El enseñar a nuestros hijos a amar las Escrituras

Conferencia General Abril 1998
El enseñar a nuestros hijos a amar las Escrituras
Hermana Anne G. Wirthlin
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Anne G. Wirthlin

“Mediante la guía de padres amorosos y de maestros dedicados, los niños pequeños se familiarizarán con las Escrituras y con el espíritu que las acompaña”.

Mientras enseñaba a los nefitas, el Salvador confirmó las palabras del profeta Isaías, que profetizó del Israel de los últimos días: “Por un breve momento te dejé, más con grandes misericordias te recogeré…

“Porque los montes desaparecerán y los collados serán quitados, pero mi bondad no se apartará de ti, ni será quitado el convenio de mi paz, dice el Señor…” (3 Nefi 22:7, 10).

Entonces el Salvador reveló una de las formas en las que Su convenio de paz sería conservado para los justos en los últimos días: “Y todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos” (3 Nefi 22:13).

Esas palabras del Salvador constituyen el lema de la Primaria y se cumplen en la definición de la finalidad de la Primaria: enseñar a los niños el Evangelio de Jesucristo y ayudarles a aprender a vivirlo.

Al presenciar los sucesos de los últimos días, no dudamos de que en ese pasaje el Señor nos habla directamente a nosotros. Nosotros somos el Israel de los últimos días. Somos los que debemos enseñar a nuestros hijos acerca del Señor. La paz que perdura no depende de fuerzas externas ajenas a nuestro control. “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz” (D. y C. 19:23).

Las palabras que el Señor pronunció hace siglos son palabras de esperanza y de seguridad que infunden consuelo a los padres justos que enseñan a sus hijos acerca del Señor; nos hablan en una época en la que la paz en el corazón de los niños da la impresión de no ser más que un sueño fugaz, pero el Salvador nos ha reafirmado que puede ser realidad, si enseñamos a nuestros hijos. La Primaria apoya a los padres en esta importante responsabilidad.

Mientras me encontraba en una asignación de capacitación de líderes en Brasil, tuve la oportunidad de visitar una clase de la guardería de la Primaria. Había unos ocho niños sentados alrededor de una mesa con su maestra. Contemplé admirada a esos pequeñitos, de dos y tres años, que durante unos breves momentos observaron embelesados una lámina del Salvador rodeado de niños que les mostraba la maestra. Oí que ella les decía que Él quiere mucho a los niños y que quiere a cada uno de ellos, y les enseñó que nuestro Padre Celestial también los quiere mucho. Al ver el modo como escuchaban, percibí que comprendían mucho más de lo que yo hubiera creído posible. Oían las palabras de ella y sentían su amor. En la belleza y sencillez de aquellos momentos, a esos pequeños se les enseñaba la respuesta a la pregunta más importante de la vida: “¿Quién soy yo?”. Con su fe pura de niños, sus espíritus estaban dispuestos a recibir las verdades que se les enseñaban. Esa experiencia se repetirá para ellos en su clase de la guardería domingo tras domingo. Esos son importantes momentos para la enseñanza en la vida de los niños pequeños en esa etapa en la que están listos para aprender. Seguir leyendo

Publicado en Enseñanza, Estudio de las escrituras | Etiquetado , , | Deja un comentario

Vívanlos mandamientos

Conferencia General Abril 1998
Vívanlos mandamientos
Élder David B. Haight
Del Quorum de los Doce Apóstoles

David B. Haight

«Aprovechen esta gran oportunidad que tienen en la vida de vivir bien, de hacer el bien, de hacer obras buenas y de ser una influencia positiva para los demás».

Mis queridos hermanos y hermanas: ¡Qué ocasión tan maravillosa, qué hermoso día, qué momento más glorioso es éste, en especial, para mí por haber tenido la oportunidad de estar presente aquí después de la declaración y el testimonio conmovedores del Profeta de Dios sobre la tierra!

Al sostener él en alto ese ejemplar de la primera edición del libro de Mormón, pensé en una experiencia que tuvimos hace algunos años mientras asistíamos a un seminario de presidentes de misión. Al finalizar los dos días del seminario en el área de Palmyra-Fayette, tuvimos una cena en la casa de la granja de Peter Whitmer, esa hermosa y pequeña construcción ahora remodelada, donde la Iglesia se organizó hace ciento sesenta y ocho años, este fin de semana: ¡fue una ocasión conmovedora! El único lugar para cocinar que tenían en esa época, en esa pequeña cabaña de troncos, era la chimenea; recuerdo que contemplamos la chimenea desde donde colgaba la olla donde ellos cocinaban; claro está que no tenían ninguna de las comodidades de hoy día; afuera, había un pozo para sacar agua.

Casi al terminar esa reunión tan espiritual con los presidentes de misión, subí la escalera y miré dentro de los dos pequeños dormitorios. La familia de Peter Whitmer había vivido allí, pero le había prestado uno de los dormitorios al profeta José Smith y, en ese recinto, él hizo parte de la traducción del Libro de Mormón; incluso Oliver Cowdery trabajó con él en ese humilde y reducido ambiente. Mi corazón se conmovió profundamente con el maravilloso sentimiento de saber que estaba en esa pequeña casa de campo, al imaginar lo que tuvo lugar allí y al pensar en las bendiciones del cielo que se derramaron sobre ellos.

Esa noche, al salir de nuestra reunión y dejar atrás la pequeña granja, divisé, en medio de los árboles, una luna llena resplandeciente; entonces le dije a Ruby: «Puedo imaginarme la noche del 6.de abril de 1830, después de que ese pequeño grupo se hubo reunido, la Iglesia se hubo organizado y seis hombres, que estuvieron de acuerdo con su organización, se encontraban presentes en conformidad con las leyes del estado de Nueva York. Puedo imaginarme lo que se dijo, lo que se profetizó acerca del futuro de la Iglesia y los testimonios que se dieron». Luego dije: «Imagino que la noche del 6 de abril de 1830 había también una luna llena resplandeciente, como demostración de que nuestro Salvador sonreía por lo que había sucedido en aquel sitio».

Más tarde, expresé esa idea a un grupo de personas, entre las cuales se encontraba el hermano Chamberlain, en ese entonces director del Planetario Hansen, de Salt Lake, quien fue tan atento que se comunicó con el observatorio naval con el fin de averiguar qué había sucedido el 6 de abril de 1830. Ellos no tenían registros de tanto tiempo atrás por lo que tuvo la enorme amabilidad de comunicarse con el Observatorio Real de Greenwich, Inglaterra, para saber si en ese lugar se contaba con algún tipo de registro. Más tarde, me envió algunos documentos que registraban lo que había sucedido en el horizonte esa semana del 6 de abril de 1830. En ellos se indicaba que había habido luna llena, una hermosa y radiante luna esos días que precedieron y siguieron al día 6 de abril. El Señor había derramado Sus glorias en esa ocasión. Seguir leyendo

Publicado en Historia de la iglesia, Niños, Testimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Damos testimonio de El

Conferencia General Abril 1998
Damos testimonio de El
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Seamos verdaderos discípulos de Cristo al observar la Regla de Oro, y como queramos que los demás hagan con nosotros, así también hagamos nosotros con ellos».

Mis amados hermanos y hermanas, les damos una cordial bienvenida a esta conferencia general que ha llegado a ser una gran conferencia mundial de la Iglesia.

Esta reunión se oirá y se verá en todo Estados Unidos y en Canadá, así como en muchas otras partes del mundo. Creo que no hay nada que se compare con ella. Felicito y agradezco a todos los que han tenido que ver con los complicados detalles logísticos de esta gran tarea.

Nos hemos reunido para adorar al Señor, para declarar Su divinidad y la realidad de que Él vive. Nos hemos reunido para reiterar nuestro amor por El y nuestro conocimiento de Su amor por nosotros. Nadie, pese a lo que se diga, puede disminuir ese amor.

Hay algunos que lo intentan. Por ejemplo, hay personas de otros credos que no nos consideran cristianos. Eso no es importante. Lo que importa es la forma en que nos consideremos a nosotros mismos. Reconocemos sin vacilación que existen diferencias entre nosotros; si no fuera así, no habría habido necesidad de la restauración del Evangelio. Hace poco, el presidente Packer y el élder Ballard hablaron de eso en otros contextos.

Confío en que no discutamos por este asunto. No hay razón para hacerlo un tema de debate. Sencillamente, de un modo apacible y sin disculparnos, testificamos que Dios se ha manifestado a Sí mismo y a Su Hijo Amado al dar comienzo a esta plena y última dispensación de Su obra.

No debemos volvernos descorteses al hablar de las diferencias doctrinales. No hay lugar para la aspereza. Sin embargo, nunca podemos abandonar ni acomodar a otros pareceres el conocimiento que hemos recibido por revelación y por otorgamiento directo de las llaves y de la autoridad bajo la manos de los que las poseían en la antigüedad. No olvidemos nunca que ésta es la restauración de lo que fue instituido por el Salvador del mundo, y no una reforma de práctica y doctrina falsas que tal vez surgiera con el correr de los siglos.

Podemos respetar otras religiones, y debemos hacerlo. Debemos reconocer el gran bien que realizan; debemos enseñar a nuestros hijos a ser tolerantes y amistosos con las personas que no sean de nuestra fe. Podemos trabajar, y trabajamos, con personas de otras religiones en defensa de los valores que han hecho nuestra civilización grande y nuestra sociedad distintiva.

Por ejemplo, no hace mucho tiempo fue a mi despacho un clérigo protestante que es un líder muy eficaz en la interminable contienda contra la pornografía. Nos sentimos agradecidos a él. Nos unimos a él y a sus colaboradores y le brindamos apoyo económico a su organización. Seguir leyendo

Publicado en Fe, Jesucristo, Testimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 1997
La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

«Obtengamos conocimiento por medio del estudio, hagamos de nuestro hogar un cielo y encontremos gozo en el servicio.»

Hermanas, esta noche se encuentran reunidas en una de las asambleas más numerosas que las hermanas de la Sociedad de Socorro hayan tenido; su conferencia ha sido edificante e inspiradora.

Cabe notar que ésta es la primera reunión general que dirige su nueva presidencia: la presidenta Mary Ellen Smoot, y sus consejeras Virginia Jensen y Sheri Dew. Las presidencias anteriores también han servido con distinción; esta noche nos sentimos honrados por su presencia y por su servicio.

Al prepararme para esta ocasión, me vino a la mente un pensamiento que voy a expresarlo de esta forma: Recuerden el pasado; aprendan de él. Contemplen el futuro; prepárense para él. Vivan el presente; sirvan en él. En eso radica la fortaleza poderosa de la Sociedad de Socorro de esta Iglesia.

Desde los tempranos días de la Restauración, los Profetas de Dios han recalcado la importancia de la organización a la que ustedes pertenecen; el presidente Brigham Young aconsejó: «Ahora bien obispos, ustedes tienen por esposas a mujeres inteligentes… dispongan que ellas organicen Sociedades de Socorro de Damas en los diversos barrios. Contamos con muchas mujeres talentosas y deseamos que nos ayuden en esto. Algunos podrían pensar que esto es algo trivial, pero no lo es; y descubrirán que las hermanas serán la parte esencial de esta causa»(1).

El presidente Lorenzo Snow enseñó que la Sociedad de Socorro ejemplifica la religión pura: «El apóstol Santiago dijo: ‘La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo…'(2). Los miembros de la Sociedad de Socorro ciertamente han ejemplificado en su vida la religión pura y sin mácula, porque ellas han ministrado a los que padecen aflicción, han extendido sus brazos de amor a los huérfanos y a las viudas y se han mantenido sin mancha del mundo. Testifico que no hay mujeres más puras ni más temerosas de Dios en el mundo que las que se encuentran en las filas de la Sociedad de Socorro»3.

Puedo atestiguar de la verdad de la declaración del presidente Snow. La Sociedad de Socorro siempre ha estado compuesta por hermanas que ponen en primer lugar a los demás, y en último a sí mismas. Recuerdo que cuando era un jovencito, durante la Gran Depresión, mi madre era secretaria tesorera de la Sociedad de Socorro de nuestro barrio; en ese entonces se pagaba una pequeña contribución para asistir a los necesitados; mi madre no era en realidad una contadora, por lo tanto, mi papá le ayudaba. Los aportes individuales no sobrepasaban un dólar; más bien eran de veinticinco, de diez, de cinco y de unos pocos centavos. Seguir leyendo

Publicado en Amor, Padres, Sin categoría, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¿Es usted quien me imagino que es?

Conferencia General Octubre 1997
¿Es usted quien me imagino que es?
Sheri L. Dew
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro”

Sheri L. Dew

¿Soy… la persona que deseo ser? Pero más importante, ¿soy la persona que el Salvador requiere que sea?»

Me crié en una granja de Kansas, que estaba vecina a la casa de mi abuela Dew, de quien yo era su sombra. Solíamos ir juntas a todas partes: al banco, al doctor, al club de jardineros, así como a una procesión interminable de reuniones de la Iglesia. En lo referente al Evangelio, la abuela lo defendía con fervor; ella hablaba acerca de la Iglesia a cualquier hora y con cualquiera, incluso con su nieta mayor.

Jamás olvidaré la conversación que tuvimos una noche en que regresábamos de una de las tantas reuniones. Comenzó cuando de pronto hice una pregunta que acudió a la mente de aquella niña de ocho años que era yo: «Abuela, ¿qué pasaría si el Evangelio no fuera verdadero, y nosotros fuéramos a todas estas reuniones para nada?». ¡Bonita niña de ocho años era yo! «Sheri, no tienes que preocuparte por ello», me contestó, «porque sé que el Evangelio es verdadero». Yo insistí: «Pero, ¿cómo puedes estar segura?».

Transcurrieron varios segundos mientras elegía sus palabras con cuidado: «Sé con certeza que el Evangelio es verdadero porque el Espíritu Santo me ha hecho saber que Jesucristo es nuestro Salvador y que ésta es Su Iglesia». Hizo una breve pausa y luego añadió algo que jamás olvidaré: «Y Sheri, Él te lo hará saber a ti también, y cuando eso suceda, tu vida no volverá a ser la misma».

Aún tengo un recuerdo vivido de lo que ocurrió después; una sensación como la que jamás había experimentado me corrió por el cuerpo, y empecé a llorar. A pesar de que no comprendí la razón por la que lloraba, estoy segura de que mi abuela sabía exactamente lo que estaba sucediendo: el Espíritu me estaba testificando que lo que ella había dicho era verdad.

Esta noche, estoy agradecida de poder testificar que durante los años subsiguientes, he llegado a saber por mí misma que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor; y con ese conocimiento, mi vida ha cambiado para siempre.

Los Profetas, tanto los antiguos como los actuales, nos han exhortado a venir a Cristo (véase Moroni 10:30). El presidente Gordon B. Hinckley dijo que «[Jesucristo] es la figura central de nuestra teología y nuestra fe. Todos los Santos de los Últimos Días tienen la responsabilidad de llegar a saber por sí mismos y con certeza, sin lugar a dudas, que Jesús es el Hijo resucitado y viviente del Dios viviente» («No tengáis miedo… de hacer lo bueno», Liahona, julio de 1983, pág. 122).

La exhortación de «venir a Cristo» es el eje alrededor del cual gira todo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y, por ende, la Sociedad de Socorro, y por una muy buena razón: el verbo venir implica acción por parte de nosotros. En el conocido pasaje del Nuevo Testamento acerca del más allá, tiempo en el que muchos imploran clemencia al Señor mencionando todas sus buenas obras, Cristo responde: «Nunca os conocí» (Mateo 7:23); sin embargo, la traducción inspirada que José Smith hizo en inglés de ese mismo pasaje señala una marcada distinción: «Nunca me conocisteis», poniendo específicamente sobre nuestros hombros la responsabilidad de venir al Salvador. Jesucristo mismo ha prometido: «Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá» (D. y C. 88:63). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Edifiquemos plazas fuertes

Conferencia General Octubre 1997
Edifiquemos plazas fuertes
Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Virginia U. Jensen

«Hermanas, reciban todas ustedes mis saludos. Hemos esperado con anhelo el poder reunimos con ustedes esta noche.»

Deseo agradecerles las muchas tarjetas y cartas que nos han enviado, pero más que nada, quiero darles las gracias por sus oraciones en favor de nosotras. Con agradecimiento y humildad reconocemos la guía y la enseñanza que nos brindan los grandes líderes del sacerdocio y la de nuestro Padre Celestial.

Recientemente llevé a mi nieta de tres años a una reunión sacramental en la que iba a hablar un joven antes de irse a la misión. Yo había llevado los acostumbrados libros y cosas a fin de ayudarla a ser reverente, pero ella es una pequeña lista y vivaracha, de modo que en un momento dado la subí al banco, a un lado mío, para que pudiera ver al misionero que dirigía la palabra. Entonces le susurré al oído: «Este joven va a ir a la misión, y eso significa que va a vivir lejos de su casa y les hablará a las personas en cuanto a Jesús». Ella miró alrededor de la capilla llena de gente y dijo: «¿Y dónde está Jesús?». Ella había visto una pintura de El en la Primaria, pero no podía encontrarlo entre los que estaban presentes.

No se imaginan qué gusto me dio el poder decirle dónde está Jesús. A medida que la capacidad de ella para entender aumente, le diré quién es Él, lo que Él ha hecho por ella y por mí, y lo que puede significar en su vida. En esa ocasión, volví a darme cuenta de la gran oportunidad que nosotras las mujeres tenemos de ser una influencia en la vida de las personas que nos rodean. Quiero a mis hijos y a mis nietos y queseo protegerlos. A veces este mundo es un lugar atemorizante; sin embargo, creo que las mujeres tienen oportunidades singulares y dones y talentos especiales para proteger, para cuidar con amor y para influir en los demás. Podemos edificar plazas fuertes en donde los matrimonios, los hijos y las familias puedan prosperar y evitar la maldad de este mundo.

En 1978, mientras dirigía la palabra en una reunión general de las mujeres, el presidente Spencer W. Kimball dijo: «El ser una mujer justa es algo glorioso a cualquier edad; el ser una mujer justa durante estas cruciales y finales etapas de la historia de bibliotecasud.blogspot.com la tierra, antes de la segunda venida del Salvador, es en verdad un llamamiento noble y especial. La fortaleza e influencia actual de una mujer justa puede tener un valor muy superior al que tendría en tiempos más pacíficos. Ella fue puesta aquí para ayudar a enriquecer, proteger y salvaguardar el hogar, que es sin lugar a dudas la institución básica y más noble de la sociedad. Otras instituciones sociales pueden flaquear y hasta fracasar, pero la mujer justa puede ayudar a salvar el hogar, que puede llegar a ser el último y único refugio que algunos mortales conozcan en medio de la tempestad y la contienda» («Privilegios y responsabilidades de la mujer», Liahona, febrero de 1979, pág. 139).

En 1996, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: «Hermanas, dondequiera que ustedes vivan, son las verdaderas arquitectas de su nación, porque han edificado hogares fuertes, donde hay paz y seguridad, que constituyen la fortaleza misma de toda patria» («Las mujeres de la Iglesia», Liahona, enero de 1997, pág. 75). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Para esta hora

Conferencia General Octubre 1997
«Para esta hora»
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot

«Nuestra hora ha llegado. Tenemos que poseer la fortaleza espiritual indispensable para superar nuestros problemas, abandonar nuestras faltas y ofrecer nuestra vida al Señor.»

Me encuentro ante ustedes esta noche, llena de entusiasmo y de fervor con respecto al futuro. El Señor me ha hecho saber el magnífico potencial de los miembros de ésta, la Organización de la Sociedad de Socorro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En el Antiguo Testamento leemos de Ester y de Mardoqueo, el cual trabajaba para el rey Asuero. Mardoqueo crió a Ester como a su propia hija después de la muerte de los padres de ella y la llevó al palacio. Ester agradó al rey y él la hizo reina (véase Ester 2:17).

Mientras tanto, Aman, líder de la corte del rey, se llenó de ira para con Mardoqueo porque éste no se inclinaba delante de él. Por tanto, Aman conspiró para destruir a Mardoqueo y a todos los judíos. Al darse cuenta del grave peligro que se cernía sobre su pueblo, Mardoqueo le suplicó a Ester que acudiera al rey para pedirle ayuda: «Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4:14). Pensemos en el dilema en el que estaba Ester. Estaba prohibido entrar a ver al rey sin haber sido llamado y el castigo por esa infracción era la pena de muerte. Si se quedaba callada, probablemente llevaría una vida desahogada y rodeada de lujos; podría llevar la vida de una reina o arriesgar la vida para salvar tanto a su familia como a su pueblo. Reflexionó en lo que aquello podría costarle y resolvió prestar oído a los deseos de su pueblo y de su corazón. Le pidió a Mardoqueo que reuniera a todos los judíos de Susa y que ayunaran por ella tres días, e indicó que ella y sus doncellas también lo harían. En seguida, dijo: «…entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca» (Ester 4:16). Preparada espiritualmente, Ester entró a ver al rey y él la recibió; entonces ella invitó al rey y a Aman a un banquete que había preparado. Durante el banquete, la conspiración de Aman se dio a conocer y Mardoqueo recibió grandes honores. Ester, que para esa hora había nacido, salvó una nación.

En todos los sitios a los que he viajado, haya sido Finlandia; Idaho; Brasil; Washington, D.C., o Rusia, he visto el Evangelio de Jesucristo en acción y la luz radiante del Evangelio brillar en el rostro de valerosas y fieles hermanas. El Espíritu me ha testificado que cada una ha nacido «para esta hora» (Ester 4:14).

A cada una de ustedes, sea cual fuere su nacionalidad, su raza, su estatus social o sus talentos personales, sea casada, soltera o viuda, haya nacido en la Iglesia o sea nueva conversa y el único miembro de la Iglesia de su familia, le digo: «¡Bienvenida a casa!». La Sociedad de Socorro es su casa y cada una es parte esencial de una hermandad mundial con una misión divina.

El profeta José Smith enseñó que la Iglesia no estuvo plenamente organizada sino hasta que se estableció la Sociedad de Socorro: el sacerdocio para los hombres y la Sociedad de Socorro para las mujeres. Él dijo: «…y ahora, en el nombre del Señor, doy vuelta a la llave… y esta Sociedad se alegrará, y desde ahora en adelante descenderán sobre ella conocimiento e inteligencia…»(1). Además, dijo:

«Si cumplís con vuestros privilegios, no se podrá impedir que os asociéis con los ángeles»(2). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Santos de los Últimos Días en toda la extensión de la palabra

Conferencia General Octubre 1997
Santos de los Últimos Días en toda la extensión de la palabra
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Les amo. Amo a la gente de esta Iglesia. Amo a todos los que son fieles; amo a todos los que siguen las sendas del Señor.»

Creo que me apartaré del texto que he preparado para simplemente hablar un poco con ustedes y expresarles mi profundo agradecimiento. Necesitamos estas conferencias. Las necesitamos para que nos recuerden nuestras responsabilidades y obligaciones. Jamás debemos olvidar que la espiritualidad debe ser la característica preponderante de la Iglesia.

Un artículo reciente de una revista nos alababa como una eficiente institución financiera bastante próspera; exageraba terriblemente las cantidades.

El dinero que la Iglesia recibe de los miembros fieles es consagrado. Ese dinero pertenece al Señor. Las entidades de la Iglesia consumen más dinero que el que producen. No somos una institución financiera; somos La Iglesia de Jesucristo. Los fondos de los que somos responsables encierran una sagrada responsabilidad que debe administrarse con absoluta honradez e integridad y con gran prudencia, por tratarse de las consagraciones dedicadas de la gente.

Sentimos una gran responsabilidad para con ustedes, los que hacen esas aportaciones; sentimos una responsabilidad aún más grande para con el Señor, de Quien es el dinero.

Ahora, hermanos y hermanas, rogamos que todos regresen con seguridad a sus hogares. Tengan cuidado; conduzcan con mucho cuidado. Reflexionen en las cosas que han escuchado. Que la experiencia que han vivido sea semejante a la del pueblo del rey Benjamín que clamó a una voz, diciendo: «Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros… por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente» (Mosíah 5:2).

Busquemos la guía del Señor en todas nuestras empresas. Seamos mejores vecinos; seamos mejores patrones y empleados; seamos hombres y mujeres íntegros y honrados en nuestros tratos, en nuestros estudios, en el gobierno, en nuestras profesiones, cualquiera que sea nuestro lugar en la vida.

Mis hermanos y hermanas, tengo algo que confesarles, y es simplemente esto: les amo. Amo a la gente de esta Iglesia. Amo a todos los que son fieles; amo a todos los que siguen las sendas del Señor. El presidir la Iglesia es algo que me llena de humildad. Nunca olvido las palabras de Jesús: el que quiera ser el primero de todos, será el servidor de todos (véase Marcos 9:35; D. y C. 50:26).

Gracias por sus oraciones, por su confianza y aliento. Agradezco profundamente a todos aquellos que tan desinteresadamente nos han ayudado a llevar a cabo nuestro deber.

Para terminar, quisiera leer una o dos palabras de Mormón, de esas maravillosas palabras:

«Más he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios…

«Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios» (Moroni 7:13, 16).

Y luego estas grandiosas palabras, que se convierten en el summum bonum de todo ello: «Cuanto le pidáis al Padre en mi nombre, que sea bueno, con fe creyendo que recibiréis, he aquí os será concedido» (Moroni 7:26). Yo creo en esas palabras.

Nos sentimos orgullosos de unirnos a ustedes en la labor de adelantar esta obra grandiosa. En esto estamos todos juntos. Cada hombre y cada mujer tiene una función que cumplir. Dios nos dé la fortaleza y la voluntad de realizarla bien.

«Para siempre Dios esté con vos» (Himnos, No. 89), mis queridos hermanos. He cantado esas sencillas palabras en miles de lugares de todo el mundo desde que comencé mi ministerio hace treinta y nueve años. Las canto otra vez hoy con amor y cariño. Dios los bendiga, mis queridos amigos, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Apacienta mis corderos

Conferencia General Octubre 1997
“Apacienta mis corderos”
Élder Henry B. Eyring
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring

«Los Santos de Dios han estado siempre bajo el convenio de nutrirse espiritualmente los unos a los otros, y de nutrir en forma especial a los más débiles en el Evangelio.»

El Salvador enseñó a Pedro y a Sus otros Apóstoles y discípulos por qué y cómo tenían que nutrir a los demás. Ustedes recordarán que en el relato de la Biblia, El los alimentó antes de enseñarles. Él había sido crucificado y luego resucitado; sus siervos habían ido a Galilea; habían pescado durante toda la noche sin lograr nada. Al rayar el alba, cuando se acercaron a la orilla, al principio no lo reconocieron. El los llamó y les dijo dónde echar las redes y cuando lo hicieron éstas se llenaron; entonces se apresuraron a ir a la orilla a Su encuentro.

Allí encontraron una hoguera, un pez asándose y pan. Con frecuencia me he preguntado, como se habrán preguntado ustedes, quién encendió el fuego, quién pescó el pez y quién cocinó la comida, más fue el Maestro quien preparó a Sus discípulos para ser alimentados con algo más que pescado y pan. Primero les dejó comer y luego les enseñó acerca del alimento espiritual y Él les dio un mandamiento que todavía se aplica a cada uno de nosotros.

«Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos» (Juan 21:15).

Los Santos de Dios han estado siempre bajo el convenio de nutrirse espiritualmente los unos a los otros, y de nutrir en forma especial a los más débiles en el Evangelio. Somos bendecidos al vivir en una época en que un gran aumento de esa capacidad de nutrir a los nuevos miembros de la Iglesia debe y, por lo tanto, será derramada sobre los santos fieles. Ese poder se ha dado antes entre el pueblo del Señor. He aquí la descripción de cómo el pueblo del Señor lo hizo una vez, en una época registrada en el Libro de Mormón. En un pasaje de las Escrituras que hemos escuchado hoy, recordarán que «…eran contados… a fin de que se hiciese memoria de ellos y fuesen nutridos por la buena palabra de Dios, para guardarlos en el camino recto, para conservarlos continuamente atentos a orar, confiando solamente en los méritos de Cristo, que era el autor y perfeccionador de su fe» (Moroni6:4).

En algún momento, todos hemos tratado de nutrir la fe de otra persona; la mayoría de nosotros ha sentido la preocupación de los demás por nuestra propia fe y, con ello, hemos sentido su amor. Muchos de nosotros hemos tenido un hijo que ha puesto los ojos en nosotros y nos ha dicho: «¿Quieres ir a la Iglesia conmigo?» o «¿Quieres orar conmigo?». Y hemos tenido también nuestras desilusiones. Tal vez alguien a quien amamos no haya aceptado nuestros intentos de nutrir su fe. Por medio de dolorosas experiencias, sabemos que Dios respeta la decisión de Sus hijos de no permitir que se les nutra. Sin embargo, éste es un momento de sentir renovados optimismo y esperanza de que aumente nuestro poder para nutrir. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La aplicación universal del Evangelio

Conferencia General Octubre 1997
La aplicación universal del Evangelio
Élder J. Kent Jolley
De los Setenta

j-kent-jolley

“El Evangelio de Jesucristo tiene una aplicación universal. Desde el principio fue establecido para bendecir la vida de todos, sin excepción”.

Sería desagradecido si en esta ocasión no expresara mi profundo agradecimiento por las bendiciones que disfruto debido a lo que otras personas han hecho por mí.

Todos los días, mis oraciones personales no parecen estar completas sin las expresiones sinceras de gratitud hacia mi Padre Celestial por mi Salvador: el Salvador de toda la humanidad, quien venció al mundo y dio Su vida a fin de que pudiésemos vivir y labrar nuestra salvación individual.

También estoy agradecido por José Smith, quien nunca dio paso atrás a su llamamiento como el Profeta de la Restauración y todo lo que ésta implicaba. John Taylor escribió: «José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él» (D. y C. 135:3).

También he sido bendecido mediante los esfuerzos de muchas otras personas. Estoy agradecido por mis antepasados, sin cuya fe y sacrificio yo no estaría aquí. Estoy agradecido por mi madre, quien es mi heroína. Ahora, a sus 88 años, ella continúa siendo un ejemplo de industriosidad y de tenacidad en el Evangelio. Durante los años de mi adolescencia, me crié en un hogar con sólo uno de los padres. Que el Señor los bendiga y sostenga a ustedes, maravillosos padres y madres solos, que tienen que llevar tan pesada carga. Sus nombres serán bendecidos para siempre.

Además, estoy agradecido por mi dulce compañera Jill, a quien tanto quiero. Ella siempre ha sido un ejemplo de fe inquebrantable que ha permanecido a mi lado como compañera igual, así como una influencia de apoyo. De igual manera, nuestros siete hijos nos han traído gozo y alegría por medio de su ejemplo y constante unidad familiar.

EL EVANGELIO SE APLICA A TODAS LAS PERSONAS

El Evangelio de Jesucristo tiene una aplicación universal. Desde el principio, fue establecido para bendecir la vida de todos, sin excepción. Con relación a esto, el apóstol Pedro dijo: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia» (Hechos 10:34-35). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Ten ánimo, hija

Conferencia General Octubre 1997
«Ten ánimo, hija»
Élder Wayne M. Hancock
De los Setenta

wayne-m-hancock

«Son muchas las historias que podrían y debieran relatarse de mujeres valientes en el testimonio de Jesucristo que son heroínas entre nosotros pero que no reciben ningún reconocimiento.»

El avión comenzó la carrera para el despegue que nos traería de regreso a los Estados Unidos después de haber cumplido con un contrato empresarial de cuatro años en Suiza. Al acelerar frente al Sector B del Aeropuerto Internacional de Zurich, forcé la vista para ver si los fieles miembros del Barrio 2 estaban ahí para despedirnos. Y tal como lo esperaba, de pie en el mirador se hallaban la hermana Gráub y la hermana Kappes. Habían hecho el enorme esfuerzo de viajar en autobús, en tranvía y en tren para despedirse de la familia Hancock. La emoción que había podido contener hasta ese momento brotó en lágrimas que corrieron por mis mejillas. Uno de nuestros cuatro hijos le preguntó a su madre por qué estaba llorando su papá, a lo cual mi esposa, Connie, le respondió: «Porque quiere tanto a la gente de aquí».

Estas queridas hermanas suizas simbolizan a muchas hijas fieles de nuestro Padre Celestial que hacen tanto bien. La falta de un auto para transportarse, de un esposo que las ame y las proteja, de una familia que las apoye, o de una amiga que las comprenda, no disminuye su entusiasmo por el Evangelio de Jesucristo ni su participación en las reuniones y actividades de la Iglesia.

Nos conmueven la lealtad y el amor de la recién enviudada Rut por su suegra Noemí, que también había perdido a su esposo. Aquella moabita escogió abandonar su tierra natal para acompañar a Noemí y cuidar de ella; y, a través de los siglos, las hermosas palabras de esa hija fiel y decidida, que con Booz llegaría a ser la progenitora de Isaí, de David y de Jesucristo, nos inspiran sentimientos de ternura y de compasión: «…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1:16).

Son muchas las historias que podrían y debieran relatarse de mujeres valientes en el testimonio de Jesucristo que son heroínas entre nosotros pero que no reciben ningún reconocimiento. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El Plan de Salvación: un plan de vuelo para la vida

Conferencia General Octubre 1997
El Plan de Salvación: un plan de vuelo para la vida
Élder Duane B. Gerrard
De los Setenta

duane-b-gerrard

«Qué grande y maravilloso es el Plan de Salvación, el cual… enseña principios verdaderos para permitir que llevemos a cabo nuestra jornada por la vida.»

El Señor nos ha proporcionado cuidadosamente un plan de vida llamado el Plan de Salvación. Este comprende todas las leyes, las ordenanzas, los principios y las doctrinas necesarios para llevar a cabo nuestra jornada terrenal y progresar hasta alcanzar el estado de exaltación de nuestro Padre Celestial. El Señor le habló a Moisés y le dijo: «Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre»(1). Por medio de Su obra divina —la Creación, la Caída y la Expiación—, Él pone este plan a disposición de todos.

Hace poco me jubilé como piloto de aviación y, como tal, tracé muchos planes de vuelo, planes que me han guiado a salvo hasta mi destino. Las aerolíneas también tienen leyes, procedimientos, principios y reglamentos. Los pilotos siguen de cerca esos estrictos procedimientos y listas de verificación que se agrupan en tres áreas específicas. Primero, tenemos procedimientos normales; éstos los seguimos con regularidad y constancia, en todo vuelo, para asegurar nuestra protección. En seguida, tenemos los procedimientos anormales; éstos se usan cuando sucede algo fuera de lo común, como una falla del sistema hidráulico o del eléctrico. Los procedimientos anormales deben realizarse con precisión y en la debida secuencia para restaurar todos los sistemas a la normalidad. Finalmente, tenemos los procedimientos de emergencia, que se usan sólo en las circunstancias más desesperadas y críticas, como una avería en un motor, la despresurización repentina o fuertes turbulencias.

En esos procedimientos encuentro ciertos paralelos con el Plan de Salvación. Primero, el Señor ha creado una bella tierra en donde vivan Sus hijos, y cuerpos mortales que son templos para nuestro espíritu. Nuestros cuerpos son de verdad una alegría y un placer durante nuestro trayecto por la vida. El Libro de Mormón nos dice que «existen los hombres para que tengan gozo»(2). No debemos corromper ni emplear mal nuestros maravillosos cuerpos; son un don de Dios, son sagrados y han sido diseñados por el Señor: un ejemplo perfecto de la belleza de Sus creaciones.

Somos criados por padres terrenales, cuyo amoroso y bondadoso cuidado nos enseña principios correctos, o sea, procedimientos normales, los cuales, si los seguimos a diario, ciertamente nos ayudarán a continuar el plan de vuelo de la vida. Se nos enseñan principios tales como el amor, la honradez, la bondad, la paciencia, la confianza, el compartir, el arrepentimiento, la obediencia, la fe, el bautismo, la oración y un sinfín de otros principios eternos; los enseñan padres diligentes y amorosos en el seno familiar, y los refuerzan hermanos, hermanas y amigos bondadosos. Estos procedimientos normales son como el adiestramiento básico en el Plan de Salvación del Señor. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Hagamos que la fe se convierta en realidad

Conferencia General Octubre 1997
Hagamos que la fe se convierta en realidad
Janette Hales Beckham
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, recién relevada

janette-hales-beckham

«Las cosas fundamentales del diario vivir —la lectura de las Escrituras, la oración, la noche de hogar, la conversación a la hora de la comida— proporcionan las experiencias que hacen de la fe una realidad.»

Sería difícil imaginar un ejemplo más puro y perfecto de inocencia que un niño recién nacido. Acabamos de regresar de darle la bienvenida a un nieto nuevo. Mientras tenía al pequeño Benjamín en los brazos, recordé una pregunta que me hizo la directora de una revista nacional. Durante una entrevista, ella me preguntó: «¿Cómo preparan a sus jóvenes para que vivan en el mundo real?». La conversación que tuvimos me recordó que la percepción que tenemos del mundo real depende hasta cierto punto de nuestra experiencia. La editora y yo estuvimos en seguida de acuerdo en los problemas que hay en el mundo, pero para mí, la preparación para el mundo real tiene un elemento de fe que ella no comprende.

Nuestra charla me hizo considerar con renovada gratitud las experiencias que ayudan a que la fe se convierta en una realidad en la vida de una persona. Para tener fe o saber que tenemos fe, necesitamos tenerla junto con la experiencia. Para el pequeño Benjamín, esa experiencia ha comenzado ya al orar juntos su madre, su padre y su hermano mayor antes de que lo arropen en la cama. Ya desde su tierna infancia, él es testigo de la fe de su familia y va adquiriendo experiencia.

Hace unas pocas semanas, después de la Primaria, nuestro pequeño nieto Michael de cuatro años les dijo a sus padres: «Cuando oro, se me ablanda el corazón y parece que se me prende fuego». El ya reconoce el sentimiento que va asociado con la fe. ¡Qué afortunado es al poder darse cuenta de sus sentimientos y estar dispuesto a hablar de ellos con sus padres!

El profeta Alma describió esos sentimientos cuando dijo: «…pues sabéis que la palabra ha henchido vuestras almas… que vuestro entendimiento empieza a iluminarse… Luego, ¿no es esto verdadero? Os digo que sí, porque es luz; y lo que es luz, es bueno, porque se puede discernir…» (Alma 32:34-35).

El aprender a discernir las enseñanzas del Espíritu es una parte importante del hacer que la fe se convierta en una realidad. Mi hija Karen habló sobre su experiencia y dijo: «Cuando era muy pequeña, comencé por primera vez a leer el Libro de Mormón. Después de muchos días de leerlo, una noche, llegué a 1 Nefi 3:7: ‘Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado'». Karen siguió diciendo: «Yo no sabía que era un versículo famoso; sin embargo, al leerlo, me sentí profundamente impresionada. Me impresionó el mensaje de que nuestro Padre Celestial nos ayudará a guardar Sus mandamientos, pero la impresión más profunda fue como una especie de sentimiento. Había visto a mis padres marcar versículos en las Escrituras con lápiz rojo; por consiguiente, me levanté y busqué por toda la casa hasta que encontré uno y, con gran solemnidad y sintiéndome importante, marqué ese versículo en mi ejemplar del Libro de Mormón». Karen prosiguió: «A lo largo de los años, al leer las Escrituras, esa experiencia de leer un versículo y sentirme profundamente impresionada se repitió una y otra vez. Con el tiempo, me di cuenta de que ese sentimiento era el Espíritu Santo. De misionera… he visto a otras personas leer versículos y sentirse profundamente impresionadas, hasta el punto de haber estado dispuestas a cambiar su vida y aceptar el Evangelio, y de haber podido hacerlo». Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Sigamos a los pioneros

Conferencia General Octubre 1997
Sigamos a los pioneros
Élder Dallin H. Oaks
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

«Al igual que los pioneros, ¿tienen el valor y la constancia de ser firmes en la fe y perseverar hasta el fin?»

Hace algunos años le mostré a uno de mis colegas mayores un discurso que había preparado para una ocasión futura. Él me lo devolvió con un alentador comentario en dos palabras: «Entonces, ¿qué?». El discurso estaba incompleto porque omitía un elemento esencial: lo que el oyente debería hacer. Yo no había seguido el consejo del rey Benjamín, quien concluyó un importante mensaje diciendo: «…y ahora bien, si creéis todas estas cosas, mirad que las hagáis» (Mosíah4.T0).

Durante muchos meses hemos estudiado en cuanto a la vida y las realizaciones de nuestros pioneros, tanto los antiguos como los modernos. Nos han emocionado algunas representaciones en las que muchos han tenido la bendición de participar. Yo me sentí humilde al caminar veinte kilómetros en las sendas y en las huellas de carretas de treinta y uno de mis antepasados pioneros por las sierras de Wyoming llamadas Rocky Ridge y unos ocho kilómetros por el camino que tres de ellos siguieron más tarde a través del desfiladero El Cajón para establecerse en San Bernardino, California.

Ahora, después de tales estudios y actividades, corresponde que nos preguntemos: «Entonces, ¿qué?». ¿Son estas celebraciones pioneras sólo académicas, simplemente para aumentar nuestro caudal de experiencias y de conocimiento? ¿O habrán de tener una gran influencia sobre cómo vivimos la vida?

Esta pregunta nos corresponde a todos. Como nos recordó el presidente Hinckley en el pasado abril: «Ya sea que se encuentren ustedes entre los descendientes de los pioneros o que se hayan bautizado tan sólo ayer, todos somos beneficiarios de la gran hazaña de ellos»(1). Todos disfrutamos de las bendiciones de tales esfuerzos y todos tenemos las responsabilidades que acompañan a ese legado.

No basta con estudiar o representar las realizaciones de nuestros pioneros. Es necesario que identifiquemos los grandes principios eternos que ellos emplearon para lograr todo lo que lograron para nuestro beneficio y que luego empleemos entonces dichos principios en los problemas de nuestros días. De ese modo honraremos sus esfuerzos colonizadores y asimismo reafirmaremos nuestro patrimonio y fortaleceremos la capacidad para bendecir a nuestra propia posteridad y a los millones de los hijos de nuestro Padre Celestial que aún no han escuchado ni aceptado el Evangelio de Jesucristo (2). Todos somos pioneros al hacerlo.

Muchas de nuestras dificultades son diferentes de las que los pioneros anteriores enfrentaron, pero quizás sean tan peligrosas como lo fueron para ellos y por cierto tan significativas para nuestra propia salvación y la salvación de aquellos que siguen nuestros pasos (3). Por ejemplo, en cuanto a obstáculos fatales, los lobos que amenazaban las colonias pioneras no eran más peligrosos para sus hijos que los traficantes de drogas o los pornógrafos que amenazan a los nuestros; asimismo, el hambre que sufrieron los antiguos pioneros no les planteaba una amenaza mayor para su bienestar que el hambre espiritual que muchos experimentan en nuestros días. Los hijos de los antiguos pioneros tenían que realizar tareas físicas increíblemente difíciles para superar su medio ambiente; eso no era un problema mucho mayor que el que nuestros jóvenes encaran hoy al no tener que trabajar arduamente, lo cual trae consigo desafíos espiritualmente destructores en cuanto a disciplina, responsabilidad y dignidad. Jesús enseñó: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

El himno de los obedientes: «¡Oh, está todo bien!»

Conferencia General Octubre 1997
El himno de los obedientes: «¡Oh, está todo bien!»
Élder David B. Haight
Del Quorum de los Doce Apóstoles

David B. Haight

«Qué maravilloso futuro le espera a la Iglesia…Todas esas cosas dependen de… cómo aceptemos las verdades que conocemos, de cómo vivamos los principios del Evangelio.»

He orado para recibir el Espíritu del Señor y toda la fe que necesito para decir algunas palabras que llevo en el corazón; para que de algún modo les sirva de aliento en sus creencias y en la forma en que viven los principios del Evangelio. Esta mañana el presidente Hinckley nos presentó una de las reseñas más alentadoras para nuestro futuro que yo recuerde haber escuchado; me sentí conmovido al sólo imaginar y visualizar lo que nos espera; y sé que todo lo que él dice es verdad. Al haber tenido la oportunidad de trabajar con él durante algunos años y de sentir su espíritu, su entendimiento, sus deseos, su profunda fe y la inspiración que recibe en ese oficio, esta mañana me di cuenta de que estábamos escuchando palabras referentes al futuro que provenían del Profeta.

Al reflexionar ahora sobre el ciclo de la vida y a medida que el ciclo avanza y al pensar en lo que le depara a la Iglesia, me siento un poco como un amigo inglés que dijo: «¿No sería maravilloso retroceder el ciclo de la vida 50 años y que se nos permitiera vivirlos de nuevo?». Y aun cuando he tenido la oportunidad de declarar, de enseñar, de predicar y de dar testimonio del Salvador en todo el mundo, atesoro el tiempo que todavía se me concede para estar aquí.

Acaban de escuchar los compases de «Santos, venid…» (Himnos N 17). La primera oportunidad que tuve de familiarizarme de verdad con el himno «¡Oh, está todo bien!» fue en un pequeño tabernáculo de piedra en el sur de Idaho, donde me crié. Dentro de aquel pequeño tabernáculo construido con roca de lava por los miembros de la Iglesia del lugar, a fines de 1880, había un estrado, un podio similar a éste y un órgano de tubos al fondo, como este hermoso órgano que tenemos aquí, pero más pequeño. Esto era antes de la electricidad y de los motores, y tenía un sistema de bombas. Para hacer llegar el aire a los tubos de un órgano se utiliza un sistema de fuelles. Alguien se tenía que sentar en un taburete y bombear la palanca que estaba detrás del órgano. Siempre era un gran privilegio para un jovencito el ser seleccionado para sentarse en ese taburete y bombear el órgano. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario