Conferencia General Abril 2005
Todos tus hijos serán instruidos
Coleen K. Menlove
Presidenta General de la Primaria
Los niños deben saber que, si tienen fe en el Salvador y le siguen, recibirán paz en este mundo turbulento.
Las recientes catástrofes ocurridas alrededor del mundo nos han conmovido. El sufrimiento de los niños, que son víctimas inocentes, es lo que más nos entristece. Hemos visto a niños sin familiares que los mantengan, los protejan y los amen. Deseamos de todo corazón tenderles una mano y ayudarlos de alguna manera, de cualquier manera que alivie su sufrimiento y les brinde esperanza. Nos sentimos agradecidas por las oportunidades que tenemos de dar ayuda; nos alienta el empeño que realizan muchas personas que están ayudando a esos niños.
Sin embargo, no tenemos que mirar muy lejos para ver a niños que viven en circunstancias diferentes y, sin embargo, problemáticas. Sin darnos cuenta, es posible que no prestemos atención a los niños que nos rodean. ¿Somos realmente conscientes de las condiciones de peligro que rodean a nuestros niños? Por lo general, nos es posible determinar si se satisfacen sus necesidades físicas, pero, ¿qué sucede con sus necesidades espirituales? ¿Saben ellos en cuanto a la luz y la paz del Evangelio de Jesucristo? Las Escrituras enseñan: “…todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos” 1 .
Los niños necesitan la paz que se recibe al saber que tienen un amoroso Padre Celestial, que envió a Su Hijo Jesucristo para traer luz y esperanza al mundo. Como adultos, de nosotros depende guiar a los niños a esa paz y a esa luz.
El lamentable estado espiritual de algunos niños en el mundo hoy día se representa en una pintura del artista danés Carl Bloch, que ilustra magníficamente un relato de las Escrituras que se encuentra en el capítulo 5 de Juan. Cristo, el Sanador y Consolador, es la figura central de la obra. La pintura muestra cómo Él levanta la manta que cubre a un hombre paralítico de nacimiento que está esperando el milagro de ser sanado en el estanque de Betesda, pero que no tiene a nadie que lo ayude. Mientras se queda allí, en espera de un milagro, Cristo se le acerca con el poder para sanarlo.
En la pintura hay varias personas en el fondo, ninguna de las cuales mira directamente a Cristo. El Señor está entre ellos, pero sólo un hombre lo ve como a tal. Da la impresión de que todos los demás siguen realizando sus labores diarias, totalmente ajenos al gran poder de Jesús y al milagro que está a punto de tener lugar en presencia de ellos. Un niño pequeño y una mujer, quizás su madre, a pesar de que Él estaba a la vista de ellos, al igual que los demás, tienen los ojos puestos en otro lado. En la presencia misma del Salvador, esa mujer no guió al niño hacia el Salvador. Yo me pregunto: ¿Habríamos desaprovechado nosotros también la oportunidad de venir a Cristo? ¿Nos distraen y opacan nuestra perspectiva espiritual los sucesos cotidianos que nos impiden concentrarnos en lo que realmente es de más importancia? Pienso: ¿Nos estamos privando de las oportunidades de aprender del Señor y de sentir Su amor? ¿Nos estamos privando de las oportunidades de compartir con los demás, especialmente con los niños, lo más importante: el Evangelio de Jesucristo? Todos hemos visto a niños y a jóvenes en medio de la multitud, confundidos y deseando conocer lo que de verdad es importante.
Casi hasta puedo oír a ese niño y a otros niños exclamar las palabras que tantas veces nosotros hemos cantado: “Hazme andar en la luz”. Recordarán la letra:
Hazme en la luz de Su amor caminar.
Muéstrame cómo a mi Padre orar.
Quiero vivir como dijo Jesús.
Dime cómo andar en la luz 2 . Seguir leyendo





































