A los hambrientos colmó de bienes

Conferencia General Octubre 1997
«A los hambrientos colmó de bienes»
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

«Todo en el Evangelio nos enseña que podemos cambiar si es necesario que lo hagamos, que podemos recibir ayuda si en verdad la deseamos, que podemos ser sanados cualesquiera que hayan sido los problemas del pasado.»

Hace un tiempo, leí una composición que hablaba del «hambre metafísico»1 que hay en el mundo. El autor insinuaba que el alma del hombre y de la mujer se estaba muriendo, por así decirlo, debido a la carencia de alimento espiritual en la actualidad. Esa frase, «hambre metafísico», acudió otra vez a mi mente el mes pasado al leer los numerosos y bien merecidos tributos otorgados a la Madre Teresa, de Calcuta. Un corresponsal aludió a la ocasión en que ella dijo que no obstante lo severo y doloroso que era el hambre física en nuestros días —habiendo dedicado casi toda su vida a mitigarlo— aun así, ella creía que la falta de fortaleza espiritual, la escasez de alimento espiritual, era incluso un hambre más horrenda en el mundo de hoy.

Esas observaciones me hicieron recordar la temible profecía del profeta Amos, quien dijo hace tiempo: «He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová»(2).

A medida que el mundo avanza perezosamente hacia el siglo veintiuno, muchos añoran algo y a veces lo piden a gritos, pero con demasiada frecuencia no saben con certeza lo que quieren. La situación económica del mundo, hablando en sentido general y no específico, probablemente sea mejor que en cualquier otra época de la historia, pero el corazón humano aún está intranquilo y muchas veces agobiado con demasiado estrés. Vivimos en la «era de la información», en la cual tenemos, literalmente al alcance de la mano, un mundo lleno de datos; no obstante, para muchas personas, el significado de esa información y la satisfacción que viene de utilizar el conocimiento en algún contexto moral parecen estar cada vez más alejados que nunca.

El precio de edificar en cimientos tan inciertos es demasiado alto: muchas vidas se están derrumbando cuando llegan las tormentas y rugen los vientos (3). Casi por todos lados vemos a aquellos que no están satisfechos con las comodidades que tienen debido al temor constante de que otros, en alguna parte, tengan más que ellos. En un mundo que tan desesperadamente necesita un liderazgo moral, con demasiada frecuencia vemos a lo que Pablo se refirió como la maldad espiritual en lugares elevados (4). De manera absolutamente aterradora, vemos a muchos que dicen que están aburridos de sus cónyuges, de sus hijos y de cualquier sentido de responsabilidad matrimonial o paternal que tengan hacia ellos. Y hay otros que, yendo a toda velocidad por el camino sin salida de los placeres físicos, exclaman que ellos de verdad vivirán sólo de pan, y que cuanto más tengan, mejor. Lo sabemos por una fuente fidedigna, de hecho, del Verbo mismo, que el pan solo —aunque sea mucho— no es suficiente (5). Seguir leyendo

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Miren hacia el futuro

Conferencia General Octubre 1997

Miren hacia el futuro

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinvkley

«La clave del éxito de la obra será la mismos Santos de los Últimos Días.»

Las celebraciones de 1997 casi han terminado; el último carromato se ha detenido; el último carro de manos descansa. Hemos tenido un año maravilloso en el que hemos conmemorado la gran migración de nuestros antepasados hacia estos valles del oeste. Nos hemos inclinado en señal de reverencia al recordar los sacrificios de los muchos que murieron en el camino y que tiernamente fueron enterrados en tumbas cuya ubicación desconocemos.

Hemos compartido, en muy pequeña escala, los terribles sufrimientos de los que estuvieron atrapados en las nieves de Wyoming en 1856.

Hemos visto el cumplimiento de la profecía de Isaías: «Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa» (Isaías 35:1).

No podemos subestimar sus logros; no podemos agregar a su gloria; de todos los que se llamen a sí sólo podemos mirar hacia el pasado con reverencia, aprecio, respeto y resolución de edificar sobre lo que ellos hicieron.

Ha llegado el momento de dejar de mirar al pasado y ver el futuro. Esta es una época con miles de oportunidades; depende de nosotros el utilizarlas y avanzar, ¡Qué maravilloso es el que cada uno de nosotros haga su pequeña parte para hacer avanzar la obra del Señor hacia su magnífico destino.

«Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14).

Hermanos y hermanas, algo maravilloso está sucediendo en esta Iglesia. Al desenvolvernos en el pequeño mundo de nuestros barrios y ramas respectivos casi no lo advertimos; sin embargo, es real y grandioso. Estamos creciendo; nos estamos expandiendo; este año ingresará a la Iglesia suficiente gente como para crear más de 600 nuevos barrios y ramas.

Dentro de un mes alcanzaremos los diez millones de miembros. Tomó más de un siglo, 117 años, desde la organización de la Iglesia en 1830 hasta 1947, para llegar a un millón. La mayoría de nuestros miembros ahora residen fuera de los Estados Unidos. Hemos andado entre nuestra gente y ha sido maravilloso reunimos con ellos, hablar con ellos y compartir testimonios; están llenos de entusiasmo.

Hace poco estuvimos con la Nación Navajo, en Window Rock, Arizona. Era la primera vez que un Presidente de la Iglesia se reunía y hablaba con ellos en su propia capital. Fue difícil contener las lágrimas al reunimos con esos hijos e hijas del Padre Lehi. En mi imaginación, lo he visto llorar por su progenie que por tanto tiempo ha vivido en la pobreza y el dolor. Seguir leyendo

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Los maestros son la clave eterna

Conferencia General Octubre 1997
Los maestros son la clave eterna
Élder Harold G. Hillam
De la Presidencia de los Setenta

Harold G. Hillam

«En esencia, somos una Iglesia de maestros. A pesar de las circunstancias de la vida o de la naturaleza del llamamiento que tengamos, todos los miembros de la Iglesia tienen la oportunidad de enseñar y de testificar.»

Esta carta histórica que tengo en la mano fue escrita hace noventa y ocho años. Cada página está dentro de un sobre plástico sellado para protegerlas. Pero si bien fue escrita hace casi ya un siglo, las palabras que contienen estas páginas tienen un gran significado para todos nosotros hoy día.

El año 1899 fue una celebración de jubileo: el aniversario número cincuenta de la organización de la primera Escuela Dominical de la Iglesia. Como culminación de ese año de jubileo, una cápsula del tiempo, representada por una hermosa caja labrada a mano, se llenó con objetos que se pensó tendrían algún significado para quienes estuvieran presentes cuando se abriera una vez que hubieran pasado otros cincuenta años.

Por consiguiente, en 1949, la cápsula del tiempo se abrió y entre otras cosas de valor histórico se encontró esta carta dirigida a las «Autoridades Generales de la Escuela Dominical, del año de nuestro Señor de 1949». Esta carta dice lo siguiente:

«El establecimiento de la primeras Escuelas Dominicales en las Montañas Rocosas estuvo acompañado de penurias y desánimo. La gente se encontraba en una tierra seca y árida, y expuesta a muchas privaciones. Era necesario que dedicaran todo el tiempo y la fortaleza disponibles para conseguir las cosas más indispensables; sin embargo, aún en medio de todo eso y con recursos sumamente limitados, comenzaron la educación de sus hijos».

La carta sigue diciendo: «Ahora bien, hermanos, apenas podemos vislumbrar lo que sucederá con la juventud de Sión durante los próximos cincuenta años. Los métodos didácticos que utilizamos en la actualidad puede que sean abandonados por otros más nuevos que se descubran en el futuro.

Es posible que cuando ustedes reciban esta caja de jubileo, muchos de los que firmamos esta misiva hayamos pasado al otro lado junto con quienes en el momento integran el grandioso ejército de los que participan en la obra de la Escuela Dominical y por consiguiente el saludo de nosotros que hemos traspasado los umbrales de la muerte será para ustedes como la voz que clama desde el polvo.

«La obra de la Escuela Dominical ha sido para nosotros una labor de amor y nuestro interés en ella no solamente se centra en el día de hoy sino que se extiende hacia el futuro. Seguir leyendo

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Reciban la verdad

Conferencia General Octubre 1997
Reciban la verdad
Élder L. Tom Perry
Del Quorum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

«Adquirir un conocimiento de Él es primordial en nuestro aprendizaje terrenal. También es preciso que sintamos el vivo deseo de familiarizarnos con la doctrina del reino.»

En las Escrituras se hace constar: «Y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero» (D. y C. 130:19).

El adquirir conocimiento es parte fundamental del eterno plan del Señor para Sus hijos. Para asegurarse de que hubiese medios al alcance de los que buscasen este conocimiento, el Señor ha mandado a Sus Profetas a lo largo de las etapas de la historia llevar un registro de Sus tratos con ellos. La primera familia terrenal, o sea, la familia de Adán, siguió las siguientes instrucciones:

«Entonces empezaron estos hombres a invocar el nombre del Señor, y el Señor los bendijo;

«y se llevaba un libro de memorias, en el cual se escribía en el lenguaje de Adán, porque a cuantos invocaban a Dios les era concedido escribir por el espíritu de inspiración; «Y poseyendo un lenguaje puro y sin mezcla, enseñaban a sus hijos a leer y a escribir» (Moisés 6:4-6).

Al estudiar el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios, hallamos reiteradas instrucciones de estudiar el Evangelio de nuestro Señor y Salvador. El Señor nos comprende perfectamente. El sabe que para convertirnos de verdad tenemos que comprender la forma en que Él trata con Sus hijos aquí en la tierra. Adquirir un conocimiento de Él es primordial en nuestro aprendizaje terrenal. También es preciso que sintamos el vivo deseo de familiarizarnos con las doctrinas del reino.

El presidente Spencer W. Kimball nos dio algunos preceptos referentes al conocimiento que debemos buscar y a la secuencia con la cual hacerlo. Valiéndose de los ejemplos de Pedro y de Juan, enseñó:

«Pedro y Juan tenían poca instrucción secular; se les calificaba de ignorantes. Pero los dos sabían las cosas importantes de la vida: que Dios vive y que el Señor crucificado y resucitado es el Hijo de Dios. Conocían el camino que conduce a la vida eterna, lo cual aprendieron en unas pocas décadas de su vida terrenal. La rectitud de su vida les abrió las puertas a la divinidad y a la creación de mundos con aumento eterno. Para eso probablemente necesitarían, con el paso del tiempo, adquirir un conocimiento total de las ciencias. Pero mientras que Pedro y Juan tuvieron sólo unas décadas en la tierra para aprender y realizar lo que es espiritual, ya han tenido diecinueve siglos para aprender lo que es secular, o sea, la geología de la tierra, la zoología, la fisiología y la sicología de las criaturas de este mundo. La vida terrenal es la etapa para aprender primero de Dios y el Evangelio, así como para efectuar las ordenanzas. Una vez que hayamos aprendido lo necesario para obtener la vida eterna, podremos adquirir más conocimiento de las cosas seculares (President Kimball Speaks Out, 1981, págs. 90-92). Seguir leyendo

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Lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe

Conferencia General Octubre 1997
Lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

«Debemos concentrarnos en las cosas internas del corazón, las que intuitivamente conocemos y valoramos, y que no obstante muchas veces dejamos a un lado por lo que es trivial, superficial o arrogante.»

Mis amados hermanos y hermanas, y amigos. He rogado con fervor que ustedes entiendan las palabras que les dirigiré en esta ocasión con el espíritu con el que tengo la intención de hacerlo. Por tanto, busco su fe y sus oraciones en mi favor.

Jesús de Nazaret describió Su obra fundamental al decir: «…ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre»1. Su obra se lleva a cabo por medio de Su Evangelio, el cual conlleva la marca distintiva del Salvador mismo. Humildemente, deseo hablar de la esencia del Evangelio. El Salvador enseñó que la justicia, la misericordia y la fe son «lo más importante de la ley»2.

Deseo declarar manifiestamente que los mandamientos de Dios deben observarse a fin de recibir las bendiciones y las promesas del Salvador. Los Diez Mandamientos siguen siendo parte primordial del Evangelio de Cristo; con Su venida, llegaron nueva luz y vida que brindan una mayor medida de regocijo y de felicidad. Jesús introdujo una norma más elevada y más difícil de conducta humana, la cual es más sencilla así como también más difícil por motivo de que se centra en requisitos internos en lugar de externos: Haz con los demás lo que quieras que los demás hagan contigo3. Ama a tu prójimo como a ti mismo4. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra5. Al que quiera quitarte la túnica, déjale también la capa6. Perdona, no sólo una vez, sino aun hasta setenta veces siete7. Esa era la esencia del nuevo Evangelio, con más énfasis en el harás que en el no harás. Se le dio más albedrío moral a cada uno.

José Smith, el Profeta de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, estableció la Iglesia mediante la revelación como el receptáculo de la verdad del Evangelio. El trajo a la Iglesia más luz, más calidez y más regocijo por conducto de las numerosas y sublimes revelaciones que recibió, como por ejemplo, la forma en la que debe ejercerse el sacerdocio: «Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero»8. Si se vive esta elevada norma de conducta, se cumplirá la promesa: «…existen los hombres para que tengan gozo»9.

«A lo largo de los siglos, el dogmatismo, la coacción y la intolerancia han contaminado con demasiada frecuencia el agua viva del Evangelio que nos sacia eternamente la sed espiritual10. El Salvador exclamó en Sus tiempos: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

«¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!»11

Del mismo modo, Pablo dijo: «…porque la letra mata, mas el espíritu vivifica»12.

No sólo debemos evitar el mal y no sólo debemos hacer el bien, sino lo más importante es que debemos hacer lo que es de mayor valor. Debemos concentrarnos en las cosas internas del corazón, las que intuitivamente conocemos y valoramos, y que no obstante muchas veces dejamos a un lado por lo que es trivial, superficial o arrogante.

Los principios salvadores y las doctrinas de la Iglesia están establecidos, son fijos e inmutables. La obediencia a ellos es indispensable para tener «la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero»13. Sin embargo, la forma en que la Iglesia administra los complejos y variados retos por todo el mundo cambia de vez en cuando. Bajo la guía de Profetas vivientes, se instituyen nuevas pautas y nuevos procedimientos. Acojo encantado esos inspirados cambios, puesto que constituyen una prueba de la veracidad del Evangelio restaurado. Pero tengo mis temores de que algunos miembros consideren que las pautas y los procedimientos son tan importantes como las leyes eternas e inmutables del Evangelio tales como: «No cometerás adulterio»14. En lugar de alguna definición legalista del adulterio, la indicación más esclarecida del Salvador es que el pensamiento engendra la acción: el «que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón»15. Seguir leyendo

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Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional

Conferencia General Octubre 1997
Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Que consideren la Iglesia como su gran y buena amiga, su refugio cuando el mundo parezca cerrarse a su alrededor, su esperanza cuando las cosas se vuelvan tenebrosas, su columna de fuego.»

Hermanos, ahora que tengo el privilegio de dirigirles la palabra, repetiré algunas de las cosas que se han dicho durante esta conferencia con la esperanza de hacer hincapié en la importancia de ellas. Esta ha sido una reunión maravillosa; si prestamos oído y obedecemos los consejos que hemos recibido, nos beneficiaremos mucho.

Creo que ningún miembro de la Iglesia recibe lo fundamental que esta Iglesia tiene para dar mientras no reciba sus bendiciones del templo en la casa del Señor. Por consiguiente, estamos haciendo todo lo que sabemos hacer para acelerar la obra de la construcción de estos sagrados edificios y poner las bendiciones que allí se reciben al alcance de más personas.

Tras la dedicación del Templo de St. Louis, que tuvo lugar en junio de este año, tenemos 50 templos en funcionamiento. Pronto dedicaremos el Templo de Vernal, Utah. La próxima dedicación de un templo está programada para junio de 1998 y será el Templo de Preston, Inglaterra

Me complace comunicarles que los templos de Colombia; de Ecuador; de la República Dominicana; de Bolivia; de España; de Recife y de Campiñas, Brasil; de México; de Boston; de Nueva York y de Albuquerque siguen adelante ya sea en planificación o en diversas etapas de construcción. El plan de construir un templo en Venezuela, lo cual anunciamos antes, también sigue adelante y tenemos esperanzas de adquirir un terreno en un futuro muy cercano. Y seguimos en la tarea de conseguir los diversos tipos de permisos, contra alguna oposición, para la construcción de los templos de Billings, Montana y de Nashville, Tennessee.

En esta ocasión tengo el placer de anunciar que hemos resuelto edificar un templo en Houston, Texas, y uno en Porto Alegre, Brasil. Todo esto pone de manifiesto el gran interés que tenemos en hacer avanzar con vigor esta importante obra. Pienso que en total tenemos unos 17 templos en alguna etapa de su construcción, lo cual es una tarea prodigiosa.

Sin embargo, hay muchas áreas distantes y aisladas de la Iglesia, donde el número de miembros es pequeño y donde no es probable que éste aumente mucho en el futuro cercano. ¿Se han de negar a los que viven en esos lugares las bendiciones de las ordenanzas del templo? Mientras visitábamos una de esas áreas hace unos pocos meses, meditamos en esa pregunta y oramos al respecto. Creemos que recibimos la respuesta con toda claridad.

En algunas de esas áreas construiremos templos pequeños, edificios que cuenten con todas las instalaciones necesarias para administrar todas las ordenanzas. Se edificarían de acuerdo con el nivel que corresponde a los templos, el cual es mucho más elevado que el de los centros de reuniones. Contendrían todo lo necesario para efectuar bautismos por los muertos, el servicio de la investidura, los sellamientos y todas las demás ordenanzas que se deben realizar en la casa del Señor tanto para los vivos como por los muertos.

Presidirían esos templos, cuando ello fuera posible, hombres de la localidad que serían llamados como presidentes de templo, del mismo modo que son llamados los presidentes de estaca, y tendrían un período indefinido de designación de servicio en el cargo; vivirían en el área, en su propia casa. Uno de los consejeros sería el registrador del templo y el otro, el ingeniero o técnico del templo. Todos los obreros de las ordenanzas serían personas locales que ocuparían otros cargos en sus respectivos barrios y estacas.

Se esperaría que los participantes tuvieran su propia ropa del templo, y de ese modo no haría falta construir lavaderos muy costosos. Un lavadero sencillo podría encargarse de la ropa bautismal. No habría instalaciones para comer.

Esos edificios se abrirían de acuerdo con lo que fuese necesario, quizá uno o dos días a la semana, lo cual quedaría a criterio del presidente del templo. Cuando fuera posible, construiríamos el edificio en el mismo terreno de un centro de estaca y los dos edificios utilizarían el mismo estacionamiento, con lo cual se ahorraría mucho dinero. Seguir leyendo

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La orientación familiar: un servicio divino

Conferencia General Octubre 1997
La orientación familiar: un servicio divino
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“¿Podemos acaso… llegar hasta aquellos de los que somos responsables y traerlos a la mesa del Señor para deleitarse en Su palabra, así como para gozar de la compañía de Su espíritu?”

Esta ha sido una sesión de la conferencia caracterizada por la espiritualidad y sé que ustedes y yo hemos sido edificados. Se ha declarado: “Donde está el Presidente hay fortaleza; y el saber que él está con nosotros y que está presidiendo infunde fortaleza en toda la Iglesia” (1).

El presidente Hinckley ha tenido un programa exhaustivo el año pasado y ha dado su testimonio a miles de miembros y a otras personas en todas partes del mundo. Para muchos, la experiencia fue única, algo que nunca antes disfrutaron los miembros devotos de lugares lejanos con nombres difíciles de pronunciar; el agradece nuestras oraciones a su favor.

Además de tantas otras responsabilidades, el Presidente de la Iglesia recibe mucha correspondencia todos los días; recuerdo una de esas cartas y la comparto con ustedes. He cambiado el nombre del jovencito que escribe estas líneas, que dicen así:

“Estimado Presidente:

“Hola. Me llamo David Smith y vivo en un lugar donde los estorninos son muy malos; hacen nidos en el bote de mi abuelo y en todo el establo de papa y en todas partes. El abuelo y papa piensan que debo matarlos, pero mama opina que no. Sé que la ley dice que está bien matarlos, pero no le pido su opinión de cazador, sino de líder de la Iglesia

“Atentamente, David Smith

“P.D.: Un estornino es un ave negra que come los huevos de otras aves y hace otras cosas malas”.

Toda carta que llega se contesta. La respuesta, a esta en particular, la envió el Secretario de la Primera Presidencia, F. Michael Watson:

“Estimado David:

“Se me ha solicitado acusar recibo de tu carta del 30 de abril dirigida al Presidente de la Iglesia referida a los problemas que has tenido con los estorninos.

“La Iglesia no tiene una norma oficial en cuanto al asunto; la Primera Presidencia opina que tus padres deben decidir y brindarte la guía apropiada.

“Espero que esta información te sea de ayuda.
“Atentamente, F. Michael Watson”.

No le es posible al presidente Hinckley contestar personalmente cada carta, ni tampoco puede estar en todas partes; tampoco podemos aquellos que le ayudamos llegar a cada miembro de toda nación; sin embargo, por sabiduría del Señor se nos han dado pautas por las cuales los que poseemos el sacerdocio de Dios podemos servir, enseñar y testificar a las familias de la Iglesia. Sí, hablo de la orientación familiar.

Repasemos el consejo del Señor y de Sus Profetas con respecto a esta empresa vital.

El obispo de cada barrio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días asigna a poseedores del sacerdocio como maestros orientadores con objeto de visitar cada mes las casas de los miembros. Van en pareja; con frecuencia un joven del Sacerdocio Aarónico acompaña a un adulto del Sacerdocio de Melquisedec.

El programa de la orientación familiar es una consecuencia de la revelación moderna y comisiona a los ordenados al sacerdocio a “… enseñar, exponer, exhortar, bautizar y velar por la Iglesia … y visitar la casa de todos los miembros, y exhortarlos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares … velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos; y cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias” (2). Seguir leyendo

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Pionero del futuro: “No temas, cree solamente”

Conferencia General Octubre 1997
Pionero del futuro: “No temas, cree solamente”
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

“Somos parte de la causa más grande sobre la faz de la tierra; somos los pioneros del futuro. Avancemos como el ejercito de Helamán y edifiquemos el Reino de Dios.”

Mis queridos hermanos, les saludo con amor y gratitud por su fidelidad y devoción. Hemos tenido un gran día de conferencia: la música ha sido grandiosa, los mensajes han sido inspiradores, inclusive el del élder Maxwell; le he pedido al élder Maxwell que hablara en mi funeral, pero no tengo intenciones de dejar este mundo tan pronto.

Estamos terminando un año maravilloso en el que celebramos el heroísmo y el esfuerzo que desplegaron los pioneros que llegaron al Valle del Lago Salado hace 150 años. Agradecemos mucho a los cientos de miles de fieles miembros de la Iglesia en todo el mundo que contribuyeron a esta gran celebración.

Es importante reconocer que todas esas actividades estuvieron bajo el profético liderazgo de nuestro inspirado presidente Gordon B. Hinckley. Ahora él nos dirige para que lleguemos a ser pioneros del futuro, con todas las maravillosas oportunidades que eso encierra. La fe en cada futuro paso cumplirá la visión profética con respecto al glorioso destino de esta Iglesia.

Jamás ha habido una época más maravillosa en la historia de esta Iglesia. Hay más templos en construcción y en planificación que nunca antes; como un paso importante en este trabajo de pionero del futuro, el presidente Hinckley ha dado la palada inicial para un nuevo e inmenso salón de asambleas que se construirá cerca del Templo, en Salt Lake City. Desde allí, será posible transmitir la voz del Señor durante la conferencia general a más hijos de Dios, tanto en el salón, como a través de satélite o de otros medios electrónicos.

Esta noche hablo con énfasis especial a ustedes, jóvenes poseedores del sacerdocio, quienes serán los encargados de sacar la Iglesia adelante en el futuro. Ustedes no siguen los senderos del mundo involucrándose en actividades indeseables o usando ropas y adornos extraños. Estamos orgullosos de ustedes; tenemos gran confianza en ustedes.

Basare mi discurso en el profundo pero simple mensaje del Salvador al principal de la sinagoga. Recordaran que se le había dicho al principal que su hija había muerto y que no debía molestar al Maestro por eso. Cuando el Salvador fue a la casa del apenado padre, Él dijo: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme”. Y tomando a la niña de la mano, dijo: “Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba… Y se espantaron grandemente” (1).

Las palabras del Salvador al líder de la sinagoga captan la esencia de esta historia: “No temas, cree solamente” (2). Estas cuatro palabras encierran el mensaje que tengo para ustedes. Seguir leyendo

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He aquí el hombre!

Conferencia General Octubre 1997
¡He aquí el hombre!
Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Keith B. McMullin

“Nuestra visión de ustedes y de su trabajo va más allá de los apariencias externas de un joven y vemos, en cambio, a un poseedor del Santo Sacerdocio revestido con sus poderes, sus deberes y sus bendiciones concomitantes.”

Esta vasta asamblea de hermanos nos. recuerda que el propósito y el destino de la Iglesia recaen en gran medida sobre los hombros de quienes poseen el Sacerdocio de Aarón y el de Melquisedec. A pesar de que el Sacerdocio Aarónico es el menor y un apéndice del mayor, o de Melquisedec, cada uno es sempiterno y esencial en la obra del Señor. El presidente John Taylor dijo: “Cuando estos dos Sacerdocios se unen y se llevan a cabo sus responsabilidades en su pureza, la gloria del Señor se manifestara sobre el monte de Sión, en la casa del Señor, ambos operando de acuerdo con sus llamamientos, su cargo y su autoridad” (1).

Con este objetivo en mente, se despliega ante nosotros el deber de retener a quienes acaban de convertirse y bautizarse, de reavivar la fe de los que se han apartado y de proteger el desarrollo de la fe de nuestra juventud.

Los nuevos conversos que se bautizan realizan un abrupto abandono de sus hábitos y cursos pasados; con frecuencia se hallan solos en la Iglesia, sin el apoyo de la familia ni de rostros familiares. Se encuentran en el verdadero, estrecho y angosto camino, que es también nuevo y puede ser un tanto desconcertante.

Están aquellos que una vez estuvieron en ese mismo camino y que se han apartado; su fe se ha debilitado. Para ellos, la posibilidad de un hermanamiento completo parece algo remoto y tal vez no lo deseen; se “esconden” de la Iglesia y se sienten escondidos de Dios.

Amamos y admiramos a cada uno de ustedes, hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico; la vitalidad de ustedes es contagiosa; sus habilidades, asombrosas; su asociación, vigorizante. Pero sabemos que otras fuerzas están interesadas en ustedes: son obscuras y amenazantes; hombres y mujeres inicuos desfilan ante ustedes con feroces tentaciones y decepciones. Su intención es destruirlos y pueden exigirles un alto costo espiritual.

Para escapar de estos peligros, nuestro Padre Celestial nos proveyó un Salvador. (2). El sacrificio expiatorio de nuestro Señor es el acontecimiento más importante en la historia de todo lo creado; esto, entonces, es el Evangelio: que Dios vive y que es nuestro Padre, que Cristo es el amado Hijo de Dios y que Su expiación es real, que Su reino terrenal se ha establecido y que una herencia celestial espera a los que abracen y se ajusten a los principios eternos sobre los que el Evangelio se basa. (3).

El Evangelio se imparte y se recibe de dos maneras: una viene antes que la otra. La primera contiene una porción menor, que prepara; le sigue luego la porción mayor, que trae la plenitud. La sustancia de cada una se encuentra en las ordenanzas y en las obras del Santo Sacerdocio, comenzando con el Sacerdocio Aarónico y culminando con el de Melquisedec. Aquellos que sean “fieles hasta obtener estos dos sacerdocios… y magnifican su llamamiento… llegan a ser… la iglesia y reino, y los elegidos de Dios” (4). Seguir leyendo

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En defensa de la verdad y la rectitud

Conferencia General Octubre 1997

En defensa de la verdad y la rectitud

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

“El defender la verdad y la rectitud no es algo que hacemos solo los domingos. Día tras día nuestros vecindarios y comunidades necesitan desesperadamente nuestro respaldo y nuestra contribución a la seguridad, la ley y el orden.”

En defensa de la verdad y la rectitud

Es un privilegio, hermanos, dirigirme a ustedes esta noche.

Hermanos, poseer el sacerdocio es más que una gran bendición; lo acompañan enormes responsabilidades tales como velar por la Iglesia; honrar a todas las mujeres, especialmente a nuestra esposa, a nuestra madre, a nuestras hijas y a nuestras hermanas; visitar el hogar de cada miembro, exhortando a cada uno de ellos a “orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (1) y a “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (2).

Cuando en las aguas del bautismo hacemos convenio de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar”, no nos referimos solamente a las reuniones de testimonio. Tal vez no siempre sea fácil, conveniente o socialmente aceptable asumir la defensa de la verdad y la rectitud, pero es siempre lo que debemos hacer; siempre.

Joseph F. Smith tenía 19 años de edad cuando regreso de su misión en Hawai. Una mañana, mientras viajaba desde California hacia su hogar en Utah, le cortó el paso “una carreta llena de hombres borrachos disparando al aire y vociferando insultos contra los mormones”. Uno de ellos “con revolver en mano”, camino hacia él. Pese a estar aterrorizado, Joseph “considero que sería imprudente e inútil salir corriendo … así que avanzo hacia el sujeto como si no encontrara nada fuera de lo normal en su conducta. ‘¿Eres un mormón tal por cuál?’, pregunto airadamente el extraño. Armándose con el mayor valor posible, Joseph miro al hombre en los ojos y respondió con calma: ‘Si, señor; cien por ciento y de pura cepa, de pies a cabeza’. Casi perplejo por la inesperada respuesta del joven, el hombre se detuvo, dejó caer las manos y, tras echar una mirada incrédula a Joseph, le dijo en un tono amigable: ‘Bueno, ¡eres el tal por cual más cordial que he conocido! ¡Venga esa mano! Me alegra conocer a alguien que defiende sus convicciones’. Y sin más, dio vuelta y se fue” (3).

Como poseedores del sacerdocio, tenemos el sagrado deber de siempre defender la verdad y la rectitud. El sacerdocio, según se le define, es la autoridad de Dios dada al hombre para hacer las cosas que Dios haría si estuviera aquí. Eso quiere decir que somos no sólo Sus testigos, sino Sus representantes.

El defender la verdad y la rectitud no es algo que hacemos sólo los domingos. Día tras día nuestros vecindarios y comunidades necesitan desesperadamente nuestro respaldo y nuestra contribución a la seguridad, la ley y el orden. El delito, en todas SUS manifestaciones, es un mal de proporciones mundiales y un gran problema moral el cual inquieta enormemente a los líderes de la Iglesia. El precio social, económico y moral del delito es incalculable. El delito no hace distinción de raza, religión, nacionalidad, edad ni clase social.

El Libro de Mormón nos enseña que las combinaciones secretas entregadas al delito presentan un serio desafío, no solamente a las personas y a las familias, sino a civilizaciones enteras. Entre las combinaciones secretas de nuestra época se encuentran las pandillas, las organizaciones de narcotraficantes y las mafias. Las organizaciones secretas de nuestros días funcionan tal cual lo hicieron los ladrones de Gadiantón en la época del Libro de Mormón; tienen señas y contraseñas secretas; participan en ritos secretos y llevan a cabo ceremonias de iniciación. Entre otras, tienen la finalidad de “asesinar, y robar, y hurtar, y cometer fornicaciones y toda clase de iniquidades en oposición a las leyes de su patria, así como a las leyes de su Dios” (4).

Si no tenemos cuidado, las combinaciones secretas de la actualidad pueden cobrar poder e influencia tan rápida y completamente como lo hicieron las de los días del Libro de Mormón. ¿Recuerdan los ciclos? Las combinaciones secretas empezaban entre “los más perversos” de la sociedad pero terminaban “seduciendo a la mayor parte de los justos” hasta contaminar a la sociedad entera (5).

La juventud actual, así como aquellos de la “nueva generación” (6) en el Libro de Mormón, son los más propensos a caer bajo la influencia de las pandillas. Nuestros jóvenes se ven rodeados por esta realidad. Existe un cierto grupo social que se suscribe a la conducta criminal de los pandilleros por medio de música, estilos de vestimenta, lenguaje, actitudes y conducta. Muchos de ustedes han observado a muchos de sus amigos abrazar ese estilo por considerarlo “de moda” o “de buena onda”, para ser de a poco absorbidos por ese grupo social debido a su identificación con las pandillas. Todos estamos enterados de casos trágicos de jóvenes que, sin sospecharlo, fueron atacados por pandilleros por el simple hecho de vestir prendas con los colores de pandillas rivales y de estar en vecindarios desconocidos. Seguir leyendo

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Por qué cada miembro un misionero?

Conferencia General Octubre 1997
¿Por qué cada miembro un misionero?
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott

“¿Cuan en serio han tornado ustedes, personalmente, el pedido del Señor de dar a conocer Su Evangelio? Se trata de una responsabilidad para toda la vida… se aplica de diferentes maneras de acuerdo con los distintos periodos de su vida.”

Muy pocas cosas en la vida ofrecen tanta dicha como la que se recibe al ayudar a una persona a mejorar su vida; esa dicha crece cuando esos esfuerzos hacen que alguien entienda las enseñanzas del Señor y se decida a obedecerlas, se convierta y se una a Su Iglesia. A eso sigue una gran felicidad cuando ese nuevo converso se fortalece durante la transición hacia una nueva vida, cuando se afirma sólidamente en la verdad y recibe todas las ordenanzas del templo con la promesa de la vida eterna. El presidente McKay nos demostró cómo obtener ese gozo mediante una profunda aclaración acerca de la responsabilidad que tenemos de dar a conocer el Evangelio: “Cada miembro un misionero” (1).  Sé que serían muchos más los que seguirían esa admonición si comprendieran que hay muchas maneras de cumplir con esa responsabilidad; pero ante todo, ¿por qué se nos ha pedido a cada uno de nosotros que seamos misioneros?

El Salvador recalcó la importancia vital de dar a conocer el Evangelio cuando dijo a Sus discípulos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (2). Él mandó a Sus siervos: “… no busquéis las cosas de este mundo, más buscad… edificar el reino de Dios…” (3).

Lehi enseñó a su hijo Jacob:

“… la redención viene en el Santo Mesías… él se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado… por todos los de corazón quebrantado y de espíritu contrito; y por nadie más se pueden satisfacer las demandas de la ley”.

“Por lo tanto, cuán grande es la importancia de dar a conocer estas cosas a los habitantes de la tierra, para que sepan que ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías…” (4).José Smith entendió el pedido de Dios de compartir la verdad con el mundo. Durante los momentos más difíciles de su vida, él envió a sus fieles compañeros a proclamar el Evangelio en otras partes, aun cuando se necesitaba urgentemente que le apoyaran y, en medio de esas duras pruebas y las terribles condiciones de la cárcel de Liberty, dijo:

“Porque todavía hay muchos en la tierra… que son cegados por la sutil astucia de los hombres que… no llegan a la verdad porque no saben dónde hallarla.

“Por tanto… hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance; y entonces podremos permanecer tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios y que se revele su brazo” (5). Seguir leyendo

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Los compañeros que valen

Conferencia General Octubre 1997
Los compañeros que valen
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

“Asistimos a las… reuniones de la Iglesia a graves del mundo en busca de compañerismo, de la buena compañía de los hermanos y de las hermanas en el Evangelio y del consuelo de la dulce comunión con el Espíritu de Dios.”

Mis queridos hermanos y hermanas, es un privilegio para mí el reunirme con ustedes en otra conferencia general de la Iglesia. En estas maravillosas reuniones me encanta oír la voz del Señor y sentir la presencia de Su Espíritu. Se regocija mi corazón ante la hermandad que compartimos como Santos de los Últimos Días.

En Compañía De Los Santos

Uno de los muchos beneficios del ser miembros de la Iglesia es el de la compañía de los santos. Durante el tiempo de mi asignación en Europa llevamos a cabo conferencias de estaca memorables para los soldados que prestaban servicio militar en Alemania. Muchos de nuestros buenos hermanos y hermanas viajaban grandes distancias para asistir a las reuniones. Muchos de ellos llegaban la noche anterior y dormían en el piso del salón de recreo. Sin importar el sacrificio, llegaban con corazones alegres en busca de la compañía de los Santos de los Últimos Días y de la oportunidad de ser instruidos y edificados por los líderes de la Iglesia. Cuando nos reunimos, “ya no [somos] extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (1).

Nuestro es el mandamiento y la bendición de “reun [irnos] a menudo para ayunar y orar, y para hablar unos con otros concerniente al bienestar de [nuestras] almas” ( 2). Asistimos a las conferencias generales y a otras reuniones de la Iglesia a través del mundo en busca de compañerismo, de la buena compañía de los hermanos y de las hermanas en el Evangelio y del consuelo de la dulce comunión con el Espíritu de Dios. En nuestros servicios de adoración, la presencia de ese Espíritu llena nuestros corazones de amor hacia Dios y hacia nuestros hermanos.

La Compañía De La Familia

Por supuesto, nuestros mejores amigos son aquellos con los que vivimos como miembros de nuestra familia. Amorosos padres, hermanos y hermanas, hijos y otros miembros de la familia ayudan a moldear nuestro destino. Mi mejor amiga es Elisa, mi compañera eterna; ella es el corazón de nuestro hogar y nos ha inspirado a acercarnos más al Señor. “La maternidad se acerca a lo divino. Es el servicio más sublime y más sagrado que podemos llevar a cabo. Coloca a la mujer que honra su sagrado llamamiento y servicio a la altura de los ángeles” (3). Su servicio se manifiesta en las palabras de un himno familiar:

Quienes nos brindan su amor
reflejan tu bondad, Señor.
Tu nos envías luz y paz
con la bondad de los demás.
Nuestros amigos buenos son
un rico y divino don;
su vida un ejemplo es,
que fortalece nuestra fe. (4).

El dulce compañerismo del matrimonio eterno es una de las bendiciones más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Ciertamente, los muchos años que he compartido con mi hermosa compañera me han proporcionado los gozos más profundos de mi vida. Desde el principio de los tiempos, la compañía conyugal ha sido fundamental en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial.

Nuestras vidas reciben una influencia benéfica y somos edificados y ennoblecidos al saborear las dulces bendiciones al relacionarnos con seres queridos en el núcleo familiar.

La Compañía De Los Amigos

La compasión de los amigos que viven las enseñanzas de Cristo influye profundamente en nuestra vida y la cambia. Debemos recordar que el Señor a menudo envía “bendiciones de lo alto, por medio de las palabras y los actos de las personas que aman”. El amor es la esencia del Evangelio de Jesucristo. En esta Iglesia, muchas veces las oraciones en las que se pide ayuda el Señor las contesta por medio del simple servicio diario de hermanos y hermanas que se preocupan por los demás. En la bondad de los amigos genuinos, he visto reflejada la bondad del Señor mismo. Siempre me he sentido humilde al reconocer que el Salvador nos considera a todos Sus amigos cuando decidimos seguirlo y guardar Sus mandamientos (5). Seguir leyendo

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Una conexión celestial en la adolescencia

Conferencia General Octubre 1997
Una conexión celestial en la adolescencia
Élder Richard J. Maynes
De los Setenta

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“Si desean llegar a ser la persona que el Señor quiere que sean, es preciso que trabajen en ello hoy mismo, porque un principio verdadero afirma que lo que hocemos hoy determina lo que llegaremos a ser.”

Hermanos y hermanas, esta tarde me gustaría dirigir mi mensaje a los Jóvenes y a las señoritas que crecen en esta época tan difícil.

Jóvenes, muchos de ustedes han establecido, por lo menos en su mente, metas elevadas que probablemente incluyan cumplir una misión, estudiar, casarse en el templo, obtener una profesión y, por cierto, regresar a salvo a la presencia de su Padre en el reino celestial.

Uno de los grandes desafíos del adolescente es conectar con éxito esas metas celestiales con la vida diaria, y eso es difícil, porque nuestra vida esta tan repleta con las cosas del mundo como la escuela y docenas de actividades, entre las que se encuentran la música, el baile, los deportes, la participación en diversos clubes y, por cierto, muchos de ustedes trabajan media jornada. Entrelazadas con estos horarios tan ocupados también están las actividades del fin de semana, como partidos, bailes, actividades de escultismo y fiestas; adondequiera que van enfrentan la tentación que proviene de sus compañeros, de la televisión, de las películas y de la música. ¡Caramba! ¡Qué aventura!

El verdadero problema es tratar de mantener un equilibrio entre lo que sucederá el próximo viernes por la noche con lo que acontecerá en dos, cinco o diez años. Tal vez se pregunten: “¿Que tiene que ver la noche del viernes con lo que sucederá en dos años?”. Pues bien, quizás tenga mucho que ver, según el lugar donde ustedes estén y lo que estén haciendo.

Si quieren alcanzar su potencial en el futuro, si desean llegar a ser la persona que el Señor quiere que sean, es preciso que trabajen en ello hoy mismo, porque un principio verdadero afirma que lo que hacemos hoy determina lo que llegaremos a ser en el mañana. Si queremos ser buenos estudiantes en la universidad, debemos serlo en la escuela secundaria. Si deseamos vivir una vida celestial en la vida venidera, es menester que la vivamos aquí en la tierra. Nuestro futuro esta inexorablemente conectado con nuestro pasado.

Uno de los sublimes propósitos del Evangelio de Jesucristo es enseñaron en cuanto a nuestro potencial eterno, y la finalidad de la organización de la Iglesia de Jesucristo es ayudarnos a alcanzar ese potencial.

Es importante que ustedes, los jóvenes, reconozcan que la base de su éxito futuro, tanto en lo temporal como en lo espiritual, la están estableciendo en su adolescencia. Si esos años llevan las fracturas del pecado, y no se reparan, entonces la estructura de su vida la edificaran sobre un cimiento débil; su futuro será menos seguro y a la vez más lleno de tensión.

Todos nos damos cuenta de que en la sociedad actual, la familia, y en especial los jóvenes, enfrentan gran oposición en todo el mundo. El profeta Isaías vio nuestros días y dijo que sería una época de confusión. Esa profecía y amonestación se encuentra en Isaías 5:20-21:

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

“¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!”.

Como jóvenes que crecen en este mundo de confusión, ustedes tienen un gran desafío al enfrentar las diversas presiones de la vida moderna. ¿Cómo se las arreglaran durante su adolescencia a fin de estar preparados espiritualmente para su futuro celestial? ¿Cómo conectaran sus metas celestiales con su diario vivir?

Aun no he conocido a ningún administrador, educador, artista o atleta que haya alcanzado un alto nivel de excelencia en su profesión que no haya conectado con éxito su visión del futuro con su vida diaria. Es muy probable que una meta o visión que no se conecte a la vida diaria con hechos específicos se convierta tan sólo en otro sueño sin realizar, cuyo único sostén sea la esperanza.

Entonces, ¿cómo se hace? ¿Cómo hacemos una conexión de nuestra ocupada vida diaria con esas elevadas metas celestiales? La respuesta es sencilla.

Veamos un ejemplo que todos podamos comprender: supongamos que en dos semanas tienen un examen trimestral de geometría. Una de sus metas es sacar la nota o calificación más alta en esa clase. ¿Qué pueden hacer para alcanzar esa meta? ¿Esperan hasta el último momento y se preparan apresuradamente la noche anterior? Esta técnica es muy riesgosa, porque en lugar de lograr una verdadera comprensión de los temas, lo que hacen es aprender lo mínimo para pasar de alguna manera el examen. Desafortunadamente, en lugar de estar totalmente preparados y confiados en el tema, entran en el salón de clase un tanto nerviosos, con la esperanza de que el maestro les pregunte lo que hayan estudiado. Tengo la impresión de que no soy el único de los presentes que haya experimentado e se sentimiento de inseguridad.

Ahora veamos a otro estudiante que, al tener la misma meta de obtener la nota o calificación más alta en geometría, se da cuenta de que no quiere depender de los factores intangibles de la suerte y la esperanza; de modo que en vez de estudiar a última hora, dedica un poco de tiempo cada día para estudiar el tema con calma y a fondo. Eso le da el tiempo necesario para asimilar y comprender correctamente el material; si se siente confundido en cualquiera de los temas, tiene suficiente tiempo para pedir la ayuda del maestro. ¿Cuál es el resultado de esta segunda técnica? ¿Una comprensión más profunda del material? ¿Más confianza al entrar y tomar el examen? ¿El depender menos de la esperanza? Así lo creo.

¿Es posible entrar en el salón de clase sabiendo de antemano que van a sacar la calificación más alta en el examen debido a su preparación? Yo sé que si porque lo he visto.

Por tanto, si quieren obtener la calificación más alta en la materia, la respuesta es la constante dedicación diaria. Si desean la nota más alta en sus metas celestiales, deben aplicar la misma técnica diaria.

Jóvenes amigos, es muy difícil prepararse a última hora para una misión, así como para el matrimonio en el templo. No se arriesguen; sean prudentes; prepárense día a día; estudien las Escrituras; comuníquense con su Padre Celestial mediante la oración; asistan a Seminario; consérvense moralmente limpios y preparados. Comprendan que lo que sucede el viernes por la noche tendrá al final un impacto en su futuro celestial.

Si les parece que estas cosas aparentemente pequeñas son pesadas o tediosas o que toman demasiado tiempo, ¡sigan adelante! Las cosas pequeñas que confunden a los sabios también confunden a Satanás. Recuerden que las bendiciones celestiales están al alcance de la mano.

¿De qué otra manera pueden protegerse de las presiones e iniquidades del mundo? ¿Con tres horas de reuniones los domingos? No lo creo probable. Tal como en los estudios, la única manera segura de salir victoriosos es hacer un diligente esfuerzo diario. El Señor desea que tengan éxito y El estará con ustedes. Les ayudara, les apoyara y les sostendrá en su hora de necesidad si son fieles a Su plan. Si diariamente se mantienen cerca de Él, estará siempre cerca, y ustedes recibirán bendiciones incontables en todos los aspectos de la vida, y especialmente en el más importante: el espiritual.

Y cuando llegue el día en que habrán de entrar por la puerta del aula del templo tendrán paz, su conciencia estará limpia, tendrán gran confianza y sabrán en su corazón que recibirán la calificación más alta en la materia más importante de todas: su futuro celestial.

Jóvenes hermanos y hermanas, a fin de cuentas, lo que les ayudara a comprometerse y a mantenerse fieles a su plan celestial diario será su amor por el Señor. Sé que el Señor vive y que es Su deseo y esperanza que todos obtengamos un futuro celestial. En el nombre de Jesucristo. Amen.

 

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El hogar: refugio y santuario

Conferencia General Octubre 1997
El hogar: refugio y santuario
Élder Eran A. Call
De los Setenta

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“Que ‘La Familia: Una Proclamación para el mundo se convierta en la guía y la norma por la que vivamos en nuestro hogar y criemos a nuestros hijos.”

Ruego con humildad que el Espíritu de verdad nos acompañe a fin de que podamos “comprendernos el uno al otro, ser edificados y regocijarnos juntamente” (1).

Tal como Nefi, yo también “nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en la ciencia de mi padre y he sido altamente favorecido del Señor todos mis días” (2).

Mi padre fue un maravilloso ejemplo de amor, de fe, de integridad y de dedicación al Evangelio. Mi madre murió cuando yo tenía siete años; pero en mis primeros años, ella me enseñó las verdades del evangelio; era una mujer de gran fe. Debido a su fe y a sus oraciones, así como a una curación milagrosa, hoy veo por mi ojo izquierdo. Mi padre estaba de viaje y yo me queme severamente la pupila del ojo con la palanca de metal para levantar las tapaderas de nuestra cocina de leña. Mi madre ejercitó la fe y oró con fervor a nuestro Padre Celestial mientras me sostenía amorosamente entre sus brazos; sus oraciones se escucharon y mi ojo sanó. Estoy muy agradecido por haber sido criado por buenos padres en un hogar de amor.

Hoy el hogar se halla amenazado y desafiado más que nunca; hoy menos de la mitad de los niños nacidos en los Estados Unidos y en muchos otros países del mundo pasaran toda su niñez en una familia con un padre y una madre ( 3 ). La infidelidad, el divorcio, el aborto y los hogares abandonados están en aumento; el padre esta rápidamente perdiendo su papel tradicional de encargado, de proveedor, de protector, de educador moral y de cabeza de familia.

Durante el periodo de 1960 a 1990, los nacimientos fuera del matrimonio se han incrementado en un quinientos por ciento y el divorcio ha aumentado un cuatrocientos por ciento. (4). Como miembros de la Iglesia, no estamos al margen de estas prácticas pecaminosas.

El hogar y la familia son la unidad fundamental de la sociedad así como son los hogares y las familias, así serán la comunidad, la ciudad, la provincia y la nación. No existe la moralidad pública sin la virtud privada. Como Santos de los Últimos Días se nos ha dado mucho, y mucho se espera de nosotros; se nos ha enseñado lo que es correcto y verdadero; “por lo tanto, seamos hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándonos a nosotros mismos” (5). Seguir leyendo

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El Señor bendice a Sus hijos mediante bendiciones patriarcales

Conferencia General Octubre 1977
El Señor bendice a Sus hijos mediante bendiciones patriarcales
Élder Richard D. Allred
De los Setenta

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“Las bendiciones patriarcales son… similares al mapa de un camino que indica la trayectoria en la que se pueda viajar y los lugares a los que llegaremos si permanecemos en ella.”

¿Se han preguntado alguna vez que es lo que el Señor desea que hagan con su vida? ¿Han contemplado alguna vez lo que serla de mayor valor para ustedes? ¿Han meditado en lo que la vida tiene reservado para ustedes? Si lo han hecho, no están solos; el preguntarse cuál es el propósito de la vida y lo que harán con ella es algo natural.

La Biblia expresa que los patriarcas, bajo inspiración y por la imposición de manos, revelaban a ciertas personas la voluntad del Señor y lo que la vida tenía reservado para ellas.

¿No hay patriarcas en esta época? ¿Están los cielos cerrados? ¿Ha cesado la revelación y se limita la comunicación entre el Señor y Sus hijos a los escritos de los Profetas de la antigüedad, tal como se encuentran en la Biblia? ¿Existe la posibilidad de la revelación? ¿Hay alguna fuente divina que de respuesta a las preguntas importantes de la vida?

Atestiguo que tal fuente existe y que está disponible para ustedes.

Les testifico que hoy en día los cielos están abiertos y que desde la primavera del año 1820, cuando el joven profeta José Smith, hijo, vio al Padre y al Hijo y recibió respuesta a su oración sincera, siempre ha habido uno de los ungidos del Señor en la tierra a través de quien el Señor ha revelado y revela Su palabra.

Les doy testimonio de que el Profeta del Señor para todo el mundo, quien posee todas las llaves pertenecientes a la última dispensación, en la actualidad, es Gordon B. Hinckley, Profeta, Vidente y Revelador, y Presidente del reino del Señor aquí en la tierra, es decir, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Fue por conducto del profeta José Smith que el Señor restauró el sacerdocio y la plenitud del Evangelio, y que “la misma organización que existió en la Iglesia primitiva, esto es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.”, se restauró en estos últimos días (Articulo de Fe No. 6).

Los patriarcas tienen el deber de bendecir a los miembros de la Iglesia: “Las bendiciones patriarcales tienen como fin hacer llegar al recipiente una declaración inspirada de su linaje. También contienen una manifestación inspirada y profética de las posibilidades y misión en la vida de quienes la reciben. Además pueden incluir otras bendiciones, promesas, consejos, amonestaciones y advertencias que el patriarca se sienta inspirado a dar. Debe siempre dejarse bien en claro que la cristalización de todas las bendiciones prometidas depende de la fidelidad de la persona y de los designios eternos del Señor” (Información y sugerencias para patriarcas, 1985, pág. 5).

Las bendiciones patriarcales las obtienen los miembros dignos de la Iglesia, a quienes el obispo recomienda: “Todo miembro digno tiene derecho y debe recibir una bendición patriarcal” (Información, pág. 3).

Tal vez piensen que no son importantes, que están ya entrados en años y que el Señor no tiene bendiciones para ustedes, o quizás hayan cometido un pecado y, a pesar de que se hayan arrepentido, se consideran indignos de una bendición o de recibir una bendición. Si es así, les sugiero que tengan una entrevista con el obispo, que busquen su consejo y que en forma activa y humilde soliciten las bendiciones del cielo.

Les testifico que esas bendiciones son inspiradas y que son revelaciones personales para el recipiente; las bendiciones patriarcales son una guía y son similares al mapa de un camino que indica la trayectoria en la que se pueda viajar y los lugares a los que llegaremos si permanecemos en ella; brindan consuelo, gozo y aliento cuando tenemos la necesidad de mirar, de escuchar y de sentir lo que se encuentra en esas bendiciones a fin de que sigamos adelante en el viaje de la vida, no solos, sino con la compañía del Espíritu de nuestro Padre Celestial.

Una tarde, un patriarca recibió una llamada de una joven madre preocupada por su hija que tenía problemas físicos desde su nacimiento. Esta querida madre le pregunto si sería posible que su hija recibiera una bendición patriarcal, a lo que le contesto que si su hija podía obtener una recomendación del obispo, estaba seguro de que el Señor tenía una bendición para ella. Poco tiempo después, se le dijo al patriarca que el obispo había dado a esta encantadora jovencita la recomendación para recibir la bendición patriarcal.

Se hizo una cita y se dio la bendición, la cual se recibió con agradecimiento. Se le revelo su linaje y recibió una bendición que se adaptaba a sus necesidades y a su singular condición. La vida, los planes y las actitudes cambiaron; se le dijo que al aceptar con alegría los esfuerzos y sacrificios de aquellos que la amaban y que estaban a cargo de su cuidado, ella bendeciría sus vidas, y que aceptara la ofrenda de ellos con amabilidad y buena disposición.

El Señor ama a Sus hijos y desea bendecirles, tal como desea que todos ellos regresen a Él y moren en Su presencia por tiempo y toda la eternidad (Moisés 1:39). El Señor está dispuesto a pronunciar Sus bendiciones sobre aquellos que lo aman y que guardan Sus mandamientos.

Es mi sincera oración que todos los que deseen una bendición de la mano del Señor vivan dignos a fin de que la obtengan y que nosotros, que hemos recibido una bendición patriarcal, vivamos de tal manera que seamos dignos de las bendiciones que nos han sido reveladas por conducto del siervo del Señor, el patriarca. Lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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