Escuchen la voz del profeta

Conferencia General Octubre 1998

Escuchen la voz del profeta

Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

“Si escuchamos la voz del Señor por medio de Su profeta viviente y seguimos su consejo, nunca nos descarriaremos”.


Una noche, cuando tenía once años, escuché un alboroto afuera de mi ventana. Me asome y vi que en la calle había niños voceros que llevaban bultos de periódicos en donde se anunciaba el fallecimiento del presidente George Albert Smith, octavo presidente de la Iglesia. El presidente Smith había sido el único profeta que yo había conocido en mi breve tiempo en la tierra. Fue durante la administración de él que sentí los primeros brotes de un testimonio, y aun en ese entonces, sabía cuan importantes son los profetas de Dios. De las enseñanzas que recibí en la Primaria, así como de las que recibí de padres amorosos en nuestro hogar, sabía que el presidente Smith era nuestro vínculo terrenal con nuestro Padre Celestial y con Su Hijo Jesucristo, y que ellos podían hablar conmigo por medio de él … ¡Qué gran concepto para una pequeña! El Espíritu le había confirmado a mi mente de once años que eso era verdad. Cuando me entere de su muerte, sentí una gran pérdida.

Sin embargo, cinco días después del fallecimiento del presidente Smith, el presidente David 0. McKay se dirigió a la congregación en este tabernáculo. Los santos acababan de sostenerle como profeta, vidente y revelador. Mientras se secaba las lágrimas, él dijo: “Nadie puede presidir la Iglesia sin antes estar en armonía con la cabeza de la Iglesia, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Él está a la cabeza; ésta es Su Iglesia; y con Su divina guía y con Su inspiración, no fracasaremos” (1).

En poco tiempo, llegue a amar y a venerar al presidente McKay del mismo modo que había amado y honrado al presidente Smith. De hecho, recuerdo haberle visto en este púlpito, con su resplandeciente y blanca cabellera, y haber pensado que parecía un ángel.

Los profetas antiguos y los contemporáneos fueron y son gigantes del Señor, escogidos y ordenados antes de venir a esta tierra. Nuestros profetas son hombres a quienes el Señor ha levantado específicamente para presidir la Iglesia durante la época particular de su servicio. El Señor está trabajando a través de los líderes de Su Iglesia hoy en día, como siempre lo ha hecho en el pasado.

El presidente Wilford Woodruff dijo “Si tuviéramos todas las revelaciones que Dios ha dado al hombre… y las amontonáramos a 30 metros de altura, la Iglesia y el reino de Dios no progresarían, ni en ésta ni en ninguna otra época del mundo, si no contaran con los oráculos vivientes de Dios” (2).

Hermanos y hermanas, escuchen las instrucciones y la promesa que se encuentran en Doctrina y Convenios: “Por tanto… daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad; porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca” (D. y C. 21:45). Seguir leyendo

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Una época de oportunidades

Conferencia General Octubre 1998

Una época de oportunidades

Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

“Es una época para tender la mano y mantenernos en contacto con otra persona; una época para comprometernos a santificar el día de reposo, y una época para que las luces de nuestros templos sigan brillando con intensidad”.


Hace poco, en una reunión sacramental, una amorosa jovencita sugirió que un buen discurso debería comenzar con una pizca de humor o con una falsedad estrafalaria. Prácticamente no tengo ningún talento de humorista; pero puedo decir con profunda sinceridad que me siento perfectamente cómodo y libre de temor al estar ante este estrado.

Al concluir la celebración del sesquicentenario, nuestro amado Profeta volvió a centrar nuestra atención cuando dijo: “Ha llegado el momento de dejar de mirar el pasado y ver el futuro. Esta es una época con miles de oportunidades; depende de nosotros el utilizarlas y avanzar. ¡Qué maravilloso es el que cada uno de nosotros haga su pequeña parte para hacer avanzar la obra del Señor hacia su magnífico destino (Gordon B. Hinckley, “Miren hacia el futuro”, Liahona, enero de 1998, pág. 79).

Todos nosotros enfrentamos desafíos en nuestro diario vivir; a pesar de eso, en los desafíos se encuentran nuestras oportunidades más grandes. Al reconocer y al actuar de acuerdo con ellas obtendremos progreso, felicidad y crecimiento espiritual. Debemos participar en llevar la obra del Señor adelante y aunque las oportunidades disponibles son innumerables, quisiera sugerir algunas de ellas.

Se nos ha recordado una y otra vez desde este púlpito la necesidad de la observancia plena del día de reposo. Si no estamos santificando el día de reposo, hoy es una hermosa oportunidad de comprometernos para aprovechar esa oportunidad a fin de recibir las bendiciones prometidas que se reciben por medio de su observancia.

Muchos piensan que los términos “día de reposo” y “día de diversión” son sinónimos. Un amigo que administra varios almacenes pequeños en comunidades en donde predominan los Santos de los Últimos Días, me dice que él puede decir con precisión cuando terminan los servicios de adoración del domingo porque la cantidad de clientes que visitan sus negocios aumenta extraordinariamente. El recreo, en sus variadas formas, se ha convertido en “el rey del día de reposo”.

Cuando mi esposa y yo éramos recién casados, vivíamos en la parte sudeste del Valle del Lago Salado. Una vez, al hacer las compras en un pequeño almacén del vecindario, vimos al presidente Joseph Fielding Smith y a su esposa que hacían sus compras en el mismo lugar. Después de notar que acostumbraban visitar ese negocio, me arme de valor para preguntarle al presidente Smith por que iban desde el centro de la ciudad, pasando por una docena de almacenes, para comprar en ese almacén en particular. Mirando por sobre sus anteojos respondió enfáticamente: “¡Hijo! (lo que captó de inmediato mi atención), la hermana Smith y yo auspiciamos los establecimientos que santifican el día de reposo”. Seguir leyendo

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¿Llevamos el mismo paso de nuestros líderes?

Conferencia General Octubre 1998

¿Llevamos el mismo paso de nuestros líderes?

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

“Todo consejo… debe estar esforzándose mancomunadamente por hollar las formas de ser más eficaces en la tarea de preparar a nuestros miembros… para disfrutar todas las bendiciones de la Iglesia y… del templo”.


En nuestra última conferencia general, el presidente Gordon B. Hinckley hizo el histórico anuncio de que se construirían treinta o más templos más pequeños en todo el mundo. El primero de esos templos fue dedicado este verano en Monticello, Utah. Como saben, la meta que expuso el presidente Hinckley es tener por lo menos cien templos en funcionamiento para finales de este siglo. Conociendo al presidente Hinckley como le conozco, estoy seguro de que la meta se alcanzara o, incluso, se superara.

El presidente Hinckley ha calificado esta extraordinaria obra de la construcción de templos como “un proyecto extraordinario. Nada, ni siquiera parecido, se había intentado antes” (1). Desde ese anuncio sensacional, he pensado en la extraordinaria confianza que el Señor y Su Profeta tienen en ustedes y en mí. ¡Qué gran responsabilidad descansa ahora sobre todos nosotros de prepararnos tanto nosotros mismos como a los demás para ser dignos de recibir las bendiciones de esos santos templos!

Las Autoridades Generales han estado enteradas desde hace bastante tiempo de que muchos de nuestros miembros viven en lugares del mundo muy distantes del templo más cercano. El corazón de ellos es fiel, tienen una gran fe con respecto a la misión de la Iglesia, aman al Señor y desean hacer Su voluntad. ¡Qué bendición serán estos bellos templos para esos dedicados santos!

Vuelvo a citar las palabras del presidente Hinckley: “Si las ordenanzas del templo son parte esencial del Evangelio restaurado, y yo les testifico que sí lo son, es entonces imprescindible que proporcionemos los medios para que puedan llevarse a cabo… Las ordenanzas del templo se convierten en las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer” (2).

Hay un apremio en esta obra que nos motiva a hacer llegar las bendiciones del templo a tantos hijos de nuestro Padre Celestial como sea posible. Me impresionó la experiencia que tuvo el presidente Wilford Woodruff y que él contó de una visita que recibió del profeta José Smith algún tiempo después de que el Profeta fue martirizado. Según el propio relato del presidente Woodruff: “[José Smith] vino a mí y me habló; me dijo que no podía detenerse a hablar porque tenía prisa. El otro hombre que vi fue el padre del profeta José, que no pudo hablar conmigo porque tenía prisa. Vi a media docena de hermanos que habían ocupado elevados cargos en la tierra, y ninguno de ellos pudo detenerse a hablarme porque todos andaban apresurados. Me quedé muy asombrado. A la larga, vi al Profeta otra vez y tuve el privilegio de hacerle la pregunta.

“Le dije: ‘Quisiera saber por qué anda usted le prisa. Yo he andado apresurado toda mi vida y esperaba que los apremios acabaran cuando llegase al Reino del Cielo, si llegaba’.

“José me dijo: ‘Se lo diré, hermano Woodruff. Cada dispensación que ha tenido el sacerdocio en la tierra y que ha ido al Reino Celestial ha tenido cierta cantidad de trabajo que hacer a fin de prepararse para ir a la tierra con el Salvador cuando La vaya a reinar a la tierra. Cada dispensación ha tenido abundante tiempo para realizar esta obra; pero nosotros no. Somos la última dispensación y tanto es el trabajo que queda por hacer que tenemos que apresurarnos para realizarlo’.

“Naturalmente, esa respuesta fue satisfactoria”, concluyó el presidente Woodruff, “pero esa era doctrina nueva para mí” (3).

Otros profetas de los últimos días nos han motivado del mismo modo para hacernos avanzar con mayor rapidez en la realización de la trascendental obra de esta última gran dispensación. El presidente David O. McKay animó a cada miembro a ser misionero (4). El presidente Spencer W. Kimball nos instó a alargar el paso (5). El presidente Howard W. Hunter dijo: “Estamos en una época en la historia del mundo, así como en el progreso de la Iglesia, en que debemos dedicarnos a pensar más en las cosas sagradas y a comportarnos más como el Salvador espera que Sus discípulos lo hagan” (6). Y ahora, el presidente Gordon B. Hinckley nos pide “seguir adelante”, hacer mejor las cosas, hacer más. Él dijo: “Tenemos mucho por hacer, muchísimo. Por tanto, arremanguémonos y pongamos manos a la obra con más dedicación y depositando nuestra confianza en el Señor… Podemos lograrlo si oramos y somos fieles” (7).

Evidentemente el poder del Señor está haciendo avanzar a los líderes de la Iglesia, impulsándolos con la misma urgencia que parecía motivar a José Smith en la visión de Wilford Woodruff. El presidente Hinckley está haciendo todo lo que puede por acelerar la obra; viaja por el mundo en una proporción sin precedentes para fortalecer y edificar a los santos y animarlos a elevarse y a seguir adelante. Se ha puesto a la disposición de los medios de comunicación del mundo a fin de dar a conocer el mensaje de la Restauración ante el mayor publico posible, y está supervisando la época de construcción de mayor numero de templos de la historia en el intento de agilizar nuestra capacidad de realizar la enorme cantidad de trabajo que se nos ha designado efectuar en esta dispensación de los tiempos.

Nuestro Presidente esta dinámicamente en la fila delantera mostrando el camino. La pregunta que todos debemos hacernos es: “¿llevamos el mismo paso que él?”. Cada uno de nosotros debe estar preparado para contestar a esa pregunta. Les aseguro que es un tema de considerables deliberaciones entre los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles. Espero que así sea también en todo consejo de todo barrio y de toda estaca en la Iglesia. Esta no es época para reposar ni para no hacer esfuerzos en nuestros llamamientos. Todo consejo de la Iglesia debe estar esforzándose mancomunadamente por hallar las formas de ser más eficaces en la tarea de preparar a nuestros miembros para ser dignos de disfrutar todas las bendiciones de la Iglesia y sobre todo las bendiciones del templo.

Nos vamos acercando rápidamente al momento en que el número de templos en funcionamiento en todo el mundo será el doble de lo que era hace tan sólo cuatro años. Esta es una buena ocasión para preguntar: presidentes de estaca y obispos, ¿qué están haciendo sus consejos de estaca y de barrio para llenar esos templos de miembros dignos y de suficientes y dedicados obreros de templo? ¿Están funcionando sus quórumes del sacerdocio con la mayor eficiencia? ¿Están los maestros orientadores y las maestras visitantes prestando servicio a las familias a las que han sido asignados? ¿Están sus organizaciones auxiliares intensificando activamente la fe y los testimonios? ¿Tienen las actividades de su estaca y de su barrio el objetivo de fortalecer la familia y a cada miembro? ¿Están coordinando con esmero la obra proselitista con los misioneros regulares y los de estaca, ayudándoles a encontrar, a enseñar y a bautizar a muchas personas más? ¿Están sus consejos encargándose de ayudar a que cada nuevo converso y cada miembro menos activo sea totalmente hermanado y esté completamente afianzado en las doctrinas de la Iglesia?

Hermanos y hermanas, es mucho lo que tenemos que hacer para efectuar la obra que el Señor ha asignado a esta dispensación. Debemos concentrar la atención en nuestra obra y trabajar de un modo más ingenioso a fin de llevar a cabo nuestra función de preparar a todos los miembros de la Iglesia para recibir las bendiciones del templo. Los líderes de la Iglesia, hombres y mujeres, pueden y deben extender el radio de su alcance e intensificar el poder de su influencia. Debemos ser prudentes para proteger y enseñar primero a nuestras familias, y, en seguida, aprovechar al máximo el inspirado sistema de consejos de la Iglesia para lograr resultados más satisfactorios en la obra que nuestro Padre Celestial nos ha encomendado realizar y dentro del margen de tiempo que Él nos ha dado para efectuarla.

Consideremos, por ejemplo, la función fundamentalmente importante del consejo de barrio en la labor de hermanar a todo converso y de activar a los menos activos. Como cada miembro lo sabe ahora, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles están sumamente interesados en el bienestar de todo miembro nuevo y de todo miembro menos activo de la Iglesia. Ningún consejo de barrio ni de rama debe permitir que un nuevo converso se sienta inseguro como miembro nuevo de la Iglesia. Todavía hay demasiados de ellos que no se sienten acogidos con cariño.

Hace poco un miembro nuevo me escribió: “A veces… pienso que cometí un error al bautizarme. Sé que esta Iglesia es verdadera y tengo un firme testimonio, pero todavía pongo en duda… Cuando investigaba, todos los del barrio se acercaban a mí y siempre me hablaban y deseaban ayudarme… Pero, desde que me bauticé, es como si ni siquiera notaran cuando voy a la Iglesia y cuando no voy. Casi no sé nada de nadie… simplemente no entiendo por qué la gente de mi barrio me ha olvidado así como así. Me siento tan solo y confuso… No le puedo hablar al obispo porque… no tengo ningún contacto con él; ni siquiera se acordaba de mí cuando volví a la Iglesia. Por favor, ayúdeme si puede”.

Hermanos y hermanas, en tanto que se ha logrado un progreso admirable, ha llegado el momento en que debemos movilizar todos los recursos para hermanar a todos los conversos y bendecir la vida de muchos más de los hijos de nuestro Padre Celestial. Esto se logra con mayor eficacia cuando los miembros de los consejos de barrio se encargan de que cada organización haga su parte para asegurarse de que los nuevos miembros tengan amigos, tengan una asignación y sean nutridos por la buena palabra de Dios. Cada alma es muy valiosa para nuestro Padre Celestial. Nunca debemos olvidar que, por medio de la Expiación, el Señor Jesucristo pagó un gran precio por la redención de cada uno de nosotros. Su padecimiento no debe ser en vano porque dejemos de nutrir y de enseñar a los que se esfuerzan por ser activos en la Iglesia.

Ustedes, las hermanas, pueden edificar un testimonio personal en cada mujer, en cada jovencita y en cada niño del barrio. ¡Cuán agradecidos estamos por su fortaleza! Hermanas, conversen en sus consejos sobre la forma de quererse, de apoyarse y de enseñarse las unas a las otras las hermosas bendiciones y promesas del Evangelio. Que maravilloso sería si todas las mujeres del mundo comprendieran su verdadero destino, el cual se expresa en el lema de las Mujeres Jóvenes: “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él. Seremos ‘testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar’ a medida que procuremos vivir de acuerdo con los Valores de las Mujeres Jóvenes, que son: fe, naturaleza divina, valor individual, conocimiento, elección y responsabilidad, buenas obras e integridad” (8). El aprender y poner en practica esos valores salvara y bendecirá tanto a las mujeres jóvenes como a las mayores.

Ustedes, los miembros del obispado y de la presidencia de los Hombres Jóvenes, háganse amigos de cada joven y ayúdenle a ser digno de ser ordenado, a la edad correspondiente, al oficio del sacerdocio respectivo. Esta es una parte importante de su obra y la obra de todos los miembros del consejo de barrio. Ningún joven que comience como diácono en el Sacerdocio Aarónico debe dejar de ser ordenado élder ni se le debe dejar de invitar a cumplir una misión regular.

Los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec tienen la responsabilidad del bienestar espiritual y temporal de todos los varones y las familias de ellos. Gran parte de la obra que se realiza entre las familias del barrio y que actualmente llevan a cabo los miembros del obispado podrían apropiadamente llevarla a cabo hombres del Sacerdocio de Melquisedec siempre que ello se analice y se coordine debidamente en las reuniones de consejo.

Presidentes de estaca y obispos, si sus consejos no están concentrados en este más elevado nivel de poder y dirección espirituales, ni funcionando a ese nivel, les ruego que hagan todo lo que este a su alcance por lograr que los consejos comprendan la forma de combinar todos los recursos para preparar espiritualmente a su gente.

Del mismo modo, nosotros, como personas y como familias debemos reunirnos en consejo para examinarnos detenidamente nosotros mismos y examinar nuestra dedicación personal y familiar al Evangelio de Jesucristo. Ese examen es particularmente esencial para los que hemos hecho convenios de consagración y de sacrificio en la Casa del Señor. Debemos preguntarnos: ¿Estamos dando el ejemplo de virtud cristiana y de fidelidad al Evangelio en nuestras vidas y en nuestros hogares? ¿Estamos mostrando interés por nuestros amigos, familiares y vecinos inactivos y por los que no son miembros de la Iglesia, y haciéndolo con amor? ¿Estamos expresando nuestro testimonio con valentía?

Conozco el poder que constituyen hombres y mujeres inspirados que en unión se esfuerzan por fortalecer familias y miembros individuales de la Iglesia. Por favor, utilicen plenamente sus aptitudes para bendecir la vida de cada persona- hombre o mujer, adolescente o niño, que sea o no miembro de la Iglesia-que viva dentro de los límites del barrio. Hermanos y hermanas, unámonos como nunca antes a fin de hacer nuestra parte, individual y colectivamente, para preparar a nuestra gente para recibir las bendiciones que sólo se pueden dar en la casa del Señor.

Esta es nuestra hora, hermanos y hermanas: la época que previeron los santos profetas que han existido desde el principio del mundo; es la dispensación del cumplimiento de los tiempos en la que se verificaran las últimas escenas de la historia de este mundo. Nuestros profetas de los últimos días, desde José Smith hasta Gordon B. Hinckley, nos han exhortado con respecto a la solemne y seria obligación que tenemos de prepararnos para “el día de Jehová, grande y terrible” (9). Ese día se viene acercando inexorablemente, y todavía hay mucho que queda por hacer. Debemos estar preparados para llevar el mismo paso de nuestros líderes y alargar el paso al igual que lo hacen ellos. Quizás como nunca antes debemos concentrar nuestros esfuerzos en las cosas que son más importantes y evitar pasar el tiempo en las cosas que son de poca trascendencia y de escasa magnitud.

Dijo el profeta José Smith: “Hermanos, ¿no hemos de seguir adelante en una causa tan grande? Avanzad, en vez de retroceder. ¡Valor, hermanos; e id adelante, adelante a la victoria! ¡Regocíjense vuestros corazones y llenaos de alegría! …

“He aquí, está a punto de llegar el gran día del Señor … Ofrezcamos, pues, como iglesia y como pueblo, y como Santos de los Últimos Días, una ofrenda al Señor en rectitud; y presentemos en su santo templo … un libro que contenga el registro de nuestros muertos, el cual sea digno de toda aceptación” (10) .

Ruego que nos unamos, hermanos y hermanas, para hacer nuestra parte a fin de preparar a cada familia, a cada adulto, a cada joven y a cada niño para que un día sea digno de recibir todas las bendiciones del templo que el Evangelio brinda. Doy mi testimonio de que el Señor Jesucristo vive; es por medio de El que las ordenanzas eternas del templo vienen a los miembros fieles de la Iglesia. Que el Señor nos bendiga con el deseo, la sabiduría y la dedicación de seguir haciendo avanzar esta gran obra con entusiasmo en el seno de nuestras respectivas familias y en la Iglesia, ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Bienvenidos a la conferencia

Conferencia General Octubre 1998
Bienvenidos a la conferencia
Presidente Gordon B. Hinckley
Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Gordon B. Hinckley“Con oración y con humildad damos testimonio a ustedes. Que todos seamos inspirados juntos; que nuestros corazones se eleven en alabanza hacia nuestro Redentor.”

Mis hermanos y hermanas, les extendemos una calurosa bienvenida; les damos la bienvenida a esta gran conferencia. Hay más de seis mil de nosotros aquí en el Tabernáculo y hay muchos millones más en otros edificios a lo largo y a lo ancho del mundo. Somos todos una familia; tenemos un Señor, una fe, un bautismo. En el cumplimiento de las palabras de Pedro, somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunci[emos] las virtudes de aquel que [nos] llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2: 9).

En general, somos gente feliz. Recordamos a aquellos que experimentan dificultades debido a las calamidades naturales o a las causadas por el hombre, y continuamos orando por ellos; sin embargo, aquellos de nuestras filas que están agobiados con dolor y sufrimiento van adelante con fe, con la seguridad absoluta de que Dios vive y de que vela por Sus hijos.

En esta mañana, el Tabernáculo está lleno. Una vez se consideró muy amplio y espacioso; hoy, con el crecimiento de la Iglesia, nuestra gente no cabe en él. Hace tan sólo dos semanas, estuve en el estadio Astrodome, en Houston, Texas, para una conferencia regional en la que tuvimos algo así como veinte mil personas de asistencia: tres veces más de la que podemos tener en este edificio.

Estoy profundamente agradecido por el avance de la construcción de la nueva y maravillosa propiedad que colinda con la Manzana del Templo, una cuadra al norte de aquí; es una estructura inmensa, y me siento agradecido por haber seguido los susurros que aconsejaban construirla. Creo que el Señor nos ha indicado que lo hagamos y que La ha revelado su voluntad en este asunto.

Los obreros trabajan para instalar la inmensa viga mayor que demarca el principio de la estructura superior del edificio. Todo avanza de acuerdo con lo previsto: hay 600 personas trabajando en el proyecto hoy en día y este número aumentará.

El edificio acomodara a más de veintiún mil personas y se dispondrá de mil asientos más en un teatro que será parte de él. A través de las generaciones del futuro, resonarán en él las voces de los profetas. Será principalmente una casa de adoración; pero también será un lugar para el arte: habrá conciertos y otros acontecimientos públicos edificantes, valiosos y espirituales. Salvo alguna circunstancia imprevista, el edificio quedará concluido para la conferencia general de abril del año 2000 y constituirá un obsequio para el Maestro, cuyo nacimiento conmemoraremos en esa temporada.

Al contemplar estas cosas, pienso en nuestros hermanos y hermanas de tierras distantes. Me he reunido con cientos de miles de ustedes, he visto sus rostros y he sentido sus espíritus; ustedes son tan valiosos para esta obra. El Señor los ha reunido “uno de cada ciudad, y dos de cada familia”, tal como lo profetizo Jeremías. Él los instruye con pastores acordes con Su corazón (véase Jeremías 3:14-15). Oramos por ustedes, les visitamos, les respetamos y admiramos, les amamos; somos todos parte de una gran familia-diez millones en número- adorando con corazones y mentes unánimes a los pies de nuestro Maestro, el Hijo de Dios. Doquier que se hallen, sin importar la distancia, tendrán la oportunidad de participar en esta conferencia: la recibirán vía satélite en muchos lugares; la recibirán por video en varios lugares que el satélite no puede alcanzar; y a unos pocos de ustedes, que están en lugares muy distantes, les llegará la palabra escrita mediante nuestras revistas del Iglesia.

Sin importar el lugar donde estén, sin importar nuestras circunstancias, todos pueden ser Santos de los Últimos Días fieles. Podemos orar y adorar al Señor en la intimidad de nuestros aposentos; podemos cantar himnos de loor al Altísimo, incluso cuando estemos solos. Podemos estudiar las escrituras; podemos vivir el Evangelio; podemos pagar nuestros diezmos y ofrendas aunque la cantidad sea modesta; podemos andar por fe; podemos esforzarnos para vivir nuestra vida siguiendo el ejemplo de la vida de nuestro Maestro.

Ahora, hermanos y hermanas, les invito a escuchar a los que han sostenido como Autoridades Generales y oficiales de la Iglesia, porque con fe, con oración y con humildad damos testimonio a ustedes. Que todos seamos inspirados juntos; que nuestros corazones se eleven en alabanza hacia nuestro Redentor, ruego humildemente en Su santo nombre, sí, el nombre de Jesucristo. Amén.

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Sé un auténtico héroe de acción

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Sé un auténtico héroe de acción
Por Charlotte Larcabal
Revistas de la Iglesia

El seguir adelante no es un deporte de espectadores. ¡Levántate y ponte en marcha!

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Piensa en tu héroe de acción favorito. Listo… ¡ya! ¿Pensaste en algún temerario de capa y espada que lucha contra adversidades insuperables? ¿O quizá en un aventurero cautivador de cabello perfecto? ¿Pensaste en alguien de las Escrituras?

¿Alguien como Nefi, Noé, Abish o Pedro? Ellos no pelearon contra ejércitos solo con los puños y con un eslogan ingenioso; sin embargo, son lo que podríamos llamar auténticos héroes de acción. Ejercitaron la fe, confiaron en Dios y se pusieron en marcha. Actuaron.

¿Alguna vez has evitado hacer algo porque no has recibido instrucciones claras y detalladas? Tal vez haya alguien de tu clase o cuórum que no ha estado asistiendo a la Iglesia. ¿Dudas respecto a tratar de ayudarlos porque no sabes exactamente cómo hacerlo? La inspiración es importante, y siempre debemos buscarla, pero eso no significa quedarse sentado y esperar a recibir un mensaje de texto de un ángel antes de salir a hacer el bien. El Padre Celestial desearía que entablaras amistad con esa persona; ¡Él quiere que demos un paso hacia adelante y que actuemos!

¿Qué hubiera sucedido si Nefi, Noé, Abish y Pedro hubieran esperado? Todos tuvieron que hacer algo difícil. Imagínate que hubieran decidido sentarse tranquilos con una bebida y una galleta hasta que recibieran instrucciones adicionales. Las cosas habrían sucedido de una manera muy diferente…

¿Esperar a ver?

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“Esperaré para hacer lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía, de modo que no haré nada hasta saber exactamente cuál es la vía” (versión no existente de 1 Nefi 3:7).

Al poco tiempo de que la familia de Lehi abandonara su hogar en Jerusalén, el Señor mandó a los hijos de Lehi que regresaran y obtuvieran las planchas que tenía Labán. Sin embargo, hasta donde sabemos, no les dio ninguna indicación de cómo lograrlo. Lo único que Nefi y sus hermanos sabían era que el Señor les había mandado que obtuvieran las planchas. ¿Has sentido alguna vez que no tienes ni idea de cómo llevar a cabo lo que debes hacer? (¡Quizá esa fue una de las razones por las que Lamán y Lemuel se quejaron!). Nefi tuvo que usar el cerebro, ejercitar la fe e ir y hacer. ¿Pero qué hubiera sucedido si se hubiera quedado y perdido el tiempo? ¿Qué hubiera ocurrido si Nefi hubiera rehusado actuar hasta que Dios le proporcionara un plan? Obtener las planchas era difícil; ¡él y sus hermanos lo intentaron dos veces y fallaron! ¿Qué tal si Nefi simplemente se hubiera sentado junto al muro de Jerusalén y hubiera esperado que Dios le dijera qué hacer?

Posiblemente las planchas todavía estarían con el tesoro de Labán. Afortunadamente Nefi no esperó. Seguir leyendo

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Fe, esperanza y caridad: Virtudes entrelazadas

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Fe, esperanza y caridad: Virtudes entrelazadas
Por el élder Chi Hong (Sam) Wong
De los Setenta

chi-hong-sam-wongAl entretejer la fe, la esperanza y la caridad en nuestra vida diaria. llegamos a ser seguidores verdaderos del Salvador Jesucristo.

Si bien el libro de Moroni, en el Libro de Mormón, es relativamente corto (tan solo tiene diez capítulos), nos brinda gran cantidad de consejos maravillosos. Tanto Moroni como Mormón enseñan valiosos principios del Evangelio. Mientras Moroni completa el compendio de su padre del Libro de Mormón, recuerda una y otra vez las enseñanzas que este dio acerca de los vínculos entre la fe, la esperanza y la caridad. Mormón y Moroni claramente querían hacer hincapié en la importancia de estos tres principios.

rope and blocks

En mis estudios anteriores del Libro de Mormón, solía considerar estos tres principios como bloques de construcción: primero la fe, luego la esperanza y por último la caridad. Parecía una progresión lógica: a medida que crece la fe, aumentamos nuestro estudio y conocimiento, y empezamos a poner en práctica el principio de la esperanza. La fe y la esperanza, juntas, nos moldean y nos guían por las sendas que recorrió el Salvador, y empezamos a abrazar las cualidades de la caridad.

Sin embargo, en estudios más recientes, he llegado a entender la fe, la esperanza y la caridad de un modo diferente. Ahora pienso en ellas más como virtudes entrelazadas, cada una desempeñando una parte crítica en el desarrollo y la definición de nuestro testimonio.

A nuestra hija, Joy, le gusta crear animales y objetos con globos. Un día, mientras la observaba haciéndolo, pensé en que una cuerda se forma retorciendo varias hebras juntas. Eso me ayudó a visualizar mi recién hallada comprensión de la fe, la esperanza y la caridad como hebras que se combinan para formar una cuerda resistente.

Fe: “Tendréis poder”
La fe en nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo es fundamental no solo para obtener la vida eterna, sino también para nuestra vida en la tierra. “Y Cristo ha dicho: Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente” (Moroni 7:33). He aplicado este poder mediante la fe muchas veces en mi vida y he confiado en la fe para atravesar algunos momentos difíciles. Seguir leyendo

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Huir en busca de fe y de libertad

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Huir en busca de fe y de libertad
Por Eva Walburger
La autora vive en Idaho, EE. UU.

A medida que buscaban libertad religiosa, mis padres fueron bendecidos por la amabilidad y la aceptación de los Santos de los Últimos Días que los rodeaban, desde Checoslovaquia hasta Canadá.

fleeing the country at nighttime

Mis hermanos y yo crecimos escuchando historias de cómo nuestros padres se sacrificaron para vivir el Evangelio, y hemos sido bendecidos por sus esfuerzos. Ha nacido en mí un profundo sentimiento de gratitud por todo lo que ellos y otros de los primeros Santos de los Últimos Días checos hicieron a fin de que su posteridad pudiese recibir las bendiciones del Evangelio.

Mi madre nació en Poprad, en la antigua Checoslovaquia (actualmente Eslovaquia). Su padre sirvió en el ejército checo durante la Segunda Guerra Mundial, y su familia fue una de las muchas familias de militares que huyeron a un bosque cercano para protegerse de los alemanes invasores. Durante cinco días, mis abuelos se acurrucaron bajo una frazada con mi madre y su hermana, que tenían uno y cinco años respectivamente, alimentándose con una ración de cubitos de azúcar.

En ese tiempo, mis abuelos no eran miembros de la Iglesia ni tampoco oraban con frecuencia; sin embargo, durante esa prueba, se les ablandó el corazón. Mi abuela escribió en su diario: “Esta noche sentí el anhelo de arrodillarme para pedir la ayuda de alguien que tuviera una autoridad superior, de modo que entré en el bosque, me arrodillé y oré con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, y supliqué ayuda”.

Su oración fue contestada. Algunas familias que se hallaban en el bosque fueron asesinadas cuando las descubrieron, pero mis abuelos y sus dos hijas fueron milagrosamente protegidos. Por medio de esa experiencia extenuante y difícil, el Señor plantó una semilla de fe y confianza en el corazón de mis abuelos.

Fe y persecución
Tras concluir la Segunda Guerra Mundial unos años más tarde, mis abuelos vivían aún en Checoslovaquia cuando dos jóvenes misioneros llamaron a su puerta. Después de asistir a la pequeña rama y recibir las lecciones misionales, recibieron un testimonio de la veracidad del Evangelio y decidieron bautizarse. Sin embargo, la noche en que iban a tener las entrevistas para el bautismo, los misioneros y el líder de la Iglesia no llegaron. En la siguiente reunión de rama, mis abuelos se enteraron de que, debido a la agitación política, todos los misioneros habían tenido que abandonar el país y que desde ese momento también se prohibiría toda práctica religiosa. No obstante, el pequeño grupo de santos de la región mantuvo su fe, ahora bajo la dirección de los líderes y de las llaves del sacerdocio locales. Mis abuelos y mi tía fueron bautizados en secreto en 1950. Seguir leyendo

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Por el estudio y por la fe

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Por el estudio y por la fe
Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

M. Russell BallardQue puedan sentir el gozo y la paz que vienen de saber que, por medio de las enseñanzas que ustedes imparten, han influenciado la vida de uno de los hijos del Padre Celestial y lo han elevado en su camino de regreso a la presencia de Él.

En las palabras que dirigió a los educadores religiosos del Sistema Educativo de la Iglesia, el élder Ballard enseña principios y da consejos que se aplican a todo aquel que enseña en la Iglesia.

teacher standing at a whiteboard

En una reunión de capacitación con las Autoridades Generales, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dijo en cuanto a enseñar la doctrina de la Iglesia: “Nunca podemos ser demasiado precavidos. Debemos tener cuidado de no desviarnos [del curso]. En nuestro empeño por ser originales, modernos y diferentes, puede que enseñemos cosas que quizás no estén del todo en armonía con las doctrinas básicas de esta, la Iglesia restaurada de Jesucristo… Es mejor que estemos más alerta… Debemos ser atalayas en la torre”1.

A medida que la educación avanza en el siglo XXI, nuestros maestros tienen que considerar cualquier cambio que deberían hacer en la forma en que se preparan para enseñar, en cómo enseñan y en lo que enseñan, a fin de edificar una fe inquebrantable en la vida de nuestros preciados jóvenes.

Atrás han quedado los días en los que un alumno hacía una pregunta sincera y el maestro respondía: “¡No te preocupes por eso!”. Atrás han quedado los días en los que un alumno expresaba una preocupación sincera y el maestro compartía su testimonio como respuesta para evitar hablar del asunto. Atrás han quedado los días en los que se protegía a los alumnos de la gente que atacaba a la Iglesia.

Afortunadamente, el Señor ha proporcionado este consejo oportuno y eterno a los maestros: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118).

Eso se aplica de manera especial hoy día, puesto que no todos los alumnos tienen la suficiente fe para afrontar los retos que tienen por delante y porque muchos, mediante internet, ya han sido expuestos a las fuerzas corrosivas de un creciente mundo secular que es hostil a la fe, a la familia y a las normas del Evangelio. Internet está extendiendo su alcance en todo el mundo a casi todos los hogares, y a las manos y las mentes de nuestros alumnos.

Ustedes pueden ayudar a sus alumnos al enseñarles lo que significa combinar el estudio y la fe a medida que aprenden. Para enseñarles, demuestren esa habilidad y ese método en la clase.

El presidente Harold B. Lee (1899–1973) observó:

“Les recuerdo que adquirir conocimiento por la fe no es un camino fácil hacia el aprendizaje; exige un esfuerzo arduo y una lucha constante mediante la fe…

“Aprender por la fe no es tarea para el ocioso. De hecho, alguien ha dicho que tal procedimiento requiere doblegar el alma entera, tomar lo que hay en lo más profundo de la mente humana y vincularlo a Dios; se debe establecer la debida conexión; solo entonces se obtiene el ‘conocimiento por la fe’”2.

El conocimiento mediante la fe producirá un testimonio puro; y un testimonio puro tiene el poder de cambiar vidas, como se ilustra en estas tres breves historias. Seguir leyendo

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El divino poder de la gracia

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
El divino poder de la gracia
Por el élder James J. Hamula
De los Setenta

james-j-hamulaDel discurso de un devocional del Sistema Educativo de la Iglesia: “His Grace Is Sufficient for You”, pronunciado en la Universidad Brigham Young–Hawái, el 3 de junio de 2014. Para leer el texto completo [en inglés], vaya a devotional.byuh.edu.

La gracia tiene como fin permitirnos guardar más perfectamente los mandamientos y procurar andar de manera más piadosa, hasta que alcancemos la plena estatura de Cristo.

Christ appears to the Nephites

De todos los atributos de Jesucristo, tal vez el más significativo sea que Él es “lleno de gracia” (Juan 1:14). En las Escrituras, el término gracia se refiere con mayor frecuencia a la disposición y poder divinos para bendecir, otorgar dones o actuar de manera benévola hacia los hombres. En el Diccionario bíblico en inglés leemos: “La idea principal del término [gracia] es: medios divinos de ayuda o fortaleza… La gracia es un poder habilitador” (“Grace” [Gracia]); permite que el beneficiario haga y sea lo que él o ella no puede hacer ni ser si se tiene que valer por sus propios medios.

Todos necesitamos ese tipo de poder habilitador. Somos los hijos y las hijas de Dios y, como tales, tenemos el potencial de llegar a ser como Él.

Nuestra incapacidad en espíritu y en cuerpo
Aunque se espera que logremos la “plenitud de Cristo” (Efesios 4:13), simplemente no podemos hacerlo por nosotros mismos. Cada uno de nosotros se compone de dos cosas: un espíritu eterno y un cuerpo mortal (véase Abraham 3:18). Nuestro espíritu eterno viene al mundo como producto de decisiones que tomamos en el mundo premortal. Esas decisiones premortales son parte de nuestra personalidad, carácter e inteligencia espiritual. Es importante destacar que no hay dos espíritus que sean iguales (véase Abraham 3:19); cada espíritu posee un grado diferente de inteligencia espiritual, o luz y verdad (véase D. y C. 93:36), según las decisiones que él o ella haya tomado en la vida premortal. Si bien al nacer el espíritu de cada uno de nosotros puede llegar limpio y puro a su cuerpo mortal, e incluso noble y grande, nuestro espíritu (el de ninguno de nosotros) no está aún perfectamente desarrollado a la medida de la plenitud de Cristo. La perfección del espíritu se puede procurar durante la escuela de la vida terrenal y la experiencia adicional del mundo de los espíritus, pero la perfección del espíritu no se logra, finalmente, sino hasta la resurrección.

Además de la imperfección actual de nuestros espíritus, nuestros cuerpos mortales también son imperfectos. No obstante lo maravillosos que son, nuestros cuerpos mortales están sujetos a la decadencia, el deterioro y la muerte, así como a deseos, apetitos y pasiones que previamente nos eran desconocidos. Bajo tales condiciones, es sumamente difícil someter completamente el cuerpo a la voluntad del espíritu. Con demasiada frecuencia, el espíritu cede a las órdenes del cuerpo. Algunos de los espíritus más extraordinarios que han venido a la tierra han tenido dificultades para dominar sus cuerpos físicos. “… mi corazón se entristece a causa de mi carne”, se lamentó Nefi. “Me veo circundado a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me asedian” (2 Nefi 4:17, 18; véase también el versículo 27). Seguir leyendo

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Prepararse para comparecer ante Dios

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Prepararse para comparecer ante Dios
Por Devin G. Durrant
Primer Consejero, Presidencia General de la Escuela Dominical

Devin G. DurrantLa Escuela Dominical desempeña una importante función al ayudarnos a todos a prepararnos para comparecer ante Dios. ¿Están haciendo de ello una prioridad?

En el Libro de Mormón, Amulek pronuncia un poderoso sermón sobre la expiación de Jesucristo (véase Alma 34). Entre los hermosos versículos de este capítulo, uno de los que más me llama la atención es aquel en el que Amulek declara: “Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

scripture study

Al creer que el propósito de esta vida es “prepararse para comparecer ante Dios”, podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué estoy haciendo cada día, cada semana y cada mes a fin de prepararme para ese maravilloso reencuentro con nuestro Padre Celestial? ¿Cómo elegiré emplear el valioso tiempo que se me otorga?

¿Cómo nos prepararemos?
Hay muchas maneras en que podríamos emplear nuestro tiempo para prepararnos para comparecer ante Dios. De manera semanal creo que estamos de acuerdo en que el momento más importante de la semana es el que pasamos participando de la Santa Cena, renovando nuestros convenios con el Padre Celestial, reflexionando en el amor que sentimos de Él y en la esperanza que todos podemos tener como resultado de la expiación de Su Hijo, Jesucristo.

También creo que la hora que pasamos en nuestras clases de la Escuela Dominical podría tener un mayor efecto en nuestra preparación de lo que pensamos, pero para beneficiarnos de esa oportunidad tal vez debamos analizar el modo en que enfocamos la Escuela Dominical.

El propósito de la Escuela Dominical es “fortalecer la fe de las personas y de las familias en el Padre Celestial y en Jesucristo mediante la enseñanza, el aprendizaje y el hermanamiento”1. Esos aspectos fundamentales de la conversión son esenciales en nuestros esfuerzos por prepararnos para comparecer ante Dios. Nos entusiasma ver que los maestros en toda la Iglesia se están esforzando por mejorar su habilidad para enseñar haciendo uso del manual Enseñar a la manera del Salvador y de las reuniones de consejo de maestros. Seguir leyendo

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Preparar un lugar para el Señor

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Preparar un lugar para el Señor
Por el obispo Gérald Caussé
Obispo Presidente

Gérald CausséCada vez que escucho el relato del nacimiento y del ministerio terrenal del Salvador, pienso en la responsabilidad personal que tenemos de preparar lugares acogedores para Él, para el día en que Él regrese.

El año pasado, justo antes de la Navidad, asistí a una cena en honor a un prominente oficial francés que no es miembro de la Iglesia. La cena tuvo lugar en el Edificio Conmemorativo José Smith, en Salt Lake City, Utah.

Salt Lake Temple during Christmastime

Antes de sentarnos a cenar, llevamos a nuestro invitado al mirador del décimo piso, el cual ofrece a los visitantes una hermosa vista de la Manzana del Templo. La escena era casi mágica, en la que el Templo de Salt Lake se erguía majestuosamente entre un sinnúmero de luces brillantes. Permanecimos allí varios minutos, casi sin palabras.

Al regresar al salón del banquete, el oficial hizo una pregunta inesperada: “¿Ustedes creen en el fin del mundo?”. Eso condujo a una inspiradora conversación sobre la segunda venida del Señor y la importancia de que todos estemos preparados para recibirlo el día en que Él regrese.

Al pensar en el templo que acabábamos de admirar, vino a mi mente un maravilloso pensamiento: “Cuando regrese, Jesús tendrá al fin un hermoso lugar donde morar”.

La Guía para el Estudio de las Escrituras señala que el templo es “literalmente la Casa del Señor”1. En otras palabras, no es solo un lugar simbólico. Los templos de nuestra dispensación son casas preparadas y consagradas a las que Él físicamente pueda venir. El Señor dijo que Su Iglesia debía establecerse “a fin de que mi pueblo del convenio se congregue como uno en aquel día en que yo vendré a mi templo” (D. y C. 42:36; cursiva agregada). Seguir leyendo

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El gozo familiar se halla en la rectitud

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

El gozo familiar se halla en la rectitud

family joy

Dios “estableció las familias para traernos felicidad, para ayudarnos a aprender principios correctos en un ambiente amoroso y para prepararnos para la vida eterna”1. Sobre el “gran plan de felicidad” (Alma 42:8), el presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “En Su plan se declara que el hombre y la mujer existen ‘para que tengan gozo’ [2 Nefi 2:25], y ese gozo viene cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios”2.

Un hogar centrado en Cristo proporciona las mejores oportunidades para lograr el éxito. El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, lo describe como un lugar “donde se enseña el Evangelio, se guardan los convenios y abunda el amor”, donde las familias pueden “vivir con obediencia”, y llegar a estar “afirmados con fuerza en el evangelio de Jesucristo”3.

El presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “… podemos decidir hacer todo lo que esté de nuestra parte por invocar los poderes del cielo para [nuestra] familia”, y tendremos más probabilidades de promover el amor, el servicio, la obediencia y la felicidad en nuestro hogar si nuestros hijos “[escuchan] la palabra de Dios y después la [ponen] a prueba con fe. Si lo hacen, su naturaleza cambiará de manera tal que producirá la felicidad que buscan”4.

Hogares centrados en Cristo

Relief Society sealEn las Escrituras encontramos ejemplos de hogares centrados en Cristo. Después de la muerte de su padre, Lehi, Nefi se llevó a su familia y a otras personas que creían en las advertencias y revelaciones de Dios, y que escucharon sus palabras, lejos de la tierra de los lamanitas. En aquel nuevo lugar, los nefitas pudieron guardar los juicios, estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas, conforme a la ley de Moisés (véase 2 Nefi 5:6–10). Con el tiempo, sin embargo, algunos fueron desobedientes incluso entre los nefitas.

Aunque los miembros de nuestra familia en ocasiones se aparten de la rectitud como hicieron los nefitas, el élder Scott dijo que un hogar centrado en Cristo aún “nos proporcionará la mayor certeza de tener paz y refugio en nuestro hogar”. Reconoció que “igualmente tendremos muchos desafíos y congojas, pero aun en medio de las dificultades, podremos disfrutar de paz interior y de verdadera felicidad”5.

Escrituras adicionales

3 Juan 1:4; 1 Nefi 8:12; 2 Nefi 5:27

Considere lo siguiente

¿Qué podríamos hacer para vivir en nuestra familia con más rectitud?

Notas

1. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.1.4.
2. Russell M. Nelson, “El matrimonio celestial”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 92.
3. Richard G. Scott, “La paz en el hogar”, Liahona, mayo de 2013, pág. 31.
4. Henry B. Eyring, “La felicidad en la vida familiar”, Liahona, septiembre de 2005, pág. 36.
5. Richard G. Scott, “La paz en el hogar”, pág. 31.

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Paz en esta vida

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Paz en esta vida
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. EyringA todos los que hemos venido a esta vida terrenal, el Salvador dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Sin embargo, durante Su ministerio terrenal, hizo a Sus discípulos esta maravillosa promesa: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Es un consuelo saber que esta promesa de paz personal se extiende a todos Sus discípulos hoy en día.

emblems of the sacrament

Algunos vivimos en entornos bellos y apacibles, y sin embargo sentimos agitación interior. Otros sienten paz y perfecta serenidad en medio de grandes pérdidas personales, tragedias y pruebas constantes.

Tal vez hayan visto el milagro de la paz en el rostro de un discípulo de Jesucristo, o lo hayan escuchado en sus palabras. Yo lo he visto muchas veces. En ocasiones ha sido en la habitación de un hospital donde una familia se reúne en torno a un siervo de Dios que está al borde de la muerte.

Recuerdo haber ido al hospital a visitar a una mujer pocos días antes de que muriera de cáncer. Había llevado conmigo a mis dos hijas pequeñas, porque aquella dulce hermana había sido su maestra de la Primaria.

Los miembros de su familia estaban reunidos alrededor de su cama, deseando estar con ella en sus últimas horas sobre la tierra. Me sorprendió que se sentara en la cama; extendió el brazo hacia donde estaban mis hijas y las presentó a las dos, uno por uno a cada miembro de su familia. Habló como si mis hijas fueran miembros de la realeza, presentadas en la corte de una reina. Encontró una forma de decir algo sobre el modo en que cada persona en la sala era un discípulo del Salvador. Todavía recuerdo la fortaleza, la ternura y el amor en su voz; y recuerdo cuánto me sorprendió su alegre sonrisa, aun cuando ella sabía que le quedaba poco tiempo de vida.

Había recibido bendiciones de consuelo del sacerdocio, pero nos dio a todos un testimonio viviente de que la promesa de paz del Señor es verdadera: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo”(Juan 16:33). Seguir leyendo

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Cuan cerca de los ángeles

Conferencia General Abril 1998
Cuan cerca de los ángeles
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

“Ustedes llegarán a ser grandes mujeres si están unidos en la angelical causa de hacer el bien y si tienen hambre y sed de justicia”.

Es un placer para mí estar en la presencia de todas ustedes, jovencitas especiales. Es un honor especial esta noche tener con nosotros al presidente Gordon B. Hinckley y al presidente Thomas S. Monson. Felicito a las hermanas Nadauld, Thomas y Larsen por sus excelentes mensajes. La música del Coro de Mujeres Jóvenes ha sido excepcional. Apreciamos a las jóvenes que participaron en el video y a los centenares de jovencitas que respondieron a la petición de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes de escribirles acerca de la forma en que sirven a su familia.

Yo creo que debido a su rectitud en la vida premortal, sus espíritus fueron reservados para nacer en esta época en que las mujeres tienen tantas oportunidades de expresión.

Entre la congregación veo a algunas de mis amadas nietas, y eso me recuerda que la mayoría de ustedes son de la edad de ellas. También recuerdo lo que alguien dijo acerca de los abuelos: son “personas que se pasan de generosas, se pasan de protectoras y se pasan de los cincuenta” (1). Esta noche, les hablo a todas ustedes como si fueran mis nietas. Al mirar sus rostros tan hermosos, veo el fascinante misterio de mujeres en desarrollo.

Para comenzar, queridas jovencitas, deben poner en práctica la virtud en su máximo sentido. La virtud tiene muchas definiciones, como la excelencia moral, el actuar y el pensar correctamente, la bondad del carácter o la castidad de las mujeres. La Primera Presidencia ha dicho: “Cuán gloriosa y cerca de los ángeles está la juventud que es limpia; esta juventud posee un gozo indescriptible y una felicidad eterna en el más allá. La pureza sexual es la joya más preciosa de la juventud; es el fundamento de toda la rectitud” (2). Esto implica que la virtud de las jovencitas debe ser comparable a la de los ángeles (3). No pueden llegar a ser grandes mujeres si no son también buenas mujeres, “mujeres cuya virtud las haga brillar entre la multitud” (4). Ustedes llegarán a ser grandes mujeres si están unidas en la angelical causa de hacer el bien y si tienen hambre y sed de justicia. El Salvador dijo: “… buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (5); si no lo hacemos, lo demás realmente no importa.

Ustedes están siendo constantemente bombardeadas con escenas explícitas de inmoralidad sexual en la pantalla, en los libros, la música, las revistas, el internet y la radio. El mundo parece haberse olvidado del proverbio: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (6). Les recuerdo, estimadas jovencitas, que ustedes son hijas de Dios. Él las ama; ustedes son la suprema creación de Él. Su propia dignidad y respeto por ustedes mismas deben ayudarles a recordar que, tal como dijo una vez el presidente David 0. McKay, toda “mujer debe ser la reina de su propio cuerpo” (7).

Las mujeres jóvenes deben comprender que los jóvenes no las honrarán ni las respetarán si han transgredido moralmente. Ahora bien, para las que hayan transgredido, por favor, sepan que Dios “no [recuerda] más [su pecado]” (8) si se arrepienten. A fin de emprender el viaje por el sendero del arrepentimiento y del perdón deben acudir a sus padres y a su obispo.

Espero que cada una de ustedes, jovencitas, llegue a ser una persona de sumo valor y de virtud que dé de sí tanto ahora como en la eternidad. Siendo mujeres, han nacido con muchos dones singulares que no son comunes en los hombres.

El presidente Spencer W. Kimball, al hablar de los distintos papeles de los hombres y las mujeres, dijo: “Recuerden que en el mundo anterior a éste, a las mujeres fieles se les dieron ciertas asignaciones, mientras que a los hombres fieles se les preordinó a ciertas tareas del sacerdocio. Aunque ahora no recordamos los detalles, ello no altera la gloriosa realidad de lo que nos comprometimos a hacer. Ustedes son responsables de aquellas cosas que hace mucho se esperó de ustedes, tal como lo son los hombres a los que sostenemos como Profetas y Apóstoles … Con esto se ve que para los hombres y las mujeres hay mucho aún por hacer para progresar juntos en los aspectos de su superación personal” (9). Seguir leyendo

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Las Mujeres Jóvenes: estandartes de la libertad

Conferencia General Abril 1998
Las Mujeres Jóvenes: estandartes de la libertad
Hermana Sharon G. Larsen

Sharon G. Larsen

Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

“No tienen que ser el capitán Moroni para ejercer una buena y notable influencia Nuestro Padre Celestial necesita que cumplan con su deber en su familia Él lo planeó así”

¡El capitán del ejército nefita estaba irritado! Amalickíah, un disidente inicuo y ambicioso, intentaba destruir los hogares, las familias y el país de los nefitas justos. El capitán Moroni tomó su túnica, la rasgó y con un trozo de ella hizo un estandarte; y en él escribió lo siguiente: “En memoria de nuestro Dios, nuestra religión, y libertad, y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos…” (Alma 46:12) y lo ató a un asta y lo llamó “el estandarte de la libertad”. Y se enarboló sobre todas las torres que se hallaban en toda la tierra: como un recordatorio para proteger a las familias de los inicuos intrusos.

Mujeres Jóvenes, ustedes son como estandartes de la libertad cuando se esfuerzan por proteger a su familia de intrusos como el egoísmo, la dureza, el enojo y los conflictos familiares. El estandarte de ustedes se enarbola por la paz, por el amor y por el servicio a sus familiares.

Escuchen el ejemplo de una jovencita que escribió: “Al presente, mi familia está pasando momentos difíciles. Se me ha dado la oportunidad de realizar los deberes de mi madre. A veces no participo en actividades después de la escuela porque tengo que cuidar a mi hermano. A veces no salgo con mis amigas porque tengo que preparar la cena o ir de compras”. Y añade: “Gracias a esta responsabilidad, he aprendido muchísimo acerca del papel de madre, del madurar y del asumir responsabilidades, no tan sólo para mi propio bien sino también para el de los demás”.

Al llevar ustedes su estandarte de la libertad, hallarán muchas formas de ser una bendición para sus familiares, de quererlos y de estar prestas a ayudarles.

Por ejemplo, cuando mi hija Shelly iba a regresar de la misión, yo no enarbolé mi túnica en un asta; pero busqué un trozo de alfombra roja largo y angosto. Cuando Shelly volvió a casa, entró en ella caminando por la alfombra roja.

Pero no hacen falta ni una alfombra roja ni una túnica rasgada. A veces tan sólo una notita que se deje en la almohada o una sonrisa o un abrazo es mejor que cualquier otra cosa para expresar amor.

El servicio pone de manifiesto el amor. Seguir leyendo

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