Venid… y caminemos a la luz del Señor

Conferencia General Octubre 1998
“Venid… y caminemos a la luz del Señor”
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot

“Él tiene los brazos abiertos para cada una de nosotras. Sus verdades son sencillas y claras y Su invitación es real”.

Siempre me ha gustado mucho recibir invitaciones. ¿Y a ustedes? ¿Les gusta imaginar que algún día las invitaran a algo magnifico, a algún acontecimiento en el que se reconocerán su importancia y su inconmensurable valía? La expectativa es casi tan agradable como el acontecimiento mismo. Aun lo trivial adquiere un nuevo rasgo emocionante y un nuevo significado cuando nos preparamos para un acontecimiento al que se nos ha invitado. Hasta hoy, cualquier sobre que llegue en el correo y que tan sólo se asemeje a una invitación es lo primero que abro.

Lamentablemente, no todas las invitaciones son de igual valor; algunas son solo señuelos para que uno compre algo. Ya sea que lleguen por correo, por medio de la computadora o de la televisión son tentadoras y, en realidad, engañan.

Felizmente, las invitaciones que recibimos de las Escrituras, de los profetas y del Espíritu Santo son invitaciones con las que podemos contar; nos brindan orientación, paz, consuelo y alegría. La voz apacible y delicada nos habla y nos anima a vivir con rectitud. Debemos escuchar atentamente Su llamado y escudriñar nuestra alma. Al hacerlo, las nubes tenebrosas se disiparán y la maravillosa luz de Dios llenara nuestro ser.

Las invitaciones del Señor son de importancia esencial; nos guían de regreso a nuestro Padre Celestial y nos conducen por el camino de la verdad y la felicidad. En verdad, constituyen un reconocimiento de nuestra infinita valía como hijas de Dios: son tan amorosamente individualizadas; provienen de nuestro Padre Celestial. Él nos habla con palabras que invitan “Venid a mí”, “Seguidme”, “Venid, vosotros…”.

Esta noche, la presidencia general de la Sociedad de Socorro desea invitar a cada una de ustedes:

“Venid… y caminemos a la luz del Señor” (2 Nefi 12:5; Isaías 2:5).

Por favor, decídanse por responder a la invitación y aceptarla.

Isaías vio a muchos pueblos ir a la casa del Señor, aprender las vías de Dios y vivir en paz unos con otros. Él deseaba que todos participaran, por lo que los invitó tal como nosotros las invitamos ahora: “Venid… y caminaremos a la luz de Jehová” (Isaías 2:5).

Mi tatarabuelo, Israel Stoddard, acepto la invitación a unirse a la Iglesia en 1842. Posteriormente, aceptó otra invitación, la de unirse a los santos, y la familia se trasladó de Nueva Jersey a Nauvoo. Cuando el presidente Brigham Young los invitó a seguirle hacia el Oeste, ellos aceptaron.

Al cruzar el río Misisipi, miraron hacia atrás y vieron su casa en llamas. Por haber estado expuesta a las inclemencias del tiempo y por las privaciones, la madre murió; cinco semanas más tarde murió el bebé y poco después murió el padre. Mi abuela escribió: “Así quedaron los cinco niños Stoddard sin hogar y casi sin un centavo, pero no quedaron sin amigos, puesto que los santos fueron buenos con ellos”.

Esa invitación costó la vida de los padres y del bebe; sin embargo, los dejo eternamente atados.

Examinemos un momento lo que significa caminar a la luz del Señor. Primero, tendremos luz: luz en el rostro, luz en nuestra actitud, luz aun cuando las tinieblas nos rodeen. También significa que caminaremos con un propósito y en una dirección. Seguir leyendo

Publicado en Fe, Servicio, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Bendición

Conferencia General Octubre 1998
Bendición
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Estos son tiempos de enorme trascendencia en los que vivimos como santos del Altísimo… Continuemos criando a nuestros hijos en rectitud y verdad. Seamos buenos vecinos y buenos amigos”.

Como santos del Altísimo, vivimos en tiempos de enorme trascendencia…

Quisiera decir solo algo más para concluir. Hemos estado aquí mucho tiempo, lo digo por aquellos que han estado sentados aquí en el tabernáculo en asientos duros. Espero con ansias el día en que efectuaremos la conferencia en el nuevo edificio que tendrá asientos acolchonados.

Hemos tenido una conferencia maravillosa. El Señor nos ha bendecido, por lo que nos sentimos profundamente agradecidos. Al regresar a nuestros hogares, reflexionemos en las cosas que hemos escuchado. Si es preciso hacer una reforma en nuestras vidas, hagamos los ajustes necesarios que servirán para lograrlo. Si se han despertado emociones en nuestro corazón, respondamos al Espíritu que nos ha conmovido. Si hemos descuidado nuestros deberes, tengamos la autodisciplina para vivir rectamente y hacer lo que se espera de nosotros.

Me complace informarles, mis hermanos y hermanas, acerca del programa de construir templos más pequeños, el cual se ha mencionado muchas veces en esta conferencia. Dedicamos el primero de ellos en Monticello, Utah, hace algunos meses. Edificamos un templo en ese lugar con el fin de que pudiésemos aprender de esa experiencia. Hemos aprendido varias cosas, y nos ha producido una gran satisfacción la reacción de los santos de esa región, así como el gran entusiasmo que han sentido por la magnífica estructura que se ha erigido entre ellos.

Dedicaremos varios templos nuevos a partir del primero del año. Algunos serán más grandes, otros más pequeños. Durante la última conferencia exprese la esperanza de que durante los próximos dos años edificaremos 30 templos nuevos. Estoy seguro de que muchos pensaron que este era tan solo un sueño inalcanzable de mi parte. Parecía algo totalmente lejos de la realidad.

Estoy agradecido de poder informarles que nuestro personal de construcción, nuestros arquitectos e ingenieros, nuestros diseñadores y decoradores, me han hecho saber que, con toda probabilidad, tendremos 100 templos o más en funcionamiento en el año 2000, casi el doble de los que tenemos en la actualidad. Les aseguro que nadie está perdiendo el tiempo, ninguno de todos aquellos que tienen que ver con esta inmensa tarea. Me refiero a estos templos como a templos más pequeños. En realidad, no se ven pequeños, sino más bien grandes. Son hermosos. Están construidos con los mejores materiales y de la mejor manera que nos es posible. Cada uno será una Casa del Señor, dedicada para Sus santos propósitos.

Estos no serán los últimos, ya que seguiremos edificando. Sabemos que hay tantos sitios donde son tan necesarios a fin de que ustedes, los fieles santos de esta Iglesia, vayan a recibir sus propias bendiciones y las hagan llegar a aquellos que han pasado al otro lado del velo de la muerte. Rogamos que nuestra gente sea digna de hacer buen uso de ellos. En los casos en los que sea necesario el arrepentimiento, ahora es el momento de cambiar y de prepararnos para utilizarlos.

