El llamamiento a servir

Conferencia General Octubre 2000
El llamamiento a servir
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

«Venero el sacerdocio del Dios Todopoderoso; he sido testigo de su poder; he visto su fortaleza; me he maravillado ante los milagros que ha efectuado».

¡Qué gran privilegio es para mí estar ante ustedes esta noche en este magnífico Centro de Conferencias y en congregaciones a través del mundo! ¡Qué imponente grupo del sacerdocio!

Para mi tema, acudo a las palabras del profeta José Smith que se encuentran en la sección 107 de Doctrina y Convenios. Se aplican a todos nosotros, ya seamos poseedores del Sacerdocio Aarónico o de Melquisedec: «Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado» 1.

El presidente Wilford Woodruff declaró: «Todas las organizaciones del sacerdocio tienen poder. El diácono tiene poder por medio del sacerdocio que posee; igual el maestro. Tienen el poder de ir ante el Señor a fin de que se escuchen y contesten sus oraciones, al igual que lo tiene el profeta, el vidente y el revelador. . . Es por medio de este sacerdocio que a los hombres se les confieren ordenanzas, se les perdonan sus pecados y se les redime. Para ese propósito se nos ha revelado y sellado sobre nuestra cabeza» 2.

A aquellos que poseen el Sacerdocio Aarónico se les deben dar oportunidades de magnificar sus llamamientos en dicho sacerdocio.

Por ejemplo, cuando me ordenaron diácono, el obispo hizo hincapié en la sagrada responsabilidad que teníamos de repartir la Santa Cena. Puso énfasis en la vestimenta apropiada, el comportamiento decoroso y la importancia de estar limpios «por dentro y por fuera».

Al enseñársenos el procedimiento para repartir la Santa Cena, se nos dijo que estaríamos ayudando a todos los miembros a renovar su convenio bautismal, con las responsabilidades y bendiciones que lo acompañan. Se nos dijo cómo debíamos ayudar a un hermano en particular, el hermano Louis, que padecía de parálisis, para que tuviera la oportunidad de tomar los emblemas sagrados.

¡Cómo recuerdo cuando se me asignó repartir la Santa Cena en la sección donde se sentaba Louis! Vacilé al aproximarme a ese maravilloso hermano y entonces vi su sonrisa y la ansiosa expresión de gratitud que demostraban su deseo de participar. Mantuve la bandeja en la mano izquierda y tomé un trozo de pan y se lo puse en sus labios abiertos. Más tarde le serví el agua de la misma forma. Sentí que estaba sobre terreno sagrado; y lo estaba. El privilegio de dar la Santa Cena a Louis hizo que todos nosotros fuéramos diáconos mejores.

Nobles líderes de los hombres jóvenes, ustedes se encuentran en la encrucijada de la vida de aquellos a quienes enseñan. En una pared de la institución Stanford University Memorial Church está inscrita esta verdad: «Debemos enseñar a nuestra juventud que todo lo que no sea eterno es demasiado breve, y todo lo que no sea infinito es demasiado pequeño» 3.

El presidente Hinckley recalcó nuestras responsabilidades cuando declaró: «En esta obra tiene que haber dedicación; debe haber devoción. Estamos embarcados en la gran y eterna contienda que tiene que ver con las almas mismas de los hijos de Dios. No vamos perdiendo. Por el contrario, vamos ganando. Seguiremos ganando si somos fieles y leales. . . No hay nada que el Señor nos haya pedido que con fe no podamos cumplir» 4.

Hermanos, ¿se ha dado la asignación de ser maestro orientador a todo maestro ordenado? ¡Qué oportunidad para prepararse para la misión! ¡Qué privilegio de aprender la disciplina del deber! Si se le asigna a un joven la responsabilidad de velar por otras personas, el dejará automáticamente de preocuparse sólo de sí mismo.

¿Y qué sucede con los presbíteros? Estos jóvenes tienen la oportunidad de bendecir la Santa Cena, de continuar con sus deberes de la orientación familiar y de participar en la sagrada ordenanza del bautismo.

Podemos fortalecernos los unos a los otros; tenemos la capacidad de prestar atención a aquellos que se hayan quedado en el olvido. Cuando tenemos ojos que ven, oídos que escuchan y corazones que comprenden y sienten, podemos tender una mano y rescatar a aquellos por quienes seamos responsables.

De Proverbios viene el consejo: «Examina la senda de tus pies» 5.

Venero el sacerdocio del Dios Todopoderoso; he sido testigo de su poder; he visto su fortaleza; me he maravillado ante los milagros que ha efectuado. Seguir leyendo

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El enemigo interior

Conferencia General Octubre 2000
El enemigo interior
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

«Todos nosotros debemos capacitarnos para ser hombres audaces, disciplinados y leales del sacerdocio y estar preparados con las armas correctas para luchar contra el mal y ganar».

Amados hermanos del sacerdocio, expreso mi amor y mi aprecio por cada uno de ustedes. Estamos agradecidos por todo lo que hacen por impulsar esta santa obra en todo el mundo. Me siento humilde y honrado de asociarme con ustedes.

Aun antes del inicio del mundo, comenzó una gran guerra en el cielo entre las fuerzas del bien y del mal 1 . Esa guerra continúa con más furia en la actualidad. Satanás sigue como capitán de las huestes del mal. Sigue tentándonos tal como tentó a Moisés, diciendo: «. . .hijo de hombre, adórame» 2. Como poseedores del sacerdocio, estamos organizados como un gran ejército de rectitud para combatir las fuerzas de Lucifer. Todos nosotros debemos capacitarnos para ser hombres audaces, disciplinados y leales del sacerdocio y estar preparados con las armas correctas para luchar contra el mal y ganar. Pablo dijo que esas armas son «la coraza de la justicia», «el escudo de la fe», «el yelmo de la salvación», y «la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» 3.

Esta noche me gustaría hablarles de la batalla que cada uno de nosotros tiene que librar en su interior. El presidente Joseph F. Smith nos enseñó: «Nuestro primer enemigo está dentro de nosotros mismos. Conviene vencer a ese enemigo primero y sujetarnos a la voluntad del Padre y a una obediencia estricta de los principios de vida y salvación que él ha dado al mundo para la salvación de los hombres» 4. En palabras sencillas, eso significa que debemos fortalecer el bien que llevamos dentro y vencer las tentaciones de Satanás. La brújula orientadora es precisa. Alma nos dice: «. . .todo lo que es bueno viene de Dios; y todo lo que es malo, del diablo procede» 5.

Robert Louis Stevenson escribió acerca de esa lucha constante entre el bien y el mal en la novela clásica acerca del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde. La historia relata que al principio, «el Dr. Jekyll es un médico londinense sumamente respetado, un hombre bueno y bondadoso que en su juventud demostró una inclinación hacia el mal pero logró suprimirla. Interesado en las drogas, ahora, por casualidad, el doctor encuentra una que le permite cambiar su forma exterior a la de un enano repulsivo, la encarnación misma de la maldad, al que llama Sr. Hyde. Una dosis similar le permite regresar a la forma y a la personalidad del doctor benevolente. El doctor se convierte muchas veces en el Sr. Hyde, dando así más y más poder a ese aspecto de su naturaleza. Cada vez es más difícil para el Dr. Jekyll recuperar su entidad virtuosa, y en ocasiones también se convierte en el Sr. Hyde sin usar la droga» 6 . En su carácter del Sr. Hyde comete asesinato y, cuando la droga deja de surtir efecto y ya no puede volver a ser el bondadoso Dr. Jekyll, se descubre la verdad y el Sr. Hyde se quita la vida. El mal uso de las drogas destruyó su vida y eso puede suceder en la vida real.

Ahora, la clave para nunca convertirse en un Sr. Hyde malvado e inicuo es tomar la decisión de no ceder ante las tentaciones destructivas. Nunca, nunca experimenten con ninguna substancia adictiva. Nunca usen el tabaco en ninguna de sus formas ni tomen ninguna otra substancia esclavizante. Manténganse alejados del licor embriagador. Las adicciones acarrean consecuencias trágicas que son difíciles de superar.

Recibimos bendiciones cuando nos mantenemos firmes en nuestros principios. Cuando yo era presidente de la Estaca Cottonwood, el Dr. Creed Haymond era uno de los patriarcas. En ocasiones él daba un fuerte testimonio de la Palabra de Sabiduría. De joven había sido capitán del equipo de atletismo de la Universidad de Pensilvania. En 1919, el hermano Haymond y su equipo fueron invitados a participar en la competencia anual de atletismo de la Asociación Intercolegial. La noche antes de la competencia, el entrenador, Lawson Robertson, que fue entrenador de varios equipos olímpicos, dijo a los miembros del equipo que tomaran un poco de vino. En aquella época, los entrenadores erróneamente creían que el vino daba vigor a los músculos endurecidos por un riguroso entrenamiento. Los demás miembros del equipo tomaron el vino, pero el hermano Haymond rehusó porque sus padres le habían enseñado la Palabra de Sabiduría. El hermano Haymond se puso muy nervioso porque no le gustaba desobedecer al entrenador. Tenía que competir contra los hombres más veloces del mundo. ¿Qué pasaría si no corría bien al día siguiente? ¿Cómo podría enfrentar a su entrenador?

Al día siguiente, en la competencia, el resto de los miembros de su equipo estaban muy enfermos y no corrieron bien. Algunos estaban tan enfermos que ni siquiera compitieron. Sin embargo, el hermano Haymond se sentía bien y corrió en las carreras de los 100 y 200 metros planos. Su entrenador le dijo: «Acabas de correr los 200 metros planos en menos tiempo que cualquier otro ser humano». Esa noche y el resto de su vida, Creed Haymond estuvo agradecido por la fe sencilla que le ayudó a guardar la Palabra de Sabiduría 7.

Durante el servicio militar que presté en la Segunda Guerra Mundial, me relacioné con algunos jóvenes muy prometedores. Pero poco a poco vi que algunos de ellos dejaron atrás las cualidades decentes y temerosas de Dios de un Dr. Jekyll para rebajarse a ser un Sr. Hyde. Para algunos, el cambio se inició cuando bebieron café porque el agua no era potable y las pastillas descontaminadoras tenían un sabor desagradable. Después, el haber tomado café llevó a algunos a tomar de vez en cuando algo de cerveza. A todos los soldados que servían en el extranjero se les daba una ración de cigarrillos y de vez en cuando una botella de whisky, los cuales tenían un valor considerable.

En una ocasión, el presidente George Albert Smith dio el siguiente consejo: «Si [cruzan] la línea al lado que pertenece al diablo, aun cuando no sea más que dos o tres centímetros, [estarán] bajo el dominio del tentador, y si éste logra el éxito, no [podrán] pensar ni razonar debidamente, porque [habrán] perdido el Espíritu del Señor» 8 . Algunos soldados permanecieron del lado seguro de la línea y nunca experimentaron con esas substancias adictivas ni las distribuyeron, aunque se les regalaban. Pero otros probaban los cigarrillos o el alcohol para distraerse de los desafíos de la guerra. Unos cuantos incluso fueron inmorales, creyendo que las tensiones de la guerra justificaban el que rebajaran sus normas y permitieran que tomara precedencia el Sr. Hyde de su personalidad. Seguir leyendo

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El morral de caza de Satanás

Conferencia General Octubre 2000
El morral de caza de Satanás
Obispo Richard C. Edgley
Primer Consejero del Obispado Presidente

Richard C. Edgley

«¿Escucharemos a ‘Satanás, el autor de todas las mentiras’. . .? ¿O vamos a creer a un amoroso Padre Celestial, que es la fuente de toda verdad y felicidad. . .?»

Cuando era joven, tras haber finalizado mi primer año de universidad y con necesidad de ganar algún dinero para cumplir una deseada misión, pasé un verano trabajando en el nuevo Hotel de Jackson Lake, en Jackson Hole, Wyoming. Los jóvenes universitarios iban de todas partes de los Estados Unidos para experimentar la emoción y el reto de trabajar juntos en una zona tan natural y hermosa.

Una de estas personas era Jill, una joven de San Francisco, California. Con la impresión de que una joven procedente de una gran ciudad podía ser un tanto ingenua en este nuevo entorno, yo y unos amigos sentimos que teníamos la obligación de enseñarle en cuanto a los modos del verdadero Oeste, así que decidimos llevarla a la «caza del sarapín». Para aquellos de ustedes que no estén familiarizados con la caza del sarapín, les diré que no es más que una broma, pues no hay tal cosa como un sarapín, al menos en el oeste de los Estados Unidos. El supuesto sarapín es una criatura ficticia, y su caza no es más que un engaño sin malicia. Las herramientas necesarias para la caza del sarapín son una vara y un morral. El «cazador» camina por entre los arbustos, dándoles golpes con la vara mientras lanza alaridos con una voz estruendosa, y los ficticios sarapines entran de este modo en el morral.

Le entregamos a Jill el morral y la vara y le señalamos la zona de cacería, al otro lado del cerro. El plan consistía en regresar al punto de partida en unos quince minutos para, supuestamente, contar los sarapines.

Como ella no regresó a la hora señalada, todos nos congratulamos y estábamos muy contentos por la seriedad con que se había tomado la cacería. Después de media hora, sentimos que ya era tiempo de rescatarla, explicarle la broma, reírnos e irnos a cenar. Sin embargo, se hizo evidente que Jill se había tomado la cacería de sarapines mucho más en serio de lo que habíamos esperado, ya que no la encontramos en la zona que le habíamos indicado. Tras buscar de manera insistente sin hallar ni rastro de ella, comenzamos a adentrarnos en el bosque, llamándola en voz alta, pero con idéntico resultado. Seguir leyendo

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Profetas, videntes y reveladores vivientes

Conferencia General Octubre 2000
Profetas, videntes y reveladores vivientes
Élder Dennis B. Neuenschwander
De la Presidencia de los Setenta

Dennis B. Neuenschwander

«Existe un abismo cada vez más grande entre las normas del mundo y las del Evangelio y el reino de Dios, y. . . los profetas vivientes siempre enseñarán las normas de Dios».

Hermanos, esta noche quisiera contarles una experiencia que tiene un gran significado para mí. Durante la sesión del domingo por la tarde de la Conferencia General del 6 de abril de 1986, tuvo lugar una Asamblea Solemne, cuyo propósito era sostener a Ezra Taft Benson como profeta, vidente y revelador, y decimotercer Presidente de la Iglesia. Se invitó a todos los miembros a tomar parte, ya fuese que estuviesen presentes en el Tabernáculo o participaran por medio de la radio o la televisión. Como familia, aceptamos la invitación de tomar parte en nuestra casa y, con la excepción de un hijo que estaba sirviendo en el campo misional, todos nos encontrábamos allí: un sumo sacerdote, un presbítero, un diácono, un hijo de once años y mi esposa, LeAnn. De acuerdo con las indicaciones y por turno, cada uno de los que poseíamos el sacerdocio nos pusimos de pie y después lo hizo el resto de la familia, y todos juntos sostuvimos al presidente Benson.

¿Por qué llama el Señor a profetas, videntes y reveladores? Y, ¿cómo los sostenemos?

La responsabilidad fundamental de los profetas, videntes y reveladores, todos los cuales poseen autoridad apostólica, es testificar con convencimiento del nombre de Cristo en todo el mundo. Ese llamamiento básico de ser testigos especiales de Su nombre ha permanecido invariable siempre que ha habido Apóstoles sobre la tierra. Ese testimonio, que se recibe del Espíritu Santo por medio de la revelación, fue el núcleo de la Iglesia del Nuevo Testamento y es el punto central de la Iglesia en la actualidad. El día de Pentecostés, Pedro dio un claro testimonio de que a Jesús de Nazaret lo habían prendido, matado y crucificado y de que había sido levantado, «sueltos los dolores de la muerte»; de todo eso habían sido testigos los Apóstoles 1. Tan potente fue ese testimonio de Jesucristo que dio aquel Apóstol viviente, que se efectuó un cambio en el corazón y cerca de tres mil personas se bautizaron para la remisión de sus pecados. Leemos que esos nuevos conversos perseveraron «en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» 2. Este relato del libro de Hechos brinda un profundo significado espiritual a las palabras que Pablo escribió más adelante a los efesios, de que quienes abracen el Evangelio formarán parte de la familia de Dios «edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo» 3.

En esta dispensación de la restauración, el profeta José Smith enseñó: «Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó el tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente dependencias de esto» 4.

Con el fin de observar esa responsabilidad divina que se mandó, de testificar con convencimiento del nombre de Cristo en todo el mundo, los Apóstoles vivientes de nuestra época han dado su testimonio. En la proclamación: «El Cristo Viviente», ellos declaran la restauración de Su sacerdocio y de Su Iglesia, testifican de Su Segunda Venida y dan «testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios» 5.

Tanto los Apóstoles de la antigüedad como los de la actualidad testifican del nombre de Jesucristo porque «. . .no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente. . .» 6. Seguir leyendo

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Santificaos

Conferencia General Octubre 2000

«Santificaos»

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«El llamado en todos los tiempos –y especialmente en nuestros días– es el llamado de Josué: ‘Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros’ «.


Hermanos, amo el Sacerdocio de Dios y es un gran honor para mí contarme entre aquellos de ustedes que lo poseen. Mi mensaje de esta noche es para todos nosotros, cualquiera sea la edad o los años de servicio, sin embargo, deseo dirigirme con particular énfasis a los diáconos, maestros y presbíteros en el Sacerdocio Aarónico y a los jóvenes y recién ordenados élderes en el Sacerdocio de Melquisedec, ustedes, los de la creciente generación, quienes deben estar listos para ejercer su sacerdocio, a veces en momentos y de maneras que no se imaginan.

En ese espíritu, el llamado que les hago esta noche es semejante al que Josué hizo a una antigua generación de poseedores del sacerdocio, de jóvenes así como los que no eran tan jóvenes, que tenían que llevar a cabo un milagro en sus días. Josué dijo a aquellos que tendrían que llevar a cabo la tarea más formidable del antiguo Israel, o sea, la de volver a tomar y poseer su antigua tierra de promisión: «Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros» 1.

Permítanme contarles un relato que deja ver cuán prontos e inesperados pueden ser esos mañanas, y en algunos casos, cuán poco tiempo tienen para hacer preparativos apresurados y tardíos.

En la tarde del miércoles 30 de septiembre de 1998, la semana pasada se cumplieron dos años de ese acontecimiento, un equipo de fútbol americano de jovencitos, en Inkom, Idaho, se encontraba en el campo para su práctica semanal acostumbrada. Habían terminado sus ejercicios de calentamiento y empezaban a practicar algunas jugadas. Se avecinaron nubes negras, como suele suceder en el otoño, y empezó a lloviznar, pero eso no pareció importarle a un grupo de muchachos a quienes les encantaba jugar fútbol.

De pronto, sin saber de dónde vino, el estallido ensordecedor de un trueno irrumpió por el aire, al mismo tiempo que el destello de un relámpago iluminaba y, literalmente, electrizaba todo el entorno.

En ese instante, un joven amigo mío, A. J. Edwards, diácono del Barrio Port Neff, de la Estaca McCammon, Idaho, estaba a punto de recibir el balón que por seguro resultaría en un tanto durante esa práctica donde los miembros del equipo jugaban unos contra otros. Pero el rayo que había iluminado tierra y cielo alcanzó al joven A. J. Edwards desde la punta de su casco de fútbol hasta las suelas de los zapatos.

El impacto del golpe dejó pasmados a todos los jugadores, tumbando a algunos al suelo, dejando a uno de ellos ciego por unos momentos y a casi todos los demás aturdidos y azorados. Por instinto empezaron a correr hacia el pabellón de cemento adjunto al parque. Algunos de los muchachos empezaron a llorar; muchos de ellos se arrodillaron y empezaron a orar. Durante todo ese tiempo, A. J. Edwards seguía inmóvil en el campo.

El hermano David Johnson, del Barrio Rapid Creek, Estaca McCammon, Idaho, corrió al lado del jugador. A gritos le dijo a Rex Shaffer, que era el entrenador y miembro de su barrio: «¡No tiene pulso. Tiene un paro cardíaco!». Esos dos hombres, que milagrosamente tenían entrenamiento como técnicos médicos de emergencia, empezaron a aplicarle resucitación cardiopulmonar, un esfuerzo vida contra muerte.

Mientras los hombres hacían sus labores, a A. J. le sostenía la cabeza el joven entrenador ayudante de 18 años de edad, Bryce Reynolds, miembro del Barrio Mountain View, Estaca McCammon, Idaho. Al observar al hermano Johnson y al hermano Shaffer aplicarle resucitación al muchacho, tuvo una fuerte impresión. Yo tengo la certeza de que fue una revelación de los cielos en todo el sentido de la palabra. Él recordó una bendición del sacerdocio que el obispo le había dado a su abuelo en una ocasión tras un accidente igualmente trágico y amenazador ocurrido años antes. Ahora, al sostener a ese joven diácono en sus brazos, se dio cuenta de que por primera vez en su vida tenía que ejercer de la misma manera el Sacerdocio de Melquisedec que recientemente le había sido conferido. Estando a punto de cumplir los diecinueve años y de recibir el inminente llamamiento a servir en una misión, el joven Bryce Reynolds había sido ordenado élder hacía sólo 39 días.

Ya sea que haya pronunciado las palabras de manera audible o que las haya murmurado, el Élder Reynolds dijo: «A. J. Edwards, en el nombre del Señor Jesucristo y por el poder y la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec que poseo, te bendigo para que estés bien. En el nombre de Jesucristo. Amén». Al momento que Bryce Reynolds finalizó esa breve pero ferviente oración ofrecida en el lenguaje de un joven de dieciocho años, A. J. Edwards empezó a respirar nuevamente.

La familia Edwards podrá contarnos en otra ocasión sobre las continuas oraciones, milagros y bendiciones adicionales del sacerdocio relacionadas con toda esa experiencia –incluso un viaje por ambulancia a alta velocidad hasta Pocatello, seguido de un vuelo, sin mucha esperanza, hasta el centro para quemados de la Universidad de Utah. Pero por ahora basta decir que el sumamente sano y robusto A. J. Edwards se encuentra aquí esta noche, junto con su padre, como mis invitados especiales. Recientemente también hablé por teléfono con el Élder Bryce Reynolds que ha estado sirviendo fielmente en la Misión Texas Dallas durante los últimos diecisiete meses. Amo a estos dos maravillosos jovencitos. Seguir leyendo

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Los artificios y las tentaciones del mundo

Conferencia General Octubre 2000
Los artificios y las tentaciones del mundo
Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell

«Muchas personas que se dejan preocupar por las cosas del mundo no se encuentran precisamente en transgresión, pero están ciertamente desviadas y de ese modo ‘malgasta[n] los días de [su] probación'» (2 Nefi 9:27).

Para los verdaderos creyentes, los artificios y las tentaciones del mundo –incluso sus placeres, poder, halagos, riquezas y distinción– siempre han existido (Alma 46:15). En nuestra época, sin embargo, muchos sistemas de apoyo que fueron una vez de utilidad están torcidos o estropeados; más aún, las cosas malas del mundo se promueven por medio de una tecnología que todo lo penetra, así como por una andanada de los medios de comunicación con el potencial de alcanzar casi todo hogar y poblado. Y todo esto sucede cuando hay muchas personas que se han alejado de lo espiritual, diciendo: «. . .soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad. . .» (Apocalipsis 3:17).

En contraste, los incentivos del discipulado son tales, que si vemos acercarse una limusina, tenemos la certeza de que no viene por nosotros. El plan de Dios no es el plan de placer, es el «plan de felicidad».

Los artificios y las tentaciones del mundo son fuertes. Los estilos de vida mundanos se respaldan astutamente en la justificación de que «todos lo hacen», fomentando así una mayoría o dando la apariencia de ella. La hábil propaganda dirigida a determinados grupos promueve productos y crea actitudes.

Pedro dijo que «el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció» (2 Pedro 2:19). Hermanos y hermanas, ¡hay tantas de esas esclavitudes particulares!

Los que se burlan tienen esta actitud indiferente que Pedro profetizó diciendo: «¿Dónde está la promesa [del] advenimiento [de Cristo]? Porque. . . todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación» (2 Pedro 3:4). Tal cinismo hace que se confunda a las sucesivas generaciones que han pasado por el escenario terrenal con la falta de un Director o de una trama.

Como un pez en una pecera, a algunos no les importa quién les cambie el agua y quién les dé de comer (Jacob 4:13:14). Son como un niño de jardín de infantes que mientras espera a su padre, un poco atrasado para buscarlo, dijera solamente: «El hombre está solo en el universo».

Por otra parte, es cierto que hay quienes desean sinceramente obtener más poder a fin de hacer el bien, pero sólo unas pocas personas son lo bastante buenas para ser poderosas. Pero el ambicionar poder y fama priva del oxígeno espiritual a algunos haciendo que pierdan toda sensibilidad (Efesios 4:19; 1 Nefi 17:45; Moroni 9:20). Singularmente, aunque insensibilizados, hay quienes todavía son capaces de escuchar el sonido de una cámara de televisión a cien metros de distancia. La confusa agitación de las envidiadas posiciones de poder terrenales nos recuerda el juego de las sillas y la música.

En realidad, el discipulado puede alejarnos de los honores del mundo. Como dijo Balac a Balaam, «yo te dije que te honraría, mas he aquí que Jehová te ha privado de honra» (Números 24:11). Las pinturas de la celebridad se borronean con gran facilidad, de todos modos. Nos aflige contemplar a aquellos que tuvieron una vez los halagos del mundo, como Judas, y luego ven que se aprovechan de ellos, los desprecian y los desechan (D. y C. 121:20). No obstante, si algunos de ellos están listos, es preciso que hasta les levantemos sus manos caídas (Hebreos 12:12; D. y C. 81:5).

Aun cuando reconocemos el beneficio de las alabanzas merecidas, no debemos olvidar las palabras de Jesús sobre los que reciben honores terrenales: «. . .ya tienen su recompensa» (Mateo 6:2, 5).

Hermanos y hermanas, hay una razón fundamental para todo lo que es efímero: los que confieren las cosas transitorias del mundo están, ellos mismos, en tránsito; ¡no pueden conferir lo que es duradero porque no lo poseen! Algunos, percibiéndolo pero viendo tan poco, quieren tenerlo todo ahora.

Las lamentables situaciones mencionadas nos conducen a varias sugerencias específicas: Seguir leyendo

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El desafío de lo que debemos llegar a ser

Conferencia General Octubre 2000
El desafío de lo que debemos llegar a ser
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

«A diferencia de las instituciones del mundo, que nos enseñan a saber algo, el Evangelio de Jesucristo nos desafía a llegar a ser algo».

El apóstol Pablo enseñó que se nos han dado las enseñanzas y los maestros del Señor para que todos podamos alcanzar «la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13). Ese proceso implica más que la adquisición de conocimiento. No es siquiera suficiente para nosotros estar convencidos de la veracidad del Evangelio; debemos actuar y pensar a fin de ser convertidos por medio de él. A diferencia de las instituciones del mundo, que nos enseñan a saber algo, el Evangelio de Jesucristo nos desafía a llegar a ser algo.

Muchos pasajes de la Biblia y de las Escrituras modernas hablan de un juicio final en el que todas las personas serán recompensadas según sus hechos u obras y los deseos de sus corazones. Pero otros pasajes se extienden sobre el tema aludiendo a que seremos juzgados según la condición que hayamos logrado.

El profeta Nefi describe el juicio final en términos de lo que hemos llegado a ser: «Y si sus obras han sido inmundicia, por fuerza ellos son inmundos; y si son inmundos, por fuerza ellos no pueden morar en el reino de Dios» (1 Nefi 15:33, cursiva agregada). Moroni declara: «El que es impuro continuará siendo impuro; y el que es justo continuará siendo justo» (Mormón 9:14, cursiva agregada; véase también Apocalipsis 22:11:12, 2 Nefi. 9:16; D. y C. 88:35). Lo mismo ocurriría con «egoísta», o «desobediente» o cualquier atributo personal contrario a los requisitos de Dios. Refiriéndose al «estado» de los malvados en el juicio final, Alma explica que si somos condenados debido a nuestras palabras, nuestras obras y nuestros pensamientos, «no nos hallaremos sin mancha. . . Y en esta terrible condición no nos atreveremos a mirar a nuestro Dios» (Alma 12:14).

De tales enseñanzas concluimos que el juicio final no es simplemente una evaluación de la suma total de las obras buenas y malas, o sea, lo que hemos hecho. Es un reconocimiento del efecto final que tienen nuestros hechos y pensamientos, o sea, lo que hemos llegado a ser. No es suficiente que cualquiera tan sólo actúe mecánicamente. Los mandamientos, las ordenanzas y los convenios del Evangelio no son una lista de depósitos que tenemos que hacer en alguna cuenta celestial. El Evangelio de Jesucristo es un plan que nos muestra cómo llegar a ser lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser.

Una parábola ilustra ese concepto. Un padre rico sabía que si le heredaba sus riquezas a un hijo, que aún no había adquirido la sabiduría y la madurez necesarias probablemente derrocharía la herencia. El padre dijo a su hijo:

«Deseo darte todo lo que poseo, no sólo mis riquezas, sino también mi posición y reputación ante los hombres. Lo que tengo te lo puedo dar, pero lo que soy lo debes obtener por ti mismo. Serás merecedor de tu herencia cuando aprendas lo que yo he aprendido y vivas como yo he vivido. Te daré las leyes y los principios mediante los cuales he adquirido mi sabiduría y mi éxito. Sigue mi ejemplo, buscando conocimiento como yo lo he buscado y llegarás a ser como yo soy; y todo lo que poseo será tuyo».

Esta parábola es similar al modelo celestial. El Evangelio de Jesucristo promete la incomparable herencia de la vida eterna, la plenitud del Padre, y revela las leyes y los principios mediante los cuales se pueden obtener. Seguir leyendo

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En busca del Espíritu de Dios

Conferencia General Octubre 2000
En busca del Espíritu de Dios
Élder Douglas L. Callister
De los Setenta

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«Al familiarizarnos más con el Santo Espíritu, nuestra vida se hace más refinada. Lo impuro y lo vano no nos llama la atención».

En Italia hay una escultura majestuosa de Moisés que tiene una rajadura en una de las rodillas. Un guía turístico podría decir que Miguel Ángel, al ver la obra de arte, arrojó un cincel a la escultura y exclamó con desdén: «¿Por qué no habla?».

A diferencia de la piedra inanimada, la verdadera Iglesia de Jesucristo está llena de vida. La voz, el Espíritu, y el poder de Dios se encuentran en nuestros servicios de adoración, o doquiera se administren las ordenanzas del Santo Sacerdocio.

Elías el Profeta dijo a Eliseo: «Pide lo que quieras que haga por ti». Eliseo dijo: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí» 1. No pudo haber pedido nada que fuera de más valor.

El Élder Joseph Fielding Smith ha escrito: «El Espíritu de Dios al hablar al espíritu del hombre tiene poder para impartir la verdad. . . A través del Espíritu Santo la verdad se entrelaza en cada fibra y en cada nervio del cuerpo con objeto de no ser olvidado 2».

Por medio de nuestra confirmación como miembros de la Iglesia se nos abre la puerta para buscar esa investidura celestial; ésa debe ser una búsqueda urgente y de toda la vida.

Al familiarizarnos más con el Santo Espíritu, nuestra vida se hace más refinada. Lo impuro y lo vano no nos llama la atención. El desarrollo de la espiritualidad es lo que nos separa del mundo secular.

Un hombre al que le importan las cosas espirituales observa la belleza del mundo que le rodea. Al organizar la tierra, el Señor vio que «era buena», cosa que repitió varias veces 3. A nuestro Padre Celestial le place cuando nosotros también hacemos una pausa para admirar la belleza de nuestro medio ambiente, lo que haremos de manera natural al volvernos más espiritualmente sensibles. El ser conscientes de la música grandiosa, de la literatura y del arte sublime, es a menudo el producto natural de la madurez espiritual. En una alusión poética a la manifestación visible que tuvo Moisés de la divinidad y de la zarza ardiente, Elizabeth Barrett Browning escribió: «La tierra está repleta de las cosas del cielo, y toda zarza común arde con el conocimiento de Dios; pero sólo el que ve se quita el calzado de sus pies» 4.

Al procurar el Espíritu, nuestra lectura de las Escrituras se vuelve más reflexiva; volvemos a descubrir la virtud de la lectura lenta. Leemos más en voz alta, como se supone que se deben leer las Escrituras. Brigham Young dijo: «Todo lo que tengo que hacer es conservar mi espíritu, mis sentimientos y mi conciencia como si fuera una hoja de papel en blanco y dejar que el Espíritu y el poder de Dios escriban en ella lo que les plazca. Cuando él escriba yo leeré; pero si leo antes de que él escriba, es muy probable que me equivoque. 5

Como una evidencia de mayor espiritualidad, nos volvemos más selectivos en lo que leemos. J. Reuben Clark dijo: «La regla por la que hoy me rijo es ésta: no leer nada que no valga la pena recordar» 6. Thomas Jefferson siempre leía algo ennoblecedor antes de irse a dormir «a fin de cavilar en ello» durante los intervalos de sueño 7. Seguir leyendo

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Uno por uno

Conferencia General Octubre 2000
Uno por uno
Élder Ronald A. Rasband
De los Setenta

Ronald A. Rasband

«Aceptemos la cálida invitación del Salvador de venir a él, uno por uno, y de perfeccionarnos en él».

Mis queridos hermanos y hermanas, considero un gran privilegio y honor estar ante ustedes en este púlpito. Ruego por las bendiciones del Santo Espíritu para que lo que diga se sume a los sentimientos espirituales que todos experimentamos en la época de conferencia.

Sería muy desgradecido si no aprovechara la oportunidad para agradecer sinceramente al Señor mi llamamiento como Setenta. Deseo también agradecer a nuestro querido profeta, el presidente Hinckley, y a las demás Autoridades de la Iglesia la confianza que me tienen. Me comprometo ante ellos y ante todos ustedes a poner mi mejor esfuerzo en los años de servicio que me esperan.

Tras muchas horas de reflexión, mis pensamientos me han llevado hacia mis antepasados pioneros con profundo agradecimiento. Mis ocho bisabuelos ingresaron a la Iglesia entre los primeros conversos. Seis de los ocho inmigraron a los Estados Unidos desde Europa, lugar donde sirvo en la actualidad. Siento un profundo amor y cercanía hacia los santos europeos y me comprometo a hacer todo lo que sea posible para fortalecer a la Iglesia y edificar el reino de Dios allá, o dondequiera que se me asigne.

Expreso mi amor y gratitud a mi querida compañera eterna y a mi familia selecta por su devoción, apoyo y amor. Hago llegar mi amor a nuestros amigos y a los queridos misioneros con quienes servimos recientemente en la Misión Nueva York, Nueva York Norte. Una de las grandes bendiciones de mi vida es la de tener preciados amigos y compañeros de trabajo; ha sido un privilegio conocerlos y aprender de ellos.

A través de mi vida, he llegado a saber por experiencia propia que nuestro Padre Celestial escucha y contesta nuestras oraciones personales. Sé que Jesús es el Cristo viviente y que conoce a cada uno de nosotros en forma individual, o como lo expresan las Escrituras: «uno por uno».

El mismo Señor enseñó en forma compasiva esta convicción sagrada cuando se apareció al pueblo de Nefi. Lo leemos en 3 Nefi, capítulo 11, versículo 15:

«Y aconteció que los de la multitud se adelantaron y metieron las manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado. . .» (cursiva agregada).

Como otro ejemplo de la naturaleza del «uno por uno» del ministerio del Salvador, leemos en 3 Nefi capítulo 17, versículo 9: Seguir leyendo

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El cultivar tradiciones rectas

Conferencia General Octubre 2000
El cultivar tradiciones rectas
Élder Donald L. Hallstrom
De los Setenta

Donald L. Hallstrom

«Las tradiciones edificantes. . . aquellas que fomentan el amor por Dios, la unidad en la familia y entre las demás personas son de especial importancia».

Siempre estaré agradecido por haber nacido y haber sido criado en Hawai, tierra que forma parte de lo que las Escrituras llaman «las islas del mar». La llaman también un «crisol de culturas diversas», y otros, con más exactitud, dicen que esas islas son como un «guiso delicioso» en el que todas las culturas mantienen su propia identidad pero que se unen para formar una sociedad armoniosa de la que todos pueden disfrutar. El haber prestado servicio misional en Inglaterra, haber pasado mucho tiempo en Estados Unidos continental y ahora vivir y prestar servicio en Asia, ha hecho que desde hace mucho tenga interés en la cultura y en las tradiciones, y en la forma en que éstas influyen en nuestro aspecto, en nuestros pensamientos y en nuestros hechos. El diccionario define la cultura como el «conjunto de modos de vida y costumbres. . . grado de desarrollo artístico, científico e industrial, [de un] grupo social» (Diccionario de la Real Academia Española). Las tradiciones –hábitos de conducta trasmitidos de generación en generación– son parte inherente de una cultura. Nuestra cultura y sus tradiciones sirven para establecer nuestro sentido de identidad y satisfacen la necesidad humana de pertenecer a algo.

En cuanto a las tradiciones que complementan el Evangelio de Jesucristo, Pablo amonestó a los tesalonicenses: «Así que. . . estad firmes, y retened la doctrina [tradición] que habéis aprendido» (2 Tesalonicenses 2:15). En la Iglesia tenemos magníficas tradiciones que nos recuerdan la fortaleza y el sacrificio de nuestros antepasados e inspiran nuestros hechos. Entre ellas están la laboriosidad, la frugalidad y una dedicación plena a una causa justa. Otras están basadas en una doctrina y en normas que podrían parecer extrañas para el mundo, pero que concuerdan con las pautas de Dios. Entre ellas se encuentran una conducta casta, modestia en el vestir, evitar el lenguaje vulgar, guardar el día de reposo, cumplir con la Palabra de Sabiduría y el pago de los diezmos.

Aun en la cultura étnica, hay muchas tradiciones que pueden reafirmar las normas y los principios del Evangelio. Por ejemplo, los antiguos hawaianos tenían una costumbre, el espíritu de la cual se manifiesta todavía entre muchos isleños. Cuando se saludaba a una persona, uno se acercaba cara a cara y decía «ha» sobre su rostro, expulsando el aliento para que la otra persona lo pudiera sentir. La traducción literal de «ha» es «el aliento de vida». Era una forma de dar de sí y de demostrar un profundo sentimiento de hermandad y afecto por el prójimo. Cuando los extranjeros llegaron por primera vez a Hawai, no demostraron ese mismo respeto por los demás y fueron llamados «haole» por los nativos, palabra que significa «sin ha». Seguir leyendo

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El camino hacia la paz y el gozo

Conferencia General Octubre 2000
El camino hacia la paz y el gozo
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott

«¿Estás aprovechando plenamente del poder redentor del arrepentimiento en tu vida, con el fin de tener mayor paz y gozo?»

Existe un aspecto esencial del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial que con frecuencia se pasa por alto, aun cuando invariablemente otorga paz y gozo. El Salvador dio Su vida para que ese aspecto esencial se utilizara para bendecir a todos los hijos del Padre Celestial. Ese tema comúnmente se interpreta mal y a menudo se le teme. Algunos piensan que deben emplearlo sólo quienes han cometido graves transgresiones; sin embargo, el Señor desea que cada uno de Sus hijos lo utilice constantemente. Él ha mandado una y otra vez a Sus profetas y líderes a proclamarlo y a hablar casi exclusivamente de ello 1 . Me refiero a la bendición del arrepentimiento verdadero, sincero y continuo, que es el camino a la paz y el gozo. Es la senda que lleva al poder reformador del Señor y, cuando se comprende y se utiliza, es un amigo querido y preciado.

El arrepentimiento no es optativo. Un ángel mandó a Adán: «. . .te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás» 2. A cada uno de nosotros se nos ha mandado arrepentirnos e invocar a Dios en forma continua a lo largo de la vida. Esa pauta permite que cada día sea una página impecable en el libro de la vida, una nueva y flamante oportunidad. Se nos ha dado el privilegio renovador de superar los errores de comisión y de omisión, sean pequeños o sumamente graves. Un arrepentimiento completo da como resultado el perdón acompañado de una renovación espiritual. En cualquier momento de la vida, se puede sentir la limpieza, la pureza y la frescura que acompañan a un sincero arrepentimiento.

El Señor ha dejado muy en claro que es un requisito: «. . .te mando que te arrepientas y guardes los mandamientos. . . no sea que te humille con mi omnipotencia. . .» 3.

De igual forma, Jacob lo enseñó con diáfana claridad:

«[El Santo de Israel] viene al mundo para salvar a todos los hombres, si éstos escuchan su voz. . .

«Y él manda a todos los hombres que se arrepientan y se bauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel, o no pueden ser salvos en el reino de Dios» 4.

¿Por qué nos mandan arrepentirnos nuestro Padre y Su Hijo? Porque nos aman. Ellos saben que todos violaremos leyes eternas. Ya sea pequeña o grande, la justicia requiere que se satisfaga toda ley quebrantada para conservar la promesa de gozo en esta vida y el privilegio de regresar con nuestro Padre Celestial. Si no se satisface, en el Día del Juicio la justicia hará que seamos desterrados de la presencia de Dios y quedemos bajo el control de Satanás 5 .

Nuestro Maestro y Su acto redentor es lo que hace posible que podamos evitar esa condenación. Eso se realiza por medio de la fe en Jesucristo, la obediencia a Sus mandamientos y la perseverancia hasta el fin con rectitud.

¿Estás aprovechando plenamente del poder redentor del arrepentimiento en tu vida, con el fin de tener mayor paz y gozo? La confusión y el desaliento muchas veces son señales de la necesidad de arrepentirse. A su vez, la falta de dirección espiritual que buscas en la vida podría ser el resultado de leyes quebrantadas. Si hubiera la necesidad, un arrepentimiento total pondrá tu vida en orden y resolverá todos los complicados dolores espirituales que provienen de la transgresión. Pero en esta vida no se pueden remediar algunas de las consecuencias físicas que los pecados graves traen como resultado. Sé prudente y vive siempre dentro de los límites de la rectitud que ha fijado el Señor. Seguir leyendo

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Un testimonio puro

Conferencia General Octubre 2000
Un testimonio puro
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

«Como un testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo, les prometo que si buscan al Señor, lo encontrarán. Pedid y recibiréis».

Una vez más nos reunimos en este maravilloso Centro de Conferencias y en muchos otros lugares alrededor del mundo. En esta conferencia hemos escuchado y aún escucharemos el testimonio de muchos siervos del Señor. Concerniente al testimonio, el salmista escribió: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel» 1.

Para los Santos de los Últimos Días, un testimonio es «la certeza de la realidad, de la verdad y de la bondad de Dios, de las enseñanzas y de la expiación de Jesucristo y del llamado divino de los profetas de los últimos días. . . Es conocimiento respaldado por la divina confirmación personal del Espíritu Santo» 2.

Las expresiones de un testimonio solemne siempre han sido importantes para los hijos de Dios sobre la tierra. Los testimonios individuales han fortalecido a esta Iglesia desde sus comienzos.

Una noche de abril de 1836, por ejemplo, el Élder Parley P. Pratt se retiró a sus aposentos temprano muy preocupado y acongojado. No sabía cómo iba a cumplir con sus obligaciones financieras. Su esposa había estado gravemente enferma y su anciana madre se había mudado a vivir con él. El año anterior, la casa que había estado construyendo había quedado reducida a cenizas después de un incendio.

Al estar en profunda meditación, alguien golpeó a la puerta; el Élder Heber C. Kimball entró y lleno del espíritu de profecía dijo al Élder Pratt que debería viajar a Toronto, Canadá, donde «encontraría gente preparada para la plenitud del Evangelio» y que «muchos serían llevados al conocimiento de la verdad» 3.

A pesar de sus preocupaciones, el Élder Pratt se dirigió a ese lugar. Al llegar a Toronto, al principio nadie parecía estar interesado en escuchar lo que él tenía que decir.

Entre los que conoció se hallaba John Taylor, quien había sido un ministro metodista. John recibió al Élder Pratt con cortesía, pero con reservas. John Taylor había escuchado rumores distorsionados acerca de un nueva secta, de su «biblia de oro» y relatos de ángeles que se habían aparecido a un joven «indocto criado en la zona rural de Nueva York» 4 .

John Taylor era un hombre sabio y había buscado la verdad toda su vida. Él escuchó lo que el Élder Pratt tenía que decir y, entre otras cosas, el extraño de Estados Unidos le prometió que cualquiera que investigara el Evangelio podría saber por sí mismo, a través de la influencia del Espíritu Santo, que era verdadero.

En un momento dado, John Taylor preguntó: «¿A qué se refiere con este Espíritu Santo?. . . [¿Dará] un conocimiento seguro de los principios en los que usted cree?».

El apóstol respondió: «Sí, y si no fuera así, entonces soy un impostor» 5.

Al escuchar eso, John Taylor aceptó el desafío, diciendo: «Si su religión es verdadera, la aceptaré sin importar cuáles sean las consecuencias; y, si es falsa, lo pondré al descubierto» 6.

No sólo aceptó el desafío, sino que «recibió ese Espíritu por medio de la obediencia al Evangelio» 7. Pronto supo por sí mismo lo que desde entonces millones han sabido: que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado sobre la tierra. Seguir leyendo

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Sean un eslabón fuerte

Conferencia General Octubre 2000
Sean un eslabón fuerte
Élder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight

«A medida que se me debilita la vista, pienso que de alguna forma mi visión mejora: mi visión del largo sendero, mi visión de lo que yace adelante».

Cuando el presidente Gordon B. Hinckley anunció que yo sería el último orador, estoy seguro de que se preguntaba si podría yo llegar hasta el púlpito. Él sabe que acabo de cumplir 94 años, por lo que me encuentro en el 95 de mi existencia, y de ahí sus dudas.

Él sabe también que mi vista no es muy buena, pero a medida que se me debilita la vista, pienso que de alguna forma mi visión mejora: mi visión del largo sendero, mi visión de lo que yace adelante. Y lo mismo sucede con todos ustedes esta mañana. Estoy seguro de que también dirán como yo, que ésta es una época maravillosa para estar vivos y ser miembros de esta Iglesia; lo extraordinario que significa tener la libertad que poseemos, la libertad de asamblea y de congregación religiosa.

Cuando Ruby y yo nos arrodillamos ante el altar del Templo de Salt Lake, el 4 de septiembre de 1930, con las manos unidas y mirándonos a los ojos, no teníamos idea de lo que yacía adelante. Éramos dos jóvenes; yo venía del campo, del sur de Idaho, y Ruby era del Condado de Sanpete, Utah. Tanto el padre de ella como el mío habían fallecido, pero teníamos dos madres viudas maravillosas que ese día nos acompañaron al templo. Al arrodillarnos y hacer convenios y promesas, yo supe que eso era en serio.

Ahora, después de estar casados durante 70 años, les puedo decir a todos que nuestro matrimonio está mejor que nunca, que con el correr de los años ha ido perfeccionándose cada vez más, con el cariño y la ternura, y la comprensión de las bendiciones eternas que nos esperan. De modo que a todos ustedes les diría, y, si Ruby pudiera estar junto a mí ahora también les diría lo mismo, que la vida puede ser maravillosa y sumamente significativa, pero debemos vivirla en forma sencilla. Debemos vivir los principios del Evangelio, ya que lo que de veras importa es tener el Evangelio en nuestra vida al andar por el camino de nuestra existencia.

Mientras criábamos a nuestros hijos, nos mudamos a varias partes del país y ellos asistieron a escuelas en las que eran los únicos miembros de la Iglesia de su clase. Lo hicimos muchas veces, pero eso los ayudó en su desarrollo y a adquirir entendimiento, a obtener sus propios testimonios, a ver el mundo en acción pero al mismo tiempo ver las bendiciones del Evangelio en nuestra vida.

El domingo pasado Ruby y yo asistimos a la reunión sacramental de un barrio de aquí, de la ciudad de Salt Lake. La reunión fue muy interesante ya que el barrio cuenta con gente de buena posición económica así como de personas que residen en casas establecidas para los recién salidos de la cárcel. Poco antes de la reunión de testimonios, una joven con una bebita en brazos se acercó al estrado donde se encontraba el obispo, para decirle que quería que la niña recibiera una bendición. El obispo bajó, tomó a la bebita y se le bendijo. Seguir leyendo

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El vivir mediante la guía de las Escrituras

Conferencia General Octubre 2000

El vivir mediante la guía de las Escrituras

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Todos necesitamos guía en la vida; la obtenemos mejor de los libros canónicos y de las enseñanzas de los profetas de Dios».

Hace poco, la hermana Nelson y yo nos encontrábamos en Dinamarca durante la conmemoración del 150 aniversario de la Iglesia en Escandinavia. Entre las reuniones, tomamos unas cuantas horas para buscar los pueblos donde habían nacido dos de los abuelos de mi padre, que se encontraban entre los primeros conversos de la Iglesia en Dinamarca. La familia de la abuela paterna de mi padre vivía en la parte oeste del país 1; la familia de su abuelo paterno vivía en el norte de Dinamarca 2 . Gracias a un buen conductor y a un mapa magnífico, encontramos cada pueblo y obtuvimos la preciada información. Durante todo el viaje, mis manos no soltaron ese valioso mapa que probó ser tan esencial para lograr nuestras metas.

En comparación, muchas personas van por la vida sin una buena guía, sin saber a dónde desean ir o cómo llegar a ese lugar, pero si se pone suma atención a un mapa de caminos para un viaje de un solo día, ¿no sería prudente también poner atención a una guía fidedigna en nuestra jornada por la vida? Es en cuanto a eso que quisiera hablar: de por qué necesitamos guía, dónde podemos obtenerla, y cómo podemos lograrla.

¿Por qué necesitamos guía?
La pregunta ¿Por qué?, pone énfasis en el propósito de la vida. El máximo objetivo de nuestra jornada terrenal lo reveló nuestro Creador cuando dijo: «Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios» 3.

Su don de vida eterna está sujeto a las condiciones que él estableció 4. Esas condiciones constituyen un plan, o, para utilizar mi analogía, un mapa espiritual. Y cuando surgen dificultades es cuando más se necesita esa guía. En nuestro viaje por Dinamarca, llegamos a una desviación inesperada que hizo que nos perdiéramos. Para volver al camino correcto, detuvimos el auto; estudiamos el mapa con detenimiento y luego hicimos la corrección necesaria.

¿Y qué sucede si andan perdidos y no tienen un mapa? Supongan que se encuentran solos y no saben dónde están. ¿Qué pueden hacer? ¡Piden ayuda! ¡Llaman a casa! ¡Llaman a la Iglesia! ¡Oran! Una vez que reciben alguna clase de ayuda, se dan cuenta de que tienen que subir por allí o dar vuelta por allá para volver al camino correcto. O tal vez tengan que volver al principio a fin de asegurarse de que pueden llegar a donde desean ir.

Dónde podemos obtener guía
Eso nos lleva a preguntarnos ¿dónde podemos obtener la guía que necesitamos? Acudimos a Aquel que nos conoce mejor: nuestro Creador. Él nos permitió venir a la tierra con la libertad de elegir nuestro propio camino. En Su gran amor, él no nos dejó solos. Él nos proporcionó una guía –un mapa espiritual– para ayudarnos a lograr éxito en la jornada. Esa guía la conocemos como los libros canónicos, así llamados porque ellos –la Santa Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio– constituyen la norma mediante la cual debemos vivir; nos sirven como una norma de referencia, al igual que las normas de tiempo, pesos y medidas que se conservan en las agencias gubernamentales encargadas de esos asuntos.

Para lograr nuestro objetivo de la vida eterna, debemos seguir las enseñanzas de los libros canónicos y otras revelaciones recibidas de los profetas de Dios 5. Nuestro amoroso Señor previó la necesidad que tendríamos de recibir dirección. Él dijo: «Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la exaltación y continuación de las vidas, y pocos son los que la hallan» 6.

Pocos son los que encuentran el camino porque pasan por alto el divino mapa que nos ha dado el Señor. Y un error aún más serio es el no hacer caso al Hacedor del mapa. Dios declaró en el primero de Sus Diez Mandamientos: «No tendrás dioses ajenos delante de mí» 7. No obstante, el hombre carnal se inclina a dejar que su lealtad se vuelva hacia los ídolos.

Por ejemplo, nos parece increíble que las computadoras, así como Internet transmitan datos con sorprendente rapidez. De verdad estamos agradecidos por estas ayudas electrónicas, pero si permitimos que se adueñen de nuestro tiempo, perviertan nuestro potencial o envenenen nuestras mentes con pornografía, dejan de ser ayudas y en vez de ello se convierten en dioses falsos.

El Maestro nos advirtió de aquellos que «no buscan al Señor para establecer su justicia, antes todo hombre anda por su propio camino, y en pos de la imagen de su propio dios, cuya imagen es a semejanza del mundo y cuya substancia es la de un ídolo» 8.

Los dioses falsos únicamente llevan a caminos sin salida. Si nuestra jornada por la vida ha de tener éxito, debemos seguir la dirección divina. El Señor dijo: «Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis» 9 . Y el salmista escribió: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» 10. Seguir leyendo

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El regocijo del ser mujer

Conferencia General Octubre 2000
El regocijo del ser mujer
Margaret D. Nadauld
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Margaret D. Nadauld

«Las hijas de Dios saben que es la naturaleza de la mujer la que puede proporcionar bendiciones eternas, y por ello viven para cultivar este atributo divino».

Es una bendición extraordinaria ser hija de Dios hoy en día. Tenemos la plenitud del Evangelio de Jesucristo. Contamos con la bendición de tener el sacerdocio restaurado en la tierra. Somos guiados por un profeta de Dios que posee todas las llaves del sacerdocio. Amo y honro al presidente Gordon B. Hinckley y a todos nuestros hermanos que poseen el sacerdocio y son dignos de él.

Me siento inspirada por la vida de las mujeres buenas y fieles. Desde el principio del tiempo, el Señor ha depositado una considerable confianza en ellas. Nos ha enviado a la tierra en una época como esta para efectuar una gran y maravillosa misión. Doctrina y Convenios enseña: «Aun antes de nacer, ellos, con muchos otros, recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparados para venir en el debido tiempo del Señor a obrar en su viña en bien de la salvación de las almas de los hombres» (D. y C. 138:56). ¡Qué magnífica visión nos da ese pasaje con respecto a nuestro propósito en la tierra!

A quien mucho se da mucho se requiere. Nuestro Padre Celestial nos pide a Sus hijas que seamos virtuosas, que vivamos con rectitud a fin de que cumplamos la misión de nuestra vida, así como Sus propósitos. Él desea que salgamos adelante con éxito y sí nos amparará si buscamos Su ayuda.

El que las mujeres hayamos nacido como tales en esta tierra se determinó largo tiempo antes del nacimiento terrenal, como lo fueron las diferencias divinas que hay entre hombre y mujer. Me deleito en la claridad de las enseñanzas de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce que se exponen en la Proclamación sobre la Familia. Allí dicen: «El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna» 1 . En esa declaración se nos enseña que toda niña era mujer y femenina mucho antes de su nacimiento mortal.

Dios envió a las mujeres a la tierra con algunas cualidades extraordinarias. Al dirigirse a las mujeres jóvenes, el presidente Faust dijo que la femineidad «es el adorno divino del género humano, que se expresa en. . . su capacidad para amar, su espiritualidad, delicadeza, resplandor, sensibilidad, creatividad, encanto, refinamiento, ternura, dignidad y serena fuerza. Se manifiesta en forma diferente en cada jovencita o mujer, pero todas. . . la poseen. La femineidad es parte de su belleza interior» 2.

Nuestro aspecto exterior es un reflejo de lo que somos interiormente. Nuestras vidas reflejan aquello que buscamos. Y si de todo corazón buscamos en verdad conocer al Salvador y ser más semejantes a como él es, lo lograremos, porque él es nuestro divino y eterno Hermano. Pero él es más que eso: él es nuestro amado Salvador, nuestro querido Redentor. Junto con Alma de antaño, preguntamos: «¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros?» (Alma 5:14).

Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios por su aspecto externo. Estas mujeres comprenden la mayordomía que tienen sobre su cuerpo y lo tratan con decoro; lo cuidan como cuidarían un santo templo porque entienden la enseñanza del Señor: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Corintios 3:16). Las mujeres que aman a Dios nunca abusarían ni desfigurarían un templo con graffiti, ni abrirían de par en par las puertas de ese santo y dedicado edificio para invitar al mundo a mirarlo. Cuánto más sagrado que un templo es el cuerpo, puesto que no ha sido hecho por el hombre, sino que fue hecho por Dios. Nosotras somos las mayordomas, las guardas de la pureza con la que [nuestro cuerpo] vino del cielo. «Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es» (1Corintios 3:17).

Las agradecidas hijas de Dios cuidan su cuerpo con esmero, puesto que saben que son la fuente de la vida y reverencian la vida; no descubren su cuerpo para congraciarse con el mundo, sino que son recatadas para recibir la aprobación de su Padre Celestial, porque saben que él las ama profundamente.

Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios por su actitud; ellas saben que las tareas de los ángeles se han dado a la mujer y desean ser parte de la tarea de Dios de amar a Sus hijos y de ministrarles; de enseñarles las doctrinas de la salvación; de llamarlos al arrepentimiento; de salvarlos espiritualmente; de guiarlos en el desempeño de la obra de Dios; de dar a conocer los mensajes de él 3 . Ellas comprenden que pueden ser una bendición para los hijos de su Padre Celestial en los hogares y en los vecindarios de ellos, y más allá de éstos. Las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios glorifican el nombre de él.

Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios por sus aptitudes. Cumplen su potencial eterno y magnifican sus dones divinos. Son mujeres competentes y firmes que hacen bien a las familias, sirven al prójimo y entienden que «la gloria de Dios es la inteligencia» (D. y C. 93:36). Son mujeres que abrazan las virtudes eternas para ser todo lo que nuestro Padre Celestial necesita que sean. El profeta Jacob habló de algunas de esas virtudes cuando dijo que «son de sentimientos sumamente tiernos, castos y delicados ante Dios, cosa que agrada a Dios» (Jacob 2:7).

Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios mediante su reverencia por la maternidad, aun cuando esta bendición les haya sido denegada temporalmente. En estas circunstancias, su recta influencia puede ser una bendición en la vida de los hijos a quienes aman. Su enseñanza ejemplar hace eco en la voz de un hogar fiel y hace resonar la verdad en el corazón de unos hijos que necesitan de otro testigo. Seguir leyendo

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