Conferencia General Octubre 2007
Las madres que lo saben
Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
En la maternidad hay una influencia y un poder eternos.
En el Libro de Mormón leemos acerca de dos mil jóvenes ejemplares que fueron sumamente valientes, intrépidos y vigorosos. “Sí, eran hombres verídicos y serios, pues se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él” (Alma 53:21). Esos fieles jóvenes rindieron tributo a sus madres al decir: “…nuestras madres lo sabían” (Alma 56:48). Supongo que las madres del capitán Moroni, Mosíah, Mormón y otros grandes líderes también lo sabían.
La responsabilidad que las madres tienen hoy día nunca ha exigido más atención. Más que en cualquier otra época de la historia del mundo, necesitamos madres que sepan. Los niños están llegando a un mundo donde “no [tienen] lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12) 1 . No obstante, las madres no tienen que temer. Cuando las madres saben quiénes son, quién es Dios, y han hecho convenios con Él, tendrán gran poder e influencia para el bien de sus hijos.
Las madres que lo saben tienen hijos
Las madres que lo saben desean tener hijos. Aunque en muchas culturas del mundo a los hijos “se los valora menos” 2 , en la cultura del Evangelio todavía creemos en tener hijos. Los profetas, videntes y reveladores que fueron sostenidos en esta conferencia han declarado que “el mandamiento que Dios dio a sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable” 3 . El presidente Ezra Taft Benson enseñó que los matrimonios jóvenes no deben posponer tener hijos y que “en la perspectiva eterna, los hijos —y no las posesiones, ni la posición social, ni el prestigio— son nuestras joyas más valiosas” 4 .
Las hijas fieles de Dios desean hijos. En las Escrituras leemos sobre Eva (véase Moisés 4:26), Sara (véase Génesis 17:16), Rebeca (véase Génesis 24:60), y María (véase 1 Nefi 11:13–20) quienes fueron preordenadas para ser madres antes de que sus hijos hubieran nacido. A algunas mujeres no se les da la responsabilidad de tener hijos en la tierra, pero así como Ana, del Antiguo Testamento, oró con fervor por su hijo (véase 1 Samuel 1:11), el valor que las mujeres den a la maternidad en esta vida y los atributos maternales que logren aquí se levantarán con ellas en la Resurrección (véase D. y C. 130:18). A las mujeres que deseen esa bendición y se esfuercen por lograrla en esta vida, se les promete que la recibirán por toda la eternidad, y la eternidad es mucho, pero mucho más larga que la mortalidad. En la maternidad hay una influencia y un poder eternos.
Las madres que lo saben honran las ordenanzas y los convenios sagrados
Las madres que lo saben honran las ordenanzas y los convenios sagrados. He visitado reuniones sacramentales en algunos de los lugares más pobres de la tierra, donde las madres se han puesto su mejor ropa de domingo a pesar de tener que caminar varios kilómetros por caminos polvorientos o andar en medios de transporte deteriorados. Llevan a sus hijas con vestidos limpios y planchados, con el pelo bien peinado; los hijos llevan camisas blancas y corbatas, con cortes de pelo al estilo de los misioneros. Esas madres saben que van a la reunión sacramental a renovar los convenios; esas madres han hecho convenios en el templo y los guardan; saben que si no preparan a sus hijos para entrar en el templo, no les ayudarán a lograr las metas eternas que desean. Esas madres tienen influencia y poder. Seguir leyendo

