Hermanos y hermanas, estos son tiempos de enorme trascendencia en los que vivimos como santos del Altísimo. Con la dadivosa bendición del Señor, con Su voluntad revelada ante nosotros, con los fieles santos de todo el mundo, nos es posible realizar aquello que se consideraba imposible hasta hace poco tiempo.

He sido oficial de esta Iglesia desde hace mucho tiempo. Soy un hombre viejo que no puede detener el paso del tiempo. He vivido lo suficiente y he servido en suficientes y diversos puestos para haber sacado de mi mente, si hubiese sido necesario, cualquier duda en cuanto a la divinidad de esta, la obra de Dios. Respetamos a los miembros de otras iglesias; deseamos contar con su amistad y esperamos prestar servicio al lado de ellos. Sabemos que todos ellos hacen cosas buenas, pero nosotros declaramos, sin reparo alguno -y esto con frecuencia acarrea críticas sobre nosotros-que esta es la Iglesia verdadera y viviente de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo, el Señor Jesucristo.

Antes de tomar asiento, quisiera rendir un momento de homenaje a este gran coro que hemos escuchado hoy. Son magníficos; están haciendo una labor estupenda; son mejores de lo que jamás lo han sido, y deben continuar mejorando. Lo mejor de hoy no será lo suficientemente bueno para el mañana. Sigan adelante, queridos amigos.

Continuemos criando a nuestros hijos en rectitud y verdad. Seamos buenos vecinos y buenos amigos, amando y tendiendo una mano de amistad a aquellos que no sean de nuestra fe, así como a aquellos que lo son. Que la gracia del cielo descanse sobre ustedes, mis amados compañeros, es mi humilde oración al dejar mi atestiguación y mi testimonio y mi amor por cada uno de ustedes, dondequiera se encuentren en este vasto mundo, es mi humilde oración y bendición, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Templos y la obra del templo, Testimonio | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Somos hijos de Dios

Conferencia General Octubre 1998

Somos hijos de Dios

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“¿Quiénes somos? Somos hijos de Dios. Nuestro potencial no tiene límites; nuestra herencia es sagrada”.

Hace poco, observe a algunos jóvenes que llamaban la atención debido a su manera exagerada de vestir y de arreglarse; uno de ellos expresó una declaración reveladora al decir: “Trato de saber quién soy en realidad”. El hecho sucedió después de que yo asistiera a una reunión de la Iglesia donde los niños de la Primaria habían cantado “Soy un hijo de Dios” 1. El contraste entre las dos experiencias realza la importancia de saber que somos literalmente hijos de Dios.

Somos seres duales: cada alma está compuesta de cuerpo y de espíritu (2); ambos emanan de Dios. Un entendimiento correcto del cuerpo y del espíritu ejercerá influencia en nuestros pensamientos y en nuestros actos para hacer lo bueno.

El Cuerpo
Con frecuencia, pasa inadvertida la maravilla de nuestro cuerpo físico. ¿Quién no ha tenido pobres sentimientos de estima propia debido al físico o a la apariencia? Muchas personas desearían que sus cuerpos se parecieran más a lo que ellas prefieren: algunas personas con cabello lacio natural lo desean rizado; otras con cabello rizado lo desean lacio; en ocasiones, algunas damas, pensando en que “los caballeros las prefieren rubias”, se convierten en “rubias por opción”.

El cuerpo de ustedes, cualesquiera que sean sus dones naturales, es una magnifica creación de Dios (3); es un tabernáculo de carne, un templo para su espíritu (4). Un estudio del cuerpo atestigua su diseño divino:

Su formación comienza con la unión de dos células reproductoras, una de la madre y la otra del padre; juntas, estas dos células poseen toda la información hereditaria del nuevo ser almacenada en un espacio tan pequeño que el ojo natural no puede contemplarla. De cada uno de los padres, veintitrés cromosomas se unen para formar una nueva célula; dichos cromosomas contienen miles de genes, los cuales determinan todas las características físicas de la persona que todavía no ha nacido. Aproximadamente 22 días después de la unión de estas células, comienza a latir un diminuto corazón y a los 26 días empieza a circular la sangre. Las células se multiplican y se dividen: algunas se convierten en ojos que ven, y otras, en oídos que oyen.

Cada órgano es un maravilloso don de Dios. Los ojos tienen lentes que se enfocan por sí mismos; en ellos hay nervios y músculos que los controlan para brindar una única imagen tridimensional. Los ojos están conectados al cerebro, el cual registra lo que se divisa; no hacen falta cables ni baterías.

Cada oído está conectado a un equipo compacto diseñado para convertir las ondas de sonido en tonos audibles: un tímpano sirve como diafragma, diminutos huesecillos amplifican las vibraciones del sonido y transmiten la señal a través de los nervios al cerebro, el cual siente y recuerda los sonidos.

El corazón es una bomba increíble: tiene cuatro válvulas delicadas que controlan la dirección del flujo sanguíneo, las que se abren y se cierran más de l00.000 veces por día, es decir, 36 millones de veces por año. A pesar de ello, a menos que sean alteradas por una enfermedad, las válvulas tienen la facultad de soportar esta tensión casi indefinidamente. Ningún material hecho por el hombre hasta el día de hoy puede ser ejercitado con tanta frecuencia ni por tanto tiempo sin descomponerse.

Todos los días, el corazón de un adulto bombea el fluido que llenaría un tanque de casi 7600 litros (5). Esta labor equivaldría a levantar a un hombre maduro’ hasta la cúspide del edificio Empire State, de Nueva York (uno de los edificios más altos del mundo), con un gasto de sólo 4 vatios de energía. En la parte superior del corazón se halla un generador eléctrico que transmite energía a líneas especiales y hace que una miríada de fibras musculares trabaje a la par.

Se puede decir mucho sobre cada uno de los otros órganos preciosos del cuerpo funcionan de manera maravillosa, más allá del tiempo que dispongo y de mi capacidad para describirlos. Seguir leyendo

Publicado en Conducta Personal, Cuerpo, Espíritu, Palabra de sabiduría | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Gratitud

Conferencia General Octubre 1998
Gratitud
Elder Gordon T. Watts
De los Setenta

gordon-t-watts

“La dedicación y la voluntad con que servimos es un reflejo directo de nuestra gratitud”.

Cuando yo era jovencito, la vida en nuestra pequeña granja familiar me parecía un pedacito de cielo. Con frecuencia, el techo de nuestra humilde casa no tenía suficientes tejas; un largo sendero nos separaba del retrete y a veces mi camisa gastada no tenía suficientes botones. El baño que nos dábamos los sábados por la noche delante de una cálida estufa, donde nuestro cuerpo experimentaba ambos extremos en la temperatura, era realmente un lujo.

Pero entonces algo fue cambiando. Comencé a ir a la escuela y a notar las posesiones de que yo carecía. Algunos tenían buena ropa, hermosas casas con todas las comodidades modernas y conducían autos más nuevos. Muchos alumnos de mi edad no tenían que levantarse temprano para efectuar tareas en la granja antes de ir a la escuela, para después volver a hacer el mismo trabajo al regresar a casa. En tanto que ellos eran populares y seguros de sí mismos, yo me volví introvertido y tímido. Lamentablemente, empecé a olvidarme de cuan feliz había sido con mi canastilla de bendiciones cuando me dedique a compararla con sus canastos aparentemente abundantes. Y de ese modo, abandonando la humildad, fui distorsionando la realidad y me entregue a la ingratitud. El suponer que se merece mucho más puede hacer que nuestro plato de abundancia nos parezca vacío. La gratitud tiene muchas facetas y adopta varias formas. El no reconocer al Señor por todo lo que tenemos resultara sin duda en una conducta egoísta.

El Salvador, que siempre ha sido nuestro dador, rara vez recibió agradecimiento.

“Y al entrar [Jesús] en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos

“y alzaron la voz diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

“Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

“y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano.

“Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?” (1). Seguir leyendo

Publicado en Actitud, Gozo | Etiquetado , , | Deja un comentario

El profeta viviente, nuestra fuente de doctrina pura

Conferencia General Octubre 1998
El profeta viviente, nuestra fuente de doctrina pura
Elder Merrill C. Oaks
De los Setenta

merrill-c-oaks

“La Iglesia está fundada en la revelación continua al profeta actual y viviente”.

Sólo dos años antes de su muerte, el profeta José Smith publicó los Artículos de Fe. El noveno Articulo de Fe dice: “Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” (Artículo de Fe N° 9). En esta oportunidad, hablare sobre la frase final: “[Él] aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios”. Este principio de la revelación continua es una parte esencial del reino de Dios.

En el cuarto y quinto versículos de la sección 21 de Doctrina y Convenios, el Señor declara a los miembros de la Iglesia la obligación que tienen de prestar atención a la guía de Su profeta:

“Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad;

“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca”.

El profeta José Smith tradujo el Libro de Mormón y recibió las revelaciones que establecieron los cimientos de la Iglesia restaurada. Al presentir su propia muerte, se apresuró a conferir al Quórum de los Doce todas las llaves del sacerdocio. Wilford Woodruff nos dice: “Y así, dirigiéndose a los Doce, [José] exclamó: ‘Sobre sus hombros descansa el reino, y deben fortalecer sus hombros y soportarlo, porque hasta ahora lo he hecho yo, pero ahora la responsabilidad recae en ustedes’ “(Times and Seasons,: 698).

La revelación y la guía de los cielos no terminó con el fallecimiento de José Smith; “muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” se han revelado por medio de los que lo han sucedido como Presidentes de la Iglesia. El presidente Spencer W. Kimball nos dijo:

“Desde aquel día memorable de 1820, hemos continuado recibiendo Escritura adicional, incluyendo las esenciales y numerosas revelaciones que fluyen en una corriente sin fin, desde Dios a Sus profetas en la tierra…

“Con estos registros sagrados ya publicados [se refería a nuestros cuatro libros canónicos], muchos pensaran que el ‘día de los profetas’ ha llegado a su fin. Mas no es así, y testificamos al mundo que la revelación continua y que los archivos de la Iglesia contienen toda la que se recibe mes a mes y día a día. También testificamos que, desde que se organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en 1830, ha habido y siempre habrá en esta tierra un profeta, reconocido por Dios y por su pueblo, que continuará interpretando la voluntad del Señor” (“La palabra del Señor a Sus profetas”, Liahona, octubre de 1977, pág. 65). Seguir leyendo

Publicado en Profeta, Revelación | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El establecimiento de la Iglesia

Conferencia General Octubre 1998
El establecimiento de la Iglesia
Elder Earl M. Monson
De los Setenta

earl-m-monson

“El establecer Su Iglesia es una asignación muy particular. Tenemos que llevar el Evangelio de Jesucristo a todas las naciones en sus respectivos idiomas sin corromper la pureza de su mensaje”.

El Libro de Mormón testifica del ministerio del Salvador resucitado entre los nefitas. Entre Sus enseñanzas, Él se refirió a algunos de los sucesos de nuestros días al decir: “… recogeré a mi pueblo de su larga dispersión… y estableceré otra vez entre ellos mi Sión” (1).

El profeta Daniel “… previó y predijo el establecimiento del reino de Dios en los postreros días…” (2). En esta dispensación, el Señor ha declarado: “Si los de esta generación no endurecen sus corazones, estableceré entre ellos mi iglesia” (3).

Existen muchas referencias que confirman que este es el tiempo en que Su Iglesia debe establecerse en preparación para Su segunda venida. Somos los que tenemos la oportunidad especial de ayudar a edificar Su reino una vez más. Yo ofrezco oraciones de gratitud por participar en esta obra de la que muchos profetas y el Señor mismo han hablado durante tantos siglos.

El establecer Su Iglesia es una asignación muy particular. Tenemos que llevar el Evangelio de Jesucristo a todas las naciones en sus respectivos idiomas sin corromper la pureza de su mensaje. La Iglesia tiene que preparar líderes de gran integridad, líderes de quienes las personas honradas de cualquier lugar puedan recibir orientación espiritual. La Iglesia tiene la misma obligación para con todos aquellos que han muerto, así como para con los que actualmente viven y para con los que habrán de vivir sobre la tierra. La Iglesia debe enseñar, según la manera del Señor, leyes y ordenanzas verdaderas que capaciten al creyente fiel para la vida eterna. Estamos familiarizados con muchos otros requisitos que hacen parecer complicada la tarea de establecer una Iglesia tal, pero eso es lo que el Señor nos ha encomendado.

¿Y cómo se establece una Iglesia tal? En una escala mucho menor, se lo que se necesita para edificar un hermoso templo, lo cual requiere más que trazar planos detallados o emplear materiales de buena calidad; requiere obreros capacitados en cada parte del proceso y que cada uno se dedique cabalmente a realizar su trabajo de la mejor forma posible en un esfuerzo mancomunado. También sé que el liderazgo de un inspirado profeta es esencial para edificar magníficos templos y para todo otro desempeño en esta gran obra. Aprecio sobremanera las oportunidades especiales que he tenido de presenciar la inspiración y el Espíritu del Señor que se manifiestan por medio del presidente Hinckley. Él es, verdaderamente, un profeta para nuestros días.

