En memoria de Jesús

Conferencia General Octubre 1997
En memoria de Jesús
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

“Jesús es el gran mediador. Aun cuando es omnipotente y omnisciente, teniendo todo poder y conocimiento, Él es nuestro amigo.”

La Ultima Cena, poco antes de la muerte de Jesucristo, fue de gran importancia en varios aspectos. La cena de Pascua es una celebración de la misericordia de Dios a través de los siglos, la cual, declaró Jesús, contenía una promesa aun mayor por venir: Su sacrificio expiatorio.

Había llegado el momento de la conclusión del ministerio de Cristo en la tierra. Era la temporada de Pascua, y la gente celebraba y se regocijaba en la bondad de Dios por haber salvado a sus antepasados. Jesús había reunido a Sus Apóstoles en el aposento alto para la Ultima Cena. Les dio una idea de los acontecimientos que seguirían: Su sacrificio expiatorio para que toda la humanidad —aquellos que habían vivido, los que vivían en ese entonces y los que vivirían sobre la faz de la tierra— se beneficiaran de Su sacrificio expiatorio. Por El y por medio de Él, todos los hombres resucitarían. La misericordia se sobrepondría a la justicia. Se proveyó la forma para que nos arrepintiéramos de nuestros pecados, obedeciéramos los mandamientos y pudiéramos regresar a Su presencia. Esa era una doctrina difícil de entender para los que vivían en Su época. Al caer la tarde, El instituyo la Santa Cena.

Leemos: “… Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomo pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mi” (1 Corintios 11:23-24).

Tomo la copa diciendo: “… Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que el venga” (1 Corintios 11:25-26). Él dijo que esta Santa Cena se haría en memoria de Él. Sus palabras fueron: “Haced esto en memoria de mi” (Lucas 22:19).

En consecuencia, todos aquellos que vienen a Cristo y toman sobre si Su nombre por medio del bautismo, tienen la gran responsabilidad de ser dignos de recibir la Santa Cena semanalmente con el propósito de renovar su convenio bautismal y tomar sobre si Su nombre; para renovar su promesa de guardar todos Sus mandamientos, recordarlo, conocerlo y comprender Su grandeza.

Recordar y conocer a Jesucristo es saber que Él es el Jehová del Antiguo Testamento y Jesús el Cristo del Nuevo Testamento. Fue el Hijo espiritual Primogénito de nuestro Padre Celestial y Su Hijo Unigénito en la carne. A Moisés se le dijo: “Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad.

“Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito…”

“… Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco”

“Y Dios el Señor hablo a Moisés, diciendo: Los cielos son muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos. “Y así como dejara de existir una tierra con sus cielos, así aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras” (Moisés 1:32-33, 35, 37-38).

Piensen solamente en lo que la ciencia y la astronomía dicen sobre la inmensidad del sistema solar y del universo. Nuestro sistema solar esta

centrado en el sol y es uno de los grupos estelares de aproximadamente 100 mil millones de estrellas que rota alrededor de una masa circular llamada la Galaxia de la Vía Láctea, que tiene un diámetro de unos 100.000 años luz. Los astrónomos no pueden ver el extremo del universo, pero las evidencias sugieren que la inmensidad del espacio contiene miles de millones de galaxias a lo largo de unos 5 a 15 mil millones de años luz de distancia del sol. Comparado con esas distancias, nuestro sistema solar ocupa una parte mínima del espacio. El universo es virtualmente incomprensible para el hombre (Véase, Compton’s Living Encyclopedia, “Solar System”). Seguir leyendo

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Aplica la sangre expiatoria de Cristo

Conferencia General Octubre 1997

“Aplica la sangre expiatoria de Cristo”

Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Hermanos y hermanas, Cristo pago un precio tan enorme y habilitador por nosotros. ¿Aplicaremos Su expiación a fin de pagar el ínfimo precio requerido para nuestro progreso personal?”

Hermanos y hermanas, deseo reiterar y también ampliar y expresar con mayor profundidad los sentimientos de eterna gratitud que exprese en la conferencia de abril.

Con misericordia se me ha concedido lo que podría llamarse “una demora en la ruta”. Ya sea breve o prolongada, es una maravillosa bendición del Señor. Esto me ha enseñado, sin embargo, que hay otro aspecto de la pregunta “¿porque a mí?”, puesto que hay algunos a quienes no se les concede “ninguna demora en la ruta”. No importa cuál sea el aspecto de esa pregunta, lo que necesitamos es una sumisión terrenal, aun cuando no obtengamos de inmediato una explicación divina. Y así, debemos seguir adelante, por cerca o lejos que este nuestro horizonte, mientras nos regocijamos por lo que allí nos espera.

Al llevar a cabo la caritativa Expiación, ciertas cosas fueron totalmente singulares en cuanto a Jesús. Nosotros, los beneficiarios de la gloriosa Expiación con su dádiva de la resurrección universal y también su oferta de vida eterna, no podemos duplicar estas cosas (véase Moisés 6:57-62). Es obvio que, a diferencia de nuestro preciado Salvador, ¡de seguro no podemos expiar los pecados de la humanidad! Más aun, ciertamente no podemos padecer todas las enfermedades, aflicciones y dolores mortales (véase Alma 7:1 1-12).

No obstante, en nuestra menor escala, tal como Jesús nos ha invitado a hacerlo, podemos, en verdad, esforzarnos por ser “aun como [Él es]” (3 Nefi 27:27). Este proceso de arrepentimiento progresivo ocurre cuando realmente tomamos sobre nosotros Su yugo y así nos hacemos merecedores del mayor de los dones de Dios: la vida eterna (véase Mateo 11:29; D. y C. 6:13; 14:7). Es esta última dimensión de la Expiación —más apreciada ahora por mí— sobre la cual me concentrare brevemente.

La vida terrenal nos ofrece innumerables oportunidades de llegar a ser más semejantes a Cristo: primero, al tener que hacer frente satisfactoriamente a es as dificultades de la vida que son “humanas” (1 Corintios 10:13). Asimismo, existen también nuestras tribulaciones individuales tales como las enfermedades, la soledad, las persecuciones, las traiciones, las contradicciones, la pobreza, la calumnia y el amor no correspondido, etc. Si las sobrellevamos bien ahora, “todas estas cosas” serán para nuestro bien y “ennoblecerá[n] grandemente el alma”, e incluso aumentaran nuestra capacidad para sentir regocijo (D. y C. 122:7; 121:42). ¡El sufrir con humildad suele excavar el alma para aumentar esa capacidad! Siento gran admiración por las muchas personas que son espiritualmente superiores a mí y que son ejemplos de esto para todos nosotros. En el mundo venidero, ellos, los más fieles, recibirán de nuestro Padre generoso “todo lo que [El] tiene” (D. y C. 84:38). Y. hermanos y hermanas, ¡no hay más que esto!

Los siguientes ejemplos de la Expiación no se aplican a Jesús sino a todos nosotros, y en Sus propias palabras instructivas y personalizadas sobre la Expiación se encuentra una orientación especial.

Cuando comenzó a sentir el peso enorme de la inminente Expiación, Jesús reconoció: “para esto he venido al mundo” (Juan 18:37). También nosotros, hermanos y hermanas, hemos venido “al mundo” a fin de pasar por nuestra porción particular de la existencia terrenal. Aunque nuestras experiencias no se comparan en absoluto con las de nuestro Maestro, sin embargo, ¡nosotros también estamos aquí para someternos a la experiencia terrenal! El dedicarnos diligentemente a esta “causa” da un significado fundamental a nuestra vida mortal y nos ayuda en gran manera a entrar con fe en ese pabellón de perspectiva: el plan de salvación. Entonces finalizara toda búsqueda del significado de nuestra vida, aun cuando mayores y gloriosos descubrimientos nos esperan. ¡Que lastima que los miembros de la Iglesia a veces nos comportemos como apresurados turistas y nos aventuremos apenas a ir un poco más allá de la entrada!

Ahora bien, a medida que enfrentemos nuestras pruebas y tribulaciones menores, también nosotros podemos suplicarle al Padre, tal como lo hizo Jesús, que no tengamos que “desmayar”, es decir, retroceder o rehuir. (Véase D. y C. l9: 18.) ¡No desmayar es mucho más importante que sobrevivir! Más aun, el beber de una amarga copa sin amargarse es asimismo parte del emular a Jesús. Seguir leyendo

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La ira ya se secó.

Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.

Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar, Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.

Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.

Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota. Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.

Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo: Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela?

Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar.

Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.

Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor. Un rato después sonó el timbre de la puerta.

Era Julia, con una caja en las manos y sin más preámbulo ella dijo: Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?

Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero él se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado. Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo, No fue mi culpa!

¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo en su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.

Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.


“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,” Efesios 4:26

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.” 3 Nefi 11:29

“Más cuidaos, ¡oh pueblo mío!, no sea que surjan contenciones entre vosotros, y optéis por obedecer al espíritu malo, del cual habló mi padre Mosíah.

Porque he aquí, se ha decretado un, ¡ay! para aquel que quiera obedecer ese espíritu; pues si opta por obedecerlo, y permanece y muere en sus pecados, bebe condenación para su propia alma; porque recibe como salario un castigo eterno, por haber violado la ley de Dios contra su propio conocimiento.” Mosíah 2:32-33

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Enseñemos a los hijos

Conferencia General Octubre 1997
Enseñemos a los hijos
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“El niño aprende por medio de la guía paciente y de la enseñanza persuasiva; busca modelos para imitar, conocimiento que adquirir, cosas que hacer y maestros que complacer.”

 

En Salt Lake City se perciben en el aire los indicios del otoño; las horas de la luz del día se van acortando y el clima empieza a enfriar, recordándonos a todos que el invierno está a la vuelta de la esquina. Muy pronto estará aquí la época de la Navidad.

Inevitablemente, el espíritu de la Navidad inspira actos de bondad, conmueve los corazones y remonta nuestros pensamientos a ese humilde establo del distante Belén, a una época en que las profecías de los Profetas, tanto en aquella región como aquí en el continente americano, se convirtieron en realidad. Cristo el Señor había nacido.

Muy poco es lo que se ha escrito en cuanto a la niñez de Jesús. Es de suponer que por haber sido Su nacimiento algo de tan excepcional magnitud, este haya tomado el lugar de los relatos de Su niñez. Nos llenamos de maravilla ante la sabia madurez del niño que, alejándose de José y de María, se le encontró en el templo “sentado en medio de los doctores” (1), enseñándoles el Evangelio. Cuando María y José expresaron la preocupación que les había causado Su ausencia, Él les hizo la perspicaz pregunta: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (2).

El Registro sagrado dice en cuanto a El: “… Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (3). Un pequeño pasaje describe Su transición de niño a hombre: El “anduvo haciendo bienes” (4).

El mundo ha cambiado debido a Jesucristo; la Expiación divina se ha llevado a cabo, el precio del pecado se ha pagado y el temible espectáculo de la muerte cede ante la luz de la verdad y la seguridad de la resurrección.

Aunque pasen los años, Su nacimiento, Su ministerio y Su legado continúan guiando el destino de todos aquellos que lo siguen, tal como El tan tiernamente nos exhorto a hacerlo.

Todos los días nacen niños-incluso cada hora-a madres que, tomadas de la mano de Dios, entraron en valle de sombra de la muerte, a fin de dar a luz a un hijo o a una hija para que bendijera una familia, un hogar y, en cierta manera, una porción de la tierra.

Esos inapreciables días de la infancia unen a la madre y al padre al hijo o a la hija; se le advierte cada sonrisa, se le apacigua todo temor y se le satisface el hambre. Paso a paso, el niño crece. El poeta escribió que toda criatura “es una dulce y nueva flor de Humanidad, recién caída de la morada de Dios para florecer en la tierra” (5).

El niño crece en sabiduría y en estatura. El obtener conocimiento y el aprender a hacer las cosas son prioridades que se tienen que atender.

Hay personas que hacen a un lado estas responsabilidades, ya que piensan que estas se pueden posponer hasta que el niño crezca. La evidencia revela que no es así. El momento óptimo para la enseñanza se esfuma; las oportunidades son cada vez más limitadas. El padre que descuida el desempeño de su responsabilidad como maestro tal vez, en años venideros, logre captar una amarga perspectiva de las palabras de Whittier: “De todas las palabras, habladas o escritas, son estas las más tristes: Podría yo haber sido” (6).

El Dr. Glenn Doman, notable autor y afamado científico, reveló toda una vida de investigación en estas palabras: “El recién nacido es casi una copia exacta de una computadora vacía, aunque superior a esta en casi todo sentido… Lo que se ponga en el cerebro de un niño, durante los primeros ocho años de su vida, probablemente permanecerá ahí. Si durante este periodo se le pone información incorrecta en el cerebro, será muy difícil borrarla” (7).

Esta evidencia deberá persuadir a todo padre a efectuar una renovación de propósito: “En los negocios de mi Padre me es necesario estar”. El niño aprende por medio de la guía paciente y de la enseñanza persuasiva; busca modelos para imitar, conocimiento que adquirir, cosas que hacer y maestros que complacer.

Los padres y los abuelos desempeñan la función de un maestro, así como también lo hacen los hermanos mayores del pequeño. A este respecto, presento cuatro sugerencias sencillas para su consideración:

  1. Enseñen la oración,
  2. Inspiren fe,
  3. Vivan la verdad, y
  4. Rindan honor a Dios.

Primeramente, enseñen la oración. “La oración sencilla es de boca infantil, sublime coro en unión de todo el redil” (8). Seguir leyendo

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Capacidad espiritual

Conferencia General Octubre 1997
Capacidad espiritual
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson

“Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual… he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley.”

La Primera Presidencia no les asigna tema alguno a quienes invita para que hablen en la Conferencia General; cada discursante ora en procura de inspiración y se prepara según la luz espiritual que recibe. Yo he tenido la impresión de que debo hablar acerca de la “capacidad espiritual”.

Un versículo de las Escrituras nos abre el camino de la oportunidad. Job dijo: “… Espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (1). Para aprovechar esa oportunidad, necesitamos mucho más que un simple consejo verbal. Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual. Para mi mensaje he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley (2). Espero que el me disculpe, ya que no lo hago para adularlo, sino para emularlo. Todos podemos aprovechar su ejemplo a fin de mejorar nuestros propios atributos espirituales.

Este año, mi esposa y yo hemos tenido el privilegio de acompañar a presidente Hinckley y a su esposa a 11 países (3) en los cuales he tenido algunas responsabilidades. Ello nos ha dado la oportunidad excepcional de observarlo de cerca en diversas circunstancias. Sus enseñanzas son siempre inspiradoras y oportunas, deberían estudiarse cuidadosamente y emplearse en forma individual Ellas representan la palabra de Señor a Su pueblo (4).

Pero mi intención no es repasar el contenido de los mensajes del presidente Hinckley, sino concentrarme en sus aptitudes espirituales. Él ha desarrollado muchas, incluso “la fe la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad [y] diligencia” (5).

Su humildad, por ejemplo, es tan sincera que él me haría señalar solamente al Señor Jesucristo como nuestro gran ejemplo (6). ¡Por supuesto que lo es! El Maestro dijo “… Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (7). Nunca debemos olvidarnos de que la norma constante del Salvador es fundamental para cada uno de nosotros.

Pero también podemos aprender mucho de un hombre que ha dedicado toda su vida a parecerse más al Señor. Hace más de 87 años, Gordon B. Hinckley era una criatura en brazos de padres amorosos e imagino que sería un recién nacido como todos los demás. El cuerpo de una criatura es diminuto y sus aptitudes espirituales no se han desarrollado aun. En tanto que su cuerpo puede alcanzar la cumbre de su madurez en pocos años, el desarrollo de su espíritu podría no lograr jamás el máximo de su capacidad, porque no hay límite para el progreso.

La personalidad, los modales y la inteligencia innata del presidente Hinckley han sido siempre sus características personales. Sin embargo, a tales atributos ha sabido agregarles capacidades espirituales que continúan en aumento. Seguir leyendo

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Zapatos pioneros a través de las edades

Conferencia General Octubre 1997
Zapatos pioneros a través de las edades
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot

“Cuando nos fortalecemos espiritualmente el uno al otro, al desarrollar la fe y el hermanamiento, nos calzamos con los zapatos de los pioneros.”

Hermanos y hermanas, gracias por el tremendo apoyo que prestaron a la reunión general de la Sociedad de Socorro. Una hermana se me acercó y me dijo: “¡Me siento tan emocionada! Estoy esperando sus órdenes; lista para trabajar”. No estoy aquí para dar órdenes; esas las podemos recibir al encontrarnos de rodillas. Pero con el entusiasmo que detecte en su voz, ella podía abordar y resolver cualquier problema familiar, en el barrio o en el vecindario. En todas las organizaciones auxiliares es preciso que aprestemos en círculo los carromatos y nos preparemos para el aumento en el número de miembros.

En la sección 25 de Doctrina y Convenios el Señor le dijo a Emma Smith: “Y de cierto te digo que desecharás las cosas de este mundo y buscaras las de uno mejor” (1). ¿Cuáles son las cosas “de uno mejor”? Los pioneros, tanto los del pasado como los de hoy, nos lo han mostrado. Caminen junto conmigo en los zapatos de varios pioneros y se darán cuenta, como yo lo he hecho, de cómo los santos han desechado las cosas de este mundo y han encontrado “las de uno mejor”.

Tengo en la mano un par de zapatos pioneros hechos por un pionero moderno, el hermano Robert King, mientras servía como misionero en Nauvoo. Él fue el primer miembro de su familia que se unió a la Iglesia, o al menos eso es lo que pensaba. El hermano King y su esposa sirven actualmente como misioneros de historia familiar y, en el curso de su investigación, el descubrió que su bisabuelo Reed y su tío abuelo Abraham se unieron a la Iglesia en 1835. Pero Reed perdió la fe; anduvo errante por senderos des conocidos, y el tierno vástago de la fe murió dentro de él. Esta actitud de abandonar la fe me preocupa. Al viajar y conocer nuevos conversos, con los ojos radiantes de gozo y de paz que les ha brindado su nueva fe, los he visto realizar grandes sacrificios para unirse al redil. Debemos reconocer su sacrificio demostrándoles amor y fortaleciéndolos. Quisiera suplicar a nuestras hermanas que dejen de preocuparse de sí una llamada por teléfono o una visita trimestral o mensual son suficientes, y que, en vez de ello, se concentren en brin dar cuidado amoroso a esas almas tiernas. Tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que la llama del Evangelio continúe viva en el corazón de esas personas. Se nos ha mandado buscar a las ovejas perdidas y ayudarlas a sentir el amor de nuestro Salvador. Tal como dice el élder Neal A. Maxwell: “Es más fácil buscar y ayudar a una oveja cuando las noventa y nueve están seguras en el redil” (2).

Cuando nos fortalecemos espiritualmente el uno al otro, al desarrollar la fe y el hermanamiento, nos calzamos con los zapatos de los pioneros.

Permítanme contarles el resto de la historia del hermano King. Recordaran que la semilla de la fe se había plantado tanto en la vida de su bisabuelo Reed como en la de su tío abuelo Abraham. ¿Qué fue de Abraham? El guardó la fe. Al sentirse parte de esta gran causa, Abraham soportó las persecuciones y las tribulaciones de la migración pionera hacia el oeste. Debido a su dedicación a la causa de Sión, su posteridad cuenta con más de 2.000 miembros de la Iglesia en la actualidad. Seguir leyendo

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Cuidemos de los nuevos conversos

Conferencia General Octubre 1997
Cuidemos de los nuevos conversos
Elder Carl B. Pratt
De los Setenta

Carl B. Pratt

“En la edificación del reino de Dios, todo hecho positivo, todo saludo amigable, toda sonrisa cálida, toda muestra de consideración contribuye a la fortaleza colectiva.”

Mis hermanos y hermanas, les traigo el saludo de los santos del sur de México. Yo nací en ese país, al igual que mi padre y mi abuelo. Aun cuando me crié y me eduqué en los Estados Unidos desde que tenía unos seis años de edad, conserve a lo largo de mi vida un gran cariño y fascinación hacia Latinoamérica, su gente maravillosa y su amplia gama de culturas. Aun cuando de niño siempre fui consciente de mis raíces en México y del papel que desempeñó mi familia en el establecimiento del reino del Señor allí, mi verdadero apego empezó cuando, de joven misionero en Argentina, vi a muchas personas, preparadas por el Espíritu, abrazar con entusiasmo el Evangelio, el cual llenaba su vida de paz y de dicha.

Mi creciente amor no fue solamente hacia Latinoamérica, sino hacia la obra del Señor entre la gente de allí. Por eso, en 1975, con menos de cuatro años de haberme recibido de abogado, no vacile en absoluto cuando me ofrecieron un puesto como asesor legal de la Iglesia en Sudamérica. Acompañados de nuestros tres hijos pequeños, mi esposa y yo nos mudamos a Montevideo, Uruguay. Fuimos bendecidos con cinco hijos más en los años que siguieron, los cuales nacieron en diversos países de América del Sur. Nuestros hijos se criaron en países de habla hispana y cada uno de ellos tiene un profundo respeto hacia la diversidad de su patrimonio cultural e idiomático.

En los pasados 22 años, hemos sido espectadores directos del dinámico despliegue de la obra del Señor en la América Latina. Literalmente, millones de personas se han unido a la Iglesia en estos años, y nosotros la hemos visto crecer de un puñado de estacas a más de 700 en la actualidad. Tenemos seis templos en funcionamiento y cinco más en construcción en esos países. Que época tan maravillosa en la cual vivir y tomar parte en esta gran obra de ser una bendición para los hijos de nuestro Padre. Seguir leyendo

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Cuatro verdades absolutas que proveen una brújula infalible de la moral

Conferencia General Octubre 1997
Cuatro verdades absolutas que proveen una brújula infalible de la moral
Elder Richard B. Wirthlin
De los Setenta

richard-b-wirthlin

“Hay un Padre Celestial amoroso y Su Hijo Jesucristo; existe un adversario, Satanás; por medio del albedrío todos nosotros elegimos nuestro propio camino; las tentaciones del diablo siempre pueden ser vencidas.”

Siendo un joven misionero en Suiza, me impresiono sobremanera el poder que tiene el Evangelio de Jesucristo para cambiar drásticamente la vida de la gente para mejorarla, al conceder a los que siguen los preceptos del Evangelio restaurado la paz mental, la propia estimación y el gozo.

Sentimientos como esos no siempre son fáciles de alcanzar; después de todo, vivimos en un mundo que a menudo es malo y brutal; nuestras sociedades reflejan con demasiada frecuencia la violencia, el odio y la inmoralidad.

Se Previó Nuestro Día

El apóstol Pablo describió nuestro día con precisión en una carta que escribió a Timoteo: “… en los postreros días”, expresó, “vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… aborrecedores de lo bueno… amadores de los deleites más que de Dios… siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” ( 1 ).

Información Y No Sabiduría

Es evidente que las tensiones y dificultades que nos afligen no pueden atribuirse a la carencia de conocimiento. De hecho, en una publicación reciente del periódico New York Times hay más información que la que una persona común y corriente podía encontrar en toda una vida en la Inglaterra del siglo diecisiete. ( 2 ).

Lamentablemente, el aumento explosivo de la información no ha conducido a que se produzca un aumento similar de la verdadera sabiduría; por ejemplo Medicare (programa de cuidados médicos del gobierno estadounidense, en especial para los ancianos) tiene uno de los bancos de datos más grandes del mundo; a pesar de ello, envió una carta oficial a un ama de casa jubilada en la que explicaba las razones por las que se le suspenderían los beneficios, la cual decía: “Usted no recibirá más beneficios debido a su fallecimiento; si considera que esta información es incorrecta, sírvase comunicarse con la Administración de la Seguridad Social” ( 3 ). Seguir leyendo

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Llamados a servir

Conferencia General Octubre 1997
Llamados a servir
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. Packer

“No es apropiado que nosotros decidamos donde habremos de servir ni donde no lo haremos. Servimos donde se nos llame. No importa cuál sea el llamamiento.”

“Oh soles y cielos y nubes de junio, y flores de junio todas no podéis competir una hora al radiante y azul clima de octubre” ( 1 ).

Hace varios años nos hallábamos buscando algo que sirviera de inspiración para una conferencia de presidentes de misión. De una manera muy interesante, lo encontramos en un viejo himnario de la Primaria. Con unas pocas y simples palabras, el himno “Llamados a servir” nos enseña el mensaje que les traigo hoy día:

Somos llamados al servicio,
a dar testimonio de Jesús.
Vamos a un mundo en tinieblas
para proclamar la luz
Dios nos da Sus ricas bendiciones;
somos hijos del eterno Rey.
Alabamos Su divino nombre;
damos gracias por su ley.
Prestos, todos prestos,
cantaremos en unión…
Dios nos da poder;
luchemos en la causa celestial( 2 ).

La buena voluntad de los Santos de los Últimos Días para aceptar los llamamientos para servir es una muestra de su deseo de hacer la voluntad del Señor. Deriva del testimonio personal de que el Evangelio de Jesucristo, restaurado por medio del profeta José Smith y contenido en el Libro de Mormón es verdadero.

Nuestro bautismo es un llamamiento a servir a Cristo por toda la vida. Tal como aquellos en las aguas de Mormón, nosotros somos “bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante el de que [hemos] concertado un convenio con el de que lo [serviremos y guardaremos] sus mandamientos, para que el derrame su Espíritu más abundantemente sobre [nosotros]” ( 3 ).

Pero el aceptar los llamamientos, los cargos, es solo una pequeña parte del servicio que ofrecen los miembros de la Iglesia.

Yo percibo dos tipos de servicio: uno es el que prestamos cuando se nos llama a servir en la Iglesia; el otro es el servicio que voluntariamente damos a quienes nos rodean porque se nos ha enseñado a ser caritativos.

Durante varios años, he venido observando a una querida hermana prestar un servicio mucho mayor que el de cualquier llamamiento para enseñar o dirigir en la Iglesia. Si alguien necesita algo, ella responde; no dice: “Si necesita ayuda, llámeme”, sino: “Aquí estoy; ¿qué puedo hacer por usted?”. Hace muchas cosas sencillas tales como tomar en brazos a una criatura en una reunión o llevar a la escuela a un niño que no haya alcanzado a tomar el autobús. Siempre está atenta para recibir a la gente nueva en la Iglesia y se adelanta a darle la bienvenida.

Su esposo sabe bien que cuando asistan a una actividad en el barrio, ella por lo general le dirá: “Mejor regresas solo a casa. Veo que necesitan ayuda en la cocina para lavar los platos”. Seguir leyendo

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Acerquémonos mas al Señor

Conferencia General Octubre 1997
Acerquémonos mas al Señor
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Dios es nuestro Padre y vela por Su reino. Jesús es el Cristo cuyo nombre lleva esta Iglesia. El la encabeza.”

Mis amados hermanos y hermanas, es un verdadero placer darles una vez mas la bienvenida a una conferencia general de la Iglesia. Ustedes han venido de lugares muy diversos con la esperanza de ser inspirados y bendecidos, y de acercarse mas al Señor. El tabernáculo esta totalmente lleno. Me complace informarles que el pasado 24 de julio se dio comienzo a la construcción del nuevo y amplio edificio de asambleas que estamos edificando en la cuadra ubicada al norte de donde hoy nos encontramos. Dará cabida a 21.000 personas, o sea, aproximadamente tres veces y media el cupo de este tabernáculo. Nos han prometido que estará terminado a tiempo para la conferencia de abril del año 2000. Tendremos entonces un magnífico edificio nuevo para inaugurar un siglo maravilloso.

Nos reunimos hoy bajo circunstancias muy favorables. En su mayor parte, el mundo esta en paz, y que bendición tan valiosa es esta. Por lo general, andamos en un ambiente de buena voluntad. Es cierto que a muchos no les caemos muy bien, y aun algunos nos odian y aprovechan cualquier oportunidad para criticarnos duramente. Pero en realidad son muy pocos los que hacen eso y rara vez tienen éxito con SUS criticas. Jamas ha gozado la Iglesia de una mejor reputación que ahora, gracias a todos ustedes, mis hermanos y hermanas. La opinión que la gente tiene de nosotros deriva, en gran parte, de sus experiencias personales e individuales. Es la amistad que ustedes brindan, el interés que sienten por los demás y el buen ejemplo de su vida lo que resulta en las opiniones que la gente tiene con respecto a los Santos de los Ultimos Días.

Los medios de comunicación han sido cordiales y generosos con nosotros. Este año de celebraciones pioneras ha resultado en una cobertura extensa y favorable por parte de la prensa. Ha habido algunas cosas que quisiéramos que hubieran sido diferentes. En lo personal, mis palabras han sido citadas con mucha frecuencia, en algunos casos erróneamente o dándoseles una mala interpretación. Creo que eso es de esperarse. Ninguno de ustedes tiene por que preocuparse al leer algo que haya resultado ser un reportaje incompleto; no se preocupen si me han presentado como que no comprendo algunos puntos de doctrina. Los entiendo perfectamente, y es lamentable que el reportaje no lo haya aclarado. Espero que ustedes jamas consideren a los medios de prensa como una autoridad en cuanto a las doctrinas de la Iglesia.

No obstante los malentendidos que a veces ocurren, se nos ha tratado muy bien y estamos agradecidos a los periodistas y a los editores que se han comportado con nosotros de manera honrada y generosa.

Hace precisamente dos semanas, tuve la oportunidad de hablar ante la Asociación de Periodistas de Religión. Fueron muy amables y receptivos; no hubo ninguna clase de contención o debate y siento gran respeto y estima hacia esas personas.

Se acerca ahora el final de nuestra celebración del sesquicentenario, y aun queda bastante trabajo por hacer. Tengo pensado hablar mas en cuanto a esto mañana por la mañana.

En esta conferencia relevaremos a varios de los Setenta y también a la presidencia de las Mujeres Jóvenes de la Iglesia, de acuerdo con la norma que establece cinco años de servicio.

Estos fieles y capaces hermanos y hermanas han servido eficazmente. Sin quejas de ninguna clase, han ido a dondequiera que se les envió; han brindado diligentemente sus talentos y su devoción para llevar adelante la obra del Señor, tanto aquí como en el extranjero. Esta obra es mucho mas fuerte gracias a sus esfuerzos personales.

Tanto a sus cónyuges como a sus familias, particularmente en el caso de la presidencia de las Mujeres Jóvenes, expresamos nuestro agradecimiento por haber sabido soportar inconveniencias al tener que compartir a sus esposas y madres con toda la Iglesia.

Extendemos nuestro amor y nuestra bendición a cada uno de los que están siendo relevados y deseamos que continúen sintiéndose satisfechos por el servicio que han prestado y sean muy felices dondequiera que vayan.

En esta ocasión solo deseo invitar al Espíritu del Señor para que nos acompañe a medida que seguimos adelante con otra gran conferencia. Que todos los que tomen la palabra sean inspirados en lo que vayan a decir; que las oraciones enaltezcan nuestros pensamientos a lugares altos y sagrados; que la música nos brinde a todos belleza y sustento espiritual.

Quisiera que todas las Autoridades Generales pudieran dirigirnos hoy la palabra. Lamentablemente, eso no será posible, pero todos nos uniremos en propósito, a medida que con nuestro corazón nos acerquemos a todos ustedes, nuestros amados hermanos y hermanas, en el testimonio de esta gran obra. Dios es nuestro Padre y vela por Su reino. Jesús es el Cristo cuyo nombre lleva esta Iglesia. El la encabeza. El Evangelio ha sido restaurado y se está extendiendo con poder por toda la tierra. Nuestra fe se fortalece con lo que sabemos que es verdadero.

Que las bendiciones del Señor estén con nosotros, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Las grandes llaves de la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 1996
Las grandes llaves de la Sociedad de Socorro
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de La Primera Presidencia

James E. Faust

“Desde sus mismos comienzos, gran parte de la fortaleza de la Iglesia ha derivado del servicio, de la fe y de la devoción de sus fieles mujeres.”

Mis amadas hermanas, es un humilde privilegio el estar con ustedes esta noche. Tenemos el especial honor de contar con la presencia del presidente Hinckley y del presidente Monson. Agradezco la dulce oración de la hermana Silver, y la música de este coro extraordinario, cuya música nos ha inspirado. Cada una de ustedes irradia fe y bondad. Los mensajes de las hermanas Aileen Clyde, Chieko Okazaki y Elaine Jack, sobre la fe, la esperanza y la caridad, han sido realmente inspiradores.

Quiero expresar la profunda admiración y el gran agradecimiento que siento hacia cada una de ustedes, maravillosas hermanas, tanto jóvenes como adultas. Deseo agradecerles su fe y SU devoción; les agradezco su rectitud. Es maravilloso observar la forma en que enfrentan los múltiples desafíos que se les presentan. El don que Dios les ha dado de apreciar lo espiritual, lo hermoso y lo bello es parte de la divinidad que llevan en su interior. Ustedes hacen que la vida sea mucho más placentera y significativa para todos nosotros.

El año pasado en una reunión como esta, el presidente Gordon B. Hinckley, en representación de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles, anuncio y dio lectura a “Una proclamación para el mundo sobre la familia” (35602002). Por cuanto ustedes, las madres, son el corazón y el alma de toda familia, era lo más apropiado que primeramente se leyera en la Reunión General de la Sociedad de Socorro.

Tengo gran respeto por la influencia de la Sociedad de Socorro y por los logros que ha alcanzado. Es la organización femenina más maravillosa de todo el mundo y ustedes tienen el privilegio especial de pertenecer a ella. Mi vida ha sido abundantemente bendecida a través de la Sociedad de Socorro. Mi bisabuela fue presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio durante treinta y tres años. ¡Yo he estado casado con la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio y con la presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca… la misma mujer en ambos casos! Nuestra hija mayor es actualmente presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio. Una de nuestras nueras es presidenta de la Sociedad de Socorro de su estaca. Por medio de la fiel asistencia de mi amada esposa Ruth a la Sociedad de Socorro, nuestra familia se vio bendecida con mayor espiritualidad y paz. Las cosas parecían marchar mejor a causa del enriquecimiento espiritual que ella recibió. He conocido bien los beneficios de la Sociedad de Socorro. Desde hace mucho aprendí a apoyar al sacerdocio y a no interferir con la Sociedad de Socorro. Seguir leyendo

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Fortalezcámonos en caridad

Conferencia General Octubre 1996
Fortalezcámonos en caridad
Presidenta Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Elaine L. Jack

“Ese don se multiplica a medida que se usa, y tanto el que da como el que recibe son bendecidos, porque la caridad purifica y santifica a todo el que la toca.”

Estoy muy agradecida hoy día de estar con ustedes, hermanas, las grandes mujeres de la Iglesia. Ustedes representan muchas y diferentes partes del mundo, muchos idiomas, costumbres y culturas, y sin embargo, su rectitud es constante y de gran influencia. No importa cuando se unieron a la Iglesia o donde asistan a sus reuniones, la rectitud de ustedes se manifiesta en su bondad. Sus contribuciones y ejemplo reflejan su amor por Dios.

En una entrevista de radio se me preguntó una vez: “Si usted pudiera pedir algún deseo por las mujeres, que pediría?” Yo dije: “Desearía que las mujeres supieran cuan buenas son; desearía que sintieran que se les valora por la bondad que tienen”.

Al dirigirme a ustedes no puedo evitar pensar en mi madre que falleció hace 26 años. Así como ustedes han aprendido de sus madres, yo aprendí mucho de la mía; me enseñó la importancia de la buena gramática, del buen comportamiento, de la limpieza y de la educación. Era una mujer muy amable; me enseñó los principios del Evangelio y las doctrinas del Reino de Dios. Fue un ejemplo de gran fe, esperanza y caridad pura.

Dudo que mi madre haya imaginado jamás que algún día su hija de una pequeña comunidad de Cardston, [Canadá], hablaría en una transmisión vía satélite a las mujeres de todo el mundo y que yo estaría compartiendo aquello que ella me enseñó en el hogar. Han pasado tantos años desde que estuvimos juntas, sin embargo, a menudo la siento junto a mí.

Esto hace que me pregunte, hermanas, ¿cómo podríamos jamás medir los efectos de nuestro alcance y de nuestra influencia?

Al servir en este llamamiento he rogado al Señor que me ayude a entender el corazón de la mujer de Su Iglesia. El corazón es la clave de nuestra influencia porque cuenta y mide cada acto de bondad y cada esfuerzo de servicio, cada vez que elevamos, elogiamos o enseñamos a alguien. He llegado a saber que el corazón de las mujeres de la Sociedad de Socorro está lleno de amor; he visto ejemplos en cada rama, barrio y estaca que he visitado y he escuchado sobre la bondad de las mujeres de la Iglesia en cartas que dan testimonio de que “la caridad nunca deja de ser”.

La caridad es la obra del corazón.

El Señor dijo que “el gran mandamiento en la ley” es “amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:36-37). Cuando amamos al Señor con toda nuestra mente, alma y corazón, amamos a nuestros semejantes; y abunda la caridad.

Esto no es algo nuevo para ustedes dado que pasan sus días haciendo el bien a sus semejantes su familia, sus vecinos, sus hermanas, e incluso a los extraños. Sus esfuerzos por ayudar a los demás ha llegado a ser una parte tan importante de la forma en que viven que, la mayoría de las veces, son espontáneos, instintivos, inmediatos.

Muchas de ustedes piensan que estoy describiendo a alguien más y podrían decir: “Yo no soy alguien especial; soy una mujer común y corriente”. Seguir leyendo

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Crezcamos en esperanza

Conferencia General Octubre 1996
Crezcamos en esperanza
Chieko N. Okazaki
Primera Consejera de la Presidencia de la Sociedad de Socorro

Chieko N. Okazaki

“Las fuentes de la esperanza son las fuentes de la vida misma. Es por eso que la esperanza persiste, aun cuando la experiencia, la razón y el conocimiento indiquen que no hay razón para tener esperanzas.”

Mis queridas hermanas, ¡aloha! Hoy se me ha pedido que les hable acerca de la esperanza, la segunda en el gran trío de virtudes: fe, esperanza y caridad.

La hermandad de la Sociedad de Socorro, que comprende estas virtudes, nos ayudara a elevarnos y a fortalecernos unas a otras con amor, testimonio, fe y servicio. Pienso en la esperanza como una virtud diaria, modesta pero muy firme, ordinaria pero adaptable, que es tanto tierna como hermosa. Es una discreta pero poderosa fuerza para el bien que aumentara considerablemente nuestra capacidad para hacer el bien y para ser buenos.

Permítanme compararla con este ingenioso abanico/sombrero que me regalaron las Sociedades de Socorro de Tonga cuando visite sus estacas a principios de este año. Si hace calor, este abanico se puede usar para echarse aire fresco, y la forma curva que tiene genera más aire que un abanico plano. Pero si comienza a llover, el abanico puede convertirse en un sombrero para protegerse de la tormenta.

En forma similar, la esperanza es una virtud para todas las temporadas y todas las adversidades, ya que el problema sea una tormenta o un clima sumamente agradable.

¿Qué es lo opuesto a la esperanza? Naturalmente la desesperación, que viene cuando nos sentimos impotentes para influir en los acontecimientos y cuando desaparece de nuestra vida lo que le da significado. La desesperación es un tipo de desorientación tan profunda que perdemos contacto con la fuente de la vida misma.

Yo no soy muy buena jardinera; a mi esposo Ed era al que le gustaba esa tarea en nuestro hogar. Hace poco vi que un ladrillo se había caído, aplastando un pensamiento, pero parte de la flor salía de abajo del ladrillo; durante las semanas siguientes, esa flor usó su energía para crecer de lado, alrededor del ladrillo, empujando sus pequeños brotes hacia el aire y el sol, y floreciendo con sus hermosos colores púrpura y dorado. Cuando quité el ladrillo, el tallo del pensamiento estaba chueco, pero la flor era tan bella como las que la rodeaban.

Esa flor eligió vivir; experimentó la adversidad, pero escogió la vida; quedó deforme, pero decidió vivir. Nadie la hubiera culpado por darse por vencida debajo del ladrillo, pero eligió la vida.

Hermanas, las fuentes de la esperanza son las fuentes de la vida misma. Es por eso que la esperanza persiste, aun cuando la experiencia, la razón y el conocimiento indiquen que no hay razón para tener esperanzas. La esperanza no calcula las probabilidades porque es una virtud de dos caras: al igual que este abanico/sombrero, está preparada para un clima agradable o adverso. El escoger la esperanza es escoger la vida; el escoger la esperanza es escoger el amor. Seguir leyendo

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Confirmadas en la Fe

Conferencia General Octubre 1996
Confirmadas en la Fe
Aileen H. Clyde
Segundo consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Aileen H. Clyde

“Tenemos un conocimiento del que muchas carecen; en consecuencia, nos recordamos a nosotros mismas que nuestra obra no la dedicamos a lo trivial o a la diversión… mantenemos la resolución y la valentía de actuar de acuerdo con la convicción que hemos logrado a través de nuestro arduo trabajo.”

Ya regocijemos, porque como dice el himno, “ya no somos extranjeros”. Lo cantamos como una expresión de fe en Dios y (en especial esta noche Sus hijas son quienes lo cantan) por el conocimiento de que Cristo y Su pueblo siempre estarán unidos.

“… y justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra para testificar de mi Unigénito… y haré que la justicia y la verdad inunden la tierra… a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de la tierra a un lugar que yo prepararé… y se llamara Sión… (Moisés 7:62)

Aun cuando la Sión en la que todos caminan con Dios no está ante nosotros todavía, el camino hacia Sión que se encuentra por medio de la fe en Jesucristo se halla delante de nosotras. Vivimos ante la evidencia de la promesa en las Escrituras de que la rectitud y la verdad están en la tierra y de que Cristo ha venido a hacer por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos.

Las mujeres de la Sociedad de Socorro reunidas aquí esta noche, y organizadas en muchos lugares de los cuatro cabos de la tierra, son parte de la evidencia de que la rectitud y la verdad están avanzando en el mundo debido a su fe en Jesucristo. Nuestro Salvador va ante nosotros y nos invita a tener una relación de convenio con El para ayudarnos a encontrar el camino. En Juan 15, versículo 10 leemos: “Si guardaréis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.

La naturaleza recíproca de nuestra relación con Dios es una verdad básica de esa relación. Cristo no retiene Su parte, y nosotros estamos aquí para aprender mejor la manera de ofrecer nuestra parte. Al entender y corresponder al amor de Su Padre, el Salvador obtuvo la fortaleza para hacer todo lo que se le mando. Luego vino esa promesa que puede ser nuestra cuando permanecemos en Cristo y dejamos que Sus palabras permanezcan en nosotras.

“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo este en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:11-12; cursiva agregada).

Nuestro Padre Celestial y Su Hijo esperan que confiemos las unas en las otras y que nos relacionemos con amor y confianza siguiendo el ejemplo que Ellos nos han dado. Con tal motivo se han tomado todas las medidas para ayudarnos a encontrar la fortaleza que necesitamos.

“A algunos el Espíritu Santo da a saber que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que fue crucificado por los pecados del mundo; Seguir leyendo

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Una mano extendida para rescatar

Conferencia General Octubre 1996
“Una mano extendida para rescatar”
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Que cada uno de nosotros… tome la resolución de buscar a aquellos que necesiten ayuda, que estén en circunstancias desesperantes o difíciles y que los levanten, con el espíritu de amor, hasta ser recibidos en los brazos de la Iglesia.”

Quisiera agregar unas pocas palabras para dar fin a esta hermosa conferencia general de la Iglesia.

Esta es una magnífica ocasión; el tiempo nos ha favorecido aquí, en Salt Lake City; esta es una bella estación del año, con las flores del otoño en toda su lozanía. Casi toda la cosecha ha sido recolectada y, en general, ha sido buena. Estamos agradecidos por las misericordias del Señor para con nosotros.

Nos hemos reunido en paz, con comodidad y a salvo en estos recintos sagrados de la Manzana del Templo que nuestros antepasados edificaron tan bien, a fin de que estuviéramos cómodos.

Hemos tenido una transmisión de la conferencia sin precedentes con la cual hemos llegado más allá de los océanos y los continentes a gente que vive a lo largo y a lo ancho de este mundo.

Aunque nos hallamos a gran distancia de algunos de ustedes, sentimos su afecto fraternal y les expresamos nuestra más alta estima.

Lo más importante es que hemos disfrutado de una notable y extraordinaria abundancia del Espíritu del Señor Las Autoridades Generales y las hermanas nos han dirigido la palabra y hemos sido bendecidos por sus mensajes.

Espero que recordemos durante mucho tiempo lo que hemos escuchado. Espero que dediquemos tiempo para leer los discursos que se imprimirán en la revista Liahona. Espero que cada uno de nosotros se haya conmovido personalmente con algo de lo que se haya dicho y, como resultado, que haga un cambio en algún aspecto impropio de su conducta o actitud.

Como nos lo ha hecho recordar el élder Ballard, este es un año en el que celebramos un aniversario’, y el año que viene celebraremos otro aniversario especial: la llegada de los pioneros mormones al Valle del Lago Salado en 1847. Habrá entonces una gran celebración; habrá mucho para conmemorar y será beneficioso el hacerlo. A todos nos hace bien que se nos recuerde el pasado. La historia nos otorga el conocimiento que evita que repitamos errores y nos da una base en la que se puede edificar el futuro. Seguir leyendo

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