Teniendo entrelazados sus corazones

Conferencia General Abril 2005

Teniendo entrelazados sus corazones

Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring

Cuando ustedes fueron bautizados, sus antepasados los contemplaron desde el mundo de los espíritus con esperanza… se regocijaron al ver a uno de sus descendientes hacer el convenio de buscarlos.

Mi mensaje es para los conversos de la Iglesia. Más de la mitad de los miembros de la Iglesia de la actualidad han escogido ser bautizados después de los ocho años de edad. Por tanto, ustedes no son una parte pequeña de la Iglesia. A ustedes deseo decirles cuánto los ama el Señor y cuánto confía Él en ustedes. Y, más aún, deseo decirles cuánto depende Él de ustedes.

Ustedes sintieron Su amor al menos en cierta medida cuando fueron bautizados. Hace años, yo llevé a un joven, de veinte años de edad, a las aguas del bautismo. Mi compañero y yo le habíamos enseñado el Evangelio. Era el primero de su familia que oía el mensaje del Evangelio restaurado, y pidió ser bautizado. El testimonio del Espíritu le hizo desear seguir el ejemplo del Salvador, que fue bautizado por Juan el Bautista aun cuando Él era sin pecado.

Cuando levanté a aquel joven de las aguas del bautismo, me sorprendió al lanzar sus brazos alrededor de mi cuello y susurrarme al oído, mientras las lágrimas le surcaban el rostro: “Estoy limpio, estoy limpio”. Ese mismo joven, después que hubimos puesto las manos sobre su cabeza y que, con la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec le hubimos conferido el Espíritu Santo, me dijo: “Cuando usted pronunciaba esas palabras, yo sentí como un fuego que me recorría todo el cuerpo desde la coronilla de la cabeza hasta los pies”.

La experiencia de ustedes en ese mismo respecto habrá sido exclusiva de ustedes, pero hasta cierto punto, habrán sentido la magnitud de la bendición que recibieron. Desde entonces, han experimentado la realidad de las promesas que se les hicieron, así como la de las promesas que ustedes hicieron. Han sentido la limpieza que provino de su bautismo, por motivo de la expiación de Jesucristo. Y han sentido el cambio que se ha efectuado en su corazón al haber llegado el Espíritu Santo a ser su compañero. Sus deseos han comenzado a cambiar.

Cuando alguien me dice que se ha convertido a la Iglesia, le pregunto: “¿Ha aceptado alguno de sus familiares el Evangelio?”. Cuando la respuesta es “sí”, sigue a ésta la emocionada descripción del feliz milagro que se ha efectuado en uno de los padres o en un hermano, o en una hermana o en uno de los abuelos. Las personas sienten regocijo cuando saben que alguno de sus familiares comparte su bendición y su felicidad. Cuando la respuesta es: “No, hasta ahora soy el único miembro de la Iglesia”, la persona casi siempre menciona a sus padres y dice algo así: “No, todavía no. Pero sigo intentándolo”. Y por el tono de su voz, uno se da cuenta de que el converso nunca dejará de intentarlo, nunca jamás.

El Señor sabía que ustedes experimentarían esos sentimientos cuando les permitió recibir los convenios que ahora están bendiciendo su vida. Él sabía que ustedes sentirían deseos de que sus familiares tuviesen también las bendiciones que ustedes sintieron al unirse a la Iglesia. Aún más, Él sabía que ese deseo aumentaría cuando llegaran a conocer la dicha de las promesas que Él nos hace en los sagrados templos. En ellos, a los que se hacen merecedores de entrar, Él les permite hacer convenios con Él. Prometemos obedecer Sus mandamientos y Él nos promete que, si somos fieles, podremos vivir con Él en la gloria en familias para siempre jamás en el mundo venidero.

En Su amorosa bondad, Él sabía que ustedes desearían estar unidos para siempre a sus padres y a los padres de sus padres. Puede ser que hayan tenido ustedes un abuelo como el mío, que siempre apreciaba mucho las visitas que yo le hacía. Yo pensaba que era su nieto predilecto hasta que mis primos me dijeron que ellos creían ser los predilectos del abuelo. Él ya ha fallecido. Todos mis abuelos y sus antepasados han fallecido. Muchos de los antepasados de ustedes murieron sin haber tenido nunca la oportunidad de aceptar el Evangelio ni de recibir las bendiciones y las promesas que ustedes han recibido. El Señor es justo y es amoroso, y, por consiguiente, Él ha preparado tanto para ustedes como para mí la manera de que se cumpla el deseo de nuestro corazón de brindar a nuestros antepasados todas las bendiciones que Él nos ha brindado a nosotros.

El plan para hacer eso posible ha existido desde el principio. El Señor hizo promesas a Sus hijos hace mucho tiempo. El último libro del Antiguo Testamento es el libro del profeta Malaquías, y las últimas palabras de éste son tanto una grata promesa como una severa advertencia.

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” 1 . Seguir leyendo

Publicado en Convenios, Conversión, Historia Familiar, Templos y la obra del templo | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Quienes nos brindan su amor: amigos que tienen el amor de Cristo

Conferencia General Abril 2005
Quienes nos brindan su amor: amigos que tienen el amor de Cristo
Kathleen H. Hughes
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Kathleen H. Hughes

Dios conoce las necesidades de Sus hijos y Él suele actuar por conducto de nosotros, inspirándonos a ayudarnos unos a otros.

Hace unas semanas, mi esposo y yo fuimos a una sesión del templo. Al entrar, nos saludó una obrera del templo, que es una querida amiga de nuestro barrio. Ese saludo fue el preámbulo de una extraordinaria experiencia. Nos saludaron y ayudaron, más que en cualquier otra ocasión que recuerde, muchas personas que conocíamos: amigos de barrios anteriores, amigos de la localidad, hombres y mujeres con los que habíamos servido en diversos llamamientos. La última persona con la que me encontré fue una joven a la que no reconocí. Era encantadora y cuando comenzó a hablar, de inmediato la recordé: Robin, una de las mujeres jóvenes de mi clase de Laureles cuando fui por primera vez presidenta de las Mujeres Jóvenes. Mientras hablábamos e intercambiábamos recuerdos y sucesos de nuestras vidas, me dijo cuánto había significado para ella aquella época. También había sido así para mí.

Salí del templo sintiéndome enternecida con tanta amabilidad, teniendo plena conciencia de lo importantes que los amigos han sido para mí a lo largo de mi vida. El Señor ha conmovido mi espíritu una y otra vez, y, la mayoría de las veces, lo ha hecho por medio de una mano amiga.

Hace treinta y ocho años este mes, Dean y yo, de recién casados, fuimos a Nuevo México a visitar a mis padres. Mientras nos hallábamos allá, mi padre nos llevó a pasar el día a las montañas de la parte norte del estado. Por la tarde, dimos con un automóvil detenido a un costado del camino con un neumático desinflado. El conductor le dijo a mi padre que la rueda de repuesto también la tenía desinflada y que necesitaba que le llevasen en auto a la ciudad más cercana para que se la repararan. Mi padre, al ver a la familia de ese señor dentro del auto, le dijo: “No le será posible ir a la ciudad y regresar antes de que oscurezca. Óigame, las ruedas de su auto son del mismo tamaño que las del mío. Tome usted mi rueda de repuesto y la próxima vez que vaya a Albuquerque, me la devuelve”.

Aquel desconocido, impresionado por la propuesta, le dijo: “Pero si usted ni siquiera me conoce”.

La respuesta de mi papá, típica de él, fue: “Usted es un hombre honrado y no creo equivocarme. Usted me devolverá el neumático”.

Unas semanas después, le pregunté a mi papá con respecto al neumático, y me dijo que se lo habían devuelto.

Mi padre, que ya tiene noventa años, todavía vive la vida del mismo modo. La mayoría de las personas de su edad reciben las comidas hechas de una institución que las lleva a domicilio, pero mi papá reparte comidas a los “ancianos” y suele estar junto al lecho de amigos enfermos o agonizantes. También sale con su sierra eléctrica a ayudar a los del Club de Rotarios en su obra de limpieza y embellecimiento anual. Cuando pienso en la vida de mi papá y en su forma de actuar, recuerdo el pensamiento del presidente Boyd K. Packer: Él es “activo en el Evangelio” (véase “La edad de oro”, Liahona, mayo de 2003, pág. 82), y, como indica el himno, “brinda su amor”, y al hacerlo, embellece la vida de los demás (véase “Quienes nos brindan su amor”, Himnos, Nº 188). Mi padre comprende lo que es la amistad.

Como presidencia de la Sociedad de Socorro, a veces oímos a hermanas decir que no sienten el amor del Señor. Pero quizás sentirían más de Su amor si viesen la influencia de Él en los actos de las personas que las atienden con cariño. Podrá ser un miembro de su rama o barrio, algún vecino o incluso una persona desconocida que les haga un bien y les manifieste el amor de Cristo. El élder Henry B. Eyring nos dijo: “Se le ha llamado [a usted] para representar al Salvador. Cuando usted testifica, su voz es la de Él, sus manos que auxilian son las de Él…” (“Elévense a la altura de su llamamiento”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 76). Si podemos auxiliar a los demás en el nombre de Cristo, sin duda, también nosotros nos auxiliaremos. Seguir leyendo

Publicado en Amistad, Bondad, Servicio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La fe es la respuesta

Conferencia General Abril 2005
La fe es la respuesta
Élder David E. Sorensen
De la Presidencia de los Setenta

David E. Sorensen

[Recuerden] que la fe y la obediencia todavía son las respuestas, incluso cuando las cosas salgan mal; y quizás, especialmente, cuando ése sea el caso.

A principios de la década de 1950, Estados Unidos estaba en guerra en la península coreana. Debido a las normas gubernamentales de reclutamiento de esa época, a los jóvenes no se les permitía servir en misiones, sino que se les requería que prestaran servicio militar. Al saber eso, cuando entré en la universidad me inscribí en el cuerpo de capacitación de oficiales de la reserva del ejército. Mi meta era llegar a ser uno de los oficiales, como lo había sido mi hermano mayor. Sin embargo, durante una visita que hice a casa durante las vacaciones de Navidad, el obispo de mi barrio, Vern Freeman, me invitó a ir a verlo a su oficina; me dijo que un joven líder de la Iglesia, un hermano que se llamaba Gordon B. Hinckley, había negociado un acuerdo con el gobierno, con el que se permitía que de cada barrio de la Iglesia en los Estados Unidos se llamara a un joven para servir en una misión, por lo que ese joven recibiría un aplazamiento automático del servicio militar.

El obispo Freeman dijo que había estado orando sobre ese asunto y había sentido la impresión de que debía recomendarme para servir como misionero de tiempo completo para representar a nuestro barrio. Le expliqué que ya tenía otros planes: que me había alistado en la reserva del ejército y que deseaba ser oficial. Con tacto, el obispo me recordó que había sentido la impresión de recomendarme para servir en una misión en ese momento particular, y dijo: “Ve a casa y habla con tus padres, y vuelve más tarde con tu respuesta”.

Me fui a casa y les conté a mis padres lo ocurrido. Dijeron que el obispo estaba inspirado y que debía aceptar con gusto la invitación del Señor a servir. Mi madre, al darse cuenta de lo decepcionado que me sentí ante la posibilidad de no llegar a ser oficial del ejército de inmediato, citó estas palabras:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” 1 .

Esa noche volví a la oficina del obispo y acepté el llamado. Me dijo que fuera a la oficina de reclutamiento y les hiciera saber mi decisión.

Al hacerlo, y para mi sorpresa, la dama que era la encargada de la oficina de reclutamiento me dijo: “Si usted acepta un llamamiento misional, recibirá el aviso de ser llamado a filas antes de que pueda volver a ingresar en la reserva militar, y prestará servicio como soldado raso, y no como oficial”.

A pesar de ese cambio inesperado, mi misión fue maravillosa; cambió el curso de mi vida, tal como les sucede a aquellos que sirven, pero, cumpliendo con lo prometido, el gobierno envió un aviso en el que se me reclutaba en el ejército de los Estados Unidos, aproximadamente un mes antes de ser relevado de la misión.

Después del entrenamiento básico y de asistir al colegio para policías militares, fui asignado a una base para trabajar como policía militar. Una noche, recibí una asignación que duraría toda la noche, la de escoltar a un convoy de prisioneros de un campo a otro.

Durante la noche, el convoy se detuvo a mitad de camino para descansar. El oficial encargado nos mandó ir al restaurante a tomar café a fin de que pudiéramos permanecer despiertos el resto de la noche. De inmediato, él se percató de que yo me negué. Él dijo: “Soldado, tiene que tomar café para que permanezca despierto el resto de este viaje; no quiero que se escapen los prisioneros o que causen algún disturbio mientras yo esté al mando”.

Le respondí: “Señor, con todo respeto, no lo puedo hacer; soy mormón, y los buenos mormones no toman café”.

Mi respuesta no le agradó, y volvió a aconsejarme que tomara el café.

De nuevo, y cortésmente, me negué. Tomé mi lugar al fondo del autobús, con arma en mano, orando para que pudiera permanecer despierto y no tuviese que usarla. El viaje concluyó sin ninguna novedad. Seguir leyendo

Publicado en Confianza, Fe, Obediencia, Paz | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Uno más

Conferencia General Abril 2005
Uno más
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

Necesitamos más misioneros trabajadores y de firme testimonio a fin de llegar a más de los hijos de nuestro Padre Celestial.

Hermanos y hermanas, hace unas semanas, mi esposa y yo tuvimos el placer de dirigir la palabra a los misioneros del Centro de Capacitación Misional de Provo. Nos emocionó vivamente ver sus rostros radiantes y deseosos de aprender, y sentir la presencia del Espíritu del Señor. Esos excelentes misioneros ya están en camino para llevar al mundo el mensaje de la restauración del Evangelio de Jesucristo. Damos las gracias a los padres, así como a los obispos, los presidentes de estaca y sobre todo a nuestra gente joven por haber respondido bien a la petición del profeta de esmerarse más en su preparación espiritual para servir al Señor.

Cuando “elevamos el nivel de los requisitos” para el servicio misional, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Esta obra es rigurosa, exige fuerza y vitalidad; exige agudeza mental y capacidad; exige fe, deseo y consagración; exige manos limpias y un corazón puro”.

Además dijo: “Ha llegado la hora de elevar los niveles de aquellos a los que se llama… como embajadores del Señor Jesucristo… Sencillamente, no podemos permitir que los que no sean completamente dignos vayan al mundo a compartir las buenas nuevas del Evangelio” (Primera Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 11 de enero de 2003, pág. 19).

Hoy en día, pedimos misioneros más capacitados, hombres jóvenes que se hayan preparado para servir habiendo aceptado el reto de nuestro profeta de “practi[car] la autodisciplina para vivir por encima de los bajos valores del mundo a fin de evitar la transgresión y seguir un sendero más elevado en todas sus actividades” (Íbid., pág. 19).

La obra del Señor en nuestras 339 misiones está creciendo, por lo que debemos intensificar nuestro empeño en ocuparnos de que todo jovencito de 12 años de edad sea dignamente ordenado diácono; de que todo joven de 14 años sea ordenado maestro; de que todo joven de 16 años sea ordenado presbítero y de que todo joven de 18 a 19 años reciba dignamente el Sacerdocio de Melquisedec. Lograremos eso si llenamos el corazón de nuestros hombres jóvenes de amor por el Señor, de entendimiento de Su expiación y de gratitud por ella, y de una clara visión de la maravilla de la Restauración.

Si nuestros jóvenes llegan a comprender la importancia de la restauración del Evangelio y a saber por sí mismos que Dios es nuestro Padre Celestial y que Él ama a todos Sus hijos, así como que Jesús es el Cristo y que Ellos dos juntos visitaron a José Smith para abrir ésta, la última dispensación de los tiempos, desearán llevar ese mensaje al mundo. Si nuestros jóvenes llegan a ver el Libro de Mormón como evidencia tangible de que el mensaje de la Restauración es verdadero, se llenarán del deseo de realizar su parte en la enseñanza de esas verdades a los hijos de nuestro Padre Celestial.

Supimos por los misioneros del Centro de Capacitación Misional lo que les habría servido más para prepararse para su misión. Por encima de todo, deseaban haber:

• Aprendido mejor la doctrina mediante un estudio concentrado de las Escrituras.
• Aprendido el modo de estudiar y de orar sinceramente.
• Sido más disciplinados y haberse esforzado con mayor ahínco.
• Comprendido con mayor claridad lo que se esperaba de ellos.
• Tenido más oportunidades de enseñanza y
• Tenido entrevistas más escrutadoras tanto por parte de los obispos como por los padres.

Hermanos y hermanas, juntos podemos enseñar el Evangelio de Jesucristo, en su sencillez y poder, a todos los jóvenes de la Iglesia. Al esforzarnos junto con los padres, les ayudaremos a prepararse para el campo misional, así como para toda una vida de servicio. Sigamos adelante y busquemos a cada uno de nuestros valiosos jóvenes, sea cual sea su nivel de actividad en la Iglesia y hagamos brillar la luz de Cristo que está dentro de ellos. El presidente Boyd K. Packer dijo: “La luz de Cristo es tan universal como la luz del sol. Dondequiera que haya vida humana, ahí está el Espíritu de Cristo. Toda alma viviente la posee… Es el inspirador de todo lo que bendiga y beneficie a la humanidad. Es lo que nutre la bondad misma” (Liahona, abril de 2005, pág. 13). Seguir leyendo

Publicado en Enseñanza, Obra misional, Preparación, Testimonio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Permanezcamos en lugares santos

Conferencia General Abril 2005
Permanezcamos en lugares santos
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

Deseo animar a nuestros santos de todo el mundo a esforzarse por permanecer más tiempo en lugares santos, siempre que sea posible.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos de todo el mundo, dirigirles la palabra es un gozo y una gran responsabilidad. Les expreso mi amor, respeto y aprecio.

De todos lados nos bombardean con una cantidad de mensajes que no queremos ni necesitamos. En un día se genera más información de la que podamos absorber en toda una vida. A fin de que todos disfrutemos plenamente de la vida, es preciso que tengamos momentos serenos y paz mental 1 . ¿Cómo lo logramos? Hay una sola respuesta. Debemos elevarnos por encima del mal que nos invade; debemos seguir el consejo del Señor, que dijo: “He aquí, es mi voluntad que todos los que invoquen mi nombre, y me adoren de acuerdo con mi evangelio eterno, se congreguen y permanezcan en lugares santos” 2 .

Inevitablemente nos encontramos en tantos lugares impuros y estamos sujetos a tantos elementos que son vulgares, profanos y que destruyen el Espíritu del Señor que deseo animar a nuestros santos de todo el mundo a esforzarse por permanecer más tiempo en lugares santos, siempre que sea posible. Los lugares más santos son nuestros sacros templos; en sus recintos se siente un consuelo sagrado. Debemos ser dignos de llevar nuestra familia al templo para ser sellados por la eternidad. Además, debemos buscar los datos de nuestros parientes muertos a fin de que ellos también puedan ser sellados a nosotros en un templo. Debemos procurar empeñosamente la santidad para ser “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” 3 . De ese modo, podemos mantener y fortalecer nuestra propia relación personal con Dios.

La santidad es la fortaleza del alma y proviene de la fe por medio de la obediencia a las leyes y ordenanzas de Dios. Él entonces purifica el corazón por la fe y éste queda limpio de todo lo que sea profano e indigno. Cuando se logra la santidad por conformarse a la voluntad de Dios, se sabe intuitivamente lo que es malo y lo que es bueno ante el Señor. En el silencio, la santidad nos habla animándonos a lo que es bueno y reprendiendo lo malo.

La santidad es también una norma de la rectitud. En algunos comentarios que hizo el presidente Brigham Young en el Tabernáculo de Salt Lake, el 16 de febrero de 1862, empleó la expresión “Santidad al Señor”. Luego explicó lo que esa expresión significaba para él, diciendo: “Treinta años de experiencia me han enseñado que todo momento de mi vida debe ser de santidad al Señor y que ésta provenga de tener equidad, justicia, misericordia y rectitud en todas mis acciones, lo cual es el único comportamiento por el que puedo tener conmigo el Espíritu del Todopoderoso” 4 .

El año pasado uno de mis nietos fue con la esposa a la ciudad de Nueva York con sus padres para asistir al hermoso y nuevo Templo de Manhattan. En la calle, el constante trajín y el ruido de miles de personas era ensordecedor. Al detenerse el taxi delante del templo, Katherine, la esposa de mi nieto, se emocionó porque, aunque todavía se hallaban fuera del templo, había percibido su santidad. Entraron, dejando atrás el ruidoso mundo, y adoraron al Señor en Su casa. Fue una experiencia sagrada e inolvidable para ellos.

Tal como nos lo enseñó el presidente Gordon B. Hinckley: “De vez en cuando, sentimos el deseo de dejar atrás el alboroto y el tumulto del mundo y entrar en los recintos de la santa casa de Dios, para sentir Su Espíritu en ese ambiente de santidad y paz” 5 . Esta oración de José Smith en la dedicación del Templo de Kirtland ha sido, en verdad, contestada: “Y para que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor sientan tu poder y se sientan constreñidas a reconocer que… es tu casa, lugar de tu santidad” 6 .

En el funeral del patriarca Joseph Smith, padre, se describieron con las siguientes palabras los sentimientos que él tenía con respecto al templo: “El estar en la casa del Señor y aprender en Su templo era su deleite cotidiano; y en él disfrutó de muchas bendiciones y pasó muchas horas en dulce comunión con su Padre Celestial. Ha recorrido sus pasillos sagrados, solo y apartado de la humanidad, mucho antes de que el soberano del día apareciera por el horizonte; y entre sus paredes, mientras la naturaleza dormía, ha expresado sus aspiraciones. Dentro de sus recintos santos se le han abierto visiones de los cielos y su alma se ha deleitado en los tesoros de la eternidad” 7 . Seguir leyendo

Publicado en Hogar, Paz, Santidad, Templos y obra del templo | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Los juegos de azar

Conferencia General Abril 2005
Los juegos de azar
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

Si ustedes nunca han tomado parte en juegos de póquer o en cualquier otra forma de juegos de azar, no empiecen. Si están participando, dejen de hacerlo ya, mientras pueden.

Mis queridos hermanos, hemos tenido una excelente reunión. Deseo corroborar todo lo que se ha dicho y dejarles mi bendición

Primero quisiera decir algo tocante a los hermanos a los que hemos sostenido esta tarde como miembros de los Quórumes de los Setenta.

Estoy convencido de que hay literalmente cientos de hermanos dignos y capaces de servir como oficiales generales de la Iglesia. Los vemos por todas partes. Los que han sido sostenidos el día de hoy fueron escogidos para cumplir con responsabilidades precisas. En la mayoría de los casos, ello supondrá sacrificio, el cual se hará de buen agrado.

Uno de los que fueron sostenidos, como lo habrán notado, es mi hijo de 63 años de edad. Les aclaro que yo no propuse su nombre. Eso lo hicieron otras personas que tienen el derecho de hacerlo. Me siento en extremo sensible en cuanto al asunto del nepotismo. Como suelen decir los abogados, rehusé participar en el asunto; no obstante, creo que él es digno y está plenamente capacitado en todo sentido. En primer lugar, tuvo una gran madre que fue maravillosa. Ojalá pudiera recomendar también a su padre.

Menciono esto sólo por mi sensibilidad al asunto del nepotismo. Por favor no le tomen a mal su parentesco conmigo, ya que no tiene manera de zafarse de ello.

Ahora, volvamos al tema que deseo tratar esta noche. Lo hago en respuesta a muchas peticiones de que diga algo sobre la posición de la Iglesia en cuanto a una práctica que se está haciendo cada vez más común entre nosotros, particularmente entre nuestros jóvenes. Me refiero al tema de los juegos de azar en sus varias formas.

Se cuenta la historia de que un domingo, Calvin Coolidge, quien fue Presidente de los Estados Unidos, un hombre de pocas palabras, regresó a su casa de la iglesia. Su esposa le preguntó de qué había hablado el predicador, a lo cual él simplemente respondió: “Del pecado”. “¿Pero qué dijo en cuanto al tema?”, inquirió la mujer. “Que se opone a él”, fue su respuesta.

Creo que podría responder a la pregunta en cuanto a los juegos de azar de la misma escueta manera: Que nos oponemos a ellos.

Podemos encontrar juegos de azar por todas partes y cada vez se ven más; la gente juega póquer, apuesta en carreras de caballos o de galgos, juega ruleta y en las máquinas tragamonedas. Se reúnen para jugar en bares, en tabernas y casinos y a menudo hasta en sus propias casas. A muchos les resulta muy difícil abandonarlos; se vuelven adictivos. En muchísimos casos conduce a otros malos hábitos y a prácticas destructivas.

Vale decir que muchos de quienes juegan no disponen del dinero que el vicio demanda, privando así a esposas e hijos de su seguridad económica.

El juego de póquer está llegando a ser una práctica popular en las universidades y aún en escuelas secundarias.

Les leo de un artículo publicado en el servicio de noticias del New York Times:

“Para Michael Sandberg, todo empezó hace algunos años con apuestas de cinco y diez centavos entre amigos.

“Pero el pasado otoño, dice Michael, se convirtió en la fuente de un ingreso de más de cien mil dólares y una alternativa a ingresar en la Facultad de Leyes.

“Sandberg, de 22 años de edad, básicamente divide su tiempo entre la Universidad de Princeton, donde cursa el último año de ciencias políticas, y los casinos de Atlantic City, donde juega póquer por grandes cantidades de dinero…

“El ejemplo de Sandberg es una representación extrema de la revolución de los juegos de azar en las universidades de los Estados Unidos. Sandberg lo denomina una explosión incitada por los campeonatos de póquer que se muestran en la televisión y por la cantidad cada vez mayor de juegos de póquer ofrecidos en línea en sitios de Internet.

“Los expertos dicen que es difícil no reconocer la evidencia de la popularidad de los juegos de azar en las universidades. En diciembre, por ejemplo, una hermandad femenina de la Universidad de Columbia auspició su primer torneo de póquer de ochenta participantes, en el cual se requería una suma mínima de diez dólares para entrar, mientras que la Universidad de Carolina del Norte llevó a cabo en octubre su primer campeonato, competencia en la cual participaron 175 jugadores. En ambos casos se llenó el cupo y hasta había listas de espera. En la Universidad de Pensilvania, todas las noches se promueven juegos privados en una lista de correo electrónico del campus” (Jonathan Cheng, “Poker Is Major College Craze”, en Deseret Morning News, 14 de marzo de 2005, pág. A2). Seguir leyendo

Publicado en Adicción, Diezmo, Juegos de azar, Moralidad, Sacrificio | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

El sagrado llamamiento del servicio

Conferencia General Abril 2005
El sagrado llamamiento del servicio
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

El cumplimiento de nuestro deber brinda sentimientos de felicidad y paz.

Deseo expresar mi bienvenida a los que han sido llamados a nuevas asignaciones en esta conferencia y mis calurosas felicitaciones a quienes han recibido relevos honorables de su servicio. La obra sigue adelante. Los amamos a cada uno de ustedes.

Mis queridos hermanos, me siento honrado por el privilegio que tengo de hablarles esta tarde. Qué gran gozo es ver este magnífico Centro de Conferencias completamente lleno de jóvenes y mayores que poseen el sacerdocio de Dios. El pensar en que multitudes similares se encuentran reunidas por todo el mundo hace que me invada un profundo sentimiento de responsabilidad. Ruego que la inspiración del Señor guíe mis pensamientos e inspire mis palabras.

El presidente Joseph F. Smith hizo la siguiente aseveración acerca del sacerdocio. Él dijo: “El santo sacerdocio es la autoridad que Dios ha delegado al hombre, por medio de la cual éste puede declarar la voluntad de Dios… Es sagrada, y los del pueblo deben conservarla sagrada; deben honrarla y respetarla en quien la posea” 1 .

El juramento y convenio del sacerdocio nos concierne a todos. Para los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, es una declaración de la obligación que tenemos de ser fieles y obedientes a las leyes de Dios y de magnificar los llamamientos que recibamos. Para los poseedores del Sacerdocio Aarónico, es una afirmación concerniente a su futuro deber y responsabilidad, con el fin de que se preparen ahora mismo.

El presidente Marion G. Romney, que fue miembro de la Primera Presidencia, dijo: “Todo poseedor del Sacerdocio de Melquisedec debe prestar atención diligente y solemne a las implicaciones de este juramento y convenio que recibió. El no cumplir con las obligaciones impuestas por él traerán sin lugar a dudas desilusión, pesar y sufrimiento” 2 .

El presidente Spencer W. Kimball agregó: “La persona viola [su] convenio del sacerdocio quebrantando los mandamientos, pero también al no cumplir con sus obligaciones. Por consiguiente, para quebrantar ese convenio basta con no hacer nada” 3 .

Un ministro famoso observó: “El hombre trabajará arduamente por dinero; [el hombre] trabajará con más intensidad para otros hombres, pero el hombre se esforzará al máximo cuando esté dedicado a una causa… El deber nunca se cumple dignamente hasta que quien lo lleva a cabo esté dispuesto a hacer más de lo que debe, si sólo pudiera hacerlo” 4 .

El cumplimiento de nuestro deber brinda sentimientos de felicidad y paz. El poeta escribió:

Dormí y soñé que la vida era un gozo.
Desperté y vi que la vida era un deber.
Actué, y he aquí,
El deber era un gozo 5 .

El llamado del deber puede llegar calladamente a medida que nosotros, los poseedores del sacerdocio, respondemos a las asignaciones que recibimos. El presidente George Albert Smith, aquel modesto pero eficaz líder, afirmó: “El deber de ustedes es primeramente aprender lo que el Señor desea y después, por el poder y la fuerza de [su] santo sacerdocio, magnificar [así] su llamamiento en la presencia de sus semejantes… para que éstos estén dispuestos a seguirles” 6 .

¿Qué significa magnificar un llamamiento? Significa edificarlo en dignidad e importancia, hacerlo honorable y meritorio ante los ojos de todos los hombres, engrandecerlo y fortalecerlo, dejar que la luz del cielo brille a través de él para que otros hombres lo vean.

¿De qué manera puede uno magnificar un llamamiento? Sencillamente prestando el servicio que le corresponde. Un élder magnifica el llamamiento ordenado de élder al aprender cuáles son sus deberes como élder y al cumplir con ellos. Así como lo es con el élder, lo es igualmente con el diácono, con el maestro, con el presbítero, con el obispo y con cada uno que posee un oficio en el sacerdocio.

El poeta y autor Robert Louis Stevenson nos recuerda: “Sé lo que es la dicha, porque he hecho buenas obras”.

Hermanos, recordemos el consejo del rey Benjamín: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” 7 .

Esforcémonos por rescatar a aquellos que necesitan nuestra ayuda y elevémoslos al buen camino y a una vida mejor. Concentremos nuestros pensamientos en las necesidades de los poseedores del sacerdocio y de sus esposas e hijos que se hayan desviado del sendero de la actividad. Prestemos atención al mensaje silencioso que brota de sus corazones; les parecerá familiar: “Guíenme; enséñenme la senda a seguir para que algún día yo con Él pueda vivir” 8 .

La obra de la reactivación no es tarea para el holgazán ni para el soñador. Los niños crecen, los padres envejecen y el tiempo no espera a nadie. No pospongan un susurro del Espíritu, sino que procedan y el Señor abrirá el camino. Seguir leyendo

Publicado en Activación, Convenios, Deber, Sacerdocio, Servicio | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Perseverancia

Conferencia General Abril 2005
Perseverancia
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

La perseverancia la demuestran quienes siguen adelante cuando la situación se vuelve difícil, quienes no se dan por vencidos aun cuando los demás digan: “No se puede hacer”.

Deseo dar la bienvenida a las Autoridades Generales que han sido llamadas y sostenidas esta tarde como miembros del Primer y Segundo Quórum de los Setenta. Cada uno de ellos es un hombre de fe, de capacidad y de cometido, y les damos fe a ustedes de que son dignos en todo aspecto de tener estos oficios.

Mis queridos hermanos de esta gran hermandad mundial del sacerdocio, los elogiamos por su fidelidad y por su dedicación en la obra del Señor. Les agradecemos su cometido y su servicio devoto. Ustedes contribuyen mucho a la fortaleza a la Iglesia.

Es maravilloso estar en esta reunión con todos ustedes que poseen el Sacerdocio Aarónico. Cuando yo tenía la edad de ustedes, solía preguntarme: “¿Cuál será mi cometido en este mundo y cómo sabré cuál es?”. En esa época, mi única meta firme era servir en una misión, y cuando llegó mi llamamiento para la misión, presté servicio como misionero y mi misión llegó a ser como la Estrella Polar, para guiarme en otros aspectos de mi vida. Una de las cosas importantes que aprendí fue que si perseveraba con fe en mis llamamientos de la Iglesia, el Señor abriría el camino y me guiaría hacia otras oportunidades y bendiciones, más grandes de lo que hubiera soñado.

Jóvenes, el servir en una misión puede hacer eso por todos ustedes. Hace poco, un joven compartió conmigo cuánto aprendió de su perseverancia como misionero. He extraído de su experiencia algunas de las cosas que ustedes pueden aprender, que podrían brindarles oportunidades y bendiciones:

1. Cómo organizar y utilizar el tiempo con sabiduría.
2. La importancia del trabajo arduo; de que se cosecha lo que se siembra.
3. Destrezas de liderazgo.
4. Habilidad para tratar a la gente.
5. El valor del estudio del Evangelio.
6. El respeto hacia la autoridad.
7. La importancia de la oración.
8. La humildad y la dependencia en el Señor 1 .

En 1930, cuando asistí a la escuela secundaria Granite, en Salt Lake City, tuve algunos amigos que se destacaron en atletismo, drama, música y oratoria. Algunos de ellos siguieron adelante para alcanzar el éxito en la vida, pero muchos de esos talentosos y capaces jóvenes no perseveraron y fracasaron en alcanzar su potencial. Por el contrario, varios jóvenes y varias jovencitas menos visibles de la misma secundaria se esforzaron diligentemente, perseveraron y continuaron sus estudios y llegaron a ser extraordinarios doctores, ingenieros, profesores, abogados, científicos, hombres de negocios, artesanos, electricistas, plomeros y empresarios.

Por lo general, el éxito se obtiene al perseverar y no desalentarse cuando se afrontan desafíos. Paul Harvey, el famoso comentarista noticioso y autor, dijo en una ocasión: “Algún día espero disfrutar lo suficiente de lo que el mundo llama éxito para que si alguien me pregunta: ‘¿Cuál es el secreto de su éxito?’, yo simplemente le conteste: ‘Me levanto cada vez que caigo’ ” 2 .

Un extraordinario ejemplo de perseverancia es el de Madame Marie Curie, que trabajó junto a su esposo y físico francés, Pierre Curie, “en un depósito viejo, húmedo y abandonado, sin fondos y sin aliento ni ayuda de nadie, tratando de separar el radio de un metal de uranio de baja graduación llamado pecblenda. Cuando el experimento número 487 hubo fallado, Pierre levantó las manos desesperado y dijo: ‘Nunca se logrará; quizá en cien años, pero no en mis días’. Marie lo enfrentó con resolución en su rostro y le dijo: ‘Si toma cien años será una lástima, pero mientras tenga vida, no voy a dejar de intentarlo’ ” 3 . Finalmente, ella tuvo éxito y, gracias a su perseverancia, los pacientes de cáncer se han beneficiado muchísimo.

La perseverancia la demuestran quienes siguen adelante cuando la situación se vuelve difícil, quienes no se dan por vencidos aun cuando los demás digan: “No se puede hacer”. En 1864, la Primera Presidencia asignó a los apóstoles Ezra T. Benson y Lorenzo Snow, junto con los élderes Alma Smith y William W. Cluff a una misión a las islas hawaianas. Desde Honolulú, ellos se embarcaron en un diminuto barco y se dirigieron hacia el pequeño puerto de Lahaina. Al acercarse al arrecife, la marea estaba alta y una gran ola azotó contra el barco, empujándolo unos 46 metros y dejándolo en una depresión formada por dos enormes olas. Cuando azotó el segundo oleaje, el barco se volcó en el espumoso mar.

Las personas en tierra firme tripularon un bote salvavidas y recogieron a tres de las Autoridades Generales que estaban nadando cerca del bote sumergido, pero no había señales del hermano Snow. Los hawaianos, acostumbrados a la marea, nadaron en todas direcciones en su búsqueda. Finalmente, uno de ellos sintió algo en el agua y sacaron al hermano Snow a la superficie; tenía el cuerpo rígido y parecía sin vida cuando lo subieron al bote. Seguir leyendo

Publicado en Enseñanza, Perseverancia, Servicio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¿Quién sigue al Señor?

Conferencia General Abril 2005
¿Quién sigue al Señor?
Élder Robert C. Oaks
De la Presidencia de los Setenta

Robert C. Oaks

El Señor necesita saber en quién puede confiar.

Esta noche me gustaría centrar mis comentarios en el entusiasta llamado a servir de un himno favorito: “¿Quién sigue al Señor? Toma tu decisión” (Himnos, Nº 170).

En ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, al prepararnos para las satánicas batallas finales, en previsión del regreso de Cristo a la tierra, es muy importante saber quién sigue al Señor. El Señor necesita saber en quién puede confiar.

Se esperaría que se pudiera contar en que todo poseedor del sacerdocio se alistara para servir en las filas del ejército del Señor. En la actualidad, hay cerca de tres millones de poseedores del sacerdocio, distribuidos en partes iguales entre el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec.

Lamentablemente, muchos de estos hombres, jóvenes y no tan jóvenes, no están presentes, están ausentes sin permiso.

Un día, cada uno se sentó humildemente mientras que hombres con autoridad les impusieron las manos sobre la cabeza y les confirieron el sacerdocio. Aquel día, todos ellos hicieron un convenio con el Señor de obedecer y de servir.

Para entender la importancia de estos convenios debemos preguntarnos: “¿Qué es el sacerdocio?”. Cada diácono alerta sabe la respuesta a esta pregunta: El sacerdocio es el poder para actuar en el nombre de Dios.

¿Qué significa eso para ustedes, diáconos, maestros y presbíteros? Primero, significa que ustedes están autorizados para repartir, preparar y bendecir la Santa Cena. ¿Es esto algo importante? ¡Absolutamente!

¿Quién estuvo a cargo de la primera reunión sacramental de la que tenemos registro? Por supuesto que la respuesta es: el Señor Jesucristo. La noche anterior a Su sufrimiento en el huerto de Getsemaní, Cristo preparó, bendijo y repartió la Santa Cena a Sus discípulos. Así que cuando llevamos a cabo esta sagrada ordenanza, en realidad estamos en el lugar del Salvador mismo. ¡Eso es especial!

Juan el Bautista impuso las manos sobre la cabeza de José Smith y de Oliver Cowdery y les confirió el Sacerdocio de Aarón y declaró: “Confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados” (D. y C. 13:1). Ésa es una responsabilidad importante para los hombres de cualquier edad. Con ese encargo, claramente estamos del lado del Señor.

¿Y qué del Sacerdocio de Melquisedec? En la sección 84 de Doctrina y Convenios se lee: “Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios” (versículo 19). Este sacerdocio tiene el poder de administrar y de dirigir, de bendecir y de sanar, de enseñar y de sellar. Estas actividades de servicio del sacerdocio claramente colocan a los hermanos que participan del lado del Señor.

Uno de los más grandes ejemplos del poder del sacerdocio para sellar es la historia de Nefi, hijo de Helamán. Debido a su diligencia en declarar la palabra de Dios, el Señor le dio el poder para sellar para “que cuanto sellares en la tierra, sea sellado en los cielos; y cuanto desatares en la tierra, sea desatado en los cielos” (Helamán 10:7). Nefi habría sido un poderoso líder del ejército del Señor en cualquier dispensación. Seguir leyendo

Publicado en Convenios, Moralidad, Obediencia, Sacerdocio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes

Conferencia General Abril 2005
Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes
Élder Neil L. Andersen
De los Setenta

Neil L. Andersen

A medida que aumentemos nuestro conocimiento y amor por el Salvador, Su luz iluminará todo a nuestro alrededor, y entonces veremos lo malo por lo que realmente es.

Esta noche me dirijo a ustedes, jovencitos, a quienes el presidente Gordon B. Hinckley ha descrito como “la mejor generación” 1 . En todo el mundo vemos su bondad. Ruego que sientas que mis palabras son personales, para ti, un hijo de Dios, que se esfuerza arduamente para hacer lo correcto.

Quiero contarte una experiencia de un fiel Santo de los Últimos Días que es un buen amigo mío. Me referiré a él únicamente como “mi amigo” por razones que luego entenderás.

Como agente especial del FBI, mi amigo investigaba grupos de crimen organizado que transportaban drogas ilegales a los Estados Unidos.

En una ocasión, él y otro agente se acercaron a un apartamento donde pensaban que un conocido narcotraficante distribuía cocaína. Mi amigo describe lo sucedido:

“Tocamos a la puerta del narcotraficante. El sospechoso abrió la puerta y, al vernos, trató de interponerse para que no pudiésemos ver, pero fue demasiado tarde porque pudimos ver la cocaína sobre la mesa.

“El hombre y la mujer que se encontraban frente la mesa empezaron de inmediato a quitar la cocaína. Debíamos evitar que destruyeran la evidencia, de modo que rápidamente empujé a un lado al sospechoso que nos bloqueaba la entrada. Al hacerlo, los dos nos miramos a los ojos y, curiosamente, no parecía estar enojado ni tener miedo, y me sonreía.

“Su mirada y su sonrisa cautivadora me dieron la impresión de que él no le haría daño a nadie, por lo que me alejé de él y me dirigí hacia la mesa. El sospechoso quedó a mis espaldas. En ese instante, vino a mi mente una impresión clara y poderosa: ‘Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes’.

“De inmediato me volví hacia el sospechoso; tenía la mano metida en el bolsillo grande de adelante. Instintivamente, le agarré la mano y se la saqué del bolsillo. Fue entonces que me di cuenta de que tenía firmemente agarrada una pistola semiautomática, lista para disparar. Tras un momento de conmoción, pude desarmarlo”. 2

Más tarde, en otro caso, el narcotraficante fue declarado culpable de asesinato y se jactó de que también habría matado a mi amigo si éste no se hubiera dado vuelta en ese preciso momento.

A veces me he puesto a pensar en la impresión que acudió a su mente: “Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes”. De eso quiero hablarte esta noche.

Empecemos con lo que sabemos: Lo bueno proviene de Dios; lo malo proviene del diablo 3 . Sin embargo, no son fuerzas semejantes que luchan mutuamente en el universo. A la cabeza de todo lo que es bueno está Cristo, quien es el Unigénito del Padre, quien creó nuestro mundo y muchos otros. Nuestro Redentor es un ser resucitado y perfecto 4 . Yo sé que Él vive.

El diablo, por otro lado, “persuade a los hombres a hacer lo malo” 5 . “[Ha] caído del cielo… [ha] llegado a ser miserable para siempre” 6 , y ahora quiere “que todos los hombres sean miserables como él” 7 . Él es un mentiroso y un fracasado 8 .

El poder del Salvador y el poder del diablo en verdad no se comparan 9 .

Sin embargo, en este planeta se le ha concedido a lo malo un lugar prominente a fin de darnos la oportunidad de escoger entre el bien y el mal. La Escritura dice: “…Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo… [y] el hombre no podía actuar por sí a menos que lo atrajera lo uno o lo otro” 10 .

La elección entre el bien y el mal es esencial en nuestra experiencia terrenal. En el análisis final de nuestras vidas, en realidad no importará si fuimos ricos o pobres, si fuimos atléticos o no, si tuvimos amigos o si se olvidaban de nosotros. 11

Podemos trabajar, estudiar, reír y divertirnos, bailar, cantar y disfrutar de muchas diferentes experiencias, las cuales forman una parte maravillosa de la vida, pero que no son esenciales para lo que estamos aquí 11 . La oportunidad de elegir lo bueno en vez de lo malo es precisamente la razón por la que estamos aquí 12 . Seguir leyendo

Publicado en Albedrío, Espíritu santo, Obediencia, Oración, Tentación | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Nuestra característica más destacada

Conferencia General Abril 2005
Nuestra característica más destacada
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

El sacerdocio de Dios… es tanto indispensable como único para la Iglesia verdadera de Dios.

Hace casi 70 años, el presidente David O. McKay, que en aquel entonces servía como consejero de la Primera Presidencia, preguntó lo siguiente a una congregación reunida para la conferencia general: “Si en este instante se le pidiera a cada uno [de ustedes] que resumiera en una frase… la característica más destacada de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ¿qué responderían?”.

“Mi respuesta”, dijo él, “sería: …la autoridad divina mediante revelación directa” 1 .

Esa autoridad divina es, en efecto, el santo sacerdocio.

El presidente Gordon B. Hinckley ha agregado su testimonio cuando dijo: “[El sacerdocio] es una delegación de autoridad divina, diferente de todos los demás poderes y autoridades que hay en la tierra… Es el único poder sobre la tierra que traspasa el velo de la muerte… Sin él podría haber una iglesia sólo de nombre, faltándole la autoridad para administrar los asuntos de Dios” 2 .

Hace sólo cuatro semanas, el presidente James E. Faust les dijo a los alumnos de BYU en su reunión devocional: “[El sacerdocio] activa y gobierna todos los asuntos de la Iglesia. Sin las llaves del sacerdocio ni su autoridad, no habría iglesia” 3 .

Comienzo mis palabras esta noche con estas tres breves citas (a las que podrían agregarse innumerables citas más) para recalcar enfáticamente un solo punto: que el sacerdocio de Dios, con sus llaves, sus ordenanzas, su origen divino y su capacidad para atar en los cielos lo que se ata en la tierra es tanto indispensable como único para la Iglesia verdadera de Dios, y que sin él no habría Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En este año en el que conmemoramos el bicentenario del nacimiento del profeta José Smith y el 175 aniversario de la organización de la Iglesia, deseo añadir mi testimonio de la restauración de este sagrado sacerdocio, de esta sagrada prerrogativa, de este supremo don, y del papel que desempeña en nuestra vida a ambos lados del velo, y expresar mi eterna gratitud eterna por él.

La función esencial del sacerdocio respecto a enlazar el tiempo y la eternidad la demostró claramente el Salvador cuando formó Su Iglesia durante su ministerio terrenal. A Pedro, Su apóstol mayor, le dijo: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” 4 . Seis días más tarde llevó a Pedro, a Santiago y a Juan a lo alto de una montaña donde se transfiguró en gloria ante ellos. Entonces se aparecieron profetas de dispensaciones anteriores, incluidos, por lo menos, Moisés y Elías el profeta 5 , quienes confirieron las diversas llaves y poderes que cada uno de ellos poseía.

Lamentablemente, poco después los apóstoles fueron asesinados o de otra forma fueron quitados de la tierra y las llaves que poseían del sacerdocio se fueron con ellos, lo que originó más de 1.400 años de privación del sacerdocio y de la ausencia de la autoridad divina entre los hijos de los hombres. Pero parte del milagro moderno y de la historia maravillosa que celebramos esta noche lo constituye el retorno de aquellos mismos mensajeros celestiales que vinieron a nuestra época, y la restauración de esos mismos poderes que poseyeron para bendición de toda la humanidad.

En mayo de 1829, mientras traducía el Libro de Mormón, José Smith encontró una referencia al bautismo. Comentó el asunto con su escriba, Oliver Cowdery, y ambos suplicaron anhelosamente al Señor respecto del asunto. Oliver escribió: “Nuestras almas se elevaron en poderosa oración a fin de saber cómo recibir las bendiciones del bautismo y del Espíritu Santo… Buscamos diligentemente… la autoridad del santo sacerdocio y el poder de administrar en el mismo” 6 .

En respuesta a esa “poderosa oración” vino Juan el Bautista y restauró las llaves y los poderes del Sacerdocio Aarónico, el cual ha sido conferido a los jóvenes que nos acompañan esta noche. Pocas semanas después, Pedro, Santiago y Juan regresaron para restaurar las llaves y los poderes del Sacerdocio de Melquisedec, entre ellas las llaves del apostolado. Posteriormente, cuando se hubo construido un templo al que pudieran acudir otros mensajeros celestiales, el 3 de abril de 1836 tuvo lugar el equivalente actual del antiguo Monte de la Transfiguración, una parte de algo que el presidente Hinckley denominó una vez “la cascada de revelación de Kirtland”, donde el Salvador mismo, junto con Moisés, Elías y Elías el profeta se aparecieron en gloria al profeta José Smith y a Oliver Cowdery y les confirieron a estos hombres las llaves y los poderes de sus respectivas dispensaciones. Esta visita concluyó con esta resonante declaración que dice: “Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación” 7 . Seguir leyendo

Publicado en Restauración, Sacerdocio | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio

Conferencia General Abril 2005
Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar.

Hace cuatro años, hablé en este mismo lugar sobre los matrimonios que sirven en misiones de tiempo completo. Mi ruego incluía que “el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero… y surja el momento de la verdad [el momento de la decisión]” 1 . Una hermana me escribió sobre esa experiencia y decía: “Nos hallábamos sentados en la comodidad de nuestra sala de estar disfrutando de la conferencia por la televisión… Sus palabras me conmovieron profundamente. Miré a mi esposo y él me miró a mí. Ese momento cambió mi vida para siempre”.

Si se encuentran o si pronto se van a encontrar en la edad de servir como matrimonio misionero, esta tarde me dirijo a ustedes para testificar de las bendiciones que pueden cambiar sus vidas para siempre. Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar. Cada experiencia misional requiere fe, sacrificio y servicio, atributos de los que siempre se desprenden abundantes bendiciones.

Mientras analizamos esas bendiciones, es natural que surjan cuatro impedimentos: el temor, la preocupación por la familia, el encontrar la oportunidad misional correcta y las finanzas 2 . Permítanme agregar otro elemento más importante y más poderoso: la fe. Sólo mediante la fe podremos dar oídos al consejo de Dios cuando dice: “Escogeos hoy a quién sirváis” 3 . “Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo” 4 . Únicamente mediante la prueba de nuestra fe recibiremos las milagrosas bendiciones que anhelamos para nosotros y nuestras familias: “Porque si no hay fe entre los hijos de los hombres, Dios no puede hacer ningún milagro entre ellos; por tanto, no se mostró sino hasta después de su fe” 5 .

Permítanme exponer algunas de estas bendiciones milagrosas extraídas de las cartas y de los relatos que he recibido en los últimos cuatro años. Una sencilla pareja de Idaho empleó la fe para hacer a un lado su miedo cuando el Señor los llamó a servir en Rusia. Escribieron la siguiente carta de aceptación: “Nadie se hubiera imaginado que recibiríamos esta asignación. No tenemos ni idea de cómo vamos a aprender el idioma o a desenvolvernos para resultar útiles, y si bien aceptamos con gran temor y totalmente por la fe, sabemos que el Señor y Su profeta saben mejor que nadie dónde debemos servir”. Diez meses más tarde, el Templo de Estocolmo, Suecia, recibió a treinta santos de una pequeña rama de Rusia dirigidos por ese matrimonio de Idaho que apenas había empezado a defenderse en el idioma. Las Escrituras nos dicen: “Dios ha dispuesto un medio para que el hombre, por la fe, pueda efectuar grandes milagros” 6 . De ese modo, los hijos de Dios llevan a cabo Su obra “para que también la fe aumente en la tierra… para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra” 7 .

Otro matrimonio empleó la fe para hacer frente a sus inquietudes familiares. Una hermana fiel escribió: “La decisión de servir en una misión no fue difícil, pero mi madre, de noventa años, se mostraba reticente a nuestra marcha. Sin embargo, la consoló mucho saber que nuestros familiares serían bendecidos gracias a nuestro servicio”. Un hermano fiel expresó idénticas preocupaciones sobre el partir del lado de sus ancianos padres, a lo que su padre respondió diciendo: “No nos utilices a tu madre ni a mí como excusa para no servir en una misión con tu esposa. Ora al respecto y sigue la guía del Espíritu”.

El Señor tranquilizó a una generación anterior de misioneros que tuvieron que dejar atrás a sus familias con las siguientes palabras: “…y si lo hacen con corazones sumisos… yo, el Señor, les prometo abastecer a sus familias” 8 .

Las preocupaciones por la familia son reales y no se deben tomar a la ligera, pero también es cierto que no podemos resolverlas sin las bendiciones del Señor; y si nos sacrificamos para servir como matrimonios misioneros de tiempo completo, las bendiciones fluirán. Por ejemplo, a una pareja le preocupaba dejar a su hija más joven que no estaba activa en la Iglesia. Su fiel padre escribió: “Orábamos por ella constantemente y ayunábamos con regularidad. Entonces, durante una conferencia general, el Espíritu me susurró: ‘Si sirves, no tendrás que preocuparte por tu hija nunca más’. Nos reunimos con el obispo y a la semana siguiente de recibido el llamamiento, nuestra hija y su novio anunciaron su enlace. Antes de marcharnos a África, se celebró la boda en nuestra casa. [Entonces reunimos a nuestra familia y] realizamos un consejo familiar… Les di testimonio del Señor y de José Smith… y les dije que me gustaría darle a cada uno una bendición de padre. Comencé por el hijo mayor, en seguida, bendije a su esposa y así seguí hasta llegar a la hija menor… [incluido nuestro nuevo yerno]”.

Cuando tengamos en cuenta el servicio misional como matrimonio, es conveniente hacer participar a nuestros familiares de esa misma forma. En las reuniones de consejo familiar, podemos dar a nuestros hijos la oportunidad de expresar su apoyo, de ofrecer la ayuda especial que tal vez nos haga falta y de recibir bendiciones del sacerdocio que los sostengan durante nuestra ausencia. Cuando sea apropiado, también podremos recibir bendiciones del sacerdocio de parte de ellos. Cuando el fiel padre del caso que les he contado bendijo a sus familiares, su yerno sintió la influencia del Espíritu Santo. El padre escribió: “Antes del fin de nuestro primer año, [el] corazón [de nuestro yerno] empezó a enternecerse hacia la Iglesia y justo antes de nuestro regreso a casa una vez terminada nuestra misión, él y nuestra hija vinieron a visitarnos. En la maleta de mi yerno estaba la primera ropa de domingo que se había comprado. Fueron a la Iglesia con nosotros y después de volver a casa se bautizó. Un año más tarde se sellaron en el templo” 9 .

Aun cuando los detalles de esta historia sean excepcionales, el principio es verdadero para todos lo que le digan al Señor: “A donde me mandes iré” 10 . Testifico que si ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hallará la oportunidad misional indicada para nosotros. Como Él dijo: “Si alguno me sirve… mi Padre le honrará” 11 . Seguir leyendo

Publicado en Ejemplo, Fe, Matrimonios misioneros, Obra misional, Sacrificio, Servicio | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Los frutos de la Primera Visión

Conferencia General Abril 2005
Los frutos de la Primera Visión
Élder Dieter F. Uchtdorf
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dieter F. Uchtdorf

Incluyo a José Smith entre las personas cuyo testimonio de Cristo contribuyó a fortalecer mi propio testimonio del Salvador.

Hace sólo seis meses, ustedes, los fieles miembros de la Iglesia de Jesucristo, me sostuvieron como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Ese llamamiento fue una gran sorpresa para muchas personas, en especial para nuestros nietos, quienes dijeron: “¡Pero él es nuestro Opa!, una persona común que jugaba con nosotros y nos cortaba el pelo”.

Después de la conferencia general de octubre, mi esposa y yo les hablamos a nuestros hijos por teléfono, y uno de nuestros nietos me dijo: “Por estar tan lejos de ustedes y no haber podido estar allí en Salt Lake City, por lo menos nos hubieras saludado con la mano cuando estabas dando tu discurso en la conferencia”. Hasta esta conferencia general aún no hemos podido estar con nuestros hijos y nietos, de modo que mando un saludo, con la esperanza de hacer feliz a un nieto. También los saludo a todos ustedes, maravillosos miembros, cuyas oraciones y amor son tan importantes, y que mi esposa y yo agradecemos tanto.

Mientras crecía en Alemania, asistí a la Iglesia en muchos y diferentes lugares y circunstancias: en humildes habitaciones detrás de un edificio, en mansiones impresionantes y en capillas modernas y muy funcionales. Todos esos edificios tenían un importante factor en común: En ellos estaba presente el Espíritu de Dios; el amor del Salvador se podía sentir a medida que nos reuníamos en calidad de familia de rama o de barrio.

En la capilla de Zwickau había un viejo órgano impulsado por aire. Todos los domingos se asignaba a un jovencito para que subiera y bajara la firme palanca de los fuelles que hacían funcionar el órgano. Aun antes de que fuera poseedor del Sacerdocio Aarónico, a veces tenía el gran privilegio de ayudar en esa importante tarea.

Mientras la congregación cantaba nuestros amados himnos de la Restauración, yo bombeaba con todas mis fuerzas para que al órgano no se le acabara el aire. Los ojos del organista indicaban sin lugar a dudas si yo lo estaba haciendo bien o si debía aumentar mis esfuerzos. Siempre consideré un honor la importancia de ese deber y la confianza que el organista había depositado en mí. Era un gran sentimiento de logro el tener una responsabilidad y ser parte de ese grandioso trabajo.

De esa asignación se derivaba un beneficio adicional: el operador de los fuelles se sentaba en un asiento desde donde se apreciaba un vitral que embellecía la parte del frente de la capilla. En el vitral se representaba la Primera Visión, estando José Smith arrodillado en la Arboleda Sagrada, mirando hacia el cielo un pilar de luz.

Durante los himnos de la congregación, e incluso durante los discursos y los testimonios de los miembros, yo solía contemplar esa representación de uno de los momentos más sagrados de la historia del mundo. En mi mente, veía a José en el momento en el que recibía conocimiento, testimonio e instrucciones divinas al convertirse en un bendito instrumento en las manos de nuestro Padre Celestial.

Sentía un espíritu especial al contemplar la bella escena de ese vitral, la de un jovencito creyente en una arboleda sagrada, que tomó la valiente decisión de orar con fervor a nuestro Padre Celestial, quien lo escuchó y le respondió con amor. Seguir leyendo

Publicado en Espíritu santo, José Smith, Primera Visión, Testimonio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El diezmo: Un mandamiento incluso para los más pobres

Conferencia General Abril 2005
El diezmo: Un mandamiento incluso para los más pobres
Élder Lynn G. Robbins
De los Setenta

Lynn G. Robbins

El verdadero sacrificio ha sido el sello distintivo de los fieles desde el principio.

En el cuento clásico de Charles Dickens, Canción de Navidad, Bob Cratchit anhelaba pasar el día de Navidad con la familia. “Si le resulta conveniente, señor”, le preguntó a su empleador, el Sr. Scrooge.

“ ‘No me resulta conveniente’, le dijo Scrooge, ‘y no es justo. Si yo le retuviera media corona por faltar, se daría por mal servido’…

“ ‘Y sin embargo’, le dijo Scrooge, ‘a usted no le importaría que le pagara un día no trabajado’.

“El empleado comentó que era una sola vez al año.

“ ‘¡Mal pretexto para robarle a uno cada veinticinco de diciembre!’, le replicó Scrooge” 1 .

Porque para Scrooge, como para todos los “hombres naturales” y egoístas, el sacrificio nunca es conveniente.

El hombre natural tiene la tendencia a pensar sólo en sí mismo, no sólo a darse el primer lugar, sino, rara vez, a considerar en segundo lugar a nadie más, incluso a Dios. Al hombre natural no le nace abiertamente sacrificarse porque tiene un apetito insaciable de tener más. Sus supuestas necesidades siempre exceden a sus ingresos, por lo que tener “lo suficiente” es constantemente difícil de alcanzar, tal como lo era para el avaro Scrooge.

Debido a que el hombre natural tiende a acapararlo o a consumirlo todo, el Señor sabiamente no aconsejó al Israel antiguo sacrificar el último y el más endeble del rebaño, sino las primicias, no lo que sobrara del campo, sino las primicias (véase Deuteronomio 26:2; Mosíah 2:3; Moisés 5:5). El verdadero sacrificio ha sido el sello distintivo de los fieles desde el principio.

Entre los que no se sacrifican hay dos extremos: uno es el hombre rico y glotón que no quiere hacerlo, y el otro es el hombre pobre que cree que no puede hacerlo. Pero ¿cómo puede uno pedirle al que padece hambre que coma menos? ¿Hay algún nivel de pobreza tan bajo que no se deba esperar el sacrificio, o una familia tan indigente a la que no se le deba requerir el pago del diezmo?

El Señor suele enseñarnos valiéndose de circunstancias extremas para ilustrar un principio. La historia de la viuda de Sarepta es un ejemplo de pobreza extrema que enseña la doctrina de que, así como la misericordia no puede robarle a la justicia, tampoco puede robarle al sacrificio. De hecho, la verdadera medida del sacrificio no es tanto lo que uno da como sacrificio, sino lo que uno se sacrifica para dar (véase Marcos 12:43). La fe no se prueba tanto cuando la alacena está llena, sino cuando está vacía. En esos momentos determinantes, la crisis no crea el carácter o modo de ser, sino que lo pone de manifiesto. La crisis constituye la prueba.

La viuda de Sarepta vivió en los días del profeta Elías, por cuya palabra el Señor mandó sobre la tierra una sequía que duró tres años y medio (véase Lucas 4:25). La hambruna llegó a ser tan seria que muchos estaban a punto de morir. Y en esas circunstancias encontramos a la viuda.

El Señor le dijo a Elías: “Levántate, vete a Sarepta… he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1 Reyes 17:9). Cabe hacer notar que no fue sino hasta que la viuda y su hijo estaban al borde de la muerte que se le dijo a Elías que fuera a Sarepta. En ese momento extremo, al enfrentarse con la muerte por el hambre, sería probada la fe de ella.

Cuando Elías llegó a la ciudad, la vio recogiendo leña.

“…y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.

“Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

“Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir” (versículos 10–12).

Un puñado de harina sería en realidad muy poco, quizá suficiente para una sola porción, por lo cual es curiosa la respuesta de Elías. Escuchen: “Elías le dijo: No tengas temor; vé, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida…” (versículo 13; cursiva agregada). Seguir leyendo

Publicado en Bendiciones, Diezmos, Fe, Sacrificio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El valor de las almas

Conferencia General Abril 2005
El valor de las almas
Élder Harold G. Hillam
De los Setenta

Harold G. Hillam

Cuando vemos el efecto que una persona puede tener… quizá no es de maravillarse que el Señor nos recuerde: “Recordad… el valor de las almas”.

Uno de los discursos que ha dejado una huella imperecedera en mí es uno que se pronunció hace ya años en una sesión del sábado por la noche de una conferencia de estaca. Una madre joven pronunció ese discurso y esto es lo que dijo:

“He estado haciendo la genealogía de mi bisabuelo. Él y su numerosa familia de hijos e hijas fueron miembros de la Iglesia.

“Mi bisabuelo”, explicó ella, “dejó la Iglesia un domingo con su familia y nunca más regresaron, sin dar ninguna explicación del porqué”.

Y continuó: “En mi investigación he descubierto que mi bisabuelo tiene más de 1.000 descendientes”.

Después ella dijo, y ésta es la parte que no he podido olvidar: “De aquellos 1.000 descendientes, en la actualidad yo soy la única activa en la Iglesia”.

Cuando ella dijo esas palabras, me quedé pensando: “¿Son sólo 1.000 o podría quizás haber más?”.

La respuesta es evidente. La influencia espiritual que aquella familia pudo haber tenido en sus vecinos y en sus amigos no tuvo lugar. Ninguno de sus hijos y ninguna de sus hijas sirvió como misionero y las personas a quienes pudieron haber conmovido con sus testimonios no se bautizaron y los que no se bautizaron no fueron a la misión. Sí, probablemente hay muchos miles que no están en la Iglesia en la actualidad, ni en esta reunión hoy día, debido a la decisión de ese bisabuelo.

Al escucharla hablar me puse a pensar: “¡Qué tragedia! Quizás si yo hubiese estado allí en ese momento le habría dicho algo al padre, a la familia, a los líderes del sacerdocio, que hubiese ayudado a prevenir tal calamidad a su familia y a tantos otros en las generaciones futuras que les seguirían.”

Aquella oportunidad del pasado se ha perdido, pero ahora podemos contemplar el presente y el futuro. Yo les diría a quienes se encuentren en la misma situación de aquel bisabuelo: ¿podrían considerar lo que le harían a su familia y a todos los que vengan después de ustedes? ¿Podrían meditar en los efectos de sus pensamientos y de sus acciones?

Si tuvieran alguna preocupación acerca de la doctrina de la Iglesia, contemplen el consejo que brindó el presidente Gordon B. Hinckley en una gran reunión de más de dos mil miembros en París, Francia, el año pasado. Él dijo: “Les ruego, mis hermanos y hermanas, que si tuvieran alguna duda acerca de cualquier doctrina de esta Iglesia, la pongan a prueba. Pruébenla. Vivan el principio. Arrodíllense y oren al respecto, y Dios los bendecirá con un conocimiento de la veracidad de esta obra”.

Si sienten que han sufrido una injusticia, estén listos para perdonar. Si por alguna razón tuvieran un recuerdo desagradable, olvídenlo. Cuando sea necesario, hablen con su obispo; hablen con su presidente de estaca.

A todos, pero especialmente a quienes algún día serán bisabuelos y bisabuelas, sus bendiciones eternas y las de su posteridad son mucho más importantes que cualquier razón orgullosa que les niegue esas bendiciones importantes a ustedes y a muchas otras personas más. En el Libro de Mormón, el rey Benjamín nos recuerda: “Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41). Seguir leyendo

Publicado en Activación, Obediencia, Perdón, Valía individual | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario