Mantengan una perspectiva eterna

Conferencia General Abril 2000
Mantengan una perspectiva eterna
Élder Jay E. Jensen
De los Setenta

Jay E. Jensen

“Si ayudamos primero a la gente a comprender el plan, entonces ellos tendrán una motivación más profunda y permanente para guardar los mandamientos”.

Las palabras no pueden describir el sentimiento de ineptitud vinculado con este santo llamamiento, sobre todo la responsabilidad de ser un testigo especial de Jesucristo en todo el mundo (véase D. y C. 107:25). Ruego tener su fe y sus oraciones.

Un principio del cual quiero hablar proviene de Alma: “por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos” (Alma 12:32).

La secuencia del proceso de enseñanza de este versículo es que nuestro Padre Celestial enseñó primeramente a Adán y a Eva el plan de redención y después les dio mandamientos. Todos los mandamientos tienen su importancia eterna en el contexto del gran plan de felicidad (véase Alma 42:8; 34:9).

Sé que esta verdad es la clave para la conversión, la retención y la activación. Si ayudamos primero a la gente a comprender el plan, entonces ellos tendrán una motivación más profunda y permanente para guardar los mandamientos.

Otra forma de decir lo que Alma enseñó provino de una experiencia que compartió una Autoridad General. Contó que había hablado con una hermana conocida de él en la Iglesia, quien algunos años antes se había divorciado. Ella se le acercó para agradecerle el consejo que le había dado durante sus horas más amargas; le recordó lo que él le había dicho: “Hermana, no vaya a perder su perspectiva eterna. Mantenga siempre una perspectiva eterna”.Ella dijo que esa verdad se había convertido en su fuente de fortaleza.

Cuando comprendemos el gran plan de felicidad, obtenemos una perspectiva eterna y los mandamientos, las ordenanzas, los convenios, y las experiencias, las pruebas y las tribulaciones se pueden apreciar bajo su luz verdadera y eterna.

Sin embargo, recuerden que Satanás disminuirá el resplandor de la esperanza y de la perspectiva eterna por medio de las obscuras e imperiosas exigencias del momento. Ese es el caso de aquellos que se mencionan en el Libro de Mormón que “se habían apartado del camino” (Helamán 6:31) y actuaron “por sí mismos” (3 Nefi 1:29).

Lamán y Lemuel se apartaron del camino y se quejaron por sus padecimientos al no tener consigo sus posesiones, con las cuales, según ellos, hubieran “podido ser dichosos” (1 Nefi 17:21). Sucedió lo mismo con el hijo pródigo. Ansioso por recibir su herencia terrenal, le dijo a su padre: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”.se los llevó, pero luego los “desperdició. . . viviendo perdidamente” (Lucas 15:12–13). Seguir leyendo

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Un templo para África Occidental

Conferencia General Abril 2000
Un templo para África Occidental
Élder Glenn L. Pace
De los Setenta

Glenn L. Pace

“Qué gran inspiración ha sido el ver la mano del Señor reunir las fuerzas que llevarán indefectiblemente a la victoria; habrá un templo en África Occidental”.

Hace varios años asistí a un partido de fútbol americano en la Universidad Brigham Young con algunos de nuestros hijos más pequeños. Perdimos el partido; ¡me fastidia tanto cuando eso sucede! Durante el camino de regreso a casa hasta Bountiful, escuchamos por la radio los comentarios de los entrenadores; una vez que se terminó el programa, a mis hijos no les quedó más remedio que escuchar mis propios comentarios acerca del partido. Apenas había terminado de analizar los problemas que había habido en el juego, mi hija de siete años me preguntó: “Papá, cuando miras el templo, ¿sientes algo lindo dentro de ti?”.Mientras me preguntaba qué tenía que ver ese comentario con el partido de fútbol, le eché una mirada y me di cuenta de que ella estaba mirando el Templo de Salt Lake a través de la ventanilla. Por alguna razón, el partido dejó de tener importancia.

Toda mi vida se ha visto enriquecida por experiencias relacionadas con el templo. Nuestros padres nos llevaban a menudo a la Manzana del Templo, en Salt Lake City; nos señalaban el templo y nos decían que ellos se habían casado allí y que por ese motivo nuestra familia estaría siempre junta. ¡Qué gran consuelo para un niño pequeño, cuyo temor más grande era que sus padres pudieran morir! Y ahora, ¡qué gran consuelo le ofrece a un hombre ya mayor cuyos padres ya están en el otro lado del velo!

Cuando tenía diez años, a la sombra del Templo de Salt Lake, leí por primera vez la historia de José Smith y recibí un fuerte testimonio de la veracidad de la Restauración.

Recuerdo con gratitud cuando fui al templo con mis padres para recibir mis investiduras, poco antes de partir para la misión.

Tres años más tarde, mi esposa y yo contrajimos matrimonio en el Templo de Salt Lake. En años subsiguientes, he tenido el honor de efectuar el casamiento en el templo de cada uno de nuestros seis hijos.

Sé que muchos miembros de la Iglesia no han tenido el privilegio que yo he tenido de crecer cerca de un templo. Por esa razón todos recibimos con gran emoción el anuncio que hizo el presidente Hinckley en octubre de 1997, en el cual dijo: “Hemos tomado la resolución. . . de hacer llegar los templos a las personas y brindarles así todas las oportunidades de recibir las valiosísimas bendiciones que brinda la adoración en el templo” (Liahona, enero de 1998, pág. 58).

Desde esa época, nos hemos alegrado y maravillado al escuchar el anuncio de la construcción de numerosos templos, y más tarde al leer acerca del programa de puertas abiertas y de la dedicación de los mismos. Somos testigos de un milagro de los últimos días y del cumplimiento de una profecía. ¡Qué maravilloso es vivir en esta época!

No todos comparten nuestro entusiasmo acerca de la construcción de templos. El adversario en particular está sumamente furioso al ver que su poder peligra.

Durante los últimos dos años, he sido testigo personal de su gira en África Occidental. Él ha estado sumamente ocupado tratando de impedir que se edifique un templo en esa parte del mundo. Dos años atrás, el presidente Hinckley anunció que habría un templo en África Occidental, ubicado en Accra, Ghana. Desde ese entonces, el adversario ha tratado constantemente de impedir que eso suceda. ¿Por qué está Lucifer tan preocupado? Seguir leyendo

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Daréis oído a todas sus palabras

Conferencia General Abril 2000
“Daréis oído a todas sus palabras”
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

 “La continua expansión de la tecnología tan sólo nos traerá el mensaje. . . [Pero] el desafío que cada persona y cada familia tiene. . . [es el] de poner en práctica los mensajes del Evangelio”.

Hermanos Ted E. Davis, Donald D. Salmon y Frank M. McCord: como miembro de la Iglesia, quisiera agradecerles personalmente las muchas horas, días y años que han dedicado para asegurarme que todo en la Iglesia, desde el punto de vista financiero, está en el debido orden. Estoy seguro que también se lo agradecen profundamente casi once millones de miembros de la Iglesia. Muchas gracias.

Durante los dos últimos años, hemos observado con gran expectativa la construcción de este hermoso centro de conferencias. Ahora nos encontramos disfrutando esta conferencia general histórica con muchos miles más que están presentes para escuchar la voz de los profetas. Con toda seguridad, éste es el comienzo de una nueva era en la historia de la Iglesia; una era de alcance e influencia mayores y más profundos; una era de mayor desarrollo e impacto.

Antes de tener la última reunión del año de la Primera Presidencia y de los Doce, el presidente Hinckley, consciente de los cambios que estaban a punto de llevarse a cabo, propuso que fuésemos al templo en ayuno y que termináramos nuestro año, el siglo y el milenio, con una reunión de ayuno y testimonios. Y para no desmerecer el espíritu de testimonio, nos pidió que dejáramos de lado cualquier asunto de negocios en esa reunión especial y los tratáramos el año siguiente.

La reunión fue un festín espiritual colmado de atestiguaciones y testimonios sobre nuestro Señor y Salvador. Después de participar de la Santa Cena, cada uno de los miembros de los Doce se puso de pie y expresó su testimonio con respecto a la misión de Jesús, el Cristo, el Salvador del mundo. Los tres últimos testimonios fueron ofrecidos por los miembros de la Primera Presidencia, de los cuales el último fue el del presidente Hinckley. Fue una ocasión llena de sobriedad, pero a la vez de gozo, al fortalecernos unos a otros con firmes testimonios.

El presidente Hinckley agregó a su poderoso y emotivo testimonio una lista de asuntos que le preocupan para el futuro. Una de esas preocupaciones en particular se me quedó grabada en la mente. Su inquietud era que con el gran crecimiento de la Iglesia a través del mundo, sería cada vez más difícil que los apóstoles pudiesen visitar a todos los miembros de la Iglesia y exhortarles en forma personal a vivir el Evangelio. Por tanto, en el futuro sería necesario depender más en la tecnología para llevar el mensaje del Evangelio a la Iglesia mundial.

Al revisar la historia sagrada que se encuentra en las Escrituras, encontramos acontecimientos similares cuando un profeta de Dios ve cambios de importancia en el horizonte. Es interesante observar que cuando ocurren esos acontecimientos críticos, se da una grande e inspirada atención tanto al mensaje profético como a la forma en que se da a conocer, o sea, a la tecnología que se usa para llevar el mensaje del Evangelio.

Recuerdo el gran sermón que el rey Benjamín pronunció a su pueblo, que se encuentra en los primeros capítulos del libro de Mosíah. Este rey justo había servido fielmente a su pueblo durante mucho tiempo y era el momento de entregar el liderazgo a su hijo. Antes de hacerlo, deseaba dejar a su pueblo su testimonio con respecto al Señor y Salvador. Primero deseaba instruir a sus hijos para que “llegaran a ser hombres de entendimiento; y que supiesen concerniente a las profecías que habían sido declaradas por boca de sus padres, las cuales les fueron entregadas por la mano del Señor” (Mosíah 1:2).

Y también los instruyó con respecto a los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce, diciendo:

“. . .Hijos míos, quisiera que recordaseis que si no fuera por estas planchas, que contienen estos anales y estos mandamientos, habríamos padecido en la ignorancia, aun ahora mismo, no conociendo los misterios de Dios” (Mosíah 1:3).

El mantener la doctrina pura era la mayor preocupación del rey Benjamín, por lo que deseaba que todo su pueblo recibiera su testimonio y su palabra. Mandó traer a Mosíah, su hijo y sucesor, y le dio instrucciones específicas con respecto a reunir a su pueblo para ésa, su última conferencia. Él dijo: Seguir leyendo

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Resurrección

Conferencia General Abril 2000
Resurrección
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

 “La resurrección es mucho más que reunir un espíritu a un cuerpo. . . La resurrección es la restauración que vuelve a reunir lo “carnal por carnal” y lo que es “bueno por lo que es bueno” (Alma 41:13)”.

El libro de Job hace la pregunta universal: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). La interrogante de la resurrección de la muerte es un tema central en las Escrituras antiguas y modernas. La Resurrección es un pilar de nuestra fe; da significado a nuestra doctrina, motivación a nuestro comportamiento y esperanza a nuestro futuro.

  1. LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

La resurrección universal se hizo realidad con la resurrección de Jesucristo (véase Mateo 27:52–53). Al tercer día, después de Su muerte y sepultura, Jesús salió de la tumba; se apareció a varios hombres y mujeres, y más tarde a los Apóstoles que estaban reunidos. Tres de los Evangelios describen ese acontecimiento, pero el de Lucas es el más completo:

“Jesús. . . les dijo: Paz a vosotros.
“Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.
“Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?
“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. . .
“Entonces les abrió el entendimiento. . .
“y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día (Lucas 24:36–39, 45–46).

El Salvador dio a los Apóstoles un segundo testigo. Tomás, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús, e insistió en que no creería a menos que viera y palpara por sí mismo. Juan escribe:

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

“Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
“Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
“Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:26–29).

A pesar de estos testimonios bíblicos, muchos que se llaman cristianos a sí mismos rechazan la realidad de la resurrección, o tienen serias dudas al respecto. Como si se anticipara y se respondiera a esas dudas, la Biblia registra muchas apariciones del Cristo resucitado. En algunas de ellas, Él se aparece a una persona en forma individual, como es el caso de María Magdalena ante el sepulcro. En otras, se aparece a grupos grandes y pequeños, como cuando “apareció a más de quinientos hermanos a la vez” (1 Corintios 15:6).

El Libro de Mormón, Otro testamento de Jesucristo, registra la experiencia de cientos de personas que vieron al Señor resucitado en persona y lo tocaron, palparon las marcas de los clavos en Sus manos y pies, y metieron las manos por Su costado. El Salvador invitó a una multitud a pasar por esta experiencia, “uno por uno” (3 Nefi 11:15) para que supieran que Él era “el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que [había] sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14).

Durante el curso de Su ministerio personal entre ese pueblo fiel, el Cristo resucitado sanó a los enfermos y también “tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo” (3 Nefi 17:21). Los testigos de este tierno episodio fueron en número unos dos mil quinientos hombres, mujeres y niños (véase 3 Nefi 17:25). Seguir leyendo

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El escudo de la fe

Conferencia General Abril 2000

El escudo de la fe

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

“Nunca antes en la historia del mundo ha sido mayor la necesidad de tener fe en Dios”.

Mis queridos hermanos y hermanas, hoy es un día histórico. Ésta es la primera conferencia general de este siglo y de este milenio, y la primera que se realiza en este nuevo y grandioso Centro de Conferencias de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me uno a todos ustedes para expresar admiración, respeto y agradecimiento por la visión de nuestro gran Profeta, el presidente Gordon B. Hinckley. Él tuvo la fe y el valor para poner en marcha esta construcción monumental.

Con lágrimas de tristeza, dejamos atrás nuestro amado Tabernáculo, el sitio tradicional de la conferencia general. Como ha dicho el presidente Hinckley: “Ya no cabemos en él”.Nos detenemos a rendir homenaje a la fe, visión e inspiración de Brigham Young y sus colegas, quienes con fe edificaron el Tabernáculo, cuya construcción es en verdad extraordinaria. He estado en el techo del Tabernáculo, en donde las primitivas ataduras de cuero sin curtir todavía sujetan las vigas de la estructura del tejado. Aunque las vigas han sido reforzadas con acero, el trabajo creativo de los fieles santos pioneros todavía existe como símbolo de su gran fe.

Creo que el futuro será grandioso y espléndido en muchos sentidos. Las oportunidades para la educación y el aprendizaje han aumentado y continuarán aumentando de un modo espectacular. Una persona lo definió así: “La educación equivale a saber leer la letra menuda de un contrato; la experiencia es lo que resulta si uno no la sabe leer” 1 . Tanto hoy como en el futuro, enormes cantidades de información se están haciendo más accesibles por todo el mundo a través de aparatos electrónicos que se usan en el hogar, en el trabajo y en la biblioteca local. No obstante, grandes serán los desafíos e infinitos los problemas ya que con ese aumento de conocimiento la vida se vuelve en realidad más complicada. Brigham Young dijo: “Se me reveló a mí al comienzo de esta Iglesia que ésta se extendería, prosperaría y progresaría; pero que el poder de Satanás también crecería en proporción con la difusión del Evangelio entre las naciones de la tierra” 2 .

Al entrar en una nueva era, tenemos sólo un camino seguro: el de seguir adelante con fe. La fe será el fuerte escudo que nos protegerá de los dardos de fuego de Satanás. Los valores no deben cambiar con el tiempo puesto que la fe en Jesucristo es indispensable para la felicidad y la salvación eterna. El siglo de mayor progreso en la ciencia y en la tecnología acaba de terminar. Sin embargo, prevalece en esta época la oscuridad, así como en el tiempo en que Jesucristo iba a ser crucificado. Aun así, como dijo el profeta José Smith: “. . .en este tiempo nos esperan grandes bendiciones, y dentro de poco se derramarán entre nosotros, si somos fieles en todas las cosas, porque tenemos el derecho de esperar mayores bendiciones espirituales que ellos, porque Cristo estuvo entre ellos en persona para instruirlos respecto del gran plan de salvación. Nosotros no gozamos de su presencia personal, por tanto, tenemos necesidad de mayor fe. . .” 3 . La fe es el primer principio del Evangelio de Jesucristo como lo expuso el profeta José Smith: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” 4 . Esta fe será el santuario de nuestras almas.

Nunca antes en la historia del mundo ha sido mayor la necesidad de tener fe en Dios. Si bien la ciencia y la tecnología abren la puerta a ilimitadas oportunidades, también presentan grandes peligros debido a que Satanás emplea esos prodigiosos descubrimientos para su beneficio. La red de comunicación que abarca todo el mundo está sobrecargada de información de la que nadie se hace responsable en lo que toca a su verdad o a su procedencia. El delito se ha vuelto mucho más “avanzado” y la vida más arriesgada. En la guerra, el matar se ha vuelto mucho más eficiente. Grandes desafíos yacen adelante a no ser que el poder de la fe, del buen criterio, del discernimiento, de la honradez, de la decencia, del autodominio y de la integridad aumente proporcionalmente para compensar esa expansión de conocimiento secular. Sin progreso moral, estimulado por la fe en Dios, la inmoralidad en todas sus formas proliferará y sofocará la virtud y la decencia humana. El género humano no podrá expresar plenamente la nobleza potencial del alma humana si no fortalece la fe en Dios.

En nuestra época, la creencia de que la ciencia y la tecnología pueden resolver todos los problemas de la humanidad se ha convertido en una teocracia. Me desesperaría si pensara que nuestra salvación eterna dependiese del conocimiento científico, técnico o secular separado de la rectitud y de la palabra de Dios. La palabra de Dios que han predicado Sus profetas a lo largo de los siglos no justifica ninguna otra conclusión. Muchos creen que las respuestas supremas a las preguntas de la vida yacen en los tubos de ensayo, en los laboratorios, en las ecuaciones y en los telescopios. Esa teocracia de la ciencia excluye la respuesta fundamental a la pregunta central: “¿Por qué?”.El conocer la causa y el efecto es fascinante, pero no explica por qué estamos aquí, de dónde venimos ni adónde vamos. Como dijo Albert Einstein: “Jamás creeré que Dios permite que los sucesos del mundo ocurran al azar” 5 . Seguir leyendo

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Vivir felices para siempre jamás

Conferencia General Abril 2000
Vivir felices para siempre jamás
Coleen K. Menlove
Presidenta General de la Primaria

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“El Salvador Jesucristo nos ha mostrado el camino a la felicidad y nos ha dicho todo lo que debemos hacer para ser felices”.

A los niños les encantan los cuentos. Cuando yo era niña, me atraían de inmediato los relatos que comenzaban con las palabras “Érase una vez”, y que solían terminar con “y fueron felices para siempre jamás”.Pienso que no sólo a los niños les atraen esas frases; todos anhelamos que el “érase una vez” de nuestra vida esté tan lleno de felicidad que sea el “ser felices para siempre jamás” de nuestras esperanzas y sueños.

Ahora estamos viviendo nuestro “érase una vez”, experimentando la probación mortal durante nuestro tiempo en la tierra. En nuestra existencia preterrenal “se regocija[ron] todos los hijos de Dios” (Job 38:7) cuando aceptamos el gran plan eterno de felicidad. Con alegría esperamos venir a la tierra a tener oportunidades de progresar espiritualmente. “Existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). La oportunidad yace aquí y ahora de obtener la felicidad que se extiende más allá de nuestra vida terrenal; sin embargo, debemos saber lo que es y dónde buscarla.

En el Libro de Mormón, Lehi explica a su hijo Jacob que la felicidad es el resultado de la obediencia. Le dice que las leyes eternas dan lugar o a castigos o a oportunidades de hallar la felicidad. Cuando desobedecemos las leyes de Dios, sufrimos los castigos, pero cuando [las] obedecemos, cosechamos la felicidad (véase 2 Nefi 2:10). Parte de lo que genera la felicidad es la ausencia de remordimiento, de culpa y de pecado.

El profeta José Smith enseñó: “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 312).

Una joven amiga, llamada Emily, descubrió eso por sí misma. Ella no tenía aún un testimonio del Evangelio y se preguntaba si debía permanecer activa en la Iglesia o intentar buscar la felicidad en otra parte. Al buscar respuestas, comenzó a fijarse en que entre las personas y las familias que la rodeaban, las más felices eran las que eran activas en la Iglesia. Después de descubrirlo, resolvió que aun cuando todavía no tenía un testimonio completo de la veracidad del Evangelio, deseaba formar parte de lo que ayudaba a las personas a ser tan felices. El Evangelio es “buenas nuevas”, y tal como lo descubrió Emily, las buenas nuevas son que el Evangelio nos puede hacer muy felices.

Pero tal vez piensen que aun dentro de la Iglesia hay personas que no son felices, y que personas que suelen ser felices tienen momentos de estrés, de preocupaciones, de desafíos y desánimo. Eso también forma parte del gran plan de felicidad. La vida terrenal es una etapa de prueba, lo cual significa que debe haber momentos de dolor y de incomodidad. Sin embargo, si confiamos con paciencia en el plan eterno, podremos experimentar felicidad a diario y tener la esperanza de ser “felices para siempre jamás”. Seguir leyendo

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Futuros líderes

Conferencia General Abril 2000
Futuros líderes
Élder Harold G. Hillam
De la Presidencia de los Setenta

Harold G. Hillam

“Ruego que ustedes, jóvenes, cultiven la reverencia hacia las cosas sagradas, el respeto por sus mayores y el deseo de guardar los mandamientos. Ruego que aprendan a conocer al Salvador”.

En la última conferencia general, hubo algo más bien insignificante que captó mi atención. ¡Una corbata! Mientras cantaba un coro de niños, una de las cámaras de televisión se detuvo en un niño del coro. Éste creyó haberse visto en el monitor de la televisión, pero parecía no estar totalmente seguro. Así que hizo esto: Al mover la corbata casi imperceptiblemente, lo supo: sí, ¡era él!

Ese simple acto trajo a mi mente un sinfín de pensamientos. Al volverme para mirar a aquellos niños y niñas, pensé: Estos niños representan a millones de niños y niñas como ellos en todo el mundo. ¿Cómo será esta gran Iglesia cuando ellos lleguen a la edad de los líderes aquí presentes y qué papel representarán en ese notable futuro? ¿Qué niños tendrán cargos en barrios y estacas? ¿Habrá entre ellos un futuro miembro de los Doce escuchando esta conferencia o estará incluso sentado aquí hoy día? ¿Qué niño, al crecer, presidirá un día como Presidente de la Iglesia cuando ésta tenga muchos millones de miembros más?

Conforme pensaba en estas cosas, me di cuenta de que hay muchas lecciones que ustedes, jóvenes, deben aprender. Tendrán que prepararse para hacer frente a las grandes responsabilidades que les esperan en una época en la que el mundo parece haber dado al adversario libertad sin barreras para oponerse a todo lo que es bueno y decente. Tendrán que aprender muchas lecciones, pero permítanme compartir con ustedes tres lecciones que creo son esenciales.

La primera lección esencial es desarrollar un sentido de respeto por lo que es sagrado y respeto por otras personas, en especial sus mayores.

El Señor le enseñó a Moisés acerca de cosas y lugares sagrados. Cuando Moisés se acercó a la zarza ardiente que el fuego no consumía, el Señor ordenó: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5). Nosotros también tenemos la oportunidad de estar en lugares santos. Los templos, los edificios de la Iglesia y los hogares de ustedes merecen su respeto porque son sagrados.

Deberán reconocer y valorar todo lo que el Señor ha revelado que es sagrado. Una de las cosas de mayor significado es la naturaleza sagrada de sus propios cuerpos. El apóstol Pablo se refirió a nuestros cuerpos como templos que Dios nos dio (véase 1 Corintios 6:19). ¡Qué trágico sería que se privaran de las oportunidades de la vida si obstinadamente desfiguraran su cuerpo o adormecieran su mente con drogas! No utilicen su cuerpo para cosas inmorales. Vístanlo con modestia y dejen atrás la moda desaliñada de vestir. Cuando tengan el valor de vestirse en forma modesta y de evitar las modas estrafalarias, se darán cuenta que el respeto por uno mismo es compañero de la obediencia, y que el Señor les ayudará.

Nuestro comportamiento y nuestra vestimenta son un reflejo de la importancia que damos a lo que somos y al lugar donde estamos. Permítanme demostrarlo: Una de las cosas naturales que sucede en la obra misional es el cambio en los nuevos conversos, especialmente en los niños, en los jóvenes varones y en los padres, porque cuando van a las reuniones de la Iglesia desean verse como los misioneros. Eso nos dice mucho sobre la importancia de lucir como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Seguir leyendo

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Lenguas de fuego

Conferencia General Abril 2000

Lenguas de fuego

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

“En todos los idiomas, el Espíritu de Dios –el Espíritu Santo– guía o puede guiar a todo miembro de la Iglesia”.

¿Piensan que es posible para los que hemos sido asignados a hablar alejar la atención de este magnífico edificio lo suficiente como para concentrarnos en el propósito para el cual se edificó?

Quizás se pueda lograr por medio de una parábola y un poema.

La parábola: Un mercader que buscaba joyas preciosas encontró por fin la perla perfecta. Pidió al artesano más diestro que le tallara un joyero espléndido y lo forrara con terciopelo azul. Colocó la perla de gran precio a la vista, para que otras personas pudieran compartir su tesoro. A medida que la gente iba a verla, él observaba. Pronto se alejó entristecido; lo que admiraban no era la perla, sino el joyero.

El poema:

Somos ciegos hasta que vemos
que en el plan universal
nada es digno del esfuerzo
si al hombre no ha de salvar.
¿Para qué construir algo glorioso
si al hombre deja sin edificar?
En vano un mundo edificamos
Si el constructor no ha de progresar. 1

Al pensar en el constructor, empezamos en el otro extremo del mundo, hace dos mil años, en el río Jordán con Juan el Bautista. Él predicó: “Yo. . . os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí. . . es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” 2 .

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él” 3 .

“Y Jesús. . . subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios [el Espíritu Santo] que descendía como paloma, y venía sobre él.

“Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” 4 .

Jesús fue entonces al desierto y Lucifer llegó para tentarlo 5 . Jesús venció cada una de las tentaciones con una Escritura.

“. . .Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre” 6.

“. . .Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” 7.

“. . .porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” 8.

Piensen en eso con detenimiento. Cuando el Señor se enfrentó a la Perdición misma, utilizó las Escrituras para protegerse.

Jesús escogió de entre Sus discípulos a 12 a quienes ordenó Apóstoles: Pedro, Jacobo y Juan; Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Simón, Jacobo, Judas y Judas [Iscariote]. Eran hombre comunes y corrientes a quienes los fariseos describieron como “hombres sin letras y del vulgo” 9.

Los Doce le siguieron y Él les enseñó.

Les ordenó enseñar a todas las naciones y a bautizar a todos los que creyeran 10.

Antes de irse, hizo la promesa: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” 11.

Jesús fue crucificado. Al tercer día se levantó del sepulcro. Dio más instrucciones a Sus Apóstoles y después, antes de ascender, dijo: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” 12.

Ese poder no se hizo esperar. En el día de Pentecostés, los Doce se encontraban reunidos en una casa:

“. . .de repente vino del cielo un estruendo. . . un viento recio que soplaba. . .
“y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo. . .” 13.

Con eso, los Doce recibieron pleno poder.

Cuando hablaron ese día, la gente se maravillaba porque cada persona los oía en su propia lengua: 18 idiomas en total 14.

Los Apóstoles comenzaron a bautizar a todos los que creían en sus palabras; pero el bautismo para arrepentimiento no era suficiente 15. Seguir leyendo

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Mi testimonio a todo el mundo

Conferencia General Abril 2000
Mi testimonio a todo el mundo
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“En este gran salón. . . saldrán las voces de los profetas a todo el mundo para dar testimonio del Redentor del género humano”.

Mis amados hermanos y hermanas, qué extraordinaria vista presentan ustedes, esta vasta congregación de Santos de los Últimos Días reunidos en esta nueva y magnífica sala.

El órgano no está terminado y todavía hay varios detalles de construcción que acabar; pero felizmente la obra se ha adelantado lo suficiente para permitirnos utilizarlo para esta conferencia. Hará un año, al hablar con respecto a este edificio, expresé la opinión de que quizás, para empezar, no podríamos llenarlo, puesto que tiene tres veces y media la capacidad del Tabernáculo. Pero ocurre que ya tenemos dificultades. Todos los asientos ya están llenos.

Durante las cuatro sesiones generales y la sesión del sacerdocio podremos dar cabida a unas 100.000 personas. Se nos han solicitado 370.000 pases. El Tabernáculo y el Salón de Asambleas darán cabida al excedente de asistentes. Pero con todo eso, muchos, muchísimos quedarán fuera. Pedimos disculpas. Les pedimos que nos perdonen. Nada podemos hacer al respecto. Son muchos los que deseaban asistir a esta primera conferencia en este nuevo auditorio, pero lamentablemente, eso es imposible. Me conmovió un tanto enterarme de que las personas de mi propio barrio, que está cerca, y a las que quiero mucho, no recibieron pases.

Estamos agradecidos por el entusiasmo de los Santos de los Últimos Días con respecto a este nuevo centro de reuniones. Confío en que el entusiasmo continúe y en que tengamos el recinto lleno en todas las conferencias futuras.

Éste es el más nuevo de una serie de lugares de reuniones construidos por los de nuestro pueblo. Cuando llegaron por primera vez a este valle hicieron una enramada, que si bien los protegía del sol, no les daba abrigo y casi ninguna comodidad. Entonces edificaron el antiguo Tabernáculo, al cual siguió el nuevo Tabernáculo que tan bien nos ha servido durante más de 130 años.

Ahora, en esta histórica época en la que demarcamos el nacimiento de un nuevo siglo y el comienzo de un nuevo milenio, hemos construido este nuevo y espléndido Centro de Conferencias.

Cada una de las obras de construcción del pasado fue una empresa audaz y sobre todo la del Tabernáculo. Su diseño fue exclusivo, ya que nunca nadie había construido un edificio así; todavía sigue siendo único en su género. Ha sido y seguirá siendo una sala admirable. Seguirá existiendo, pues creo que los edificios tienen su vida propia. Continuará sirviendo largo tiempo en el imprevisible futuro.

La construcción de esta estructura ha sido una obra temeraria. Nos hemos preocupado por ella. Hemos orado por ella. Hemos escuchado los susurros del Espíritu con respecto a ella. Y sólo cuando percibimos la voz confirmante del Señor resolvimos dar el paso adelante.

En la conferencia general de abril de 1996, dije: “Lamento mucho que haya muchas personas que quisieron reunirse aquí esta mañana con nosotros, en este Tabernáculo, y que no pudieron entrar por falta de lugar. Muchas de esas personas se encuentran fuera de este edificio. En este único y extraordinario salón, edificado por los pioneros, nuestros antepasados, y dedicado para la adoración de Dios, caben cómodamente unas 6.000 personas. Algunos de ustedes que han estado más de dos horas sentados en esas bancas duras quizás duden de la palabra cómodamente.

“Me duele el alma pensar en aquellas personas que [deseaban] entrar pero, por falta de espacio, no pudieron. Hace aproximadamente un año, les sugerí a las demás Autoridades Generales que tal vez haya llegado el momento de investigar la viabilidad de construir otra casa dedicada de adoración, una mucho más grande que ésta, en donde cabrían de tres a cuatro veces más el número de personas que caben en este edificio” (Liahona, julio de 1996, pág. 70).

La idea de un nuevo auditorio se estableció con claridad. Se estudiaron diversos diseños arquitectónicos hasta que se escogió el modelo de un edificio grande con cabida para 21.000 personas con un teatro para otras mil. No tenía columnas en el interior que obstruyesen el ver al orador; tenía árboles y agua corriente en la azotea.

La palada inicial tuvo lugar el 24 de julio de 1997, el aniversario número 150 de la llegada de los pioneros a este valle. Aquél fue un acontecimiento histórico.

No lo sabíamos en ese entonces, pero, en 1853, Brigham Young, al referirse a los templos, dijo: “Llegará el momento en que. . . edificaremos. . . en la terraza arboledas y estanques de peces” (Deseret News Weekly, 30 de abril de 1853, pág. 46).

En 1924, el élder James E. Talmage, del Consejo de los Doce, escribió: “Desde hace largo tiempo he vislumbrado la posible construcción de un gran pabellón al lado norte del Tabernáculo, que tenga cabida para unas 20.000 personas o quizás para dos veces ese número, con amplificadores que permitan a todos los concurrentes oír los discursos que se pronuncien desde el estrado del Tabernáculo y que, además, tenga conexión con un sistema de transmisión con receptores en las diversas capillas y otros centros de reuniones de toda la región de las Montañas [Rocosas]” (diario de James E. Talmage, 29 de agosto de 1924, Special Collections and Manuscripts, Biblioteca Harold B. Lee, Universidad Brigham Young, Provo, Utah).

En 1940, la Primera Presidencia y los Doce solicitaron a su arquitecto que hiciera los planos de un edificio que tuviera cabida para 19.000 personas, el cual se levantaría donde se encuentra este edificio. Eso ocurrió hace 60 años. Pensaron en ello, hablaron de ello, pero, por último, abandonaron la idea del todo.

Esas observaciones y esas acciones fueron asombrosamente proféticas. Nosotros nada sabíamos de ellas, pues todas ellas se nos han hecho presentes desde que comenzamos esta construcción.

No hemos construido ningún templo con árboles y estanques de peces en la terraza, pero en este edificio hay muchos árboles y agua corriente. Puede ser que Brigham Young haya previsto este edificio muy cerca del templo. Tenemos lo que el hermano Talmage vislumbró y mucho, mucho más. Estos servicios no los oirán tan sólo los que se encuentran en el Centro de Conferencias, puesto que se transmitirán por radio, televisión y cablevisión, y se transmitirán por satélite a Europa, a México, a Sudamérica. Llegamos mucho más allá de la región de las montañas de la que habló el hermano Talmage. Llegamos más allá de los confines de los Estados Unidos y de Canadá. Esencialmente, llegamos a todo el mundo.

Éste es en verdad un edificio formidable. No sé de ninguna otra construcción comparable que se haya edificado principalmente como salón de adoración que sea tan grande ni que tenga cabida para tantas personas. Es hermoso en su diseño, en su mobiliario y decoración y es magnífica la utilidad que presta. Se ha construido con hormigón reforzado para llenar los requisitos más exigentes de protección de terremotos de esta región. El hormigón está recubierto de granito, el cual se extrajo de la misma cantera del granito del templo. En los dos edificios se pueden ver las mismas impurezas de esa piedra.

El interior es bellísimo y maravillosamente extraordinario. Es enorme y está construido de manera que nada obstruye el ver al orador. Las alfombras, los suelos de mármol, las paredes decoradas, las bonitas cerraduras, la estupenda madera, todo ello es indicativo de su utilidad con un toque de elegancia.

Su presencia será muy valiosa para esta ciudad. Aquí no se realizarán sólo las conferencias generales y algunas otras reuniones religiosas, sino que este edificio también servirá de centro cultural para las mejores presentaciones artísticas. Esperamos que los que no sean de nuestra fe vengan a este lugar a disfrutar de este bello entorno y se sientan agradecidos por su presencia. Agradecemos a todos los que han trabajado tan arduamente en esta obra para adelantarla hasta esta etapa: a los arquitectos con los que hemos tenido muchas reuniones; a los contratistas generales, tres de los cuales han trabajado juntos; a los subcontratistas; y a los cientos de artesanos que han trabajado aquí; al supervisor de construcción y a todos los que han tenido parte en este trabajo. Todos ellos han colaborado en esta faena extraordinariamente difícil a fin de que pudiésemos reunirnos en esta ocasión.

Ahora quisiera hablarles de otro detalle de este grandioso edificio. Si me pongo un tanto personal e incluso un tanto sentimental, espero que sabrán perdonarme.

Me encantan los árboles. Cuando yo era niño, en el verano vivíamos en una granja en la que cultivábamos fruta. Todos los años en esta época plantábamos árboles. Creo que nunca ha pasado una primavera desde que me casé, excepto durante los dos o tres años en los que estuvimos lejos de la ciudad, en la que no haya plantado árboles, por lo menos uno o dos: árboles frutales, de sombra, ornamentales y abetos y pinos entre los coníferos. ¡Cuánto me gustan los árboles!

Y bien, hará unos 36 años, planté un nogal en un lugar denso donde creció derecho y alto para captar la luz del sol. Hace un año, por alguna razón, el nogal murió. Como la madera de nogal es valiosísima para hacer muebles, llamé al hermano Ben Banks, de los Setenta, que, antes de dedicar todo su tiempo a la Iglesia, administraba un negocio de madera dura. Fue con sus dos hijos, que ahora están encargados del negocio, a ver el árbol. Dijeron que la madera era sólida, buena y hermosa, y uno de ellos sugirió que con ella podría hacerse un púlpito para este salón. La idea me entusiasmó. El árbol se taló y su tronco se cortó en tres partes gruesas. Después siguió el largo procedimiento de secar la madera, primero en forma natural y luego en un horno especial. Los troncos se cortaron en tablas en el aserradero de Salem, Utah. Las tablas se transportaron a la planta de ebanistería Fetzer donde expertos ebanistas diseñaron e hicieron este magnífico púlpito con esa madera.

El producto final es precioso. Ojalá todos ustedes pudiesen examinarlo de cerca. Es de espléndida hechura, y aquí estoy dirigiéndoles la palabra desde lo que era el árbol que cultivé en el patio de mi casa donde jugaron y también crecieron mis hijos.

Esto es conmovedor para mí. He plantado uno o dos nogales más. Me habré ido de esta vida mucho antes de que maduren. Cuando llegue ese día y este bonito púlpito haya envejecido, quizá uno de ellos sirva para reemplazarlo. Al élder Banks y a sus hijos, Ben y Bradley, así como a los diestros ebanistas que diseñaron e hicieron este púlpito, expreso mi profundo agradecimiento por haber hecho posible que quede una pequeña parte de mí en este gran salón desde donde saldrán las voces de los profetas a todo el mundo para dar testimonio del Redentor del género humano.

Y también a todos los que han hecho realidad este sagrado edificio, y a todos ustedes, los que están aquí congregados en esta ocasión histórica, expreso mi gratitud y reconocimiento, mi amor y las gracias por este día y por esta sagrada y hermosa casa de adoración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La búsqueda de un puerto seguro

Conferencia General Abril 2000

La búsqueda de un puerto seguro

Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“El Salvador es nuestro solaz y santuario en las tormentas de la vida. Si buscamos paz, debemos acudir a Él”.


Es un privilegio el estar con ustedes en esta ocasión histórica. Personalmente, este magnífico Centro de Conferencias, con sus muros de granito imperecedero, es un símbolo de una gran obra de los últimos días: la piedra que vio Daniel, “cortada del monte no con mano” 1 , para permanecer para siempre como el reino de Dios. Tanto si ustedes están aquí en persona o participando desde cualquier otro lugar, les alabo por la decisión de ser parte de esta histórica conferencia general y ruego que el Señor les bendiga por su fidelidad.

Hace más de sesenta años serví como misionero en Austria y Suiza; fue un tiempo algo difícil pero también maravilloso. Llegué a amar a las personas de esa parte del mundo y no quería dejarles, pero llegó el fin de mi servicio misional a finales de agosto de 1939 e hice los preparativos para regresar a casa.

Tras un largo viaje surcando el Océano Atlántico, que en aquella época era peligroso por motivo de la guerra, me regocijé al ver aquel maravilloso símbolo de libertad y democracia que es la Estatua de la Libertad. No puedo expresarles el alivio que sentí cuando por fin llegamos a ese puerto seguro.

Imagino que fue algo semejante a lo que sintieron los discípulos de Jesucristo el día en que, junto con el Salvador, navegaron por el Mar de Galilea. Las Escrituras nos dicen que Jesús estaba cansado y se dirigió a la popa, donde se quedó dormido sobre un cabezal 2. A poco, los cielos se oscurecieron y “se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca” 3. La tormenta rugía; los discípulos se alarmaron. Parecía que la barca iba a zozobrar, más el Salvador seguía dormido. Finalmente, ya no pudieron aguantar más y despertaron a Jesús. Imaginen la angustia y la desesperación en sus voces cuando imploraron al Maestro: “. . .¿no tienes cuidado que perecemos?” 4.

Hoy día, muchas personas se sienten abrumadas y agobiadas; muchos sienten que los barcos de sus vidas pueden zozobrar o hundirse en cualquier momento. Es a ustedes, que están buscando un puerto seguro, a quienes deseo dirigirme hoy, a ustedes cuyos corazones se están quebrando, a los preocupados y temerosos, a los que soportan la pena o la carga del pecado, a los que sienten que nadie escucha sus sollozos, a aquellos cuyos corazones suplican: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”.A ustedes ofrezco unas pocas palabras de consuelo y de consejo.

Tengan la seguridad de que existe un puerto seguro. Pueden hallar paz en medio de las tormentas que les amenazan. Su Padre Celestial, que sabe incluso cuando un pajarillo cae, conoce los padecimientos y sufrimientos de ustedes. Él les ama y desea lo mejor para ustedes. Nunca duden de ello. Aunque permita que todos tomemos decisiones que quizás no sean para nuestro beneficio ni para el de los demás, y aun cuando no intervenga en el curso de los acontecimientos, Él ha prometido paz a los fieles, aun en sus pruebas y tribulaciones.

El profeta Alma nos dice: “Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo” 5 .

Jesús nos consuela cuando dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” 6.

Acérquense al Señor Jesucristo, quien tiene un amor especial por todos los que sufren. Él es el Hijo de Dios, un rey eterno. Durante Su ministerio terrenal, Él los amó y los bendijo. Seguir leyendo

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Para testificar de mi Unigénito

Conferencia General Abril 2001
“Para testificar de mi Unigénito”
Élder L. Aldin Porter
De la Presidencia de los Setenta

L. Aldin Porter

“El testimonio espiritual del libro de Escrituras nefita siempre proporcionará la certeza de la existencia del Salvador”.

Nosotros, los Setenta, quisiéramos extender una calurosa bienvenida a los hermanos que hoy fueron sostenidos para formar parte de los cinco quórumes de los Setenta.

Somos bendecidos, hermanos y hermanas, al vivir en un mundo en el que casi a diario se hacen anuncios del progreso logrado contra las enfermedades y otras amenazas para la humanidad. Parece haber una marcha casi interminable de las cosas que el hombre ha logrado para acabar con los obstáculos hacia una vida larga y saludable. La mayoría de nosotros nos hemos llegado a acostumbrar a un torrente casi constante de maravillas.

No obstante, con todo ello, también afrontamos una avalancha despiadada de distracciones que destruyen el alma, como la pornografía, el uso ilegal de las drogas y el abuso del cónyuge y de los hijos. Pasan ante nosotros falsas filosofías que se pregonan como las respuestas nuevas y modernas a los problemas del mundo.

Los extensos recursos para la comunicación que el Señor ha revelado para nuestros días se han designado, en su mayor parte, para propósitos malignos. La palabra impresa, la televisión y los videos, y ahora Internet, constantemente traen a nuestros hogares material que contaminará nuestras almas y destruirá nuestras vidas. En el pasado, nuestros hogares han sido por lo general refugios en contra de las cosas del mundo. A fin de retener esa paz ahora es necesario tener vigilancia casi constante.

Sin embargo, tenemos gran razón para sentir optimismo. No nos encontramos indefensos en contra de esos elementos perversos que nos causarían pesar y desesperación en esta tierra y que nos privarían de las alegrías en la eternidad venidera.

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

“Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6:50–51).

Él es la respuesta a los deseos vivos que el corazón humano tiene de recibir certeza; Él es la respuesta a nuestros pecados individuales y a nuestros pesares.

Él es nuestro Protector en un mundo que cada vez trata de resolver los problemas mediante la violencia; Él es nuestro Protector en un mundo donde la mente de muchos constantemente está llena de maldad. Tenemos la palabra de Dios para dirigirnos, consolarnos y darnos esperanza para el futuro. Hay tanta luz, pureza y virtud en el futuro, y con el tiempo, la violencia desaparecerá, porque de seguro, el cordero se acostará con el león.

Naturalmente, el Señor vio nuestros días; vio los efectos devastadores de la transgresión y Él profetizó que proporcionaría protección para su pueblo.

A Enoc le habló de los últimos días —días de maldad y de venganza— y Él dijo: Seguir leyendo

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El Diezmo un privilegio

Conferencia General Abril 1998
El Diezmo un privilegio
Elder Ronald E. Poelman
De los Setenta

Ronald E. Poelman

“Ustedes y yo estamos ahora entre esos generaciones a los que se ha dado el privilegio de conocer y de vivir la ley del diezmo. Las bendiciones que derivan de la obediencia a esa ley son tanto temporales como espirituales”.

En la década de los años 30, los Estados Unidos se encontraban sumidos en la depresión económica. Yo era uno de varios niños pequeños en mi familia y mi padre había estado sin empleo desde hacía varios meses. No había ayuda del gobierno para los desempleados y el programa de bienestar de la Iglesia todavía no estaba en funcionamiento. Teníamos muchas necesidades. Se podría decir que éramos muy pobres. Aun cuando yo sólo era un niño, captaba la angustia y la preocupación de mis padres.

Nos arrodillábamos todas las mañanas y por turnos cada uno ofrecía la oración. Una memorable mañana le tocó el turno a mi madre; ella describió algunas de nuestras necesidades inmediatas y luego le agradeció a nuestro Padre Celestial el privilegio de vivir la ley del diezmo. De inmediato experimenté un sentimiento de consuelo y seguridad. El vivir la ley del diezmo era un privilegio y nos traería bendiciones; no lo dudé, porque mi madre lo sabía. Ese sentimiento ha permanecido en mí y se ha intensificado durante toda mi vida.

La primera vez que pagué el diezmo la cantidad fue de cinco centavos. Fui con mi padre a la oficina del obispo, quien en forma solemne aceptó mis cinco centavos y me extendió un recibo. Luego se levantó y salió de detrás de su escritorio para sentarse a mi lado. Con una mano sobre mi hombro me dio ese pequeño pero importante papel y me dijo: “Ronald, has empezado bien y si continúas como empezaste, serás un perfecto pagador de diezmos”. La idea de llegar a ser perfecto en cualquier cosa parecía estar muy lejos de mis posibilidades; estaba tratando de ser un buen niño, pero, con esas palabras, el obispo me inspiró para esforzarme a ser perfecto en ese aspecto básico del Evangelio. Las bendiciones, tanto temporales como espirituales, ha sido abundantes.

Durante los años que siguieron, mi testimonio con respecto a que el diezmo es un privilegio se confirmó con frecuencia. La obediencia a esa ley, entre otras, me dio la posibilidad de ser ordenado al santo sacerdocio, de recibir mi investidura en la Casa del Señor, de servir en una misión regular y de ser sellado a miembros de la familia por esta vida y la eternidad. Además, he tenido el privilegio de regresar al templo en reiteradas ocasiones a servir a otras personas y a recibir instrucciones con respecto a cosas de importancia eterna.

El Salvador mismo confirmó la importancia sagrada de la ley del diezmo después de Su resurrección y durante Su visita a la gente que habitaba lo que hoy se conoce como las Américas.

El Libro de Mormón indica que el Salvador enseñó a los nefitas de las Escrituras que ellos tenían, pero habló de otras Escrituras que no tenían, y les mandó escribir las palabras que el Padre había dado a Malaquías, en las que se incluyen éstas:

“¿Robará el hombre a Dios? Más vosotros me habéis robado. Pero decís: ¿En qué te hemos robado? En los diezmos y en las ofrendas.

“Traed todos los diezmos al alfolí para que haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Señor de los Ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros una bendición tal que no haya donde contenerla” (3 Nefi 24:8, 10).

El Salvador nos hace mayor hincapié sobre la importancia de este mandamiento cuando dice a los nefitas:

“Estas Escrituras que no habíais tenido con vosotros, el Padre mandó que yo os las diera; porque en su sabiduría dispuso que se dieran a las generaciones futuras” (3 Nefi 26:2).

Ustedes y yo estamos ahora entre esas generaciones a las que se ha dado el privilegio de conocer y de vivir la ley del diezmo. Las bendiciones que derivan de la obediencia a esa ley son tanto temporales como espirituales, y muchos de entre nosotros pueden testificarlo.

En estos últimos días el Señor ha dicho: “He aquí, el tiempo presente es llamado hoy hasta la venida del Hijo del Hombre; y en verdad, es un día de sacrificio y de requerir el diezmo de mi pueblo” (D. y C. 64:23).

¿Se puede considerar el diezmo como un sacrificio? Sí, especialmente si entendemos el significado de las dos palabras en latín de las que se deriva la palabra sacrificio. Estas dos palabras (sacer y facere) usadas juntas significan “hacer sagrado”. Lo que devolvemos al Señor como diezmo es, en realidad, hecho sagrado, y los obedientes son santificados.

Mucho antes el Señor puso énfasis en lo sagrado del diezmo ante Moisés, en estas palabras que se registran en el Libro de Levítico: “Y el diezmo de la tierra… de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová” (Levítico 27:30).

Cuando estábamos recién casados, mi esposa y yo esperábamos el nacimiento de nuestro primer hijo. Yo estudiaba leyes en la universidad y trabajaba en una gasolinera por las noches. Teníamos muy poco dinero. Habíamos amueblado nuestro pequeño apartamento en un sótano con muebles usados y varias cajas de madera.

Al aproximarse el momento del nacimiento, habíamos reunido todo lo que necesitábamos, excepto una cama para el bebé y no teníamos el dinero para comprarla.

Nuestra costumbre en aquel entonces era pagar el diezmo mensualmente el domingo de ayuno. Al acercarse ese día, conversamos sobre la posibilidad de posponer el pago de nuestro diezmo para poder hacer un pago inicial por la cama. En el espíritu de ayuno, y luego de orar, decidimos pagar nuestro diezmo y confiar en el Señor.

Pocos días más tarde, mientras caminaba por un distrito comercial de la ciudad, inesperadamente me encontré con mi ex presidente de misión, quien me preguntó si estaba estudiando o trabajando. Le contesté que estaba haciendo ambas cosas.

¿Me había casado? “¡Sí!”

¿Teníamos hijos? “No, pero el primero nacerá dentro de unas pocas semanas”.

“¿Tienen una cama para el bebé?”, me preguntó. “No”, contesté con cierta reserva, sorprendido por la pregunta tan directa.

“Bueno”, dijo él, “ahora yo estoy en el negocio de muebles y me encantaría enviarte una cama para el bebé a tu apartamento, como regalo”.

Me sobrecogió un gran sentimiento de alivio, agradecimiento y testimonio.

El regalo satisfizo una necesidad temporal, pero todavía es un recordatorio conmovedor de la experiencia espiritual que lo acompañó, que confirmó una vez más que la ley del diezmo es un mandamiento con promesa.

Los desafíos realmente serios de la vida no requieren tanto los recursos temporales, como los dones del Espíritu. Entre esos desafíos podemos encontrar la enfermedad, el sufrimiento o la muerte de un ser querido; un miembro de la familia que sea rebelde o desobediente; acusaciones falsas; y otras desilusiones grandes. Durante tales pruebas necesitamos mayor fe, inspiración, consuelo, valentía, paciencia y la capacidad de perdonar.

Esas bendiciones se derramarán de las ventanas del cielo.

Me viene a la mente ese pueblo bueno y obediente que creyó las enseñanzas de Alma, padre, y vino al redil de Dios. El Libro de Mormón registra que fueron obedientes y justos (véase Mosíah 18). A pesar de su bondad, sufrieron grandes aflicciones a manos de sus enemigos. Cuando oraron fervientemente a Dios, Él les contestó con palabras de consuelo, asegurándoles que los visitaría en sus aflicciones (véase Mosíah 24:14).

Luego leemos: “el Señor los fortaleció de modo que pudieron soportar sus cargas con facilidad, y se sometieron alegre y pacientemente a toda la voluntad del Señor” (Mosíah 24:15).

Ruego que nosotros también seamos tan fortalecidos y sumisos.

Aun cuando vivamos la ley del diezmo, con toda seguridad experimentaremos las pruebas y tribulaciones de la vida terrenal. Sin embargo, si somos justos con el Señor, cuando nos enfrentemos con la adversidad, podremos estar seguros de que seremos bendecidos con fe, fortaleza, sabiduría y ayuda de otra gente, con todo lo que sea necesario, no sólo para sobreponernos, sino para aprender y madurar con esas experiencias.

Nuestro Profeta líder nos ha dicho:

“Yo puedo testificar sobre la ley del diezmo y sus bendiciones porque las he experimentado, y cada hombre o mujer de esta Iglesia que sea honrado en el pago del diezmo, y honrado con el Señor, puede testificar sobre la naturaleza divina de este principio” (Ensign, julio de 1995, pág. 73).

Como uno de esos miembros de la Iglesia, añado mi propio testimonio. Las bendiciones del vivir el principio del diezmo traen consigo paz mental, aumento de la fe, inspiración y el deseo de vivir en forma más completa todos los mandamientos de nuestro Padre Celestial.

Por último, y lo más importante, testifico que sé que Dios vive, que es nuestro Padre y que nos ama. Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios y nuestro Salvador y Redentor. Hoy día somos guiados por un profeta viviente: Gordon B. Hinckley. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Caminando a la luz del Señor

Conferencia General Octubre 1998
Caminando a la luz del Señor
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“De modo que esta noche, mis queridas hermanas, el mensaje que tengo para ustedes, el reto que les doy y mi oración es que se dediquen una vez más al fortalecimiento de sus hogares”.

Mis queridas hermanas, deseo decirles, para comenzar, lo mucho que apreciamos a las mujeres de esta Iglesia. Ustedes son una parte esencial de ella, la parte más importante. No podríamos desempeñar debidamente nuestra función sin ustedes.

Ustedes brindan inspiración, brindan equilibrio. Ustedes constituyen una gran reserva de fe y de buenas obras; ustedes son un ancora de devoción, de lealtad y de logros. Nadie puede negar la importante parte que desempeñan en el progreso de esta obra en toda la tierra. Ustedes enseñan en las organizaciones [auxiliares] y lo hacen tan bien. Su preparación es un ejemplo para todos nosotros. Cada una de ustedes es parte de esta enorme empresa, la Sociedad de Socorro, una gran familia de hermanas, de más de cuatro millones en número. En ese número de ustedes en todo el mundo yace el poder de realizar un bien incalculable.

Ustedes son las guardas de los hogares; dan aliento a su marido, enseñan y crían con ternura a sus hijos en la fe. Para algunas de ustedes, la vida es difícil e incluso muy dura; pero apenas se quejan y hacen tanto. ¡Cuánto estamos en deuda con ustedes!

Al hablar de la Sociedad de Socorro, el presidente Joseph F. Smith dijo en una ocasión:

“Esta organización ha sido divinamente establecida, divinamente autorizada, divinamente instituida, divinamente ordenada por Dios para ministrar en bien de la salvación del alma de mujeres y de hombres. Por consiguiente, no hay ninguna organización que pueda compararse con ella… que pueda ocupar el mismo lugar que esta ocupa…

“Hagan de [la Sociedad de Socorro] la primera, la más importante, la más elevada, la mejor y la más profunda de todas las organizaciones que existen en el mundo. Ustedes son llamadas por la voz del Profeta de Dios para hacerlo, para ser la más eminente, para ser la más grandiosa y la mejor, la más pura y la más dedicada al bien …” (Teachings of Joseph E Smith, págs. 164-165).

Al casarse cada una de nuestras hijas y de nuestras nietas, mi esposa les ha hecho un regalo especial; no ha sido una aspiradora ni una vajilla, ni nada por el estilo, sino un cuadro de historia familiar de siete generaciones de su línea materna, hermosamente enmarcado; está compuesto de fotografías de su tatarabuela, de su bisabuela y de su abuela maternas, y de su madre, de ella misma, de su hija y de su recién casada nieta.

Todas las mujeres de ese cuadro de siete generaciones han trabajado o trabajan en la Sociedad de Socorro. Ese bello cuadro de historia familiar ha llegado a ser un recordatorio constante para las más jóvenes de esta generación de la gran responsabilidad que tienen, de la gran obligación que tienen de continuar con la tradición de sus madres y de sus abuelas del servicio en la organización de la Sociedad de Socorro.

Ustedes y las mujeres que las han antecedido han caminado en la luz del Señor. Desde el principio ha sido la responsabilidad más importante de ustedes velar por que nadie pase hambre, porque nadie carezca de la ropa adecuada, porque nadie quede sin albergue. Ha sido y sigue siendo responsabilidad de ustedes visitar a las hermanas dondequiera que ellas se encuentren, darles el aliento que necesiten, asegurarles que las quieren y que se interesan en ellas. Es y ha sido la oportunidad de ustedes descorrer la cortina de tinieblas que envuelve a quienes no han recibido alfabetización y llevar a sus vidas la luz del conocimiento al enseñarles a leer y a escribir.

Es y ha sido oportunidad de ustedes relacionarse como hermanas que se aman, se honran y se respetan unas a otras, para llevar las bendiciones de la agradable sociabilidad a la vida de decenas de miles de mujeres que, sin ustedes, se encontrarían en circunstancias muy lóbregas y solitarias.

Escogí un libro la otra noche y leí de nuevo la vida de Mary Fielding Smith, esposa de Hyrum Smith, cuñada de José Smith, madre y abuela de dos presidentes de la Iglesia. Habiéndose convertido a la Iglesia, oriunda de Inglaterra, se trasladó a Canadá y luego a

Nauvoo, adonde llegó cuando tenía treinta y tantos años. Allí conoció a Hyrum Smith y se casó con él; él había quedado con seis hijos después de la muerte de su primera esposa.

Mary lo amaba e hizo su vida más plena. De ese modo dio comienzo a una vida que le brindó felicidad sólo para convertirse después en una congoja inmensurable, puesto que yacía ante ella la espantosa y terrible responsabilidad que la lleves de Nauvoo a través de Iowa hasta Winter Quarters y, en 1848, en la larga caminata al Valle del Lago Salado. A los 51 años de edad, estaba agotada, cansada de luchar, y falleció el 21 de septiembre de 1852. Seguir leyendo

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No estamos solas

Conferencia General Octubre 1998
No estamos solas
Sheri L. Dew
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Sheri L. Dew

“A nosotros se nos ha prometido la compañía constante del tercer miembro de la Trinidad y, por ende, el privilegio de recibir revelación con respecto a nuestra propia vida”.

Han pasado casi tres años desde que recibí una de esas temidas llamadas telefónicas de muy temprano por la mañana. Mi hermano menor Steve había sufrido un masivo ataque al corazón y había fallecido durante la noche. En un instante, y, sin previo aviso, perdí a mi amigo más leal.

En los días siguientes, las personas que querían mucho a Steve y a su familia se reunieron en casa de ellos, en Colorado. Peto fue después del funeral cuando caí en la cuenta de que siete queridas amigas mías habían hecho el largo viaje desde Salt Lake City para asistir al funeral y de que ninguna de ellas conocía a mi hermano; habían ido sólo para apoyarme a mí. Podrán imaginar la emoción que sentí cuando me rodearon y una de ellas me dijo: “No queríamos que estuvieras sola hoy”. Con palabras y hechos enseñaron un principio divino: No es ni deseado ni bueno que estemos solas.

El dolor de la soledad parece ser parte de la existencia terrenal, pero el Señor, en Su misericordia, ha dispuesto que nunca tengamos que enfrentar solas las dificultades de la vida mortal.

Hace poco pensé en eso al encontrarme en una reunión en la que al discursante parecía preocuparle lo difícil que es vivir el Evangelio. Al final de la reunión, me sentía deprimida. Había hecho que el vivir el Evangelio pareciera una condena a trabajos forzados. No es vivir el Evangelio lo difícil, sino la vida en sí. Lo difícil es seguir adelante después de que alguien ha violado los convenios que ha hecho o sus valores. El Evangelio es las Buenas Nuevas que nos proporciona los medios para hacer frente a los errores, a los dolores y a los desalientos que sabemos experimentaremos aquí. El ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene sus privilegios. Estos son unos cuantos: Somos guiados por hombres que poseen el sacerdocio de Dios, la fuerza más poderosa y santa de la tierra. Somos miembros de la Sociedad de Socorro, la única organización para la mujer fundada por un Profeta de Dios. Y en esta ocasión recibiremos las enseñanzas de un Profeta viviente, el presidente Gordon B. Hinckley, que es el ungido del Señor en estos días. Testifico que él es un profeta en todo el sentido de la palabra y que recibe revelaciones que bendicen a todos los que tienen oídos para oír.

A esos privilegios asombrosos agrego otro más. Nefi enseñó: “… si… recibís el Espíritu Santo, él os mostrará todas las cosas que debéis hacer” (2 Nefi 32:5). ¡Qué privilegio y promesa notables! Lorenzo Snow dijo que es el “gran privilegio de todo Santo de los Últimos Días… recibir las manifestaciones del Espíritu todos los días de nuestra vida… [para] que conozcamos la luz, y no nos arrastremos continuamente en la obscuridad” (en “Conference Report”, abril de 1899, pág. 52). Y su hermana Eliza R. Snow declaró: “Podemos hablar a los [santos] hasta el fin del mundo en cuanto a la insensatez del mundo… y no entenderán. Pero… si los colocamos en la situación de contar con el Espíritu Santo, este será una protección segura contra las influencias externas” (Woman’s Exponent, 15 de septiembre de 1873, pág. 63). A nosotros se nos ha prometido la compañía constante del tercer miembro de la Trinidad y, por ende, el privilegio de recibir revelación con respecto a nuestra propia vida. ¡No estamos solas! Seguir leyendo

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Vayan a la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 1998
Vayan a la Sociedad de Socorro
Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Virginia U. Jensen

“No importa de dónde provengan, ni cuales sean sus debilidades, ni que apariencia tengan: ¡aquí es donde deben estar! El Señor ama a coda una de ustedes, en forma individual y colectiva”.

Durante la última conferencia general de abril, nosotras, como presidencia de la Sociedad de Socorro, nos regocijamos cuando el presidente Boyd K. Packer se puso de pie ante este púlpito y dijo: “Tengo el propósito de dar incondicional encomio y apoyo a la Sociedad de Socorro, de instar a todas las mujeres a unirse a ella y asistir a sus reuniones; y a los líderes del sacerdocio, de todos los oficios, a hacer cuanto este de su parte para que la Sociedad de Socorro florezca” (1).

Hermanas, ese es también mi propósito esta noche. La presidenta Mary Ellen Smoot les ha hablado acerca de invitaciones. Pues bien, yo tengo una invitación para ustedes: ¡vayan a la Sociedad de Socorro!

La Sociedad de Socorro fue organizada mediante la autoridad del sacerdocio y es dirigida hoy por esa misma autoridad. El profeta José Smith dijo del sacerdocio: “Es la autoridad eterna de Dios por medio de la cual se creó y se gobernó el universo, y se crearon las estrellas del firmamento” (2). Al hablar específicamente a las mujeres de la Iglesia en 1945, el presidente George Albert Smith dijo de la Sociedad de Socorro: “Es de Dios que viene tal concesión y vino como resultado de la revelación a un profeta del Señor” (3). ¿Cómo debemos considerar una organización que fue creada a través de esta autoridad profética del sacerdocio? Como líderes de la Sociedad de Socorro, servimos como una organización auxiliar del sacerdocio para traer mujeres y sus familias a Cristo.

¿Qué hay en la Sociedad de Socorro que las debe compeler a “unirse y a asistir”, como dijo el presidente Packer?

Dentro de la Sociedad de Socorro hay programas diseñados para ayudarnos a las mujeres a hallar significado y propósito en la vida para nosotras mismas y para nuestras familias. Según el presidente Spencer W. Kimball: “No hay promesas más grandiosas ni más gloriosas para las mujeres que las que vienen por medio del Evangelio y la Iglesia de Jesucristo” (4). Esta es una época en la cual a dondequiera que miremos en la sociedad, las mujeres y sus familias están en crisis. Los matrimonios están fracasando a un ritmo alarmante. Hay demasiados niños maltratados y descuidados. Las mujeres luchan por escuchar la voz de la justa verdad en medio de una confusa cacofonía de voces que las instan con persuasión a hacer lo que es fácil o lo que es aceptable desde un punto de vista liberal o social. Hay muchas entre los 4.2 millones de miembros de la Sociedad de Socorro que están sufriendo y están confusas. ¿Nos damos cuenta de lo que tenemos, hermanas? ¿Entendemos quiénes somos? ¿Apreciamos cabalmente el hecho de que dentro de la organización de la Sociedad de Socorro tenemos todos los elementos y todos los recursos que necesitamos para aliviar una sola alma o para sanar un mundo trastornado?

El primer objetivo de la Sociedad de Socorro es desarrollar la fe en Jesucristo y enseñarse unas a otras las doctrinas del reino de Dios. Mediante las lecciones de la Sociedad de Socorro, las actividades y las experiencias compartidas, ustedes pueden obtener un testimonio o pueden fortalecer el testimonio que ya tienen. Al final de todo, eso puede ser lo más importante que hagamos en la Sociedad de Socorro, ya que la fortaleza espiritual y los testimonios firmes de las mujeres de la Iglesia son absolutamente fundamentales tanto para ellas mismas como para sus familias, para sus ramas y barrios, y para el mundo mismo. Seguir leyendo

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