Somos instrumentos en las manos de Dios

Conferencia General Octubre 2000
Somos instrumentos en las manos de Dios
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot

«No nos hace falta un programa nuevo que nos incentive, tan sólo tenemos que llegar a sentir el deseo de dar a conocer el Evangelio y de tender la mano a los menos activos».

Mis queridas hermanas, para comenzar, deseo decirles que las quiero muchísimo. No tengo palabras para expresar lo agradecida que estoy de ser parte de esta gran hermandad, a la que el presidente Gordon B. Hinckley ha llamado una familia mundial de hermanas. Sí somos hermanas y me siento constantemente inspirada por su fe, su virtud y su deseo de hacer lo que el Señor desea que hagan. Gracias por su servicio, por su ejemplo y por ser en verdad mujeres de fe, de virtud, de visión y de caridad. Dondequiera que voy, veo los frutos de la Sociedad de Socorro que se ponen de manifiesto en la vida de las hermanas de la Iglesia. Cada una de nosotras es un instrumento en las manos de Dios.

Hace poco, conocí a una hermana en Oregón que se reintegró a la actividad en la Iglesia gracias a una dedicada maestra visitante. Sin duda, esa maestra visitante debe sentir lo que sintieron Ammón y sus hermanos cuando se regocijaron por haber sido hechos «instrumentos en las manos de Dios» (Alma 26:3) al llevar el conocimiento de Cristo a los lamanitas que habían sido «extranjeros para con Dios» (Alma 26:9). Porque «el valor de las almas es grande a la vista de Dios» (D. y C. 18:10).

En más de 165 países del mundo, nuestras hermanas están siendo instrumentos en las manos de Dios. Pienso en un barrio de Brasil que tiene una llegada de miembros nuevos cada semana. Las hermanas de la Sociedad de Socorro de ese barrio resolvieron ponerse la meta de no dejar pasar ni una semana sin que cada una de las hermanas recién bautizadas recibiera una visita en su casa y una copia de La familia: Una proclamación para el mundo y de la Declaración de la Sociedad de Socorro. Hasta ahora, ninguna de las hermanas ha dejado de ir a la Iglesia.

Me maravilla la inspirada presidenta de la Sociedad de Socorro de un barrio de Corea que resolvió visitar a todas las hermanas menos activas de su barrio. Hasta la fecha ha visitado a 25 hermanas y todas ellas, menos tres, han vuelto a la Iglesia.

Las hermanas como ellas son testimonios vivientes de lo que dijo el presidente Hinckley de que «[en] esta Iglesia no hay ningún llamamiento pequeño o insignificante. Todos, en el desempeño de nuestras tareas, surtimos una influencia en la vida de los demás. . . Sea cual fuere su llamamiento, todos [ustedes] gozan de las mismas oportunidades que yo de lograr el éxito. . . nuestra labor consiste en continuar haciendo el bien así como [el Maestro] lo hizo» («ésta es la obra del Maestro», Liahona, julio de 1995, pág. 81).

Definitivamente, cada una de nosotras puede ser un instrumento en las manos de Dios. Felizmente, no hace falta que todas seamos la misma clase de instrumento, puesto que, al igual que los instrumentos de una orquesta difieren en tamaño, forma y sonido, también nosotras somos distintas las unas de las otras. Tenemos talentos e inclinaciones diferentes, pero así como la trompa de pistones no puede reproducir el sonido del flautín, tampoco es preciso que todas sirvamos al Señor de la misma manera. La hermana Eliza R. Snow dijo que «no hay ninguna hermana tan aislada ni su influencia es tan limitada que no pueda hacer mucho para establecer el reino de Dios sobre la tierra» (Woman’s Exponent, 15 de septiembre de 1873, pág. 62; cursiva agregada). Entonces, nuestro privilegio y nuestra responsabilidad como hijas de Dios y como hermanas de la Sociedad de Socorro es volvernos los instrumentos más eficaces que podamos ser.

La Sociedad de Socorro puede ayudarnos. El profeta José, que organizó la Sociedad de Socorro en 1842, dijo claramente que el propósito de esta organización divinamente inspirada es no sólo «dar alivio al pobre, sino también salvar almas» (History of the Church, 5:25). Desde sus primeros días, la Sociedad de Socorro ha hecho un bien incalculable. La Sociedad de Socorro suministró la primera carga de harina equivalente a la de un vagón de tren que llegó a manos de los sobrevivientes del terremoto ocurrido en 1906 en San Francisco y, posteriormente, proveyó de trigo al gobierno de los Estados Unidos durante la primera y la segunda guerra mundial. El año pasado, nuestras hermanas donaron más de 140.000 acolchados para ayudar a los afligidos. Hemos defendido la maternidad y la familia, hemos hecho la guerra al analfabetismo y hemos brindado incontables horas de servicio por todo el mundo. Pero esta noche les afirmo que nuestra obra de más crucial importancia yace delante de nosotras al unirnos a nuestros líderes del sacerdocio para hacer avanzar el reino de Dios.

Hermanas, nos necesitan aquí el Señor, nuestros líderes del sacerdocio, nuestras familias y nos necesitamos las unas a las otras. El Señor necesita que aceptemos nuestros llamamientos eternos y que cumplamos la medida de nuestra creación. Él necesita que hagamos de la Sociedad de Socorro una parte básica de nuestra vida y que busquemos formas de servir a los demás en el nombre de Su organización para la mujer, y que trabajemos juntas como hermanas para hacer avanzar el reino del Evangelio. En efecto, la Sociedad de Socorro nos ayudará a servir a nuestros familiares y a servirnos unas a otras en formas que ningún club ni organización puede hacerlo. Seguir leyendo

Publicado en Amor, Servicio, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

«Un corazón humilde y contrito»

Conferencia General Octubre 2000
«Un corazón humilde y contrito»
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Si nos hemos acercado más al Señor con la resolución más firme de seguir Sus enseñanzas y Su ejemplo, entonces esta conferencia habrá tenido un gran éxito».

Vano poder los reinos son;
huecos los gritos y el clamor.
Constante sólo es tu amor;
al compungido da perdón.
No nos retires tu amor;
haznos pensar en ti, Señor».
(«Haznos pensar en ti, Señor», Himnos, Nº 35).

Estas palabras inmortales de Rudyard Kipling expresan mi sentir al llegar al término de esta gran conferencia de la Iglesia.

Después de la última oración, saldremos de este gran salón, apagaremos las luces y cerraremos las puertas. Quienes escuchan en todas partes del mundo apagarán la televisión o la radio o desconectarán Internet. Pero espero que al hacerlo, cuando todo haya terminado, sigamos recordando que sigue en pie Su divino sacrificio, y que el corazón humilde y contrito permanecerá (véase Himnos, Nº 35).

Espero que todos meditemos con espíritu sumiso en los discursos que hemos escuchado. Espero que reflexionemos con tranquilidad sobre las cosas maravillosas que nos han dicho. Espero que nos sintamos un poco más contritos y humildes.

Todos hemos sido edificados; pero los resultados se verán al aplicar a nuestra vida las enseñanzas recibidas. Si en lo sucesivo somos un poco más amables, si tratamos mejor a nuestros vecinos, si nos hemos acercado más al Señor con una resolución más firme de seguir Sus enseñanzas y Su ejemplo, entonces esta conferencia habrá tenido gran éxito. Pero si, por lo contrario, nuestra vida no mejora en ningún sentido, entonces quienes nos han hablado habrán fracasado en gran medida.

Esos cambios tal vez no se podrán ver en un día, ni en una semana ni en un mes. Las resoluciones se hacen y se olvidan con rapidez. Pero si de aquí a un año, nos comportamos mejor de lo que lo hemos hecho en el pasado, entonces los esfuerzos de estos días no habrán sido en vano.

No recordaremos todo lo que se ha dicho, pero aún así todo esto servirá para elevar nuestro espíritu. Podría ser un cambio indefinible, pero aún así será real. Como el Señor dijo a Nicodemo: «El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (Juan 3:8).

Eso sucederá con la experiencia que acabamos de disfrutar. Y quizás, de todo lo que hemos escuchado, una frase o un párrafo se haya destacado o nos haya llamado particularmente la atención. Si eso ha pasado, espero que la escribamos y luego reflexionemos sobre ella hasta llegar a comprender su significado más profundo y lograr hacerla parte de nuestra vida.

Espero que en la noche de hogar, hablemos con nuestros hijos de esos principios para que ellos también disfruten de la belleza de las verdades que hemos disfrutado. Y cuando en enero salga publicada la revista Liahona, con todos los mensajes de la conferencia, no la pongan a un lado diciendo que ya los han escuchado, sino léanlos y medítenlos. Encontrarán muchas cosas que se les habrán pasado al escuchar a los oradores.

Sólo lamento una cosa de esta conferencia y es que sólo unas pocas Autoridades Generales y hermanas tuvieron la oportunidad de hablar. El problema es el tiempo limitado que tenemos.

Mañana por la mañana, regresaremos a nuestras labores, nuestros estudios o sean cuales fueren nuestras actividades, pero llevaremos con nosotros el recuerdo de este memorable acontecimiento para darnos sostén.

Por medio de la oración podemos acercarnos más al Señor y esa podría ser una conversación de acción de gracias. Nunca he podido comprender plenamente por qué el Gran Dios del Universo, el Todopoderoso, nos invita a nosotros, Sus hijos, a hablar con él individualmente. ¡Qué oportunidad invalorable es ésa! ¡Qué maravilloso es que pueda ser así! Testifico que nuestras oraciones, ofrecidas con humildad y sinceridad, se escuchan y se contestan. Es un hecho milagroso, pero cierto.

Ruego que en nuestros hogares hablemos con más cariño y comprensión, que el amor abunde y lo pongamos de manifiesto en nuestros hechos. Que andemos por las serenas vías del Señor y que la prosperidad corone nuestros esfuerzos.

La gran Exclamación de Hosanna en la que todos participamos esta mañana debería perdurar como una experiencia inolvidable. De cuando en cuando, estando solos, podríamos repetir en silencio esas bellas palabras de adoración.

Doy testimonio de la veracidad de esta obra y de la realidad del Dios viviente, nuestro Padre Eterno, y de Su Hijo Unigénito, a quien pertenece esta Iglesia. A cada uno de ustedes les brindo mi amor. Que Dios esté con ustedes, mis queridos amigos. Al despedirnos por un tiempo, invoco sobre ustedes las bendiciones del cielo, en el nombre de él, que es nuestro Maestro, nuestro Redentor y nuestro Rey, sí, el Señor Jesucristo. Amén.

Publicado en Humildad, Oración | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Que Dios escriba en mi corazón

Conferencia General Octubre 2000
«Que Dios escriba en mi corazón»
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring

«La oración podrá proporcionarle [al hijo o a la hija] un escudo protector que sus padres desearán de todo corazón que tenga».

Los padres deben enseñar a sus hijos a orar. El niño aprende tanto de lo que hacen los padres como de lo que dicen. El niño que ve a su madre o a su padre pasar por las pruebas de la vida con una oración ferviente a Dios y luego oye un testimonio sincero de que Dios ha respondido con benevolencia, recordará lo que vio y oyó. Cuando vengan las pruebas, estará preparado.

Con el tiempo, cuando el hijo esté lejos de casa y de la familia, la oración podrá proporcionarle un escudo protector que sus padres desearán de todo corazón que tenga. El despedirse de un ser querido puede ser duro, particularmente cuando puede que no se le vuelva a ver en mucho tiempo. Yo tuve esa experiencia con mi padre. Nos despedimos en una esquina de una calle de la ciudad de Nueva York, ciudad a la que él había ido por motivos de trabajo, y donde yo me encontraba de paso hacia otro lugar. Ambos sabíamos que era probable que yo no volviera ya a vivir con mis padres bajo el mismo techo.

Era un día soleado, alrededor del mediodía. Las calles estaban abarrotadas de coches y de gente. En esa esquina en concreto había un semáforo que por unos minutos detenía a los coches y a las personas que venían de todas las direcciones. El semáforo cambió a la luz roja, los coches se detuvieron. El gentío se abalanzó desde las aceras en todos los sentidos para cruzar la calle.

Había llegado el momento de partir y yo comencé a cruzar la calle. Me detuve casi en el centro, mientras la gente se desplazaba con prisa a mi alrededor. Me volví para mirar hacia atrás y vi que, en vez de avanzar entre la gente, mi padre estaba todavía de pie en la esquina, mirándome. Me pareció que estaba muy solo y quizás un poco triste. Yo quería volver a él, pero me di cuenta de que la luz iba a cambiar, por lo que me volví y me apresuré a cruzar.

Años más tarde hablé con él de aquel momento. Me dijo que no había interpretado acertadamente la expresión de su rostro, pues no se había sentido triste, sino preocupado. Me había visto mirar hacia atrás, como si hubiese sido un niño pequeño, vacilante, y en busca de seguridad. Me dijo que el pensamiento que atravesó su mente había sido: ¿Se encontrará bien? ¿Le he enseñado lo suficiente? ¿Está preparado para lo que le espera más adelante?

En su mente había habido más que pensamientos. Al verle supe que tenía sentimientos en el corazón. Él anhelaba mi protección, mi seguridad. Yo había oído y sentido ese anhelo en sus oraciones, y aun más en las oraciones de mi madre, durante todos los años que había vivido con ellos. Había aprendido de eso y lo tenía presente.

La oración es un asunto del corazón. Se me había enseñado mucho más que las reglas para orar. De mis padres y de las enseñanzas del Salvador, aprendí que debemos dirigirnos a nuestro Padre Celestial en el reverente lenguaje de la oración: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9). Sabía que nunca profanamos Su sagrado nombre, nunca. ¿Pueden imaginarse el daño que hace a las oraciones de un niño el oír a alguno de sus padres profanar el nombre de Dios? Habrá terribles consecuencias para tamaño agravio a los niños pequeños. Seguir leyendo

Publicado en Arrepentimiento, Oración | Etiquetado , , , | Deja un comentario

«Libres de» o «Libres para»

Conferencia General Octubre 2000
«Libres de» o «Libres para»
Élder F. Enzio Busche
Miembro emérito de los Setenta

F. Enzio Busche

«Comenzamos a vivir cuando aceptamos conscientemente la total responsabilidad de nuestra propia vida y dejamos de culpar a las circunstancias».

Si se me preguntara cuál es el acontecimiento más importante acaecido en los últimos doscientos años, respondería sin vacilar: los efectos de la oración de un jovencito, humilde granjero, que, en los primeros años del siglo XIX, se arrodilló ante Dios al norte del estado de Nueva York y le preguntó en cuanto a la verdad eterna.

Este joven, de nombre José Smith, llegó a ser, en manos del Señor Jesucristo, el instrumento para restaurar a la humanidad el conocimiento de la verdad desde hacía tanto tiempo perdida y casi olvidada: el conocimiento sobre nosotros mismos, o sea, quiénes somos, de dónde venimos, cuál es el sentido y el propósito de nuestra existencia terrenal y por qué la humanidad ha experimentado tanta desdicha e injusticia. También se dio respuesta a las preguntas del hombre sobre la vida después de la muerte y nuestro destino final.

Aun en este día, más de cuarenta y dos años después de haber aceptado por decisión propia el sagrado convenio del bautismo, todavía me hallo admirado por los hechos maravillosos y milagrosos de la Restauración. No sólo se nos permitió aprender todo sobre el significado básico de la expiación del Señor Jesucristo, sino que también se nos reveló el importante significado del sacerdocio de Dios, el cual se restauró para permitirnos obrar con amor y paciencia, y así hacer llegar a todos la oportunidad de la salvación.

El tiempo no me permite hablar en mayor detalle de esta obra maravillosa de nuestro tiempo, pero me siento inspirado a hablar de un aspecto clave del reino de Dios, el cual, si no se comprende, puede hacer que no entendamos cabalmente el plan de Dios.

Para ir directamente al asunto, quiero hablarles de un fiel hermano que era miembro de mi rama en mi país de origen, Alemania, durante mis primeros años de miembro de la Iglesia.

Él vivía en circunstancias humildes y se sentía muy bendecido por haber comenzado a trabajar hacía poco para una pequeña compañía privada. Me habló de una celebración futura en la que se invitaba a todos los empleados a la tradicional cena de la compañía. Él estaba preocupado porque sabía que al final habría un gran brindis con cerveza, siendo probablemente su jefe el mayor bebedor de todos. Pero también sabía que el no asistir a la cena se consideraría una falta de cortesía.

Cuando le volví a ver, después de haberse realizado la celebración, aprecié en él un brillo feliz y profundo, y no podía aguardar a decirme lo que había ocurrido. Dado que era nuevo en la compañía, el jefe se había sentado a su lado para conocerle mejor. A medida que avanzaba la noche, este hermano vio confirmados sus mayores temores, pues el jefe no iba a tolerar que no bebiera con él, y le dijo: «¿Que tipo de iglesia es ésa que no le permite a usted beber ni siquiera un vaso de cerveza conmigo?».

El temor de mi amigo no se convirtió en pánico y pudo responder con calma a su jefe que la razón por la que no estaba bebiendo no tenía nada que ver con la Iglesia a la que pertenecía, sino a que él mismo había hecho el sagrado convenio con Dios de que no bebería. Si alguna vez quebrantaba ese convenio, ¿cómo podría continuar siendo fiel a lo que prometiera y cómo podría confiar su jefe en que no iba a mentir, ni a robar ni a engañar?

De acuerdo con mi amigo, su jefe quedó profundamente impresionado por estas palabras y le abrazó entre expresiones de profunda admiración y confianza.

Mis queridos hermanos y hermanas, en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, muchos miembros nuevos, en especial los que proceden de fuera de los Estados Unidos, aprenden por vez primera el verdadero sentido de la expresión ser libres. Mucha gente del mundo cree que esta palabra significa estar «libres de» malicia, de dolor o de prohibiciones; mas la libertad a la que Dios se refiere cuando trata con nosotros va un poco más allá, pues para él quiere decir «libres para» obrar dignamente con nuestro propio albedrío. Seguir leyendo

Publicado en Convenios, Libertad, Restauración | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El dar a conocer el Evangelio

Conferencia General Octubre 2000
El dar a conocer el Evangelio
Élder Robert C. Oaks
De los Setenta

robert-c-oaks

«Dada la importancia del mensaje, la ayuda que ofrece el Espíritu, el número de misioneros y el tamaño del campo que está listo para la siega, 300.000 nuevos conversos al año no es suficiente».

Me emociona oír al profeta declarar desde este púlpito la forma en que él ve la obra del Señor rodar hasta los extremos de la tierra, como la piedra que fue cortada no con mano, que vio Daniel en visión (véase Daniel 2:34:35).

Esta obra se dirige bajo el Espíritu del Señor y por medio del ejercicio de la autoridad del sacerdocio dado al hombre. Pero avanza sobre las ruedas de la obra misional mediante aquellos que han respondido al llamamiento del Señor: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15).

El Evangelio de Jesucristo, con toda su pureza, belleza y simplicidad, ha sido restaurado sobre la tierra en estos últimos días, por medio de José Smith, el gran profeta de esta dispensación.

Nosotros, los que hemos probado los dulces frutos del Evangelio, lo conocemos como una fuente de fe, de esperanza, de paz, un manantial constante de dicha. En efecto, es una rara joya que se ha de atesorar y una rara joya que se ha de compartir. Existen 60.000 misioneros regulares dedicados a la labor de compartir el mensaje. Sus esfuerzos, unidos a los de los misioneros de estaca y los de los miembros resultaron en unos 300.000 nuevos conversos el año pasado.

Pero eso no es suficiente. Dada la importancia del mensaje, la ayuda que ofrece el Espíritu, el número de misioneros y el tamaño del campo que está listo para la siega, 300.000 nuevos conversos al año no es suficiente.

De hecho, el año pasado el presidente Hinckley instó a los miembros de la Iglesia a aumentar considerablemente el número de conversos. Todavía no nos encontramos en esa trayectoria proféticamente motivada.

Eso es lo que hacen los profetas: nos ayudan a alcanzar nuevas alturas. El presidente David O. McKay aconsejó: «Todo miembro un misionero» 1 ; el presidente Kimball: «Alarguemos el paso» 2 y «Hazlo ahora» 3 ; el presidente Benson: «Inundar. . . la tierra con el Libro de Mormón» 4 ; y ahora el presidente Hinckley: «Aumenten el número de conversos y reténganlos». ¿Necesitamos instrucciones más específicas?

Permítanme repasar las instrucciones, que consisten de cuatro pasos, que hemos recibido con respecto a la obra de miembros y misioneros:

  1. Determinen, por medio de la oración, quiénes, de entre sus amigos y vecinos, serían los más receptivos al mensaje del Evangelio.
  2. Presenten a los misioneros a dichas personas.
  3. Participen ustedes mismos en la enseñanza del Evangelio, de preferencia en sus hogares.
  4. Integren a sus amigos y a cualquier miembro nuevo a la Iglesia, al ser atentos y serviciales.

Seguir leyendo

Publicado en Matrimonios misioneros, Obra misional | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La bendición de santificar el día de reposo

Conferencia General Octubre 2000
La bendición de santificar el día de reposo
Élder H. Aldridge Gillespie
De los Setenta

h-aldridge-gillespie

«De entre todas las personas de la tierra, los Santos de los Últimos Días deben ser los primeros en santificar este día señalado de la semana».

A todos ustedes bellos y fieles santos este domingo por la tarde, les felicito por el respeto que demuestran por el día de reposo al asistir esta tarde a la conferencia, dondequiera que se encuentren.

Hemos sido instruidos, edificados y fortalecidos espiritualmente a través de las cinco sesiones de esta magnífica conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Se nos ha enseñado «cómo obrar de conformidad con los puntos de [la] ley y [los] mandamientos [del Señor]» 1, y hemos sido «santificados por lo que [hemos] recibido» 2.

Ahora es el tiempo de «[obligarnos] a obrar con toda santidad ante [el Señor]» 3 . En otras palabras, basándonos en esta conferencia, es preciso que determinemos cuál medida específica tomaremos a fin de llevar a cabo los cambios necesarios en nuestra vida. Esta medida es la fe, y el cambio es el arrepentimiento. A esos dos principios siempre les siguen las bendiciones. Si no actuamos rápidamente, entonces lo que precisamente podría habernos santificado se torna para nuestra condenación.

Hoy es el día de reposo; no termina al salir de esta sesión; no termina si alguien llama por teléfono o golpea nuestra puerta para invitarnos a salir a jugar, a ir a un paseo, a un juego de pelota o a ir de compras; no termina porque estemos de vacaciones o alguien nos esté visitando, ya sea una persona miembro o no miembro de la Iglesia.

El Señor mandó: «. . .salid de entre los inicuos. Salvaos. Sed limpios, los que lleváis los vasos del Señor» 4. Un elemento crítico en la observancia de este mandamiento es «[acordarnos] del día de reposo para santificarlo» 5.

¡El día de reposo dura todo el día! En una revelación que se aplica «en forma especial a los santos de la Iglesia que se encuentran en Sión» 6, el Señor declara que el día de reposo se dio para que nos conserváramos «sin mancha del mundo» 7. Es un día para participar de la Santa Cena, un día «para rendir [nuestras] devociones al Altísimo» 8, un día para «ayunar y orar» 9, un día para ofrecer nuestro tiempo, talentos y medios en el servicio a Dios y nuestros semejantes 10 , un día para [confesar nuestros] pecados a [nuestros] hermanos, y ante el Señor» 11. Es también un día apropiado para pagar nuestros diezmos y ofrendas, un día que se destaque por el sincero sacrificio de las actividades y los placeres del mundo; es un día para guardar el convenio del día de reposo 12, un día para «regocijarse y orar 13, un día de «corazones felices y semblantes alegres» 14.

Isaías prometió: «Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia. . . y lo venerares, no andando en tus propios caminos. . . entonces te deleitarás en Jehová» 15.

Obviamente, concentraremos nuestra atención en hacer la voluntad del Señor y no seguiremos trabajando ni satisfaciendo nuestros apetitos carnales para divertirnos y holgazanear.

El profeta Spencer W. Kimball aconsejó: «El día de reposo es un día santo en el cual hay que hacer cosas dignas y santas. Abstenerse del trabajo y del recreo es importante, pero no suficiente. El día de reposo exige pensamientos y hechos constructivos, y si uno solamente está ocioso sin hacer nada, está violando el día de reposo.

«A fin de observarlo, uno estará de rodillas orando, preparando lecciones, estudiando el evangelio, meditando, visitando a los enfermos y afligidos, durmiendo, leyendo cosas sanas y asistiendo a todas las reuniones en las que debe estar ese día. El dejar de hacer estas cosas pertinentes constituye una transgresión del lado de la omisión» (El milagro del perdón, págs. 94:95) 16.

Nuestro amado profeta Gordon B. Hinckley ha prometido: «Si tienen alguna duda en cuanto a la sabiduría, la divinidad de la observancia del día de reposo. . . quédense en casa y reúnan a su familia a su alrededor, enséñenles el Evangelio, disfruten de estar juntos en el día de reposo, vayan a sus reuniones y participen en ellas. Se darán cuenta de que el principio del día de reposo es un principio verdadero que conlleva grandes bendiciones» 17.

Jesús enseñó: «El día de reposo fue hecho por causa del hombre» 18 . ¿Qué significa eso? Quiere decir que para que un hombre reciba el gozo y la felicidad que el Evangelio promete, en ese día él debe sacrificar las cosas del mundo, dejar a un lado su empleo, donde sea posible, y guardar el eterno convenio del día de reposo. El Señor mandó: «Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel (que incluye a todos los Santos de los Últimos Días). . . por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel» 19. Seguir leyendo

Publicado en Día de reposo | Etiquetado , , | Deja un comentario

El retener la remisión de los pecados

Conferencia General Octubre 2000
El retener la remisión de los pecados
Élder Keith Crockett
De los Setenta

keith-crockett

El rey Benjamín enseñó tres principios básicos que nos servirán para retener la remisión de nuestros pecados: «primero, permanecer humildes; segundo, invocar al Señor diariamente; y tercero, permanecer firmes en la fe».

Durante el último discurso que el rey Benjamín dio a su pueblo, brindó la fórmula para retener la remisión de los pecados. Él había visto la disposición que ellos tenían de concertar un convenio con Dios de hacer Su voluntad y de ser obedientes a Sus mandamientos en todas las cosas. ¿No nos sería de provecho repasar esa fórmula a fin de que nosotros también disfrutemos de esa gran bendición?

Después de recibir el gran gozo que proviene del llegar al conocimiento de la gloria de Dios y de haber probado Su amor, el rey Benjamín enseñó a su pueblo tres principios básicos que le servirían para retener la remisión de los pecados: primero, permanecer humildes; segundo, invocar al Señor diariamente; y tercero, permanecer firmes en la fe de lo que estaba por venir (véase Mosíah 4:11).

Repasemos cada uno de ellos a fin de que nosotros también seamos fortalecidos en nuestra determinación de retener la remisión de nuestros pecados.

Permanecer humildes
El Élder Bruce R. McConkie enseñó que: «Todo progreso que se obtenga en las cosas espirituales tiene como requisito la humildad que primeramente se haya obtenido» 1 . Se ha descrito la humildad como el «deseo de someterse al Señor», el «deseo de conocer Su voluntad y de buscar Su gloria» y el «deseo de despojarse del orgullo» 2 . El rey Benjamín dijo a los de su pueblo: «. . .quisiera que recordaseis y retuvieseis siempre en vuestra memoria la grandeza de Dios, y vuestra propia nulidad, y su bondad y longanimidad para con vosotros, indignas criaturas, y os humillaseis aun en las profundidades de la humildad. . .» (Mosíah 4:11). El Señor aconsejó en Doctrina y Convenios que «. . .fuesen humildes, fuesen fortalecidos y bendecidos desde lo alto, y recibieran conocimiento de cuando en cuando» (D. y C. 1:28).

Ruego que, al someternos a la voluntad del Señor en todas las cosas, cultivemos nuestra humildad y de esa forma retengamos la remisión de nuestros pecados. Seguir leyendo

Publicado en Humildad, Oración, Perseverancia | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Ahora es el momento

Conferencia General Octubre 2000
Ahora es el momento
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

«Si nosotros no. . . estamos dispuestos a enseñar a los demás en cuanto a la restauración del Evangelio de Jesucristo por medio del profeta José Smith, ¿quién lo hará?»

En marzo de 1839, desde el lóbrego calabozo que constituía la Cárcel de Liberty, el profeta José Smith aconsejó a la Iglesia: «. . .todavía hay muchos en la tierra, entre todas las sectas, partidos y denominaciones, que son cegados por la sutil astucia de los hombres. . . y no llegan a la verdad sólo porque no saben dónde hallarla» (D. y C. 123:12).

Años más tarde, a la edad de 15 años, el sobrino del Profeta, Joseph F. Smith, fue llamado a servir en una misión en Hawai. Recordarán que sólo tenía 5 años cuando su padre Hyrum sufrió el martirio. Su madre, Mary Fielding, falleció cuando él tenía sólo 13 años. Al llegar a la isla de Maui, el joven Joseph cayó gravemente enfermo, pero a pesar de ésta y otras adversidades, escribió al Élder George A. Smith: «Estoy listo para dar mi testimonio. . . en cualquier momento, o en cualquier lugar, o en cualquier circunstancia que se me ponga. . . Me alegra decir que estoy listo para pasar buenos y malos momentos por esta causa en la que me he embarcado» (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 80).

Hoy día nos debemos preguntar: ¿Estamos listos y dispuestos a pasar buenos y malos momentos por esta causa en la que estamos embarcados? ¿Reflejamos en nuestro rostro el gozo de vivir el Evangelio de Cristo como verdaderos discípulos de Cristo? Si nosotros no entendemos ni estamos dispuestos a enseñar a los demás en cuanto a la restauración del Evangelio de Jesucristo por medio del profeta José Smith, ¿quién lo hará? No podemos poner la carga de llevar el Evangelio a todo pueblo sólo sobre los hombros de los misioneros regulares. Las familias no se fortalecerán ni tampoco se fortalecerán los testimonios individuales, no aumentarán los bautismos de conversos, ni los menos activos regresarán para recibir nuestra calurosa acogida hasta que nosotros, como miembros de la Iglesia, hagamos un esfuerzo, en forma individual y colectiva, con dedicación y hechos, por edificar el reino de Dios.

Nuestro deber está en ayudar a otras personas, por medio del poder del Espíritu, a conocer y a entender las doctrinas y los principios del Evangelio. Todos debemos llegar a sentir que las doctrinas de la Restauración son verdaderas y de gran valor. Y toda persona que acepte el mensaje debe empeñarse en vivir el Evangelio al hacer y guardar convenios sagrados y al participar en todas las ordenanzas de salvación y exaltación. A menudo pensamos que la conversión se aplica sólo a los investigadores, pero hay algunos miembros que no se han convertido totalmente y que todavía tienen que experimentar el «gran cambio en su corazón» que se describe en las Escrituras (véase Alma 5:12).

Hermanos y hermanas, la conversión verdadera y completa es la clave para acelerar la obra de la Iglesia.

Sabemos que hay más posibilidades de que, tanto los miembros como los que no lo son, se conviertan totalmente al Evangelio de Jesucristo si están deseosos de experimentar con sus palabras (véase Alma 32:27). Ésta es una actitud tanto de la mente como del corazón y conlleva el deseo de saber la verdad y el estar dispuestos a actuar de acuerdo con tal deseo. En el caso de los que investigan la Iglesia, el experimentar puede ser tan simple como el aceptar leer el Libro de Mormón, orar al respecto y tratar de saber de todo corazón si José Smith fue el profeta del Señor.

La verdadera conversión ocurre por medio del poder del Espíritu. Cuando el Espíritu llega al corazón, el corazón cambia. Cuando las personas, tanto los miembros como los investigadores, sienten la influencia del Espíritu, o cuando ven evidencias del amor y la misericordia del Señor en su vida, se edifican y fortalecen espiritualmente y aumenta la fe que tienen en él. Estas experiencias con el Espíritu son el resultado natural del que una persona tenga el deseo de experimentar con la palabra. Así es cómo llegamos a sentir que el Evangelio es verdadero. Seguir leyendo

Publicado en Consejos, Conversión, Obra misional | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Sois templo de Dios

Conferencia General Octubre 2000

«Sois templo de Dios»

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

«El cuerpo de ustedes. . . es el instrumento de su mente y el cimiento de su carácter».


Respondo a la impresión que por largo tiempo he tenido de hablar a los jóvenes de la Iglesia, los cuales enfrentan desafíos para nosotros desconocidos en nuestra juventud.

El presidente J. Reuben Clark describió a nuestros jóvenes como «hambrientos de las cosas del espíritu, ávidos por aprender el Evangelio y con deseos de oírlo simple y llanamente.

«Quieren saber de. . . nuestras creencias; quieren ganar un testimonio de la verdad, y ahora no son escépticos, sino inquisitivos, buscadores de la verdad. . .

«No tienen que esconderse detrás de esta juventud espiritualmente experimentada y susurrarles religión al oído; pueden plantarse delante de ellos, cara a cara y hablarles. . . pueden mostrarles esas verdades abiertamente. Los jóvenes pueden ser menos temerosos de la verdad que ustedes. No hay necesidad de realizar un acercamiento gradual» («The Charted Course of the Church in Education» citado por Boyd K. Packer en Teach Ye Diligently, 1991, págs. 365, 373:374).

Estoy de acuerdo con el presidente Clark y voy a hablar claramente a los jóvenes de las cosas que he aprendido y que sé que son verdaderas.

A los 18 años me llamaron al servicio militar. Como no había recibido mi bendición patriarcal, el obispo me recomendó al patriarca cercano a nuestra base aérea.

El patriarca J. Roland Sandstrom, de la Estaca Santa Ana, California, me dio mi bendición. En ella se me decía lo siguiente: «Tomaste libremente la decisión de acatar las leyes del progreso eterno expuestas por nuestro hermano mayor, el Señor Jesucristo. Se te ha concedido un cuerpo físico con el que puedas experimentar la vida terrenal. . . un cuerpo de proporciones y de forma físicas tales que permitan a tu espíritu cumplir su función a través de él sin trabas de impedimentos físicos. . . Aprecia esto como un gran legado» (Bendición patriarcal de Boyd K. Packer, 15 de enero de 1944, pág. 1).

Esto fue un gran consuelo para mí, pues debido a que de pequeño había tenido la poliomielitis, no pude tomar parte en los deportes y me quedaba con un sentimiento de inferioridad cuando me comparaba con mis amigos.

Mi bendición patriarcal me aconsejaba: «Guarda y protege [tu cuerpo], no introduzcas en él nada que pueda dañar tus órganos porque es sagrado. Es el instrumento de tu mente y el cimiento de tu carácter» (Bendición patriarcal de Boyd K. Packer, 15 de enero de 1944, pág. 1). Seguir leyendo

Publicado en Arrepentimiento, Castidad, Homosexualidad | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Este grandioso año milenario

Conferencia General Octubre 2000
Este grandioso año milenario
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Esta obra posee una vitalidad que jamás se había manifestado a tal grado».

Mis hermanos y hermanas, ¡qué gran inspiración son! Al mirar los rostros de esta vasta congregación y darme cuenta de que hay muchos más congregados alrededor del mundo, me acoge un inmenso sentimiento de amor por cada uno de ustedes. ¡Qué maravillosos son! Ruego que el Santo Espíritu me guíe al dirigirme a ustedes.

Antes de entrar en el edificio esta mañana sellamos la piedra de revestimiento de la piedra angular de la estructura, de esta magnífica y nueva estructura.

Preservamos el simbolismo de la piedra angular como recordatorio del Hijo de Dios sobre Cuya vida y misión se estableció esta Iglesia. Él, y sólo él, es la Piedra Angular. Sobre él está edificado un fuerte fundamento de apóstoles y profetas, y encima de esto «todo el edificio, bien coordinado», para formar La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Efesios 2:21).

Tal como le recordé al grupo esta mañana en el lugar de la piedra angular, rogamos que este símbolo sea reconocido como una representación del Redentor del mundo, el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, Cuyo nombre lleva esta Iglesia.

Estoy tan agradecido de que este edificio esté ya terminado. Lo ocupamos para nuestra conferencia de abril y en otra ocasión en junio pasado. Aún no estaba terminado; ahora se ha declarado terminado y cuenta con un permiso permanente de ocupación.

Este año milenario del 2000 ha sido un año extraordinario para la Iglesia. Hemos progresado en todos los aspectos por todo el mundo. Hemos excedido los once millones de miembros. ¡Qué hecho tan significativo!

Yo estaba aquí en 1947, cuando la Iglesia celebró el centenario de la llegada de los pioneros. En ese tiempo, se dedicó el monumento éste es el Lugar. Se llevó a cabo una magnífica celebración en el Tabernáculo que representaba la misión mundial de la Iglesia. El tema particular de todo ello fue que el número de miembros de la Iglesia llegaba ya a un millón. Cerca de la mitad vivían en Utah; actualmente, sólo el 15 por ciento vive en este lugar, y sin embargo, tenemos más miembros que viven aquí como jamás habíamos tenido. El pensar que hoy tenemos once millones de miembros es algo tremendo y maravilloso, que lleva consigo la promesa del futuro.

Nos hemos extendido por todo el mundo, dondequiera se nos permita ir. Hemos enseñado el Evangelio según se ha revelado en ésta, la dispensación del cumplimento de los tiempos. Actualmente vamos a regiones de las que nunca se había oído en 1947. Nuestra obra misional se ha extendido de manera milagrosa.

Creo que he visitado la mayoría de los lugares donde está organizada la Iglesia. He encontrado personas maravillosas en todas partes; son Santos de los Últimos Días en el verdadero sentido de la palabra que se esfuerzan por vivir los mandamientos.

Al reunirme con ellos y hablar con ellos, he aprendido el verdadero significado de las palabras de Pablo: Seguir leyendo

Publicado en Centro de Conferencias, Crecimiento de la Iglesia, Dedicación, Exclamación de Hosanna, Templos y obra del templo | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Día de dedicación

Conferencia General Octubre 2000
Día de dedicación
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

«Como expresión de nuestro amor por el Señor, ¿no podríamos rededicar nuestras vidas y hogares del mismo modo?»

Uno de mis himnos favoritos describe los tiernos sentimientos de mi corazón y de mi alma en este hermoso día de dedicación, y creo que la letra también describirá los de ustedes:

¡En este día de gozo y dicha,
Tu nombre alabamos, Señor;
En este lugar donde adoramos
Declaramos Tu gloria en alta voz!
¡Claro y limpio se eleva el son
Entre cánticos de alabanza
A nuestro Creador, Rey y Señor! 1

El 7 de abril de 1863, Charles C. Rich habló en cuanto a la necesidad de edificar un tabernáculo donde reunirse, y declaró: «¿Qué diré sobre el tabernáculo? Es evidente que podemos disfrutar ya de la bendición de una construcción semejante, mas si lo posponemos, ¿cuándo lo haremos? Cuando se levante ese edificio, podremos disfrutar del beneficio y de las bendiciones que nos dará. Este mismo principio se aplica a todo lo que tenemos entre manos, ya sea construir un templo, edificar un tabernáculo, enviar carromatos a la frontera para recoger a los pobres, o. . . cualquier otra cosa que se requiera de nosotros. Y nada de esto se realizará a menos que trabajemos y hagamos algo nosotros mismos. No tenemos a nadie más de quien depender, así que tenemos la obligación de trabajar y hacerlo bien de nuestra parte» 2.

¡Y pusieron manos a la obra!

Doy gracias a Dios por nuestro noble profeta, el presidente Gordon B. Hinckley, quien, con la visión de un vidente, reconoció la necesidad de este magnífico edificio y, con la ayuda de muchas otras personas, «puso manos a la obra». El resultado está hoy ante nosotros y será dedicado esta mañana.

Como símbolo de nuestra gratitud, como expresión de nuestro amor por el Señor, ¿no podríamos rededicar nuestras vidas y hogares del mismo modo?

En su epístola a los corintios, el apóstol Pablo incluyó un matiz apostólico sobre el compromiso que tenemos de edificar cuando declaró: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» 3.

La necesidad de la dedicación personal y de la renovación del compromiso son esenciales en la sociedad actual. Echemos un rápido vistazo a varios artículos periodísticos que describen nuestra situación.

Lo siguiente procede de la agencia Associated Press: «En nombre de la libertad de expresión, la Corte Suprema abolió una ley federal que protegía a los niños de los canales de televisión por cable con contenidos sexuales» 4.

El siguiente relato venía en el diario The San Jose Mercury News: «Puede que Alemania sea el motor económico de Europa, pero los domingos se apaga. Las fuerzas del mercado global están comenzando a alterar el tradicional día de descanso alemán. Con. . . el estilo americano [de poder comprar todos los días de la semana] y con Internet ofreciendo un acceso de 24 horas a los bienes del mundo, los rígidos horarios comerciales ‘son como un castillo de la Edad Media’. Para competir con otras ciudades del mundo, Berlín debe ser más agresiva. ‘Queremos hacer más dinero’ » 5.

Al contemplar la desilusión que actualmente embarga a miles de personas, aprendemos por las malas lo que un antiguo profeta escribió para nosotros hace tres mil años: «El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener no sacará fruto» 6.

El reverenciado Abraham Lincoln describió nuestra difícil situación con exactitud: Seguir leyendo

Publicado en Amor, Educación, Oración, Relaciones familiares | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Divina luz

Conferencia General Octubre 2000
«Divina luz»
Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Virginia U. Jensen

«La luz de Jesucristo es más fuerte que cualquier clase de obscuridad que enfrentemos en esta vida, si tenemos fe en él, lo buscamos y obedecemos».

Cuando tenía sólo diez años de edad, Joshua Dennis pasó cinco días atrapado en la total obscuridad de una mina abandonada. Cuando los del equipo de rescate por fin escucharon el leve sollozo que pedía ayuda y lo extrajeron de esa terrible obscuridad, estaba desorientado, tenía frío y estaba exhausto. Para gran sorpresa de ellos, no tenía miedo. Josh pasó el tiempo durmiendo, pidiendo auxilio y orando. «Alguien me estaba protegiendo», dijo. «Sabía que me iban a encontrar».

La fe sencilla pero profunda de Joshua había sido fortalecida por padres que le habían enseñado que tenía un Padre Celestial que sabía dónde estaba en todo momento. Le enseñaron que había nacido con la luz de Cristo dentro de él. En verdad, Josh había sido criado en la luz y la verdad (véase D. y C. 93:40), de modo que cuando se encontró acurrucado en una saliente a 600 metros de profundidad en la mina, él había recurrido a esa luz para sostenerlo y consolarlo, y para darle valor y esperanza. Josh experimentó lo que Abinadí enseñó cuando, refiriéndose a Cristo, dijo: «El es la luz y la vida del mundo; sí, una luz que es infinita, que nunca se puede extinguir» (Mosíah 16:9).

Cuán apropiado que el nacimiento del Salvador en Belén estuviese acompañado de manifestaciones milagrosas de luz en el hemisferio occidental. Al tiempo de Su nacimiento «a la puesta del sol, no hubo obscuridad; y el pueblo empezó a asombrarse porque. . . no hubo obscuridad durante toda esa noche» (3 Nefi 1:15, 19). Esa celebración de luz fue un marcado contraste a lo que ocurrió durante Su crucifixión, cuando «hubo densa obscuridad sobre toda la faz de la tierra, de tal manera que los habitantes. . . podían sentir el vapor de tinieblas» (3 Nefi 8:20:23).

Hay toda clase de obscuridad en este mundo: la obscuridad que proviene del pecado; la obscuridad que proviene del desaliento, del desánimo y la desilusión; la obscuridad que proviene de la soledad y de los sentimientos de ineptitud. Del mismo modo que la luz que ardía en el corazón de Josh Dennis fue más fuerte que la obscuridad sofocante que lo rodeaba, la luz de Jesucristo es más fuerte que cualquier clase de obscuridad que enfrentemos en esta vida, si tenemos fe en él, lo buscamos y obedecemos. Porque como lo reveló el profeta José, «si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria [o sea, la gloria del Señor], vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros» (D. y C. 88:67). Seguir leyendo

Publicado en Adversidad, Jesucristo, Luz de Cristo | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Discipulado

Conferencia General Octubre 2000
Discipulado
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

«Debemos crear. . . procesos continuos e ininterrumpidos que nos acerquen más al Señor nuestro Salvador a fin de ser contados entre Sus discípulos».

Mi madre era muy buena para delegar. Cada sábado por la mañana, cuando mis hermanos, hermanas y yo éramos niños, nos daba la asignación de los quehaceres de la casa. Las instrucciones que nos daba las había aprendido de su madre.

Asegúrense de limpiar muy bien los rincones y a lo largo de los rodapiés. Si van a dejar algo mal, más vale que sea en el centro de la habitación.

Ella sabía muy bien que si nos esmerábamos en los rincones, nunca tendría problemas con lo que se dejara en el centro de la habitación. Lo que queda a la vista jamás se dejaría sin limpiar.

A través de los años, el consejo de mi madre ha tenido enormes aplicaciones en muchas y diferentes formas en mi vida. Es especialmente aplicable a las tareas de limpieza espiritual. Los aspectos públicos de nuestra vida se solucionan por sí solos porque deseamos dar la mejor impresión posible. Pero es en las partes más recónditas donde existen cosas que sólo nosotros sabemos y con las que debemos ser particularmente esmerados para asegurarnos de que estamos limpios.

Uno de esos rincones de nuestra vida que requiere atención especial es el de nuestros pensamientos. Debemos cuidarnos continuamente de esos momentos en que no hacemos nada y dejamos que nuestra mente vague por territorios prohibidos. En Proverbios leemos:

«Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él» (Proverbios 23:7).

Y Judas ha escrito:

«. . .soñadores mancillan la carne. . .» (Judas 1:8).

Ineludiblemente, nuestros pensamientos conforman nuestra vida. James Allen lo expresa de esta forma en su libro Como piensa el hombre:

«Del mismo modo que la planta nace y no podría existir sin la simiente, cada acto del hombre florece de las ocultas semillas del pensamiento y no podría haber nacido de no ser por ellas. Esto se aplica tanto a aquellos actos llamados ‘espontáneos’ o ‘no premeditados’, como a los que realizamos de manera consciente. . .

«. . .En el arsenal del pensamiento forja él las armas que le destruyen; también da forma a las herramientas con las que edifica para sí mansiones celestiales de dicha, fortaleza y paz. . . Entre estos dos extremos se hallan todos los grados del carácter, y el hombre es su propio creador y maestro. . . Es el dueño del pensamiento, el moldeador del carácter y el hacedor y forjador de su condición, entorno y destino» (Allen, James, As a Man Thinketh, 1983, págs. 7:10).

Entonces el señor Allen añadió:

«Dejemos que un hombre altere sus pensamientos de manera radical y se asombrará de la rápida transformación que se efectuará en las condiciones materiales de su vida. Los hombres piensan que pueden mantener sus pensamientos en secreto, pero no es así; éstos cristalizan rápidamente en hábitos, y el hábito se consolida en el carácter» (As a Man Thinketh, págs. 33: 34).

Ciertamente, una de la áreas que debemos esforzarnos por mantener limpia es la de nuestros pensamientos. Lo ideal es mantenerlos centrados en cosas espirituales. Seguir leyendo

Publicado en Autodominio, Discipulado, Relaciones familiares | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Un testimonio cada vez mayor

Conferencia General Octubre 2000

Un testimonio cada vez mayor

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«Al reflexionar en mi vida, distingo una fuente de fortaleza y bendición singulares; es mi testimonio y conocimiento de que Jesús es el Cristo».


Mis amados hermanos, hermanas y amigos, he vivido un largo tiempo. Al reflexionar en mi vida, distingo una fuente de fortaleza y bendición singulares; es mi testimonio y conocimiento de que Jesús es el Cristo, el Salvador y el Redentor de todo el género humano. Me siento profundamente agradecido por que toda mi vida he tenido una fe sencilla en que Jesús es el Cristo. Ese testimonio me ha sido confirmado cientos de veces. Es el conocimiento supremo de mi alma. Es la luz espiritual de mi ser. Es la piedra angular de mi vida.

Como uno de los hermanos más pequeños entre ustedes, pero en mi llamamiento de apóstol del Señor, testifico del Cristo que es nuestro Salvador y el Redentor del mundo. Puesto que este testimonio ha sido forjado con toda una vida de experiencias, estimo necesario relatar algunas de ellas que son de naturaleza muy personal. Pero este testimonio es mío y entiendo que el Salvador sabe que yo sé que él vive.

La primera piedra angular de mi testimonio se estableció hace mucho tiempo. Uno de mis recuerdos más remotos es el haber tenido una aterradora pesadilla cuando era muy pequeño. Todavía la recuerdo vívidamente. Debo de haber gritado de miedo durante la noche. Mi abuela fue a despertarme. Yo lloraba y ella me tomó entre sus brazos, me abrazó y me consoló. Fue a buscar un tazón de mi arroz con leche predilecto que había quedado de la cena, yo me senté en su falda y ella me lo dio a comer en la boca. Me dijo que estábamos seguros en casa porque Jesús velaba por nosotros. Percibí en ese entonces que así era en realidad y todavía lo creo. Me sentí reconfortado en cuerpo y alma, y volví apaciblemente a acostarme, seguro de la divina realidad de que Jesús vela por nosotros.

Aquella primera y memorable experiencia condujo a otras poderosas confirmaciones de que Dios vive y de que Jesús es nuestro Señor y Salvador. Muchas de ellas vinieron en respuesta a la oración ferviente. De niño, cuando perdía cosas como mi valiosísima navaja, aprendí que si oraba con fervor por lo general podía encontrarlas. Y siempre pude hallar las vacas perdidas que se habían confiado a mi cuidado. A veces, tenía que orar más de una vez, pero mis oraciones siempre eran contestadas. En ocasiones la respuesta era no, pero más a menudo eran positivas y de confirmación. Aun cuando la respuesta era no, llegué a saber que, en la gran sabiduría del Señor, la respuesta que recibía era para mi beneficio. Mi fe siguió creciendo como bloques que se van colocando sobre la piedra angular, línea por línea, precepto por precepto. Son demasiados como para mencionarlos uno por uno; algunos son demasiado sagrados para exponerlos.

Esas primeras semillas de fe retoñaron aún más cuando, siendo yo un muchachito del Sacerdocio Aarónico, recibí una confirmación de fuente original del notable testimonio de los tres testigos referente a la veracidad del Libro de Mormón. El presidente de mi estaca era el presidente Henry D. Moyle, y su padre era James H. Moyle. En el verano, el hermano James H. Moyle visitaba a su familia y asistía a nuestro pequeño barrio del sureste del Valle del Lago Salado.

Un domingo, el hermano James H. Moyle nos contó un hecho excepcional. De joven había ido a la Universidad de Michigan a estudiar derecho. Cuando estaba para terminar sus estudios, su padre le dijo que David Whitmer, uno de los testigos del Libro de Mormón, todavía vivía. El padre sugirió al hijo que en el camino de regreso a Salt Lake City pasara a visitar a David Whitmer. El objetivo del hermano Moyle era preguntarle acerca de su testimonio con respecto a las planchas de oro del Libro de Mormón. Seguir leyendo

Publicado en Fe, Jesucristo, Testimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Y se multiplicará la paz de tus hijos

Conferencia General Octubre 2000

«Y se multiplicará la paz de tus hijos»

Presidente Gordon B. Hinckley

«En lo que toca a su felicidad, en lo que toca a las cosas que les hacen sentirse orgullosos o ponerse tristes, nada, repito que nada, surtirá en ustedes un efecto tan profundo como la forma en que resulten ser sus hijos».


Los jóvenes han recibido aquí, esta noche, consejos excelentes. Confío en que hayan escuchado bien y que influyan en sus vidas para bien.

He resuelto hablar a los padres de familia. Ustedes ya saben de qué voy a hablar. Sus esposas les habrán recordado que éste sería el tema que trataría en esta ocasión, puesto que se los dije en la conferencia de la Sociedad de Socorro hace dos semanas. Les diré a ustedes algunas de las mismas cosas que les dije a ellas. Les recuerdo que la repetición es una de las leyes del aprendizaje.

Éste es un asunto que tomo con gran seriedad. Es un asunto que me preocupa hondamente. Espero que no lo tomen con ligereza. Se relaciona con lo más valioso que tienen. En lo que toca a su felicidad, en lo que toca a las cosas que les hacen sentirse orgullosos o ponerse tristes, nada, repito que nada, surtirá en ustedes un efecto tan profundo como la forma en que resulten ser sus hijos.

O se alegrarán y se regocijarán por los logros de ellos o llorarán, con la cabeza entre las manos, desconsolados y deshechos de dolor si les llenan de desilusión y de vergüenza. Muchos de ustedes se encuentran en esta reunión con sus hijos, por lo que los felicito de corazón. También los felicito a ellos. Los unos y los otros están en la mejor compañía. Me siento muy orgulloso de muchísimos de nuestros jóvenes: muchachos y niñas. Son inteligentes. Tienen autodisciplina. Saben sopesar las consecuencias de los actos. Tienen la cabeza bien puesta. Esta noche se encuentran en el lugar en el que deben estar. Algunos forman parte de este coro; otros se encuentran entre congregaciones por todo el mundo; otros están en el campo misional; otros prosiguen estudios con gran esfuerzo, dejando a un lado placeres presentes con la mira de oportunidades futuras. Les admiro. Les amo. Y ustedes sienten lo mismo. Son nuestros hijos y nuestras hijas.

Espero, ruego, suplico que ellos continúen en el camino por el que ahora van.

Pero, es triste decirlo, sé que hay algunos jóvenes y algunas jóvenes que han caído y están cayendo en el pantano de la inmoralidad, de las drogas, de la pornografía y del fracaso. Espero que sean una minoría entre sus compañeros, pero la pérdida de tan sólo uno de ellos es demasiado.

Padres, ustedes y las madres de esos jóvenes tienen una responsabilidad de la que no pueden librarse. Ustedes son los padres de sus hijos. La estructura genética de ustedes está grabada para siempre en los códigos genéticos de ellos.

Podrán negar que son de ustedes; podrán abandonarlos; pero nunca podrán arrancarlos de su mente. Ustedes son sus padres y no pueden desprenderse de las consecuencias de ese hecho.

Mientras estamos en esta reunión, algunos de ellos –soy consciente de ello– andan dando vueltas por la ciudad en sus vehículos. Ellos o sus amigos tienen coche para conducir. En muchos casos, sus padres se los han comprado, les han entregado las llaves y les han dicho que se diviertan.

Ellos quieren hacer algo emocionante y consideran que no satisfacen ese deseo con entretenimientos sanos. Andan dando tumbos, buscando hacer algo que les haga sentirse machos.

Un amigo policía me contó hace poco de dos muchachos que llevó en el asiento de atrás del coche de policía, con esposas en las muñecas. Habían comenzado inocentemente la noche. Cuatro de ellos en un automóvil salieron a buscar camorra y la encontraron. Se metieron en una pelea, llegó la policía; los muchachos fueron detenidos y esposados.

Esos eran jóvenes buenos; no eran del tipo de los que van periódicamente a la cárcel. La madre de uno de ellos le había dicho antes de que saliera él de casa: «Cosas malas ocurren después de las once de la noche».

Él chico aprendió rápidamente el significado de esas palabras. Se sentía abochornado, avergonzado de enfrentar a su madre.

Conté a la Sociedad de Socorro de las fiestas secretas y clandestinas de drogas a las que dan el nombre de «Rave». Allí, con luces relampagueantes y música estruendosa, si se la puede llamar así, jóvenes de ambos sexos bailan. Venden y compran drogas. A las drogas las llaman éxtasis, las cuales son derivados de metanfetaminas. Los que bailan llevan chupetes (o chupones) de niño debido a que las drogas les hacen rechinar los dientes. La música febril y el baile voluptuoso siguen hasta las siete y treinta de la mañana del domingo. ¿Adónde lleva todo eso? A ninguna parte. Es un callejón sin salida.

Ahora han adoptado otra práctica en la búsqueda de algo nuevo, diferente y más peligroso. Intentan estrangularse unos a otros. Los muchachos les oprimen el cuello a las chicas hasta que éstas pierden el conocimiento. El otro día, en una de las escuelas locales, a una chica que tiene un problema de salud le apretaron el cuello hasta que perdió el sentido. Sólo la pronta atención médica le salvó la vida. Seguir leyendo

Publicado en Autorrespeto, Castidad, Divorcio, Oración, Padres, Palabra de sabiduría, Templos y obra del templo | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario