). Está ocurriendo un gran milagro ante nuestros ojos.

Retrocedamos 184 años, al año 1823. El mes era septiembre, la noche del 21 al 22, para ser exactos.

El joven José Smith había orado esa noche antes de acostarse; le pidió al Señor que lo perdonara por su frivolidad. Entonces sucedió algo milagroso; él dice:

“Encontrándome así, en el acto de suplicar a Dios, vi que se aparecía una luz en mi cuarto, y que siguió aumentando hasta que la habitación quedó más iluminada que al mediodía; cuando repentinamente se apareció un personaje al lado de mi cama…

“Me llamó por mi nombre, y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que Dios tenía una obra para mí, y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría mi nombre para bien y para mal, o sea, que se iba a hablar bien y mal de mí entre todo pueblo” (José Smith—Historia 1:30, 33).

El muchacho debe haberse quedado atónito por lo que oyó. Para quienes lo conocían, él era simplemente un pobre joven granjero, sin instrucción. No tenía riquezas; sus vecinos estaban en las mismas condiciones; sus padres eran granjeros que luchaban para ganarse la vida. Vivían en una zona rural casi desconocida; eran simplemente personas comunes y corrientes que trataban de sobrevivir por medio del trabajo arduo.

Y sin embargo, un ángel de Dios dijo que “entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría… [el nombre de José] para bien y para mal”. ¿Cómo sería posible? Esa descripción se refería a todo el mundo.

Ahora, cuando miramos 177 años atrás, hasta la organización de la Iglesia, nos maravillamos ante lo que ya se ha llevado a cabo. Cuando se organizó la Iglesia en 1830, sólo había seis miembros, unos cuantos creyentes, y todos vivían en un pueblo prácticamente desconocido. Hoy hemos llegado a ser la cuarta o quinta iglesia más grande de Norteamérica, con congregaciones en todas las ciudades importantes. Hoy en día las estacas de Sión florecen en todos los estados de los Estados Unidos, en todas las provincias de Canadá, en todos los estados de México, en todas las naciones de Centroamérica y en toda Sudamérica.

Hay congregaciones en todas las Islas Británicas y Europa donde miles de personas se han unido a la Iglesia con el pasar de los años. Esta obra ha llegado a las naciones Bálticas hasta Bulgaria y Albania, y otros sectores de esa parte del mundo. Se extiende hasta la vasta región de Rusia, llega hasta Mongolia y hasta las naciones de Asia y las islas del Pacífico, Australia, Nueva Zelanda, India e Indonesia; y florece en muchas naciones de África.

Nuestras conferencias generales se transmiten vía satélite y por otros medios en 92 idiomas diferentes.

Y esto es sólo el comienzo. Esta obra continuará creciendo y prosperando y se extenderá por toda la tierra. Así debe ser si se va a cumplir la promesa que Moroni le hizo a José.

Esta obra es única y maravillosa; es fundamentalmente diferente a toda otra organización de doctrina religiosa que yo conozca. Seguir leyendo

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Limpios de manos y puros de corazón

Conferencia General Octubre 2007

Limpios de manos y puros de corazón

Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestro propósito espiritual es superar tanto el pecado como el deseo de pecar, tanto la mancha del pecado como su tiranía.



Tengo gratos recuerdos de mi niñez de cuando mi madre me leía las historias del Libro de Mormón. Era muy hábil para hacer que los episodios de las Escrituras parecieran reales en mi juvenil imaginación y no me cabía duda de que mi madre tenía un testimonio de la veracidad de ese registro sagrado. Recuerdo en forma especial su descripción de la visita del Salvador al continente americano después de Su resurrección y de Sus enseñanzas al pueblo de la tierra de Abundancia. Por medio de la simple constancia de su ejemplo y testimonio, mi madre encendió en mí las primeras llamas de fe en el Salvador y en Su Iglesia de los últimos días. Llegué a saber por mí mismo que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo y que contiene la plenitud de Su evangelio eterno (véase D. y C. 27:5).

Hoy me gustaría examinar con ustedes uno de mis relatos favoritos del Libro de Mormón: La aparición del Salvador en el Nuevo Mundo, y analizar Sus enseñanzas a la multitud acerca del poder santificador del Espíritu Santo. Ruego la guía del Espíritu, tanto para mí como para ustedes.

El ministerio del Salvador en el Nuevo Mundo

Durante el ministerio del Salvador en el Nuevo Mundo, que duró tres días, Él enseñó Su doctrina, autorizó a Sus discípulos para efectuar las ordenanzas del sacerdocio, sanó a los enfermos, oró por la gente y con ternura bendijo a los niños. Al acercarse el final del tiempo que el Salvador estaría con el pueblo, resumió en forma concisa los principios fundamentales de Su evangelio.

El dijo: “Y éste es el mandamiento: Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y venid a mí y sed bautizados en mi nombre, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día os presentéis ante mí sin mancha” (3 Nefi 27:20).

Es esencial que comprendamos y apliquemos a nuestra vida los principios básicos que describió el Maestro en este pasaje de las Escrituras. El primero fue el arrepentimiento, es decir, “entreg[ar] [el] corazón y [la] voluntad a Dios… abandonando el pecado” (Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 19, “Arrepentimiento”). Al buscar y recibir en forma apropiada el don espiritual de la fe en el Redentor, recurrimos a los méritos, la misericordia y la gracia del Santo Mesías y confiamos en ellos (véase 2 Nefi 2:8). El arrepentimiento es el dulce fruto que se recibe por la fe en el Salvador e implica volcarnos a Dios y alejarnos del pecado.

A continuación, el Señor resucitado explicó la importancia de venir a Él. La multitud se congregó en el templo y se les invitó, en forma literal, a venir al Salvador “uno por uno” (3 Nefi 11:15) a palpar las marcas de los clavos en las manos y en los pies del Maestro y meter las manos en Su costado. Todos los que tuvieron esa experiencia “supieron con certeza, y dieron testimonio de que era él” (versículo 15), Jesucristo mismo, el que había venido.

El Salvador también enseñó al pueblo a venir a Él por medio de convenios sagrados y les recordó que eran “los hijos del convenio” (3 Nefi 20:26). Recalcó la importancia eterna de las ordenanzas del bautismo (véase 3 Nefi 11:19–39) y del recibir el Espíritu Santo (véase 3 Nefi 11:35–36; 12:6; 18:36–38). De igual forma, se nos amonesta, a ustedes y a mí, a volvernos a Cristo, aprender de Él y venir a Él por medio de los convenios y las ordenanzas de Su evangelio restaurado. Al hacerlo, con el tiempo y al final, llegaremos a conocerlo (véase Juan 17:3) “en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad” (D. y C. 88:68), como lo hizo el pueblo de la tierra de Abundancia.

El arrepentirse y venir a Cristo por medio de los convenios y las ordenanzas de salvación son los requisitos y la preparación para ser santificados mediante la recepción del Espíritu Santo y presentarnos sin mancha ante Dios en el postrer día. Ahora quisiera que concentráramos nuestra atención en la influencia santificadora que el Espíritu Santo puede ser en nuestra vida. Seguir leyendo

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Las cosas pequeñas y sencillas

Conferencia General Octubre 2007
Las cosas pequeñas y sencillas
Élder Christoffel Golden Jr.
De los Setenta

Ruego que podamos descubrir nuevamente el poder divino de la oración diaria, la influencia convincente del Libro de Mormón y la verdadera devoción al tomar la Santa Cena.

Todo el que viva el evangelio de Jesucristo diariamente y persevere hasta el fin tendrá la vida eterna; ésa es la promesa del Señor 1 . Los principios básicos del Evangelio son sencillos y fáciles de entender, y se adaptan a la capacidad del más débil 2 . Alma, un profeta del Libro de Mormón, señaló acertadamente: “Ahora bien, tal vez pienses que esto es locura de mi parte; mas… por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas… y por medios muy pequeños el Señor confunde a los sabios y realiza la salvación de muchas almas” 3 .

Hace poco tuve el privilegio de observar ese proceso en un hermano llamado Stan que había estado menos activo durante unos cuarenta y cinco años. Llevaba una vida buena y apoyaba tanto a su esposa como a su hijo en las actividades de ellos como miembros fieles de la Iglesia; pero, por razones personales, optó por mantenerse al margen de la hermandad de la Iglesia. Aun así, todos los meses recibía a los maestros orientadores.

En febrero de 2006, Stan recibió nuevos maestros orientadores. Su primera visita fue agradable, aunque él no mostró particular interés en el Evangelio ni en ningún asunto que remotamente se relacionara con temas espirituales. En la visita siguiente no ocurrió nada que cambiara las primeras observaciones de ellos, aun cuando Stan se mostró un poco más amable y amistoso. Sin embargo, la tercera vez que lo visitaron notaron un cambio visible en su semblante y su comportamiento; se quedaron muy sorprendidos porque, aun antes de presentarle el mensaje, él los interrumpió con una serie de preguntas inquisitivas. En la conversación que tuvieron, también les contó las experiencias del mes anterior durante el cual él y su esposa habían comenzado a leer un capítulo del Libro de Mormón a diario.

El élder Bruce R. McConkie describió con elocuencia el tipo de despertar que Stan experimentó: “Aquí tenemos a un hombre que recibe un ejemplar de este libro bendito, comienza a leerlo y continúa… hasta que, después de haberlo leído todo, su alma hambrienta se llena con el pan de vida. No puede dejarlo de lado ni pasar por alto sus enseñanzas. Es como si las aguas de la vida fluyeran al yermo desierto de su alma, calmando esa sensación de aridez y vacío que hasta entonces lo había separado de su Dios” 4 . Seguir leyendo

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