Tal como para la edificación de los templos, es necesario contar con trabajadores dedicados para establecer el reino del Señor en la tierra. La obra progresa satisfactoriamente si cada uno tiene la fuerte convicción en su corazón y en su mente de que Jesucristo está a la cabeza de esta Iglesia, de que él realmente vive y guía esta obra y de que todos cumplimos una parte importante en llevarla a cabo. Debemos estar dispuestos a aprender los principios del evangelio y a ponerlos en práctica y a orar en cuanto a ellos con corazones sinceros, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo. Entonces recibiremos la convicción de que esos principios son verdaderos. Y la genuina conversión trae consigo la enorme satisfacción del ser parte de esta gran obra. Seguir leyendo

Publicado en Iglesia mundial, Obediencia | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Vosotros daréis testimonio también

Conferencia General Octubre 1998

“Vosotros daréis testimonio también”

ronald-t-halversonÉlder Ronald T. Halverson
De los Setenta

“Hay muchas personas en la tierra que desean un testimonio de la verdad y que de todo corazón buscan la paz y el regocijo prometidos por el Salvador”.


Hace unos años, entreviste a una joven con objeto de extenderle una recomendación para el templo para recibir su propia investidura y casarse y ser sellada por esta vida y por la eternidad. Al terminar la entrevista y firmar la recomendación, a ella le rodaban las lágrimas por las mejillas. Le dije: “Por favor, dígame que le pasa”. Precedió entonces a relatarme lo siguiente:

Desde que era joven, había estado en busca de la verdad y de dirección en su vida; había añorado encontrar paz y felicidad, pero a pesar de sus esfuerzos, no había podido encontrarla. Llego a un punto en que se sintió muy angustiada, y pensó que en realidad no había nada en la vida que valiera la pena u ofreciera satisfacciones. Con esa actitud, una noche, mientras visitaba a una querida amiga, y al relatarle las preocupaciones y la desesperación que sentía, me dijo: “Mire detrás del sofá donde estaba sentada, hacia los estantes. Pose la mirada en un libro en particular, y en ese momento experimente el fuerte sentimiento de que tenía que averiguar lo que estaba escrito en sus páginas”.

Ella sacó el libro y leyó el título: El Libro de Mormón. Le preguntó a su amiga dónde lo había conseguido; esta le dijo que dos jóvenes misioneros la detuvieron en la calle y le dieron el libro, pero sólo después de que se comprometió a leerlo. Por falta de tiempo, simplemente lo había puesto en la biblioteca.

“Empecé a leerlo”, dijo, “y no podía dejarlo a un lado”. Le sobrevino un sentimiento que nunca había tenido. La amiga le dijo que podía llevarse el libro. Entonces, fue a casa y continuó leyéndolo durante la noche. A la mañana siguiente, salió a la calle a buscar a los dos jóvenes misioneros y no le tomó mucho tiempo el encontrarlos. Ellos accedieron a enseñarle el Evangelio, y en unas semanas, estuvo lista para bautizarse en la Iglesia. Seguir leyendo

Publicado en Testimonio | Etiquetado , , | Deja un comentario

La pureza personal

Conferencia General Octubre 1998

La pureza personal

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Declaramos que quien utiliza el cuerpo que Dios le dio a otra persona… viola el alma misma de esa persona, viola el objetivo principal y los procesos de la vida”.


Al arremolinarse de un modo espeluznante alrededor de nuestros jóvenes los vientos modernos de la inmoralidad, me preocupa el que algunos de nuestros jóvenes y de nuestros jóvenes mayores estén confusos con respecto a los principios de la pureza personal, acerca de las obligaciones de una castidad absoluta antes del matrimonio y de una fidelidad completa después de este. En contra de lo que sucede en el mundo que ven y oyen, y con la esperanza de fortalecer a los padres al enseñar ellos a sus hijos una norma más elevada, hoy desearía hablar sobre la pureza moral. Debido a que ese tema es de índole tan sagrada, ruego fervientemente que el Espíritu Santo me guíe en aquellas observaciones que son más francas de lo que quisiera que lo fuesen. En esta ocasión, comprendo lo que sentía Jacob, del Libro de Mormón, cuando, al hablar del mismo tema, dijo: “…me apena tener que ser tan audaz en mis palabras…” (1).

Al abordar este tema, no menciono la enorme cantidad de males sociales cuyas estadísticas son muy deprimentes y sus ejemplos tan desagradables. Tampoco voy a presentar una lista de lo que está bien y de lo que está mal cuando un joven sale con una señorita. Lo que quiero hacer es algo más personal: deseo intentar contestar a las preguntas que algunos de ustedes tal vez hayan estado haciendo: ¿Por qué debemos ser moralmente puros? ¿Porque es un asunto tan importante para Dios? ¿Es necesario que la Iglesia sea tan estricta al respecto cuando los demás no parecen serlo? ¿Cómo puede ser tan sagrado o tan grave algo que la sociedad explota y exalta tan abiertamente?

Quisiera comenzar con una lección de la larga e instructiva historia de la civilización. Will y Ariel Durant, escribieron: “Ningún hombre [ni ninguna mujer], por más brillante o bien informado que sea, puede… hacer a un lado sin peligro… la sabiduría de [las lecciones aprendidas] en la escuela de la historia. El joven al que le hierven las hormonas se preguntara por que no debe dar rienda suelta a sus deseos sexuales; pero si no le refrenar las costumbres, la moral o las leyes, destrozara su vida antes de que… comprenda que el apetito sexual es un río de fuego que es preciso encauzar y enfriar con cientos de restricciones para que no le destruya a él ni al grupo social” (2).

El autor de Proverbios ofrece una observación más importante, más de acuerdo con las Escrituras: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen? …Más el que comete adulterio… corrompe su alma… Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada” (3).

¿Porque es este asunto de las relaciones sexuales tan grave que casi siempre se le aplica la metáfora del fuego, y la pasión se describe vívidamente con las llamas? ¿Qué hay en el fuego potencialmente dañino de esto que deja el alma de la persona-e incluso al mundo entero-destruida, si la llama no se vigila y esas pasiones no se refrenar? ¿Que hay en todo esto, que induce a Alma a advertir a su hijo Coriantón que la transgresión sexual es “…una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominable que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar el Espíritu Santo?” (4).

Al adjudicarle esa seriedad a un apetito sexual de carácter tan universal, ¿qué nos trata de decir Dios en cuanto al lugar que eso ocupa en el plan que Él tiene pata todos los hombres y todas las mujeres? Les afirmo que Él está haciendo probablemente eso: haciendo hincapié en el plan de vida mismo. Está claro que, entre las preocupaciones más grandes que Él tiene acerca de la vida terrenal están la forma en que una persona llega al mundo y la forma en que sale de este. Él ha puesto límites muy estrictos al respecto.

Por suerte, en el caso de cómo se termina una vida, la mayoría de las personas parecen ser bastantes responsables. Pero en algo tan transcendental como el dar vida, en ocasiones encontramos una irresponsabilidad casi criminal. Deseo dar tres razones por las cuales este es un tema de tanta magnitud y de tantas consecuencias en el Evangelio de Jesucristo. Seguir leyendo

Publicado en Castidad, Pureza | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Juventud bendita

Conferencia General Octubre 1998

Juventud bendita

L. Tom PerryÉlder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“La única dicha y felicidad perdurables que encontrarán durante su vida terrenal las obtendrán al seguir al Salvador”.


Todos los años tenemos unas vacaciones familiares en Bear Lake [lago que se encuentra al norte de Utah]. Es una semana fantástica para hacer más estrecha la relación que tenemos con nuestros nietos. Durante los últimos años, al escuchar acerca de las oportunidades y los desafíos que enfrentan, me han hecho saber de la presión cada vez mayor que significa estar en el mundo pero no ser del mundo. Las películas, la televisión, el Internet, la ropa a la última moda y extravagante, las actividades que quebrantan el día de reposo, etc., aumentan la magnitud de la tentación para ellos. Por otra parte, la presión que ejercen los amigos hace más difícil la decisión de seguir a la mayoría o de permanecer firmes a los principios que les han enseñado sus conversos y dedicados padres, y la Iglesia.

Este año decidí ser un poco más firme al aconsejar a mis nietos. Deseaba proporcionarles conceptos y principios básicos para resistir las tentaciones y salir adelante en el complejo mundo de hoy día. Como íbamos a estar reunidos junto al lago durante cuatro días, decidí comprar una carpeta con anillos para cada uno de ellos, en las que coloque un tema de análisis para cada día. En todos incluí algunas referencias de las Escrituras y citas, con la intención de comenzar un análisis provechoso entre las diferentes generaciones.

El primer día no hubo mucho interés en los análisis, pero este pareció aumentar con el correr de los días. Como consecuencia del éxito indiscutible que tuvimos, me gustaría hoy imaginarme que soy el abuelo de cada uno de los jóvenes que me están escuchando, para ver si logramos fomentar que se lleven a cabo algunas conversaciones de carácter reflexivo en casa y con sus padres.

Tema número uno: Sentir agradecimiento por la tierra en que vivimos. Durante una de las primeras conferencias de la Iglesia, realizada el 2 de enero de 1831, el Señor, por medio de la revelación, demostró mediante una visión dada a José Smith cuan valiosa era para Él la tierra que había creado para Sus hijos. En Doctrina y Convenios 38:17-20, leemos:

“Y he hecho rica la tierra, y he aquí, es el estrado de mis pies; por tanto, de nuevo pondré mi pie sobre ella.

“Y os ofrezco y estimo conveniente daros riquezas más grandes, sí, una tierra de promisión, una tierra que fluye leche y miel, sobre la que no habrá maldición cuando el Señor venga;

“y os la daré como tierra de vuestra herencia, si es que la procuráis con todo vuestro corazón.

“Y este será mi convenio con vosotros, la recibiréis como tierra de vuestra herencia y como herencia de vuestros hijos para siempre, mientras dure la tierra, y la poseeréis otra vez en la eternidad, para nunca más volver a pasar”.

El Señor nos ha bendecido con tierras de promisión de las cuales disfrutar durante nuestra probación terrenal. Las naciones de la tierra, si continuaran siguiendo los senderos del Señor, podrían ser una bendición para Sus hijos aquí. Hijos e hijas jóvenes, El espera que ustedes tengan especialmente presentes las abundantes bendiciones que han recibido de Él.

Claro está que con estas bendiciones vienen también las responsabilidades. Se espera que estemos sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; que obedezcamos, honremos y sostengamos la ley (veas el Articulo de Fe Nº 12). Para obedecer, honrar y sostener la ley debemos conocerla y vivirla. Debemos ser buenos ciudadanos en nuestra Iglesia, en nuestros centros de estudio y comunidades. También debemos estar preparados para contribuir mediante el servicio a los demás.

La mejor forma que conozco de hacer una contribución a la tierra en la cual vivimos es estar preparados para el futuro. El Señor nos ha prometido que si estamos preparados no temeremos. Si nos esforzamos por obtener la mejor preparación académica que esté a nuestro alcance, estaremos en una posición mejor de ser autosuficientes y de no convertirnos en una carga para la sociedad en la que vivamos.

Hace algunas semanas, leí en un periódico el potencial de obtener mejores salarios cuando mejor preparación se tenga. La diferencia en salarios que existe entre las personas que no han terminado sus estudios secundarios con las que sí lo han hecho es de un 38 por ciento; entre las que han terminado la secundaria con las que han cursado algunos estudios en colegios universitarios es de un 20 por ciento y con las que tienen un título universitario es de un 56 por ciento. Si, la educación académica sí da buenos resultados. Nunca es demasiado pronto para determinar el curso para el que uno desea prepararse. No esperen hasta matricularse en la universidad pata decidir que desean estudiar. Se pierde tanto tiempo y dinero cuando se trata de proseguir estudios sin tener una meta ya definida. Seguir leyendo

Publicado en Educación, Enseñanza | Etiquetado , , , | Deja un comentario

¿Qué pregunta la gente acerca de nosotros?

Conferencia General Octubre 1998
¿Qué pregunta la gente acerca de nosotros?
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“… deseo exponer, de la forma más sencilla posible, mi respuesta a lo que la gente pregunta acerca de nosotros”.

Mis amados hermanos y hermanas, es un gran honor para mí dirigir la palabra en esta ocasión.

Periodistas de los medios de difusión nos han entrevistado con frecuencia en estos días. Como muchos de ustedes sabrán, hace poco estuve en el programa televisivo Larry King Live. Accedí a hacerlo porque pensé que, aun cuando presentaba posibles riesgos, también era una gran oportunidad para hablar al mundo sobre temas de discusión con respecto a nosotros.

Durante la entrevista, el Sr. King me preguntó sin rodeos: “¿Cuál es su función? Usted es el líder de una religión importante. ¿Cuál es su función?

Le conteste: “Mi función es declarar la doctrina; ser un ejemplo ante la gente. Mi función es hablar en defensa de la verdad. Mi función es ser protector de aquellos valores que son importantes en nuestra civilización y en nuestra sociedad. Mi función es dirigir”.

Esa respuesta fue improvisada; nunca espere que me hiciera esa pregunta, pero con el espíritu de esa respuesta, me gustaría hablar esta mañana de una media docena de preguntas que siempre nos hace la gente de los medios de comunicación y de otras iglesias. En esta ocasión, mis respuestas deben ser necesariamente breves. Cada uno de esos temas es digno de todo un discurso.

He escogido las preguntas al azar, sin ponerlas en un orden especial con excepción de la primera. No deseo discutir con nadie. Respeto la religión de todo hombre y de toda mujer, y los honro por sus deseos de vivirla. Sólo deseo exponer, de la forma más sencilla posible, mi respuesta a lo que la gente pregunta acerca de nosotros.

Pregunta Nº 1: ¿Cuál es la doctrina mormona con respecto a la Deidad, con respecto a Dios?
Desde el momento de la Primera Visión las personas han hecho esta pregunta y continuaran haciéndola mientras sigan creyendo en el Dios en el que tradicionalmente han creído en tanto que nosotros damos testimonio del Dios que se nos ha dado a conocer por la revelación actual.

El profeta José Smith dijo: “El primer principio del Evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios, y saber que podemos conversar con El cómo un hombre conversa con otro” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 427).

“Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” (Artículo de Fe Nº 1). Este primer Artículo de Fe compendia nuestra doctrina. No aceptamos el Credo de Atanasio; no aceptamos el Credo de Nicea ni ningún otro credo basado en la tradición y en las conclusiones de los hombres.

Si aceptamos, como base de nuestra doctrina, la afirmación del profeta José Smith de que cuando oró para pedir sabiduría en la arboleda: “… Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith-Historia 1:17).

Dos Seres corpóreos estuvieron ante él. Él los vio. Tenían forma de hombres, sólo que mucho más gloriosos en Su apariencia. Él les habló y Ellos le hablaron a él. No eran espíritus amorfos. Cada uno era un Personaje bien diferenciado. Eran Seres de carne y hueso cuya naturaleza fue reiterada en revelaciones posteriores que recibió el Profeta.

Todo nuestro caso, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, descansa sobre la validez de esa maravillosa Primera Visión, que fue la cortina que se descorrió para abrir esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Nada sobre lo cual basamos nuestra doctrina, nada de lo que enseñamos, nada de aquello por lo cual regimos nuestra vida es de mayor importancia que esa primera afirmación. Sostengo que si José Smith habló con Dios el Padre y con Su Hijo Amado, entonces todo lo demás de 1o cual hablamos es verdadero. Esta es la bisagra sobre la cual gira la puerta que se abre al sendero que conduce a la salvación y a la vida eterna.

¿Somos cristianos? Desde luego que somos cristianos. Creemos en Cristo. Adoramos a Cristo. Tomamos sobre nosotros, en solemne convenio, Su santo nombre. La Iglesia a la cual pertenecemos lleva Su nombre. Él es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro Redentor por medio de quien vino la gran Expiación con salvación y vida eterna. Seguir leyendo

Publicado en Aborto, Finanzas, Iglesia mundia, Trinidad | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

La fuerza de la rectitud

Conferencia General Octubre 1998

La fuerza de la rectitud

Elder Richard G. Scott

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“El optar por hacer lo que el Señor haya definido como correcto llevará siempre, al final, a los mejores resultados”.


Hablo en particular a la juventud, en especial a ti, jovencito y a ti, jovencita, aunque espero que todos se beneficien con este mensaje. Algunos jóvenes son pesimistas en cuanto al futuro, y justifican esa opinión errónea por lo que ven a su alrededor y por lo que ocurre actualmente en el mundo. Perciben su futuro amenazado por el aumento del índice de divorcios, el incremento del delito, las drogas, los actos terroristas y otras atrocidades que incapacitan o destruyen la vida. A lo largo de tu existencia, has visto las terribles consecuencias de las decisiones incorrectas de las personas, que las perjudican a ellas y muchas veces hacen daño a los demás. A estos hechos se les llama usualmente errores, falta de criterio o debilidad humana. Todos van acompañados de la tendencia a justificarse. Pero cuando se examinan sinceramente, no son más que violaciones de los mandamientos de Dios que acarrean las consecuencias trágicas que, según La ha advertido, seguirán a las transgresiones graves.

Personalmente, soy entusiasta con respecto al futuro. Tú también puedes serlo. Vives en el período más lleno de oportunidades de la historia. Son muchas las razones que existen para sentir ese optimismo; sin embargo, tu fuente más grande de esperanza y seguridad es que tienes la plenitud de las enseñanzas del Maestro y ellas te ayudaran a llevar una vida buena. Puedes recibir ordenanzas y convenios que, al observarse con rectitud, aseguran una verdadera felicidad y un logro significativo.

La vida es hermosa

La vida es hermosa si haces el esfuerzo por hallar hermosura en ella. En algunas de las partes más pobres del mundo en el aspecto material he visto la salida del sol en todo su esplendor y he oído a los pájaros saludar gozosamente al nuevo día; he visto la belleza reflejada en una pequeña vasija de flores junto a una humilde vivienda o en la tímida pero radiante sonrisa de un niño que juega, empeñado en descubrir el mundo que lo rodea.

Es fácil que te deprimas si todos tus intereses se concentran en los medios de comunicación con sus detalles minuciosos de los asuntos más inquietantes del mundo. Pero, con cuidado, hallaras mucho para apreciar con reverencia en el mundo que el Padre Celestial te ha dado. Empieza por recordar que eres un hijo o una hija de Dios con un potencial divino. Él te ayudara a lograr una vida gozosa y satisfactoria.

El tomar decisiones

Debido a que el tomar decisiones correctas es esencial para lograr tus metas de la vida, considera la forma en que debes tomarlas. Hay dos métodos para tomar decisiones: el primero es el que llamo las decisiones que se basan en las circunstancias; el segundo, las decisiones que se basan en la verdad eterna. Examinemos cada uno de ellos.

El principio que guía las decisiones que se basan en las circunstancias es el de tomar decisiones según el resultado que se desee obtener, en lugar de hacerlo de acuerdo con lo que está bien o lo que está mal. En ese método no tiene lugar un conjunto fundamental de normas que guíen esas decisiones de un modo uniforme; cada una se toma según lo que prometa dar inmediatamente el resultado más deseado. El que siga ese camino queda librado a su propia fortaleza y capacidad y al apoyo de aquellos a quienes convenza de actuar en su favor. Satanás alienta este método, pues le da la mayor oportunidad de tentar a la persona a tomar decisiones que causen daño aunque parezcan las más atractivas en el momento de tomarlas. Seguir leyendo

Publicado en Rectitud | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Para que demos testimonio de El

Conferencia General Octubre 1998
Para que demos testimonio de El
Susan L. Warner
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria

susan-l-warner

“En una sociedad de valores inciertos y opiniones confusas, el testimonio puede ser, la vía mediante la cual los padres den a los hijos un ancla para su fe”.

Debido a que nuestro Padre Celestial desea que lo conozcamos y sintamos Su amor, Él planeó un mundo lleno de magnificas creaciones que testifican de Él y de Su Hijo Jesucristo. ¿Han contado alguna vez todas las cosas que dan testimonio del Salvador? Tenemos puestas de sol y caracoles marinos, lirios y lagos, insectos y animales, mañanas milagrosas y cielos estrellados.

El Señor mismo dijo a Moisés: “… se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí; tanto las que son temporales, como las que son espirituales; cosas que hay arriba en los cielos, cosas que están sobre la tierra, cosas que están en la tierra y cosas que están debajo de la tierra, tanto arriba como abajo; todas las cosas testifican de mí” (Moisés 6:63; cursiva agregada).

Dondequiera que vivamos en este mundo, vemos el glorioso sol naciente, que testifica de la Luz de Cristo que llena nuestros corazones e ilumina nuestras mentes. Los ríos caudalosos y los sinuosos arroyos dan testimonio de que el Salvador es la fuente de agua viva que saciara nuestra sed de las cosas espirituales. Los lirios del campo e incluso el más pequeño gorrión da testimonio de Su generoso y personal cuidado.

Pero de todas las creaciones extraordinarias de Dios, sólo nosotros, Sus hijos, somos creados a Su imagen y semejanza. Sólo nosotros, Sus hijos, tenemos la capacidad para desarrollar nuestras propias convicciones espirituales. Y únicamente nosotros, Sus hijos, podemos dar voz y expresión al testimonio que tenemos de Él. Nosotros, Sus hijos, nos regocijamos en nuestro privilegio y obligación sagrada de dar testimonio de Él y de Su Evangelio.

Hace poco, nuestra nieta Susie recibió un ejemplar de las Escrituras. Ella vive en un lugar en donde sus compañeros y la maestra de su clase no son miembros de la Iglesia, de modo que deseaba compartir con ellos los Artículos de Fe que se encuentran registrados en sus nuevas Escrituras. Decidió que sería apropiado hacerlo en la escuela durante el tiempo que estaba programado para dar a conocer algo que fuera de interés periodístico. Cuando le llegó el turno, Susie, de ocho años, se puso de pie ante sus compañeros y comenzó: “Nosotros creemos en Dios, el Eterno Padre, y en Su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” (Artículo de Fe Nº 1). Siguió adelante, pero cuando llego al séptimo Articulo de Fe, uno de los niños se quejó y dijo: “¡Eso no es un acontecimiento actual!”. La maestra respondió de inmediato: “¡Comprendo, pero para mí si es noticia!”. Seguir leyendo

Publicado en Testimonio | Etiquetado , , | Deja un comentario

Pequeños templos: Grandes bendiciones

Conferencia General Octubre 1998
Pequeños templos: Grandes bendiciones
Elder David E. Sorensen
De la Presidencia de los Setenta

David E. Sorensen

“La sencilla presencia de un templo debe servir como un recordatorio de los convenios que hemos hecho, de la necesidad de ser, íntegros y del hecho de que Dios nunca está lejos”.

Elder Maxwell, usted es un gran tesoro para la Iglesia y una bendición para todo el mundo. El Señor le bendiga y le guarde.

Hermanos y hermanas, es una experiencia sobrecogedora el estar delante de ustedes. Cuando era un niño, mi familia tenía una rancho ganadero en la parte sur central de Utah y pasaba mucho de mi tiempo a caballo cuidando del ganado. Debo confesar que hay una parte de mí que se sentiría más cómoda evitando la embestida de un toro que el dirigirles la palabra; sin embargo, sé que estoy entre amigos y creo con todo mi corazón en la importancia de la obra que estamos llevando a cabo.

En los primeros días de la Iglesia, cuando había tan sólo unos pocos miembros, el profeta José Smith dijo a un grupo de hombres: “Concerniente a los destinos de esta Iglesia y reino, no sabéis más de lo que sabe un infante que está en brazos de su madre, no lo comprendéis, no veis aquí esta noche más que un puñado de poseedores del Sacerdocio, pero esta Iglesia llenara América del Norte y del Sur, llenara toda la tierra”. (Tal como lo citó Wilford Woodruf, Conference Report, abril de 1898, pág. 57.) Estamos comenzando a ver un cumplimiento parcial de esa profecía.

A medida que aumentan los miembros de la Iglesia alrededor del mundo, aumenta también la necesidad de tener templos. Hace trece años, el presidente Hinckley dijo: “La labor importante y sagrada que tiene lugar en los templos debe acelerarse, y para ello es necesario que los miembros tengan los templos cerca en lugar de tener ellos que viajar largas distancias para poder asistir al templo”. (“Regocijaos en esta gran época de construir templos”, Liahona, enero de 1986, pág. 44.)

Permítame compartir con ustedes algunas cantidades que revelan el progreso que la Iglesia ha tenido en el esfuerzo de llevar los templos más cerca a la gente:

En el año 1900, había sólo cuatro templos en funcionamiento, todos ellos en el estado de Utah.

En los próximos 50 años, desde 1900 hasta 1950, se dedicaron 4 templos más, haciendo un total de 8, de modo que en sus primeros cien años, la Iglesia construyó casi un templo por década.

En los treinta años siguientes, entre 1951 y 1980, se edificaron otros once templos, llevando el total a 19 y se llevaba un ritmo más acelerado; aun así había muchos miembros para quienes la visita al templo significaba años de ahorros y un largo viaje.

En la década de 1980, la Iglesia comenzó un esfuerzo más intenso en la edificación de templos; para 1997, se habían dedicado 32 templos más, o casi dos por año.

La Iglesia ha ingresado ahora en la era más dedicada a la construcción de templos de su historia. En 1998, se dedicaron 2 templos, con 15 más en construcción y una cantidad adicional de 26 terrenos para futuros templos en preparación para la palada inicial. Estos 43 templos, más los que ahora están en funcionamiento, hacen un total de 94. Seguir leyendo

Publicado en Historia Familiar, Jesucristo, Templos y la obra del templo | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La esperanza por medio de la expiación de Cristo

Conferencia General Octubre 1998
La esperanza por medio de la expiación de Cristo
Elder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell

“… la verdadera esperanza es mucho más que una simple meditación. No debilita, sino que aumenta nuestra fortaleza espiritual”.

Hermanos y hermanas, me siento muy agradecido de estar hoy con ustedes. Todavía tengo la cabeza un tanto brillante, pero no porque mis amigos peluqueros hayan magnificado su llamamiento, sino que más bien refleja los tratamientos adicionales que están produciendo resultados positivos, a pesar de los diferentes estilos de peinado que presento entre una y otra conferencia.

Mi gratitud continúa aumentando, principalmente hacia el Señor, luego hacia mi esposa y mi familia, tan especiales, hacia los competentes y esmerados médicos y enfermeras, y hacia tantos amigos y miembros que oran por mí.

Por un sinnúmero de razones, hermanos y hermanas, la sociedad actual parece esforzarse por tener esperanza. Las causas y los efectos relacionados con esto se entremezclan sutilmente.

En el uso cotidiano que damos a la palabra esperanza se incluyen ideas como la “esperanza” de llegar a cierto destino a cierta hora; la “esperanza” de que mejore la economía mundial; la “esperanza” de que nos visite un ser querido. Y esto simboliza nuestras sinceras pero temporarias esperanzas.

Las desilusiones de la vida representan con frecuencia los escombros de nuestras frustradas esperanzas temporarias. Sin embargo, acá me refiero a la indispensable necesidad de una esperanza definitiva.

Al final, la esperanza es un asunto distinto. Está ligada a Jesús y a las bendiciones de la grandiosa Expiación, bendiciones cuyo resultado es la Resurrección universal y la inestimable oportunidad que nos ofrece, de ese modo, de practicar el arrepentimiento emancipador haciendo posible lo que las Escrituras llaman “un fulgor perfecto de esperanza” (2 Nefi 31:20).

Moroni confirmó: “¿Y qué es lo que habéis de esperar? He aquí, os digo que debéis tener esperanza, por medio de la expiación de Cristo” (Moroni 7:41; véase también Alma 27:28). La verdadera esperanza, por lo tanto, no está relacionada con lo inconstante y temporario, sino con lo que es inmortal y eterno.

No es de sorprender que la esperanza este entretejida con otras doctrinas del Evangelio, en especial, con la fe y la paciencia.

Tal como la duda, la desesperanza y la insensibilidad van de la mano, así también sucede con la fe, la esperanza, la caridad y la paciencia. Pero estas cualidades deben nutrirse cuidadosa y constantemente, mientras que la duda y el desaliento, como la maleza, precisan muy poco estímulo para germinar y dispersarse ¡Lamentablemente, el desaliento sobreviene con naturalidad al hombre natural!

La paciencia, por ejemplo, nos permite enfrentar más equilibradamente el desequilibrio de las experiencias de la vida.

La fe y la esperanza se relacionan constantemente entre sí pero no siempre pueden distinguirse fácil o precisamente. Sin embargo, las expectativas de la esperanza definitiva son indudablemente seguras (véase Eter 12 4; véase también Romanos 8:24; Hebreos 11:1; Alma 32:21). Aun así, en la perspectiva geométrica de la teología restaurada, la esperanza es correspondiente a la fe, aunque a veces abarca una circunferencia mayor. La fe, a su vez, constituye “la certeza de lo que se espera” y la prueba de “lo que no se ve” (Hebreos 11:1; véase también Eter 12:6). Por ese motivo, la esperanza suele extenderse más allá de los actuales confines de la fe, pero siempre emana de Jesús. Seguir leyendo

Publicado en Espíritu santo, Esperanza, Paciencia | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Abrir las ventanas de los cielos

Conferencia General Octubre 1998
Abrir las ventanas de los cielos
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

“El diezmo es un principio fundamental para la felicidad y el bienestar personal de los miembros de la Iglesia de todo el mundo, tanto ricos como pobres”.

Siempre es una responsabilidad abrumadora estar ante este púlpito y lo hago con humildad. Ruego que puedan comprender por medio del Espíritu todo lo que voy a decir.

Deseo hablar acerca de abrir las ventanas de los cielos. De pequeño aprendí una gran lección de fe y de sacrificio cuando trabajaba en la granja de mi abuelo durante la terrible depresión económica de la década de 1930: se habla vencido el plazo para pagar los impuestos de la granja, y el abuelo, al igual que muchas personas más, no tenía dinero; además, había una sequía en la tierra y algunas vacas y caballos morían por falta de pasto y heno. Una día en que cosechábamos el poco heno que había en el campo, el abuelo nos dijo que arrimáramos la carreta hasta la esquina del campo que tenía el mejor heno, que la llenáramos hasta el tope y que la lleváramos a la oficina de diezmos a fin de pagar su diezmo en especie.

Yo me pregunté cómo podía el abuelo usar el heno para pagar el diezmo cuando algunas de las vacas de las que dependíamos para nuestro sustento quizás murieran de hambre; incluso me pregunte si el Señor esperaba de él tanto sacrificio; pero, con el tiempo, me maravilló su gran fe en que el Señor de alguna manera proveería. El legado de fe que dejó a su posteridad fue más grande que el dinero, porque estableció en la mente de sus hijos y de sus nietos que más que nada amaba al Señor y Su santa obra por encima de las cosas terrenales: nunca llegó a ser rico, pero murió en paz con el Señor y consigo mismo.

El presidente Henry D. Moyle, quien vivió en mi barrio cuando yo serbia como un joven obispo, me enseñó más acerca del espíritu del diezmo. En un ajuste de diezmos, el presidente Moyle declaró: “Obispo, este es mi diezmo completo y un poco más porque así es como hemos sido bendecidos”.

El diezmo es un principio fundamental para la felicidad y el bienestar personal de los miembros de la Iglesia de todo el mundo, tanto ricos como pobres. El diezmo es un principio de sacrificio y la llave para abrir las ventanas de los cielos. En la Primaria aprendí de memoria un poema acerca de los diezmos: “¿Qué es el diezmo? Se los diré. Diez centavos de cada peso y un centavo de cada diez”. Pero no lo comprendí plenamente hasta que me lo enseñaron el abuelo y el presidente Henry D. Moyle.

La ley del diezmo es sencilla: Pagamos anualmente una décima parte de nuestro interés personal (1). La Primera Presidencia ha interpretado que la palabra interés significa ganancia (2). La cantidad que representa el diez por ciento de nuestra ganancia personal depende de cada uno de nosotros y de nuestro Creador: no existen reglas legalistas. Tal como lo dijo una vez un converso en Corea: “Con el diezmo, no importa si uno es rico o pobre. Se paga el diez por ciento, y uno no tiene que avergonzarse si no ha ganado mucho. Si gana mucho, se paga el diez por ciento. Si gana poco, aun así se paga el diez por ciento. Nuestro Padre Celestial nos amara por hacerlo y podemos mantener la cabeza en alto con orgullo” (3).

¿Por qué se debe alentar a los miembros en todo el mundo, muchos de los cuales quizás no tengan suficiente para sus necesidades diarias, a guardar la ley del diezmo del Señor? Tal como lo dijo el presidente Hinckley en Cebú, Islas Filipinas, si los miembros, “… aunque vivan en pobreza y miseria… aceptan el Evangelio y lo viven, pagan sus diezmos y ofrendas, aunque estos sean escasos… tendrán arroz en su plato, ropa con que abrigarse y techo donde cobijarse. No veo ninguna otra solución” (4). Seguir leyendo

Publicado en Diezmo, Ofrendas, Sacrificio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario